Si Dios no existe, no existo.


Uno de los argumentos de los ateos dice que creer en Dios y ser cristiano tiene que ver con la irracionalidad del ser humano y unos de los argumentos de algunos evangélicos dice que la razón no compatibiliza con fe. El primero pretende pruebas científicas de la existencia de Dios y de la resurrección de Jesucristo y el segundo grupo para cerrar toda explicación dice que todo se siente en el corazón.

De esta manera podrían estar una eternidad completa apelando a fundamentos con premisas equivocadas.

Se puede probar la existencia de Dios desde la racionalidad? No. ¬ Y si pudiera

La sola razón puede pretender llegar a un conocimiento Divino? No.

Pero, para conocer a Dios es imposible eximir la razón y la lógica. Hasta me atrevo a decir que las emociones, el corazón con el que sentimos todo, es un estorbo en este proceso. Por lo que quien plantea ser ateo y quien plantea ser cristiano presentando las argumentaciones con las que inicio, han plantado un sistema de creencias inestable e incoherente.

Hay un filósofo francés llamado René Descartes que luego de sentirse maduro emprendió un viaje intelectual para resolver estas dudas que a muchos complican, en sus Meditaciones Metafísicas. Comenzó planteándose a si mismo poner en duda o mejor dicho rechazar de plano todo lo que no merezca un 100% de certeza de verdad o realidad.

“Por cuanto la razón me convence de que a las cosas que no sean enteramente ciertas e indudables debo negarles crédito con tanto cuidado como a las que me parecen manifiestamente falsas.”

Y comenzó un viaje muy interesante a través de planteamientos lógicos hasta llegar a conclusiones como la famosa frase “cogito, ergo sum” (pienso, por tanto, existo). Lo único que que podía afirmar con 100% de seguridad era que pensaba. En sueño o despierto, el pensaba (porque tanto las emociones como las cosas podemos experimentarlas despiertos o en aquellos sueños que nos parecen tan reales que nos confunden, y si por lo tanto existe duda en cuanto a lo experimentado en nuestras emociones o en cuanto a las cosas, sencillamente es falso y lo que experimentamos despiertos ¿quién asegura que no lo estamos soñando? ) Pero a diferencia de los sentidos, pensar es el mismo acto siempre aun soñando o despiertos, por lo que la certeza de existir radica, según Descartes, en que pensamos. El día que dejemos de pensar, dejamos de existir, por lo que la afirmación certera es que “pensamos, por lo tanto, existimos”.

El ya no se definía como una cuerpo, emociones, algo material, sentidos, sino sólo como “una cosa que piensa”. No existe subjetividad en eso. “Pensamos, luego existimos”

Ahora, se encamina a otra conclusión en esta búsqueda de la verdad. Se da cuenta que es un hombre que duda, y en la duda no existe perfección. Pero para este hombre matemático existía una idea de perfección que la delataba justamente la matemática y la lógica. Y si él es un “cosa que piensa”,y que duda por lo tanto imperfecto, ¿de donde viene la conciencia o idea de perfección que tenemos y buscamos? y su conclusión es Dios. La única fuente de perfección y es externo a nuestra conciencia imperfecta.

Otra mala argumentación de algunos ateos es medir la Biblia con una balanza científica o histórica. Idea tan ridícula como querer medir la veracidad de la Neurobiología a través del libro de Génesis. No es justo para la Biblia como no sería justo para la Neurobiología. La Biblia no es un libro de historia ni de ciencias.

Fe y Razón – crede ut intelligas

Siendo invisible el amor, ¿cómo se amarán mutuamente los hombres, si nadie cree lo que no ve?

Otro personaje que luchó con la fe y la razón fue Agustín de Hipona, se alejó de la fe quizá por las mismas circunstancias que algunos se alejan de la fe hoy y fue un buscador de la verdad. Luego se convirtió y este hombre llegó a la conclusión que creer nos da la entrada a la verdad pero sólo la razón le encuentra el sentido a la fe en Dios. “Nisi credideritis, non intelligetis” (si no creéis, no entenderéis). “Intellige ut credas, crede ut intelligas” (entiende para creer, cree para entender).

Para concluir.

Si bien, no podemos probar a Dios, ni la resurrección de Cristo en un sentido empírico como piden algunos, tampoco podemos racionalmente negarlo.

Creo en Dios, un Dios que creó las leyes de la lógica y las razón humana, un Dios que no se contradice a si mismo y que no está supeditado a ningún hombre ni a sus cristianismos. Un Dios que trasciende lo creado y ante el cual siendo nosotros nada, nos ha amado dándonos todo: a Su Hijo.

Creo en Jesucristo, el Logos, por el cual todo lo que existe es y en el Espíritu Santo que nos guía a encontrar la Verdad. El que produce en nosotros la perfección de la razón para entender todo aquello que no podríamos entender sólo con la razón.

  • «No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta» (Romanos 12.2)

Un abrazo cordial,

Enrique Crespo

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