Un poema al corazón…


Un poema al corazón…

Nos gusta leer buenos libros, literatura de calidad y nos conmueven los poemas. Tal vez nos emocionamos con historias verídicas de luchas y superación personal. A lo largo de nuestras vidas nos sentimos tocados profundamente por testimonios vívidos, por experiencias personales profundas con Dios. Todas ellas provienen de otras personas.

Pero… ¿qué ocurre con nosotros? ¿La Palabra de Dios nos llega a lo más profundo del corazón? ¿Se cumple en nosotros lo que dice Hebreos 4:12?

  • “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón”

¡Ojalá así fuera! ¡Ojalá no nos volvamos insensibles a ella, ¡Ojalá no se vuelva simplemente otra costumbre en nuestras vidas!

Leamos Habacuc 3:16-19...

  • “Oí, y se conmovieron mis entrañas; a la voz temblaron mis labios; pudrición entró en mis huesos, y dentro de mí me estremecí; si bien estaré quieto en el día de la angustia, cuando suba al pueblo el que lo invadirá con sus tropas. Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación. Jehová el Señor es mi fortaleza. El cual hace mis pies como de ciervas, y en mis alturas me hace andar”

Cada vez que leo este texto, me impacta profundamente…

El Salmo 95:6-7 dice:

  • “Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor. Porque él es nuestro Dios; nosotros el pueblo de su prado, y ovejas de su mano…”

Acerca de la adoración, el pastor Eduardo Coria dijo:

“¡Cuánto tenemos que aprender en cuanto a la adoración! ¡Cuánto tenemos que aprender de las generaciones pasadas que se tomaban tiempo para estar a solas con Dios! ¡Cuánto tienen que cambiar nuestras oraciones pedigüeñas por oraciones de agradecimiento y adoración!”

¿Intentamos alguna vez adorar a Nuestro Dios agradeciéndole por todo lo que no poseemos, por aquello que no nos ha permitido tener, por todo lo que creemos que nos falta?

“El corazón desagradecido no halla perdón ni misericordia, pero el corazón agradecido encontrará algunas bendiciones celestiales cada hora” (Henry Ward Beecher)

Habacuc decía: “Aunque me falte todo… me alegraré y gozaré en el Dios de mi salvación

Recordemos: Si tenemos al Señor… ¿qué si nos faltara todo lo demás?

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