¿Existe conflicto entre Ciencia y Fe?

¿Existe conflicto entre Ciencia y Fe?

Mientras que para la Iglesia Católica no existe motivo alguno para un conflicto entre fe y ciencia, existen muchos científicos que se han empeñado en señalar la imposibilidad de entablar un diálogo sano entre ambas. Un estudio publicado en Estados Unidos mostraría que el problema no sería por causa de la fe ni de la ciencia, sino más bien de algunos científicos, quienes en su mayoría rechazan el dato revelado y se declaran ateos. con sus consecuentes prejuicios y vicios metodológicos.

El Informe

El informe elaborado por los historiadores Edward Larson de la Universidad de Georgia y Larry Witham del Instituto Discovery de Seattle, reveló que sólo el 40 por ciento de los científicos en Estados Unidos cree en un ser supremo y en la existencia de una vida después de la vida, mientras que la mayoría rechaza la sola posibilidad de la existencia de un ser trascendente. Así, según el informe, el 45 por ciento de científicos encuestados niega la existencia de Dios y se declara atea, mientras que un 15 por ciento de “indecisos” se declara agnóstico.

Siguiendo a Leuba

Las cifras, publicadas en la revista científica Nature, coincidieron sorprendentemente con unas presentadas por el investigador James Leuba, hace más de ocho décadas, en 1916. Tal como lo hiciera Leuba a principios de siglo, los dos historiadores realizaron encuestas a 1.000 personas elegidas del American Men and Women of Science, que consigna una relación general de los científicos norteamericanos.

Las cifras

Los científicos respondieron a preguntas acerca de si creían en la existencia de un Dios que responde a las plegarias, en la inmortalidad del hombre, o en la vida después de la muerte. Sorprendentemente los resultados coincidieron con los de Leuba: la mayoría de científicos se proclama abiertamente ateo y niega las verdades fundamentales de la fe. En efecto, en ambas encuestas, cerca del 45 por ciento se declaran “ateo” y el 15 por ciento “agnósticos”.

La única diferencia entre la investigación de principios de siglo y la de Larson y Witham está en la distribución de los creyentes en las diferentes disciplinas. Así, mientras que en 1916 los más escépticos frente a la existencia de Dios fueron los biólogos con un 69,5 por ciento; en el reporte de Larson y Witham, la mayoría atea se ubicó entre los físicos y astrónomos.

Prejuicios

De este modo, mientras que la gran mayoría de los norteamericanos se reconoce creyente, en el ambiente científico domina el escepticismo. Así, el trabajo de Larson y Witham vendría a comprobar una vez más el hecho de que muchos científicos tienen ya prejuicios acerca de algunas verdades que enseña la fe tales como la creación, la vida después de la vida o la existencia de Dios, sobre las cuales la ciencia no tiene competencia.

Una muestra de la existencia de este tipo de prejuicios es un episodio producido en Australia y que raya con lo tragicómico. Recientemente un geólogo australiano demandó judicialmente a una compañía que elabora y provee material educativo cuyos contenidos presentan la creación como hecho histórico. En efecto, la institución Creation Science Foundation enfrentó un juicio porque un profesor de geología de la Universidad de Melbourne, Ian Plimer, cree que hablar de la creación como un hecho es simplemente “anticientífico”. La fundación científica demandada ha afirmado no tener ningún problema en someter el tema al examen de una entidad científica “neutral” que demuestre la veracidad de sus afirmaciones en el plano meramente científico. El problema ahora será encontrar una institución auténticamente neutral, ya que para muchos científicos lo “neutral” es justamente la incredulidad, mientras que la fe es una “distorsión”.

Vicio metodológico

Científicos cercanos a la Creation Science Foundation señalan que “la radicalidad del punto de partida ateo revela prejuicios que pueden distorsionar el propio trabajo científico” y destacan que “el informe de Larson y Witham es otro botón de muestra de cómo los científicos suelen adoptar el ateísmo como una postura natural del quehacer científico, cuando en realidad es un vicio de método que ha llevado a desarrollar la ciencia en términos materialistas a lo largo de este siglo”.

Fuente: http://www.aciprensa.com/controversias/ciencia-fe.htm

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Necesitará la ciencia una reforma (II)

Necesitará la ciencia una reforma (II)

Autor: Paulo Arieu

LOS ORÍGENES DE LA CIENCIA

¿De dónde viene en realidad la ciencia? Todo comenzó alrededor de seis siglos antes de Cristo con los filósofos griegos, que comenzaron a buscar una respuesta no teológica para la existencia de la vida y el orden del mundo natural. Se hicieron esfuerzos en una dirección protocientífica. Sin embargo, los griegos nunca desarrollaron nada que se parezca a la ciencia moderna. De lo contrario, ¡hubiéramos tenido la edad nuclear y espacial en el año 100 a.C.! La mentalidad griega miró mayormente hacia el mundo natural como un simple ejercicio para la magnífica razón griega, No debía cambiarse el mundo, ni debiera usarse; simplemente debía entendérsele. Todo era un juego de ejercicio mental. Así ellos aplicaron a la naturaleza los sistemas de deducción racional que desarrollaron y aparecieron con muchos hechos grandes e interesantes. Pero esto nunca desarrolló «la era científica».

El doctor Malcolm Jeeves, en su libro The Scientific Enterprise and the Christian Faith [La empresa científica y la fe cristiana hace la pregunta de por qué los griegos nunca avanzaron en sus indagaciones científicas. Señala que una única mezcla del pensamiento griego con una versión muy particular del cristianismo, sobre todo la fe reformada, dio origen a la ciencia moderna.

Jueves escribe: Fue con el redescubrimiento de la Biblia y su mensaje en la época de la Reforma que el desarrollo de la ciencia cobró nuevos ímpetus. Estos nuevos impulsos, corriendo juntos con todo lo mejor del pensamiento griego, fueron a producir la mezcla exacta que desataría la reacción en cadena que llevaría a la explosión de conocimiento que comenzó a principios de la revolución científica, en el siglo dieciséis, y que continúa avanzando con cada vez mayor auge en la actualidad.[3]

No solo la ciencia no se desarrolló con los griegos, sino que tampoco se originó con los hebreos por la simple razón de que para los hebreos, como se puede ver en los Salmos, el mundo natural era simplemente una oportunidad para alabar al Creador. «Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos» (Salmo 19.1).

Tampoco pudo la ciencia moderna provenir de los árabes debido a la religión musulmana. Los escritos de Aristóteles, cuando se perdieron para el mundo occidental desde alrededor del 500 d.C. hasta el 1100 d.C., fueron mantenidos por los árabes del norte de África y finalmente reintroducidos en Europa en los años 1100 y 1200. Aristóteles, a diferencia de Platón, tenía una filosofía que podía prestarse al tipo de estudio científico porque era más inductivo que el razonamiento deductivo de Platón. Platón podía llegar a un ideal y deducir toda clase de cosas de él. Aristóteles tendía a mirar a las particularidades e inducir principios a partir de ellos, basándose en los pensamientos de Aristóteles, a los cuales habían tenido acceso, los árabes —incluidos los cristianos Nestorianos— en la Edad Media hicieron en general mucho mayores avances en la ciencia y las matemáticas que los europeos.

Durante todo ese tiempo los árabes tampoco introdujeron ni crearon ciencia real alguna. ¿Por qué? A causa de su religión; del fatalismo que domina la fe musulmana. Como todo está fatalmente determinado, obviamente no tiene sentido tratar de manipular el mundo natural para cambiar algo, puesto que todas las cosas son Inmutables.

La ciencia nunca habría podido llegar a existir entre los animistas de África Central o del Sur u otros muchos lugares del mundo porque ellos nunca hubieran comenzado a experimentar en el mundo natural, ya que todo —desde las piedras, árboles, animales hasta cualquier cosa— contenían en sí espíritus vivientes de varios dioses y ancestros.

La ciencia tampoco habría podido originarse en la India entre los hindúes ni en China entre los budistas porque tanto el hinduismo como el budismo enseñan que el mundo físico es irreal y que la única realidad es la del alma del mundo y que lo más grande que todos debemos aprender es que el mundo físico no es real. Por lo tanto, no habría tenido sentido invertir la vida de uno neciamente en aquello que, en primer lugar, carece de realidad.

La ciencia esperó la llegada del cristianismo, tomó varios de los diferentes esfuerzos y los entretejió para producir en el siglo dieciséis el fenómeno que conocemos como ciencia moderna. Esto fue gracias a muchas enseñanzas fundamentales del cristianismo. Ante todo está el hecho de que hay un Dios racional quien es la fuente de toda verdad y que este mundo es un mundo racional. Esto ofreció la posibilidad de leyes científicas.

Es interesante notar que la ciencia no podía originarse en el concepto filosófico que prevalece en el mundo actual. La filosofía prevaleciente en el mundo occidental de hoy es el existencialismo, el cual es irracional. Sería imposible para la ciencia desarrollarse en un mundo irracional porque ella se basa en el hecho de que si el agua hierve a los cien grados hoy, hervirá a los cien grados mañana y lo mismo ocurrirá el día siguiente, y que hay ciertas leyes y regulaciones que controlan el universo. Todo esto se origina en el concepto cristiano del Dios que creó el mundo; un Dios racional que ha creado un mundo racional.

EL MANDATO CULTURAL.

Otro concepto que el cristianismo originó es el «mandato cultural» de Génesis que hemos citado al inicio de este capítulo, en el que Dios mandó al hombre, desde el principio, a tener dominio sobre la tierra. Los cristianos en el siglo dieciséis, por primera vez, tomaron en serio y trabajaron sistemáticamente en las implicaciones del señorío de Cristo sobre todos los reinos de la tierra. Si Jesucristo Ira a ser Rey en toda la tierra; si fuera Rey de reyes y Señor de Señores; si su reino fuera a gobernar sobre toda la tierra; si su reino ira a estar no solo en el corazón de los hombres sino en todas las esferas de la sociedad humana; si Cristo fuera a ser el todo en todos y si todas las cosas que se hallan en el mundo natural estuvieran allí para la gloria de Dios y para beneficio del hombre, su compañero, entonces el hombre tendría dominio sobre todo ello. Lo hubiera tomado, modelado y usado para su propio beneficio, el de prójimo y para la gloria de Dios. El mundo no estaba aquí simplemente para que se le entendiera como pensaban los griegos, para que condujera a la adoración como pensaban los hebreos; tampoco para que se le negara como pensaban los hindúes ni para que se le adorara como pensaban los animistas, sino que estaba aquí como la creación de un gran Creador, hecho para su gloria y para nuestro bien.

Otro concepto fundamental que condujo hacia la ciencia fue la letrina del pecado. Llegó a quedar en claro que el hombre es pecador y esta pecaminosidad del hombre y su total depravación se tomaron en serio por primera vez. Los reformadores del siglo dieciséis comprendieron que todas las facultades del hombre, incluso su mente, eran depravadas; por tanto, no podemos depender de la razón humana exclusivamente para llegar a toda la verdad como los griegos orgullosamente habían supuesto. A causa de la pecaminosidad del hombre y su propensión a torcer las cosas de acuerdo con sus propios deseos, era necesario para la razón ser respaldada por la experimentación. La ciencia, usted puede recordar, es una mezcla de razón y experimentación, de racionalismo y empiricismo. Es esta combinación de deducción e inducción que a llevado a la ciencia y a todas sus conquistas. Por tanto, todo racionalismo debía ser respaldado por el experimento. Pero el cristiano, sobre todo el calvinista, tomando muy seriamente la total depravación del hombre, pensó que aun la experimentación pudiera tergiversarse para propósitos pecaminosos. Por tanto, esto debía ser siempre evaluado a la luz de las Escrituras porque los cristianos creían que Dios se había revelado en dos libros: El libro de la naturaleza y el de las Escrituras; es decir, una revelación general y una revelación especial. El hombre a quien se ha acreditado haber desarrollado el método científico, Francis Bacon, lo resumió completamente cuando escribió: «Hay dos libros puestos ante nosotros para estudiar y evitar caer en error: En primer volumen de las Escrituras que revelan la voluntad de Dios; el volumen de las criaturas, que expresan su poder».[4]

Y así, el estudio profundo de estos dos libros — la creación y la palabra escrita del Creador — hizo surgir la ciencia moderna.

LAS RAÍCES CRISTIANAS DE LA CIENCIA MODERNA

La ciencia moderna comenzó — observa Francis Schaeffer cuando el concepto de Aristóteles del universo se puso en tela de juicio científicamente.[5] ¿Que era lo que estaba en juego en la revolución de Copérnico? Muchos librepensadores modernos dirán: una cosmología bíblica. En realidad, fue una cosmología aristotélica que fue sacudida hasta la médula por Copérnico. Solo por imponer el pensamiento de Aristóteles sobre la Biblia, la iglesia, erróneamente y mal guiada, pudo censurar a Galileo en 1632.

Schaeffer dice: Puede decirse que se estableció el fundamento de la ciencia moderna en Oxford, cuando allí los eruditos atacaron las enseñanzas de Tomás de Aquino probando que su suprema autoridad, Aristóteles, había cometido ciertos errores acerca del fenómeno de la naturaleza[…] Cuando la Iglesia Romana atacó a Copérnico y Galileo (1564-1642), no fue porque sus enseñanzas tuvieran algo contrario a la Biblia. Las autoridades de la iglesia pensaron así, pero fue porque algunos elementos aristotélicos habían llegado a ser parte de la Ortodoxia de la iglesia y las teorías de Galileo claramente Hitaban en conflicto con ellas. En realidad, Galileo defendió Ha compatibilidad de Copérnico y la Biblia y este fue uno de los factores que condujeron a su juicio.[6]

En años recientes la Iglesia Católica Romana se disculpó públicamente por su censura a Galileo, y el Papa afirmó el importante lugar de la ciencia en nuestra vida.

PROTESTANTISMO Y CIENCIA

James Moore, de la Universidad Abierta en Milton Keynes, Inglaterra, escribe que hay una «clara y plausible evidencia de que el protestantismo dio origen a la ciencia moderna».[7] Por ejemplo, los luteranos tuvieron gran participación en el financiamiento, la publicación y la distribución del libro de Copérnico De Revolutionibus.[8] Moore señala que en el siglo sexto, los luteranos, entre ellos Johannes Kepler, ayudaron a preparar el camino para el desarrollo y en el siglo diecisiete los calvinistas tomaron la delantera.

Una de las grandes organizaciones que ayudaron a propulsar la ciencia y los avances científicos fue la Sociedad Real de Londres para Perfeccionar el Conocimiento Natural, fundada en 1660. La mayoría de sus miembros eran cristianos profesantes. La Sociedad leal comenzó en un colegio cristiano, Gresham College de Londres. En realidad, Gresham era un colegio puritano; por tanto, era de orientación puramente bíblica.

Moore escribe: Allí (en el Colegio Gresham) en 1645, Theodore Haask, inspirado por el educador moravo J. A. Comenio,[9] comenzó reuniones informales que, en 1661, llegaron a ser la Sociedad Real de Londres. Siete de los diez científicos que formaban el núcleo de esas reuniones eran puritanos. En 1663, el sesenta y dos por ciento de los miembros de la Sociedad Real eran puritanos de origen, en una época en que estos eran una pequeña minoría en Inglaterra.[10]

Moore concluye que la razón exacta por la cual el protestantismo «alentó el origen de la ciencia moderna» está en disputa que algunos historiadores ven el énfasis protestante en el sacerdocio de todos los creyentes como un factor significativo. También señala que hubo importantes científicos de los siglos dieciséis y diecisiete que eran católicos romanos.[11]

PIONEROS DE LA CIENCIA: CRISTIANOS CONSAGRADOS

Algunos de los más grandes pioneros de la ciencia fueron cristianos consagrados. Johannes Kepler (1571-1630) acuñó la frase que constituye el título de este capítulo: «Pensando los pensamientos de Dios a su manera». Cuando un científico está comprometí en el estudio de la naturaleza, está investigando qué leyes Dios estableció en ella. Kepler escribió: «Como los astrónomos son sacerdotes del Dios Altísimo en relación con el libro de la naturaleza, nos conviene considerar, no la gloria de nuestras mentes, sino la gloria de Dios».[12] Kepler escribió en The Mystery of the Universe [El Misterio del Universo]: «Ahora, como Dios el Creador jugó, enseñó el juego a la naturaleza, la cual creó a su imagen».[13]

Otro piadoso pionero de la ciencia fue Blas Pascal (1623-1662),cuyo trabajo fue tan importante que incluso ahora un lenguaje de computadora lleva su nombre. Pascal no solo hizo innovaciones en matemáticas, la ciencia de las probabilidades e inventó el primer metro, sino que también fue un cristiano devoto de una secta particular de Francia conocida como los Jansenitas. Estos fueron un grupo calvinista quasi protestante dentro de la iglesia católica»[14] Pascal escribió un clásico devocional cristiano, conocido como los Pensamientos, el cual es una defensa de la fe cristiana. Pascal escribió: La fe nos dice lo que los sentidos no pueden, pero no es contraria a sus descubrimientos. Ella simplemente los trasciende sin contradecirlos».[15]

Pascal usó su mente científica para hacer una convincente apologética del cristianismo. Escribió: «Jesucristo es la única prueba del Dios viviente. Solo conocemos a Dios por medio de Jesucristo».[16] Pascal señala que el conocimiento que tenemos acerca de Dios trasciende lo que podemos detectar con nuestras mentes.

El Dios de los cristianos no consiste simplemente en un Dios autor de verdades matemáticas y del orden de los elementos. Esa es la teoría de los paganos y epicúreos[…] Pero el Dios de Abraham, Dios de Isaac, el Dios de Jacob, el Dios de los cristianos, es un Dios de amor y consolación.[17]

Otro gran científico que veía la ciencia como pensando los pensamientos de Dios fue Isaac Newton (1642-1727) quien escribió copiosamente tanto sobre teología como sobre ciencia. Newton es bien conocido por su piedad, aunque abrigaba algunas dudas. Mientras a veces es tenido por Unitario[18], profesaba creer en Cristo y en su mensaje de salvación.[19]Newton tenía una sólida fe en Dios que apuntalaba su perspectiva científica. Escribió en Principio «Este hermoso sistema solar, planetas y cometas solo puntan proceder del consejo y dominio de un Ser todopoderoso e inteligente».[20] Francis Schaeffer señala que los humanistas se lamentan que Newton, hacia el final de su vida, invirtió mucho más tiempo escribiendo acerca de la Biblia que estudiando la creación independiente del Creador.[21] Esta crítica es predicada sobre la convicción de que la ciencia y las Escrituras son incompatibles, pues que fue la Biblia la que hizo surgir la ciencia moderna Newton dijo: «Tengo una fe fundamental en la Biblia como la Palabra de Dios, escrita por hombres que fueron inspirados. Estudio la Biblia diariamente».[22]

Este gran científico tenía esto que decir sobre el tema de la incredulidad: «El ateísmo es completamente insensato. Cuando contemplo el sistema solar, veo la tierra a la distancia exacta del sol para que recibamos la cantidad apropiada de calor y luz. Eso no ocurrió por casualidad».[23]

Otro gran científico cristiano fue Michael Faraday (1791 -1867) Faraday hizo sus más grandes contribuciones al estudio de la electricidad. Descubrió la inducción electromagnética e inventó el generador.[24]Schaeffer observa que Faraday perteneció a un grupo de comunión cristiana de científicos cuya posición era; «Donde las Escrituras hablan, hablamos; donde las Escrituras callan,callamos»[25] Fue miembro activo de su iglesia que daba una gran importancia a la Biblia y se dice de él que tuvo una sólida fe viviente» en la Biblia y la oración.[26]

¿La ciencia tiene una meta?

¿Adónde va la ciencia? Los científicos estudiaron el mundo de las moléculas y de los átomos, inquirieron en el cosmos y evaluaron los inmensos espacios de las galaxias. Empiezan a entrever el funcionamiento de la vida biológica. Exploran el cerebro. Nada parece detenerlos… ¿Pero adónde va a parar la ciencia? Nadie lo sabe.

¿Qué quiere hacer con el hombre? Nadie lo dice. Los investigadores están ansiosos por conocer y avanzan con el entusiasmo de la búsqueda. ¿Cuál será el resultado? Lo ignoran, ¡pero a pesar de todo avanzan! Algunos se detienen perplejos, pero la mayoría prosigue, aún más encarnizada…

Esta constatación nos recuerda un versículo de la Biblia: “Conozco, oh Señor, que el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos” (Jeremías 10:23). Al hombre moderno se le hace creer que es el resultado del azar, que avanza por casualidad y por eso no puede conocer su meta ni conducirse con sabiduría.

¡Pero no somos el fruto del azar! Dios concibió un plan eterno; nada ni nadie lo puede obstaculizar. Él rigió este plan antes de que el hombre estuviera en la tierra. Si confiamos en él, nos conducirá en nuestras vidas. De todos modos llevará a cabo su plan para con los que creen en él. Confiamos en Aquel a quien aprendimos a conocer como siendo el amor mismo.

La neurociencia cuestiona el materialismo imperante

La neurociencia cuestiona el materialismo imperante

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Si se puede demostrar que la mente gobierna el cerebro, es que existe una realidad no material

La revista The Global Spiral publica una reseña del último libro del neurólogo canadiense Mario Beauregard. Esta obra revisa las viejas cuestiones sobre la realidad material, la realidad inmaterial y Dios desde la perspectiva de la neurociencia, estableciendo en esta rama científica dos posturas contrapuestas: la materialista (que cree que no hay nada más allá del cerebro) y la no materialista (que cree que mente y cerebro son dos cosas distintas). Experimentos realizados por Beauregard han demostrado empíricamente que la mente puede gobernar y transformar el cerebro lo que, según él, significa que la materia no es lo único que existe. Esa realidad in-material es, para el científico, consistente con la idea de la existencia de Dios. Pero, señala Beauregard, dicha existencia no será nunca constatada sino tan sólo inferida, porque Dios no puede convertirse en objeto de estudio. Por Yaiza Martínez.

La neurociencia cuestiona el materialismo imperante
Mario Beauregard, director del Laboratorio de Investigación Mente/Cerebro (MBRL) de la Universidad de Montreal, en Canadá, ha publicado recientemente, junto a la periodista especializada en religión y ciencia,Denyse O’Leary, el libro The Spiritual Brain: A neuroscientist’s case for the existence of the soul.

La obra, según explica The Global Spiral, publicación del Instituto Metanexus, explora un debate muy antiguo, en este caso llevado a un contexto moderno: el contexto científico.

Desde esta perspectiva, a las viejas preguntas se les dan nuevos matices: ¿somos los seres humanos algo más que materia y energía?; ¿estamos dotados de un aspecto no material llamado espíritu o alma?; ¿qué pasa con las experiencias religiosas?, ¿son reales o, simplemente, fruto de una actividad cerebral anómala?; ¿es el misticismo un estado elevado de conciencia o sólo una alucinación? ¿qué es nuestra conciencia: la reunión de miles de millones de neuronas o algo que conecta con el universo?

Y es que el aún creciente auge del contexto racionalista y científico cuestiona las verdades religiosas e intenta exiliar a Dios de la cultura humana; mientras que las posturas materialistas, por su parte, hacen que se trivialicen los valores morales, señala The Global Spiral.

Posturas contrapuestas

Concretamente, en el terreno de la neurología, existe una gran división respecto a estas grandes y eternas preguntas. La mayoría de los neurocientíficos, los científicos cognitivos y los biólogos, se aferran a la visión científica tradicional, señalando que fenómenos como el alma o Dios no son más que los chispazos de un cerebro complejo, al igual que lo serían otras alucinaciones y fantasías del ser humano.

Por otro lado, también existen pensadores, entre ellos científicos, que no ven así las cosas. Es el caso de Beauregard, neurólogo que, hace unos años por ejemplo, investigó a un grupo de monjas carmelitas, recopilando según él evidencias de que las experiencias religiosas tienen un origen no-material y que no provienen del cerebro.

Como él, algunos científicos creen que la mente es algo más que las macromoléculas, y que la dimensión espiritual del ser humano existe aunque no contemos con el método apropiado para conocerla.

El libro escrito por Bauregard y O’Leary explora los intentos más recientes por parte de la ciencia de localizar el “gen de Dios”, y defiende que nuestro cerebro está estructurado para la religión y que, por tanto, los intentos para reducir las experiencias espirituales a un fenómeno puramente material están mal enfocados.

Materialismo insuficiente

Según los autores, muchos científicos ignoran evidencias que desafían a los prejuicios materialistas que les impelen a pensar que nuestras experiencias son explicables sólo por causas materiales, y que el mundo físico es la única realidad.

Pero ese materialismo científico no puede explicar por sí solo fenómenos irrefutables como la intuición, la fuerza de voluntad, el efecto placebo en medicina o las experiencias cercanas a la muerte, señalan los científicos.

The Spiritual Brain explora, en definitiva, las últimas investigaciones neurológicas al respecto de todos estos fenómenos más allá de la materia, en un intento de contradecir la perspectiva más extendida, la materialista.

Para ello, los autores han vertido en la obra numerosas citas de autoridades en la materia y han presentado argumentos, según The Global Spiral, bastante persuasivos, sobre lo inadecuado del paradigma materialista actual para la interpretación y el conocimiento de diversas materias.

Neurociencia y Dios

Todas estas ideas las expresó Beauregard en una entrevista publicada por HarperCollins. En ella, el neurólogo explicaba cómo la neurociencia no científica demuestra que la mente es real y puede cambiar el cerebro.

El neurocientífico afirmó haber demostrado, con otros neurocientíficos, cómo la mente influye en el cerebro a través de técnicas de registro de imágenes de la actividad cerebral. Estas técnicas demostraron el poder de la voluntad sobre el cerebro, con participantes que controlaron sus pensamientos tristes o las respuestas eróticas ante imágenes estimulantes en este sentido.

En cuanto a la pregunta sobre si la neurociencia puede demostrar la existencia de Dios, Beauregard señaló que no, porque Dios no puede convertirse en un objeto de la investigación científica, pero el científico opina que determinados fenómenos que ocurren en la mente, como la telepatía, pueden ser consistente con la creencia en una realidad más allá de la materia, y esta creencia podría ser consistente a su vez con la creencia en la existencia de Dios.

En Tendencias21 ya publicamos un artículo en 2007 sobre los estudios de Beauregard y otros neurocientíficos canadienses acerca de las redes neuronales implicadas en las experiencias místicas de las monjas carmelitas.

Fuente:

miércoles 17 Septiembre 2008

Teoría de Kepler sobre la estrella de Belén, avalada por la arqueología y astronomía

Teoría de Kepler sobre la estrella de Belén, avalada por la arqueología y astronomía

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Lunes 22 de Diciembre del 2008
Ciencia y Tecnología
 España

MADRID, España (El Manifiesto/ACPress.net) Una curiosa y extraordinaria revelación arqueológica se encuentra contenida en una tablilla acuñada en caracteres cuneiformes en el Museo estatal de Berlín. Se trata de un auténtico documento astronómico y astrológico que revela la existencia de una conjunción de Júpiter y Saturno en la constelación de Piscis en el año 7 antes de Cristo.

Existen muchas hipótesis sobre la estrella que vieron los sabios o magos de Oriente (“magoi” en griego era la palabra con que se denominaba a la casta de sacerdotes persas y babilonios que se dedicaban al estudio de la astronomía y de la astrología) y que les llevó a afrontar según la Biblia un viaje de más de mil kilómetros con el objetivo de rendir homenaje a un recién nacido. La teoría que que ahora les relatamos y es sin duda una de las más verosímiles. 

Hay eruditos y científicos que están convencidos de que la ”estrella de Belén” fue real y se corresponde con lo que conocemos hoy como el planeta Júpiter. Para apoyar esta conclusión han hecho falta detalles para los que se ha recurrido a la astronomía y la historia, algo que ya adelantó en su tiempo el conocido científico y astrónomo alemán Johannes Kepler. 

Lo que ahora se sabe es que existen grandes coincidencias entre los datos de la conjunción astral sumamente inusual que contiene una antigua tablilla -guardada en el Museo estatal de Berlín- y el relato bíblico del nacimiento de la estrella de Oriente que anunciaba el nacimiento de Jesús. Algo que ya el astrónomo Kepler había adelantado como teoría, resultado de sus estudios pero sin el apoyo de este hallazgo arqueológico, producido en 1925.

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“Vinieron… unos magos, diciendo: ¿Dónde está
el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella
hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle” (Mateo 2:2).

¿QUÉ AÑO NACIÓ JESÚS?

Los Evangelios enmarcan el nacimiento de Jesús en tiempos del censo ordenado por César Augusto, cuando Quirino era gobernador de Siria, y en los últimos años del rey Herodes, quien falleció en el mes de marzo del año 4 a.C. Para los historiadores, Jesús nació pues unos siete años antes del año «0» del calendario actual. 

El evangelista Mateo (2:2) pone en relación el evento del nacimiento de Jesús en Belén y la adoración de los “sabios de Oriente” con la aparición de una estrella particularmente luminosa e inusual en el cielo de Palestina. 

Y es precisamente en relación a este momento que la tablilla de arcilla ofrece un testimonio particular que apoya en muchos detalles una teoría sobre la veracidad del relato bíblico en lo que concierne a la señal de la estrella de Oriente. Algo ya conocido, pero que traemos como información al hilo de las fechas que se celebra la Navidad en todo el mundo, y con el 6 de enero como “día de los reyes de Oriente”. 

APORTACIONES DE LA ASTRONOMÍA

Fue el 17 de diciembre de 1603 cuando Johannes Kepler, el conocido astrónomo y matemático de la corte del emperador Rodolfo II de Habsburgo, al observar con un modesto telescopio desde el castillo de Praga el acercamiento de Júpiter y Saturno en la constelación de Piscis, se preguntó por primera vez si el Evangelio no se refería precisamente a ese mismo fenómeno.

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Johannes Kepler.

Con esta idea hizo concienzudos cálculos hasta descubrir que una conjunción de este tipo tuvo lugar en el año 7 a.C. Recordó también que el famoso rabino y escritor Isaac Abravanel (1437-1508) había hablado de un influjo extraordinario atribuido por los astrólogos hebreos a aquel fenómeno: el Mesías tenía que aparecer durante una conjunción de Júpiter y Saturno en la constelación de Piscis. Kepler habló en sus libros de su descubrimiento, pero la hipótesis cayó en el olvido, perdida entre su inmenso legado astronómico. 

Faltaba una base científica clara. Llegó en 1925, cuando el erudito alemán P. Schnabel descifró anotaciones neobabilonias de escritura cuneiforme acuñadas en una tabla encontrada entre las ruinas de un antiguo templo del sol, en la escuela de astrología de Sippar, antigua ciudad que se encontraba en la confluencia del Tigris y el Éufrates, a unos cien kilómetros al norte de Babilonia. La tablilla se encuentra ahora en el Museo estatal de Berlín. 

Entre los numerosos datos de observación astronómica sobre los dos planetas, Schnabel encuentra en la tabla un dato sorprendente: la conjunción entre Júpiter y Saturno en la constelación de Piscis tiene lugar en el año 7 a.C.. Además, se produjo una circunstancia excepcional para un hecho ya de por sí nada frecuente: la conjunción se repitió en tres ocasiones durante un periodo de tiempo de unos pocos meses: del 29 de mayo al 8 de junio; del 26 de septiembre al 6 de octubre; del 5 al 15 de diciembre. Además, según los cálculos matemáticos, esta triple conjunción se vio con gran claridad en la región de la cuenca del Mediterráneo. 

UNA PREGUNTA VEROSÍMIL

Si este descubrimiento se identifica con la estrella de Navidad de la que habla el Evangelio de Mateo, el significado astrológico de las tres conjunciones hace sumamente verosímil la decisión de los sabios-magos de emprender un largo viaje hasta Jerusalén para buscar al Mesías recién nacido.

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“Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre
María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros,
le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra” (Mateo 2:11).

Según explica el prestigioso catedrático de fenomenología de la religión de la Pontificia Universidad Gregoriana, Giovanni Magnani, autor del libro “Jesús, constructor y maestro” (Gesú costruttore e maestro, Cittadella, Asís, 1997), “en la antigua astrología, Júpiter era considerado como la estrella del Príncipe del mundo y la constelación de Piscis como el signo del final de los tiempos; y el planeta Saturno era considerado en Oriente como la estrella de Palestina. Cuando Júpiter se encuentra con Saturno en la constelación de Piscis, significa que el Señor del final de los tiempos se aparecería ese año en Palestina. Con esta expectativa llegan los sabios-magos a Jerusalén, según el Evangelio de Mateo 2:2”. “¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle”, preguntan los magos a los habitantes de Jerusalén y después a Herodes. 

La excepcional triple conjunción de los dos planetas en la constelación de Piscis explica también la aparición y la desaparición de la estrella a los ojos de los observadores, un dato que coincide claramente con el relato del Evangelio. 

Además, la tercera de estas conjunciones de Júpiter y Saturno, unidos como si se tratara de un gran astro único, tuvo lugar del 5 al 15 de diciembre. En el crepúsculo, la intensa luz podía verse al mirar hacia el Sur, de modo que los Magos de Oriente, al caminar de Jerusalén a Belén, la tenían en frente. La estrella parecía moverse, como explica el Evangelio, “delante de ellos” (Mateo 2:9). 

UN LARGO VIAJE

Por todas las razones expuestas en esta teoría que estamos analizando, los Magos habrían visto esos eventos como una señal especial en el cielo. El viaje fue largo, por lo que para al momento en que llegaron los sabios-magos a Belén -unos 15 meses después de iniciar el viaje- entonces Jesús no era ya un recién nacido, sino un niño pequeño”, dice Martin. 

Aunque, sin embargo, todas esas teorías sobre la “estrella de Belén” pueden ser un interesante ejercicio intelectual, pero para el Cristianismo lo esencial es que la historia de la estrella señala como centro de la Historia de Dios a Jesús.

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Lea la biografía de Johannes Kepler, en el siguiente enlace web:

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George Bush: “Mi creencia de que Dios creó el mundo es compatible con las pruebas científicas de la evolución”


George Bush: “Mi creencia de que Dios creó el mundo es compatible con las pruebas científicas de la evolución”
Miércoles 10 de Diciembre de 2008
Política
Estados Unidos

 


En una entrevista del lunes con la televisora ABC, el mandatario saliente hablo sobre sus creencias religiosas. Argumentó que la decisión de ir a la guerra en Irak no estuvo relacionada con sus creencias religiosas.

(NoticiaCristiana.com) El presidente George W. Bush dijo que su creencia de que Dios creó el mundo es compatible con las pruebas científicas de la evolución.

En una entrevista del lunes con la televisora ABC, el mandatario saliente dijo que quizá no tome literalmente a la Biblia, aunque como persona se puede aprender mucho, incluyendo la enseñanza del Nuevo Testamento sobre que Dios envió a su único hijo a la Tierra.

Cuando se le preguntó sobre la creación y la teoría de la evolución, Bush dijo: “Creo que se pueden tener las dos, creo que la evolución puede … me estas sacando de mis asuntos. Sólo soy un simple presidente. Pero bueno, creo que Dios creó la tierra, creó el mundo, pienso que la creación del mundo es tan misteriosa que se necesita de algo tan grandioso y poderoso y no considero que sea incompatible con las pruebas científicas sobre la evolución”.

Después dijo: “Sucede que no creo que la evolución explique completamente el misterio de la vida”.

El presidente dijo que Dios es tan grande como para amar a personas con diferentes creencias religiosas. “Sí creo que hay un Todopoderoso que es suficientemente grande y suficientemente amoroso para incluir a mucha gente”.

Cuando se le preguntó si pensaba que no podría haber sido presidente si no fuera por su fe, Bush respondió: “No lo sé, es difícil decirlo. No sé qué podría haber sido de mí. Estoy muy seguro de que habría sido una persona bastante egoísta”.

Bush, que pondrá fin el 20 de enero a su gobierno de ochos años, indicó que en muchas ocasiones se le pregunta si considera que fue elegido por Dios para ser presidente de Estados Unidos.

“No lo puedo saber”, dijo, “No tengo tanta seguridad acerca de conocer al Todopoderoso como para decir, ‘Sí, dios me quería para todas esas personas”’.

También dijo que la decisión de ir a la guerra en Irak no estuvo relacionada con sus creencias religiosas.

“La basé en la necesidad de proteger a la población estadounidense del peligro”, dijo Bush.

LA ESPECIE Y LOS MECANISMOS DE AISLAMIENTO REPRODUCTIVO.

LA ESPECIE Y LOS MECANISMOS DE AISLAMIENTO REPRODUCTIVO.

Aunque las especies son identificadas en la vida cotidiana por su apariencia, hay algo fundamental a tener en cuenta para su distinción: los individuos de una misma especie son capaces de cruzarse entre sí, pero no con individuos de otras especies diferentes.

Aunque el aislamiento reproductivo es un criterio claro para decidir si dos individuos pertenecen a la misma especie, se dan ambigüedades en la práctica por dos razones. La primera, es que veces no se sabe si individuos que viven en distintas regiones pertenecen a la misma especie, porque se desconoce si podrían cruzarse. La segunda razón se relaciona con el criterio de la evolución gradual: el origen de nuevas especies ocurre cuando dos poblaciones que antes pertenecían a la misma especie, divergen una de la otras y se convierten en dos especies diferentes; pero el proceso es gradual, y no hay un momento exacto en que se pueda decir que ambas poblaciones son ya dos especies diferentes. De este modo, se dan situaciones intermedias de divergencia.

El origen de una nueva especie implica la evolución de mecanismos o barreras biológicas que impidan el entrecruzamiento con individuos de otras especies. Las propiedades biológicas que impiden el apareamiento se llaman mecanismos de aislamiento reproductivo, y se pueden clasificar en dos grupos:

precigóticos, aquellos que impiden la fecundación del óvulo, y que pueden ser ecológicos, estacionales, conductuales, mecánicos y gaméticos;

postcigóticos, los que interfieren en el desarrollo del individuo o lo hacen estéril, de manera que no pueda dejar descendencia, pudiendo ser la inviabilidad y la esterilidad de los híbridos.

1. Aislamiento ecológico. A veces, individuos que ocupan el mismo territorio viven en diferentes hábitats y, por tanto, no tienen oportunidad de cruzarse. Por ejemplo, varias especies morfológicamente indistinguibles del mosquito Anopheles, que están aisladas por sus diferentes hábitats (aguas salobres, dulces y estancadas).

Barreras Geográficas (1) Barreras Geográficas (2)

2. Aislamiento estacional. Los organismos pueden madurar sexualmente en diferentes estaciones o horas del día.

3. Aislamiento conductual. La atracción entre machos y hembras, o entre gametos masculinos y femeninos, en el caso de plantas y organismos acuáticos, es necesaria para que se produzca la unión sexual.

Especies Diferentes

 

Entre los animales es, quizá, el más poderoso. Por ejemplo, existen tres especies gemelas de Drosophila, casi indistinguibles morfológicamente (D. serrata, D. birchii y D. dominicana),nativas de Australia, Nueva Guinea y Nueva Bretaña, que en muchas regiones coexisten geográficamente. A pesar de su semejanza genética y proximidad evolutiva, no existen híbridos en la naturaleza.

La fuerza del aislamiento ecológico entre las especies gemelas ha sido comprobada en el laboratorio agrupando machos y hembras de diferentes especies.

4. Aislamiento mecánico. La cópula es a veces imposible entre individuos de diferentes especies, ya sea por el tamaño incompatible de sus genitales, o por variaciones en la estructura floral.

5. Aislamiento gamético. En los animales con fecundación interna los espermatozoides son inviables en los conductos sexuales de las hembras de diferentes especies. En las plantas, los granos de polen de una especie generalmente no pueden germinar en el estigma de otra.

6. Aislamiento postcigótico. Los MAR que actúan tras la formación del cigoto pueden ser clasificados en diferentes categorías: inviabilidad, esterilidad y reducción de ambas. Por ejemplo, los embriones de borrego y vaca mueren en estados incipientes de desarrollo. La inviabilidad de los híbridos es común en plantas, cuyas semillas híbridas no germinan.

MODELOS DE ESPECIACIÓN.

Una especie está formada por grupos de organismos (poblaciones) que están reproductivamente aislados de individuos de otras especies. Por tanto, la cuestión del origen de las especies se centra en determinar cómo se genera el aislamiento reproductivo. Para ello, se han propuesto dos teorías:

La teoría incidental considera que dos poblaciones que están separadas divergen genéticamente como consecuencia de su adaptación al entorno local.

La teoría selectiva considera el aislamiento reproductivo como un producto directo de la selección. En el caso de que dos poblaciones estén ya genéticamente un tanto diferenciadas, los híbridos estarán menos adaptados que los no híbridos.

Las dos teoría anteriores no son necesariamente incompatibles. El aislamiento reproductivo puede aparecer como subproducto accidental de las barreras geográficas y de la adaptación a los medios diferentes. En otras ocasiones se requiere de una explicación por ambas teorías. El aislamiento reproductivos se inicia como consecuencia de la divergencia genética que tiene lugar en poblaciones geográficamente separadas; pero es completado por la selección natural una vez que surge de nuevo la oportunidad de apareamiento, cuando los híbridos tienen baja eficacia biológica.

La ausencia de flujo genético hace posible que las dos poblaciones se diferencien genéticamente como consecuencia de la adaptación y de la deriva genética.

El patrón más común de especiación se conoce como especiación geográfica o especiación alopátrica . La primera etapa se inicia como resultado de la separación geográfica de poblaciones. Si la separación continúa durante algún tiempo, aparecerán mecanismos de aislamiento reproductivo postcigóticos, como resultado de la divergencia genética entre las dos poblaciones.

La segunda etapa comienza cuando se presenta la oportunidad para el cruzamiento debido a un cese del aislamiento geográfico. Si la eficacia de los híbridos es suficientemente reducida, la selección natural promoverá el desarrollo de mecanismos de aislamiento reproductivo precigóticos y las dos poblaciones pueden evolucionar hasta convertirse en especies diferentes.

Desarrollo embrionario y evolución

Desarrollo embrionario y evolución

El estudio comparado del desarrollo de los embriones aportaría, según el darwinismo, otra de las pruebas clásicas en favor de la evolución. Al parecer, determinadas similitudes entre embriones de peces, aves, mamíferos y seres humanos demostrarían que todos ellos descenderían de antepasados comunes parecidos a los peces. 

 
Darwin lo explicaba así: “De dos o más grupos de animales, aunque difieran mucho entre sí por su conformación y costumbres en estado adulto, si pasan por fases embrionarias muy semejantes, podemos estar seguros de que todos ellos descienden de una misma forma madre y, por consiguiente, de que tienen estrecho parentesco. Así, pues, la comunidad de estructura embrionaria revela la comunidad de origen; […] La embriología aumenta mucho en interés cuando consideramos al embrión como un retrato, más o menos borroso, del progenitor de todos los miembros de una misma gran clase” (Darwin, 1980, El origen de las especies, Edaf, Madrid: 446-447). 

Estas ideas fueron recogidas en la llamada ley biogenética de Haeckel que afirmaba que la ontogenia o desarrollo embrionario de un organismo era una recapitulación breve de su filogenia o secuencia evolutiva de las especies antecesoras. Es decir que, durante los primeros estadios en el útero materno, los embriones pasaban por formas que recordaban las transformaciones experimentadas por sus ancestros a lo largo de la evolución. Se señalaba, por ejemplo, que en los embriones humanos igual que en los de gallina, se podían observar arcos aórticos similares y un corazón con sólo una aurícula y un ventrículo como el que poseen los peces actuales. Esto se interpretaba como una prueba embriológica de que tanto los hombres como las aves habían evolucionado a partir de sus antepasados los peces.

El problema de los dibujos que realizó Haeckel (fig. 4), como se pudo comprobar años después, es que fueron maliciosamente retocados en las primeras etapas para que se parecieran entre sí. En realidad, cuando se analizan los embriones tempranos de las diferentes clases de vertebrados, se observa que éstos presentan notables diferencias. El de los peces posee casi un aspecto esférico. En los anfibios es más ovalado. Los reptiles se caracterizan por su alargamiento, mientras que en las aves se alcanza un mayor tamaño de la cabeza. No cabe duda de que el embrión de los mamíferos es el más complejo desde el punto de vista estructural. Esto lo explica con mucho detalle el biólogo norteamericano, Jonathan Wells, en su obra Icons of Evolution. (fig. 5)

Son tantos los datos de la embriología que contradicen esta ley que pronto fue abandonada por la comunidad científica. Sin embargo, a pesar de este rechazo lo cierto es que todavía continúa apareciendo en los textos escolares de secundaria como una confirmación de la teoría transformista. En la actualidad, los embriólogos saben que los embriones de los vertebrados se diferencian progresivamente en varias direcciones, sólo para converger en apariencia a mitad del proceso y luego volver a diverger hasta formar órganos o estructuras que pueden ser parecidas entre sí, pero que se han formado a partir de células o tejidos absolutamente diferentes.

Por ejemplo, la presencia en los embriones de los mamíferos de un corazón con dos cavidades y unos arcos aórticos parecidos a los de los peces, se debe a que tales embriones sólo necesitan en las primeras etapas de su desarrollo una circulación simple, ya que están alimentados a través de la placenta materna. Pero más tarde, la circulación sanguínea se vuelve doble a fin de que los pulmones permitan la respiración autónoma del bebé. De manera que la presencia de tales órganos se debe a las diferentes necesidades fisiológicas del embrión durante el desarrollo y no a su pretendido parentesco evolutivo con los peces. La forma de los órganos de los embriones viene impuesta por las exigencias fisiológicas y no por su pasado filogenético.

Contra las pretensiones de la ley biogenética, finalmente ha sido la genética quien ha aportado la prueba definitiva. El ADN de cada especie está determinado únicamente para desarrollar el cuerpo de los individuos que pertenecen a dicha especie. No es capaz de volver a recrear en el desarrollo embrionario las etapas de otros organismos supuestamente anteriores y relacionados entre sí. El genoma de cada ser vivo sólo expresa aquello que corresponde a su propio género.

Como reconoce el evolucionista, Pere Alberch, del Museo de Zoología Comparada de la Universidad de Harvard: “El descubrimiento de los mecanismos genéticos dio la puntilla definitiva a las leyes de Haeckel, demostrando que la teoría de la recapitulación no puede ser justificada fisiológicamente… En resumen, la biología del desarrollo jugó un papel cada vez menor en la teoría de la evolución. Muestra de ello, […] es el insignificante papel que tuvo la embriología en la llamada “Nueva Síntesis” darwiniana de los años 40 de este siglo” (Alberch, 1984, La embriología en el darwinismo: un problema clásico con nuevas perspectivas, en P. Alberch y otros (ed.), Darwin a Barcelona, PPU, Barcelona, 401-442).

La ley biogenética de Haeckel no es capaz de explicar los hechos comprobados por la embriología, ni constituye tampoco un argumento sólido en favor del darwinismo, y además fue abandonada por la ciencia hace ya muchos años, ¿cómo es que continúa apareciendo todavía como prueba de la evolución en tantos libros escolares?

Antonio Cruz es biólogo, profesor y escritor.

© A. C. Suárez, ProtestanteDigital.com (España, 2008).

http://www.protestantedigital.com/new/nowleernoticiaDom.php?r=234&n=10392

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