La carta a Filemón (II)


Viene de “La carta a Filemón (I)”

4-5. Doy gracias a mi Dios, haciendo siempre memoria de ti en mis oraciones, porque oigo del amor y de la fe que tienes hacia el Señor Jesús, y para con todos los santos;
Esta disposición obedece al método general de las epístolas de Pablo que empiezan con un agradecimiento. Pero, aquí, lo adapta a sus propósitos ya que lo que desea es inclinar hacia la bondad a Filemón. Fijémonos en las palabras.Siempre doy gracias a Dios. Todos sabéis que estas cosas se enseñan por inspiración del mismo Espíritu Santo. Pablo había sufrido a causa de los falsos profetas, de oír de muchos que abandonaban la fe y que organizaban herejías y sectas, igualmente como ocurre entre nosotros. Constituye una rareza oír a un predicador que se muestre fiel a la Palabra. Si encontramos alguno es producto de las oraciones y de dar gracias a Dios y de la naturaleza del Evangelio y del Espíritu. Así, al ver tanta maldad, nos hemos habituado a dar las gracias cuando asistimos a la aparición del bien. Agradezco que las cosas se mantengan como me han llegado. Porque oigo. A mí, esta frase, me parece algo rara porque oigo a muchos que se dedican a la persecución y que obran mal. Sin embargo, él les alaba enormemente porque les atribuye la fe y el amor en Cristo, como si dijera: «Agradezco a Dios que tengáis fe y amor a Dios y a los santos».

La fe que tienes hacia el Señor. Oír esto me refresca y me impele a dar gracias porque Satán nunca deja de estar a la espera de apoderarse de vosotros y de todos. Ojalá la palabra santo pudiera emplearse entre nosotros con la misma frecuencia que la de «hermano». ¿Si a uno le avergüenza usar la palabra «santo», por qué no la de «hermano» que significa mucho más? El que llama a otro hermano cristiano, utiliza un nombre mucho más eminente que el de «santo» porque aquel lleva consigo la voz de «cristiano», y al usarla le llamo así. Y no hago hincapié en la carne sino en el nombre de Cristo. Santos, es decir, de tu propia iglesia e incluso de las extranjeras. Eres un anfitrión que alimentas incluso a los extranjeros y cuidas de ellos.

Para que la participación de tu fe sea eficaz en el pleno conocimiento. Quiere decir: «Te doy las gracias y oro por el amor y la fe que veo y, en especial, para que esta fe y este amor crezcan y sean más efectivos cada día que pase y que venga a ti el conocimiento de todo el bien que hay en vosotros en orden a Cristo Jesús». El bien, esto es, la fe universal que vosotros y yo compartimos y que poseen todos aquellos que están con vosotros, la misma fe, la fe universal compartida por todos los santos de vuestra iglesia y que se halla especialmente presente en vosotros. Este compartir no es espiritual1 como algunos afirman, sino que significa que todos la
comparten y que Él tiene el mismo cuerpo que vosotros y que yo. Aquí, habla de fe distribuida entre muchos, es decir, el cuerpo distribuido en el pan que todos, vosotros y yo, tenemos
2. Gente como ésta es trópica, o dicho con mayor precisión, subversiva3.

6. Para que la participación de tu fe sea eficaz en el conocimiento de todo el bien que está en vosotros por Cristo Jesús.
Sea eficaz, que la fe que veo en vosotros no sea perezosa, sino que cada vez sea más rica, espléndida y más activa. ¿Por qué? Porque quiero proponeros una buena obra. Ya habéis demostrado vuestro amor, ahora debéis seguir con la fe, es decir, que sea eficaz. A continuación, no tarda en mencionar la buena obra específica relativa a Onésimo, motivo por el cual escribe esta carta. En Cristo, es decir, de todas esas buenas cosas: de las cuales debéis obtener un conocimiento pleno que son vuestras en Cristo Jesús. Esto mismo es lo que suelo repetir, que se trata de un tema en el que hay que insistir: que hay que repetir la
doctrina cristiana porque se basa en el conocimiento, es decir que lo más importante para los cristianos es que adquieran cada vez un mayor conocimiento de Jesús, tal como dice Pedro (2 P. 3:18). Los fanáticos suponen que, una vez han oído la Palabra, ya lo saben todo, como si ya estuvieran llenos del Espíritu Santo. Dicho conocimiento es lo más importante de lo que hacemos y oímos en nuestras vidas porque de continuo está siendo atacado por el pecado, la debilidad de la conciencia y la muerte; Satán nos aterroriza y lo persigue y los heréticos lo minan. Debe poseer fuerza suficiente para poder luchar contra todos estos enemigos. Uno ha de evolucionar gracias a este conocimiento. Eficaz, ¿En qué sentido? En que vuestro conocimiento y una segura convicción les confirmen la doctrina a fin de quedar vencedores en cada batalla. Esto es lo que significa mantenerse firme, tomar posesión del tesoro de todos los beneficios e innumerables gracias que son
vuestras en Jesús.
Esto es vuestro. Poseéis el tesoro de la entera sabiduría, el conocimiento, la vida y la salvación. Debéis comportaros de tal forma que dicho tesoro se halle seguro en vuestras manos sin peligro de perderlo. Somos vasos de arcilla (2 Co. 4:7) y llevamos el tesoro en vasos de arcilla. Resbala de nuestras manos con tanta facilidad que hemos de tener mucho cuidado4.

Ayer hablábamos del tema que a Pablo tanto le gusta hablar, tanto que no puede guardar silencio incluso en una epístola en la que habla de temas particulares. «Porque de lo que rebosa el corazón, habla la boca» (Mt. 12:34). Su corazón está lleno de Cristo y, por tanto, siempre habla y escribe acerca de Él.

No encontramos una cosa parecida en los teólogos posteriores a los apóstoles y ni  siquiera entre los demás apóstoles. Toda nuestra vida y preocupación debería centrarse en ello a fin de que el conocimiento llegara a ser firme. Para ello, necesitamos al Espíritu Santo a fin de conocer lo que nos ha sido dado, en especial la salvación, la justicia, la redención de toda malignidad, la vida eterna y el estado de hermano de Cristo, coheredero con Éste y heredero de Dios (Ro. 8:17). Dado que todo esto lo expresamos con pocas palabras, es preciso que el Espíritu Santo nos ayude en la tarea de aumentar nuestro conocimiento. Él instruye en la fe y en la redención.

7. Pues tenemos gran gozo y consolación en tu amor, porque por ti, oh hermano, han sido confortados los corazones de los santos.
Hasta ahora menciona distintos temas y utiliza palabras ardientes para conmover a Filemón; sigue centrándose en su propio ejemplo y en él mismo: «Te escribo sobre cierto suceso y estoy seguro que me escucharás como siempre has hecho en función de tu amor. ¿Y por qué? Porque, como ya he dicho, sé que me amas (v. 4) Porque oigo del amor que tienes para las entrañas de todos los santos. Has hecho muchos favores a cristianos pobres, afligidos y débiles, aquejados de numerosas aflicciones; tú los has consolado. Entrañas es un hebraísmo. Nosotros usamos la palabra «corazón»5 cuando se dice «me tocó el corazón» y en alemán «el corazón está abierto». Cuando alguien ama algo en particular, una muchacha o la gloria, decimos que tiene el corazón puesto en ello, que lleva el dinero o la gloria en el corazón y que le es completamente devoto.«Has refrescado el corazón de los santos amados; es decir, se han dado cuenta de tu amor y de tus cordiales y generosas intenciones hacia ellos y esto los ha consolado.» Le presenta el ejemplo de su propia acción para la cual cuenta con la aprobación de los santos. «Todo ello me ayuda a presentarte mi argumentación. Tu fe, tu amor y las gracias que posees en Cristo, me permiten mandarte lo que tengo la seguridad que aceptarás.» Semejante seguridad basada en la amistad y el amor enternece el corazón humano, si un amigo confía en otro amigo, confía en él. Por otra parte, a nosotros también nos complace el honor que nos hace el pueblo confiando en nosotros. Nos halaga pero se trata de algo sagrado porque procede de Cristo. A quien sea que alabe, lo alabo como a un cristiano; por tanto, ni le alabo ni me desengaña, porque es imposible alabar a Cristo lo suficiente. Si halago a un cristiano no lo hago por él sino por Cristo que mora en él, el cual, a su vez, ha de rendirle honores.
8. Por lo cual, aunque tengo mucha libertad en Cristo para mandarte lo que conviene,
¿Por qué? ¿En ti? No, sino en Cristo. Se dirige a Filemón en Cristo como sigue: «me alegraría», o «que se case», «en el Señor» (1 Co. 7:39). Así, una persona debe confiar en la otra pero con Cristo en medio de ellos. Tengo la valentía suficiente para atreverme a darte una orden en lo referente a este tema, porque no es ni frívolo ni innecesario, sino de utilidad. Es por eso que tengo el valor de ordenarte lo que sin duda obedecerás, aunque más bien prefiero rogártelo por amor.No quiero que sea materia de obligación, sino de súplica, porque a menudo he comprobado cómo las leyes pasan por encima de los deseos. Un hombre cede mejor a la sugerencia que a la presión, una imposición suele provocar la rebeldía, aunque no es así como actúa un cristiano. Sin embargo, Pablo se le dirige de una forma tan suave que, aún tratándose de un cristiano, evita utilizar un tono dominante; sin embargo, entre cristianos este aspecto deja de tener importancia por el amor que existe entre ellos, un amor puro que evita la imposición. Por ello, deseo que os comportéis motivados por el amor y no a causa de ninguna imposición. Quiero suplicar en función del amor. «Puedo mandarte» dice, «soy ya anciano». Aquí se produce un doble sentido: «Eres más joven que yo que, además, soy prisionero de Jesucristo. Poseo la autoridad el Evangelio y tú eres mi discípulo. Sin embargo, no usaré de la autoridad que me confiere mi edad y mi rango apostólico y trataré contigo de hermano a hermano.» ¿Cuando el Papa y sus dignatarios actúan y se muestran tan humildes y son como Pablo que se torna joven entre los jóvenes e igual entre iguales? Podéis percibir el interior del corazón de Pablo. «No lo haré aunque tenga perfecto derecho, en cuyo caso deberías obedecer.» Y sigue en un tono aún más vigoroso. ¡La petición es una auténtica patata caliente! «No hablo en favor de ningún pagano o extraño o de ningún malhechor, ni si quiere de un simple hermano.» Hay un gran ardor en la palabra mi hijo. Sin duda, cuando Filemón lo oiría quedaría bastante aterrorizado. ¿Qué debía hacer? Este es el hijo que debería conmover vuestros sentimientos, el que ya había nacido cuando la Palabra permanecía en silencio por estar en cautividad. Le dice: «Me es muy amado puesto que lo engendré en mis prisiones». Puede hablar así porque se trataba de un buen esclavo que después de haber huido, se acercó a Pablo en busca de la reconciliación. Según los paganos de la época, seguía siendo un esclavo. Pablo no lo libera de su servidumbre ni pide a Filemón que lo haga; al contrario, la confirma. Y sin embargo, le llama hijo y hermano: «Tú tienes un esclavo, yo tengo un hijo. ¿No le prestarás por ello más atención? Además, no lo alejo de ti, sino que te lo devuelvo. Era aquel del cual me he convertido en su padre. Onésimo significa «útil»6. Al citar su nombre, acompaña el argumento con la palabra idéntica al nombre. «Onésimo se ha propuesto vivir de acuerdo con su nombre.» Pablo toma sobre sí el pecado que aquel ha cometido contra Filemón. Le justifica ante éste y acepta que posee plenos derechos sobre el esclavo y el delito que éste haya cometido. Nuevamente el pasaje vuelve a ser profundo al mencionar la confesión que aplaca al ofendido. «Reconozco que hay motivo para que confesemos ante ti, Filemón.» No sé si yo mismo podría resistir una prueba de fe como ésta. Este escrito es un ejemplo de cómo debería ser el amor de un cristiano. En otro tiempo te fue inútil, sin uso, sólo para abuso. Una palabra distinta11 se refiere a un hurto, al abandono de sus deberes y del servicio debido. Pero su huida fue afortunada puesto que resultó doblemente útil y benéfica, para mí y para ti, de manera que de un hecho perverso único se ha derivado una doble bondad, de una sola injusticia una doble justicia. ¡Qué pasaje! La confesión de Pablo está presentada de tal manera que un solo pecado ha provocado una justicia doble, en especial hacia Dios y hacia Pablo.


Notas:

  1. Ver Jerónimo, Commentaria in epistolam ad Filemonen, Patrología, Series Latina, XXVI, 646-647.
  2. Esta substitución de Lutero de la interpretación «espiritual» de este «compartir» o «comunión» es una interpretación eucarística.
  3. Los tropici serían los exegetas que distorsionan, o «subvierten» un «tropo» o figura de expresión (ver Lutero el Expositor, pgs. 150-154) mientras topici parecería aludir a los
    exegetas que durante el proceso, también lograron «subvertir» el tema en cuestión o el mismo contenido.
  4. Este es el final del decimocuarto sermón del (probablemente) 16 de diciembre de 1527 y el comienzo del decimoquinto del 17 de diciembre.
  5. En otras partes Lutero también sugiere traducir el latín adfectus por el significado alemán de hertz.
  6. En este caso por lo menos, parece que el juego de palabras de Lutero coincide con el de la Biblia.

Continúa en “La carta a Filemón (III)”

http://www.enmision.com.ar/ebiblicos/filemon_lutero_2.htm

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