Banco del Vaticano sospechoso de lavar unos 180 millones de euros

Banco del Vaticano sospechoso de lavar unos 180 millones de euros
La Fiscalía de Roma está investigando las relaciones que existen entre el Instituto para las Obras de Religión (IOR) y diez bancos italianos. Según el diario La Reppublica, desde el año 2004, “cerca de 180 millones de euros circularon en unos dos años”, sin que se haya informado sobre la identidad de los autores de la transacción.
Italia | Viernes 11 de Junio, 2010 | Por Nínro Ruíz Peña

(NoticiaCristiana.com).


El Instituto para las Obras de Religión (IOR), heredero del Banco Ambrosiano de Roberto Calvi y de Paul Marcinkus, vuelve a ser sospechoso de acciones bancarias dudosas y de reciclar dinero. El italiano, Angelo Balducci, un alto funcionario del Ministerio de Obras Públicas, utilizaba el IOR para esconder el dinero recibido ilegalmente, esto ahora ha desencadenado una doble investigación, por parte de las autoridades vaticanas e italianas.

La Fiscalía de Roma se ha dado a la tarea de investigar las relaciones que existen entre el IOR y diez bancos italianos. Los potentes Unicredit e Intesa San Paolo y pequeñas entidades como la Banca del Fucino, de la familia Torlonia, quienes intercambian cada día centenares de millones de euros con el IOR, el cual funcionaría como una especie de pantalla para esconder el dinero de clientes residentes fiscales en Italia y por tanto no posibles usuarios del banco vaticano.
Se sospecha que estas personas utilizan nombre falsos para abrir cuentas en una entidad a la que solo puede acceder el personal dependiente de la Santa Sede, las nunciaturas apostólicas y las congregaciones religiosas. La investigación interna abierta por las autoridades vaticanas ya ha permitido descubrir entre los titulares de cuentas a personajes como Giulio Andreotti, mientras que otros aparecen con el nombre de santos y beatos.
Según el diario La Reppublica, desde el año 2004, “cerca de 180 millones de euros circularon en unos dos años”, sin que se haya informado sobre la identidad de los autores de la transacción.
En las operaciones que realiza el IOR con los institutos de crédito italianos no aparece casi nunca la persona física o jurídica mandante. Según la legislación italiana, pueden haberse infringido tres de las obligaciones de los intermediarios financieros: identificación de quien hace una transacción, registro de los datos en un archivo único informatizado y comunicación de operaciones sospechosas.
Los fiscales Nello Rossi y Stefano Rocco Fava, no pueden intervenir en el banco vaticano, entidad extranjera a todos los efectos, por lo que no se descarta una rogatoria internacional como con la investigación de los fondos negros de Balducci.
F: lavozdegalicia.es

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¡Volvamos!

¡Volvamos!

El libro de Zacarías es un llamado a volver. Volver al Señor y al hacerlo así, volver a las cosas buenas que Dios desea para su pueblo: su bendición, el cambio de vida, la manifestación de esa vida hacia los demás, y más bendición.

Si bien todo su contenido está referido al pueblo de Israel y su futuro, nosotros podemos sacar aplicaciones prácticas para nuestra vida cristiana.

Veamos:

Volvernos al Señor

  • “Diles pues, así ha dicho Jehová de los ejércitos. Volveos a mí… y yo me volveré a vosotros…” (Zacarías 1:3)
  • “Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra, porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con cristo en Dios” (Colosenses 3:2-3)

Actuar con gracia

  • “… esta es la palabra de Jehová a Zorobabel… no con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu… él sacará la primer piedra con aclamaciones de: Gracia, gracia a ella” (Zacarías 4:6-7)
  • “Antes bien, crece en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo…” (2 Pedro 3:18)

Cambiar la forma de hacer las cosas

  • “… Cuando ayunasteis y llorasteis en el quinto y en el séptimo mes estos setenta años, ¿habéis ayunado para mí? Y cuando coméis y bebéis, ¿no coméis y bebéis para vosotros mismos?” (Zacarías 7:4-6)
  • “Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él” (Colosenses 3:17)

Ser buena influencia para otros

  • “… Aún vendrán pueblos, y habitantes de muchas ciudades, y vendrán los habitantes de una ciudad a otra, y dirán: vamos a implorar el favor de Jehová, y a buscar a Jehová de los ejércitos… y vendrán muchos pueblos y fuertes naciones a buscar a Jehová…” (Zacarías 8:20-22)
  • “Pero por esto fui recibido a misericordia para que Jesucristo mostrase en mí el primero toda su clemencia, para ejemplo de los que habrían de creer en él para vida eterna” (1Timoteo 1:16)

Ser luz y vida para otros

  • “…pero sucederá que al caer la tarde habrá luz… saldrán de Jerusalén aguas vivas… en verano y en invierno” (Zacarías 14:6-7)
  • “…Desechemos pues, las obras de la tinieblas, y vistámonos las armas de la luz” (Romanos 13:12)
  • “Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz” (Romanos 8:6)

Y todo esto, coronado de una vida en santidad

  • “En aquel día estará grabado sobre las campanillas de los caballos: SANTIDAD A JEHOVÁ…” (Zacarías 14:20)
  • “Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación…” (Romanos 6:22)

2 Timoteo 3:16 nos dice:

  • “Toda la escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia”

Recordemos: Vivamos aplicando todo lo que Dios desea para su pueblo… para sus ovejas… para sus hijos…

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manifestaciones religiosas

manifestaciones religiosas

La religión es un sistema de la actividad humana compuesto por creencias y prácticas acerca de lo considerado como divino o sagrado, tanto personales como colectivas, de tipo existencial, moral y espiritual. Se habla de «religiones» para hacer referencia a formas específicas de manifestación del fenómeno religioso, compartidas por los diferentes grupos humanos. Hay religiones que están organizadas de formas más o menos rígidas, mientras que otras carecen de estructura formal y están integradas en las tradiciones culturales de la sociedad o etnia en la que se practican. El término hace referencia tanto a las creencias y prácticas personales como a ritos y enseñanzas colectivas.

Definir qué es religión (del latín religare o re-legere) ha sido y es motivo de controversia entre los especialistas. Según el sociólogo G. Lenski, es «un sistema compartido de creencias y prácticas asociadas, que se articulan en torno a la naturaleza de las fuerzas que configuran el destino de los seres humanos».[1] Por su parte, el antropólogo Clifford Geertz propone una definición alternativa: «La religión es un sistema de símbolos que obra para establecer vigorosos, penetrantes y duraderos estados anímicos y motivaciones en los hombres, formulando concepciones de un orden general de existencia y revistiendo estas concepciones con una aureola de efectividad tal que los estados anímicos y motivaciones parezcan de un realismo único».[2] Debido al amplio espectro de usos de la palabra, resulta especialmente complejo ofrecer una definición exhaustiva de la religión o del fenómeno religioso. Sin embargo, se puede afirmar que, como hecho antropológico, engloba entre otros los siguientes elementos: tradiciones, culturas ancestrales, instituciones, escrituras, historia, mitología, fe y credos, experiencias místicas, ritos, liturgias, oraciones…
Aunque la antropología ha recogido manifestaciones religiosas desde el primer momento de la existencia del hombre y éstas han influido decisivamente en la configuración de las diversas culturas y sociedades, todavía se discute si es un fenómeno esencial del hombre o puede ser reducido a otras experiencias o aspectos humanos más fundamentales. El ser humano ha hecho uso de las religiones para encontrar sentido a su existencia y para dar trascendencia y explicación al mundo, el universo y todo lo imaginable.
La palabra «religión» en ocasiones se usa como sinónimo de «religión organizada» u «organización religiosa», es decir, instituciones que respaldan el ejercicio de ciertas religiones, frecuentemente bajo la forma de entidades legales.
Diversas ciencias humanas se han interesado por el fenómeno religioso desde sus respectivos puntos de vista como por ejemplo la antropología, la sociología, la psicología y la historia de las religiones. Por otro lado, disciplinas como la fenomenología de la religión estudian específicamente sus manifestaciones intentando dar con una definición exhaustiva del fenómeno y mostrar su relación con la índole propia del ser humano.
En un sentido más amplio, también se utiliza para referirse a una obligación de conciencia que impele al cumplimiento de un deber.[3]
Etimología
La etimología del término ‘religión’ ha sido debatida durante siglos debido a las dos interpretaciones que se han sostenido que además de ofrecer una propuesta acerca del origen de la palabra, subrayan alguna actitud religiosa.
Antes de ser usada con un sentido relacionado con las divinidades, el término «religión» o «religioso» era utilizado para expresar un temor o un escrúpulo supersticioso. Así consta en textos de Julio César (De Bello Gallico VI 36) y Tito Livio (Historia de Roma desde su fundación IV 30).
La primera interpretación relacionada con el culto es la del orador latino Cicerón que en su obra De natura deorum ofrece la siguiente etimología: «Quienes se interesan en todas las cosas relacionadas con el culto, las retoman atentamente y como que las releen, son llamados «religiosos» a partir de la relectura.[4] Esta etimología —filológicamente más correcta— subraya la fidelidad a los deberes que la persona religiosa contrae con la divinidad y por tanto está más relacionada con la justicia.[5]
La otra etimología propuesta por Lactancio hace derivar la palabra «religión» del verbo latino religare: «Obligados por un vínculo de piedad a Dios estamos “religados”, de donde el mismo término “religión” tiene su origen, no —como fue propuesto por Cicerón— a partir de “releyendo”».[6] Este segundo sentido resalta la relación de dependencia que «religa» al hombre con las potencias superiores de las cuales él se puede llegar a sentir dependiente y que le lleva a tributarles actos de culto.[7]

La definición del amplio espectro de significados que refleja el concepto religión en cuanto implica encontrar un elemento propio, distintivo y único, es una exigencia propia de las culturas occidentales,[8] ya que son éstas las que desde una postura más teísta distinguen entre divinidad y el resto del mundo. Especialmente, desde la Ilustración se han elaborado muchas y variadas definiciones intentando recoger los aspectos propios del fenómeno religioso. Aquí se mencionarán los más significativos. Es obvio que las definiciones que parten de un Ser Supremo o lo dan por supuesto se han de rechazar pues no se aplican a muchas religiones de Asia oriental o a los pueblos primitivos.
Una posibilidad es intentar una definición desde el punto de vista de las personas que practican la religión. Así encontramos propuestas como las de Friedrich Schleiermacher: «sentimiento de dependencia absoluta» que luego distingue este sentimiento de los tipos de dependencia relativa. William James subraya más bien «el carácter entusiasta de la adhesión» de los miembros de las religiones. Desde este punto de vista se pueden considerar elementos como los sentimientos, los factores experienciales, emotivos o intuitivos, pero siempre desde una perspectiva más bien individualista.
Con el estudio que las diversas ciencias humanas (sociología y antropología cultural especialmente) han realizado de la religión, se ha logrado formular otro conjunto de definiciones que consideran este fenómeno en su ámbito social y cultural. La conocida definición del sociólogo francés Durkheim entra en este grupo: «Una religión es un sistema solidario de creencias y de prácticas relativas a las cosas sagradas. […] Toda sociedad posee todo lo necesario para suscitar en sus miembros la sensación de lo divino, simplemente a través del poder que ella ejerce sobre ellos».[9]
Sin embargo, con la llegada de la fenomenología de la religión, se intentó ir más allá de las formas que buscaban el núcleo propio del fenómeno en la sociedad o en los aspectos individuales. Y en ese ámbito se identificó como propio de la religión el hecho de la presencia o consciencia de lo sagrado. Rudolf Otto en su obra, Lo santo, publicada en 1917, indica como esencia de la consciencia religiosa el temor reverencial ante aquello que, siendo desconocido (mysterium), al mismo tiempo sobrecoge (tremendum) y atrae casi irresistiblemente (fascinans).[10]
Sin embargo, estos elementos que Otto refiere como propios de la experiencia religiosa parecen estar ausentes en las religiones asiáticas. En Mircea Eliade se da una ampliación de la noción de «sagrado» que perfecciona la definición de Otto. Habla de espacios, cosas y tiempos sagrados en la medida en que estos se relacionan con simbolismos y rituales propios de las religiones. Así la religión es la configuración u organización de la existencia a partir de dimensiones profundas de la experiencia humana que relacionan al hombre con algo que se le presenta como último y trascendente. Tales dimensiones varían de acuerdo con las circunstancias y culturas.
Laicismo religioso
A partir del siglo XVIII, con la irrupción del humanismo y el movimiento de los ilustrados en Europa, que se extenderá con rapidez a otras partes del mundo, se intenta separar la doctrina del Estado de la doctrina religiosa. Actualmente, estas ideas de separación de los poderes político y religioso aún no ha concluido. En buena parte del planeta apenas ha empezado, y en los países occidentales, aunque observan la laicidad del estado, todavía la religión puede actuar con una enorme influencia en sus legislaciones. Por ejemplo en el caso de Estados Unidos[11] o el de España[12]
En los países asiáticos, la separación entre Estado y religión está más o menos implícita de cierto laicismo. China, Japón, Vietnam y otros países del sudeste asiático conllevan cierto laicismo estatal en su propia historia al ser países en donde coexisten distintas religiones. En el caso de Tailandia o Sri-Lanka, con mayorías budistas, en más de un 90%, se mantienen debates sociales para afrontar el laicismo del Estado y diversos cambios legales.[13]
En los países con mayorías musulmanas hay distintas aproximaciones a la laicidad del Estado. Países como Turquía o Siria son más laicos, mientras que otros como Irán o Arabia Saudí se definen como islámicos. El mundo islámico es variado y complejo, y existen movimientos tanto secularizadores como prorreligiosos.[14]
Israel es un estado laico, si bien se proyecta como religioso. India es un caso parecido, también es un país laico, aunque su organización social y legislación, continúan siendo muy influidas por la religión. En estos casos están influidos, en buena medida, por el componente étnico de sus religiones mayoritarias.

http://predicandolareligion.blogspot.com/

Las Creencias

Hay gente creyente, fiel a sus convicciones, que tiene una fe genuina en una doctrina religiosa, que está dispuesta a compartir sus rituales y su modo de ver el mundo; y otros que afirman no creer en algo más allá de la materia.

Pero también hay una franja intermedia de personas que tienen una cosmovisión personal, que no difiere tanto de las creencias de las cosmovisiones tradicionales, pero que no participan de institución alguna, viviendo esa experiencia religiosa en forma íntima y directa sin necesidad de practicar rituales convencionales, pero que pueden orar y meditar solos, con el mismo propósito de establecer contacto con Dios o con su propia esencia.

La ciencia, a partir de los adelantos científicos, se ve obligada a incursionar en un terreno que trasciende lo físico y penetrar en el campo de la realidad subatómica, que deja de pertenecer al mundo visible y se convierte en algo inmaterial, formando parte de un campo de probabilidades, desde donde las partículas aparecen y desaparecen según son observadas y pueden estar en distinto lugar al mismo tiempo.

Todos estos fenómenos, que antiguamente podían pertenecer al campo de la metafísica, ahora pertenecen al campo de la ciencia.

Así, surgen nuevos movimientos científicos-filosóficos que proponen una cosmovisión basada en los descubrimientos de la ciencia y en la posibilidad de llegar a conocer esta realidad, donde el azar parece no tener lugar y tratando de descubrir cómo surgió el Universo, si es eterno o si comenzó en algún momento, si es infinito o si tiene límites, quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos.

Algunas de estas formas de pensar y creer, proponen la existencia de una inteligencia en todas las cosas, superior a la del hombre pero de la misma naturaleza capaz de pensar racionalmente como para crear este Universo y mantenerlo. La inteligencia, por lo tanto, no sería una cualidad estrictamente humana sino lo que caracteriza a todas las cosas y a todo el universo del cual participamos.

Algunas de estas posturas sostienen que la Tierra, los planetas y las estrellas son seres vivos porque a nivel subatómico tienen movimiento, sufren modificaciones, tienen mecanismos de defensa y los mismos propósitos evolutivos. Todo tiene vida y evoluciona y no existe la no-vida o la muerte, sólo existe la transformación y la eternidad de la conciencia.

Según estas propuestas, el pensamiento es lo que produce los fenómenos, porque de acuerdo con la teoría cuántica la atención transforma la realidad virtual en material.

Todo lo que pensamos se puede convertir en hechos reales, porque todos los acontecimientos y las cosas posibles se encuentran en un campo potencial y se materializan según nuestras intenciones.

Algunos creen que el Universo es mental y que la realidad es sólo una ilusión, un producto de la mente; y que basta pensar lo que deseamos para obtenerlo, tal como pensaban los antiguos filósofos orientales hace miles de años.

El hombre de esa época pudo intuir lo mismo, que lo que está descubriendo ahora la ciencia.

Estas nuevas cosmovisiones se identifican en gran parte con las doctrinas de las religiones orientales, y también creen en la reencarnación de la conciencia en otra vida de superior nivel evolutivo, para los que han sido éticos, y a un nivel inferior menos evolucionado si merecen retroceder; y estas sucesivas reencarnaciones tienen el propósito de alcanzar la perfección para poder unirse al Todo.

http://filosofia.laguia2000.com/ciencia-y-filosofia/las-creencias
RESURRECCION

¿Podemos demostrar históricamente la Resurrección de Cristo o simplemente debemos creerla por fe?

La Resurrección de Cristo es un hecho de fe y también un acontecimiento histórico comprobable.

La Resurrección de Cristo “fue un acontecimiento histórico demostrable por la señal del sepulcro vacío y por la realidad de los encuentros de los Apóstoles con Cristo resucitado”. Sin embargo, la Resurrección también es “centro que trasciende y sobrepasa a la historia”.

La Resurrección de Cristo es un hecho demasiado importante como para quedar referido sólo como un acontecimiento histórico. En la Resurrección de Cristo está el centro de nuestra fe, porque “si no resucitó Cristo, vana es nuestra predicación, vana también vuestra fe” (1 Co. 15, 14), nos advierte San Pablo.

La Resurrección constituye ante todo la confirmación de todo lo que Cristo hizo y enseñó. Todas las verdades, incluso las más difíciles de comprender por el ser humano, encuentran su comprobación porque Cristo, al resucitar, ha dado la prueba definitiva de su autoridad como Dios .

Pero, además, la Resurrección de Cristo, es comprobable históricamente. Los discípulos han atestiguado que verdaderamente se encontraron y estuvieron con Cristo resucitado. El sepulcro vacío y las vendas en el suelo (cf. Jn. 20, 6)significan por sí mismas que el cuerpo de Cristo ha escapado de la muerte y de la corrupción del cuerpo, consecuencia de la muerte.

El primer elemento que se encuentra sobre la Resurrección de Cristo es el sepulcro vacío, lo cual no es realmente una prueba directa. De hecho la ausencia del cuerpo podría explicarse de otro modo. María Magdalena creyó que “se habían llevado a su Señor” (Jn. 20, 13). Las autoridades, al ser informados por los soldados de lo sucedido los sobornaron para que dijeran que“mientras dormían, vinieron de noche los discípulos y robaron el cuerpo de Jesús” (Mt. 28, 11-15).

Sin embargo, el hecho es que las mujeres, luego Pedro y Juan, encontraron el sepulcro vacío y las vendas en el suelo. Y San Juan nos dice en su Evangelio que él “vio y creyó” (Jn. 20, 8).Esto supone que, al constatar el sepulcro vacío, supo que eso no podía ser obra humana y creyó lo que Jesús les había anunciado. Además, intuyó que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn. 11, 44).
Las apariciones de Jesús Resucitado a tantos, comenzaron por las mujeres que iban a embalsamar el cuerpo de Jesús (cf. Mc. 16, 1; Lc. 24, 1) y que, por instrucciones del Resucitado fueron las mensajeras de la noticia a los Apóstoles(cf. Lc. 24, 9-10). Esta noticia fue confirmada por la aparición de Cristo, primero a Pedro, después a los demás Apóstoles. Y es por el testimonio de Pedro que la comunidad de seguidores de Cristo exclama: “¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón” (Lc. 24, 34).

Ante éstos y muchos otros testimonios de apariciones del Resucitado, es imposible no reconocer la Resurrección de Cristo como un hecho histórico.

Pero, además, sabemos por los hechos narrados que la fe de los discípulos fue sometida a la durísima prueba de la pasión y de la muerte en cruz de Jesús. Fue tal la impresión de esa muerte tan vergonzosa que -por lo menos algunos de ellos- no creyeron tan pronto en la noticia de la Resurrección.

Tengamos en cuenta que los Evangelios no nos muestran a un grupo de cristianos entusiasmados porque Cristo iba a resucitar o siquiera porque había resucitado. Muy por el contrario, nos presentan a unos discípulos abatidos, confundidos y asustados. Por eso no le creyeron a las mujeres y “las palabras de ellas les parecieron puros cuentos” (Lc. 24, 11).

Tan imposible les parece el más grande milagro de Cristo, su propia Resurrección, que incluso al verlo resucitado, todavía dudan (cf. Lc. 24, 38), creen ver un espíritu (Lc. 24, 39). Tomás ni siquiera acepta el testimonio de los otros diez(cf. Jn. 20, 24-27). El escepticismo era tal, que en su última aparición en Galilea, en su despedida, algunos seguían dudando, según nos dice el mismo Mateo, uno de los doce (cf. Mt. 28, 27).

Por lo tanto, la hipótesis según la cual la Resurrección de Cristo habría sido producto de la fe o de la credulidad de los Apóstoles no tiene asidero.


¿Qué es resucitar?

En la muerte, que es la separación del alma y el cuerpo, el cuerpo humano cae en la corrupción, mientras que su alma va al encuentro con Dios, y queda en espera de reunirse con su cuerpo glorificado. Dios en su omnipotencia dará definitivamente a nuestros cuerpos la vida incorruptible, uniéndolos a nuestras almas. Esto, en virtud de la Resurrección de Jesús.

Este dogma central de nuestra fe cristiana no sólo nos lo recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica, sino que la esperanza de nuestra resurrección y futura inmortalidad se encuentran en textos bíblicos tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento.

¿Cómo?

“Ciertamente el ‘cómo’  “sobrepasa nuestra imaginación y nuestro entendimiento; no es accesible más que en la fe”

Cristo resucitó con su propio cuerpo:“Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo” (Lc.24, 39). Pero El no volvió a una vida terrenal. Del mismo modo, en El todos resucitarán con su propio cuerpo, el que tienen ahora, pero este cuerpo será “transfigurado en cuerpo de gloria” (Flp.3, 21), “en cuerpo espiritual” (1 Cor.15, 44)

La resurrección tendrá lugar en un instante.“Yo quiero enseñarles este misterio: aunque no todos muramos, todos tendremos que ser transformados, en un instante, cuando toque la trompeta (Ustedes han oído de la Trompeta que anuncia el Fin). Entonces, en un abrir y cerrar de ojos, los muertos se levantarán, y serán incorruptibles” (1a. Cor. 15, 51-52).

¿Quiénes resucitarán?

Todos los hombres que han muerto. Unos para la condenación y otros para la salvación.

Es decir, todos resucitaremos: salvados y condenados. Unos para una resurrección de gloria y de felicidad eternas. Otros para una resurrección de condenación e infelicidad eternas.

¿Cuándo?

Sin duda en el “último día” (Jn.6, 54 y 11, 25); “al fin del mundo” . En efecto, la resurrección de los muertos está íntimamente ligada a la Parusía o Segunda Venida de Cristo:“Cuando se dé la señal por la voz del Arcángel, el propio Señor bajará del Cielo, al son de la trompeta divina. Los que murieron en Cristo resucitarán en primer lugar” (1Ts. 4, 16) (#1001). Y continúa San Pablo: “Después nosotros, los vivos, los que todavía estemos, nos reuniremos con ellos llevados en las nubes al encuentro del Señor, allá arriba. Y para siempre estaremos en el Señor” (1Ts. 4, 17).

San Pablo nos habla de los que han muerto y han sido salvados. También nos habla de los que estén vivos para el momento de la Segunda Venida de Cristo. Pero es San Juan quien completa lo que sucederá con los que no han muerto en Cristo: “No se asombren de esto: llega la hora en que todos los que están en los sepulcros oirán mi voz. Los que hicieron el bien saldrán y resucitarán para la vida; pero los que obraron el mal resucitarán para la condenación” (Jn. 5, 28-29).

Resumiendo: En la Resurrección de Jesucristo está el centro de nuestra fe cristiana y de nuestra salvación, ya que si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe (1Cor.15, 14) … y también nuestra esperanza. Pero sabemos que Jesucristo no sólo ha resucitado, sino que nos ha prometido resucitarnos también a nosotros.

¿Re-encarnacion o inmortalidad?

Un tema muy en boga que se nos está introduciendo de manera muy profusa a través de todos los medios de comunicación social es la re-encarnación. Sin embargo, la re-encarnación es un mito, un error, una herejía, un embuste; como diría San Pablo: “una patraña”.

Debemos los cristianos descartarla de las creencias que solemos tomar de fuentes no cristianas, y que vienen a contaminar nuestra Fe. Porque cuando comenzamos creyendo que es posible, deseable, conveniente o agradable re-encarnar, ya estamos negando la resurrección. Y nuestra esperanza está en resucitar con Cristo, como El nos lo ha prometido … no en re-encarnar.

La re-encarnación niega muchas cosas, parece muy atractiva esta falsa creencia, este mito. Sin embargo, si en realidad lo pensamos bien … ¿cómo va a ser atractivo volver a nacer en un cuerpo igual al que ahora tenemos, decadente y mortal, que se daña y que se enferma, que se envejece y que sufre … pero que además tampoco es el mío?

Aun partiendo de una premisa falsa, suponiendo que la re-encarnación fuera posible, si no fuera un mito, una patraña, ¿cómo podemos los hombres, pero sobre todo los cristianos que tenemos la seguridad y la promesa del Señor de nuestra futura resurrección, pensar que es más atractivo re-encarnar, por ejemplo, en un artista de cine, o en un millonario, o en una reina … que resucitar en cuerpos gloriosos?

Tenemos que tener claro los cristianos que la re-encarnación está negada en la Biblia. En el Antiguo Testamento: Una sola es la entrada a la vida y una la salida” (Sabiduría 7, 6). San Pablo en su Carta a los Hebreos dice: Los hombres mueren una sola vez y después viene para ellos el juicio: los que hicieron bien saldrán y resucitarán para la vida, pero los que obraron mal resucitarán para la condenación” (Hebreos 9,27).

Pero, además, ¿no nos damos cuenta de lo que recitamos en el Credo todos los domingos?Creo en la resurrección de la carne y en la vida eterna. (Credo de los Apóstoles). Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. (Credo de Nicea).

La visión realista de la muerte se expresa clarísimamente en la Liturgia de Difuntos de la Iglesia: La vida de los que en Tí creemos, Señor, no termina, se transforma; y al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el Cielo.

Cuando haya tenido fin “el único curso de nuestra vida terrena”  ya no volveremos a otras vidas terrenas. “Está establecido que los hombres mueren una sola vez” (Hb. 9,27)No hay “re-encarnación” después de la muerte.

Por la muerte el alma se separa del cuerpo, pero en la resurrección Dios devolverá la vida incorruptible a nuestro cuerpo transformado, reuniéndolo con nuestra alma. Así como Cristo ha resucitado y vive para siempre, todos nosotros resucitaremos el último día.

La doctrina sobre la muerte y la resurrección, sobre nuestra futura inmortalidad es clara … muy clara. Pero, si la enseñanza de la Iglesia no nos bastara, ¿cómo podemos considerar más atractivo re-encarnar en otro cuerpo terrenal, decadente, enfermable, envejecible y que volverá a morir, que resucitar en un cuerpo glorioso como el de Jesucristo?

¿Cómo serán nuestros cuerpos resucitados?

La Resurrección de Cristo nos anuncia nuestra propia resurrección. Su Resurrección nos anuncia nuestra futura inmortalidad. Y esto es así, porque Jesucristo nos lo ha prometido: si hemos obrado bien, saldremos a una Resurrección de Vida (cfr. Juan 5, 28-29).

Para tener una idea de cómo serán nuestros cuerpos resucitados, veamos primero cómo es el cuerpo glorioso de Jesucristo. Cristo resucitó con su propio cuerpo, pero una vez resucitado, no volvió a una vida terrenal, como la que había vivido en la tierra. Así también nosotros resucitaremos con nuestro propio cuerpo, el mismo que ahora tenemos, pero, como hemos dicho, nuestro cuerpo será “transfigurado en cuerpo de gloria” (Flp.3,21), “en cuerpo espiritual” (1 Cor.15,44)

El cuerpo glorioso de Jesucristo era ¡tan bello! que no lo reconocían los Apóstoles … tampoco lo reconoció María Magdalena. Y cuando el Señor se transfigura ante Pedro, Santiago y Juan en el Monte Tabor, mostrándoles todo el fulgor de Su Gloria era ¡tan bello lo que veían! ¡tan agradable lo que sentían! que Pedro le propuso al Señor hacerse tres tiendas para quedarse a vivir allí mismo. Así es un cuerpo glorioso.

Si comparáramos nuestros cuerpos resucitados con nuestros cuerpos actuales, los futuros tendrán cualidades propias de los cuerpos espirituales, como por ejemplo, la capacidad de transportarse instantáneamente de un sitio a otro y de penetrar cualquier sustancia material. Más importante aún, ya no se corromperán, ni se enfermarán, ni se envejecerán, ni se dañarán, ni sufrirán nunca más. Pero, por encima de todo esto, brillarán con gloria, como el de Jesucristo el Señor.

San Pablo tuvo que ocuparse de este tema al escribirle a los Corintios: “Algunos dirán: ¿cómo resucitan los muertos?, ¿con qué tipo de cuerpo salen? … Al enterrarse es un cuerpo que se pudre; al resucitar será tal que no puede morir. Al enterrarse es cosa despreciable; al resucitar será glorioso. Lo enterraron inerte, pero resucitará lleno de vigor. Se entierra un cuerpo terrenal, y resucitará espiritual … Adán por ser terrenal es modelo de los cuerpos terrenales; Cristo que viene del Cielo, es modelo de los celestiales. Y así como nos parecemos ahora al hombre terrenal, al resucitar llevaremos la semejanza del hombre celestial … cuando nuestro ser mortal se revista de inmortalidad y nuestro ser corruptible se revista de incorruptibilidad” (1a.Cor 15, 35-58).

Referencias

↑ G. LENSKI, El factor religioso (pág. 316). Labor.
↑ C. GEERTZ, La interpretación de las culturas (pág. 89). Gedisa.
↑ Véase el Diccionario de la lengua española, de la Real Academia Española («religión»).
↑ Cicerón: De Nat. Deorum (II): «Qui autem omnia quae ad cultum deorum pertinerent diligenter retractarent et tamquam relegerent […] sunt dicti religiosi ex relegendo».
↑ José FERRATER MORA: Diccionario de filosofía, voz «religión». Buenos Aires: Sudamericana (5.ª edición), 1964.
↑ Lactancio: Institutiones Divinas (4): «Hoc vinculo pietatis obstricti Deo et religati sumus, unde ipsa Religio nomen accepit, non ut Cicero interpretatus est, a relegendo». Esta etimología fue retomada y popularizada por san Agustín, cf. Retractationes (1.13), quien también acepta la etimología propuesta por Cicerón, cf. De Civitate Dei (10.3).
↑ Enciclopedia Cattolica (voz «religión»). Florencia: Sansoni, 1953.
↑ Aulo Gelio, IV,9
↑ Artículo publicado en La Nación, de Buenos Aires, 1940. José Ortega y Gasset Obras Completas Tomo VI
↑ Mircea ELIADE, Enciclopedia delle religioni, vol I: «Oggetto e modalità della credenza religiosa» (voz «religione»). Milán: Jaca Book, 1993, ISBN 88-16-41001-9.
↑ Emile DURKHEIM (1858-1917): Las formas elementales de la vida religiosa. París, 1912.
↑ Otto, Rudolf (2009). Lo numinoso, Colección: Estructuras y Procesos. Religión. Madrid: Editorial Trotta. – (2001). Lo santo. Lo racional y lo irracional en la idea de Dios, Madrid: Alianza editorial. ISBN 978-84-206-3725-9.
↑ Relación de lobbies religiosos en EE. UU.; Immanuel Ness: Encyclopedia of Interest Groups and Lobbyists in the United States. Sharpe Inc, 2000.
↑ A vueltas con el crucifijo. J.J. Tamayo, El Pais. [1])

Los Misterios en la Escritura

Los Misterios en la Escritura

{ Autor desconocido }

La Biblia utiliza la palabra griega musterion que se deriva de la palabra meuo la cual significa “iniciar en (los misterios),” o sea revelar secretos. Musterion significa un secreto, rito, o enseñanza la cual el iniciante conoce pero nadie mas conoce.

La idea (el misterio) entonces pasa a ser información solamente conocida por aquellos que están en Cristo, pero escondida aquellos que no conocen a Cristo (Marcos 4:11). Se refiere a información que ha sido mantenida en secreto, velada (Romanos 16:25-26).

El Significado y uso de “misterio” en la Biblia

Se refiere a los secretos de Dios, sus consejos y propósitos los cuales eran desconocidos por los hombres pero revelados en la escritura a través de los profetas de Dios (Daniel 2:18-23; 27-30).

En la mayoría de los casos en el Nuevo Testamento la palabra misterio se refiere a verdades relacionadas con la iglesia que no eran conocidas en el Antiguo Testamento. (Efesios 3:1-9.) El Antiguo Testamento revela la muerte y resurrección de Cristo y la salvación de los gentiles, etc., pero nunca menciono la iglesia y esta presente dispensación (gracia). Estas doctrinas son los misterios (Romanos 16:25-26).

Esta palabra misterios también se refiere a las verdades espirituales reveladas en la escritura, pero que permanecen un secreto, una verdad velada al no creyente ya que no la puede entender o discernir espiritualmente. Se refiere a verdades que el hombre no puede comprender por sus experiencias, experimentos o filosofías humanas. (1 Corintios 2:6-14; Marcos 4:11). A través de la palabra de Dios, la nueva naturaleza y el ministerio del Espíritu Santo, el creyente se inicia en los misterios del Dios (Filipenses 4:12) donde Pablo usa la palabra friega MUEO. Compare con 1 Cor 4:1 y tal vez Efesios 6:19; Col 4:3. y Timoteo 3:9.

Los “Misterios” del Nuevo Testamento

  1. El misterio del reino de los cielos (Mateo 13). Este misterio abarca el programa intermedio de Dios entre la primera y segunda venida de Cristo.
  2. El misterio de la ceguera espiritual de Israel (Rom. 11:1-25).
  3. El misterio del rapto de la iglesia al final de esta era (1 Cor. 15:51-57; 1 Tes. 4:13f).
  4. El misterio de la iglesia como el cuerpo de Cristo donde el judío y el gentil ahora se convierten en un nuevo hombre en Cristo (Efesios 3:1-11; 2:11f).
  5. El misterio de la iglesia como esposa de Cristo (Efesios. 5:25-32).
  6. El misterio de la morada de Cristo como la esperanza de la gloria o la libertad espiritual por el poder de la presencia de Cristo (Col. 1:26-27; 2:2).
  7. El misterio de la iniquidad – la continuación y crecimiento gradual de la iniquidad que culminara en el hombre de pecado (Anticristo) (I Tes. 2:7).
  8. El misterio de la piedad, o el proceso a través del cual el cristiano crece en el carácter divino a través de al persona y obra de nuestro Señor Jesucristo, el cual es proclamado y defendido por la iglesia de Jesucristo. (I Tim. 3:16).
  9. El misterio de la iglesia como las siete estrellas (Apoc. 1:20).
  10. El misterio de Dios, la contestación a la vieja pregunta, Por que permite Dios la existencia de Satanás y el mal (Apoc. 10:7).
  11. Por favor note que la contestación a estas preguntas se encuentra en la Biblia, fue predicada a los profetas de Dios. Hay dos partes a la contestación a esta pregunta: (a) para demostrar que Satanás nuestro acusador esta equivocado en sus acusaciones y que el se merece el juicio de Dios por el pecado. (b) demostrar la paciencia y el amor de Dios proveyendo amplia oportunidad a los hombres para que vengan a Cristo. (2 Pedro 3:7-8)
  12. Así cuando el ángel de Apocalipsis 10:7 dice “el misterio de Dios se consumará, como él lo anunció a sus siervos los profetas” significa que una vez que la séptima trompeta sea tocada, será el tiempo de demostrar al hombre y a Satanás lo que ellos son. Entonces ya Dios no permitirá que la rebeldía de Satanás continúe. Entonces Dios establecerá su justicia en la tierra. El periodo de la paciencia de Dios habrá terminado.
  13. El misterio de Babilonia, la verdad acerca de la iniciadora de la anciana abominación de la apostasía de madre-hijo (Apoc 17:5,7) (María como la madre de Dios)

http://www.fadu.net/estudios/misterios.htm

La Inmaculada Concepción

La Inmaculada Concepción

{ por Vicente Marrota }

¿Es María inmaculada? Nos apresurarnos a contestar que no y lo probarnos.

  1. María en la casa de Elisabeth, canta: “y mi espíritu se alegró en Dios mi Salvador” Lucas 1:47. El pasaje no necesita comentario. Si María llama a Dios su Salvador, claro está que antes de sentirse salvada debía reconocerse perdida, es decir, en pecado.
  2. San Pablo en su epístola a los Romanos dice: “todos están debajo de pecado. Como está escrito: no hay justo, ni aún uno. Todos se apartaron, a una fueron hechos inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni aún uno” Romanos 3:9-12. San Pablo hubiera debido exceptuar a María si hubiese sido preservada por Dios de la culpa común a todos los otros hijos de Adán.
  3. San Juan, en su primera epístola, escribe esta sentencia: “Si dijeremos que no tenemos pecado, nos engaríamos a nosotros mismos, y no hay verdad en nosotros’. Si dijeramos que no hemos pecado, lo hacemos a El mentiroso, y su palabra no está en nosotros“. 1 Juan l:10. Según San Juan, el dogma de la Inmaculada es contrario a la verdad revelada. nadie mejor que San Juan hubiera podido y debido exaltar a María y distinguir1a declarando su Inmaculada Concepción, ya sea por su parentesco, o por haberla tenido en su casa, después de la muerte de nuestro Señor (San Juan 19:27).
  4. El Ángel del Señor le dijo a María al anunciarle la encarnación del verbo: “María, María, no temas, porque has hallado gracia cerca de Dios” Lucas 1:30. ¿Quién no ve en este versículo al culpable rehabilitado? ¿Quién puede hallar gracia si no aquel que la ha perdido? ¿Dónde está el famoso sine labe? (sin mancha)
  5. Jesús dice: “De cierto os digo que no se levantó entre los que nacen de mujeres otro mayor que Juan el Bautista” Mateo 11:11. Si Juan que es el mayor entre los nacidos de mujer no es llamado inmaculado, menos puede serlo María que no es llamada mayor.
  6. Sólo Jesús fue engendrado por el Espíritu Santo y ningún otro. María ha sido engendrada por virtud humana, y ¿cómo un hombre pecador puede engendrar hijos inmaculados?

Y ahora, gentil lector, si deseas conocer la actual posición de María, te diremos con San Pablo que, habiendo dormido en el Señor veinte siglos ha, espera la primera resurrección para unirse con su Salvador, para ser admitida en la Gloria del Reino (1 Cor. 15:20,23; 1 Tesalonicenses 4:16,17).

Así que María no fue promovida al cielo, pero espera la corona como todos los redimidos, a la aparición del Señor. Y ahora repetimos la pregunta: ¿Es María inmaculada? Esta vez dejamos al cortés lector que responda.

http://www.fadu.net/estudios/inmacula.htm

La Iglesia más antigua de las Iglesias Cristianas

La Iglesia más antigua de las Iglesias Cristianas

{ por Teófilo Gay }

La Iglesia Romana, para demostrar que ella es la verdadera Iglesia de Cristo, afirma que ella es antigua, la más antigua de las iglesias cristianas. Las otras iglesias cristianas, según ella, son recientes porque nacieron después. “Los protestantes”, dicen los sacerdotes, “nacieron con Lutero; ¿dónde estaban antes ellos? La Iglesia Romana, en cambio, data desde el primer siglo y se mantuvo fiel hasta ahora”.

Este argumento especioso puede turbar a más de uno. Vamos a examinarlo:

La antigüedad de un sistema no prueba de por sí la divina autoridad.

Los fariseos apelaban al antiguo uso del divorcio, pero Jesús les dijo: “mas al principio no fue así” (Mateo 19:8). Los judíos decían acerca de la doctrina de Cristo: “¿Qué nueva doctrina es ésta?” (Marcos 1:27). Los samaritanos pretendían que adorar a Dios en el monte Gerizim era de más antigüedad que en Jerusalén (Juan 4:20). Los judíos acusaban a San Pablo de ser jefe de una nueva secta (Hechos 24:5). Los atenienses llaman “nueva doctrina” la que el apóstol predicaba (Hechos 17:19).
Los paganos de los primeros siglos se vanagloriaban de la antigüedad de su religión en relación a la del cristianismo. San Agustín les contestó: “¿Acaso la antigüedad vale más que la verdad?” Si así fuese, los asesinos, adúlteros, ladrones y todos los malhechores podrían justificar y defender sus hechos porque son cosas antiquísimas que se cometieron desde el principio del mundo.
El mal no puede ser honesto por-que se practique desde antaño. Esta es la política de Satanás, que con-siguió, a través del tiempo, que su obra fuese aprobada como asimismo un falso y vergonzoso culto bajo el pretexto de su antiguedad. El vulgo empezó a adorar a hombres ya muertos por parecerle que eran dioses, y este culto, habiendo continuado por mucho tiempo, vino a considerarse como aproba-do, mientras que la verdad no viene ni procede de la antigüedad, sino de Dios. Y Tertuliano dice: “Cristo se llama la Verdad y no la antiguedad. Todo lo que esté contra la verdad, aunque fuere una tra-dición antigua, es una herejía.”
No puede ser una señal indispensable de la verdadera iglesia de Cristo una señal que esta Iglesia no ha podido tener siempre; en su origen la iglesia cristiana no podía tener la antiguedad, y hoy, al iniciar una obra cristiana en la China, los budistas pueden alegar que son más antiguos que vosotros.
El paganismo, la incredulidad, son más antiguos que vosotros, y convenís en esto: ¿diréis vosotros que valen más que vuestra religión?
¡Cuántas veces vemos que las cosas nuevas valen más que las viejas!
En la manera de vestir, de viajar, de enviar cartas, etc., ¿quién es el que no prefiere las invenciones modernas? Es preciso admitir posibilidad de progreso aun en el conocimiento de la verdad. La verdad es antigua, es eterna; pero la adquisición de ella es progresiva.
La antigüedad en sí no es por lo tanto criterio de la verdadera iglesia.

La iglesia papal tal cual ahora es, no es antigua. Una buena sociedad antigua puede degenerar de su origen y entonces deja de ser una sociedad antigua primitiva, es una novedad. Este es el caso de la Iglesia de Roma.

Es preciso que se reconozca que en la cristiandad existen las iglesias griegas y siríaca, que son más antiguas que ella, por cuanto fueron fundadas antes que la Iglesia de Roma. Gregorio, patriarca de Constantinopla, respondía el 5 de octubre de 1868 a los legados de Pío IX que lo invitaban al Concilio de 1869 en Roma: “Los principios del Papa no concuerdan en absoluto con los de la Iglesia Ortodoxa de Oriente. El Papa no cesa de profesar los mismos principios que están en abierta oposición con los del Evangelio, con las enseñanzas de los concilios ecuménicos y de los padres.”
Es preciso que reconozca bien que dejó de ser la Iglesia Romana de los primeros siglos de los tiempos apostólicos, de los primeros obispos de Roma, y ni tampoco de los tiempos de Gregorio Magno (600).
La Iglesia Romana, hasta el año 600 no tenía misa, purgatorio, confesión auricular, apócrifos, tradiciones, méritos, culto a las imágenes, etc. Era entonces la iglesia cristiana, y no la papal.
Las fechas del origen y nacimiento de los ritos y dogmas son bien conocidas. Casi todos han sido creados entre el 787 y 1870. La Iglesia Romana, tal cual como hoy es, cuenta más o menos unos 370 años de existencia, porque fue solamente en el Concilio de Trento, posterior a la muerte de Lutero, que fue definitivamente fijado su credo, su culto y su organización. (Téngase en cuenta que esto fue escrito en el siglo pasado).

La Iglesia Romana no posee sucesión apostólica. No habiendo tenido un apóstol que la fundara no pueden los papas llamarse sus sucesores; y menos aún pueden vanagloriarse de que sus obispos formen una cadena no ininterrumpida desde Pablo o Pedro.
A esa pretendida cadena falta el primer eslabón, todo. Es una burda fábula de que Pedro haya sido obispo de Roma, y que haya nombrado sucesor delegándole sus prerrogativas e indicándole que las transmitiera a su vez a un sucesor, etc. Pero suponiendo que así fuese, no existiría la cadena ininterrumpida del primer obispo de Roma, hasta el Papa actual.

Los historiadores eclesiásticos no están de acuerdo acerca de los primeros cuatro sucesores del primer obispo de Roma; nadie puede decir cuáles fueron.
¿Quién fue el segundo obispo de Roma? Jerónimo dice que la mayoría de los padres latinos (Tertuliano, Rufino, etc.), dicen que fue Clemente, Eusebio, Ireneo, Jerónimo y Agustín afirman que fue Lino.
¿Quién fue el tercer obispo de Roma? Los Pontificiales, dicen que fue Cleto; pero Ireneo, Eusebio y Agustín ni siquiera lo mencionan porque nunca existió.
Cleto es una abreviatura de Anacleto que vino después de Clemente. Y aquí Roma dividió aquel pobre hombre en dos partes y lo coloca como tercer obispo de Roma, un hombre que nunca existió.
¿Quién fue el cuarto obispo de Roma? Tertuliano, Rufino, Epifanio, etc., dicen que Clemente fue el segundo, pero la Iglesia de Roma lo coloca como el cuarto y Platina dice que aun cuando fue nombrado por Pedro, por razones de humildad dejó que por veinte años pontificaran otros dos en su lugar. ¿Desobedeció a Pedro? Todo esto es una fantasmagoría.
La “Santa Sede” en Roma, estuvo varias veces vacante. He aquí la cadena ininterrumpida en varias ocasiones. Según Platina, estuvo vacante: después de Juan III, diez meses; después de Pelagio II, siete meses; después de Gregorio 1, cinco meses; después de Fabián, un mes; después de Bonifacio II, seis meses; después de Martín 1, catorce meses; después de Pablo 1, trece meses; después de Nicolás 1, ocho años y siete meses; después de Clemente IV , diecisiete meses; después de Clemente V, dos años; después de Nicolás IV, veintisiete meses. En conjunto, la Santa Sede estuvo vacante casi veinticinco años.
¡Y cuántos cismas entre papas y antipapas han interrumpido la pretendida sucesión apostólica en la Iglesia Romana! Hubo 28 llamados antipapas.
¿De quién es sucesor el Papa actual a través de tantos cismas?
¿Dónde está la tan decantada sucesión apostólica?

La Iglesia del Papa no posee ni la vida y menos aún la doctrina de los apóstoles o apostólica. ¿La doctrina? Pero para formular su credo la Iglesia Romana tuvo que añadir doce artículos al Credo Apostólico.

¿Dónde hallamos el papado, la confesión, la mariolatría, el purgatorio, la misa, etc., entre los apóstoles? Su doctrina explícita es que Cristo es suficiente para todo e hizo todo. No hay más lugar para sacerdotes, sacrificio; no hay más condenación. Roma, como Pedro y Pablo habían profetizado, ha apostatado (1 Timoteo 4; 2 Pedro 1).
¿La vida? Arnaldo De Brescia en su tiempo predicaba que el clero romano carecía de vida y de doctrinas apostólicas, y que, por lo tanto, no tenía autoridad.
Los apóstoles podían casarse, y parte de ellos lo estaban: los curas están obligados a un celibato forzoso.
Los apóstoles no perseguían a nadie: Roma estableció la Inquisición.

http://www.fadu.net/estudios/antigua.htm

Serie La Biblia Parte 5

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