Aporte a La Teología de la Epístola a los Efesios.

Aporte a La Teología de la Epístola a los Efesios.

EPÍSTOLA A LOS EFESIOS.

Más que una epístola simplemente, este escrito es un tratado epistolar, quizás dirigido a los creyentes de toda el Asia Menor, especialmente a los gentiles (2.11, 19; 5.7s). Se escribió si no juntamente, al menos muy cerca de la Epístola a los Colosenses, y es muy probable que la llevara un mismo correo, Tíquico (6.21, 22; cf. Col 4.7–9). A diferencia de las demás cartas paulinas, no contiene exhortaciones de carácter personal ni soluciones para problemas concretos, indicio de su carácter encíclico.

Autor  Y  Fecha

Desde los primeros años del siglo II, la tradición concuerda en que esta carta la escribió Pablo quizás entre 50–60 d.C. Sin embargo, durante los últimos años, la alta  CRÍTICA ha puesto en tela de duda tal tradición. Los argumentos en contra de la paternidad paulina tienen carácter subjetivo y se relacionan con el estilo, el vocabulario, la doctrina y los paralelos íntimos con otras cartas de Pablo. Según Barth, Efesios contiene 80 palabras que no se encuentran en otras cartas paulinas, además del aumento en el uso de verbos en proporción con los sustantivos; además, contiene 231 verbos y 158 sustantivos, mientras que GÁLATAS 139 verbos y 202 sustantivos. También ciertas palabras típicamente paulinas (misterio, servicio, herencia, plenitud, por ejemplo) parecen tener un sentido diferente en Efesios. En ningún momento estos han sido argumentos decisivos. Las diferencias internas, comparadas con las otras cartas, pudieron deberse a que fueron distintas las circunstancias que dieron motivo a la epístola.

Marco Histórico

Tradicionalmente la iglesia ha aceptado que la carta se escribió en un inicio para la iglesia de Éfeso. De los escritores de los primeros siglos solo Marción, Orígenes y Basileo daban cabida a otra tradición; a saber, que la carta era la mencionada en Col 4.16, «la de Laodicea», o bien que no tenía destinatarios fijos. Y es cierto que las palabras «en Éfeso» no se hallan en los tres manuscritos griegos más importantes (aunque en su lugar se deja un espacio en blanco), y que en el contexto de Efesios 1.1 causan problemas gramaticales. Además, la evidencia interna (la falta total de saludos personales, por ejemplo) pareciera negar que se escribiera a una iglesia con la que Pablo convivió casi tres años (Ef 1.15; 3.2; 4.21; cf. Hch 19; 20.31).

La mayoría de los eruditos concluyen que debiera encontrarse otra explicación. Se han sugerido las siguientes:

1. La epístola se envió a Laodicea, una iglesia que Pablo no conocía personalmente.

2. Se envió como carta circular a varias iglesias a través de Tíquico (Ef. 6.21; Col 4.7s). Esta teoría presupone que el nombre de las iglesias destinatarias no aparecía en el manuscrito original, sino que se añadía en cada caso cuando la epístola llegaba a ellas.

3. Tenía como propósito ser el mensaje póstumo del anciano apóstol a la iglesia universal. Así se explican las diferentes referencias a personas y la amplitud de la visión cósmica (1.10, 14, 20–23; 2.14–16; 3.14–21; etc.).

4. Se envió para impedir que se extendiese la herejía combatida en la Epístola a los Colosenses.

No se puede, pues, precisar con seguridad ni los destinatarios ni el propósito original de la carta, pero es posible sugerir que se escribió inmediatamente después de Colosenses. Constituye una meditación sobre la grandeza del misterio de Cristo (1.9; 3.4s) y la responsabilidad de la Iglesia en Él (2.10; 4.17ss), temas ya analizados en Colosenses, y se envió a varias iglesias, quizás al mismo tiempo que Colosenses (61–62 d.C., durante la cautividad del apóstol en Roma).

La opinión de los eruditos está dividida en lo que respecta a los destinatarios de la carta que conocemos con el nombre de “La Epístola a los Efesios”. Un cincuenta por ciento afirma que se trata de una encíclica, es decir, una carta dirigida a varias iglesias, tales como Efeso, Laodicea, Colosas, Heriápolis y otras. Probablemente esta incógnita no será resuelta aquí en a tierra, pero esto no reviste mayor importancia para nosotros ya que sabemos que es un escrito del Espíritu Santo para todo creyente en todos los tiempos

La ciudad de Éfeso y el establecimiento de la Iglesia allí.

Era la capital de Iconia, Provincia romana de Asia menor, situada cerca de la desembocadura del Cayster, como 40 millas(60 Km.) al sudoeste de Esmirna. Era celebre por el culto a la diosa Diana (Artemisa), cuyo templo original erigido en esta ciudad constituía una de las siete maravillas, del mundo antiguo. Esta diosa romana difería de su igual griega, en que parece haber sido venerada con ritos impuros y misterios de la magia ( Hch. 19:19),como la diosa siria Astoret.

Ciudad del occidente de Asia Menor, y centro importante en la historia de la iglesia primitiva. Estaba situada entre Mileto y Esmirna, en el valle del río Caistro, a 5 km del mar Egeo y entre las montañas de Koresos. Su excelente acceso al mar la convirtió en el principal puerto de Asia durante el Imperio Romano. Compartió con Alejandría y Antioquía la supremacía en el Mediterráneo oriental, y llegó a ser la más importante gracias a su posición geográfica y actividad industrial.

Historia General

Como ciudad, probablemente Éfeso se fundó en el siglo XII a.C., cuando los colonizadores griegos se mezclaron con los indígenas de la región, descendientes de habitantes de Anatolia en el centro de Asia Menor. En 560, Creso, rey de Lidia, conquistó a Éfeso. Este restauró el famoso templo de Artemisa y benefició de gran manera a la ciudad. Tres años después la capturaron los persas. Lisímaco, uno de los sucesores de Alejandro Magno, la reconstruyó más tarde (322) y además de embellecerla la inundó con la influencia helenista.

En 133 a.C., Atalo III, rey de Pérgamo, entregó la ciudad a Roma y así se mantuvo hasta el 262 d.C., cuando los godos destruyeron tanto al templo como a la ciudad. En la era apostólica, Éfeso era el centro administrativo y religioso de la provincia romana de Asia; algunos de sus oficiales se llamaban asiarcas (Hch 19.31).

El templo de Diana, considerado una de las siete maravillas del mundo, estaba situado al nordeste de la ciudad. Se terminó al principio del siglo III a.C. Daba renombre a Éfeso y esta se jactaba de ser «guardiana del templo de la gran diosa Diana» (Hch 19.35). Fueron impresionantes la superstición y el ocultismo que florecieron a la sombra del culto a esta diosa, cuyas características eran semejantes a las de la diosa oriental de la fertilidad.

Historia Sagrada

Según Hechos, Pablo visitó a Éfeso dos veces: a finales de su segundo viaje misionero, cuando iba de prisa hacia Jerusalén (18.19–21), y durante el tercero (19.1–41). Había en Éfeso una numerosa colonia judía donde Pablo y sus compañeros,  Aquila y Priscila, fueron bien acogidos al llegar por primera vez. El apóstol deseaba estar en Jerusalén para cierta fiesta y esto acortó su visita, pero sus compañeros permanecieron allí. Sin duda, fundaron la iglesia ayudados por Apolos (Hch 18.24–26).

La segunda visita de Pablo duró tres años (19.8, 10; 20.31), pero esta vez la situación fue diferente. Al principio, los judíos lo recibieron bien, pero después de predicar tres meses en la sinagoga surgió la oposición (quizás por desacuerdo en cuanto a lo que es el «reino de Dios», 19.8, 9). Por tanto, trasladó su centro de actividades a la «escuela de uno llamado Tiranno».

Con este punto como cuartel, Pablo llevó a cabo una obra extensa, ayudado por sus compañeros y convertidos como Tíquico, Epafras y Filemón (Hch 19.10). Seguramente durante esta época nacieron «las siete iglesias… en Asia» (Ap 1.11) y otras como Colosas y  Hierápolis (Col 4.13). Su ministerio lo acompañaron «milagros extraordinarios» (Hch 19.11). Tantos se convirtieron, que los fabricantes de ídolos vieron en peligro su negocio y provocaron el tremendo alboroto relatado en Hch 19.23–41.

Éfeso llegó a ser un centro importante de la iglesia primitiva. Timoteo permaneció allí para cuidar de la iglesia después de la ida de Pablo (1 Ti 1.3). La tradición (escritos postapostólicos) afirma que el apóstol Juan se trasladó a Éfeso a finales del siglo I para supervisar y ayudar a las iglesias de Asia. Esto explica por qué les dirigió los mensajes escritos en Ap 2 y 3 durante su destierro en la isla de Patmos.

Desde la época postapostólica hasta la invasión musulmana, Éfeso fue un centro eclesiástico importante. Aquí se celebró, en 431, el tercer concilio ecuménico donde se condenó la cristología nestoriana.

En lo que respecta a la fundación de la iglesia, sabemos que Pablo visitó esta ciudad en su segundo viaje misionero. Ésta primera y breve visita fue seguida por otra mas larga en su tercer viaje misionero. En esta ocasión permaneció aproximadamente tres años en Efeso. Durante su ausencia Aquila y Priscila continuaron la labor.

También Timoteo y Tiquico trabajaron en aquella iglesia .Después de su segunda estadía , los Hechos registran la conversión de los doce discípulos de Juan el bautista , la predicación de la escuela de Tirano, la realización de Asia y el levantamiento de los fabricantes de estatuillas de la diosa Diana.

En esa iglesia se destacan nombres de creyentes tales como: Trofimo, Tiquico, y Onesiforo. También sabemos los hombres que hicieron mucho daño a Pablo y a la causa de Cristo , tales como Sceva, Himeneo, Alejandro, Fiígelo, y Hermógenes.

Se dice allí que el apóstol Juan pasó la mayor parte de su vida y escribió sus Evangelios, y sus Epístolas, y que , habiendo escrito en su destierro en la isla de Palmos el Apocalipsis, regresó a Efeso y allí murió.

Sobre la ocasión de la carta.

Habiendo dos peligros que amenazaban a la iglesia de Éfeso:

1) Una tentación de sumergir las verdades cristianas en las normas paganas.

2) Una falta de unidad entre judíos y gentiles .

Para contrarrestar el primer peligro, Pablo expone la santidad   del llamamiento cristiano, en contraste   con la antigua condición de ellos como paganos. Para evitar el segundo, presenta al Señor Jesús haciendo la paz entre los judíos y el gentil por la sangre de Cristo y haciendo de los dos un nuevo cuerpo.

No se puede, pues, precisar con seguridad ni los destinatarios ni el propósito original de la carta, pero es posible sugerir que se escribió inmediatamente después de Colosenses. Constituye una meditación sobre la grandeza del misterio de Cristo (1.9; 3.4s) y la responsabilidad de la Iglesia en Él (2.10; 4.17ss), temas ya analizados en Colosenses, y se envió a varias iglesias, quizás al mismo tiempo que Colosenses (61–62 d.C., durante la cautividad del apóstol en Roma).

Desde Roma, sin duda el mismo tiempo que Filemón y colosenses, y enviada por Tíquico.

Evidentemente fue escrita estando Pablo preso. El se llama a si mismo “prisionero de Cristo Jesús” (3:1); “preso en el Señor” que les ruega…(4:1); en su famosa frase es un “embajador en cadenas”( 6:20). Pablo estaba preso y muy cerca su fin cuando escribió Efesios tiene a todas luces una relación estrecha e intima con los colosenses.

Parecía que Tíquico fue el portador de ambas cartas, pues en Colosenses Pablo dice que aquel le informará sobre su situación (Col. 4:7); y en Efesios dice que Tíquico les dará noticias sobre el asunto y sobre cómo está(Ef. 6.21).Tíquico está relacionado íntimamente con estas dos cartas. Pero además hay semejanzas en el contenido de las mismas. Es tanta la similitud, que se cuentan mas de 55 versículos idénticos. O como sostiene Coloridge , colosenses es lo que pudiera llamarse la “superabundancia” de Efesios, o Efesios constituye una versión mas extensa de colosenses. Al final veremos que esta semejanza es la que nos da la clave del lugar único de Efesios entre las dos cartas de Pablo

Aporte a La Teología de la Epístola a los Efesios.

La naturaleza de Efesios hace difícil determinar las circunstancias específicas que llevaron a escribir la epístola. Está claro, sin embargo, que los destinatarios eran principalmente gentiles (3.1) que antes estaban alejados de la ciudadanía de Israel (2.11). Ahora, gracias al don de Dios, disfrutaban de las bendiciones espirituales que proporciona Cristo.

El tema de Efesios es la relación entre el Jesucristo celestial y su cuerpo aquí en la tierra, la Iglesia. Cristo ahora reina «sobre todo principado y autoridad y poder y señorío» (1.21), «y sometió todas las cosas bajo sus pies» (1.22). En su estado de exaltación, no se ha olvidado de su pueblo. Al contrario, se identifica plenamente con la Iglesia que considera su Cuerpo y la llena de su presencia (1.23; 3.19; 4.10).

La relación de esposo a esposa es una bella analogía que expresa el amor, el sacrificio y el señorío de Cristo por la Iglesia (5.22–32). El Cristo entronizado habita por la fe en el corazón de los creyentes (3.17) para que puedan disfrutar de su amor. No hay absolutamente nada que esté fuera de su alcance redentor (1.10; 3.18; 4.9).

La unión de Cristo con su Iglesia se expresa también en la unidad de los creyentes. Los que antes andaban lejos, «apartados» y separados de Dios han sido «hechos cercanos por la sangre de Cristo» (2.13). Es más, los creyentes ahora son llevados por Cristo a sentarse con Él en los lugares celestiales (2.5–6). Como los creyentes están con Él, procuran ser como Él y están «solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz» (4.3). Él mismo «es nuestra paz» (2.14), dice Pablo, y derriba las paredes y barreras que antes separaban a los judíos de los gentiles, y los une en un Espíritu ante el Padre (2.14–22).

Después de expresar estas maravillosas bendiciones espirituales, Pablo exhorta a los creyentes a que anden como es digno de los que han sido llamados (4.1). Este llamamiento es una útil demostración de ética cristiana. En vez de presentar leyes y regulaciones, Pablo dice, en efecto, que nuestra manera de vivir debe honrar al que nos llamó. Cristo libera al cristiano, pero este tiene que dar cuenta a Cristo. Pablo hace varias declaraciones sobre cómo los creyentes pueden honrar a Cristo (4.17–5.9), pero la meta no es ganar mérito por medio de la moralidad. En vez de buscar personas buenas, Pablo quiere personas nuevas, el «varón perfecto», reedificado según «la estatura de la plenitud de Cristo» (4.13). Esta madurez puede referirse a la deseada y todavía no alcanzada unidad de la iglesia.

enciclopedia Ed. Caribe

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Antiguo Testamento al Romané se convertirá en la primer Biblia para los gitanos

Antiguo Testamento al Romané se convertirá en la primer Biblia para los gitanos
La contribución de la SBCH ayudará a la comunidad gitana en Chile, -diez mil personas aproximadamente- a poseer la Biblia completa en su propio idioma. Sin embargo esta traducción tardará unos 3 años aproximadamente.
Chile | Lunes 19 de Julio, 2010 | Por Nínro Ruíz Peña

(NoticiaCristiana.com).


Francisco Viguera, secretario general de Sociedad Bíblica Chilena (SBCH), dirigió el inicio al proceso de traducción del Antiguo Testamento al Romané (Lengua Gitana) en una ceremonia que convocó a autoridades de gobierno y personas de ONG de educación y cultura.
Al evento asistieron Roberto Osorio, Coordinador de la División Relaciones Políticas e Institucionales, dependiente del Ministerio Secretaría General de la Presidencia; Humberto Lagos, Director de la Oficina Nacional de Asuntos Religiosos dependiente del Ministerio Secretaría General de la Presidencia; David Muñoz, capellán Nacional Evangélico de la Policía de Investigaciones; y Alfredo Cooper, Capellán Evangélico de La Moneda.

El equipo traductor es el mismo, estos fueron los que tradujeron del Nuevo Testamento al Romané y ahora lo harán con el Nuevo Testamento: Juan, Jorge Nicollich y Carlos Hernández son los especialistas.
La contribución de la SBCH ayudará a la comunidad gitana en Chile, -diez mil personas aproximadamente- a poseer la Biblia completa en su propio idioma. Sin embargo esta traducción tardará unos 3 años aproximadamente.
La iniciativa de la SBCH se debe a la creciente Iglesia entre el pueblo romane. En otro aspecto provee de literatura a un pueblo que tiene poco materia literaria en su lengua.
Cuando concluya el proceso de traducción la Biblia en Romané podría ser un recurso de referencia en todo proyecto de alfabetización y otros esfuerzos para reforzar y mejorar la lecto-escritura para quienes el romané es su idioma nativo.
“Es una herramienta tan potente que une a un pueblo desde la perspectiva antropológica religiosa”, Roberto Osorio, Coordinador de la División Relaciones Políticas e Institucionales.
“El 30% de los mapuches se declara evangélico y el 60% católico y parte de su acercamiento se debe al Nuevo Testamento en Mapudungún”, destacó Humberto Lagos, Director de la Oficina Nacional de Asuntos Religiosos.
“Celebremos este avance para el Reino de Dios, comparto las felicitaciones desde el Palacio de la Moneda por este trabajo”, expresó Alfredo Cooper, Capellán Evangélico de La Moneda.
“El Nuevo Testamento ya lo tenemos en audio en Romane, lo que es de importancia para los más ancianos, pues varios de ellos no saben leer. Escuchar a Jesús hablando directamente en Romane es muy importante”, alentó Jorge N, un traductor gitano.
F: La Biblia Web

Escatología del cosmos según san Ireneo

Tomás Alfaro Drake

Este escrito es un extracto textual de una obra que lleva por título “La promesa del cosmos (Hilvanando algunos textos de san Ireneo)” escrita por Juan José Ayán Calvo y editada por la facultad de Teología de san Dámaso.

El cristianismo, y su hermana mayor, el judaísmo, son las únicas religiones que ven el mundo material como algo bueno. No en vano el primer libro de la Biblia, el Génesis, desde el capítulo uno, al narrar la creación, afirma en cada acto de creación de Dios: “Y vio Dios que era bueno”. Sin embargo, a veces, los cristianos olvidamos esa bondad intrínseca y esencial del mundo material, cegados por las consecuencias nefastas que el pecado original ha tenido sobre él y sobre nosotros, los seres humanos. La obra que extracto aquí, me fue dada por las monjas clarisas de Lerma, que siguen manteniendo una firme creencia en la bondad del mundo material, a pesar del pecado original, y en su destino de santidad. Para mí, que siempre he creído, un tanto cohibido, en un cielo un poco antropomorfo, ha sido una auténtica alegría saber que comparto esa visión del destino del mundo material con san Ireneo, uno de los grandes padres de la Iglesia, obispo de Lyon, discípulo de san Policarpo, que lo fue del mismísimo apóstol san Juan.

Por eso, he trascrito este extracto, al que no he podido evitar añadir algunas notas a pie de página de mi cosecha, señalando en cada nota cuáles o qué parte de ellas lo son, para poder compartir con más gente esta visión de san Ireneo que me parece de una belleza inaudita. Espero que os trasmita la misma alegría que me ha transmitido a mí.

***

El cosmos se renueva

La actual situación del cosmos, todavía doliente y gemebundo como consecuencia del pecado[1], finalizará con la Parusía. Cristo, en la misma carne en que padeció, volverá vestido de gloria para manifestar de forma ostensible la salvación, que no sólo se dejará sentir en los hombres sino en el cosmos. Al hilo de la venida gloriosa de Cristo, Ireneo se hace eco de expresiones bíblicas de tono apocalíptico como incendio abrasador, diluvio de fuego o conmoción de la tierra, que no implican la aniquilación del cosmos, sino la muerte del Anticristo y de sus seguidores que tendrán como destino el “estanque de fuego” de Apocalipsis 19, 20. Lo que verdaderamente interesa a Ireneo a propósito de la segunda venida de Cristo es la renovación del cosmos y la resurrección de los justos[2].

Ante la presencia del Señor glorioso, fuente del Espíritu, el cosmos se renueva[3], cumpliéndose así lo anunciado por David: “Renovará la faz de la tierra” (Salmo 130, 30). El mismo que le otorgó, como Verbo creador, la forma que luego se vería afectada por el pecado, lo devolverá a su prístina integridad. La creación se verá restituida a su régimen primero, anterior al pecado (pero posterior a la infusión por Dios del alma espiritual al animal Homo Sapiens. Paréntesis mío.), para servir a los justos sin trabas, viendo cumplida su esperanza de ser liberada de la servidumbre de la vanidad y la corrupción en la que contra su voluntad había caído (Cfr. Romanos 8, 19-21), para volver a la forma que tenía antes del pecado de Adán(pero después de la infusión del alma en él. Paréntesis mío), redimida de la maldición que sobre ella había recaído (Cfr. Génesis 3, 17). Una vez liberada, de forma voluntaria irá en incremento y desarrollo para servir a los justos y se caracterizará por la feracidad de sus frutos y la armonía dentro del reino animal y con los hombres.

La renovación del cosmos será el cumplimiento de la promesa que Dios hizo a los patriarcas y a todos los creyentes de otorgarles una tierra ajena a las duras consecuencias a que se vio sometida como consecuencia del pecado. La Tierra prometida no es una alegoría para hablar de los cielos o de las regiones supracelestes; la Tierra prometida es esta misma tierra liberada y renovada para que los creyentes“reciban con justicia los frutos del sufrimiento en la creación misma en que trabajaron o fueron afligidos, probados de todas maneras por el sufrimiento; y sean vivificados en la misma creación en la que padecieron muerte a causa del amor de Dios; y reinen en la misma creación en que sufrieron servidumbre[4]”. Una de las funciones del Reino de los justos es manifestar plenamente la justicia de Dios en la actual figura del cosmos.

Pero el cosmos liberado y renovado no sólo responderá a la Tierra prometida por Dios a Abraham y a su descendencia, sino que será también la posibilidad de cumplimiento de muchas otras promesas que Ireneo recoge con parsimonia. La herencia de la tierra que Jesús prometió a los que vivieran con mansedumbre (Cfr. Mateo 5, 5); la recompensa prometida a quienes sentasen a su mesa a cojos, ciegos y mendigos (Cfr. Lucas 14, 12-14) o a quienes por su causa dejaran bienes y familia (Cfr. Mateo 19, 39) o a quienes el Señor encuentre despiertos en su servicio (Cfr. Lucas 12, 37-38); la promesa hecha a sus discípulos de volver a beber con ellos el fruto de la vid (Cfr. Mateo 26, 27-29); la promesa de renovar la faz de la tierra (Cfr. Salmos 130, 30); la abundancia de vino y trigo prometida a Jacob (Cfr. Génesis 22, 27-29); la visión de Isaías a propósito de la armonía entre los animales, el sometimiento del mundo vegetal al animal, y de ambos al hombre (Cfr Isaías 11, 6, 9; 65, 25); el júbilo de los justos al dárseles la tierra (Cfr. Isaías 26, 19; Ezequiel 37, 12-14; 28, 25-26; Jeremías 16, 14-15; 23, 7-8); entre otros.

El Señor, con su venida gloriosa implantará en el cosmos renovado el reino milenario de los justos que había anunciado el profeta Daniel (Cfr. Daniel 2, 44 y 7, 27 a la luz de Daniel 12, 13) y que diligentemente se había adelantado a ver Juan en el Apocalipsis (Cfr. Apocalipsis 20, 5-6). Será el reino donde el justo descansará de sus trabajos para sentarse a la mesa preparada por Dios que la abastecerá con todos los manjares; será el tiempo del festín de la creación servido por el Señor. Ireneo se niega a considerar alegorías tales expresiones: “Nada de esto es alegorizable. Todo, en cambio, es firme, verdadero y consistente, hecho por Dios para disfrute de los justos”. Las maneras en que Ireneo se expresa ocasionaron la crítica de que su escatología era materialista y carnal, como si pretendiera cohonestar la resurrección de la carne como una vida entregada a los sentidos y a los placeres carnales, cuando en realidad lo que pretende salvaguardar es la permanencia del hombre secundum carnem. […]

Pero hay más. Los críticos de la concepción ireneana han obviado elementos de interés muy relevante. Ireneo, para ilustrar el festín de la creación, se sirve de un texto de Jeremías que expresa cómo el Señor reunirá a los creyentes en el monte Sión donde se regocijarán con los bienes que Dios les otorgue, y las doncellas y los ancianos se alegrarán, para concluir con la siguiente frase: “Engrandeceré y embriagaré el alma de los sacerdotes, hijos de Leví, y mi pueblo se llenará de bienes”. Estos sacerdotes, como dice inmediatamente Ireneo, no son otros que los discípulos del Señor[5]. Los habitantes del Reino de los justos son sacerdotes que, en el sábado milenario[6], hacen de toda la creación un templo y una ofrenda. “Los discípulos del Señor, dotados de carácter sacerdotal, adquieren una condición sagrada y vienen a ser la expresión del culto dado a Dios, con bienes de la tierra, como sacrificio de sí y de la creación sujeta a ellos[7]. Todo se resume en el sencillo y prolongado banquete sacerdotal del justo, intérprete sacro de la tierra, templo de Dios”.

Otros elementos apuntan en la misma dirección. […]. A este respecto, es muy ilustrativo un curioso testimonio que Ireneo atribuye a los Presbíteros del Asia[8], avalados también por Papías: “Los presbíteros, que vieron a Juan, el discípulo del Señor, recuerdan haberle oído cómo, sobre aquellos tiempos enseñaba: Día vendrán en que nacerán viñas: cada una con diez mil cepas, y cada cepa con diez mil sarmientos, y cada sarmiento con diez mil racimos, y cada racimo con diez mil granos, y cada grano estrujado dará veinticinco metretas de vino. Y al ir algunos e los santos a coger un racimo, otro racimo clamará: Mejor soy yo, tómame a mí, bendice por mí al Señor. Parecidamente, el grano de trigo producirá diez mil espigas, y cada espiga tendrá diez mil granos, y cada grano, cinco bilibras de pura harina. Los restantes frutos y semillas y yerbas irán en consonancia con esto. Y los animales todos, por servirse de los alimentos tomados de la tierra, se volverán pacíficos y conformes todos unos con otros, sujetos en todo a los hombres”. Del pasaje interesa fundamentalmente cómo las criaturas, antaño bajo la servidumbre del pecado, anhelan que los santos las tomen y bendigan con ellas al Señor. Toda la creación anhela convertirse en una permanente oblación de acción de gracias (eucaristía) a su Hacedor. La oblación, el cosmos entero; los oferentes, los habitantes del cosmos renovado, sacerdotes.

La renovación de que goza el cosmos en el Reino de los justos, tras la venida gloriosa de Cristo, no es su estado definitivo. Es cierto que el hombre vive olvidado ya de morir, pero ni él ni la creación gozan todavía de la incorruptibilidad definitiva: la creación tan sólo había sido restituida a la condición que tenía con anterioridad al pecado de Adán. El cosmos, sin embargo, había salido de las Manos de Dios destinado a una plenitud que en su inicio no tenía. En los tiempos del Reino, pues, el cosmos existe todavía en preludio de la incorruptibilidad, todavía en camino de maduración, todavía en los preliminares de lo inmediatamente definitivo[9].

La tierra y el cielo nuevos: el descenso de la Jerusalén celeste.

Al tratar de la Eucaristía hemos señalado cómo todas las plegarias y oblaciones de los hombres, si son agradables a Dios, se dirigían al altar, al templo y al tabernáculo celestes, como si se incorporasen a la Jerusalén celeste.

Señala Ireneo cómo Juan, en sus visiones del Apocalipsis, vio un cielo y una tierra nuevos, una vez concluidos los tiempos del Reino de los justos. Son los cielos y la tierra nuevos anunciados ya por Isaías (Cfr. Isaías 65, 17-18 y 66-22) y destinados a perseverar para siempre. Es la última y definitiva transformación del cosmos, a la que también se refirieron Cristo y Pablo. Éste al afirmar que “pasa la figura de éste mundo” (1 Corientios 7, 1); el Salvador, al decir que “la tierra y el cielo pasarán” (Cfr. Mateo 24, 35). Las palabras de Cristo y del Apóstol venían como anillo al dedo a quienes tantas reservas mantenían hacia el mundo material condenándolo al aniquilamiento. Ireneo denuncia el uso que de tales pasajes hacían sus adversarios con el fin de desautorizar al Creador del mundo, desconocedores de su verdadero significado. El obispo de Lyon no puede acepta que la sustancia y la materia de la creación estén destinadas al exterminio, porque ello supondría la falta de verdad y firmeza de su Creador: “No son exterminadas la sustancia y la materia de la creación, pues verdadero y firme es el que la creó, sino que pasa la figura de este mundo”. No se trata de que pase la figura que el mundo adquirió como consecuencia del pecado, sino que pase la figura del mundo tal como salió de las Manos de Dios con anterioridad al pecado, o lo que es lo mismo, que pase la figura renovada que el mundo tuvo durante los tiempos del Reino de los justos. Permanecerán la sustancia y la materia de la creación[10], pero cambiará la “figura” o “qualitas” del mundo para adecuarse al estadio definitivo e incorruptible a que está destinado.

Para presentar la definitiva transformación del cosmos, Ireneo recurre a las visiones de Juan en el Apocalipsis (Cfr. Apocalipsis 21, 1-4). El cielo y la tierra nuevos aparecen al descender la Jerusalén celeste sobre la tierra renovada. La Jerusalén celeste[11] es caracterizada sobriamente por Ireneo al recurrir a Isaías 49, 16 y a Gálatas 4, 26. Según el texto de Isaías[12], los muros de la Jerusalén celeste están dibujados en las Manos de Dios y de continuo la tiene en su mirada, mientras que Pablo la caracteriza por la libertad y maternidad: “La Jerusalén de arriba es libre y la madre de todos nosotros[13]”.

Aunque el descenso de la Jerusalén celeste puede ser interpretado desde dos claves: una, cosmológica y otra, cristológica-antropológica, me centraré en la primera. La Jerusalén celeste no es algo separado de Dios. La tiene tatuada en sus Manos, el Hijo y el Espíritu Santo, siempre ante sus ojos; nada puede hacer Dios sin tenerla delante: es el designio de Dios de comunicar a la creación su propia incorruptibilidad; es la gloria de Dios dispuesta a revestir al cosmos material. Juan, el discípulo del Señor, la vio descender sobre la tierra renovada como la esposa engalanada para su marido. La esposa, la incorruptibilidad como “qualitas” propia de Dios, baja hasta el esposo, el cosmos material, para abrazarlo y transformarlo definitivamente. El movimiento escatológico final es un movimiento de alguna manera similar al de la encarnación. El Hijo, sin abandonar el seno del Padre, se encarnó en la tierra, y la Jerusalén celeste, sin dejar a Dios, se hará terrena descendiendo al cosmos, abrazándole, desposándose con él, revistiéndolo de la incorruptibilidad propia de Dios.

Pero Juan no sólo vio el descenso de la Jerusalén celeste; también oyó una voz que decía (Cfr. Apocalipsis 21,3): “Ésta es el tabernáculo de Dios con los hombres, habitará con ellos, ellos serán sus pueblos, y el mismo Dios que habita con ellos será su Dios”. La voz del cielo anuncia que el cosmos, con el que se ha desposado la incorruptibilidad divina, se convertirá en tabernáculo de Dios; y en él habitará con los hombres. El cosmos desposado con la Jerusalén celeste se convertirá en la ciudad de Dios. Será en esta ciudad donde Dios habite con el hombre, que gozará de la visión de Dios como principio de vida continua, de sabiduría inagotable, de bien que nunca se acaba; será en este cielo y tierra nuevos donde “el hombre nuevo perseverará, viviendo siempre en novedad con Dios”.

Por concluir…

No hace mucho, A. Gesché denunciaba, quizá no sin razón, un olvido del cosmos por parte de la teología de la creación, señalando que uno de sus retos es proclamar la belleza del cosmos “porque, aunque le cueste a nuestra preocupación actual por el mal, es una palabra de salvación que no podemos dejar que perezca”. Por mi parte, he querido mostrar cómo esa inquietud estuvo presente en la teología más inmediata a la predicación apostólica, como es el pensamiento, siempre fecundo de Ireneo, capaz de sugerir caminos e incluso vuelos no siempre sospechados, aunque no pocas veces sospechosos para el miope.

El cosmos no debiera ser concebido como una especie de inmensa cárcel. Si tal fuera, sólo cabría anhelar ser liberados de ella, escapar del cosmos. Es, por el contrario, el hogar que Dios, en su sabiduría, bondad y gratuidad, ha regalado al hombre y ha querido compartir con él. El Verbo, que siempre estuvo en el mundo, al hacerse carne vino a lo suyo. El hogar es ámbito de familia donde se hace posible crecer y madurar derramando confianza, esperanza y amor.

No caos, sino cosmos, fue lo creado por el Padre con el ministerio del Hijo y del Espíritu Santo, Manos del padre. El resultado fue un mundo cargado de sentido (Logos) y grávido de dinamismo (Espíritu Santo). El cosmos no es divino, pero es el cosmos de la Trinidad (suyo y no ajeno), impregnado de presencia trinitaria: el Padre lo sostiene y el hijo, clavado en la creación, está siempre abrazando el cosmos, dándole forma y sentido[14], haciéndolo logikós y ungiéndolo con el Espíritu, cuyo dinamismo no sólo es origen remoto del propio dinamismo cósmico, sino que, además, lo constituye, no como realidad cerrada sobre sí misma, sino orientada a una plenitud que en el inicio no tenía y que no depende exclusivamente de su propia naturaleza sino de la gratuidad salvífica de su Creador. La creación sale de las Manos de Dios abierta a la soberanía salvífica de Dios; el cosmos está también llamado a la salvación.

El mundo material, pues, no es un obstáculo para la salvación; tampoco es una especie de gran despensa de la que el hombre usa para poder vivir; ni siquiera puede ser reducido a un escenario donde acontece la salvación de Dios. El cosmos es mediador y objeto de salvación; consiguientemente, tiene una orientación cristológica y pneumatológica.

Como hogar de salvación que es, no permanece ajeno a las vicisitudes de quienes lo habitan. La libertad del hombre no resulta inocua para el cosmos. Aunque con sobriedad, Ireneo enseña que el mundo se vio y se ve afectado por la desobediencia originaria y por los pecados de todos los hombres. No explica la naturaleza de esa solidaridad del cosmos con el pecado del hombre, pero afirma que supuso ajamiento, rebeldía ante los afanes de los hombres y servidumbre que le obstaculiza desarrollarse según su dinamismo originario[15]. El pecado del hombre violenta la naturaleza del cosmos. A la falta del acabamiento originario se suma la vetustez y la trabazón, como consecuencia del pecado, que le hace ansiar, gemebunda, su liberación.

No por ello el cosmos es una realidad en poder de Satanás, pero sí una realidad doblemente inacabada: por su naturaleza abierta y por la herida de caos que le originó el pecado. Los milagros de Jesús testimonian que el cosmos sigue abierto al actuar salvífico de Dios. Pero es, sobre todo, la Eucaristía, fiesta y regocijo de la creación, la que manifiesta de forma espléndida y eficaz la vocación y destino de todo el cosmos a una plenitud insospechada. La Eucaristía rememora continuamente la riqueza y grandeza a que está abierto el cosmos, así como el poder de Dios sobre el mismo.

El cosmos está llamado a una transfiguración que no es simplemente la restitución a su estado anterior al pecado. Su destino es fundirse para siempre en abrazo con la Jerusalén celeste. El cosmos, que un día el padre creó por medio de sus Manos, el Hijo y el Espíritu Santo, abierto hacia la plenitud, alcanzará su configuración definitiva cuando el Padre haga descender el designio de incorruptibilidad (la incorruptibilidad misma), tatuado en sus Manos, sobre el Cosmos, como si se tratase de una esposa engalanada para su marido. Al inicio del cosmos, el Padre con sus Manos; al llegar su plenitud, el Padre con sus Manos: quien lo creó lo perfeccionará. Así el cosmos llegará a ser la Ciudad eterna en la que Dios habitará por siempre con los santos.

Convendría purificar ciertas expresiones presentes en ambientes cristianos que, por prurito de perfección espiritual, delatan una especie de desafecto hacia la creación material y un anhelo de ser liberados de la creación, cuando el anhelo auténtico cristiano es el ver esta creación material liberada de las consecuencias del pecado. El cristiano tampoco debiera tener una visión miope del cosmos como si fuera simplemente un inmenso almacén destinado a su uso, mucho menos a su abuso. El cosmos es el hogar; y el hogar se cuida, no simplemente por una ética ecológica, sino porque con él se comparte, aunque cada uno en atención a su naturaleza, un destino salvífico. El cosmos, con su sentido y dinamismo, con su hablar trinitario, con su vocación, no enajena no aleja de Dios, sino que nos invita a vivir en santidad, en coherencia con el destino que compartimos, un destino que no se puede comprender sin la gracia que siempre nos precede y nos culmina: ¡A Dios gracias!

[1] “Sabemos, en efecto, que la creación entera está gimiendo con dolores de parto hasta el presente”. (Epístola de san pablo a los Romanos 8, 22).
[2] Conviene tener en cuenta la sucesión de los últimos acontecimientos según el pensamiento de Ireneo: venida gloriosa de Cristo, renovación del cosmos, resurrección de los justos, reino de los justos (milenio), resurrección de los injustos, juicio final, descenso de la Jerusalén celeste y visión del Padre.
[3] Hemos de señalar que Ireneo afirma dos renovaciones del universo, una con la gloriosa venida de Cristo y otra al final de los mil años del Reino de los justos. […]. Las dos renovaciones afectan al cosmos en su conjunto: la primera renovación, liberación de las consecuencias del pecado, para devolverle la forma con que salió de las Manos de Dios, es el inicio de un proceso que culminará al final del Reino de los justos con el descenso de la Jerusalén celeste y sólo entonces el cosmos adquirirá su figura definitiva y eterna. […] Pienso yo que el mundo salió de las Manos de Dios cuando creó al hombre a su imagen y semejanza. Cuando infundió el alma a la especie animal Homo Sapiens, haciéndolo poco inferior a un dios, coronándolo de gloria y esplendor, dándole el dominio sobre la obra de sus manos, poniéndolo todo bajo sus pies (Cfr. salmo 8). Éste hombre, aún sin pecado, gobernaba el cosmos, del que él era la cúspide, recién salido de las Manos de Dios, en nombre y por delegación suya. En este mundo, el gobierno del hombre en nombre de Dios, evitaba el aumento de la entropía. Pero cuando el hombre quiso gobernarlo en nombre propio, despreciando a Dios, el equilibrio cósmico se rompió, la tiránica ley del crecimiento de la entropía volvió a operar y el cosmos empezó a gemir con dolores de parto. En su primera renovación, con la Parusía, el cosmos vuelve a ser regido por el hombre liberado del pecado por el Hijo del Hombre, Dios, Logos, segunda persona de la Trinidad, por el Reino de los justos. Pero aún faltaría la llegada de la Jerusalén celeste (la cursiva es mía).
[4] san Ireneo “Adversus haereses” (contra los herejes) V, 32, 1,10-16. Los adversarios de Ireneo eran los gnósticos. Esta herejía, anterior al cristianismo, pero que en seguida inentó tomar cuerpo en él, sostenía que había dos principios equipotentes, el del bien y el del mal. Según éstos, el mundo material habría sido creado por el principio del mal y sería, por tanto malo. Los espíritus de los hombres habían caído en el mundo material, víctimas de un pecado cometido fuera de ese mundo. Los cuerpos de los hombres materiales, serían malos. No todos los cuerpos tendrían su espíritu. Los hombres sin alma serían los “hilicos”, mientas que los que tienen espíritu, serían los “pneumaticos”. Los primeros estarían predestinados a la aniquilación junto con el mundo material, mientras que los segundos escaparían de éste mundo material cuando fuese aniquilado. Cristo, no tendría reamente un cuerpo material, sino sólo una apariencia de tal. Yavé, el Dios del antiguo testamento, sería el espíritu del mal, creador del mundo material. Esta doctrina fue combatida enérgicamente por los cristianos desde el principio. Ya san Juan se opone enérgicamente a ella. San Ireneo, “nieto espiritual” de san Juan, continuó la polémica con los gnósticos de su época, los valentinianos. (La parte cursiva de lanota es mía).
[5] Es decir, todos los cristianos, que en el bautismo somos constituidos como sacerdotes, profetas y reyes, aunque ese sacerdocio no sea ministerial (esta nota es mía).
[6] Hay una oración en la misa que dice “cuando llegue el domingo sin ocaso en el que la humanidad eSan Juan, vivió en Éfeso, en Asia Menor, entonces llamada, simplemente Asia. Los Presbíteros del Asia eran, por tanto, los primeros presbíteros ordenados directamente por san Juan y que le habían conocido personalmente y aprendido de él la doctrina cristiana (esta nota es mía)ntra entrará en tu descanso” (esta nota es mía).
[7]La etimología de sacrifico es “hacer sagrado” (esta nota es mía)
[8]San Juan, vivió en Éfeso, en Asia Menor, entonces llamada, simplemente Asia. Los Presbíteros del Asia eran, por tanto, los primeros presbíteros ordenados directamente por san Juan y que le habían conocido personalmente y aprendido de él la doctrina cristiana (esta nota es mía)
[9]Véase nota al pie nº 3, la parte cursiva mía. Ese cosmos salido así de las Manos de Dios con la creación del hombre antes del pecado original, en el que no aumentaba la entropía tenía, sin embargo un destino aún superior, la incorruptibilidad divina. Tras la Parusía, volverá a ese estado, en el Reino de los justos y, al final de éste, se cumplirá su destino de incorruptibilidad. (nota mía)
[10]Ireneo no explicita lo que entiende por estos términos. Quizás tras la substantia haya de verse la materia informe y tras la materia la materia formada. En la teoría hilemórfica aristotélica, las cosas estén hechas a partir de una materia común a todas ellas a la que se une indisolublemente una forma sustancial que les confiere su esencia, lo que son. Sobre este conjunto materia-forma se superponen los accidentes. Según Ireneo, el Padre de la Trinidad creó la materia informe, el Hijo le dio la forma y el Espíritu santo la dirige a la perfección. (La cursiva es mía)
[11]El pensamiento de Ireneo obliga a distinguir, además de la Jerusalén celeste: a) la Jerusalén terrestre mandada levantar por Salomón según el modelo de la celeste y destruida por los romanos (la promitiva ciudad de Salem es mucho más antigua que la Jerusalén de Salomón, pero sólo ocupaba el antiguo monte de Sión, lo que hoy se conoce como la ciudad de David. Salomón la engrandeció construyendo el Templo y su palacio, respectivamente, en el monte Moira y en otro monte al que bautizó con el nombre de Sión, robándoselo al lugar de la primera Salem. El templo de Salomón fue destruido por Nabucodonosor, rey de Babilonia en el siglo VI a. de C. y vuelta a construir por Esdras y Nehemías a la vuelta del cauiverio de Babilonia. Herodes el Grande amplió este segundo Templo poco antes de la vida pública de Cristo, haciéndolo más fastuoso que el de Salomón. Éste segundo Templo fue destruido por Tito en el año 70 y la ciudad entera de Jerusalén por Adriano e el 130, tras sendas sublevaciones judías); b) la Jerusalén reconstruida en tiempos del Anticristo, previos al Reino de los justos (ahora, Jerusalén, como tal, no existe, pues ya hay Templo); c) la Jerusalén reedificada en la tierra renovada en el Reino de los Justos, asimismo levantada según el modelo celeste, con una hermosura y resplandor superior a la de los tiempos veterotestamentarios. (los paréntesis en cursiva son míos)
[12]El segundo Isaías (Deutero Isaías) escribe en los tiempos de exilio de Babilonia, entre la destrucción del Templo de salomón y la construcción del segundo Templo. (La nota es mía).
[13]Cfr. Salmo 87, 4-7: “Contaré a Egipto y a Babilonia entre los que la conocen (a Jerusalén) / filisteos, tirios y etíopes han nacido allí”. / Dirán de Sión: “Todos han nacido en ella, / él mismo, el Altísimo, la ha fundado”. El Señor inscribe en el registro de todos los pueblos: “Éste nació allí”. / Y cantarán y danzarán todos los que viven en ti. (La nota es mía)
[14]En un pasaje anterior, el autor de este estudio dice que “Según el obispo de Lyon, el Hijo de Dios, aún antes de encarnarse, estaba en este mundo, afirmación que no es sino un eco de Juan 1, 10 (“En el mundo estaba y el mundo fue hecho por medio de Él”), pero estaba de forma peculiar: el Verbo creador estaba crucificado en la creación entera; no se trata de la crucifixión del Calvario, sino de una crucifixión invisible ligada a su actividad en la creación del cosmos. La creación visible fue capaz de llevar la cruz del Calvario, en la que colgaba el Verbo hecho carne, porque el Padre portaba la creación haciéndola subsistir y otra cruz, la cósmica e invisible del Verbo Creador la sostenía con eficacia propia. El Verbo Creador y Preexistente está crucificado, no sólo en toda la creación, sino en cada una de las realidades en particular, para gobernar, disponer u organizar y dar cohesión al cosmos y a todas sus realidades. Ireneo ve en la figura de la cruz el gesto del abrazo: el Hijo de Dios está en su creación abrazando su largura, anchura, altura y profundidad (Cfr. Efesios 3, 18) para darle cohesión de norte a sur, de oriente a occidente. […] El Verbo Creador está crucificado otorgando lo que Ireneo llama el Espíritu según creación. […] En suma, el Hijo, crucificado en su creación, derrama el Espíritu sobre ella: la unge con el Espíritu”.
[15]Según yo lo veo, el hombre, antes del pecado original podía regir el cosmos por delegación de Dios, impidiendo el crecimiento de la entropía física gracias al orden moral que ejercía por esa delegación. Al rechazar esa delegación y querer actuar por sí y para sí, introdujo una suerte de desorden o entropía moral (la entropía es desorden) que le impidió frenar el crecimiento de la entropía física, que es “ajamiento, rebeldía ante los afanes de los hombres y servidumbre que le obstaculiza desarrollarse según su dinamismo originario”. (Esta nota es mía)

Efeso. La Iglesia del primer amor (Siglo I d.C.)

Efeso (Ap. 2:1-7)

Introducccion

a. Efeso.La iglesia apostólica
1. Período apostólico 33-100 D.C
2. Efeso no soportaba a los malos y se cuidaba de los falsos profetas y no había desmayado, pero había perdido su primer amor.
3. El remedio era recordar de donde había caído y arrepentirse
4. Se le advierte que su candelaro sería quitado de su lugar si no se arrepentía
5. Nicolaítas:
No hay testimonio en la historia antigüa sobre una secta llamada así.
Probablemente es una palabra simbólica derivada de los términos griegos “nikao” que significa conquistar y “laos” pueblo o laicos”. Si efectívamente es un simbolismo se referirá al comienzo de la division entre sacerdotes y laicos, procursora del papado. Otros atribuyen esta herejía a un cierto “Nicolás” uno de los siete diáconos elegidos en Jerusalen.

Efeso.La iglesia apostólica

1. Período apostólico 33-100 D.C

2. Efeso no soportaba a los malos y se cuidaba de los falsos profetas y no había desmayado, pero había perdido su primer amor.

3. El remedio era recordar de donde había caído y arrepentirse

4. Se le advierte que su candelaro sería quitado de su lugar si no se arrepentía

5. Nicolaítas:

No hay testimonio en la historia antigüa sobre una secta llamada así.

Probablemente es una palabra simbólica derivada de los términos griegos “nikao” que significa conquistar y “laos” pueblo o laicos”. Si efectívamente es un simbolismo se referirá al comienzo de la division entre sacerdotes y laicos, procursora del papado. Otros atribuyen esta herejía a un cierto “Nicolás” uno de los siete diáconos elegidos en Jerusalen.

La Iglesia del primer amor (Siglo I d.C.)

El nombre “Efeso” significa deseada o primer amor y describe adecuadamente el primer siglo de historia de la Iglesia, el cual se caracterizó generalmente por un profundo amor y un ardiente celo por Cristo y también por una inflexible oposición a los falsos maestros y a las doctrinas erradas. Efeso era el centro de una densa población cristiana y gracias a los esfuerzos de Juan, el cuerpo principal de los pastores de la región se mantuvo firme contra toda herejía y unánime en la exclusión de los maestros falsos de las iglesias. Sin embargo, la iglesia que Juan más conocía y amaba había dejado el celo del prin­cipio. Las flores habían caído del árbol. La primera luz se estaba convirtiendo en lobreguez. (Vea Hechos 20:17-31.)

Efeso, la famosa capital del estado jónico, era conocida como “la luz de Asia”. Era famosa por su riqueza, su sabiduría y su perversión. La adoración de Diana (vea Hechos 19) se extendió de allí a todo el mun­do entonces conocido. Pero la iglesia de Efeso (madre de todas las iglesias de Asia) se alza sobre las demás como la más espiritual de todas ellas, según lo expresa el relato sagrado.

Sin embargo, como el doctor Campbell Morgan nos recuerda, “el origen de la iglesia de Efeso está descrito en Hechos 18 — 20; el ministerio elocuente pero parcial de Apolos fue suplementado y ampliado por el de Pablo. La carta a Efeso describe la situación de la iglesia unos treinta y cinco años más tarde.”

Efeso estaba entregada a la idolatría y una de las herejías prevalecientes consistía en afirmar que los cristianos podían participar de las inmoralidades de los festivales paganos. Por esta razón, muchos cristianos dejaron su primer amor. ¿Somos nosotros tan ardientes y fervorosos en el Señor hoy como lo fuimos en los primeros días de nuestra vida cristiana, cuando todo lo llevábamos al altar?

Aunque quizá todavía nos quede un lenguaje teológico, ¿no podría ocurrir que en nuestro corazón haya dejado de palpitar con el amor a Jesús  que manifestamos en los primeros años de nuestra vida cristiana?[1]

Algunas doctrinas hereticas a la que los cristianos debemos oponernos.

1.Homosexualismo

2. Arrianismo

3.Liberalismo o modernismo teologico

4.Unitarismo y unicitarismo

5.Cientificismo, Naturalismo (Teoria de la Evolucion – Macroevolucion)

6.Ateismo /Agnosticismo

7.Panteismo

8.Mariolatria

9. El misticismo extremista carismatico / pentecostal

10. Antiinteelctualismo evangelico (“la letra mata”)

11. Espiritismo, magia y esoterismo.

12. Nueva Era

13. Gnosticismo.

Hay muchas mas.Estas son algunas que se me ocurren ahora, que están presentes actualmente en nuestro contexto latinoamericano.

Notas

1.Herbert Lockyer, Apocalipsis El drama de los siglos, ed. Vida,pag.pag.62

LA BIBLIOTECA DE CELSO EN ÉFESO

LA BIBLIOTECA DE CELSO EN ÉFESO

La ciudad de Éfeso fue fundada por los griegos entre los siglos X y IX a.C, alcanzando su apogeo en los siglos II a.C y III d.C, siendo entre esos siglos la ciudad más populosa de Asia Menor y una de las más importantes del Imperio Romano. De esta época data la construcción de la biblioteca de Celso, llamada así porque fue erigida en honor de Tiberio Julio Celso Polemeano, procónsul de Asia, por su hijo Gayo Julio Aquila Polemeano en el año 110 d.C.

La biblioteca fue construida encerrada entre otros edificios, siendo sólo visible al exterior la fachada, situada frente a una pequeña plaza, mostrándose desde aquí en todo su esplendor. La fachada fue levantada convexa, jugando asimismo con el tamaño variable de las columnas, de tal forma que se lograba el efecto de hacerla parecer más grande de lo que realmente era.

10- Galatas y Efesios

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EFESIOS: EL LLAMAMIENTO A LOS SANTOS

EFESIOS: EL LLAMAMIENTO A LOS SANTOS

por Ray C. Stedman

La Epístola a los Efesios es, en muchos sentidos, la gloria que corona el Nuevo Testamento, pero tal vez no debiera llamarse a esta epístola “Efesios porque no sabemos en realidad a quien fue escrita.

No hay duda de que los cristianos que se encontraban en Efeso estaban entre los receptores de esta epístola, pero debió de haber además otros. En muchos de los manuscritos griegos originales hay un espacio en blanco donde la traducción inglesa del Rey Jaime ha colocado la palabra “en Efeso, sencillamente una línea donde aparentemente se podía rellenar los nombres de otros receptores. Por eso es por lo que la versión “Revised Standard Version en inglés no dice: “a los santos de Efeso sino sencillamente “a los santos que también son fieles en Cristo Jesús…

En la epístola de Pablo a los Colosenses se hace referencia a una epístola que les escribió a los laodicenses. Nuestra Biblia no incluye esa epístola llamada “Una Epístola a los Laodicenses, pero muchos tienen la impresión de que es la misma que llamamos “La Epístola a los Efesios. El motivo es que el Apocalipsis de Juan (el último libro de la Biblia) comienza con cartas escritas a las siete iglesias de Asia, siendo la primera la de Efeso y la última la de Laodicea.

Estas ciudades se encontraban agrupadas mas o menos en una especie de círculo en Asia Menor y es evidente que era la costumbre que cualquiera que escribiese a una de las iglesias hiciese que la epístola se enviase al mismo tiempo a las otras y en orden, continuando el círculo hasta que llegaba por fin a la iglesia de Laodicea. Esto puede explicar lo que de lo contrario podría parecer una epístola perdida del apóstol Pablo a los laodicenses. Sea como fuere, esta epístola expone, de una manera maravillosa, lo que ningún otro libro del Nuevo Testamento describe de un modo tan completo, la naturaleza del cuerpo de Cristo, la verdadera Iglesia.

Las primeras cuatro epístolas del Nuevo Testamento: Romanos, Primera y Segunda de Corintios y Gálatas, son el desarrollo de la frase “Cristo en vosotros, enseñándonos lo que la vida de Cristo morando en nosotros tenía el propósito de llevar a cabo. Pero comenzando por la epístola a la iglesia de Efeso, debemos de aprender y entender lo que significa para nosotros estar en Cristo y compartir la vida del cuerpo del Señor Jesucristo, “vosotros en Cristo. He aquí el gran tema de esta epístola, el creyente en Cristo o la naturaleza de la Iglesia. El versículo tres del primer capítulo es, en muchos sentidos, el tema de la epístola, siendo la clave: en Cristo:

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien nos ha bendecido con toda bendición espiritual en los lugares celestiales.”

Hay muchos que interpretan la frase “los lugares celestiales, que aparece varias veces en esta epístola, como una referencia al cielo después de morir, pero si hacemos eso, nos perderemos todo el significado de la epístola de Pablo. Aunque es cierto que habla acerca de ir un día al cielo, se refiere principalmente a la vida que vivimos actualmente porque los lugares celestiales no están en algún lugar distante del espacio, en algún planeta o estrella, sino que pertenece al ámbito de la realidad invisible en el que vive actualmente el cristiano, en contacto con Dios y en conflicto con el demonio en el que nos vemos envueltos a diario.

Los lugares celestiales son el lugar que ocupa el poder y de la gloria de Cristo. En el capítulo dos, versículo seis se nos dice:

“Y juntamente con Cristo Jesús nos resucitó [Dios] y nos hizo sentar en los lugares celestiales.”

Pero en el capítulo tres nos enteramos de que también está ahí la central de los principados y potestades del mal:

“…para que por medio de la iglesia la inconmensurable sabiduría de Dios pueda darse a conocer a los principados y poderes en los lugares celestiales.”

El conflicto que se desencadena se menciona en el capítulo seis:

“Porque nuestra lucha no es contra sangre ni carne, sino contra principados, contra autoridades, contra los gobernadores de estas tinieblas, contra espíritus de maldad en los lugares celestiales.”

Así que, como vemos, ésta no es ni mucho menos una referencia al cielo, sino a la tierra. Es el ámbito invisible de la tierra, no se refiere, pues, a lo que podemos ver, oír, probar o sentir, sino a ese reino espiritual que nos rodea por todas partes, y que nos afecta e influencia constantemente, ya sea para bien o para mal, dependiendo de nuestra decisión voluntaria y de nuestra relación con estos poderes invisibles. Esos son los lugares celestiales. En este ámbito, en el que vivimos todos nosotros, el apóstol declara que Dios ya nos ha bendecido con toda bendición espiritual. Es decir, ya nos ha dado todo cuanto precisamos para vivir nuestras circunstancias y relaciones actuales. Pedro dice lo mismo en su segunda epístola: “su divino poder nos ha concedido todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad…. (2ª Ped. 1:3)

Eso quiere decir que cuando usted recibe a Jesucristo como su Señor, ya ha recibido usted todo lo que Dios tenía la intención de darle. ¿No es eso asombroso? El más débil de los creyentes tiene en su poder todo lo que posee el más poderoso de los santos de Dios. Ya lo tenemos todo, porque tenemos a Cristo, y en él se hallan cada una de las bendiciones espirituales y todo lo relacionado con la vida y la santidad. Por lo tanto, tenemos todo lo que precisamos para vivir la vida tal y como Dios se propuso que fuese. Teniendo este hecho en cuenta, cualquier fracaso no es debido a que carezcamos de nada, sino a que no nos hemos apropiado de lo que ya es nuestro.

Esto elimina, como es lógico, cualquier fundamento en cuanto a la noción de una “segunda bendición o una tercera o cuarta. Todo está aquí ahora. Habrá bendición tras bendición al recibirla usted, una por una y momento tras momento. Ese es el significado del himno “Jesús descanso, descanso en ti recibiendo cada momento de él todo cuanto él es, descansando en su poder y su vida.

El apóstol desarrolla el tema de esta epístola valiéndose de seis maravillosos tropos de dicción, mediante los cuales aprendemos que la Iglesia es todo el cuerpo de Cristo, pero me encuentro con que al enfocar el tema desde ese ángulo, a las personas les resulta difícil captar el significado de la verdad de esta epístola. Todos tenemos tendencia a considerarnos un tanto alejados de la Iglesia y de vez en cuando me viene alguien a decirme: “La Iglesia debería hacer tal o cual cosa. A lo que les respondo: “Usted es la Iglesia, hágalo. El hecho de que sean la Iglesia parece dejarles bastante sorprendidos. Alguien me comentó no hace mucho: “La Iglesia debería ser más amistosa y le respondí: “está bien, usted y yo somos la Iglesia, seamos más amigables.

La Iglesia es las personas y cada uno de los creyentes es un miembro del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, por lo que yo preferiría estudiar esta epístola no usando la palabra “iglesia, sino “cristiano porque cada creyente es una pequeña réplica de toda la Iglesia. Si entendemos que Dios vive en la Iglesia veremos que también vive dentro de cada uno de los creyentes. Cada uno de nosotros, como creyentes en Jesucristo, somos un microcosmo de todo un cuerpo y, por lo tanto, podemos estudiar toda esta epístola relacionando lo que dice Pablo no a la Iglesia, sino a cada uno de nosotros, como creyentes a nivel individual.

En el primer tropo, el apóstol se refiere a la Iglesia como un cuerpo:

“Aun todas las cosas las sometió Dios bajo sus pies y le puso a él por cabeza sobre todas las cosas para la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de aquel que todo lo llena en todo. (1:22-23) El primer capítulo trata por entero acerca de la maravilla y lo asombroso de que nosotros que somos seres humanos normales y corrientes, poseídos por el pecado, hayamos sido llamados por Dios de una manera totalmente asombrosa, incluso antes de la fundación del mundo, para ser miembros de ese cuerpo y esta es una tremenda declaración. El apóstol Pablo no llegó nunca a superar el asombro que sentía por el hecho de que él, un hombre patizambo, calvo y despreciado por muchos, hasta considerado con desdén en muchos círculos era, sin embargo, miembro del Cuerpo de Jesucristo y había sido llamado por Dios antes de la fundación del mundo, habiendo recibido tremendas bendiciones que le permitieron estar capacitado para afrontar cualquier cosa que le exigiese la vida y eso es, precisamente, lo que significa pertenecer al Cuerpo de Cristo.

¿Pero cuál es el propósito del Cuerpo? Es ser “la plenitud de aquel que todo lo llena en todo. En otras palabras, es la expresión de la cabeza y para eso sirve su cuerpo, ya que su propósito es expresar y llevar a cabo los deseos de la cabeza. La única ocasión en que un cuerpo humano sano no lo hace es cuando algún centro nervioso secundario recibe un estímulo artificial.

Por ejemplo, usted sabe que si se golpea la rodilla con un martillo en el lugar indicado, su pierna saltará en el aire sin que usted ni siquiera lo desee. Aunque usted decida no dar una patada en el aire, su pierna seguirá reaccionando. Yo me pregunto en ocasiones si una parte de la actividad de la Iglesia puede atribuirse a una especie de movimiento reflejo, haciendo que el cuerpo actúe por sí solo sin ser dirigido por la cabeza. Sea como fuere, la función del cuerpo es expresar “la plenitud de aquel que todo lo llena en todo. ¡Qué frase tan impresionante! ¿Piensa usted alguna vez acerca de sí mismo en ese sentido? ¿Se atreve usted a considerarse de la misma manera que Dios piensa en usted, como un cuerpo que ha de llenarse por completo y que ha de inundarse con la presencia de Dios mismo?

Pablo se refiere a continuación a la Iglesia como un templo:

“En él todo el edificio, bien ensamblado, va creciendo hasta ser el templo santo en el Señor. En él también vosotros sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.” (2:21, 22)

Aquí tenemos un templo santo. Una de las cosas más impresionantes que están sucediendo hoy en día en el mundo es el crecimiento de este edificio que Dios ha estado erigiendo a lo largo de los siglos. Cuando todos los productos inservibles de la empresa humana se hayan desmoronado, convirtiéndose en polvo, cuando todas las instituciones y organizaciones que creamos haga mucho que han quedado olvidadas, el templo que está edificando Dios se convertirá en el punto central de la atención a lo largo de la eternidad y es exactamente lo que da a entender este pasaje. Además, él lo está edificando ahora, usando bloques de construcción humanos, dándoles forma, creando los bordes, lijándolos y preparándolos tal y como él desea, poniendo a seres humanos en este templo donde quiere que estén.

¿Por qué? ¿Cuál es el propósito para usted y para todo el templo? Es tal y como dice Pablo, ser la residencia de Dios, su morada. Eso prevé e incluye todo cuanto entendemos por la palabra “hogar. Cuando mi familia y yo regresamos de un largo viaje, tan pronto como llegamos a casa, nos quitamos los abrigos, nos estiramos y nos ponemos cómodos y todos comentamos lo a gusto que se está en casa.

¿Pero qué es lo que hay en nuestra casa que hace que nos sintamos de ese modo? ¿No es el hecho de que al estar en casa podemos relajarnos y comportarnos tal y como somos? Eso tampoco quiere decir que cuando no estamos en casa somos otra cosa que no sea nosotros mismos, pero sí es cierto que nos vemos un tanto limitados, mientras que en casa podemos ser lo que queramos, relajándonos y actuar con naturalidad. Para eso es para lo que Dios está edificando la Iglesia, para que sea un lugar donde podamos ser lo que él quiere ser en cada uno de nosotros, completamente relajados y todo cuanto él es en usted y en mi. Es por eso por lo que él le está llamando y edificándole.

El tercer capítulo introduce el tercer tropo. En él aprendemos que la Iglesia es un misterio, un secreto sagrado:

“A mí, que soy menos que el menor de todos los santos, me ha sido conferida esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo y para aclarar a todos cuál es la administración del misterio que desde la eternidad había estado escondido en Dios, quien creó todas las cosas. Todo esto es para que ahora sea dada a conocer, por medio de la iglesia, la multiforme sabiduría de Dios a los principados y las autoridades en los lugares celestiales.” (3:8-10)

Estas son maravillosas insinuaciones, en el sentido de que Dios ha tenido algunos planes secretos que ha estado poniendo en práctica a lo largo de los siglos, que nunca ha revelado a nadie, pero tiene una gran meta y un propósito en mente que tiene la intención de cumplir y el instrumento del cual se está valiendo para hacerlo es la Iglesia. Esto es algo que nunca podremos entender totalmente, pero implica la enseñanza de todo el universo. Pablo está diciendo que por medio de la Iglesia la multiforme sabiduría de Dios, los muy diversos aspectos y facetas de su sabiduría, serán ahora dadas a conocer a todos los principados y autoridades que habitan en los lugares celestiales, el ámbito invisible de la realidad de cualquier y de todas partes, a lo largo de todos los tiempos, siendo la enseñanza del universo el propósito del misterio.

En el capítulo cuatro, el apóstol usa otro tropo más:

“y vestios del nuevo hombre, que ha sido creado a semejanza de Dios en justicia y santidad de verdad.” (4:24)

La Iglesia es el nuevo hombre porque cada cristiano es un nuevo hombre y esto enlaza con las palabras de Pablo en 2ª Corintios:

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas.” (2ª Cor. 5:17)

La creación actual, que empezó al principio de los cielos y la tierra, hace ya mucho que han quedado anticuadas y están a punto de pasar. El mundo con toda su riqueza y su sabiduría pertenece a lo que está pasando, pero gradualmente, durante el curso de los siglos, Dios ha estado creando una nueva generación, una nueva raza de personas, una nueva clase de hombre que el mundo no ha visto nunca antes, mejor que Adán. En Romanos se nos dice que ¡todo cuanto perdimos en Adán lo hemos recuperado en Cristo con creces! (Rom. 5:17) y aquí se nos revela una raza de personas como las que el mundo jamás ha soñado.

El apóstol Pablo nos dice además en Romanos que toda la creación está de puntillas (ese es el significado literal), estirando el cuello para ver la manifestación de los hijos de Dios, el día en que será quitado el velo y contemplaremos la nueva creación (Rom. 8:19) Pero recuerde, esa nueva creación está siendo creada ahora mismo y a usted le está siendo extendida la invitación de revestirse de ese nuevo hombre, momento tras momento, día tras día, a fin de que pueda usted enfrentarse con las presiones y los problemas de la vida en el mundo actual.

Por eso es por lo que está aquí la Iglesia, que es un nuevo hombre y el propósito del nuevo hombre es llevar a cabo un nuevo ministerio. En este mismo capítulo de Efesios leemos:

“Sin embargo, a cada uno de nosotros le ha sido conferida la gracia conforme a la medida de la dádiva de Cristo.” (Efe. 4:7)

A este nuevo hombre, en cada uno de nosotros, le ha sido conferida una dádiva que nunca tuvimos antes de ser cristianos. Nuestra labor, el motivo de nuestra existencia, la razón por la que Jesucristo nos colocó aquí en la tierra y nos dejó aquí, es para que pudiésemos descubrir y poner en práctica ese don y yo no sé de nada más importante que esto. El motivo por el que la Iglesia se ha debilitado y ha tropezado, ha fracasado y ha perdido, es que los cristianos han perdido esta gran verdad que cada uno de nosotros recibe directamente del Señor. Eso nos incluye a todos los que conocemos a Jesucristo, desde el más pequeño hasta el más anciano. El Señor resucitado le ha concedido un don a usted, de la misma manera que el hombre de la parábola dio los talentos a cada uno de sus siervos, confiándoles su propiedad hasta su regreso. Y cuando él vuelva, su juicio se basará en lo que hizo usted con el don que él le dio a usted, que es el ejercicio del nuevo hombre.

El capítulo cinco presenta otro tropo más acerca de la Iglesia y nos enteramos en él de que la Iglesia es la esposa:

“Esposos, amad a vuestras esposas, así como también Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella, a fin de santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua con la palabra, para presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa que no tenga mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que sea santa y sin falta.” (5:25-27)

Y a continuación cita las palabras de Dios en Génesis:

“Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne. Grande es este misterio, pero lo digo respecto de Cristo y de la iglesia.” (5:31-32)

La Iglesia es una esposa y ha de ser una esposa para el gozo del esposo. Pablo dice que la intención que tiene Cristo al preparar a la Iglesia como una esposa es presentársela a sí mismo. ¿No es eso lo que desea todo esposo, que la esposa le pertenezca? Puede que durante la primera época del noviazgo ella salga con otros hombres, pero cuando se hacen novios ella está prometida, comprometiéndose a ser suya y los dos están esperando el día cuando eso se pueda convertir en una realidad. Por fin llega el día cuando se encuentran ante el altar para contraer matrimonio y se prometen amor, honor y cuidado el uno al otro hasta que la muerte les separe. Desde ese momento se pertenecen el uno al otro, ella le pertenece a él y él le pertenece a ella, para el gozo mutuo durante toda la vida juntos. Esa es una imagen tanto de la Iglesia como del cristiano. El cristiano ha de ser la esposa de Cristo, para el gozo del Señor. ¿Se considera usted alguna vez de ese modo? Ese concepto me ayudó a revolucionar mi propia vida devocional cuando me di cuenta, de repente, de que el Señor Jesús esperaba con anhelo el tiempo en que habríamos de estar juntos y que si me lo perdía, él se sentiría decepcionado. Fui consciente de que no solo estaba yo recibiendo de él, sino que él estaba recibiendo de mi, y que él me deseaba y me anhelaba. Cuando me reuní con el Señor a partir de entonces fue con un nuevo sentido de su amor y de que se deleitaba en el tiempo que pasábamos juntos en comunión.

La última imagen de la Iglesia en esta epístola es la de un soldado:

“Por esta causa, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y después de haberlo logrado todo, quedar firmes.” (6:13)

¿Cuál es el cometido de un soldado? El luchar en las batallas y es precisamente lo que está haciendo Dios en nosotros en estos momentos. Nos ha concedido el gran privilegio de ser el campo de batalla en el que se ganan sus grandes victorias.

Esa es la esencia de la historia de Job. Ese hombre tan extraordinario fue abatido, por una serie de tragedias. En un solo día perdió sus posesiones una por una. Finalmente perdió a toda su familia, excepto a su esposa. No podía entender lo que estaba pasando, pero Dios había escogido a Job para ser el campo de batalla en el que tuvo lugar el conflicto con Satanás.

Dios permitió a Satanás llegar al límite máximo, afligiendo a Job incluso en su cuerpo físico, permitiendo además que su mente estuviese angustiada, sin poder entender lo que estaba sucediendo, pero cuando hubo concluido la batalla Dios bendijo grandemente a Job y le ha usado con poder, para enseñar al pueblo de Dios a lo largo de los siglos que las pruebas y las dificultades no son solo para la persona que las padece, sino que son un medio del cual se vale Dios para obtener poderosas victorias contra los poderes invisibles y nosotros hemos sido llamado a ser soldados, que hemos aprendido cómo luchar.

Juan escribe en su primera epístola a sus jóvenes amigos cristianos diciendo:

“Os he escrito a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al maligno.” (Iª Juan 2:14)

Es decir, habéis aprendido cómo luchar, cómo seguir adelante, cómo deshaceros de las confusas limitaciones del mundo, cómo no dejaros arrastrar por la época en la que vivís y a ir contra la corriente, en contra de ella incluso, glorificando grandemente a Dios al hacerlo.

A mi me encanta la historia de Daniel que, siendo adolescente, se encontró prisionero en un país extranjero. Se vio expuesto a un ambiente pagano y tuvo que luchar la batalla día tras día, reconociendo una vez tras otra la fidelidad de Dios para guardarle cuando todo se ponía en su contra. Las presiones que ejercieron sobre él fueron casi increíbles, pero Daniel y sus amigos se enfrentaron repetidamente con las pruebas y obtuvieron la victoria sobre las batallas en las que se vieron envueltos.

Hacia el final del libro le fue enviado a Daniel un visitante, el ángel Miguel, que le contó algunas cosas impresionantes. A Daniel se le permitió ver a lo lejos, saltando por encima de los siglos, hasta nuestros días. Pero a pesar de ello, cuando se le apareció el ángel, Daniel se sintió grandemente turbado, cayendo sobre su rostro, temblándole las rodillas, atemorizado y asustado de aquel visitante celestial. Pero el ángel le dijo: “Daniel, hombre muy amado…no temas. (Dan. 10:11-12) ¿Por qué era amado? Por ser un fiel soldado. Este es el privilegio al que Dios nos está llamando a nosotros en este día de inquietud y de aflicción mundial. Dios nos está llamando a que seamos soldados, a que sigamos en los pasos de aquellos que han salido victoriosos de la batalla antes de nosotros, habiendo sido fieles, de ser necesario, hasta la muerte. Ese es el privilegio de aquellos que son llamados y capacitados con toda bendición espiritual, para que haya un cuerpo, un templo, un misterio, un nuevo hombre, una esposa y un soldado para Jesucristo. ¡Ese es todo un llamamiento!

Por lo tanto, la exhortación de esta epístola aparece en un solo versículo, en el que Pablo dice:

“Por eso yo, prisionero en el Señor [escribiendo esta epístola desde la cárcel] os exhorto a que andéis como es digno del llamamiento con que fuisteis llamados.” (4:1)

No pierda usted de vista lo que está haciendo Dios. El mundo no lo puede ver y no tiene ni idea de lo que está sucediendo, pero usted lo sabe y lo está viendo, así que no se desanime.

Oración

Padre nuestro, te damos gracias por este recordatorio, escrito de mano de tu fiel apóstol, acerca del carácter del mundo en el que vivimos y la naturaleza de la batalla que luchamos, así como la gloria del llamamiento que tenemos. Te pedimos que tú nos hagas ser fieles, que nos hagas fieles hasta el fin, si hace falta hasta la muerte, y que todas las presiones las afrontemos con el poder del propio Jesucristo, el Hijo de Dios, que habita en nosotros y que hace su morada en nuestros corazones. ¡Qué maravillosa comunión es esta! En el nombre de Cristo, amen.

http://cebei.wordpress.com/2008/12/30/11-sinopsis-nuevo-testamento-efesios-el-llamamiento-a-los-santos-1128/

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