Introduciendo el Evangelio en una Sociedad Racionalista y Descreida.


Tito 2:7,11.

Tito fue de amor ferviente, devoto y de sana sabiduría.

I. Tres Cosas Indispensables del Mensaje Evangelistico
1. El plan de salvación: sería imperdonable olvidar cuatro cosas.
Convicción de pecado.-  Hch. 2:37.
Arrepentimiento.  Hch. 2:38-41.
Conversión.-  Hch. 2:42.
Confesión.-  Hch. 2:43-47.

2. Fundamento de la salvación: seguro y firme en Hechos 4:12.

3. Propósito de la salvación: no sólo ser librados del infierno, sino seguros del cielo. Ti. 2:14. He aquí el propósito. (Efesios 1:3 ; 2:10).

II. El Tiempo Oportuno de Predicar el Evangelio.
Grandes movimientos, conversiones, consagraciones, ¿se acabó? ¿se termino? ¿que pasa?
Eso se ajusta a lo que dijo Pablo (2 Timoteo 4:2). “Ahora es… ” (2 Corintios 6:2).

III. Algunos Metodos para Evangelizar.
La Biblia habla de tres métodos: masas, familias e individuos.
No todo evangelista es pastor, pero cada pastor es un evangelista.
Nadie puede escapar del loable trabajo de evangelizar a otros. 2 Co. 5:18-20.

Jesús usó los tres métodos, en el monte, en la familia y personal.
Así Pedro: (Hch. 2:14; 10:33; 3:6, 7.), y Pablo: (Hch 17:22; 16:34; y 31).

De estos tres métodos el más eficaz es el personal. Observar Jn. 1:40-51.

Veamos las ventajas:
1. Todos pueden hacerlo; 2. En todo lugar; 3. En todo tiempo. 4. A todo rango;5. Da en el blanco y 6. Satisface.

¡Tal vez Dios permite el cierre de templos para que hagamos obra personal. No se, tal vez…!

IV. Algunos Medios de Evangelizar
Usar todos los métodos legítimos, esto es, aprobados por Dios.
Cómo enseña Pablo (1 Corintios 9:22). Hacerse todo a todos, vida ejemplar.
(cuidado se adaptaba a los prejuicios, a los escrúpulos, pero nunca a los pecados.)

Aprovechar toda oportunidad legítima. Hch. 17:28.
Participar de las experiencias de otros. Hch. 4:8.
Aceptar invitaciones, orar por los perdidos, y amarlos mucho. Jn. 2:1-12.
Que cada uno pueda decir: “Pues si anuncio el…” (1 Corintios 9:16).

Volvamos al testimonio Personal
Observemos: Hch. 8:26-40.
A. El llamado a testificar Vs. 26-29.
a. dispuesto por Dios.
b. dirigidos por el Espíritu.
B. La labor de testificar. Vs. 30-35.
a. obediencia inmediata.
b. un acercamiento prudente
c. La buena noticia sobre Jesús.
C. El resultado del Testimonio. Vs. 36-40.
a. la fe expresada
b. el gran gozo
c. el testimonio continúo.

Aprovechar una mente racionalista y calculadora.

1. Trabajemos con las armas de ellos.

Discurso de Pablo en Atenas
Hch. 17:16–34.

En el tiempo de Pablo la ciudad de Atenas carecía de importancia política, y aun comercialmente estaba muy postrada, pues ya no era capital de la provincia romana. Sin embargo, la ciudad conservaba aun vestigios de su antigua grandeza; había mantenido su lugar como la capital intelectual y artística del mundo. Por todas partes se encontraban monumentos, templos y estatuas, y era sede de las grandes escuelas filosóficas; y como la cuna de la cultura, Atenas atraía a extranjeros de todas parte del mundo de aquel entonces. Los romanos convirtieron a Grecia en territorio romano en 146 a. de J.C. Por deferencia a su glorioso pasado, Roma otorgó a Atenas el estado de ciudad libre y federal.

Al recorrer la ciudad, Pablo se sintió lleno de indignación al observar tantos ídolos. Siendo judío, representaban blasfemias contra el Dios verdadero; siendo cristiano, sabía de la inutilidad de acudir a los ídolos en momentos de necesidad. Para él, no eran mas que simples creaciones artísticas, como lo son hoy día.

Siguiendo su costumbre, Pablo comenzó su predicación en las sinagogas los sábados, antes que en ningún otro lugar. Parece que los resultados no fueron muy buenos, pues el texto no añade ningún dato. Los otros días aparentemente Pablo hablaba directamente con los paganos de la ciudad en la plaza mayor (v. 17). La plaza mayor significa mercado o plaza central en el corazón de la ciudad. Era un centro de actividad civil y comercial, y a la vez lugar para el intercambio informal de información, noticias del día, y también de ideas y pensamientos.

La pauta en Los Hechos llega a ser cada vez más clara: poco a poco los exponentes (Pablo y sus compañeros), los que proclaman un evangelio que hace provisiones de igualdad tanto para judíos como para gentiles en el reino de Dios, están siendo expulsados de las sinagogas. Y el fin de las cosas, más allá del período de Los Hechos pero acercándose rápidamente (durante la última mitad del primer siglo), era la separación de la sinagoga (judaísmo) y la iglesia (cristianismo) en dos movimientos distintos (que existen hasta hoy día), un precio terrible para la victoria indispensable de un evangelio sin impedimento.

Pablo, además de encontrarse con gente común en la plaza mayor, tuvo también un encuentro con algunos filósofos epicúreos y estoicos. En su famosa plaza mayor, ubicada a los pies del Areópago y próxima a la Acrópolis, se discutía de todo. Allí se encontraba el pórtico (galería), y la Estoa (que dio a los estoicos su nombre), que se usaban para intercambio o lugar de reuniones.

La escuela epicúrea fue fundada por Epicuro (342–270 a. de J.C.). Esta filosofía de una existencia material hacía imposible la inmortalidad del ser humano. Según este punto de vista la existencia estaba compuesta de átomos materiales que formaban nuevas combinaciones continuamente. Los átomos eran indestructibles en sí mismos, pero las combinaciones se estaban cambiando permanentemente. En vista de que el alma humana estaba compuesta de un arreglo de átomos materiales que se disipaban en el momento de la muerte, el alma (quiere decir, la persona o personalidad) cesaba de existir en la muerte, aun cuando los átomos individuales seguían existiendo.

Por tanto, la existencia humana con significado se limitaba a esta vida. Según Epicuro, la meta para cada vida era la felicidad o la satisfacción inmediatas (¿no se parece ésto al pensamiento que se encuentra en la filosofía humana y popular en muchas sociedades de hoy día?) Weldon Viertel opina que la felicidad epicúrea se definía como la ausencia de dolor. El dolor nunca puede sentirse si la mente se abstrae de él. El placer, que es el principal bien de la vida, puede ser obtenido por quienes lo buscan. Los epicúreos no defendían el placer sensual, pero podían dar una interpretación sensual al dicho popular: “Come, bebe y alégrate, porque mañana puedes morir.” La obvia denuncia contra Epicuro es que era egocéntrico.

La escuela estoica fue fundada por Zenón (aprox. 336–264 a. de J.C.), un nativo de Chipre, quien estableció la costumbre de usar la antigua Galería Pintada de Atenas como el lugar para sus enseñanzas. Sus discípulos se conocían como los estoicos, por su asociación con la stoa o galería. Los estoicos creían que el significado de la vida residía en el deber, la obediencia a la ley y la virtud. El hombre maduro y virtuoso no tenía nada que ver con las emociones o pasiones, sino que vivía una vida de autocontrol y autosuficiencia. Ellos creían que un espíritu o poder universal guiado por la razón llenaba el universo (panteísmo) y el alma del hombre participaba de la inmortalidad del espíritu universal. Los espíritus humanos eran continuamente reabsorbidos dentro de una razón o espíritu universal.

En su punto de vista materialista y panteísta de la existencia, creían que el espíritu era simplemente materia refinada (es decir, vida). Así, el fin del hombre era vivir en armonía con la naturaleza, de la cual él era una parte. Esta meta se alcanzaba mediante una vida de deber, virtud y disciplina. Se ve fácilmente que igual como el epicúreo, el estoico era también egocéntrico. En realidad todos somos egocéntricamente orientados; pero lo que el cristiano reconoce con vergüenza (el autoegotismo) como el corazón de nuestra depravación, es lo que el estoico y el epicúreo glorifican orgullosamente como una virtud.

Debido a su orgullo intelectual, los filósofos atenienses dieron poca importancia a la filosofía cristiana (el punto de vista de una vida con significado eterno y espiritual) expuesta por Pablo. Se le designó con el despectivo nombre de charlatán (este palabrero, v. 18), con el cual parecen querer dar a entender que, aunque bien provisto de palabras, carecía de verdadero pensamiento filosófico. Sobre todo, les sonaba a nuevo eso de Jesús y la resurrección (v. 18), de que hablaba Pablo. Por eso, para poder oírle mejor, libres del ruido de la multitud, le llevaron al Areópago (v. 19). El término Areópago puede ser entendido como lugar, posiblemente una colina al occidente de la Acrópolis, en la cual, desde tiempos más antiguos, tenía su sede el tribunal de este nombre. Hay algunos autores que entienden el término Areópago no en sentido topográfico (la colina), sino en sentido jurídico como el tribunal mismo (ver v. 34). Desde luego el texto puede interpretarse de las dos maneras. Lo que fuera no le quita nada de la importancia del discurso de Pablo. No parece que fueron muchos los oyentes, sino un pequeño grupo de filósofos epicúreos y estoicos que deseaban saber que quería decir con esas cosas extrañas que predicaba en la plaza mayor (vv. 18–20).

Discurso de Pablo en el Areópago
(Hch. 17:22–31).

Es notable este discurso de Pablo, tanto por la doctrina que contiene como por la habilidad con que la presenta. La conclusión a que procura llegar será la misma de siempre; la de que sus oyentes crean en el mensaje de salvación traído por Jesucristo (v. 31). Pero en esta ocasión, al contrario de sus discursos ante los judíos (13:16–41; 17:3), el camino no va a ser en base a citas del AT, sino de abrir los ojos ante el mundo que nos rodea, creado y ordenado maravillosamente por Dios.

El discurso se abrió con un elogio a los atenienses. Pablo comenzó su presentación observando que la gente era muy religiosa; por tanto, era comprensible que estuvieran interesados en sus enseñanzas extrañas. Mientras paseaba por la ciudad y visitaba los monumentos de Atenas se encontró con un altar cuya inscripción lo dejó profundamente impresionado y le pareció muy rica en simbolismo para mostrar lo que eran las ideas religiosas de la ciudad: AL DIOS NO CONOCIDO (v. 23). Esa misma inscripción le sirve también para entrar suavemente en la materia. El Dios desconocido que ya tenía un lugar en el panteón de Atenas, se haría conocer a través de las enseñanzas de Pablo: A aquel, pues, que vosotros honráis sin conocerle, a éste yo os anuncio (v. 23).

La presentación de Pablo se puede resumir en la siguiente manera: Dios, creador de todas las cosas y de los hombres, puede y debe ser conocido por estos (vs. 24–28); pero, de hecho, los hombres no le han conocido, adorando en cambio estatuas de oro, de plata y de piedra (v. 29). Son los tiempos de la ignorancia (v. 30). La idea fundamental que Pablo hace resaltar en esta primera parte del discurso es el conocimiento de Dios por la sola razón natural (un tema que se encuentra de nuevo claramente en su Carta a los Romanos (Ro. 1:19, 20).

Pero algo más impactante aun, es la capacidad intelectual que poseía Pablo, cuando mostró o mejor dicho demostró que somos descendientes de Dios, lo hace por medio de una cita tomada  del poema “Fenómenos” del poeta griego Arato del siglo III  antes de Cristo.

Discurso de Pedro en el Sanedrín (Hch.4:8-20)
Discurso de Pablo en Antioquia de Pisidia (Hch. 13:13-16 , 42-44)

2. Trabajemos con las armas de Dios.

Nota: Jn. 4:27-42; (esp. vs. 38)   Mt. 10:5-15;  Ro. 10:14-16; II Cor. 2:14-17)
Considerando el llamado negativamente. Jn. 20:19,26; 21:1-5.
Considerando el llamado positivamente. Hch. 2:14-40; 4:19-20, 31, 42.

¡Predicar, predicar y predicar… y cuando sean necesarias, utilzemos las palabras.

http://www.amen-amen.net/hectorleites/?p=23

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