La obsesión por María en el catolicismo


La obsesión por María en el catolicismo
Posted: 26 May 2010 04:09 AM PDT

Catolicismo:

Esa Obscura Obsesión por María

por Pablo Santomauro

¿Recuerda el lector la película “La Pasión”, de Mel Gibson? El propio Gibson expresó que para él fue una sorpresa el entusiasmo con que los evangélicos abrazaron su película, a pesar de su marcado sesgo Mariano (1). Aunque muchos evangélicos no estén de acuerdo, me atrevo a decir que para el ojo entrenado no fue ningún secreto que el film exaltara por demás el rol de María, algo que los católicos no pueden dejar de hacer por traerlo injertado en su teología. La persona que conoce la doctrina católica no pudo evitar luego de ver el film, la impresión de que teológicamente María “se robó la película”. Cristo, por supuesto, se llevó las lágrimas, las emociones, y el “impacto”, al decir de algunos, que por lo general se evaporaron con el rocío de la mañana siguiente.

El magnetismo de la “madre del galileo”, como un soldado la llama durante el film, se manifiesta en el embelezamiento de otro soldado al ver a María durante la escena del Via Crucis. La cámara se detiene por varios segundos en el rostro hipnotizado del soldado mientras observa a María, totalmente absorto, ajeno a todo lo que ocurre alrededor suyo y desatendiendo sus tareas como parte de la escolta que acompaña la cruz. Este mismo soldado es el que estando de guardia frente a la cruz, cuando ve a María y a Juan acercarse, se hace a un lado para dejarlos pasar. La forma robotizada en que lo hace da a entender, desde el punto de vista artístico, que él no puede resistir la presencia de María, o que al menos experimenta una devoción por ella en estado embrionario.

La Pasión de María

La película mostraba también a María en absoluto conocimiento de lo que estaba pasando desde el momento del arresto de Jesús, i.e., del plan de Dios para la redención del hombre. Las palabras de María al comienzo de los sufrimientos de Cristo, fueron: “It has begun, so be it” (“Ha comenzado, que así sea”). María, en la película, tiene la facultad de sentir literalmente los dolores de Cristo, algo que realmente raya en la dimensión del misticismo ocúltico. Esto, sin embargo, armoniza perfectamente con la teología católica:

“La Bienaventurada Virgen avanzó en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la cruz. Allí, por voluntad de Dios, estuvo de pie, sufrió intensamente con su Hijo y se unió a su sacrificio con corazón de madre que, llena de amor, daba consentimiento a la inmolación de su Hijo como víctima”. (2)

La doctrina católica presenta a María no sólo en conocimiento de todo el plan de salvación y al borde de la muerte durante los sufrimientos de Cristo, sino también unida con Cristo al punto de ser copartícipe de la salvación:

“María sufrió … y casi murió con su sufriente Hijo; por la salvación de la humanidad ella renunció a sus derechos de madre y, en cuanto de ella dependió, ofreció a su Hijo para aplacar la justicia divina. Se puede bien decir que ella, con Cristo, redimieron a la humanidad.” (3)

El espacio asignado para este artículo no nos permite expandir en la doctrina mariana de la Iglesia Católica. Suficiente es decir que María, según Roma, es co-redentora [494, 963-973], sin pecado [491], virgen perpetua [499], su cuerpo fue elevado al cielo luego de su muerte sin sufrir corrupción [966,974], y es Mediatriz de Toda Gracia [968-971, 975, 2673-2682] [Citas del Catecismo de la Iglesia Católica].

Es de conocimiento público que el Papa Juan Pablo era un ardiente devoto de María. Cuando fue ordenado Obispo Auxiliar de Krakow en 1958, escogió para su escudo de armas una cruz con la inicial “M” al pie, en honor a María. El lema adoptado por Juan Pablo fue Totus Tuus, lo que significa con referencia a María, “Totalmente tuyo”. (4)

Esta fue la evidencia de la completa consagración a María por parte del fallecido Papa. En mayo 13 de 1981, mientras su vehículo se dirigía hacia una ambulancia cercana, luego de haber sido herido por el sicópata-terrorista Ali Agca, Juan Pablo repetía el siguiente ruego: “¡María, mi madre! ¡María, mi madre!” (5)

La doctrina de la maternidad universal de María está presente en “La Pasión”, en las escenas donde los apóstoles le llaman “madre”. No sólo los apóstoles lo hacen. Cuando Cristo, camino al Calvario, cae bajo el peso de la cruz, María se le acerca para darle aliento. Cristo, levántandose con gran esfuerzo, pronuncia estas palabras: “Behold, mother, I make all things new” (“Contempla, madre, hago nuevas todas las cosas”).

Consultando con Jesucristo

Contrariamente a la exaltación de María por parte de Roma, nuestro Señor Jesucristo restó importancia a su relación con ella. De acuerdo con el registro escritural, Jesús nunca se dirigió o refirió a su madre con una de las palabras más tiernas y hermosas de cualquier lenguaje, “madre”. Esto es aun más desconcertante si tenemos en cuenta que en la tradición judía los padres eran exaltados por las obras de los hijos (1 S. 17:55-58). Un ejemplo claro lo encontramos en Lucas 11:27, donde una mujer, reconociendo la grandeza sublime del Señor, expresa: “Bienaventurado el vientre que te trajo, y los senos que mamaste”. Contrario a la costumbre, el Señor reprende a la mujer por enfocar la atención sobre María y su rol de madre: “Antes bienaventurados los que oyen la Palabra de Dios, y la guardan”.

Al acabarse el vino durante las bodas en Caná de Galilea (Jn. 2:1s), María recurre a su Hijo esperando de él alguna solución al respecto. “No tienen vino”, fue todo lo que María dijo. No hubo ningún pedido, pero Cristo supo que era una solicitud, y en voz baja (casi seguro) le dijo: “¿Que tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora”. “Mujer” es un título de respeto; no fue usado por Cristo en forma despreciativa. Prueba de ello es que Cristo usa la misma palabra para dirigirse a María desde la cruz (Jn. 19:26,27), cuando encarga a Juan el cuidado de su madre (Mt. 13: 55,56). El punto es que Jesucristo, con regularidad, evitó llamar “madre” a María en público, aunque es probable que lo haya hecho en privado durante los años de su crecimiento.

En Marcos 3: 31-35, tenemos la historia donde la madre de Jesús y sus hermanos vienen a buscarle y aparentemente no podían ni acercársele debido a la multitud. Cuando alguien le notifica la presencia de su familia, Jesucristo no vaciló en preguntar delante de la multitud: “¿Quién es mi madre y mis hermanos?” Acto seguido, a los efectos de dejar el punto bien claro, mirando a los que estaban a su alrededor, expresó: “He aquí mi madre y mis hermanos. Porque todo aquel que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre”. Este pasaje, por sí solo, debería ser suficiente para convencer a muchos que depender de María para obtener salvación no es una opción muy inteligente.

Pertinente al concepto equivocado que presenta la película sobre María estando en conocimiento del plan de redención y los acontecimientos alrededor de ella, la Palabra de Dios nos muestra que en realidad María poseía un concepto muy opaco, y fue ignorante en muchos aspectos, acerca de la misión y el ministerio de su Hijo.

El mismo capítulo 3 de Marcos nos aclara la razón por la cual María y sus otros hijos vinieron a buscar a Jesús: “Y se agolpó de nuevo la gente … Cuando lo oyeron los suyos, vinieron a prenderle; porque decían: Está fuera de sí” (Mr. 3: 20-21). ¡María pensaba que Jesús había perdido la razón!

¡Vaya profundidad espiritual y entendimiento de las cosas de Dios por parte de María! Es evidente que la ignorancia de María respecto a las cosas del evangelio antes de la resurrección de Cristo, estaba a la par con la misma ignorancia de sus discípulos. Una vez más, la Biblia humilla la posición católica, la cual enseña que María fue “exaltada por sobre los ángeles y los hombres a un lugar sólo segundo después de su Hijo como la santa madre de Dios: “[ella]estuvo involucrada en los misterios de Cristo …” (6) (resaltado nuestro)

El Salmo 69, mesiánico por excelencia, expresa: “El escarnio ha quebrantado mi corazón, y estoy acongojado. Esperé quien se compadeciese de mí, y no lo hubo; Y consoladores, y ninguno hallé” (Sal. 69:20). Aparentemente, ni María ni ninguno de los otros al pie de la cruz tuvo conciencia de que delante de ellos se encontraba el Hijo de Dios sufriendo por los pecados del mundo.

La María católica: Una María diferente

Contrariamente a lo que enseña la Biblia, la Iglesia Católica enseña a sus fieles a que oren a María, porque ella puede persuadir a Dios para conceder peticiones que de otra forma Dios no daría: “… oraciones [que de otra forma no serían bien recibidas] … serán aceptadas por Dios cuando son recomendadas a él por la Santísima Madre y oídas favorablemente”. (7)

La Iglesia Católica presenta a María como una madre de corazón tierno que nunca rehúsa ningún pedido, especialmente a los que recurren a ella por medio del Santo Rosario (8). En contraste con María, Dios es presentado como un tanto frío y un benefactor vacilante, al cual debemos acercarnos por medio de María (9). De este modo, en una mueca cruel de la mentira, la teología católica conlleva en sí una variante del complejo de Edipo, matando la soberanía del Padre y revistiendo de deidad a María.

La María del catolicismo Romano no es la María de la Biblia. La Escritura es totalmente silenciosa respecto a una mujer concebida sin pecado, perfectamente impecable (10), perpetuamente virgen (11), ascendida a los cielos (12), llamada Madre de Dios, co-redentora (13), Reina del Universo o Mediatriz de Toda Gracia (14).

A pesar de lo anterior, respetando la Tradición y la razón humana por encima de la Sagrada Escritura, la Iglesia Católica, infatuada y decidida a exaltar a María, ha distorsionado la verdad simple y directa de la Biblia, ha ocultado y pervertido el evangelio, y ha convertido a sus seguidores en seres supersticiosos, víctimas de la apariciones místicas y tenebrosas de un espíritu que se identifica con el nombre de María. En estas apariciones, reales o fraudulentas, este espíritu ha aconsejado a los católicos al arrepentimiento, a hacer penitencia, y a rezar el Rosario por la conversión de los pecadores y la paz del mundo. También le ha pedido a los fieles que practiquen más devoción por María.

Estas apariciones han impedido a los católicos venir a Cristo, y sólo a El, por la salvación de sus almas. Bien podemos juzgar estas apariciones por sus frutos, y estos definitivamente no son de Dios.

Idolatría en la doctrina católica

“Oh Virgen santísima, nadie abunda en el conocimiento de Dios excepto por tí; nadie, Oh madre de Dios, obtiene salvación excepto por tí; nadie recibe un don del trono de misericordia excepto por tí”. (15)

La oración del Papa Leo XIII sería de una precisión teológica admirable si él se hubiera referido a Jesucristo en lugar de María. Sólo por medio de Jesucristo podemos conocer a Dios (Jn. 1:18), obtener salvación (Jn. 14:6), y recibir misericordia ante el trono de la gracia (He. 4: 14-16). Efesios 2:18 establece que “por medio de él (Jesucristo) los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre”. Esta es la fórmula bíblica para acercarse a Dios: por medio del Hijo, en el Espíritu, al Padre. Jesucristo mismo enseñó a orar directamente al Padre, en el nombre del Hijo (Jn. 16: 26,27). Por consiguiente, los cristianos bíblicos oran en el nombre de Jesús, no en el de María (Jn. 14: 13,14).

La doctrina católica ha robado de la gloria de Dios, y como consecuencia tenemos millones de católicos profesando más devoción a María que a Jesucristo. ¿Es responsable la iglesia de Roma de conducir a sus seguidores a la idolatría y arriesgar de esa forma el destino eterno de millones? Para poder contestar esta pregunta, primero tenemos que definir el significado de idolatría. En los diez mandamientos, Dios dijo:

“Yo soy Jehová tu Dios ….. NO tendrás dioses ajenos delante de mí. NO te harás imagen, ni ninguna semejanza …. NO te inclinarás a ellas, ni las honrarás, porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso …” (Exodo 20: 2-5 – subrayado mayúsculas nuestros).

Si estos mandamientos se entienden simplemente como prohibiendo la adoración de otros dioses por encima de Dios, nadie podría acusar a la Iglesia de Roma de promocionar la idolatría. La Iglesia Católica enseña que María es, en realidad, un ser creado. Al mismo tiempo enseña que el rol de María en la salvación es secundario al de Cristo. La ruta de escape de los teólogos católicos consiste en decir que María merece una devoción que es de un grado inferior al grado de adoración reservado para Dios. Los teólogos católicos han creado su propia escala de veneración o devoción (16).

En el pasaje de Exodo hemos subrayado “delante de mí” precisamente para señalar que Dios no deja lugar para la existencia de una tabla de grados, sino que dice literalmente, “no tendrás dioses delante de mi rostro”. Dios, como un Dios celoso que es, exige devoción y lealtad indivisible. Su pueblo no debe tener otros dioses “sumados a El” (17).

Es en este punto donde la devoción de los católicorromanos hacia María cruza la línea y entra en el territorio de la idolatría. Cuando los desorientados católicos se arrodillan delante de una estatua de María, le besan los pies, y le ofrecen la alabanza y la petición desde su corazón, le están dando a la criatura la devoción que sólo se le debe a Dios, y a nadie más que Dios. No importa en absoluto que la Iglesia Católica defina esa devoción y honra como algo secundario o de menor grado que la adoración a Dios. Dios no acepta otros dioses delante de El, no importa cuán inferiores sean.

Sumado a esto, es imposible que el católico promedio, y aún el informado, pueda establecer en su corazón qué tipo de adoración está rindiendo. No existen en el corazón del ser humano diferentes sensores que puedan registrar y provocar estados de adoración diferente. El católico promedio no tiene la menor idea de los grados de devoción reconocidos por su iglesia, ni tampoco está en su poder hacer la distinción cuando se arrodilla frente a María o un santo de los tantos. En consecuencia, cae en la idolatría debido a su ignorancia. Esta ignorancia no le podrá servir de excusa delante de Dios. Los maestros de la Iglesia Católica se encuentran aún en mayor peligro frente a Dios, ya que María, tal cual es definida por Roma, es virtualmente indistinguible del Hijo de Dios en excelencia, poder y logros. La tenue diferencia está, según la Iglesia Católica, en los “grados”.

La respuesta a la pregunta ¿Es responsable la Iglesia Católica de conducir a sus fieles al terreno de la idolatría? es definitivamente, sí. La idolatría se practica endémicamente dentro de la iglesia de Roma. La mayoría de los católicos, al adorar estatuas y reliquias de María y los santos, son culpables de idolatría. No interesa que un teólogo use diferentes palabras del idioma latín para defender la costumbre. El católico promedio no conoce ni le interesan las distinciones tan sofisticadas. Cuando besan y adoran las estatuas de la virgen María o los santos, lo hacen tan sincera y fervientemente como los hindúes con sus dioses y diosas.

Notas:

1. Christianity Today – Entrevista de David Neff a Mel Gibson, publicada Febrero 20, 2004 —- http://www.christianitytoday.com/movies/commentaries/ passion-melmarymothers.html

2. Concilio Vaticano Segundo, “Constitución Dogmática de la Iglesia”, no. 58 — C.I.C. 964

3. Papa Benedicto XV, Inter Sodalicia. Ver también Papa Pío XII, Ad Colei Reginam y Concilio Vaticano Segundo, “Constitución Dogmática de la Iglesia”, no. 56 — C.I.C. 973

4. El lema Totus Tuus viene de una oración en latín por San Luis de Montfort (1673-1716); Tuus totus ego sum, et omnia mea tua sunt, O Virgo super omnia benedicta, significando: “Yo soy enteramente tuyo, y todo lo que poseo es tuyo, Virgen Bienaventurada sobre todo” (Arthur burton Calkins, Totus Tuus [Libertyville, IL: Academy of the Immaculate, 1992], p. 27) ———- Cit. The Gospel According to Rome, James G. MacCarthy, (Harvest House Publishers, Eugene, Oregon, 1995) p. 182

5. De una entrevista con Monseñor Stanislaus, conducida por Andre Frossard, Be Not Afraid! (New York: St. Martin Press, 1982), p. 226. —— Cit. The Gospel According to Rome, James G. MacCarthy, (Harvest House Publishers, Eugene, Oregon, 1995) p. 183

6. Concilio Vaticano Segundo, “Constitución Dogmática de la Iglesia”, no. 66 — C.I.C. 971, 2676-2679, 2682.

7. Papa Leo XIII, Octobri Mense.

8. “Santo Domingo sabía que … ella [María] es por naturaleza tan buena y tan misericordiosa que, inclinada a ayudar espontáneamente a los que sufren, es absolutamente incapaz de rehusar ayuda a los que la invocan … especialmente a los recurren a ella por medio del Santo Rosario.” — Papa Benedicto XV, Fausto Appetente Die.

9. “Tenemos la esperanza cierta de que Dios, será en ultima instancia, movido y tendrá piedad sobre el estado de su Iglesia, a prestar oído a las oraciones que llegan a él a través de ella [María], a la que él a escogido para ser la dispensadora de todas las gracias celestiales.” — Papa Leo, Superiore Anno.

10. Catecismo de la Iglesia Católica: 411, 490-493, 508

11. Ibid.: 484-489, 495-511.

12. Ibid.: 966, 974.

13. Ibid.: 494, 963 – 973.

14. Ibid.: 968-971, 975, 2673-2682.

15. Papa Leo XIII, Adiutricem Populi.

16. La Iglesia Católica reconoce tres grados de devoción: 1) Latria, la forma más alta de adoración, reservada para Dios solamente. 2) Hiperdulia, un escalón por debajo de Latria. Es la forma más alta de veneración que se le puede ofrecer a un ser creado. María solamente merece esta clase de honra.

3) Dulia, veneración simple. Este grado de honra se debe dar a los santos y a los ángeles.

17. Traducción del hebreo “delante de mí” (Exodo 20:3), por C.F. Keil y F. Delitzsch, Commentary on the Old Testament (Grand Rapids: Eerdmans, reimpreso 1985), El pentateuco, tomo 2, p. 114.

Fuente: pastordanielbrito.wordpress.com

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