¿Dónde está Dios?


El Sermón Dominical
Domingo 12 de Septiembre del 2010

¿Dónde está Dios?
Pastor Tony Hancock

Se cuenta la historia de dos niños muy, muy traviesos. Por fin, sus padres se cansaron de tantas travesuras, y decidieron llevarlos al pastor para que hablara con ellos. El primer niño entró a la oficina del pastor. Éste lo sentó en una silla y, queriendo hacer que reflexionara sobre el hecho de que Dios siempre nos ve, le preguntó en voz solemne: ¿Dónde está Dios?

El niño se quedó callado. El pastor, entonces, repitió la pregunta con voz más fuerte: ¿Dónde está Dios? El niño no respondió nada. El pastor se levantó de su asiento y le preguntó una vez más: ¿Dónde está Dios? El niño salió corriendo de la oficina del pastor y agarró de los hombros a su amigo travieso.
¡Han perdido a Dios! – le dijo – ¡y piensan que nosotros nos lo robamos!

Al leer el libro de la Biblia que estudiaremos hoy, podríamos hacernos la misma pregunta que hizo aquel pastor: ¿dónde está Dios? A pesar de formar parte de la Biblia, este libro jamás
menciona directamente a Dios. Parece que El no está presente en este libro. Sin embargo, al reflexionar un poco, nos damos cuenta de que Dios obra a través de esta historia, aunque nunca
se le menciona.

Quizás nos podamos identificar con esta situación. Puede ser que la presencia de Dios a veces no sea muy obvia en nuestras vidas.
Quizás nos gustaría que fuera un poco más visible. Sin embargo, podemos estar seguros de que El está obrando en toda circunstancia que toca la vida de su pueblo.

La historia comienza con un rey que había tomado demás. Había hecho fiesta con sus nobles, mientras su esposa – la reina – también festejaba con las damas. Después de varios días de festejar y tomar, el rey decidió desfilar a su reina ante los invitados para que apreciaran su belleza.

Sin embargo, cuando mandó traer a la reina, ésta entendiblemente se rehusó a convertirse en espectáculo. El rey entonces se enojó. Consultó con sus sabios – todos de ellos hombres – acerca
de lo que debía hacer. Los sabios le dijeron que, si él no tomaba cartas en el asunto, todas las mujeres del reino se enterarían de la actitud de la reina y se rebelarían contra sus esposos.

Como resultado, el rey decidió escoger a otra reina. Mandó proclamarse un decreto en todo su reino de que los hombres debían ejercer autoridad sobre sus familias, y se lanzó un concurso de belleza más importante que Miss Universo – el concurso para ser la siguiente reina.

La ganadora de este concurso fue una joven judía que se llamaba Ester. Aunque bella, su vida había tenido su parte de sufrimiento. Había perdido a sus padres, y uno de sus primos – un hombre íntegro llamado Mardoqueo – la había criado. Ester tenía un carácter tan bello como su físico.

Cuando fue escogida para participar en el concurso para ser la siguiente reina, su primo Mardoqueo le dio algunos consejos.
Siendo joven y bella, fácilmente podría haber rechazado las instrucciones de un hombre mayor. Sin embargo, ella decidió más bien seguir sus instrucciones al pie de la letra. También mostró
su humildad obedeciendo las instrucciones del encargado de las jóvenes; él le dijo qué cosas llevar consigo cuando se veía con el rey, y ella hizo precisamente lo que le dijo.

Una de las primeras cosas que sucedió cuando Ester se hizo reina fue que Mardoqueo se enteró de un complot para asesinar al rey.
El se lo comentó a Ester, quien le dijo al rey lo que planeaban en su contra, dándole el crédito a Mardoqueo.

Todo parecía marchar bien, pero en el horizonte se vislumbraba un gran peligro. Amán, un asesor del rey, se enojó con Mardoqueo porque no se doblegaba ante él cuando pasaba. Mardoqueo no lo hacía porque era judío, y no podía darle a un hombre el honor que sólo Dios se merece; pero Amán lo tomó como un insulto personal, y decidió vengarse de Mardoqueo.

Sabiendo que era judío, decidió extirpar a todo su pueblo junto con él, y usando su influencia con el rey Jerjes, lo convenció para que emitiera un decreto que, en cierta fecha determinada
usando suertes, todos los judíos morirían. Lo que no sabía el rey, ni lo sabía Amán, era que este decreto también condenaba a muerte a la nueva reina Ester, pues ella también era judía.

¿Qué sucedería con Ester, con Mardoqueo y con el resto de sus compatriotas? Nos interesa la respuesta, porque si se exterminaba la raza judía, ¿cómo se cumplirían las promesas de
bendición para todas las naciones que Dios le había hecho a Abraham? ¿Cómo nacería el Salvador Jesucristo, que en su humanidad vendría de este linaje?

Detrás del egoísmo vengativo de Amán podemos distinguir un intento por parte de Satanás por detener la venida al mundo del Salvador. ¿Tendría resultado? ¿Lograría su plan? Mardoqueo se
comunicó con Ester para darle a conocer el edicto. Ella debía hablar con el rey para tratar de detener el proyecto, pero había un problema: si ella se aparecía ante el rey sin que él la
invitara, se exponía a una sentencia de muerte. Tal era el honor del rey que nadie podía llegar ante él sin invitación. Sólo si el rey le extendía el cetro podría ella ser perdonada.

Leamos en Ester 4:12-14 la respuesta de Mardoqueo ante la objeción de Ester:

4:12 Y dijeron a Mardoqueo las palabras de Ester.
4:13 Entonces dijo Mardoqueo que respondiesen a Ester: No
pienses que escaparás en la casa del rey más que cualquier
otro judío.
4:14 Porque si callas absolutamente en este tiempo, respiro y
liberación vendrá de alguna otra parte para los judíos; mas
tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para
esta hora has llegado al reino?

Aunque Mardoqueo no lo menciona, queda claro que él confía en la soberanía de Dios. El sabía que Dios liberaría a su pueblo de una forma de otra, y se imaginaba que El mismo había puesto a
Ester en el trono para ese preciso momento.

Ester respondió pidiéndole a Mardoqueo que hiciera oración y ayuno durante tres días, y ella con sus damas haría lo mismo.
Así ella demuestra su confianza en Dios también. Al final de esos tres días, ella se presentó ante el rey. Aunque no la había mandado llamar, el rey se complació con ella y le extendió el cetro. Ester lo invitó con Amán a tomar una cena con ella. En esa cena, invitó a los dos a volver a cenar con ella al día siguiente.

Amán se fue contento porque había sido invitado por la reina a comer con ella y el rey. Sin embargo, al salir del palacio, se volvió a enojar al ver a Mardoqueo, que no se doblegaba ante él.
Decidió construir una horca y buscar la oportunidad de colgar a Mardoqueo sobre ella.

Mientras tanto, el rey no podía dormir. Buscando vencer el insomnio, se puso a revisar los registros y descubrió que Mardoqueo nunca había sido honrado por reportar el complot que
se había hecho contra su majestad. Decidió remediar el asunto lo más pronto posible.

Al día siguiente, la primera cosa que hizo el rey cuando vio a Amán fue preguntarle: ¿qué harías para honrar al hombre que le complace al rey? Amán no pudo pensar en nadie más que él mismo a quien el rey quisiera honrar. Se imaginó que el honor sería para él. Le recomendó al rey que vistiera a aquel hombre con un manto real, que lo subiera en un caballo que había usado el rey y que un alto funcionario lo desfilara por la ciudad gritando: “Así se trata al hombre a quien el rey desea honrar”.

Tan pronto había salido de labios de Amán esta sugerencia, el rey se mostró de acuerdo. Le dijo: “¡Ve de inmediato y haz esto con Mardoqueo!” Amán se dio cuenta de que no era el mejor momento para pedirle permiso al rey para ahorcar a Mardoqueo, y tuvo que ir a honrarlo como lo había mandado el rey.

Esa tarde, en el banquete de Ester, ella le explicó al rey Jerjes el plan que había hecho Amán y le pidió que protegiera a su pueblo. El rey salió al patio para considerar la situación, mientras Amán se quedaba con la reina rogando por su vida. En el instante en que el rey volvió al salón encontró a Amán cayéndose sobre el sofá donde estaba Ester. Al ver esto, se enfureció.
Enterándose de la horca que Amán había mandado construir para Mardoqueo, el rey mandó que lo ahorcaran allí mismo.

Así se terminó la vida de Amán, pero no se había terminado el peligro para el pueblo judío. Los decretos reales del imperio persa no se podían cambiar o cancelar. ¿Qué hacer? Bajo sugerencia de Ester, el rey emitió otro decreto que les daba a los judíos el derecho de reunirse armados en el día decretado para su destrucción y defenderse contra cualquiera que buscara quitarles la vida. Además de esto, les daba el derecho de quedarse con los bienes de quien los atacara.

Por temor a los judíos, mucha gente dentro del imperio judío se unió a ellos. El día señalado, se defendieron contra los ataques de sus enemigos. El plan de Amán – y el plan del enemigo de
nuestras almas – se había frustrado, y se estableció un día de fiesta en celebración.

Esta fiesta se conoce como Purim, que en hebreo significa suertes. Se habían usado suertes para fijar el día de la destrucción de los judíos. Sin embargo, Dios obró, y demostró que la historia de este mundo no está en manos de la suerte, sino en manos de El.

¿Dónde está Dios? El libro de Ester nos muestra que Dios siempre está obrando para proteger a su pueblo. A través del Antiguo Testamento, El obró una y otra vez para proteger al pueblo
judío, que sería canal de bendición para todas las naciones por medio de Jesucristo.

Ester vivió después de que Zorobabel y Jesúa habían llevado al primer grupo de exiliados de regreso, pero antes de que Esdras y Nehemías regresaran. Judá era una provincia del imperio persa durante este tiempo; si el plan de Amán hubiera funcionado, tanto los que habían regresado a la tierra como los que seguían dispersados por el imperio persa podrían haber sido
exterminados. El pueblo de Dios podría haber sido extirpado.

Sin embargo, Dios no iba a permitir que esto sucediera. ¡Dios es soberano sobre la historia del mundo! Aunque las naciones se levantan y se caen, Dios tiene un plan que se realizará. Aunque
no siempre es obvio, Dios está en control. Su nombre nunca se menciona, pero El obra poderosamente a través del libro de Ester.

El controló las suertes, dando suficiente tiempo para que Ester hablara con el rey antes de la fecha puesta por Amán. El movió el corazón del rey para que éste le extendiera el cetro a Ester.
Proverbios 16:33 y 21:1 declaran que Dios es capaz de hacer precisamente esto, y mucho más: “La suerte se echa en el regazo; mas de Jehová es la decisión de ella” (Pr. 16:33), “Como los
repartimientos de las aguas, así está el corazón del rey en la mano de Jehová; a todo lo que quiere lo inclina” (Pr. 21:1).

En Ester vemos que ese Dios soberano usa a las personas humildes, valientes y confiadas en El. Ester fue humilde, pues supo aceptar las instrucciones de su primo Mardoqueo y del encargado de las jóvenes. Muchas veces tenemos un espíritu adolescente que dice: A mí nadie me dice que hacer. Esto es lo opuesto a la sabiduría y la humildad; si Ester hubiera tenido esta actitud, jamás habría llegado a ser reina ni habría jugado el papel que Dios tenía para ella en su plan.

Fue valiente al acercarse al rey sin invitación, pero su valentía nació de su confianza en el Señor. Después de orar y ayunar, tuvo el valor necesario para acercarse al rey sin temor.
Como resultado, Dios la usó. El todavía está buscando gente humilde, valiente y confiada en El. ¿Quieres ser una de esas personas?

—————————————————————-

– ¡Visita la página web del Pastor Tony Hancock!
http://www.pastortony.net

Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: