Dios provee…


Dios provee…

Leer Salmo 42

Al leer el Salmo 42 es evidente que se trata de otro escrito de David aunque el título diga “masquil de los hijos de Coré”. La interpretación más correcta es que se trataba de un cántico que debían elevar los coreítas quienes participaban del servicio de alabanza en el Pueblo de Israel…

La situación del salmista al momento de escribirlo es desconocida, pero es obvio que ya sea por pecado, exilio o enfermedad se encontraba alejado de la Casa de Dios y las festividades judaicas. Esta situación aumentaba el desprecio de sus enemigos y afligía su misma alma. Su sed de Dios es satisfecha cuando se decide por buscar al Señor sin depender de las circunstancias. Un Dios personal, que trata asuntos personales de sus siervos es el que David presenta en este Salmo. Las carencias externas del hombre no limitan Su Capacidad de provisión para las más íntimas necesidades del alma humana…

Comienza abriendo su Corazón…

“Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿Cuándo vendré y me presentaré delante de Dios?…” (Salmos 42:1-3)
Refiriéndose a este pasaje Charles Spurgeon escribió: “Dadle su Dios, y está contento, como el ciervo que al fin apaga su sed y está perfectamente satisfecho; pero negadle su Señor, y su corazón jadea, su pecho palpita, todo él se estremece como uno a quien le falta el aire después de una carrera… Cuando es tan natural para nosotros anhelar a Dios como para un animal estar sediento, las cosas van bien en nuestra alma, por penosos que sean nuestros sentimientos”.

Continúa apelando a su Conciencia…

“Me acuerdo de estas cosas, y derramo mi alma dentro de mí; de cómo yo fui con la multitud y la conduje hasta la casa de Dios, entre voces de alegría y de alabanza del pueblo en fiesta…” (Salmos 42:4-5)
Al derramar el alma delante de Dios el salmista está reconociendo su incapacidad y necesidad como lo hicieran Ana (1 Samuel 1:15) y Jeremías (Lamentaciones 2:19); pero llegar a esta condición es el resultado de reflexionar sobre las situaciones del pasado que por acción u omisión hemos dejado de lado cuando eran nuestro alimento espiritual y fuente de fortaleza. David dice “me acuerdo de estas cosas”, y nosotros en ocasiones deberíamos hacer lo mismo…
Como Eliseo le preguntó a uno de los hijos de los profetas “¿Dónde cayó?”, porque había perdido un hacha (2 Reyes 6:1-7), así también nosotros debemos reflexionar acerca de donde quedo aquello que tanto bien nos hacía y descuidadamente hemos dejado atrás…

Termina reconociendo su Cántico…

“Dios mío, mi alma está abatida dentro de mí; me acordaré por tanto de ti desde la tierra del Jordán… Pero de día mandará Jehová su misericordia, y de noche su cántico estará conmigo, y mi oración al Dios de mi vida…” (Salmos 42:6-11)
Jeremías en su canto del dolor expresaba una nota de esperanza al exclamar: “Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es su fidelidad, mi porción es Jehová, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré” (Lamentaciones 3:22-24)

Cuando Dios se transforma en nuestro Norte, sus Misericordias son el combustible que nos permite continuar en el camino de la vida. La secuencia “misericordia” + “cántico” + “oración” es igual a: “me acordaré por tanto de ti”. Buscar sinceramente a Dios implica retomar una visión espiritual que nos permite descubrir que Su Misericordia como lo fuera el “maná” para Israel, es nuestro alimento cotidiano…

Recordemos: Dios suple nuestras necesidades principales por medio de Su Misericordia…

DECH
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