El proposito de la Gracia: CREAR ABORRECIMIENTO POR TODO LO SATÁNICO


El proposito de la Gracia: CREAR ABORRECIMIENTO POR TODO LO SATÁNICO
John J Alvarado D 04 de agosto a las 11:30

  • Ni deis lugar al diablo. (Efe. 4: 27).

Lo que enciende la enemistad de Satanás contra la raza humana, es que ella, por intermedio de Cristo, es objeto del amor y de la misericordia de Dios.

Lo que él quiere entonces es oponerse al plan divino de la redención del hombre, deshonrar a Dios mutilando y profanando sus obras, causar dolor en el cielo y llenar la tierra de miseria y desolación. Y luego señala todos estos males como resultado de la creación del hombre por Dios.

La gracia que Cristo derrama en el alma es la que crea en el hombre enemistad contra Satanás. Sin esta gracia transformadora y este poder renovador, el hombre seguirá siendo esclavo cae Satanás, siempre listo para ejecutar sus órdenes.

Pero el nuevo principio introducido en el alma crea sin conflicto allí donde hasta entonces reinó la paz. El poder que Cristo comunica habilita al hombre para resistir al tirano y usurpador.

Cualquiera que aborrezca el pecado en vez de amarlo, que resista y venza las pasiones que hayan reinado en su corazón, prueba que en él obra un principio que viene enteramente de lo alto.

Como león rugiente, Satanás busca su presa. Prueba sus engaños con todo joven incauto; sólo hay seguridad en Cristo. Solamente por medio de su gracia se puede rechazar con éxito a Satanás.

Satanás les dice a los jóvenes que hay suficiente tiempo, que pueden entregarse al pecado y al vicio sólo por esta vez para no hacerlo nunca más; pero esa única entrega al mal envenenará toda la vida.

No os aventuréis ni siquiera una vez en terreno prohibido. En estos peligrosos días de maldad, cuando las incitaciones al vicio y a la corrupción se encuentran por todos lados, elévese al cielo el ferviente y sentido clamor de los jóvenes: “¿Con qué limpiará el joven su camino?”

Y que sus oídos estén abiertos y sus corazones inclinados a obedecer la instrucción que se da en la respuesta: “Por guardar tu Palabra” (Sal. 119: 9).

La única seguridad que pueden tener los jóvenes en esta edad contaminada consiste en hacer de Dios su confianza. Sin la ayuda divina serán incapaces de dominar las pasiones y los apetitos humanos.

Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: