La Teoría de la Evolución: Darwin y el transformismo inglés

La Teoría de la Evolución: Darwin y el transformismo inglés

La publicación de las teorías de Darwin se vio acelerada por una circunstancia extraordinaria que le decidió a exponerse precozmente a los ataques de los creacionistas. Había comentado sus ideas con algunos amigos (Hooker, Lyell), pero no había pasado de ahí hasta el día en que recibió una carta procedente del archipiélago malayo, en la que un tal Sir Alfred Wallace resumía, en veinte páginas, una teoría similar a la que el mismo tenía en curso de elaboración. Después de alguno titubeos, sus trabajos y los de Wallace fueron presentados ante la Sociedad Linneana de Londres en 1858. Un año después publica El Origen de las Especies.

Alfred WallaceCharles DarwinEs interesante señalar que, además de Wallace, otros antes de Darwin han presentados ideas semejantes.

Así, en 1813, tres médicos británicos desarrollan una teoría de la evolución basada en la selección natural, en la que rechazan la idea de la herencia de los caracteres adquiridos. Dos de estos médicos, Prichard y Wells, no son muy conocidos en su época. El tercero, en cambio, provoca un auténtico escándalo en la Inglaterra puritana: en Lectures of Physiology y Zoology and Natural History of Man, Lawrence afirma que todas las razas humanas provienen de mutaciones del mismo tipo que las que se dan en las camadas de conejos. La cría puede mejorar o arruinar la raza. Según él, las familias reales son un buen ejemplo.

En 1831, el botánico escocés Patrick Matthew publica ideas aún más próximas a las que publicará Darwin, y este último admite haber conocido el libro tras la publicación de El Origen…

Sea como fuere, esto patentiza que las ideas de Darwin no eran tan originales como habitualmente se piensa. 

http://www.evolutionibus.info/transformismo.html

Hay Darwin para rato en 2009

Hay Darwin para rato en 2009 

Enero 20, 2009 | Dr. Manuel Carmona | oldearth.wordpress.com


galapagos
Reproducciones de ejemplares de la fauna de las islas Galápagos– NATIONAL HISTORY MUSEUM

PATRICIA LUNA- El País Digital

Las teorías de Charles Darwin revolucionaron nuestro conocimiento del mundo y sus ideas sentaron las bases de la sociedad y la ciencia moderna, ya que nos ayudaron a comprender mejor nuestro lugar en el medio natural. Son palabras del presidente del Museo de Historia Natural de Londres, Oliver Stocken, que explican por qué el 2009 va a ser un año cargado de eventos, especialmente en el Reino Unido, para celebrar el 200 aniversario del nacimiento de Darwin y los 150 años de la publicación de “El origen de las especies”, cuyo autor es considerado, junto a Newton, el científico británico más importante de todos los tiempos.

Con más de 15.000 visitantes en su primer mes de apertura, mucho más allá de las mejores previsiones, “Darwin, la gran idea” -la mayor exhibición organizada nunca en torno a la vida y el legado de Charles Darwin-, del citado museo, es una de las mejores cartas de presentación de lo que va a ser 2009. Quizá porque la gran celebración estaba planeada antes de que la crisis económica se desatara, quizá porque no hay discusión acerca de la importancia mundial de la figura de Darwin, no se han escatimado medios ni hay organizaciones entre el largo elenco de instituciones de reconocido prestigio científico británicas que se hayan quedado al margen. La Royal Society organizará al menos dos congresos científicos; la Universidad de Cambridge recoge en una página web (http://darwin-online.org.uk/), casi toda la abundante bibliografía del autor, y organiza además un festival en julio (información en http://www.darwin2009.cam.ac.uk) para divulgar la importancia, pasada y futura, de la obra de Darwin; la Sociedad Lineana celebrará el aniversario de la lectura de la teoría de la evolución por selección natural que cumplió en 2007 150 años entregando las medallas Darwin/Wallace, el 12 de febrero, día del cumpleaños de Darwin, en lugar del 1 de julio habitual y haciendo que el premio pase a entregarse anualmente en lugar de cada 50 años.

Down House, la casa en la región de Kent donde Darwin vivió y desarrolló muchas de sus teorías, los invernaderos en los que cultivaba orquídeas, los jardines por los que paseó durante los 20 años en los que estuvo cuestionándose si debía hacer publica una idea que, a buen seguro, iba a escandalizar a la sociedad, estarán abiertos al público a partir del 13 de febrero. En este escenario, que espera ser declarado Patrimonio de la Humanidad tras una larga rehabilitación, se podrán realizar alguno de los experimentos que el científico diseñó para probar su teoría.

Tampoco se quedará atrás su ciudad de origen, ya que el Shrewsbury Darwin Festival volverá a traer las ideas de Darwin a la ciudad donde nació y creció. Este año, los eventos y las charlas tienen el fin de difundir entre el gran público la importancia de sus teorías y para ello congregará a prestigiosos y conocidos científicos.

Y para completar el panorama, algo que coloca el acontecimiento en lo alto del escalafón social británico: un documental y series especiales de la BBC, incluida una de Lord Richard Attenborough. En definitiva, este año hay Darwin para rato.

“Estamos orgullosos de que Darwin comunicase por primera vez su teoría sobre la selección natural en la Sociedad Lineana. Sus ideas tienen una gran claridad y una increíble actualidad y continúan inspirando a investigadores y miembros de nuestra sociedad”, declaró David Cutler, su presidente.

La exposición “Darwin, la gran idea” pretende dar una visión que aúna la vida de Darwin como científico con sus inquietudes como ser humano. Por eso, al relato del viaje en el HMS Beagle durante más de cinco años y a la exposición de alguna de las colecciones recogidas se suman la ambientación perfecta de la sala donde creó sus teorías y coordinó sus obras y también sus escritos personales. En ellos se plantea el momento del matrimonio y la conveniencia del mismo y más tarde se ve claramente la inquietud de su mujer, Emma, porque el trabajo científico de Darwin y sus creencias lo alejaban de las ideas católicas, lo que para ella suponía que no podrían compartir la eternidad tras la muerte. Ciencia y vida que caminan de la mano porque en pocos casos como en éste las teorías de un científico han servido para cambiar tanto el concepto del mundo.

Los pájaros que por primera vez hicieron a Darwin pensar en la teoría de la evolución por la selección natural, debido a las diferencias entre dos aves de islas distintas, se acompañan al final de la exposición con ejemplares de la colección del Museo de Historia Natural en el que se puede ver la obra clave de Darwin, “El origen de las especies”, traducida al árabe, hebreo, islandés y al braille, entre otros idiomas. Y es que, no hay que olvidar que como dijo el famoso genetista Theodosios Dobzhansky a principios de siglo, “nada en la biología tiene sentido si no es a la luz de la evolución”.

EL DOBERMAN DE DARWIN

EL DOBERMAN DE DARWIN

Pablo Capanna

URL: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/futuro/13-1399-2006-02-04.html

(Artículo publicado originalmente en el diario Página 12)

Antes de que el microscopio electrónico pusiera al desnudo las escenas más bellas de la naturaleza, ahí estaban Ernest Haeckel (1834-1919) y sus ilustraciones. Visualmente explosivas, despertadoras del asombro y de una diversidad descomunal desde dibujos de embriones a esbozos gráficos de microorganismos de nombres ríspidos , fueron mancilladas por un solo defecto: el de ser increíblemente falsas. Así fue: el biólogo alemán alguna vez alabado por Darwin, el mismo que popularizó la fórmula “el hombre viene del mono”, quien le puso nombre a la ecología y pergeñó términos como “protoplasma” y “filogenia”, empleó toda su creatividad e inteligencia para producir sonados fraudes impulsado por el fanatismo y el odio racial  y para defender una causa que desembocaría con el tiempo ni más ni menos que en el genocidio.

Tendría yo ocho o nueve años, y ya había pasado por Swift y Verne, cuando me regalaron el primer libro “serio” de mi vida. Era un álbum de imágenes de la Naturaleza, no tan buenas como las fotos digitales de hoy, pero más que suficientes para despertar el asombro. Una de las figuras que más me impresionaron fue la de un microorganismo bellísimo que se parecía a un mandala tibetano. Un vecino que estudiaba medicina me preguntó si sabía qué era. “Un radiolario”, contesté, y me gané fama de niño precoz con sólo recordar la leyenda que estaba al pie de la foto.

Acabo de darme cuenta de que ése era un dibujo de Ernest Haeckel , que los libros seguían reproduciendo para asombro de las generaciones, antes de que el microscopio electrónico viniera a revelar escenas aún más bellas. Años más tarde, me enteré que Haeckel era quien le había puesto nombre a la ecología. A él le debíamos términos como “protista”, “phylum” y “filogenia”, que aún seguimos usando, y otros como “protoplasma” y “Pitecan-thropus”, que se usaron durante décadas. Lo que entonces desconocía era la mala fama que se había ganado Haeckel como tramposo y como ideólogo racista. Al parecer, el biólogo alguna vez alabado por Darwin había hecho el peor uso posible de sus talentos. Del mismo modo que puso su inteligencia al servicio del odio, empleó toda su creatividad artística para producir sonados fraudes. Admitamos que no lo hizo por el dinero o la fama (como hoy se estila) sino por fanatismo, pero la causa que defendía era la que desembocó en el genocidio.

Perro que ladra, muerde

Como era habitual entre los naturalistas del siglo XIX, Ernest Haeckel  (1834-1919) fue un gran dibujante. Cuando estuvo en Italia pensó en dedicarse a la pintura; al parecer, los italianos lo desalentaron porque luego los calificó de “raza degenerada”. En cambio, encontró un gran admirador en un acuarelista llamado Adolf Hitler, al que no llegó a ver en el poder.

Médico de formación, se dedicó a la zoología y fue profesor en la universidad de Jena. Cuando leyó El origen de las especies de Darwin experimentó una revelación casi mística y se consagró a la misión de divulgar el darwinismo en Alemania. Si a Thomas Huxley lo llamaban “el bulldog de Darwin”, Haeckel se propuso ser el doberman. Se entrevistó algunas veces con Darwin y mantuvo correspondencia con él, ganándose apenas alguna mención elogiosa en El origen del hombre.

Más allá de la biología, Haeckel fue un polígrafo que escribió sobre antropología, psicología, ética, política y cosmología. Su doctrina “pan-psíquica”, que le atribuía un alma hasta a los cristales, influyó en la formación del “inconsciente colectivo” de C. G. Jung. Es casi seguro que Nietzsche lo había leído y se diría que le debía mucho. Rudolf Steiner, que se apartó de la Teosofía porque no aceptaba un mesías “de color” como Krisnamurti, se consideraba un discípulo suyo.

Cuando ya se había consagrado en la biología marina, Haeckel se ganó un gran público con la Historia natural de la Creación (1868). Su obra Los Enigmas del Universo (1899), que se lanzó con una tirada de cien mil ejemplares, tuvo una docena de reediciones y fue traducida a 25 idiomas; allí profetizaba que la ciencia del siglo XX ya no tendría problemas que resolver…

La “ley embriogenética”

Mucho después de mi descubrimiento infantil, volví a encontrarme con Haeckel en los libros de texto. Allí se le atribuía una ley evolutiva: “La embriogenia recapitula la filogenia”. En palabras sencillas, esto significaba que en el desarrollo embrionario se reproducen todas las etapas de la evolución. En una etapa, el embrión humano tiene agallas (como un pez) y más adelante ostenta una cola, como si fuese un mono.

La idea no deja de ser correcta en líneas generales, si no fuera porque Haeckel (atado al paradigma de su tiempo) pensaba a la evolución como un proceso lineal. Los embriones humanos no tienen agallas, pero presentan estructuras que en el pez se desarrollarán como tales. Lo mismo ocurre con la diferenciación sexual; el pene y el clítoris tienen el mismo origen embrionario. Lanzado a buscar pruebas para su hipótesis, Haeckel no encontró nada mejor que fabricarlas.

En 1874, el profesor Wilhelm His de Leipzig denunció que, entre otras cosas, Haeckel había retocado uno de sus dibujos para que un embrión humano se pareciese a un renacuajo, y también había metido mano en una ilustración de Bischoff. En un despliegue de “creatividad”, Haeckel agregaba colas, sacaba y ponía vértebras, le ponía cabeza humana a un embrión de mono y repetía la imagen de un embrión de un perro para presentarlo como pollo o tortuga.

La inverosímil Monera

Años antes Haeckel también había postulado la existencia de un antecesor único para todas las formas de vida terrestre, que llamó Monera. Entonces no existía la biología molecular y Haeckel imaginaba que un proto-organismo debía carecer de organización: sería una masa informe de albúmina, sin núcleo ni organoides, de la cual tendría que haber brotado toda la maquinaria celular.

Haeckel le dedicó a la Monera más de setenta páginas, incluyendo treinta dibujos en los cuales llegaba a imaginar hasta el ciclo reproductivo. Tan convincente fue que el propio Huxley creyó haber descubierto Moneras en el limo marino. Ya les había puesto por nombre Bathybius haeckelii, cuando un análisis químico reveló que se trataba apenas de yeso precipitado en alcohol. Nadie volvió sobre el tema.

El eslabón perdido

En El origen del hombre, Darwin les había atribuido un origen común a los simios y al hombre, pero había sido muy cauteloso a la hora de establecer genealogías, ateniéndose a la escasez de registros fósiles.

En cambio Haeckel, que popularizó la fórmula “el hombre viene del mono”, postuló que sólo faltaba encontrar algún “eslabón perdido” en la cadena evolutiva que los unía. Sin poder imaginar el frondoso árbol genealógico que luego desplegaría la paleontología, volvió a dejarse llevar por el pensamiento lineal.

Entre todos los que salieron a buscar el eslabón (hubo quienes lo bautizaron Archipithecus y hasta “Homo stupidus”) estuvo Haeckel, quien postuló el Pitecanthropus alalus, el hombre-mono sin habla. Popularizó el dibujo de una pareja de Pitecantrópidos a quienes mucho más tarde Von Koenigswald caracterizó como el matrimonio perfecto: nunca discutían…

Con el tiempo, la búsqueda del eslabón único fue abandonada, en cuanto al fósil de Java se lo reclasificó como Homo erectus, el Neanderthal pasó a ser un sapiens y el fósil de Piltdown resultó un fraude.

Mientras tanto, Haeckel seguía inventando. En 1908 el biólogo Arnold Brass reabrió la cuestión del fraude en un artículo titulado “El problema de los monos. Nuevas falsificaciones del Prof. Haeckel”. Esta vez, el acusado no encontró mejor estrategia que politizar la polémica. Publicó dos solicitadas en los diarios, donde admitía algunas “inexactitudes” pero acusaba a Brass de estar al servicio de los creacionistas de la Keplerbund y de los elementos reaccionarios del gobierno.

Monistas y Keplerianos

Dos años antes, Haeckel había fundado su Liga Monista (Monistenbund), que ya contaba con 6000 socios en Alemania y Austria. La Liga era más que una sociedad científica; era una usina ideológica que, dejando atrás al cauto agnosticismo de Darwin, pretendía convertir al darwinismo en una suerte de religión, teniendo por dogmas el panteísmo y el monismo materialista. Brass, por su parte, pertenecía a la Liga Kepleriana (Keplerbund) que aglutinaba a los científicos protestantes.

La consulta pública lanzada por Brass fracasó. Haeckel redobló la apuesta y convocó a la comunidad científica para que se definiera a favor o en contra del darwinismo. Obtuvo muchas adhesiones, aunque la mayoría se limitó a afirmar que con la “ley embriogenética” no se jugaba el destino de la selección natural.

En su Antropogenia de 1897, Haeckel ya había admitido “con profunda pena” que un 8% de sus ilustraciones eran “imprecisas” (es decir, trucadas) pero se justificaba diciendo que el dibujo siempre es impreciso. No era una buena excusa. La fotografía y las técnicas digitales han permitido más y mejores fraudes, a la medida de la deshonestidad del autor. Si no, que lo diga el coreano Hwang Woo-suk, protagonista de falsas clonaciones.

El eslabón encontrado

Se suele afirmar que cuando Hitler llegó al poder proscribió tanto a la Liga Monista como a la Antroposofía de Steiner. De hecho, los nazis no admitían la competencia, y no vacilaban en desembarazarse de quienes habían sido sus aliados ideológicos.

Si desde George Mosse se venían señalando las vertientes ocultistas del nazismo, en Los orígenes científicos del Nacionalsocialismo (1971) Daniel Gasman puso de relieve las fuentes pseudocientíficas. De este modo, la Liga Monista de Haeckel aparece como el eslabón que une al racismo de Gobineau y Chamberlain con esa “ciencia racial” de la cual dictaba cátedra Hans F. K. Günther en Jena y otros aplicaban en Auschwitz.

Es sabido que en la obra de Darwin (aunque no en la de Russel Wallace) se encuentran expresiones racistas. Pero en todo caso el “darwinismo social” pergeñado por Spencer “apenas” apuntaba a justificar el colonialismo y la explotación.

Con Haeckel (que acuñó el perverso slogan “la política es biología aplicada”), el racismo se convirtió en cambio en una agresiva ideología. Su conjunción con el populismo völkisch y la exaltación teosófica de la raza aria alimentó la receta nazi. Fue así como la “lucha por la vida” desembocó en Mi lucha. La guerra era vista como un conflicto racial y la eugenesia era imperativa para evitar la degeneración de la raza, tanto como la eliminación de los minusválidos. Las masacres del siglo XX comenzaron a incubarse en este clima: no olvidemos que hasta el socialista H. G. Wells proponía confinar a los débiles mentales en remotas islas.

La Liga Monista también acusaba al cristianismo de pervertir al orden natural, porque no hacía distinciones raciales y proponía reemplazar las fiestas cristianas por el culto al Sol de los antiguos arios. Haeckel enseñaba que la “cuestión judía” era un problema racial y que “las extrañas costumbres” de los judíos eran intolerables para el pueblo alemán. Sólo encontró resistencia en científicos como el anatomista Gegenbauer o en el filósofo Paulsen.

El último avatar del monismo de Haeckel fue un grupo esotérico vienés, los “Ariosofistas”, que encontraron en Haeckel la justificación “científica” de la superioridad racial nórdica. Uno de ellos, Jörg Lanz, colaboraba con la revista de los monistas. Más tarde, fundó su propia publicación, que tuvo a Hitler entre sus lectores.

El pariente incómodo

Con semejantes antecedentes de falsario y genocida potencial, Haeckel es una figura incómoda, de la cual lo más rescatable resultan ser los dibujos. Los biólogos se cuidan de recordar que ni sus falsificaciones ni su supuesta ley comprometen al darwinismo.

Por supuesto, el tramposo Haeckel es el blanco ideal para la Creation Science, el movimiento político norteamericano que tanto ha contribuido a confundir las ideas. La misma condena aparece en algunos foros islámicos, reflejando cierta simetría de los fundamentalismos.

Apoyándose en los fraudes de Haeckel, los creacionistas terminan por echarle a Darwin la culpa del Holocausto, y cargan las tintas inventándole una imaginaria condena por fraude. Los neonazis son tan torpes que ni siquiera se molestan por reivindicarlo.

Pero sin duda los que más molestos están con Haeckel son los panteístas. En una página del “Panteísmo Científico” (sea eso lo que sea) se presenta a Haeckel como una “monstruosa paradoja”. Si bien se lo exalta como un “valiente crítico del cristianismo”, se lo execra como antisemita. Al parecer, lo primero es políticamente correcto y lo segundo (todavía) no.

Si el lector (crea en lo que crea, o bien en nada) repara en cuáles eran las críticas que Haeckel le hacía al cristianismo, se dará cuenta de cuánto le debían los nazis. En su ideología no había lugar para los derechos humanos, una de las pocas cosas que (todavía) todos dicen respetar. Hoy, Nietzsche ha sido blanqueado por los posmodernos, que culpan de todo a su malvada hermana, a Hitler (que había heredado su bastón y se abrazaba a su busto) y a los comunistas de la RDA que escondieron sus manuscritos.

No vaya a ser que a alguien se le ocurra jugar al transgresor para volver a la carga con el tema de la desigualdad (y no de la diversidad) humanas. No faltan quienes pagarían por encontrar un ideólogo que justifique la exclusión social, aunque más no fuera para hacer un best-seller. 

http://digital.el-esceptico.org/leer.php?autor=25&id=2241&tema=120

El Reino Unido celebra el 2009 como el ‘Año de Darwin’

El Reino Unido celebra el 2009 como el ‘Año de Darwin’

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LONDRES, El Mundo / ACPress.net
El Reino Unido celebra desde hoy el Año de Darwin con honores y sin rastros de acritud. Como si la jerarquía anglicana no hubiera realizado nunca sermones contra la selección natural y los caricaturistas de los periódicos victorianos no hubieran ridiculizado al científico retratándolo como un mono peludo e iletrado.

Si no fuera por las connotaciones religiosas, se podría decir que Charles R. Darwin (1809-1882) ha terminado por ser profeta en su tierra dos siglos después de venir al mundo en una casa solariega de Shrewsbury y 150 años después de publicar ´El origen de las especies´ (1859). Basta echar un vistazo si no a los fastos que diversas instituciones ultiman para 2009 y que incluyen un sello de correos, dos largometrajes, un nuevo museo, dos grandes exposiciones y diversos simposios sobre su figura.

Sin embargo, no se puede decir que el poso de los años haya convertido a Darwin en una figura exenta de polémica en el Reino Unido. En parte por el afán misionero de quienes se oponen a sus teorías y en parte por la vehemencia de algunos de sus defensores.

Es esta pugna la que ha convertido a Darwin también aquí en signo de división. La última vez cuando Michael Reiss -científico y sacerdote- dijo que las teorías creacionistas deberían explicarse en las clases de Ciencia de los institutos.
Reiss es un darwinista convencido y su intención no era cuestionar la teoría evolutiva sino contextualizarla para aquellos alumnos educados en entornos creacionistas. Sin embargo, sus palabras desataron tal clamor en la comunidad científica que Reiss tuvo que dimitir de su cargo en la Royal Society.

En el otro extremo del creacionismo, se hallan los defensores militantes de las teorías de Darwin. El más conocido, el británico Richard Dawkins, que acaudilla hoy aquí el rostro más afilado del darwinismo. Aquél que no se detiene en las fronteras de la biología y aplica las ideas de Darwin a la política, la sociología, la psicología o el arte.

Conocido como darwinismo social, es un terreno movedizo estigmatizado durante décadas por sus concomitancias con el Holocausto y la eugenesia nazi, pero recuperado hoy para la ciencia por un puñado de sociólogos y genetistas.

INVESTIGACIONES POLÉMICAS
Hace unos días, The Economist respaldaba en un artículo esa extensión social de las teorías de Darwin y criticaba a aquellos intelectuales que han actuado «como si la evolución se hubiera parado en el cuello, como si la anatomía humana hubiera evolucionado genéticamente y nuestra conducta estuviera, sin embargo, determinada por nuestra cultura».

Darwin era un hombre agnóstico, familiar y dotado de una extraña bonhomía. Adolescente borrachín y disoluto, Darwin se convirtió parajódicamente a la ciencia cuando estudiaba para cura en un seminario y no perdió la fe hasta que vio morir a su hija de tuberculosis.

Su trayectoria la celebran ahora sendas exposiciones en el Museo de Historia Natural y en la Biblioteca Británica. La primera es la más ambiciosa e incluye especímenes nunca vistos. La segunda aporta luz sobre la vida personal de Darwin, mostrando una colección de escritos que desde el año pasado se pueden revisar online.

Pero el plato fuerte del bicentenario será la reapertura del caserón donde el científico vivió durante 40 años. A la espera de ser declarado Patrimonio de la Humanidad, Down House conmemorará el bicentenario mostrando sus tesoros de nuevo a partir del 12 de febrero y abriendo una exposición que incluirá una recreación del camarote de Darwin en su viaje iniciático del Beagle.

Extras que acentuarán el aura de la casa. Un paraíso de la mitomanía científica donde uno se puede asomar a los invernaderos de orquídeas donde Darwin dio forma a su teoría, encaminarse por el sendero de arena por el que paseaba con su terrier, revisar el pupitre donde escribió ´El origen de las especies´ y fotografiar la habitación donde jugaba al billar con su mayordomo.

El 2009 es el año de Darwin

Biología evolutiva

“La idea más poderosa en el quehacer científico”, ha llamado Scientific American a la conclusión alcanzada en “Sobre el origen de las especies”, por Charles Darwin, un naturalista empírico que a los 26 años cambió para siempre el curso de la ciencia

Por Glenys Alvarez / El Caribe

Miercoles 31 de diciembre del 2008 actualizado a las 1:52 AM

El 2009 es el año de Darwin

Cuando Charles Darwin embarcó hacia las islas Galápagos en el hoy famoso barco “HMS Beagle”, jamás imaginó que sus ideas cambiarían para siempre el mundo de la ciencia. Hoy, después de 150 años desde que el naturalista produjera el concepto más espectacular sobre la vida en el planeta, la evolución está más robusta que nunca.
Gracias a los avances en la genética, la observación de Darwin sobre el mundo natural, es hoy un hecho comprobado, confirmado por distintas ramas científicas, y aceptado por la ciencia como la idea más valiosa de todo el conocimiento humano.
Un siglo y medio más tarde, la evolución ha evolucionado, valga la intencional redundancia; se ha mezclado con la genética y la biología para brindarnos las más majestuosas explicaciones del desarrollo de las especies sobre el planeta.
Su observación del mundo natural en las islas Galápagos continúa hoy añadiendo conocimientos nuevos sobre el progreso de la vida terrestre.
De hecho, las islas son en la actualidad el más grande laboratorio natural jamás usado por los científicos y, desde la década de los setenta, investigadores como Peter R. Grant y Rosemary Grant, ambos de la Universidad de Princeton, han realizado detalladas observaciones que continúan enriqueciendo el legado de Darwin.
De sus estudios, se han construido teorías sobre el clima, específicamente el fenómeno de El Niño, y crónicas de nuevas especies que han comenzado a emerger en esos territorios.
Pero ha sido la evolución la que ha cambiado de cara desde los tiempos de Darwin. Aquellos simples clichés, como el de la supervivencia del más fuerte, han encontrado respuestas más complejas ya que no sólo el más fuerte sobrevive sino también el más listo.
Más aún, la naturaleza provee con soluciones para aquellos animales con pocas facilidades de adaptación. También la evolución humana se ha transformado con el tiempo.

Nuestro recorrido por el planeta no ha sido lineal sino que pertenece
mos  a  un complejo árbol donde distintos primates pueblan sus ramas y, gracias  a los fósiles hasta hoy estudiados, sabemos un poco más sobre nuestros ancestros.
Pero han sido la biología y la genética las que han venido a confirmar la teoría de Darwin (en ciencia, las teorías son hechos validados, se trata de un conjunto de hechos que ya han sido confirmados por la ciencia, como la teoría de la relatividad).
El estudio de los genomas sobre el planeta provee a la ciencia con un mapa de vínculos que expresan claramente la complejidad de la evolución y lo espectacular de su progreso durante miles de millones de años.

Los pinzones de Charles

La observación es la madre de la ciencia. Fue precisamente lo que hizo Darwin. Sus estudios avanzaron gracias a sus análisis de un grupo de aves que él mismo confundió.
De hecho, no fue hasta su regreso de las islas que un ornitólogo lo sacó de su desliz e identificó a las aves como pinzones; hoy, son los pinzones de Darwin.
En esta sección hemos publicado varios estudios, realizados por los Grant, donde han observado la evolución en acción.
“Los picos de los pinzones en las islas han cambiado con el tiempo y no ha tomado millones de años para que ocurra.
Estos animales se van adaptando al medio en un proceso que hemos visto de forma gradual, el tamaño de sus picos se ha transformado, siguiendo el cambio en las semillas que les sirven de alimento.
La evolución no necesariamente toma mucho tiempo.
Bicentenario del nacimiento de un genio
El año 2009 también honra a Darwin en los doscientos años de su nacimiento.
Charles Darwin es el Einstein de la biología, y en sus ideas se basan todos los principios biológicos y genéticos del progreso de la vida sobre el planeta.
“Sobre el origen de las especies”, es considerado una obra maestra que presenta con claridad la lucha por la vida.
Curiosamente, la vida del naturalista se parece mucho a la de Albert Einstein, no mostró ninguna señal de su genialidad en los primeros años, sin embargo, sus ideas cambiaron para siempre el mundo.
Por supuesto, Charles Darwin no fue el primero en imaginar que la vida había evolucionado progresivamente, de hecho, su padre compartía esta opinión.
Publicar esta revolucionaria idea en el siglo XIX era una verdadera osadía.
Hoy, la evolución ha sobrevivido ataques de casi dos siglos y la ciencia confirma cada día, el legado de este genio. 

Ideas evolucionistas en el XVI y XVII se anticiparon a Darwin

Ideas evolucionistas en el XVI y XVII se anticiparon a Darwin

Tendencias21.net | Leandro Sequeiros

 

Martes 25 Noviembre 2008
José de Acosta (1540-1600) y Athanasius Kircher (1601-1680), precursores del evolucionismo

 

Al contemplar el pensamiento biogeográfico de José de Acosta (a finales del siglo XVI) y de Athanasius Kircher (en la segunda mitad del siglo XVII) constatamos que están insinuados muchos de los problemas biológicos relativos a la geografía que han dado lugar al actual desarrollo de las biogeografía histórica y la paleobiogeografía. Este sorprendente y entretenido viaje a la historia puede leerse como un formidable prólogo a las intuiciones evolutivas de Darwin. Por Leandro Sequeiros.

Conferencia sobre Athanasius Kircher en 2007.
El año 2009 celebraremos el Año Darwin con ocasión de los 200 años de su nacimiento en 1809 y los 150 años de la publicación de El Origen de las Especies por la Selección Natural (Londres, 1859). Pero algunas de las ideas darwinistas, sobre todo las que relacionaban la evolución biológica con la distribución geográfica de los seres vivos, estaban ya insinuadas en dos jesuitas de los siglos XVI y XVII: los padres José de Acosta (1540-1600) y Athanasius Kircher (1601-1680).  

A José de Acosta se le ha denominado “Plinio del Nuevo Mundo” y “fundador de la biogeografía”. Por su parte, Athanasius Kircher presenta una imagen global de la Tierra que enriquece e ilumina las diversas teorías de la Tierra que fundamentan muchos problemas biogeográficos. Precisamente, en estos meses se ha reactivado el debate sobre la dinámica interna de la Tierra y la configuración de la geografía superficial. 

José de Acosta, “Fundador de la Biogeografía” 

José de Acosta fue un misionero en América Hispana en el siglo XVI que mereció ser llamado por el gran científico y viajero alemán Alexander von Humboldt el Plinio del Nuevo Mundo. Como reconocía hace ya un siglo uno de sus biógrafos, José Rodríguez Carracido (1899), en la historia de la ciencia española descuellan, como figuras cuya magnitud no fue superada por las más eminentes de sus contemporáneos extranjeros, las de los tratadistas que se ocuparon de los asuntos de América; y de este aserto son testimonio irrecusable la universal notoriedad, y su persistencia al través de los siglos, de las obras de Fernández de Oviedo y del P. José de Acosta, de Álvaro Alonso Barba y del P. Bernabé Cobo, entre otros muchos. 

Se compara aquí la obra de Acosta con la de otros tres grandes geógrafos y naturalistas: Fernández de OviedoÁlvaro Alonso Barba y Bernabé Cobo. Gonzalo Fernández de Oviedo y Cortés (1478-1557) fue autor de la monumental Historia general y natural de las Indias (Sevilla. Salamanca, 1535-1537); Álvaro Alonso Barba (1569-1662), “andaluz de Lepe”, fue autor de El Arte de los Metales (publicado en 1640); Bernabé Cobo (1572-1657) publicó la Historia del Nuevo Mundo en Lima en 1553. 

De las obras del P. Acosta, este trabajo hará referencia preferente a la Historia Natural y Moral de las Indias, por su importancia y, sobre todo, por contener una interpretación transida de modernidad. En ella se plantea la interacción entre naturaleza y sociedad en la América del siglo XVI, postulando la posibilidad de una interpretación tímida pero evolutiva de la realidad animal, vegetal y cultural. 

José de Acosta nació en 1540 en la ciudad castellana de Medina del Campo. Muy joven entró en laCompañía de Jesús y en 1571, cuando contaba 31 años de edad, Acosta es destinado a las misiones de los Andes. Un año más tarde, el 28 de abril de 1572, llegaba por fin a Lima. 

Siendo provincial de los jesuitas en el Perú, realizó al menos tres largos viajes por el interior del país visitando las misiones allí establecidas, lo que le permitió un conocimiento real y exacto de la naturaleza y de la vida social de los indígenas. Enfermo y cansado por los viajes y los enfrentamientos con los poderes políticos españoles, pide volver a la metrópoli. A principios de julio de 1586, José de Acosta llega a Nueva España, residiendo en la capital, México. Allí, su hermano Bernardino, también jesuita, era Rector del Colegio de Oaxaca. 

Durante su estancia en México, Acosta procuró documentarse lo más posible para la redacción de la Historia Natural y Moral de las Indias que había iniciando años antes. Después de haber pasado casi un año en México, el P. Acosta embarcó el 18 de marzo de 1587 camino de España. En septiembre de ese año llegaban a Sanlúcar, al puerto del que partió diecisiete años antes. En España y en esta época (1588-1592) la actividad editora del P. Acosta fue muy intensa. En 1588 salía editado en Salamanca su primer libro, que reunía el De Procuranda Indorum Salute precedido del tratado De Natura Novi Orbi. En 1590, salía de las prensas de Sevilla el libro más famoso de cuantos escribió: la citada Historia Natural y Moral de las Indias. 

Las ideas biogeográficas de Acosta 

José de Acosta se pregunta en su Historia Natural y Moral de las Indias “Cómo sea posible haber en las Indias animales que no hay en otra parte del mundo”. El profesor Emiliano Aguirre, hace ya más de cuarenta años publicó un documentado trabajo sobre este problema (Aguirre, 1957). Muchos capítulos de la Historia de Acosta se dedican a la descripción de los animales y plantas americanos. Cómo llegaron hasta allí parece poder tener una solución fácil para Acosta, aunque revolucionaria para su época: 

Halláronse, pues, animales de la misma especie que en Europa, sin haber sido llevadas de españoles. Hay leones, tigres, osos, jabalíes, zorras y otras fieras y animales silvestres, de los cuales hicimos en el primer libro argumento fuerte, que no siendo verosímil que por mar pasasen en Indias, pues pasar a nado el océano es imposible, y embarcarlos consigo hombres es locura, síguese que por alguna parte donde el orbe de continúa y avecina al otro, hayan penetrado, y poco a poco poblado aquel mundo nuevo. Pues conforme a la Divina Escritura, todos estos animales se salvaron en el Arca de Noé, y de allí se han propagado en el mundo (J. de Acosta, opus.cit., Libro IV, capítulo XXXIV). 

Pero el problema más difícil de resolver es cómo explicar la existencia en América de animales y plantas diferentes a los de Europa. Acosta lo formula así en este texto, muy citado por los ecólogos actuales: 

Mayor dificultad hace averiguar qué principio tuvieron diversos animales que se hallan en las Indias y no se hallan en el mundo de acá. Porque si allá los produjo el Criador, no hay que recurrir al Arca de Noé, ni aún hubiera para qué salvar entonces todas las especies de aves y animales si habían de criarse de nuevo; ni tampoco parece que con la creación de los seis días dejara Dios el mundo acabado y perfecto, si restaban nuevas especies de animales por formar, mayormente animales perfectos, y de no menor excelencia que esotros conocidos ( J. de Acosta, opus cit., Libro IV, cap. XXXVI). 

Biogeografía y “evolución” en José de Acosta 

Acosta propone tres soluciones posibles a estos problemas biogeográficos observados. En ellas intervienen argumentos naturalistas y filosóficos. De estas soluciones, una se resuelve en el campo de la Teología, pero no despeja la incógnita. Otra de las posibles soluciones tiene un presupuesto teológico, y combina factores biológicos, geográficos y religiosos. Esta es la solución preferida por él. La tercera solución al problema, que no la evade, es sorprendentemente evolucionista, aunque le deja perplejo. 

1. Primera solución: “Allá los produjo el Creador”: la solución teológica 

El P. José de Acosta formula de dos modos diferentes y complementarios la solución teológica: “Allá los produjo el Creador” e “hizo Dios nueva formación de animales”. Esta es la solución que exige la creencia en una nueva creación diferente a la original. 

Sin embargo, Acosta no está muy de acuerdo con esta solución. Aduce para ello dos razones: la primera, que esto equivale a suponer que no había quedado perfecto el mundo con la creación relatada en el primer capítulo del Génesis; y la segunda razón, es ésta: si se acepta una creación postdiluviana, no habría hecho falta salvar las especies en el arca de Noé. Evidentemente, estos argumentos se entienden perfectamente dentro del paradigma diluvista imperante en el siglo XVI y que se prolonga hasta el siglo XIX. 

2. Segunda solución: “Se conservaron en el Arca de Noé…y se fueron a distintas regiones”: la solución teológico- geográfica 

Textualmente dice Acosta: “Se conservaron en el Arca de Noé“, y “por instinto natural y Providencia de cielo, diversos géneros se fueron a diversas regiones, y en algunas de ellas se hallaron tan bien, que no quisieron salir de ellas, o si salieron no se conservaron…”. 

Esta es la solución aceptada por Acosta. Tiene un carácter teológico-creacionista, pero que se enriquece con la primera formulación histórica de la teoría de la dispersión geográfica y la adaptación biológica de las especies a medios ambientes diversos. Con toda razón se considera a Acosta fundador de la Paleobiogeografía histórica. 

Los argumentos del Padre Acosta se fundamentan en la hipótesis creacionista y diluvista como paradigma explicativo de la diversidad biológica del planeta. Está persuadido de la creación por Dios de todos los seres vivos al inicio de los tiempos y de la existencia de un Diluvio exterminador para hombres pecadores y animales impuros. De este acontecimiento divino solo se salvan los humanos y los animales protegidos por el Arca de Noé. 

El autor de la Historia Natural y Moral de las Indias se pregunta sobre lo que ocurrió después del Diluvio. La opinión del P. Acosta puede ser considerada revolucionaria para su época: 
…Por instinto natural y Providencial del Cielo, diversos géneros se fueron a diversas regiones, y en algunas de ellas se hallaron tan bien, que no quisieron salir de ellas, o si salieron no se conservaron, o por tiempo vinieron a fenecer, como sucede en muchas cosas. Y si bien se mira, esto no es caso propio de Indias, sino general de otras muchas regiones y provincias de Asia, Europa y África: de las cuales se lee haber en ellas castas de animales que no se hallan en otras; y si se hallan, se sabe haber sido llevadas de allí. Pues como estos animales salieron del Arca: verbi gratia, elefantes, que solo se hallan en la India oriental, y de allá se han comunicado a otras partes, del mismo modo diremos de estos animales del Perú, y de los demás de Indias, que no se hallan en otras partes del mundo (J. de Acosta, Historia natural y moral de las Indias, Libro IV, cap. XXXVI). 

Esta hipótesis excluye toda posibilidad de evolución o cambio biológico: la migración y adaptación de los animales a nuevos nichos ecológicos implica sólo para Acosta supervivencia pero no cambio biológico. Por ello, los animales de América tuvieron en otro tiempo una distribución más amplia y de han extinguido quedando solo confinados al Nuevo Mundo. No es necesario acudir a otras hipótesis como las de las creaciones diferentes en cada continente. 

Por lo demás, Acosta sabe que la adaptación y confinamiento en lo que hoy los ecólogos llaman un nicho ecológico no es un caso único de América. Tiene la intuición de extender el paradigma paleobiogeográfico a otras regiones convirtiéndolo en una ley general biológica: “y si bien se mira, esto no es un caso propio de Indias, sino general de otras regiones y provincias de Asia, Europa y África”. Pero Acosta va más allá en su interpretación. No solo registra el factum -la evidencia naturalística y el mecanismo inmediato- sino que aborda la cuestión de los factores profundos, cualitativos: sin dudar, proporciona una respuesta doble, biológica y a la vez religiosa: “por instinto natural y Providencia del Cielo”. 

Por otra parte, se ha de destacar que Acosta, a finales del siglo XVI, al hablar del hombre americano afirma que pudo pasar “caminando por tierra”. De este modo, intuye la existencia del estrecho de Behring, que no fue descubierto hasta 1741. 

3. Tercera solución: “Reducirlos a los de Europa”: la solución evolucionista 

La hipótesis evolucionista entra en el pensamiento de Acosta con toda espontaneidad, con plena franqueza y honradez no mediatizada ni forzada por solución preconcebida. Para nuestro autor, todos los animales de América no serían otra cosa que una modificación de los originales de Europa. Ello supondría aceptar un cierto “transformismo”: la diferencia en distintos caracteres de los animales pudo ser causada por diversos accidentes. Es decir: por un cambio accidental de sus caracteres y que éstos luego pasan modificados a los descendientes. El capítulo XXXVI (Libro IV) de su Historia ha sido citado en muchas ocasiones, pese a su brevedad, como uno de los texto más lúcidos y que intuyeron (aunque sin aceptarla) la posibilidad evolutiva que Darwin (1859) describe y acepta dos siglos más tarde. 

El texto siguiente considera abiertamente esta posibilidad: También es de considerar, si los tales animales difieren específica y esencialmente de todos los otros, o si su diferencia accidental, que pudo ser causada de diversos accidentes, como en el linaje de los hombres, ser unos blancos y otros negros, unos gigantes y otros enanos. Así, verbi gratia, en el linaje de los simios ser unos sin cola y otros con cola, y en el linaje de los carneros ser unos rasos y otros lanudos: unos grandes y recios, y de cuello muy largo, como los del Perú; otros pequeños y de pocas fuerzas, y de cuellos cortos, como los de Castilla ( J. de Acosta, Historia natural y moral de las Indias, Libro IV, cap. XXXVI). 

Pero las ideas biológicas de su época, así como el peso indudable de la Teología escolástica, impiden dar el paso definitivo. El mérito de Acosta es haber intuido la posibilidad de un cambio morfológico que se prolonga en la descendencia biológica. Sin embargo, sus naturales y comprensibles prejuicios heredados de la filosofía escolástica, le impiden aceptar el hecho de la evolución. El principio “nadie da lo que no posee”, obliga a Acosta a aceptar la fijeza de las especies biológicas. 

Las “especies” en filosofía difieren por algo esencial y son, por tanto, irreductibles: de una especie no puede salir aquello que constituye diferencialmente la otra especie (Álvarez López, 1943). Su contexto cultural e intelectual le impiden avanzar más: las diferencias no le permiten aceptar la descendencia, por la que se define la evolución orgánica: 

I[Quien por esta vía de poner sólo diferencias accidentales pretendiere salvar la propagación de los animales de Indias, y reducirlos a las de Europa, tomará carga, que mal podrá salir con ella. Porque si hemos de juzgar a las especies de los animales por sus propiedades, son tan diversas que quererlas reducir a especies conocidas de Europa, será llamar al huevo, castaña]i(J. de Acosta, opus cit., Libro IV, cap. XXXVI). 

El P. Acosta zanja la cuestión con este comentario irónico, que ha de interpretarse -según Aguirre (1957)- como expresión de la perplejidad de Acosta ante una solución que le era muy difícil de aceptar. Pero será necesario avanzar casi un siglo para encontrarnos un pensamiento similar sobre los aspectos de la biogeografía: el pensamiento de Athanasius Kircher. 

El “Geocosmos”, el “Arca de Noé” y la Biogeografía en Athanasius Kircher (1601-1680 

José de Acosta, ya lo hemos visto, aportó interesantes contribuciones a la interpretación de la diversidad de animales y plantas en América respecto a las que se encuentran en Europa. De este modo, se inicia -según los autores- el desarrollo de la biogeografía. 

Pero un siglo más tarde se encuentra otro autor, menos conocido que Acosta, y que tiene también interesantes aportaciones a algunos aspectos biogeográficos. Se trata de Athanasius Kircher, nacido casi un año después del fallecimiento de Acosta. Éste presenta una visión que podemos llamar complementaria a la del autor de la Historia Natural y Moral de las Indias. Por los pasajes de dos de sus obras, Mundus Subterraneus (1665) y El Arca de Noe (1675) sabemos que Kircher conocía la obra de Acosta puesto que lo cita en diversos pasajes. 

Athanasius Kircher nació en Geisa (Ghysen), cerca de Fulda (provincia de Hesse-Nassau, en Sajonia-Weimar) un 2 de mayo de 1601. El 2 de octubre de 1618 ingresa como novicio en la Compañía de Jesús, y estudia Humanidades clásicas, Filosofía Escolástica, Ciencias Naturales y Matemáticas hasta 1622. Estos estudios los completó un año más en Münster y Colonia. Fue profesor en Würzburg y en Avignon. Desde 1633, cuando cuenta 32 años de edad, es profesor de Matemáticas, Astronomía y Ciencias de la Naturaleza en el Colegio Romano. Los últimos 47 años de su vida, desde 1633 hasta 1680, fecha de su fallecimiento, Kircher permanece en la ciudad eterna. 

La obra escrita de Kircher es muy extensa y aborda los temas más variados. Desgraciadamente, una gran parte de su obra permanece aún inédita. La obra impresa de Kircher es de 44 títulos de muy diversos temas.


El mundo subterráneo de Kircher
El “Geocosmos” de Kircher   

Kircher acuña un concepto nuevo que ha pasado al vocabulario científico: es el concepto de Geocosmos que se introduce para interpretar dentro de él los fenómenos naturales globales del planeta Tierra. Pero, ¿cómo surge la idea del Geocosmos en la mente de Kircher? El año 1638 hay que considerarlo, según sus biógrafos, fundamental para la obra geográfica y geológica del padre Athanasius Kircher. Según él mismo escribe en el capítulo I del llamado Prefatio a Mundus Subterraneus (su obra más brillante), tuvo la ocasión de ponerse en contacto directo con la naturaleza geológica: 

Estaba yo agitado por la gran fuerza de mis pensamientos (sobre el interior de la Tierra) y sucedió que en aquel tiempo y por mandato de mis superiores me incorporé en concepto de confesor al séquito del excelentísimo príncipe Federico, landgrave de Hesse, luego dignísimo cardenal, en el viaje que emprendía a Sicilia y Malta. Interpreté esta ocasión como suministrada por la providencia de Dios y maravillosamente oportuna para ejecutar mi empresa. Y no me equivocaba. (A. Kircher: “Mundus Subterraneus”, escrita en 1660, publicada en 1665. Prefacio, capítulo I). 

Kircher, tal como él mismo describe minuciosamente, recorrió en ese viaje las islas de Malta y de Sicilia, ascendió al volcán Etna, estudió las corrientes marinas del estrecho de Messina. De vuelta hacia Roma tuvo la “suerte” (para él) de experimentar directamente el terremoto de Calabria y ascendió para estudiarlo al cráter del Vesubio en Nápoles. Estas experiencias son las que le movieron a escribir, primero el Iter Extaticum en 1654, luego el Prefatio de 1660 a Mundus Subterraneus (que no llegó a publicarse hasta 1665) y al fin de sus días (1675) El Arca de Noé. De igual modo, en 1660 tenía escrito un resumen de su obra a la que llamó Synopsis y que fue publicada en la segunda edición del Iter Extaticum. 

Las escenas maravillosamente descritas en el Prefatio a su Mundus Subterraneus muestran la viveza de una experiencia muy intensa, como escribe el profesor Eduardo Sierra (1981). En su mente poderosa se fueron fraguando las ideas que le llevaron a sus estudios de la Tierra o Geocosmos (como acostumbra a denominarla). Es entonces cuando concibió el proyecto de publicar una gran obra sobre la Tierra. A su regreso a Roma inicia inmediatamente la redacción de su gran cosmovisión científica, filosófica y teológica sobre el Geocosmos. 

Basándose en el organicismo, Kircher concibe en su poderosa mente una gran obra de síntesis. El primer ensayo general de su obra se publica en 1654, añadido a la primera edición de su Iter Extaticum. El Iter Exstaticum coeleste et terrestre, contiene ya un desarrollo embrionario completo de las ideas de Kircher. Este texto resume algunas de las ideas: 

Así es, benévolo lector. Este órgano puede llamarse con toda razón el argumento de esta obra que titulamos El mundo subterráneo. Un órgano verdaderamente armónico en número, peso y medida, por plan de Dios trino y providentísimo así dispuesto y adaptado, que aunque en los más íntimos escondrijos y lugares ocultos tenga instrumentos recónditos para su operación, sin embargo, por conductos subterráneos y por una inmensa multitud de tubos y fístulas hace oir la modulación de sus sonidos y tanta variedad de las más diversas voces que es evidente que no hay nada en todo el mundo sublunar que no esté imbuído por su armonía simpática y por su número, peso y medida. Tratamos este órgano en doce libros… (A. Kircher, Prefatio a Mundus Subterraneus. Capítulo I: Sobre la ocasión de esta obra y sobre los viajes del autor. Escrito en 1660 y publicado en 1665; traducción de E.Sierra, opus cit., pág. 21) 

Durante muchos siglos, los viajeros y primeros geólogos (hasta la época de Hutton, al final del siglo XVIII) creían en la existencia del “fuego central de la Tierra” y que éste impulsaba la lava hacia el exterior, expulsándola violentamente por las bocas de los volcanes. La idea central de la concepción del Geocosmos de Kircher es la de que la Tierra es como un vasto organismo (el Macrocosmos), con una osamenta pétrea constituida por las cordilleras montañosas, con un núcleo central formado de fuego, y con grandes cavidades subterráneas por las que circula el fuego (los pirofilacios), otras por las que fluye el agua (los hidrofilacios), y otras por las que el viento sopla (los aerofilacios). 

Kircher, diluvista convencido 

Kircher se declara abiertamente “diluvista”. Fiel a los principios religiosos y científicos de su tiempo, la creencia en la historicidad de un fenómeno acuático catastrófico acaecido muy pronto en la historia de la humanidad no era discutible en el siglo XVII. Desde el siglo XVII y adentrándose en el siglo XVIII toma cada vez más protagonismo la idea (que se suele justificar filosófica y científicamente por los naturalistas y teólogos) de que, tras el pecado de los primeros padres y el Diluvio, la creación entera ha entrado en un proceso de degradación, de decadencia y de ruina. 

En Inglaterra y en Europa, las ideas de la degradación, decadencia y ruina del mundo tras el Diluvio estuvieron presentes en los trabajos de los filósofos naturales (sobre todo, estudiosos de los fósiles, considerados ahora vestigios de la ruina) que proyectaron sus ideas teológicas sobre el estudio de la naturaleza. En especial, las ideas de los teólogos y naturalistas Burnet y Woodward tuvieron mucha influencia sobre los naturalistas del continente europeo. Será necesario aludir brevemente a ellos, aunque sus obras son ligeramente posteriores a las de Kircher. De todas formas, recogen el estado de la ciencia normal del paradigma imperante durante el siglo XVII. 

Dos son los autores “diluvistas” del siglo XVII que recogen algunas ideas kircherianas: Thomas Burnet, con su Teoría Sacra de la Tierra (1681) y John Woodward, con su Essay toward a Natural History of the Earth (1695) (Sequeiros, 2000). En ellos están muy presentes las ideas referentes a la degradación de la Tierra como efecto del pecado original. Este será el hilo teológico conductor de esta visión pesimista del mundo que está presente. 

Kircher participa también de esta concepción pesimista de un mundo pecador que es culpable de la degradación del Geocosmos que no puede alcanzar el estado de magnificencia con que lo creó el sumo Hacedor. La idea de degradación orienta la concepción biogeográfica de Kircher. Pero donde las ideas biogeográficas de éste están más establecidas es en el libro escrito en su vejez (1673 y publicado en 1675, cinco años antes de su muerte), El Arca de Noé. A él nos referiremos ahora. 

La problemática biogeográfica kircheriana de “El Arca de Noé” (1675) 

Las ideas de Kircher sobre lo que hoy llamamos biogeografía es mucho más nítida a lo largo de otra de sus obras: El Arca de Noé (Kircher, 1675). Su autor pretende hacer “ciencia” del relato bíblico, y en un intento de buscar una concordancia entre la ciencia y la Biblia hacer coincidir los datos bíblicos con los de las ciencias de su tiempo. Uno de los problemas que, como veremos, se plantean en El Arca de Noé es de tipo biogeográfico: ¿cómo explicar el modo de dispersión de los animales y humanos desde un solo punto (el Arca salvadora) hasta todos los lugares más alejados del mundo conocido? ¿Cómo pudieron atravesar cordilleras y mares? Y más aún: )cómo explicar que en los continentes lejanos de Europa, como América, Ásia y África hay animales y plantas diferentes de los de Europa? ¿Es que todos estaban en el Arca? 

Son varias las cuestiones que toca Kircher en relación con la biogeografía: 

a) Geografía postdiluviana: Kircher se pregunta: ¿ha cambiado tras el Diluvio la geografía del Geocosmos? Fiel a sus principios establecidos en Mundus Subterraneus y que reitera en El Arca de Noé, para Kircher es obvio que la geografía del mundo, la distribución de tierras y mares, ríos e islas, es diferente antes y después del Diluvio. El siguiente texto, corolario del capítulo I es claro: 

De este largo discurso se desprende con luz meridiana que la Tierra en nuestros tiempos tiene una constitución que, antes del cataclismo universal, no tenía. Existen islas que antes no existían; ha surgido tierra donde antes se acumulaban los indómitos movimientos de las aguas. Por el contrario, han desaparecido lugares que antes gozaban de una tierra óptima y fecunda, convirtiéndose, bajo el dominio del mar, en guarida de los peces; en unas partes de la tierra sucumbieron los montes, en otras crecieron nuevas montañas, lagos ingentes pasaron su dominio de Neptuno a Rea o transmitieron su jurisdicción a Vesta o, por el contrario, los ríos abandonaron los cauces originales y se buscaron cauces nuevos en las profundidades de los montes (A. Kircher: Athanasii Kircheri e Sos. Iesu Arca Noë in tres libros digesta… El Arca de Noé. Corolario al Libro III, parte III, capítulo I).. 

b) Cambio geográfico y degradación: Para Kircher, esa modificación de la geografía es una consecuencia del cataclismo del diluvio, a partir del cual la tierra ha ido degradándose cada vez más. Y tiene una explicación teológica: el mundo, que fue creado perfecto por Dios, se ha ido degradando desde el Diluvio. El texto siguiente, es explícito de su pensamiento: 

A partir del pecado de Adán, la máquina del universo comenzó a alejarse de su perfecta disposición inicial y, por exigencia de la naturaleza, comenzó a sufrir las corrupciones y habituales alteraciones (A. Kircher: Athanasii Kircheri e Sos. Iesu Arca Noë in tres libros digesta… El Arca de Noé. Libro III, parte III, cap. I).. 

c) ¿Afectó el Diluvio a toda la Tierra? Kircher se pregunta: ¿fue el Diluvio, y por tanto la degradación existente desde entonces un fenómeno universal en extensión? La respuesta a esta pregunta tiene consecuencias muy trascendentales para la biogeografía. Si no fue universal, pudieron preservarse en algún lugar especies que luego pudieron volver a aparecer. 

Kircher, fiel a la ortodoxia teológica de su tiempo, no duda en afirmar la universalidad del Diluvio, así como la condena más enérgica a las posturas contrarias. Veamos algunos textos más esclarecedores del pensamiento kircheriano: 

Muchos se admiran y no pueden comprender cómo los animales pudieron llegar a las islas más apartadas, incluso América, tanto Austral como Boreal, separada de Europa, África y Asia, como suele decirse, por todo el cielo. Muchos ingenuos, extrañamente perplejos, no se atreven a afirmar que América también fuera cubierta por las aguas del Diluvio, y, si lo fue, sus montes, los más altos de toda la tierra, nunca fueron inundados; por consiguiente, en ellos se pudieron salvar los animales (A. Kircher: Athanasii Kircheri e Sos. Iesu Arca Noë in tres libros digesta… El Arca de Noé. Libro III, parte III, capítulo III). 

d) Difusión de los animales desde el Arca: entramos ya en el debate biogeográfico: dado que sólo hubo un centro de difusión de los seres vivos postdiluviales, ¿cómo pudieron llegar a zonas geográficas alejadas? ¿Cómo se dispersaron hombres y animales desde el Arca por todo el mundo? Ese será el objeto del capítulo III: Cómo llegaron los animales a todas las partes del mundo, incluso a las islas. La respuesta de Kircher es que tras el Diluvio todas las tierras estaban unidas y abiertas, por tanto, a las migraciones: 

Es completamente cierto, como puede comprobarse en el mapa, que los animales pudieron ocupar sucesivamente todas las partes de la Tierra, tanto continentales como insulares, por la unión existente entre las distintas partes de la Tierra; pues desde Asia pudieron emigrar a las regiones de América Boreal que aún estaban unidas a ella, ya que inmmediatamente después del Diluvio muchas regiones permanecieron unidas a otras, es decir, Tartaria estaría unida a la región Ansana y los mismo China, Corea, Japón y Jesso, que es una región descubierta en los últimos tiempos y no sabemos aún si es isla o está unida al continente americano (A. Kircher: El Arca de Noé. Libro III. Parte III. Capítulo III).. 

Con posterioridad al Diluvio, al formarse los mares, habría un medio de comunicación similar al que presenta la antigua teoría de los Puentes Intercontinentales: 

Desde Europa y África pudieron llegar sin dificultad a ambas Américas, ya que en el Océano Atlántico hubo una gran isla o continente, como hemos indicado anteriormente siguiendo a Platón, quien afirma que fue muy frecuentado por los expedicionarios griegos y egipcios, lo que ampliamente describimos en Mundus Subterraneus (A. Kircher: El Arca de Noé. Libro III. Parte III. Capítulo III).. 

Para Kircher, los animales pudieron librarse cruzando los estrechos entre las islas, o bien atravesando por istmos: 

En ese sentido, a través del istmo de Aniano, podían pasar de Asia a América, de China a Japón; tal vez después del Diluvio, de China y Corea unidas al archipiélago índico, y todo ello sin necesidad de natación; a Australia, no desconocida para nosotros, pudieron pasar a través del istmo, o bien transportadas allí por los hombres (A. Kircher: El Arca de Noé. Libro III. Parte III. Capítulo III).. 

e) El problema de la diversidad intercontinental: ¿cómo es posible explicar la diversidad de animales en otras áreas geográficas? Esta cuestión es largamente debatida por Kircher en este capítulo que comentamos, llegando a conclusiones cercanas al pensamiento de Buffon: 

En lo referente a los animales muy distintos a los nuestros que muchos se sorprenden de encontrar en las regiones de las Indias, éstos dejarán de sorprenderse si entendieran correctamente lo que dijimos sobre la transformación de los animales de las especies primeras en el segundo libro de esta obra, ya que su constitución ha variado en función del cielo y de los climas (A. Kircher: El Arca de Noé. Libro III. Parte III. Capítulo III). 

Para Kircher, el clima ha sido el factor más importante y causante de la degeneración de los animales. Pero )cómo de unas pocas especies se ha llegado a muchas diferentes? Al plantearse si todos los posibles animales que hoy existen estaban en el Arca, propone tres posibilidades que describe como supuestos: 

a. La primera posibilidad es que se transforman por influencia del clima o de la zona geográfica. Veamos algunos textos: 

Supongamos, primero, que según la posición del Sol y de los distintos astros del firmamento respecto a la Tierra surgen distintos climas y distinta composición de las zonas terrestres, pues todas las especies naturales, tanto vegetales como sensitivas, al ser trasladadas de un clima o zona a otro cambian de comportamiento e incluso de constitución, de forma que una misma e idéntica especie en los primeros siglos ha sido hallada con una sorprendente constitución en el Nuevo Mundo o en las Indias (A. Kircher: El Arca de Noé. Parte I, Sección III, capítulo III). 

Esta primera posibilidad no excluye que algunos (sobre todo, los llamados infectos -que podrían ser “insectos” -, pudieran aparecen nuevos por Generación espontánea. Así aparece en El Arca de Noé (Parte I, Sección III, capítulo III). 

b. El segundo supuesto: en el Arca solo entró un grupo reducido de animales, bien por ser puros o bien porque podían degenerar. La idea de la degeneración postdiluviana está muy bien expresada en nuestro autor. Téngase en cuenta que en esto se adelantó un siglo a las ideas de Buffon, quien en muchas de sus obras (y sobre todo en Las Épocas de la Naturaleza de 1779) habla de la “degeneración” de los animales. La existencia de una modificación por degeneración está presente en el pensamiento de Buffon. Oigamos al mismo Kircher: 

Segundo supuesto: de lo dicho se desprende que no todos los animales de cualquier especie se concentraron en el Arca desde todas las partes del mundo. (…) Por tanto, pienso que en el Arca solamente entraron aquellos animales que después, extendidos por toda la superficie de la Tierra, serían capaces de reproducirse independientemente de los cambios climáticos, zonales y de la diferente posición del cielo y aquellos otros que por sí, y según su propia naturaleza, podían degenerar en especies diferentes (A. Kircher: El Arca de Noé. Parte I, Sección III, capítulo III). 

c. La tercera posibilidad para explicar la mayor diversidad de seres vivos con posterioridad al Diluvio se explica también aceptando el hecho de que con el tiempo hubo híbridos: 

Tercer supuesto: al multiplicarse los animales sobre la Tierra en el transcurso del tiempo y ocupar las selvas, los montes y los campos, surgieron nuevos animales procedentes de la mezcla de varias especies, animales que, lógicamente, no fueron introducidos en el Arca, ya que podían seguir naciendo de la unión de distintos animales, como el mulo del caballo y de la asna, y otros muchos que después diremos. ¿Qué necesidad había de conservar aquellos animales que podían nacer después de la unión de otros? (A. Kircher: El Arca de Noé. Parte I, Sección III, capítulo III). 

Conclusión 

Al recorrer el pensamiento biogeográfico de José de Acosta (a finales del siglo XVI) y de Athanasius Kircher (en la segunda mitad del siglo XVII) constatamos que están insinuados muchos de los problemas biológicos relativos a la geografía que han dado lugar al actual desarrollo de las biogeografía histórica y la paleobiogeografía. 

Desde categorías culturales muy diferentes a las nuestras, afrontan el problema de la diversidad, la distribución y la evolución de los seres vivos en función de los cambios climáticos y geográficos. Desde la aceptación del Diluvio Universal, ambos se plantean problemas similares: cómo los animales y plantas se distribuyen por el mundo a partir de un punto de origen y cómo esos organismos se van “modificando” geográficamente. 

Si las soluciones no fueron correctas debido a la falta de un paradigma de referencia de corte evolucionista, al menos intuyeron la posibilidad del cambio de los seres vivos debido a alteraciones de las condiciones ambientales. 

Por Leandro SEQUEIROS, Catedrático de Paleontología, Facultad de Teología, Granada

El origen de Darwin

El origen de Darwin

Los pájaros por los que formuló la teoría de la evolución, en el Museo de Historia Natural de Londres

Una de las salas de la exposición reproduce diferentes especies estudiadas por el cientifico en su viaje en el ‘Beagle’

Una de las salas de la exposición reproduce diferentes especies estudiadas por el científico en su viaje en el ‘Beagle’. – NHM

LOURDES GÓMEZ – Londres – 23/11/2008 22:30

Las pistas asoman al instante. Y su impacto es inmediato: dos pajaritos colocados en una vitrina frente a la entrada de la exposición que el Museo de Historia Natural de Londres dedica esta temporada al padre de la teoría de la evolución, Charles Darwin. El científico británico recogió la pareja de sinsontes en dos islas de las Galápagos, y las ligeras diferencias en la longitud de los picos, el color del plumaje y las alas de ambos ejemplares captaron su atención. Tenía en sus manos una valiosa prueba que echaría por tierra siglos de consenso intelectual y popular. “Estos datos socavan la estabilidad de las especies”, escribió el joven naturalista en un cuaderno de notas.

El museo ha rescatado la pareja de sinsontes de Floreana (Mimus trifasciatus) de su archivo documental y los exhibe al público por primera vez para resaltar la importancia que tuvieron en las investigaciones de Darwin. Hasta la fecha, los expertos tendían a pensar que otros animales más exóticos dieron pie a la revolucionaria teoría de la evolución por selección natural, que desafió la creencia bíblica sobre el origen del ser humano.

A dos pasos de los sinsontes, en otra vitrina, reposan seis pájaros como si fueran trofeos de caza. Son pinzones que Darwin colectó en la misma expedición a América del Sur, a bordo del Beagle, en la travesía de cinco años que realizó a partir de 1831. “Forman parte de la serie de 13 especies de pinzón que se trajo de vuelta a Inglaterra. Representan un ejemplo de evolución en acción, pero Darwin no cayó en la cuenta. Estos pinzones son tan distintos que creyó que eran especies diferentes”, explica Alex Gaffikin, responsable de exposiciones en el Museo de Historia Natural.

La exposición salta a Londres y a la residencia rural donde escribió la biblia científica El origen de las especies 

De la experiencia en Galápagos, la exposición salta a Londres y a la residencia rural en el condado de Kent, en Down House, donde el biólogo desarrolló su teoría y escribió la biblia científica El origen de las especies, publicada en 1859. Un gran número de las pruebas que apuntalan sus conclusiones científicas -animales disecados, plantas y fósiles-, además de cuadernos, cartas y objetos personales, se reúnen en una gran sala del museo. Forman parte de la incursión en la vida pública y privada del gran teórico del siglo XIX que la institución londinense ha organizado para festejar el bicentenario de su nacimiento, en febrero de 2009.

Selección natural

“Nos detenemos en la teoría de la evolución por selección natural, recalcando el desarrollo del proceso científico. Es importante recordar que Darwin no dio con su revolucionaria idea en pocos meses, sino que dedicó cinco años de su vida a recolectar pruebas y pasó otros veinte desarrollando su teoría. Tampoco trabajó en solitario, sino en consulta con otros expertos”, señala Gaffikin. “La exposición”, añade Lorraine Cornish, conservadora del museo, “explora la persona, además del meticuloso teórico.

Más de dos décadas separan el viaje a Galápagos de la primera edición de El origen de las especies. Darwin era consciente de que se enfrentaba a la Iglesia con su teoría -explicó a un amigo en una carta que se sentía como si confesara un asesinato- y sólo se apresuró a escribir el libro al conocer que otro científico más joven había llegado a conclusiones similares. Se optó por el compromiso: Darwin y Alfred Russell Wallace presentaron juntos ensayos de sus respectivas teorías en la Linnean Society de Londres. Al año siguiente, el manual de Darwin se convertía en un best-seller.

El ejemplar de sinsonte que Charles Darwin recogió en la isla Floreana, del archipiélago de las Galápagos, vuelve a ser útil 170 años después. La especie está en peligro de extinción y el programa de rescate se apoya en datos de ADN extraídos de la muestra original que conserva el Museo de Historia Natural de Londres.

“Hay otras interpretaciones, pero la evolución de las especies es la única explicación científica” 

La institución presenta numerosas pruebas en aval de la “gran idea” del científico y en contraposición de los reparos que algunos sectores sociales aún muestran sobre el origen de las especies. “Hay otras interpretaciones, pero la evolución de las especies es la única explicación científica”, advierte Alex Gaffikin, responsable de exposiciones.

El museo ha estampado en una pared de la exposición un comunicado en el que “reconoce que hay otras perspectivas asentadas en la fe sobre el origen y complejidad de la vida”, pero señala que “el creacionismo y el diseño inteligente no deben enseñarse como ciencia”. Se suma así a un debate aún vigente en la sociedad británica sobre si se debería incluir el creacionismo en el curriculum de ciencias en la educación pública. Según una encuesta de 2006, el 48% de la población británica acepta la evolución como la mejor descripción del desarrollo de la vida y el 40% cree que el creacionismo se debería estudiar en las clases de ciencia. 

Darwin y el literalismo bíblico

Darwin y el literalismo bíblico

En conjunción con el tema del Darwinsimo, la teoria de la evolución, el Dr. Manuel Carmona escribio un interesante artículo sobre algo que pertenece a la historia del cristianismo y de la hermenéutica como ciencia auxiliar de la teologia. Aqui coloco este interesante artículo, que es un valioso aporte a toda esta temática y a todo este debate que hay entre creacionistas y evolucionistas.

Espero que puedas valorar este artículo por  su importancia con todos estos temas. Agradezco al dr. Carmona, su interes por investigar y su aporte a esta discución teológica, ya que este artículo tiene gran importancia para entender mejor el contexto teologico de la epoca del Dr. Darwin, notable cientifico, descubridor junto a otros cientificos de su época, de la teoria de la biodiversidad.

Dios te bendiga y gracias por leer este artículo. Puedes hacer comentarios bien acá o también en el blog del dr. Carmona.

Paulo Arieu

historia-origen-especies2
Una idea que los literalistas bíblicos venden para demonizar la teoría de la evolución de Darwin es esa que dice que el darwinismo ataca directamente la interpretación literal del Génesis, y que a partir de la TE ésta fue perdiendo fuerza en el mundo, con lo que fuimos arrastrados a la perdición y bla, bla, bla… Ya sabeis, lo habéis leído mil veces en este blog. Ahora bien, ¿es eso cierto?. ¿Antes de Darwin sólo se leía literalmente la Biblia y la TE supuso esa ruptura, o ya se estaba gestando otra forma de interpretar la Biblia?. Recientemente he leído un interesante libro titulado La historia del Origen de las Especies de Charles Darwin. Janet Browne. Ed. Debate. Janet Browne es profesora en el centro de estudios sobre la Historia de la Medicina de la Universidad de Londres y es experta en Darwin tal y como lo demuestran sus dos biografías: “Voyaging” (1995) y “The power of place” (2002). Además ha sido la editora de la correspondencia de Darwin.

Leer el resto del artículo…

La Iglesia Anglicana pide perdón a Darwin

  Los hombres y pueblos en decadencia viven acordándose de dónde vienen; los hombres geniales y pueblos fuertes sólo necesitan saber a dónde van. José Ingenieros

La Iglesia Anglicana pide perdón a Darwin

15.09.08 

(PD)-. “Charles Darwin: 200 años después de tu nacimiento, la Iglesia de Inglaterra te debe una disculpa por malinterpretarte y por, además de tener una reacción equivocada, haber animado a otros a no comprenderte tampoco. Tratamos de practicar la antigua virtud de ‘fe buscando la comprensión’ y confiamos en que esto suponga una reparación”. 

De esta forma, la Iglesia de Inglaterra pedirá disculpas a Darwin por haberse opuesto de manera “excesivamente emocional” a su teoría de la evolución, publicada en 1859 bajo el título El origen de las especies por medio de la selección natural.

Según informa el diario The Daily Telegraph, la declaración de disculpas ha sido redactada por el reverendo Malcolm Brown, el director de misión y asuntos públicos de la Iglesia de Inglaterra, y será hecha pública mañana, lunes, a través de una web de la propia iglesia anglicana que promoverá las ideas de Charles Darwin.

En ella, los anglicanos admitirán que se dejaron llevar por “un fervor antievolucionista” y que actuaron de una manera demasiado emocional y a la defensiva cuando Darwin (1809-1882) expuso las ideas que romperían con la interpretación de la creación del mundo en siete días, tal como está expuesta en el Génesis, y que el gran científico completaría en una obra posterior, El Origen del Hombre(1871), en la que defendió que el hombre desciende de un antepasado común con los simios.

En su declaración, la Iglesia de Inglaterra señalará que, con su oposición a Darwin, repitió el error cometido por la Iglesia católica en el siglo XVII al obligar a Galileo a retractarse de las teorías copernicanas, según las cuales la Tierra giraba alrededor del Sol, y no al revés, como sostenían las teorías de Ptolomeo, consideradas hasta entonces como ortodoxas.

Fuente:

Obtenido de http://blogs.periodistadigital.com/ciencia.php/2008/09/15/iglesia-perdon-darwin-8978

La incredulidad del relojero ciego. Parte 1

La incredulidad del relojero ciego. Parte 1

Enlaces relacionados:

I. Introducción:

1.¿Agnosticismo? No, gracias. Ateismo,

El tema de la existencia de Dios, que algunos consideraban como “muerto” en los años 70, ha resurgido en los círculos filosóficos del mundo.Por todos lados se debate acerca de la existencia de Dios. Muchos no creen en su existencia. Un hombre como el filósofo argentino Ladislao Vadas recientemente afirmó su postura atea, diciendo que no estaba dispuesto a cambiar de idea, ya que para el la creencia en Dios era una fantasía.

Hace muy poco salió un artículo en un periodico digital cristiano donde comentaba acerca de un grupo de pensadores anglosajones se ha propuesto demoler los principios que sustentan la fe.

¿Agnosticismo? No, gracias. Ateismo, sin más miramientos. Su credo dice que Dios es una invención humana y además es una invención dañina. Christopher Hitchens acaba de publicar un libro titulado Dios no es bueno (God is not great), en España. Hitchens es uno de los exponentes del “nuevo ateísmo”, como ha sido bautizado por la prensa estadounidense, junto al científico Richard Dawkins, Sam Harris o Danniel Dennet.

Tambien Richard Dawkins, con su libro “El Gen Egoista” es la obra más citada e influyente de este etólogo británico que pertenece, con el filósofo Danniel Dennet, al movimiento Bright para la difusión de una visión naturalista del mundo.

En este blog tuvimos un fuerte debate con un grupo de ateos furiosos, que al final quedó en la nada.

Porque escribo este artículo? Hace algunas noches atras, me desperté de dormir en la noche, con la convicción interior de escribir un artículo con este tema, y pues prendi  la computadora e inicié este trabajo.

Mi intención en este artículo no es probar la existencia de Dios, sino solamente hablar de la razón por la que entiendo yo desde la Palabra de Dios el porque el relojero está ciego.

2. Pasajes Bíblicos

2 Corintios 4:4:

“En los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (VRV 1960)

“Esto es, entre los incrédulos, a quienes el dios de este mundo les cegó el entendimiento, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (VRV 1995)

“Para los incrédulos, cuyo entendimiento cegó el dios de este mundo, para impedir que vean brillar el resplandor del evangelio de la gloria de Cristo, que es imagen de Dios” (Biblia de Jerusalén)

“En los cuales el dios de este siglo ha cegado los entendimientos de los que no creen, para que no les amanezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (Versión Moderna)

“En los cuales el dios de este mundo ha cegado el entendimiento de los incrédulos, para que no vean el resplandor del evangelio de la gloria de Cristo, que es la imagen de Dios” (Versión La Biblia de las Américas).

“En quienes el dios de este mundo cegó las mentes de los incrédulos, para que la luz del evangelio de la gloria de Cristo, que es la imagen de Dios, no amanezca sobre ellos” (Versión Estándar Americana).

“Porque el dios de este mundo ha cegado las mentes de los incrédulos (para que no disciernan la verdad), impidiéndoles ver la luz iluminadora del Evangelio de la gloria de Cristo (el Mesías), que es la Imagen y semejanza de Dios” (Biblia Amplificada).

“En su caso que el dios de este mundo ha cegado las mentes de los incrédulos, para retenerlos de ver la luz del evangelio de la gloria de Cristo, quien es la imagen de Dios” (Versión Estándar Inglesa).

“En cuyo caso el dios de este mundo ha cegado las mentes de los incrédulos a fin de que no puedan ver la luz del evangelio de la gloria de Cristo, quien es la imagen de Dios” (Nueva Versión Estándar Americana).

“Cuyas mentes el dios de esta edad ha cegado, quienes no creen, para que la luz del evangelio de la gloria de Cristo, que es la imagen de Dios, no deba iluminar sobre ellos” (Nueva Versión del Rey Jaime).

“El dios de esta edad ha cegado las mentes de incrédulos, de modo que no pueden ver la luz del evangelio de la gloria de Cristo, que es la imagen de Dios.” (NVI—en inglés).

3. El relojero ciego y la incredulidad

a. El relojero ciego

El relojero ciego, R.Dawkins

«El relojero ciego, es un libro de divulgación de la teoría de la evolución biológica por selección natural escrito por Richard Dawkins (etólogo británico). Se puede considerar que es una continuación de El gen egoísta, libro anterior del autor que trata sobre el mismo tema, ya que aprovecha para responder algunas de las críticas que surgieron luego de su publicación.

Durante los capítulos 1 “Explicar lo improbable” y 2 “Un buen diseño”, se esfuerza por  refutar las ideas expuestas por el teólogo del siglo XVIII William Paley. Según Paley la vida es creada por Dios debido a su complejidad y perfección. Un ejemplo el ojo humano. Es un mecanismo como un reloj, y los relojes son creados por relojeros. De esta forma el autor usa ese símil para demostrar que el relojero de la vida no planifica a largo plazo ( es “ciego” ).» [1]

b. El relojero inteligente, WIlliam Paley y el Dios óptico

William Paley

William Paley

«William Paley (Peterborough, 14 de julio de 1743; 25 de mayo de 1805).

Filósofo teólogo utilitarista británico. Recordado por su analogía del relojero y sus argumentos para demostrar la existencia de Dios en su obra Teología Natural. William Paley es fundamentalmente conocido por la apología del Cristianismo expuesta en suTeología Natural. En ella, Paley sistematiza un argumento ya alegado por Ray(1691), Derham (1711) y Nieuwentyt (1730): el diseño inteligente, revelado por la organización de los organismos e ilustrado por la analogía del relojero: si encontráramos un reloj abandonado, la compleja configuración de las partes nos llevaría a concluir que todas las piezas han sido diseñadas para un mismo propósito y dispuestas para un uso concreto, y que alguna inteligencia superior debió hacerlo.» [2]  A esta teoría la llamamos la teoria del relojero inteligente

«El reverendo William Paley, con un conocimiento extraordinario de la naturaleza, escribió su Natural theology vr evidences ofthe existence andattributes ofthe Deity (1802) para convencer de que las intricadas anatomías, como la del ojo, perfectamente adaptadas a su función, no podían haber emergido sino como resultado del plan, del designio, de un Creador. De la misma manera que el examen de un reloj nos lleva a concluir la existencia de un relojero, el ojo humano, tan perfecto como un telescopio, obedece al plan de un diseñador. Paley introdujo la noción de relación entre las partes, perfectamente adaptadas para ejercer una determinada función, para apoyar su argumento basado en el diseño.

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Darwin. Billete de 10 Libras inglesas

c. Darwin, William Paley y la muerte del relojero

Charles Darwin, padre de la teoría de la evolución por selección natural

Charles Darwin tuvo que leer a  Paley durante sus estudios eclesiásticos en  Cambridge. Y se sintió tan  fascinado por su vasto conocimiento de la naturaleza como seducido por la fuerza de su razonamiento a favor de la existencia de Dios por la vía de las maravillas de la vida. Cuando Darwin se embarcó en el Beagle en 1831 observaba la naturaleza a través de la lente del diseño con diseñador de Paley.»[3] Cuando regresó ya no.

El profesor Pablo Santomauro, en un artículo acerca del Diseño inteligente, comenta acerca de este tema: «En «la tesis del “relojero”, Paley planteó el caso de la persona que atravesando un baldío tropieza con una piedra y al preguntarse cómo la piedra vino a estar allí, la respuesta podría ser que estuvo allí eternamente. Pero si en lugar de encontrarse con una piedra, el hombre hubiera pateado accidentalmente un reloj, al hacerse la misma pregunta la respuesta no sería la misma. Por el contrario, la fina coordinación de las piezas del reloj llevarían a la persona a concluir que alguien, en algún momento y lugar, diseñó y construyó el mecanismo con un propósito determinado.

Paley sostenía que era adecuado llegar a la misma conclusión tratándose de muchas cosas naturales, como el ojo, por ejemplo. De la misma forma que las componentes de un reloj eran diseñados para dar la hora, las partes del ojo habían sido adaptadas para ver. En ambos casos, Paley decía que era posible discernir las huellas un diseñador inteligente en el fino y delicado balance de la creación. Tal diseñador era Dios, según Paley y otros “teólogos naturales” que le siguieron.

Charles Darwin le dio un tiro en la cabeza a este argumento del diseño y el caballo quedó inerte por un tiempo. Darwin, en lugar de señalar hacia un universo finamente equilibrado como Paley, apuntó hacia las imperfecciones y la brutalidad de una naturaleza cruel. Darwin triunfó sobre Paley.»[4]

La teoria de Darwin

«A lo largo de cinco años —entre 1831 y 1836—, Charles Darwin, viajando a bordo del Beagle, recogió datos botánicos, zoológicos y geológicos que le Permitieron establecer un conjunto de hipótesis que cuestionaban las ideas precedentes sobre la generación espontánea de la vida.

Durante los veinte años siguientes intentó aplicar estos datos a la formulación de una explicación coherente sobre la diversidad observada. En 1858, Darwin se vio obligado a Presentar sus trabajos, cuando recibió el manuscrito de un joven naturalista, A. R. Wallace, que había llegado de manera independiente a las mismas conclusiones que él, es decir, a la idea de la evolución por medio de la selección natural.

Tanto Darwin como Wallace habían tomado como base la obra de Malthus sobre el crecimiento de la población, en la que se establece que, dicho factor tiende a ser muy elevado, se mantiene constante dado que la disponibilidad de alimento y espacio son limitados; a partir de esta premisa la idea de la competencia. Con esta base argumental se pueden establece dos aspectos fundamentales que sustentan la teoría de Darwin y Wallace. Ambos científicos dan por sentado que los seres vivos pueden presentar clones.

Esta idea, junto con la noción de competencia establecida anterior por Malthus, les lleva a establecer que estas variaciones pueden ser ventajas o no en el marco de dicha competencia. Por otro lado, como resultado de la lucha tiene lugar una selección natural que favorece a los individuos con variaciones ventajosas y tiende a eliminar a los menos eficaces en la consecución de los recursos necesarios para la vida. Sin embargo, existe un punto de discrepancia entre ambos. Wallace nunca compartió la idea de la selección expresada por Darwin en su obra El origen del hombre (1871). Según Darwin algunos caracteres son preservados sólo porque permiten a los macho mayor eficacia en esta relación con las hembras [5]

d. ¡Aleluya! ¡El relojero inteligente resucitó de entre los muertos!

1. Una nueva generación de científicos

Pablo Santomauro también comenta que  «Décadas más adelante, el caballo fue revivido. Por el decenio de 1980, y con los avances hechos en el campo de la biología, una nueva generación de científicos (biólogos, matemáticos, químicos y filósofos de la ciencia) comenzó a reconsiderar la teoría del diseño inteligente. Estos hombres formularon una nueva versión del diseño que tiene la virtud de carecer de los aspectos vulnerables de las versiones previas.

2. El Diseño inteligente

William Dembski

William Dembski

Según William Dembski, a esta nueva versión se le llamó Diseño Inteligente para distinguirla de las anteriores. Esta nueva entrega del Diseño es mucho más tímida y modesta que las otras ya que en lugar de inferir la existencia y el carácter de Dios en la naturaleza, simplemente proclama que existen causas inteligentes para explicar las complejas estructuras biológicas ricas en información, y esas causas son empíricamente detectables »[6]

3. Apoyo politico al proyecto del Diseño inteligente

«La teoría del Diseño Inteligente nació en el Discovery Institute de Seattle, un centro conservador que abrió sus puertas en 1990 y que cuenta entre sus fundadores a Bruce Chapman, director del departamento de censo de EEUU durante el gobierno del presidente Ronald Reagan (1981-1989).

Los científicos del Discovery Institute sostienen que el neodarwinismo no da respuesta a mecanismos tan complejos como la estructura de las células, que sólo puede ser obra de un “diseñador inteligente”.

Dadas las “lagunas” que achacan al darwinismo, el Diseño Inteligente propone que los libros de texto hagan un “análisis crítico” de la evolución, que “debería presentarse como una teoría científica abierta al escrutinio y no como un dogma incuestionable”.

Su incendiaria propuesta ha calado en algunos de los puntos más conservadores del país, como el propio Kansas.”» [7]

e.¡Por favor, no me critiquen al relojero inteligente!

1. ¿Analogías imperfectas?

«Los críticos alegan que uno de los problemas con los argumentos del diseño de William Paley es que sus analogías son imperfectas. Por ejemplo, aunque sabemos que los relojeros existen y hacen relojes, o que a lo menos esa clase de habilidad existe, no podemos saber con seguridad que la naturaleza tenga tal Hacedor. En otras palabras, aunque el relojero es real y obvio, nosotros solo sabemos acerca de Dios al inferir Su existencia por las cosas que supuestamente ha diseñado.

La arqueología, la cual mueve la tierra al buscar evidencia de la actividad humana, ofrece una respuesta clara para esta acusación. A veces la arqueología desentierra algo que no tiene una analogía moderna. Por ejemplo, los arqueólogos todavía no saben completamente cómo los egipcios construyeron la Gran Pirámide, y nadie construye esa clase de pirámide hoy. Pero casi nadie estuviera en desacuerdo que esta pirámide es una hazaña de la ingeniería egipcia antigua.

2. Mensajes inteligentes

Estos argumentos se aplican igualmente a los eventos futuros. Carl Sagan escribió que “un mensaje único del espacio” mostraría evidencia de vida inteligente en otro lugar del Universo (1979, p. 275). En 1993, él y sus compañeros de trabajo declararon que la Tierra contiene no solamente vida, sino vida inteligente, basados únicamente en la información reunida de la nave espacial Galileo. Los investigadores esperan usar técnicas similares para identificar inteligencia de emisiones extraterrestres de radio (aunque sea un “mensaje único”). Pero ellos no supieran nada acerca del mensaje, aparte de la inferencia que debería existir un ser lo suficientemente inteligente para hacer tal transmisión.

3. El Adn, el codigo genetico, es el responsable de la vida

Ese es precisamente el argumento que Paley usó, y la ciencia moderna ha agudizado sus analogías. Paley vio el diseño en las maravillas de la vida, y a través de nuestro conocimiento del ADN, podemos observar el código genético responsable de la vida..» [8]

f.Conclución:

Concluyo el primer artículo de esta serie con esta breve reflexión de una hermana en la fe cristiana que desde hace ya varios años se dedica a la apologética de la fe evangélica y al estudio de la Teoría de la Evolución, y ahora es una mujer entregada totalmente a la  defensa de la Teoría del Diseño inteligente y la proclamación de la fe cristiana:

«Los cambios que se han operado en el siglo XX y parte del XXI tienen como orígen la cosmovisión de la que habla este articulo.

Desde que Darwin publicara su famoso libro El origen de la especies para acá, los cambios en la sociedad se han ido acentuando dia a dia para irse acoplando progresivamente a la filosofía del darwinismo. Esto ha tardado años, han habido muchas batallas para detener el proceso, pero esta teoría se ha ido infiltrando por todas las areas de la sociedad y dictando esta cosmología de la que estamos hablando.

La “ciencia” darwinista nos afecta a todos a diario. Su influencia la vemos por todas partes. Es bueno estar conscientes de donde proceden estos cambios tan tremendos que vemos en la sociedad occidental y de las filosofías que han derivado de ella.

La mayoría de la gente no se percata de ello.

Nos encontramos con una creciente ola de evidencia que va en contra de la teoría naturalista de moleculas evolucionando hacia el hombre.

La mayoría de la gente no sabe que Charles Darwin hizo predicciones arriesgadas en su libro El Origen de las Especies, con relación a la evidencia científica. Las predicciones de Darwin, en el espíritu de la buena ciencia, han provisto una avenida para verificar sus teorías.

Él se preocupaba que el registro fosíl de mediados del siglo diecinueve no apoyaba su teoría sobre la descendencia común, pero asumía que con el tiempo los investigadores lo llenarían con los eslabones perdidos. No fue así.

Mas de ciento cincuenta años despues estos eslabones son muy escasos.

El paleontólogo ya fallecido, Steven Jay Gould, llamó esta falta de evidencia “el gran secreto de la paleontología.

En realidad el registro fósil apoya la aparición abrupta de nuevas formas de vida las cuales permanecen estables sin cambios.

El ejemplo mas claro de esto es la explosión del Cambrico. En las estratas cambricas, los fósiles del varias decenas de philas aparecen de repente, sin haber un patrón claro de antecesores mas simples. Después de la explosión estos fósiles de philas permanecen estables sin cambios en los registros hasta la fecha de hoy o hasta su extinción.

Esta evidencia de aparición abrupta y estabilidad erosiona la credibilidad de la teoría de un descendiente común.

Vuelve al árbol de la vida de Darwin boca abajo [9]

Continúa…

Notas:

[1] (Itálicas mias) http://cristianismofeyciencia.wordpress.com/2008/08/28/el-relojero-ciego/

[2] http://tematicacristiana.blogspot.com/2008/05/william-paley.html

[3] http://cristianismofeyciencia.wordpress.com/2008/08/28/el-dios-optico-se-hace-bioquimico/

[4] http://cristianismofeyciencia.wordpress.com/2008/07/13/el-diseno-inteligente-o-como-avergonzarse-de-dios/

[5] http://cristianismofeyciencia.wordpress.com/2008/07/21/darwin-y-su-teoria-del-origen-de-la-especie-humana-o-evolucion-del-hombre/

[6] http://cristianismofeyciencia.wordpress.com/2008/08/28/la-analogia-perfecta/

[7] http://www.elpombo.com/foro/showthread.php?t=554

[8] http://cristianismofeyciencia.wordpress.com/2008/07/13/el-diseno-inteligente-o-como-avergonzarse-de-dios/

[9] Ana Thompson

Línea de Wallace

Línea de Wallace

L�nea imaginaria de separación entre el Sureste Asiático y Australasia.

Línea imaginaria de separación entre el Sureste Asiático y Australasia.
Anoa de Célebes

Anoa de Célebes
Sus barbatus

Sus barbatus
Rinoceronte de Java

Rinoceronte de Java

La línea de Wallace es una línea imaginaria que marca un límite biogeográfico a través de Insulindia y separa las regiones de Asia y Oceanía. La fauna, y en menor medida la flora, son notablemente distintas a cada lado, pese a la proximidad geográfica y la relativa similitud climática, reflejando historias evolutivas separadas. La línea pasa entre las islas de Bali y Lombok, al este de Java; continúa entre Borneo, que deja al oeste, y las Célebes y pasa al sur de Filipinas. Al noroeste de la línea la fauna es la característica del Sudeste Asiático; al sudeste es la australásica, que se extiende sobre Nueva Guinea, Australia y muchos archipiélagos del Pacífico sudoccidental.

Una observación superficial y contemporánea de la línea la hace parecer imaginaria, sin embargo se corresponde con un importante límite físico, la fosa de Wallace, extendida sima submarina producida por subducción cerca del límite entre las placas tectónicas de Australasia y la de Eurasia.

Durante las fases glaciales de la glaciación cuaternaria, regiones actualmente bajo el nivel del mar a uno y otro lado de la línea quedaron al descubierto, pero separadas por un largo estrecho sobre la fosa, que resultó así una barrera para la migración de poblaciones animales. Durante el último período glacial (generalmente conocido como würmiense), al oeste de la línea quedaba emergido el subcontinente de Sonda y al este el de Saul, separados ambos por menos de 100 km. Durante la expansión de los homínidos, tal fosa y tal línea resultaron un límite casi infranqueable hacia Australasia, superado inicialmente por formas modernas de Homo erectus (de las que derivó Homo floresiensis, descubierto en la isla de Flores, al este de la línea, en 2004) y luego por Homo sapiens — nuestra especie — al parecer unos 70.000 años antes del presente, utilizando para ello rudimentarias almadías o balsas de juncos.

El nombre honra a Alfred Russell Wallace, naturalista y geógrafo inglés que estudió el Archipiélago Malayo en torno a 1860, y fue junto a Darwin uno de los dos autores de la Teoría de la Evolución basada en selección natural.

Entre 1854 y 1862, el naturalista británico Alfred Russel Wallace viajó por los archipiélagos del Sudeste Asiático estudiando la flora y fauna del lugar. Después de años de observación, Wallace descubrió que en determinados lugares entre Borneo y las islas Célebes, los animales y plantas de las islas sufrían un cambio radical e inexplicable, pese a la proximidad y a la similitud de condiciones climáticas.

Esta línea imaginada por el naturalista, conocida hoy como la Línea de Wallace, se corresponde en realidad con un importante límite físico, una fosa submarina situada junto al límite entre las placas tectónicas de Australasia y Eurasia. Durante miles de años, la fosa supuso un muro infranqueable para los animales y plantas de ambos lados, lo que provocó que evolucionaran de manera separada y dieran lugar a las curiosas variaciones que observó Wallace.

La línea de Wallace

wallace.jpgEl nombre de Alfred Russell Wallace no suena tanto como el del Charles Darwin, y sin embargo es reconocido como uno de los coautores de la teoría de la evolución. Sus investigaciones en el archipiélago malayo, donde pasó 8 años estudiando flora y fauna, le llevaron a concluir casi exactamente lo mismo que concluyó Darwin. En el campo de la ecología evolutiva o biogeografía, hay una línea que lleva su nombre: la línea de Wallace.

Esta línea imaginaria, marca un límite biogeográfico real que cruza Insulindia y separa las regiones de Asia y Oceanía. Wallace se dió cuenta de que en cierto lugar la fauna (sobre todo) y la flora mostraban un brusco cambio, a pesar de la cercanía geográfica y la simillitud climática. ¿Cómo podía ser esto? Wallace intuyó que había algo “por detrás” de lo que vemos: una historia, una historia evolutiva.

La línea de Wallace no es un trazo rojo en un mapa. Se corresponde con una formación física real: la fosa de Wallace. Esta fosa está formada por subducción entre las places de Autralasia y Eurasia. Durante las fases de glaciación cuaternarias, en las que el nivel del mar bajó, a un lado y otro de la fosa quedaron tierras emergidas, mas la propia fosa resultó ser un estrecho profundo e infranqueable para fauna y flora. Es decir: las islas y tierras continentales a cada lado de la fosa intercambiaron poblaciones y recursos genéticos, mostrando una simillitud en flora y fauna que no existe entre un lado y el otro de la fosa.

Ese efectivo aislamiento hace que las especies sean muy diferentes a un lado y al otro, pese a vivir en condiciones similares. Y esas diferencias solo se pudieron comprender a la luz de la teoría de la evolución de Wallace.

Véase también

Referencias

Wallace, Alfred Russel 1869 The Malay Archipelago: the land of the orang-utan, and the bird of paradise: a narrative of travel with studies of man and nature, London, Macmillan.

Obtenido de

Sir Charles Lyell

Fuente: Sir Charles Lyell

Lyell, Sir Charles (1797-1875), geólogo escocés cuyos escritos han influido enormemente en el desarrollo de la geología moderna.

Principles of Geology

Principles of Geology

Nació en Kinnordy (hoy Angus) y se formó en Universidad de Oxford. Estudió derecho y entró en la abogacía, pero pronto se dedicó casi totalmente a la ciencia, sobre todo a la geología. Basándose en los trabajos iniciales del geólogo escocés del siglo XVIII James Hutton, Lyell desarrolló la teoría de la uniformidad. Esta teoría establece que todos los procesos naturales que cambian la Tierra en el presente lo han hecho de forma idéntica en el pasado. Lyell apoyó esta teoría en las observaciones geológicas que realizó durante sus largos viajes por Europa y América del Norte.

Charles Lyell

Charles Lyell

La teoría de la uniformidad se contrapone a la del catastrofismo, muy popular entre los científicos de la época de Lyell. Esta teoría postulaba que sólo las grandes catástrofes podrían cambiar la formación básica de la Tierra, y que ésta tenía 6.000 años de antigüedad. La mayor parte de los científicos creían que el catastrofismo era compatible con la interpretación bíblica de la creación de la Tierra. Lyell publicó sus teorías en la obra Principios de geología, que revisó 11 veces entre 1830 y 1872. Las teorías de Lyell influyeron en el trabajo de su amigo Charles Darwin, que formuló la teoría de la evolución. Algunos aspectos de esta última contradicen ciertos principios de la teoría de la uniformidad. Sin embargo, Lyell se convirtió en un gran defensor de las teorías de Darwin.

Lyell es considerado también como uno de los fundadores de la estratigrafía, el estudio de las capas de la superficie de la Tierra. Elaboró un método para clasificar los estratos, o capas, mediante el estudio de los antiguos estratos marinos de Europa occidental. Se dio cuenta de que los estratos marinos más cercanos a la superficie, y que son los más recientes, contenían muchas especies de moluscos con caparazón que viven actualmente en el mar. Por otra parte, los estratos más antiguos y profundos contenían cada vez menos fósiles de las especies vivientes. Lyell dividió las rocas de este periodo en tres épocas, basadas en los porcentajes de decrecimiento de especies modernas. Los tres nombres con que denominó estas épocas —eoceno, mioceno y plioceno— se utilizan todavía hoy. Lyell fue nombrado sir en 1848 y barón en 1864.

Teoría del equilibrio dinámico

Lyell formula su teoría del equilibrio dinámico en el contexto geológico, para después aplicarla al mundo de lo orgánico:

  • En la historia de la tierra, Lyell distingue dos procesos básicos de la morfogénesis geológica, dos procesos que se habrían producido periódicamente, compensándose el uno al otro: los fenómenos acuosos (erosión y sedimentación) y los fenómenos ígneos (volcánicos y sísmicos).
  • Paralelamente, en la historia de la vida, Lyell supuso que se habían dado períodos sucesivos de extinción y creación de especies: el movimiento aleatorio de los continentes habría originado profundos cambios climáticos y muchas especies, al no poder emigrar o competir con otros grupos biológicos, se habrían extinguido, siendo sustituidas por otras creadas mediante leyes naturales.

Influencia

Los Principios de geología se convirtieron en la más influyente de las obras de geología del siglo XIX y la buena venta de sus sucesivas ediciones fue la principal fuente de sustento de su autor. Charles Darwin leyó el primer volumen de la obra de Lyell durante su viaje de exploración en el HMS Beagle y escribió que los Principios de geología habían cambiado su forma de mirar el mundo, siendo una inspiración fundamental para El origen de las especies. Autores literarios como Herman Melville o Alfred Tennyson también obtuvieron inspiración en las obras de Lyell por su retrato de la acción de las fuerzas de la naturaleza.

Bibliografía

Referencias

  • Gribbin, John (2005), Historia de la ciencia, 1543-2001, Barcelona: Crítica.
  • Secord, James A. (1997), “Introduction” to Charles Lyell’s Principles of Geology, Londres: Penguin.
  • González Recio, José Luis (2003), Teorías de la vida, Madrid: Síntesis.

Véase también

Enlaces externos

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Darwin bajo el microscopio

“El más maravilloso sistema del sol, planetas y cometas, solamente podría proceder de la determinación y dominio de un ser inteligente y poderoso.Sir Isaac Newton (murió en 1727)

Poco tiempo después de la publicación de “El Origen de las Especies” en el 1859, la llamada Teoría de la Evolución comenzó un proceso de transformación de la Ciencia. Hoy en día, es imposible tocar el tema científico sin hacer referencia a la Evolución. Ésta se enseña en colegios , institutos y universidades como si de un hecho probado se tratase. Se nos ha enseñado a creer en ella como una ley y no como una teoría.

En el siguiente artículo, escrito por el Dr. Michael Behe, bioquímico, se pone en duda el que la Evolución sea la mejor explicación para el origen de la vida. Su argumento es tan sencillo como contundente.

Los organismos vivos tienen multitud de estructuras y sistemas marcadamente complejos. La Teoría de la Evolución, argumenta el Dr. Behe, es incapaz de mostrar cómo se originaron. Una mejor explicación lo sería que son el producto de un agente inteligente.

La reciente declaración del Papa Juan Pablo II en el sentido de que la evolución es “más que solamente una teoría”, no es noticia para un científico Católico Romano como yo.Crecí en una familia católica y siempre he creído en Dios. Pero comenzando en la escuela parroquial se me enseñó que Dios podía usar los procesos naturales para producir la vida. Contrario a la opinión general, por mucho tiempo la religión se ha acomodado a la ciencia. Pero según la Biología descubre la sorprendente complejidad en la vida, la pregunta es, ¿puede la ciencia “hacer espacio” para la religión?”

En su declaración, el Papa fue cuidadoso en señalar que es mejor hablar de “teorías de la evolución” en lugar de referirse a ella como sólo una teoría. La distinción es crucial. De hecho, hasta que no completé mis estudios doctorales en bioquímica, yo creía que el mecanismo darviniano (la mutación al azar acompañada de la selección natural) es la explicación correcta para la diversidad de la vida. Sin embargo ahora encuentro que esa teoría es incompleta.

De hecho, el complejo diseño de la célula me ha llevado a asumir un punto de vista marcadamente minoritario entre los científicos sobre qué causó la evolución. Yo creo que el mecanismo de Darwin para la evolución no explica mucho de lo que se ve bajo el microscopio. Las células son demasiado complejas como para haber evolucionado al azar; se requirió inteligencia para producirlas.

Quiero ser explícito sobre lo que estoy cuestionando y lo que no estoy cuestionando. La palabra “evolución” conlleva muchas asociaciones. Usualmente significa descendencia común, la idea de que todos los organismos vivos y muertos están relacionados por una ascendencia común. No lucho con la idea de ancestros comunes, y continúo pensando que dicha idea explica similitudes entre las especies. Por sí misma, sin embargo, la ascendencia común no explica la vasta diferencia entre las especies.

Es ahí donde los mecanismos de Darwin entran en acción. “Evolución” también implica en ocasiones que las mutaciones aleatorias y la selección natural propulsaron los cambios en la vida. La idea evolucionista es que, por ejemplo, por azar un animal podría nacer siendo un poco más rápido o fuerte que sus hermanos. Sus descendientes heredarían el cambio y eventualmente ganarían la contienda por la supervivencia sobre los descendientes de otros miembros de la especie que no tuvieran dicha ventaja. La evolución sostiene que, pasado el tiempo, la repetición de estos procesos resultó en grandes cambios —y, de hecho, en animales completamente diferentes.

Esa es la teoría. Una dificultad práctica, sin embargo, es que no podemos comprobar esta teoría con los fósiles. Para verdaderamente probar esta teoría uno tendría que observar cambios de las criaturas en su estado natural o en el laboratorio, o al menos reconstruir una vía detallada en el registro fósil que pueda haber conducido a la adaptación.

La teoría darviniana explica con éxito una variedad de cambios modernos. Los científicos han logrado demostrar que el tamaño promedio del pico de unos aves en las Galápagos cambió en respuesta a patrones del clima. De la misma manera, la proporción de las “polillas moteadas” en Inglaterra cambió cuando, por la contaminación, las de color claro se hicieron más visibles a los depredadores que las de color oscuro. Bacterias mutantes han sobrevivido cuando se han hecho resistentes a los antibióticos.

Todos estos son ejemplos de la selección natural en acción. Pero estos ejemplos incluyen sólo una o pocas mutaciones y el organismo mutante que resulta no es muy diferente de su ancestro. Pero para que la evolución explicara todos las formas de vida, una serie de mutaciones tendría que producir tipos de criaturas muy diferentes. Esto aún no ha sido demostrado.

La teoría de Darwin encuentra sus mayores dificultades en cuanto a la explicación del desarrollo de la célula. Muchos sistemas celulares son lo que yo llamo “irreductiblemente complejos”. Esto quiere decir que necesitan de varios componentes antes de que pueda funcionar adecuadamente. Un ejemplo sacado de la vida cotidiana y que ilustra la complejidad irreductible lo es la ratonera, que está construida con varias piezas (plataforma, resorte, etc.). Un sistema como éste no podría formarse del modo darviniano, desarrollando gradualmente su función. Usted no podría atrapar a un ratón sólo con la plataforma y luego cazar varios más al añadir el resorte. Todas las piezas deben estar en su lugar antes de que usted logre cazar algún ratón.

Un ejemplo de un sistema celular irreductiblemente complejo lo es el flagelo de la bacteria: un propulsor rotatorio, activado por el flujo de ácido, que la bacteria usa para nadar. El flagelo requiere de varias partes antes de funcionar —rotor, estabilizador y motor. De hecho, estudios genéticos han demostrado que se requieren cerca de 40 clases de proteínas para producir un flagelo funcional.

El sistema de transporte intracelular es también bastante complejo. Las células de plantas y animales están divididas en compartimientos muy concretos. Los suministros, incluyendo las enzimas y las proteínas, tienen que ser transportados entre dichos compartimientos. Algunos de estos suministros son empacados en “camiones moleculares”, y cada camión tiene una “llave” que sirve sólo para el cerrojo en su destino particular. Otras proteínas actúan como estaciones de carga, abriendo el camión y permitiendo que el contenido entre en el compartimiento de destino.

Se podrían citar otros ejemplos. El punto central es que la célula, la base misma de la vida, es marcadamente compleja. Pero, ¿no afirma la ciencia que tiene respuestas, o respuestas parciales, sobre cómo estos sistemas se originaron? No. Como escribió James Shapiro, un bioquímico de la Universidad de Chicago, “No existen explicaciones detalladas de la evolución de sistema bioquímico o celular fundamental alguno, sólo una variedad de especulaciones.”

Algunos científicos han sugerido teorías no-darvinianas para explicar la célula, pero yo nos las encuentro convincentes. Más bien, yo considero que los sistemas complejos fueron diseñados, arreglados con propósito por un agente inteligente.

Siempre que observamos un sistema interactivo en el mundo cotidiano (como la ratonera), asumimos que es producto de actividad inteligente. Deberíamos extender este razonamiento a los sistemas celulares. No conocemos otro mecanismo, incluyendo los de Darwin, que produzca tal complejidad. Sólo la inteligencia es capaz de hacerlo.

Por supuesto, se podría demostrar que estoy errado. Si alguien demostrara que, por ejemplo, un tipo de bacteria sin flagelo podría producir este sistema gradualmente, o producir cualquier estructura compleja nueva comparable, mi idea sería demostrada incorrecta. Pero no creo que eso suceda.

El diseño inteligente puede querer decir que la última explicación de la vida va más allá de la explicación científica. Esa aseveración es prematura. Pero aún si fuera cierta, esto no me perturbaría. Yo no deseo la mejor explicación científica para los orígenes de la vida; quiero la explicación correcta.

El Papa Juan Pablo habló de “teorías de la evolución”. Ahora mismo tal pareciera como si una de esas teorías tenga que ver con el diseño inteligente.

Por Michael J. Behe

El Dr. Behe, Profesor Adjunto de Bioquímica en la Universidad de Lehigh, es autor del libro “Darwin’s Black Box: The Biochemical Challenge to Evolution” (La caja negra de Darwin: El desafío bioquímico a la evolución).

Copyright © 1997 Michael Behe. Todos los derechos reservados. Derechos internacionales reservados.

© Traducción Dr. José R. Martínez-Villamil.

Usado con permiso de ARN (URL http://www.arn.org/)

http://www.menteabierta.org/html/articulos/ar_darwin.htm

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