Preparacion del Señor previo a su ministerio (IV)

Referencias de los Padres de la  iglesia primitiva acerca del estudio de Las Escrituras (La Septuaginta)

«Opiniones de los Padres.

La certeza de la inspiración divina de la Septuaginta fue decisiva para su adopción por los primeros cristianos. El que haya sido escrito en griego la transformó en un instrumento fundamental para la Evangelización del mundo greco-romano. Justino, Ireneo, Tertuliano, Clemente de Alejandría y Eusebio consideraron que Dios había iluminado cada paso en la elaboración de su composición.

A mediados del siglo II D. de C., San Justino, el filósofo cristiano, describió cómo se reverenciaban copias de la Septuaginta en algunas sinagogas judías, aun cuando un influyente número de rabinos había renegado de su empleo por considerar que el Cristianismo las había hecho suyas

San Ireneo de Lyon se refirió a la Septuaginta como “auténticamente divina”. “Las Escrituras fueron interpretadas con tal fidelidad y por la gracia de Dios, y de la misma forma en que Dios preparó y formó nuestra fe hacia su Hijo, ha preservado inadulteradas las Escrituras en Egipto”, sentenció San Ireneo

En el siglo IV D. de C., Eusebio, obispo de Cesarea e historiador de la Iglesia, desarrolló con amplitud el camino seguido para la realización de la Septuaginta y su carácter inspirado:

“Antes que los romanos establecieran su gobierno, cuando aun los Macedonios poseían Asia, Ptolomeo, hijo de Lago, muy ansioso por adornar su biblioteca, que había fundado en Alejandría, con las mejores obras de todos los hombres, requirió de los habitantes de Jerusalén obtener una traducción de sus Escrituras al griego. En ese tiempo estaban sujetos a los macedonios. Por lo que enviaron a Ptolomeo setenta sabios, los más experimentados en las Sagradas Escrituras y en ambos lenguajes (hebreo y griego), deseando Dios que se laborase. Pero Ptolomeo, queriendo probarlos a su manera, y temiendo que hayan hecho algún acuerdo previo para esconder las verdaderas Escrituras mediante su traducción, los separó uno del otro, y les mandó escribir la misma traducción. Y esto hizo en el caso de todos los libros. Pero, cuando fueron reunidos por Ptolomeo, y compararon cada uno sus traducciones, Dios fue glorificado y las Escrituras fueron reconocidas como divinas, porque todos presentaron las mismas cosas en las mismas palabras y en los mismos nombres, de principio a fin, así que incluso los paganos que estaban presentes supieron que las Escrituras fueron traducidas por la inspiración de Dios”

Opinión de San Jerónimo.

San Jerónimo estuvo en principio de acuerdo con la opinión de judíos y cristianos sobre la inspiración de la Septuaginta. Más tarde entró en contacto con el texto de la “Biblia Hebrea” difundida por los rabinos de Judea. Las aparentes diferencias aportadas por el texto originado en los llamados “acuerdos” de Jamnia a finales del siglo I D. de C., adoptado como “oficial” por el judaísmo rabínico, le hicieron cambiar de parecer.

Escribiendo a su amigo Pamaquio (c. 400-5 D. de C.) Jerónimo se quejó de las dificultades con que se había encontrado para traducir directamente del hebreo al griego. Según Jerónimo solamente podía realizarse una traducción “sentido por sentido”, más que “palabra por palabra”, de estos idiomas. Ello le condujo a dudar de la literalidad de los LXX con respecto al texto que consideraba como “original hebreo”. Pero el problema estaba en que estos llamados “originales” eran en realidad los “Proto-Masoréticos”, los textos oficializados de las sinagogas. Allí radica el error de apreciación de San Jerónimo.

Ampliando el concepto, San Jerónimo afirmó inexactamente que la Septuaginta había hecho “grandes adiciones y omisiones”. Cita como ejemplo el pasaje de Isaías 31:9, que el consideraba equívoco en la versión de los LXX “¿Cómo deberemos enfrentar los originales en hebreo en donde estos pasajes y otros como ellos son omitidos, pasajes tan numerosos que para reproducirlos se requerirían libros sin número?”, se quejó Jerónimo. Pero, a pesar de su incomodidad, Jerónimo admitió el valor de la Septuaginta empleada por la Iglesia. Se trataba de un texto antiguo, anterior a la venida del Señor, utilizado por los Apóstoles y los cristianos primitivos.

La actitud de Jerónimo puede explicarse a partir del texto hebreo difundido en su época, particularmente el llamado “Proto-Masorético”. El autor cristiano no tuvo a su disposición los antiguos manuscritos “paleohebreos” de Egipto y Palestina, que hubieran iluminado su comprensión de la traducción griega. Más bien Jerónimo comparó la Septuaginta con los manuscritos hebreos de uso corriente que, según San Justino, les habrían sido “completamente cancelados” diversos pasajes que expresaban sentido mesiánico, anunciando la Encarnación del Señor Jesús.

Posiciones de San Justino, San Agustín y Orígenes.

El problema de la “adecuación” de los textos bíblicos a las enseñanzas rabínico-farisaicas fue confrontado tempranamente por Padres de la Iglesia como San Justino. En su discusión con el filósofo judío Trifón, San Justino le manifiesta que no puede apoyarse en los maestros hebreos porque rehusaban admitir que “la interpretación realizada por los setenta ancianos que estaban con Ptolomeo, (rey) de Egipto, fue correcta; intentando ensamblar una nueva(ellos) han extraído muchos pasajes de la Escritura de la traducción de los setenta ancianos (…), por las cuales este mismo hombre que fue crucificado, es probado de haber sido establecido expresamente como Dios y como hombre y como siendo crucificado y como muriendo; pero dado que yo soy consciente que esto es negado por todos en tu nación (judía), no me apoyo en estos puntos, sino que procedo a avanzar en mi discusión por medio de aquellos pasajes que son todavía admitidos por ustedes”

San Agustín ofreció una meditada opinión sobre la Septuaginta. Ésta se alejaba de toda pasión, característica de su amigo San Jerónimo, concentrándose en la reflexión teológica del texto. Para el obispo de Hipona, tanto el texto hebreo como el griego eran verdaderos e inspirados. El tiempo y el lenguaje en que fueron escritos constituyen como dos etapas deseadas por Dios en el progreso de la Revelación al Pueblo Hebreo.

Orígenes de Alejandría, valoró la versión en griego ofrecida por la Septuaginta, que consideró superior y más antigua que la hebrea. Aunque escribiendo en un siglo anterior, Orígenes difería de San Jerónimo quien consideró la versión hebrea “Pre-Masorética” como única fiel. San Agustín miró el panorama amplio y retuvo ambas versiones, hebrea y griega, como expresión de la Palabra divina. Se trataba de relatos que se diferenciaban en ciertos aspectos, pero que eran complementarios y queridos por el mismo Espíritu que las inspiró »

Conclusión:

Vemos como los llamados padres de la iglesia tenían por costumbre escudriñar las escrituras. En esa época se levantaron muchos doctores y estudiosos de las escrituras, a las cuales tenían en gran valor. Podemos citar a muchos: Justino, Jerónimo, Ireneo, Tertuliano, Clemente de Alejandría y Eusebio, San Agustín, Orígenes de Alejandría,  Atanasio, Juan Crisóstomo, y otros mas, con mayor o menor comprensión de las doctrinas, que en aquella época aun no estaban todas definidas, y había mucha controversia.

El Escudriñar las escrituras es amar la verdad, es buscar la verdad., es no conformarse con el texto superficial, es tratar de inquirir mas allá de los límites del entendimiento humano, para aclarar algún punto oscuro, es no callar la conciencia con respuestas superficiales, pero ¿Qué es la verdad?

Leamos algunas reflexiones y también respuestas elaboradas en “Watchman Magazine”, nota editada el 1º de Agosto de 1999 en español, por Partain, Wayne (25)

«Pilato preguntó, “¿Qué es la verdad?” (Jn. 18:37)

¿Preguntó con disgusto, con exasperación o con sinceridad? No sabemos, pero es muy buena pregunta, una de las preguntas de las edades. Otra que está bien relacionada con ésta hecha por el mismo gobernador fue la siguiente:

“¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo?” (Mat. 27:22).

La verdad es la realidad.

 “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que El existe, y que es remunerador de los que le buscan”. (Heb. 11:6)

¡Dios existe! (También existe la recompensa eterna: el cielo y el infierno).

“El que recibe su testimonio, éste atestigua que Dios es veraz”. (Jn 3:33)

Dios dice la verdad.

“De ninguna manera; sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso como está escrito. Para que seas justificado en tus palabras, Y venzas cuando fueres juzgado” (Ro. 3:4; sal. 51:4)

Es lo opuesto a la mentira.

“Ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén”  (Ro. 1:25)

 Asimismo son de la mentira y no de la verdad los falsos cristos (2 Cor. 11:4)…

Todos los falsos “cristos,” falsos apóstoles (Ap. 2:2), y falsos evangelios (Gál. 1:8, 9) no son de la verdad, sino de la mentira. Hay un solo cuerpo (iglesia, Ef. 1:22, 23); hay una sola esperanza (la vida eterna); hay un solo bautismo (inmersión en agua en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo para perdón de pecados).

“solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación;  un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos”. (Ef. 4:4-6)

Por lo tanto, la verdad está en contra de tradiciones humanas, supersticiones, muchos “ismos”, porque los “ismos” no tienen realidad ante los ojos de Dios, sino que son invenciones humanas.

Cristo es la verdad.

“Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. 7 Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto. 8 Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. 9 Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?”  (Jn 14:6)

Cristo es la verdad y la verdad está en El.

“Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo, 21 si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús”.  (Ef. 4:20)

La palabra de Dios es la verdad.

“Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad”. Jn. 17:17

 “La suma de tu palabra es verdad”. (Sal. 119:160)

El evangelio es la verdad.

“En él (Cristo) también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa”. (Ef. 1:13)

“El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas”. (Stgo. 1:18)

“Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado”. (II Pe. 2:2)

 “a los cuales ni por un momento accedimos a someternos, para que la verdad del evangelio permaneciese con vosotros”. (Gál. 2:5,  2:14)

“Pero cuando vi que no andaban rectamente conforme a la verdad del evangelio”.

La doctrina de Cristo es la verdad

“Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo. Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis ¡Bienvenido! Porque el que le dice: ¡Bienvenido! participa en sus malas obras”.  (2 Jn 9-11)

El Nuevo Testamento es la verdad

“Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad“. (Juan 16:13)

El Espíritu Santo revela la verdad y, por eso Juan dice,

“Y el Espíritu es el que da testimonio; porque el Espíritu es la verdad”. (1 Jn5:7)

El Espíritu Santo ha revelado “toda la verdad”; por lo tanto, el Nuevo Testamento es “toda la verdad”. El origen de la verdad no es la iglesia sino Cristo.

La verdad no es subjetiva sino objetiva.

La palabra “subjetiva” quiere decir “del sujeto” (la persona, uno mismo). Desafortunadamente muchos creen que la verdad es cualquier cosa que la gente quiera hacer de ella, cualquier cosa que uno quiera creer. Se dice que “esa es la verdad para él o ella”. Lo que se llama “la verdad subjetiva” es producida solamente por el pensamiento (o sentimiento) de la persona. Tal cosa no es en ningún sentido la verdad. La palabra “objetiva” significa que la verdad es un objeto externo. Existe como una entidad separada y aparte de la mente de uno. Lo que nosotros pensemos NO determinar la verdad. Nos toca estudiar y aprender exactamente lo que ES EN REALIDAD LA VERDAD, no obstante lo que alguna persona piense o diga acerca de ella.

Muchos creen que la verdad no es absoluta. Para ellos la verdad es lo que cada quien considere ser la verdad (”verdad” subjetiva). Los tales se contradicen, porque están afirmando algo como si fuera una verdad absoluta al decir que la verdad no es absoluta. Si la verdad no es absoluta ¿cómo pueden afirmar como verdad absoluta que la verdad no es absoluta?  La verdad no es “lo que cualquiera crea”. No es cierto que cada quien tenga derecho a su propia creencia. Si no importa LO QUE uno crea, entonces no importa que CREA. La verdad no es relativa, sino absoluta y la verdad absoluta es la regla divina para gobernar la vida del hombre.

“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, 17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”. (II Tim. 3:16)

La Biblia claramente enseña verdades absolutas: por ejemplo, que todos pueden aprender y obedecer al evangelio de Cristo; que Cristo edificó su iglesia y que los salvos son añadidos a ella; que el culto de la iglesia es sencillo y espiritual, que los cristianos son santos (santificados, apartados del mundo) y que deben vivir como peregrinos; que el que repudia a su esposa a no ser por causa de la inmoralidad sexual y se casa con otra adultera y el que se casa con la repudiada adultera; que Cristo volverá y que cuando vuelva, en esa misma hora todos los muertos resucitarán, los vivos serán transformados para ser incorruptibles, la tierra será quemada, habrá juicio final, los salvos recibirán la vida eterna con Dios y los perdidos serán castigados en el infierno eterno. Estas son verdades absolutas. No son verdades relativas en ningún sentido.

La verdad es angosta porque la verdad es el camino al cielo. Es angosta como la verdad matemática es angosta y toda verdad científica es angosta. La verdad histórica es angosta. La verdad geográfica es angosta. La verdad no cambia, no es fluctuante. No se puede modernizar. Lo que la verdad dice sobre la Deidad de Cristo, sobre el plan de salvación, sobre la iglesia, sobre la santidad, etc. no se puede modificar. La verdad que los apóstoles predicaron es la verdad que tenemos que predicar. La verdad que la gente obedeció en el primer siglo es la verdad que la gente debe obedecer ahora. La verdad es eterna.

La verdad no es solamente “positiva” sino también “negativa”.

Un concepto erróneo, aunque muy popular, es que si predicamos la verdad, sólo predicamos el amor y temas positivos, pero la verdad condena el error y el pecado, como la luz expone las tinieblas.

“El que crea y sea bautizado será salvo”. Esto es positivo. Pero léase el resto del versículo: “pero el que no crea será condenado”. Mar. 16:16

A través del Nuevo Testamento Cristo y los apóstoles no sólo enseñan los aspectos positivos del evangelio, sino que también condenan religiones falsas, la tradición humana, la hipocresía y todo pecado. Aún los errores de las iglesias de Cristo se condenan (por ej., I Cor. 5; Gál. 1:2, 6-9;  Ap. 2 y 3). Compárese I Pe. 4:17.

La verdad es transformadora. Exige el cambio de vida (Ef. 4:22-32). Exige que se renuncie al error y al pecado.

La verdad prohíbe la comunión con el error y el pecado.

“Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas” (Ef. 5:11Véase también II Cor. 6:14-17).

Por lo tanto, hay que concluir que la verdad es tanto negativa como positiva y que no es cierto que se deba predicar solamente el amor y temas positivos.

Los que aman la verdad estudian para aprender la verdad.

Estamos dispuestos a cambiar nuestra creencia si el estudio cuidadoso y objetivo de las Escrituras nos obliga a cambiarla?

¿Cómo llegamos a creer cierta doctrina? ¿Dejamos que las Escrituras nos enseñen o llegamos al estudio de las Escrituras con cierta creencia bien establecida en la mente?

“Y aun hasta el día de hoy, cuando se lee a Moisés, el velo está puesto sobre el corazón de ellos”. (II Cor 3:15)

¡Imagínese! Cada sábado se leía a Moisés, pero no entendían porque tenían un velo puesto sobre el corazón. ¿Qué era el velo? Era su concepto del Mesías y su reino. Tenían sus propias ideas, ideas preconcebidas, y aunque oían la misma palabra de Dios no la entendían. Así también millones de personas leen la misma palabra de Dios, la Biblia, pero no la entienden porque tienen velo puesto sobre el corazón. Pueden leer algún texto docenas de veces y no lo entienden.

“miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra“ (Is. 66:2)

¿Temblamos a su palabra si no dejamos que su palabra cambie nuestras creencias? ¿No quiere decir este texto que debemos estar dispuestos a cambiar nuestras creencias si la Biblia no las enseña?

El prejuicio significa que habiendo conectado cierta interpretación con cierto término o palabra, entonces siempre que se vea ese término o palabra, tendrá esa preconcebida interpretación pegada. De esa manera lo que Dios dice en la Biblia no llega a la mente de la persona. Uno puede saber el versículo de memoria y citarlo cada semana o cada día, pero no le ayuda porque hay bloqueo en cuanto a su verdadero significado.

 “Y éstos (los de Berea) eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así.” (Hch 17:11)

“y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. (Jn 8:32)

“Compra la verdad, y no la vendas”. (Prov. 23:23)

¿Cómo? Es necesario oír la palabra, leer la Biblia, estudiar diligentemente para aprenderla.

Dios quiere y requiere que todos aprendan la verdad. Por eso, la verdad se puede aprender. Dios no oculta sino “revela” la verdad. La Biblia es la verdad, la voluntad de Dios. Dios quiere salvarnos. El promete salvación a los que la aceptan y condenación a los que la rechazan. ¿Cómo nos daría una revelación que no se pudiera entender cuando está en juego la salvación del alma?

 “el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad”. (I Tim. 2:4)

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas”. (Mat. 11:28)

“Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados”. (Heb. 10:26)

Por eso, es posible que el hombre aprenda la verdad. Todos serán enseñados de Dios.

“Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero. Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí”. (Jn. 6:44)

Hacer discípulos implica que los oyentes pueden aprender la verdad.

“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado”. (Mat. 28:19)

El prejuicio evita que muchos aprendan la verdad. Esta palabra significa “prejuzgar”, juzgar antes de investigar. Dice el diccionario Larousse: “Juicio u opinión sobre algo antes de tener verdadero conocimiento de ello”. El prejuicio no permite que la Biblia enseñe lo que enseña. No es difícil interpretar la Biblia de una manera que evite la aceptación de lo que enseña. Si uno ya está resuelto que la Biblia enseña cierta doctrina, encontrará esa doctrina en muchos textos. Si alguien está resuelto que la Biblia no enseña cierta doctrina o práctica, entonces para esa persona no lo hará. Tal persona no permitirá que la Biblia enseñe lo que Dios quiere enseñar.

Los que aman la verdad creen en la verdad.

Los libros de Mateo, Marcos, Lucas y Juan fueron escritos para producir fe en Cristo y la verdad.

“Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. 31 Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre”. (Jn 20:30)

Los que aman la verdad la reciben como la palabra de Dios.

1 Tes. 2:13, “Por lo cual también nosotros sin cesar damos gracias a Dios, de que cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes”.

Todo el capítulo 11 de Hebreos habla de la necesidad de la fe.

Heb. 11:1, “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve 6 Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que El existe, y que es remunerador de los que le buscan”.

Es necesario creer que Cristo es el Hijo de Dios antes de bautizarse.

Hechos 8:36dijo el etíope al evangelista Felipe,

“Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado? Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios”.

Romanos 10:10, “Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación”.

Marcos 16:16, “El que crea y sea bautizado será salvo”.

Los que aman la verdad obedecen a la verdad.

Obedecer para purificar el alma.

1 Pedro 1:22, “Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro; siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre”.

Los cristianos deben seguir obedeciendo a la verdad. 

Gál. 5:7, “Vosotros corríais bien; ¿quién os estorbó para no obedecer a la verdad?”

Habrá ira y enojo para los que no obedecen a la verdad. 

Rom. 2:8, “pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia”. 

No basta con decir “Señor, Señor”.

Mat. 7:21, “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos”.

No ser solamente oidores, sino hacedores de la palabra.

Stgo. 1:22, “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era. Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace”.

Andar conforme a la verdad.

III Jn 4, “No tengo yo mayor gozo que este, el oír que mis hijos andan en la verdad”.

Ef. 4:15, “siguiendo la verdad en amor”. Los que no andan conforme a la verdad del evangelio deben ser reclamados.

Gál. 2:14; 4:16, “¿Me he hecho, pues, vuestro enemigo, por deciros la verdad?”

Los que aman la verdad enseñan y defienden la verdad.

Jesús y los apóstoles predicaron y enseñaron la verdad.

II Tes. 3:1, “Por lo demás, hermanos, orad por nosotros, para que la palabra del Señor corra y sea glorificada”.

Defender la verdad.

Judas 3, “Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos”.C. Es necesario combatir unánimes por la fe del evangelio.

Filipenses 1:17“sabiendo que estoy puesto para la defensa del evangelio 27 Solamente que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo, para que o sea que vaya a veros, o que esté ausente, oiga de vosotros que estáis firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio, 28 y en nada intimidados por los que se oponen, que para ellos ciertamente es indicio de perdición, mas para vosotros de salvación; y esto de Dios”.

Estar preparados para dar defensa.

1 Pedro 3:15, “sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, {3.14-15:-Is. 8. 12-13.} y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros”.

No detener la verdad con injusticia.

Romanos 1:18, “Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad”.

La iglesia apoya la verdad.

1 Timoteo 3:15, “para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad”.

La iglesia no es la fuente de la verdad, sino el apoyo de ella.

Conclusión.

La verdad es la realidad, lo que existe (Heb. 11:6). Cristo es la verdad, la palabra de Dios es la verdad, el evangelio es la verdad, la doctrina de Cristo es la verdad, el Nuevo Testamento es la verdad. No hay substituto para la verdad. No hay otra cosa “tan buena” como la verdad. Las leyes y tradiciones de las iglesias humanas no sirven porque no nos hacen libres del pecado. No pueden hacer lo que la verdad hace.

La verdad no es subjetiva sino objetiva; es decir, la verdad no es “lo que cada quien crea”, sino lo que la Biblia enseña. La verdad no es relativa, sino absoluta. La Biblia enseña verdades absolutas, innegables, irrefutables: Por. ej., Cristo no es “un dios” como dicen los testigos del Atalaya, sino verdadero Dios, Todopoderoso, omnisciente, etc.; hay solamente una iglesia; etc.

La verdad no es solamente positiva, sino también negativa, pues condena todo pecado y corrige todo error. Muchos hablan de solamente “predicar a Cristo”, pero no predican a Cristo como lo hicieron los apóstoles. Es imposible ser “bíblico sin ser polémico”.

Los que aman la verdad tienen la mente abierta (Hch. 17:11), para aprender todo el consejo de Dios (Hch. 20:20, 27). Los tales son vencedores de todo aspecto delprejuicio, el enemigo número uno de la verdad. Los que aman la verdad tiemblan a la palabra de Dios (Isaías 66:2).

Los que aman la verdad rechazan toda mentira, todo error, toda tradición humana ycreen en la verdad, porque

“con el corazón se cree para justicia” (Ro. 10:10).

Los que aman la verdad obedecen a la verdad. Aprenden el evangelio, creen el evangelio y obedecen al evangelio. Aman a Dios de todo el corazón, se arrepienten de sus pecados, confiesan su fe en Cristo como el Hijo de Dios (que El es Dios el Hijo) y se bautizan para perdón de los pecados.

Hch 2:38, “Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo”.

Y siguen obedeciendo a la verdad (Gál 5:7), aunque la verdad les exhorte, reprenda y corrija.

Gál 4:16, “¿Me he hecho, pues, vuestro enemigo, por deciros la verdad?”

Los que aman la verdad enseñan y defienden la verdad, porque la verdad es preciosa.

Prov 23:23, “Compra la verdad, y no la vendas”;

Es decir, aprenda y acepte la verdad cueste lo que cueste y nunca perderla, no extraviarse de la verdad  (Stgo 5:19) » (24)

Notas:

24.http://www.wlalwcc.org/spanish/s_christianity_in_history/El%20juda%EDsmo%20de%20la%20Dispersi%F3n.pdf

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