GEDEONES INTERNACIONALES

GEDEONES INTERNACIONALES

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Correo Postal:
The Gideons International
PO Box 140800
Nashville, TN 37214

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«Los GEDEONES INTERNACIONALES son un brazo misionero de la iglesia de Jesucristo. Son Miembros de iglesias que reparten gratuitamente el Nuevo Testamento, desde el año 1.899.»(1)

«Los Gedeones Internacionales son una agrupación que distribuye Biblias de manera gratuita en diversas partes del mundo, en lugares como: escuelas, hospitales, prisiones, hoteles y lugares públicos.»(2)

Son una asociación internacional organizada en la actualidad en 179 países. Una junta internacional de directores (Gabinete) elegidos por los miembros tiene la responsabilidad de supervisar el trabajo de los Gedeones en todo el mundo.

Cada país tiene su propia asociación nacional, con su propio Gabinete Nacional, integrado por funcionarios nacionales elegidos y síndicos de cinco zonas en todo el territorio.

La asociación Gedeones Internacionales se compone de miembros que pagan una cuota anual y que se encuentran organizadas en capítulos locales llamados campamentos.

Las esposas de los gedeones que se han sumado a los auxiliares son un departamento de la organización matriz y ayudan en el cumplimiento de sus objetivos a sus maridos gedeones. »(3)

Los fundadores de los Gedeones Internacionales (4)

En el otoño del año 1898, John H. Nicholson (1859-1946) de Janesville, Wisconsin, vino al Central Hotel en Boscobel, Wisconsin, para pasar allí la noche.
El hotel estaba completo, así que le sugirieron que comparta un cuarto doble con Samuel E. Hill (1867-1936) de Beloit, Wisconsin.
Los dos hombres pronto descubrieron que ambos eran cristianos, y que John Nicholson, cuando era una muchachito de 12 años, le había prometido a su madre que moría, que leería la Palabra del Dios y oraría todos los días. Había sido su costumbre por muchos años leer la Biblia antes de dormirse en la noche.

Hospedados en el hotel, tenían la tarde libre para charlar e inclinar sus rodillas ante Dios en manera conjunta.
Así es que surgieron las primeras ideas de lo que más tarde se transformaría en una sociedad.

John H. Nicholson

El 31 de mayo de 1899, organizaron en Beaver Dam, Wisconsin, un encuentro para reunir a comerciantes cristianos para conocerse, conversar sobre evangelismo personal, y el servicio unido para el Señor.
Decidieron convocar una reunión en Janesville, Wisconsin el 1 de julio de 1899, en el Y.M.C.A.

Solamente tres hombres estuvieron presentes en esa reunión: John H. Nicholson, Samuel E., Hill y Will J. Knights (1853-1940).
Se organizaron así: Hill como presidente, Knights como vice presidente, y Nicholson como secretario y tesorero.

Durante mucho tiempo pensaron en el nombre que debía dársele a la Asociación. Pidieron especialmente por esto. Después de realizar una oración, Knights se levantó de sus rodillas y dijo, “nos llamarán Gedeones.”

Leyó los sexto y séptimo capítulos de Jueces y demostró la razón de adoptar ese nombre.
Gedeón era un hombre que estaba dispuesto a hacer exactamente lo que Dios quisiera que él haga, sin importar su propio juicio en cuanto a los planes o los resultados.
La humildad, la fe, y la obediencia eran los grandes elementos de su carácter.

Samuel E. Hill

Este sería el estándar que la Asociación de Gedeones intentaría establecer en cada uno de sus miembros. Todo “gedeón” debería estar dispuesto para hacer la voluntad de Dios en cualquier momento, en cualquier lugar, y en cualquier manera que el Espíritu Santo conduzca.

Debido al hecho que los gedeones era hombres que viajaban casi todo el año, se presentó la necesidad de poder ser testigos más eficaces en los hoteles en donde pasaban gran parte de su tiempo.
Una sugerencia fue que se coloque una Biblia en el escritorio de la recepción de cada hotel, de modo que los huéspedes pudieran, previo registro, pedirla prestada si deseaban.
Mediante este mecanismo, podían ser testigos silenciosos del funcionamiento del programa en los restantes hoteles aún cuando ellos estuviesen en otra parte.

El asunto del “avance de las actividades”, como fue llamado, fue cuidadosamente considerado en la reunión de gabinete realizada en Chicago, el 19 de Octubre de 1907. Un administrador fue quien sugirió que los Gedeones equipe una Biblia para cada dormitorio de los hoteles en los Estados Unidos.
Él comentó, “en mi opinión, ésta no sólo estimularía el espíritu de cuerpo en cada miembro, además sería un acto de Gracia, enteramente en armonía con la misión divina de la asociación de Gedeones.”
Este plan fue adoptado por la convención en Louisville, Kentucky, en 1908.

Will J. Knights

Es interesante observar que la práctica de las iglesias de contribuir al Programa de Escrituras Gedeón se originó como iniciativa de un pastor.
Apenas dos meses después de la convención 1908 de Louisville, una convención del estado se reunió en Cedar Rapids, Iowa.
El Secretario Nacional Frank Garlick y el Sr. A.B.T. Moore se encontraron en una reunión de la “Ministerial Union”, y después de su programa preguntaron si el hermano Garlick podría dirigirse a los ministros acerca del trabajo de la asociación de Gedeones.
Garlick habló de la necesidad de distribuir la Biblia. Faltando 10 minutos para el cierre de la convención, propio pastor del Sr. Moore, Dr. E.R. Burkhalter, de la Primera Iglesia Presbiteriana, se presentó y habló al auditorio: “… Que las Biblias de los Gedeones se coloquen en todos los hoteles y locales y ésta la Unión sea responsable de los fondos.”

La propuesta fue aprobada unánimemente y designaron a un comité para repartir el costo a las iglesias, según las posibilidades de cada una de ellas.

Asi fue que la idea de los Gedeones se transformó en un amplio brazo para la actividad de la Iglesia. Y ésta fue el soporte inicial e impulso para la proyección de la visión hacia todo Estados Unidos y el resto del mundo.

En la actualidad, la Asociación Gedeones Internacionales extiende su presencia por todo el planeta, a través de la distribución de Biblias y Nuevos Testamentos editados en casi todos los idiomas.

“El sembrador es el que siembra la palabra” (Marcos 4:14)

Links relacionados

Las Auxiliares de Los Gedeones Internacionales – Guia Compendiada
El apostolado de los Gedeones en las residencias de ancianos de Madrid
Notas:

(1) http://groups.msn.com/MENSAJESDEESPERANZA/labiblia.msnw

(2)http://www.americanomerida.edu.mx/index.php?Itemid=27&id=20&option=com_content&task=view

(3) (Traducción al español del texto en inglés)

(4) Los fundadores de los Gedeones Internacionales

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Colportores bíblicos

«El 7 de marzo de 1804, en el lugar histórico de la calle Bishopgate 123, en London Tavern, quedó constituida la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera (SBBE). Es el lazo común de todos los cristianos, cualquiera sea su pabellón eclesiástico, con tal que deseen servir a Dios y trabajar por el progreso de su reino, esparciendo, cual angélicos sembradores, la Santa Palabra por el mundo entero. Esta es la primera Sociedad Bíblica en formarse con el propósito de que la palabra de Dios esté disponible en el idioma que la gente pueda entender y a un precio accesible. » [1]

«Los principales actores en la difusión de la Biblia en Latinoamérica en el siglo XIX fueron los llamados “colportores”. Estos viajeros jugarán un papel muy importante como difusores de la literatura bíblica, y con ella, de la lectura popular al poner libros a bajo costo en las manos de los pocos lectores que había en el siglo XIX. Con la difusión de la Biblia, los colportores también difundían otra forma de ver la fe cristiana que entraba en oposición a las formas tradicionales que el pueblo conocía. Así lo comenta Émile G. Léonard en 1967 en su monumental obra sobre la Historia general del protestantismo:

“Debemos observar que si pudo propagarse la Biblia, es porque podía ser leída y comprendida; lo podía,gracias a la enseñanza cristiana que había logrado sembrar el catolicismo, pero que no había logrado desarrollar. Por otra parte, con frecuencia ha bastado la Biblia para que aparecieran personalidades protestantes.

No es un caso único la historia que cuentan algunos misioneros: de gira por una región agrícola, les detienen unos agricultores; les explican que han leído una “Biblia protestante”, que la han comparado con una “Biblia católica”, que no todo lo han entendido claramente, que varios puntos continúan oscuros; entonces el misionero explica, comenta, les hace cantar himnos, reza. Antes de partir bautiza a los que lo desean: quedan colocados los fundamentos de una ‘congregación’. ¿No es esto ya una Iglesia? Unos años después vuelve el misionero: la congregación sigue en pie, con nuevos prosélitos. Ya sabemos que el papel de los “buhoneros” en tiempos de la Reforma consistió, sobre todo, en dejar una Biblia allí por donde pasaron”.

Efectivamente, la difusión de la Biblia jugó un papel fundamental para el surgimiento de las primeras Iglesias protestantes en Latinoamérica. Y no es raro enterarse que ahí
donde se fundaba una congregación y se establecía un templo protestante había llegado antes un ejemplar de la Biblia, muchas veces llevado por estos olvidados promotores llamados colportores. No es posible dar cuenta en este espacio de los muchos casos en los que así surgieron grupos cristianos no católicos por toda Latinoamérica, que después se convertirían en Iglesias organizadas que tomarían el nombre de alguna de las ramas del protestantismo. » [2]

1 http://groups.msn.com/MENSAJESDEESPERANZA/labiblia.msn
2 http://www.cenpromex.org.mx/revista_ftl/ftl/textos/carlos_mondragon.htm

Los últimos años del Apostol San Pablo

Los últimos años del Apostol San Pablo

Dado que este periodo carece de la documentación de los Hechos, está envuelto en la más completa oscuridad; nuestras únicas fuentes son algunas tradiciones dispersas y las citas dispersas de las epístolas.

Pablo deseó pasar por España desde mucho tiempo antes (Rom., xv, 24, 28) y no hay pruebas de que cambiase su plan. Hacia el fin de su cautiverio, cuando anuncia su llegada a Filemón (22) y a los filipenses (ii, 23-24), no parece considerar esta visita como inminente, dado que promete a los filipenses enviarles un mensajero en cuanto conozca la conclusión de su juicio y, por consiguiente, él preparaba otro viaje antes de su vuelta a oriente. Sin necesidad de citar los testimonios de San Cirilo de Jerusalén, San Epifanio, San Jerónimo, San Crisóstomo y Teodoreto diremos finalmente que el testimonio de San Clemente de Roma, bien conocido, el testimonio del “Canon Muratorio”, y el “Acta Pauli” hacen más que probable el viaje de San Pablo a España. En cualquier caso, no pudo quedarse allá por mucho tiempo, dada su prisa por visitar las iglesias del este. Pudo sin embargo haber vuelto a España a través de la Galia, como algunos padres pensaron, y no a Galacia, a la que Crescencio fue enviado más tarde. (II Tim., iv, 10). Es verosímil que, después, cumpliera su promesa de visitar a su amigo Filemón y que, en tal ocasión, visitara las iglesias del valle de Licaonia, Laodicea, Colosos, y Hierapolis.

A partir de este momento el itinerario se vuelve sumamente incierto aunque los hechos siguientes parecen estar indicados en las epístolas pastorales: Pablo se quedó en Creta el tiempo preciso para fundar nuevas iglesias, cuyo cuidado y organización dejó en manos de su colega Tito (Tit., i, 5). Fue después a Éfeso y rogó a Timoteo, que estaba ya allí, que permaneciera allá hasta su vuelta mientras él se dirigía a Macedonia (I Tim., i, 3). En esta ocasión visitó, como había prometido, a los filipenses (Fil., ii, 24), y, naturalmente, también pasó a ver a los tesalonicenses. La carta a Tito y la primera epístola a Timoteo deben datar de este periodo; parece que se escribieron al mismo tiempo aproximadamente, poco después de haber dejado Éfeso.

La cuestión es el saber si se enviaron desde Macedonia o desde Corinto, como parece más probable. El Apóstol instruye a Tito para que se reúna con él en Nicópolis de Epiro donde piensa pasar el verano (Titus, iii, 12). En la primavera siguiente debe haber efectuado su plan de vuelta a Asia (I Tim, iii, 14-15). Aquí ocurrió el oscuro episodio de su arresto, que probablemente tuvo lugar en Tróade; ello explicaría el porqué había dejado a Carpo unas ropas y unos libros que necesitó después (II Tim., iv, 13). De allí fue a Éfeso, capital de la provincia de Asia, donde lo abandonaron todos aquellos que él pensaba le habrían sido fieles (II Tim., i, 15). Enviado a Roma para ser juzgado, dejó a Trófimo enfermo en Mileto y a Erasto, otro de sus compañeros, que permanecieron en Corinto por razones nunca aclaradas (II Tim., iv, 20). Cuando Pablo escribió su segunda epístola a Timoteo desde Roma, creía que toda esperanza humana estaba perdida (iv, 6). en ella pide a su discípulo que venga a verle lo más rápidamente posible, dado que está solo con Lucas. No sabemos si Timoteo fue capaz de ir a Roma antes de la muerte del Apóstol.

Una antigua tradición hace posible establecer los puntos siguientes: (1) Pablo sufrió el martirio cerca de Roma en la plaza llamada Aquae Salviae (hoy Piazza Tre Fontane), un poco al oeste de la Via Ostia, a cerca de tres kilómetros de la espléndida basílica de San Pablo Extra Muros, lugar donde fue enterrado. (2) El martirio tuvo lugar hacia el fin del reinado de Nerón, en el duodécimo año (San Epifanio), en el decimotercero (Eutalio), o en el decimocuarto (San Jerónimo). (3) De acuerdo con la opinión más común, Pablo sufrió el martirio el mismo día del mismo año que Pedro; algunos padres latinos disputan si fue el mismo día pero no del mismo año; el testigo más anciano, San Dionisio el Corintio, dice solamente kata ton auton kairon, lo que puede ser traducido por “al mismo tiempo” o “aproximadamente al mismo tiempo”. (4) Durante tiempo inmemorial, la solemnidad de los apóstoles Pedro y Pablo se celebra el 29 de Junio, que es el aniversario, sea de la muerte, sea del traslado de sus reliquias. El Papa iba antiguamente con sus acompañantes a San Pablo Extra Muros después de haber celebrado en San Pedro, aunque la distancia entre las dos basílicas (cerca de ocho quilómetros) hacía dicha ceremonia demasiado agotadora, particularmente en este momento del año. Así surgió la costumbre de transferir al día siguiente (30 de junio) la conmemoración de San Pablo.

La fiesta de la conversión de San Pablo (25 de enero) tiene un origen comparativamente reciente. Hay razones de creer que este día fue celebrado para marcar el traslado de las reliquias de San Pablo a Roma, puesto que así aparece en el Martirologio Hieronimiano. Esta fiesta es desconocida en la iglesia griega (Dowden, “The Church Year and Kalendar”, Cambridge, 1910, 69; cf. Duchesne, “Origines du culte chrétien”, Paris, 1898, 265-72; McClure, “Christian Worship”, London, 1903, 277-81).

Fuente:

La pasión política de Judas

La pasión política de Judas

miércoles, 19 de marzo de 2008

España, (ORBITA).- Se cree que Judas, conocido como el Traidor, procedía de Cariot en Judá. Era el encargado de administrar las limosnas (Jn. 13:29). De acuerdo con la tesis del autor inglés A. Burgess en El hombre de Nazareth era un nacionalista judío que creyó realmente que Jesús encabezaría una rebelión popular contra los ocupantes romanos.

La conducta extraña de Jesús y sobre todo su deriva propugnando una espiritualidad del amor incluso respecto de los enemigos, su condescendencia con las tropas de ocupación y con los publicanos -odiosos colaboracionistas que se enriquecían con la ocupación- tuvieron que desesperar a Judas, por lo que llegó a la conclusión de que el mensaje de Cristo era contraproducente para la liberación de Judea y a la postre abandonista.

A partir de ese cálculo político se justifica a sí mismo la traición, aunque en realidad él no lo entregó a los romanos, sino a las autoridades religiosas del judaísmo, los que conservaban la legitimidad nacional del pueblo elegido; una vez entregado Jesús -su querido Rabí y amigo- sintió remordimientos, lo que demuestra que después de todo amó a Cristo; y sus remordimientos le llevaron a suicidarse ahorcándose en una higuera.

“Entonces Satanás entró en Judas, uno de los doce discípulos, al que llamaban Iscariote. (4) Éste fue a ver a los jefes de los sacerdotes y a los oficiales del templo, y habló con ellos sobre cómo entregarles a Jesús. (5) Ellos se alegraron y prometieron darle dinero a Judas. (6) Y él aceptó y comenzó a buscar un momento oportuno, en que no hubiera gente, para entregarles a Jesús”. (Lucas 22, 3-6)

No es de extrañar que la figura de Judas haya despertado el interés de la literatura y que haya obsesionado precisamente a los denominados autores cristianos; se da en Judas la paradójica condición de ser traidor al amor de Cristo, pero al mismo tiempo su traición es el paso obligado para el sacrificio de la Redención.

Abominable y sin embargo necesario. Bernanos representa muy bien esa ambigua consideración sobre Judas: el famoso novelista católico-romano siendo joven, en un arrebato de patetismo que cuadra bien con su estilo teatral encargó una serie de misas por la salvación de Judas. ¡Qué maravilloso gesto!

A pesar de que muchos autores consideran un enigma psicológico el móvil de la traición de Judas y de que el Evangelio no da detalles que permitan establecer sus motivaciones, a mi juicio la motivación política de la que habla Burgess parece la más convincente en un personaje apodado el zelota, es decir, perteneciente a la minoría radical, celosa de la independencia de Judea. Era lo que hoy podríamos denominar un nacionalista radical que exigía que Jesús fuera ese Mesías-Rey y Liberador que la tradición judía esperaba.

En el Evangelio de Juan se sugiere su codicia, por el hecho de que fuera el tesorero del grupo; es conocida la protesta de Judas porque Cristo permite que la Magdalena gaste un perfume con el que le unge los pies. En esa escena la preocupación económica es más bien altruista que fruto de la codicia; lo que le mueve a Judas es precisamente la consideración política y militante del mesianismo de Jesús que no debiera permitirse esas indulgencias.

El Dante le reserva a Judas en su Infierno el Noveno Círculo, aquél reservado a los traidores donde el propio Lucifer tiene su cuartel general. Burgess, sin embargo, intenta otra mirada sobre Judas, descubriendo que fue no tanto un traidor -que lo fue- como un decepcionado, Judas, el patriota.

En Euskadi, sin querer hacer comparaciones políticas, zelota sería traducido como abertzale. Judas fue un resistente a la ocupación romana que pensó que Jesús venía efectivamente a encabezar una rebelión política contra los invasores, que Jesús era el Mesías vencedor y guerrero que instauraría un reino de justicia en un Israel independiente gobernado por la estirpe del Rey David. Cual no sería su decepción cuando detrás de los milagros de Jesús vio que no había una vocación de poder: “Mi reino no es de este mundo”.

El Reino que Judas esperaba, en cambio, sí era de este mundo pero sólo valía treinta monedas de plata. (Javier Otaola)

Javier Otaola es el Defensor del Ciudadano de Vitoria-Gasteiz y autor de Laicidad, una estrategia para la libertad. Ed. Bellaterra. Barcelona.

Fuente:

http://agenciaorbita.com/index.php?option=com_content&task=view&id=4888&Itemid=1

Misiones a Oceanía

Misiones a Oceanía
«La progresión de la actividad misionera en los Mares del Sur generalmente fue desde este a oeste. Los tempranos informes favorables desde Tahiti hicieron que los misioneros fueran primero allí, siguiendo luego hasta las mas hostiles islas Melanesias en el oeste. Luego de las Islas Sociedad Misionera de Londres (LMS),fueron evangelizadas las islas occidentales de Polinesia – Tongo,Samoa Occidental y Fiji -,por los metodistas.Los católicos romanos españoles habían cruzado desde las Filipinas hasta la Micronesia oocidental a las Islas Marianas, pero no hubo mas evaneglización de parte de los católicos hasta tarde en el siglo XIX.

Los cuerpos misioneros principales de los católicos eran franceses: en Melanesia, la congregación de los Sagardos Corazones de Jesús y María, conocida como los Padres Pipcus; en la Polinesia, los Padres Maristas.

En muchas islas el arribo de ellos causaba tensión y a veces conflcito con los covertidos protestantes. En Nueva Guinea, la isla fue dividida de común acuerdo en campos misioneros para evitar esa confrontación. Los católicos franceses se establecieron en Nueva Caledonia y al sur de Nueva Guinea, Mangareva y la isla Oriental. Después de que la junta Americana logró la conversión de los hawaianos, se desarrolló una gigantezca empresa cruzando el Pacífico en 1852 hacia las Islas Marshall, las Carolnas y las islas Gilbert.»

http://books.google.com/books?id=rmab1KQmg_IC&pg=PA5&lpg=PA5&dq=mapa
+de+las+iglesias+primitivas+del+norte+de+africa&source=web&ots=w9ua4sOk
3p&sig=mg4zT9ULhw3bu-PSSMJsoz5dJFE#PPA23,M1

La exaltación de Jesús

Exaltación del Señor Jesus

Cristo esta sentado a la derecha del Padre: como Dios es igual que el Padre; en cuanto hombre, ha sido constituido Sacerdote, Rey, Señor y Juez de toda la creación.

La obra de la Redención humana y la perfecta glorificación de Dios la realizó Cristo el Señor «principalmente por el misterio Pascual de su bienaventurada Pasión, Resurrección de entre los muertos y gloriosa Ascensión» (SC, 5). Por ello conviene que conozcamos en profundidad el significado de la Resurrección de Jesucristo.

La predicación de los Apóstoles insiste mucho en este punto: San Pedro dice en su primer discurso: «Varones israelitas, escuchad estas palabras: Jesús de Nazaret, varón probado por Dios entre vosotros con milagros, prodigios y señales que Dios hizo por Él en medio de vosotros, como vosotros mismos sabéis. Conforme al designio previsto y sancionado por Dios, os lo entregaron, y vosotros, por mano de los gentiles, lo matasteis en una cruz. Pero Dios lo resucitó rompiendo las ataduras de la muerte; no era posible que la muerte lo retuviera en su dominio (… ). Pues bien, Dios resucitó a este Jesús y todos nosotros somos testigos. Ahora, exaltado a la diestra de Dios y recibida del Padre la promesa del Espíritu Santo, le derramó, según vosotros veis y oís» (Hch. 2, 22-24; 32-33).

La exaltación de Jesús por su perfecto cumplimiento de la voluntad del Padre será una glorificación de su humanidad y a la vez se presenta como la meta de los que crean en Él y le amen.

Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el -NOMBRE-SOBRE-TODO-NOMBRE- de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble -en el CIELO en la TIERRA en el Abismo- y toda lengua proclame: ¡JESUCRISTO ES SEÑOR! para gloria de DIOS PADRE.

CRISTO ESTA SENTADO A LA DERECHA DEL PADRE

Estas palabras también las recitan en el Credo los cristianos. San Marcos dice: «El Señor Jesús, después de haber hablado con ellos, fue levantado a los cielos y está sentado a la diestra de Dios.» (Mc. 16, 19). Esta expresión está tomada del Antiguo Testamento y significa que Jesucristo como Dios es igual que el Padre, y que en cuanto hombre ha sido constituido Sacerdote, Rey, Señor y Juez de toda la creación.

Cristo es Sacerdote por toda la eternidad

El sacerdocio de Jesucristo no se redujo al momento culminante del sacrificio de la cruz. Toda su vida en la tierra tiene un valor sacerdotal, porque intercede continuamente por los hombres y actúa de mediador entre éstos y Dios. Pero también se prolonga a toda la eternidad después de la Ascensión a los Cielos en la epístola a los Hebreos precisa: «Tenemos un Pontífice que está sentado a la derecha del trono de la Majestad de los cielos» (Heb. 8, l); y más adelante añade: «Habiendo ofrecido un sacrificio por los pecados, para siempre se sentó a la diestra de Dios» (Heb. 10, 12).

Cristo es Rey

Reinar significa tener dominio sobre un territorio y sobre unas personas. El Mesías debía ser rey. Jesús afirmó repetidamente que era rey, pero que su reino no era de este mundo, pues era un reino espiritual de verdad, justicia, amor y libertad. Tras la Resurrección, Cristo alcanza la plenitud de la realeza en cuanto hombre. Como Dios siempre le correspondió el dominio sobre toda la creación. Pero ahora esta realeza se aplica también a su humanidad unida a su divinidad.

En el anuncio del ángel a María se le había dicho que «Él será grande y llamado Hijo del Altísimo, y le dará el Señor Dios el trono de David, su padre, y reinará en la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.» (Lc. 1, 32-33). El último libro de la Sagrada Escritura dice: «Tiene sobre su manto y sobre su muslo escrito su nombre: Rey de Reyes y Señor de Señores» (Ap. 19, 16).

Ya se vio cómo el núcleo de la predicación de Jesús era que había llegado el Reino de Dios. Cristo vence al poder diabólico, y su consecuencia primera que es el pecado, estableciendo el Reino de Dios. Los que se convierten y tienen fe se incorporan a este Reino. Si al final de su vida han sido fieles, se incorporan al Reino de Dios definitivo en el cielo. A los que mueren en gracia de Dios se les puede aplicar lo que dice el Apocalipsis: «Al que venciere le haré sentarse conmigo en mi trono, así como yo también vencí y me senté con mi Padre en su trono» (Ap. 3, 21). Porque consagraste Sacerdote eterno y Rey del universo a tu único Hijo, nuestro Señor Jesucristo, ungiéndole con óleo de alegría, para que ofreciéndose a sí mismo, como Víctima perfecta y pacificadora en el altar de la Cruz, consumara el misterio de la Redención humana; y sometiendo a su poder la creación entera, entregara a tu Majestad infinita un Reino eterno y universal: el Reino de la verdad y la vida, el Reino de la santidad y la gracia, el Reino de la justicia, el amor y la paz. (Prefacio de la fiesta de Jesucristo Rey del universo)

Cristo es Juez

En todos los símbolos de la fe consta que -Jesucristo vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos.. El mismo Jesús, cuando describe el juicio final, dice que vendrá como el Hijo del hombre en su gloria con todos los ángeles, se sentará en su trono de gloria y juzgará a todos según sus obras (Mat. 25, 31-46). San Pablo dice también que «en aquel día Dios juzgará los secretos de los hombres por Jesucristo» (Ro. 2:16).

Jesucristo, como Juez, juzga del modo más perfecto. En primer lugar, defiende la justicia de Dios sin apartarse ni un ápice de ella; conoce todas las circunstancias que afectan al actuar de los hombres del modo más perfecto y total, tanto las que disculpan los errores como las que agravan la mala conducta. Conoce las omisiones y las buenas obras desconocidas por los hombres. Su justicia está llena de misericordia; por ello nos proporciona abundante gracia en esta vida y tiene la máxima comprensión con las debilidades o malicias de los hombres.

Estando nosotros muertos por los pecados nos ha hecho vivir con Cristo -por pura gracia estáis salvados-, nos ha resucitado con Cristo Jesús y nos ha sentado en el Cielo con El. (Ef. 2:5-6)

Porque estáis salvados por su gracia y mediante la fe, no se debe a vosotros, sino que es un don de Dios. (Ef. 2:8). Cristo es Supremo Legislador y Profeta

Una de las afirmaciones más claras de Jesús sobre sí mismo es que El es «el Camino, la Verdad y la Vida». El cristiano puede alcanzar la verdad y la vida a través de Cristo, que es el Camino.

Jesucristo es el Supremo Legislador. Todo legislador promulga leyes para que sus súbditos puedan alcanzar el bien y ser más felices. La ley suprema es la que conduce al bien supremo y a la felicidad suprema. Cristo nos da esa ley, como consta en los evangelios. Esta ley es superior a toda ley humana, de modo que una ley que se oponga a la ley de Cristo no debe ser obedecida, porque va contra la voluntad de Dios y no conduce al bien supremo.

Cristo es Profeta, porque la misión del profeta es declarar la verdad que conduce a Dios. Nuestro Señor Jesucristo es la plenitud de la Revelación; por eso se puede decir que es profeta en el sentido más completo de la palabra.

Porque estáis salvados por su gracia y mediante la fe, y no se debe a vosotros, sino que es don de Dios

DESCENDIO A LOS INFIERNOS

Como cité al principio de la redacción de este tema, Este punto es controversial, lo analizaré más objetivamente ya que a pesar de que es un punto del Credo de los Apóstoles, es objetable. Veremos por que

“En el Credo se proclama esta verdad después de confesar la Resurrección al tercer día. Con estas palabras se quiere decir que después de la Muerte del Señor, tanto el alma como el cuerpo seguían unidos a la divinidad, aunque ambos estuviesen separados; y que durante ese tiempo que estuvieron separados el alma y el cuerpo se aplicaron los frutos de la Redención a todos aquellos que habían sido fieles a la Ley de Dios y a su conciencia, pero no podían gozar de la visión de Dios en los cielos porque aún no habían sido abiertas las puertas del cielo.
La palabra infierno no quiere decir aquí lugar de condenación, sino lugar inferior, donde están aquellos que no merecen castigo por haber actuado bien en su vida, pero tampoco poseen la gracia de Cristo porque la Redención estaba pendiente. También se le ha llamado seno de Abrahán. Los que allí estaban fueron los primeros en gozar de la Redención obrada por Cristo.”

Autor:

Por Pbro. Dr. Enrique Cases

Fuente:

http://www.encuentra.com/documento.php?f_doc=2957&f_tipo_doc=9

La Escritura en las Escuelas

Indice de Temas

  1. La Escritura como la Autoridad en la Escuela

  2. La Autoridad de las Confesiones Reformadas en la Escuela

  3. La Escritura como el Contenido de la Instrucción

  4. Implicaciones para la Instrucción Diaria

La Biblia es básica para la educación Cristiana; no simplemente como la asignatura más importante de instrucción sino como la interpretación autoritativa de todas las asignaturas escolares. Este estudio de lugar de la Biblia en la educación Cristiana es el segundo capítulo del libro del Profesor Engelsma Educación Reformada, modificado para ser publicado aquí por separado.

“Lámpara es a mis pies tu palabra y lumbrera a mi camino” (Salmo 119:105)

La Sagrada Escritura tiene una posición en la escuela Cristiana de fundamental importancia. La presencia de la Escritura hace de una escuela una Escuela Cristiana. Sin la Escritura la educación no puede ser Cristiana. La exclusión de la Escritura hace a la educación pública de hoy no solo no-Cristiana sino también anti-Cristiana. Esta es la razón por la cual los padres temerosos de Dios hallan inaceptables las escuelas públicas. Con percepción característica, Lutero señaló, “Mucho me temo que las universidades, a menos que enseñen las Sagradas Escrituras diligentemente y las estampen en los jóvenes estudiantes, serán amplias puertas hacia el infierno.”[1]

Dios está presente en y opera por la Palabra, la Sagrada Escritura. Desterrar la Palabra es desterrar a Dios, y desterrar a Dios es invitar al diablo. La necesidad de las Escuelas Cristianas Reformadas es la necesidad de que la Escritura esté presente en las escuelas en su poder pleno, rico e incorruptible.

La presencia de la Escritura en la escuela está íntimamente ligada a la base pactal de la escuela. La actividad de criar a niños del pacto* en la disciplina y amonestación del Señor Jesucristo es hecha solamente por medio de la Escritura. Los preceptos de Jehová que Deuteronomio 6 requiere que enseñemos a nuestros hijos están dados en la Escritura. La disciplina del Señor, de la cual se habla en Efesios 4, es prescrita y definida por la Escritura. La amonestación del Señor, de la cual se habla en el mismo texto, se halla en la Escritura. Nuestras escuelas son un aspecto de aquello que la Fórmula Bautismal Reformada llama “criar y disciplinar a los hijos en la doctrina anteriormente mencionada”, y esto demanda el uso de la Biblia. Dios, de quién en última instancia es la obra de criar, opera a través de la Palabra y es el Amigo pactal de los hijos en la Palabra. Por lo tanto, para que la educación pactal ocurra la Palabra de Dios debe estar presente siempre y por todas partes, y debe estar presente como la que reina supremamente.

La Escritura como la Autoridad en la Escuela

Se da por sentada la doctrina histórica, confesional, ortodoxa y Reformada de la Escritura. La Escritura es inspirada por Dios, inerrante en todo lo que contiene, clara, suficiente, digna de confianza y autoritativa. Es la Palabra de Dios escrita, dada a nosotros, por gracia, para ser “una lámpara a nuestros pies, y una luz a nuestro camino” (Salmo 119:105). También es una lámpara para nuestros pies educacionales y también una luz para nuestro camino en las escuelas.

La doctrina ortodoxa y Reformada de la Escritura es la sine qua non de la educación Cristiana, como lo es de la predicación del evangelio, de la vida Cristiana y, de hecho, de toda actividad Cristiana. Muchas escuelas nominalmente Cristianas hoy están plagadas de escepticismo, i.e., incredulidad, con respecto a la doctrina de la Escritura. Por virtud de este hecho estas escuelas son Cristianas solamente en el nombre.

La misma existencia de la escuela Cristiana depende de la Escritura. Los padres temerosos de Dios leen la Biblia el mandamiento de enseñar a sus hijos las palabras de Dios y de criar a sus hijos en la verdad de Jesucristo (Salmo 78:1-7; Efesios 6:4). Inclinándose a la autoridad de la Biblia ellos establecen la escuela Cristiana. Puesto que es la poderosa Palabra misma la que opera esta obediencia paterna, la Escritura misma establece la escuela Cristiana, lo mismo que también establece el hogar Cristiano, de donde procede la escuela.

La Escritura define la educación Cristiana. Concuerdo con el educador Reformado Escocés, Jan Waterink, que no podemos definir la educación Cristiana de la escuela citando un cierto texto, e.g., II Timoteo 3:17: “Que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”.[2]

Sin embargo, debemos ser dirigidos por la Escritura al definirla, especialmente por aquellos pasajes que explícitamente tratan de la crianza de los niños del pacto. A la luz de estos pasajes, podemos definir así la educación Cristiana: la Educación Cristiana es la crianza de los hijos del pacto a la madurez espiritual por parte de padres creyentes a través de un creyente capaz. Esto se hace, en la escuela Cristiana, por la instrucción en todos los aspectos de la creación de Dios a la luz de la revelación de la Sagrada Escritura. Así pues, los niños se desarrollan y crecen, de manera que sean capaces de vivir todas sus vidas en el mundo como amigos-siervos de Dios fieles y responsables en Cristo Jesús, en obediencia a la voluntad de Dios y para la finalidad de la gloria de Dios.

Esto concuerda con la descripción de educación Cristiana de prominentes pensadores Reformados. Según Herman Hoeksema, “Apuntarás en tu educación al hombre de Dios perfecto, conociendo la voluntad de su Dios para cada esfera de la vida y para cada paso que tome en el camino de la vida; definimos la educación como la impartición al niño de conocimiento con respecto a su relación material y espiritual en el mundo.”[3]

Jan Waterink da esta definición: “la guianza de seres humanos de tal manera que ellos con sus talentos sean capaces de servir a Dios apropiadamente, su Creador, en la sociedad en la que han sido colocados”.[4]

Cornelius Jaarsma ofrece esta definición: “La educación Cristiana es la tarea pactal por la cual un niño es criado a la madurez en la ‘nueva obediencia’. Esta tarea ha de realizarse según las indicaciones, ordenadas por Dios, con respecto a la naturaleza del niño”.[5]

La escritura informa a toda la instrucción dada en la escuela Cristiana (por “informa” quiero decir: da esencia a, es la calidad característica de). La Escritura es la luz de Dios en la cual vemos la luz. No se enseñará nada que entre en conflicto con las Escrituras. La escuela Cristiana no enseñará evolución, sea atea o teísta; la bondad natural y el progreso ascendente en la historia de la humanidad (caída); comunismo; feminismo; la homosexualidad como un estilo de vida alternativo; o la identificación del reino de Dios con los Estados Unidos.

Como la luz y la verdad de Dios, la Escritura es el fundamento y estándar de cada asignatura, controlando, ordenando y explicando cada materia. De esta forma, la Escritura hace de lo que es meramente verdadero, la verdad. ¿Cómo puede la historia ser enseñada a menos que esté fundamentada e iluminada por la Palabra que enseña de un Dios soberano; la centralidad de Cristo (“la plenitud del tiempo” – ¡Gálastas 4:4); la depravación y la rebelión totales del hombre natural en contra de Dios; la gran guerra del reino de Dios y el reino de este mundo; y el juicio de Dios en la historia sobre los hombres y las naciones?

¿Cómo puede enseñarse la ciencia aparte de la Palabra acerca de la creación; acerca de la caída y la maldición sobre el hombre y sobre esta tierra; acerca del diluvio; y acerca de la sabiduría y poder del Creador?

En conexión con su crítica a la limitación de la inspiración de las partes “ético-religiosas” de la Escritura, el teólogo Reformado, Herman Bavinck, habla de la relación entre la Escritura y las otras ramas del conocimiento:

Finalmente, y a partir de esto, la relación en la que permanece la Escritura para con las otras ciencias se vuelve evidente. Ha habido mucho mal uso de la declaración de Baronius, “la Escritura no nos dice cómo marchan las cosas en el cielo, sino cómo entramos al cielo.” Exactamente como el libro del conocimiento de Dios, la Escritura tiene mucho que decir con respecto a las otras ciencias. Es una luz en el camino y una lámpara a los pies, también para la ciencia y el arte. Se atribuye autoridad en cada área de la vida. Cristo tiene todo poder en los cielos y en la tierra. Objetivamente, la limitación de inspiración a las partes ético-religiosas de la Escritura es insostenible; y subjetivamente, la distinción entre el aspecto religioso (godsdienstige) de la vida del hombre y el resto de su vida no puede ser sustentada. La inspiración se extiende, ella misma, a todas las partes de la Escritura, y la religión es un asunto del hombre completo. Mucho de aquello de lo que está registrado en la Escritura es de principal importancia también para las otras ciencias. La creación y caída del hombre, la unidad de la raza humana, el diluvio, el origen de las naciones y los idiomas, etc., son hechos de la más grande importancia también para las otras ciencias. Cada momento, ciencia y arte entran en contacto con la Escritura; los principios para el todo de la vida son dados en la Escritura. Nada puede hacerse para minimizar esto (mi traducción del Holandés – DJE).[6]

En este sentido, la Escritura unifica toda la educación Cristiana. Materialmente, esta unidad es la gloria del Dios soberano. Bavinck se refiere a esta función vital de la Escritura en su Paedogogische Beginselen (Principios Educacionales):

La Sagrada Escritura, un libro cuyo valor para la instrucción y la crianza nunca puede ser valorado demasiado alto. Pues no solamente esa Escritura nos pone al corriente con el camino que lleva a la vida eterna, sino que también, exactamente porque hace esto, nos señala el camino en el que tenemos que caminar en esta vida.

La Biblia es el libro que orienta al hombre también en esta vida presente. Uno solamente necesita tener en mente que la Escritura nos provee una visión de la naturaleza cuyo parangón no se halla en ninguna otra parte; esa Escritura presenta una explicación del origen, el ser, y el destino del hombre que se buscan en vano en la ciencia y la filosofía; esta Escritura coloca en nuestras manos una introducción a la historia del mundo y de la humanidad sin la cual deambulamos en un caos de acontecimientos.

Y la Escritura nos presenta con todo esto en una forma que es adecuada para el educado y para el no educado, para la gente adulta y para los niños.

El hombre que es instruido en la Escritura, y criado por ella, llega a estar en un punto ventajoso desde el cual tiene una visión de conjunto de la gran totalidad de las cosas. Sus horizontes se extienden hasta los fines de la tierra. Abarca en su pensamiento el origen y la meta de la historia. Conoce su propio lugar porque se mira a sí mismo y a todas las cosas, primero que todo, en relación con Dios, de Quién, a través de Quién, y para Quién son todas las cosas.

Por lo tanto, la Biblia no es solamente el libro para la iglesia, sino también para el hogar y la escuela. La instrucción Bíblica, con tal que sea dada como debiera darse, no en una manera racionalista o pietista, sino según su propio sentido y propósito únicos, es el alma de toda la instrucción, el poder organizador de toda la crianza (mi traducción del Holandés – DJE).[7]

La Palabra de Dios, la cual sostenemos ser la autoridad en la escuela no es la “Palabra” de esa organización educativa en círculos Reformados en Norteamérica anteriormente conocida como la Asociación para al Avance de la Erudición Cristiana (AACS) y funcionando ahora en Toronto, Canadá, como el Instituto para Estudios Cristianos (ICS). El ICS aboga por la educación Cristiana gobernada por la “Palabra de Dios” y critica casi toda la educación Cristiana presente y pasada por haber sido dominada por la iglesia: “Un ideal educativo controlado por la iglesia ha impedido por siglos a la educación Cristiana escrituralmente dirigida el desarrollar su propia manifestación independiente y distintiva”.[8]

El énfasis del ICS en la “Palabra de Dios” en la educación Cristiana es engañoso. Al decir “Palabra de Dios”, el ICS no quiere decir la sagrada Escritura, sino el “plan estructurador y directivo para la creación”.[9]

La “Palabra de Dios” no es la Escritura, sino una cierta “Ley-Palabra” que “sustenta la creación”. De hecho, la Biblia no tiene lugar del todo en la escuela Cristiana en cuanto al ICS concierne. Su único rol es preliminar, aquel de abrir nuestros ojos a la “Palabra de Dios” que sustenta la creación.[10]

La “Palabra” que el ICS tiene en mente es, en realidad, el juicio con respecto a un aspecto particular de la creación de Dios por el erudito residente del ICS. Esta “Palabra” es final y autoritativa, al menos hasta que el erudito de Toronto nos informe que este juicio ha sido suplantado por otro posterior. Esta es una “Palabra de Dios” que no está sujeta a la prueba y autoridad de la sagrada Escritura. El erudito y maestro del ICS es el soberano en su esfera. Él es el señor y dios en la educación Cristiana.

Esta usurpación de la autoridad de la Escritura, i.e., de Dios mismo en Jesucristo, prueba que el empuje “Reformado” del ICS no tiene nada en común con la Reforma o con el ser Reformado en el aspecto de la educación. Básico a la Reforma del siglo dieciséis era la confesión, “sola Scriptura”. La educación Cristiana Reformada es educación que aplica esta confesión al entrenamiento de los niños del pacto en la escuela.

Existe una revelación de Dios en la creación. La creación y la historia dan a conocer el Nombre glorioso y la sabiduría maravillosa del Dios Triuno.[11]

Los eruditos y los maestros creyentes pueden y deberían escudriñar la creación. A los niños del pacto se les debe enseñar la naturaleza del mundo en el que viven y en el que son llamados a servir a Dios. Sin embargo, esto no puede ocurrir de manera independiente de la Escritura, o aún paralelo a la Escritura, con una mirada hacia la Escritura de vez en cuando. La Escritura debe ser el lente a través del cual el maestro y el estudiante vean toda la realidad creada, para usar la figura de Juan Calvino en el Libro I de la Institución. Y la Escritura debe ser la autoridad reconocida de toda la empresa educacional, a la cual le sirven todas las cosas, en la escuela Cristiana.

La Autoridad de las Confesiones Reformadas en la Escuela

Dando por sentado ahora que la Escritura es la autoridad en la educación Cristiana, ¿qué acerca de los credos Reformados y Presbiterianos, el Catecismo de Heidelberg, la Confesión de Bélgica, los Cánones de Dort y los Estándares de Westminster? ¿Tienen algún lugar en la educación? ¿Es su lugar el de una autoridad?

Que estos credos tienen un lugar autoritativo en la escuela Cristiana se da por sentado en el extenso sistema de escuelas Cristianas establecido y sostenido por miembros de las Iglesias Reformadas Protestantes en América. La constitución de la Asociación de Escuelas Cristianas Reformadas Protestantes del Sur de Holanda, Illinois, es representativa cuando declara:

Esta organización se basa en los siguientes principios: A. La Biblia es la Palabra de Dios escrita, infaliblemente inspirada, cuya doctrina está contenida en las Tres Formas de Unidad (Catecismo de Heidelberg, Confesión Belga y Cánones de Dort – DJE), y como tal forma la base para la administración, instrucción y disciplina en esta escuela (Artículo I, “Bases”).

Pero esto está siendo desafiado hoy.

Es digno de notar que el teólogo Cristiano Reformdo, Clarence Bouma, desafió el lugar de los credos Reformados en la educación Cristiana hace mucho tiempo en un discurso en una convención de la Unión Nacional de Escuelas Cristianas (NUCS; la organización es ahora Escuelas Cristianas Internacionales, o CSI). Él apeló a la base de la Universidad Libre de Ámsterdam, fundada por Abraham Kuyper, la cual habla solamente de la instrucción como siendo fundada en “principios Reformados”. Bouma pidió a las escuelas que removieran las “Tres Formas de Unidad” como su base y a contentarse con la autoridad de los “principios Reformados”.[12]

Inmediatamente surge la pregunta, ¿quién determina los “principios Reformados”? ¿Abraham Kuyper? ¿Clarence Bouma? ¿Herman Hoeksema? ¿Cornelius Van Til? ¿Karl Barth? ¿Harry Kuitert? ¿Hendrikus Berkhof? ¿Un voto mayoritario de miembros nominales de iglesias Reformadas y Presbiterianas?

El ICS se opone al uso de los credos como la autoridad en la escuela.

La confesión de la Iglesia-institución (es) en gran parte inadecuada para la tarea educativa.[13]

Las confesiones de una iglesia institucional (denominacional) no debiese tomar el lugar de una confesión educacional Cristiana puesto que una escuela es una escuela y una iglesia institucional es una iglesia institucional. Actuar como si el credo de una iglesia puede ser el credo de una escuela es confundir y llevar a conclusiones erróneas.[14]

Solicita la composición de una “credo educacional” y, de hecho, ha hecho uno.[15]

No es sorprendente que el ICS desee remover los credos Reformados de la escuela, puesto que los rechaza incluso para la iglesia.[16]

La objeción del ICS para que las confesiones Reformadas sirvan como la base de la educación Cristiana ha sido influyente. Se ha hecho general entre los educadores Reformados desafiar la tradición de fundamentar la escuela Cristiana sobre las confesiones Reformadas. El profesor de educación de Calvin College, Donald Oppewal, interpretó la referencia a los “estándares Reformados” en la constitución de la NUCS como solo una referencia a los “principios Reformados” y sugirió que la escuela y la iglesia debían tener diferentes credos.[17]

El resultado ha sido que, con la aprobación de los padres, las autoridades de la escuela Cristiana han desmontado las confesiones Reformadas de la base de la mayor parte de las escuelas Cristianas.

Las razones dadas para esta oposición a los credos Reformados como base de la escuela Cristiana son que los credos son eclesiásticos, mientras que las escuelas no son y no deben ser eclesiásticas; que los credos son demasiado restrictivos; y, para muchos, incluyendo al ICS, que los credos son anticuados y falsos.

Contra esta desafío al lugar de los credos en la educación Cristiana, insisto en que los credos deben ser conservados como autoritativos para la educación Cristiana. Desecharlos es perder la educación pactal Reformada. Las confesiones no son autoridad paralela a la Escritura sino la interpretación autoritativa de la Escritura para la fe Reformada y para el pueblo Reformado. Ellas son la interpretación Reformada de la Escritura para todos los tiempos. La sumisión a los credos (¿necesitamos que se nos recuerde?) es sumisión a la Escritura.

Los credos no son estrechamente eclesiásticos más de lo que la Biblia es estrechamente eclesiástica, sino que son la verdad para la vida completa del creyente redimido Reformado en el mundo. Ellos le obligan (de manera legal), le fundamentan, y le guían no solo en la iglesia el Día del Señor sino también en su matrimonio y hogar; en su trabajo y recreación; en su vida en el Estado; y en las artes y las ciencias. Las confesiones Reformadas definen e iluminan la cosmovisión Reformada.

En los credos están los “principios Reformados” que deben penetrar y controlar la educación Cristiana: la autoridad de la Sagrada Escritura; la soberanía de Dios; la creación y caída del hombre; la preeminencia de Cristo; la antítesis; y todo lo demás. En ellos se hallan vastas riquezas para la educación Cristiana. Qué empobrecimiento de la educación, por no decir nada del alejamiento certero de los “principios Reformados”, resulta cuando estos credos son puestos a un lado y reemplazados con un moderno “credo educacional”.

Si la Escritura, tal y como se interpreta en los credos Reformados, es la autoridad en las escuelas, los padres, las juntas y especialmente los maestros deben conocer la Escritura y los credos. Los maestros deben confesar los credos de manera profundamente sincera. En su importante artículo sobre las escuelas Cristianas en la tradición Holandesa Reformada, H. Bouwman señala que el Sínodo de Dort requirió a maestros y profesores que firmaran la Fórmula de Suscripción, quedando así obligados por vía legal a las confesiones Reformadas.[18]

Al no ir en la dirección de hacer de la escuela una escuela de la iglesia, algo como esto es necesario en la escuela Cristiana de hoy. Los maestros deben expresar compromiso para con las confesiones Reformadas.

De esta forma la educación Cristiana Reformada se distingue de la educación Cristiana no-Reformada. En su obra a favor de la educación Cristiana, los creyentes Reformados y Presbiterianos no deben restar importancia a “Reformada” y presentar “Cristiana” como pendón de batalla. Hacer esto sería comprometer al Cristianismo pleno y robusto de las escuelas.

Hay una tendencia hoy a convertir lo que una vez fueron escuelas Reformadas en amalgamas incoloras de muchas ramas de la Cristiandad. Especialmente son transformadas en escuelas de “Cristianos evangélicos”, i.e., fundamentalistas; Arminianos; neo-Pentecostales; y otros. Inevitablemente los principios Reformados son extirpados de las escuelas. Esto no es decir que las escuelas rechazan a estudiantes no-Reformados, cada solicitud de admisión ha de ser cuidadosamente considerada por la junta y cada caso ha de ser juzgado sobre sus propios méritos. Pero es para decir que todos deben entender que la escuela es Reformada, totalmente, y que todo niño estará recibiendo una educación Cristiana Reformada.

La libertad del maestro en su trabajo está circunscrita por el lugar autoritativo en la escuela de las confesiones Reformadas. La autoridad obligatoria de los credos no amenaza a la genuina libertad académica, erudita y pedagógica. La ley y la libertad no son enemigas sino amigas. Hay libertad dentro del marco teórico de los credos: La libertad es la actividad no estorbada de una criatura dentro de la esfera señalada para ello por Dios. Hay libertad práctica: Dentro del área señalada por los credos, el maestro tiene espacio para la labor grandiosa, excitante y abarcadora. Los credos mismos dan libertad al maestro para esta labor. Le liberan de incertidumbres, de falsas direcciones, de la mentira en la educación y del trabajo duro para nada.

Pero no puede haber transgresión de los límites fijados por las confesiones. Esto sería infidelidad a los padres, quienes apoyan y desean la educación Reformada. Esto sería engañoso para los niños. Los maestros que trafiquen con contrabando intelectual mientras ondean los colores de la fe Reformada son miserables, del tipo de los traficantes de drogas. Peor aún, esto sería desobediencia a Dios. A cualquiera que se oponga a los credos, o tenga dudas sobre ellos, le debe ser prohibido enseñar en una escuela Cristiana Reformada.

La Escritura como el Contenido de la Instrucción

La Escritura es la autoridad sobre la escuela, ¿pero ha de ser también el contenido de la instrucción?

Nuestra respuesta debe ser un resonante “Si” pues esto es requerido por la base pactal de la educación Cristiana. Que la Escritura sea el contenido de la instrucción es el requerimiento de todos los pasajes de la Escritura que llaman a los padres a enseñar a sus hijos. Deuteronomio 6:6-9 requiere a los padres que enseñen a sus hijos la ley de Dios: “Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos”, etc. Según el Salmo 78:1-8, los padres deben enseñar a sus hijos las alabanzas de Jehová, Su potencia, y Sus obras maravillosas. Efesios 6:4 dice que la crianza ha de ser una crianza totalmente en la disciplina y amonestación del Señor. II Timoteo 3:14-17 indica que el desarrollo de un niño hasta llegar a ser un hombre maduro de Dios ocurre por medio de la Sagrada Escritura.

En armonía con este requerimiento de la Escritura, el voto hecho por los padres Reformados en el bautismo de sus hijos demanda de ellos que “prometan y tenga la intención de ver a estos niños educados en la doctrina antes mencionada, o ayuden o causen que sean instruidos en ella.”

No podemos adoptar la base pactal de la educación Cristiana y luego omitir el contenido de la instrucción estipulado en esa base, como si la educación pactal todavía fuese posible de esa manera. Debe haber doctrina en las escuelas, no clases en “los puntos esenciales de la doctrina Reformada”, sino doctrina.

Queda todavía una importante pregunta: ¿Cómo ha de ser la Escritura el contenido? ¿En una manera devocional en la que hay ejercicios regulares de capilla y en que los maestros gritan, “Alabado sea el Señor,” ocasionalmente? ¿Cómo una asignatura en el currículo junto con las otras asignaturas? ¿O en alguna otra manera?

La enseñanza de la Biblia en la escuela por la que estoy contendiendo aquí no es porque se celebren regularmente devocionales o que la Biblia sea una asignatura en el currículo junto con la lectura, la escritura y la aritmética. Esto no es para decir que la Biblia no debería leerse devocionalmente o incluso que la Biblia no debería ser una asignatura distinta en el currículo. Pero es para decir que estas formas de tener la Biblia en las escuelas no constituyen la educación Cristiana, que no son la idea de la educación Cristiana.

Es bueno y necesario tener devocionales en la escuela Cristiana, la lectura de la Biblia con algunos comentarios apropiados por el maestro y la oración diaria. Pero es un error suponer que este es el rasgo distintivo de la escuela Cristiana y la principal diferencia entre ella y la escuela estatal. Algunos piensan así. Presencie la alarma y el alboroto por la prohibición de la Biblia y la oración en las escuelas del estado. Si todas las escuelas públicas reintegraran la lectura de la Biblia y la oración genérica, las escuelas públicas serían tan impías como siempre, y tan inaceptables para los padres Cristianos como lo eran antes.

Con respecto a la Biblia como una asignatura distinta en el currículo, aún cuando la tradición pesa fuertemente contra ello y aún cuando la práctica actual tenga buenos resultados, estaría de acuerdo con la idea de la escuela Cristiana matutina el prescindir de la Biblia como una asignatura distinta. El enseñar la Biblia no es algo que los padres no puedan hacer por sí mismos. Por el contrario, todos los padres Cristianos son llamados por Dios a enseñar ellos mismos la Biblia a sus hijos. Sería beneficioso para el ejercicio de su llamado el que los padres supiesen que la escuela no está enseñando la Biblia.

La enseñanza de la Biblia, ahora como una asignatura distinta, simplemente no es la razón para el establecimiento de escuelas Cristianas y puede aún estorbar el cumplimiento del propósito real de la escuela. El peligro es que los padres y el maestro por igual pueden estar satisfechos con la enseñanza de la Biblia como el cumplimiento del mandato de la escuela. ¿No se expresa esto mismo en la declaración que algunas veces se escucha, “La nota más importante en el boletín de calificaciones es la nota en Biblia,” y la declaración que es aún peor, “La única nota en el boletín de calificaciones de nuestro hijo que es importante para nosotros es la nota en Biblia”? Es también un peligro que la preparación de la lección de Biblia y la enseñanza actual de la Biblia puedan acortar el tiempo y el esfuerzo que el maestro debería estar consumiendo en la difícil tarea de enseñar bíblicamente todas las asignaturas en el currículo.

Además, la iglesia tiene el llamado de enseñar la Biblia a los niños.

Sin embargo, es realista esperar que la escuela Cristiana continúe enseñando la Biblia. Históricamente, las escuelas Cristianas han enseñado siempre la Biblia como una asignatura distinta – las escuelas medievales, las escuelas de la Reforma, las escuelas en los Países Bajos, y en las escuelas Cristianas en Norteamérica hoy. Esto también tiene el buen resultado de que los niños enseñados en la escuela Cristiana conocen con amplitud la historia, la doctrina y los mandamientos de la Escritura. Pero se debe recordar que la enseñanza de la Biblia como una asignatura distinta no agota el llamado de la escuela Cristiana de proveer enseñanza bíblica. De hecho, esto todavía no toca el corazón del llamado.

La Escritura debe ser enseñada de esta forma: como el fundamento, la luz y corazón de cada asignatura. La Escritura ha de ser introducida en operación efectiva en cada asignatura, como un hecho natural, como el fundamento sobre el cual aquel aspecto de la realidad permanece sólidamente; como la luz que ilumina tanto el aspecto particular de la creación que está siendo estudiado, como para darle significado, y al estudiante mismo quien está estudiando, como en lo que respecta a su conocimiento y uso de ese aspecto de la creación; y como el corazón, la médula, de la asignatura, unificando así todas las materias escolares.

La enseñanza de la Escritura en esta forma no debe ser concebida aparte del contenido de la Escritura. Este contenido es el glorioso Dios Trino, Padre de Jesucristo, Quien debe ser amado, temido y servido por el hombre y la mujer redimidos en la totalidad de sus vidas. Bíblicamente, la creación que se estudia en la escuela es la revelación del excelente Nombre de Dios. Bíblicamente, toda la responsabilidad del niño quien estudia en la escuela es temer a Jehová y guardar Sus mandamientos.

Este tipo de enseñanza de la Biblia en la escuela Cristiana debería ser ilustrado. Tome, primero, las asignaturas que tienen que ver con la lectura y la escritura, incluyendo gramática, literatura, ortografía y la oratoria. Ellas están fundamentadas en la Palabra de Juan 1, la Palabra Quien está eternamente con Dios y Quien es eternamente Dios, la Palabra Quien ilumina a todo hombre que entra el mundo, la Palabra Quien se vuelve carne en nuestro Señor Jesús. Las palabras humanas no son sino fenómenos interesantes, útiles, pero accidentales. Ellas son más bien el reflejo en Su creación de la Palabra en Dios. En el corazón de las asignaturas que tienen que ver con las palabras está la realidad del compañerismo a través de la comunicación, exactamente como la Palabra eterna en Dios es la Palabra de compañerismo dentro de la Deidad y la Palabra de compañerismo hacia la iglesia elegida de Dios. Esto lleva más adelante a la noción de verdad en la literatura y a la noción de belleza en el lenguaje hablado.

En su enseñanza de estas materias, el maestro debe ser guiado por la doctrina bíblica respecto a la Palabra en Dios; respecto al compañerismo a través de las palabras; y respecto a la verdad y a la belleza en el lenguaje hablado y en la escritura del hombre. Según las capacidades de los niños, se les deben mostrar estas cosas. Me atrevo a decir que el efecto de tal enseñanza será un poderoso fortalecimiento para el aborrecimiento del niño del contenido sucio, violento y sin sentido de la prensa amarillista de hoy y un poderoso fortalecimiento de su entendimiento de para qué son las palabras en la iglesia, lo mismo que el estímulo y preparación del niño para usar y disfrutar sus dones de lectura y escritura.

En cuanto a la historia, el fundamento, el significado, y el centro de esa importante asignatura son las doctrinas bíblicas de la creación; la providencia; la caída; Cristo y la iglesia; el surgimiento y caída de las naciones por la mano directa de Dios; los juicios temporales de Dios; y la batalla titánica y global de la Civitas Dei y la Civitas Mundi. El significado de la historia es Jesús el Cristo, y el futuro de la historia es el reino de Dios.

Con respecto a la ciencia, las enseñanzas de la Escritura de creación por decreto autoritativo, la creación del hombre a la imagen de Dios, la caída y la subsiguiente maldición de la tierra, la catastrófica destrucción del mundo que era entonces por un diluvio universal, y el gobierno ordenado de Dios de Su creación (“leyes de la naturaleza”) son esenciales para la verdad de la ciencia.

Tal enseñanza de la Escritura en las escuelas hace la instrucción la verdad, tanto en cada asignatura como en el conjunto general, y la guarda de ser una mentira. Tal enseñanza hace Cristiana la instrucción – no solo “piadosa”, sino Cristiana. Las escuelas de creyentes confesantes Reformados y Presbiterianos deben ser Cristianas, i.e., teniendo que ver con Cristo Jesús. Ellas deben estar centradas en Cristo. Deben estar devotamente dedicadas a Cristo. Que no haya nada en la Escuela que no esté relacionado con Cristo o que esté relacionado en alguna otra manera que no sea sobre sus rodillas ante Él. Pues el mensaje de la Escritura es la gloria de Dios en Jesucristo. Toda la responsabilidad y obligación del hombre, según la misma Escritura, es temer a Dios creyendo en Cristo y obedecer a Dios doblando su rodilla ante el Señor Jesús.

Tal enseñanza es la tarea del maestro de escuela Cristiana. Es trabajo. Es trabajo duro. Es trabajo por el sudor de la frente del maestro. Dios lo demanda. Los padres lo esperan. Los niños la merecen. El trabajo de maestro no es tanto poner calificaciones sobre trabajos (aunque también incluye esto), sino enseñar la Escritura de esta forma.

¡Pero qué trabajo más emocionante! Ver la verdad, aún en vislumbres y como en un espejo oscuro; enseñar a otros el Nombre de Dios por encima de todos los otros nombres, i.e., Jesucristo; y hacer esto, por la gracia pactal de Dios, para que aquellos así enseñados conozcan a Dios y le sirvan, en verdad, es trabajo para un profeta, un sacerdote y un rey – el maestro de escuela Cristiana.

Este es un trabajo de fe.

Debemos creer que el mundo y la plenitud de este son del Señor. Debemos volvernos como un niño pequeño para ver el excelente Nombre del Señor en toda la tierra, ver el Espíritu de Dios dando vida y aliento a toda criatura, ver el universo como hecho para Cristo y Su pueblo.

Es bueno leer los Salmos como parte de la preparación para la enseñanza en la escuela Cristiana. El Israelita no era tan ingenuo como para ser ignorante de la explicación física del nacimiento, pero estaba tan lleno de fe que él sabía que la concepción y el nacimiento eran la obra maravillosa de Jehová (Salmo 139). La alternativa es aprobación del aborto.

Debemos creer que Jesucristo no es solamente el Salvador de almas para el mundo porvenir, sino también el Preeminente en todas las cosas y el Señor exaltado y viviente a Quien es sabio besarle en el pensamiento, en el trabajo, en el matrimonio, en la historia, en la ciencia física y en la música.

Debemos creer que ese, el más elegante de los libros, “la creación, preservación y gobierno del universo”, puede ser leído correctamente solo a través de los lentes de la Sagrada Escritura.

“Señor, aumenta nuestra fe.”

Implicaciones para la Instrucción Diaria

Puesto que este es el lugar de la Escritura en las escuelas, la Escritura será traída a la enseñanza, abiertamente, sin ninguna vergüenza, y a menudo. No solamente habrá referencias al paso de la Biblia o aún citas de un texto de vez en cuando. Más bien, el maestro sacará la Biblia, leerá un pasaje o pasajes, y enseñará el pasaje, mostrando cómo el pasaje se aplica a la asignatura entre manos.

Incluidas en los exámenes habrán preguntas que requerirán que el estudiante demuestre su comprensión de la relación de una asignatura, o aspecto de una asignatura, para con la Palabra, i.e., a Dios y Su Cristo.

La clase de historia probablemente comenzará con la lectura y explicación de Génesis 1-3; Gálatas 4:4; Efesios 1:10; Apocalipsis 21. A medida que el curso se desarrolla el maestro leerá y explicará la profecía de Daniel sobre el surgimiento y caída de las naciones; Eclesiastés sobre la vanidad de la vida humana y la cultura aparte de la única gracia de Dios en Jesucristo; y Apocalipsis sobre el significado de la guerra.

Romanos 13 será el corazón del curso de cívica.

Efesios 4:28, Mateo 6:19-34 y Lucas 16:1-13 estarán entretejidos en el curso de economía.

Los Salmos 104 y 139 serán centrales en biología.

Hasta el atletismo en la escuela estará fundamentado y dirigido por la Palabra. La “gimnasia” y otras formas de ejercicio físico comenzarán con una clase de instrucción sobre el cuerpo del Cristiano. A partir de I Corintios 6:9-20 el maestro mostrará que el cuerpo de un niño del pacto es redimido por Cristo y santificado por el Espíritu de manera que ha de ser dedicado a la gloria de Dios. No es la prisión despreciable del alma como suponía la filosofía Griega. El maestro continuará hablando del provecho ligero del ejercicio corporal. Advertirá contra el mal de glorificar el cuerpo en lugar de glorificar a Dios con el cuerpo, a la luz de la idolatría en nuestra cultura de adorar la fuerza y la agilidad del hombre y la belleza de la mujer. También habrá instrucción en el mandamiento de Dios de que la competición sea moderada por el amor al prójimo.

El peligro de que la sana explicación de la Escritura reemplace a la instrucción a fondo de la materia debe ser resistido. No es esto o lo otro, lo uno a expensas de lo otro, sino enseñanza buena, sólida y completa de la materia a la luz de la Escritura.

Para hacer esto el maestro necesita pensar bíblicamente, necesita ser centrado en Dios, i.e., Reformado, hasta la médula de sus huesos. Debe ser bíblica y teológicamente competente. Para parafrasear a Pablo, el maestro debe estar determinado a no conocer nada excepto a Dios en Cristo. Esto no significa, más en el caso del maestro que en el de Pablo, la exclusión de todo lo demás. Más bien, significa que todo es enseñado como la creación de Dios y que todo pensamiento es traído cautivo a Cristo.

Este tipo de escuela llevará fruto en jóvenes hombres y jóvenes mujeres quienes temen al Señor y guardan Sus mandamientos en sus vidas tempranas y con sus posiciones y talentos.

Esto es lo que queremos los padres Reformados.

Y es lo que Dios quiere.

Utilizado con permiso Título original en inglés: “Scripture in the Schools” del libro “Reformed Education”

(Traducción al español de Contra Mundum, No. 3, Primavera 1992)

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[1] Martín Lutero, “A la nobleza Cristiana de la Nación Alemana con respecto a la Reforma del Estado Cristiano,” en Obras de Lutero, volumen 44, ed. James Atkinson (Philadelphia: Fortress Press, 1966), p. 207.

* Para una breve explicación sobre el tema de “los niños del pacto” véase breve ensayo de Rubén Alvarado “Pensamientos con respecto a Perspectivas Desproporcionadas del Clero y de los Sacramentos” disponible en este Web site.

[2] Cf. Jan Waterink, Conceptos Básicos de Pedagogía Cristiana, (Grand Rapids: Eerdmans, 1954), pp. 37ss.

[3] Herman Hoeksema, “Educación Cristiana,” Standard Bearer (Septiembre 1, 1927), vol. 3, pp. 532-536.

[4] Waterink, Conceptos Básicos, p. 100.

[5] Cornelius Jaarsma y John Deber, Hacia una Filosofía de la Educación Cristiana (Grand Rapids: Eerdmans, 1961), p. 9.

[6] Herman Bavinck, Gereformeerde Dogmatiek, 4 vols. (Kampen: J. H. Bos, 1906), vol. 1, p. 472

[7] Herman Bavinck, Paedagogische Beginselen (Kampen: J. H. Kok, 1904) p. 171.

[8] John C. VanderStelt, “La Batalla por la Educación Cristiana en la Historia Occidental”, en To Prod the Slumbering Giant,” (Toronto: Wedge, 1972), p. 56.

[9] James H. Olthuis y Bernard Zylstra, “Un Credo Educativo”, en “To Prod”, pp. 167-170.

[10] James H. Olthuis, “To Prod the ‘Slumbering Giant’”, in To Prod, pp. 30-33.

[11] Cf. Juan Calvino, Institución, 1:1-6; Confesión de Bélgica, Art. 2; Confesión de Westminster, 1.1.

[12] Clarence Bouma, “Propagando la Educación Cristiana”, en La Biblia y la Educación Cristiana (Chicago: La Unión Nacional de Escuelas Cristianas, 1925), pp. 107-127.

[13] H. DeJongste y J. M. VanKrimpen, La Biblia y la Vida del Cristiano (Grand Rapids: Groen Van Prinsterer Society, n. d.), p. 109.

[14] Olthuis, To Prod, p. 26.

[15] Para este credo educacional, cf. Olthuis y Zylstra, To Prod, pp. 167-170; cf. también Hendrik VanReissen, La Universidad y su Base (St. Catherines, Notario: The Association for Reformed Scientific Studies, 1963), p. 53-61.

[16] Cf. Arnold DeGraff, Will All the King’s Men (Toronto: Wedge, 1972), pp. 95-111: “Nuestras confesiones reflejan con claridad la antigua espiritualización y estrechamiento de la vida Cristiana. Carecen de una clara visión del Reino. Y si esto no fuera suficiente, también reflejan las controversias eclesiásticas, teológicamente condicionadas, de su tiempo de origen. Como resultado estamos en gran necesidad de una nueva confesión.”

[17] Donald Oppewal, “Las Raíces del Movimiento Escolar Diurno Calvinista” (Grand Rapids: Calvin College Monograph Series, 1963), pp. 27-29.

[18] H. Bouwman, Gereformeerd Kerkrecht, 2 vols. (Kampen: J. H. Kok, 1928), vol. 1, pp. 518-519.

FUENTE:

Extraído de:

http://www.cprf.co.uk/languages/spanish_scriptureinschools.htm

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