Fuego en el Evangelismo


Fuego en el Evangelismo

Sal. 104:4, Heb 1:7

Por Ronal Tubillas

Introducción

Hoy en día muchas de las iglesias carecen de púlpitos calientes, un gran hombre dijo: “Si tú eres un refrigerador, tu iglesia será cubitos de hielo”. Recuerda que todo sube y baja de acuerdo al liderazgo.

A los bautistas se les reprocha el hecho de ser fríos, de no tener ánimo ni motivación, pues ve al Pastor y verás el resultado en la Iglesia. Primero que nada, esto viene del poder del Espíritu Santo; muchos de nosotros estamos tan preocupados por mejorar métodos, pero Dios no está buscando mejores métodos, sino mejores hombres, hombres consagrados, llenos del Espíritu Santo. Quisiera decir que no estoy hablando de gritar o saltar en el púlpito, lo cual no es malo y muchos quizás deberíamos hacerlo, pero no estoy refiriéndome a esto sino al hecho de ser llenos del poder, algunos grandes pastores se desgargantaban predicando, otros eran muy serenos, pero tenían el poder de Dios en sus vidas, y eso es lo que falta hoy en día: el poder de Dios, la unción del Espíritu Santo.

1. Un Fuego.

Dios llama a sus pastores “Llama de Fuego”. Muchos decían que cuando miraban el rostro de Carlos Spurgeon podían observar que de sus ojos salían como llamas de fuego hablando del poder de Dios en sus vidas, muchas veces nos falta el fuego divino, estamos tan aburridos y cansados de tanto buscar mejores formas para que la Iglesia crezca y el secreto ha permanecido inmutable por siglos, una dependencia absoluta de él.

Cuando subes al púlpito y observas tus ovejas algo debe quebrar tu corazón al saber que tú tienes la responsabilidad de sus vidas eternas, que ellos llegaron para saborear un delicioso plato espiritual, que muchos de ellos necesitan ser consolados, otros reprendidos, ellos vienen a buscar agua que calme su sed espiritual y nosotros estamos en ese púlpito medio muertos, fríos, cansados, sin ánimo. ¿Qué podrás compartir con ellos? ¿Que puede usar Dios en tu vida que sea bendición en sus vidas? No entiendo a los pastores que suben al púlpito sin una carga, que ponen sus manos en el bolsillo, que predican sin dar lo mejor de sí. Alguien dijo: “Si en tu iglesia alguien se duerme mientras tú predicas, no le eches la culpa a él, si no a ti”. Es nuestro deber marcar sus vidas y que no salgan del recinto sagrado de Dios como llegaron, que salgan diferentes, algunos saldrán con lágrimas, otros animados, y posiblemente muchos corregidos por la predicación de la palabra, pero nadie, nadie debe salir como entró y esto debe ser nuestra carga.

2. Una Compasion. Mat. 14:14

Según el Diccionario, Compasión: amor que nos hace sensibles al mal que padecen algunas personas.

Muchas veces olvidamos que debemos usar el misterio para edificar a las personas y no el misterio para edificarnos a nosotros mismos, nos sentimos contentos cuando nuestras iglesias crecen y tristes cuando no, y esto está bien, pero recuerda que cuando ellos entran a la Iglesia están esperando algo de Dios, que ellos están sufriendo en sus luchas y batallas, que sus familias son el principal obstáculo para que sigan adelante, ésta compasión es la que falta en nuestros ministerios, ¿Quieres tener compasión? Ve a los hospitales, visita los velatorios, mira a la gente en la calle que pide limosna, visita las tabernas y luego mira tus manos y ve su sangre en tus manos; pregúntate a ti mismo ¿Qué puedes hacer tú por ellos? Y te darás cuenta que tú tienes lo mejor que este mundo puede dar y es el amor de Dios que puede hacer tu vida diferente. Cristo, nuestro gran ejemplo, vio a la multitud, estuvo con ellos, los visita, observa su dolor, cuando las hermanas de Lázaro fueron a él con lágrimas y dolor, él observa su dolencia; cuando una mujer enjuagó sus pies con sus cabellos porque sus pecados habían sido perdonados, él tuvo compasión, amor por el dolor del que sufre, él estuvo con ellas, les amó y dio todo de sí; caminó en el polvo, fue insultado, perseguido y aun muerto por esa compasión tan grande. ¡Oh Dios, por favor llena nuestro corazón de compasión para predicar con amor!.

3. Un Cambio

Hace algunos años, cuando inicié la obra en Ciudad Municipal existían sólo 2 hermanos. Dios me ha dado el gran privilegio de ver un cambio en los hermanos que llegaron a la Iglesia: como algunos de ellos eran pecadores sumidos en el barro sucio del pecado (alcoholismo, iras, drogas, rebeldía) y hoy día están sirviéndole al Señor, esto me da un gran ánimo para predicar porque el Señor me ha permitido ver su poder. Hermano, cada vez que subo al púlpito pienso que quizás sea la oportunidad para un gran cambio en la vida de un pecador, sube y da lo mejor de ti. Hace algunos años trabajé en construcción. Un trabajo muy duro, salía muy sucio y sudoroso del trajín. El momento cumbre de un Pastor es cuando proclama las verdades de Dios, baja del púlpito, no como subiste, baja cansado, sudoroso fatigado de haber derramado tu espíritu, de permitir que el Señor te usara, o baja sin voz, no importa, salta y que la iglesia piense que estás loco, no importa, que sonrían, que lloren, por un cambio es lo que Dios quiere en sus vidas y Dios quiere que tú seas su instrumento.

¡Ya basta de Iglesias frías, de Pastores fríos, necesitamos un cambio en nuestras vidas! ¡Que el Señor nos ayude!.

http://www.evangelismomundial.com/recursos/evangelismo/fuegoevangelismo.html

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