El libro de Los Hechos de San Pablo (Apócrifo)


El profesor Schmidt publicó una fotocopia, una transcripción, una traducción alemana, y un comentario de un papiro copto compuesto por 2000 fragmentos que él clasificó, yuxtapuso y descifró a costa de una ardua labor. (“Acta Pauli aus der Heidelberger koptischen Papyrushandschrift Nr. 1”, Leipzig, 1904, y “Zusatze” etc., Leipzig, 1905).La mayor parte de los críticos tanto católicos (Duchesne, Bardenhewer, Ehrhard etc.) como protestantes (Zahn, Harnack, Corssen etc.), creen que los fragmentos constituyen los verdaderos “Hechos de San Pablo” si bien el texto publicado por Schmidt, con numerosas lagunas, no representa sino una pequeña parte del trabajo original. Este descubrimiento modificó las ideas, generalmente aceptadas, sobre los orígenes, el contenido y el valor de estos Hechos apócrifos, y legitima además la conclusión de que las tres antiguas redacciones que han llegado hasta nosotros formaban parte integrante de la “Acta Pauli” o, más exactamente, “Acta Pauli et Theclae”, de la que la mejor edición es la de Lipsius, (“Acta Apostolorum apocrypha”, Leipzig, 1891, 235-72), un “Martyrium Pauli” conservado en griego con un fragmento que también existe en latín (op.. cit., 104-17), y una carta de los Corintios a Pablo con su correspondiente respuesta, cuya versión armenia ha sido conservada (cf. Zahn, “Gesch. des neutest. Kanons”, II, 592-611), y el texto latino descubierto por Berger en 1891 (d. Harnack, “Die apokryphen Briefe des Paulus an die Laodicener und Korinther”, Bonn, 1905). Con gran sagacidad, Zahn previó este resultado con respecto a estos dos últimos documentos y, la manera con la que San Jerónimo habla de los periodoi Pauli et Theclae (De viris ill., vii) podría permitir la misma conjetura con respecto al primero.

Otra consecuencia del descubrimiento de Schmidt’s es no menos interesante. Lipsius sostuvo y, hasta ahora fue la opinión más extendida, que junto a los Hechos canónicos hubieran existido previamente otros “Hechos de San Pablo” gnósticos, bien que ahora todo tiende a probar que esto últimos nunca existieron. De hecho, Orígenes cita como autoridad los “Hechos de San Pablo” dos veces (“In Joann.”, XX, 12; “De princip.”, II, i, 3); Eusebio (Hist. Eccl., III, iii, 5; XXV, 4) los coloca entre los libros dudosos, al igual que el “Pastor” de Hermas, el “Apocalipsis de Pedro”, la Epístola de Bernabé y la Didaché. La esticometría del “Codex Claromontanus” (fotografiada en Vigouroux, “Dict. de la Bible”, II, 147) lo coloca después de los libros canónicos. Tertuliano y San Jerónimo, bien que poniendo de relieve el carácter legendario de estos escritos, no ponen en duda su ortodoxia. El propósito preciso de la correspondencia de San Pablo con los corintios (que forma parte de los “Hechos”) fue el oponerse a los gnósticos Simón y Cleobio. Pero no hay razón para admitir la existencia de unos “Hechos” heréticos que hubieran sido perdidos después sin esperanza, puesto que todos los detalles dados por los autores antiguos se encuentran verificados en los “Hechos” que han llegado hasta nosotros o por lo menos coinciden bastante bien con ellos. He aquí una posible explicación del malentendido: Los maniqueos y los priscilianos hicieron circular una colección de cinco “Hechos” apócrifos de los que cuatro se encontraban viciados de herejía mientras que el quinto correspondía precisamente con los “Hechos de San Pablo”. Los “Acta Pauli” debieron su mala fama de heterodoxia a su asociación con los otros cuatro como atestiguan autores más recientes tales como Filastro (De haeres., 88) y Focio (Cod., 114). Tertuliano (De baptismo, 17) y San Jerónimo (De vir. ill., vii) denuncia el carácter fabuloso de los “Hechos” apócrifos de San Pablo; este juicio severo se confirma ampliamente examinando los fragmentos publicados por Schmidt. Se trata de un trabajo en el que lo improbable rivaliza con lo absurdo. El autor, que conocía bien los Hechos canónicos de los Apóstoles, coloca la acción en los sitios que realmente visitó San Pablo (Antioquía, Iconio, Mira, Perge, Sidón, Tiro, Efeso, Corinto, Filipo, Roma), pero, por otro lado, da rienda libre a su fantasía. Su cronología es totalmente imposible. De las sesenta y seis personas mencionadas pocas son conocidas y, las que se conocen, se comportan de una manera totalmente irreconciliable con las afirmaciones de la Hechos canónicos. En dos palabras, si los Hechos canónicos son verdaderos, los apócrifos son falsos. Ello no implica que todos los detalles de los mismos lo sean, pero para afirmar que tengan fundamento histórico se necesita una autoridad independiente del texto.

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