La hoguera de Galileo y la guillotina de Lavoisier

La hoguera de Galileo y la guillotina de Lavoisier

27.11.08 @ 20:12:27.

Vuelve la polémica del caso Galileo, ahora que el Vaticano quiere reeditar las actas del proceso, para acabar con tópicos y malentendidos. Y sobre todo con la idea errónea de la incompatibilidad entre fe y ciencia.


Galileo por Leoni

Puntualicemos:

1. No se puede declarar herético a un señor por decir que la Tierra gira alrededor del Sol y someterlo a un proceso condenatorio, que es lo que hizo el Tribunal del Santo Oficio en 1616. Vaya por delante.

2. Pero tampoco se le puede colgar al Vaticano injustos sambenitos ni velar la verdad de los hechos con falsedades. Según una encuesta del Consejo de Europa entre estudiantes de Ciencias, cerca del 30% están convencidos de que Galileó acabó en la hoguera y el 97% que fue sometido a torturas. Galileo Galilei (1564-1642) murió de muerte natural en su casa, a los 78 años. El arte , la literatura y el cine (Liliana Cavani con su famosa película) se han encargado de alimentar el tópico, durante siglos. Pero la pasión y las mazmorras sólo existían en su imaginación.

3. En realidad, Galileo fue condenado a la cárcel, pero se le conmutó la pena por la de arresto domiciliario, que cumplió en su villa del Gioiello, donde siguió trabajando y publicando. No corrió la misma suerte el médico aragonés Miguel Servet, quemado en la hoguera en Ginebra… pero no por la Iglesia Católica, sino por la inquisición calvinista.

4. Tres de los diez jueces se negaron a firmar la sentencia contra Galileo y la propia Iglesia reconocería el error del tribunal que juzgó al astrónomo. Cuando en 1741 se logró la prueba óptica del giro de la Tierra alrededor del Sol, el Papa Benedicto XIV ordenó que el Santo Oficio diera el “imprimatur” a la primera edición de las obras de Galileo. Y en 1822 hubo una reforma de la sentencia errónea de 1633. Es decir, que la rectificación del Vaticano con Galileo no es de ahora precisamente.

5. Con todo, Juan Pablo II rehabilitó públicamente la figura del astrónomo, rindiéndole un homenaje en 1992. Cosa que, por cierto, no ha hecho Sarkozy, ni antes que él De Gaulle, Mitterrand o Chirac con Lavoissier, considerado el fundador de la química, enviando a la guillotina por un tribunal francés en 1794. Y no hay películas, novelas sobre el suceso, ni polémicas como la de Galileo, a pesar de que el presidente del tribunal dijera aquello de “la República no necesita sabios”.

http://blogs.periodistadigital.com/uranio.php/2008/11/27/la-hoguera-de-galileo-y-la-guillotina-de

Miguel de Servet (IX)

La Trinidad en tiempos de Servet

Miguel de Servet (IX)

Ver Enlaces relacionados con La Reforma Protestante

Aunque solo sea de paso, mencionar algunas posiciones que fueron conformando el concepto trinitario. Después de Nicea el problema a desarrollar era la consubstancialidad del Hijo con el Padre contra el arrianismo y el semiarrianismo. También la consubstancialidad del Espíritu Santo con el Padre y con el Hijo. Sería San Agustín con su obra De Trinitate el máximo de la especulación cristiana. 

 

El “monarquismo adopcionista” enseñará que Cristo es puro hombre, aunque nacido sobrenaturalmente de la Virgen María por obra del Espíritu Santo. En el bautismo de Jesús, Dios adoptó a Cristo como Hijo y le concedió poder divino. El “monarquismo modalista” mantendrá la divinidad de Cristo, pero mantiene la unipersonalidad de Dios y por tanto el Padre se hizo hombre y padeció por nosotros. El arrianismo dirá que el Logos no existe desde la eternidad, no fue engendrado del Padre, pero será la primera criatura sacada de la nada por Dios antes que las demás. El obispo Macedonio de Constantinopla dirá que el Espíritu Santo era una criatura y un ser espiritual subordinado como los ángeles. El nestorianismo también debatiría la doctrina de la divinidad y humanidad de Cristo. Para ellos hay dos personas en Jesucristo, la del Verbo y la del hombre. El hijo de María es distinto del Hijo de Dios. Por tanto si hay dos naturalezas en Cristo existen en Él dos personas. La unión de estas dos naturalezas se realiza de una manera accidental, pues el hombre Cristo no es Dios, sino portador de Dios.   

El monofisismo en su lucha contra el nestorianismo cayó en el otro extremo, es decir que en Cristo no había más que una persona y una única naturaleza, haciendo verdaderas piruetas dialécticas para explicar cómo la divinidad y la humanidad se unían para formar una sola naturaleza. No hemos de olvidar que esta misma palabra “naturaleza” se discute en los círculos más selectos del pensamiento y la acción social, pues “naturaleza humana” y “derechos humanos” no explican la complejidad del ser humano. Entonces unos monofisitas proponían que la naturaleza humana de Cristo se transformaba en la naturaleza divina o que era absorbida por ella, mientras otros proponían la unión de las dos naturalezas para formar una tercera. La edad Media propuso también la cuaternidad, es decir, tres Personas y además la divinidad. Otros como Joaquín de Fiore conciben la unidad de las tres divinas personas como unidad colectiva, estando más próximo al concepto de “elojim” “uno en el que hay varios”. 

El mismo Lutero también censurará la terminología trinitaria, aunque mantiene la creencia en el misterio y es aquí precisamente donde se inicia el enfrentamiento con Miguel Servet. Para los reformadores protestantes, la fórmula trinitaria pertenece al depósito de la doctrina eclesiástica y por tanto no hay más explicaciones en términos que se asemejen a la escolástica. Cualquier moda teológica, como pretendía imponer con su brillantez dialéctica Servet, sería para Felipe Melanchton algo rechazable puesto que la Iglesia antigua ya lo había asentado. 

Cuando en 1531 se publica de Trinitatis erroribus y en 1553 el Christianismi restitutiola novedad servetiana de la Trinidad dejaba de ser la explicación de esencia, naturaleza, sustancia, hipóstasis y persona, para ser tres modos distintos de la manifestación del Ser absoluto. Por tanto no es el concepto del socianismo (Fausto Sozzini -1604) en el que presenta a Dios de manera unitarista, excluyendo la pluralidad de personas, ni de la teología racionalista que considera a las personas divinas como meras personificaciones de atributos divinos como poder, sabiduría, bondad. Servet parece fijarse exclusivamente en el Cristo histórico y como dirá Ángel Alcalá es necesario “equilibrar el relativo antitrinitarismo de Servet. 

Relativo, pues admite que Dios -que, en el sentido filosófico de la palabra persona, es una sola, como el de judíos e islámicos- tiene dos manifestaciones primarias suyas, dos personas en el sentido clásico de funciones o manifestaciones activas. Nada sabríamos de Él, el eterna y trascendentemente escondido, nos dice, si no se nos hubiera manifestado por su palabra creadora (continuada en la evangelizadora de Jesús, su hijo en el tiempo, no en la eternidad) y si al cosmos así creado y a nuestra alma por Cristo redimida no nos comunicara su espíritu, principio de vitalidad y de santidad. 

Bien está recordar que muy otra es la doctrina que se dogmatiza desde el siglo IV, pero a Servet, que aun a las más arduas cuestiones aplica su radicalismo intelectual, no le arredran las interpretaciones tradicionales. Indagando por su cuenta, llega a la conclusión de que el sentido simple y profundo de los textos bíblicos fue traicionado cuando les sobrepusieron elucubraciones filosóficas y gnósticas del neoplatonismo helenístico. Para él, el cristianismo trinitario, con todas las secuelas que conlleva, es una corrupción, y de ella, en la cual especialmente Roma está sumida, debe contribuir él, nuevo arcángel Miguel, a sacarla para ¨restituir el cristianismo¨ y devolverlo a su autenticidad.” (Alcalá Galve, 2004, pág. 10) (GEA, 2000) 

Manuel de León es escritor e historiador

Miguel de Servet (VI)

Sigue el proceso contra Servet

Miguel de Servet (VI)

En el juicio contra Servet el carácter del juicio cambió, de un énfasis sobre la herejía a un énfasis sobre la sedición. Para perseguir esta línea de ataque, el procurador de la República, Claudio Rigot, lo elevó a procesamiento. Sus cargos consistían en que Servet era un carácter peligroso cuyas herejías no sólo eran malas para ellos, sino porque este heresiarca había trabajado con diligencia para extender sus falsas opiniones, por lo que él era una amenaza a la seguridad del mundo entero cristiano (el protestante y el católico – el ortodoxo y heterodoxo parecido) 

 
El día siguiente del interrogatorio que describimos en el artículo de la pasada semana (el 24 de agosto) Servet dirigió una muy larga petición al Consejo, solicitando fuera puesto en libertad. “Esto es una nueva invención, – escribió Servet- desconocido a los apóstoles y los discípulos de la Iglesia antigua, acusar a alguien de la doctrina incorrecta.” En los tempranos días de la iglesia, el peor castigo de la herejía era el destierro: “Suplico ustedes, mis señores, considerar que no he cometido ninguna sedición en sus territorios o en otra parte. Las preguntas religiosas que me hacen son oscuras. Ellas están dirigidas sólo personas cultas y no a la muchedumbre. Yo no debería ser detenido simplemente por dar mis opiniones sobre ciertas preguntas religiosas, sin intención sediciosa. Al menos, ya que soy un forastero en Ginebra y no conociendo su zona y procedimientos legales, solicito a usted designe un abogado para asistirme en mi defensa.   

El Acusador Claudio Rigot se opuso en nombre de la ley y la virtud. Servet recordó al Consejo que él había estudiado leyes, por lo que él no podría ignorar las leyes y constituciones por las cuales los primeros emperadores cristianos no podían dar muerte a los herejes. El preso intentaba privar a los magistrados de Ginebra de su derecho de matarlo, porque ” su propia conciencia los condenaba y demostraba no merecer la muerte.” Y en cuanto a la demanda del preso a un abogado para representarlo, viendo que Servet sabía tan bien mentir, no tenía ninguna necesidad de consejo. ¿Para qué iba a asistirle en tales falsedades impudentes y malos objetivos? A esto había que añadir que estaba prohibido por ley que tales seductores tuviesen un abogado. Además, no hay ni un signo de su inocencia que justificase un abogado. Le sería negado al instante tal solicitud de abogado alegando que esto era ineficaz e impertinente. Así pues la petición del preso fue rechazada por el tribunal sobre todos sus derechos. (Longhurst, 1969, pág. 66) 

Otra vez intervendría Juan Calvino para asumir el procesamiento. El 5 de septiembre él presentó al Consejo treinta y ocho proposiciones sacadas de los escritos de Servet: “que eran proposiciones blasfemas, llenas de errores y quiméricas, y sobre todo completamente repugnantes a la Palabra de Dios y el consentimiento común de la Iglesia.” Esta nueva extensión de acusaciones era parecida a las etapas anteriores. Después del repasar con laborioso detalle estas acusaciones ya familiares contra Servet, Calvino concluyó que ” Servet no tiene ningún otro objetivo, que extinguir la luz la que tenemos de la Palabra de Dios, y suprimir toda religión.” 

Es obvio, que la respuesta de Servet, sería la de quien ha perdido su paciencia y sus esperanzas: 
Diría, que Calvino reclama autoridad en base a las acusaciones preparadas para los doctores Católicos de la Universidad [Sorbonne] de París. Él no entiende mis opiniones y con astucia las deforma. Él tiene una mente confusa que no puede entender la verdad. Él es un desventurado que persiste en condenar lo que no entiende. Con sus doctrinas de la depravación total de hombre y la predestinación al infierno o el Cielo, él privaría al hombre de su humanidad y haría de él un mero bloque de madera o la piedra. Digo que un acusador y un asesino como Calvino no pueden ser ministro verdadero de la Iglesia. 

Los ministros de Ginebra fueron sobresaltados en el mal gusto del preso, y ellos formalmente protestaron al Consejo: ” Servet es un rival desvergonzado. Él vomita insultos sobre Calvino y lo llama un asesino. Él muestra una carencia completa del espíritu de humildad y la mansedumbre. Tal blasfemia terrible no merece ninguna piedad. “Probablemente para darle una lección, ellos dejaron a Servet para refrescar sus descargos en su celda por un tiempo. Después de diez días de esto, el preso escribió una petición a sus captores (el 15 de septiembre). Él estaba todavía enfadado, pero tenía algunos problemas: 

Muy honorables señores. Yo humildemente les pido acabar con estas tardanzas largas o ponerme en libertad. Es obvio que Calvino está perplejo para decir más cosas y conseguir su venganza haciéndome pudrir aquí en la prisión. Los piojos me comen vivo. Mi ropa esta toda rasgada y no tengo nada más para ponerme. También he presentado una solicitud para proveerme de un abogado ya que soy un forastero aquí y no estoy enterado de las normas del país. Pero ustedes han rechazado conceder esta petición, aunque ustedes han permitido a mi opositor tener todo el consejo que él desea. Por lo tanto deseo apelar mi caso a un tribunal más alto, y estoy listo a asumir todos los gastos concernientes a esta petición. 

El Consejo no hizo caso a esta solicitud e invitó al preso a someter otra defensa escrita al tribunal. Servet condescendió y tres días más tarde se dirigió a Calvino personalmente: 

¿Entonces usted cree que Juan Calvino es un asesino? 

“Demostraré que lo es, según sus propios hechos. Estoy firme en que mi causa es buena y no tengo miedo de morir. Pero clamo como un ciego en el desierto, porque la pasión para la venganza se quema en su corazón. Usted miente, usted miente, usted miente, usted es un calumniador ignorante. La locura en usted le lleva a perseguir a otros hasta la muerte. ¿Usted ha propalado por todas partes que soy un hereje, pero qué lugares de la Escritura usted ha citado para demostrarlo? Mis doctrinas heréticas no son encontradas, ni por argumentos, ni por autoridades, sino sólo por su delirio.” 

Cuatro días más pasaron. El 22 de septiembre, Servet envió otra petición al Consejo, preguntando si Calvino estaba siendo enjuiciado por acusarlo falsamente de no creer en la inmortalidad del alma. Si yo lo he dicho o escrito por todas partes, en verdad yo merecería la muerte. Pero no lo he dicho. Por lo tanto, señores, exijo que mi falso acusador sea castigado y sea sometido a prisión como yo, hasta que sea resuelto el caso. Hay otros motivos grandes e infalibles por los qué Calvino debería ser condenado. No es menor, entre ellos, su deseo de reprimir la verdad de Jesucristo por la doctrina de la predestinación contra toda la enseñanza de todos los doctores que alguna vez tuvo la Iglesia. Porque él no debería simplemente ser condenado, sino exterminado, y quitadas sus posesiones para compensarme por mi captura. 

Miguel de Servet (V)

Procesamiento contra Servet

Miguel de Servet (V)

Ver Enlaces relacionados con La Reforma Protestante

En el juicio contra Servet, finalizábamos el anterior artículo explicando que sobre el 23 de agosto (todavía 1553) el carácter del juicio cambió, de un énfasis sobre la herejía a un énfasis sobre la sedición, otro tema palpitante en los corazones de los hombres de Ginebra. Para perseguir esta línea de ataque, el procurador de la República, Claudio Rigot, lo elevó a procesamiento. 

 

Sus cargos consistían en que Servet era un carácter peligroso cuyas herejías no sólo eran malas para ellos, sino porque este heresiarca había trabajado con diligencia para extender sus falsas opiniones, por lo que él era una amenaza a la seguridad del mundo entero cristiano (el protestante y el católico – el ortodoxo y heterodoxo parecido).     

ACUSADOR: A pesar de las advertencias de doctores cultos contra sus libros heréticos, usted siguió publicándolos, sabiendo perfectamente que levantaban un gran tumulto en toda Cristiandad. 

SERVET: No pensé que mis libros molestarían la paz de la Cristiandad. Más bien pensé que ellos ayudarían a guardarla, dando a los hombres reflexivos la oportunidad de contrastar sus pensamientos y así, por la discusión abierta y libre, llegar a la verdad diseminada entre cada uno. Además, si no hubiera publicado la verdad de cristianismo como yo lo veo, ofendería a Dios. Ya que Nuestro Señor nos ha mandado en el décimo capítulo de Mateo, que lo revelado en secreto no debería ser ocultado, sino impartido a otros. Él también nos ha dicho, en el quinto capítulo de Mateo, que nosotros no deberíamos ocultar la luz, ni ponerla debajo del almud, sino puesta donde pueda alumbrar a otros. Así hice lo que pensé dando razón a Dios y mi conciencia. Nunca he procurado levantar la sedición y la turbulencia, sino haber actuado sólo conforme a los mandatos de la Escritura, con la intención de hacer lo bueno. Pensé así restaurar en el cristianismo muchas cosas que han sido perdidas desde tiempos antiguos. 

ACUSADOR: ¿Qué es, por ejemplo, lo que usted piensa está fallando en el cristianismo hoy? 

SERVET: No puedo aceptar la doctrina de Juan Calvino que todos los hombres estén completamente depravados y que ellos estén predestinados al Cielo o el Infierno. 

ACUSADOR: ¿Qué le hace pensar que sus doctrinas serán aceptadas en cambio? 

SERVET: No sé lo que ocurrirá con mis doctrinas, pero muchas cosas a menudo eran rechazadas al principio y aceptadas más tarde. 

ACUSADOR: Usted dice que no ocultó sus opiniones por miedo de ofender a Dios. ¿Por qué entonces usted no expresó sus opiniones cuándo usted estaba en Francia? 

SERVET: En Francia, donde los papistas están en el poder, hay gran persecución, y allí uno sólo echaría perlas a los cerdos. 

ACUSADOR: Usted reclama para sus enseñanzas que no levantaron ningún tumulto. Aún usted deliberadamente anima a la juventud a relajar sus moralidades cuando dice que hasta que ellos alcancen la edad de veinte ellos no estarían obligados al castigo del pecado. 

SERVET: Nunca pensé otra cosa que el castigo por la muerte. Desde luego ellos son sujetos a otros castigos, como los azotes, las hogueras o la prisión. 

ACUSADOR: ¿Usted ha leído el Corán? 

SERVET: Sí lo tengo. 

ACUSADOR: ¿Usted encuentra algunas cosas buenas en ello? 

SERVET: Seguramente. 

ACUSADOR: Sólo podemos concluir entonces que usted ayudaría criar el tumulto en la Cristiandad, ayudando e incitando a los seguidores de Mahoma. 

SERVET: No más ayuda a Mahoma que yo ayudaría al diablo. Pero hasta en lo peor, uno puede encontrar algunas cosas buenas. Y en el Corán hay algunas cosas que declaran la gloria de Nuestro Señor Jesucristo. 

ACUSADOR: Usted es no sólo peleón y problemático sino que usted es también un libertino y un pervertido. ¿Usted alguna vez ha estado casado? 

SERVET: No. 

ACUSADOR: ¿Cómo usted ha logrado evitarlo? 

SERVET: Físicamente soy incapacitado por una ruptura. 

ACUSADOR: ¿Cuántos años hace que usted tuvo esa rotura? 

SERVET: Aproximadamente cinco. 

Dice Longhurst llegado a este momento del interrogatorio: “El pensamiento de repente destella por mi mente. Aquel Claudio Rigot todavía vive. “ 

ACUSADOR: ¿Usted alguna vez pensó casarse? 

SERVET: Sí, pero me abstuve debido a mi incapacidad. 

ACUSADOR: ¿Pero usted no ha oído y observado que hay bastantes mujeres en el mundo para que un hombre no tenga que casarse? 

SERVET: No recuerdo el refrán y ninguna tal cosa, aunque yo pudiera haberlo dicho como una broma, y ocultar mi propia impotencia. 

ACUSADOR: ¿En vista que usted ha vivido una vida tan disoluta y lasciva, qué le da la idea que alguien como usted, quien desprecia la castidad cristiana, podría escribir sobre asuntos de fe cristiana? 

SERVET: Porque he estudiado el Escritura Sagrada para encontrar la verdad y porque, cueste lo que cueste usted dice, he vivido como cristiano. 

ACUSADOR: Usted no sólo ha difamado las doctrinas de nuestra iglesia y las personas de nuestros ministros sino que usted vino a esta ciudad con el objetivo expreso de sembrar sus semillas de herejía aquí y levantar un tumulto en la iglesia de Ginebra. 

SERVET: Sólo puedo contestar, como hice antes, que he sido insultado igualmente por sus propios ministros y que mis difamaciones, como usted las llama, simplemente han sido respuestas en mi propia defensa, se han planteado para indicar los errores de mis críticos. En cuanto a su acusación que vine a Ginebra deliberadamente para instigar la sedición, alguien puede decirle que yo simplemente visité aquí sobre mi camino a Italia, y no tenía ninguna intención de permanencia. 

Manuel de León es escritor e historiador

La condena a Servet

La condena a Servet

Juan Calvino

“La mente humana es una fábrica de ídolos”. (Juan Calvino).

Uno de los episodios más tristes en la vida de Calvino fue la condena a muerte que impuso a Miguel Servet, un prestigioso teólogo y médico español. Servet había publicado un libro donde negaba la divinidad de Cristo porque no creía en la doctrina cristiana de la trinidad.

Sin embargo, lo que influyó más en Calvino para tomar su decisión fue el documento que elaboró Servet describiendo la circulación de la sangre en los hombres, tema que el humanista francés reprobaba de manera tajante. Es así como Servet, huyendo de la Inquisición católica, buscó refugio en Ginebra. Pero allí fue juzgado por Calvino y condenado a morir en la hoguera.

Ver Enlaces relacionados con La Reforma Protestante

Fuente:

icarito.cl

Descripción histórica de momentos decisivos en la publicación de la primera Biblia en español

Descripción histórica de momentos decisivos en la publicación de la primera Biblia en español

Dado que la siguiente investigación histórica está tan bien descrita y documentada, me ha parecido adecuado transcribirla casi textualmente. Se han adicionado algunas reseñas biográficas al final de la misma (de dos científicos: Vesalio y Servet), además de algunas modificaciones menores para clarificar el sentido de la presentación.


“Defensa de Casiodoro de Reina”

por Carlos Gilly

Historia:

La Biblia de Casiodoro de Reina (Nacido en Montemolín hacia 1520 – fallecido en Francfort en 1594) es la primera Biblia completa impresa en lengua española (y también, es la única traducción cristiana con tanto arraigo para las mayorías hispanas, en existencia desde 1569 hasta el día de hoy), pues en la mal llamada Biblia de Cipriano de Valera (Amsterdam 1602), el nuevo editor Valera se limitó, como abajo explicaremos, a cambiar el orden de los libros y a añadir o quitar notas marginales, con alteraciones cuantitativamente mínimas del texto bíblico traducido por Casiodoro, cuyo nombre viene además ostentosamente silenciado en la portada.

Leer el resto de la entrada»