Qué Hace El Hombre En Su Salvación?


A muchas personas que ignoran las doctrinas reformadas les encanta representar equivocadamente la doctrina de la salvación calvinista. Ellos argumentan-y así enseñan a otros- que el calvinismo hace del hombre un robot. Es decir, dicen que el calvinismo pinta al hombre como una máquina sin sentimientos ni emociones, a la cual Dios toma y lo salva por la fuerza. Inclusive afirman que el calvinismo niega que el hombre tenga una voluntad propia.

Sin embargo, debemos afirmar que esta no es, ni ha sido, la posición reformada con respecto al hombre y a su salvación. El calvinismo afirma que el hombre es un ser con una voluntad propia la cual ejerce libremente. La diferencia con la posición sinergista de la salvación es que el calvinismo afirma que esa voluntad humana depende de la naturaleza del hombre. Creo que fue Jonathan Edwards quien ilustró este concepto muy claramente: “Si colocamos dos platos frente a un león, uno con pasto y otro con carne, por lógica sabemos que el animal escogerá la carne. El león no tomará el pasto porque su naturaleza es carnívora no herbívora.” Lo que Jonathan Edwards quería mostrar es que filosóficamente argumentar que la voluntad del hombre era libre era una falacia. Porqué? Porque la voluntad del hombre está sujeta a la naturaleza de cada individuo (Freedom of the Will). La voluntad del hombre, argumentaba Edwards, está determinada por los deseos de su corazón o de su mente.

Entonces, el calvinismo afirma que el hombre sí tiene una voluntad, sin embargo esa voluntad está determinada por la naturaleza del hombre. Y a diferencia de los no-reformados, quienes afirman que el hombre es un pecador pero que su condición no es tan grave y que por lo tanto aún puede desear hacer el bien, los reformados vemos en las Escrituras que el hombre está muerto espiritualmente. El calvinismo afirma que el hombre es un pecador por naturaleza, lo cual implica que es un esclavo del pecado. Todos los hombres pecan, como escribió Salomón (1 Reyes 8:46), y esa es la más clara evidencia de que el pecado es su amo. Tenemos en las Escrituras pasajes como los siguientes,

1 Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, 2en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, 3 entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por hijos de ira, lo mismo que los demás.” Efesios 2: 1-3

9 ¿Qué, pues? ¿Somos nosotros mejores que ellos? En ninguna manera; pues ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado. 10 Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; 11 No hay quien entienda, No hay quien busque a Dios. 12 Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles;  No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno” Romanos 3: 9-12

1 Dice el necio en su corazón: No hay Dios. Se han corrompido, hacen obras abominables; No hay quien haga el bien. 2 Jehová miró desde los cielos sobre los hijos de los hombres, Para ver si había algún entendido, Que buscara a Dios. 3 Todos se desviaron, a una se han corrompido; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno” Salmo 14: 1-3

Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado.” Juan 8: 34

Noten el lenguaje utilizado por Jesús en la última cita. El Señor habla de esclavitud, argumentando que los hombres tienen un amo que es el pecado. Imagínense que pensaría la audiencia original al escuchar estas palabras! Jesús está hablando de esclavitud, en tiempos en donde no era nada bueno ser esclavo de alguien. Los esclavos no tenían derechos. Ellos no podían hacer nada que sus amos no les permitieran. Sus vidas dependían de lo que sus amos hicieran con ellos. Y Cristo afirma que el hombre tiene un amo…el pecado. Y este amo es cruel y no le permitirá al hombre hacer otra cosa que no sea pecar.

Pero, no sólo el pecado domina al hombre, sino que él mismo tiene un corazón tan duro que lo único que desea es pecar. Ese es su mayor deleite. El hombre natural no quiere someterse a Dios, sino que desea regir su vida por los deseos de su corazón. Y esto es lo que vemos en las palabras de Pablo y en el Salmo 14. Es por ello que la Biblia habla del corazón del hombre como una piedra, para decir que está muerto. Como no hay vida en una piedra, el corazón del hombre natural está desprovisto de vida espiritual (Ef 2:1-3).

Cuando el calvinismo habla del hombre, no lo hace refiriéndose a él como un robot, sino lo hace como el de un ser cuya voluntad está determinada por su naturaleza, la cual determina además las prioridades y deseos de un hombre. Es la naturaleza la que determina los deseos, y son los deseos los que mueven la voluntad de un hombre. Entonces, si la naturaleza del hombre natural es pecaminosa, es decir que está esclavizada al pecado, esa naturaleza determinará sus deseos. Y esto fue lo que afirmó el Señor! Si uno es esclavo del pecado, lo que deseará es pecar (Juan 8:34). Su naturaleza lo llevará a deleitarse pecando y a que su voluntad se mueva a favor del pecado.

Ahora, si alguien quiere afirmar, como muchos no reformados, que esa es la verdadera condición del hombre natural, pero que aún queda en él esa capacidad para elegir hacer el bien, como si un esclavo por un momento pudiera hacer algo fuera de lo que su amo le ordenara a hacer, la Biblia se encarga de aplastar sus argumentos. Pablo, especialmente, afirma que esa naturaleza pecaminosa es tan perversa que no le permite al hombre obedecer a Dios, pero además se une al deseo del hombre natural de no obedecer los mandamientos de Dios (Romanos 8: 7-8). Entonces, no sólo es un esclavo, sino que su esclavitud es en parte voluntaria. El hombre alegremente se somete a la esclavitud del pecado. Prefiere esto a someterse a Dios y a Sus leyes. Y es por eso que el mismo apóstol llama al hombre natural, un muerto espiritual.

Qué puede hacer un muerto? Absolutamente nada. Como decía Machen, “Así como un muerto físico no puede hacer nada físico precisamente porque está muerto; entonces, el muerto espiritual no puede hacer nada que sea espiritual” (What is Faith).

Si ese es el estado o la condición del hombre natural, entonces qué puede hacer el hombre para salvarse? Y la respuesta es obvia: El hombre natural no puede hacer nada para ser salvo…ni lo quiere. El hombre natural no cree que necesita ser salvo. Él está ciego espiritualmente y por lo tanto no puede ver la precaria condición en la que se encuentra. Qué debe ocurrir para que un hombre en esas condiciones pueda ser salvo? Debe ocurrir un cambio en él. A este cambio la Biblia lo llama el nuevo nacimiento o la regeneración.

Jesús tuvo una conversación con un fariseo al respecto. En Juan 3 vemos al Señor conversando con Nicodemo sobre el nuevo nacimiento, requisito para poder entrar en el reino de los cielos. En esta conversación queda claro que el Señor utiliza la metáfora del nacimiento para ilustrar algo con respecto al reino. Así como nadie puede nacer por sus propia voluntad, tampoco puede nacer de nuevo un hombre por su propia voluntad. Ningún hombre ha tenido parte en la decisión de ser concebido, o de escoger su sexo, o sus padres, o de escoger el día de su nacimiento. Eso depende de Dios, el Rey soberano. De la misma manera el nuevo nacimiento no depende de la voluntad del hombre, sino de Dios. Es lo mismo que escribió el apóstol Juan,

12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; 13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.“

Cómo ocurre este nuevo nacimiento? De pasajes como EzequielJeremías, y Juan, notamos que este es un acto soberano de Dios. Y Dios lo lleva a cabo primero llamando a un pecador por medio del evangelio. Esto es lo que escribió Santiago en su epístola, “17 Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.18 El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas” (Santiago 1: 17-18). Es Dios quien de Su voluntad hace nacer de nuevo a un pecador, pero lo hace por medio de la predicación del evangelio.

Cuando la predicación de la palabra de Dios llega a un hombre al que Dios ha determinado hacer nacer de nuevo, el Espíritu Santo cambia su corazón de piedra por uno de carne. La Biblia describe este cambio de varias formas también, por ejemplo, como abrir los ojos, o los oídos, o abrir el entendimiento. Por ejemplo, en el libro de Hechos tenemos este relato,

Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía.” Hechos 16: 14

En ese nuevo corazón Dios escribe Su ley, pero además le da al pecador a Su Espíritu Santo para que éste pueda obedecer esa Ley. Además, le otorga la fe (Ef 2:8) y el arrepentimiento (2 Timoteo 2:25) como parte de los frutos iniciales de ese nuevo nacimiento para que creyendo en Jesucristo pueda ser justificado, reconciliado y así poder ser adoptado por Dios. A todo esto se le denomina la regeneración o el nuevo nacimiento. Qué hace el hombre en este proceso? Nada!

El hombre es el receptor de las acciones soberanas divinas. Pero, a diferencia de lo que dicen de la teología reformada, el calvinismo afirma que el hombre ejerce ciertas acciones en este nuevo nacimiento. Con este nuevo corazón, el cual ya no es de piedra, sino que está vivo, el hombre puede responder a la fe y al arrepentimiento que Dios le ha otorgado al pecador. Con el corazón antiguo lo único que podría hacer es rechazar ese regalo divino (Rom 8: 7-8), porque está muerto espiritualmente y no puede discernir las cosas espirituales (1 Corintios 2:14). Dios cambia el corazón y le da al Espíritu Santo precisamente para que pueda obedecerle y responder a estos regalos. Con ese nuevo corazón el hombre puede afirmar a viva voz: “Jesucristo es el Señor.” Pero esto es consecuencia de lo que Dios ya hizo, no es lo que origina el nuevo nacimiento. Noten como lo describe Juan,

Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, ha nacido de Dios [esta es una traducción literal del griego]; y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él.” 1 Juan 5:1

La fe que es declarada por un pecador en Jesucristo demuestra que Dios lo ha regenerado antes. Esa declaración no es lo que hace que Dios lo regenera, sino que es la evidencia que Dios ha hecho algo en el corazón de un pecador.

La fe, entonces, no precede al nuevo nacimiento, sino que para que un hombre pueda tener fe debe haber nacido de nuevo. Y esto es algo que sólo Dios puede hacer. Y es por ello que la verdad de la doctrina de la perseverancia de los santos [doctrina que afirma que un hombre que ha nacido de nuevo no puede perder su salvación] es tan clara. Si Dios ha decidido hacer nacer de nuevo a un hombre para salvarlo, este propósito no puede ser roto.

Si Dios regenera a un hombre con el propósito de que éste vaya a Cristo, entonces ese pecador no puede perderse nunca. Esto es lo que enseñó el Señor mismo,

37 Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera. 38Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. 39 Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. 40 Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. 41 Murmuraban entonces de él los judíos, porque había dicho: Yo soy el pan que descendió del cielo. 42 Y decían: ¿No es éste Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo, pues, dice éste: Del cielo he descendido? 43 Jesús respondió y les dijo: No murmuréis entre vosotros. 44 Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero.” Juan 6: 37-44

Si Dios lleva a un hombre a Cristo, regenerándolo, y dándole al Espíritu Santo para que éste pueda obedecer sus mandamientos y ser santificado, entonces ese hombre no puede perderse. Es más Cristo dice en este pasaje que todos esos hombres que el Padre le entrea en sus manos no se perderán jamás, sino que serán resucitados en el día postrero.

Qué hace el hombre en su nuevo nacimiento? Nada! El hombre responde a las acciones de Dios. La fe viene luego de que el corazón de un hombre ha sido cambiado con el fin de que pueda ser aceptada y experimentada. Sin embargo, en su vida luego de haber sido regenerado, el hombre tiene una participación, luchando contra el pecado, vigilando su salvación con temor y temblor. Y todo esto, “porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Filipenses 2:13). El hombre regenerado hace buenas obras porque estas han sido preparadas, “de antemano para que anduviésemos en ellas” (Efesios 2:10). La salvación es de Jehová! Pero una vez regenerado ese hombre actúa en relación a lo que Dios le ha dado.

Termino citando las palabras de J. Gresham Machen,

…el nuevo nacimiento o (como lo llama Pablo) la nueva creación. En ese acto no hay contribución del hombre que ha nacido de nuevo. Y no era de esperarse! Un hombre que está muerto-ya sea físicamente o “en sus delitos y pecados”-no puede hacer nada, por lo menos en la esfera en la que está muerto. Si pudiera hacer algo en esa esfera, entonces no estaría muerto…Pero el nacimiento está seguido de vida; y a pesar de que el hombre no es activo en su nacimiento, él es activo en la vida que sigue. Así mismo ocurre en el reino espiritual.” What is Faith? Página 208

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