El Espiritu Santo

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Una promesa preciosa: el derramamiento del Espíritu de Dios

Por John Piper. Traducción por Ana Villoslada.
Una Parte de la serie The Person & Work of the Holy Spirit

Isaías 44:1-5

¿Sabe por qué es más fácil ser más amable con los demás el viernes que el lunes? ¿Acaso no es porque la esperanza es como un río que corre hacia nosotros desde un futuro prometedor, llena el embalse de nuestro gozo, desbordándose luego en amabilidad hacia los demás? El viernes, descanso y diversión están a la vuelta de la esquina, tan cerca que podemos sentirlos, y por la esperanza sentimos el poder del próximo fin de semana. El pequeño embalse de nuestro gozo comienza a llenarse. Y si el fin de semana parece bastante prometedor, nuestro embalse de gozo se llenará hasta el borde y empezará a derramarse. Este derramamiento de gozo hacia los demás se llama amor, por eso usted siempre es más simpático con los demás cuando se siente feliz pensando en el futuro. La esperanza lo llena de gozo y el gozo se derrama en sonrisas, palabras amables y obras de provecho. Esto ocurre antes de las vacaciones, de los cumpleaños, de Navidad y el viernes para muchos (¡gracias a Dios que es viernes!)

Todos los fines de semana son imperfectos

Entonces no será difícil que la gente pueda ver cómo las buenas noticias del cristianismo se ajustan perfectamente a nuestras necesidades. La mayoría de las personas no sólo anhelan gozo sino también una gran libertad para estar tan llenos en nuestro interior que podamos vivir para los demás. No hay nada que muestre la plenitud y la libertad del alma humana más que el amor. Por tanto, en su fuero interno las personas quieren amar. Puede verlo en cuánta gente admira a la madre Teresa. En lo más profundo desearíamos estar tan llenos que nuestras vidas fuesen una fuente constante de agua de vida que satisficiera las necesidades de los demás. Sin embargo, en su lugar nos confrontamos con la penosa realidad de unos corazones codiciosos y preocupados. Las personas son casi siempre obstáculos para nuestras pobres búsquedas de placer o amenazas para nuestra frágil paz mental. Rara vez nos encuentran tan completos que pueden beber de nuestro gozo desbordado.

¿Por qué? Porque todos los fines de semana tienen algún fallo: las vacaciones cuestan dinero y se terminan, los cumpleaños traen regalos… y años; el árbol de navidad se seca; no vuelves a saber de tu amigo durante otro año. El problema de todos es que la plenitud del gozo y la libertad del amor que ansiamos nunca llegará hasta que estemos absolutamente convencidos de que ya tenemos garantizado el mejor y más feliz futuro imaginable. Voy a repetirlo: hasta que podamos sentir total seguridad en un futuro garantizado de máximo gozo, nuestras vidas van a ser una secuencia continua de antojos infantiles y frustraciones egocéntricas.

El cristianismo y el anhelo de amar

Que todos podamos ser más felices y amables el viernes debería enseñarnos que sin esperanza es imposible tener gozo y amor; y que todos los fines de semana se extingan hasta el lunes debería hacernos cristianos. Puesto que el asombroso mensaje del centro del evangelio cristiano, incluso demasiado bueno para ser verdad, es que el Dios Todopoderoso que creó el cielo y la tierra ha declarado a los que confían en Él: “Porque yo sé los planes que tengo para vosotros, planes de bienestar y no de calamidad, para daros un futuro y unaesperanza” (Jeremías 29:11). El centro del evangelio es que al entregar a su único Hijo para que muriese en la cruz, Dios ha comprado y garantizado el mejor futuro posible para los que confían en Él. Pablo le dice a la iglesia en Roma: “Si Dios está por nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no eximió ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos concederá también con Él todas las cosas?” (Romanos 8:30-32)

¿Cómo puede tener plenitud de gozo y la gloriosa libertad para ser una persona que ama si el fin de semana trae soledad, el coche se estropea durante las vacaciones y su cumpleaños le lleva inevitablemente hacia la muerte? La respuesta: sea cristiano y crea a Dios cuando dice “Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito” (Romanos 8:28). “Gloriémonos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, carácter probado; y el carácter probado, esperanza; y la esperanza no desilusiona, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5:3–5). Los cristianos creemos en un Dios soberano que nunca dice: “Ups”. Creemos que todos nuestros días (¡viernes y lunes!) son pinceladas divinas del Maestro Artista en el lienzo de nuestra vida que certifica sus habilidades, su poder y su amor en la obra maestra del Calvario. El Espíritu Santo ha sido derramado en nuestros corazones asegurándonos de que si Dios no hubiera entregado a su Hijo, entonces no se hubiera esforzado en garantizarnos el mejor y más feliz futuro. Por tanto, la esperanza no decepciona; por tanto, el gozo no se amilana a pesar del sufrimiento; por tanto, la libertad para amar es posible en este mundo terrible, es decir, posible para aquellos que siguen a Jesús en la tormenta y creen realmente que en el momento perfecto Él puede y dirá al viento y a las olas: “¡Paz! ¡Calma!”

Igual que el agua fue creada para las agallas de los peces y el viento para las alas de los pájaros, el evangelio de Cristo fue creado para el alma del hombre. Ofrece la garantía absoluta de la esperanza (Hebreos 6:11) y de ella, la plenitud del gozo (Romanos 5:2), y de ahí la libertad para amar (Colosenses 1:4–5) para que el Dios que provee sea en todo glorificado (1 Pedro 4:11). ¿Qué más se puede pedir o imaginar?

Esperanza, gozo, amor y ser llenos del Espíritu Santo

Ahora, si nos detenemos y nos preguntamos que tiene esto que ver con la obra del Espíritu Santo, la respuesta es clara: sed llenos de gozo junto al río de esperanza que se desborda en libertad para amar, todo para la gloria de Dios. Esto quiere decir el Nuevo Testamento con ser lleno del Espíritu (Efesios 5:18). Hay pasajes que explican esto de manera muy clara, por ejemplo, Romanos 15:13 dice: “Y el Dios de la esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo”. ¿Cómo podemos abundar en esperanza? Respuesta: por el poder del Espíritu Santo. Cuando Pablo dice en Romanos 5:5 “y la esperanza no desilusiona, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos fue dado”, quiere decir que la obra del Espíritu Santo es abrir nuestros ojos a las asombrosas implicaciones del amor de Dios para nuestro futuro y por tanto, para llenarnos de esperanza.

Y ya que el gozo (Romanos 15:13) y el amor (Colosenses 1:4–5) fluyen de la esperanza que abunda por el poder del Espíritu Santo, entonces no es sorprendente escuchar a Pablo decir (en Gálatas 5:22) que el amor y el gozo son el fruto del Espíritu. Por tanto, existen dos maneras de describir la clave para los tesoros de la vida cristiana: una es que la clave reside en abundar en esperanza que da plenitud degozo desbordándose en la libertad de amar para la gloria de Dios, y la otro, es que la clave es ser lleno del Espíritu Santo.

¿Cómo podemos ser llenos del Espíritu Santo?

Cuando vemos esta conexión, o sea, que la plenitud de la esperanza, el gozo y el amor y que la plenitud del Espíritu Santo son una, es cuando surge una respuesta muy práctica a la pregunta caliente de nuestra iglesia Bethlehem: “¿Cómo podemos ser llenos del Espíritu Santo?” ¿Cómo podemos experimentar un derramamiento del Espíritu Santo sobre nuestra iglesia que nos llene de un gozo incontenible y que nos libere y nos dé poder para amar a los de nuestro alrededor de formas tan auténticas que los ganemos para Cristo? La respuesta: mediten día y noche en las incomparables y esperanzadoras promesas de Dios. Así fue como Pablo mantuvo su corazón lleno de esperanza, gozo y amor. Él dijo (Romanos 15:4): “Porque todo lo que fue escrito en tiempos pasados, para nuestra enseñanza se escribió, a fin de que por medio de la paciencia y del consuelo de las Escrituras tengamos esperanza”. La completa seguridad de la esperanza viene cuando meditamos en las promesas de la palabra de Dios lo cual no contradice los ocho versículos siguientes que declaran que el Espíritu Santo nos da esperanza. Hace poco aprendimos que el Espíritu Santo es el autor divino de las Escrituras por tanto, no existe contradicción con el modo en el que Él nos llena con su propia palabra de promesa. La esperanza no es solo una emoción pasajera que se aparece de la nada como un dolor de estómago. La esperanza es la confianza de que el formidable futuro que se nos prometió mediante la Palabra del Espíritu se va a hacer realidad realmente. Por tanto, la manera de estar lleno del Espíritu es estando lleno de su Palabra. El modo de tener el poder del Espíritu es creyendo en las promesas de Dios, porque la palabra de promesa es la que nos llena de esperanza, la esperanza nos llena de gozo y el gozo se derrama en el poder y en la libertad de amar a nuestro prójimo. Y esa es la plenitud del Espíritu Santo.

La promesa de Dios en Isaías 44:1–5

Pues todo lo que he dicho hasta ahora se suponía que tenía que ser una breve introducción para una larga exposición de Isaías 44:1–5, pero me he dejado llevar tanto que tendrá que servir como una larga introducción para una breve exposición.

Isaías 44:1–5 es una promesa que debería llenarnos de esperanza y del Espíritu Santo. Planteémonos dos escuetas preguntas acerca del texto:

1. ¿Para quién se ha hecho la promesa? 2. ¿Cuál es la promesa?

1. ¿Para quién se hizo la promesa?

En respuesta a la primera pregunta, la promesa no se hizo para todos los israelitas ni solamente para los israelitas. En el versículo inmediatamente anterior al capítulo 44 (43:28), Dios muestra lo que hace con el Israel impenitente: “Entregaré a Jacob al anatema y a Israel al oprobio”. Israel es castigado cuando rechaza servir al Señor pero Isaías 44:1–5 promete bendición y no castigo. Entonces Dios se dirige a Israel en el versículo 1 y 2 como “mi siervo”. “Mas ahora escucha, Jacob, siervo mío” (v. 1). “No temas, Jacob, siervo mío” (v. 2). En la medida en que Israel sirve a Dios, permanece bajo la promesa y no la maldición. Y no solo eso, el nombre Jesurún en el versículo dos (“Jesurún, a quien he escogido”) seguramente significa “el justo”. Por eso la promesa de Dios no está hecha para todo Israel sin reservas, solo para Israel como “justo”, Israel como “siervo de Dios”. La promesa no afecta a todos los israelitas.

Tampoco afecta solamente a los israelitas. El versículo 5 se refiere seguramente a los gentiles convertidos cuando dice “Este dirá: “Yo soy del Señor”, otro invocará el nombre de Jacob, y otro escribirá en su mano: “Del Señor soy” y se llamará con el nombre de Israel” (compárese con el salmo 87:4–5). La promesa no se restringirá físicamente a Israel ya que habrá muchos que acepten al Dios de Israel, que se alinearán con el pueblo de Dios y que se entregarán a Dios. Eso nos incluye a usted y a mí si pertenecemos a Cristo (Gálatas 3:29). Somos judíos verdaderos, descendientes de Abraham y herederos de su promesa.

Por lo que la respuesta a la primera pregunta es: la promesa se hizo para todo Israel en el grado en que Israel sirva a Dios y sea justo; y la promesa alcanza a los gentiles que dirán: “Yo soy del Señor” y que se someterán al Dios de Israel al que conocemos hoy como el Padre de nuestro Señor Jesucristo. La promesa es nuestra.

2. ¿Cuál es la promesa?

En segundo lugar, ¿cuál es la promesa? La promesa del versículo 3 es que Dios derramará su Espíritu: “derramaré mi Espíritu sobre tu posteridad, y mi bendición sobre tus descendientes”. En el siglo ocho antes de Cristo, Dios prometió que llegaría un día en el que llenaría a sus siervos justos de Él mismo. La idea del derramamiento es la misma que la de la abundancia. Cuando decimos: “está diluviando”, nos referimos algo más que chispeando, lloviznando o lloviendo. Nos referimos a que “si sales, te empaparás”, por lo que la lluvia torrencial de Dios se corresponde con estar empapados. En otras palabras, Dios promete un día en el que su pueblo, sus servidores, serán empapados con el Espíritu.

Podría argumentar que desde el mismo día de Pentecostés cuando esta profecía (al igual que Joel 2:28, Ezequiel 39:29 y Zacarías 12:10) se cumplió de manera inaugural, deleitarse en buscar y mantener la plenitud del Espíritu de Dios ha sido una obligación para los cristianos. Desde que Pedro afirmó en Hechos 2:16–17 que los últimos días del derramamiento habían comenzado, ninguno de los que leemos esta promesa en Isaías 44 deberíamos contentarnos hasta que estemos empapados del Espíritu Santo.

¿Qué logrará el derramamiento del Espíritu?

¿Qué significa esto según Isaías?

1. Se lleva nuestros temores

Primero, quiere decir que nuestros temores se irán. Versículo 2: “No temas, Jacob, siervo mío”. El espíritu de Dios es Dios. Cuando Él se derrama sobre ti, ¡estás a salvo! No a salvo de problemas sino de cualquier cosa que el Señor Todopoderoso sabe que no es buena para ti. Cuando somos empapados del Espíritu, nos empapamos con la seguridad de que tanto el lunes como el viernes fueron hechos en el cielo. Cualquier cosa que pueda producir temor mañana no tiene por qué producirlo si usted está lleno del Espíritu. Las relaciones en casa pueden ser tensas, la salud puede estar deteriorándose, el jefe puede estar pensando en despedirlo, mañana puede que se produzca un enfrentamiento muy amenazador… Cualquiera que sea lo que le hace estar preocupado por el mañana, abra su corazón al derramamiento del Espíritu de Dios, mire hacia Su palabra de promesa y Él lo llenará de esperanza y vencerá su temor.

2. Satisface nuestro anhelo por Dios

El versículo 3 describe el efecto del derramamiento de otro modo: “Porque derramaré agua sobre la tierra sedienta”. Me valgo de esto para decir que cuando el Espíritu Santo se derrama, no solo se lleva el temor sino que además el anhelo es satisfecho. La sed del alma por Dios es saciada o, al menos, probamos la suficiente satisfacción en Él como para saber de donde tenemos que pasar bebiendo el resto de nuestra vida.

Nuestro futuro puede parece crudo por dos razones: una es la perspectiva de que llega la tristeza; la otra, la perspectiva de que no llega la felicidad. ¿Y no está el corazón humano casi agotado por estas dos cosas: el temor a la tristeza en el futuro y la sed por la futura felicidad? Si es así, es la promesa de Isaías lo que necesitamos: cuando el Espíritu se derrame en nuestros corazones, el temor se irá y la sed será satisfecha. O para decirlo de otro modo, si el Espíritu se ha llevado lo que tememos de nuestro futuro y ha puesto lo que satisface al alma en nuestro futuro, entonces nos ha dado la completa seguridad de la esperanza. Y comenzamos a ver las antiguas raíces de Romanos 15:13: “(…) para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo”.

3. Siempre floreceremos

El versículo 4 describe también otro efecto del derramamiento del Espíritu. Los que lo experimenten “brotarán entre la hierba como sauces junto a corrientes de agua”. ¿Acaso esto no implica que el derramamiento del Espíritu Santo debería ser continuo en lugar de ocasional u esporádico? Deberíamos beber del Espíritu Santo como un árbol junto a la corriente bebe agua continuamente. Puede que ahora mismo en su vida esté rodeado de desierto pero si sus raíces bajan a la corriente del Espíritu usted siempre florecerá. Si recurre a Su vida nunca tendrá sed. La seguridad de la esperanza dará lugar al florecer del gozo.

4. Rebosaremos de amor

¿Y sobre el derramamiento del amor? ¿No se prometió también en Isaías? Isaías 58:11 muestra que es así: “Y el Señor te guiará continuamente, saciará tu deseo en los lugares áridos y dará vigor a tus huesos; serás como huerto regado y como manantial cuyas aguas nunca faltan“. Aquí está. La promesa final es que seremos fuentes, no esponjas. El corazón humano no puede estar satisfecho hasta que no se convierta en una fuente de la que otros puedan beber. ¡La esperanza que tenemos que tener! ¡El gozo que tenemos que tener! Aunque el objetivo de nuestra búsqueda se alcanzará cuando nuestro gozo en Dios se derrame en amor hacia los demás para la gloria de Dios.

Derrame la Palabra en su corazón y en su mente

No es casual que en el salmo 1, el árbol plantado junto a corrientes de agua que da fruto para los demás sea una ilustración de la persona que medita en la Palabra de Dios día y noche mientras que el árbol plantado junto a corrientes de agua en Isaías 44 sea un ejemplo de una persona que ha experimentado el derramamiento del Espíritu Santo. No es casualidad puesto que el Espíritu de Dios no produce esperanza fuera de la Palabra de Dios y la Palabra de Dios no produce esperanza fuera del Espíritu de Dios, pero el Espíritu por medio de la Palabra y la Palabra por medio del Espíritu se lleva el temor, alimenta la esperanza, llena de gozo, se derrama en amor y glorifica a Dios; esto es lo que significa ser lleno del Espíritu. Por tanto, el modo de experimentar el derramamiento del Espíritu es derramando cada día la Palabra del Espíritu en su mente y en su corazón y creyéndolo.

Os exhorto en el nombre de Jesucristo a que os entreguéis día y noche a la lectura de su Palabra si anheláis el toque del Espíritu de Dios en vuestra vida.

http://es.gospeltranslations.org/wiki/Una_promesa_preciosa:_el_derramamiento_del_Espíritu_de_Dios

El Espíritu Consolador

El Espíritu Consolador

Abril 1, 2008

Juan 16:7-15

  • “7 Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. 8 Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. 9 De pecado, por cuanto no creen en mí; 10 de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; 11 y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado. 12 Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. 13 Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. 14 El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. 15 Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber.”

Uno de los regalos mas preciados que tenemos nosotros los creyentes es el espíritu santo. Cuando Jesús estaba anunciando su partida a sus apóstoles les dijo “Les conviene que me vaya”.

Descifrando Pasajes Difíciles: Marcos 3: 29

Descifrando Pasajes Difíciles: Marcos 3: 29

19-01-2008

Autor:Eduardo Flores | sujetosalaroca.org

El día de hoy vamos a analizar un pasaje bastante controversial. El año pasado me enteré de un grupo de ateos que construyeron una página en internet en la cual se dedicaban a promover entre los jóvenes el reto de blasfemar al Espíritu Santo. El grupo se denomina, “The Rational Response Squad y el reto, “The Blasphemy Challenge” ó “El reto de la Blasfemia.”

Lo que este proyecto hace es un reto para que alguna persona blasfeme contra el Espíritu Santo, haciéndo un video y subiéndolo a Youtube.com, en donde debe seguir las siguientes recomendaciones,

“Usted puede condenarse al infierno como usted lo desee, pero en algún lugar de su video debe insertar la frase: “Yo niego al Espíritu Santo.” Porqué? Porque, según Marcos 3:29 en la Biblia Santa, ‘cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, sino que es reo de juicio eterno.’ Jesús le perdonará casi cualquier cosa, pero no perdonará que usted niegue la existencia del Espíritu Santo. Nunca. Este es un camino de una sola vía el que usted está tomando aquí.”

Cuál es el premio que ofrece el Rational Response Squad? Un DVD llamado, “El Dios que no estaba ahí.” Qué es lo que desea este grupo de personas: “Su alma.” Así de claro muestran su mensaje. Este tipo de mensajes son bastante preocupantes, pero, es que estas personas entienden lo que el verso quiere decir? Por lo que leemos en el pasaje, es claro que no es así. El verso escrito por Marcos (Mateo 12:32Lucas 12:10) dice así,

“pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, sino que es reo de juicio eterno.” Marcos 3: 29

Es claro que inclusive muchos cristianos no comprenden lo que Jesús está enseñando en este verso. Muchos creen que se refiere a decir algo en contra del Espíritu Santo, lo cual es cierto, pero lo interpretan como maldecir al Espíritu Santo, o como lo dice este grupo de ateos, negar la existencia del Espíritu Santo.

Cualquiera que lea todo el capítulo 3 del evangelio según Marcos, se da cuenta que el verso no tiene nada que ver con negar la existencia del Espíritu Santo. Veamos todo el pasaje, antes de realizar el análisis,

“Y se agolpó de nuevo la gente, de modo que ellos ni aun podían comer pan. Cuando lo oyeron los suyos, vinieron para prenderle; porque decían: Está fuera de sí. Pero los escribas que habían venido de Jerusalén decían que tenía a Beelzebú, y que por el príncipe de los demonios echaba fuera los demonios. Y habiéndolos llamado, les decía en parábolas: ¿Cómo puede Satanás echar fuera a Satanás? Si un reino está dividido contra sí mismo, tal reino no puede permanecer. Y si una casa está dividida contra sí misma, tal casa no puede permanecer. Y si Satanás se levanta contra sí mismo, y se divide, no puede permanecer, sino que ha llegado su fin. Ninguno puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si antes no le ata, y entonces podrá saquear su casa. De cierto os digo que todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y las blasfemias cualesquiera que sean; pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, sino que es reo de juicio eterno. Porque ellos habían dicho: Tiene espíritu inmundo.”

Además muchos cristianos están constantemente preocupados de haber cometido el pecado imperdonable, y a pesar de profesar a Cristo como el Señor de sus vidas, viven en un constante miedo. Porqué llegan a esas creencias? Hemos dicho en las entradas anteriores de esta serie que gran cantidad de cristianos no saben leer la Biblia, y toman pasajes totalmente fuera del contexto. La Biblia es la que nos dice a que se refiere un verso. Cómo? Mediante el contexto del pasaje del que se toma el verso. En algunas ocasiones debemos escudriñar las Escrituras con mayor esfuerzo, pero siempre debe ser la Biblia la que nos imponga lo que es correcto, y nunca debemos permitir que sea nuestra ‘sabiduría’ la que interprete un pasaje.

Pero, que es el pecado imperdonable del que habla este pasaje? O, primero, cuál NO es el pecado imperdonable? El pecado imperdonable no es el asesinato, ya que hombres como Moisés (Éxodo 2:12), David (2 Samuel 11:15) y Pablo (Hechos 8:1) asesinaron a otras personas, y es claro que ellos están en estos momentos en la presencia de Dios. El pecado imperdonable no es el adulterio, porque sabemos que David fue un adúltero (2 Samuel 11). Sabemos que este pecado tampoco es la poligamia, debido a que Salomón tenía casi mil mujeres, 300 esposas y 700 concubinas (1 Reyes 11:3).

Qué es entonces el pecado imperdonable? Recordemos que el contexto es lo más importante. En este pasaje, Jesús viene haciendo múltiples milagros en Galilea, sanando en presencia de los fariseos, en la sinagoga, a un hombre con una mano seca (Marcos 3: 5); gente con plagas (Marcos 3:10); echaba fuera demonios (3:11), etc.

Ahora, en el pasaje de Marcos 3: 20-30, los fariseos viendo que Jesús hace todos estos milagros, “decían que tenía a Beelzebú, y que por el príncipe de los demonios echaba fuera los demonios.” (Marcos 3: 22). Esta es la clave para entender el verso 29. Qué hace Jesús? Mateo 12:25 nos dice que Cristo, sabiendo los pensamientos de los escribas y fariseos les enseña dos parábolas. La primera dice,

“¿Cómo puede Satanás echar fuera a Satanás? Si un reino está dividido contra sí mismo, tal reino no puede permanecer. Y si una casa está dividida contra sí misma, tal casa no puede permanecer. Y si Satanás se levanta contra sí mismo, y se divide, no puede permanecer, sino que ha llegado su fin.” Marcos 3: 23-26

y la otra,

“Ninguno puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si antes no le ata, y entonces podrá saquear su casa.” Marcos 3: 27

Prácticamente Jesús les está enseñando lo ilógico de sus argumentos, pues si Su poder viniera de Satanás, entonces el diablo estaría yendo contra su propio reino, debilitándolo. El deseo de Satanás es mantener cautiva a la humanidad en su propio pecado. Jesús por el contrario, está liberando a la gente de los demonios que los tienen cautivos, y con ello está atando a Satanás, para que no continúe con su trabajo. Los fariseos, intentan achacar los milagros de Jesús al poder de Satanás, lo cual, como Cristo lo muestra, es ridículo.

Entonces, la blasfemia contra el Espíritu Santo es un voluntario rechazo de la obra del Espíritu Santo, atribuyéndole al demonio lo que evidentemente es divino. Los fariseos habían presenciado y sabían claramente que Jesús realizaba los milagros por el poder del Espíritu Santo, pero aún así, desafiantemente insistían, contrario a lo que ellos sabían era verdad, que era Satanás quien le daba poder a Jesús. Esto no era un error momentáneo, sino una rebelión continua frente a una verdad inaludible.

La blasfemia contra el Espíritu Santo no es un acto hecho por descuido, o que ocurra sin que una persona se dé cuenta de haberlo cometido. Por el contrario es una actitud rebelde y conciente. Los fariseos habían visto a Cristo sanar enfermos, dar vista a los ciegos, curar paralíticos, pero aún así blasfemaban contra el Espíritu Santo. De nuevo, para hacerlo más claro, esta blasfemia es no creer lo que una persona sabe es verdadero. No es meramente negar, ni rechazar al Espíritu Santo, sino rechazar lo que el Espíritu Santo da testimonio. D. A. Carson dice lo siguiente,

“El Nuevo Testamento revela que tan cerca uno puede venir al reino– probando, tocando, percibiendo, entendiendo. Y además muestra que venir tan lejos y rechazar la verdad es imperdonable. Lo mismo sucede aquí. Jesús carga a aquellos que perciben que Su ministerio es otorgado por el Espíritu y entonces, por cualquier razón– quizás despecho, envidia, arrogancia– lo achacan a Satanás, se han puesto ellos mismos lejos de poder ser perdonados. Para ellos no hay perdón, y ese es el veredicto de uno que tiene la autoridad para perdonar pecados.” [1]

Este pecado no tiene perdón porque demuestra la ausencia de deseo de arrepentimiento, que es necesario para poder ser perdonados. Juan Calvino escribió,

“Porqué es que es dicho que aquel que blasfeme contra el Espíritu es más pecador que otro que blasfeme contra Cristo? Es porque la majestad del Espíritu es mayor, que un crimen cometido en Su contra debe ser castigado con mayor severidad? Ciertamente esa no es la razón; pues debido a que la plenitud de la Deidad (Colosenses 2:9) brilla en Cristo; el que le rechaza, destruye, tanto como puede, toda la gloria de Dios. Ahora de que manera se separará Cristo de Su Espíritu, para que aquellos que tratan al Espíritu con rechazo no insulten a Cristo? Aún percibimos, que la razón de la blasfemia contra el Espíritu excede los otros pecados, no es que el Espíritu sea mayor que Cristo, sino que aquellos que se rebelan, luego de que el poder de Dios les ha sido revelado, no pueden ser excusados de ignorancia.” [2]

Como dice Calvino,no es que hay mayor culpa en blasfemar contra el Espíritu Santo que blasfemar contra el Hijo del hombre. Ciertamente no es porque uno tenga mayor dignidad o gloria que el otro. Quizás rechazar a Jesús durante su humillación terrenal era perdonable porque Su gloria fue ocultada. Pero rechazar el poder del Espíritu Santo, como es claro en Sus milagros,era imperdonable porque claramente es divino; no hay posibilidad de dudas. La distinción es entre no reconocer la luz y el rechazo voluntario de la luz que es claramente visible.

Muchos creen que este pecado imperdonable puede ser cometido por cristianos. Esto es totalmente falso, pues el pasaje se refiere a personas no-creyentes, que a pesar de haber presenciado el poder del Espíritu Santo, que testifica que Cristo es Dios, le rechazan, y achacan Sus poderes a Satanás, y por lo tanto no tienen perdón. Un verdadero cristiano, un creyente, NO puede cometer el pecado imperdonable, pues es Dios quien le ha mostrado la verdad (Ezequiel 36: 22-32), le ha puesto la fé en su corazón (Efesios 2:8) para confesar a Cristo como su Señor (1 Corintios 12:3). Dios mismo sotiene la fé de los creyentes; Dios mismo nos persevera en la fé y nos perfecciona día a día (Filipenses 1:6; Romanos 8:30).

Cuál debe ser nuestra respuesta a los ateos y especialmente al “Blasphemy Challenge”? Debemos orar mucho. Dios nos ha dado el privilegio de participar en la recolección de Sus ovejas mediante la predicación del evangelio. Debemos luchar por la verdad, proclamando la verdadera palabra de Dios. Aquellos no creyentes que rechacen el testimonio del Espíritu Santo, que testifica que es Cristo, quien ha hecho el milagro dentro de cada uno de nosotros, y que conciente y voluntariamente lo atribuye al demonio, no puede encontrar perdón de Dios porque ha desechado su propio arrepentimiento. Luchemos día a día para que más y más personas puedan ver la verdad de Cristo, orando para que la voluntad de Dios se haga en las vidas de todos los hombres, y que sea Su poder el que despierte a los suyos a través de nuestra predicación.

Ver más “Pasajes Difíciles,” aquí.

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[1] D.A. Carson. The Expositor’s Bible Commentary. Página 292.

[2] John Calvin. Commentary on Mark 3: 23-30.

Parte 4 – El papel del Espíritu Santo con el creyente en el evangelismo

Evangelismo y establecimiento de nuevas iglesias- junio 2007

Parte 4 – El papel del Espíritu Santo con el creyente en el evangelismo

Artículo escrito por: Dr. Gerardo Laursen

Estimado(a) Lector/a 

Si no fuera por el Espíritu Santo, no “ganaríamos almas”. Para nuestra obra evangelizadora, el Espíritu Santo nos capacita, nos requiere dependencia, y nos llena. ¡Qué privilegio ser una herramienta en las manos del Espíritu Santo, cuando él convierte un incrédulo!
A. Nos capacita

1. con poder

Hch. 1:8ª, “pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo…”

Nuestra lucha es espiritual, requiere el poder que el E.S. nos da. Más de 3 años con el Señor no fueron suficientes para capacitar a los apóstoles. Faltaba el poder espiritual que vino en el día de Pentecostés, el primer día del nuevo ministerio del E.S. de habitar en los creyentes, para fortalecernos a vivir una vida victoriosa.

2. con testimonio

Hch. 1:8b, “y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.”

Un testigo comparte lo que ha visto y ha oído. Es explicar a otro lo que significa Cristo para nosotros y como ha cambiado nuestra vida. Y la implicación es que si Dios puede salvarme a mí, le puede salvar a usted también. Y la buena nueva debe ser divulgada por todos lados. Sigamos el ejemplo de María Magdelena, cuando vio a Jesús resucitado, fue a otros para dar “las nuevas de que había visto al Señor, y que él le había dicho estas cosas” (Jn. 20:18).

3. con denuedo

Hch. 4:31, “Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios.”

Evangelizar produce niveles de nerviosismo. El E.S. nos ayuda a superar las inseguridades, hasta vencer la timidez y tener valor.

B. Nos requiere dependencia

1. Dependencia no descarta preparación. ¿Aplica Lc. 21:12-15?

“Pero antes de todas estas cosas os echarán mano, y os perseguirán, y os entregarán a las sinagogas y a las cárceles, y seréis llevados ante reyes y ante gobernadores por causa de mi nombre. Y esto os será ocasión para dar testimonio. Proponed en vuestros corazones no pensar antes cómo habéis de responder en vuestra defensa; porque yo os daré palabra y sabiduría, la cual no podrán resistir ni contradecir todos los que se opongan.”

No aplica Lucas 21 a presentaciones formales. Este párrafo nos habla de algo no previsto, como un arresto inesperado. En tiempo de emergencia, el E.S. nos dará las palabras para defendernos. Pero si queremos alcanzar al mundo para Cristo, debemos planificar proyectos y viajes, pedir literatura con anticipación, alquilar un sitio de reuniones, hacer mapas del área a cubrirse, consultar con otros creyentes, orar, etc. Una vez preparado, podemos evangelizar a alguien cuando se presente un momento dado. Y si hay una conversión, es un milagro hecho por el E.S. en el corazón.

2. Dependencia no elimina razonamiento. Una presentación del evangelio debe ser lógica y completa, para ser entendido. Una cápsula: el hombre está perdido, es incapaz de salvarse, Cristo pagó nuestra deuda, y se necesita una relación con él. Eso es el orden lógico. Sería un evangelio incompleto sólo decir que Dios le ama y el recibir a Cristo le da vida eterna. Es una idea incompleta, porque salta la necesidad: uno es pecador y esta separado de Dios. Ser salvo es ser salvado del infierno merecido.

3. Dependencia no es ser perezoso. El Espíritu tiene papel en el evangelismo, y nosotros tenemos papel en el evangelismo. Se ilustra el papel humano con Lázaro levantado de los muertos por Jesús. Cristo pidió quitar la roca de la tumba y quitarle las vendas. El pudo haberlo hecho, directo o por milagro. Pero pidió al hombre lo que el hombre podía hacer. Y él hace lo que solo Dios puede hacer: vivificar a un muerto. Hay digamos una economía de milagros. Compartimos información al incrédulo, y el Espíritu hace el milagro de conversión. Hay trabajo humano involucrado en la planificación, viajes, entrevistas, desvelos, etc.

4. Hay dependencia cuando el E.S. usa un hombre preparado con un mensaje preparado. Si procuramos hacer la voluntad de Dios, si manejamos la Escritura, si buscamos oportunidades de compartir nuestra fe, Dios abrirá puertas y nos dará fruto.

5. Hay dependencia sí es una comunicación guiada. Por ejemplo, si hemos memorizado un buen número de versículos, el E.S. puede guiarnos a usar un texto específico que una persona necesita oír en el momento. Cómo iniciamos la presentación, o el énfasis, puede variar un poco de persona a persona.

C. Nos llena

1. Pasos de ser lleno:

a. Obedecer el imperativo en Efesios 5:18, “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu.”

¡Es importante notar que jamás es ordenado ser bautizados en el E.S.! Eso es porque el bautismo es automático al recibir a Cristo como salvador. (En 1 Co. 12:13, todos somos bautizados, hasta los carnales corintios). Llenura es cosa aparte y tiene requisitos. Ser lleno del Espíritu es ser controlado por el Espíritu. El imperativo es permitir que el E.S. nos controle.

b. Rendirse a la voluntad de Dios. Es clave estar dispuesto hacer lo que Dios nos pida. Si nuestro anhelo es hacer la voluntad de Dios, habrá sacrificios, pero uno mostrará la gloria de Dios (Mt. 6:33, Ro. 12:1-2, 1 Co. 6:19-20, Gá. 2:20, Col. 3:1-3).

c. Ser llenos del Espíritu por fe. Con el deseo de ser controlado por el Espíritu y el estar dispuesto a hacer su voluntad, solo queda la cuestión de orar, pediendo la llenura por fe.

2. Razones por las que no todos los creyentes son llenos del E.S.:

a. Falta el deseo: para no ser visto como fanático.

b. Falta conocimiento de la Palabra: pero es un imperativo.

c. Soberbia: sentir que todo lo puedo “yo”, sin ayuda de Dios.

d. Miedo de persecución: Si vivo por Dios, habrá persecución. Pero si quiero evitar tribulación a todo costo, no estoy viviendo en la voluntad de Dios.

e. Pecado no confesado: Eso quita el poder y el ánimo.

f. Mente mundana: es preferir ser como mis amigos.

g. Falta de confianza en Dios: Eso sería por miedo de pruebas resultantes, o que Dios me pedirá algo difícil, como ser misionero a los musulmanes. Se propone que Dios es injusto o que no sabe lo que hace. Son insultos serios.

3. Evidencias de ser lleno:

a. Amor más grande para Cristo.

b. Preocupación más grande por los perdidos.

c. Más fe, denuedo y poder en el evangelismo.

d. Fruto. Pedro Predicó con el resultado de 3,000 convertidos (Hch. 4:8). El E.S. usa nuestras palabras para convencer al oyente (Hch. 6:10).

Hermano, ¿está creciendo su amor para Cristo? ¿Realmente cree que los inconversos pasarán la eternidad en los fuegos del infierno? ¿Puede superar sus temores para conquistar al mundo para Cristo? ¿Está dispuesto a sacrificar por la causa de Cristo? ¿Está preparado? ¿Está controlado por el Espíritu Santo? ¿Tiene fruto por sus labores?
Aquí hemos visto algo que el Espíritu Santo hace con el creyente en el evangelismo. En nuestro próximo devocional veremos algo que el Espíritu Santo hace con el inconverso en el proceso del evangelismo.

Seamos fieles instrumentos de evangelismo guiados por el Espíritu Santo,

Scott Yingling
Director General de ObreroFiel.com

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¿Cómo comenzamos? Es decir ¿por dónde o de qué manera se inicia algo nuevo? La pregunta indaga por la manera como nos enfrentamos a un proyecto nuevo, a la creación de una nueva empresa, sobre todo cuando se trata del inicio de un sueño nuevo. Ocurre que, ante lo nuevo, solemos pensar en las “glorias pasadas”, en aquello que se presenta como modelo ya probado o conocido, como aquello que asociamos a los rasgos de identidad.
Porque somos herencia de un pasado y por tanto ese pasado nos contiene y nos configura: es como si tomásemos la forma de un molde y ese molde consiste en algo pasado que conservamos como herencia. Es como un ropaje que hemos usado por mucho tiempo y que nos abriga y también conforma nuestra apariencia, puesto que la ropa también sirve para dar una imagen. Entonces, ese ropaje es como si fuera uno mismo /a, es como un sello de identidad. Pues ocurre, entonces, que un día ese ropaje ya no nos es útil porque hemos crecido, porque hemos cambiado y hay que desecharlo, hay que cambiarlo por otro ropaje. Pero nos cuesta hacerlo, se hace difícil cambiar la vestimenta, porque uno siente que es como arrancarse una parte de la piel.
Pero comenzar algo nuevo exige un cambio de ropaje, un abandono de aquello que nos sigue atando al pasado, requiere una ruptura con ciertas maneras de hacer y actuar. Sobre todo, requiere evitar dos tentaciones: el uso del poder como medio para construir algo nuevo y el encerramiento frente a la diferencia. Una cosa que nos tienta siempre es que suponemos que con poder se pueden hacer las cosas, que lo que se necesita es el poder del dinero o el poder político o el poder de la fuerza para que podamos cambiar la realidad. Y es que olvidamos que no es el poder lo que trae un cambio verdadero, ni lo que hace posible una revolución, sino otra cosa, otro camino. Al menos, sabemos que en el caso de Jesús está el rechazo de ésta tentación. Es la tentación de Satanás que Jesús rechazó cuando le ofreció los reinos del mundo a cambio de adorarle. La otra tentación consiste en replegarse en un ghetto, es decir constituirse en un grupo de elegidos o de gente especial que se separa de los demás. Es la tentación del fariseísmo, de ese sector de judíos que eran muy piadosos y muy legalistas y que tenían mucha influencia entre todos los judíos y desarrollaron un sentido muy fuerte de identidad y diferenciación con respecto a los demás.
Entonces, sabemos que para comenzar algo nuevo se requiere un ropaje nuevo, es decir el abandono del viejo ropaje. Se tiene que poner el vino nuevo en los odres nuevos y no en los odres viejos. También sabemos que hemos de evitar la tentación de buscar el comienzo de algo nuevo poniendo la confianza en el poder o cerrándonos como grupo. Lo que no sabemos bien a bien es cómo hacer eso, cómo se puede avanzar sin tener esas seguridades. En realidad, parece imposible. Es por eso que Hechos nos muestra desde el inicio que el comienzo de todo, el inicio de la comunidad cristiana, ocurre gracias al Espíritu Santo. Veremos esto en el texto de ésta mañana.
Hallamos a los discípulos con Jesús resucitado. Están fuera de la ciudad de Jerusalén. Parece que ahora se despedirán nuevamente. En realidad Jesús está a punto de ascender al cielo. La ascensión e Jesús marca el final de algo y un nuevo comienzo. Así como todo se inició con el bautismo de Jesús y los cielos se abrieron, para señalar que Jesús es el hijo amado de Dios. Pero esto culmina con su ascensión. Pero no es una despedida, sino una ascensión que marca otra cosa, que inaugura el inicio de un proyecto, de aquello que les ha estado hablando: el reino de Dios.
Es entonces que los discípulos preguntan: “¿restaurarás el reino de Israel ahora?”. La pregunta no es trivial ni inocente. Es la pregunta del miedo al inicio o arranque de un nuevo proyecto. Es la pregunta que busca el poder o que se repliega en el encerramiento de los iguales. Porque en esa pregunta se busca confiar en el poder… ¿qué significa restaurar el Reino de Israel? Significa dejar de estar abajo para colocarse arriba. En lugar de ser una provincia sujeta o sometida al yugo del imperio romano, significa volver a tener independencia y autodeterminación como nación. Es la confianza en el poder. Pero también es un repliegue, porque implica que el reino de Dios consiste en algo exclusivo de israelitas o judíos. La pregunta, pues, contiene todos los temores que emergen ante el reto de un nuevo comienzo.
Es interesante que Jesús no responde a la pregunta de manera directa. No dice que si o que no. Porque el problema no está en la pregunta, sino en lo implícito, que es el temor al nuevo comienzo. Jesús les dice que los tiempos están en la potestad del Padre. Esto equivale a decir que sólo se puede arrancar con la plena confianza en Dios, sin que sea necesario que nos entregue un calendario con fechas y señales del cumplimiento de cada cosa. El tiempo o los momentos quedan en manos de Dios.
Jesús dice entonces a los discípulos, que recibirán poder, al venir el Espíritu Santo, para dar testimonio de Jesús. Es decir, que hay una fuerza que no consiste en la posición de convertirse primero en una nación emancipada ni en la cerrazón como grupo étnico. Dicha fuerza consiste en un poder de envío, de empuje, de lanzamiento hacia fuera, hacia el mundo exterior. ¿Se dan cuenta de lo que esto implica? Se trata de un envío, de una misión. Lo que permite comenzar algo nuevo es el sentido de misión, de envío. Lo que hay, a partir de las palabras últimas de Jesús, exactamente antes de su ascensión, es una comisión, es decir una encomienda que otorga propósito a la vida de la nueva comunidad. Son las palabras que la designan, desde su origen y hasta el presente, como una “iglesia en misión”.
Aquí es donde reconocemos que la iglesia nunca puede dejar de ser misionera, nunca puede dejar de testificar de Jesús dentro de ese envío que hace el Señor en Hechos 1, 8. Muchas veces la iglesia ha querido ejercitar la misión confiando en el poder, como cuando las naciones más poderosas han conquistado e impuesto la religión cristiana (en su versión católica o protestante) a otros pueblos. Pero entonces no han sido testigos del Jesús resucitado, del Señor de la vida, sino que han sido testigos de intereses imperialistas. Muchas veces se intenta hacer la misión sin abrirse a los demás, sino esperando que los demás se adapten a nosotros en todo, que se amolden o cambien previamente si es que quieren llevar el sello nuestro. Pero eso tampoco es el testimonio del Jesús resucitado, quien rompió las barreras de las diferencias y separaciones.
La iglesia está en misión, es decir se pone en marcha. El camino va desde Jerusalén hasta “lo último de la tierra”, es decir más allá de todo límite. Es un envío que precisamente requiere saltar las barreras, las distancias, las separaciones. Y ese salto no puede hacerse desde el poder, porque el poder no reconcilia, sino que impone por la fuerza. Tampoco puede hacerse desde el encerramiento, pues el repliegue es un modo de negar el envío, de negar la misma misión. Lo que hace falta es un milagro, es la acción de una fuerza de impulse más allá de esas barreras. Y para ello se requiere la presencia el Espíritu.
Por eso Jesús asciende, para que venga el Espíritu Santo. La ascensión de Jesús es la manera como el texto nos enseña la presencia que está por venir del Espíritu Santo: no se trata de posar la mirada en las alturas, en el cielo. Sino que hay que mirar alrededor, mirar horizontalmente, porque es en el plano de la mirada con respecto a los demás que hallaremos el ámbito de la misión. Es frente a los otros, es frente al prójimo, es frente a quienes nos encontramos en el camino, que hallaremos el sentido de la misión. La pregunta es, por tanto, ¿por dónde nos lleva el Señor?, ¿qué quiere que hagamos en los lugares donde nos movemos? ¿Cómo serle fieles en tanto testigos suyos frente a las barreras y separaciones que aparecen?
Estamos ante el comienzo de la misión y frente al Señor resucitado. Está el gozo de esa resurrección, la alegría de la vida nueva en Jesús, el sentido nuevo que adquiere su derrota en la cruz, que ahora es la derrota sobre la muerte. Ya no tiene poder aquello que nos divide y enajena. Ahora nuestra vida sólo tiene sentido en el anuncio de esta buena nueva, como testigos de Jesús en todo lugar y frente a toda situación, hasta lo último de la tierra.

Víctor Hernández Ramírez. Església Evangélica Betlem, Clot, Barcelona.

28 de enero de 2007

http://www.lupaprotestante.es/homilias/?p=22

Juan Masiá arremete contra la cristología y el concepto de revelación de Santo Tomás

Juan Masiá arremete contra la cristología y el concepto de revelación de Santo Tomás

10 mayo, 2008

El pseudo-teólogo Juan Masía, jesuita de profesión, ha arremetido recientemente contra la cristología y el concepto de revelación de Santo Tomás, que según él, estarían dificultando el diálogo interreligioso, que “no saldrá del atolladero mientras no suelte lastre de especulaciones occidentales antiguas y medievales sobre cristología y revelación”.

Para Masiá, “mejor perspectiva ofrecen las tradiciones (orientales) de fe en el misterio creador, con tal de que se libere de la hipoteca de metafísicas aristotélicas y ontologías tomistas, para dejar campo libre al Espíritu de Vida y Vivificador. Su presencia encarnada en las otras religiones es el espacio de interacción y transformación mutua o medio divino (milieu), terreno común para que arraiguen los encuentros interreligiosos”.
En definitiva, que este señor mantiene sus posturas contrarias a la enseñanza tradicional de la Iglesia y no le importa que la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe tenga en este momento un proceso abierto contra él por negar aspectos de la Fe católica como es el caso de la Inmaculada Concepción de la Virgen María y su papel en la historia de la salvación. Sencillamente, impresentable.
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