Así sonará la “partícula de Dios” en el LHC

Así sonará la “partícula de Dios” en el LHC

SERGIO PARRA
23 DE JUNIO DE 2010


Siguiendo la estela de la música que nacía de las entrañas del Gran Colisionador de Hadrones (LHC), de nuevo la música podría ser una manera más rápida de detectar el bosón de Higgs, la también llamada partícula de Dios.

El problema del LHC es que aporta tantos datos que se precisa de mucho tiempo y esfuerzo para analizarlos, como si tratáramos de hallar una señal de radio inteligente de todas las ondas que recibimos del espacio exterior. Así pues, se ha desarrollado un método para que los físicos del CERN puedan “escuchar los datos“ y saber reconocer la partícula de Dios cuando finalmente aparezca en el LHC.

El equipo responsable de la “sonificación“ de los datos cree que el oído se adapta mejor que la vista para distinguir los sutiles cambios que pudieran indicar la detección de una nueva partícula.

Así es como explica esta traducción de la física a sonidos Lily Asquith, cienfífica del CERN:

Si la energía está cerca, se oye en un tono bajo y si está más lejos se oye en un tono más alto. Si hay mucha energía se oirá más fuerte y el sonido será más tranquilo si la energía es poca.
El instrumentos para ello es el ATLAS, que mide la energía y se compone de siete capas concéntricas. Cada capa es una nota, y su tono es diferente dependiendo de la cantidad de energía que se deposita en ella.

De hallarse, así es como sonaría la partícula de Dios:

Porque un Dios bueno permite el sufrimiento

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La Fe y la Nueva Física

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Acerca de la necesidad de Pensar…

Como ya deben saber, Jose Saramago, primero Premio Nobel en la lengua portuguesa, falleció este pasado viernes a los 87 años.

Saramago murió en su casa en Lanzarote, en las Islas Canarias, España, después de una larga enfermedad. De acuerdo a Fundación Jose Saramago: “El escritor falleció en compañía de su familia, despidiéndose de una manera serena y tranquila.”

Saramago, el dia de su muerte escribió:

Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar, necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte.(Jose Saramago)

Revista del Expresso, Portugal (entrevista), 11 de octubre de 2008

fuente bibl:

http://cuaderno.josesaramago.org/2010/06/18/pensar-pensar/

Un estudio vincula la religiosidad con el lóbulo temporal derecho del cerebro

Un estudio vincula la religiosidad con el lóbulo temporal derecho del cerebro
Personas con lesiones en esta área cerebral mostraron un comportamiento “hiperreligioso”

En verde, lóbulo temporal. Fuente: Wikimedia Commons.

Las investigaciones sobre lesiones cerebrales han ido proporcionando, en los últimos años, interesantes datos sobre el funcionamiento de la mente humana, y también sobre el reflejo o el origen neuronal de la religiosidad y la espiritualidad humanas. Un estudio realizado por científicos del Institute of Neurology de Londres, ha revelado recientemente que lesiones en el lóbulo temporal derecho del cerebro pueden propiciar la “hiperreligiosidad” de los pacientes. Esta investigación viene a sumarse a otras que han demostrado, por ejemplo, que los daños en el lóbulo parietal derecho propician la espiritualidad o que los tumores situados en las zonas parietales posteriores del cerebro generan una mayor “autotrascendencia”. Por Yaiza Martínez.

Las investigaciones sobre las lesiones cerebrales proporcionan un conocimiento único sobre el funcionamiento de la mente. Si el comportamiento humano se ve modificado por daños en alguna región del cerebro, eso implica que dicha región tiene una función particular, que puede definirse.

Existe una lesión cerebral que consiste en la atrofia de los lóbulos temporales, que son regiones del cerebro situadas aproximadamente detrás de cada sien y que se cree están implicadas en tareas visuales complejas, como el reconocimiento de caras; que son el “centro primario del olfato” del cerebro y, también, que regulan ciertas emociones como la ansiedad, el placer o la ira.

Un estudio reciente sobre esta lesión de los lóbulos temporales, realizado por el neurólogo del Institute of Neurology de Londres, Dennis Chan, ha revelado que, además, uno de estos lóbulos podría estar vinculado con la religiosidad humana.

Según publica la revista Epiphenom, se trataría del lóbulo temporal derecho. La atrofia de este lóbulo temporal concreto se produce raramente, y consiste en que la mayoría del lado derecho del cerebro simplemente se “marchita”.

Chan y sus colaboradores compararon a veinte pacientes con esta atrofia cerebral particular con otros veinte pacientes que presentaban el mismo tipo de lesión, pero en el lóbulo temporal izquierdo.
Ambos grupos de individuos presentaban problemas psicológicos serios, derivados de sus lesiones cerebrales. Sin embargo, en ambos casos los síntomas no eran los mismos.

Esta diferencia radicaría en que el hemisferio cerebral izquierdo controla el habla y la mano diestra. Las lesiones en esta parte del cerebro se notan, por tanto, enseguida. Por el contrario, la atrofia del lóbulo temporal derecho es más sutil.

Los enfermos que la padecen se pierden fácilmente, tienen dificultades para reconocer caras, y presentan una serie de trastornos de comportamiento, como la desinhibición o la obsesión.

En el caso de los veinte individuos con atrofia del lóbulo temporal derecho estudiados, se demostró, además, que dos de ellos tenían alucionaciones visuales con objetos inanimados y otros dos experimentaban las señales recibidas por uno de sus sentidos como captadas por otro sentido diferente.

Además, tres de ellos eran “hiperreligiosos”. En el caso de la otra veintena de pacientes, ninguno presentó esta característica. Los resultados de esta investigación han sido publicados por la revista Brain.

Las lesiones en la parte derecha del cerebro habían sido vinculadas anteriormente con la religiosidad. En un estudio publicado en 2008, y realizado por científicos de la University of Missouri-Columbia, en Estados Unidos, se estableció que los daños en los lóbulos parietales de dicho hemisferio cerebral propiciaban que la gente que los padecía puntuara más alto en mediciones estándar sobre su espiritualidad.

En este caso, fuero analizados 26 adultos con lesiones cerebrales traumáticas en estas áreas del cerebro.

El lóbulo parietal derecho está relacionado con la conciencia del yo en referencia a otros objetos en el espacio, con la conciencia del yo tal y como lo perciben otros en situaciones sociales y con la capacidad de evaluar de manera crítica las capacidades propias.

Región parietal posterior y autotrascendencia

Por otra parte, un estudio publicado por la revista Neuron en febrero de 2010 y realizado por científicos de la Universidad de Udine, reveló a principios de 2010 que los tumores situados en las zonas parietales posteriores del cerebro también provocan rápidos cambios relacionados con la religiosidad.

Tal y como explicamos al respecto en Tendencias21, esta investigación reveló que, en personas que sufrían tumores cerebrales, sólo aquéllas a las que se les extirparon tumores de las zonas parietales posteriores del cerebro vieron modificados sus niveles de “autotrascendencia”, que es una de las tres dimensiones del carácter que, según la psicología, agrupa las características de espiritualidad, misticismo, pensamiento mágico y religioso, así como la visión de uno mismo como parte integral del universo.

La autotrascendencia, en definitiva, nos hace sentirnos como una parte integral del universo y, desde el punto de vista científico, sirve para medir el comportamiento espiritual de cada individuo.

Religión y cerebro

Desde hace unos años, y gracias a los avances tecnológicos alcanzados, que permiten el registro de a actividad neuronal del cerebro, la neurociencia ha intentado explicar la religiosidad y la espiritualidad humanas desde una perspectiva puramente fisiológica.

Así, por ejemplo, en investigaciones neurológicas recientes se han descubierto las zonas del cerebro implicadas en las experiencias místicas e, incluso, se ha llegado a crear un mapa que definiría el “cerebro místico”.

Estos avances abren un interesante debate sobre si estos descubrimientos pueden considerarse una demostración de la existencia de Dios o, por el contrario, constatarían únicamente que la experiencia religiosa es tan sólo un producto más de la actividad cerebral del ser humano.

Artículos relacionados

Martes 15 Junio 2010, Yaiza Martínez, http://www.tendencias21.net/Un-estudio-vincula-la-religiosidad-con-el-lobulo-temporal-derecho-del-cerebro_a4561.html

manifestaciones religiosas

manifestaciones religiosas

La religión es un sistema de la actividad humana compuesto por creencias y prácticas acerca de lo considerado como divino o sagrado, tanto personales como colectivas, de tipo existencial, moral y espiritual. Se habla de «religiones» para hacer referencia a formas específicas de manifestación del fenómeno religioso, compartidas por los diferentes grupos humanos. Hay religiones que están organizadas de formas más o menos rígidas, mientras que otras carecen de estructura formal y están integradas en las tradiciones culturales de la sociedad o etnia en la que se practican. El término hace referencia tanto a las creencias y prácticas personales como a ritos y enseñanzas colectivas.

Definir qué es religión (del latín religare o re-legere) ha sido y es motivo de controversia entre los especialistas. Según el sociólogo G. Lenski, es «un sistema compartido de creencias y prácticas asociadas, que se articulan en torno a la naturaleza de las fuerzas que configuran el destino de los seres humanos».[1] Por su parte, el antropólogo Clifford Geertz propone una definición alternativa: «La religión es un sistema de símbolos que obra para establecer vigorosos, penetrantes y duraderos estados anímicos y motivaciones en los hombres, formulando concepciones de un orden general de existencia y revistiendo estas concepciones con una aureola de efectividad tal que los estados anímicos y motivaciones parezcan de un realismo único».[2] Debido al amplio espectro de usos de la palabra, resulta especialmente complejo ofrecer una definición exhaustiva de la religión o del fenómeno religioso. Sin embargo, se puede afirmar que, como hecho antropológico, engloba entre otros los siguientes elementos: tradiciones, culturas ancestrales, instituciones, escrituras, historia, mitología, fe y credos, experiencias místicas, ritos, liturgias, oraciones…
Aunque la antropología ha recogido manifestaciones religiosas desde el primer momento de la existencia del hombre y éstas han influido decisivamente en la configuración de las diversas culturas y sociedades, todavía se discute si es un fenómeno esencial del hombre o puede ser reducido a otras experiencias o aspectos humanos más fundamentales. El ser humano ha hecho uso de las religiones para encontrar sentido a su existencia y para dar trascendencia y explicación al mundo, el universo y todo lo imaginable.
La palabra «religión» en ocasiones se usa como sinónimo de «religión organizada» u «organización religiosa», es decir, instituciones que respaldan el ejercicio de ciertas religiones, frecuentemente bajo la forma de entidades legales.
Diversas ciencias humanas se han interesado por el fenómeno religioso desde sus respectivos puntos de vista como por ejemplo la antropología, la sociología, la psicología y la historia de las religiones. Por otro lado, disciplinas como la fenomenología de la religión estudian específicamente sus manifestaciones intentando dar con una definición exhaustiva del fenómeno y mostrar su relación con la índole propia del ser humano.
En un sentido más amplio, también se utiliza para referirse a una obligación de conciencia que impele al cumplimiento de un deber.[3]
Etimología
La etimología del término ‘religión’ ha sido debatida durante siglos debido a las dos interpretaciones que se han sostenido que además de ofrecer una propuesta acerca del origen de la palabra, subrayan alguna actitud religiosa.
Antes de ser usada con un sentido relacionado con las divinidades, el término «religión» o «religioso» era utilizado para expresar un temor o un escrúpulo supersticioso. Así consta en textos de Julio César (De Bello Gallico VI 36) y Tito Livio (Historia de Roma desde su fundación IV 30).
La primera interpretación relacionada con el culto es la del orador latino Cicerón que en su obra De natura deorum ofrece la siguiente etimología: «Quienes se interesan en todas las cosas relacionadas con el culto, las retoman atentamente y como que las releen, son llamados «religiosos» a partir de la relectura.[4] Esta etimología —filológicamente más correcta— subraya la fidelidad a los deberes que la persona religiosa contrae con la divinidad y por tanto está más relacionada con la justicia.[5]
La otra etimología propuesta por Lactancio hace derivar la palabra «religión» del verbo latino religare: «Obligados por un vínculo de piedad a Dios estamos “religados”, de donde el mismo término “religión” tiene su origen, no —como fue propuesto por Cicerón— a partir de “releyendo”».[6] Este segundo sentido resalta la relación de dependencia que «religa» al hombre con las potencias superiores de las cuales él se puede llegar a sentir dependiente y que le lleva a tributarles actos de culto.[7]

La definición del amplio espectro de significados que refleja el concepto religión en cuanto implica encontrar un elemento propio, distintivo y único, es una exigencia propia de las culturas occidentales,[8] ya que son éstas las que desde una postura más teísta distinguen entre divinidad y el resto del mundo. Especialmente, desde la Ilustración se han elaborado muchas y variadas definiciones intentando recoger los aspectos propios del fenómeno religioso. Aquí se mencionarán los más significativos. Es obvio que las definiciones que parten de un Ser Supremo o lo dan por supuesto se han de rechazar pues no se aplican a muchas religiones de Asia oriental o a los pueblos primitivos.
Una posibilidad es intentar una definición desde el punto de vista de las personas que practican la religión. Así encontramos propuestas como las de Friedrich Schleiermacher: «sentimiento de dependencia absoluta» que luego distingue este sentimiento de los tipos de dependencia relativa. William James subraya más bien «el carácter entusiasta de la adhesión» de los miembros de las religiones. Desde este punto de vista se pueden considerar elementos como los sentimientos, los factores experienciales, emotivos o intuitivos, pero siempre desde una perspectiva más bien individualista.
Con el estudio que las diversas ciencias humanas (sociología y antropología cultural especialmente) han realizado de la religión, se ha logrado formular otro conjunto de definiciones que consideran este fenómeno en su ámbito social y cultural. La conocida definición del sociólogo francés Durkheim entra en este grupo: «Una religión es un sistema solidario de creencias y de prácticas relativas a las cosas sagradas. […] Toda sociedad posee todo lo necesario para suscitar en sus miembros la sensación de lo divino, simplemente a través del poder que ella ejerce sobre ellos».[9]
Sin embargo, con la llegada de la fenomenología de la religión, se intentó ir más allá de las formas que buscaban el núcleo propio del fenómeno en la sociedad o en los aspectos individuales. Y en ese ámbito se identificó como propio de la religión el hecho de la presencia o consciencia de lo sagrado. Rudolf Otto en su obra, Lo santo, publicada en 1917, indica como esencia de la consciencia religiosa el temor reverencial ante aquello que, siendo desconocido (mysterium), al mismo tiempo sobrecoge (tremendum) y atrae casi irresistiblemente (fascinans).[10]
Sin embargo, estos elementos que Otto refiere como propios de la experiencia religiosa parecen estar ausentes en las religiones asiáticas. En Mircea Eliade se da una ampliación de la noción de «sagrado» que perfecciona la definición de Otto. Habla de espacios, cosas y tiempos sagrados en la medida en que estos se relacionan con simbolismos y rituales propios de las religiones. Así la religión es la configuración u organización de la existencia a partir de dimensiones profundas de la experiencia humana que relacionan al hombre con algo que se le presenta como último y trascendente. Tales dimensiones varían de acuerdo con las circunstancias y culturas.
Laicismo religioso
A partir del siglo XVIII, con la irrupción del humanismo y el movimiento de los ilustrados en Europa, que se extenderá con rapidez a otras partes del mundo, se intenta separar la doctrina del Estado de la doctrina religiosa. Actualmente, estas ideas de separación de los poderes político y religioso aún no ha concluido. En buena parte del planeta apenas ha empezado, y en los países occidentales, aunque observan la laicidad del estado, todavía la religión puede actuar con una enorme influencia en sus legislaciones. Por ejemplo en el caso de Estados Unidos[11] o el de España[12]
En los países asiáticos, la separación entre Estado y religión está más o menos implícita de cierto laicismo. China, Japón, Vietnam y otros países del sudeste asiático conllevan cierto laicismo estatal en su propia historia al ser países en donde coexisten distintas religiones. En el caso de Tailandia o Sri-Lanka, con mayorías budistas, en más de un 90%, se mantienen debates sociales para afrontar el laicismo del Estado y diversos cambios legales.[13]
En los países con mayorías musulmanas hay distintas aproximaciones a la laicidad del Estado. Países como Turquía o Siria son más laicos, mientras que otros como Irán o Arabia Saudí se definen como islámicos. El mundo islámico es variado y complejo, y existen movimientos tanto secularizadores como prorreligiosos.[14]
Israel es un estado laico, si bien se proyecta como religioso. India es un caso parecido, también es un país laico, aunque su organización social y legislación, continúan siendo muy influidas por la religión. En estos casos están influidos, en buena medida, por el componente étnico de sus religiones mayoritarias.

http://predicandolareligion.blogspot.com/

Las Creencias

Hay gente creyente, fiel a sus convicciones, que tiene una fe genuina en una doctrina religiosa, que está dispuesta a compartir sus rituales y su modo de ver el mundo; y otros que afirman no creer en algo más allá de la materia.

Pero también hay una franja intermedia de personas que tienen una cosmovisión personal, que no difiere tanto de las creencias de las cosmovisiones tradicionales, pero que no participan de institución alguna, viviendo esa experiencia religiosa en forma íntima y directa sin necesidad de practicar rituales convencionales, pero que pueden orar y meditar solos, con el mismo propósito de establecer contacto con Dios o con su propia esencia.

La ciencia, a partir de los adelantos científicos, se ve obligada a incursionar en un terreno que trasciende lo físico y penetrar en el campo de la realidad subatómica, que deja de pertenecer al mundo visible y se convierte en algo inmaterial, formando parte de un campo de probabilidades, desde donde las partículas aparecen y desaparecen según son observadas y pueden estar en distinto lugar al mismo tiempo.

Todos estos fenómenos, que antiguamente podían pertenecer al campo de la metafísica, ahora pertenecen al campo de la ciencia.

Así, surgen nuevos movimientos científicos-filosóficos que proponen una cosmovisión basada en los descubrimientos de la ciencia y en la posibilidad de llegar a conocer esta realidad, donde el azar parece no tener lugar y tratando de descubrir cómo surgió el Universo, si es eterno o si comenzó en algún momento, si es infinito o si tiene límites, quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos.

Algunas de estas formas de pensar y creer, proponen la existencia de una inteligencia en todas las cosas, superior a la del hombre pero de la misma naturaleza capaz de pensar racionalmente como para crear este Universo y mantenerlo. La inteligencia, por lo tanto, no sería una cualidad estrictamente humana sino lo que caracteriza a todas las cosas y a todo el universo del cual participamos.

Algunas de estas posturas sostienen que la Tierra, los planetas y las estrellas son seres vivos porque a nivel subatómico tienen movimiento, sufren modificaciones, tienen mecanismos de defensa y los mismos propósitos evolutivos. Todo tiene vida y evoluciona y no existe la no-vida o la muerte, sólo existe la transformación y la eternidad de la conciencia.

Según estas propuestas, el pensamiento es lo que produce los fenómenos, porque de acuerdo con la teoría cuántica la atención transforma la realidad virtual en material.

Todo lo que pensamos se puede convertir en hechos reales, porque todos los acontecimientos y las cosas posibles se encuentran en un campo potencial y se materializan según nuestras intenciones.

Algunos creen que el Universo es mental y que la realidad es sólo una ilusión, un producto de la mente; y que basta pensar lo que deseamos para obtenerlo, tal como pensaban los antiguos filósofos orientales hace miles de años.

El hombre de esa época pudo intuir lo mismo, que lo que está descubriendo ahora la ciencia.

Estas nuevas cosmovisiones se identifican en gran parte con las doctrinas de las religiones orientales, y también creen en la reencarnación de la conciencia en otra vida de superior nivel evolutivo, para los que han sido éticos, y a un nivel inferior menos evolucionado si merecen retroceder; y estas sucesivas reencarnaciones tienen el propósito de alcanzar la perfección para poder unirse al Todo.

http://filosofia.laguia2000.com/ciencia-y-filosofia/las-creencias
RESURRECCION

¿Podemos demostrar históricamente la Resurrección de Cristo o simplemente debemos creerla por fe?

La Resurrección de Cristo es un hecho de fe y también un acontecimiento histórico comprobable.

La Resurrección de Cristo “fue un acontecimiento histórico demostrable por la señal del sepulcro vacío y por la realidad de los encuentros de los Apóstoles con Cristo resucitado”. Sin embargo, la Resurrección también es “centro que trasciende y sobrepasa a la historia”.

La Resurrección de Cristo es un hecho demasiado importante como para quedar referido sólo como un acontecimiento histórico. En la Resurrección de Cristo está el centro de nuestra fe, porque “si no resucitó Cristo, vana es nuestra predicación, vana también vuestra fe” (1 Co. 15, 14), nos advierte San Pablo.

La Resurrección constituye ante todo la confirmación de todo lo que Cristo hizo y enseñó. Todas las verdades, incluso las más difíciles de comprender por el ser humano, encuentran su comprobación porque Cristo, al resucitar, ha dado la prueba definitiva de su autoridad como Dios .

Pero, además, la Resurrección de Cristo, es comprobable históricamente. Los discípulos han atestiguado que verdaderamente se encontraron y estuvieron con Cristo resucitado. El sepulcro vacío y las vendas en el suelo (cf. Jn. 20, 6)significan por sí mismas que el cuerpo de Cristo ha escapado de la muerte y de la corrupción del cuerpo, consecuencia de la muerte.

El primer elemento que se encuentra sobre la Resurrección de Cristo es el sepulcro vacío, lo cual no es realmente una prueba directa. De hecho la ausencia del cuerpo podría explicarse de otro modo. María Magdalena creyó que “se habían llevado a su Señor” (Jn. 20, 13). Las autoridades, al ser informados por los soldados de lo sucedido los sobornaron para que dijeran que“mientras dormían, vinieron de noche los discípulos y robaron el cuerpo de Jesús” (Mt. 28, 11-15).

Sin embargo, el hecho es que las mujeres, luego Pedro y Juan, encontraron el sepulcro vacío y las vendas en el suelo. Y San Juan nos dice en su Evangelio que él “vio y creyó” (Jn. 20, 8).Esto supone que, al constatar el sepulcro vacío, supo que eso no podía ser obra humana y creyó lo que Jesús les había anunciado. Además, intuyó que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn. 11, 44).
Las apariciones de Jesús Resucitado a tantos, comenzaron por las mujeres que iban a embalsamar el cuerpo de Jesús (cf. Mc. 16, 1; Lc. 24, 1) y que, por instrucciones del Resucitado fueron las mensajeras de la noticia a los Apóstoles(cf. Lc. 24, 9-10). Esta noticia fue confirmada por la aparición de Cristo, primero a Pedro, después a los demás Apóstoles. Y es por el testimonio de Pedro que la comunidad de seguidores de Cristo exclama: “¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón” (Lc. 24, 34).

Ante éstos y muchos otros testimonios de apariciones del Resucitado, es imposible no reconocer la Resurrección de Cristo como un hecho histórico.

Pero, además, sabemos por los hechos narrados que la fe de los discípulos fue sometida a la durísima prueba de la pasión y de la muerte en cruz de Jesús. Fue tal la impresión de esa muerte tan vergonzosa que -por lo menos algunos de ellos- no creyeron tan pronto en la noticia de la Resurrección.

Tengamos en cuenta que los Evangelios no nos muestran a un grupo de cristianos entusiasmados porque Cristo iba a resucitar o siquiera porque había resucitado. Muy por el contrario, nos presentan a unos discípulos abatidos, confundidos y asustados. Por eso no le creyeron a las mujeres y “las palabras de ellas les parecieron puros cuentos” (Lc. 24, 11).

Tan imposible les parece el más grande milagro de Cristo, su propia Resurrección, que incluso al verlo resucitado, todavía dudan (cf. Lc. 24, 38), creen ver un espíritu (Lc. 24, 39). Tomás ni siquiera acepta el testimonio de los otros diez(cf. Jn. 20, 24-27). El escepticismo era tal, que en su última aparición en Galilea, en su despedida, algunos seguían dudando, según nos dice el mismo Mateo, uno de los doce (cf. Mt. 28, 27).

Por lo tanto, la hipótesis según la cual la Resurrección de Cristo habría sido producto de la fe o de la credulidad de los Apóstoles no tiene asidero.


¿Qué es resucitar?

En la muerte, que es la separación del alma y el cuerpo, el cuerpo humano cae en la corrupción, mientras que su alma va al encuentro con Dios, y queda en espera de reunirse con su cuerpo glorificado. Dios en su omnipotencia dará definitivamente a nuestros cuerpos la vida incorruptible, uniéndolos a nuestras almas. Esto, en virtud de la Resurrección de Jesús.

Este dogma central de nuestra fe cristiana no sólo nos lo recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica, sino que la esperanza de nuestra resurrección y futura inmortalidad se encuentran en textos bíblicos tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento.

¿Cómo?

“Ciertamente el ‘cómo’  “sobrepasa nuestra imaginación y nuestro entendimiento; no es accesible más que en la fe”

Cristo resucitó con su propio cuerpo:“Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo” (Lc.24, 39). Pero El no volvió a una vida terrenal. Del mismo modo, en El todos resucitarán con su propio cuerpo, el que tienen ahora, pero este cuerpo será “transfigurado en cuerpo de gloria” (Flp.3, 21), “en cuerpo espiritual” (1 Cor.15, 44)

La resurrección tendrá lugar en un instante.“Yo quiero enseñarles este misterio: aunque no todos muramos, todos tendremos que ser transformados, en un instante, cuando toque la trompeta (Ustedes han oído de la Trompeta que anuncia el Fin). Entonces, en un abrir y cerrar de ojos, los muertos se levantarán, y serán incorruptibles” (1a. Cor. 15, 51-52).

¿Quiénes resucitarán?

Todos los hombres que han muerto. Unos para la condenación y otros para la salvación.

Es decir, todos resucitaremos: salvados y condenados. Unos para una resurrección de gloria y de felicidad eternas. Otros para una resurrección de condenación e infelicidad eternas.

¿Cuándo?

Sin duda en el “último día” (Jn.6, 54 y 11, 25); “al fin del mundo” . En efecto, la resurrección de los muertos está íntimamente ligada a la Parusía o Segunda Venida de Cristo:“Cuando se dé la señal por la voz del Arcángel, el propio Señor bajará del Cielo, al son de la trompeta divina. Los que murieron en Cristo resucitarán en primer lugar” (1Ts. 4, 16) (#1001). Y continúa San Pablo: “Después nosotros, los vivos, los que todavía estemos, nos reuniremos con ellos llevados en las nubes al encuentro del Señor, allá arriba. Y para siempre estaremos en el Señor” (1Ts. 4, 17).

San Pablo nos habla de los que han muerto y han sido salvados. También nos habla de los que estén vivos para el momento de la Segunda Venida de Cristo. Pero es San Juan quien completa lo que sucederá con los que no han muerto en Cristo: “No se asombren de esto: llega la hora en que todos los que están en los sepulcros oirán mi voz. Los que hicieron el bien saldrán y resucitarán para la vida; pero los que obraron el mal resucitarán para la condenación” (Jn. 5, 28-29).

Resumiendo: En la Resurrección de Jesucristo está el centro de nuestra fe cristiana y de nuestra salvación, ya que si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe (1Cor.15, 14) … y también nuestra esperanza. Pero sabemos que Jesucristo no sólo ha resucitado, sino que nos ha prometido resucitarnos también a nosotros.

¿Re-encarnacion o inmortalidad?

Un tema muy en boga que se nos está introduciendo de manera muy profusa a través de todos los medios de comunicación social es la re-encarnación. Sin embargo, la re-encarnación es un mito, un error, una herejía, un embuste; como diría San Pablo: “una patraña”.

Debemos los cristianos descartarla de las creencias que solemos tomar de fuentes no cristianas, y que vienen a contaminar nuestra Fe. Porque cuando comenzamos creyendo que es posible, deseable, conveniente o agradable re-encarnar, ya estamos negando la resurrección. Y nuestra esperanza está en resucitar con Cristo, como El nos lo ha prometido … no en re-encarnar.

La re-encarnación niega muchas cosas, parece muy atractiva esta falsa creencia, este mito. Sin embargo, si en realidad lo pensamos bien … ¿cómo va a ser atractivo volver a nacer en un cuerpo igual al que ahora tenemos, decadente y mortal, que se daña y que se enferma, que se envejece y que sufre … pero que además tampoco es el mío?

Aun partiendo de una premisa falsa, suponiendo que la re-encarnación fuera posible, si no fuera un mito, una patraña, ¿cómo podemos los hombres, pero sobre todo los cristianos que tenemos la seguridad y la promesa del Señor de nuestra futura resurrección, pensar que es más atractivo re-encarnar, por ejemplo, en un artista de cine, o en un millonario, o en una reina … que resucitar en cuerpos gloriosos?

Tenemos que tener claro los cristianos que la re-encarnación está negada en la Biblia. En el Antiguo Testamento: Una sola es la entrada a la vida y una la salida” (Sabiduría 7, 6). San Pablo en su Carta a los Hebreos dice: Los hombres mueren una sola vez y después viene para ellos el juicio: los que hicieron bien saldrán y resucitarán para la vida, pero los que obraron mal resucitarán para la condenación” (Hebreos 9,27).

Pero, además, ¿no nos damos cuenta de lo que recitamos en el Credo todos los domingos?Creo en la resurrección de la carne y en la vida eterna. (Credo de los Apóstoles). Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. (Credo de Nicea).

La visión realista de la muerte se expresa clarísimamente en la Liturgia de Difuntos de la Iglesia: La vida de los que en Tí creemos, Señor, no termina, se transforma; y al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el Cielo.

Cuando haya tenido fin “el único curso de nuestra vida terrena”  ya no volveremos a otras vidas terrenas. “Está establecido que los hombres mueren una sola vez” (Hb. 9,27)No hay “re-encarnación” después de la muerte.

Por la muerte el alma se separa del cuerpo, pero en la resurrección Dios devolverá la vida incorruptible a nuestro cuerpo transformado, reuniéndolo con nuestra alma. Así como Cristo ha resucitado y vive para siempre, todos nosotros resucitaremos el último día.

La doctrina sobre la muerte y la resurrección, sobre nuestra futura inmortalidad es clara … muy clara. Pero, si la enseñanza de la Iglesia no nos bastara, ¿cómo podemos considerar más atractivo re-encarnar en otro cuerpo terrenal, decadente, enfermable, envejecible y que volverá a morir, que resucitar en un cuerpo glorioso como el de Jesucristo?

¿Cómo serán nuestros cuerpos resucitados?

La Resurrección de Cristo nos anuncia nuestra propia resurrección. Su Resurrección nos anuncia nuestra futura inmortalidad. Y esto es así, porque Jesucristo nos lo ha prometido: si hemos obrado bien, saldremos a una Resurrección de Vida (cfr. Juan 5, 28-29).

Para tener una idea de cómo serán nuestros cuerpos resucitados, veamos primero cómo es el cuerpo glorioso de Jesucristo. Cristo resucitó con su propio cuerpo, pero una vez resucitado, no volvió a una vida terrenal, como la que había vivido en la tierra. Así también nosotros resucitaremos con nuestro propio cuerpo, el mismo que ahora tenemos, pero, como hemos dicho, nuestro cuerpo será “transfigurado en cuerpo de gloria” (Flp.3,21), “en cuerpo espiritual” (1 Cor.15,44)

El cuerpo glorioso de Jesucristo era ¡tan bello! que no lo reconocían los Apóstoles … tampoco lo reconoció María Magdalena. Y cuando el Señor se transfigura ante Pedro, Santiago y Juan en el Monte Tabor, mostrándoles todo el fulgor de Su Gloria era ¡tan bello lo que veían! ¡tan agradable lo que sentían! que Pedro le propuso al Señor hacerse tres tiendas para quedarse a vivir allí mismo. Así es un cuerpo glorioso.

Si comparáramos nuestros cuerpos resucitados con nuestros cuerpos actuales, los futuros tendrán cualidades propias de los cuerpos espirituales, como por ejemplo, la capacidad de transportarse instantáneamente de un sitio a otro y de penetrar cualquier sustancia material. Más importante aún, ya no se corromperán, ni se enfermarán, ni se envejecerán, ni se dañarán, ni sufrirán nunca más. Pero, por encima de todo esto, brillarán con gloria, como el de Jesucristo el Señor.

San Pablo tuvo que ocuparse de este tema al escribirle a los Corintios: “Algunos dirán: ¿cómo resucitan los muertos?, ¿con qué tipo de cuerpo salen? … Al enterrarse es un cuerpo que se pudre; al resucitar será tal que no puede morir. Al enterrarse es cosa despreciable; al resucitar será glorioso. Lo enterraron inerte, pero resucitará lleno de vigor. Se entierra un cuerpo terrenal, y resucitará espiritual … Adán por ser terrenal es modelo de los cuerpos terrenales; Cristo que viene del Cielo, es modelo de los celestiales. Y así como nos parecemos ahora al hombre terrenal, al resucitar llevaremos la semejanza del hombre celestial … cuando nuestro ser mortal se revista de inmortalidad y nuestro ser corruptible se revista de incorruptibilidad” (1a.Cor 15, 35-58).

Referencias

↑ G. LENSKI, El factor religioso (pág. 316). Labor.
↑ C. GEERTZ, La interpretación de las culturas (pág. 89). Gedisa.
↑ Véase el Diccionario de la lengua española, de la Real Academia Española («religión»).
↑ Cicerón: De Nat. Deorum (II): «Qui autem omnia quae ad cultum deorum pertinerent diligenter retractarent et tamquam relegerent […] sunt dicti religiosi ex relegendo».
↑ José FERRATER MORA: Diccionario de filosofía, voz «religión». Buenos Aires: Sudamericana (5.ª edición), 1964.
↑ Lactancio: Institutiones Divinas (4): «Hoc vinculo pietatis obstricti Deo et religati sumus, unde ipsa Religio nomen accepit, non ut Cicero interpretatus est, a relegendo». Esta etimología fue retomada y popularizada por san Agustín, cf. Retractationes (1.13), quien también acepta la etimología propuesta por Cicerón, cf. De Civitate Dei (10.3).
↑ Enciclopedia Cattolica (voz «religión»). Florencia: Sansoni, 1953.
↑ Aulo Gelio, IV,9
↑ Artículo publicado en La Nación, de Buenos Aires, 1940. José Ortega y Gasset Obras Completas Tomo VI
↑ Mircea ELIADE, Enciclopedia delle religioni, vol I: «Oggetto e modalità della credenza religiosa» (voz «religione»). Milán: Jaca Book, 1993, ISBN 88-16-41001-9.
↑ Emile DURKHEIM (1858-1917): Las formas elementales de la vida religiosa. París, 1912.
↑ Otto, Rudolf (2009). Lo numinoso, Colección: Estructuras y Procesos. Religión. Madrid: Editorial Trotta. – (2001). Lo santo. Lo racional y lo irracional en la idea de Dios, Madrid: Alianza editorial. ISBN 978-84-206-3725-9.
↑ Relación de lobbies religiosos en EE. UU.; Immanuel Ness: Encyclopedia of Interest Groups and Lobbyists in the United States. Sharpe Inc, 2000.
↑ A vueltas con el crucifijo. J.J. Tamayo, El Pais. [1])

Si Dios no existe, no existo.

Uno de los argumentos de los ateos dice que creer en Dios y ser cristiano tiene que ver con la irracionalidad del ser humano y unos de los argumentos de algunos evangélicos dice que la razón no compatibiliza con fe. El primero pretende pruebas científicas de la existencia de Dios y de la resurrección de Jesucristo y el segundo grupo para cerrar toda explicación dice que todo se siente en el corazón.

De esta manera podrían estar una eternidad completa apelando a fundamentos con premisas equivocadas.

Se puede probar la existencia de Dios desde la racionalidad? No. ¬ Y si pudiera

La sola razón puede pretender llegar a un conocimiento Divino? No.

Pero, para conocer a Dios es imposible eximir la razón y la lógica. Hasta me atrevo a decir que las emociones, el corazón con el que sentimos todo, es un estorbo en este proceso. Por lo que quien plantea ser ateo y quien plantea ser cristiano presentando las argumentaciones con las que inicio, han plantado un sistema de creencias inestable e incoherente.

Hay un filósofo francés llamado René Descartes que luego de sentirse maduro emprendió un viaje intelectual para resolver estas dudas que a muchos complican, en sus Meditaciones Metafísicas. Comenzó planteándose a si mismo poner en duda o mejor dicho rechazar de plano todo lo que no merezca un 100% de certeza de verdad o realidad.

“Por cuanto la razón me convence de que a las cosas que no sean enteramente ciertas e indudables debo negarles crédito con tanto cuidado como a las que me parecen manifiestamente falsas.”

Y comenzó un viaje muy interesante a través de planteamientos lógicos hasta llegar a conclusiones como la famosa frase “cogito, ergo sum” (pienso, por tanto, existo). Lo único que que podía afirmar con 100% de seguridad era que pensaba. En sueño o despierto, el pensaba (porque tanto las emociones como las cosas podemos experimentarlas despiertos o en aquellos sueños que nos parecen tan reales que nos confunden, y si por lo tanto existe duda en cuanto a lo experimentado en nuestras emociones o en cuanto a las cosas, sencillamente es falso y lo que experimentamos despiertos ¿quién asegura que no lo estamos soñando? ) Pero a diferencia de los sentidos, pensar es el mismo acto siempre aun soñando o despiertos, por lo que la certeza de existir radica, según Descartes, en que pensamos. El día que dejemos de pensar, dejamos de existir, por lo que la afirmación certera es que “pensamos, por lo tanto, existimos”.

El ya no se definía como una cuerpo, emociones, algo material, sentidos, sino sólo como “una cosa que piensa”. No existe subjetividad en eso. “Pensamos, luego existimos”

Ahora, se encamina a otra conclusión en esta búsqueda de la verdad. Se da cuenta que es un hombre que duda, y en la duda no existe perfección. Pero para este hombre matemático existía una idea de perfección que la delataba justamente la matemática y la lógica. Y si él es un “cosa que piensa”,y que duda por lo tanto imperfecto, ¿de donde viene la conciencia o idea de perfección que tenemos y buscamos? y su conclusión es Dios. La única fuente de perfección y es externo a nuestra conciencia imperfecta.

Otra mala argumentación de algunos ateos es medir la Biblia con una balanza científica o histórica. Idea tan ridícula como querer medir la veracidad de la Neurobiología a través del libro de Génesis. No es justo para la Biblia como no sería justo para la Neurobiología. La Biblia no es un libro de historia ni de ciencias.

Fe y Razón – crede ut intelligas

Siendo invisible el amor, ¿cómo se amarán mutuamente los hombres, si nadie cree lo que no ve?

Otro personaje que luchó con la fe y la razón fue Agustín de Hipona, se alejó de la fe quizá por las mismas circunstancias que algunos se alejan de la fe hoy y fue un buscador de la verdad. Luego se convirtió y este hombre llegó a la conclusión que creer nos da la entrada a la verdad pero sólo la razón le encuentra el sentido a la fe en Dios. “Nisi credideritis, non intelligetis” (si no creéis, no entenderéis). “Intellige ut credas, crede ut intelligas” (entiende para creer, cree para entender).

Para concluir.

Si bien, no podemos probar a Dios, ni la resurrección de Cristo en un sentido empírico como piden algunos, tampoco podemos racionalmente negarlo.

Creo en Dios, un Dios que creó las leyes de la lógica y las razón humana, un Dios que no se contradice a si mismo y que no está supeditado a ningún hombre ni a sus cristianismos. Un Dios que trasciende lo creado y ante el cual siendo nosotros nada, nos ha amado dándonos todo: a Su Hijo.

Creo en Jesucristo, el Logos, por el cual todo lo que existe es y en el Espíritu Santo que nos guía a encontrar la Verdad. El que produce en nosotros la perfección de la razón para entender todo aquello que no podríamos entender sólo con la razón.

  • «No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta» (Romanos 12.2)

Un abrazo cordial,

Enrique Crespo

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El Vaticano intenta frenar el avance de la ciencia. La Iglesia católica publica un documento dedicado a criticar avances en investigación biomédica

El Vaticano intenta frenar el avance de la ciencia. La Iglesia católica publica un documento dedicado a criticar avances en investigación biomédica

AINHOA IRIBERRI / ANTONIO GONZÁLEZ Madrid 12/12/2008 20:15

El Vaticano ha equiparado la “píldora del día después” con el “pecado del aborto” y ha vuelto a condenar la investigación con embriones. EFE

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Los trabajos con líneas de células madre embrionarias del director del Centro de Medicina Regenerativa de Barcelona, Juan Carlos Izpisúa, uno de los científicos españoles más importantes, “cooperan al mal [sic] y al escándalo”, según el Vaticano.

La Congregación para la Doctrina de la Fe, antigua Inquisición, publicó ayer la instrucción pastoral Dignitas personae (de la Dignidad de la persona), que critica con dureza algunos de los principales avances científicos de los últimos años.

El documento es una puesta al día de la última instrucción pastoral publicada al respecto, Donum vitae, que, como se publicó en 1987, no afrontó explícitamente los últimos avances en las ciencias biomédicas. Estos descubrimientos, según la Conferencia Episcopal española “han abierto nuevas perspectivas terapéuticas pero también han suscitado serios interrogantes”.

El Vaticano ha equipara la “píldora del día después” con el “pecado del aborto” y ha vuelto a condenar la investigación con embriones

La gran mayoría de los científicos considera la clonación terapéutica y la terapia génica como la gran esperanza en el campo de la medicina regenerativa. Millones de enfermos de alzhéimer, párkinson, diabetes y otras enfermedades que, a día de hoy, no tienen cura, podrían beneficiarse de los avances que se consigan en este campo.

La Iglesia no ha acudido a las revistas científicas de referencia como Science o Nature para actualizar su postura en este asunto. Tal y como explica en el documento, “se han tenido siempre presentes los aspectos científicos correspondientes, aprovechando los estudios llevados a cabo por la Pontificia Academia para la Vida y las aportaciones de un gran número de expertos (…) que se han confrontado con los principios de la antropología cristiana”. El Vaticano anima a seguir esta instrucción pastoral a “los fieles cristianos y a todos los que buscan la verdad”.

El documento habla de las técnicas de reproducción asistida, a las que se someten al año en España entre 600.000 y 800.000 parejas. El objetivo es “abordar nuevos problemas relativos a la procreación”. Sus conclusiones, tajantes, no difieren del anterior documento al respecto: “Hay que excluir todas la técnicas de fecundación artificial heteróloga y las de fecundación artificial homóloga que sustituyen al acto conyugal”. Sin embargo, menciona técnicas que en 1987 no eran viables, como la congelación de óvulos, que califican de “moralmente inaceptable”, a pesar de que no implica la destrucción de ningún embrión.

Aunque la Iglesia considera que esta técnica se ha desarrollado “para evitar los problemas éticos suscitados por la crioconservación de embriones”, también cree que los óvulos se conservan para “la procreación artificial”.

Un deseo legítimo

La Iglesia católica no considera que, con esta postura esté dejando de lado a los católicos que buscan ayuda para tener hijos. Según Dignitas personae, la institución “reconoce la legitimidad del deseo de un hijo y comprende los sufrimientos de los conyuges afligidos por el problema de la infertilidad” que, sin embargo, “no puede ser antepuesto a la dignidad que posee cada vida humana hasta el punto de someterla a un dominio absoluto”.

La medicina regenerativa es el otro gran frente de batalla de la instrucción pastoral. Tras condenar la investigación sobre células troncales embrionarias, apoya la que usa células madre adultas. Uno de los últimos campos de investigación, el uso de óvulos de animales para la reprogramación de los núcleos de las células somáticas humanas, es definido como “una ofensa a la dignidad del ser humano”. Reino Unido autorizó en 2007 esta técnica para impulsar la lucha contra las enfermedades.

“La Iglesia mantiene una postura retrógrada”

“Ejemplo de cinismo”, “posición retrógrada”, “injerencia en las familias”, “intento de cercenar los derechos de los demás”… Estas son algunas de las valoraciones realizadas ayer por la mayoría de los científicos y expertos en bioética consultados por Público sobre la instrucción pastoral Dignitas personae, en la que el Vaticano reafirma su oposición a la reproducción asistida, la investigación con células madre embrionarias o la llamada píldora del día después.

El Gobierno socialista, sin embargo, prefirió mantener silencio pese las duras críticas del Vaticano a muchas de las técnicas permitidas por el marco jurídico vigente. Ni la vicepresidencia del Gobierno ni los ministerios de Ciencia y Sanidad reaccionaron ante el documento hecho público ayer.

“La jerarquía católica mantiene su línea tradicional de siempre”, explica Marcelo Palacios, miembro del Comité de Bioética de España, que cree que el Vaticano, con sus críticas, no tiene en cuenta “el avance científico, la felicidad de las parejas con problemas de fertilidad o la salud de las personas”.

En el caso de la reproducción asistida, señala que la Iglesia debería “abstenerse” de realizar “injerencias en cómo se organiza cada familia”. “Está muy bien hablar con mucha facundia de dignidad y teorizar desde fuera, pero hay que ponerse en la piel de quien tiene un hijo enfermo o problemas de fertilidad”, agrega.

Una “sociedad de solteros”

Para el presidente del comité científico de la Asociación Nacional de Clínicas de Reproducción Asistida , Simón Marina, la Iglesia mantiene una postura “retrógrada y anticuada” ante los avances científicos, una posición no ajena por otra parte a su condición de “sociedad de hombres solteros”.

Pese a la instrucción de la Curia Romana, Marina cree que las parejas católicas infértiles seguirán acudiendo a las clínicas como hasta ahora.Por su parte, el ex presidente del CSIC Emilio Muñoz entiende que la Iglesia demuestra estar “desbordada” por los avances científicos y ha emprendido, incurriendo en un “cinismo tremendo” y numerosas contradicciones, una “batalla desesperada para recuperar a los católicos más dubitativos”. En su opinión, la publicación de la instrucción tiene mucho que ver con el acceso al papado de Joseph Ratzinger.

José López Barneo, director del Instituto de Biomedicina de la Universidad de Sevilla , sostiene por su parte que hay que respetar que la Iglesia quiera dar orientaciones a sus fieles, aunque debe existir siempre una separación entre las creencias religiosas y la investigación científica.

Menos críticos fueron los miembros del Comité de Bioética de España Carlos Romeo Casabona y César Nombela. Romeo cree que está bien que la Iglesia dé su opinión, aunque son las normas jurídicas las que rigen las técnicas criticadas por el Vaticano. El ex presidente del CSIC César Nombela, por su parte, afirma que la instrucción vaticana es “una propuesta a favor de la dignidad humana que no se impone a nadie”.

http://profesordeeso.blogspot.com/2010/06/el-vaticano-intenta-frenar-el-avance-de.html

La crisis financiera aumentará la religiosidad

La crisis financiera aumentará la religiosidad
Un estudio analiza la relación entre los problemas económicos, la salud mental y la implicación religiosa

La crisis financiera global podría potenciar un aumento de la religiosidad porque ésta alivia el estrés que provoca la pobreza. Sociólogos estadounidenses analizaron la relación entre la pobreza, el bienestar mental y la religión a partir de los datos de una encuesta nacional, constatando que actividades como la asistencia a los centros de culto, la meditación o la fe en la vida después de la muerte tienen un efecto mitigador en el estrés derivado de los problemas financieros. El presente estudio constató, asimismo, que la oración no ayuda a sobrellevar las dificultades económicas. Por Yaiza Martínez.

Fuente: Epiphenom
a crisis financiera global podría potenciar un aumento de la religiosidad, publica la revista Epiphenom, a raíz de los resultados de un estudio reciente realizado en Estados Unidos.

Dos sociólogos llamados Matt Bradshaw, de la Universidad de Carolina del Norte, y Chris Ellison de la Universidad de Texas en Austin, analizaron datos de adultos de edades comprendidas entre los 18 y los 59 años, recogidos en la US General Social Survey (encuesta social general de Norteamérica), con el fin de averiguar si la tensión psicosocial podía relacionarse con la pobreza, y si ésta, a su vez, podía asociarse a diversos aspectos de la religión.

Según explican los investigadores en un artículo aparecido en Social Science & Medicine, hasta ahora, a pesar de que existe una amplia gama de análisis sociales y teológicos, pocos estudios han examinado de manera sistemática el papel de la religión como mitigador de los efectos de los problemas socioeconómicos en la salud mental.

En un intento de superar esta carencia, Bradshaw y Ellison trataron de delimitar las relaciones objetivas entre la crisis financiera, diversos aspectos de la vida religiosa y el estrés psicológico.

Así, en primer lugar, constataron que sólo un 10% de la variación en los niveles de estrés de la sociedad podía achacarse a la pobreza.

Por otro lado, el estudio también reveló que diversos aspectos de la vida religiosa podían ayudar a reducir los efectos nocivos del estrés que provocan las dificultades económicas.

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En concreto, señalan los investigadores, la asistencia a los centros de culto y la fe en la vida después de la muerte moderan el daño mental que producen las dificultades financieras tanto generales como subjetivas.

La meditación alivia la tensión general

La práctica de la meditación, por su parte, permite reducir los efectos nocivos sobre la salud mental de la crisis económica global, aunque no de los problemas financieros personales.

Asimismo, los científicos no constataron una relación interactiva entre la frecuencia de la práctica de la oración y las complicaciones económicas, es decir, que la oración no ayuda a los más necesitados a aceptar su estado.

De hecho, en el estudio se demostró que los individuos que rezan más están más estresados. Presumiblemente, ésta sería la razón por la que rezan más a menudo.

Los resultados acerca de la oración obtenidos por Bradshaw y Ellison resultan especialmente interesantes porque contrastan con los resultados de un estudio anterior, realizado por el propio Ellison y por Terence Hill, de la Universidad de Miami, en el que se reveló que la oración podía tener diferentes efectos.

Según dicho estudio, realizado en 2009, a las personas que tenían problemas de salud o que acababan de sufrir un revés económico, rezar les servía para reducir significativamente la ansiedad.

La vida después de la muerte resulta clave

En general, y según la presente investigación, podría afirmarse que la religiosidad resulta efectiva para la reducción del estrés de las personas con problemas económicos.

El factor más determinante en este sentido, para la gente pobre, resultó ser la creencia en la vida después de la muerte. Pareciera como si la esperanza de una vida mejor tras la muerte ayudara a soportar las dificultades de esta vida, publica Epiphenomen.

Por otra parte, como hemos dicho, el estudio demostró que la asistencia a la iglesia ayuda a reducir el estrés. Esto fue válido tanto para ricos como para pobres, pero en este último caso el efecto constatado fue mayor que en el primero.

Chris Ellison es director del Center for the Scientific Study of Religion (CSSR) de la Universidad de Texas, dedicado al estudio de la relación entre la implicación religiosa y ciertas características del individuo, como la salud, el bienestar, el riesgo de mortalidad, la calidad de las relaciones matrimoniales, la educación de los hijos, los comportamientos de riesgo en adolescentes y las relaciones entre padres e hijos en diversas etapas.

Algunos de los hallazgos de este centro han sido, por ejemplo, que la asistencia regular a la iglesia está relacionada con un aumento de la esperanza de vida en Estados Unidos: las personas que acuden a los servicios religiosos más de una vez a la semana tienen como media siete años más de esperanza de vida que los que nunca van, aseguran los investigadores en un artículo publicado por la Universidad de Texas.

Efecto general positivo

Por otro lado, estudios realizados por el CSSR sobre la influencia de la religión en los adolescentes norteamericanos han revelado que si los padres son más religiosos que los hijos a estas edades, la religión condiciona negativamente las relaciones familiares porque la diferencia de mentalidades entre padres e hijos suele ser fuente de tensión en el hogar.

Según los investigadores, la religión puede tener un efecto negativo en la salud mental también de la siguiente forma: cuando un individuo tiene fe pero las cosas no le salen bien, esto puede producirle sentimientos de abandono por parte de Dios, ira hacia Dios e, incluso, crisis de fe.

Los científicos señalan que, en general, puede afirmarse que la religiosidad tiene un efecto positivo en la salud mental en un 80% de los casos, y que en un 10% de las situaciones puede provocar efectos negativos.

http://www.tendencias21.net/La-crisis-financiera-aumentara-la-religiosidad_a4456.html

Un ensayo básico actualiza la filosofía de Teilhard

Un ensayo básico actualiza la filosofía de Teilhard
“El Corazón de la Materia”, escrito en 1950, culmina la evolución de su visión interior

El tomo XIII de la edición francesa de las Oeuvres, los ensayos filosóficos y teológicos de Pierre Teilhard de Chardin (bajo el título general de La Coeur de la Matière) no había sido traducido al castellano hasta el 2002. En este artículo se sintetizan las líneas de fondo del ensayo autobiográfico (escrito en 1950, hace ahora sesenta años), que da nombre al volumen: El Corazón de la Materia. Este ensayo (que suele ser poco citado en España, al no haber sido traducido hasta 2002), se sitúa aquí dentro de la obra general teilhardiana. Este ensayo, escrito pocos años antes del fallecimiento de Teilhard, revela un avance en la maduración de su pensamiento. Es breve pero denso, y es fundamental para entender el pensamiento teológico, espiritual y místico del Teilhard enfermo, débil y anciano. El Corazón de la Materia está impregnado de referencias autobiográficas e introspectivas que resumen la experiencia interior del autor. Por Manuel Medina Casado, María José Medina de la Fuente, María Dolores Prieto Santana y Leandro Sequeiros.

Red night sea. Chita. Photoxpress.
Las llamadas Obras Completas de Teilhard fueron editadas en Francia en trece tomos después de su muerte y han sido casi totalmente traducidas al castellano. Se trata de ensayos de tipo filosófico, teológico y espiritual, casi todos inéditos, al serle prohibido su publicación en vida del autor. El último tomo traducido, El Corazón de la Materia lo ha sido en 2002.

En sus obras, Teilhard centró en la evolución cósmica en el tiempo intentando, a partir de los datos aportados por las ciencias de la Tierra y las ciencias de la Vida, una síntesis entre ciencia, filosofía, teología y mística. Su filosofía/teología es así una proyección del sentido del ser humano en el mundo que, desde el futuro, ilumina el pasado. Dios, el mundo, la materia, la socialización, la esperanza, lo humano se amalgaman en una unidad fascinante.

En el año 1950, cinco años antes de su fallecimiento en Nueva York, Teilhard redacta un escrito sorprendente de tipo autobiográfico que titula El Corazón de la Materia. El fondo de este ensayo se condensa en esta frase del propio autor: “este año de 1950 culmina la evolución de mi visión interior”.

Teilhard cuenta ya 69 años. Antes se dedicó –nos parece- a poner unos rayos de luz, a modo de ráfagas de linterna, sobre la ingente realidad del pasado del hombre y por extensión del mundo y del cosmos. Desde la Ciencia, desde la Fe comprometida, desde cualquier parte del mundo.

Las experiencias de infancia y la maduración del pensamiento

Dos aspectos convienen resaltar en una primera lectura de El Corazón de la Materia. Por un lado, la insistencia que pone Teilhard en sus experiencias de infancia, tanto a la influencia espiritual de su madre como al despertar a la Naturaleza. Éste se realiza gracias al coleccionismo de fósiles, animales, vegetales y rocas volcánicas que hacían sus familiares, y que suscitó en él la temprana vocación a lo que se llamaba en los manuales escolares Historia Natural.

Por otra parte, en El Corazón de la Materia resalta el extenso uso por parte de Teilhard del lexema “génesis” en la elaboración de múltiples conceptos que no cesa de utilizar en sus más importantes obras: cosmogénesis, biogénesis, noogénesis, antropogénesis, ortogénesis, cristogénesis, etc. Esto muestra su empeño y esfuerzo científico por explicar esas diversas “génesis” u orígenes de cada cosa. Una lectura atenta, 60 años más tarde, de El Corazón de la Materia de Pierre Teilhard de Chardin, nos permite percibir que los latidos de ese corazón maduro siguen latiendo. Pese a que Teilhard en esa época había padecido algunas crisis cardíacas, su alma seguía tejiendo hondos sentimientos.

Dónde y cuándo fue escrito El Corazón de la Materia

En el mes de agosto de 1950 Teilhard redacta el texto más largo y complejo de este ensayo al que puso como título El Corazón de la Materia. Lo redacta reflexiva y pausadamente en la finca familiar de Les Moulins mientras pasaba unas vacaciones en Francia. Es un momento de plena madurez en nuestro autor. Firma el escrito precisando incluso la fecha: el 15 de agosto, fiesta de la Asunción de María. Se nos antoja que es, una vez más, la devoción mariana la que le dicta el día.

Dentro del amplio conjunto de la obra filosófica y espiritual de Teilhard, ¿qué lugar ocupa El Corazón de la Materia? En cuanto al tamaño material, es decir, en cuanto al número de páginas, que en rigor serían en torno a 50, se puede calificar esta obra como de tamaño menor. Pero si la comparamos con la obra más compacta, larga y pensada, como es El Fenómeno humano, el ensayo que glosamos podría pasar por un capítulo y no precisamente el más largo. Si la comparamos sólo en cuanto al tamaño material se refiere, con El Medio Divino (175 pags.), (la segunda obra de alta divulgación en extensión), El Corazón de la Materia, es menos de un tercio.

No obstante, el momento o circunstancia en que Teilhard escribe es de reflexión pausada, de madurez casi plena, de estancia feliz con familiares y amigos en una Francia que comienza a ser próspera al igual que una Europa que ve alejarse el fantasma de la última guerra y de la locura colectiva que supuso.

En el año 1950 se viven días de recuperación económica, en una Europa que no quiere mirar al pasado inmediato (años 1930-45 aproximadamente). Es una época de experimentos sociales fallidos soportados una vez más, sobre todo por el pueblo llano y los que no tuvieron poder de decisión alguna, que, por cierto, fueron la inmensa mayoría. Pero no sólo nos referimos al año de un continente entero, Europa, sino más bien al año de la vida de una persona que se acerca a su fin biológico con la madurez que dan los años.

Parece ser que estos días de vacaciones en la casa familiar evocan interiormente a Teilhard toda su vida. Es un momento de felicidad interior cuando en el verano de 1950 se lanza a escribir, parece que en muy poco tiempo, este ensayo: El Corazón de la Materia. Teilhard revive su infancia, sus primeros años de jesuita, su formación en Inglaterra, los primeros contactos con la geología y con la paleontología. La experiencia en las trincheras durante la guerra europea y luego, la larga estancia en China.

Cuando la guerra mundial, en los años cuarenta, se encuentra en China, muy alejado de los centros militares que se enfrentan. Pero se mantuvo bien informado por el correo de amigos o familiares y por las noticias radiofónicas, las reuniones con sus hermanos de comunidad, de sus compatriotas franceses en la embajada, etc.

En estas vacaciones de agosto de hace 60 años, imaginamos a Pierre Teilhard de Chardin con ánimos para hacer balance de su “visión interior”. Una visión diacrítica, ahora no marcada por cientos de miles de años, sino por la brevedad relativa de una vida dedicada a la Fe y a la Ciencia.

El latido de la Vida en la Materia

En cuanto al título del ensayo: El Corazón de la Materia, Teilhard explica largamente no sólo por qué razones la Materia tiene para él un Corazón, sino quien personaliza ese corazón “que hace funcionar y evolucionar la materia”, (entrecomillado nuestro) al modo como el corazón de los animales y personas hace funcionar y vivir el cuerpo.

Ese corazón de la materia, lo es de toda materia, no sólo en cuanto a la cantidad, sino sobretodo en cuanto a la calidad de la misma. Si bien, no es lo mismo la materia inerte o mineral que el Espíritu que surge de cierta materia humana, materia que, incluso puede llegar a ser pensante o “productora”, en cierto modo, de Espíritu.

El tema del “corazón” no era algo nuevo es la Espiritualidad del mundo cristiano occidental del siglo XX. Parece ser que fue nada menos que el Padre de la Iglesia de Occidente San Agustín de Hipona, quien primero se refiere al tema del “corazón”.

Breve esquema de El Corazón de la Materia

El ensayo se inicia con una introducción titulada La Zarza Ardiente. Comienza con sencillez. Parece que el autor se quiere acotar a sí mismo y define lo que va a hacer en esta obra: narrar “una experiencia psicológica directa, lo bastante reflexionada como para ser inteligible”. Más breve aún “un documento vivido”.

Dice que ha “necesitado más de sesenta años de esfuerzo apasionado para descubrir (lo) que no eran sino enfoques o aproximaciones sucesivas a una misma realidad de fondo…”. Escribe literalmente más abajo: “como yo he experimentado en contacto con la Tierra, la Diafanía de lo Divino en el corazón de un Universo ardiente: lo Divino resplandeciendo desde las profundidades de una Materia ardiente”.

La obra consta de tres partes o capítulos que están numerados en romano: I. Lo Cósmico, o Evolutivo; II. Lo Humano, o lo Convergente; y III. Lo Crístico, o lo Céntrico.

I.- LO CÓSMICO, O EVOLUTIVO

La primera parte la denomina su autor como lo Cósmico, o Evolutivo y se inicia con una Nota preliminar sobre el Sentido de la Plenitud. Se cita a sí mismo con un texto de 1917 (en plena primera Guerra Mundial). En ella afirma que toda la presente obra va a ser un desarrollo de su “polarización sicológica particular, común ciertamente a todos los hombres” a la que llamará “Sentido de la Plenitud”. Por ello, sigue haciendo referencias a su infancia. Fue entonces cuando tuvo una “llamada”: era “por algo que brillaba en el corazón de la Materia”.

1.- La llamada de la Materia.

Escribe Teilhard que, por influencia de su madre, quería mucho al Niño Jesús. Sin embargo, “mi verdadero “yo” estaba en otra parte”. Sentía “aquel gesto instintivo que me hacía ‘adorar’ un fragmento de metal”. Mantiene que “toda mi vida espiritual no ha consistido sino en desarrollar” aquellas íntimas experiencias de niño. Intuye que la consistencia de aquellas materias (hierro, restos de metralla…) fueron su “aprehensión inicial de lo absoluto bajo la forma de lo Tangible”. (Con mayúscula inicial en el texto). Enfrenta, como buen dialéctico, físico y metafísico, nacido en el rigor de la escolástica, lo Necesario, a lo Contingente, lo General a lo particular y lo Natural a lo Artificial.
Ya en este segundo epígrafe prevé que “la Consistencia con la que yo soñaba por entonces es un efecto no de la ‘sustancia’ sino de la ‘convergencia’”.

Al nombrar la palabra convergencia, de tanta importancia en la etapa final de la evolución, alude expresamente al Punto Omega, donde todo convergerá al final de los tiempos. Termina este epígrafe: “comencé, sin darme cuenta, a acceder verdaderamente al Mundo…”. Aquello fue cuando él contaba aproximadamente con 9 ó 10 años de edad.

2.- La aparición de lo Universal

En el desarrollo de sus intereses vocacionales, Teilhard pasa de lo metálico a lo mineral, a las piedras y a las rocas (incluso a los seres vivos petrificados o fosilizados). Todo el universo no es metálico, pero sí mineral, como “un Elemental expandido por doquier, cuya ubicuidad misma constituía su incorruptibilidad”. (Recuérdense los cuatro elementos de la Cosmología griega primitiva: agua, fuego, tierra y aire).

Y sigue: “Más adelante, cuando estudiara Geología (…) lo que me ha llevado irresistiblemente (aún a expensas de la Paleontología) al estudio de las grandes masas eruptivas y de los zócalos continentales, no es sino una necesidad de mantener contacto (un contacto de comunión) con una especie de raíz, o de matriz, universal de los seres”.

Continúa: “Durante cerca de 20 años de mi vida encuentro claramente en mis recuerdos las huellas ininterrumpidas de esta transformación profunda”. Sigue con excelentes párrafos, incluso poéticos, en un sentido amplio, de su vida íntima, pero con un sesgo muy profesional o vocacional: la ciencia como vocación irrenunciable.

Enuncia a continuación los componentes o atributos juveniles de su Sentido del Todo (sentido de Dios, al menos como aproximación o vía hacia Él):

a) Gusto por lo geológico: “lugar axial ocupado invariablemente por la pasión y la ciencia ‘de las Piedras’ a lo largo de la embriogénesis espiritual”.
b) Las tres columnas de su visión: “la Materia, la Vida y la Energía: las tres columnas de mi visión y mi bienaventuranza internas”. Al mismo tiempo Dios se le manifestaba, de alguna manera, a través de la visión, contemplación, razonamiento y admiración del Cosmos y sus leyes físico-químicas.

Sigue haciendo un elogio de la Física, como ciencia que le ayudó a sentirse a gusto: “me siento en mi casa”, afirma. En la Física, “he encontrado los ‘arquetipos’ de lo Consistente, lo Total, lo Único, lo Esencial de mis sueños de la infancia, esos mismos arquetipos que (como veremos) incluso en lo Crístico me siguen sirviendo hoy para expresarme a mí mismo”.

Y en el párrafo siguiente: “El Oriente (en Egipto, dónde explicó Física) entrevisto y ‘bebido’ ávidamente (…). Tal era hacia los 28 años de edad, el complejo espiritual, pasablemente confuso, en el seno del cual fermentaba, sin lograr aún emitir una llama bien definida, mi amor apasionado por el Universo”.

Antes de terminar este importante epígrafe 2 del capítulo I, escribe sobre la insidiosa tentación de “panteísmo de efusión y disolución”. Se refiere, al decir disolución a que finalmente todo iría diluyéndose en la nada, algo típico también de algunas filosofías orientales. Llama a esa tentación o posible opción, de formas “orientales bajo su ropaje científico”.

Y finaliza el apartado, como suele hacer, enlazándolo con el siguiente y encadenando así los silogismos del razonamiento fenomenológico: “si por azar no hubiera eclosionado en mí, como un germen salido de no se sabe donde la idea de Evolución…”. Hipótesis u oración condicional que no tuvo que lamentar, ya que, como se puede apreciar, para Teilhard la “idea de la Evolución” supuso mucho, supuso casi todo.

3.- El descubrimiento de la Evolución

En los años de Teología en Hastings, sur de Inglaterra (1911 – 1914), “fue cuando poco a poco, (…) como una presencia –fue creciendo en mí- hasta invadir por completo mi cielo interior, la conciencia de una Deriva profunda, ontológica y total del Universo en torno a mí”.

Enumera algunas pistas de aquella conciencia de Deriva. También indica cómo por aquellos años diez del siglo XX al “haber leído en aquel tiempo, ávidamente, L´Evolutión Créatrice” de su compatriota Henri Bergson (1859 – 1941).

Afirma, yendo más lejos: “yo siempre había admirado dócilmente hasta entonces (…) una heterogeneidad de fondo entre Materia y Espíritu, Cuerpo y Alma, Inconsciente y Consciente: dos ‘sustancias’ de naturaleza distinta, dos ‘especies’ de Ser incomprensiblemente asociadas en el Compuesto vivo, respecto de las cuales era preciso mantener a cualquier precio, se me aseguraba, que la primera (mi divina Materia) no era sino la humilde sierva (por no decir la adversaria) de la segunda, encontrándose ésta (es decir, el Espíritu) reducida a mis ojos, por este mismo hecho, a no ser más que una Sombra que había que venerar por principio, pero por la cual (emotiva e intelectualmente hablando) yo no experimentaba en realidad ningún interés vivo. Júzguese en consecuencia, mi impresión interior de liberación y júbilo cuando, con mis primeros pasos, aún vacilantes, por un Universo ‘evolutivo’ constataba que el dualismo en el que se me había mantenido hasta entonces se disipaba como la niebla ante el sol naciente. Materia y Espíritu, no dos cosas, sino dos estados, dos rostros de una misma Trama cósmica, según se la vea, o se la prolongue…”.

Esta cita es muy ilustrativa de la problemática de fondo que mantuvo nuestro autor, problemática incluso de una parte del catolicismo universal, hasta llegar al nuevo cambio de ritmo que supusieron las nuevas espiritualidades dimanadas pocos años después, a su vez, de una lectura pastoral y generosa de algunos documentos del Concilio ecuménico Vaticano II.

Sobre la irreversibilidad del proceso evolutivo, escribe más abajo: “No me detuve seriamente ni un sólo instante ante la idea de que la Espiritualización progresiva de la Materia, a la que me hacía tan claramente asistir la Paleontología, pudiera ser nada distinto ni inferior a un proceso irreversible”. “Dicho de otro modo, la materia se metamorfoseaba, por el contrario, en Psiqué”. “El Espíritu, lejos de ser antagonista o antípoda, era el corazón mismo de la Tangibilidad a la que yo trataba de llegar. Necesitaría toda una vida para calibrar (…) lo que esta transposición de valor (…) tiene de inagotablemente constructivo…, y a la vez de revolucionario para la inteligencia, la oración y la acción”.

Sigue escribiendo fluido y contento de recordar aquellos descubrimientos tan decisivos en su visión biológico-filosófica. Concluye este primer capítulo reafirmándose en “dos inmensas Unidades vivientes”, “unidades de dimensiones planetarias”: una, “la envoltura viva de la Tierra, la Biosfera”; otra, “-para cuya perspectiva definitiva no le faltaba a mi espíritu sino el gran impacto de la Guerra- (1914-1918), la Humanidad totalizada: la Noosfera”.

Convergencia y divergencia según Theilard. John Manuel – JMK. Wikipedia.
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II.- LO HUMANO, O LO CONVERGENTE.

La segunda parte de El Corazón de la Materia lleva como título: II.- LO HUMANO, O LO CONVERGENTE. En ella describe las tres etapas por las que pasó: “entre los 30 y los 50 años” (lo que correspondería a 1911-1931).

Esquemáticamente: “la primera etapa me hizo acceder a la noción de Planetariedad humana, (existencia y contornos de una Noosfera)”. (O sea, el Fenómeno Humano como un fenómeno que se extiende por todo el Planeta). “La segunda me descubrió más explícitamente, la transformación crítica en el nivel de la Reflexión”. “Y la tercera me condujo a identificar (…) una deriva acelerada de la Noosfera hacia estados ultra-humanos”.

1.- La realidad de la Noosfera

Narra como en 1917, en el frente de guerra entre Yser y Verdun (Francia) intuyó el concepto “Noosfera” a causa de la inmensa marea de personas (cientos de miles) en la que él estaba inmerso. Tarda diez años en escribir sobre el concepto de Noosfera que elabora por semejanza con el concepto Biosfera” de Eduard Suess (1831-1914).

Percibió en esa importante “experiencia de la Guerra”, “la realidad y la organicidad de las magnitudes colectivas”. En este caso, la realidad de un pensamiento, si no colectivamente organizado en su totalidad, sí con momentos en que se resalta “con un resplandor y una consistencia crecientes, la esencia, o, mejor dicho, el Alma misma de la Tierra.

2.- La trama de la Noosfera

Teilhard sintetiza sus ideas sobre la Noosfera: “Se totaliza absolutamente sobre sí misma” a modo de una esfera. Así pues, a “la multitud desordenada de los vivientes” le supone Teilhard que tenga unicidad, es decir, no hay varias “noosferas”, al igual que no hay varias “atmósferas” o “biosferas” en el planeta Tierra.

Enumera tres grados en la Trama noosférica: a) en la raíz. Disposición “sui generis, de la sustancia cósmica a enrollarse sobre sí misma”. b) en el camino, “punto crítico de reflexión, que desencadena el cortejo completo de las propiedades específicas de lo Humano”. Finalmente: “difundidos, por efecto de Reflexión, en la médula misma de lo noosférico, una exigencia y un germen de completa y definitiva inalterabilidad”.

Cuenta cómo, cuando era joven estudiante de Física pretendía desentrañar (cuando fuera mayor) los secretos de la gravedad de los cuerpos (siguiendo la tradición de Galileo y de Newton). Sin embargo, ha descubierto la Noosfera. Se entusiasma con este concepto que, (nosotros suponemos) él prevé se llenará de contenido y tendrá una importancia decisiva.
3.- La evolución de la Noosfera

Dice que la Noosfera sigue evolucionando, no está parada como un cuerpo móvil cuando está “en punto muerto”. La evolución de la Noosfera hay que estudiarla como una antropogénesis (el proceso de evolución humana) ya que la humanización continúa incluso en la actualidad. Enlaza pues con la ciencia social que es la Historia: “La humanización aún prosigue”. Y es un proceso que “generador del pensamiento en la tierra: (es) un dinamismo de cerebración”. La “Reflexión colectiva está en rápido ascenso al mismo tiempo que una organización más unitaria”

Casi finaliza este epígrafe (último del capítulo II) con un párrafo de 5 líneas, todo él en letra cursiva que, dada la importancia para el autor y el lector, reproducimos aquí: “Zoológica y psicológicamente hablando, el Hombre, percibido finalmente en la integridad cósmica de su trayectoria, no se encuentra aún sino en un estado embrionario…, más allá del cual se perfila ya una amplia franja de ULTRAHUMANO”. Y termina satisfecho de haber encontrado “por efecto de la convergencia de) lo Inalterable con que siempre había soñado”.

Nuestro autor ha pasado pues, a lo largo de los años, del “Trozo de Hierro” (eterno para aquel niño) al “Punto Omega” del que escribirá en el tercer y último capítulo, pero del que nos adelanta: “es la Consistencia del Universo la que tengo ahora concentrada (no sabría ahora decir si por encima o en el fondo de mí mismo) en un único centro indestructible, al que puedo amar”.

A partir de ahora va a entrar, definitivamente y sin retorno, en el terreno donde se unen la fe y la ciencia, interpretada ésta última por la fe. Este “Punto Omega” al que se refiere va a ser también, por efecto de su fe religiosa, una persona (Cristo) a la que puede amar. De momento sólo lo insinúa.

La convergencia hacia el futuro: el punto Omega

III.- LO CRÍSTICO, O LO CÉNTRICO

La tercera parte de El Corazón de la Materia, la más extensa, lleva como título general: III.- LO CRÍSTICO, O LO CÉNTRICO.

Se inicia, como en otras ocasiones, con una “Observación preliminar” seguida de una “Reflexión o revelación del Punto Omega”. Teilhard relata que con el nacimiento en su “trayectoria interior” del concepto denominado “Punto Omega” termina su visión: “en busca de la consistencia última del Universo”.

¿Y si yo no hubiera sido creyente? –se pregunta. Le parece que por reflexión, o sea “por simple profundización racional de las propiedades cósmicas de Omega (…) hubiera sido llevado tardíamente en el curso de un proceso final, a reconocer en un Dios encarnado (Cristo) el Reflejo mismo, en nuestra Noosfera”. Pero duda y escribe: “todo esto no son más que suposiciones gratuitas”.

En los tres últimos párrafos de esta “observación preliminar” se congratula de haber nacido “en pleno ‘phylum’ católico”, es decir, en Francia, en la vieja Europa. Ello ha ocasionado en él, tanto el gusto innato por “la fuerza ascensional cósmica”, como por “el flujo descendente (…) de atracción personal y personalizante”. Se refiere al despertar de un “Sentido Crístico” (con mayúsculas iniciales) “cuyas fases me es preciso ahora relatar”.

Y prepara, como suele, el siguiente epígrafe con los siguientes cinco renglones muy apropiados para releer lentamente: “Sentido cósmico y sentido crístico: en mí, dos ejes aparentemente independientes el uno del otro en su nacimiento, y en cuya relación, convergencia, y finalmente, identidad de fondo, sólo después de mucho tiempo y esfuerzo he acabado por percibir a través y más allá de lo Humano”.

El Corazón de Jesús

A su visión del Universo o cosmos le faltaba algo: “Al Punto Omega yo no accedía, en efecto, por vía cósmica y biológica, sino a duras penas” –nos dice. ‘La chispa’ que hizo que su Universo acabara de centrarse y amorizarse –escribe-: “fue indudablemente a través de mi madre, a partir de la corriente mística cristiana, cómo iluminó y encendió mi alma de niño”.
Otros “muchos espíritus bien dispuestos (incluso ávidos) para concebir la posibilidad misma de un amor super-hominizado”, no llegaban a esa realidad espiritual.

En el caso de nuestro autor, describe un “proceso de universalización” con dos fases: a) de “materialización” del Amor divino, y b) de “energificación”, también del Amor divino. Dado que ambas fases (también las llama “gusto por”) tienden a entrar en conflicto acabando el uno con el otro, o viceversa, la solución que se impuso a sí mismo fue: “el ajuste en mí de lo Divino a lo evolutivo”.

Teilhard se explaya en una descripción del papel o función de la piedad materna en su corazón infanto-juvenil. Hace referencia a la devoción en su familia, e incluso en el catolicismo francés al Corazón de Jesús. (En realidad, es algo común a casi todo el catolicismo europeo occidental, la devoción de la divinidad humana de Cristo, centrada en el órgano biológico que tradicionalmente se ha considerado el centro de la vida afectiva. En Francia fue más divulgada esta espiritualidad por apariciones personales a Santa Margarita María Alacoque, 1647-1690, canonizada en 1920).

La devoción al Corazón de Jesús la presenta Teilhard de Chardin con frase entre paréntesis y exclamaciones, de este modo: “(¡sírvase el lector no sonreir!)” y también “una devoción con la que mi madre no dejó jamás de nutrirme, sin sospechar las transformaciones que le haría experimentar mi insaciable necesidad de Organicidad cósmica”. Aquella devoción infantil fue para Teilhard una “primera aproximación a lo Crístico mas allá de Cristo”.

Para terminar con este apartado que podría ser glosado mucho más a fondo, dada la importancia central, no sólo en lo autobiográfico, sino también en todo su esquema reflexivo-afectivo e incluso poético, nada mejor que este párrafo, aunque hay otros muy enjundiosos: “Me sería difícil hacer comprender a qué profundidades, con qué vehemencia y con cuánta continuidad (mucho antes de que se formara explícitamente en mí la noción de “Cristo-Universal”) mi vida religiosa de pre-guerra (1914-1918) se desarrollaba bajo el signo y el asombro del Corazón de Jesús… así comprendido”.

Teilhard de Chardin. Wikipedia.
El Cristo Universal

Con breves y sencillas comparaciones describe Teilhard como en su “ego” pagano, hay “un Universo haciéndose persona por convergencia”, al mismo tiempo que en su “ego” cristiano existe una Persona (la de Cristo) universalizándose por Irradiación. Ello, es decir, esta lucha dialéctica en progreso, le produce en su “vida interior” conflictos, caídas y avances continuados.

Pero siempre hay conflictos. El conflicto clave parece ser el choque entre la falsa espiritualidad desencarnada, de otros tiempos, incluso desencarnada de su actualidad vital. Él propone una espiritualidad no enfrentada a la “orientación tradicional”, sino transversal. Lo explica de dos formas diferentes. Una de las dos formas, tal vez la más descarnada y existencial es ésta: “entre el ‘Dios del Hacia Arriba’ y una suerte de ‘Dios del Hacia Delante’, se había entablado una lucha en lo más profundo de mi alma moderna”.

Teilhard se lamenta, conscientemente, de la vía de síntesis que ha emprendido, (a la altura de 1950). Distingue entre “fe ascensional en Dios” y “fe motriz de lo Ultra-humano”. Concluye este texto sobre los conflictos, en los que se ha adentrado por querer avanzar en la Mística cristiana: “Una aventura grande y espléndida, en el curso de la cual sigo frecuentemente teniendo miedo, pero en la que me era imposible no arriesgarme, tan poderosa era la fuerza con que se aproximaban y cerraban gradualmente sobre mi cabeza, en una única bóveda, las capas de lo universal y lo Personal”.

Pero no solo hay conflictos. También hay progresos. A lo largo de este ensayo-síntesis de su obra ha venido escribiendo sobre el “Sentido de la Plenitud” y sobre el “Sentido de la Consumación y de la Compleción, Sentido Plerómico”. Ahora en el tercer y último capítulo de la obra que glosamos se refiere a “la importancia, en rápido crecimiento, adquirida en mi vida espiritual por el Sentido de ‘la Voluntad de Dios’”.

Teilhard hace alusión “a los grandes impactos de Asia y de la Guerra (1914-1918) lo que reflejan en 1924 y 1927, La Misa sobre el Mundo y El Medio Divino”. Y sigue: “todos los rasgos esenciales de mi visión cristo-cósmica se encontraban ya establecidos en aquel tiempo”.

Establece una etapa larga de progresos maduros, que llega hasta el año en que escribe este texto. Se expresa así: “Constituiría la obra y el gozo continuos de los veinte años siguientes, el ver –paso a paso y a la par- reforzarse en torno a mí, la una por la otra, la Densidad crística y la Densidad cósmica de un Mundo cuyo”poder comulgante” aumentaba incesantemente a mis ojos con el “poder convergente””.

Lenguaje comprensible para todos los seres humanos

Es imprescindible leer sus propias palabras. Son muy calculados los vocablos; son muy sintéticas las oraciones gramaticales. Teilhard, hombre crítico con el pensamiento espiritualista – por lo que las mentalidades conservadores lo tachan de “modernismo” – de su época nos narra ahora los ‘progresos’ de su vida interior. ¡Qué bien sabía que aquellas líneas no iban a ser publicadas en letras de molde hasta después de su muerte!

Sentimos respeto ante estos párrafos de una autobiografía espiritual que le costó, no sólo el destierro prolongado (aunque enriquecedor) desde 1923 hasta el año 1950 en que escribe esta obra, y podríamos decir, hasta el final de sus días; sino también la incomprensión de la inmensa mayoría que, podrían haberlo entendido si no hubiera sido por diversas razones ocultas: ¿miedo a la posible inestabilidad personal de la propia fe?, ¿cortedad de miras ante el futuro?, ¿ignorancia científica? En fin, así avanza la historia del pensamiento desde tiempo inmemorial.

Así pues, tras este párrafo y comentario, sólo introducido para provocar un receso, volvemos a la pura síntesis de la obra y nos adentramos en:

El descubrimiento de Dios, o la llamada a Aquel que Viene

Teilhard apunta que, si ha podido escapar tanto de la “materialización progresiva” como de la “deshumanización materializante” ha sido por “haber percibido un día que, en un Mundo previamente reconocido como de esencia convergente, había una tercera vía abierta -¡y era la buena!- en dirección a la Unidad”. Explica, aunque con dificultad, esta afirmación sobre la tercera vía.

Para ello, es necesario introducir un término típicamente teilhardiano: “lo Céntrico”. Lo Céntrico es el ámbito donde se encuentran lo Cósmico, lo Humano y lo Crístico. También en lo Céntrico “se desvanecen las múltiples oposiciones que constituyen la desdicha o las ansiedades de nuestra existencia”.

Lo Céntrico, el centro al cual nos dirigimos nos atrae y hacia él convergemos: “ni disuelve, ni somete los elementos que reúne, sino que los personaliza” e incluso, “la Materia se hace Espíritu, en la medida misma en que el amor comienza a expandirse por doquier”….“Lo Personal en la cumbre de la Evolución”, pero para ello “sería necesaria nada menos que la conjunción de Cristo con el Punto Omega”, es decir, “un abrasamiento general del Mundo por amorización total”. ¡Por amor!

En resumen, Evolución convergente hacia un “Polo supremo de atracción y compleción”. “Toda pasión (e incluso toda visión) muestra una singular inclinación a transformarse en amor”. Y concluye, “el amor tiende gradualmente, según nuestra experiencia a convertirse en la parte principal y, finalmente, en la forma única y suprema. Sola caritas”…“Continúo escrutando sin descanso el futuro –escribe- para ver mejor llegar a Dios”.

El retorno a El Medio Divino

La Trama del Cosmos intensifica en nuestro autor la Presencia de Dios, mediante las fuerzas que él llama de Comunión con ese Cosmos o Universo material. Se está refiriendo a los años veinte del siglo XX en los que escribió el pequeño opúsculo La Misa sobre el Mundo, en 1923 y El Medio Divino, en 1927.

Fue aquel un “periodo aún algo egocéntrico y cerrado de mi vida interior”. Ahora, veintitantos años más tarde, cuando escribe, dice que “la Evolución hominizada” va siendo que “Dios, bajo el efecto mismo de la operación unitiva que le revela a nosotros, de alguna manera, se ‘transforma’ incorporándonos (…) no simplemente a verlo y dejarse envolver y penetrar por Él, sino al mismo paso descubrirlo (…) cada vez más y más”.

Llegando ahora nuestro autor al último punto de esta “especie de autobiografía”, antes de la oración final, nos hace referencia a su desconfianza y sospecha personal “desde la infancia”. No dice específicamente que fuera “el diablo” quien le tentara, sino que la “enigmática fuerza (…) me había habituado a considerar que emanaba, no de Dios, sino de algún Astro rival”.

Vuelve a distinguir, como lo hizo más atrás, además de en otros ensayos, entre la “Fe ascensional hacia un Trascendente y la Fe propulsora hacia un Inmanente; una Caridad nueva en la que se combinan, divinizándose, todas las pasiones (y acciones) que mueven la Tierra”.

Cita ahora el Nuevo Testamento, (aunque ya El Medio Divino también contenía bastantes citas bíblicas) concretamente a San Pablo. No especifica la carta, ni el capítulo pero escribe entre paréntesis “conforme con el espíritu de San Pablo”.

Añade que el mundo (cosmos) no sólo ha sido creado por Dios como algo extrínseco, “por benevolencia desbordante, de la suprema eficiencia divina”, sino que también ha sido creado como “un misterioso producto” para que llegue a ser completado y acabado para el Ser Absoluto mismo: Dios. El Mundo es pues, “el Ser participado de pleromización y convergencia”.

Sigue, tras exponer la teoría, haciendo una crítica que no es otra que la que nos hacen los gentiles a los cristianos: “la idea de Dios se encuentra detenida y como atrofiada para nosotros en su evolución”.Resume la crítica de los gentiles, escribiendo que nuestro Cristo, al no creer verdadera y consecuentemente en Él como realmente “encarnado en el mundo”, o al menos no lo explicamos bien, es una especie de “Cristo reductor de Dios…”.

El último epígrafe o titular, fuera de la numeración de los epígrafes anteriores, como colofón de esta obra va a ser una oración, evidentemente personal e íntima. Los teilhardianos la conocen o han oído hablar de ella, se titula: Oración al Cristo siempre mayor. Ocupa tres páginas de denso contenido y va entrecomillada por el autor de principio a fin. Es una preciosidad, literaria, espiritual y mística. Recomendamos al lector su lectura reposada…

Teilhard en el Corazón, sesenta años después

Hace 60 años, en el verano de 1950, Teilhard aprovechaba las vacaciones en la casa familiar para redactar su testamento espiritual, El Corazón de la Materia.

Para poder llegar con más claridad a los pliegues de su alma, nada mejor que la reflexión de un teólogo que lo conocía bien. El volumen que incluye El Corazón de la Materia está precedido por un prólogo de N. M. Wildiers. Este franciscano holandés, doctor en Teología, ha prologado o introducido diversas obras de Teilhard, como El Porvenir del Hombre, El Fenómeno Humano y el Himno del Universo.

Ya participaba a los pocos años de su muerte en los tempranos coloquios públicos sobre su pensamiento espiritual: en Milán, mayo de 1965, el libro que salió de aquellos coloquios se tituló Le Message Spirituel de Teilhard de Chardin.

Wildiers tiene la buena costumbre de ser breve y conciso en sus prólogos. No obsta la brevedad para que cite a diversos y cualificados pensadores del área lingüística anglo-francesa que, van corroborando, o al menos no niegan, con sus investigaciones, la verosimilitud real de los aspectos más importantes de la filosofía evolutiva general teilhardiana: el paleontólogo Jean Piveteau, que conoció personalmente a nuestro autor; el biólogo Pierre Grassé; François Meyer y otros.

N. M. Wildiers califica El Corazón de la Materia, así como su último ensayo Lo Crístico, como “dos obras maestras”. Sobre la oración final “al Cristo siempre mayor” dice el prologuista que “es inigualada hasta el día de hoy (escribe en 1976) en su profundidad mística, como en el alcance de la ciencia que implica y en la belleza de la expresión”.

Es evidente que los editores han presentado en español esta obrita cuando el grueso de la traducción de la obra ensayística teilhardiana al español estaba ya concluido. Ello es un acierto ya que se puede considerar El Corazón de la Materia como una obra de síntesis. Es la síntesis de un pensamiento y su trayectoria, pero también de una vida dedicada a abrir caminos de investigación. El realismo del científico, así como sus intuiciones prospectivas de futuro, se perciben cada vez más a la altura de 1950-1955. Este último el año de su muerte.

Tal vez podamos ver una relación entre la actual fase de globalización del conocimiento a través sobretodo de internet, y la convergencia final a la que Teilhard se refiere, si no fuera porque los caminos abiertos de la Historia siguen ignotos para la inmensa mayoría de los mortales, incluido el que suscribe. Además, nuestro autor tiene tal sesgo teológico y finalista en su pensamiento que, no podemos atisbar, más que borrosamente el fin de los tiempos o como él dijo: “la Llamada de Aquel que Viene”.

Teilhard y Darwin: dos testamentos vitales

Comparamos aquí el ensayo El Corazón de la Materia, salvando lógicamente las distancias, con la Autobiografía de Charles Darwin. El naturalista inglés la subtituló Recuerdos de la Evolución de mi Espíritu y de mi Carácter. Darwin contaba 67 años cuando la dictó a su hijo. Teilhard cuando escribe El Corazón de la Materia, ha cumplido ya los 69 años. Ambos textos son breves y analítico-sintéticos. Y están escritos con el distanciamiento propio de los que ven la vida como un continuo movimiento evolutivo al que se van incorporando generaciones y generaciones.

Darwin, ironías del destino, murió en abril de 1882, meses después del nacimiento de nuestro autor, en mayo de 1881. El desarrollo del evolucionismo desde lo biológico a lo cosmológico, tanto hacia el futuro, como descubriendo su pasado, quedaría garantizado como corriente de pensamiento e hipótesis generalizada. Una hipótesis que puede tener mucho como Didáctica de toda la Realidad. Tanto de la del pasado, a través de millones de años, como de la que nos rodea en la actualidad, que es el resultado de aquel.

Manuel Medina Casado, María José Medina de la Fuente, María Dolores Prieto Santana y Leandro Sequeiros son colaboradores de la Cátedra Ciencia-Tecnología y Religión

http://www.tendencias21.net/Un-ensayo-basico-actualiza-la-filosofia-de-Teilhard_a4455.html?preaction=nl&id=10635871&idnl=68772&

Sobre la Continuidad de la Materia

Sobre la Continuidad de la Materia
Publicado por Malena el 18 de Mayo de 2010

Chesterton decía que no es fácil definir lo que es negativo, lo que significa la nada, o por ejemplo, analizar la estructura de un agujero.

La nada es la negación de lo que existe y no es en si misma.

Los antiguos filósofos decían que de la nada, nada sale, porque todo es todo.

Juan Enrique Bolzan, filósofo contemporáneo, doctor en química por la Universidad Nacional de la Plata, investigador del Conicet, escribió una docena de libros y muchos artículos dedicados a plasmar sus reflexiones filosófica, basadas en datos científicos recientes, tratando de relacionar la filosofía con la ciencia y de lograr una síntesis global.

El Dr. Bolzan, en su libro “Continuidad de la Materia”, un ensayo de interpretación cósmica, aborda este tema poco transitado por los filósofos.

Como químico y como filósofo posee los conocimientos necesarios para realizar este abordaje tan difícil.

En primer lugar se remite a las posturas científico filosóficas formuladas por los filósofos presocráticos sobre la materia y enfatiza la importancia de la concepción aristotélica.

Con respecto a la vigencia de la filosofía de Aristóteles, Homes decía que era un filósofo cuya filosofía ha llevado cientos de años aprender, otros cientos de años en desaprender y ahora va a tomar más de una generación para volver a aprender.

El pensamiento de Aristóteles fue una notable combinación de empirismo y prudencia especulativa, que consideraba a la naturaleza como la verdad del ser físico.

Para él, era imposible pensar sin representaciones sensibles. Para Aristóteles, el conocimiento científico comienza con la experiencia y a partir de los singulares se puede conocer el universal.

La ciencia consiste en conocer la causa de la que dependen los hechos. Por lo tanto, la ciencia es el conocimiento causal, y desde allí se establecerán los principios o causas verdaderas y últimas.

Toda definición es la esencia que está dentro de las cosas y las ideas solo tienen una existencia mental.

Es difícil definir la materia. Según el concepto vulgar parece ser todo lo que se puede percibir, que ocupa un lugar en el espacio y que exige cierto esfuerzo para ser movido.

El descubrimiento de los campos magnéticos, que aparecen debido a la influencia de cuerpos cargados eléctrica, magnética o masivamente, y que a su vez influyen sobre éstos, aportó elementos como para intentar una mayor aproximación a la verdad sobre la materia.

¿Estos campos son materiales o no?

Si se trata de algo inmaterial, ¿cómo es que puede impresionar placas fotográficas, ser aprisionado por placas metálicas y además interaccionar entre si?

¿Cómo es posible que puedan ser detectados estos campos con instrumentos?

La materia como substancia es cuantificable, ocupa espacio, se conecta con otros seres, se puede medir, etc., o sea que posee extensión, es decir, partes que se relacionan con un todo, un ser extenso activo-pasivo, que interactúa por contacto.

Existe la materia como potencia y la substancia como acto o accidente propio de ella, sus modos de ser, todo lo que le ocurre al Ser; lo que cambia; y el elemento, es el componente primordial indivisible y propio de algo según su especie.

La materia es el principio o causa del ser material o substancia, el principio potencial; el principio del poder ser.

Dalton afirma lo siguiente:

Que los elementos químicos están formados por átomos que mantienen su individualidad durante las transformaciones químicas.

Que los átomos del mismo elemento son iguales.

Que las combinaciones químicas se producen por unión de los átomos.

Que las partículas últimas de los cuerpos iguales son semejantes.

Un individuo es un continuo, un ser intrínsecamente uno, según la sustancia, que es la que hace que el continuo sea él mismo.

Cuando los científicos hablan sobre la estructura de la materia, a nivel de divulgación científica, admiten que los cuerpos materiales están, en proporción, más vacíos que llenos, o sea que todo parecería ser discontinuo.

La teoría atómica clásica, sostiene la existencia de un campo poderoso eléctrico en el interior del átomo que indudablemente tiene realidad física.

El átomo es un Ser continuamente él mismo, por lo tanto la materia será también continuamente ella misma.

Desde este marco teórico entiendo que, a la luz de la ciencia moderna y de esta concepción filosófica, existe la materia como causa y principio potencial o principio del poder ser de la substancia. Esta materia es eterna, inmodificable e inmóvil; causa de la substancia que la contiene y que puede modificarse pero continúa siendo siempre ella misma en su especie. La nada no existe.

http://filosofia.laguia2000.com/filosofia-contemporanea/sobre-la-continuidad-de-la-materia

La Kabbalah como fuente de sabiduría

La Kabbalah como fuente de sabiduría
Publicado por Malena el 12 de Mayo de 2010

La kabbalah es una doctrina muy antigua proveniente de las tradiciones hebreas que aún guarda muchos misterios.

No es una religión, representa una interpretación esotérica de los libros sagrados judíos, una forma de ver el mundo, una explicación posible sobre todo lo que existe, quienes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos.

El objetivo de su práctica y estudio es comprender la realidad y el propósito de la existencia.

La Kabbalah busca encontrar el sentido oculto que tienen las palabras.

La palabra kabbalah proviene de lekabel, que quiere decir recibir pero que también significa dar algo de uno para poder entenderla.

Tiene origen judío pero es para todos, porque brinda la oportunidad de investigar el plan divino a través del Tanaj de la Biblia.

El momento ideal en la vida para estudiar la Kabbalah es la madurez, cuando se es capaz de salir de si mismo y descubrir al otro.

Una condición de la madurez y para el estudio de esta doctrina es comprender la sexualidad como una forma de trascendencia.

Otra condición es la pareja, ya que simboliza la posibilidad de establecer una relación con otro diferente.

Finalmente, se necesita un maestro, que es el que representa el encuentro con los otros.

La Kabbalah es un ritual sagrado con el objetivo de comprender la realidad y poder atraer las cosas que queremos hacia nosotros y hacer posible el cumplimiento de los objetivos.

Utiliza el valor simbólico de las letras, y los números, que son a la vez letras, y que tienen un poder de protección.

Darle valor simbólico y poder a las letras y a los números, implica el reconocimiento de que existe algo más allá de la razón, que no es precisamente irracional, sino que se puede analizar racionalmente.

El estudio de la Kabbalah interesó a muchos hombres de ciencia con inquietudes espirituales y con el afán de descubrir las verdades últimas y entender los curiosos y sorprendentes eventos de la vida.

La Kabbalah se ha puesto de moda, porque la gente está buscando respuestas a sus temores y necesita protección porque se siente aislada y sola en medio de la multitud indiferente, y expuesta a los avatares de la existencia, sin saber que tiene el poder de cambiar todo a su alrededor, salir del pesimismo y transformarse a si mismo.

La vida es como un juego, una serie de movimientos certeros y precisos que dan el resultado esperado, si se conoce bien el juego y sus reglas.

El tablero es el plan, luego hay que conocer las reglas del juego, o sea las actitudes necesarias en la vida, confiar, no tener miedo ni inseguridad, aprender a ver, descubrir la verdad y celebrar.

Los números y las letras nos revelan el significado profundo de la realidad porque cada número y cada palabra es un símbolo que se puede descubrir.

No se trata de inventar sino de reconocer lo que realmente existe, poder verlo con los ojos del espíritu.

El objetivo del estudio de la Kabbalah es el conocimiento, la búsqueda de la sabiduría que puede hacernos más felices, el intento de descubrir el misterio de la realidad. Es misticismo y esoterismo, en el sentido que se trata de una ciencia oculta que cierra secretos a veces indecifrables.

Es una forma de interpretar los libros sagrados a la luz de lecturas apócrifas que guardan enseñanzas sobre el origen del universo, la creación, el cosmos, el creador, de los primeros hombres y del Árbol de la Vida”, o sea el proceso que todos tenemos que transitar.

En el verbo está la explicación de todo y en la búsqueda está la respuesta.

En la práctica, la Kabbalah contiene mantras, el tarot guemátrico, la guematría personal, la quiromancia y otras. La guematría es la simbología numérica hebrea o numerología.

Según la Kabbalah, el idioma hebreo es además un instrumento capaz de provocar o evitar fenómenos, poder que se refiere a cambiar el orden de la Creación.

Fuente: Entrevista a Rubén Kanalenstein, Baruj Plavnick, Beatriz Borovich y Ruth Percowicz, Revista Uno Mismo, Edición Gie S.A., Buenos Aires, diciembre 2009 y enero 2010

Uniformismo, 2ª.Parte

Uniformismo, 2ª.Parte
Lunes, 10 de mayo 2010

La Escritura condena expresamente el uniformismo en 2 Pedro 3:4. Pedro profetizó que este punto de vista erróneo sería adoptado en los últimos días por los hombres burladores andando según sus propios deseos-que se imaginan que “todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación.” El apóstol Pedro continúa escribiendo, “Estos ignoran voluntariamente, que en el tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de Dios los cielos, y también la tierra, que proviene del agua y por el agua subsiste, por lo cual el mundo de entonces pereció anegado en agua” (vv. 5-6).

En otras palabras, la clara enseñanza de la Escritura es que la historia de este mundo no ha sido una de uniformismo y de procesos geológicos naturales desde el principio. Pero según la Biblia, ha habido al menos dos eventos cataclísmicos globales: la creación misma y una inundación catastrófica en todo el mundo en tiempo de Noé. Estos serían suficientes para explicar prácticamente todas las características geológicas e hidrológicas de la tierra tal como la conocemos.

De hecho, las fuerzas catastróficas a gran escala son la única explicación plausible para realmente algunas de las características geológicas. No muy lejos de donde vivo hay una zona conocida como Vasquez Rocks. Tiene la apariencia de un paisaje lunar robusto (y es un sitio familiar en las películas de ciencia-ficción, donde se emplea a menudo como escenario de escenas de planetas exóticos). Sus principales características son fragmentos masivos de los estratos rocosos dentados, rotos bruscamente y sacados de la tierra a grandes alturas. Cualquiera que sea la fuerza que levanto a las rocas al final fue, obviamente, repentina y violenta y no lenta y gradual. Toda la región está llena de evidencias de una catástrofe similar. No muy lejos se encuentra la famosa falla de San Andrés. Allí, donde ha sido cortado en la carretera de la ladera, los viajeros pueden observar los estratos rocosos violentamente retorcidos. Estas características son una evidencia muda a las fuerzas extraordinarias que han dado forma a la topografía del Sur de California-muy por encima del poder de cualquier terremoto conocido. Estos fenómenos son lo que podríamos esperar, dada la historicidad del relato bíblico. La Escritura dice, por ejemplo, que cuando comenzó el diluvio, “todas las fuentes del gran abismo se rompieron” (Génesis 7:11). Sin duda, el diluvio fue acompañado por la actividad volcánica, grandes movimientos geológicos, y el movimiento de las placas tectónicas de la tierra. Tal catástrofe no sólo explicaría los estratos de roca retorcidos y levantados, sino también sería fácil explicar por qué tanto de las cordilleras de la tierra dan evidencia de haber estado una vez bajo el mar. Los uniformistas no pueden ponerse de acuerdo sobre ninguna explicación posible para características como éstas.

Una inundación masiva explicaría también la formación del Gran Cañón. De hecho, sería una mejor explicación de cómo el cañón llego a ser que cualquier hipótesis uniformista. Las características del cañón en sí mismo (cañones muy profundos con mesetas planas en los bordes) sugieren que se formó por la rápida erosión. Una formación sorprendentemente similar es el Cañon de la Providencia, cerca de Lumpkin, Georgia-un espectacular cañón que cubre más de mil cien hectáreas. A principios de 1800 toda la zona eran tierras planas. A mediados de la década de 1800, los agricultores habían despejado completamente el área de árboles y su sistema de raíces, dejando el área susceptible a la erosión. En 1846, las lluvias torrenciales empezaron a formar pequeñas quebradas y grietas. Estos se expandieron con todas las lluvias sucesivas. En la década de 1940, los edificios y pueblos cercanos tuvieron que ser trasladados para acomodar el cañón cada vez mayor. Hoy el cañón comprende dieciséis dedos, algunas más de una milla de longitud. En los lugares a la distancia desde el fondo del cañón hasta el borde es tan alto como un edificio de quince pisos. Hoy en día es una zona pintoresca, con frondosos árboles y vida silvestre, a menudo llamado “El Pequeño Gran Cañón de Georgia.” Sus características son indistinguibles de los cañones que los geólogos afirman tomó miles de millones de años para formarse.

Douglas F. Kelly escribe:

La hipótesis uniformista de que millones de años de trabajos geológicos (extrapolando a partir de procesos presentes, lentos y naturales) sería necesarios para explicar estructuras como el Gran Cañon Americano por ejemplo, cuestiona gravemente por la explosión del Monte Santa Helena en el estado de Washington el 18 de mayo de 1980. La energía masiva equivalente a 20 millones de toneladas de TNT destruyó 400 kilómetros cuadrados de bosque en seis minutos, cambiando la faz de la montaña y excavando en las profundidades de la tierra y roca, dejando formaciones no muy diferentes de las partes más grandes del Gran Cañón. Los estudios recientes sobre el fenómeno del Monte Santa Helena indican que si hicieron intentos por fechar a estas estructuras (que se formaron en 1980) sobre la base de la teoría uniformista, millones de años de tiempo de formación serían necesariamente postulados.

Los cristianos que reinterpretan el texto bíblico para tratar de acomodar las hipótesis de los uniformistas de una tierra antigua lo hacen innecesariamente. Imaginar que la tierra se formó por procesos naturales durante miles de millones y billones de años a través de una lenta y constante evolución es negar la esencia misma de lo que la Escritura enseña acerca de la creación de la tierra. Es para rechazar el relato claro del mismo Dios de que Él creó la tierra y toda su vida en seis días.

fuente bibl:

http://evangelio.wordpress.com/2010/05/10/el-uniformismo-2-parte/

El Uniformismo, 1ª. Parte

El Uniformismo, 1ª. Parte
Viernes, 07 de mayo 2010

La hipótesis de que la Tierra tiene miles de millones de años se basa en la premisa bíblica de que lo que está sucediendo ahora es lo que ha ocurrido siempre. Esta idea se conoce como el uniformismo. Es la teoría de que los fenómenos naturales, geológicos, son en su mayor parte los resultados de las fuerzas que han operado de forma continua, con la uniformidad, y sin interrupción, durante miles de millones y miles de millones de años. Los Uniformistas suponen que las fuerzas que actúan en la naturaleza son esencialmente fijas y constantes. Los científicos que sostienen esta tesis explican casi todos los fenómenos geológicos en términos de procesos que se siguen produciendo. El ve uniformista ve los estratos de rocas sedimentarias, por ejemplo, y asume que los sedimentos que los formaron son el resultado de la sedimentación natural y al lento asentamiento de partículas en el agua durante varios millones de años. Un uniformista observa el Gran Cañón y asume el flujo natural del río Colorado tallando ese abismo inmenso sobre muchos siglos con un constante (aunque en constante disminución) arroyo.

El Uniformismo fue propuesto por primera vez a comienzos del siglo XIX por dos geólogos británicos, James Hutton y su discípulo más conocido, Charles Lyell. La obra de Lyell Principios de Geología fue un rechazo explícito de la creación y de explicaciones basadas las inundaciones para las fórmulas geológicas. Lyell insistió en que todas las características de la geología terrestre debe ser explicable por lo natural, en lugar de lo sobrenatural, los procesos. Consideró a todas las explicaciones bíblicas o sobrenaturales como inherentemente poco científicas y por lo tanto falsas. En otras palabras, el comenzó con la presuposición de que la Escritura misma es falsa. Y su trabajo esencialmente canonizo el naturalismo ateo como base para la investigación “científica”.

Como hemos señalado anteriormente, el naturalismo en sí es una creencia religiosa. La convicción de que no pasa nada sobrenaturalmente es un dogma de fe, no un hecho que puede ser comprobado por cualquier medio científico. De hecho, un rechazo a priori de todo lo sobrenatural implica un gigante, salto de fe irracional. Así que los presupuestos del naturalismo ateo en realidad no son más “científicos” que creencias del cristianismo bíblico. Este hecho obvio parece haber escapado a Lyell y a muchos que le han seguido.

Sin embargo, la teoría uniformista de Lyell fue una gran influencia en los científicos de su época. (Darwin, incluso se llevó una copia del trabajo de Lyell con él cuando se embarcó en el Beagle en 1831.) Y a partir de la primera publicación de la obra de Lyell hasta hoy, la hipótesis de que la tierra es de edades avanzadas ha dominado la ciencia secular. La teoría de la evolución misma fue el resultado predecible e inmediato más cercano de la hipótesis uniformista de Lyell.

Por supuesto, los científicos modernos han ampliado sus estimaciones de la edad de la tierra más allá de lo imaginado por el mismo Lyell. Pero la teoría básica del uniformismo surgió por primera vez del sistema de creencias antibíblicas de Lyell.

Lo contrario del uniformismo es el catastrofismo, la opinión de que los dramáticos cambios geológicos se han producido en eventos súbitos, violentos o inusuales. Un catastrofista observando formaciones de rocas sedimentarias o cañones grande es más probable (y más exactamente) que la sinterprete como el resultado de las graves inundaciones. Por supuesto, esto genera un marco de tiempo mucho más joven para el desarrollo de las características geológicas de la tierra. (Una inundación repentina, por ejemplo, puede producir una gruesa capa de sedimentos en un par de horas. Esto significa un gran estrato de roca sedimentaria, lo que podría suponer un uniformista que llevó millones de años en formarse, en realidad podría ser el resultado de un solo una raída inundación.) Catastrofismo por consiguiente, representa un gran desafío para el calendario evolutivo, la eliminación de los miles de millones de años múltiples exigido para hacer que la hipótesis evolutiva funcione. Y por eso es rechazada de plano por la mayoría de los evolucionistas.

Pero un momento de reflexión revelará que el registro fósil es imposible de explicar por ningún régimen uniformista. Para que un ser vivo se convierta en fósil (en lugar de una descomposición y hacerse polvo –Job 34:15), debe ser enterrado de inmediato bajo un gran peso de sedimentos. Aparte de un diluvio catastrófico en una escala diferente a cualquier observado en años recientes, ¿cómo podemos explicar la existencia de enormes yacimientos de fósiles (como el campo de la formación de fósiles Karoo en África, que se cree que tienen 800 mil millones de vertebrados fósiles)? La sedimentación natural durante muchos siglos no puede explicar por qué tantos fósiles llegaron a ser concentrados en un solo lugar. Y todos los continentes habitados contienen grandes yacimientos de fósiles en el que millones de especies fósiles se encuentran juntos en grandes concentraciones, como si todas estas criaturas fuesen destruidas y enterradas juntas por inundaciones masivas. Los fósiles de criaturas marinas se encuentran incluso en muchas de las cimas de las montañas más altas del mundo. ¿Cómo explican los uniformistas estos fenómenos? De la única manera que pueden: Constantemente aumentan su estimación de la edad de la tierra.

Tomado de aqui

http://evangelio.wordpress.com/2010/05/08/el-uniformismo-1-parte/

El hombre actual quiere un acto de fe que sea inteligente

El hombre actual quiere un acto de fe que sea inteligente
Bernard Sesboüé: creer nos resulta difícil porque requiere desprendernos de nosotros mismos

Bernard Sesboüé. Foto: gentileza de NDC

Bernard Sesboüé es jesuita y teólogo. Ha sido profesor en el Centre Sèvre de Paris durante 32 años. Su campo de investigación ha tocado casi todos los dominios de la teología. Ha consagrado los últimos años a reflexionar sobre la cuestión de la fe. Y ha intentado responder a esta pregunta: ¿cómo hablar de la fe a los hombres y mujeres de nuestra época? Creer en Dios es todavía un compromiso de nuestra libertad. Cada uno de nosotros habla de la fe a partir de su experiencia personal. Sin embargo, el acto de creer requiere también una reflexión y la razón ocupa aquí un gran espacio. Hemos pedido a Bernard Sesboüé que responda a nuestras preguntas con la finalidad de darnos algunas indicaciones sobre la nueva forma de decir nuestra fe hoy (Bernard Sesboüé, Croire. Paris, Éditions Droguet &Ardent).
Entrevista realizada por Jérôme Martineau, Redactor Jefe de la Revista Notre Dame du Cap.

Usted ha escrito hace unos años un libro muy importante titulado “Creer”. ¿Por qué llamar la atención sobre la fe mientras otros problemas asaltan a la Iglesia?

En primer lugar que querido subrayar en este libro que la cuestión de Dios es inevitable para el hombre, incluso el de hoy. Es una cuestión que afecta a todos, a los cristianos, a los fieles de otras religiones e incluso a los ateos. Recuerdo las palabras de un filósofo del siglo XIX, famoso por su ateísmo, que decía que la cuestión de Dios le asaltaba todos los días. Este libro propone un recorrido que sigue el Credo. He querido ponerme a la altura de nuestros contemporáneos que se enfrentan a la fe. He reflexionado sobre el sentido de decir “Yo creo” antes de añadir “en Dios”. El “yo” es el punto de partida. Es el “yo” del hombre. A menudo se habla de Dios antes de preguntarse sobre este hombre que plantea la cuestión de Dios.

¿No tiene usted la impresión de que los hombres y mujeres de hoy se plantean cada vez menos la cuestión de Dios?

Usted ha planteado la verdadera cuestión. La cuestión de Dios parece en efecto desaparecer en su forma clásica. Pienso sin embargo que aparece de nuevo cuando se plantea la cuestión del sentido de la vida. ¡Cuántas personas se plantean cuestiones relacionadas con la felicidad y el éxito de su vida! El filósofo Paul Ricoeur decía que de lo que más necesitados estamos hoy es de amor, todavía más, de significación. Vivimos en una sociedad que se desarrolla gracias a medios considerables, pero que pierde el sentido de su finalidad, de tal manera que un buen día puede plantearse estas cuestiones: ¿por qué levantarme para trabajar? ¿por qué crear una familia? Todas estas cuestiones nos conducen a la cuestión del sentido. Nos planteamos todas estas cuestiones cuando las circunstancias inevitables se nos presentan. Pienso al respecto en una enfermedad grave o en la muerte.

La mayoría de la gente vive en el ritmo clásico de la vida y pueden perfectamente responder a lo que yo llamo las cuestiones penúltimas. Consiguen ganarse la vida. Quieren a sus hijos y todo lo que va bien de pronto puede transformarse por la aparición de un cáncer. La esperanza de vida se ve entonces amenazada y en esos momentos la persona se plantea las cuestiones fundamentales. Debe responder a la cuestión del sentido de su vida. ¿Cómo va a vivir esta prueba? ¿Por qué me ha ocurrido esto?

La cuestión del sentido puede surgir también en circunstancias menos dramáticas. Un escritor preguntaba a sus amigos cuál había sido la experiencia más fuerte de su vida. Muchos respondieron que la experiencia de dar vida a un niño se había convertido en la más importante. Se trata de una experiencia vinculada a la transmisión de la vida. Ante un acontecimiento de esta naturaleza, las personas se plantean también cuestiones ligadas al sentido de la vida.

Vemos así que la cuestión del absoluto está siempre presente. Aparece también en ciertos casos de degradación humana. Piense por ejemplo en la droga. El que se abandona a la droga intenta llenar la insatisfacción que encuentra en su vida. Una revista francesa titulaba recientemente “El Absoluto” hablando de la sexualidad. Esta búsqueda se expresa también en la sexualidad.

Concluyendo mi reflexión, creo que es preciso decir que en la religión cristiana tenemos un Dios que se interesa por el hombre. Es lo que es revolucionario en el cristianismo. ¿Podría el hombre interesarse por un Dios que no se interesa por él? Tenemos estas palabras de Moisés en el Deuteronomio: “¿cuál es el Dios de las naciones que se aproxima a ellas como nuestro Dios se aproxima a nosotros?”

¿Se trata entonces de una novedad en la historia de las religiones, el hecho de que Dios se aproxime a los humanos?

Recuerdo a un especialista de la historia de las religiones que decía que hace 4.000 años, en un pequeño pueblo del Oriente lejano, se produjo un acontecimiento considerable: el nacimiento de la fe. ¿Cuál es el significado de la palabra fe? La fe es un término ligado a la tradición judeo-cristiana. ¿Acaso los paganos de Roma o de Atenas tenían fe en sus dioses? No era lo mismo. El cielo estaba poblado de dioses y sus vidas eran una copia del mundo terrestre y la gente no esperaba gran cosa de ellos.

La tradición judeo-cristiana enseña que Dios se compromete con el hombre y que la fe es precisamente la confianza que otorgamos a este Dios que nos hace promesas. Este tema atraviesa todo el Antiguo Testamento. Los autores relatan la fidelidad de Dios a sus promesas. La fe se fundamenta en una experiencia del pasado orientada hacia el futuro. Dios ha escuchado el clamor de su pueblo y todo el Antiguo Testamento testifica el diálogo que se construye entre Dios y su pueblo. Dios se dirige al hombre como un amigo se dirige a otro amigo. En el misterio cristiano, toda la iniciativa procede primero de Dios. Por eso San Pablo habla de la justificación por la gracia a través de la fe. Eso quiere decir que la iniciativa de esta justicia viene de Dios, que se vuelve hacia nosotros y nos propone su benevolencia y su amor. Sólo nos pide a cambio un acto de fe.

Usted escribe desde el principio de su libro que es difícil creer. ¿Por qué es tan difícil aceptar este don de Dios?

Es difícil creer porque se nos hace difícil desprendernos de nosotros mismos. Tenemos un deseo de egoísmo fundamental que quisiera que todo venga de nosotros, que todo tiene relación con nosotros. Constatamos este deseo en toda persona que ocupa un poder. Las personalidades políticas aceptan con dificultad que este poder se detenga. Decimos que vivimos en sociedades democráticas y que hay contrapoderes. Realmente, existen 36 formas de esquivar las mejores constituciones para conseguir sus propios fines.

Sin embargo, la fe nos pide vivir una humildad fundamental, proceder a una serie de renuncias y esto es lo que en mi opinión dificulta la fe en la actualidad. Vuelvo sobre el pensamiento del filósofo Paul Ricœur que decía que hoy todo está organizado en función de la mejora de los medios. ¡Es verdad! En la práctica, los países desarrollados no cesan de perfilar sus descubrimientos. Tomo el ejemplo de la informática, donde las mejoras se suceden a un gran ritmo. Las personas acumulan información sobre información y se olvidan de pensar por qué viven. Cuantas más cosas hacemos, más queremos hacer. Huimos de nosotros mismos adoptando este modo de vida tan acelerado. Estamos distraídos por un montón de cosas. Es el drama del hombre o de la mujer que llega a la jubilación. En ese momento se encuentra frente a frente con su vida y no sabe qué hacer.

Por otro lado, el hombre y la mujer de hoy quieren que se les den razones para creer. Quieren hacer un acto de fe que sea inteligente. Creo que tenemos todavía muchas cosas que hacer como católicos para proponer una catequesis que se dirija a los adultos. Nuestros catecismos, en particular los que se dirigen a los adultos, lo hacen todavía en un estilo que se dirige a ellos como si fueran niños. Se nos dice que es necesario creer, pero no se proporciona acceso a una información suficiente.

Podemos enseñar que Jesús es el Hijo de Dios. El hombre de hoy responde: ¿cómo puedes decirme tal cosa? ¿Es que Dios puede tener un hijo? ¿Qué es lo que quiere decir? ¿Es que Dios puede humanizarse ? Debo recuperar la pedadogía que Jesús empleó con sus discípulos para responder a estas cuestiones. Jesús ha hablado humanamente a todas las personas que se encontraba. Provocó en ellas una primera forma de confianza porque muchas le siguieron. Finalmente pudo plantear esta cuestión: ¿quién decís que soy? No pudieron dar la respuesta sino después de pasar la prueba de la muerte y la resurrección.

¿Que forma de catequesis propone usted?

Quisiera que la catequesis propusiera para cada tema tratado una forma de dar cuenta de eso ante la historia y ante la razón. Hace falta ser capaz de hablar de la fe en función de las preguntas que se hace una persona que intenta comprender su fe. El fenómeno del libro “El Código Da Vinci” me ha abierto los ojos. Nuestros contemporáneos plantean muchas cosas sobre el origen y la historia del cristianismo. Una gran parte de nuestros católicos son incapaces de responder a estas cuestiones. De esta forma, un novelista puede contar que la Iglesia les ha ocultado alguna cosa y que los evangelios apócrifos relatan mejores cosas sobre Jesús que los evangelios que nosotros reconocemos. La novela “El Código Da Vinci” es una historia entre otras. Todo lo que tiene que ver con la persona de Jesús no deja indiferente a nadie. Debemos entonces tener mayor interés por conocer mejor nuestra historia.

Ciertamente, Jesús interesa a muchas personas. ¿Por qué ahora se quiere hablar únicamente de la humanidad de Jesús?

En efecto, es la moda. Las novelas que hablan de Jesús se sitúan fuera de la fe y niegan su divinidad. Los autores saben que Jesús es una figura respetada, sagrada. Su ambición es superarla y de reducir su existencia a la de cualquier persona. Pongo un ejemplo. Estos autores no pueden aceptar el celibato de Jesús y están dispuestos a intentar cualquier cosa para decir que estuvo casado. John P. Meier, un teólogo americano de la Universidad de Notre-Dame, ha escrito cuatro libros sobre la historia de Jesús y responde a la cuestión sobre el celibato de Jesús. Dice que todo lo que sabemos de la historia de Jesús confirma que estuvo célibe. El celibato no era popular entre los judíos, pero existía en algunos grupos como los esenios.

Está también la famosa frase concerniente a los eunucos. Esta frase es violenta y parece la respuesta que Jesús dirigió a quienes se burlaban de su celibato. Este texto es interesante porque parece ser el eco del asombro de las personas que observaban la manera de vivir de Jesús. Decía: “El que pueda comprender que comprenda”. Todavía hoy no se le comprende.

¿Qué es lo que hombres y mujeres de hoy esperan de Dios?

Esperan la felicidad. Hay una gran sed de felicidad que quiere desembocar en otro lugar que no podemos alcanzar por nosotros mismos. Todos nosotros vivimos momentos intensos en nuestra existencia en los que experimentamos una verdadera felicidad. Todo es armonioso a nuestro alrededor y vivimos en un clima de amor. Esta experiencia espiritual no dura sino un instante, pero nos transporta como fuera de nosotros mismos. Nos sitúa en un estado de felicidad total. Después, es necesario ponerse manos a la obra. Esperamos de Dios un espíritu de totalidad que no podemos proporcionarnos y que él puede darnos gratuitamente. No podemos recibir esos momentos de felicidad si no proceden del Otro absoluto que es Dios. No puede haber una felicidad completa si no se produce una comunión en la cual los otros tienen su sitio. La felicidad se encarna en la realización del gran mandamiento del amor: amar a Dios y al prójimo como a uno mismo.

Esta entrevista fue publicada originalmente en la revista Notre Dame du Cap. Se reproduce con autorización. Traducción del francés: Eduardo Martínez.

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