Las bases del bautismo

El Sermón Dominical
Domingo 28 de Junio del 2009

Las bases del bautismo

Pastor Tony Hancock

Introducción

En un campamento, una señora pasó al frente al final del culto. Uno de los pastores le entregó una tarjeta preparada por los dirigentes del campamento para que apuntara la decisión que
había tomado en esa mañana. Después de algunos minutos, el pastor se dio cuenta de que la mujer estaba mirando la tarjeta con una expresión de confusión.

¿Cuál es la decisión que desea tomar hoy? – le preguntó. La mujer replicó: Quisiera bautizarme. Muy bien – le dijo el pastor, – apunte su decisión sobre la tarjeta. La mujer le dijo: Ya lo hice, pero no comprendo la pregunta siguiente. Después de indicar la decisión acerca del bautismo, dice: ¿Sabe usted nadar?

No sé dónde se habrán realizado los bautismos en aquel campamento, pero al menos sabemos que realizaban el bautismo por inmersión. Para algunas personas, aun eso es controversial.
Existen muchas dudas acerca del bautismo. ¿Qué significa? ¿Qué realiza? ¿Debo yo de bautizarme?

En esta mañana que nos preparamos para celebrar el bautismo, me gustaría regresar a las bases del bautismo. Quizás tú ya te has bautizado. Es bueno que recuerdes lo que significa tu bautismo.
Quizás todavía no has tomado esta decisión tan importante. Te animo a meditar en lo que Dios desea para tu propia vida.

En primer lugar, hablemos de:

I. La importancia del bautismo

El bautismo, dentro del registro bíblico, tuvo sus orígenes con Juan el Bautista. Los judíos practicaban ciertos ritos de purificación con agua, y a los que se convertían al judaísmo los
bautizaban como señal de su purificación. Juan el Bautista tomó esta costumbre y la aplicó a todos.

Con esto, él señalaba que todos están en necesidad de purificación y arrepentimiento. El bautismo de Juan el Bautista fue un bautismo de arrepentimiento, una preparación para el
ministerio de Jesús. Cuando Jesús empezó su ministerio, la primera cosa que hizo fue bautizarse. El no necesitaba arrepentirse, pero con esto El nos muestra, entre otras cosas,
el valor y la importancia del bautismo. No podemos negar que es algo importante, porque nuestro Señor lo hizo.

Luego, en el día de Pentecostés, el día de la fundación de la iglesia, el apóstol Pedro hizo un llamado a toda la gente que lo escuchaba. ¿Cuál fue ese llamado? Leámoslo en Hechos 2:38:
“Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.”. El llamó a sus oyentes a
arrepentirse y ser bautizados. Tan importante es el bautismo que Pedro lo incluye como parte crucial de su llamado.

La Palabra nos dice que varios miles respondieron a ese llamado, y se integraron a la Iglesia. El bautismo es, entre otras cosas, el momento de nuestra entrada oficial a la Iglesia. Cuando Pablo
escribe a las iglesias, él puede suponer que todos los lectores de sus cartas están bautizados, porque ser parte de la Iglesia es haberse bautizado.

Por ejemplo, leamos Romanos 6: 3-7:

6:3 ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? 6:4 Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.6:5 Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza
de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; 6:6 sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. 6:7 Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado.

Para el apóstol, no existe una categoría de creyentes no-bautizados. Todos los que conforman la iglesia de Cristo han sido bautizados. Esta es la marca de su identificación por fe con Cristo. Hoy en día, hay personas que asisten a la iglesia durante años y se consideran seguidores de Jesucristo, pero nunca se han bautizado.

Esto habría sido incomprensible para el apóstol Pablo. La primera cosa que debe de hacer un nuevo creyente, en obediencia al mandato del Señor, es bautizarse. Ahora bien, nos
preguntamos: ¿significa esto que el bautismo salva? Veamos lo que dice 1 Pedro 3:21: “El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo”.

A primera lectura, este versículo parece decir que el bautismo salva. Sin embargo, el apóstol Pedro toma mucho cuidado para indicar qué es lo que salva en relación con el bautismo. No es
el acto físico de lavar el cuerpo, sino el compromiso que hace la persona de corazón con Dios. No es la purificación física, sino la purificación del corazón que viene por fe en Cristo.

Sin esto, el bautismo se convierte simplemente en un rito sin significado. Se cuenta la historia de un hombre muy pecador, que de repente se arrepentía cada vez que había una campaña
evangelística en su pueblo. Cada vez, él pasaba al frente, y cada vez, lo bautizaban en el río.

Sin embargo, no pasaba mucho tiempo antes de que volviera a su vieja forma de vivir. Pero al rato llegaba otra campaña, y otra vez se bautizaba. Por fin, después de varias veces de lo mismo,
su pastor le comentó: “Tantas veces te has bautizado que los peces ya te conocen por nombre”.

Se bautizó y se bautizó, pero nada sucedió en su corazón. El agua no es mágica; el bautismo sin compromiso es sólo un chapuzón. Por otra parte, es posible ser salvo sin ser bautizado; un ejemplo es el ladrón crucificado al lado de Jesús.
El no pudo bautizarse, pero tuvo la promesa de estar con Jesús en el paraíso – en base a su confesión de fe.

Todo esto nos lleva a entender que el bautismo es muy importante, aunque no nos salva. No debemos de depender del bautismo para salvarnos; no debemos de pensar “Ya me bauticé, así que soy salvo”. Más bien, debemos depender de Jesús, pues es El quien nos puede salvar. Dicho esto, es importante que cada persona que haya tomado la decisión de confiar en Jesús se
bautice lo más pronto posible, en obediencia a su mandamiento.

Esto nos lleva a considerar

II. El significado del bautismo

Para esto, quiero que leamos Colosenses 2:12: “sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los
muertos”. Este versículo nos dice que el bautismo es un cuadro de nuestra identificación con Cristo. El agua podría representar muchas cosas, y las personas me han expresado varias opiniones acerca de lo que simboliza. Algunos, por ejemplo, creen que representa la purificación. Piensan que el agua los lava de sus pecados.

Es una idea bonita, pero éste no es el sentido principal del bautismo. El bautismo es, en su representación primordial, un cuadro de nuestra identificación con Jesús en su muerte y
resurrección. En otras palabras, por fe nos hemos unido a Jesús, muriendo con El en la cruz a la pena y el poder de nuestro pecado, y resucitando con El a una vida nueva.

Se parece un poco al fanático de algún equipo deportivo que se pone la camiseta de su jugador favorito. Mediante esa acción, indica que se identifica con ese jugador. Cuando su jugador mete
un gol o hace una buena jugada, el fanático siente que él ha triunfado también. Cuando el jugador pasa por una mala racha, el fanático se entristece con él. Se identifica con el jugador.

De la misma forma, pero en un sentido mucho más profundo, nosotros nos identificamos con Cristo mediante el bautismo. Nos unimos a El en su muerte y en su resurrección. La victoria que
El ganó sobre la muerte llega a ser nuestra victoria. El sacrificio que El hizo por el pecado llega a ser nuestro sacrificio.

Es imposible, entonces, seguir viviendo la misma vida después de habernos bautizado – si de veras lo hemos hecho de corazón. Mediante el bautismo, resucitamos a una vida nueva. La vida de Cristo ahora está en nosotros, y no podemos seguir por el mismo camino. Hemos muerto a la vida vieja, y hemos entrado en una vida nueva. Todas las cosas son hechas nuevas.

Veamos ahora, en Hechos 16:25-34:

16:25 Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían.
16:26 Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron.
16:27 Despertando el carcelero, y viendo abiertas las puertas de la cárcel, sacó la espada y se iba a matar, pensando que los presos habían huido.
16:28 Mas Pablo clamó a gran voz, diciendo: No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí.
16:29 El entonces, pidiendo luz, se precipitó adentro, y temblando, se postró a los pies de Pablo y de Silas;
16:30 y sacándolos, les dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?
16:31 Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo,tú y tu casa.
16:32 Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa.
16:33 Y él, tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó las heridas; y en seguida se bautizó él con todos los suyos.
16:34 Y llevándolos a su casa, les puso la mesa; y se regocijó con toda su casa de haber creído a Dios.

III. Un ejemplo del bautismo

Pablo y Silas, debido a su predicación audaz del evangelio y por traer liberación espiritual a una mujer poseída por un demonio, habían sido azotados y metidos a la cárcel. ¿Cómo
reaccionaríamos tú y yo estando en su situación? ¿Le preguntaríamos a Dios por qué había permitido que sufriéramos tal desgracia? ¿Maltrataríamos al carcelero, demandando nuestros
derechos?

Pablo y Silas se pusieron a cantar alabanzas y a orar. Estando debilitados por los latigazos, con sus pies adoloridos por los grilletes que los sujetaban, empezaron a orar y alabar a Dios.
Como resultado, tuvieron el tremendo gozo de ver la conversión del carcelero y de su familia.

Cuando tú y yo enfrentamos situaciones injustas y difíciles, podemos escoger cómo vamos a responder. Podemos responder con amargura, enojo y reproches, o podemos abrirle una ventana al Señor, invitándole a El a obrar en medio de nuestra situación mediante la oración y la alabanza.

Pablo y Silas escogieron la segunda opción. Como resultado, llegado el terremoto, tuvieron la oportunidad de testificarle al carcelero y su familia. Observen el orden en esta historia. El
carcelero oye de labios de Pablo y Silas las buenas nuevas de salvación. Luego, él decide que quiere aceptar como verdad lo que acaba de oír. ¿Cuáles son las condiciones que le pone Pablo
para ser salvo?

La única condición es la fe. Luego, el mismo mensaje es predicado a toda la casa del carcelero. Algunas personas han tratado de convertir este pasaje en un ejemplo del bautismo de
niños. Ellos alegan: Seguramente el carcelero tenía niños, y la Biblia nos dice que todos fueron bautizados.

Sin embargo, observemos cuidadosamente el pasaje. El versículo 32 deja muy claro que Pablo y Silas les hablaron la Palabra de Dios al carcelero “y a todos los de su casa”. Esto indica que
todos oyeron el mensaje, todos creyeron, y como resultado, todos fueron bautizados. No fue por la fe del carcelero que todos fueron bautizados; fue por su fe que la salvación llegó a su
casa, pero cada miembro de su hogar fue bautizado por su propia fe.

El modelo para hoy es el mismo. Tú que eres padre de familia, no dudes que tu fe resultará en bendición para todos los miembros de tu familia. Sin embargo, cada uno tiene que tomar la decisión individual de bautizarse. Cada persona tiene que aceptar a Cristo por cuenta propia, y bautizarse por esa decisión.

Conclusión

A un niño le pidieron en la escuela dominical que describiera el bautismo. El dijo: “Es cuando el pastor te mete al agua, y piensas en Jesús”. Podríamos agregar varios detalles, pero es un
buen comienzo. Jesús fue bautizado como ejemplo. Al bautizarnos, nos unimos a El en su muerte y resurrección.

Si necesitas bautizarte, no esperes más. Decídete hoy a tomar ese paso tan importante.

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– El Sermón Dominical, a cargo del Pastor Tony Hancock
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Bautismo segun las Escrituras

Bautismo segun las Escrituras

Posted: 14 Jun 2009 06:46 AM PDT

Autor:Luis A. Jovel

bautismo

…he estado haciendo un trabajo para el seminario, referente a la posición Bautista del bautismo.
Todos sabemos que los Bautistas no aceptamos que se bauticen a los infantes, y que no consideramos como válidos dichos bautismos. Esto, no cabe duda, ha causado mucha discordia entre hermanos, que no piensan como los Bautistas, y ahora también, como muchos otros, entre ellos los Pentecostales, que también solo aceptan el bautismo de creyentes.

El mandato a bautizar lo encontramos en Mateo 28:19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.

  • Marcos 16:15 Les dijo: «Vayan por todo el mundo y anuncien las buenas nuevas a toda criatura.16 El que crea y sea bautizado será salvo, pero el que no crea será condenado.

Existen algunos Bautistas que no creen que es propio decir que solo creyentes se deben de bautizar, pues el texto dice que son los discípulos que deben de ser bautizados. Otra discrepancia es el método de bautizar, si es zambullirse, o ser recostado sobre las aguas. Y otra cosa que me gustaría mencionar, también es que la cantidad de agua es importante para muchos, unos pidiendo que todo el cuerpo tenga que ser sumergido en el agua, mientras que otros solo sugiriendo que se debe de mojar la cabeza.

Ahora, yo creo firmemente que solo aquellos que han confesado a Jesús como su único y verdadero salvador, pueden ser candidatos para el bautismo. ¿Por qué? Es muy difícil discipular a un infante, y enseñarle que guarde todas las cosas que Jesús han mandado.

Pero se me preguntara sobre aquellos pasajes donde se mencionan que todas la casa fue bautizada, que son los siguientes: Hechos 11:14; 16:15; 16:33; 18:8; I Cor. 1:6. Pero querer decir que la “familia” al estilo occidental y del siglo 21 era lo mismo que lo que los creyentes del primer siglo creían, es un anacronismo. Para ellos familia era también los primos, abuelos, tíos, esclavos, etc., que vivían bajo el mismo techo. No querer incluir a estos últimos, seria algo extraño a los oídos de un creyente del primer siglo, y querer referirnos solo a ‘papá, mamá e hijos’ como familia, es imponer sobre el texto una cosmovisión que los cristianos primitivos no tenían.

Más bien, la Biblia atestigua que solo aquellos que han profesado su creencia en Cristo eran los candidatos para el bautismo: Hechos 2:38; Hechos 8:12; Gal. 3:26-27; Col. 2:12 y I Ped. 3:21.
Si tomamos a la Escritura en serio, y como nuestra mas alta autoridad en todo asunto (no descartando la razón, la tradición y la experiencia), debemos reconocer que la practica y creencia de los primeros cristianos era el bautismo de adultos.

Después de aclarar el porque como Bautistas creemos que aquellos que se bautizan deben de ser creyentes, ahora quisiera comentar con respecto a lo que pasa en el acto del bautismo.

1. Significa el perdón de nuestros pecados, representado así por el uso de agua, y nos une directamente a la muerte de Cristo. De que el bautismo sirve para lavar nuestros pecados se ve claro en los siguientes versículos, Hechos 22:16; Efe. 5:25-27; Tit. 3:5 y Heb. 10:22. En Rom. 6:4, encontramos que Pablo ve nuestro bautismo como nuestro entierro con Cristo. Ser sepultados con Cristo en el bautismo, nos une con Cristo en su muerte, por lo tanto, tenemos ya una unión “mística” con el.

2. Significa la muerte a la vieja vida de pecado y resurrección a la nueva vida que viene a través de la fe en Cristo. Una ves, Romanos 6 es un texto importante con respecto a esta verdad: 7 porque el que muere queda liberado del pecado. 8Ahora bien, si hemos muerto con Cristo, confiamos que también viviremos con él, porque el que muere queda liberado del pecado. Ahora bien, si hemos muerto con Cristo, confiamos que también viviremos con él. Nuestra vida de esclavitud viene a ser algo del pasado, y ahora podemos ver al futuro, una nueva vida. II Cor. 5 nos confirma esto: 17 Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!

3. Significa la iniciación en la membresía visible de la Iglesia, el cuerpo de Cristo. El bautismo no es un simple rito que se practica en la Iglesia para declarar que alguien se ha comprometido totalmente en su fe con Cristo. Es lo que en si inicia el caminar del cristiano en su fe, I Cor. 12:13; Gal. 3:26-28. En la práctica de la Iglesia Primitiva, encontramos que el bautismo era el rito de iniciación para ser parte de la Iglesia, tanto local, como universal, 2:38; 10:24-28.

4. Es una confesión de fe por parte del creyente de su fe en Cristo y su deseo de obedecer todos los mandamientos del Señor. Una de las mas importantes confesiones de fe en la Biblia es Rom. 10:9-10. Se piensa que esta fue una confesión que el creyente daba cuando se bautizaba, como también I Tim. 6:12. Es importante notar que la fe se hace en frente de muchos testigos, es similar a lo dicho por Jesús, Mateo 10:32 A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. El bautismo, no es un acto de un sentimiento por parte del creyente. Como encontramos en Mateo 28:19, es un mandato, y por lo tanto, es lo que todo creyente debe de hacer, como primer paso de obediencia al mandato de su Señor.

5. Es la presentación de los actos básicos del Señor, su muerte y su resurrección. Este punto demanda que seamos estrictos en la administración del bautismo. Tiene que ser por inmersión, y por lo tanto, agua debe de estar presente en el bautismo. Pero hay que tener cierta discreción, cuando algunos de edad avanzada o por otra razón, no pueden tomar el bautismo de la forma demandada en la Palabra.

6. El bautismo esta ligado en la Escritura y en la experiencia Cristiana al recibimiento del Espíritu Santo. En este punto, muchos de nuestros hermanos Pentecostales no estarían de acuerdo, pero como se dijo anteriormente, es la Escritura la que debe de definir todo asunto teológico. Las bases bíblicas de este punto se pueden encontrar en Hechos 2:38; I Cor. 6:11; 12:13; Tito 3:5. En los tres pasajes, tenemos palabras como “lavamiento” y “bautizados”, con relación al Espíritu Santo. Pero esto levanta un problema para muchos Bautistas. Los Bautistas le llaman al bautismo y a la Santa Cena, ordenanzas, y no sacramentos, pues la segunda definición levanta sospechas, debido a su uso por Roma. La cuestión radica que por llamarles “ordenanzas” se enfatiza que son mandatos por nuestro Señor Jesús que hagamos el bautismo y la Santa Cena, que estos son símbolos. Si decimos que son sacramentos, entonces tenemos que creer, que algo esta pasando en el mundo espiritual en el momento que nos bautizamos o tomamos la Cena del Señor. De que pasa algo en el momento del bautismo, lo podemos ver en los siguientes versículos: Hechos 2:37-42, 10:44-48 y 19:1-7. Aunque no podemos negar que la presencia del Espíritu Santo esta antes, durante y después del bautismo, vemos que después que uno es bautizado, esta presencia toma un role mas importante en la vida del creyente.

7. Simboliza nuestra fe en el poder de Dios para levantarnos en la resurrección final en la consumación de este siglo. Por lo tanto, el bautismo es en si un acto de fe mirando hacia el futuro. Romanos 6:4-5 es central para esta creencia. Por lo tanto, en el bautismo pasan dos cosas, no solamente que en este vida somos muertos y resucitados en Cristo, sino que también nos preparamos para gozar de la nueva vida después de la resurrección.
Luis Alberto Jovel

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Proponen celebrar bautismos civiles sin pila bautismal, agua bendita y ni siquiera velas

Proponen celebrar bautismos civiles sin pila bautismal, agua bendita y ni siquiera velas

EL DIABLO SIEMPRE QUIERE IMITAR A CRISTO…NI SIQUIERA SABE SER ORIGINAL…

¿LE PONDRAN BAJO EL NOMBRE DE 666?.

EL ALCALDE,  MÁS MASON, IMPOSIBLE…

Estos elementos religiosos serían sustituidos por la lectura de la Carta Europea de los Derechos del Niño y el compromiso de que recibirá una educación laica. El proyecto fue presentado por el alcalde Ponce, un ateo confeso y ex católico.

La localidad española de El Borge, en la provincia de Málaga (al sur de España), ha propuesto celebrar bautizos civiles, en los que “no habrá ni agua, ni velas, ni iglesias”, según indicó a la agencia de noticias EFE su alcalde, José Antonio Ponce.

Ponce anunció que el Ayuntamiento prepara una moción para articular este tipo de ceremonias, en las que la pila bautismal y el agua bendita se sustituirán por la lectura de la Carta Europea de los Derechos del Niño y el compromiso de que el menor recibirá una educación laica.

Como parte del ritual, que se celebrará en el salón de plenos del edificio consistorial, se leerán también algunos artículos de la Constitución española, según publica este martes el diario gratuito 20 Minutos.

Los bautizados en esta ceremonia civil pasarán a formar parte de un registro de ciudadanos de El Borge y recibirán un regalo.

En enero de este año, Ponce, regidor de la localidad desde 1995 y ateo confeso, se convirtió en el primer alcalde de España al que la Iglesia católica dio de baja en sus archivos, después de que el Obispado le concediese la apostasía.

Así consiguió su objetivo de no estar registrado en los libros y documentos de la Iglesia católica, y por tanto, no pertenecer a una religión con la que no está de acuerdo y en la que no cree, según dijo.

Los bautismos civiles no son la primera iniciativa peculiar que Ponce, de la coalición Izquierda Unida, protagoniza desde que es alcalde.

El Ayuntamiento de El Borge declaró en 2003 día de luto oficial el inicio de la guerra de Irak, y en 2005 cursó una petición para que el Gobierno español convocase un referéndum sobre Monarquía o República.

Fuente: EFE

Radiocristiandad.wordpress.com

APOLOGETICA CATÓLICA XI

APOLOGETICA CATÓLICA XI

EL BAUTISMO

LA IGLESIA CATOLICO-ROMANA pone mucho énfasis  en los sacramentos, a la cabeza de los cuales coloca el bautismo como esencial para la salvación. Es de tan vital importancia que, aunque de ordinario sólo el sacerdote puede realizar la ceremonia, en casos de emergencia cualquier laico puede administrarlo, si no hay un sacerdote a mano. En el folleto Lo que creen los católicos (Catholic Truth Society) se cita el caso de un soldado inglés en la India, que solía darse un paseo en las mañanas por la playa para bautizar las criaturas que habían sido abandonadas allí para que fueran arrastradas por la marea, y se pone el siguiente comentario: “No pudo salvar su vida en la tierra, pero pudo llevarlas a la vida eterna.” Otro caso es el de una criatura que fue dejada a cargo de un hermanito suyo. Este fue víctima de un ataque cerebral repentino, y la criatura le bautizó a él. La conclusión que de esto se saca es que todos deben saber cómo bautizar, a fin de que puedan saber cómo actuar en emergencias semejantes.

El romanismo enseña que las almas de los niños sin bautizar van al morir a un lugar entre el cielo y el infierno llamado limbo, donde estarán por la eternidad en un estado de felicidad natural. No van al infierno, porque no han cometido pecado; pero como la mancha del pecado original no ha sido limpiada en ellos por el bautismo, no pueden entrar en el cielo para gozar de la visión beatífica de Dios. Los adultos no bautizados van al morir directamente al infierno, porque, además del pecado original, tienen pecados actuales que ellos mismos han cometido. En relación con los niños no bautizados, digamos primeramente que el “limbo” es una ficción de la imaginación romanista, y que no se encuentra apoyo alguno en la Escritura para afirmar la existencia de tal lugar. No puede referirse al “hades” o lugar de las almas de los desaparecidos, que se traduce “infierno” en la versión española, ya que éste es un lugar temporal, pues leemos en Apoc. 20:13, 14 que “la muerte y el infierno (hades) dieron los muertos que estaban en ellos; y fue hecho juicio de cada uno según sus obras. Y el infierno y la muerte fueron lanzados en el lago de fuego. Esta es la muerte segunda.” No hay aquí posibilidad para la existencia de un lugar de duración eterna en un estado de felicidad natural, aparte del mismo cielo. Permanece el cielo, y el infierno, el lago de fuego, donde son arrojados todos aquellos cuyos nombres no están escritos en el Libro de la Vida. No se hace mención tampoco del bautismo, a este propósito, ni de los niños ni de los adultos.

La definición que da el diccionario de la palabra “sacramento” es: Una ceremonia o acto religioso, que se considera como signo externo y visible de una gracia interna y espiritual. La esencia de esto está en que el sacramento as algo simbólico; pero Roma no acepta esta definición. Para ella el bautismo es mucho más que un símbolo de una gracia ya recibida; es un rito que por sí confiere la gracia salvadora, de modo que una persona bautizada se salva, y una que no lo es se pierde. Continuemos citando el folleto antes mencionado:

“Todo bien nos viene por la sangre preciosa…. Por los sacramentos se aplican a nuestras almas los méritos de la sangre preciosa…. Porque los sacramentos no son solamente señales de la gracia, sino que dan también la gracia que significan. El alma de un niño queda limpia del pecado original, cuando se derrama un poco de agua sobre su cuerpo (pág. 33). El bautismo es un sacramento que nos limpia del pecado original, nos hace cristianos, miembros de la iglesia y herederos del cielo…. El bautismo perdona también los pecados actuales, es decir, los pecados que nosotros mismos cometemos, y borra la pena que se debe por ellos, cuando los que son reos del pecado actual lo reciben con las debidas disposiciones” (pág. 35).

El lenguaje que aquí se usa es claro e inequívoco; pero no está conforme con la enseñanza de la Escritura. No solamente no se encuentra en ella, sino que directamente contradice lo que dice la Biblia.

¿Puede el derramamiento de un poco de agua sobre el cuerpo limpiar el alma del pecado?

“Aunque te laves con lejía, y amontones jabón sobre fi, tu pecado está sellado delante de mí, dijo el Señor Jehová” (Jer. 2:22).

“Pilato . . . tomando agua se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo” (Mat. 27:24).

¿Acaso el lavarse la manos le limpió de su culpa? Tampoco lo puede hacer el agua de la fuente bautismal. Lo que el agua no puede hacer, lo realiza la preciosa sangre de Cristo.

“La sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado…. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad” (1 Juan 1:7 y 9).

Tampoco puede el bautismo hacernos cristianos, hijos de Dios y herederos del cielo. Esto no lo puede realizar más que el Espíritu Santo, obrando en nosotros cuando recibimos a Jesucristo por fe en nuestros corazones.

“A lo suyo vino (Cristo), y los suyos (el pueblo judío, cuyo Rey y Mesías él era) no le recibieron. Mas todos los que le recibieron, dioles potestad de ser hechos hijos de Dios, a los que creen en su nombre: los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, mas de Dios” (Juan 1:11-13).

Nótese que recibir y creer se usan aquí como sinónimos. La verdadera fe es más que un credo, y más que un asentimiento mental a ese credo; es algo activo, que recibe. Esto es lo que significa el pasaje de Santiago 2:20: “La fe sin obras es muerta.” Cristo está a la puerta de cada corazón y llama, pidiendo que se le deje entrar como Señor y Dueño, Príncipe y Salvador. El dice:

“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo: si alguno oyere mi voz y abriere la puerta, entraré a él” (Apoc. 3:20) .

El, el Príncipe de la vida, entra a morar en nosotros cuando le abrimos la puerta.

“Y este es el testimonio: Que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida: el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida. Estas cosas he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios” (1 Juan 5:11-13).

No se puede usar lenguaje más claro y directo: el que tiene al Hijo, por haberle recibido en su corazón por la fe, tiene vida eterna. Lo opuesto es igualmente claro:

“El que es incrédulo a Hijo, no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Juan 3:36).

“El que no cree, ya es condenado, porque no creyó en el nombre del unigénito Hijo de Dios” (Juan 3:18).

Ningún rito bautismal, no importa quien sea el que lo realiza, puede regenerar un alma o darle esa vida eterna, que es la única cosa que la puede hacer hijo de Dios y heredero del cielo. Si esto fuera posible, Pablo no hubiera escrito: “Cristo no me envió a bautizar, sino a predicar el evangelio” (I Cor. 1:17). Ni hubiera podido entrar al paraíso con Cristo el buen ladrón, sin haber sido bautizado.

En las Escrituras hallamos que la regeneración es resultado de dos cosas: 1, la verdad del evangelio; 2, el poder del Espíritu Santo.

1.      Dice I Pedro 1: 23-25:

“Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible por la palabra de Dios, que vive y permanece para siempre…. Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada.”

2.      Juan 3:5, 6:

“El que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.”

La iglesia romana enseguida echa mano de la palabra “agua” de esta última porción de la Escritura y afirma que se refiere al bautismo; pero es imposible sostener que esta palabra se refiere a la regeneración bautismal, si se tienen en cuenta los otros pasajes que ya hemos considerado. Dejemos que la Escritura se interprete a sí misma. Leemos en Efe. 5:25-26:

“Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, limpiándola en el lavacro del agua por la palabra.”

Esto conviene exactamente con el pasaje de I Pedro 2:23-25, a que nos hemos referido arriba: “Siendo renacidos . . . por la palabra de Dios.” Leemos también en Rom. 10:17: “La fe es por el oír; y el oír por la palabra de Dios.”

El oír la Palabra de Dios da origen a la fe, esa fe que abre el corazón al Salvador que está esperando, éste entra y el alma es regenerada. El hecho de la regeneración es obra del Espíritu Santo:

“El viento de donde quiere sopla, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene ni a dónde vaya: así es todo el que es nacido del Espíritu” (Juan 3:8).

La obra del Espíritu Santo en la regeneración, comunicando nueva vida espiritual al alma que antes estaba muerta “en sus delitos y pecados,” y que ahora aborrece el pecado que antes amaba, y halla gozo en las cosas celestiales, es ciertamente un milagro de la gracia; pero trae consigo su propia evidencia, como lo hace el viento invisible, cuyo sonido oímos y cuya frescura sentimos, evidencia que no se puede negar. El fruto del Espíritu en diversos grados de abundancia y perfección se manifiesta en el alma regenerada: caridad, gozo, paz, tolerancia benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza: contra tales cosas no hay ley. Porque los que son de Cristo han crucificado la carne con los afectos y concupiscencias. (Gál. 5:22-24.)

La conclusión innegable, que se deduce de todas las porciones de la Escritura que hemos considerado, es que el rito del bautismo no perdona el pecado, ni da la vida eterna y hace al alma heredera del cielo. Y sin embargo, es un rito ordenado por nuestro Señor sin ningún género de duda. ¿Cuál es, pues, su función y qué propósito tiene?

La respuesta a la primera parte de la pregunta es: el bautismo sigue a la salvación. Puede ser que pase un largo tiempo entre los dos, o el uno puede seguir a la otra tan estrechamente que sean casi inseparables; pero aun en este caso, no es el bautismo lo que salva, sino el arrepentimiento y la fe.

Cuando nuestro Señor dio la gran orden misionera, dijo:

“Por tanto, id, y doctrinad a todos los gentiles, bautizándoles en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo: enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado: y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”

El orden fue: doctrinad, bautizad y luego enseñad, y nosotros hallamos que los discípulos siguieron rigurosamente este orden.

Hechos 2:41: “Los que recibieron su palabra, fueron bautizados.”

8:12: “Cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres.”

8:13: “El mismo Simón creyó también entonces, bautizándose.” Los hechos posteriores hicieron ver que fue engañador, pero su bautismo siguió a su profesión de fe.

8:36-38: “Y dijo el eunuco: He aquí agua; ¿qué impide que yo sea bautizado? Y Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios. Y mandó parar el carro: y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y bautizóle.”

9:18: “Luego le cayeron de los ojos (a Pablo) como escamas, y recibió al punto la vista: y levantándose, fue bautizado.”

10:47-48: “¿Puede alguno impedir el agua, para que no sean bautizados éstos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros? Y les mandó bautizar en el nombre del Señor Jesús.”

16:29 34: “El (el carcelero) entonces pidiendo luz, entró dentro, y temblando, derribóse a los pies de Pablo y de Silas; y sacándolos fuera, les dice: Señores, ¿qué es menester que yo haga para ser salvo? Y ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo tú, y tu casa. Y le hablaron la palabra del Señor, y a todos los que estaban en su casa. Y tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó los azotes; y se bautizó luego él, y todos los suyos . . . y se gozó de que con toda su casa había creído a Dios.”

Hechos 18:8: “Y Crispo, el prepósito de la sinagoga, creyó al Señor con toda su casa: y muchos de los corintios oyendo creían, y eran bautizados.”

A la segunda parte de la pregunta: “¿Qué propósito tiene?”, hay varias respuestas.

1.      El bautismo es un acto de confesión. En I Cor. 10:2 leemos: “Y todos en Moisés fueron bautizados.” De esta manera llegaban a ser discípulos de Moisés, y se reconocían a sí mismos como tales: “Nosotros discípulos de Moisés somos” (Juan 9: 28) . Así el creyente cristiano se bautiza en Cristo (Gál. 3:27), haciendo pública confesión de fe en él.

2.      Declara la limpieza interior espiritual ya recibida. Y Pedro les dice: Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados…. Así que, los que recibieron su palabra, fueron bautizados” (Hechos 2:38-41). Habiendo recibido su palabra, fueron bautizados, indicando así la limpieza que habían recibido.

3.      Declara la unión del creyente con Cristo en la muerte y resurrección: “¿Pues qué diremos? ¿Perseveraremos en pecado para que la gracia crezca? En ninguna manera. Porque los que somos muertos al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? ¿O no sabéis que todos los que somos bautizados en Cristo Jesús, somos bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él a muerte por el bautismo; para que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida” (Rom. 6:1-4) .

Véase También Col. 2:13, y 3:1-4.