¿CÓMO CONTINUÓ LA HISTORIA DEL JOVEN RICO?

¿CÓMO CONTINUÓ LA HISTORIA DEL JOVEN RICO?

EL AMOR,
PARA QUE SEA AUTÉNTICO,
DEBE COSTARNOS.

(MADRE TERESA DE CALCUTA)

¿CÓMO CONTINUARÍA LA HISTORIA DEL JOVEN RICO DEL EVANGELIO?

El Maestro le invitó a dejar todo y seguirle. Pero él se negó, y se fue triste. Hubo otros que sí le siguieron, y fueron grandes apóstoles, grandes santos.

Supongo que, pasado el tiempo, a aquel chico le irían llegando noticias del Maestro. Unos dirían que era un impostor, otros que hacía milagros, que era un profeta. Más adelante le llegaría la noticia de que le habían crucificado.

Ilustración de la escena del joven rico
Podemos imaginarnos ahora —siguiendo una glosa de José Miguel Cejas— que el personaje ya es anciano. Está sentado, al atardecer, en el zaguán de su casa. Han terminado ya las faenas del campo, y se oyen, a lo lejos, las risas bulliciosas de las espigadoras que regresan y los gritos de los hombres que transportan las últimas gavillas. Tiene la mirada perdida, como desvanecida en el silencio. También la vida, como el día, se va consumiendo, poco a poco, entre rumores apagados de cansancio. Y el tiempo se va llevando los recuerdos, como el viento se lleva las últimas huellas de las caravanas en el camino reseco que pasa junto a su puerta.

Habla poco. De vez en cuando, le visitan los viejos conocidos y evocan juntos a amigos y parientes, casi todos ya muertos. Comentan algo sobre la próxima cosecha, sobre los viñedos o los olivos. Y mientras, en la casa, todo sigue igual: ruidos de cántaros, griterío de niños, leves pisadas femeninas. Desde hace años este anciano contempla, en un silencio impregnado de tristeza, los juegos de los hijos de sus hijos. Vive de nostalgias y de recuerdos, asombrosamente cercanos a pesar del tiempo. Y hay algunos instantes de su vida que pesan en su alma como si fueran decenas de años. Y otros que no acaban de pasar nunca, como la mirada profunda de aquel Rabí.

Hace muchos años, más de sesenta, él cruzaba Palestina con un viejo criado que murió hace tiempo. Entonces era un chico joven, tenía fuerzas, no como ahora. Era rico y un tanto arrogante. ¿Feliz? Aceptablemente feliz. Y temeroso de Dios. Por eso, fue corriendo al encuentro de aquel hombre extraordinario. Le preguntó: «Maestro bueno… ». Y aquel Rabí, mirándole a los ojos, sonriendo, le invitó a seguirle. Pero él se negó. Y se fue triste.

Pasó el tiempo. En la aldea se comentaban cosas contradictorias. Unos decían que el Rabí era un falsario y un impostor. Otros hablaban de sus milagros. Otros estaban convencidos de que era un profeta.

Paso más tiempo. Se casó, tuvo hijos. Las noticias de Jerusalén llegaban con retraso a su aldea. Una pascua le contaron que lo habían crucificado. Respiró hondo. «Yo tenía razón: no era más que un visionario. Hice bien en no seguirle. ¡Qué locura hubiera sido echar por la borda todos mis bienes!».

Pero, sin saber por qué, la noticia le entristeció, como aquella tarde cuando volvió la espalda a la cálida y respetuosa llamada del Maestro. En su mente seguía fija la idea de que el Señor le llamó, y que si él no quiso seguirle fue por egoísmo, pero aquella llamada, aquella vocación seguía viva en su interior. Descubrió que su antigua ilusión de entrega, sus deseos de Dios, seguían allí, en un repliegue del alma. Porque, durante años, casi sin advertirlo, aquella mirada y aquella sonrisa de Jesús le habían seguido acompañando.

Un día quizá aparecieron los discípulos del Señor por su aldea, y habría sus tensiones, porque la doctrina de Cristo no deja indiferente a nadie. Los ancianos discutían a la entrada del pueblo y bramaban contra ellos en la sinagoga. Lo comentaban también, acaloradas, las mujeres en la fuente. Todos se sentían interpelados por las enseñanzas de aquel Maestro, y quizá el joven rico, que ya no sería tan joven, volvió a pensar en dejarlo todo y unirse a aquellos hombres, secundando ahora la llamada que el Maestro le hizo unos años antes.

Algunos se habían hecho de los suyos. Otros los insultaban y los perseguían. Quizá entonces fue generoso y recuperó el tiempo que había perdido. Pero quizá volvió a vencerle su egoísmo, y prefirió quedarse cómodamente al margen. Era rico y no quería riesgos. Se limitaba a contemplar desde lejos lo que pasaba. Pudo haber sido uno de ellos. Y seguía enriqueciéndose. Su casa se llenaba de pebeteros, de alfombras y de los pequeños lujos de una aldea oriental. Tenía más y más criados, y sus campos se engrandecían.

Y a los pocos años llegó aquella terrible guerra, la invasión romana, y la destrucción del Templo de Jerusalén. Y aquel hombre, con seguridad, lo perdió todo. Le arrebataron otros por la fuerza lo que no quiso él dar al Señor por su propia voluntad. Ahora su cuerpo se iba combando lentamente y se ajaba el rostro de su mujer. Y en su vejez se lamentaría en su pobreza, viendo sus campos y sus ganados en mano ajena, viendo el desprecio de aquellos que antes le adulaban porque era rico, pero que ahora le ignoraban porque ya no lo era. Y él seguía allí, como un perro triste, en el portal de su casa, imaginando lo que pudo ser y no fue. A su alrededor, veía la respuesta a lo que había sido su vida: una vida encerrada en su egoísmo, que ahora los demás le pagaban con la misma moneda. Y lloraba en silencio, pensando que quizá su vida podía haber sido menos cómoda pero sin esa insoportable amargura del egoísmo.

Aquel hombre pudo haber sido un gran apóstol. Recibió, como Juan, la llamada en plena juventud. ¡Cuántas almas pudo haber salvado! Jesús las veía a través de sus ojos. Y veía, detrás de esas almas, tantas y tantas otras. Pero aquel hombre dijo que no. Su egoísmo quebró para siempre los planes de Dios. ¿Por qué? Cuenta el Evangelio que tenía muchas riquezas. Podemos imaginarnos lo que sería. Como mucho, unos campos, unas casas, unos caballos, unos mulos… Y por esas riquezas miserables abandonó a Dios hecho hombre, que le buscaba en lo mejor de su vida. Se entiende que Jesús hiciera aquella dolorosa reflexión, y que comentara entonces que es más fácil que pase un camello por el ojo de una aguja a que entren en el reino de Dios quienes estén apegados a sus riquezas.

Este joven ha permanecido anónimo. Si hubiera respondido positivamente a la invitación de Jesús, se habría convertido en su discípulo y probablemente los evangelistas habrían registrado su nombre. Pero quien pone su seguridad en las riquezas de este mundo no alcanza el sentido pleno de la vida y la verdadera alegría. Por el contrario, quien se fía de la palabra de Dios y renuncia a sí mismo y a sus bienes para buscar el reino de los cielos, aparentemente pierde mucho, pero en realidad lo gana todo. El santo es precisamente aquel hombre, aquella mujer, que, respondiendo con alegría y generosidad a la llamada de Cristo, lo deja todo por seguirlo. Como Pedro y los demás Apóstoles, como otros innumerables santos, debemos recorrer el camino que Dios nos marque, que es exigente pero colma el corazón y nos hará recibir el ciento por uno ya en esta vida terrena, juntamente con pruebas y persecuciones, y después la vida eterna.

— ¿PIENSAS ENTONCES QUE DIOS NOS PIDE SIEMPRE DE LO QUE CUESTA?

Lo hace Dios, y así es la naturaleza del hombre. Nadie considera auténtico un amor que no está dispuesto al sacrificio. «El amor, para que sea auténtico, debe costarnos», decía la Madre Teresa de Calcuta. Y el sacrificio es lo que prueba el amor, y lo que da alegría de verdad. «No quiero —insistía— que me deis de lo que os sobra. Quiero que me deis de lo que necesitáis hasta realmente sentirlo. El otro día recibí quince dólares de un hombre que lleva veinte años paralítico. La parálisis solo le permite usar la mano derecha. La única compañía que tolera es la del tabaco. Me decía: “Solo hace una semana que he dejado de fumar. Le envío el dinero que he ahorrado de no comprar cigarrillos”. Debió de ser un terrible sacrificio para él. Con ese dinero compré pan y se lo di a personas que tenían hambre. De este modo, tanto el donante como quienes lo recibieron experimentaron alegría.»

«Creo que una persona que está apegada a sus riquezas, que vive preocupada por sus riquezas, es en realidad muy pobre. Sin embargo, si esa persona pone su dinero al servicio de los demás, entonces se vuelve rica, muy rica. La bondad ha convertido a más personas que el celo, la ciencia o la elocuencia. La santidad aumenta más rápido cuando hay bondad. El mundo se pierde por falta de dulzura y amabilidad. No olvidemos que nos necesitamos los unos a los otros.»
Fuente: Alfonso Aguiló, interrogantes.net

http://www.primeroscristianos.com/index.php?/vocacion/view/el_joven_rico/

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¿Cómo puedo cambiar? El hombre viejo y la carne.

Por Robin Boisvert. Traducción por Covenant Life Church.
Capítulo 10 del Libro ¿Cómo Puedo Cambiar?

Con este capítulo, damos por terminado esta sencilla pero magnífica obra que sé que ha muchos de nosotros nos ha dado una real y nueva perspectiva de lo que es la vida Cristiana. Esta es la médula espinal de nuestra nueva vida en Cristo,unidos a Él por medio del Espíritu Santo. Oro al Padre para que en nuestras vidas, la realidad del verdadero poder de la Tercera Persona de la Trinidad nos preserve hasta el final de nuestros días conformándonos a la imagen de Jesucristo.
Algunos de los términos que usa el apóstol Pablo para hablar de la relación del creyente con el pecado pueden causar confusión. Me refiero a términos como “viejo hombre”, “nuevo hombre”, “cuerpo pecaminoso”, “carne”, y otros. Éstos pueden ser difíciles de entender. Añade a esto las variaciones que los traductores modernos han dado a estas palabras y el tema puede amedrentarnos.
Sabemos que ha ocurrido un profundo cambio en la vida del creyente por medio de la conversión, pero ¿exactamente cómo es que el creyente cambió?
Sabemos que nuestra vieja naturaleza fue crucificada con él para que nuestro cuerpo pecaminoso perdiera su poder, de modo que ya no siguiéramos siendo esclavos del pecado: porque el que muere queda liberado del pecado. (Ro 6:6-7).
Comencemos tratando de definir nuestros términos. “Viejo hombre” (como se traduce en la Versión Reina Valera Revisada, 1960) equivale a la “vieja naturaleza”. Este término se refiere a la vida no regenerada que llevábamos antes de convertirnos. Como ha escrito John R.W. Stott, la vieja naturaleza “denota, no nuestra vieja naturaleza no regenerada [la carne], sino nuestra vieja vida no regenerada. No mi ser más bajo, sino mi antiguo ser. De modo que lo que fue crucificado con Cristo no fue una parte de mí llamada mi “vieja naturaleza”, sino todo mi ser tal como era antes de ser convertido”.[1] La definición de John Murray concurre: “‘Hombre viejo’ es una designación de la persona en su unidad según está dominada por la carne y el pecado”.[2]
Es importante que veamos que el creyente no es al mismo tiempo un “viejo hombre” y un “nuevo hombre”, alternativamente dominado y dirigido por uno o por el otro. De nuevo, agradecemos la percepción de Murray:
El hombre viejo es el hombre no regenerado; el hombre nuevo es el hombre regenerado creado en Cristo Jesús para buenas obras. No es más posible llamar al creyente un hombre nuevo y un hombre viejo, que llamarlo un hombre regenerado y uno no regenerado. Ni tampoco se justifica hablar del creyente como alguien que tiene en él el hombre viejo y el hombre nuevo.[3]
Por tanto, términos como “hombre viejo”, “vieja naturaleza”, “vida no regenerada”, y “antiguo ser” son sinónimos, y todos hacen referencia a la entidad que fue crucificada con Cristo.
Nótense dos significantes rasgos gramaticales del pasaje de Romanos 6 citado arriba. Primero, el verbo se usa en el tiempo pasado: “nuestra vieja naturaleza fue crucificada…” La crucifixión del viejo hombre es un hecho terminado. Segundo, el verbo también está en la voz pasiva, lo que significa que el sujeto (nuestro viejo hombre) recibe la acción. En otras palabras, la crucifixión del viejo hombre no es algo que nosotros debemos hacer, sino algo que es hecho para nosotros.
Otro concepto importante en la doctrina bíblica de la santificación tradicionalmente ha sido designada por la palabra “carne” (Versión RV). La Nueva Versión Internacional usa “naturaleza pecaminosa”. Según Stott, “carne” se refiere a una naturaleza “más baja”, esa parte de nuestro ser que se inclina hacia la rebelión contra Dios. Esta es la parte de ti que desea contar un chisme jugoso; que te insta a volver a mirar las imágenes indecentes en la pantalla de la televisión. “Cualquiera que sea el nombre que demos a esta tendencia [“pecado inmanente”[4], “restos de corrupción”[5], “vestigios de pecado”[6], o “mi naturaleza pecaminosa”[7]] debemos recordar que aun después de haber sido regenerados todavía tenemos esos impulsos pecaminosos, y todavía debemos luchar contra ellos mientras vivamos”.[8]
En Romanos 6:6 Pablo llama nuestra naturaleza pecaminosa (e.g. carne) el “cuerpo pecaminoso”. Dice que nuestra vieja naturaleza fue crucificada con Cristo para que este “cuerpo pecaminoso perdiera su poder…”. Aquí “perdiera su poder” significa poner fuera de acción, rendir impotente. No quiere decir ser aniquilado, desaparecer sin dejar ningún rastro. Sino que el dominio de nuestra pecaminosidad sobre nosotros ha sido roto.
Algunos, al no comprender la distinción entre el “viejo hombre” y la “naturaleza pecaminosa” han confundido Romanos 6:6 con Gálatas 5:24, que también habla de la crucifixión y del creyente. Considera dos traducciones de este versículo:
Los que son de Cristo Jesús han crucificado la naturaleza pecaminosa con sus pasiones y deseos. (Gá 5:24 NVI)
Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. (Gá 5:24 RVR)
Aunque impotentes para tomar nada excepto una postura pasiva tocante al viejo hombre (Ro 6:6),  tenemos una parte activa, como aprendieron los gálatas, en subyugar la carne. Stott resume esto con característica claridad:
Primero, hemos sido crucificados con Cristo; pero luego no sólo hemos crucificado (v.g. repudiado) con resolución la carne con sus pasiones y deseos, sino que tomamos nuestra cruz a diario y seguimos a Cristo a la crucifixión (Lc 9:23). La primera es una muerte legal, una muerte a la paga del pecado; la segunda es una muerte moral, una muerte al poder del pecado. La primera pertenece al pasado, y es singular e irrepetible: Yo morí (en Cristo) una vez al pecado. La segunda pertenece al presente, y es continua y repetible: Yo muero (como Cristo) al yo todos los días. Es con la primera de estas dos que tiene que ver Romanos 6.[9]
Y Gálatas 5 tiene que ver con la segunda.
Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo! (2Co 5:17). Y aunque nuestra naturaleza pecaminosa (la carne, el pecado inmanente, etc.) todavía está muy presente en nosotros, su dominio sobre nosotros ha terminado.

R-E-S-P-E-T-O: ¿Debemos los cristianos respetar las demás religiones?

R-E-S-P-E-T-O: ¿Debemos los cristianos respetar las demás religiones?
by Pedro Camino under
Por Albert Mohler
Traducido por Pedro Camino para http://www.verdadypalabra.com

El mundo que hoy conocemos se caracteriza por el pluralismo religioso y el choque de cosmo visiones. El mundo moderno ofrece a individuos y grupos de sistemas de creencias, diferentes en tanto la proximidad y el conflicto potencial. ¿Cómo deben responder los cristianos cuando se le pregunta acerca de esto? ¿Deben los cristianos “respetar” las otras religiones?
No hay noticias en todo el mundo han anunciado esta semana que el Papa Benedicto XVI, durante su visita a Jordania, habló de su “respeto” por el Islam. Esto ocurrió poco después del tristemente célebre del Papa discurso del Papa en laUniversidad de Ratisbona en el 2006. En ese discurso Benedicto XVI citó a el emperador Manuel II, uno de los monarcas bizantino, quien dijo: “Muéstrame también aquello que Mahoma ha traído de nuevo, y encontrarás solamente cosas malvadas e inhumanas, como su directiva de difundir por la espada fe que él predicaba”.

La indignación en todo el mundo musulmán fue inmediata y abrumadora. El Papa emitió aclaraciones y explicaciones, pero continuó la indignación musulmana. Esta semana, con el Papa programado para hacer su primera visita papal a un país islámico, las sensibilidades eran altas.
La transcripción oficial del Vaticano de los comentarios del Papa en el aeropuerto de Ammán lo registra como diciendo:
Mi visita a Jordania me da una buena oportunidad para hablar de mi profundo respeto por la comunidad musulmana y rendir tributo al liderazgo mostrado por Su Majestad el Rey en la promoción de un mejor conocimiento de las virtudes proclamadas por el Islam.
Hay ángulos tan diferentes a esta situación. En primer lugar, tenemos el espectáculo de un Papa que se reciba como un jefe de Estado. Esto es un error en el recuento de tantos. En segundo lugar, tenemos al Papa hablando en la jerga diplomática, más que de manera clara y directa. En tercer lugar, tenemos el Papa hablando de “respeto” sin ninguna comprensión clara de lo que esto significa realmente. ¿El Papa cree que los musulmanes pueden ser salvos por medio de las enseñanzas del Islam?
En realidad, probablemente no – al menos en el contexto de un inclusivismo salvífico. La Iglesia Católica Romana enseña oficialmente que los musulmanes son “incluidas en el plan de salvación” en virtud de su pretensión de “mantener la fe de Abraham”.
En palabras de la Lumen Gentium, uno de los principales documentos aprobados en el Concilio Vaticano II:
Pero el plan de salvación abarca también a aquellos que reconocen al Creador. En primer lugar, entre estos están los Mohametanos, que profesan tener la fe de Abraham, junto con nosotros adoramos el uno y misericordioso Dios, que en el último día juzgará a la humanidad.
El mismo lenguaje es básico para el catecismo oficial actual de la iglesia también. En el contexto del documento, este lenguaje implica claramente que los musulmanes están en el alcance de la salvación de Dios. Mientras que la Iglesia Católica Romana enseña que el Islam es a la vez errónea e incompleta, también sostiene que los musulmanes sinceros pueden ser incluidos en la salvación de Cristo a través de su fidelidad al monoteísmo y el Islam.
Así, cuando el Papa católico habla de “respetar” el Islam, lo hace de una formaque para que los cristianos evangélicos no lo harían. En el contexto de la enseñanza oficial católica, el Papa puede crear una fusión de la diplomacia y la doctrina.
Mientras que los cristianos evangélicos se enfrentan a un contexto diferente a esta pregunta, la urgencia es la misma. No estamos jugando un rol diplomático como jefe de Estado, pero estamos llamados a ser embajadores de Cristo y su Evangelio.
En este sentido, cualquier sistema de creencias que tira de las personas fuera del Evangelio de Cristo, niega y subvierte la verdad cristiana, y cega a los pecadores de ver a Cristo como la única esperanza de salvación es, por definición bíblica, un camino que conduce a la destrucción. El Islam, como cualquier otro rival para el evangelio cristiano, toma las personas cautivas y carece de auténtica esperanza para la salvación.
Por lo tanto, los cristianos evangélicos pueden respetar la sinceridad con la que los musulmanes tienen sus creencias, pero no podemos respetar las propias creencias. Podemos respetar los musulmanes por sus contribuciones al bienestar humano, la erudición y la cultura.Podemos respetar el brillo de la erudición musulmana en la época medieval y las maravillas del arte y la arquitectura islámica. Pero no podemos respetar un sistema de creencias que niega la verdad del evangelio, en una que insiste en que Jesús no era el Hijo de Dios, y lleva a millones de almas cautivas.
Esto no contribuye a la buena diplomacia, pero estamos llamados a dar testimonio, no de relaciones públicas. Debemos aspirar a tener gracia y simpática en nuestro testimonio de Cristo, pero el fondo es que el evangelio necesariamente entra en conflicto abierto con sus rivales.
La visita del Papa a Jordania señala directamente al problema del papado y de la confusión de la teología católica sobre este punto. Para entender el Islam es saber que no podemos identificar a los musulmanes como aquellos que “adoran con nosotros el único y misericordioso Dios.” Negar la Trinidad es adorar a otro Dios.
El respeto es una categoría problemática. Al final, los cristianos deben mostrar respeto por los musulmanes al compartir el Evangelio de Cristo en el espíritu de amor y verdad. Estamos llamados a amar y respetar a los musulmanes, no al Islam.

Fuente AQUI.

¿Qué pasó entre Génesis 1:1-2?

Doce Apelaciones Para Los Predicadores De La Prosperidad

El Resurgimiento Del Calvinismo

Batallando la Incredulidad de la Ansiedad

La Incredulidad como la raíz y esencia de todo Pecado

Déjenme establecer una relación entre el texto del Domingo pasado y lo que nos ocupa hoy en relación a la incredulidad por la ansiedad. Hebreos 3:12 dice, “Tened cuidado, hermanos, no sea que en alguno de vosotros haya un corazón malo de incredulidad, para apartarse del Dios vivo.” Y el verso 14 dice “Porque somos hechos partícipes de Cristo, si es que retenemos firme hasta el fin el principio de nuestra seguridad.”

En otras palabras, la prueba de que has llegado a ser participante de Cristo—de que estás unido a él con fe salvadora—es que mantengas esa confianza firme hasta el fin. La perseverancia en la fe es necesaria para la salvación. Cuando una persona está realmente convertida, su corazón cambia, de tal manera que ahora vive la vida por fe (Gálatas 2:20).

El nuevo nacimiento introduce a la persona en una vida de guerra. Esa guerra se llama “lucha de fe” en 2 Timoteo 4:7; 1 Timoteo 6:12. Y en Hebreos 3:12 se la llama la batalla contra la incredulidad. “Tened cuidado [esta es la vigilancia en la batalla], hermanos, no sea que en alguno de vosotros haya un corazón malo de incredulidad [es el enemigo en la guerra], para apartarse del Dios vivo [la advertencia contra no tomar la guerra con seriedad].”

En otras palabras, la batalla más básica de nuestra vida es la batalla de creer en el Dios vivo, y no permitir que nuestro corazón se convierta en un malvado corazón de incredulidad. Porque si la incredulidad en el Dios vivo toma el control de nuestra vida, el resultado puede ser un endurecimiento que nos indispone al deseo de arrepentimiento y por tanto nos separa de la gracia de Dios.

Ahora, esto no les sucederá a aquellos que realmente están en Cristo. Aquellos que realmente son nacidos de Dios toman la batalla muy en serio, y se inspiran en el poder de Dios para lucharla, y ganarla con fe perseverante. Esta es la promesa de Dios: “Fiel es el que os llama, el cual también lo hará” (1 Tesalonicenses 5:23).

La Incredulidad como la Raíz de la Ansiedad

El texto de hoy ilustra esto con una condición específica de un corazón malvado, es decir, la ansiedad.

Detente por un momento y piensa cómo muchas y diferentes acciones y actitudes pecaminosas vienen de la ansiedad. Estar ansioso por tu situación financiera puede dar lugar a la codicia, avaricia, acaparamiento y robo. La ansiedad por tener éxito en alguna tarea puede volverte irritable, brusco y hosco. La ansiedad por las relaciones interpersonales puede volverte retraído e indiferente y despreocupado por los demás. La ansiedad acerca de cómo alguien reaccionará ante ti puede hacerte encubrir la verdad y mentir. De manera que si la ansiedad pudiera ser conquistada, muchas cosas se podrían vencer.

¿Pero cuál es la raíz de la ansiedad? ¿Y cómo se la puede cortar? Para responder a estas preguntas vamos al texto de Mateo 6. En este texto Jesús dice cuatro veces que no debemos estar ansiosos.

  1. Verso 25: “Por eso os digo, no os preocupéis por vuestra vida.”
  2. Verso 27: ” ¿Y quién de vosotros, por ansioso que esté, puede añadir una hora al curso de su vida?”
  3. Verso 31: ” Por tanto, no os preocupéis.”
  4. Verso 34: “Por tanto, no os preocupéis por el día de mañana.”

El verso más explicito sobre la raíz de la ansiedad es el verso 30: “Y si Dios viste así la hierba del campo, que hoy es y mañana es echada al horno, ¿no hará mucho más por vosotros, hombres de poca fe?” En otras palabras, Jesús dice que la raíz de la ansiedad es la falta de fe en nuestro Padre celestial. Cuando la incredulidad toma el control de nuestros corazones, uno de los resultados es la ansiedad.

De manera que cuando en Hebreos dice, “Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad,” incluye esto: ” Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón ANSIOSO de incredulidad.” La ansiedad es una de las condiciones malvadas del corazón que viene de la incredulidad. Mucha de la ansiedad, dice Jesús, viene de la poca fe.

Dos Tipos de Respuestas Perturbadoras a Esta Verdad

Ahora se me ocurren dos tipos de respuestas perturbadoras a esta verdad. Déjame decirte cuáles son y luego dar una respuesta bíblica antes de proseguir la batalla contra la incredulidad por ansiedad.

1. “¡Esta no es una Buena Noticia!”

Una de las respuestas sería: ¡Esta no es una buena noticia! De hecho, es muy desalentador saber que lo que yo pensaba que era una mera lucha contra la predisposición a la ansiedad, es en realidad una lucha mucho más profunda con el hecho de creer o no en Dios.

Pues mi respuesta a esto es que estoy de acuerdo, pero también en desacuerdo. Suponga que has estado sintiendo dolores en tu estómago y has estado probando medicinas y dietas de todo tipo en vano. Luego, suponga que tu doctor te dice en una visita de rutina que tú tienes cáncer en el intestino delgado. ¿Sería esto una buena noticia? ¡Tú me dirás enfáticamente que no! Y estoy de acuerdo.

Pero déjame hacer la misma pregunta de otra manera: ¿No te sientes bien de que el doctor haya descubierto el cáncer cuando aún se puede tratar, y en realidad el tratamiento puede tener mucho éxito? Tú dirás que si, que estás muy contento de que el doctor haya encontrado el verdadero problema. Y yo estoy de acuerdo.

Entonces, la noticia de que tienes cáncer no es una buena noticia porque sea bueno tener cáncer, es buena noticia porque es bueno saber cuál es el problema, especialmente si puede ser tratado exitosamente.

Lo mismo sucede al comprender que el verdadero problema detrás de la ansiedad es la incredulidad en las promesas de Dios. No es una buena noticia porque el cáncer de la incredulidad sea bueno, sino porque es bueno SABER CUAL ES EL VERDADERO PROBLEMA, especialmente porque la incredulidad puede ser tratada con mucho éxito por nuestro gran médico.

Quiero enfatizar el hecho de que encontrar la relación entre nuestra ansiedad y nuestra incredulidad es en realidad una muy buena noticia, porque es la única forma de comenzar la batalla contra la verdadera razón de nuestro pecado y obtener la victoria que Dios puede darnos por medio de la terapia de su Palabra y de su Espíritu.

2. “¿Cómo Puedo Estar Seguro?”

Hay otra respuesta posible a la verdad de que nuestra ansiedad tiene su raíz en la incredulidad en las promesas de Dios. Eso esta: Tengo que enfrentar sentimientos de ansiedad casi todos los días; y por ello pienso que mi creencia en Dios debe ser totalmente inadecuada. Me pregunto si puedo tener alguna seguridad de que soy salvado.

No Tener Fe Versus Tener una Fe que Está Siendo Atacada

Mi respuesta a esta duda es así: Supone que estás en una carrera de autos y tu contrincante, que no quiere que termines la carrera, lanza lodo a tu parabrisas. El hecho de que por un momento pierdas de vista tu meta y comiences a dar vueltas sin control, no significa que vayas a abandonar la carrera, y tampoco significa que estés en la pista equivocada. Si así fuera, el enemigo no te molestaría. Lo que significa es que debes encender las plumas y lavar tu parabrisas.

El Testimonio de la Escritura

El salmo 56:3 dice, “El día en que temo, yo en ti confío.” Noten que no dice “Nunca lucho contra el temor.” El temor ataca y la batalla comienza. La Biblia no supone que los verdaderos creyentes no tendrán ansiedades. Más bien la Biblia nos dice cómo luchar contra ellas cuando atacan.

Por ejemplo, 1 de Pedro 5:7 dice, “echando toda vuestra ansiedad sobre El, porque El tiene cuidado de vosotros.” NO dice que nunca sentirás ansiedad para echar sobre Dios. Dice que cuando el lodo ensucie tu parabrisas y pierdas temporalmente de vista el camino y comiences a girar sin control con ansiedad, lo que debes hacer es encender las plumas y lavar el parabrisas.

Para Aquel que Lucha a Diario contra la Ansiedad

De manera que mi respuesta para las personas que tiene que enfrentar sentimientos de ansiedad todos los días es decirles: eso es más o menos normal. El tema es cómo los vas a enfrentar.

Y la respuesta a esto es: enfrenta la ansiedad luchando contra la incredulidad. Y luchas contra la incredulidad meditando en la Palabra de Dios y pidiéndole ayuda al Espíritu Santo. Las plumas de tu auto son las promesas de Dios que limpian el lodo de la incredulidad, y el agua de las plumas es la ayuda del Espíritu Santo.

Sin el trabajo suavizante del Espíritu Santo las plumas de la Palabra solo raspan por encima de los terrones cegadores de la incredulidad. Ambos son necesarios—el Espíritu y la Palabra. Leemos las promesas de Dios y oramos para recibir la ayuda de su Espíritu. Y así como el parabrisas se limpia para que podamos ver los planes de bienestar que Dios tiene para nosotros (Jeremías 29:11), nuestra fe se fortalece y los giros de la ansiedad se reducen.

Cómo superar la Ansiedad Luchando contra la Incredulidad

Voy a terminar usando algunas ilustraciones de cómo la lucha contra la incredulidad vence a la ansiedad.

Las Pautas de Jesús y Pablo

En este texto tenemos la ilustración de la ansiedad sobre comer y vestir. Incluso en los Estados Unidos, con su extenso sistema de bienestar social, la ansiedad por las finanzas y la vivienda puede ser muy intensa. Pero Jesús dice en el verso 30 que esto se debe a la incredulidad: “Hombres de poca fe.” Y por eso, este párrafo contiene al menos media docena de promesas para luchar contra esa incredulidad.

Por ejemplo al final del verso 32 dice, “Vuestro Padre celestial sabe que necesitáis de todas estas cosas.Pero buscad primero su reino y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” Esa es una promesa espectacular. En todo lo que hagas en casa y en el trabajo, pon en primer lugar los propósitos de Dios, y él proveerá todo lo que necesitas para vivir para su gloria. Cree en esa promesa, y la ansiedad financiera se evaporará bajo el calor del cuidado de Dios.

Pablo aplicó la promesa de la ansiedad en Filipenses de esta manera. En 4:6 dice, como dijo Jesús, “Por nada estéis afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer vuestras peticiones delante de Dios.” Y luego en 4:19 da la promesa como Jesús, “Y mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades, conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.”

Ansiedades que Podemos Enfrentar

Entonces hoy seguimos el modelo de Jesús y de Pablo. Luchamos contra la incredulidad de la ansiedad con las promesas de Dios.

  • Cuando me siento ansioso sobre alguna nueva empresa arriesgada o reunión, lucho contra la incredulidad con esta promesa: “No temas, porque yo estoy contigo; no te desalientes, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré, ciertamente te ayudaré, sí, te sostendré con la diestra de mi justicia” (Isaías 41:10).
  • Cuando me siento ansioso de que mi ministerio sea inútil y vacío, lucho contra la incredulidad con la promesa, “aasí será mi palabra que sale de mi boca, no volverá a mí vacía sin haber realizado lo que deseo, y logrado el propósito para el cual la envié” (Isaías 55:11).
  • Cuando me siento ansioso porque pienso que soy muy débil para realizar mi trabajo, batallo contra la incredulidad con la promesa de Cristo, “Te basta mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Corintios 12:9), y “tan largo como tus días será tu reposo” (Deuteronomio 33:25).
  • Cuando me siento ansioso sobre decisiones que debo tomar acerca de mi futuro, batallo la incredulidad con la promesa, “Yo te haré saber y te enseñaré el camino en que debes andar; te aconsejaré con mis ojos puestos en ti” (Salmo 32:8).
  • Cuando me siento ansioso porque debo enfrentar a mis oponentes, lucho contra la incredulidad con la promesa, “Si Dios está por nosotros, ¡quién estará contra nosotros!” (Romanos 8:31).
  • Cuando me siento ansioso porque estoy enfermo, lucho contra la incredulidad con la promesa “sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza” (Romanos 5:3–5). *Cuando me siento ansioso de envejecer, lucho contra la incredulidad con la promesa, “Aun hasta vuestra vejez, yo seré el mismo, y hasta vuestros años avanzados, yo os sostendré. Yo lo he hecho, y yo os cargaré; yo os sostendré, y yo os libraré.” (Isaías 46:4).
  • Cuando me siento ansioso sobre la muerte, lucho la incredulidad con la promesa “ninguno de nosotros vive para sí mismo, y ninguno muere para sí mismo; pues si vivimos, para el Señor vivimos, y si morimos, para el Señor morimos; por tanto, ya sea que vivamos o que muramos, del Señor somos. Porque para esto Cristo murió y resucitó, para ser Señor tanto de los muertos como de los vivos” (Romanos 14:8–10).
  • Cuando me siento ansioso de que pueda perder mi fe y alejarme de Dios, batallo la incredulidad con la promesa, “el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús” (Filipenses 1:6). “Fiel es el que os llama, el cual también lo hará” (1 Tesalonicenses 5:24), “El también es poderoso para salvar para siempre a los que por medio de El se acercan a Dios, puesto que vive perpetuamente para interceder por ellos” (Hebreos 7:25).

Y ayer cuando Rob y Gail se casaron, escribieron las promesas de Dios en el álbum de su boda. Con ellas han luchado y lucharán contra la ansiedad de lo que vendrá en su matrimonio: “El SEÑOR irá delante de ti; El estará contigo, no te dejará ni te desamparará; no temas ni te acobardes” (Deuteronomio 31:8).

De manera que le exhorto para que en su lucha, tome el libro de Dios, pida ayuda al Espíritu Santo, lleve las promesas en su corazón y siga luchando. Y recuerde la promesa de Proverbios 21:31, “Se prepara al caballo para el día de la batalla, pero la victoria es del SEÑOR.”

http://es.gospeltranslations.org/wiki/Batallando_la_Incredulidad_de_la_Ansiedad?