¿Los canguros se suben a los árboles?

canguros-arbolesSí, si son del género Dendrolagusmarsupialesdiprotodontos de la familia Macropodidae. Llamados comúnmente canguros arborícolas, viven en los bosques húmedos de Nueva Guinea, en el noreste de Queensland, en Australia, y en islas cercanas, casi siempre en zonas montañosas, salvo la especieDendrolagus spadix, que es propia de las llanuras. Los canguros arborícolas no son muy grandes –de 4 a13 kg de peso y un tamaño entre 60 y 95 cm–, pero tienen una cola no prensil bastante larga.

Están bien adaptados a la vida en los árboles, donde se muestran muy ágiles y sueltos, y son capaces dedar saltos de rama en rama de hasta diez metros. Por el contrario, estos canguros son bastante torpes y lentos a la hora de andar por el suelo, ya que su anatomía les obliga a inclinarse exageradamente hacia delante para compensar el efecto de la cola.

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¿Es el delfín tan inteligente como el hombre?

La inteligencia de los delfines es enigmática y aún no conocemos su capacidad real. Poseen estructuras cerebrales complejas que en humanos y simios se asocian con las habilidades sociales y la empatía, y su cerebro es el mayor del reino animal en relación al tamaño de su cuerpo, tras el del ser humano. Pese a ello, resuelven problemas peor que monos, visones y hurones, y no saben escapar de una red.

Los delfines usan herramientas –esponjas para proteger el hocico–, son juguetones y aprenden actividades si se les premia. Son sociables y cooperan entre sí –cazan juntos, se ayudan en los partos– o con otras especies. Su aprendizaje es imitativo. Se comunican con sonidos variados –aunque su lenguaje no ha sido no ha sido descifrado–, se llaman por sus nombres y se reconocen en un espejo, lo que indica que quizá posean autoconciencia
24/06/2010
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Introducción al reino Protozoa

Introducción al reino Protozoa
Publicado por Javier García Calleja el 25 de Abril de 2010
Según Cavalier-Smith los protozoos tienen entidad suficiente para formar un único grupo taxonómico, con la categoría de Reino. Como sabemos Whittaker (modificado por Margullis) los incluía en el reino Protoctista, junto a numerosas algas. Las dierencias entre algas y protozoos son en general evidentes, aunque no demasiado claras en los grupos microscópicos. En todo caso seguiremos la clasificación más actual de Cavalier-Smith.

Los protozoos son unicelulares y heterótrofos, y se clasifican tradicionalmente en cuatro filos en función de su medio de locomoción, aunque esto también está en revisión:

Zooflagelados.

Se desplazan mediante flagelos. Viven en el suelo, en el agua o en el interior de otros seres vivos. Algunos producen enfermedades, como el Trypanosoma gambiense, agente etiológico de la enfermedad del sueño.

Sarcodinos.

Emiten pseudópodos que les permiten desplazarse y englobar partículas de alimento. La mayoría son de vida libre, pero algunos viven en hospedadores a los que provocan enfermedades. Destacan los foraminíferos, sarcodinos marinos que producen hermosas conchas de carbonato cálcico, con miles de aberturas, a través de las que se extienden los pseudópodos. Los famosos acantilados blancos de Dover (Inglaterra) se formaron por el levantamiento geológico de depósitos de estos esqueletos.

Esporozoarios. Son parásitos que viven en el interior del cuerpo de sus huéspedes. En su forma adulta, carecen de medios de locomoción. Un protozoo de este grupo, el Plas-modium, es el agente de la mortífera malaria.

Ciliados. Los ciliados habitan en aguas dulces y saladas y representan la cima de la complejidad celular. Es muy conocido el género Paramecium. Aunque es sólo una célula, responde a su entorno como si tuviera un sistema nervioso bien desarrollado. Como su cuerpo está completamente rodeado de cilios, si encuentra una sustancia nociva o alguna barrera física, bate sus cilios y se aleja del peligro.

Incluímos también en este reino a los Euglenoides.

Los euglenoides son microorganismos unicelulares que viven predominantemente en agua dulce y que se desplazan agitando su flagelo. Son seres extraordinariamente versátiles, porque contienen cloroplastos y pueden hacer la fotosíntesis, pero también pueden vivir sin luz, alimentándose de compuestos orgánicos. Muchos autores los consideran protozoos que han adquirido por simbiosis los plastos.

También debemos incluir en este grupo organismos que tradicionalmente estaban clasificados como hongos.

Los mohos acuáticos y deslizantes son un grupo de organismos que se parece mucho a los hongos. Al igual que éstos, muchos poseen cuerpos filamentosos, y algunos secretan enzimas que digieren la materia orgánica sobre la que viven como saprofitos o parásitos. Sin embargo, presentan una diferencia bioquímica importante: sus paredes celulares son de celulosa, y no de quitina, como las de los hongos verdaderos. Se diferencian tres filos de estos falsos hongos:

Oomicetos o mohos acuáticos.

Grupo de organismos filamentosos: no agrupa a demasiados organismos, pero algunos han cambiado la historia. El oomiceto Phytophtora infectans asoló, en el siglo XIX, los campos de patatas de Irlanda, base de la dieta de La época. La hambruna subsiguiente mató a un millón de irlandeses y provocó la emigración de muchos otros a EE.UU.

Mixomicetos o mohos deslizantes acelulares.

Este grupo posee un original modo de vida. Forman plasmodios, masas de citoplasma que poseen miles de núcleos y pueden extenderse varios metros cuadrados, englobando a su paso partículas orgánicas que les sirven de alimento. Algunos plasmodios son muy llamativos por sus vivos colores.

Acrasiomicetos o mohos deslizantes celulares.

Este grupo también presenta un modo de vida muy original. Normalmente viven en el suelo, como células independientes que engullen bacterias. Pero cuando las condiciones son adecuadas, emiten una señal química que atrae a las células cercanas hasta que se forma un falso plasmodio (ya que las células nunca llegan a perder su individualidad). En esta forma, los acrasiomicetos se desplazan hasta que encuentran un lugar propicio para asentarse, producir esporas y reproducirse.

http://biologia.laguia2000.com/taxonomia/introduccin-al-reino-protozoa

Introducción al Reino Monera

El reino Monera está constituido por bacterias, organismos microscópicos, generalmente unicelulares, formados por células procarióticas. Las bacterias llevan poblando nuestro planeta casi 4000 millones de años, así que pertenecen a la línea filogenética más antigua que existe.

El biólogo neoyorquino Stephen Jay Gould afirmaba que estamos en un mundo esencialmente bacteriano. No sólo porque durante la primera mitad de la historia de la vida nada hubo más que bacterias, sino porque sus extraordinarias características han permitido que se extiendan por todas partes.

Los procariotas se reproducen de forma eficaz por fisión binaria (un tipo de reproducción asexual), aunque poseen mecanismos muy imaginativos para intercambiar material genético con las vecinas, lo que se considera un proceso de parasexualidad. Presentan metabolismos muy variados que les permiten ocupar, prácticamente, todos los hábitats terrestres y, aunque algunas producen graves enfermedades, su papel ecológico como descomponedores es fundamental: al degradar los cadáveres y restos orgánicos de otros seres vivos, liberan compuestos inorgánicos utilizables por los organismos autótrofos. Este reciclado de nutrientes es básico para que la vida siga existiendo.

Eubacterias y arqueobacterias

El reino monera posee una variedad de organismos superior a la de cualquier otro grupo de seres vivos, aunque es difícil darse cuenta, debido a su pequeñísimo tamaño y a su simplicidad estructural. Históricamente, los procariotas se clasificaban en función de su forma, movilidad, necesidades nutritivas, apariencia de sus colonias y propiedades de tinción. Pero las bacterias poseen, por término medio, más de 3000 genes, así que estas pruebas únicamente examinaban una porción diminuta del genoma bacteriano. Gracias a las técnicas de biología molecular, la taxonomía de los procariotas ha cambiado profundamente.

El reino procariota se divide en dos grandes grupos: las arqueobacterias y las eubacterias. Aunque ambos grupos poseen una apariencia similar bajo el microscopio, los análisis genéticos revelan grandes diferencias que se manifiestan en sus características bioquímicas y estructurales.

Arqueobacterias: Son organismos extremófilos, es decir, que habitan en condiciones extremas que no permiten el crecimiento de otros seres vivos. Se distinguen tres tipos de arqueobacterias:

Halófilas. Viven en ambientes extremadamente salinos, como el mar Muerto, con una concentración de sal siete veces mayor a la de los océanos, que excluye cualquier otra forma de vida.
Metanogénicas. Producen metano, a partir de C02 y H2, y habitan en el tracto digestivo de algunos animales y en zonas pantanosas.
Termoacidófilas. Crecen en ambientes ácidos (con pH 1-2) y muy calientes (más de 60 °C), como los que existen en las fuentes sulfurosas del parque nacional de Yellowstone (EEUU).

Tradicionalmente, el mundo bacteriano se ha dividido en dos grandes grupos: bacterias gram-positivas y bacterias gram-negativas. Esta clasificación se debe al microbiólogo danés Hans Christian Gram, que en 1884 ideó una técnica sencilla que consistía en aplicar una tinción violeta que teñía de este color todas las bacterias. A continuación, las trataba con un disolvente, como alcohol o acetona, y observaba que algunas (gram-positivas) retenían el colorante, mientras que otras (gram-negativas) lo perdían y podían teñirse de con un segundo colorante. Hoy se sabe que este comportamiento refleja refundas diferencias en la estructura de la pared bacteriana. La tinción de sigue siendo muy útil en el laboratorio como aproximación inicial a la e identificación bacterianas. En la siguiente imagen vemos ambos tipos de bacterias: en color violeta las Gram+ y en rosa las Gram- .

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La clasificación de los organismos en los s. XX y XXI

La clasificación de los organismos en los s. XX y XXI
Publicado por Javier García Calleja el 25 de Abril de 2010


A medida que se han ido desarrollando los diferentes conocimientos , los científicos han utilizado distintas herramientas (paleontología, embriología, biología molecular, bioinformática) para alcanzar el sueño de la filogenia. Sin embargo, todavía estamos lejos de lograrlo.

E. Haeckel propuso a finales del siglo XIX, un reino aparte de animales y plantas, el protista, constituido por organismos unicelulares (protozoos y bacterias). Sin embargo, el propio Haeckel (gracias al avance de las técnicas de microscopía) reconocía que las bacterias eran profundamente distintas de los protozoos. La división entre células procarióticas y eucarióticas empieza a considerarse realmente importante.

El americano R.H. Whittaker propuso, en 1969, su famoso sistema de cinco reinos:Animalia (animales), Plantae (plantas y algas), Fungi (hongos), Protista (protozoos) y Monera (eubacterias y arqueobacterias), todavía muy extendido. De hecho es el sistema de clasificación vigente en la mayoría de los manuales escolares. Cercano a la realidad, puede ser una buena aproximación a la filogenia. Pero descubrimientos más recientes nos hacen pensar que no será definitivo.

Últimos descubrimientos en el campo de la filogenia.

Las biólogas L. Margulis y K. Schwartz cambian el nombre de protista por el de protoctista, incluyendo en este reino a las algas pluricelulares y los hongos primitivos.

C. Woese, a partir de los años setenta, analizando La secuencia de nucleótidos del ARN ribosomal (una molécula bien conservada a lo largo de la evolución) descubre que, pese a sus semejanzas superficiales bajo el microscopio existen dos grandes grupos de bacterias: las eubacterias y las arqueobacterias que son completamente diferentes, por lo que constituyen categorías del mismo valor que procariotas y eucariotas, y es que el árbol de la vida se dividió muy pronto en tres amplias categorías llamadas dominios: Bacteria, Archaea y Eukarya.

El Dominio es una categoría superior al Reino. Según las ideas de Woese, habría que dividir el reino Monera en dos, para poder reflejar correctamente la clasificación de arqueobacterias y eubacterias. El domino Eucarya comprendería los otros cuatro reinos de la clasificación de Whittaker.

Más recientemente el zoólogo anglo-canadiense Thomas Cavalier-Smith, especialista en protozoos, ha publicado sus consideraciones, por las que opina que el reino Protoctista es en realidad polifilético, es decir, reúne a grupos vivos muy diferentes. Según sus estudios basados en la secuenciación del ADN podemos decir que propone la división de ese reino en otros dos: Chromista y Protozoa. El cambio es en realidad más amplio pues algunos organismos de otros reinos pasan también a englosar el reino Chromista. Además considera que las diferencias entre eubacterias y arqueobacterias no son suficientes como para formar dos grupos independientes con lo que, según él quedan agrupados en un sólo reino, Bacteria.

Aunque sin duda no será el último sistema de clasificación, está ganando posiciones en l opinión científica sobre el sistema clásico de cinco reinos de Whittaker, y sin duda pronto se publicará en todos los manuales escolares.

En resumen, para Cavalier-Smith existen seis reinos en el conjunto de la vida, a saber: Bacteria, Protozoa, Chromista, Plantae, Fungi y Animalia.

Árboles filogenéticos.

Para reflejar la historia de la vida, los científicos construyen árboles filogenéticos. Un árbol filogenético es un esquema, semejante al árbol genealógico de familia, que representa los lazos naturales de parentesco existentes entre las distintas especies a partir de un antepasado común. Estos árboles filogenéticos se emplean para confeccionar las clasificaciones actuales: las especies deben incluirse en el mismo grupo si y sólo si comparten un ancestro común.

http://biologia.laguia2000.com/biologia/la-clasificacin-de-los-organismos-en-los-s-xx-y-xxi

Breve historia de la clasificación de los seres vivos. De la antigüedad al s. XIX.

Breve historia de la clasificación de los seres vivos. De la antigüedad al s. XIX.
Publicado por Javier García Calleja el 25 de Abril de 2010

La nomenclatura es la parte de la taxonomía que se encarga de nombrar a los organismos siguiendo unas normas estrictamente establecidas.
Para nombrar científicamente a una especie se utiliza un sistema de nomenclatura binomial que se debe a Linneo. Cada organismo recibe dos nombres en latín. El primero indica el género al que pertenece, mientras que el segundo es un adjetivo que designa la especie concreta. Los nombres científicos siempre se escriben subrayados o en cursiva. La inicial del nombre del género (nombre genérico) se escribe con mayúscula y el adjetivo (nombre específico) en minúscula.

Cada nombre científico hace referencia a un único organismo, por lo que elimina cualquier posibilidad de ambigüedad o confusión.

La persona que describe una nueva especie tiene el honor de nombrarla. Los nombres elegidos pueden aludir a alguna característica propia del organismo (el nombre científico del herrerillo común, Parus caeruleus, hace referencia al color azul de su cabeza); recordar a una persona conocida (la bacteria Escherichia coli, recibió su nombre del médico alemán Theodor Escherich); o incluso recurrir al humor: un entomólogo inglés empleó la terminación chisme (pronunciado en inglés «kiss me», bésame’) y existen géneros de gorgojos y chinches con sugerentes nombres de Polychisme, Peggichisme o Dolichisme.

Las distintas formas de concebir el mundo y los nuevos avances tecnológicos han ido cambiando la clasificación de los seres vivos. En la actualidad, estamos en un momento crítico y, con toda seguridad, los datos proporcionados por la biología molecular, el estudio comparativo del ADN y de las proteínas, revolucionarán el mundo de la taxonomía.

Vamos a distinguir varios momentos en el desarrollo de la taxonomía:

El periodo antiguo: Aristóteles. La historia de la clasificación científica comenzó con Aristóteles 300 años antes de Cristo. Este filósofo introdujo el sistema jerárquico en la clasificación y resaltó la importancia de definir los criterios a la hora de clasificar.
Siglos XVI y XVII. En los siglos XVI y XVII tienen lugar las grandes expediciones, y llegan a Europa numerosas plantas exóticas. Por eso, una de las preocupaciones principales del momento era proporcionar claves que ayudaran a identificar estos valiosos organismos. Pero además, en el siglo XVII, Newton presenta al mundo sus leyes sobre mecánica, y todos los científicos se lanzan a la búsqueda de las leyes que rigen en la naturaleza; entre los taxónomos, en concreto, empieza a calar la idea de concebir una clasificación que refleje el orden existente en el mundo natural.
Siglo XVIII: Carl Linneo. El sueco Linneo sienta los cimientos de los sistemas de clasificación modernos. Elabora una lista pormenorizada de todos los organismos conocidos y les pone un nombre. A él se deben el método de nomenclatura binomial y el sistema jerárquico de clasificación, que hoy en día se siguen utilizando. Además, clasifica los seres vivos en dos reinos: animal y vegetal. Pero Linneo no aceptó que todos los seres vivos estamos emparentados, ya que no pudo librarse de la filosofía imperante de su época: el fijismo, que defendía la inmutabilidad de las especies.
Siglo XIX: Charles Darwin. Hasta el siglo XIX, las clasificaciones se basaban en un grupo de características externas que se elegían arbitrariamente.
Charles Darwin representa un antes y un después en la clasificación de los seres vivos. En 1859 aparece su libro “El origen de las especies” (The Origin of Species) en el que presenta la teoría de la evolución y el motor que la pone en marcha: la selección natural. Darwin sostiene que todos los seres vivos se originaron a partir de un único ancestro común. Si desciframos la filogenia, es decir, La historia de la vida a partir de ese primer antepasado, hallaremos el orden de la naturaleza que permitirá conferir un fundamento sólido a las clasificaciones de los taxónomos. La tarea se reduce, por tanto, a averiguar los grados de parentesco entre los seres vivos. Sin embargo, descubrir la filogenia de los seres vivos no es tarea fácil.

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¿Inventaron la rueda los animales?

¿Inventaron la rueda los animales?

Aunque los animales no fabrican ruedas, algunos han aprovechado las virtudes de estos dispositivos adoptando ellos mismos la fama circular. De este modo, cuando es perturbada la oruga de la polilla Pleurolya ruralis se enrolla, mete hacia dentro sus pequeñas patas y forma una circunferencia perlada que rueda pendiente abajo con sorprendente facilidad.

Aún más mérito tiene la salamandra delgada de California. Este anfibio escapa de sus enemigos flexionando increíblemente su organismo. Luego, forma en un lado una espiral con su cola y pega mucho sus palas al cuerpo. Así enrollada, esta criaturita sobrevive a vertiginosos descensos dando botes entre las rocas gracias a su piel, que es lisa y elástica como la goma.

http://www.pulsodigital.net/2010/03/inventaron-la-rueda-los-animales.html

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