Sobre la Pornografia

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LA MURMURACION

LA MURMURACION

La murmuración es actividad reservada solo a personas de moral sumamente baja. Las palabras usadas en la Biblia y la definición de la Real Academia no permiten otra conclusión. El murmurador esta en uno de los peores niveles de los estratos sociales. Dios lo cataloga entre los seres más corruptos. El murmurador aparece en las listas bíblicas de los peores males que aquejan a la humanidad. Las palabras que usa la Biblia para describir la murmuración son iluminadoras de su carácter y del carácter del murmurador. Aquí nos referimos solo a cuatro categorías.

1.- ES UN ACTO DE COBARDIA.

“Y había gran murmuración acerca de el… Pero ninguno hablaba abiertamente de el, por miedo a los judíos” (Juan 7:12, 13). La murmuración es un acto de cobardía. Quien murmura dice a espaldas de una persona lo que no se atreve a decirle en su cara. El murmurador no tiene el valor de llamar a la persona y decirle, lo que en su opinión, ella esta haciendo mal. Mas cobarde aun es el hecho del murmurador que cuando se encuentra con la persona de la que ha murmurado, cuyo carácter ha destruido, le da la mano o lo abraza. Murmurar no es solo un acto de cobardía sino además de impiedad. Si lo que el murmurador esta diciendo es verdad, al decirlo a espaldas de la persona la esta privando de la oportunidad de corregir su falta. Si una persona esta equivocada ¿Cómo puede ayudársele a salir de su equivocación si se le dice a otras personas menos a la equivocada? En este caso no solo hay cobardía, hay impiedad, hay falta de amor, hay agresión, hay intención de destrucción.

Lo menos que imaginan los murmuradores es que en algunos casos la persona de quien han hablado lo sabe. Pero como la persona los sigue tratando igual, al no haber cambio piensan que la murmuración no ha llegado a oídos del perjudicado. Lo que ocurre es que algunos murmuradores de personas quienes tienen la estatura espiritual que les permite, al ser agradecidos, no agredir sino reportar la causa al que juzga justamente. Estos han aprendido de aquel “quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente” (1 Pedro 2:23). El caso es diferente cuando de quien se murmura tiene la misma condición moral del murmurador. Aquel se defiende de este murmurador también de el y empieza la batalla campal. El diablo con todo su poderío infernal y todos sus demonios invita al espectáculo de dos que se llaman cristianos y en forma inmisericorde se destruyen el uno al otro. “Pero ninguno hablaba abiertamente de el, por miedo a los judíos”. El murmurador habla siempre en las sombras, como los cobardes, nunca da el frente, eso seria contrario a su naturaleza. La obscuridad es su ambiente, como el de toda obra de las tinieblas, “los hombres amaron mas las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas” (Juan 3:19). No lo hace cara a cara porque teme a las consecuencias. Si lo oyeran los amigos de aquel contra quien murmura podrían no tolerarlo. Además, teme que su falsedad pueda ser manifestada. Si la persona estuviera presente y quisiera defenderse demostraría que la crítica que se le hace es falsa, como usualmente es toda murmuración. El murmurador sonríe de frente y murmura por la espalda. Su escudo es el beso de Judas.

2.- REVELA UN CARÁCTER POBRE.

Como regla general el murmurador es persona de pobre formación y de inteligencia limitada. Su tiempo no es requerido por cosas importantes, por eso lo ocupa en murmurar. Para la ocupación de murmurador “no hace falta ni carácter ni cerebro”. “Un cerebro vacío y una lengua que murmura son aptas para ir juntas”. La murmuración llena el cerebro vacío y la lengua hace la distribución. El murmurador es persona de dudosa inteligencia y cuestionable educación. Una persona educada no murmura, su cultura se lo impide. La inteligencia del murmurador se puede poner en tela de juicio porque el inteligente no murmura. Esta es la ocupación que menos inteligencia y carácter exige y la piedad (compasión hacia los demás) es un obstáculo. El murmurador tiene también que ser concebido como persona inmadura. Aunque cronológicamente sea adulto, sicológicamente no lo es. La persona madura, adulta, no murmura.

3.- ES INSACIABLE.

El murmurador tiene que murmurar constantemente, todos los días, de todo el mundo y no se sacia. “El cordón umbilical que lo mantiene vivo es la murmuración”. “El buscador de faltas las encontrara hasta en el paraíso”. Una de las características de un vicio es que la persona jamás de sacia; cada vez quiere más y más y más. Eso explica los casos de sobredosis de drogas, porque el vicio cada día demanda dosis más fuertes. Los murmuradores se esclavizan a la murmuración. Son tan esclavos como el esclavo de la heroína, el esclavo del adulterio, el esclavo sexual, el esclavo del alcohol, el esclavo de cualquier cosa perversa. Como todo vicio, la murmuración nunca satisface; al contrario, va en aumento, y la persona cada vez es mas esclava de ese patrón de conducta y menos capaz de ser objetiva y ver virtudes en las otras personas. El murmurador es un ser insaciable. El que quiere encontrar faltas las encontrara aun donde estas no existan, pero esta gente no entrara en el paraíso a menos que haya conversión, y si hay conversión la murmuración cesa. Este tipo de conducta, según las enseñanzas de la Biblia, excluye del reino de los cielos. (Romanos 1:32).

Para terminar tenemos la cuarta categoría: ES CRIMINAL.

“El calumniador y el asesino son distintos solo en el arma que usan. Para uno es el cuchillo o puñal, para el otro es la lengua. El primero es peor que el segundo, porque este solo mata el cuerpo, el otro asesina la reputación y la paz”. El murmurador destruye el carácter sin dar a su victima la oportunidad de la defensa. Si los que le escuchan no conocen a aquel de quien se murmura, lo consideran como muerto en lo que a relaciones interpersonales se refiere y no querrán tener trato con el o con ella. Se ha cometido un crimen social. Proverbios 18:21 dice: “La muerte y la vida están en poder de la lengua”. La lengua no redimida puede ser homicida y como esta no es autónoma, la responsabilidad del homicidio recae en la persona. Leer Santiago 3.3-12. Santiago utiliza dos interrogaciones retóricas para establecer que es contradictorio que una persona adore a Dios en el culto y fuera del culto murmure de los hombres, “que están hechos a la semejanza de Dios”.

Para Santiago es una imposibilidad que de la boca que sale bendición al Padre salga maldición para el hombre y, murmurar y maldecir es la misma cosa. Parece que algunas personas ignoran, o quieren ignorar, la relación que existe entre maldecir y murmurar. Cuando una persona murmura se incapacita para bendecir. Santiago establece que es imposible que la misma persona haga dos cosas que son contradictorias. Tenemos que decidir en que nos ocuparemos: La afirmación de la maldición es la negación de la bendición.

¿Que es la incredulidad?

¿Que es la incredulidad?

La incredulidad se expresa mediante dos palabras gr. En el N.T., apistia y apeitehia. Según MM la palabra apeithea, junto con apeitheo y apeithés, “connota invariablemente desobediencia, rebelión, contumacia”. De modo que Pablo dice que los gentiles han obtenido misericordia por la rebelión de los judíos (Ro. 11.30). Véase también Ro. 11.32; He. 4.6, 11. Esta desobediencia surge de la apistia, ‘falta de fe y confianza’, apistia es un estado mental, y apeitheia. la expresión de ese estado. Cristo afirmo que la incredulidad es el principal pecado acerca del cual el Espíritu redargüiría al mundo (Jn. 16.9). La incredulidad en todas sus formas es una afrenta directa a la veracidad divina (cf. 1 Jn. 5.10), y esa es la razón por la cual constituye un pecado tremendo. Los hijos de Israel no entraron en el descanso de Dios por dos razones. No tenían la fe (apistia, He. 3.19) necesaria y desobedecieron (apeitheia, He. 4.6). “La incredulidad encuentra su manifestación práctica en la desobediencia” (Westcott sobre He. 3.12).

Bibliografía:

O. Becker, “Fe”, DTNT, t. II, pp. 170-175

P. Blaser, “Incredulidad”, EBDM, t. IV, cols. 138-141.

O. Becker, O. Michel, en NIDNTT1, pp. 587-606.  D.O.S.

Fuente:

Obtenido de: “Increduldiad”, Nuevo Diccionario Biblico Primera Edición (Basada en la segunda edición inglesa del New Bible Dictionary,1982), Editorial Certeza,p.635 col. 2

Historias de muertos en una iglesia muerta

Historias de muertos en una iglesia muerta

Cómo la Iglesia Católica encubre su corrupción

“Con tres hijos pequeños y su matrimonio en problemas, Pat Bond atendió un retiro espiritual para mujeres católicorromanas en Illinois, have 26 años, con la esperanza de hallar apoyo y consuelo. Lo que ella halló en realidad fue un sacerdote Franciscano bien parecido que oficiaba como director del retiro y quien acordó ser su consejero espiritual”. Así comienza el artículo publicado este 15 de octubre por el periódico New York Times [1]

Luego de una sesión de consejería, cuenta la dama, cuando salía de la oficina, este sacerdote la tomó a un lado y le dio un apasionado beso. La historia no demoró en precipitarse. Según los registros judiciales, Pat Bond se separó de su marido y por los siguientes cinco años ella y el sacerdote, el Reverendo Henry Willenborg, mantuvieron una relación íntima. En público, ambos eran líderes de la comunidad católica en Quincy, Illinois. En privado eran como un matrimonio, compartían el lecho, salidas a restaurantes, noches de cine y vacaciones con los niños.

Pat Bond y el Padre Willenborg de vaciones

Luego concibieron un hijo, lo que trajo aparejado una serie de conflictos legales en los que la dama reclamó apoyo financiero de la iglesia para criar a su hijo. Los Franciscanos accedieron a pagar con la condición de que ella firmara un acuerdo de confidencialidad, acuerdo que hoy, 22 años más tarde, tanto ella como su hijo que luchan contra el cáncer están dispuestos a quebrantar. Pat Bond acusa a la Iglesia Católica (IC en adelante) de proteger a un sacerdote mujeriego y de tratarla como una enemiga legal, y su hijo se lamenta de haber crecido sabiendo que su padre ausente era un cura.

La señora Bond recuerda que antes de que el bebé naciera, los Franciscanos le sugirieron firmemente que diera su hijo para ser adoptado, algo que ella rehusó. Y agregó: “¿Qué le diría yo a mis otros hijos cuando llegara a casa, lo siento, me olvidé de traer al nuevo miembro de la familia a la casa?”

El Padre Willenborg bautizando su propio hijo hace 22 años

El romance de cinco años llegó a su fin cuando una joven se presentó en la casa de Pat Bond hecha una furia. La joven le dijo a Pat que ella había estado envuelta en una relación sexual con el Padre Willenborg desde sus años de la secundaria hasta el presente. Inmediatamente los Franciscanos internaron a Willenborg en un centro de tratamiento en New Mexico para sacerdotes con trastornos sexuales y adicciones a sustancias.

Hoy en día el Padre Willenborg es el Pastor principal de Nuestra Señora del Lago [2], una parroquia de 1350 familias en las orillas del lago Superior en Ashland, Wisconsin. Mientras tanto, Pat Bond sigue usando los recursos legales a su alcance para lograr ayuda económica de los Franciscanos en lo concerniente a la enfermedad de su hijo., pero a juzgar por los documentos oficiales la orden de frailes ha sido bastante mezquina al respecto, como lo ha sido siempre ante estos casos.

Reflexiones

La relación ilícita entre Pat Bond y el sacerdote no es una excepción, sino parece más bien ser la regla. Si bien los escándalos recientes en la IC pertenecen a la categoría de abuso sexual de niños y de homosexualismo por parte de algunos sacerdotes, los expertos dicen que los incidentes en que los sacerdotes han violado los límites emocionales y sexuales con mujeres adultas son mucho más comunes.

Es cierto que clérigos de diversas religiones han cruzado la línea y han tenido hijos fuera del matrimonio, pero este problema parece ser más frecuente en la IC. El caso anterior demuestra hasta qué extremo puede llegar la IC para silenciar a las mujeres víctimas de sus sacerdotes promiscuos, para evitar pagar altas indemnizaciones a los perjudicados y para mantener a sus sacerdotes en servicio activo.

Debe quedar en claro que tanto el comportamiento de Pat Bond y del Padre Willenborg, así como la de los superiores del sacerdote, no refleja la conducta de verdaderos cristianos. Desde el punto de vista bíblico podemos afirmar que en el caso de la IC estamos frente a una organización dirigida por incrédulos sin escrúpulos, cuyas acciones son dignas de gente de la peor calaña. Se trata de personas que no conocen la vida en el Espíritu. Es por ello que usted puede vivir toda una vida sin conocer un sólo católico que conozca el nuevo nacimiento ni el evangelio de la gracia. <>

1] http://www.nytimes.com/2009/10/16/us/16priest.html?_r=3&=

2] http://www.ourladycc.org/About/staff.htm

Pablo Santomauro

Comunicado Vaticano sobre el encuentro de Benedicto XVI y Hans Küng

Disciplina Eclesiástica

Disciplina Eclesiástica

-Compilado, Organizado y Preparado de Varias Fuentes

por Jorge L. Trujillo

  • 1 Corintios 5
  • 1 En efecto, se oye que entre vosotros hay inmoralidad, y una inmoralidad tal como no existe ni siquiera entre los gentiles, al extremo de que alguno tiene la mujer de su padre. 2 Y os habéis vuelto arrogantes en lugar de haberos entristecido, para que el que de entre vosotros ha cometido esta acción fuera expulsado de en medio de vosotros. 3 Pues yo, por mi parte, aunque ausente en cuerpo pero presente en espíritu, como si estuviera presente, ya he juzgado al que cometió tal acción. 4 En el nombre de nuestro Señor Jesús, cuando vosotros estéis reunidos, y yo con vosotros en espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesús, 5 entregad a ese tal a Satanás para la destrucción de su carne, a fin de que su espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús. 6 Vuestra jactancia no es buena. ¿No sabéis que un poco de levadura fermenta toda la masa ? 7 Limpiad la levadura vieja para que seáis masa nueva, así como lo sois, sin levadura. Porque aun Cristo, nuestra Pascua, ha sido sacrificado. 8 Por tanto, celebremos la fiesta no con la levadura vieja, ni con la levadura de malicia y maldad, sino con panes sin levadura de sinceridad y de verdad. 9 En mi carta os escribí que no anduvierais en compañía de personas inmorales; 10 no me refería a la gente inmoral de este mundo, o a los avaros y estafadores, o a los idólatras, porque entonces tendríais que salir del mundo. 11 Sino que en efecto os escribí que no anduvierais en compañía de ninguno que, llamándose hermano, es una persona inmoral, o avaro, o idólatra, o difamador, o borracho, o estafador; con ése, ni siquiera comáis. 12 Pues ¿por qué he de juzgar yo a los de afuera? ¿No juzgáis vosotros a los que están dentro de la iglesia ? 13 Pero Dios juzga a los que están fuera. EXPULSAD DE ENTRE VOSOTROS AL MALVADO.

¿Cuáles son las marcas de una iglesia saludable?

Los reformadores dijeron que las marcas de una iglesia saludable eran tres: la predicación expositiva de la Palabra, la Administración de los Sacramentos y la administración de la disciplina. Hoy día existen varias listas compuestas por distintos autores, algunas tienen 5 puntos, otras 7, 9, 10, y hasta 100 puntos distintos de lo que realmente es una iglesia saludable. Pero la gran mayoría de ellas coincide en un importante punto, “El ejercicio de la disciplina eclesiástica” como una de esos indicadores. La siguiente lista por el Pastor Mark Denver es un ejemplo de esas marcas: a. Predicación Expositiva, b. Teología Bíblica, c. La predicación del Evangelio, d. Un entendimiento Bíblico de la conversión, e. Un entendimiento Bíblico del evangelismo f. Un entendimiento Bíblico de la membresía Eclesiástica g. La Disciplina Eclesiástica Bíblica h. La preocupación sobre el discipulado y el crecimiento [de los miembros] i. Un liderazgo Bíblico y añade lo siguiente “(Cuando estas cosas están bien, la iglesia es saludable.)”

La salud espiritual de una iglesia no se mide por el tamaño de la congregación, ni por la belleza de sus edificios y estructuras físicas, por el uso de la última tecnología o por la aceptabilidad popular de sus sermones. El escritor de un articulo sobre Marcas de Salud de una Iglesia concluye lo siguiente:

Iglesias saludables no son necesariamente aquellas grandes con bellas facilidades o un equipo de trabajo múltiple o quienes están a la vanguardia en la tecnología. Iglesias saludables a la verdad no son perfectas. Pero las iglesias saludables son aquellas que agradan a Dios en las áreas donde Él lo ha revelado en Su Palabra. http://www.lvchurch.org/marks.htm
Aunque Dios está en todas partes en todo tiempo, existe una presencia especial de Dios que distingue su presencia de una manera especial de un sitio o circunstancia a otro. La disciplina eclesiástica está cerca del corazón de Dios en ciertas épocas o momentos claves. Bob Deffinbaugh, Th. M dice lo siguiente:

Dios está especialmente cerca nuestro en ciertas épocas. Él está siempre cerca nuestro en ‘tiempos de necesidad’ (Hebreos 4:16)86. Está cerca cuando confesamos y abandonamos nuestros pecados (Salmo 76:7; Isaías 59:2; 2ª Corintios 6:16-18). Él está cerca de los que tienen el corazón quebrantado (Salmo 34:18; comparar Mateo 5:3ss.; 2ª Corintios 7:6). Él está con nosotros (aunque seamos dos o tres), cuando ejercitamos la disciplina de la iglesia en Su nombre (Mateo 18:20). Está con nosotros cuando somos disciplinados por Él como un Padre que nos ama (ver Hebreos 12:3-13), Él está con nosotros cuando le llamamos en verdad (Salmo 145:18). Él está cerca cuando le consideramos santo (Levítico 10:3). Él está cerca de nosotros cuando ‘nos acercamos’ a Él (Santiago 4:8). La Cercanía de Dios (Éxodo 33:1-16; 34:8-10; Deuteronomio 4:1-7) By: Bob Deffinbaugh , Th.M (http://www.bible.org/page.php?page_id=3073)

¿Por qué se hace difícil aplicar la disciplina bíblica en nuestros días?

1. El modelo de Mega Iglesia hace difícil mantener lista de miembros. Se hace fácil para muchos entrar o salir sin rendir cuenta a nadie.
2. No hay colaboración ministerial entre lideres de distintas congregaciones.
3. Aunque la membresía en la iglesia es voluntaria, los miembros deben someterse a su autoridad, sin embargo algunos miembros nos se someten a la autoridad de la iglesia

¿Por qué algunas iglesias no disciplinan sus miembros?

1. Miedo a perder miembros
2. Se ve como muy duros (faltos de amor)
3. Es ofensivo al individuo y la sociedad
4. La iglesia no debe meterse en lo personal
5. Puede herir las personas
6. Puede ser visto como una forma de control
7. Algunos disciplinan en secreto (entre el pastor (o unos pocos líderes) y el pecador)*

* Esto puede ser necesario en algunos casos, pero no así en otros. Se debe hacer diferencia entre ofensas públicas y personales. Las ofensas públicas son tratadas públicamente, las personales, en privado.

¿Debe la Iglesia Juzgar sus miembros?

Algunos no entienden correctamente el principio bíblico de ‘juzgar’. El verso ha sido mal aplicado:

  • Mateo 7
  • 1 No juzguéis para que no seáis juzgados. 2 Porque con el juicio con que juzguéis, seréis juzgados; y con la medida con que midáis, se os medirá. 3 ¿Y por qué miras la mota que está en el ojo de tu hermano, y no te das cuenta de la viga que está en tu propio ojo? 4 ¿O cómo puedes decir a tu hermano: “Déjame sacarte la mota del ojo”, cuando la viga está en tu ojo? 5 ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás con claridad para sacar la mota del ojo de tu hermano.

Obviamente, el Maestro dice que “no juzguemos para que no seamos juzgados”. Esto por supuesto no significa que no juzguemos del todo sino que se dan los principios bajo los cuales no debemos juzgar y los principios sobre los que sí podemos juzgar. Es claro que los gobiernos y las cortes de justicia, juzgan miles de casos diarios y nadie se opone a que así sea. El ejercer juicio es importante para mantener el orden social, para separar lo bueno de lo malo y hacer ‘justicia’ a los que son violentados.

Lo que no se debe hacer es ‘juzgar hipócritamente’, de así hacerlo, caeremos nosotros bajo juicio. La iglesia está llamada a juzgar la mala conducta de sus miembros.

Definición de Disciplina:
Carl Laney declara, “La Disciplina eclesiástica puede ser ampliamente definida como las medidas de confrontación tomadas por un individuo, los líderes de la iglesia, o la congregación con respecto a algún asunto de pecado en la vida de un creyente.”

La Disciplina no es condenación. Es disciplina y la disciplina está diseñada para entrenar y restaurar.

El Patrón y Base para la Disciplina

1. El Señor mismo disciplina sus hijos (Heb. 12:6) y ha dado autoridad a la iglesia para hacerlo (1 Cor. 512-13; 2 Cor. 2:6)
2. El carácter santo de Dios (1 Pedro 1:16; Heb. 12:11) requiere sacar la levadura de sus filas (1 Cor. 5:6-8)
3. Es un mandamiento de la Escritura (1 Cor. 4:6) El no hacerlo es desobediencia (1 Cor. 5:1-13; Matt. 18:17-18; Titus 3:10; 2 Thess. 3:6-15; 1 Tim. 5:20; Gal. 6:1).
4. El testimonio de la iglesia en el mundo (1 Pet. 4:13-19) si la iglesia vive como el munod pierde su credibilidad y autenticidad (1 Pet. 2:11-18; 3:8-16; 4:1-4).

El Propósito de la Disciplina Eclesiástica

1. Trae gloria a Dios y mejorar el testimonio del rebano.
2. Restaurar, sanar, y edificar creyentes pecadores (Matt. 18:15; 2 Thess. 3:14-15; Heb. 12:10-13; Gal. 6:1-2; Santiago 5:20).
3. Producir una fe saludable, una sana doctrina (Tit. 1:13; 1 Tim. 1:19-20).
4. Ganar un alma para Cristo, si el pecador es solamente un Cristiano profesante (2 Tim. 2:24-26).
5. Silenciar los falsos profetas y su influencia en la iglesia (Tit. 1:10-11).
6. Proteger la iglesia de las destructivas consecuencias que ocurren cuando se fracasa en llevar a cabo la disciplina eclesiástica. Una iglesia que falla en ejercer la disciplina sufre perdidas en cuatro áreas:

  • a. Perdida de Pureza (1 Cor. 5:6-7)
  • b. Perdida de Poder (Josué 7)
  • c. Perdida de Progreso (ver Revelación 2:5 y 3:16)
  • d. Perdida de Propósito (1 Pet. 1:14-16; 2:9-15).

La práctica de la Disciplina Eclesiástica

La Manera:

1. Debe ser ejercida por aquellos que son espirituales, quienes caminan verdaderamente por el el Espíritu Santo y quienes crecen en el Señor (Gal. 6:1) – estos son por lo general los líderes de la iglesia.
2. Debe ser hecha con humildad, gentileza y paciencia, considerándonos a nosotros mismos (Gal. 6:1-2; 2 Tim. 2:24-25).
3. Debe ser hecha sin acepción de personas, sin parcialidad (1 Tim. 5:21).
4. Aquellos que andan desordenadamente deben ser amonestados, advertidos y ganados en amor. (1 Tes. 5:14-15; 1 Tim. 5:1-2; Efe. 4:15; 2 Tim. 4:2). Esta amonestación no está limitada a los lídeeres de la iglesia. Cualquier miembro puede hacerlo siempre y cuando sus intenciones sean motivadas y controladas por el Espíritu Santo (cf. 1 Tes. 5:14 with Gal. 6:1).
5. Si no hay arrepentimiento y obediencia, el pecador creyente debe ser reprendió en público y los miembros del cuerpo deben apartarse de ellos y no mantener relaciones con ellos. La separación social tal como sera prescrita en la siguiente sección tiene dos propósitos principales:

  • a. Indicar al ofensor que su acción ha deshonrado al Senor y ha causado rotura en la armonía del cuerpo. La meta es siempre la restauración y la persona debe ser contada como un hermano (2 Tes. 3:14-15)
  • b. Para crear temor en el resto del rebaño como advertencia contra el pecado (1 Tim. 5:20)

6. Si no hay respuesta en arrepentimiento y obediencia, la iglesia debe aplicar el procedimiento de ex comunicación como se dirige en Mateo 18:17.

  • a. Ejemplos de la disciplina eclesiástica se hallan descritos en la Biblia. Los Corintios debían “reunirse” para tomar acción contra el hermano ofensor. (1 Cor. 5:4-5; Rom. 16:17; 2 Tes. 3:6-15; Fil. 3:17-19).
  • b. Esto era, como Pablo indica “castigo por la mayoría” (2 Cor. 2:6) Como medida protectora, también vemos el caso de la iglesia de Roma y en Tesalónica donde se debía tomar acción con respecto a al conducta divisora y desobediente de no pocos (2 Tes. 3:6-15; Rom. 16:17).

7. Finalmente, la disciplina en el nombre del Señor siempre incluye la disponibilidad para perdonar. La mayoría quienes disciplinan deben también estar dispuestos a perdonar, confortar, y reafirmar su amor a la persona que ha pecado (2 Cor. 2:6-8)

Razones para la Disciplina Eclesiástica

En la disciplina Eclesiástica se debe ejercer extremo cuidado. La Escritura no respalda que el ejercicio de disciplina sea hecho por antojos personales o tabú de la congregación de alguna iglesia o sus líderes. La Escritura, no nuestras opiniones o gustos personales, es la que debe expresar lo que debe ser causa de disciplina y la que debe determinar que es y que no es pecado. Además, no debemos volvernos hiper-críticos inspectores de pajas.

1. Causas Generales:
a. Conducta desordenada, conducta claramente fuera de línea con los mandamientos de la Escritura los cuales afectan negativamente el testimonio y la unidad de la iglesia. (1 Tes. 3:26-15)
2. Causas específicas:
a. Dificultades entre miembros
b. Facciones o gente divisiva que causan división en la iglesia (Rom. 16:17-18; Tito 3:9-11).
c. Conducta inmoral: pecados del tipo mencionado en 1 Cor. 5 sugieren incesto, inmoralidad, idolatría, abuso verbal, borracheras, chismes, vagancia (no trabajan), los que siembran disensión. (1 Cor. 5:1, 11; 2 Tes. 3:10-15).
d. Enseñanza falsa, enseñanza errónea y puntos de vista distintos en cuanto a los fundamentos de la fe y no puntos de diferencia en cuanto a interpretación. (1 Tim. 1:20; 2 1 Tim. 2:17-18; también implicado en Rev. 2:14-16; Fil. 3:2-3, 15-19; Rom. 16:17-18).
3. Dogmas de cada iglesia:
a. Es posible que halla dogmas (no pecados bíblicos, ni asuntos de salvación) en cada congregación. Estos deben ser respetados por quienes se unen a ellas como miembros. Aunque difícil, los dogmas se pueden ‘cambiar’ por vías adecuadas y ordenadamente. Querer cambiar violentamente y destruir tales dogmas puede causar disensión en la congregación. De ser así este es base para la disciplina.

Las preocupaciones claves que deben guiarnos son (a) el carácter santo de Dios, (b) el testimonio del rebano (c) el efecto que tiene sobre la unidad de la pureza de la iglesia y (d) la edificación y restauración del individuo

Procedimiento para la Disciplina Eclesiástica

(Pasos a seguir)

  • Mateo 18 (LBLA)
  • 15 Y si tu hermano peca, ve y repréndelo a solas; si te escucha, has ganado a tu hermano. 16 Pero si no te escucha, lleva contigo a uno o a dos más, para que TODA PALABRA SEA CONFIRMADA POR BOCA DE DOS O TRES TESTIGOS. 17 Y si rehúsa escucharlos, dilo a la iglesia; y si también rehúsa escuchar a la iglesia, sea para ti como el gentil y el recaudador de impuestos. 18 En verdad os digo: todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo. 19 Además os digo, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo sobre cualquier cosa que pidan aquí en la tierra, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. 20 Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.
  • Mateo 18 (RV-09)
  • 15 Por tanto, si tu hermano pecare contra ti, ve, y redargúyele entre ti y él solo: si te oyere, has ganado á tu hermano. 16 Mas si no te oyere, toma aún contigo uno ó dos, para que en boca de dos ó de tres testigos conste toda palabra. 17 Y si no oyere á ellos, dilo á la iglesia: y si no oyere á la iglesia, tenle por étnico y publicano. 18 De cierto os digo que todo lo que ligareis en la tierra, será ligado en el cielo; y todo lo que desatareis en la tierra, será desatado en el cielo. 19 Otra vez os digo, que si dos de vosotros se convinieren en la tierra, de toda cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. 20 Porque donde están dos ó tres congregados en mi nombre, allí estoy en medio de ellos.

El procedimiento Bíblico para la disciplina Eclesiástica requiere la iniciativa y receptividad de ambas partes envueltas. Es necesario que tratemos por todos los medios de evitar problemas entre seres humanos, especialmente entre cristianos. Sin embargo, a causa de nuestra naturaleza corrompida y nuestra debilidad e imperfección humana eso no es siempre posible, cometemos faltas grandes y pequeñas, y hacemos cosas que pueden ser escandalosas a mayor o menor grado. No obstante, el cristiano debe estar siempre dispuesto a corregir sus faltas, arrepentirse de sus pecados y enderezar su proceder para con Dios y los para con los hombres.

Precauciones:

  • Proverbios 18:19
  • El hermano ofendido es más difícil de ganar que una ciudad fortificada, y las contiendas son como cerrojos de fortaleza.

Asegúrese: Debemos estar seguros de que la ofensa es legítimamente una ofensa que requiere disciplina. No simplemente algo que nos ‘incomoda’ o ‘irrita’ nuestra paciencia. La ofensa debe ser por lo tanto un ‘pecado’ el cual puede ser clasificado como tal bíblicamente.

Recordemos que también hemos pecado y no somos perfectos (Gal. 6:1)

  • 20 Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga bien y nunca peque. 21 Tampoco apliques tu corazón á todas las cosas que se hablaren, porque no oigas á tu siervo que dice mal de ti: 22 Porque tu corazón sabe, como tú también dijiste mal de otros muchas veces. Ecclesiastes 7

Ore a Dios sobre el asunto antes de ir ante la persona que ha ofendido (1 Sam. 8:6)

No lo posponga. Mientras mas tiempo pase, mas difícil se puede hacer la situación. (Se pierde poder- ver anterior)

No comparta a a otros lo sucedido hasta haber tratado de resolverlo de acuerdo a la Biblia (Mateo 18:15). Debemos guardar y proteger la persona y el rebaño de rumores y lenguas mentirosas (Prov. 6:19b; 10:19; 11:13; 18:8, 21; 20:19)

Primer Paso:

Busque reconciliación o corrección del ofensor

1. Cuando hay problemas entre dos personas: Hay dos pasos reconciliación y restauración

2. Cuando el creyente ha sido hallado en pecado: Necesita restauración

Segundo Paso:

Si el primer paso falla, traiga testigos (líderes de la congregación) para fortalecer el efecto de la disciplina.

Tercer Paso:

Si el segundo paso falla, busque reconciliación y restauración por medio de todo el cuerpo eclesiástico. Los pasos a seguir si no hay ‘arrepentimiento’

1. Separación

2. Excomunicación, pérdida de membresía

El Sr. Roger Smalling, en su libro Liderazgo Cristiano, introduce el principio de “los tres martillos” cuando se trata de la corrección: martillo de caucho (goma), martillo de madera y martillo de acero. Al principio la fuerza es suave pero firme. Si no hay corrección se incrementa el golpe, finalmente a falta de arrepentimiento se utiliza el golpe de acero.

Procedimiento para la Restauración:

Perdón:

  • Si hay arrepentimiento genuino (Luc. 3:8; Hechos 26:20) debe haber perdón.
  • Acepte su pecado libremente (1 Jn 1:9; Prov. 28:13ª)
  • Cesa toda actividad por la cual fue disciplinado y busque ayuda si es necesario (Prov. 28:13b, Gal 6:1ss, Stgo. 5:19-20)
  • Haga restitución y pida perdón (Fil. 18-19; Mat. 5:23-24)
  • Demuestre un cambio de corazón genuino (2 Cor. 7:8-11; Sal. 51:17)
  • Manifieste el fruto del E.S. (Gal. 5:22ss)

Confortamiento:

  • buscándole
  • asegurándole de su respaldo
  • motivándoles
  • exhortándoles (consejos)
  • motivándoles a seguir hacia adelante

Amor:

  • Inclúyales, acérqueles
  • Haga lo que ayude a su crecimiento y recuperación (2 Cor. 2:8)

Para posiciones de liderazgo debe haber un periodo de prueba para demostrar su calificación (1 Tim. 3:10)

Escrito: Mayo, 2008.

  • Proverbios 15:31
  • La oreja que escucha la corrección de vida, Entre los sabios morará. 32 El que tiene en poco la disciplina, menosprecia su alma: Mas el que escucha la corrección, tiene entendimiento.
  • Sofonías 3:1-2
  • AY de la ciudad ensuciada y contaminada y opresora! 2 No escuchó la voz, ni recibió la disciplina: no se confió en Jehová, no se acercó á su Dios.

http://www.vidaeterna.org/esp/estudios/disciplina.htm

¿QUÉ ES JUZGAR?

¿QUÉ ES JUZGAR?

Por Charles G. Finney

Queridos hermanos, permítanme a través de estas líneas dirigirme a la Iglesia para tratar un asunto de gran delicadeza, y al mismo tiempo de gran importancia. Repetidos comentarios en diferentes mensajes cristianos, me permiten observar que una muy importante distinción se está pasando por alto y esto está calculado para hacer un gran daño en la Iglesia. Los escritores, pastores, predicadores, etc., a los que me refiero, parecen confundir lo que llaman “Acusaciones” con la “Fidelidad cristiana”. ¡Un error más demoledor sería difícil de imaginar o enseñar! Esta confusión existe especialmente en sus mentes y en sus mensajes con respecto a cualquier cosa que se dice acerca de las fechorías de los ministros del evangelio. Parecen asumir, uno, que los ministros de la Palabra están universalmente en un estado de santificación permanente, y si no lo están, parece que a ellos no se les debe reprobar por pecar, como a los demás hombres, ni exhortar al arrepentimiento. Parecería, que NO se puede decir nada acerca de los pecados de los ministros, y que ellos no pueden ser reprobados o advertidos, ni en la más profunda gentileza y amor, sin que se le trate a uno como “acusador” o “demasiado juzgón”.

La clase de predicadores y escritores a la que me estoy refiriendo, supone que el hablar clara y directamente acerca de los pecados de la Iglesia, “redargüir, reprender, exhortar” atinadamente y en una manera urgente y afectuosa es también “juzgar” y “criticar”. En otras palabras, parece que la práctica de muchos escritores y predicadores de hoy en día, es confundir totalmente (como lo dije antes), la fidelidad cristiana con el “juzgar y criticar”. Ahora bien, si se permite que esta confusión siga adelante sin notarlo, hasta que la reprensión, en vez de ser considerada una virtud se considere un vicio, la Iglesia inevitablemente será destruida. Si el reprobar los pecados de los ministros, o de cualquier tipo de cristianos u hombres, es considerado como “juzgar” y “criticar”, entonces el poder del glorioso evangelio será destruido. Permítanme a continuación puntualizar lo que yo creo que es la correcta distinción entre juzgar en una manera criticona y la verdadera fidelidad cristiana. Permítanme mostrar que la fidelidad cristiana es universalmente obligatoria; y que los ministros están tan obligados a reprender a sus consiervos como a cualquier otro tipo de persona y por último, que las personas que se quejan de esto evidencían, sin lugar a dudas, que tienen un espíritu orgulloso y turbulento.

Primeramente, veamos la diferencia entre el “juzgar” y la fidelidad cristiana. Considero que “juzgar” es una disposición de censurar, culpar y condenar a otros, y hacer esto hablando de las fallas de otros con una intención egoísta y perversa. Esto se ve al pasar juicios severos y sin amor acerca de los motivos de otros, aun cuando su conducta parece adecuada. Consiste también en “publicar” sus faltas en una manera aun cuando no se requiere según la ley del amor y la benevolencia. La fidelidad a Cristo, con respecto a las faltas de otros, consiste en reprobar a otros por sus pecados por amor a Dios y a las almas de los hombres. Consiste también en reprobarlos, advertirlos y exhortarlos a abandonar sus pecados para la gloria de Dios y el bien de su Iglesia. La fidelidad cristiana, en cuanto a la reprensión, consiste en lidiar y tratar con todas las clases de personas en una manera franca, directa y continua, y al mismo tiempo compasiva. De la misma forma que lo hicieron los profetas, Cristo y los apóstoles. Los pecados por los cuales estos últimos reprendieron y reprobaron a los hombres no eran pecados que conocían solamente por “revelación”, sino pecados que estaban a la vista de todos, y pecados de los cuales sabían que eran culpables, por su propia observación. En las reprensiones que ellos hacían, podemos aprender los grandes principios bíblicos para poder reprender y reprobar como ellos. Y debemos considerar esos principios como las leyes del reino de Cristo y ministrar las reprensiones de acuerdo a ellas. Que se entienda claro, que la fidelidad a Cristo, con respecto a reprobar el pecado, consiste en reprobar a la persona por su pecado en una forma profunda, y al mismo tiempo teniendo dentro compasión y benevolencia. Y cuando haya necesidad, reprender cualquier forma de pecado en cualquier parte. Consiste en hablar debidamente acerca de los pecados públicos de cualquier tipo de personas, en cualquier lugar , siempre y cuando las circunstancias de la Iglesia y la Gloria de Dios lo demanden. Pero, una vez más, digo que el hablar innecesariamente o por motivos maliciosos de los pecados de cualquier tipo de persona, no importa lo terribles y conocidos que sean estos pecados, esto es “juzgar” o “criticar”.

En segundo lugar, la fidelidad cristiana es universalmente obligatoria. Este es un mandato claro de la Biblia. “… Si tu hermano peca contra ti ve y repréndele…” Hay muchos pasajes de la Escritura que hablan de esta obligación: la naturaleza del caso demuestra que esto es una obligación de todos. Es una consecuencia natural del amor benevolente. Para un hombre con amor benevolente es tan natural el reprobar a otros por sus pecados y avisarles que “huyan de la ira que viene”, como sería el dar la voz de alarma a sus vecinos si su casa se estuviera quemando.

Como dije, los ministros están obligados a reprobar a sus consiervos así como a reprobar cualquier otra clase de persona. Cuando Pedro, en una ocasión era culpable de un pecado, Pablo lo resistió cara a cara. Aquí tenemos el ejemplo de un apóstol reprobando a un apóstol. En ningún lugar los ministros son la excepción a la regla general del reino de Dios. -Que todos los hombres deben ser reprobados por sus pecados- ¡No hay ninguna razón por la cual deberían ser la excepción! Los pecados de los ministros son especialmente dañinos para la Iglesia y para el mundo. Hay entonces una razón importante para que ellos sean enfrentados fielmente por sus pecados. Puesto que los ministros son considerados ejemplos públicos para la gente, sus pecados deben ser especialmente señalados como pecado, y públicamente reprobados ¡a menos que querramos que sus pecados sean pasados por alto por la gente y la gente comience a imitarlos como si fueran virtudes!

Su compromiso de ser santos es tal, que los ministros ciertamente merecen reprensión, si no caminan rectamente e íntegramente. En el mismo grado de importancia de su llamamiento, así también es necesario que se les confronte consistentemente por todo tipo de personas y especialmente por sus hermanos ministros. Siempre se debe de tener respeto a su carácter oficial, y se les debe ministrar reprensión especialmente (y ciertamente a TODOS los hombres) y debe hacerse con gran franqueza, amabilidad, compasión, pero asimismo con gran profundidad, escudriñándolos fielmente.

Para terminar, el quejarse de esto es evidencia de que la persona tiene un espíritu de orgullo. Cuando alguien tiene disposición a resistir o resentir las reprensiones en un espíritu de fidelidad a Cristo, es por un lado, porque la persona tiene un espíritu anticristiano. Si las personas no pueden ser reprobadas y aun tratadas duramente por sus faltas, y tomarlas pacientemente, ciertamente están lejos de tener un carácter cristiano. Pedro dijo “Pues, ¿qué gloria es, si pecando sois abofeteados, y lo soportáis? Mas si haciendo lo bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios. Pues para esto fuistéis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejando ejemplo, para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se halla engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente” (1 Pe. 2:20-23). Ahora bien, el apóstol enseña claramente en este pasaje, que incluso el ser reprendido o abofeteado y tomarlo pacientemente cuando somos en verdad culpables no es evidencia de un espíritu cristiano. ¡Pero el rehusar a sufrir la reprensión obviamente debe ser evidencia de un espíritu orgulloso y sin paz! Cuando cualquier clase de gente piensa que está más allá del ser reprobado por otros, ya sea por su posición en la vida o porque son muy influyentes, y creen que otros ya no tienen derecho a reprenderlos por sus pecados, es porque NO tienen la mente de Cristo. Esto, especialmente cuando rehusan la reprensión de sus hermanos, que son natural y eclesiásticamente sus iguales. En resumen, cuando un hombre, o grupos de hombres, están en tal estado mental que se niegan a ser reprobados por sus pecados aun por el menor miembro de la congregación o aun por un niño, están en un estado de orgullo y de inconversión, y en ese estado mental, Dios no los bendecirá.

Permítanme terminar este mensaje con algunos comentarios. Es de desearse, el que hubiera mucha más fidelidad a Cristo, con respecto a reprender cualquier tipo y forma de pecado que hay en la Iglesia. Debe haber mucha más de esta fidelidad o la Iglesia no puede prosperar.

Es grandemente deseable que los ministros sean mucho más consistentes en reprobarse los unos a los otros tanto en público como en privado.

Sería de gran bendición que esto se hiciera en un mejor espíritu, que en el que generalmente se hace. Debería hacerse mucho más profundamente, de manera que alcance la raíz del asunto. Es de infinita importancia, que el trato claro y franco de esos pecados se reciba en un espíritu correcto y que los ministros especialmente consideraran bien el ejemplo de David, que a pesar de ser rey, cuando fue reprendido atinadamente en forma personal por el profeta Natán, en vez de resentirlo, y quejarse de que lo estaban “juzgando” y “exhibiendo” exclamó con toda humildad, como un hombre de Dios, “He pecado contra Dios”. Mientras tanto los ministros están dispuestos a quejarse y a tratar todas las reprensiones, no importa que tan amables, como si fueran “críticas” y “condenas”. No tienen por que esperar la bendición del Señor cuando se haga esta queja, nosotros debemos examinar con cuidado y en oración nuestro espíritu, motivos, y maneras de ministrar la reprensión; pero de ninguna manera, debemos detenernos de seguir reprobando a la persona en una forma completa, que llegue hasta lo profundo de su ser, compasivamente y con benevolencia; ya sea hasta que haya reformación o hasta que el caso sea sin esperanza, hasta que se aplique el principio que Cristo les dio a sus discípulos con respecto a los líderes religiosos de su tiempo: “Dejadlos, son ciegos, guías de ciegos”.

Ahora bien hermanos, he escrito este mensaje en la gentileza y amor de mi corazón y sospecho que en esto seré acusado de “juzgón”, “muy crítico”; y sospecho que lo que sé que hablo con amor puede ser confundido con un espíritu condenatorio. Pero, mis hermanos, nada puedo hacer: Deseo llamar la atención de la Iglesia y del ministerio a esta simple distinción, y ruego en oración que la consideren, cada vez que se hallen reprendidos. “Que el justo me castigue, será un favor, y que me reprenda será un excelente bálsamo” (Sal. 141:5).

http://www.revistaavivamiento.org/articulos/juzgar.htm

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