Los orígenes de Israel en Canaán: Un examen de las teorías más recientes

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ARQUEÓLOGO AFIRMA HABER ENCONTRADO EVIDENCIAS DE LOS ISRAELITAS CUANDO LLEGARON A CANAÁN

ARQUEÓLOGO AFIRMA HABER ENCONTRADO EVIDENCIAS DE LOS ISRAELITAS CUANDO LLEGARON A CANAÁN

Publica: El Sembrador

Un arqueólogo de la Universidad de Haifa afirma haber descubierto las estructuras con forma de de pies humanos (estructuras que se parecen a huellas) que cree que fueron erigidas por los israelitas al haber pisado por primera vez la tierra de Canaán.
Según informa el diario Haaretz el Adam Zertal dijo haber descubierto restos arqueológicos en el valle del Jordán que evidencian las primeras construcciones levantadas por los israelitas al entrar en Canaán y que ponen de manifiesto el concepto bíblico en el que al pisar con el pie la tierra se testifica la posesión de la misma.
El equipo de excavación dirigido por Zertal encontró cinco grandes evidencias arqueológicas en un lugar considerado como el Gilgal bíblico.

En la actualidad la mayoría de los arqueólogos creen que el Éxodo del pueblo de Israel de Egipto y la conquista de la tierra prometida no pueden ser evidenciados científicamente, sin embargo Zertal es uno de los pocos arqueólogos que han encontrado evidencias que demuestran la entrada a Canaán del pueblo de Israel.

El descubrimiento más importante de Zertal son rastros arqueológicos en el Monte Ebal y por los cuales el científico indica fue el lugar donde se celebró el pacto relatado en el Libro de Josué. Sin embargo otros arqueólogos dicen que en ese lugar se erigió una torre para vigilar.

Según relata el libro de Josué, los israelitas llegaron a Gilgal después de haber cruzado el río Jordán y según algunos investigadores el nombre de Gilgal surge debido a una colección de piedras que fueron utilizados para rituales de sacrificio.

Zertal ha manifestado que las piezas con forma de pies humanos fueron utilizadas durante las ceremonias tras la entrada en la tierra de Canaán. Relacionando que la tradición de peregrinar a Jerusalén durante las tres fiestas judías principales. Esta tradición es conocida como “aliá la’regel” que quiere decir subir a pie, y que según Zertal puede tener relación con los restos arqueológicos encontrados en el Valle del Jordán y el Monte Ebal. Además las estructuras de pies tenían un significado de contro sobre los enemigos al proclamar la presencia de Dios sobre su pueblo.

fuente: http://apologista.wordpress.com/2009/07/04/arqueologo-afirma-haber-encontrado-evidencias-de-los-israelitas-cuando-llegaron-a-canaan/

Hacia Canaán

Hacia Canaán.

Una ruta de caravanas de 1.000 kilómetros de longitud. — Hoy se requieren cuatro visados para recorrerla. — El país de la púrpura.— Expediciones de castigo contra los “habitantes del desierto.” — Grandiosas ciudades en la costa y un interior inquieto. — La obra más vendida en Egipto trata sobre Canaán. — Sinuhe elogia el “País excelente.” — El nombre de Jerusalén en vasos mágicos. — Castillos de defensa. — Sellin encuentra a Sikem. — Abraham escoge la ruta de la montaña.

  • Y TOMÓ A SARAY, SU MUJER, A LOT, HIJO DE SU HERMANO, Y A TODA LA HACIENDA QUE HABÍA ACOPIADO Y LAS PERSONAS QUE EN JARÁN HABÍA REUNIDO, Y PARTIERON CAMINO DE LA TIERRA DE CANAÁN (Gen. 12:5).

El camino desde Jarán, la patria de los patriarcas, hasta la tierra de Canaán se extiende a más de mil kilómetros en dirección sur. Descendiendo por el río Balicu llega al Éufrates, y desde allí continúa por una ruta milenaria de caravanas que, pasando por el oasis de Palmira, la bíblica Tadmor, hasta Damasco, toma luego la dirección Sudoeste, hasta llegar al lago de Genesaret. Es una de las rutas comerciales que desde las épocas más remotas conducen desde el Éufrates hasta el Jordán, desde la rica Mesopotamia hasta las ciudades fenicias en las orillas del Mediterráneo, hasta Egipto, la lejana tierra del Nilo…

Hoy día, todo aquel que quiera recorrer la ruta que Abraham siguió, se ve obligado a visar su pasaporte cuatro veces; necesita un visado de Turquía, donde está emplazada Jarán; otro de Siria para el trecho comprendido entre el Éufrates y el Jordán, pasando por Damasco, y otros dos de Jordania y de Israel, que ocupan lo que en otro tiempo fue el antiguo Canaán.

En tiempo de los Patriarcas todo esto resultaba más fácil, ya que el largo trayecto sólo atravesaba un grande estado: el reino de Mari. Los territorios de otros estados más pequeños entre el Éufrates y el Nilo podían ser rodeados fácilmente; después, el camino a Canaán quedaba libre.

La primera gran ciudad que Abraham encontró en su peregrinación, existe aún hoy día; es Damasco. El viaje en coche desde Damasco a Palestina constituye, sobre todo en la primavera, una experiencia maravillosa.

fig. 8. — El padre de los Patriarcas siguió este camino al dirigirse desde el reino de Mari a Canaán.

La antiquísima ciudad, con sus estrechas callejuelas y los oscuros pasadizos de sus bazares, con sus mezquitas y con los restos de sus construcciones romanas, se halla situada en medio de una extensa y fértil llanura. Cuando los árabes hablan del paraíso, piensan en Damasco. Ningún lugar del Mediterráneo puede compararse con esta ciudad que en cada primavera se viste con la magnificencia de variadísimas flores.

En los innumerables jardines, en los vergeles, situados junto a las murallas, crecen los albaricoqueros y los almendros, que exhiben su exuberante floración. Árboles en flor bordean la carretera, que en ligera pendiente se dirige hacia el Sudoeste. Campos ubérrimos alternan con olivares y extensas plantaciones de moreras. Por la parte alta, a la derecha de la carretera, irrumpe el río Barada, al cual debe el país su fertilidad. Allí levanta sus cumbres al cielo desde la lisa y florida llanura, escarpado y majestuoso, el célebre Hermón con sus 2.750 metros de altura. En la falda de este monte brotan las fuentes del Jordán. Dominando los dos países, parece que la naturaleza lo ha colocado allí cual mojón fronterizo entre Siria y Palestina. Su cumbre airosa permanece cubierta de nieve hasta en verano, cuando el calor es sofocante. La impresión resulta aún más imponente al ver que a lo lejos, a la izquierda de la carretera, desaparece el verdor de los campos. Monótonas colinas de color gris, atravesadas por valles secos, se extienden hasta el encendido horizonte donde empieza el ardiente desierto de Siria.

Los campos y los prados van siendo cada vez más escasos. El verdor va adquiriendo cada vez un colorido más grisáceo, propio de la arenosa estepa. Después los grandes tubos de un oleoducto cruzan la carretera. El petróleo que por ellos fluye ha realizado ya un largo recorrido; a mil quinientos kilómetros de distancia, desde las torres de sondeo de las islas Bahrein, situadas en medio del Golfo Pérsico, empezó su viaje, que terminará en la ciudad portuaria de Saida, en el Mediterráneo. Saida es la antigua Sidón de la Biblia.

Detrás de una montaña, dejada a un lado, aparece de repente el quebrado país de Galilea. Pocos minutos después es preciso pasar por la oficina de control de pasaportes. Siria queda atrás. La carretera cruza un pequeño puente, debajo de cuyo arco discurre un mísero riachuelo. Es el Jordán; nos hallamos en Palestina, en el joven estado de Israel.

Después de un viaje de 10 kilómetros entre peñas de basalto de color oscuro, el lago Genesaret centellea con su fondo color azulado. En este tranquilo lago, en el cual parece que el tiempo ha detenido su curso, predicó Jesús desde una barca ante la pequeña aldea de Cafarnaún. Aquí es donde dijo a Pedro que echara las redes para que realizara la copiosa captura. Dos mil años antes pacieron en sus orillas los rebaños de Abraham, pues el camino de Mesopotamia a Canaán pasa junto al lago de Genesaret.

Canaán es la estrecha y montañosa faja de tierra, situada entre la costa del Mediterráneo y los confines del desierto, desde Gaza al sur, hasta Hamat al norte, a orillas del Orontes.

Canaán significa “el país de la púrpura.” Este nombre se debe a un producto del país muy apreciado. Ya en tiempos muy antiguos sus habitantes extraían de un caracol de mar, que se recogía en sus playas, el colorante más célebre del mundo antiguo, la púrpura. Era tan raro, tan difícil de obtener, y por consiguiente, tan caro, que sólo podían adquirirlo los potentados. Las vestiduras teñidas de púrpura eran consideradas en todas partes como signo de alta alcurnia. Los griegos denominaban “fenicios” a los fabricantes y tintoreros de púrpura establecidos en la costa del Mediterráneo, y a su país “Fenicia,” que en su idioma quiere decir “púrpura.”

El país de Canaán es asimismo la cuna de dos cosas, que de verdad conmovieron el mundo: la palabra Biblia y nuestro alfabeto. Una ciudad fenicia dio su nombre a la palabra griega que significa “libro”; de Biblos, la ciudad marítima de Canaán, se formó “biblon” y después “Biblia.” En el siglo IX antes de J.C. los griegos tomaron de Canaán los signos de nuestro alfabeto.

Fueron los romanos quienes, empleando el nombre de los más acerbos enemigos de Israel, bautizaron la parte de este país que debió ser la patria de este pueblo con el nombre de “Palestina,” palabra derivada de “Pelishtim,” es decir “filisteos.” Éstos son nombrados en el Antiguo Testamento y vivieron en la parte sur de la costa de Canaán. La tierra prometida, todo Israel, se extendía, según la Biblia, desde Dan a Bersabé (1 Sam.. 3:20), es decir, desde las fuentes del Jordán, a los pies del Hermón, hasta las colinas situadas al oeste del Mar Muerto, hasta las tierras del Mediodía, el Negueb.

Si observamos un globo terráqueo, veremos que Palestina es sólo una pequeña mancha comparada con la inmensidad de la tierra, un país insignificante. El antiguo reino de Israel puede recorrerse hoy cómodamente en coche en el espacio de tiempo de un día, siguiendo la línea de sus fronteras. Tiene 234 kilómetros de Norte a Sur, 37 kilómetros de ancho por la parte más angosta, y en conjunto: 25.124 kilómetros cuadrados de superficie, que equivalen a la isla de Sicilia. Solamente durante algunos decenios de su movido pasado fue mayor. Bajo el reinado de David y Salomón, el territorio del Estado se extendía hasta el Mar Rojo, junto a Esyon-gueber por el Sur, y hasta más allá de Damasco por el Norte, introduciéndose en Siria. El actual estado de Israel con sus 20.720 kilómetros cuadrados representa una quinta parte de lo que fue el reino de sus antepasados.

Nunca florecieron aquí ni la artesanía, ni la industria de modo tal que sus productos fuesen solicitados por el resto del mundo. Cruzado por colinas y por cordilleras, cuyos picos se elevan a más de mil metros, rodeado al Sur y al Este por estepas y desiertos, al Norte por las montañas del Líbano y del Hermón, al Oeste por la costa llana y arenosa, parece una mísera isla entre los grandes reinos del Nilo y del Éufrates, entre dos continentes. Al este del Delta del Nilo termina África. Después de 150 kilómetros de anchura empieza Asia, y en su umbral se halla Palestina.

Si en el curso de su accidentada historia se ve envuelta repetidamente en los grandes problemas mundiales, ello es debido a este emplazamiento. Canaán es el eslabón que sirve de lazo de unión entre Egipto y Asia. La ruta comercial más importante del mundo antiguo pasa a través de este país. Mercaderes, caravanas, tribus trashumantes y la población toda siguen este camino que después seguirán los ejércitos de los grandes conquistadores. Egipcios, asirios, babilonios, persas, griegos y romanos se sirven del país y de sus habitantes para realizar sus fines económicos, estratégicos y políticos. El gigante del Nilo, potencia de primer orden en el tercer milenio antes de J.C., impulsado por intereses mercantiles, extendió sus tentáculos hasta el viejo Canaán.

“Llevamos cuarenta naves cargadas con troncos de cedros. Construimos naves de madera de cedro. Una de ellas — El “Loor de los dos Países” — tiene 50 metros de longitud. Las puertas del palacio las hicimos de madera de cedro.” Tal era el contenido de la estadística de la importación de madera hacia 2600 antes de J.C. Los datos relativos a este transporte de madera bajo el faraón Snofru se hallan grabados en una tablilla de diorita negra y dura. Esta magnífica pieza se halla depositada en el Museo de Palermo. Frondosísimos bosques cubrían entonces los montes del Líbano. La noble madera de sus cedros y merus, una clase especial de las coníferas, era una madera de construcción que los faraones empleaban y apreciaban mucho.

Quinientos años antes de Abraham, florecía en las costas de Canaán el comercio de importación y exportación. El país del Nilo cambiaba el oro y las especias de Nubia, el cobre y las turquesas de las minas del Sinaí, el lino y el marfil por la plata de Tauro, los artículos de cuero de Biblos, los vasos esmaltados de Creta. Los potentados hacían teñir de púrpura sus túnicas en las grandes tintorerías de Fenicia. Para el adorno de las damas de la corte producían un bello color azul lapislázuli (los párpados teñidos de azul era entonces la gran moda) y el “stibium,” el cosmético para las mejillas tan apreciado por las damas de aquella época.

En las ciudades marítimas de Ugarit (hoy día Ras-Samra) y Tiro se establecieron cónsules egipcios; la ciudad fortificada Biblos se convirtió en una colonia egipcia; se levantaron monumentos a los faraones y los príncipes tomaron nombres egipcios.

Pero si las ciudades de la costa presentan el aspecto de una vida internacional activa y próspera, pocos kilómetros tierra adentro existe un país muy diferente. Las montañas de junto al Jordán son un hervidero de inquietudes. Las agresiones de los nómadas a la población sedentaria, los tumultos, las contiendas y las guerras entre las diversas ciudades se siguen sin interrupción.

Como todo esto dificulta el paso de las caravanas a lo largo de la costa del Mediterráneo, los egipcios tienen que realizar expediciones de castigo para llamar al orden a los perturbadores de la paz. Las inscripciones contenidas en el sepulcro del egipcio Uni nos dan una idea clara de la forma en que, hacia el año 2350 antes de J.C.t tenía lugar una de estas expediciones de castigo.

El comandante militar Uni recibe del faraón Fiops I la orden de organizar un ejército. Hablando de la expedición, se expresa de la siguiente manera:

“Su Majestad combatió a los habitantes del desierto y para ello reunió un ejército en toda la parte meridional del país, al sur de Elefantina…, por todo el Norte, y entre los nubios de Jertet, de Mazoi y de Jenan. Yo fui quien trazo el plan a seguir para todos ellos…”

La gran disciplina de la potencia multicolor es objeto de muchas alabanzas; al leerlas, nos enteramos de las cosas más codiciadas que era posible hallar en Canaán como botín.

“Ninguno de ellos robó… sandalias de uno que venía por el camino…; ninguno de ellos tomó el pan de ninguna ciudad; ninguno tomo a nadie una cabra.”

El comunicado de Uni anuncia con orgullo un gran éxito, y contiene al propio tiempo valiosas noticias sobre el país:

“El ejército del Rey regresó bien a su patria después de haber devastado el país de los habitantes del desierto… después de haber destruido sus fortalezas… después de haber arrancado sus higueras y sus vides, después de hacer muchos prisioneros. Su Majestad me mandó recorrer cinco veces el país de los habitantes del desierto después de cada sublevación.”

Así vinieron los primeros semitas a Egipto, designados despectivamente con el nombre de “habitantes del desierto” en el país de los faraones.

Chu-Sebek, ayudante del rey egipcio Sesostris III, escribe 500 años después un comunicado de guerra, que (grabado en una lápida conmemorativa hallada en Abidos en el curso superior del Nilo) dice así:

“Su Majestad se dirigió al Norte para derrotar a los beduinos asiáticos… Su Majestad llegó a un lugar llamado Sekmen… Entonces cayó Sekmen junto con el mísero Retenu.”

Los egipcios designaban a la tierra de Palestina y de Siria con el nombre de “Retenu.” “Sekmen” es la ciudad bíblica Sikem, la primera ciudad de Canaán que Abraham encuentra en su peregrinación (Gen. 13:5).

Con la expedición de Sesostris III hacía el año 1850 antes de Jesucristo nos hallamos en mitad de la época de los patriarcas. Entre tanto Egipto ha puesto su mano sobre Canaán; el país está sometido a la soberanía de los faraones. Gracias a los arqueólogos, el mundo posee un único documento de esta época, una verdadera joya de las letras antiguas. El autor es un tal Sinuhe de Egipto. El lugar del suceso, Canaán. La época de la acción, entre 1971 y 1928 antes de J.C., bajo el reinado de Sesostris I.

Sinuhe, un personaje distinguido que interviene en la corte, se ve envuelto en una intriga política; teme por su vida y emigra a Canaán.

“… Cuando dirigí mis pasos hacia el Norte, llegué a la muralla de los príncipes, levantada para tener alejados a los beduinos y para reprimir a los nómadas del desierto 1. Me escondí debajo de unos matorrales por temor de que me viera la guardia de la muralla, que estaba prestando servicio allí. Cuando se hizo de noche, me puse de nuevo en camino. Al amanecer… cuando llegué junto al lago Amargo 2, caí agotado. La sed me devoraba y mi garganta estaba reseca. Entonces me dije: ¡Mi muerte está cerca! Pero, al elevar mi corazón y al arrebujar mi cuerpo, oí el mugido de los rebaños que se acercaban y a su frente vi a unos beduinos. El que hacía de guía, que había estado en Egipto, me reconoció. Me dio agua, me calentó leche y me llevó consigo a su tribu. Se portaron muy bien conmigo.”

Sinuhe, pues, logró huir. Pudo pasar de incógnito la gran muralla de los faraones, que se desarrollaba exactamente por donde hoy día pasa el canal de Suez. Esta “Muralla de los Príncipes” contaba entonces algunos centenares de años. Un sacerdote la menciona ya 2650 años antes de J.C. “Se construirá la “Muralla de los Príncipes,” que no permitirá la infiltración de los asiáticos en Egipto. Éstos solicitan agua… para poder abrevar sus rebaños.”

Más tarde los hijos de Israel atravesarán repetidas veces estas murallas; no hay otro camino para dirigirse a Egipto. Abraham será el primero que la contemple, cuando, acuciado por el hambre, se dirija al país del Nilo (Gen. 12:10).

Sinuhe sigue diciendo: “Un país sucedía a otro. Llegué a Biblos 3 y después a Kedme 4; aquí permanecí un año y medio. Ammienski 5, el príncipe del “Retenu” superior 6, me tomó a su lado y me dijo:

“Lo pasarás bien conmigo; oirás hablar egipcio. Esto lo dijo porque sabía quién era yo, pues los egipcios 7 que estaban con él le habían hablado de mí.”

Todo lo que le ocurrió al fugitivo de Egipto lo podemos leer y hasta con detalles de su vida cotidiana.

“Ammienski me dijo: desde luego, Egipto es bello; pero… tú permanecerás aquí a mi lado; me portaré bien contigo.”

“Me puso por encima de todos sus hijos y me dio en matrimonio a su hija mayor. Me dejó elegir entre lo mejor de la tierra que le pertenecía y yo elegí una parcela que estaba situada en los confines de otro país. Era una tierra muy bella llamada Jaa. Había en ella higueras, viñas y más vino que agua. Era rica en miel y abundante en olivares. Toda clase de frutas colgaban de sus árboles. Había en ella también trigo, cebada y rebaños sin número. Mucho me proporcionó mi popularidad. Me hizo príncipe de su tribu en la parte más escogida de su país. Todos los días comía pan, carne cocida y ganso asado y bebía vino; además, caza del desierto que cobraban expresamente para mí y que me traían amén de lo que mis lebreles cazaban… y leche preparada de muy diversas formas. Así pasé muchos años y mis hijos se hicieron hombres robustos, cada uno jefe de su respectiva tribu.

“El mensajero que, salido de Egipto, se dirigía al Norte, o en dirección Sur se dirigía hacia la corte, se hospedaba en mi casa 8; yo daba a todos hospedaje, daba agua al sediento, mostraba el camino al que se había extraviado y protegía a todos los que eran asaltados.

“Cuando los beduinos salían para combatir a los príncipes de los demás países, yo les ilustraba sobre el plan de campaña, pues el príncipe de Retenu me confió el mando de sus tropas durante muchos años, y en todo país en que entraba, hacía… y… de las tierras de pastos y de sus fuentes. Me apoderaba de sus rebaños, arrojaba sus gentes y tomaba posesión de sus provisiones. Mataba a los enemigos con mi espada y mi arco 9 gracias a mi destreza y mis certeros golpes.”

Entre las muchas aventuras vividas junto a los “asiáticos,” parece haber impresionado profundamente a Sinuhe un combate a vida o muerte que describe hasta en sus mínimos detalles. Un “bravucón” de Retenu se burló un día de él y le retó. Estaba seguro de poder dar muerte a Sinuhe y apoderarse así de sus rebaños y de su hacienda. Pero Sinuhe, que desde su juventud había sido un buen arquero en Egipto, da muerte a aquel hombre “robusto” que se le acercaba con el escudo, el puñal y la lanza, clavándole una flecha en el duro cuello. El botín que adquiere como consecuencia de este duelo le hace aún más rico y poderoso.

Ya anciano, se apodera de él la añoranza de su patria. Y una misiva de su faraón, Sesostris I, le reclama.

“… Haz lo posible por regresar a Egipto, para que puedas ver la corte en que te formaste y besar la tierra junto a las dos grandes puertas… Piensa en el día en que serás llevado al sepulcro. Te ungirán con aceite y te envolverán en fajas de la diosa Tait 10. Te acompañará un cortejo en el día de tu sepelio. La caja será de oro y su cabeza de lapislázuli. Serás colocado en el ataúd. Te arrastrarán bueyes y el cortejo estará precedido por cantores y en la puerta de tu tumba se bailará la danza de los enanos. Recitarán en tu favor oraciones sacrificiales y se harán ofrendas en el ara. Las columnas de tu sepulcro serán de piedra caliza y se colocará entre la de los príncipes del reino. Que no suceda que mueras en tierra extraña y que los “asiáticos” te den sepultura envolviendo tu cuerpo con una piel de carnero.”

El corazón de Sinuhe exulta. Se decide en seguida por el regreso. Distribuye su hacienda entre sus hijos y nombra a su primogénito “jefe de la tribu.” Tal era la costumbre entre los nómadas semíticos; tal entre Abraham y sus descendientes: era el derecho hereditario de los Patriarcas, que, más tarde, se convirtió en ley para el pueblo de Israel.

“Mi tribu y toda mi hacienda pasó a ser posesión suya, lo mismo que mis gentes y todos mis rebaños, mis cosechas y todos mis árboles dulces 11. Entonces me dirigí hacia el Sur.”

Los beduinos le escoltan hasta los fuertes de la frontera con Egipto. A continuación un enviado del Faraón le acompaña hasta una nave que le lleva a una ciudad situada al sur de Menfis.

¡Qué contraste… entre una tienda en la residencia real y la vida sencilla y llena de peligros del pasado y de nuevo la seguridad y el lujo de una urbe ultracivilizada!

“Allí encontré a Su Majestad, sentado en el gran trono del salón dorado y plateado. Entonces llamaron a los hijos del rey. Su Majestad dijo a la reina: ¡Ahí tienes a Sinuhe, que viene hecho un asiático y convertido en beduino!

“Ella lanzó un grito y sus hijos hicieron otro tanto. Y dijeron a Su Majestad: ¿Es él en realidad, mi Señor Rey?

“Su Majestad dijo: ¡Él es en efecto!

“Fui llevado a un palacio principesco — sigue narrando con entusiasmo Sinuhe — en el cual había cosas preciosas, y… hasta una sala de baño… Había verdaderos montones de tesoros, vestiduras reales de lino; mirra y aceite del más fino; siervos del Rey a quienes él apreciaba estaban en sus aposentos; y los cocineros cumplían con su obligación. Mi cuerpo se rejuveneció. Me afeitaron y peinaron la cabellera. La sordidez la dejé en el extranjero 12, y la burda vestimenta la entregué a los nómadas del desierto. Me vistieron de finísimo lino y fui ungido con el mejor aceite del país. ¡Volví a dormir en una cama!.. De esta forma viví, honrado por el Rey, hasta que llegó el día de la separación.”

No existe solamente un ejemplar de la historia de Sinuhe; han sido hallados otros varios. Debió ser una obra muy solicitada y de la cual, por tanto, se hicieron muchas “ediciones.” No sólo en el Imperio Medio de Egipto, sino también en el Nuevo, parece que gustaba su lectura, según lo dan a entender las copias diversas halladas. Fue como si dijéramos un “éxito literario,” el primero del mundo y justamente sobre Canaán.

Los investigadores que lo descubrieron a fines del siglo pasado se sintieron subyugados por él exactamente igual que los contemporáneos de Sinuhe; sin embargo, lo consideraron como una narración fantástica, bien hilvanada al estilo egipcio y falta en absoluto de realidad. De esta suerte el relato de Sinuhe se convirtió en una mina de información para los egiptólogos, pero no para los historiadores. Mientras se discutía sobre la interpretación que debía darse al texto, sobre su escritura, su sintaxis, se olvidaba el verdadero contenido del documento.

Sin embargo, el relato de Sinuhe ha sido rehabilitado. Hoy día sabemos que el egipcio escribió una historia verídica y objetiva sobre el Canaán de aquel tiempo, en el cual se movió Abraham.

A los textos jeroglíficos sobre las campañas egipcias debemos los primeros testimonios sobre Canaán. Concuerdan exactamente con las descripciones de Sinuhe. Por otra parte, el relato de este distinguido egipcio coincide en algunos pasajes casi textualmente con versículos que en la Biblia aparecen con frecuencia.

“Pues el Señor te guía a una tierra excelente,” se dice en Dt. 8:7.

“Era una tierra excelente,” dice Sinuhe. “Una tierra — prosigue la Biblia — de olivares, productores de aceite y de miel.” En el texto egipcio se dice: “Su miel era copiosa y numerosos sus olivares. Yo tenía pan como alimento cotidiano.”

La descripción que Sinuhe hace de la vida que lleva entre los amontas en una tienda, rodeado de sus rebaños y enredado en las luchas con los orgullosos beduinos que han de alejar de sus tiendas, sus pastos y sus pozos. Corresponde exactamente a la imagen de la vida de los Patriarcas que nos pinta la Biblia. También Abraham y su hijo Isaac tienen que dirimir disputas sobre sus pozos (Génesis 21:25; 26:15-20).

Una detenida investigación nos deja ver el cuidado y la exactitud con que la Biblia reseña las verdaderas condiciones de aquella época. La gran cantidad de documentos y monumentos recientemente descubiertos nos permite una reproducción plástica y de acuerdo con la realidad de las condiciones de vida en Canaán en tiempo de los Patriarcas.

Alrededor del año 1900 antes de J.C., Canaán era un país poco poblado. En realidad podría decirse que era una “tierra de nadie.” Acá y allá, en medio de campos cultivados, surge una ciudad fortificada. Las vertientes de las colinas están plantadas de higueras, viñedos y palmeras de dátiles. Los habitantes viven en continuo sobresalto, debido a que las pequeñas poblaciones, como islotes, muy espaciadas entre sí, constituyen el objetivo de los asaltos de las tribus nómadas. Éstas se presentan con una rapidez imposible de prever, lo derriban todo y se apoderan de ganados y cosechas. Luego desaparecen con la misma rapidez, siendo imposible dar con ellas en los inmensos arenales del Sur y del Este. Sin cese es la lucha que han de sostener los agricultores y los ganaderos que están establecidos en estas tierras en contra de las tribus de bandidos que no tienen hogar fijo, cuyo techo es una tienda de piel de cabra extendida en cualquier parte del desierto a la intemperie. En esta tierra inquieta deambuló Abraham con Sara, su mujer; con Lot, su sobrino; con su servidumbre y sus rebaños.

  • Y llegaron al país cananeo. Entonces ABRAHAM ATRAVESÓ EL PAÍS HASTA EL LUGAR DE SIKEM, HASTA LA ENCINA DE MORÉ. HABITABAN ENTONCES EN EL PAÍS DE LOS CANANEOS Y SE APARECIÓ YAHVÉ A ABRAHAM Y DIJO: “A TU DESCENDENCIA DARÉ ESTA TIERRA”; Y ÉL CONSTRUYÓ ALLÍ UN ALTAR A YAHVÉ, QUE SE LE HABÍA APARECIDO. DE ALLÁ SE TRASLADÓ A LA MONTAÑA. AL ORIENTE DE BET-EL, DONDE DESPLEGÓ SU TIENDA, QUEDANDO BET-EL AL OCCIDENTE Y HAY AL ESTE. ALLÍ EDIFICÓ UN ALTAR A YAHVÉ E INVOCÓ SU NOMBRE. LUEGO ABRAHAM LEVANTÓ EL CAMPO, EMIGRANDO SIEMPRE HACIA EL SUR (Gen. 12:5-9).

En el año 1920 son encontrados junto al Nilo unos cascotes de cierta importancia, procedentes principalmente de Tebas y de Sakkarah. Arqueólogos de Berlín adquieren algunos de ellos; otros se llevan a Bruselas y el resto es entregado al gran museo de El Cairo. Manejados cuidadosamente por manos entendidas de expertos, los fragmentos se convirtieron de nuevo en ánforas, vasos, pequeñas estatuas. Lo que más interesa en estos objetos son las inscripciones en ellos existentes. El texto habla de amenazadoras maldiciones y execraciones como esta: “La muerte para los que profieran malas palabras o tengan malos pensamientos, para los conjuradores, para los que maquinan acciones o intenciones detestables.”

Éstas y otras frases por el estilo, tan poco gratas, estaban dedicadas a los empleados y dignatarios de la corte y a los señores de Canaán y de Siria.

Según una antigua superstición, en el mismo instante en que el vaso o la estatuilla se rompía, quedaba también destruida la fuerza de la persona execrada. Con frecuencia se incluía en la maldición a la familia, a la servidumbre, hasta el hogar del individuo a quien se dirigía.

Los vasos mágicos contienen nombres de ciudades, como Jerusalén (Gen. 14:19), Asquelón (Juec. 1:18), Tiro (Jos. 12:18), Aksaf (Jos. 11:1) y Sikem. Prueba convincente de que los lugares mencionados en la Biblia ya existían en los siglos XIX y XVIII antes de J.C., pues los vasos y las estatuillas son de esta época. Dos de estas ciudades fueron visitadas por Abraham: en primer lugar Jerusalén, cuando fue a ver a Melquisedec, rey de “Salem” (Gen. 14:18). Todos sabemos dónde estaba esta ciudad; pero, ¿dónde estuvo emplazada la ciudad de Sikem?

En el corazón mismo de Samaria hay un valle extenso y llano, dominado por las altas cumbres del Garizzim y el Ebal. Campos muy bien cultivados rodean a Askar, una pequeña aldea de Jordania. Las ruinas de Sikem fueron encontradas en las proximidades de esta aldea al pie del monte Garizzim.

Este resultado se debe al arqueólogo alemán profesor Ernst Sellin, quien, después de unas excavaciones que duraron dos años (1933-34), vio aparecer estratos de tiempos más remotos.

Sellin encuentra restos de murallas del siglo XIX antes de J.C. Poco a poco van tomando forma un poderoso muro exterior con sólidos fundamentos, todo él construido de piedras burdamente talladas, entre las cuales se hallan las que tienen casi dos metros de grosor. Los arqueólogos designan a esta clase de mampostería “muros ciclópeos.” Estas murallas se hallan reforzadas por medio de contrafuertes. Los soberanos de Sikem no sólo habían fortificado las murallas de dos metros de ancho con pequeñas torres, sino además con otra muralla de tierra superpuesta.

Las ruinas de un palacio van surgiendo también entre los escombros. Todo el conjunto de un patio, estrecho y rectangular, rodeado de algunas estancias con paredes muy gruesas, apenas si merece el nombre de palacio. Tal como Sikem aparecen las demás ciudades de Canaán, cuyos nombres hemos oído con tanta frecuencia y ante las cuales tanto temor sentían los israelitas. Salvo algunas excepciones, las notables construcciones de aquella época nos son bien conocidas. La mayor parte de ellas fueron descubiertas en las excavaciones de los últimos treinta años. Permaneciendo ocultas durante milenios; mas ahora aparecen ante nuestra vista tal cual eran. Entre ellas existen muchas ciudades que los patriarcas vieron con sus propios ojos: Bet-El y Mispa, Guerar y Lakis, Geser y Gat, Asquelón y Jericó.

Tal es la cantidad de materiales que existen hasta el tercer milenio antes de J.C., que si alguien quisiera escribir la historia de la arquitectura de las edificaciones de defensa y de las ciudades de Canaán no tendría mucho trabajo.

Las ciudades de Canaán eran plazas fortificadas, fortalezas de refugio en caso de guerra, ocasionada estas por las rápidas incursiones de las tribus nómadas, ya por las enemistades entre ciudades vecinas. Las poderosas murallas rodeaban un espacio limitado, cuya superficie apenas era mayor que la plaza de San Pedro en Roma. Toda plaza fuerte estaba surtida de agua, pero ninguna de ellas hubiera podido subsistir de manera permanente con una población numerosa. Al lado de los palacios y de las metrópolis de Mesopotamia estas ciudades carecen de importancia; cada una de la mayor parte de las ciudades de Canaán hubieran podido caber cómodamente dentro de los confines del palacio de los reyes de Mari.

En Tell-el-Hesi, seguramente el bíblico Eglon, la antigua muralla ceñía una superficie de media hectárea. La de Tell es-Safy (la antigua Gat), 5 hectáreas; la de Tell el-Mutesellim (la antigua Meguiddo), más o menos lo mismo; la de Tell el-Zakariyah (el Azeka bíblico), menos de 4 hectáreas; Geser (en el camino de Jerusalén al puerto de Haffa) tenía 9 hectáreas de zona edificada. Hasta en el reconstruido Jericó, el espacio rodeado por el muro interior, lo que era propiamente la acrópolis, tenía sólo una superficie de 2,35 hectáreas. Y Jericó era una de las fortalezas más importantes del país.

Las encarnizadas luchas de los jefes de las tribus estaban a la orden del día. Faltaba la mano ordenadora de una autoridad superior. Cada jefe mandaba en su territorio. Nadie podía mandarle y hacía lo que le venía en gana. La Biblia llama con el nombre de reyes a los jefes de cada tribu; por lo que se refiere al poder y a la independencia, tiene razón.

Entre el señor de una ciudad y sus súbditos privaba un sentimiento patriarcal. Dentro de las murallas vivían sólo el señor, las familias patricias, los delegados del Faraón y los mercaderes ricos. Sólo ellos habitaban en edificios firmes, sólidos, casi todos de una sola planta, que alrededor de un patio abierto ofrecían de cuatro a seis habitaciones. Las casas de los patricios con un segundo piso eran relativamente raras. El resto de la población (la gente del séquito, los siervos, los criados) vivían en chozas sencillas de barro o de follaje, fuera de los muros. Su vida debió de ser muy miserable.

Desde el tiempo de los más remotos antepasados existen dos caminos en la llanura de Sikem. Uno de ellos baja al valle del Jordán; el otro se dirige a las solitarias alturas del sur hasta Bet-el y continúa, pasando por Jerusalén, hasta el Negueb, la tierra del Mediodía de la Biblia. El que recorre este camino sólo encuentra sobre el país montañoso de Samaria y Judea algunas pequeñas poblaciones: Sikem, Bet-el, Jerusalén y Hebrón. El que escoge la vía más cómoda encuentra las ciudades más importantes y las fortalezas más considerables de los cananeos en los ubérrimos valles de la llanura de Yezreel, en la fructífera tierra de la costa de Judá y en medio de la exuberante vegetación del valle del Jordán.

Para su primer viaje de información a través de Palestina, Abraham eligio el camino más solitario y fatigoso que se dirige hacia el Sur a través de la montaña. Allí las vertientes de los montes cubiertos de bosques ofrecían al forastero cobijo, refugio y, en los claros, ricos pastos para los rebaños. Más tarde él mismo con su gente siguió estos caminos montañeros. Lo mismo hicieron repetidas veces otros patriarcas. Aunque los valles fructíferos de la llanura le atraían poderosamente, Abraham prefirió cruzar el país por la montaña. Es que los arcos y las hondas que él y los suyos llevaban no podían competir con las espadas y las lanzas de los cananeos en el caso de una contienda.

1.”Nómadas del desierto” y también “cruzadores del desierto” eran nombres despectivos que los egipcios gustaban de aplicar a vecinos del Este y del Nordeste. Entre éstos figuraban las tribus de Canaán y Siria.

2. Los lagos conocidos aún hoy día con este nombre en el istmo de Suez.

3. Ciudad marítima fenicia situada al norte de la actual Beirut.

4. Territorio desértico situado al este de Damasco.

5. Nombre semita, occidental, amorita.

6. Nombre del país montañoso situado al norte de Palestina.

7. Encargados por el faraón habitaban entonces por todo Canaán y Siria.

8. Esto hace pensar en un activo tráfico entre Egipto y Palestina.

9. El arco es el arma típica de los egipcios.

10. Embalsamamiento.

11. Palmeras de dátiles.

12. Es decir, la suciedad de la cual se limpia.

¿DE QUIÉN ES LA TIERRA PROMETIDA?

¿DE QUIÉN ES LA TIERRA PROMETIDA?

¿Quiénes son los palestinos?¿Son ellos los antiguos Filisteos?¿Son semitas?¿A quién pertenece Gaza?

Es interesante que todo el mundo esté tan enganchado en el debate sobre quién tiene el derecho oficial para La Tierra conocida históricamente como “La Tierra de Canaán.”

El término «cananeo» se aplica al pueblo que vivió en las tierras al extremo este del mar Mediterráneo a partir del año 2000 a.C. En la época de la invasión israelita bajo Josué, Kenaán (Canaán, en hebreo: כְּנַעַן‎) estaba habitada por un gran número de estados independientes. Cada uno de estos estados era una ciudad amurallada, con su propia familia real y su propio palacio.

Los cananeos eran descendientes de Canaán, el hijo de Cam (Gn. 10:6, 15-20).  Como los cananeos vivieron en Palestina, puente entre semitas y camitas, parece que tuvieron estrechos contactos con los semitas en su historia temprana.  Una tradición fenicia ofrece evidencia adicional que apoya el origen camítico de los cananeos, según la cual el antepasado original de ellos fue Jna o Jnas.

Si retrocedemos lo suficientemente en la historia, descubriremos que el Cercano Oriente Medio fue ocupado por descendientes de Canaán, por eso la región fue llamada “la Tierra de Canaán”. Abraham no fue de la línea de Canaán. ¿Cómo fue entonces que Abraham recibió el pacto eterno de la Tierra?

¿Quién fue Abraham? ¿Fue él un árabe, o fue él un judío? ¡Realmente, Ninguno! Abraham provino del contexto étnico de los Caldeos, que se levantó de la antigua Sumeria, los descendientes de Sem.

Las naciones árabes se levantaron a través de las líneas de

a).- Lot, el sobrino de Abraham.

b).-  Ismael, el hijo de Abraham.

c).- Esaú, el hermano gemelo de Jacob.

Los judíos descendieron de Abraham, directamente de la línea de su hijo prometido, Isaac, quien engendró a Jacob. En otras palabras, ambos, los judíos y los árabes, pueden llegar a ubicar sus raíces étnicas a través de Abraham a los Caldeos Semitas, los descendientes de Sem.

Abraham, quien trajo consigo a su sobrino Lot, entró en la Tierra de Canaán, en obediencia al Señor que los sacó de Ur de los Caldeos, a la Tierra de Promisión. Sin embargo, Abraham no reclamó esta Tierra del pacto durante la duración de su vida. Ambos Lot y Abraham residieron temporalmente como extranjeros entre los cananeos. Lo mismo fue verdadero para Isaac e Ismael, ninguno de los cuales hizo reclamo directo por Canaán durante la duración de sus vidas. De hecho, ni lo hicieron Esaú o Jacob. Todos residieron temporalmente como extranjeros en La Tierra.

No fue sino hasta cuarenta años después del éxodo de Egipto, que bajo el liderazgo de Josué, la Tierra del pacto fue inicialmente conquistada y poblada por los descendientes de Jacob. Hasta esa coyuntura, las tribus cananeas ocuparon Canaán, y el Señor les dijo a ellos que desterraran a todos los habitantes de la Tierra.

Los filisteos no fueron descendientes directos de ambos, Abraham o Lot, ni de Ismael o Esaú, sino de las tribus que rodeaban el Mediterráneo. No fueron, por consiguiente, Semitas. De hecho, los filisteos eran de Caftor, una Isla en el Mediterráneo, así que estuvieron más estrechamente relacionados con los fenicios y Minoanos, y tuvieron conexiones con aquellos que poblaron Tiro y Sidón – el vínculo de Líbano. Los filisteos ocuparon mucho de la región de Gaza de la Tierra prometida, y en el tiempo de la conquista de la Tierra por los hijos de Israel, nunca fueron completamente desterrados, aun bajo el reinado de David, aunque él se las ingenió para incorporar a Gaza como parte de la región que es llamada Judá. Este fracaso para desterrar a los filisteos completamente de la Tierra estaba en violación de la Palabra del Señor a Israel. Por consiguiente, el Señor tuvo que tratar con los Filisteos por Sí Mismo. Jer 47:4. “A causa del día que viene para la destrucción de todos los filisteos, para destruir a Tiro y Sidón todo aliado que les queda todavía; porque Jehová destruirá a los filisteos, al resto de la costa de Caftor”. Esta Escritura es una profecía, y por consiguiente aún otra vez vendrá a fruición en el trato con los palestinos.

¿Pero, son los palestinos, los filisteos? ¡No!. Pero son considerados como los filisteos en lo referente a que utilizan a Gaza como su fortaleza terrorista, y usan métodos terroristas tipo guerrilla. Sin embargo, los palestinos tienen raíces étnicas árabes definidas, y ellos sostienen ser árabes, convirtiéndolos por esto en Semitas en el origen étnico. Arafat sostuvo ser un filisteo (en sus métodos,) pero él también reclamó la etnicidad árabe, aunque nació en Egipto.

Sin embargo, hay una conexión árabe cananea a través de Esaú, que los palestinos ahora reclaman que les da derecho a la tierra, porque los cananeos habitaron la Tierra antes de Abraham, Isaac, o Jacob llegaran. Génesis 26:34-35 dice “Y Esaú tuvo cuarenta años de edad cuando él tomó como esposa a Judith la hija de Beeri el hitita, y Basemat la hija de Elon el hitita: que fueron amargura de espíritu para Isaac y para Rebeca.”

Entonces, es verdad que el trasfondo étnico Abrahámico de los descendientes de Esaú fue enturbiado a través del matrimonio de Esaú con dos esposas cananeas.

Mantenga en mente que Esaú se casó mixtamente con las esposas hititas antes de que Isaac dejase en herencia la bendición de la herencia Abrahámica. Este hecho produjo una gran tristeza a sus padres, y como era de esperarse, motivó que Jacob, con ayuda de su madre Rebeca, persuadiera engañosamente a su padre para que lo bendijera, en vez de Esaú. Sin embargo, Esaú, en los ojos del Señor, ya se había descalificado a sí mismo casándose fuera de la línea del pacto Abrahámico. Así es que si bien  engañosas artimañas estuvieron involucradas en el pacto, Dios honró la bendición otorgada en Jacob, quien hasta esa coyuntura no estaba aún casado. Sin embargo,  Isaac y Rebeca buscaron escrupulosamente que Jacob escogiera esposas de entre la línea correcta Semítica Abrahámica, para así conservar el derecho para que sus descendientes recibieran la herencia del pacto Abrahámico.

Tales restricciones de matrimonio permanecieron estrictas a través de las generaciones. Los judíos fueron exhortados por el Señor, a través de la ley mosaica, a no casarse mixtamente con las naciones que ocupaban Canaán, o con las naciones que las rodeaban. Ellos debían deshacerse de los cananeos en la Tierra; ¡no mezclarse o casarse con ellos! El matrimonio mixto con cualquier cananeo, u otro grupo étnico, aun si fuera de la línea Abrahámica pero que no era de la línea de Promesa, obviamente descalificaría a sus descendientes de participar de las bendiciones del pacto Abrahámico. En cualquier momento en que hubo judíos que se casaron mixtamente, el Señor les ordenaba a ellos que apartaran a sus esposas extranjeras y sus hijos de entre ellos. Sólo los descendientes de Abraham a través de Isaac y Jacob, calificarían.

Después de la bendición de Isaac a su hijo Jacob, Esaú tomó a más esposas. En Génesis 36:2-3 dice. “Esaú tomó a sus esposas de las hijas de Canaán; Adah la hija de Elon el hitita, y Aolibama la hija de Anah la hija de Zibeón el Hivita; Y la hija del ismaelita Basemat, la hermana de Nebajot.” Él luego tomó a todas sus esposas y sus hijos y moró en Edom. Génesis 36:8 dice. “Así Esaú moró en monte Seir: Esaú es Edom.” ¿Entonces, dónde deberían ahora llamar como su hogar o patria todos los descendientes de Esaú, las doce tribus de Esaú? ¡Edom, es Jordania! ¡Alguien que dice ser un descendiente de uno de los hijos de Esaú debería estar deseando vivir en Jordania, no pretendiendo el control de cualquier porción de las tierras del pacto Abrahámico! ¡Es interesante notar que la mayor parte de la población de Jordania es palestina! ¡Entonces, un Estado Palestino efectivo ya existe! ¡Por consiguiente, no hay necesidad para otro Estado Palestino! ¡La doctrina islámica detrás del deseo musulmán para expulsar a los judíos de Israel y formar otro Estado Palestino, que saca a Israel del mapa, proviene de una variante de la comprensión de la herencia para los doce hijos de Esaú! ¡El Señor Mismo reprenderá a los musulmanes para este error!

Entonces, hay algunos palestinos que reclaman la descendencia de Esaú. Algunos de los filisteos. Algunos de los cananeos. Algunos de Ismael. ¿Quién sabe quiénes son ellos con toda seguridad? Los palestinos parecen definitivamente ser un grupo mixto de personas árabes, y algunos ciertamente pueden tener estas raíces. ¡Sin embargo, ninguno de estos hereda el pacto!

Ninguno de los cananeos recibió una bendición de la herencia de Dios por el Sagrado pacto. Entonces los palestinos que sostienen ser descendientes de ya sea los filisteos o los cananeos, definitivamente se excluyen a sí mismos de ser descendientes puros de Abraham, aun si tal descendencia podría ser probada, que ahora es muy difícil.

El Eterno Pacto Divino relacionado con la Tierra de Canaán fue prometido sólo para los descendientes de Abraham a través de Isaac y Jacob, no a través de Esaú o Ismael. Por consiguiente, los palestinos no tienen base sobre la cual reclamar la posesión de cualquier porción de la Tierra de Canaán.

¿Significa esto que no hay herencia para los descendientes árabes de Abraham? Realmente, los árabes de la línea de Esaú recibieron también una bendición por Isaac, la cual requiere mucha tierra con recursos y riquezas. Génesis 27:38-41. “Y Esaú respondió a su padre: ¿No tienes más que una sola bendición, padre mío? Bendíceme también a mí, padre mío. Y alzó Esaú su voz, y lloró. Entonces Isaac su padre habló y le dijo: He aquí, será tu habitación en grosuras de la tierra, Y del rocío de los cielos de arriba;  Y por tu espada vivirás, y a tu hermano servirás; Y sucederá cuando te fortalezcas, Que descargarás su yugo de tu cerviz. Y aborreció Esaú a Jacob por la bendición con que su padre le había bendecido, y dijo en su corazón: Llegarán los días del luto de mi padre, y yo mataré a mi hermano Jacob.”

¿Y, qué de los descendientes de Lot? Lot por un corto tiempo tuvo su elección de residir temporalmente en la llanura, mientras Abraham moró en las montañas. ¿En dónde están las montañas donde Abraham moró? ¡Ellas están donde nosotros ahora llamamos el área del West Bank (cisjordania) de Judea y Samaria! Lot fue desterrado por el pecado abominable de la gente de las ciudades de la llanura. Lot y sus hijas se convirtieron en los progenitores de dos ramas de árabes. Estos árabes no pueden afirmar descendencia directa de Abraham, aunque son parientes. ¡Abraham no le fue dado la libertad para compartir el pacto, aun con su sobrino!

¿Entonces, qué de Ismael, el hijo de Abraham y Agar, la esclava? ¿Recibió Ismael una bendición? ¡Sí, él la recibió, si bien él fue el hijo de una mujer falto de fe! Génesis. “Y dijo Abraham a Dios: Ojalá Ismael viva delante de ti. Respondió Dios: Ciertamente Sara tu mujer te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Isaac; y confirmaré mi pacto con él como pacto perpetuo para sus descendientes después de él. Y en cuanto a Ismael, también te he oído; he aquí que le bendeciré, y le haré fructificar y multiplicar mucho en gran manera; doce príncipes engendrará, y haré de él una gran nación. Mas yo estableceré mi pacto con Isaac, el que Sara te dará a luz por este tiempo el año que viene.”

Las naciones árabes ahora ocupan multiplicadas veces más tierra que los israelís! Ellas no tienen necesidad para expulsar a Israel de ninguna parte de la antes Tierra de Canaán! De hecho, Dios no está satisfecho con el deseo de ellos de tomar posesión de la herencia del Pacto hecho con Israel. ¡Los palestinos, aun si podrían probar su descendencia, no pueden usurpar el Pacto de Dios con Jacob de la Tierra prometida!

La Tierra no debe ser poseída por quien “estuvo allí primero”. Aquellos que son descendientes del matrimonio de Esaú con esposas cananeas, que fueron los primeros en la Tierra, ya no pueden ser de verdad identificados, porque los cananeos fueron expulsados permanentemente en conformidad con el decreto de Dios cuándo los hijos de Israel entraron a Canaán. ¡Entonces, aun si los palestinos podrían demostrar realmente descender de los cananeos, todavía no habría disputa!

No importa cómo lo miramos, la Tierra de Canaán fue dada por Pacto Eterno a Abraham, Isaac, y Jacob.

Creer y actuar de otra manera sólo conducirá a más animosidad, guerras, y más desasosiego. ¡Pero esto no necesita ser! ¡Los palestinos deben reconocer que sus celos contra Jacob son fútiles!

¡La herencia de Jacob es diminuta! Déjenle tener su herencia. La ocupación árabe incluye todas las tierras que rodean la Tierra de Canaán, pero no Canaán misma.

¿Entonces, es posible que la paz sea lograda en Oriente Medio? ¡Sólo si los árabes dejaran de altercar sobre Canaán, y si todos ellos renunciaran a su deseo de matar a Jacob! ¿Ocurrirá esto a cualquier hora pronto? ¡Desafortunadamente, ni por ensueños, si los palestinos persisten en su derrotero iluso, y las naciones insisten en aplacar a los enemigos declarados de Israel!

¿Quién tiene el control en la Tierra de Promisión? Dios lo tiene, y él ya ha proporcionado Canaán a los descendientes de Abraham a través de Isaac y Jacob. ¡Esaú, Ismael, y Lot tienen todo lo demás del Oriente Medio, lo cual es geográficamente mucho, mucho mayor! ¡Los palestinos necesitan dejar de intentar arrancar la herencia diminuta de Jacob, y, si tienen un indicio de cualquier conexión a Esaú o Ismael, que reclamen su propia bendición!

¡También Israel debe dejar de satisfacer las demandas a los palestinos! ¡Permanezcan en Gaza, Samaria, y toda Judea! ¡Éstas son las Tierras del Pacto de Israel! ¡Qué dejen de tratar con ellos!

Pero parece de la Profecía Bíblica, los palestinos van a tener que ser expulsados por el Mesías, debido a la división de la Tierra de pacto. ¡El Mesías está pronto para venir en combate victorioso! ¿Quiere él venir en combate? ¡Él no lo haría, pero lo hará si es que lo tiene que hacer! Entonces, y sólo entonces, habrá honesta y reposada paz asegurada en el Oriente Medio. Jacob entonces morará confiadamente en toda la Tierra del Pacto, y los descendientes de Esaú, quienes serán positivamente identificados por el Mesías, también se les quitará el yugo de Jacob según la bendición que Isaac le otorgó a Esaú.

Gén 27:26-29: “Y le dijo Isaac su padre: Acércate ahora, y bésame, hijo mío. Y Jacob se acercó, y le besó; y olió Isaac el olor de sus vestidos, y le bendijo, diciendo: Mira, el olor de mi hijo, Como el olor del campo que Jehová ha bendecido;  Dios, pues, te dé del rocío del cielo, Y de las grosuras de la tierra, Y abundancia de trigo y de mosto.  Sírvante  pueblos, Y naciones se inclinen a ti; Sé señor de tus hermanos, Y se inclinen ante ti los hijos de tu madre. Malditos los que te maldijeren, Y benditos los que te bendijeren”.

Génesis 28:1-8 “Entonces Isaac llamó a Jacob, y lo bendijo, y le mandó diciendo: No tomes mujer de las hijas de Canaán.  Levántate, ve a Padan-aram, a casa de Betuel, padre de tu madre, y toma allí mujer de las hijas de Labán, hermano de tu madre.  Y el Dios omnipotente te bendiga, y te haga fructificar y te multiplique, hasta llegar a ser multitud de pueblos;  y te dé la bendición de Abraham, y a tu descendencia contigo, para que heredes la tierra en que moras, que Dios dio a Abraham.  Así envió Isaac a Jacob, el cual fue a Padan-aram, a Labán hijo de Betuel arameo, hermano de Rebeca madre de Jacob y de Esaú”.

Salmo 105:7-15: “El es Jehová nuestro Dios; En toda la tierra están sus juicios. Se acordó para siempre de su pacto; De la palabra que mandó para mil generaciones, La cual concertó con Abraham, Y de su juramento a Isaac. La estableció a Jacob por decreto, A Israel por pacto sempiterno, Diciendo: A ti te daré la tierra de Canaán como porción de vuestra heredad. Cuando ellos eran pocos en número, Y forasteros en ella, Y andaban de nación en nación, De un reino a otro pueblo, No consintió que nadie los agraviase, Y por causa de ellos castigó a los reyes. No toquéis, dijo, a mis ungidos, Ni hagáis mal a mis profetas”.

¿De quién es la tierra? ¡La Tierra del Pacto le pertenece a los hijos escogidos y ungidos de Israel! No los toque. ¡No les cause adversidad, tenga miedo, o de lo contrario pague las consecuencias! ¡Escuche a sus profetas (Aquellos que hablaron la Palabra profética de la Sagrada Escritura! ¿Es esta mi evaluación? ¡No!! ¡ES LA PALABRA DEL SEÑOR!

Fuente:

 www.apologista.wordpress.com