Iglesias a la carta en Brasil


Iglesias a la carta en Brasil

EL MUNDO

Los templos evangélicos brasileños adaptan sus ritos y la interpretación de los textos a los públicos más diversos: desde surfistas o gays a estudiantes de inglés

En la iglesia Bola de Neve (Bola de Nieve) un pastor con pantalón vaquero y zapatillas deportivas usa un púlpito en forma de tabla de surf para predicar a una pequeña multitud de jóvenes. En el culto de la iglesia Caverna de Adulão (Cueva de Adulam) los creyentes, que se visten de negro y llevan tatuajes y piercings por todo el cuerpo, cantan himnos religiosos a ritmo de heavy metal. En la iglesia Para Todos, decorada con una bandera del arco iris, los fieles escuchan que ser homosexual no es pecado.

Con tal de conquistar más seguidores, las incontables iglesias evangélicas de Brasil están tomando en cuenta la ley capitalista de la oferta y la demanda. Primero identifican su público objetivo. Luego buscan adaptar los ritos, las canciones, las predicaciones e incluso la interpretación de la Biblia al nuevo rebaño.

«En Brasil, la competencia religiosa es muy grande. Por una cuestión de supervivencia, las iglesias están creando planes de marketing y publicidad, realizando sus propios programas de televisión y especializándose en segmentos del mercado», explica el sociólogo Ricardo Mariano, profesor en la Pontificia Universidad Católica en Porto Alegre y autor del libro Sociología del Nuevo Pentecostalismo en Brasil. Este variopinto menú religioso es capaz de apetecer a casi todos los gustos. Los fieles pueden elegir iglesias evangélicas especializadas en ricos, hombres de negocios, jugadores de fútbol, luchadores de jiu-jitsu, artistas, presidiarios y estudiantes de inglés.

«Mucha gente que viene a mis cultos no es evangélica y está interesada tan sólo en practicar el inglés», asevera el pastor Robson Pereira, de la Iglesia Cristiana Evangélica de Brasil en la ciudad de São José dos Campos, quien arma un powerpoint en el altar para exhibir unas didácticas lecciones de cómo loar a Dios en inglés. En un culto reciente los alumnos tuvieron que repetir la frase «glory to the Lord» (gloria a Dios) hasta que la pronunciación estuviera impecable.

En la Bola de Neve, esa iglesia de São Paulo con la tabla de surf, los jóvenes se dicen atraídos por las canciones en ritmo de reggae, el lenguaje informal de los pastores y los temas predicados. «Nuestro pastor suele hablar del peligro de las drogas. Me gustan también los chistes que cuenta», dice el estudiante universitario Renato Silva.

La especialización religiosa es la segunda parte de un fenómeno que arrancó en los años 50, cuando los evangélicos se extendieron por el continental territorio brasileño. El país en ese momento se industrializaba y la gente dejaba el campo por la ciudad, donde hay menos control social y más libertad individual. La Iglesia católica, en cambio, comenzó a perder el monopolio. Hace 60 años un 93,5% de los brasileños eran católicos y solamente un 3,5% evangélicos. Hoy por hoy un 73,3% se declaran católicos y un 15,4% evangélicos.

Las principales iglesias evangélicas brasileñas son, lógicamente, congregaciones de masas. Buscan el mayor número posible de creyentes, sin concentrarse en públicos específicos. Las más influyentes son la Iglesia Universal del Reino de Dios -fundada en los años 70 en Rio de Janeiro y hoy en día presente en unos 170 países- y la Renacer en Cristo -creada en São Paulo en los años 80 y a la que pertenece el futbolista Kaká-.

Como un camaleón, las iglesias especializadas consiguen ajustarse con más facilidad a los cambios de la sociedad. Quien no se adapte a ningún otro lugar encuentra allí un punto de referencia. «Las iglesias tradicionales tienen dificultad para encarar a ese tío peludo y con ropa rasgada como un ser humano normal. Lo suelen ver como un adorador del diablo o algo por el estilo», asegura el pastor Saimon Dias, uno de los fundadores de la Caverna de Adulão, la iglesia de los rockeros, en Belo Horizonte.

«Me di cuenta de que jamás lograría asumir un ministerio de loa, ser un pastor o un diácono, si permaneciera en una iglesia que no acepta mi orientación sexual», explica José Rolnik, que realizó su sueño de pastor al ingresar a la iglesia Para Todos, una de las que cuida al rebaño gay de São Paulo. Martín Lutero, el padre de la reforma protestante del siglo XVI, se sorprendería.

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