La carta a Filemón


La carta a Filemón

por Martín Lutero

Prólogo del editor:

Si bien hay en este comentario de Lutero elementos que nos resultan extemporáneos y característicos de una cultura ajena, el texto es notable no solo por su profundidad sino porque nos sentimos inmediatamente emparentados con la forma de razonar, de meditar y de explicar el texto bíblico. Recorriendo las reflexiones del autor en cada versículo podemos ver cuánto le debemos aún hoy en día todos los cristianos, y la influencia que ha tenido este hombre en la búsqueda de la verdad a partir de los más mínimos detalles de la Escritura. De igual forma, conmueven su valoración de la justicia, de un comportamiento que honre al evangelio y la necesidad de reconciliación, de tanta necesidad en todas las edades de la iglesia.

Aunque esta epístola es puramente privada y doméstica, Pablo no puede impedir inculcar también en ella la doctrina general concerniente a Cristo aun cuando el tema que se trate sea particular. “En la fe” (Tito 3:15). Así es como urge e insiste a fin de preservar la doctrina en la iglesia1. Reconcilia al esclavo con su señor de tal manera que, al principio, parece que no conseguirá nada. Pero veréis la excelencia de sus instrucciones, aquello que Cicerón no vio. Vamos a tratarlo de manera que demostraremos que por común que sea lo que se dice, Cristo nunca deja de estar presente2.

El argumento de esta epístola es la reconciliación lograda por Pablo, de Onésimo, esclavo de Filemón, con su dueño. Quizá Onésimo ha robado algo o al menos ha huido por haber dejado de cumplir con sus obligaciones para con su dueño. A lo mejor intentaba abusar de la libertad cristiana que ha oído proclamar y al caer en una actitud carnal, no quería servir más a su dueño. O quizá fuera otra causa, pero no es ésta la cuestión central de la epístola. Ataca a Filemón en tantos pasajes que, aunque éste fuera hecho de piedra, se hubiera ablandado, de modo que si alguien busca un ejemplo, lo tiene en esta epístola. Le insta con argumentos que no sólo le conciernen de forma individual, sino que son de aplicación general, de modo que se ve obligado a aceptar a Onésimo como a un hombre libre. Este es un claro ejemplo de cómo hemos de considerar y tratar a los hermanos que caen. Si sabemos que complacemos a Cristo, tendremos la seguridad de poder fortalecerlos, sostenerlos y reconciliarlos; destruiremos, así, la obra del diablo (1 Juan 3:8) y restableceremos la de Cristo. Por eso, nadie debe desesperarse por la situación de ningún hermano. La historia de la Iglesia narra el caso del hijo del obispo que se convirtió en ladrón y, así, Juan fue al desierto3. Es evidente que son relatos cristianos enormemente consoladores. Sin embargo, aquí Pablo se refiere a su «corazón» y a sus sentimientos hacia el esclavo ladrón e infiel. Si tomamos ejemplo de este caso, no debemos desesperar cuando los afectados seamos nosotros mismos o nuestros hermanos. Es deber nuestro darles valor en el seno de la iglesia.

1. Pablo, prisionero de Jesucristo, y el hermano Timoteo, al amado Filemón, colaborador nuestro,
Pablo, prisionero. En primer lugar y, como saludo, indica la autoridad bajo la cual se coloca para llevar a cabo su petición. Un prisionero. Se presenta a sí mismo en esta condición, como pidiendo merced, de manera que dice a Filemón: «Incluso aunque fuera libre, deberías ceder, mucho más ahora que está prisionero». De Jesucristo, esto es, en nombre de Jesús. Se trata de un hebraísmo. Nosotros decimos «por el Señor Jesús». Seguramente se refiere a Él para dar a entender que no está solo en su petición. Nosotros nos hallamos tan constituidos que no queremos alzarnos contra la tiranía y los predicadores que la hacen necesaria. Como decimos en alemán, cuando el príncipe no es de confianza, hemos de armarnos4. Los predicadores logran sus resultados por medio de la fuerza pero chocan contra nuestra resistencia. Hay algunos, sin embargo, que se avergüenzan y ceden por no atreverse a decir que no. Así, Pablo fuerza la mano cuando añade el nombre de Timoteo. Yo me sentiría profundamente avergonzado si alguien me rogara como lo hace Pablo en este caso. Debemos considerarlo como un ejemplo ante el cual hay que actuar con humildad. Con todo, él disimula, porque en realidad intenta halagarlo.
Pablo junta a Filemón con él mismo bajo la misma gracia: «El amado hermano y colaborador nuestro». Era discípulo suyo. También alude a sus compañeros que colaboran en la enseñanza del Evangelio, concediendo hospitalidad, apoyo, caridad o asistencia. En primer lugar, su carta provoca el perdón y el remordimiento. No sólo imparte una especie de orden a Filemón, sino que lo asocia a su propia persona. Es decir, intenta provocar su buena voluntad y se aprovecha de la especie de vergüenza que sentirá al ver que quien se le dirige es un extranjero y además de baja posición. Le dice amado, palabras realmente encendidas.

2. y a la amada hermana Apia, y a Arquipo nuestro compañero de milicia, y ala iglesia que está en tu casa:
Arquipo. En Colosenses (4:17) le llama obispo de la ciudad: «Decid a Arquipo», obispo de los colosenses y él mismo, nacido en Colosas. Utiliza el título adecuado para cada persona. Se dirige a Filemón como a un auténtico compañero porque añade el nombre de un obispo unido a su esposa, la iglesia. Pablo no dice «discípulo mío» sino que pone a Arquipo al mismo nivel que él, no la llama soldado, sino nuestro compañero de milicia: «Porque eres igual que yo aunque no mayor, como un compañero de lucha». Llama a Filemón un colaborador no sólo porque trabaja en la santa tarea y porque brinda hospitalidad a los hermanos, sino porque también pertenece al Evangelio. Incluso le llama obispo, es decir el líder de la Palabra que participa en la batalla, nuestro compañero de milicia, el titulado para luchar contra Satán, la muerte y el pecado. El Papa jamás haría una cosa semejante, en especial nunca se dirigiría a un obispo de este modo; no le llamaría «compañero del Papa». Apela a una forma sagrada de halago. Y la iglesia que está en tu casa. Aquí tenemos a Arquipo y a la iglesia. Probablemente era un ciudadano rico. Por eso creo que utilizaban su casa como lugar de oración y predicación. Merecía ser llamado compañero de momento que mantenía la iglesia. Indudablemente había más de una en distintas casas de diferentes ciudades donde se reunirían diez personas parecidas a Arquipo. A Filemón, como a Arquipo, le rodean las oraciones y las palabras ardientes.

3. Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
Gracia a vosotros. ¿Por qué ha de decir esto? Porque trae el perdón de los pecados. Y paz, la alegría de las conciencias, que no procede del mundo sino de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. Semejante saludo y firma debería haber bastado para que Pablo obtuviera la gracia para su amigo Onésimo. Pero veamos cómo procede.
Notas:

La palabra exacta del original es locus; una traducción más literal sería «tema».
Este es el final del sermón decimotercero del 13 de diciembre de 1527 y el comienzo del decimocuarto del (probablemente) 16 de diciembre.
No hemos podido identificar este relato en las historias de la iglesia manejadas por Lutero.
Los editores de Weimar creen que zwancke significa aquí «de no confianza» y suponen que Lutero alude al proverbio alemán; parece ser el citado en las Obras de Lutero, 13, p. 180 y en la 14, p. 232.

Continúa en “La carta a Filemón (II)”

http://www.enmision.com.ar/ebiblicos/filemon_lutero_1.htm

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