La Palabra de Dios. Berkhof


EL SIGNIFICADO DE LA EXPRESIÓN “PALABRA DE DIOS” EN EL SENTIDO DE MEDIO
Difícilmente podría decirse que los católicos romanos consideran la Palabra de Dios como un medio de gracia. Según ellos estiman, la iglesia es el grande canal todo suficiente de gracia para los pecadores, y todos los demás medios están subordinados a ella. Y los dos medios más poderosos que Dios ha colocado a la disposición de la iglesia son la oración y los sacramentos. Sin embargo, las iglesias surgidas de la Reforma, tanto las luteranas como las Reformadas, hacen honor a la Palabra de Dios en concepto de medio, y hasta la consideran superior a los sacramentos. Es verdad que los antiguos teólogos Reformados, por ejemplo los profesores de Leyden (Synopsis), Mastricht, á Marck, Turretin y otros, y aun algunos de más reciente fecha, por ejemplo Dabney y Kuyper, no tratan por separado a la Biblia como un medio de gracia, pero esto se debe en gran parte al hecho de que ya habían discutido respecto a la Biblia en otras relaciones. Hablan con toda libertad de ella como un medio de gracia. Y cuando consideran la Palabra de Dios como medio de gracia no están pensando acerca del Logos, la Palabra personal, Juan 1: 1-14. Ni tampoco tienen en la mente alguna palabra de poder procedente de la boca de Jehová, Sal. 33: 6; Isa. 55 11 ; Rom. 4 : 17, o alguna palabra de revelación directa, por ejemplo, las que los profetas recibieron, Jer. 1 : 4; 2 : 1; Ez. 6: 1 ; Os. 1: 1. Se trata de la Palabra inspirada de Dios, la Palabra de la Escritura, a la cual consideran como medio de gracia. Y aun cuando hablan de ésta como medio de gracia, la contemplan desde un punto de vista especial. Las Escrituras inspiradas constituyen el principium cognoscendi, la fuente principal de todo nuestro conocimiento teológico; pero no es ese aspecto el que tenemos en la mente cuando hablamos de la Palabra de Dios como un medio de gracia. La Biblia no sólo es el principium cognoscendi de la teología, sino que es también el medio que emplea el Espíritu Santo para la extensión de la iglesia y para la edificación y nutrimento de los santos. Es por sobre todas las cosas la Palabra de la gracia de Dios, y por tanto, también es el más importante de todos los medios de gracia. Hablando en forma estricta, es la Palabra tal como se predica en el nombre de Dios y en virtud de una comisión divina, la que se considera como un medio de gracia en el sentido técnico de la palabra, juntamente con los sacramentos que se administran en el nombre de Dios. Como es natural, la Palabra de Dios también puede ser considerada como un medio de gracia en un sentido más general. Puede ser una verdadera bendición cuando llega al hombre en muchos sentidos adicionales :
Como se lee en el hogar, como se enseña en la escuela, o como se presenta en los folletos. Como medios de gracia oficiales, colocados a la disposición de la iglesia, tanto la Palabra como los sacramentos pueden ser administrados legítimamente por los oficiales de la iglesia debidamente calificados. Pero a diferencia de los sacramentos la Palabra puede también ser llevada al mundo por todos los creyentes, y opera en muchas maneras diferentes.
LA RELACIÓN DE LA PALABRA CON EL ESPÍRITU SANTO
Se ha desarrollado en el curso de la historia una opinión muy diferente respecto a la eficacia de la Palabra, y en consecuencia, en cuanto a la relación que hay entre la operación eficaz de la Palabra, y la obra del Espíritu Santo.
1. El nomismo en sus diferentes formas, por ejemplo, judaísmo, pelagianismo, arminianismo semipelagiano, neonomianismo y racionalismo, estima la influencia intelectual moral y estética de la Palabra como la única que se le puede atribuir. No cree en una operación sobrenatural del Espíritu Santo mediante la Palabra. La verdad revelada en la Palabra de Dios opera sólo mediante la persuasión moral. El nomismo en algunas de sus formas, por ejemplo, el pelagianismo y el racionalismo, ni siquiera siente la necesidad de una operación especial del Espíritu Santo en la obra de redención; pero en sus formas más moderadas, por ejemplo el
semipelagianismo, el arminianismo y el neonomianismo, considera la influencia moral de la Palabra insuficiente, en tal forma que necesita ser suplantada por la obra del Espíritu Santo.
2. El antinomianismo, por otra parte, no considera la Palabra externa necesaria para nada, y despliega un misticismo que todo lo espera de la Palabra interna o de la luz interior, o de la operación inmediata del Espíritu Santo. Su lema es, “la letra mata pero el Espíritu da vida”. La palabra externa pertenece al mundo natural, y es indigna del hombre verdaderamente espiritual y no puede producir resultados espirituales. Aunque los antinomianos de todas las clases revelan una tendencia a despreciar, sino es que a ignorar del todo, los medios de gracia, esta tendencia recibió su más clara expresión a manos de algunos de los anabaptistas.
3. En oposición a estos dos conceptos, los Reformadores mantuvieron que la Palabra sola no es suficiente para operar la fe y la conversión ; que el Espíritu Santo puede aunque no lo haga siempre, obrar sin la Palabra ; y que por tanto en la obra de redención la Palabra y el Espíritu operan juntamente. Aunque al principio hubo una pequeña diferencia sobre este punto entre los luteranos y los Reformados, los primeros acentuaron desde el principio el hecho de que el Espíritu Santo opera por medio de la Palabra como su instrumento (per verbum), en tanto que los últimos prefirieron decir que el Espíritu Santo opera acompañando a la Palabra (cum verbo).
Posteriormente los teólogos luteranos desarrollaron la verdadera doctrina’ luterana, a saber, que la Palabra de Dios contiene como un depósito divino el poder del Espíritu Santo para convertir, el cual ahora está relacionado inseparablemente con ella en tal forma que se encuentra presente aun cuando la Palabra no se use, o no se use legítimamente. Pero para explicar los resultados diferentes de la predicación de la Palabra en el caso de diferentes personas, tuvieron que recurrir, aunque en una forma muy suave, a la doctrina del libre albedrío del hombre. Los Reformados reconocieron, en verdad, la Palabra de Dios como siempre poderosa, como un sabor de vida para vida o como un sabor de muerte para muerte, pero sostuvieron que se hace eficaz para conducir hacia la fe y la conversión sólo cuando está acompañada de la operación del Espíritu Santo en el corazón de los pecadores. Rehusaron considerar esta eficacia como un poder impersonal que reside en la Palabra.
Fuente bibl.

Luis  Berkhof, Teologia sistematica,Ed. Tell

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