La Teología de la Ciencia, nueva propuesta para la comprensión del mundo

La Teología de la Ciencia, nueva propuesta para la comprensión del mundo

Nos lleva a entender algo que estaba ya en la esencia más antigua de la revelación cristiana

La relación de la ciencia física con la teología es el tema de la ponencia de la cuarta sesión de la Cátedra de Ciencia, Tecnología y Religión, del 12 de mayo, desarrollada por Javier Monserrat. Según esta ponencia, la ciencia ha producido resultados globales relevantes sobre los que se ha construido la teología de la ciencia. Esta rama de la teología no niega que la imagen científica del mundo pueda conducir a posiciones ateas o agnósticas. Tampoco impone razonamientos filosófico-teológicos, ni pretende que sus reflexiones sean “científicas”, si bien sus argumentos son “verosímiles”. Para Monserrat, la teología de la ciencia está siendo la ocasión histórica que nos lleva a entender algo que estaba ya en la esencia más antigua de la revelación y de la teología cristiana: la teología de la kénosis. Por Guillermo Armengol.

avier Monserrat considera, en el documento marco de la ponencia titulada Ciencia Física y Teología, presentada en el seminario abierto de la Cátedra CTR (12.5.06), que la teología de la ciencia (TdC) no sería otra cosa que la teología construida desde la imagen del universo en la ciencia moderna. Juan Pablo II, en la carta a Coyne, director del Observatorio Vaticano se refiere incluso a que la labor a realizar ante la nueva cultura científica es semejante a la que en su tiempo hizo Santo Tomás asimilando a Aristóteles.

La TdC no tiene pretensiones apologéticas en el sentido hoy superado de “demostraciones” de lo religioso por la ciencia. En otras palabras, la TdC no niega la posibilidad legítima de que la imagen del mundo en la ciencia moderna conduzca a posiciones ateas o agnósticas. Quedaría así abierta la posibilidad de interpretar el mundo sin Dios. La TdC no impone a nadie razonamientos filosófico-teológicos, ni pretende que sus reflexiones sean “científicas” (sino filosófico-teológicas construidas a partir de resultados, eso sí, estrictamente científicos). Sus argumentos son “verosímiles” en el sentido de que están racionalmente bien construidos, pero su valoración depende de la capacidad de juicio personal libre de cada individuo.

La imagen del universo en la ciencia

La ciencia ha producido resultados globales relevantes en orden a una posible TdC. Monserrat destaca los siguientes puntos que pueden seguirse directamente en su conferencia:

1) Epistemología de la ciencia: una ciencia hipotética, abierta y crítica. 2) La materia: la inconsistencia de la materia germinal (mecánica cuántica). 3) Un universo funcionalmente flexible y abierto (indeterminación y caos). 4) Un universo de autosuficiencia, estabilidad o consistencia problemática (cosmología del origen y fin del universo). 5) Un universo de sorprendente racionalidad físico-cosmológica (un universo antrópico de posible explicación naturalista o teísta). 6) Un universo de sorprendente racionalidad biológica (el orden biológico ante el naturalismo y el intelligent design). 7) Un universo que produce sorprendentemente el psiquismo (emergentismo y neurología cuántica). 8) Un universo dinámico, evolutivo, abierto y autocreador (un universo en proceso abierto autocreador por coordinación evolutiva de determinación, de necesidad, de indeterminación, de azar y de caos).

Teología de la ciencia

Pero ¿a qué modo de interpretar el cristianismo lleva hoy la imagen del mundo en la ciencia? ¿Cuál es la teología de la ciencia de la ciencia moderna? Monserrat destaca los perfiles de una TdC.

Un Dios fundamento del ser. La filosofía teísta de la ciencia considera que hay argumentos de verosimilitud (no imposibles) para pensar que Dios fuera el fundamento autosuficiente y necesario del ser en un universo altamente problemático en cuanto a su suficiencia consistente.

Un Dios creador. La hipótesis de Dios como fundamento del ser real conduce a la hipótesis de que el universo debiera haber sido constituido en el ser por creación. El tema del Dios creador es un contenido básico de la fe cristiana.

Un universo de ontología divina. ¿Cómo se hizo la creación? La teología cristiana siempre ha defendido la creación ex nihilo, de la nada. El mundo nació de la ontología divina, desde dentro del ser de la divinidad. Puede entenderse a San Pablo al decir que en Dios existimos, nos movemos y somos. En ese fondo holístico del universo aparecería aquella imagen de Dios propuesta ya por Newton en el siglo XVII como el sensorium divinitatis, hoy favorecida por los resultados de la ciencia.

Un Dios panenteísta. La ciencia, pues, interpretada al modo teísta, conduciría a una síntesis pantenteísta que ilumina la idea del Dios de la teología como el fondo ontológico omnipresente de toda la realidad.

Un Logos divino diseñador. Hoy en día la ciencia moderna ha constatado lo que antes llamábamos una sorprendente racionalidad físico-cosmológica y biológica que han dado lugar a lo que en este momento son la interpretación teísta del principio antrópico y del intelligent design. La presencia del logos divino en la creación hay que verla no en las estados intermedios (lo que los escolásticos llamaban “causas segundas”) sino en el diseño global cósmico de todo el proceso con su teleología intrínseca. En esto mismo han insistido científicos como William Stoeger del Observatorio Vaticano o teólogos como John Haught de Georgetown.

Diseño evolutivo de un universo abierto y autónomo. Un teísmo evolutivo que procede en su desarrollo por factores deterministas, por necesidad, por indeterminismo, por azar y por caos. El universo es un universo abierto, flexible y autónomo que ilumina la forma del proceso creador: un universo autónomo para la libertad.

Un universo en que la acción divina es posible y verosímil. En un mundo abierto, indeterminista, caótico, flexible tanto en lo microfísico-cuántico como en lo macrofísico-clásico, la actuación divina no sería por ello mismo inverosímil.

Una ontología monista del mundo psicobiofísico. El proceso de la creación desde lo físico inicial a lo biopsíquico puede verse así como proceso de emergencia de las propiedades ontológicas que acercan el mundo a la divinidad que lo crea. Esta visión de la ciencia enriquece así la idea cristiana de creación ex nihilo desde la ontología divina.

Una ontología monista del alma humana. El hombre como nivel de emergencia superior sería así creado evolutivamente como posible objeto de la interpelación divina interior entendida como lo que en teología cristiana se llama la Gracia del Espíritu. Esta nueva antropología sería compatible con los grandes principios de la tradición cristiana que no imponen el dualismo, sino una idea de la persona humana abierta a Dios.

El hombre como co-creador creado. Dios ha creado así el mundo para la libertad. La voluntad divina es aceptar la actividad cocreadora de la humanidad, orientando con su actividad incondicionadamente libre la transformación dinámica del mundo y de la historia humana.

Una razón provisoria ante un universo enigmático. La filosofía y la teología se construyeron desde la seguridad y el dogmatismo. Hoy deben aprender a orientarse hacia las epistemologías críticas e ilustradas de nuestra cultura y desde ellas proceder a reinterpretar enriquecedoramente muchos enfoques propios de la teología y de la moral.

La ambivalencia interpretativa de un universo enigmático. El universo y la ciencia no imponen la idea de Dios. El teísmo actual no pretende imponerse a nadie; pero debe respetarse la verosimilitud argumentativa de su posición. No tener este respeto sería difícilmente compatible con los principios de la epistemología moderna de la ciencia y con el espíritu crítico, ilustrado, intelectualmente tolerante de nuestra cultura.

Teología de la kénosis como teología de la ciencia

¿A qué tipo de teología de la ciencia conduce hoy la imagen del universo en la ciencia? Monserrat considera que la teología no se reduce a la teología de la ciencia. Pero esta lleva a una teología de la kénosis; es decir, conduce a la teología de la kénosis como pieza esencial y básica de nuestra interpretación o hermenéutica actual del cristianismo.

Primero: el hombre y la naturaleza de su conocimiento. La ciencia ofrece hoy una imagen del hombre en el marco del paradigma evolutivo. ¿Cuál es la verdad humana? ¿Qué es últimamente el universo? La respuesta debe construirse por el esfuerzo de la razón, describiendo los hechos constatables y haciendo inferencias racionales críticas y revisables.

Segundo: el enigma real, dos posibilidades de interpretación última. Se muestra, pues, un universo enigmático que, al someterse a un escrutinio filosófico apoyado en la ciencia, conduce a dos posibles hipótesis de interpretación última: una interpretación teísta y una interpretación atea o agnóstica, es decir, puramente mundana, sin Dios. ¿Es posible negar que una de estas hipótesis no sea posible? Ciertamente es muy difícil, a no ser que retrocedamos hacia el dogmatismo filosófico teísta o ateísta del siglo XIX y abandonemos el criticismo ilustrado tolerante de nuestra cultura. El teísmo tiene hoy argumentos de verosimilitud para su hipótesis; pero el ateísmo o agnosticismo también los tienen para la suya. En realidad es hoy la misma descripción sociológica la que muestra estas dos hipótesis como viables. A ellas está hoy abierto el hombre ordinario de nuestra cultura. La ciencia nos lleva a entenderlo así.

Tercero: el sentido del ocultamiento divino. El hombre, pues, estaría abierto al enigma de lo real y a la posibilidad de las dos hipótesis, Dios y la pura mundanidad sin Dios. En definitiva, en esta situación, Dios no estaría impuesto necesariamente por las condiciones objetivas, ya que siempre estaría abierta la posibilidad de una hipótesis puramente mundana. Monserrat advierte que, aunque el hombre se inclinara hacia una interpretación religiosa, lo haría admitiendo que el Dios real mantiene en último término su silencio en la creación (ha creado el mundo de tal manera que es posible interpretarlo sin Dios). Aunque la naturaleza permite, pues, la hipótesis de Dios (con argumentos de verosimilitud), no hay una seguridad racional absoluta de su existencia y el Dios real, de existir, está oculto y en silencio. La ciencia describe este mundo enigmático.

Por ello, el hombre en el mundo debe entenderse como un ser abierto a dos grandes preguntas finales en torno a Dios. La primera: ¿es real un Dios que ha creado el mundo pero permanece oculto y en silencio? Y la segunda: ¿el Dios oculto tiene una voluntad de relación con el hombre y liberación de la historia? En último término se trata de una única pregunta: ¿es real un Dios oculto y liberador? Cuando el hombre es religioso, aunque no sea cristiano, toma siempre una posición positiva ante estas preguntas: la religiosidad natural se funda en la apertura a un Dios salvador por encima o a pesar de su ocultamiento y su silencio. El hombre religioso cree que el ocultamiento divino tiene el sentido de crear un mundo en que sea posible la libertad humana. La libertad y dignidad que él mismo está advirtiendo en la propia experiencia vital, entendiendo que se abre o se cierra a Dios desde el uso de su libertad humana.

Cuarto: la hermenéutica del Misterio de Cristo. El cristianismo está fundado en la experiencia religiosa de Israel que culmina en el Misterio de Cristo: el Misterio de la Muerte y Resurrección de Cristo. El patrimonium fidei cristiano, y la misma teología cristiana, ha considerado siempre que en este Misterio de Cristo Dios ha realizado y manifestado ante los hombres el sentido de su plan salvador: el plan divino en la creación del mundo y en la salvación liberadora de la historia humana; es decir, de los hombres en su individualidad personal. Por tanto, si el hombre en el mundo es el que hemos descrito (abierto existencialmente a las preguntas por el Dios oculto y liberador), entonces derivamos lógicamente a una determinada forma de entender, desde nuestra experiencia humana, la hermenéutica del Misterio de Cristo (una forma de entender qué ha hecho y qué nos ha revelado Dios en el Misterio de Cristo). La Muerte de Cristo (sabiendo que Cristo es una persona divina) se entiende como una confirmación y respuesta a la pregunta por el Dios oculto: es real la existencia de un Dios que acepta la kénosis, el anonadamiento, la ocultación, de su Divinidad ante el mundo para constituir la historia libre de los hombres, asumiendo íntegramente el uso humano de la libertad. La Resurrección de Cristo se entiende como la realización anticipada en Cristo y el anuncio de una futura intervención liberadora de la Divinidad para salvar la historia humana. La resurrección nos dice, en efecto, que la pregunta por el Dios liberador tiene respuesta positiva: Dios pasa por el momento del ocultamiento, de la kénosis en la muerte de Cristo, pero su plan final es la liberación de los hombres en congruencia con el uso de su libertad en la historia.

Teología de la kénosis, una teología de la libertad. El texto bíblico básico en la teología de la kénosis está en San Pablo a los Filipenses. Es el himno que reza: “Tened entre vosotros los mismos sentimientos que tuvo Cristo: El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se vació de sí mismo (kénosis) tomando condición de siervo, haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz. Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó el Nombre que está sobre todo nombre. Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble, en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es Señor para gloria de Dios Padre” (Fil. 2, 5-11). Este texto ha sido aplicado tradicionalmente a la cristología; es decir, interpretado como referido a Cristo, en la kénosis de su encarnación y de su muerte en cruz. Sin embargo, la teología de la kénosis, asumiendo la interpretación en sentido cristológico, la proyecta a Dios mismo y habla de la kénosis de Dios en la creación. Dios al crear el mundo habría admitido la kénosis de su presencia impositiva, de la presencia de la gloria de su Divinidad, para manifestarse en la forma del mundo; esto es lo que significa la kénosis de Cristo que, en definitiva, es la kénosis misma de Dios, al ser Cristo de condición divina. Dios, al crear, habría admitido su ocultamiento, su kénosis, haciendo posible la libertad humana en un mundo enigmático, pero con la intención última de glorificar el sacrificio de Cristo por la libertad humana y proceder a la salvación liberadora de la humanidad.

Ocasión histórica

Para Monserrat, la TdC está siendo la ocasión histórica que nos lleva a entender algo que estaba ya en la esencia más antigua de la revelación y de la teología cristiana: la teología de la kénosis. Lo es al mostrarnos que vivimos en un universo enigmático, oscuro, en que el sentido final podría ser Dios, pero podría ser también el puro mundo. La ciencia conduce a entender que el Dios real, el Dios cristiano, es un Dios accesible a la libertad humana, pero es un Dios oculto que permanece en silencio por kénosis o anonadamiento de la manifestación gloriosa de su Divinidad ante el mundo. Así, el Dios del cristianismo es el Dios de la libertad: el Dios que crea la libertad humana, la sostiene y la respeta. Y, por ello mismo, el cristianismo es la religión de la libertad.

Artículo elaborado por Guillermo Armengol, de la Cátedra CTR, a partir del documento marco para la Cuarta Sesión General del seminario abierto del 12.5.06, presentado por Javier Monserrat con el título Ciencia Física y Teología.

Miércoles 10 Mayo 2006
Guillermo Armengol |tendencias21.net

Evolución o Biblia, un dilema a resolver por el cristiano

Evolución o Biblia, un dilema a resolver por el cristiano

Versión 31-10-08

Carlos Aracil Orts

Introducción1
Este estudio es mi segunda aportación al debate “Evolución versus Biblia”, que fue iniciado con la publicación en esta web del artículo de Don Javier Moreno titulado “Evolución “versus” Biblia, una disyuntiva equivocada”.

En la primera parte –“Descubriendo el verdadero rostro del evolucionismo”– abordé la problemática de la teoría de la evolución desde un punto de vista científico creacionista, incidiendo en las incongruencias y lagunas de la misma, al tiempo que preveníamos que, su amplia difusión e influencia en nuestra sociedad, podía socavar los cimientos de la fe cristiana de muchos jóvenes y adultos.

En esta segunda parte –“ Evolución o Biblia, un dilema a resolver por el cristiano”– presentaremos los problemas que surgen cuando se intenta conciliar el pensamiento evolucionista con las claras enseñanzas de la Biblia, por cuanto ésta describe la creación por Dios de los vegetales, animales y el hombre de forma separada, y sostiene que la decadencia y muerte de los seres humanos es consecuencia de la caída de la primera pareja en el pecado, por desobedecer el mandamiento de Dios. Lo que se opone frontalmente con la hipótesis del evolucionismo, como ya hemos comprobado en la primera parte.

El presente artículo pretende demostrar que no es posible tal conciliación, y que la única opción, coherente para los cristianos, es aceptar la validez y veracidad de la Biblia en cuestiones de fe, y que por tanto, no debemos temer ni avergonzarnos que nos tachen de ingenuos e ignorantes, porque “…el evangelio es poder de Dios para salvación a todo aquel cree;…” (Romanos 1:16,17).

¿La teoría de la evolución, tal como lo plantean los científicos, socava realmente los fundamentos de la fe cristiana?

A partir del auge, tremenda extensión e influencia, que ha ejercido la teoría de la evolución o el pensamiento evolucionista en todos los órdenes de nuestro mundo, surgen entre los cristianos dos formas distintas de enfrentarse al problema del origen y desarrollo de la vida. Por un lado, los que tratan por todos los medios de aunar o reconciliar los postulados de la ciencia con los de la Biblia, y por otro, los que aceptan sencillamente la veracidad y literalidad del relato del libro del Génesis, porque consideran que es incompatible creer que el hombre desciende del simio, y al mismo tiempo creer en la veracidad de la palabra de Dios que dice expresamente que el hombre fue formado directamente por Él, a su imagen y semejanza, sin mediación de ningún tipo de evolución.

Desde este momento es importante que nos hagamos algunas preguntas y que intentemos responderlas:

¿Deberían los cristianos tratar de adaptar sus creencias bíblicas a los dictados de la ciencia, a fin de no contradecirla, aun cuando eso suponga negar la veracidad de la Biblia y dar más crédito a los postulados de la ciencia?

¿Es coherente que los cristianos crean que la Biblia es verdad sólo en tanto y en cuanto no esté en contradicción con el pensamiento evolucionista científico?

Puesto que la Biblia es el fundamento de la fe de los cristianos ¿Es coherente que los cristianos acepten el planteamiento del evolucionismo científico, aun cuando éste contradiga frontalmente a la Biblia?

¿Es lícito y conveniente que los cristianos renuncien a sus doctrinas y creencias que provienen de la revelación bíblica, simplemente porque estén en flagrante contradicción con el pensamiento evolucionista científico, y entonces, traten de buscar puntos de encuentro con la ciencia aun cuando eso se haga en detrimento de la verdad revelada?

¿Es Dios quien necesita de la evolución para crear o por el contrario es la ciencia o los científicos los que, al descartar la existencia de Dios, no tienen más remedio que recurrir a una teoría que es no sólo increíble sino también indemostrable?

Creemos sinceramente que este evolucionismo ataca y socava los fundamentos de la fe cristiana, porque es un ataque frontal a la veracidad de la Biblia, y, en especial, al libro del Génesis, que afirma, como todos sabemos, que Dios creó separadamente a los vegetales, animales y al hombre. Por desgracia, mucha gente ha creído más lo que dicen los científicos que lo que declara la Biblia, implicando para esas personas una indudable y consecuente pérdida total o parcial de su fe cristiana.

Ya hemos visto lo que afirma la evolución, ahora, pues, veamos lo que clara, concisa y directamente declara la Biblia:

La vida y su diversidad provienen del poder creador de Dios no del ciego, azaroso e impotente evolucionismo.

Génesis 1:20-30

“Dijo Dios: Produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelen sobre la tierra, en la abierta expansión de los cielos. (21) Y creó Dios los grandes monstruos marinos, y todo ser viviente que se mueve, que las aguas produjeron según su género, y toda ave alada según su especie. Y vio Dios que era bueno. (22) Y Dios los bendijo, diciendo: Fructificad y multiplicaos, y llenad las aguas en los mares, y multiplíquense las aves en la tierra. (23) Y fue la tarde y la mañana el día quinto.”

En la Biblia “género” o “especie” no tienen el significado científico sino el sentido de “clase”, como tipos que comprenden varias categorías. Aparte de Génesis 1, esta frase de “según su especie” aparece en varias ocasiones en Génesis 6 y 7; Levítico 11; y Deuteronomio 14. Por tanto, “según su especie” no se refiere a especies en el sentido de que puedan reproducirse entre sí, sino a la variedad o diversidad de seres vivos creados por Dios.

(24) Luego dijo Dios: Produzca la tierra seres vivientes según su género, bestias y serpientes y animales de la tierra según su especie. Y fue así. (25) E hizo Dios animales de la tierra según su género, y ganado según su género, y todo animal que se arrastra sobre la tierra según su especie. Y vio Dios que era bueno. (26) Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. (27) Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. (28) Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra. (29) Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer. (30) Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer. Y fue así.”

¿Por qué Dios no pudo crear los vegetales, los animales y el hombre por separado y utilizar el día de veinticuatro horas que es una unidad de tiempo que Él mismo ha creado como idónea o adecuada para este planeta?

¿Qué razones existen para qué toda la Biblia sea inspirada por Dios excepto el libro del Génesis, salvo los argumentos que nos pueda dar la ciencia?

¿Cómo podremos sostener, mantener y defender nuestra fe cristiana si negamos la veracidad del relato del libro del Génesis y en su lugar aceptamos la teoría de la evolución?

¿Tenemos argumentos o bases para seguir creyendo en el resto de la Biblia y en que Jesús vino a salvarnos del pecado y de la muerte, o por el contrario, al no disponer de los cimientos, se desmorona todo el edificio de la fe?

Los voluntariosos esfuerzos que han hecho los cristianos, ya en el ámbito personal, o en el colectivo, mediante poderosas organizaciones como la iglesia Católica o evangélica, para intentar conciliar la evolución con la Biblia, no han dado como resultado, por lo general, rechazar la filosofía evolucionista, sino que por el contrario, lo que han conseguido es poner en entredicho la literalidad y por tanto veracidad del relato del libro del Génesis.

Esta conciliación o armonización de las hipótesis evolucionistas con la Biblia, en los últimos dos siglos, se ha realizado, dando todo el crédito a la ciencia, e introduciendo dudas en la inspiración divina de algunos libros del Antiguo Testamento. A pesar que, en los primeros siglos de la era cristiana, las iglesias cristianas estuvieron de acuerdo en la formación del canon bíblico completo, del AT y NT, más tarde “la alta crítica” ha tratado incesantemente de demostrar la no-veracidad y, por tanto, la no-inspiración de muchas partes de la misma.

Los críticos, que a veces no se atreven a afirmar claramente que la Biblia miente, o que muchos de sus relatos no son históricos, o que se contradice y por tanto no se puede creer que viene de Dios, intentan disfrazar sus opiniones incrédulas, al pretender que ciertas partes de la Biblia no deben entenderse literalmente. Para ello, unas veces, introducen dudas en cuanto a la autenticidad del texto, argumentando que no se conocen los autores, o que se trata de párrafos añadidos deliberadamente con intereses particulares.

Otras veces, simplemente, no son capaces de admitir la intervención de Dios en los asuntos terrenales, y tratan de explicar por medios naturales, lo que no puede ser más que una acción sobrenatural. En la Biblia, empezando por el Génesis y terminando en el Apocalipsis hay multitud de acciones milagrosas a las que no hay que buscarles la causa natural que las ha producido. Como por ejemplo, la creación separada de las diversas especies, vegetales, animales y al hombre, a lo que se opone frontalmente el evolucionismo. La explicación es mucho más simple, Dios no precisa del proceso evolutivo para crear sino que Él trajo a la existencia todo lo que quiso mediante la expresión de su voluntad: le bastó dar las órdenes y al instante se cumplía su deseo. Sin embargo, para creer eso hay que ejercer la fe que no tienen esos grandes pensadores críticos. La Biblia fue inspirada por Dios para que pudiese ser fuente de salvación y bendición para todo el mundo, incluyendo a las personas más sencillas y rudimentarias, que por supuesto, no poseen ninguna erudición, y tampoco necesitan saber si determinado texto es espurio o verdadero.

No existe posibilidad de entendimiento entre el concepto evolucionista y el creacionista. El primero parte de la existencia de una vida imperfecta en la que todos los organismos que la conforman, ya sean vegetales o animales, tienen una existencia limitada, porque después de un periodo de tiempo no muy largo, ineludiblemente llegan al envejecimiento, la decadencia y la muerte. Mientras que el segundo, parte de organismos y seres totalmente acabados y diferenciados, creados directamente por Dios en toda su plenitud y perfección.

De todos los organismos creados por Dios, el hombre, ocupa en su creación, el lugar más elevado, y por ser hecho a imagen y semejanza del Creador (Génesis 1:26), tiene la máxima perfección. La primera pareja podía haber vivido eternamente en el Paraíso, si no hubiera pecado, simplemente obedeciendo la orden de Dios (Génesis 2:17). Como consecuencia de este pecado se extendió la muerte a toda la humanidad (Romanos 5:12; 1ª Corintios 15: 21)

Romanos 5: 12

“Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.”

Por eso fue necesario que Dios por medio de Cristo viniera a este mundo a rescatar a la humanidad perdida en Adán (Marcos 10:45; 1ª Corintios 15: 21,22).

1ª Corintios 15: 21, 22

“Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. (22) porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.”

Por tanto, si el evolucionismo es cierto, la muerte existió desde el mismo origen de la vida, y no se introduce a la humanidad como consecuencia del pecado de Adán. El hombre no es hecho por Dios a su imagen, sino que desciende de los primates, el pecado nunca ha existido, y el hombre, aunque siempre tendrá una vida limitada y corta, evoluciona hacia algún tipo de perfección, aunque no aspire a una moralidad alta ni mucho menos a la santidad (1ª Corintios 1:2; Hebreos 12:14), a través de la supervivencia del más apto. En ese caso, el libro del Génesis, el gran apóstol Pablo y el mismo Jesucristo no cuentan más que patrañas. El Sacrificio de la muerte de Jesús sería absurdo y sin sentido. La muerte siempre existiría. La resurrección sería un cuento de hadas.

Por eso, estoy seguro, que aceptar la teoría de la evolución socava el fundamento de nuestra fe cristiana. Si Jesucristo confirmó que el Antiguo Testamento, tal y como nos ha llegado hasta nuestros días, es la Palabra de Dios, ¿Por qué hoy día se pone en entredicho al AT y se sugieren razones de que algunas partes del mismo pudieron ser de confección netamente humana, sin ninguna inspiración divina?

Las Sagradas Escrituras de Jesús fueron el Antiguo Testamento.

Lo importante para el creyente consiste, no en tratar que sus creencias coincidan con las ideas científicas, sino en no dudar de la veracidad de la Biblia. El fundamento de la fe cristiana no se sustenta en los postulados de la ciencia sino en todo el contenido de la Biblia. Si Jesucristo se basó en el AT para sus enseñanzas, lo respaldó citándolo en todo momento y testificó que era la Verdad no dudando en ningún momento que todo él contenía la auténtica Palabra de Dios (Juan 17:17) ¿Quién es el hombre para juzgar qué partes de la Biblia son verdaderas y cuáles son falsas? (Apocalipsis 22: 18,19).

La “alta crítica”, desde su comienzo ha tratado de poner en entredicho el AT, aseverando que el mismo contiene partes que son sólo cosecha de hombres, añadidas por ellos sin inspiración de Dios, y por tanto, no tienen ningún crédito. Niegan la veracidad e historicidad de los acontecimientos que el libro del Génesis relata, como son la creación separada de los vegetales, animales y el hombre, el paraíso terrenal, la caída en el pecado, el diluvio universal, el que Noé construyese un arca (como un trasatlántico), la torre de Babel, etc. Pero no termina aquí su incredulidad, sigue con el libro del Éxodo, poniendo en duda, las plagas que Dios envió sobre Egipto, el paso milagroso del pueblo de Israel por el mar Rojo, y un largo etc. que para no ser exhaustivos no continuaremos enumerando.

Todo ello se debe a que todos esos eruditos se dejan influenciar por la ciencia que no admite lo sobrenatural y divino, y les falta fe en el poder de Dios, y en que Él haya sido capaz de salvaguardar Su palabra de toda contaminación humana. ¿Qué han conseguido con ello? Que mucha gente crea que la Biblia cuenta mentiras. Jesús miente, los apóstoles de Jesús mienten. La Biblia es un cuento.

Sin embargo, no debemos olvidar que Jesús, sus discípulos, y en general toda la iglesia cristiana primitiva no tenía otras Sagradas Escrituras que las que conocemos hoy como el Antiguo Testamento (AT). ¿Estaban equivocados, Jesús y sus apóstoles, cuando las citaban para apoyar sus admoniciones o argumentos?

¿Afirma, acaso, San Pablo que sólo parte del AT es inspirado o que los capítulos 1 al 10 de Génesis no fueron inspirados por el Espíritu Santo?

El gran apóstol Pablo corrobora la existencia histórica de Adán y Eva

1ª Timoteo 2:13, 14

“13 Porque Adán fue formado primero, después Eva; 14 y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión.”

Cuando Pablo afirma, en el verso anterior, que Adán fue formado primero y que Eva fue engañada, ¿Se está refiriendo a dos personajes que nunca existieron, y a un hecho, la caída o la transgresión que es puro invento del escritor? (Ver además: Rom. 5:14; 1 Cor. 15:22; 15:45)

¿Miente el Espíritu Santo? ¿Nos miente Dios? Veamos que dice San Pablo, refiriéndose a las únicas Escrituras que entonces tenían, es decir el AT:

2ª Timoteo 3:16-17

“16 Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, 17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.”

Como se puede constatar, Toda la Escritura es inspirada por Dios, no sólo una parte sino TODA. No parece razonable pensar que Dios nos mienta. Veamos también lo que dice el gran apóstol Pedro:

2ª Pedro 1:19-21

“19 Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; 20 entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, 21 porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.”

Si el testimonio de estos dos grandes gigantes de la fe, que conocieron personalmente a Jesús,no fuera bastante, tenemos también el testimonio que el propio Jesús da de la Escrituras del AT. Veámoslo:

-Cristo las aprobó apelando a ellas: Mateo 4:4; Marcos 12:10; Juan 7:42.
-Cristo enseñó por medio de las Escrituras: Juan 24:27.
– Las Escrituras entregadas y confiadas a los judíos: Lucas 16:31; Romanos 3:2; 9:4
– Cumplidas por Cristo: Mateo 5:17; Lucas 24:27: Juan 19:24.
– Se las llama la palabra o la Palabra de Dios: Sant. 1:21-23; 1 P. 2:2; Luc. 11:28; Heb. 4:12
-Son también la palabra de Cristo o la palabra de verdad o las Santas Escrituras: Col. 3:16; Sant. 1:18; Rom. 1:2; 2 Tim 3:15.
– Etc., etc.

Cada uno es muy libre de creer lo que quiera, pero yo prefiero ser coherente con lo que enseña la Biblia. Mi fe no está basada en lo que dicen los hombres sino lo que ha revelado Dios por medio de su Santo Espíritu.

Con respecto a la negación de la existencia del diluvio universal y de otros relatos del libro del Génesis, me limitaré a citar a Jesús. Él no dudó jamás de que existiera. ¿Era, acaso, el Hijo de Dios un ingenuo e ignorante? En fin, cada uno es libre de decidir: esto sí es verdad y esto no lo es, pero eso no es coherente:

Jesús aceptó como una realidad histórica la existencia del Diluvio

Mateo 24:36-39 (Palabras de Jesús)

(Ver también Lc. 3:36;17:26,27; 1 P. 3:20; 2 P. 2:5; Heb. 11:7.)

“36 Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre. 37 Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. 38 Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, 39 y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre.”

¿Qué más necesitamos para creer que el AT es también Palabra de Dios?¿No es suficiente el testimonio de Jesús? El hombre de Dios, el creyente se basa en la fe en Dios y en todo lo que Él nos ha revelado.

¿Creemos más a lo que dicen los hombres que a lo que nos dice Dios por medio de su Palabra? ¿Por qué dudar de la veracidad de las palabras de Jesús?

Si así lo hacemos, ¿Por qué no dudar también de sus milagros, o de su resurrección?, o ¿Por qué no creer, como muchos creen, de que fue sólo un profeta, un buen hombre, pero que no es la encarnación de Dios?

Hebreos: 11:6-7:

“6 Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan. 7 Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase; y por esa fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe. “

Testimonio de Jesús de la existencia de Sodoma y Gomorra

Mateo 10:15 (Palabras de Jesús) (Ver también Mat. 11:23,24; Mr. 6:11; Lc. 10:12; 17:29); De Pablo: Rom. 9:29: De Pedro: 2 P. 2:6; De Judas: Judas 7.

Mateo 10:15 (Palabras de Jesús)

“15 De cierto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma y de Gomorra, que para aquella ciudad.”

Si sólo hemos de creer lo que esté respaldado por la ciencia, o aquello de lo que hay pruebas materiales de su existencia, entonces, no se necesitaría la fe.

Relato del libro del Génesis comparado con la teoría de la evolución

Cuando se sugiere que el libro del Génesis puede contener partes que son sólo fruto de la imaginación de sus autores, obra puramente de hechura humana, se está afirmando que se trata de un apaño humano que subrepticiamente se ha introducido a fin de contaminar la verdad revelada. Lo que ha ocurrido es que se ha considerado mucho más convincente la teoría que sostienen los evolucionistas que lo que la Biblia afirma, pues aquella se basa solamente en causas naturales más asequibles de creer por el ser humano. Sin embargo, la Biblia explica la sucesión de ciertos eventos por la acción sobrenatural de Dios, a lo que sólo se puede acceder mediante la fe.

¿Qué pretende el relato del Génesis? ¿Es preferible creer en la teoría de la evolución en lugar de creer que el Génesis es literal?

Al respecto, deberíamos preguntarnos ¿Qué dignifica más al ser humano, ser imagen y semejanza de Dios, el Creador, o serlo de un primate? Si Dios existe ¿Por qué no creer que es el Creador de todo? ¿Son el azar y la necesidad más poderosos que Dios?

El capítulo uno de Génesis describe de forma ordenada y completa el origen de todo lo creado. Nos enseña que Dios es anterior a todo y el Creador de toda la materia y de los seres vivos. El cielo y la tierra representan todo el universo. El capítulo dos de Génesis se limita a describir de forma más detallada y especifica pormenores de la creación ya efectuada en el capítulo uno. Ambos capítulos se complementan y en absoluto se contraponen.

¿Creemos en un Dios todopoderoso que es capaz de crearlo todo mediante su palabra? ¿Está Dios limitado por las leyes de la naturaleza que Él mismo ha creado? ¿Hay algo imposible para Dios, excepto el hacer el mal, porque esto último es contrario a su naturaleza?

Si creemos que la Biblia fue inspirada por Dios ¿Por qué damos más fiabilidad a lo que nos dice la ciencia? La ciencia no puede aceptar la acción de un Creador que partió de la nada para hacer todo lo que deseaba su voluntad. Además, la ciencia debe circunscribirse a aquello que puede manejar de forma empírica, y demostrar en sus experimentos de laboratorio. Lo que hace la ciencia con respecto al origen del universo y de la vida son simplemente hipótesis racionales para tratar de explicar lo que existe, pero son sólo eso, es decir, nada más que hipótesis indemostrables.

Cuando Génesis 1:1 dice: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra.”, ¿Es literal o figurado? Si no es literal ¿Debemos entender, entonces, que todo ha llegado a su existencia por azar y por necesidad, sin que haya detrás una voluntad creadora que lo diseñe y lo planifique todo con infinita sabiduría?

¿Es literal o simbólico cuando el capítulo uno del libro de Génesis, declara que Dios crea dando simplemente una orden: hágase o haya o sea? ¿Es incapaz Dios de crear así?

¿Está nuestra creencia condicionada por el hecho de que los científicos la consideren pueril, y nos da vergüenza que los demás se burlen de nuestra creencia?

¿Qué pretendió Dios al inspirar al autor del Génesis que escribiera lo que escribió? ¿Quiso darnos, acaso, una explicación científica? ¿Es un libro de ciencia el Génesis?

Está claro que Dios no pretende explicarnos cómo hizo el universo, sino sólo que Él lo creó, que es Creador de todo. Esto está sencillamente expresado en Génesis 1:1: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra.”. Con ello se diferencia entre Dios y la naturaleza, que muchas corrientes filosóficas confunden, como es el caso del panteísmo. La naturaleza no tiene inteligencia ni poder en sí misma. Este texto nos dice claramente que Dios creó todo lo que existe, es decir, el universo, los cielos y la tierra, en un momento dado. Pero no nos dice cuándo ni cómo, porque lo importante es saber que Él es el Creador.

El siguiente verso describe el planeta tierra ya formado y todavía inadecuado para la vida. Lo que puede indicar que hubo una creación en dos fases: una, primigenia, de la materia sin vida, y otra posterior en la que Dios crea todas las condiciones necesarias que serán idóneas para los tipos de vida que a continuación va a crear.

El relato de la creación, pues, tiene un valor pedagógico y no científico. Dios pudo haber elegido crearlo todo de una vez con una sola orden, sin embargo, configuró su creación en el tiempo y en el espacio para adaptarse a la medida del ser humano. Para ello, empezó por crear el día y la noche, estableciendo la unidad de tiempo y el ritmo más adecuados para todos los seres vivientes que tenía planeado crear.

Dios decidió realizar la obra de la creación de nuestro mundo en seis días para enseñarnos con su ejemplo, como debería contabilizarse el tiempo y cual serían los periodos de trabajo y de descanso que se ajustarían mejor a la naturaleza del hombre. Cómo ya dije, Dios pudo crearlo todo en un solo instante, pero se limitó a dar una orden cada veinticuatro horas hasta culminar con la creación del hombre en el sexto día, para enseñarnos con su ejemplo, cómo debíamos comportarnos.

El porqué decidió Dios crear la vida y sus condiciones en ese orden en que aparecen en el relato del Génesis es algo que pertenece a la mente de Dios, y no necesitamos poder explicarlo para poder creer que fue así. A partir de ahí, podemos hacer elucubraciones razonables, que no contradigan la clara enseñanza bíblica, postulando que, en el cuarto día, lo que hizo Dios es configurar o acondicionar el Sol, la Luna y las estrellas, que ya las había creado en el principio, a fin que fueran idóneos para la vida del planeta Tierra (Génesis 1:14-19). La idea pedagógica fundamental, que nos quiere transmitir los textos de que todo es obra de Dios, no varía sino que subsiste. En cualquier caso, los creyentes debemos ser humildes y aceptar que Dios nos ha revelado todo lo necesario para nuestra salvación, y por tanto, nunca debemos pretender saber más de lo revelado (Deut. 29:29).

Mucha gente no cree que Dios pudo optar realizar la creación que concierne a este planeta en el que vivimos en seis días literales, pero ello, seguramente, tenía el propósito pedagógico que indicábamos arriba.

¿Por qué creer que Dios necesita de la evolución y de periodos de millones de años como dicen los científicos que son necesarios para que las cosas se formen por sí solas?

En el texto y contexto bíblico no hay nada que apoye la idea de que no se trate de días literales, pues el texto es tremendamente diáfano, sin dejar lugar a dudas, “…y fue la tarde y la mañana un día”. Está perfectamente claro que son las partes de que se compone el día: la tarde se refiere a la noche, y el día a la mañana; las cuales quedaron definidas, cuando Dios decidió crear este ciclo de tiempo descrito en los versos de Génesis 1:2-5, que determinaría para siempre sus periodos de descanso y de trabajo.

Conclusión

Estamos abiertos a todo el conocimiento científico, a todo los avances de la ciencia y a todas las ramas del saber humano. No somos retrógrados. Respetamos y admiramos tanto a los científicos como a la misma ciencia. Comprendemos que, quizá sea imposible para la ciencia, aceptar la acción de un Creador que partió de la nada para hacer todo lo que deseaba su voluntad, porque esa no es su misión. Sin embargo, la ciencia se circunscribe a aquello que puede manejar de forma empírica, y demostrar en sus experimentos de laboratorio, aunque también es parte de su tarea elaborar hipótesis que irá con el tiempo confirmando o descartando. Lo que hace la ciencia con respecto al origen del universo y de la vida son simplemente hipótesis racionales para tratar de explicar lo que existe, pero ninguna otra cosa, es decir, nada más que hipótesis indemostrables.

En cambio, la Biblia nos ofrece palabras de vida eterna (Juan 6:68; Tito 1:2; Hebreos 6:17-19). Cuando las hipótesis científicas estén en contradicción clara con la Biblia, y no puedan reconciliarse de ninguna forma, en cuestiones de fe, la Biblia, para el creyente, tiene la última palabra. La ciencia nunca logrará vencer a la muerte, a lo sumo alargará un poco la vida, y de hecho también ha mejorado la calidad de la misma y lo seguirá haciendo, hasta cierto punto. Sin embargo, la Biblia afirma que Jesús ya ha ganado la victoria sobre la muerte (1ª Corintios 15:54-57; Apocalipsis 21:4). Los creyentes nos aferramos a la inmutabilidad de la promesa de Dios.

Tito 1:2

“En la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de los siglos,…”

Hebreos 6: 17-19

“Por lo cual, queriendo Dios mostrar más abundantemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento; 18 para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros. 19 La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta dentro del velo, 20 donde Jesús entró por nosotros como precursor, hecho sumo sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec.”

Entender literalmente la Biblia no es fanatismo ni ignorancia, significa identificarse con Cristo, que la citaba en todo momento, y obedecer sus mandamientos: Amar a Dios y al prójimo. El amor es el cumplimiento de la ley y los profetas –o sea todo el AT- (Rom. 13:10; Mc. 12:28-34). Ante una duda de interpretación de una doctrina siempre debemos elegir el camino del amor. Evitar todo lo que pueda herir a otra persona. Ninguna idea está por encima de eso.

Creo que todos estamos de acuerdo que Dios no ha dictado palabra por palabra a los profetas y santos hombres que escribieron la misma. Pero ellos recibieron en su mente de forma vívida, el mensaje que contiene la voluntad de Dios para la humanidad, ya sea porque oyeron Su voz, la de un ángel, o mediante visiones o sueños, y lo trataron de expresar, lógicamente, con sus palabras y con su estilo. El Espíritu Santo se encarga de que transcriban fielmente lo que el Autor, o sea Dios quiere transmitir.

Hebreos 1:1-3:

“1 Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, 2 en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; 3 el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas,”

¿Cómo conozco a Dios y su voluntad?

En primer lugar, con respecto a la existencia de Dios, hay muchos argumentos que no creo necesario entrar aquí, porque la razón me dice que el Universo y toda la vida que contiene no se han generado a sí mismo, sino que necesariamente tiene que existir alguien que lo haya planeado y creado. Además la Biblia, me da a conocer como es Dios, y que Él interviene en su creación para rescatar lo que se había perdido (Lucas 19:10; 9:56; 15:4-6; Juan 3:15,16).

En segundo lugar, únicamente, por medio de la Biblia conozco cómo es Dios y que quiere de mí. Por ésta sé no sólo que Dios existe, sino que se ha manifestado al mundo por medio de su Hijo Jesucristo. Dios no sólo ha creado todo lo que hay en el universo, sino también que lo sustenta. Él ha intervenido en el mundo para extirpar el mal y el pecado, mediante la vida, muerte y resurrección de Cristo. Él vino para salvar y restaurar a la humanidad, y reconciliarla consigo mismo (2ª Corintios 5:19). La victoria de Cristo sobre la muerte es nuestra victoria, y por medio de Él, Dios prepara un pueblo santo (1ª Pedro 2:9; 1:15.16) para rescatarlo cuando venga en gloria (1ª Tesa. 4:13-18).

¿Cuál es la voluntad de Dios?

“Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad”(Juan 17:17; Por favor, lea también: 1ª Corintios 1:2; Hebreos 12:14; Juan 1:17; Juan 8:32). La voluntad de Dios es nuestra santificación para que podamos entrar en Su reino.

¿Qué es la verdad?

Jesús es la verdad (Juan 14:6). La Biblia es la verdad. El evangelio eterno es la verdad. Jesús dijo: “Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.” (Juan 6:50, 51; ver además Juan 6:35; 6:47,48, 53-56;63; 7:37-39).

1ª Tesalonicenses 2:13 (Ver también 2ª Timoteo 3:15-17; Tito 2:11-3:8; Hebreos 11:6; 1ª Pedro 1:22-25; 2ª Pedro 1:19-21)

“13 Por lo cual también nosotros sin cesar damos gracias a Dios, de que cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes.”

¿Qué es el evangelio?

No es mucho lo que hay que creer, ni muy difícil, ni irracional. ¿Es imposible para Dios que resucitase a Jesús?, ¿Es difícil creer que Jesús murió por nuestros pecados? En mi opinión, no es difícil, sólo que es necesario reconocer que somos pecadores, y que sólo Jesús es el remedio para nuestro mal. Pablo nos describe así lo que fundamentalmente es el evangelio:

1ª Corintios 15:1-9

“1 Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; 2 por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano.

3 Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; 4 y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; 5 y que apareció a Cefas, y después a los doce. 6 Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen. 7 Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; 8 y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí. 9 Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios.”

¿Qué debemos hacer?

Sólo creer que Jesús murió por nosotros y obedecer su Palabra. Eso es lo que significa comer su carne y beber su sangre: “Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.” (Juan 6:53). Significa identificarse plenamente con Cristo y su obra. Creer que hemos muerto al pecado y resucitado con Cristo a una vida nueva (2 Cor. 5:17; Col. 3:1-4; 10, 12-15; Juan 6:29).

¿Cómo podemos lograr la fe?

Sólo por medio de la Biblia: “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Romanos 10:17; ver también: Col 1:9-14; 20-23).

¿Hay poder en la Palabra de Dios?

“Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree;… (17) Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.” (Romanos 1:16, 17; ver también Santiago 1:21,22).

La clave del cristianismo está en la fe. Una fe viva que se perfecciona por la obediencia a la Palabra. Tanto la fe como el crecimiento en Cristo vienen por estudiar la Palabra, creyendo que es la verdad, y como consecuencia seguir ese camino, para que nuestra conducta y obras estén en armonía con lo que profesamos creer, sabiendo que nadie es perfecto, sino sólo Cristo, y cuando permanecemos unidos a Él como el sarmiento al tronco de la vid (Juan 15:1-6), obtendremos la victoria sobre nuestra propia naturaleza pecaminosa. Así lo ratifica San Pablo en varios textos:

Efesios 1:13

“13 En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, 14 que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.”

Si deseas hacer algún comentario a este estudio, puedes dirigirlo a la siguiente dirección de correo electrónico: carlosortsgmail.com

1 Las referencias bíblicas están tomadas de la versión Reina Valera de 1960 de la Biblia. Las negrillas, cursivas y subrayados realizados al texto bíblico son nuestros.

 

  • copiado de aca

Es compatible la fe en el Dios de la Biblia con la teoría de la evolución?

Es compatible la fe en el Dios de la Biblia con la teoría de la evolución?

Versión 28-01-07

autor: Carlos Aracil Orts

Introducción

Esta meditación surge al empezar a leer un libro sobre la teoría de la evolución, en el que se comentaba sobre el esqueleto de “Lucy”, descubierto en 1974 en Etiopía. Al parecer, estos huesos, bastante bien conservados y casi completos, no sé muy bien si correspondían a los de un animal de la familia de los simios o a los de otro tipo de mamífero que pudiera haber estado a medio camino en su evolución progresiva hacia su humanidad, y que vivió hace unos tres millones de años en esas estepas africanas. “Lucy tenía un metro de altura y un cerebro poco mayor que una pelota de mano, con 300 g de peso, menor que el de un chimpancé.” A partir de aquí, por mi desconocimiento del tema me hice muchas preguntas.

¿Cómo se sabe que este esqueleto pertenece a una adolescente y que tiene 3 millones de años? ¿Es posible deducir si es macho o hembra a partir de un esqueleto incompleto? ¿Es apropiado aplicar el adjetivo adolescente a un animal? ¿Qué edad tendría este animal para que se considerase adolescente? Si como parece murió tan joven no tuvo mucho tiempo para evolucionar, ni, por tanto, tuvo ocasión de tener descendientes que fueran avanzando en su evolución hacia la humanidad.

¿Eran de corta estatura o enanos nuestros antepasados? ¿Es posible que de un cerebro tan pequeño –aun menor que el del chimpancé– descienda el género humano? ¿Y cómo son las proporciones de los brazos y la forma de la columna vertebral, y el esqueleto de la cabeza y cara?. Hasta donde he leído no he encontrado más descripción o detalles del esqueleto Lucy, sólo que pertenecía a la especie, Australopithecus afarensis, y que de aquí descendíamos los humanos.

En principio, esta deducción me parece increíble (perdonen mi falta de fe en que la teoría de la evolución sea algo más que una hipótesis), no importa que largo y difícil nombre científico se le dé y cuantos millones de años se calculen que datan los restos encontrados. Si se trata de un animal será un animal desde que nazca hasta que muera. Y tampoco los descendientes de este animal, que por lo visto no tuvo porque murió joven, tienen por qué ser menos animales y más humanos que sus progenitores. Es para mi difícil pensar que un cambio tan esencial y fundamental se haya podido producir, a partir de condiciones externas y el paso de los años.

Continué leyendo el citado libro, y supe que Lucy era diferente a gorilas y chimpancés porque había aprendido a andar sobre sus patas anteriores o traseras adoptando lo que se llama una postura bípeda, y este cambio evolutivo se había producido porque los antepasados de Lucy se habían desarrollado en la estepa en lugar de la selva, lo que a su vez determinó que se modificaran sus hábitos, acostumbrándose a ir erguidos a fin de ver a mayor distancia, y con ello evitar ser presa de otros animales, a la vez que mejoraban sus posibilidades de atrapar o cazar a otros animales inferiores. El dato clave por el que se llegan a todas estas conclusiones es porque la forma de las caderas de Lucy se corresponde mejor con la postura bípeda que con la que tendría un animal que normalmente anduviese apoyándose en sus cuatro patas.

Reconozco que los únicos simios que he tenido ocasión de ver normalmente son los que aparecen en los documentales de televisión y cine, pero yo diría que algunos no se desenvuelven mal andando sobre dos patas. No pretendo ser especialista en ese tema, pero todos este tipo de animales, de la familia de los simios y similares, además de ser muy simpáticos, y tener cierta capacidad de imitación no dejan de ser animales en ningún momento, por mucha postura bípeda que adopten. ¿Vamos a deducir por eso que son nuestros antepasados? ¿Alguno de estos animales ha conseguido la facultad de hablar, pensar, o tiene la dimensión espiritual que caracteriza a todo ser humano? ¿La configuración de las caderas es una característica de incipiente humanidad?

Humildemente, puesto que no soy científico, ¿No es más importante la configuración o curvatura de la columna vertebral, la proporción de sus brazos respecto del resto de su cuerpo, el mismo esqueleto que conforma la cabeza, y la masa o volumen del cerebro? ¿Tenía Lucy la cabeza de un simio y el cuerpo de un ser humano? ¿Podría tratarse de una malformación de un ser humano real, o de un simio total? Si este esqueleto fuese analizado por científicos no evolucionistas ¿cabrían otras interpretaciones? En cualquier caso, y con los pocos datos que poseo parece un esqueleto muy extraño, del que sería conveniente obtener opiniones de otros científicos con orientaciones creacionistas para contrastar sus conclusiones al respecto.

Por otro lado, me resulta imposible creer, racionalmente, que el cambio del estilo o hábitos de vida de los antepasados de Lucy haya sido el detonante capaz de producir el gran cambio que implica la transformación de animal a ser humano, de naturaleza animal, a naturaleza humana. Me parece esta explicación muy típica de los evolucionistas. El azar y la necesidad son los que producen las grandes transformaciones con el tiempo, mucho tiempo. En mi opinión, deducir, de esa circunstancia accidental que se pudo producir, que los animales van progresando hasta obtener la gran transformación que los convierta en seres humanos, creo que es, a mi humilde entender, materialmente imposible, y hay que ejercer mucho más y mejor dosis de buena fe que para creer en una creación por Dios.

La existencia del ser humano no ha podido depender de determinados accidentes o condiciones más o menos favorables que se hayan producido en el pasado, como por ejemplo que los animales pasen de la selva a la estepa. El león seguirá siendo león, y el tigre, tigre, y no se puede uno ni imaginar como habiendo esa diferencia tan grande entre los mamíferos, estos hubieran podido evolucionar hasta convertirse en las distintas y variadas especies que existen desde la antigüedad hasta hoy en día. ¿De que animales evolucionó la familia de los simios hasta llegar a ser lo que son? ¿Por qué no evolucionan ahora? Quizá se nos diga que no han pasado todavía millones de años.

Por tanto, cuando se afirma que “la postura bípeda fue el cambio clave que condujo al aumento del cerebro y de la inteligencia”, no podemos pensar otra cosa que, sencillamente, es algo indemostrable. Simplemente es una hipótesis. O sea que, échate a andar sobre dos patas, pon unos millones de años de hacer animaladas y de comportarse como lo que son -unos animales, y llega un buen día, y esos animales empiezan a tomar conciencia de sí mismos, se les endereza la espalda, les aumenta un montón el cerebro, hasta se vuelven atractivos, y simpáticos. Claro, sólo es necesario que pasen unos millones de años más, que más da. La filosofía de todo esto, es que el tiempo y la necesidad lo arreglan todo, y que Dios no es necesario. Que el ser humano no es culpable de pecado ante Dios.

Por otro parte, deducir que el sentido moral del ser humano se origina o se deriva de su inteligencia, sería tanto como inferir que a una mayor inteligencia le corresponde necesariamente una mayor dosis de moralidad, lo que no coincide con la realidad o no se produce en la vida real. Uno puede ser muy inteligente, y ser inmoral completamente. El ser humano dispone de una información en sus genes que no ha podido producirse por azar, por casualidad, por generación espontánea o por evolución. La dimensión espiritual del ser humano, su espíritu religioso, su conciencia, el conocimiento de las leyes que rigen la moral, ¿todo ello se ha adquirido “al andar por la estepa”? O ¿Ha podido la evolución dar a ciertos animales este sentido moral a que nos referíamos antes, quizá, basándose en millones de años? El que quiera o pueda que lo crea, pero si es creyente, corre el riesgo de eliminar a Dios de su vida.

La evolución nunca podrá explicar el origen del mal, y por qué unos se inclinan al bien y otros al mal. La existencia de la muerte es un extraño evento para todo ser humano que anhela vivir eternamente, y que tampoco se puede explicar humanamente sino es por revelación sobrenatural.

Admitimos que ciertos cambios en las formas de las especies se han podido producir, pero nunca implicando transformaciones que cambien a otra especie distinta, y desde luego jamás hasta el extremo de que un animal se transforme en ser humano con todo lo que ello representa en sus tres dimensiones cuerpo, alma y espíritu.

De ninguna manera puedo compartir la filosofía en que se basa la evolución: es decir, la receta, sería: Tómese como sustancia base un buen primate, expóngase a buenas dosis de azar y de necesidad, y a millones de años, y el resultado final será el hombre.

¿Qué subyace o mejor qué es evidente en la teoría de la evolución? Que el mundo se hizo a sí mismo, nació la vida por generación espontánea. La vida compleja procede de la simple. De una célula van formándose distintos seres vivos, sin saber cómo, hasta llegar a los mamíferos.

Si yo entendiese que mis antepasados son unos animales, unas bestias, ¿adónde me llevaría? ¿Sería positivo o negativo para mi vida? ¿Me haría más responsable, más bondadoso de día en día o por el contrario, endurecería mi corazón hasta llegar a decir, no hay Dios, el mundo es una selva, y el hombre un lobo para otro hombre? ¿Cuál es mejor opción? ¿Sería preferible entender lo humano, lo que nos distingue de otros seres vivientes y del resto del universo, como producto de la evolución o como una creación directa por Dios?

Creo sinceramente, que la opción de que no somos un producto de la evolución sino la obra de la voluntad creadora de un Dios personal que con amor nos rescató de la muerte en Cristo Jesús, se ajusta más a la realidad, aclara el misterio de la muerte, nos da un sentido trascendente a la vida, nos eleva hasta hacernos participes de la divinidad como hijos de Dios, y sobre todo nos hace más bondadosos y amantes de los demás y por tanto más felices.

Sí creemos en Dios creador, consideraremos que el hombre es hecho a imagen de Dios, y que el hombre se apartó de Dios, y así le ha ido, pero Dios no nos ha dejado solos en este mundo, sino que vino a rescatarnos, nos tendió la mano, con su Hijo, Jesucristo, y nos dio la maravillosa esperanza de la resurrección y la vida eterna.

Evolucionismo y creacionismo son dos formas totalmente opuestas de ver el mundo, lo que somos, de dónde venimos y adónde vamos. La primera trata de explicar todo y de vivir sin Dios, y la segunda tiene a Dios como el centro, la causa, y el motor de su vida. Son posturas irreconciliables.

Lo grandes problemas por los que atraviesa la humanidad hoy en día, en todos los órdenes, no se solucionarán sin tener en cuenta a Dios y su voluntad. La teoría de la evolución al rebajar a la humanidad pretendiendo que procedemos de los animales, embrutece al hombre, margina a Dios, y ha hecho y seguirá haciendo que el número de ateos en el mundo se multiplique, con lo que aumentará la impiedad. Sólo conociendo la voluntad de Dios que está en su Palabra podremos llegar a buen puerto, entenderemos no sólo lo que somos, sino lo que fuimos, y adónde llegaremos con su ayuda.

La teoría de la evolución, es eso, sólo una teoría, que es incompatible con la revelación dada por Dios a través de su Palabra y de su Hijo Jesucristo. ¿Qué sentido tiene que Dios se valiera de la evolución para crear a los seres humanos, si, precisamente, lo que la evolución pretende es eliminar a Dios del universo, si eso pudiera ser?

Admitamos por un momento que la evolución tal como la proclama su teoría, fuese una realidad, es decir, la vida vino a este mundo y a otros muchos millones de mundos posibles, en todo el universo por azar y por necesidad. Es decir, atribuimos al azar, lo que en sí mismo no puede ser más infecundo, el que la vida surja de la combinación química de ciertas sustancias en determinadas condiciones, lo que matemáticamente podría representarse como la probabilidad de que al dispersar en el aire las letras del abecedario, se multiplicaran, y al depositarse en tierra, se reunieran formando un libro como la Biblia o el Quijote de Cervantes. ¿Y la necesidad? ¿Quién quiso que haya vida? ¿Qué necesidad hay de que exista vida?¿Qué circunstancia es necesaria que ocurra para que haya vida?

Quizá esta explicación evolutiva del origen de la vida es suficiente para una persona que no cree en Dios. Necesita tener una respuesta, y ya la tiene, una teoría de la evolución cada vez más elaborada, y avalada por más científicos, por tanto, no le queda otra opción que rechazar la, mucho más plausible, de la existencia de un Dios creador del universo.

En mi opinión, no podemos tratar de compatibilizar ambas opciones. Porque si una es verdad, la otra no lo es. O ¿acaso podríamos compaginarlas ambas de forma que mantuviéramos que Dios existe y también la evolución? ¿Adónde nos llevaría ello? Vamos a tratar de plantear este asunto. Partimos, pues, del supuesto de que Dios existe y ha elegido crear usando los principios implicados en la teoría de la evolución.

¿Dónde empieza Dios a crear la vida? ¿Crea el planeta Tierra y otros muchos mundos pero sólo la materia inanimada o inorgánica, y pone ciertas condiciones para que brote la vida espontáneamente de la materia y atmósfera de esos planetas? O ¿Quizá Dios creó la materia pero no las leyes para que se formara la vida porque él sabía que la vida surgiría con el tiempo, es decir, dejando pasar millones de años? ¿Dónde empieza actuar Dios, en qué momento de su creación? ¿Qué hace Dios y qué hace la evolución?

Si creemos en Dios, hemos de suponer que el haya creado alguna cosa, ya sea la materia inanimada, las condiciones para que nazca la vida o ambas cosas, porque en caso contrario, llegaríamos a la nada, a la no-existencia de Dios. ¿Qué crea Dios además de la materia inanimada? Sin embargo, en nuestra calidad de creyentes en Dios, posiblemente le atribuyamos a Dios una intervención mayor en su creación que la que le asigna la evolución, que es ninguna. ¿Ha creado Dios la célula originaria de la vida, o la primera bacteria, y le ha puesto la información en sus genes y ADN para que se reproduzca y se multiplique y se transforme en diversidad de especies empezando de la simple a la más compleja, proyectando que nazca el ser humano de una especie inferior?

Supongamos que ese haya sido el plan de Dios para su creación. Un plan que debe coincidir con el de la evolución. Dios, que no diremos no puede, en ningún caso porque no hablaríamos de Dios, sino que no ha querido crear directamente a cada una de las principales especies, ha preferido que las especies se generaran a partir de una sola especie que ha ido transformándose, como por arte de magia, en multitud y diversas especies, hasta llegar a la especie más parecida al hombre, los simios.

Hemos recorrido un largo camino hasta que la tierra se poblara, ¿espontáneamente?, con todo tipo de flora y fauna, ahora estamos en el planeta de los simios. Si yo fuera Dios diría éste es el momento de crear alguien a mi semejanza ¿Qué mejor que apoyarme en estas criaturas tan “monas” que yo he creado con mis principios evolutivos? Sin embargo, ahora, se siguen planteando varios problemas.

En realidad si las especies han podido evolucionar hasta llegar al estado en que están hoy en día, de acuerdo a los principios de la teoría de la evolución, no sería necesaria la intervención de Dios para nada, pues esa teoría defiende que algunos simios han ido progresando en inteligencia hasta convertirse en completos seres humanos con todas sus características y prerrogativas, y, por tanto, llegando a ser poseedores de las tres dimensiones que distinguen a los humanos: física, psíquica y espiritual.

Los problemas surgen cuando queremos compatibilizar la creencia en la teoría de la evolución con nuestra fe en el Dios de la Biblia y en su Palabra revelada. Para tratar de lograrlo tendremos que fijar el momento en que Dios interviene en la historia de la formación de la humanidad, y el alcance de su actuación en la misma.

Intentemos imaginarnos un planeta tierra que desde su desolación más completa, con ausencia de todo tipo de flora y fauna, llega a través de muchos millones de años a poblarse con todo tipo de especies animales y vegetales. ¿Quiénes han gobernado la tierra y administrado sus recursos y posibilidades durante esos millones de años? Los seres más desarrollados que pueblan la tierra son animales de la familia de los simios pero incapaces a todas luces de equiparase a los seres humanos, y, por tanto, de iniciar algún tipo de actividad que represente el comienzo de la historia de la humanidad.

¿Qué ocurre, según los evolucionistas, para que surja el hombre? Que determinados simios, por las condiciones físicas en que viven, van evolucionando, no a peor, sino a mejor, no que se hagan más fuertes físicamente, o más hábiles para defenderse de otros animales, no sólo que se enderecen y se hagan bípedos, y se transformen físicamente a semejanza del hombre, sino que fundamentalmente se hacen más y más inteligentes, hasta configurar lo que es un ser humano con las tres dimensiones que citábamos arriba y que caracterizan a la vida humana.

Lo curioso y sorprendente es que esta ley evolucionista que convierte a unos simios en seres humanos, a otros, sin embargo, viviendo en las mismas condiciones, no les afecta, permaneciendo, a través de millones de años, invariables en cuanto a su animalidad hasta el día de hoy, que todavía no sean convertido en hombres, a pesar de los millones de años que dicen, los evolucionistas, que han pasado.

Los creyentes en Dios que todavía quieren contemporizar con la teoría de la evolución se enfrentan, pues, con la necesidad de establecer que Dios ha intervenido en un momento de la prehistoria eligiendo a una pareja de simios para crear, a partir de ellos, a la primera pareja humana perfecta que reúna todas las características que definen al ser humano como tal, es decir, su libre albedrío, conciencia, inteligencia, espiritualidad, capacidad de amar, etc. Sin embargo, esto todavía conlleva problemas, pues para los evolucionistas, la muerte existió desde el principio del mundo, y para un creyente, la muerte surge, al principio de la historia humana, como consecuencia de la acción de desobediencia ejercida con la libre voluntad de nuestros primeros padres, por lo que al separase e independizarse de Dios que es la causa, fuente y sustento de toda vida, provocaron que la muerte apareciese por primera vez.

Concluyo que como creyente, la teoría de la evolución no me es útil para avanzar en la fe, en el conocimiento de Dios, en su plan de salvación mediante la muerte expiatoria de su Hijo Jesucristo, en la reconciliación con Dios y con los demás seres humanos, pues al considerarme adoptado como hijo por Dios, me siento valioso y mi naturaleza humana se ennoblece, y se espiritualiza. Al sentirme, por tanto, miembro de la familia divina y humana, y tener como realidad ya obtenida la salvación y vida eterna, prosigo, como diría San Pablo (Fil. 3), al objetivo de una vida que progrese, en Cristo Jesús, en santificación hasta la muerte, o hasta la segunda venida de nuestro Señor en poder y gloria, manteniendo siempre la bienaventurada esperanza de que si la muerte nos alcanza antes de su venida, tenemos asegurada la resurrección por sus infalibles promesas.

Necesitamos, por tanto, para que el edificio de nuestro fe se mantenga firme contra toda tempestad, fundamentarnos, no en arena de la evolución, sino en la Roca de la eternidad que es Cristo, y en su Palabra que alumbra en las tinieblas de este mundo. No hay nada que explique mejor por qué existe la muerte, la maldad y el dolor en este planeta que la Biblia (véase, por ejemplo, Romanos 5:12 e.a.). Por tanto, no nos dejemos influir por los argumentos de la teoría de la evolución que sólo pueden conducirnos a rebajar nuestra condición y nuestras expectativas como criaturas de un Dios misericordioso que ha entregado a su único Hijo para que todo aquel que en él cree pueda tener vida eterna. Atendamos el consejo de Pablo a Timoteo: “(20) Oh Timoteo, guarda lo que se te ha encomendado, evitando las profanas pláticas sobre cosas vanas de la falsamente llamada ciencia, (21) la cual profesando algunos, se desviaron de la fe. La gracia sea contigo. Amen” (1 Tim. 6:20,21).

Si deseas hacer algún comentario a este estudio, puedes dirigirlo a la siguiente dirección de correo electrónico: carlosortsgmail.com

 

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La Teoría de Darwin (Primera Parte)

La Teoría de Darwin (Primera Parte)

Charles Darwin (1809-1882), nacido en una ciudad situada al oeste de Inglaterra, estaba destinado a ser sacerdote; pero se convirtió en un afamado naturalista y en un revolucionario científico, gracias a las investigaciones y profundos estudios sobre animales y plantas, que realizó durante toda su vida.

Sus conocimientos lo llevaron a elaborar la teoría evolucionista de la selección natural y a publicar sus descubrimientos e hipótesis en su libro “El Origen de las Especies”.

La teoría de Darwin sobre la evolución de las especies como un proceso natural en el que sobreviven los más aptos, fue criticada principalmente por los que sostenían y aún sostienen una postura filosófica creacionista; pero a pesar de la constante polémica que provocó su trabajo, la ciencia moderna se rige por este principio.

Como toda teoría científica, se mantienen en el misterio aún, muchos interrogantes. ¿Cómo se produce realmente la transformación de una especie en otra? ¿Qué elemento o factor material es el que la que la provoca? ¿Dónde están los eslabones perdidos que demuestren dicha transformación?

A través de sus extensos viajes, su curiosidad como naturalista lo llevó a inferir que los procesos biológicos no eran estables sino que se encontraban en una continua mutación, como resultado de un mecanismo de selección natural, a veces fortuito.

Sus observaciones lo convencieron que en el fenómeno de la vida las variaciones favorables tienden a mantenerse mientras las desfavorables terminan por destruirse; y el resultado de este proceso daría lugar a la formación de una nueva especie.

La teoría de Darwin niega la creación divina y afirma que los humanos descienden de los simios, ideas que eran demasiado radicales para esa época.

Se necesitó el apoyo de algunos científicos reconocidos que estuvieran de acuerdo con su teoría para enfrentar los ataques de los periódicos y las severas críticas y discusiones que provocaron la publicación de su libro.

El biólogo Thomas Huxley lo defendió enérgicamente ante las polémicas desatadas en el seno de sectores del cristianismo; y con el transcurso del tiempo logró el reconocimiento científico.

A su muerte recibio el honor póstumo de ser sepultado en la Abadía de Westminster, junto a los restos de Isaac Newton.

Alfred Russel Wallace había elaborado una teoría similar a través de un camino distinto, pero le cedió los derechos a Darwin por considerar que le correspondían, por haberle dedicado más tiempo que él a la teoría de la Selección Natural.

Wallace tenía conciencia que carecía de la paciencia y tesón que tenía Darwin y reconocía que jamás hubiera podido lograr convencer al mundo.

Darwin se casó a los treinta años con su prima Emma Wedgwood y fue un matrimonio bien avenido. Tuvieron diez hijos, tres de los cuales fallecieron durante la infancia.

Este incansable investigador fue un gran observador de la naturaleza, que incluso cuando tuvo a su primer hijo se dedicó a estudiar todas sus expresiones incorporándolas a los demás datos.

Fue un hombre de salud frágil que padecía de una enfermedad psicosomática que lo afectó toda su vida, desde su regreso del Beagle. Era un hombre metódico que cuando no estaba de viaje solía pasar largas horas en su invernadero observando sus animales y sus plantas.

El Origen de las Especies se publicó en 1859 y se agotó el primer día que salió a la venta. Posteriormente se publicaron seis ediciones más en su país que también se vendieron. Con el paso de los años fue editado muchas veces más y fue traducido a más de treinta idiomas.

Fuente: Colección Grandes Pensadores, “Darwin”, Ed. Planeta DeAgostini, España, 2006

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Benedicto XVI presenta una nueva relación fe-ciencia

Benedicto XVI presenta una nueva relación fe-ciencia
Da por superada la polémica sobre Galileo

CIUDAD DEL VATICANO, viernes 30 de octubre de 2009 (ZENIT.org).- Benedicto XVI propuso este viernes una nueva relación de colaboración entre fe y ciencia, en particular la astronomía, superando así la polémica que durante siglos ha provocado el caso de Galileo Galilei.

Según el Papa, la astronomía ha permitido y sigue permitiendo con sus descubrimientos comprender mejor el universo; por otra parte, la fe, permite también al científico descubrir las maravillas de la creación.

A esta conclusión llegó al recibir este viernes a un grupo de astrónomos de todo el mundo, que participan en un encuentro promovido por el Observatorio Astronómico Vaticano con motivo del Año Internacional de la Astronomía.

Este Año Internacional ha sido convocado por la UNESCO con motivo de la invención, hace cuatrocientos años, del telescopio de Galileo.

La reunión coincide con la inauguración de las nuevas instalaciones del Observatorio Vaticano, dirigido por el astrónomo y sacerdote jesuita argentino, José Gabriel Funes, en Castel Gandolfo, a unos 30 kilómetros de Roma.

“Como ustedes saben, la historia del Observatorio está vinculada de una forma muy real a la figura de Galileo, a las controversias que rodearon su investigación, y al intento de la Iglesia por lograr una comprensión correcta y fructífera de la relación entre ciencia y religión”, reconoció el Papa en su discurso pronunciado en inglés.

Por este motivo, aprovechó el encuentro para expresar su gratitud “no sólo por los cuidadosos estudios que han aclarado el contexto histórico preciso de la condena de Galileo, sino también por los esfuerzos de todos aquellos comprometidos con el diálogo permanente y la reflexión sobre la complementariedad de la fe y la razón, al servicio de la una comprensión integral del hombre y de su lugar en el universo”.

El caso de Galileo ha podido ser aclarado gracias a la comisión de estudio, que creó Juan Pablo II desde el 3 de julio de 1981 hasta el 31 de octubre de 1992, año del 350° aniversario de la muerte de Galileo.

El cardenal Paul Poupard, presidente emérito del Consejo Pontificio para la Cultura, coordinó las investigaciones desde el principio hasta el final, descubriendo cómo hubo errores evidentes en el proceso, pero al mismo tiempo constató que se ha manipulado en muchos libros de historia para dar una imagen de la Iglesia como “enemiga de la ciencia”, según aclaró recientemente el mismo purpurado francés a ZENIT (Cf.“Galileo y el Vaticano: Un caso nunca archivado”).

Benedicto XVI constató ante los astrónomos que “la cosmología moderna nos ha demostrado que ni nosotros, ni la tierra que pisamos, es el centro de nuestro universo, compuesto por miles de millones de galaxias, cada una de ellas con miríadas de estrellas y planetas”.

“Sin embargo, al tratar de responder al reto de este año –el de levantar los ojos al cielo para redescubrir nuestro lugar en el universo– ¿cómo no podemos quedar atrapados en la maravilla expresada por el salmista hace tanto tiempo?”, cuando se preguntaba “Al ver tu cielo, hechura de tus dedos, la luna y las estrellas que fijaste tú, ¿qué es el hombre para que de él te acuerdes, el hijo de Adán para que de él te cuides?” (Salmo 8,4-5).

El pontífice confesó su esperanza en que “el asombro y exaltación que están destinados a ser los frutos de este Año Internacional de la Astronomía lleven más allá de la contemplación de las maravillas de la creación a la contemplación del Creador, y del amor, que es el motivo subyacente de la creación”.

Las celebraciones del Año Internacional de la Astronomía están teniendo lugar entre el 30 y el 31 de octubre. Las celebraciones incluyen una conferencia del profesor John Huchra del Centro Harvard-Smithsonian para Astrofísica y presidente de la Sociedad Astronómica Estadounidense.

El programa incluye un una visita a la Torre de los Vientos, en el Vaticano, construida en 1582, uno de los primeros observatorios astronómicos de historia, realizado con motivo de la reforma del Calendario Gregoriano, en 1582.

Los astrónomos puede visitar también los Archivos Secretos Vaticanos, y la exposición “Astrum 2009”, en los Museos Vaticanos, que presenta 130 piezas históricas, incluidos manuscritos originales de Galileo.

zenit.org

La Clave del Misterio de la Vida 10

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