¿Equidad ideológica?

¿Equidad ideológica?

Posted: 12 Nov 2009 09:53 AM

Por Martín Bonfil Olivera

Publicado en Milenio Diario, 12 de noviembre de 2009

El próximo martes 24 de noviembre se celebrarán 150 años de la publicación de uno de los libros que más han cambiado la forma en que el ser humano se concibe a sí mismo: El origen de las especies, de Charles Darwin.

Un debate frecuente al hablar de la teoría de Darwin, y en general de la ciencia, es por qué se da un estatus tan especial al conocimiento científico. ¿Por qué se prefiere, en biología, la evolución al creacionismo? ¿Por qué nuestra Constitución exige que la educación sea laica y “ajena a cualquier doctrina religiosa”, y a la vez basada “en los resultados del progreso científico”? ¿No son casos claros de discriminación ideológica, de privilegiar una forma de pensar en detrimento de otras?

La pregunta de fondo es si todas las ideologías tienen el mismo valor. ¿Deben todas ser respetadas por igual? ¿Son todas igual de útiles?

En primera instancia, desde el punto de vista de la tolerancia y el respeto a la diferencia, tan necesarios en cualquier democracia, parecería que la respuesta debe ser positiva, para evitar la discriminación.

Pero lo cierto es que las ideologías y formas de ver el mundo difieren, a veces radicalmente, y compiten entre sí. Además de la disputa evolucionismo/creacionismo, están los debates entre los puntos de vista científico y religioso respecto al aborto, la eutanasia o la investigación con células madre; o entre la ciencia y muchas “terapias alternativas” basadas en principios esotérico-místicos.

En realidad, el valor de cualquier ideología depende del contexto: qué problema hay que resolver, de qué campo de aplicación se trata. Los constituyentes privilegiaron la ciencia por sobre la religión en parte debido a los conflictos entre la iglesia y el estado que forman parte de nuestra historia patria, y en parte por su convicción de que el progreso científico y técnico es importante para el bienestar de la nación. Las terapias alternativas fraudulentas no son efectivas, y a veces resultan nocivas. Y los biólogos prefieren el darwinismo al creacionismo porque les permite explicar la naturaleza y abre nuevas vías de investigación.

En el fondo, la ventaja de la ciencia es que funciona. Otras perspectivas, como la místico-religiosa, pueden ser útiles en ciertas áreas de la vida humana, pero no como formas de entender el mundo natural y mucho menos de resolver problemas prácticos, como los de salud.

Derechos Reservados © Martín Bonfil Olivera y Grupo Editorial Milenio 2003-2009
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Reflexión de la cultura científica

Reflexión de la cultura científica

Por Martín Bonfil Olivera
Publicado en
Milenio Diario, 22 de julio de 2009

A Graciela González, lectora austral

La semana pasada protestaba yo en este espacio contra la falta de cultura científica que se hace evidente en tantos aspectos de nuestra sociedad.

Entre las variadas respuestas que recibí, me llamó la atención la carta de una lectora ¡de la Patagonia!

Proponía que mi concepto de “incultura científica” es una simplificación inadecuada. Se preguntaba si las creencias de tipo místico o mágico de los “pueblos originarios” de Latinoamérica debían ser clasificados entre las “creencias absurdas” que, decía yo, están suplantando a la ciencia en la mentalidad de nuestros ciudadanos.

Muchas de estas creencias autóctonas se basan en un respeto al ambiente, y tienen valor de supervivencia y conservación, aunque no estén basadas en la ciencia. Y al contrario, muchas veces se causa daño ambiental en aras del avance científico-técnico.

Entonces, ¿qué tan deseable es la cultura científica; qué tan dañinas las “creencias absurdas”?

Pero habría que aclarar que cuando hablé de creencias absurdas tenía en mente charlatanerías comohoróscoposniños índigocuraciones cuánticas. Hay muchos ejemplos de, por ejemplo, terapias tradicionales eficaces —y otras que son completamente inútiles, claro—, y prácticas ambientales autóctonas que resultan mejores que las propuestas modernas… aunque, ojo, no siempre.

Mi lectora se preguntaba también si tiene sentido exigir cultura científica a una población con gran número de pobres y excluidos, sin opción ya no de consultar a una astróloga, sino de recurrir a un sistema de salud decente.

Tiene razón: fomentar la cultura científica es una labor utópica. Pero el que existan problemas como la pobreza o la injusticia no impide que valga la pena difundir la cultura, científica o no. Son problemas que hay que abordar en paralelo.

Coincido con mi lectora: “el concepto de incultura científica hace referencia a un proceso histórico-político-social complejo y multidimensional”.

Aun así, insisto en que una cultura científica amplia en nuestra población es un primer paso para el desarrollo de un sistema científico-tecnológico-industrial que, a mediano plazo, redundará en un mejor nivel de vida para nuestros pueblos.

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Europa y sus raíces cristianas

Europa y sus raíces cristianas

ver Artículos relacionados con el ateísmo

Donde no hay libertad, no está el Espíritu del Señor… Nadie en la Iglesia tiene derecho a manipular, reprimir o suprimir, abierta o solapadamente, la libertad fundamental de los hijos de Dios y establecer la soberanía del hombre sobre el hombre, en lugar de la soberanía de Dios. En la Iglesia debe manifestarse esa libertad en la libertad de palabra (franqueza) y en la libertad de acción y renuncia (libertad de movimientos y liberalidad en el sentido más amplio de la palabra)… la misma iglesia debe ser a la par ámbito de libertad y abogado de la libertad en el mundo”. Hans Küng, Ser Cristiano, Trotta, 1996.

Para un historiador atento a la actualidad resulta incomprensible la posición de algunos gobernantes europeos que defienden la inclusión del cristianismo como la raíz moral sin la que no puede concebirse la historia de Europa. En todo caso, habría que incluir todas las raíces que han ido alimentando durante siglos al árbol europeo, paganos, cristianos, judíos, musulmanes, y heterodoxos de todas las creencias habidas y por haber. Si alguna distinción se hace a favor del cristianismo, ha de ser necesariamente negativa, sin que ninguno de sus adeptos actuales pueda enorgullecerse sin rubor de una doctrina regada con sangre a lo largo de dos mil años.

Ciertamente, nadie puede negar que la moral predicada, no sin contradicciones, por las diversas iglesias que han luchado por la herencia doctrinal de Cristo, ha moldeado la mente y el corazón de millones de personas, inclinándolas al bien y a la sumisión política y social, con beneficio para el poder constituido. Pero no es menos cierto que la unidad de la fe y la paz social se han conseguido con baños de sangre. La futura Constitución Europea no puede, por más que lo pidan los políticos devotos, mostrar como timbre de honor el fundamento cristiano de sus diversos Estados y naciones. Hay que respetar la historia.

Se comprende que quienes desconocen la historia y sólo tienen ojos para un presente de contritos manifiestos eclesiásticos, buscando la unidad de las iglesias, y predicando paz y la caridad entre los pueblos, se sientan inclinados a incluir en la Constitución una mención especial de respeto diplomático y consideración social. Pero es inaceptable que se invoquen para ello, precisamente, razones históricas. Muy ciegos tienen que estar, o muy comprometidos con sus creencias, los políticos que defiendan esta postura. Porque, descartada la ignorancia de la historia europea, sólo es posible entenderla como sumisos creyentes de la Iglesia, que pretenden a toda costa cambiar el color de los acontecimientos: lo que para todos es negro, ellos pretenden, por arte de encantamiento, que aparezca blanco y sin mácula.

Lo más incomprensible, en personas sensatas y respetadas, es que vean en la doctrina y la moral cristianas el estandarte de la libertad. ¿Cuándo las iglesias cristianas –tanto católica como protestantes- han defendido la libertad? ¿No se ha impuesto a sangre y fuego el pensamiento único en materia de religión? ¿Cuándo han sido tolerantes con el disidente? La historia del cristianismo no ha sido, en esencia, más que la persecución de las herejías, ya desde sus mismos comienzos, cuando no era más que una secta judía, empeñada en hacerse un hueco entre los más diversos movimientos religiosos del siglo I. Mucho ha debido cambiar la doctrina cristiana, para llegar a defender en nuestros días la libertad (mal entendida) y la igualdad (también mal entendida) de la persona, siempre con la preocupación de no perder la poca autoridad que conserva. Sin embargo, no siempre fue así. La verdad de la historia no permite que ninguna religión sea considerada como la raíz histórica del continente europeo. Laico y democrático nació en Grecia; laico y democrático deberá ser en el futuro. Olvidando ese paréntesis de sangre, odio y fanatismo que (por motivos religiosos) sembró de cadáveres esta envejecida tierra durante tantos siglos.

Muerte al disidente

Si, como dice Toynbee, la Cristiandad “fue esencialmente creación de la Iglesia católica”, habrá que deducir que fue una creación monstruosa, que eliminó cruelmente todos los elementos de disidencia doctrinal. Para ningún hombre culto es un secreto que la doctrina de Roma se impuso por la destrucción masiva, similares a las actividades terroristas, de cuanta herejía ponía en peligro la unidad y supremacía de sus ideas religiosas. Las herejías se cuentan a centenares y todas desaparecieron por enfrentarse a la hegemonía del papa de Roma, intolerante con el disidente que pudiera hacerle sombra. Desde Celso en el siglo II y Porfirio en el III, han sufrido por sus ideas contrarias a las romanas, millares de europeos, sabios solitarios o movimientos de creyentes agrupados en comunidades de ideales, empeñados en seguir a Cristo de una forma distinta, aunque hubieran de sufrir persecución y muerte, como los primeros cristianos a manos de los paganos.

Desde los cristianos gnósticos en el siglo I, a la masacre de los cátaros en el siglo XII, las luchas contra la herejías se limitaron a las especulaciones teológicas, pero a partir de esa época, la historia del cristianismo se convirtió en una historia “criminal”, como reza el título de la conocida obra en varios volúmenes del profesor alemán Karlheinz Deschner. En el siglo II proliferaron, entre otras herejias, los cainitas, los gnósticos y los ebionitas; en el siglo IV la Iglesia católica se tambaleó por la rápida expansión de los arrianos, que no creían en la Santísima Trinidad; en el siglo V aparecieron los monofisitas, monotelitas, pelagianos y nestorianos. En Tréveris fue decapitado el obispo español Prisciliano, el primer cristiano ejecutado legalmente por sus creencias. Poco después san Agustín justificaba la tortura y la pena de muerte contra los heterodoxos.

A partir del año 430 se debía castigar la herejía con pena de muerte, pero este precepto legal no se cumplió hasta varios siglos después, con la aparición de la Inquisición en el año 1188 y la disposición vaticana de 1199 por la que el papa Inocencio III asemejaba la herejía con el delito de Estado. La espada de la Iglesia, que hasta entonces se había levantado sólo para los infieles, cubrió de sangre el sur de Francia en la primera ‘cruzada’ contra sinceros cristianos, como los cátaros o albigenses, que murieron por miles. En el siglo XIV fueron exterminados en las hogueras de la Inquisición del norte de Italia los llamados “apostólicos” y en Francia los “fraticelli”. En los siglos siguientes, la caza de brujas fue ocupación predilecta de los inquisidores. Se calcula que en cuatro siglos fueron ejecutadas en Europa más de cien mil personas acusadas de brujería.

¿Y qué decir de las tremendas consecuencias sangrientas para Europa de la Reforma protestante? En 1572 Francia sufrió los horrorosos crímenes de la noche de San Bartolomé, entre diferentes facciones religiosas. El Italia fue quemado en la hoguera el filósofo Giordano Bruno. En Inglaterra, la sanguinaria María Tudor hizo quemar, por aceptar las veleidades protestantes, al arzobispo de Canterbury Thomas Cramer, al obispo de Londres Nicholas Ridley y al obispo de Worcester John Hooper. El español Miguel Servet fue quemado en Ginebra por orden de Calvino en 1553. En Goslar, una preciosa pequeña ciudad alemana, los herejes protestantes fueron quemados en la primera hoguera encendida en Alemania por motivos religiosos. En 1564, la Inquisición condenó a muerte al médico Andrés Vesalio, fundador de la anatomía moderna, por haber abierto un cadáver y por haber afirmado que al hombre no le falta la costilla con que fue creada Eva. En el siglo siguiente, varios herejes fueron decapitados en los Países Bajos. Y de 1655 es el soneto de John Milton “De la última matanza del Piamonte”, en el que denuncia la carnicería hecha entre los valdenses por los encolerizados católicos. ¿Son éstos motivos de orgullo para la Europa de hoy?

Viva el pensamiento único

Por poco que se conozca la historia, hay que saber que la Iglesia católica ha sido, además, la abanderada del pensamiento único (el suyo, naturalmente) castrando la posibilidad de pensar de manera diferente, bajo la amenaza de la condena eterna.

Desde que, en el siglo XVII, Galileo Galilei fue condenado por sus libros, que, muy sensatamente, proponían ideas astronómicas contrarias a la Biblia, la Iglesia católica se ha preocupado de difamar, condenar y destruir cuantas doctrinas científicas o morales se oponían a sus enseñanzas. Aunque existía desde el siglo V, no se hizo efectiva la vigilancia sobre las ideas hasta el año 1571, en que el papa San Pío V creó la Congregación del Índice, para mantener el control de los libros que se publicaban, incluyendo en el Indice de libros prohibidos a los más valiosos filósofos y científicos de Europa, como Kant, Locke, Pascal, Voltaire y tantos otros. En España, la Suprema Inquisición fue establecida por los Reyes Católicos en 1479, nombrando como primer Inquisidor General al tristemente famoso dominico Tomás de Torquemada. Otro dominico, también acompañado de triste fama, fue el italiano Girolamo Savonarola, que fue colgado en la Plaza Mayor de Florencia en 1498 por sus locuras, como la conocida como “hoguera de las vanidades”, a la que incitaba a los florentinos a echar los instrumentos musicales, obras de arte, libros peligrosos y ropas de lujo, para agradar a Cristo.

El Índice de libros prohibidos, que ha tenido en España varias ediciones hasta el siglo XIX, es la más palpable manifestación que ha podido dejar la Iglesia a la posteridad de su fanatismo, intransigencia y beligerancia frente a la cultura impresa, que es lo mismo que decir, contra el pensamiento libre. La censura, antes que política, ha sido una potestad asumida por la Iglesia como propia, no se sabe en nombre de quién (aunque sí, en nombre propio) con la vana excusa de atender a la salvación de las almas. El pensamiento humano, que sólo puede crecer en la libertad, ha sido así decapitado y quemado en la hoguera del pensamiento único, es decir, guiado, vigilado, manipulado y censurado, la máxima humillación que puede aceptar el hombre, cuya libertad tanto cacarea la Iglesia de Cristo.

Si no fuera tan dolorosamente trágico, habría que sonreír ante las pretensiones eclesiásticas de algunos políticos, sometidos al Vaticano, porque harán el ridículo en Europa al defender con orgullo la raíz cristiana del continente. Aunque así fuera, una constitución futura ha de ser, obligadamente, democrática y laica, orgullosa de haber superado el lastre religioso del pasado, tanto en sus textos legales como en la práctica educativa y jurídica, como corresponde a todo estado no confesional. No habrá Europa unida, si no se asienta sobre la libertad de conciencia.

En el futuro habrá que acostumbrarse a dos ideas fundamentales. Primera, que la religión es algo muy personal e íntimo, cuyas manifestaciones colectivas habrán de ajustarse a la legalidad, no influenciada por las instituciones eclesiásticas. Segunda, que hay que distinguir con claridad entre doctrina y moral. La conducta de un ateo podrá ser tan moral como la de un creyente, dado que la moralidad no es privativa de ninguna doctrina, máxime cuando esa doctrina se ha mostrado a lo largo de la historia como carcomida por la falsedad, el engaño, el fanatismo y la hipocresía.

Fuente: http://www.europalaica.com/colaboraciones/anteriores/faguilarp3.htm

Los genitales de la hiena moteada

Los genitales de la hiena moteada

female_spotted_hyna.jpgUnos de los genitales más extraordinarios de todo el reino animal (por lo menos entre los mamíferos), son los de la hembra de la hiena moteada. Las hembras de esta especie (no así las otras dos hienas: la rayada y la parda) han desarrollado unos genitales externos más parecidos a los de un macho. De hecho un no-experto es incapaz de diferenciar los machos de las hembras. El clítoris mide entre 15 y 20 cm, y tiene aspecto de pene. Los labios de la vulva están soldados y rellenos de una sustancia grasa, dando el aspecto de una bolsa. El clítoris tiene un conducto genitourinario completo, y por él copulan y paren las hienas (el 60% de las crías mueren asfixiadas durante los partos primerizos y la cópula es complicada). Además posee la capacidad de ponerse erecto durante muestras de dominación. Durante mucho tiempo no se ha podido explicar esta peculiar anatomía convenientemente.

Durante muchos años se ha intentado explicar como una adaptación, siendo uno de los ejemplos típicamente usados para ilustrar sobre los errores del paradigma panglossiano. Según este paradigma, todo rasgo es una adaptación (el nombre viene de Pangloss, un personaje de la novela de Voltaire, Cándido, que sostiene que no hay causa sin efecto y que todo lo que vemos, desde la nariz de nuestra cara hasta las catástrofes naturales, tienen una razón de ser). Los adaptacionistas sostuvieron que la peculiar naturaleza de los genitales de la hiena manchada viene del comportamiento social de esta especie, en que cada vez que dos individuos se encuentran, se olfatean los genitales, como muchos mamíferos. Asumieron que unos genitales “parecidos” a los masculinos daba más “prestigio” a las hembras, por lo que éstos habrían evolucionado para imitar a los genitales masculinos, con un fin social.

Actualmente la explicación es otra. La anatomía de la hiena no es una adaptación a nada, sino una mutación que se logró extender a todas las hienas, por azar o por hallarse ligada a otros caracteres ventajosos. De ahí que todas las hienas hembras sean pseudohermafroditas femeninas. La mutación consiste en un incorrecto funcionamiento del gen de la aromatasa. Esta enzima degrada la testosterona que la placenta produce de forma natural en todos los mamíferos durante la gestación. Al haber una deficiencia congénita de aromatasa en las hienas moteadas, todos los fetos femeninos se ven afectados por la testosterona a niveles anormalmente altos, y desarrollan este pseudohermafroditismo.

Estos niveles altos de testosterona se ven reflejados luego en el comportamiento de las hienas adultas. Tienen un carácter más agresivo que el de esperar en una hembra, y forman clanes dominados por hembras, siendo éstas las líderes de manada y las primeras en comer (a diferencia de lo que ocurre en las otras especies de hienas y otros mamíferos sociales). Los niveles altos de testosterona, en fetos machos, apenas tienen efectos.

http://www.genciencia.com/2008/05/10-los-genitales-de-la-hiena-moteada

El origen del mito templario moderno

Los reyes malditos”, de Druon
El origen del mito templario moderno

AGENDADEREFLEXION.COM
Un viernes 13 del año 1307, en toda Francia los soldados del rey ingresaron en las viviendas de los poderosísimos caballeros Templarios y comenzaron a arrestarlos. De las consecuencias de ese proceso para la corona francesa, se dice, se deriva la creencia de que el viernes 13 trae mala suerte. La legendaria orden de caballería fue juzgada y exterminada por el rey Felipe IV, llamado El Hermoso, nieto de San Luis, bajo la imputación de herejía, a pesar de que habían resultado absueltos de ese cargo por el Papa Clemente V.
La Orden del Temple fue fundada en 1118 en Jerusalén por Hugo de Payens, Gottfried de St. Omer y otros siete caballeros franceses que pretendían defender los “Santos Lugares” y garantizar la seguridad a los peregrinos cristianos que acudían a ellos. Su nombre procede de su instalación en el antiguo templo de Salomón, la conquistada mezquita de Al Aqsa en el Monte del Templo.
Con el tiempo, los caballeros Templarios, cuya seña de identidad era una capa blanca con una cruz roja, se convirtieron en la orden más rica y poderosa del mundo cristiano. Pero con Felipe el Hermoso se acercó su final.
Los Reyes Malditos (Les rois maudits) es la más importante y reconocida obra de Maurice Druon, y uno de los modelos modernos de la novela histórica. La novela está situada en la corte francesa del siglo XIV. Es la época en que “Francia era grande y su pueblo, infeliz”, al decir del autor. La historia comienza con la disolución de la orden de los Templarios por orden del rey Felipe el Hermoso, bajo la acusación de herejía y prácticas nefandas, en un proceso viciado de injusticias y abusos.
El Temple era la única que podía resistir al poder real (sobre todo en lo económico y en lo militar, con sus 16.000 monjes soldados) en el reino francés en uno de sus momentos de máximo esplendor. Jaques de Molay (el último Templario) al ser llevado a la hoguera lanza una maldición al rey, al Papa y al canciller del reino. Los últimos mueren a poco de este acontecimiento. El rey ve destruido su proyecto dinástico por el escándalo que se cierne sobre su descendencia, tras el descubrimiento, juicio y condena de las tres princesas (esposas de sus hijos) por adulterio y complicidad.
Los personajes del drama
Felipe es un gobernante de tendencias totalitarias, aliado a la burguesía, los banqueros (judíos y lombardos) y enemigo de la caballería y de la nobleza. A todos traicionó en su necesidad de dinero y poder. Gobernó con mano de hierro y logró fortalecer el poder de un estado central, pero a costa de la miseria del pueblo. Su corte estaba corrompida por la relajación, y sus procedimientos de gobierno eran más que cuestionables. Curiosamente, a fin de quitar poder a la nobleza, inaugura las asambleas que luego se conocerán como Estados Generales, que serán los que siglos después acaben con los reyes de Francia y con el antiguo régimen en la Revolución Francesa.
El escándalo del adulterio de sus nueras, denunciado por su hija Isabel con la complicidad de Roberto de Artois, produce el entredicho dinástico cuyo desenlace será la Guerra de los Cien años, en la que estaba en disputa si la corona francesa iba a estar en la cabeza de un francés, descendiente indirecto de Felipe el Hermoso, o de un inglés (Enrique V), descendiente directo de Eduardo II de Inglaterra y de la única hija mujer de Felipe, Isabel, luego llamada “la Reina Loba”.
La solvencia histórica de Druon, miembro de la Academia Francesa, es notable y reconocida. No lo es menos su habilidad para novelar la historia, despojándola de detalles eruditos para ceñir la acción a los sucesos e intrigas que laceraron la Cristiandad: el papado, títere del reino de Francia en Avignón (ver Cartas de Santa Catalina de Siena al Papa) y la pretensión de Inglaterra (aún católica) del trono francés, que dio en una larguísima serie de acciones bélicas. Es tras la victoria de Enrique V de Inglaterra en los prados de Agincourt cuando surge la “Doncella de Domremy”, luego conocida como Juana de Arco, Santa Juana de Arco, que lidera la expulsión de los ingleses y la restauración de la casa real francesa.
Druon señala la posibilidad de que de los restos de esta disgregación surgiera la Masonería especulativa, que juró venganza eterna a la Iglesia. Y que muchos elementos del ritual masónico hubieran sido ya incorporados a los usos templarios, traídos del Oriente durante las cruzadas, como influencia de las corrientes gnósticas que allí subsistían.
La lectura es fascinante porque Druon narra con maestría, en un estilo muy despojado de adornos, sin dejar de ser detallista, preciso y verdaderamente novelesco, los vicios cortesanos. Sus personajes se pintan solos en sus palabras y en sus acciones. El narrador omnisciente interviene para informarnos sobre su apariencia, sus pensamientos e intenciones con acertada oportunidad. Toda la serie se centra -narrativamente hablando- en el personaje de Roberto de Artois, y sus intrigas para recuperar sus señoríos, concedidos a su tía por decisión real. El será el eje de la historia durante los siete tomos.
“¡Todos malditos, hasta la séptima generación!”, sentenció el jefe de los templarios, desde las llamas de la hoguera, a Felipe IV el Hermoso. En 1314 la profecía al parecer se hará realidad. El Rey de Hierro, amo absoluto de Francia, a quien todos le rinden cortesía excepto la Orden Soberana de los Caballeros del Temple, sufrirá años de intrigas palaciegas, muertes súbitas, batallas entre las dinastías, guerras desastrosas, en fin, es el destino de los malditos reyes Capetos que enlutará a toda Europa.
El Rey morirá casi seis meses después de Guillermo de Nogaret, su mano derecha, y sólo siete después del Papa Clemente V. La maldición, que decía que los tres enfrentarían el tribunal de Dios antes de un año, se había cumplido.
Maurice Druon nació en 1918 y formó parte de las Fuerzas de Francia Libre dirigidas por el general Charles de Gaulle a la salida de la II guerra mundial (escribiendo con J. Kessell la letra del “Canto de los Partisanos”), fue Ministro de Asuntos Culturales en la presidencia conservadora de Pompidou (1971) y diputado en 1974.

http://www.elmanifiesto.com/

Naturaleza dañina

Naturaleza dañina

Lectura en diagonal de una información. Titular: «las vacas contaminan más que los coches». El título de uno de los destacados: «flatulencias contaminantes». A leer. En resumen, leo que cada día somos más ricos y que, por tanto, comemos cada vez más carne, lo que supone más recursos para mantener a los animales, lo que supone un mayor impacto ambiental.

Núria Llavina Rubio

Bueno, por lo visto no se puede dejar nada de lado ni uno se puede dormir en los laureles. Los países que han firmado el protocolo de Kyoto se han centrado demasiado en el sector energético y se han olvidado del resto. Sí, se han olvidado de las ventosidades vacunas. El caso es que, al menos en España, la emisión de gases del efecto invernadero por el sector de la agricultura y la ganadería asciende ya al 11%. Quien iba a decir que la naturaleza podría resultar dañina a sí misma. Será que ahora la culpa la tienen las vacas.

Osvaldo Sala, biólogo asesor de ecología de las Naciones Unidas, presentó recientemente en Madrid un estudio sobre la pérdida de biodiversidad que sufrirá la Tierra durante el siglo XXI. En el informe destacó que el cambio en el uso del suelo es la amenaza más grave para la biodiversidad en la Tierra, lo que puede llegar a causar extinciones masivas de fauna y flora en los próximos cien años. Sala afirma, de hecho, que «un 25% de las especies de plantas del Mediterráneo se extinguirán en el año 2050». Y uno de los principales motivos de esta pérdida es la actividad ganadera.

«La producción intensiva de carne contamina aguas, genera residuos químicos, gases peligrosos procedentes del estiércol (óxido nitroso) y del sistema digestivo (metano), además de amoniaco que contribuye a la lluvia ácida», enumeró Sala, que aprovechó para exigir a los países industrializados formas de producción más sostenibles. Además, según la FAO, producir un kilo fresco de ternera no sólo requiere un consumo de agua quince veces superior al de los vegetales, sino que además contamina 12 kilos de dióxido de carbono, cifra equivalente a viajar en un coche durante 200 kilómetros. A todo esto cabe sumar otros impactos de la explotación ganadera: excrementos líquidos y sólidos, transporte para trasladar los animales o la acumulación de pesticidas y fertilizantes.

Flatulencias contaminantes

La propia naturaleza es emisora de metano. Las vacas lo producen cuando digieren sus alimentos, ya que no poseen oxígeno en sus estómagos a diferencia del ser humano. El gran problema llega con las bacterias, que transforman químicamente la materia (al igual que con el ser humano), pero produciendo metano. Y ojo, que no sólo son las vacas las principales emisoras de este gas; lo mismo les ocurre a las ovejas y a las termitas. Estas últimas liberan el gas cuando digieren la madera que comen. Y es a través de los excrementos, las ventosidades y los eructos que estos animales liberan el gas.

El caso es que se habla de gas metano (23 veces más peligroso que el CO2) como gas contaminante. Y lo curioso es que no es un compuesto malo en sí mismo, pero el hombre lo ha producido en tanta cantidad que empieza a serlo de verdad, al igual que pasa con el dióxido de carbono. O sea, que lo natural y lo que echaban las vacas al aire era lo adecuado, pero ahora parece que la emisión “artificial” de metano queda en un segundo plano (arrozales, vertederos de residuos, filtraciones de oleoductos de gas natural, pérdidas tanto en la producción como en el transporte de gas natural, prácticas que involucran la quema de biomasa, humedales o minas de carbón). No olvidemos, asimismo, que es el propio ser humano quien favorece las explotaciones intensivas de ganado y, por tanto, una mayor emisión de gas metano por parte del mismo. ¿O será que son las vacas quienes piden ser más comidas que antes?

Sociedad del bienestar

Fueron los neozelandeses quienes, por primera vez, encendieron las alarmas sobre el impacto ambiental que genera la ganadería. Las más de 50 millones de reses que habitan en el país generan el 40% de las emisiones de gases de efecto invernadero, cifra que no les permite cumplir los objetivos establecidos en Kyoto. En Nueva Zelanda (país con conciencia ecológica declarado libre de centrales nucleares y que prohíbe mover las conchas de sus playas), con 4 millones de personas, cada vaca emite 90 kilos de metano al año, lo que supone la misma polución que se genera al quemar 120 litros de gasolina.

El año 2003 el país neozelandés se puso las pilas y creó la denominada ‘Flatulence Tax’ para compensar las emisiones de metano. Ya es algo, aunque no entiendo cómo se puede crear un impuesto sin ofrecer alternativas y soluciones que puedan aplicar los ganaderos. Me da la sensación que se trata de no recortar los placeres que otorga un trozo de carne en esta sociedad del bienestar recortando el placer natural de una flatulencia vacuna. En fin, que se trata de potenciar aún más la emisión de metano artificial por encima de la natural. Además, ¿cómo concienciar a las vacas que la alimentación que llevan “no es la adecuada”? Y es que la paradoja del caso neozelandés es que la contaminación asociada al metano se ha relacionado con la alimentación más sana y tradicional que llevan a cabo las reses del país en comparación con el resto de Europa, donde predomina el pienso compuesto.

En medio del debate sobre la naturaleza dañina a sí misma, otros países siguen insistiendo en asegurar las reservas de combustible que quedan en la Tierra para asegurarse el poder energético tan anhelado en el futuro. Los rusos ya lo están haciendo, enclavando su bandera en el fondo del Ártico para adjudicarse la zona y explotarla cuando se necesiten encontrar nuevas reservas energéticas (allá se encuentran el 25% de las reservas que quedan por descubrir). Unos luchan por el poder de la energía cuando ésta se acabe. Por lo visto, las vacas tendrán que luchar para poder hacer la digestión como Dios manda.

Fuente:

Cómo fueron esculpidas las efigies del monte Rushmore

Cómo fueron esculpidas las efigies del monte Rushmore

Cuatro caras gigantescas miran al horizonte desde la ladera de una montaña de granito situada en Dakota del Sur, Estados Unidos. Si también fueran esculpidos los cuerpos, cada figura mediría unos 140 m de altura.

Son los rostros de cuatro ex presidentes de ese país, labrados en la cima del monte Rushmore con taladros neumáticos y dinamita por hombres encaramados en los bordes de la ladera. La imponente obra tardó 14 años en realizarse, y fue dirigida por John Gutzon Borglum,(imagen abajo) un afamado escultor estadounidense de origen danés.

La montaña esculpida es un monumento nacional, y los cuatro personajes, elegidos para representar los ideales de la nación, son George Washington, Thomas Jefferson, Abraham Lincoln y Theodore Roosevelt.

La idea de erigir el monumento surgió del historiador Doane Robinson en 1923, que propuso que se esculpieran efigies de héroes como Kit Carson y Buffalo Bill en unas columnas de granito llamadas las Agujas ubicadas en la misma zona que el monte Rushmore. Pero Borglum consideró que ni las columnas ni el proyecto eran adecuados, pues tenía la convicción de que la obra debía tener importancia nacional.

El escultor John Gutzon Borglum construyó sus modelos de trabajo en una escala de 1:12 (una pulgada en éstos equivaldría a un pie en la roca). Su hijo Lincoln Borglum mide el modelo de Jefferson para hacer la transferencia al monte Rushmore. Una vez en la cima de éste ayuda a operar una máquina para medir y marcar los puntos de perforación.

El monumento fue esculpido entre 1927 y 1941 con un costo de 990 000 dólares, la mayor parte fondos federales. La escultura en sí tardó 6.5 años en realizarse, pero el trabajo fue lento debido a problemas financieros en los primeros años, así como por factores climáticos. La mayoría de quienes esculpieron las caras eran mineros o canteros de la región, y durante esos 14 años trabajaron unos 360 empleados en equipos de 30 personas en promedio.

Planeación de las cabezas: Borglum eligió el monte Rushmore, de 1.745 m de altura, por el grano fino de su granito, pero aun así fue necesario quitar toneladas de piedra para dejar al descubierto la roca adecuada; para la cabeza de Washington se desbastaron unos 9 m, y para la de Roosevelt unos 37 m. A lo largo de la obra se quitaron unas 450 000 toneladas de roca, que todavía están al pie de la montaña.

Borglum decidió esculpir cabeza por cabeza, empezando por la de Washington; hizo de ella un modelo de yeso de 1.5 m de altura (1/12 del tamaño que tendría la real), en cuya parte superior fijó una placa plana marcada en grados. En el centro de ésta y sobre un pivote montó después una barra horizontal de acero de 76 cm. de largo graduada en pulgadas, y de la barra suspendió una plomada también marcada en pulgadas. Al hacer girar la barra y mover la plomada a cualquier punto de la cara, como una fosa nasal, podían efectuarse las mediciones necesarias.

Para transferir las mediciones del modelo a la montaña, se instaló un mecanismo similar 12 veces más grande en lo alto de ésta, en el punto escogido para la parte superior de la cabeza de Washington. Borglum llamó al artefacto máquina indicadora, y a los hombres encargados de medir, indicadores.

Labrado de la roca: Después de elegir los puntos, la roca se perforaba hasta la profundidad marcada por el indicador para colocar dinamita en los agujeros y hacer volar unos 15 cm. de la roca. La perforación debía ser muy precisa, pues un corte demasiado profundo quitaría piedra de más y no sería posible restituirla. Cada perforador trabajaba atado a un asiento de cuero que colgaba de un cable conectado a un malacate, con un taladro de 39 Kg. de peso pendiente del mismo cable. El operador del malacate estaba situado en un punto desde el cual no podía ver al perforador, así que se colocó a un muchacho sujeto con un dispositivo de seguridad en el borde del peñasco para que retransmitiera mensajes entre ellos.

Trabajar estando colgado a unos 76 m de la cima no era fácil, así que para hacer presión suficiente al taladrar, los perforadores antes debían alcanzar un tramo de cadena y pasarlo por detrás del asiento; luego fijaban la cadena con clavos de acero en la roca.

Jefes de estado: Las caras de cuatro ex presidentes de Estados Unidos fueron labradas en el monte Rushmore: (de izq. a der.) George Washington, Thomas Jefferson. Theodore Roosevelt y Abraham Lincoln.

Las brocas se embotaban cada 1 5 minutos, y todos los días un herrero tenía que afilar centenares de ellas. Conforme los perforadores se desplazaban de un punto a otro del monte, los dinamiteros metían las cargas en los agujeros; las detonaciones ocurrían dos veces al día: a la hora del almuerzo y al término de la jornada de trabajo.

Para cortar y labrar la piedra hasta darle las dimensiones finales, los perforadores hicieron hileras muy juntas de agujeros pequeños para poder quitar la capa final con cuñas y martillos de acero, y después alisaron” la superficie con taladros especiales.

Borglum decidió esculpir cabeza por cabeza, empezando por la de Washington; hizo de ella un modelo de yeso de 1.5 m de altura (1/12 del tamaño que tendría la real), en cuya parte superior fijó una placa plana marcada en grados.

Contratiempos: La cabeza de Washington fue terminada en 1930, y en seguida comenzó el trabajo con la de Jefferson. Se inició a la izquierda de la primera (desde la perspectiva del observador), pero en 1934 apareció un estrato de roca de mala calidad que obligó a destruir la cabeza incompleta y reubicar la escultura a la derecha de la de Washington.

Como la roca del otro lado tenía grandes fisuras, hubo que desbastar 18 m para alcanzar la capa adecuada, dejando apenas el espesor suficiente entre el peñasco y el profundo cañón situado detrás de él. Pero una fractura en el lugar donde iría la nariz obligó a Borglum a alterar el ángulo de la cabeza, y otras grietas menores fueron rellenadas con una mezcla de aceite de linaza, albayalde y granito pulverizado.

La cabeza de Jefferson tiene también el único parche que se necesitó en toda la obra: al esculpir el labio superior apareció un filón de feldespato que no pudo ser labrado, así que fue eliminado y quedó un hueco de unos 60 cm. de largo y 25 cm. de hondo. En la base de dicha cavidad se colocaron dos clavos de acero para sostener un tapón de granito fijado con azufre fundido.

El toque maestro: Cada cabeza mide 18 m de altura y, en promedio, la nariz de cada una mide 6 m de largo, la boca 5.5 m de ancho y los ojos 3.4 m de un extremo al otro. Para dar carácter y expresión a los rostros en esa escala fue necesario un toque maestro: Borglum dio a los ojos un destello de vida dejando una columna de granito de unos 56 cm. de largo a modo de pupila, que la luz del sol hace resaltar contra la sombra que ésta forma.

Borglum murió el 6 de marzo de 1941 a la edad de 73 años, poco antes de que el monumento quedara terminado. Los toques finales fueron supervisados por su hijo Lincoln,(imagen izq.) que siendo apenas un adolescente había laborado como indicador al inicio del proyecto.

Fuente Consultada: Como Funcionan Las Mayoría de las Cosas de Reader`s Digest – Wikipedia – Enciclopedia Encarta – Enciclopedia Consultora

http://www.portalplanetasedna.com.ar/rushmore.htm

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