Teologia de Finney parte 7 – La recuperación de la Majestad de Dios en la Salvación

Teologia de Finney parte 7

La majestad de Dios como atributo del  caracter Santo de Dios

majestad (alto, grandeza, honor)

Hadar   (13/29)

  • (1 de Crónicas 16:27) 27 Gloria y esplendor hay delante de él; poder y alegría hay en su morada.
  • (Salmos 29:4) 4 Voz de Yaveh con poder; voz de Yaveh con gloria .
  • (Salmos 45:4) 4 En tu majestad cabalga y triunfa por causa de la verdad, de la humildad y de la justicia. Tu mano derecha te mostrará cosas asombrosas.
  • (Salmos 90:16) 16 Sea manifestada tu obra a tus siervos, y tu esplendor sobre sus hijos.
  • (Salmos 145:5) 5 Hablarán del esplendor de tu gloriosa majestad , y meditaré en tus maravillas.
  • (Salmos 145:12) 12 para anunciar tus proezas a los hijos del hombre; y la gloria del majestuoso esplendor de tu reino.
  • (Isaías 2:10) 10 Métete en la roca; escóndete en el polvo ante la temible presencia de Yaveh y ante el esplendor de su majestad .
  • (Isaías 2:19) 19 Los hombres se meterán en las cavernas de las peñas y en las aberturas de la tierra, a causa de la temible presencia de Yaveh y del esplendor de su majestad, cuando se levante para hacer temblar la tierra.
  • (Isaías 2:21) 21 a fin de meterse en las grietas de las rocas y en las hendiduras de las peñas, a causa de la temible presencia de Yaveh y del esplendor de su majestad, cuando Yaveh se levante para hacer temblar la tierra.
  • (Isaías 35:2) 2 Florecerá profusamente; se regocijará en gran manera, y cantará con júbilo. Le será dada la gloria del Líbano, la majestad del Carmelo y de Sarón. Ellos verán la gloria de Yaveh, la majestad de nuestro Dios.
  • (Isaías 53:2) 2 Subió como un retoño delante de él, y como una raíz de tierra seca. No hay parecer en él, ni hermosura; lo vimos, pero no tenía atractivo como para que lo deseáramos.
  • (Isaías 63:1) 1 –¿Quién es éste que viene de Edom, de Bosra, vestido con vestiduras brillantes? ¿Quién es éste de ropa esplendorosa, que marcha en la grandeza de su poder? – Soy yo, que hablo en justicia, grande para salvar.
  • (Miqueas 2:9) 9 A las mujeres de mi pueblo echáis fuera de las casas de sus delicias, y a sus niños despojáis de mi gloria para siempre.

Hod   (13/24)

  • (1 de Crónicas 16:27) 27 Gloria y esplendor hay delante de él; poder y alegría hay en su morada.
  • (1 de Crónicas 29:11) 11 Tuyos son, oh Yaveh, la grandeza, el poder, la gloria, el esplendor y la majestad; porque tuyas son todas las cosas que están en los cielos y en la tierra. Tuyo es el reino, oh Yaveh, y tú te enalteces como cabeza sobre todo.
  • (Job 37:22) 22 Del norte viene un dorado esplendor; alrededor de Dios hay una temible majestad.
  • (Job 40:10) 10 Adórnate, pues, de majestad y alteza; vístete de gloria y esplendor.
  • (Salmos 8:1) 1 Oh Yaveh, Señor nuestro, ¡cuán majestuoso es tu nombre en toda la tierra! Has puesto tu gloria sobre los cielos.
  • (Salmos 45:3) 3 Ciñe tu espada sobre tu muslo, oh valiente, en tu gloria y majestad.
  • (Salmos 96:6) 6 Gloria y esplendor hay delante de él; poder y hermosura hay en su santuario.
  • (Salmos 104:1) 1 ¡Bendice, alma mía, a Yaveh! Yaveh, Dios mío, ¡qué grande eres! Te has vestido de gloria y de esplendor.
  • (Salmos 145:5) 5 Hablarán del esplendor de tu gloriosa majestad , y meditaré en tus maravillas.
  • (Salmos 148:13) 13 Alaben el nombre de Yaveh, porque sólo su nombre es sublime; su majestad es sobre tierra y cielos.
  • (Isaías 30:30) 30 Entonces Yaveh hará oír la majestad de su voz, y dejará ver el descenso de su brazo con furor de ira y con llama de fuego consumidor, con lluvia violenta, torrente y piedras de granizo.
  • (Habacuc 3:3) 3 Dios viene desde Temán; y el Santo, de los montes de Parán. (Selah). Su esplendor cubre los cielos, y la tierra se llena de su alabanza.
  • (Zacarías 6:13) 13 El edificará el templo de Yaveh. Tendrá gloria, se sentará en su trono y gobernará. Habrá un sacerdote junto a su trono, y habrá consejo de paz entre ambos.’ “

Alah   (2/800)

  • (Salmos 47:10) porque de Dios son las defensas de la tierra. ¡El es muy enaltecido!
  • (Salmos 97:9) 9 Porque tú, oh Yaveh, eres supremo sobre toda la tierra; eres muy enaltecido sobre todos los dioses.

Gaavah   (3/19)

  • (Deuteronomio 33:26) 26 “¡No hay como el Dios de Jesurún! El cabalga sobre los cielos en tu ayuda, y sobre las nubes en su majestad .
  • (Salmos 68:34) 34 ¡Reconoced el poderío de Dios! Sobre Israel sea su magnificencia, y su poder en los cielos.
  • (Isaías 13:3) 3 Yo he dado órdenes a mis consagrados; asimismo, he llamado a mis valientes, a los que se regocijan en mi triunfo, para que ejecuten mi ira. “

Gaon   (8/49)

  • (Éxodo 15:7) 7 Con la grandeza de tu poder has destruido a los que se opusieron a ti; desataste tu furor, y los consumió como a hojarasca.
  • (Job 37:4) 4 Después de él ruge el trueno; truena con su majestuosa voz. Cuando se oye su sonido, él no lo detiene.
  • (Job 40:10) 10 Adórnate, pues, de majestad y alteza; vístete de gloria y esplendor.
  • (Isaías 2:10) 10 Métete en la roca; escóndete en el polvo ante la temible presencia de Yaveh y ante el esplendor de su majestad .
  • (Isaías 2:19) 19 Los hombres se meterán en las cavernas de las peñas y en las aberturas de la tierra, a causa de la temible presencia de Yaveh y del esplendor de su majestad, cuando se levante para hacer temblar la tierra.
  • (Isaías 2:21) 21 a fin de meterse en las grietas de las rocas y en las hendiduras de las peñas, a causa de la temible presencia de Yaveh y del esplendor de su majestad, cuando Yaveh se levante para hacer temblar la tierra.
  • (Isaías 24:14) 14 Estos alzan su voz y cantan gozosos; a la majestad de Yaveh aclaman desde el occidente.
  • (Miqueas 5:4) 4 El se levantará y los apacentará con el poder de Yaveh, con la grandeza del nombre de Yaveh su Dios, y se establecerán, porque entonces será engrandecido hasta los fines de la tierra.

Geuth   (3/8)

  • (Salmos 93:1) 1 ¡Yaveh reina! Se ha vestido de magnificencia . Yaveh se ha vestido de poder y se ha ceñido. También afirmó el mundo, y no se moverá.
  • (Isaías 12:5) 5 ¡Cantad salmos a Yaveh, porque ha hecho cosas magníficas! Sea esto conocido en toda la tierra.
  • (Isaías 26:10) 10 Aunque se le tenga piedad al impío, no aprende justicia; en tierra de rectitud hace iniquidad y no considera la majestad de Yaveh.

Epouranios   (1/8)

  • (S. Mateo 18:35) 35 Así también hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a su hermano.

Hupsoo   (2/20)

  • (Hechos de los Apóstoles 2:33) 33 Así que, exaltado por la diestra de Dios y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís.
  • (Hechos de los Apóstoles 5:31) 31 A éste, lo ha enaltecido Dios con su diestra como Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados.

Ouranios   (4/6)

  • (S. Mateo 6:14) 14 Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre celestial también os perdonará a vosotros.
  • (S. Mateo 6:26) 26 Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No sois vosotros de mucho más valor que ellas?
  • (S. Mateo 6:32) 32 Porque los gentiles buscan todas estas cosas, pero vuestro Padre celestail sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.
  • (S. Mateo 15:13) 13 Pero él respondió y dijo: –Toda planta que no plantó mi Padre celestial será desarraigada.

Megaleiotes   (1/3)

  • (2 de S. Pedro 1:16) 16 Porque os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo, no siguiendo fábulas artificiosas, sino porque fuimos testigos oculares de su majestad.

Megalosune   (3/3)

  • (A los Hebreos 1:3) 3 El es el resplandor de su gloria y la expresión exacta de su naturaleza, quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder. Y cuando había hecho la purificación de nuestros pecados, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas.
  • (A los Hebreos 8:1) 1 En resumen, lo que venimos diciendo es esto: Tenemos tal sumo sacerdote que se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos,
  • (S. Judas 1:25) 25 al único Dios, nuestro Salvador por medio de Jesucristo nuestro Señor, sea la gloria, la majestad, el dominio y la autoridad desde antes de todos los siglos, ahora y por todos los siglos. Amén.

Time   (8/43)

  • (1 a Timoteo 1:17) 17 Por tanto, al Rey de los siglos, al inmortal, invisible y único Dios, sean la honra y la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
  • (A los Hebreos 2:7) 7 Le has hecho por poco tiempo menor que los ángeles; le coronaste de gloria y de honra;
  • (Apocalipsis 4:11) 11 “Digno eres tú, oh Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria, la honra y el poder; porque tú has creado todas las cosas, y por tu voluntad tienen ser y fueron creadas.”
  • (Apocalipsis 5:12) 12 Y decían a gran voz: “Digno es el Cordero, que fue inmolado, de recibir el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza.”
  • (Apocalipsis 5:13) 13 Y oí a toda criatura que está en el cielo y sobre la tierra y debajo de la tierra y en el mar, y a todas las cosas que hay en ellos, diciendo: “Al que está sentado en el trono y al Cordero sean la bendición y la honra y la gloria y el poder por los siglos de los siglos.”
  • (Apocalipsis 7:12) 12 “¡Amén! La bendición y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y la honra y el poder y la fortaleza sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos. ¡Amén!”
  • (Apocalipsis 19:1) 1 Después de estas cosas, oí como la gran voz de una enorme multitud en el cielo, que decía: “¡Aleluya! La salvación y la honra y la gloria y el poder pertenecen a nuestro Dios.

La recuperación de la Majestad de Dios en la Salvación

Algo que Charles Finney creía que sabía bien era acerca de la majestad de Dios. Después de todo, el dios de Finney era “el gobernador moral”, un adherente severo de los estándares absolutos divinos que exigía obediencia absoluta de todas sus criaturas.

La gloriosa majestad de Dios se ve más claramente en su gracia extraordinaria. Él es un juez – y un juez perfectamente justo cuyos estándares son increíblemente puros. Sin embargo, no es un tirano distante enviando rayos al azar sobre la tierra. Es más bien un verdadero rey, aquel que gobierna y defiende a su pueblo, defensa  extendida a la salvación de su Pueblo, incluso cuando la salvación que significó la muerte dolorosa y vergonzosa de su propio Hijo.

En ninguna parte de toda la creación es la verdadera majestad de Dios más evidente que en su superintendencia del gran plan de salvación! pueblo cristiano debe mucho respeto hacia el evangelio como la mayor revelación de la grandeza de Dios.

Para citar uno de los más conocidos predicadores arminianos anteriores de Finney:

“Es todo el misterio! El inmortal muere, ¿quién puede explorar su extraño diseño?”

A lo largo de la historia los que han conocido el gran misterio del evangelio tiene que manejarse con un sentido de temor reverente – a sabiendas de que ellos hablan de las verdades demasiado maravilloso para la lengua humana.

Charles Finney no sabía nada de ese temor. Sus campañas fueron un espectáculo, su metodología de ajuste era para acompañar a una doctrina que carecía por completo de las maravillas de la gracia de Dios.

Cuando el verdadero evangelio de la gracia se unió junto con la metodología de circo de Charles Finney, algo estaba seguro de que se iba a perder. Tal vez la iglesia conserva el contorno desnudo de la verdad del evangelio, pero la rica textura de temor y reverencia ante el majestuoso Dios de la salvación se pierde inevitablemente.

Es por eso que ahora se esfuerzan los predicadores a superar a los comediantes. Es por eso que los servicios de adoración se han convertido en conciertos indiscernibles. Por eso aplaudo las congregaciones como las audiencias cuando se vean satisfechas de entretenimiento – y por qué a su vez en otros lugares cuando no lo son.

Es por eso que en el tiempo un hombre de talento cómico realmente podría llegar a la prominencia en los púlpitos de América con bromas sobre su propia etnia. Es por eso que él pensó que sería conveniente empezar a hacer chistes sobre otros grupos étnicos, y es por eso que no sólo las iglesias tuvo el descaro de que pueda en sus púlpitos, pero fue tan lejos como para reírse de él! Es inimaginable que alguien hubiera intentado tal cosa antes de Finney. Cualquier persona que no podría haber sido arrestado, y no sólo en Nueva Inglaterra. Todos los cristianos de todas las tendencias se habría horrorizado ante la falta de reverencia al manipular las verdades de nuestra magnífica, salvadora de Dios.

Charles Finney, quien no tenía un sólido conocimiento teológico de Dios, para engendrar una cultura de la iglesia de irreverencia. Tomó las generaciones de cristianos mal informados para permitir que la irreverencia a arrastrarse en iglesias verdaderas. La única respuesta es el pueblo de Dios a reflexionar en serio el mensaje de la salvación.

¿Has contemplado lo que significa que Cristo murió por los pecados? ¿Su corazón rato libre para pensar que sus pecados hizo su sacrificio necesario? ¿Hay días, sin importar cuánto tiempo ha sido un cristiano, cuando se piensa en el mensaje del evangelio y el eco las palabras de Wesley:

“¿Cómo puede ser que Tú, mi Dios debieras, morir por mí? ”

¿Tienes tiempo para sentarse en serio entre el pueblo de Dios y se preguntan estas cosas juntos? ¿Tiene un reverente silencio te ha pasado en la presencia de la palabra sagrada de Dios?

Si, como yo, usted tiene el gran honor de predicar este evangelio, ¿cómo la majestad de Dios, informe a su ministerio del púlpito? ¿Trabaja usted en un frenesí de comedia con el fin de cautivar a sus oyentes, o es usted mismo cautivado por una mayor verdad? ¿Es su hombre interior transfigurada por temor ante un Dios santo? ¿Buscas a pesar de sus inclinaciones pecaminosas propia para comunicar que la reverencia hacia Dios cuando usted maneja su verdad ante su pueblo? En resumen, es su predicación se caracteriza por la irreverencia crasa de Finney o por un sentido piadoso de humilde asombro ante el trono de un gran rey?

Dios le dijo a Moisés cuando le pidió ver su rostro

  • “No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá.” (Éx. 33:20)

Hoy, muchos tratan a Dios como a un buen colega cósmico.

El pastor Gordon MacDonald escribe:

«Los pecados más graves que he cometido se dieron en un momento en el que brevemente suspendí mi reverencia a Dios… silenciosa (y locamente) concluí que a Dios no Le importaba y que lo más probable es que no intervendría si yo me arriesgase a violar alguno de Sus mandamientos».

MacDonald dice que su propio amor por Dios se ha alejado de un modelo sentimental que jamás le satisfizo, acercándose hacia un modelo más como de padre/hijo. Está aprendiendo a reverenciar, obedecer y agradecer a Dios; a expresar el pesar apropiado por el pecado; a buscar la quietud en la que pueda escuchar el susurro de Dios. Busca una relación con Dios que vaya acorde con la profunda diferencia entre ambas partes.

CONOCIENDO LA MAJESTAD DE DIOS

Isaías,  el   Profeta    del   Siglo  VII   antes    de   Cristo,   tuvo   la Visión  de   la   Majestad   de    Dios,   que   transformó   su   vida. Jamás.   Isaías,  volvió   a   ser  el  mismo,  después  de  esa  Visión de  la  Majestad de Dios.
Si miramos cuidadosamente, esa  Visión  de  la Majestad  de  Dios, que tuvo Isaías, notaremos  que esta Majestad, está enmarcada en estas dos palabras:  amor y sacrificio.

El amor y el sacrificio. En Isaías 6: 1-3 dice:

  • “En el  año que murió  el  rey Uzías,  ví  yo  al  Señor sentado sobre un  trono   alto  y  sublime,  y   sus  faldas  llenaban  el  templo. Por  encima  de   él,  había  Serafines;  cada   uno  tenía   seis   alas; con   dos   cubría  su   rostro,  con   dos  cubrían   sus   pies,  y  con dos   volaban.  Y  el   uno   al  otro   daba   voces,  diciendo,  Santo, Santo,  Santo,   Jehová  de  los  ejércitos,  toda   la  tierra  está  llena de su gloria.”

Ustedes,   notarán    que    los   serafines,    esos   ángeles,   o   seres ángelicales,  que  sirven  en  el  Trono  de  Dios, están  ministrando, ante  la  Presencia  de  Dios.

Como hijos de Dios, podemos «acercarnos, pues, confiadamente al trono de la gracia» (Hebreos 4:16). Pero seamos siempre conscientes de la inestimable majestad de nuestro Padre.

Respetemos y reverenciemos la Majestad, la Gloria y la Santidad de Dios.

Fuente bibliografica consultada

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La teologia de Finney parte 6- La doctrina de la regeneración

La teología de Finney parte 6- La doctrina de la regeneración

Última fecha  de actualizacion:20-10-2010

Autor:Paulo Arieu

5. La doctrina de la regeneración:

Regeneración (gr. palingenesia:   nuevo nacimiento). Indica la regeneración espiritual (Tit.3.5), es decir la comunicación de la nueva vida en Cristo que es producida por la acción de la Palabra (Ef.5.26; Stg.1.18; lPe.1.23) y por el Espíritu Santo (Jn.3.5,6).

Augustus Strong, teólogo bautista de finales del siglo 19 y principio del 20 comentó acerca de la presciencia de Dios:
“En la eternidad no pudo haber habido causa alguna de la existencia futura del Universo fuera de Dios mismo, ya que entonces solo Dios existía. En la eternidad, Dios previó que la creación del mundo y todas sus leyes harían segura la historia hasta en sus más insignificantes detalles. Pero Dios decretó la creación y la institución de estas leyes. Al crear y establecer dichas leyes Dios decretaba todo lo que iba a acontecer. Es decir, Dios previó los eventos futuros de Universo como absolutamente ciertos porque él lo había decretado; y esta determinación incluía la determinación de todos los resultados de dicha creación; es decir, Dios decretó dichos resultados” (“Teología sistemática”. Pag. 356).[1]

Es en la presciencia de Dios, que Dios nos conoció y nos escogió en Cristo Jesús.

El Dr. A. H. Strong, quien por varios años fue Presidente y Profesor del Seminario Teológico de Rochester, escribe al mismo efecto, al definir la regeneración, la definió así:

“Es el acto divino por el que la disposición dominante de nuestra alma es hecha santa, y por el cual, empleando la verdad como medio, es asegurado el primer ejercicio santo de tai disposición”.

Como es lógico suponer, Finney también se aparte de la ortodoxia bíblica en lo que respecta a la regeneración, la cual él distingue de la conversión.

“La conversión… no incluye ni implica ninguna agencia Divina, y por lo tanto no implica o expresa lo que se pretende por regeneración” (pg. 269, lect. 17).

Según él, el pecador

“es pasivo en la percepción de la verdad presentada por el Espíritu Santo” (pg. 276, lect. 17).

Esta percepción, él añade, no es parte de la regeneración, pero es simultánea con la regeneración, ya que induce a ella.

“De manera que el sujeto de la regeneración debe ser un recipiente pasivo o perceptivo de la verdad presentada por el Espíritu Santo, en el momento, y durante el acto de la regeneración” (Ibid.).

Pero ese es todo el papel que, según él, le corresponde a Dios.

“Ni Dios, ni ningún otro ser, puede regenerar lo, si él no se vuelve. Si él no cambia su elección, es imposible que sea cambiado” (Ibid.).

De manera que para Finney, la regeneración no envuelve cambio en la naturaleza constituyente del pecador, sino que consiste meramente en un cambio de elección, intención, o preferencia obrado por el pecador. Esta depende enteramente de una decisión o elección del pecador.

Es aquí precisamente donde su teología impactó tremendamente el evangelismo actual, introduciendo la doctrina pelagiana de nuevo en muchas iglesias que hoy se llaman evangélicas, aunque siguen a Finney en su perversión del evangelio.

Por la regeneración se obtienen preciosas bendiciones, como:

  • Obtener la nueva vida, la vida (gr. zoé, Jn.1.4) de Dios (Jn.5.24; cp.Ef.2.1)
  • La recepción de una nueva naturaleza, que la Biblia llama “el nuevo hombre” (Ef.4.24; Col.3.10; Gal.5.17; 2CO.5.17)
  • El creyente es bautizado “a Cristo” o “hacia Cristo” (Ro.6,3).
  • Es una operación del Espíritu Santo (1 Co.12.13).
  • El salvo queda unido vital y eternamente a Cristo Jesús.
  • La participación en la naturaleza divina (2 Pe. 1.4; 1 Jn.3.9)
  • La habitación de Cristo en el creyente (Ga.2.20)
  • El ingreso al reino de Dios (Jn.3.3, cf.v.5).

Relación entre creyentes y arminianos

Charles Spurgeon dijo una vez que

“todos los creyentes eran inicialmente arminianistas.”

Y tenía toda la razón. Los incrédulos son por naturaleza pelagianos, es decir, creen que el hombre es bueno, pero que aprende a hacer cosas malas, y que tiene la capacidad de enmendar todos sus pecados/maldades por cuenta propia. Si un hombre que es convertido habiendo tenido esta cosmovisión humanista, cómo creen que interpretará el nuevo mundo de la fe? Creo que esa es la razón por la cual el comentario de Spurgeon es válido.

Bajo este sistema doctrinal [arminianismo] el hombre cree y luego nace de nuevo. Pero es esto lo que dice la Biblia? Para aclarar este tema deseo llevarlos a un artículo de R. C. Sproul, en el cual escribe,

En la perspectiva del Agustinianismo y el Reformismo, la regeneración se ve primero que nada como un trabajo sobrenatural de Dios. La regeneración es el trabajo divino de Dios el Espíritu Santo sobre las mentes y almas de la gente caída, por el cual el Espíritu aviva a aquellos quienes están espiritualmente muertos y los hace espiritualmente vivos. Este trabajo sobrenatural rescata a esa persona de su esclavitud al pecado y su incapacidad moral de inclinarse por sí mismo hacia las cosas de Dios. La regeneración, por ser un trabajo sobrenatural, es un trabajo que obviamente no puede ser logrado por un hombre natural por sí mismo. Si fuera un trabajo natural, no requeriría la intervención de Dios el Espíritu Santo.

En segundo lugar, la regeneración es un trabajo monergista. “Monergista” significa que es el trabajo de una persona que ejerce su poder. En el caso de la regeneración, es solamente Dios quien tiene la capacidad, y es solamente Dios quien ejecuta el trabajo de regeneración del alma humana. El trabajo de regeneración no es una actividad conjunta entre la persona caída y el divino Espíritu; es solamente el trabajo de Dios.

En tercer lugar, el trabajo monergista del Espíritu Santo es un trabajo inmediato. Es inmediato con respecto al tiempo, y es inmediato en relación al principio de operar sin intermediarios. El Espíritu Santo no usa nada más que Su propio poder para rescatar a una persona de la muerte espiritual a la vida espiritual, y cuando ese trabajo se logra, se logra instantáneamente. Nadie es regenerado parcialmente o casi regenerado. Aquí tenemos una situación clásica de “o es/o no es”. Una persona o es nacida de nuevo, o no es nacida de nuevo. No hay un periodo de nueve meses de gestación en relación a este nacimiento. Cuando el Espíritu cambia la disposición del alma humana, lo hace instantáneamente. Una persona puede no estar consciente de este trabajo interno logrado por Dios por algún tiempo después de que en realidad ha ocurrido. Pero aunque nuestra percepción de él puede ser gradual, la acción es instantánea.

En cuarto lugar, el trabajo de regeneración es efectivo. Esto es, cuando el Espíritu Santo regenera un alma humana, el propósito de esa regeneración es traer a esa persona a la fe salvadora en Jesucristo. Ese propósito se efectúa y es logrado como los propósitos de Dios en la intervención. La regeneración es más que darle a una persona la posibilidad de tener fe, le da la certeza de poseer esa fe salvadora.”

Les invito a leer el resto del artículo aquí.

Dice F. Lacueva, comentando la característica radical de la regeneración:

“… es un cambio tota! en el estado del hombre, ya que toda la dinámica moral y espiritual de sus facultades se ve afectada por la nueva vida: una nueva gama de criterios acerca de los verdaderos valores ilumina su mente; un nuevo complejo de aficiones e intereses disponesus sentimientos; un nuevo plantel de motivos guía ¡as deliberaciones e impulsa las decisiones de su voluntad, renovando su energía operativa en el orden espiritual. En pocas palabras, la nueva vida comporta un correcto pensar, sentir, decidir y obrar… Esta radicalidad de la regeneración significa que el cambio se ha hecho desde la raíz del ser humano, desde lo que la Biblia llama el “corazón”, pero no significa que sus facultades hayan quedado inmunizadas contra el error y el pecado. El regenerado puede todavía equivocarse y puede caer, pero el norte de su brújula queda fijado. Aunque el pecado llegue a anidar en él, será como un cuerpo extraño dentro de la nueva naturaleza (I Jn.3.8-9;Ro. 8:4) [2]

En Juan 1.13 leemos que la condición de hijos de Dios no se obtiene por ser engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

Esto significa que:

• No se produce por herencia. A diferencia de la naturaleza pecaminosa que se hereda desde Adán de padres a hijos (Ro.5.12), la nueva naturaleza se obtiene solo por gracia y por una unión vital con Cristo (Ef.2.3-8)
• No se produce por voluntad carnal. Es decir, no tiene nada que ver con nada
que el hombre pueda hacer o lograr humanamente. No es producto del esfuerzo humano. No hay mérito, ni obra que pueda obtener la salvación y la consecuente nueva vida.
• Tampoco se produce por voluntad de varón, es decir, por procreación humana o por pertenecer a una determinada raza, o religión, o cualquier otra prerrogativa.

Los hijos de Dios, pues, no tienen origen en alguna causa física o biológica; tienen su origen en Dios, por la obra de Su Espíritu Santo.

Notas

[1] http://www.casadeoracionmadrid.com/Pdf/Presciencia.pdf

[2] F.La Cueva,Doctrinas de la Gracia – Curso de Formación teología evangélica,  Ed. Clie ,Pag.74-75

Articulos relacionados con la regeneracion en la teologia de Finney

bibl.consultada

Implicaciones Prácticas de calvinismo

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La teologia de Finney parte 5 – depravación moral

4. La doctrina de la depravación moral:

Finney también negó que por causa del pecado de Adán su descendencia poseyera una naturaleza pecaminosa. De ser así, dice él,

“entonces el pecado en acción debe ser visto como una calamidad, y no puede ser un crimen. Éste es el efecto necesario de una naturaleza pecaminosa. Esto no puede ser un crimen, ya que la voluntad no puede hacer nada con ella” (pg. 262, lect. 16).

Y otro lugar dice:

“La voluntad humana es libre, de manera que los hombres tienen poder o habilidad para hacer todos sus deberes. El gobierno moral de Dios asume e implica por todas partes la libertad de la voluntad humana, y la habilidad natural de los hombres para obedecer a Dios. Cada mandamiento, cada amenaza, cada protesta o denuncia en la Biblia implica y presupone esto” (pg. 307, lect. 20).

Por supuesto, de ser así, si las demandas morales de Dios implican la habilidad moral del hombre para poder cumplirlas, entonces deberíamos presuponer que el hombre tiene la capacidad de llegar a ser perfectos, porque es eso, y nada menos que eso, lo que la ley exige (comp. Gal. 3:10; Sant. 2:10).

Qué quiere decir Depravación? Qué enseñan las Escrituras?

En primer lugar, la depravación tiene que ver con el pecado. Parece obvio, pero la aclaración debe hacerse si queremos mantener la verdad con respecto a la depravación total de individuo.

Históricamente, aquellos que niegan la doctrina de la depravación total del hombre, son aquellos que minimizan la realidad del pecado. Por ello es que el pecado no se toma con la seriedad que merece. Para Pelagius era sólo un hábito del hombre; para los semi-pelagianos una enfermedad. Actualmente no es tomado con el horror con el que es definido en la Biblia. En el espectro eclesiástico, existen desde los más liberales que enseñan que el pecado es una aflicción o una deficiencia mental, y por lo tanto la cura para el pecado está en la rehabilitación social, en el “haz el bien”, en las reformas sociales, la reforma del carácter externo del individuo.

Las Escrituras nos brindan una opinión diferente acerca del pecado. La Biblia enfáticamente nos informa que el pecado es siempre cometido contra Dios. Esto es fundamental. Dios es el Santo, Señor soberano del cielo y la tierra. Él es infinitamente perfecto. Su santidad es tan grande y la gloria de sus perfecciones es tan brillante que ante Él los ángeles deben cubrir sus rostros y cantar día a día,

  • “Santo, Santo, Santo” (Isaías 6:3).

Es contra Él que todo pecado es cometido. Esto nunca debe ser olvidado. El pecado es una contradicción de Su Santidad. Es una rebelión contra Dios. Cada pecado, no importa que tan mínimo, o insignificante nos parezca, es siempre cometido en relación con Dios. Dios creó al hombre con el único propósito de que glorificara a su Creador. No había otro propósito. Dios no creó al hombre porque estaba solo, o porque el hombre iba a llenar un espacio vacío en el corazón de Dios. Dios está y estará eternamente completo en la Trinidad, y aparte de la Trinidad no necesita nada meas. Dios no necesita a los ángeles, y mucho menos al universo, incluyendo a los hombres (1Corintios 10:31; Efesios 1: 3-6; etc,etc,etc).

El pecado de Adán fue un pecado cometido contra Dios. Fue el pecado del orgullo y la desobediencia y la rebelión en contra del mandato de Dios. Fue un acto deliberado, determinado, conciente de dejar de hacer aquello para lo cual fue creado. Adán no quiso tener nada más que ver con Dios y Su gloria. Adán prefirió seguir el consejo de Satanás; y prefirió representar al diablo, ayudarlo en su nefasto plan de robarle la gloria a Dios. Eso fue lo que hizo al pecado tan horrible. Fue cometido contra Dios, para robar su gloria.

Hasta el día de hoy no se ha cometido un pecado que sea diferente. Esto es lo que debemos comprender. Es por eso que el castigo en contra del pecado es tan grande. La gravedad del pecado se mide dependiendo de contra quien se ha cometido. Como nuestro pecado es cometido en contra del Dios infinitamente Santo y Justo, es infinitamente grave.

El castigo fue que Dios mató a Adán. Cualquiera puede entender porque esto fue necesario. Dios formó a Adán para que Adán representara la causa de Dios en la tierra, esto es, glorificar a su Creador. Adán se negó a hacer eso, y prefirió glorificar al diablo. Ese fue el deseo de Adán. Por ello, ya no había más lugar para Adán en el mundo de Dios. Dios, por lo tanto, mató a Adán,

  • “El día que comas del fruto prohibido, de cierto morirás.”

Qué significa esto? Adán no cayó muerto a un lado del árbol. Todos sabemos esto. Significa, en primer lugar, que Dios derramó toda Su ira sobra Adán. Todo su enojo y odio. Dios odió el pecado de Adán por lo que hizo, debido a que Dios odia todo aquello que va en contra de Su naturaleza. No podía ser diferente si Dios quería mantener Su santidad y luchar por lo que lucha siempre, Su Santo Nombre. No podía amar a algo  que no era santo como Él.

Debemos entender que esto ocurre a Adán fuera de Cristo, ya que en Cristo Adán fue salvo, y amado por Dios Padre. Adán, aparte de Cristo fue separado de la presencia de Dios, pues Dios no puede mantener comunión con el pecado. Ahora el mundo era diferente para Adán, antes era gozo, alegría; ahora es sufrimiento, aflicción, problemas, muerte, etc.

En segundo lugar, el que el pecado matara a Adán significa que el pecado lo hizo totalmente depravado. Eso es lo que significa la muerte espiritual. Pablo lo expresa claramente,

  • “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados”

El castigo para la increíble transgresión de Adán fue que se convirtió en un esclavo del pecado en toda su naturaleza y en todo su ser. Este fue el castigo por su pecado. Todos los hombres son completamente depravados.

Cómo es posible que todos los hombres sean depravados? Primero, todos los hombres son en Adán responsables del pecado que Adán cometió. Esto porque Adán fue la cabeza o el representante de toda la humanidad. Pablo lo describe así,

  • “Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.’ (1 Corintios 15:22).

Adán fue la cabeza de todos los hombres, porque Dios así lo decidió.

Segundo, Adán fue el padre de toda la raza humana así que de Adán viene toda la corrupción y la depravación. David, en sus salmnos lo describe así,

  • “He aquí, en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre.” (Salmo 51:5).

Qué entendemos por Depravación Total?

Las Escrituras y las Confesiones de la Iglesia nos enseñan que la depravación del hombre, como lo hemos visto, es total. Pero debemos hacer la distinción que a pesar de que el hombre es totalmente depravado, es decir, que no hay una sola molécula de su cuerpo que no esté corrompida por el pecado, el hombre no es tan malo como podría serlo. El artículo 4 de los canones de Dordt dicen que

“los remanentes de luz natural que aún quedan en el hombre desde su caída”

actúan como la manera en que Dios mantiene al hombre de ser totalmente perverso. El hombre pecador aún tiene el sentido del bien y el mal. El bien que hace el hombre, es hecho por Dios y para Su gloria.

Es decir, el hombre no anda por ahí matando a otros hombres, no anda adulterando (por lo menos no la mayoría), debido a que aún puede hacer obras que estén en armonía con la Ley de Dios. El hombre no vive una vida totalmente depravada, no porque no pueda, sino porque Dios no se lo permite.

Pero con respecto al bien espiritual, que es lo más importante, la biblia es clara en que el hombre no puede hacer nada bueno. Con el bien espiritual nos referimos a lo que concierne a la salvación. Es decir, el hombre no puede hacer nada para ser salvo.

Cuando Calvino y los padres de la iglesia reformada describieron el término depravación total, lo que quisieron decir fue “muerte espiritual.” El pecador está muerto, espiritualmente muerto. Viene a este mundo de su madre, obitado. No está enfermo. No padece de una enfermedad. Esta muerto. Esto es lo que enseña la Biblia.

Esto quiere decir, que su naturaleza está tan corrompida que no puede hacer nada bueno. El pecador no puede hacer nada que sea bien visto por Dios. Su corazón está muerto. La mente del hombre está muerta, está tan oscurecida por el pecado, que a pesar de poder entender las palabras de la Biblia, no puede comprender las cosas espirituales de Dios, de hecho, lo que comprende lo odia y no quiere tener algo que ver con Dios. Jesús, en su conversación con Nicodemo le dice que el hombre debe nacer de nuevo, debido a que,

  • “Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.” (Juan 3: 19).

Lo mismo ocurre con la voluntad del hombre o el libre albedrío. La esclavitud de la voluntad describe perfectamente su estado–su voluntad está esclavizada al pecado. El hombre no puede ni siquiera desear lo bueno. Esta es su naturaleza. Está muerto espiritualmente. Puede un muerto pensar? Puede un muerto desear algo? Puede un muerto dar señales de vida? El hombre muerto espiritualmente no puede desear hacer ninguna cosa buena espiritualmente. Ni siquiera puede desear su salvación. Su mente está tan oscurecida que no puede ni siquiera buscar a Dios para ser salvo.

Pablo en la epístola a los Romanos nos dice,

  • “Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; No hay quien entienda,No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.” (Romanos 3: 9-12; Romanos 3:23; Salmo 14, 53).

Alguien puede objetar diciendo que el hombre puede hacer cosas buenas, como amar a su esposa e hijos, amar a su prójimo, etc. El hombre ha hecho cosas en la ciencia que han sido de gran ayuda para la humanidad.

Lo primero que debemos decir a esta objeción es que la descripción acerca de la total depravación del hombre no se basa en la observación, sino en la declaración que nos da Dios en la Biblia. Quién es el que conoce el corazón del hombre? Dios es el que nos dice como somos y no alrevés.

En segundo lugar, con respecto a estas buenas obras. Desde los tiempos de Agustín en el siglo V, habían personas como Pelagius que objetaban estas sentencias. Lo que Agustín muy bien decía era que en el hombre, un mal detenía otro mal.

Por ejemplo, Agustín decía que un hombre que era dominado por el deseo de hacer dinero, ese deseo, le impedía cometer adulterio, o ser un alcohólico, con el único propósito de hacerse más y más rico.

Pero entonces Agustín hacía la pregunta: Es esto bueno a la vista de Dios? Por supuesto que no. Lo mismo sucede con las ‘buenas’ obras de los hombres. El hombre lo que busca es su propia gloria y el reconocimiento de los demás.

El pecado es orgullo. El hombre está siempre buscando ser exaltado por otros hombres. Este deseo es su principal motivo. Es esto bueno? No. Dios nos creó para que Él recibiera toda la gloria de todo lo que nosotros hacemos. Es por eso que sin Dios, ningún hombre hace buenas obras, o por lo menos obras que sean agradables a Dios.

Es más Dios nos dice,

  • “Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia” (Isaías 64:6).

Todas las supuestas justicias o buenas obras del hombre son como trapos de inmundicia para Dios. Esta es la sentencia de la Biblia, y a esta nos debemos someter.

Cuando un pecador puede ver la sentencia de Dios sobre la humanidad, y se da cuenta de su depravación, puede caer a los pies de Dios en arrepentimiento y clamar por perdón, al igual que David (Salmo 51). Ahí es cuando un hombre puede ver la cruz de Cristo y su necesidad. Sólo así podemos ver y comprender la gracia que fue derramada sobre nosotros, los hijos del Altísimo.

Otros textos bíblicos:

Romanos 3:23; 1 Reyes 8:46; Salmo 143:2; 1 Juan 1:8; Romanos 3: 9-12,18; Romanos 1: 18; Romanos 7: 18; Romanos 8: 5-9; Romanos 6: 17-18; Efesios 2: 1-5; Efesios 4: 17-18.

Articulo relacionado con la depravacion moral en la teología de Charles Finney

bibliografia consultada:

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Benjamín B. Warfield- Una Declaración Breve y Sencilla de la Fe Reformada

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La teologia de Finney parte 5 – relación entre la justificación y la santificación

3. La relación entre la justificación y la santificación:

ultima fecha de actualizacion: 20-07-2010

Otro aspecto en que Finney se aparta de la enseñanza bíblica es en lo tocante a la relación de la justificación con la santificación.

“Algunos teólogos – dice Finney – han hecho de la justificación una condición de la santificación, en vez de hacer la santificación una condición de justificación. Pero esto… es una perspectiva errónea del asunto” (pg. 368-369, lect. 25).

Según Finney, para que los pecados pasados del pecador sean perdonados, y para ser aceptados por Dios en el presente,

“la consagración de corazón y vida a Dios y a Su servicio es una condición inalterable”.

Esta declaración es un golpe mortal al evangelio. Como bien señala Sproul:

“Si la completa consagración de corazón y vida a Dios es una condición inalterable para el perdón, ¿quién será perdonado? Éstas no son buenas noticias, siendo la peor de todas las noticias posibles”.

McArthur citó sobre Charles Finney lo siguiente,quien escribió

“En todas partes he encontrado que las peculiaridades del hipercalvinismo han sido una gran piedra de tropiezo tanto para la iglesia como para el mundo. Una naturaleza pecaminosa en si misma, una incapacidad total para aceptar a Cristo y para obedecer a Dios, condenación a muerte eterna por el pecado de Adán y por una naturaleza pecaminosa, y todos los demás dogmas similares que son el producto de esa escuela peculiar, han sido la piedra de tropiezo para los creyentes y la ruina de los pecadores” (Charles Finney: An Autobiography [Autobiografía de Carlos Finney (Old Tappan. N.J.: Revell, s.f.), pp. 368-69). Sin embargo, las doctrinas que Finney enumera no son doctrinas únicas y exclusivas del hipercalvinismo. sino que son ortodoxia calvinista simple, y en la mayoría de los casos, enseñanzas bíblicas sencillas y claras. Finney las echó todas por la borda y de esa manera repudió el corazón de la teología bíblica.

La teología que Carlos Finney inventó estaba llena de problemas, en particular en el área de la santificación. Finney desarrolló una forma radical de perfeccionismo, lo cual a su vez engendró muchas otras ideas fanáticas entre sus seguidores. B. B. Warfield escribió una crítica completa y devastadora de la teología de Finney en su obra en dos volúmenes titulada El perfeccionismo, vol. 2. pp. 1-215.

Finney se equivocó al no considerar con el esmero suficiente que los avivamicntos más robustos del siglo dieciocho en Norteamérica incluido el denominado “great Awakening” o gran despertar, tuvieron su origen en la doctrina calvinista. Jonathan Edwards. George Whitefield, David Brainerd y los primeros bautistas fueron todos abanderados de un fuerte calvinismo, pero al mismo tiempo mantuvieron un celo enérgico y un compromiso activo por el evangelismo. Desafortunadamente, Finney tenía demasiadas ganas de prescindir de ese legado para proceder a forjar su propia rúbrica teológica. La perspectiva pragmática que fue parte esencial e in­separable del sistema de Finney ha perdurado hasta la actualidad, incluso entre muchos cristianos que deplorarían las innovaciones doctrinales de Finney. [1]

La santificacion

He leído las lastimosas confesiones de monjes que se han recluido en monasterios durante años, procurando dominar sus bajas pasiones. Pero aun así, sus malos pensamientos casi los enloquecen. No han alcanzado la victoria sobre las pasiones aislándose de la sociedad. Precisamente cuando pensaban que estaban libres de las pasiones, y que habían puesto bajo control todos los deseos carnales, caían de nuevo bajo el embrujo de pasiones desordenadas y desenfrenados pensamientos.

Cierto monje vivió durante cincuenta años en una cueva subterránea, procurando sujetar su cuerpo al espíritu. Otros se enterraron hasta el cuello en la arena calcinante, con la esperanza de “quemar” sus iniquidades.

He leído de monjes que durmieron en colchones de espinas y en pilas de vidrios rotos. Otros se ataron una pierna, caminando con un solo pie hasta que perdieron el uso del otro. Otro monje se colocó dentro de la rueda de un vehículo y se quedó allí en posición fetal durante diez años, siendo alimentado por otros.

Plancha metálica del siglo VI, conservada en elmuseo de Louvre mostrando a San Simeón Estilita sobre su columna. La serpiente representa al demonio, trátando de tentarlo.(Wikipedia)

San Simeón Estilita, monje sirio del siglo V, se entregó a la meditación, a la oración y a la predicación en lo alto de una columna, en la que vivió treinta años, y cuando se debilitó tanto que ya no podía quedarse allí, hizo erigir un poste y se encadenó a él.

Todos estos métodos de tortura los emplearon los monjes a fin de desalojar la influencia malvada que sentían en ellos. Querían aniquilar esa parte del ser que ansiaba el pecado. En la Edad Media, largas procesiones de flagelantes viajaban de país en país gimiendo, llorando, cantando himnos tristes de arrepentimiento, y flagelándose las espaldas desnudas a medida que marchaban. Miles se unían a estas procesiones con el propósito de “desalojar al diablo mediante la tortura”.

Audrey o Eteldreda, Santa (catholic.net)

Santa Eteldreda creía su carne tan corrupta e inmunda, que se negaba a lavarse. Andaba de un lado para otro, sin lavarse y cubierta de mugre, y venerada como santa porque se suponía que había conquistado su propia carne.

Leyendo la Biblia, descubro que no soy yo el único atrapado en la lucha entre el bien y el mal.

El rey David era un hombre amado por Dios. Sin embargo, cometió adulterio con Betsabé, y luego hizo asesinar a su marido a fin de que no descubriera que su mujer estaba encinta. Se sintió desesperado, y lo admitió diciendo:

  • “Porque mis iniquidades se han agravado sobre mi cabeza; como carga pesada se han agravado sobre mí. . . Y nada hay sano en mi carne. . . Porque mis lomos están llenos de ardor. . . No hay paz en mis huesos, a causa de mi pecado.”

El apóstol Pablo declaró:

  • “Mi propia conducta me desconcierta. Porque descubro que hago lo que en realidad ABORREZCO, y no hago lo que en realidad quiero hacer. . . Descubro con frecuencia que tengo el ánimo de hacer lo bueno, pero no las fuerzas. Cuando quiero hacer lo bueno, sólo el mal está a mi alcance. . . Soy cautivo de la ley del pecado que es inherente a mi cuerpo mortal. Porque, si se me deja proceder como quiero, sirvo a la ley de Dios con mi mente, pero en mi naturaleza no espiritual sirvo a la ley del pecado. ES UNA SITUACIÓN AGONIZANTE. . . ¿QUIEN PODRA LIBRARME DE LA PRISIÓN EN QUE SE ENCUENTRA MI CUERPO MORTAL?. . . ¡SOLAMENTE CRISTO!” (Romanos 7: 14-25, v. libre).

¿Dos Pablos también? ¡Sí! Se libró también en él una lucha agonizante entre una naturaleza espiritual y otra no espiritual, trabadas en constante batalla. Esta situación desdichada y agonizante, Pablo la describe como la más aterradora experiencia por la que puede pasar el hombre. Es el espantoso miedo a perder el dominio de la situación — un pavoroso miedo de provocar la ira de Dios al ceder ante los pecados secretos más de la cuenta, o peor aún, ser abandonado en manos del pecado.

La víctima que cede ante la ley del pecado comienza a pensar así: “¿Qué tengo que hacer para triunfar sobre el mal que reina en mí? He derramado un mar de lágrimas, he recurrido a la fuerza de voluntad, me he condenado a mí mismo, he hecho mil promesas de cambiar y he leído todo lo que ha caído en mis manos acerca de cómo ser santo. Pero estoy a punto de caer vencido por el agotamiento. ¿Me abandonará Dios antes de que pueda aprender cómo alcanzar la libertad? ¿Cómo puedo resistir esa fuerza avasalladora que me  impulsa hacia abajo? ¿De qué me vale?”

Aquellos que no están librando esta tremenda lucha interna, o han triunfado por medio de la fe, o no son sinceros. No se afligen por sus pecados, porque han resuelto no hacerles caso. Algunos tienen el corazón endurecido por el pecado, y la conciencia ha dejado de remorderles. Otros se han creado un esmerado sistema de excusas y justificaciones para todo lo que hacen, absolviéndose a sí mismos de toda debilidad y de toda falta.

Es una práctica común entre aquellos que descubren que hay ciertos  problemas  que controlan su vida, dedicarse a estudiar historia, sociología o religión, a fin de hallar una justificación para su conducta. Pero el que busca con sinceridad no puede excusarse con tanta facilidad y vivir feliz consigo mismo.

Tiene que darse cuenta de que hay en él un aspecto carnal repulsivo y admitir: “Soy esclavo del pecado. Nada bueno hay en mí sin Dios. Soy débil, frágil e inclinado al pecado, y necesitado de la ayuda cotidiana de Dios.”

En realidad, cuanto más santo sea un hombre, tanto más consciente estará de su propia condición de pecador.

Hace más de cien años, el gran predicador escocés Alejandro Whyte hizo un llamado a la sinceridad para admitir la lucha que se libra entre las dos naturalezas que hay dentro del hombre.

Al efecto escribió:

Los escritores han tenido miedo de declarar abiertamente toda la verdad acerca de sus tribulaciones. La persona veraz debe admitir que no ha existido jamás nadie tan débil y con un corazón tan malo como ella, ni vida alguna tan mala como la suya; ningún peca­dor tan asediado por tentaciones y pruebas como ella. Debe admitir su propia expe­riencia interior de pecaminosidad; saber que su pecado es dañino; que el pecado a veces ejerce dominio sobre él aún; que una maldad indescriptible está al acecho en su corazón, y que todo esto ocurre en su propio corazón. Esta es la agonía diaria que sufren todos aquellos que están conscientes de lo que pasa en su propio corazón.

De ninguna otra cosa podrá estar tan seguro y convencido como del pecado y la desdicha de su propio corazón malo y de su egoísmo, su envidia, malicia, soberbia, odio, venganza y sensualidad.

Los creyentes son descritos como “hijos obedientes” en 1 Pedro 1:14. No hemos de permanecer bebés, pero no brincamos el proceso de infancia a! crecer en el Señor, I de Pedro 1:14, 15 describe lo que significa la obediencia:

  • “No permitáis que vuestro carácter sea formado por los deseos de vuestros días de ignorancia, pero sed santos en cada parte de nuestras vidas, porque el que os ha llamado El mismo es santo” (Phillips).

La santificación que se refiere al proceso de crecimiento cristiano significa ser puesto aparte, ser santo. Como la salvación la palabra en realidad tiene tres aspectos. Nosotros somos santificados (puestos aparte) cuando somos salvos. De esta suerte, cada creyente es un santo. Si estamos creciendo, estamos constantemente en el proceso de la santificación (siendo hechos santos).

Finalmente nuestra santificación será completada (seremos hechos santos) cuando nos encontremos con Cristo en la eternidad. Los bautistas no creemos que nadie alcanza la plena santificación (perfección; impecable) en esta vida, aunque la perfección debe ser una meta hacia la cual nos debemos esforzar’.

Mateo 6:33 manda: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”.

Jesús tiene prioridades para la forma en la que vivimos nuestras vidas. Muchas cosas claman pidiendo la prioridad en nuestras vidas.

Necesitamos aprender por medio del estudio de la Escritura a determinar lo que es importante en la vida. La vida es más importante que las posesiones materiales: (vea Lc. 12:15). Se nos manda que seamos fortalecidos en el poder de Dios (vea Ef. 6:10). Debemos vivir, enterados de nuestra responsabilidad para con Dios (vea Ro.14:12).

La meta de la vida cristiana está hermosamente expresada por Pablo en Filipenses 3:10-12:

  • “A fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte, si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos. No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo por ver si logro asir aquello para lo cual fué también asido por Cristo Jesús”.

En este pasaje de la Escritura Pablo nos da la razón para crecer. Uno pensaría que después de tantos años de servir a Cristo, Pablo hubiera tenido un entendimiento completo de Jesús y la vida cristiana. Pero él sabía que el crecimiento es un proceso continuo y que hay mucho más que aprender y ser.

Conocer a una persona es mucho más que conocer de ella.. Conocer de alguien tiene valor, pero conocer tiene vitalidad. El verbo conocer indica conocimiento basado en la experiencia; personal. Conocer a Cristo Jesús es entender nuestro proposito en el plan de Dios. El deseo de Pablo era cumplir todo lo que Dios tenía en mente para que él hiciera cuando lo salvó en el camino a Damasco.

Pablo confesó que no había alcanzado la completa madurez. Note la magnífica obsesión de Pablo en los versículos 13 y 14: “Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás y extendiendo me a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”.

Esta clase de compromiso trae madurez.. Es desarrollarse y no permanecer estático, creciendo continuamente hacia la perfección. Pablo estaba cogido en la misión’, el sueño, y la visión que Dios le había dado. El no quería desilusionar a Jesús, al no alcanzar el propósito para el cual: había sido salvo. Como un corredor en una carrera —el pasado estaba detrás, y la línea final estaba por delante— Pablo se estiró para alcanzar su meta.

Efesios 1:15-20 expresa una hermosa oración de Pablo por los cristianos efesios.

  • “Por esta causa también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y de vuestro amor para con todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones, para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál fe supereminente grandeza de su poder para con nosotros-los que creemos, según la operación del poder de su fuerza.,. La cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales”.

Esta oración de Pablo por los efesios incluye algunas im­portantes peticiones que se relacionan con todos: los cre­yentes. Primero, Pablo oró para que los cristianos efesios tuvieran “espíritu de sabiduría” (v. 17). La palabra griega por sabiduría es sofia. Esta palabra se refiere al entendimiento práctico que viene como un don de Dios. En el contexto de este versículo se refiere a entender la revelación que’Dios ha dado de sí mismo.

En seguida Pablo oró que los ojos de sus corazones fueran alumbrados (v. 18). El corazón significa el ser interior. La idea de los ojos del corazón sugiere que los hombres necesitan más que alumbramiento intelectual. Las realidades sólo se pueden comprender por el corazón; solo se pueden ver por el ser espiritual. Las realidades que Pablo quería que los efesios vieran son “la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su he Anda en los santos, y cuál la supereminente grandeza de su poder para con noso­tros los que creemos” (vv. 18,19).

Pablo no explicó cuál es la esperanza a la que hemos sido llamado, pero la idea parece ser la esfera total del logro espiritual que Dios ha hecho posible para nosotros. La herencia de la cual se habla es la herencia del pueblo de Dios, y la abrumadora abundancia de los dones de Dios a Su pueblo. El incomparable poder al cual se hace referencia en el versículo 19 es el poder de Dios que levantó a Jesús de entre los muertos y lo exaltó en los lugares celestiales (vea v. 20). La palabra para poder en este versículo es dunamis. Ella significa poder, fuerza y vitalidad. Nuestra palabra dinamita viene de esta palabra. La asombrosa verdad es que este poder está disponible para nosotros los que creemos (v. 19).

El propósito para todo lo que Dios ha dado es cumplir Su propósito en nuestras vidas. Una frase en el versículo 17 resume la meta de la vida cristiana: “el conocimiento de El”.

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Bibliografía consultada

La teologia de Finney parte 4

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La Nueva Escuela de teología tiene sus raíces remotas en el calvinismo de Jonathan Edwards, pero su antecedente inmediato fue la teología de Nueva Haven de Nathaniel Taylor, quien abogó por una teología de gobierno moral. Él sintetizó los elementos morales de sentido común la filosofía escocesa con reinterpretaciones de las tradicionales calvinismo para construir un renacimiento del semi – pelagianismo. Negar la imputación del pecado de Adán y afirmando que el hombre no regenerado puede responder a las proposiciones morales, especialmente la muerte de Cristo, Taylor argumenta que los hombres no necesitan esperar pasivamente a que el Espíritu Santo los redima. Sus puntos de vista reflejan una larga lista del concepto americano de fe en la libertad humana.

Quizá sea de beneficio para mis hermanos evangélicos el conocer que la gran mayoría de los teólogos del siglo 17 consideraban que la salvación era una obra de gracia de principio a fin. Jamás pensaron que el pecador podía salvarse a sí mismo, o en alguna manera contribuir a la salvación en algún aspecto. Era su firme convicción de que el pecado de Adán había arruinado a la raza entera. Todos los hombres estaban espiritualmente muertos y sus voluntades eran esclavas del pecado y Satanás. La capacidad de creer en el evangelio era en sí un don de Dios, otorgado solamente a aquellos que El hubo escogido para ser los beneficiarios de Su favor inmerecido. No era el hombre, sino Dios, el que determinaba cuáles pecadores recibirían Su misericordia y serían salvos.

Los cristianos que creemos en la Depravación Total [1] del ser humano y en la Elección Incondicional [2] por parte de Dios de aquellos que serán salvos (los predestinados), somos a menudo confrontados con el argumento de que si nuestras doctrinas son correctas, entonces la tarea de evangelizar no tiene sentido. Nos dicen que nuestras doctrinas nos ponen en contra de la Escritura, la cual nos convoca a predicar el evangelio a tiempo y fuera de tiempo. Si Dios, nos dicen, ya ha predestinado a algunos para ser salvos, es obvio que no es necesario llamar a los hombres al arrepentimiento.

Los que sostienen tal posición son los mismos que creen que la fe es algo que se inicia en el hombre. Sin embargo, la Escritura es bien clara respecto a que la fe es un don de Dios. Algunos han rechazado esta verdad porque están convencidos que a menos que la fe sea entendida como un acto originado en el libre albedrío del hombre, o sea algo que todos los hombres pueden hacer en cualquier momento que ellos deseen, entonces el evangelismo personal es una tarea inútil.

Yo sostengo que debo permanecer en lo que Dios enseña a cualquier coste. La doctrina de la total incapacidad espiritual del hombre para creer o arrepentirse, de ninguna manera elimina la urgencia y necesidad de llamar a los pecadores para Cristo. Por el contrario, esa doctrina incrementa la urgencia y desesperación de los pecadores. Los empuja a buscar a Dios diligentemente.

2. La doctrina de la expiación:

Mientras líderes de la escuela vieja atacó duramente a la teología de Taylor, evangelistas y ministros como Charles G Finney, Lyman Beecher, y Barnes Albert lo popularizó. Finney utiliza la teología de Taylor para redefinir revivals como las obras que el hombre puede realizar utilizando los medios que Dios ha provisto. Con una base teológica, introdujo su famoso “nuevas medidas”, como refiriéndose a sus oyentes como “pecadores” y llamarlos a sentarse en un banco de ansiedad “mientras contemplaba la conversión a Cristo.

En cuanto a la doctrina de la expiación, Finney enseñaba que Cristo no murió en sustitución de los pecadores, tomando sobre Si el castigo que ellos merecen por sus pecados.

“Estrictamente hablando, la justicia retributiva nunca puede ser satisfecha, en el sentido de que el culpable pueda ser castigado por tanto tiempo y en la extensión que merece; pues esto implicaría ser castigado hasta dejar de ser culpable, o hasta hacerse inocente… Suponer, por tanto, que Cristo sufrió en cantidad todo lo que debía por los elegidos, es suponer que El sufrió un castigo eterno multiplicado por todo el número de los elegidos” (pg. 219; lecture 13).

Finney pierde de vista aquí que la satisfacción rendida por Cristo en la cruz del calvario no mira a la ley como un ente independiente siendo satisfecha en sí misma, sino que mira al Padre, el Dador de la ley, como aquel cuya justicia es satisfecha.

Ahora bien, Finney no niega del todo el elemento de satisfacción en la muerte de Cristo, pero no en el mismo sentido en que lo afirmaban los reformadores. Para Finney la expiación de Cristo tuvo el propósito de a ser un despliegue público de justicia. Al morir en la cruz Cristo sirve de modelo o de ejemplo para que los impíos no piensen que pueden pecar con impunidad.

En otras palabras, cuando Cristo murió en la cruz no estaba padeciendo en sustitución de nadie, sino más bien demostrando cuan seriamente toma Dios su ley y la virtud moral. La muerte de Cristo le muestra a una humanidad culpable que cualquiera puede ser perdonado, siempre que sea adecuadamente afectado por la muerte de Cristo y traído por ella al arrepentimiento.

En cuanto a la relación de la fe con la justificación, Finney señala:

“Me temo que ha habido mucho error en la concepción de muchos sobre este asunto. Ellos han hablado de la justificación por la fe como si supusieran que, por un señalamiento arbitrario de Dios, la fe fuera la condición, y la única condición de la justificación… Estas personas… hablan de la justificación por la fe; como si fuera por fe, y no por Cristo a través de la fe, que el pecador penitente es justificado; como si la fe, y no Cristo, fuese nuestra justificación… Pero no debemos nunca olvidar que la fe que es la condición de la justificación, es la fe que obra por el amor” (pg. 366, lect. 25).

Una vez más vemos cómo Finney caricaturiza la doctrina reformada en varios aspectos. Por un lado, ninguno de los reformadores enseñó que la fe fuese un señalamiento arbitrario de parte de Dios. Tampoco enseñaron que la fe en sí misma justifique al pecador; lo que él está atacando aquí sería atacado por los mismos reformadores como antinomianismo. El problema es que, al atacar esa caricatura, rechaza también la doctrina bíblica de que la justicia de Cristo es imputada al creyente por medio de la fe.

La Expiación de Cristo: Reconciliación

T.W. Hunt cuenta en La Doctrina de la Oración de aconsejar a una mujer y finalmente enfrentarla con la pregunta

“Si la sangre de Jesús la limpia a usted, ¿cuan limpia quedará?”2

Yo estaba entrenando consejeros en Dayton, Ohio, para una cruzada evangelística. Un consejero trajo a la cruzada a una mujer joven que había ganado para Cristo. La mujer era adicta a las drogas y sus brazos tenían muchas marcas de aguja. Cuando pasó al frente en la cruzada para hacer pública su decisión, ella dijo: “Hoy me he encontrado con Jesús y El me ha limpiado. Ya no estoy sucia. Estoy limpia otra vez”.

Cristo murió para reconciliar a un pueblo separado de Dios. La palabra reconciliación pinta una separación, una enemistad entre cada persona y Dios^ por el pecado (vea Ro. 5:10). Cristo trajo a Dios y a las personas que creen en El a una relación correcta. Dios no cambia; la reconciliación no es el proceso de cambiar a Dios para que se complazca con nosotros. El pecado nos separa de Dios. El problema del pecado tenía que ser tratado, pues ¡Dios esta en oposición al pecado y al mal. Pero Dios inició una forma de reconciliación (vea Ro. 5:11). Somos nosotros los que somos cambiados, nosotros somos reconciliados con Dios, no Dios con nosotros (vea 2 Co. 5:18-20; Col. 1:21, 22).

La reconciliación no significa reformación o “hacerse religioso”. Ni significa tampoco que enemigos comunes son traídos a la unidad. El Dios soberano, quien podría juzgamos justamente, ha provisto una manera para transformarnos por medio de un nuevo nacimiento (vea Jn. 3). Nuevo nacimiento es una combinación de dos palabras. La primera palabra palabra griega, genenté, es traducida es nucido. La segunda palabra griega, ánothen, tiene tres significados: de arriba; del principio; y otra vez, de nuevo. La idea de renacer y recreación se encuentra en varios pasajes del Nuevo Testamento (vea Ro. 6:11; Gá. 6:15; Tit. 3:5; Stg. 1:18; 1 P. 1:3, 23; 1 Jn. 2:29; 3:9; 4:7; 5:1, 4, 18).

Dios no nos creó para estar enemistados con El. Cuando somos reconciliados, comenzamos el proceso de ser aquello para lo cual fuimos creados: personas en paz con Dios y el uno con el otro (vea Ef. 2:11-21). Nuestro mundo está lleno de contienda, hostilidad y guerra. Cristo es el camino a la paz.

La Expiación de Cristo: Propiciación y Expiación

Los teólogos difieren en sus interpretaciones de las enseñan­zas bíblicas en cuanto a la propiciación y la expiaoón. Ambas palabras son traducción de la palabra griega hilasmx. En varías formas se usa en Romanos 3:25; Hebreos 2:17; 1 de Juan 2:2; 4:10. La versión Reina Valera 1960 traduce esta palabra corno propiciación (excepto en Hebreos 2:17 donde la traduce expiación). El Diccionario de la Santa Biblia por W, W. Rand, dice que propiciación se refiere al acto de apaciguar la ira de aquel contra quien se ha cometido una ofensa, mien­tras que expiación es un acto por el cual se da satisfacción por *un Gimen, y se cancela la responsabilidad contraída por su comisión.

Los que prefieren traducir hilasmos como expiación enfatizan que el pecador es reconciliado por medio del sacrificio de Cristo. Dios provee los medios para esta reconciliación qui­tando la causa de nuestra separación de Dios. El pecado es expiado por el sacrificio de Cristo, así que aquello que nos separa de Dios se quita, es posible allegamos a Dios por medio de Cristo. La expiación no da atención al hecho de que la ira de Dios se apacigua, sino a la acción de Dios por medio de Cristo, de quitar la barrera del pecado que separa a los pecadores de Dios.

Otros eruditos como León Morris, prefieren traducir hilas­mos y otras formas de la palabra como propiciación. Esos teólogos piensan que la idea de la expiación ignora lo que la Biblia enseña acerca de la ira de Dios contra el peca­do.

Millard J. Erickson escribe,

“Los numerosos pasajes que hablan de la ira de Dios contra el pecado son evidencia de que la muerte de Cristo fue propiciatoria”.3

Refiriéndose a varios pasajes de los escritos de Pablo, Eridcson dice,

“La idea de Pablo sobre la muerte de Cristo… no es simple­mente que quita el pecado y limpia de su corrupción (expia­ción), sino que el sacrificio también apacigua a Dios quien odia el pecado y esta radicalmente opuesto al mismo (propiciacion)

Existen otras versiones que no usan ni propiciación ni expiación al traducir hilasmos. En algunos casos como I Jn. 2:2 la traducen sacrificio expiatorio y hacer “sacrificio”. La verdad importante sobre este tema es que el problema del pecado humano y la separación de Dios fue considerado y contestado en el sacrificio de Cristo en la cruz.

Notas:

1. Depravación Total — Luego de la Caída de la raza humana, el hombre es incapaz de creer en el Evangelio para salvarse. El pecador está espiritualmente muerto, ciego y sordo en cuanto a las cosas de Dios. Su voluntad no es libre (no tiene libre albedrío) en lo relacionado con la dimensión espiritual y es esclavo de su naturaleza pecaminosa. En consecuencia necesita ser regenerado, no asistido, por el Espíritu quien le da vida y una nueva naturaleza. La fe en sí misma no nace del hombre, sino que es un regalo de Dios al pecador.

2. Elección Incondicional — La elección de ciertos individuos para salvación por parte de Dios antes de la fundación del mundo se origina únicamente en Su soberana voluntad. No fue basada en su preconocimiento de que algunos individuos responderían al Evangelio, ni en la obediencia, ni la fe, ni el arrepentimiento de estos individuos. Por el contrario, es Dios quien da fe y arrepentimiento a aquellos que El selecciona. Nada en el hombre, bueno o malo, virtuoso o malvado, determina la predeterminación de Dios sobre ellos. Es Dios quien por el poder del Espíritu, trae al individuo seleccionado a aceptar voluntariamente a Cristo. Es Dios quien escoge al pecador, no al revés.

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