La virginidad perpetua de María De algunos mitos difundidos sobre el protestantismo (XVII)


La virginidad perpetua de María

De algunos mitos difundidos sobre el protestantismo (XVII) Los protestantes no creen en la Virgen (5)

La experiencia me dice que los dogmas relacionados con María resultan especialmente sensible para los católicos. No estoy diciendo que carezcan de esa sensibilidad en relación con otros temas, pero, sinceramente, no me imagino a un católico enardecido por una discusión acerca del Espíritu Santo y si, por ejemplo, procede del Padre y del Hijo. Esa serenidad, mayor o menor, con que pueden abordar el acercamiento a determinados dogmas suele quebrarse, sin embargo, en relación con los relacionados con la figura de María. En esos casos se produce un elemento claramente emocional ausente en otros y ya de por si esa circunstancia explicaría la insistencia en que los protestantes no creen en María.

Creo haber dejado de manifiesto en anteriores entregas que esa afirmación no se corresponde con la realidad ya que los protestantes sí creemos en María, pero, única y exclusivamente, en los términos contenidos en las Escrituras.

Otro ejemplo de esa circunstancia lo tenemos en el dogma católico de la virginidad perpetua de María.

Debo aclarar, en primer lugar, que ese tema, a diferencia de lo relacionado con su culto o su mediación, carece, a mi juicio, de relevancia teológica. Que María mantuviera después del nacimiento de Jesús relaciones conyugales con José y tuviera más hijos o, por el contrario, siguiera siendo virgen no tiene, hasta donde yo acierto a ver, trascendencia teológica alguna. Sin embargo, lo cierto es que en las Escrituras existen notables indicios que señalan que María no siguió siendo virgen después del parto aunque lo fuera antes.

De entrada, encontramos la afirmación contenida en el Evangelio de Mateo en el sentido de que José “no la conoció” – es decir, no tuvo relaciones sexuales con ella – “hasta que dio a luz a su hijo primogénito” (Mateo 1, 25). Semejante traducción se ha mantenido en distintas ediciones de la traducción Nácar-Colunga, pero algunos traductores católicos han optado por alterar el texto original sustituyéndolo por “sin haberla conocido, dio a luz”. Una interpretación semejante violenta el texto original del Evangelio y, especialmente, el griego de Mateo. El pasaje en griego dice exactamente:

καὶ οὐκ ἐγίνωσκεν αὐτὴν
y no conoció la
ἕως οὗ ἔτεκε τόν υἱόν αὐτῆς τόν πρωτότοκον,
hasta que parió al hijo de ella el primogénito,
καὶ ἐκάλεσε τὸ ὄνομα αὐτοῦ ᾿Ιησοῦν.
y llamó el nombre de él Jesús.

La fórmula “hasta que” significa en Mateo justo hasta ese momento, pero no luego. Permítaseme, al respecto, citar otros ejemplos:

Mateo 2, 13
καὶ ἴσθι ἐκεῖ ἕως ἂν εἴπω σοι·
y huye a Egipto, y quédate allí hasta que diga te,
μέλλει γὰρ ῾Ηρῴδης ζητεῖν τὸ παιδίον τοῦ ἀπολέσαι αὐτό.
va Porque Herodes a buscar al niño para perder lo.

Mat 2:15
καὶ ἦν ἐκεῖ ἕως τῆς τελευτῆς ῾Ηρῴδου,
y estuvo allí hasta la muerte de Herodes

Mat 5:26
ἀμὴν λέγω σοι, οὐ μὴ ἐξέλθῃς ἐκεῖθεν ἕως ἂν
Verdaderamente digo te, no en absoluto saldrás de allí hasta que
ἀποδῷς τὸν ἔσχατον κοδράντην.
pagues el último cuadrante.

Mat 10:11
εἰς ἣν δ᾿ ἂν πόλιν ἢ κώμην εἰσέλθητε, ἐξετάσατε
En la que acaso ciudad o pueblo entréis, preguntad (si)
τίς ἐν αὐτῇ ἄξιός ἐστι, κἀκεῖ μείνατε ἕως ἂν ἐξέλθητε.
alguien en ella digno es, y allí permaneced hasta que salgáis,

Mat 11:13
πάντες γὰρ οἱ προφῆται καὶ ὁ νόμος ἕως ᾿Ιωάννου
todos Porque los profetas y la ley hasta Juan
προεφήτευσαν·
profetizaron.

Mat 17:9
Καὶ καταβαινόντων αὐτῶν ἀπὸ τοῦ ὄρους ἐνετείλατο
Y descendiendo ellos de el monte ordenó
αὐτοῖς ὁ ᾿Ιησοῦς λέγων· μηδενὶ εἴπητε τὸ ὅραμα
les Jesús diciendo: a nadie digais la visión
ἕως οὗ ὁ Υἱὸς τοῦ ἀνθρώπου ἐκ νεκρῶν ἀναστῇ.
hasta que el Hijo del hombre de muertos se levante.

Mat 18:21
Τότε προσελθὼν αὐτῷ ὁ Πέτρος εἶπε· Κύριε, ποσάκις ἁμαρτήσει
Entonces acercándose a él Pedro dijo: Señor, ¿cuántas veces pecará
εἰς ἐμὲ ὁ ἀδελφός μου καὶ ἀφήσω αὐτῷ; ἕως ἑπτάκις;
contra mi el hermano de mi y perdonaré a él? ¿Hasta siete veces?

Mat 18:30
ὁ δὲ οὐκ ἤθελεν, ἀλλά ἀπελθὼν ἔβαλεν αὐτὸν
El sin embargo no quería, sino que saliendo arrojó lo
εἰς φυλακὴν ἕως οὗ ἀποδῷ τὸ ὀφειλόμενον.
en prisión hasta que devuelva lo debido.

Mat 18:34
καὶ ὀργισθεὶς ὁ κύριος αὐτοῦ παρέδωκεν αὐτὸν
Y encolerizándose el señor de él entregó lo
τοῖς βασανισταῖς ἕως οὗ ἀποδῷ
a los torturadores hasta que devolviera
πᾶν τὸ ὀφειλόμενον αὐτῷ.
todo lo debido a él.

Podría citar más ejemplos, pero, a tenor del texto original griego de Mateo, resulta más que obvio que sólo torturaron al mal siervo hasta que pagó (y no después); que los discípulos se quedaban en una casa hasta que se iban de la ciudad (y no después) y que José se abstuvo de mantener relaciones sexuales con María hasta el parto de Jesús (y no después). Precisamente por ello, los pasajes relacionados con los “hermanos y hermanas” de Jesús han sido interpretados habitualmente como relacionados con hermanos y hermanas.

Tanto Mateo como Marcos (Mt 13, 55 ss; Mc 6, 3 ss) hacen referencia a esos hermanos llamados Santiago, José, Simón y Judas – y Juan, sin citarlos por nombre, indica de ellos que no creyeron en Jesús en vida del mismo (Jn 7,5). Igualmente Lucas señala que, al igual que la madre de Jesús, estaban tempranamente integrados en la comunidad jerosilimitana, incluso con anterioridad a Pentecostés (Hch 1, 14). La razón de esta conversión – que casi podríamos denominar súbita – es atribuida por las fuentes cristianas al hecho de que, siquiera Santiago, fue objeto de, al menos, una aparición del Jesús resucitado. Desde luego la tradición al respecto debe ser muy temprana y cuenta con muchas posibilidades de resultar fidedigna porque Pablo (1 Cor 15, 7), a mediados de los años cincuenta del s. I, ya la señala como antigua y procedente de cristianos anteriores a él.

Establecezcamos exactamente el significado de “hermanos” cuya base y punto de partida son -reconozcámoslo– más teológicos y dogmáticos que propiamente históricos. Josefo parece haber entendido que eran hermanos carnales y en el mismo sentido ha sido comprendido el término “adelfós” con el que se califica a Santiago por los autores judíos posteriores. De esa misma opinión fueron también algunos de los Padres de la Iglesia, como Hegesipo (que nos ha llegado a través de Eusebio de Cesarea), Tertuliano (De carne Christi VII; Adv Marc IV, 19; De monog VIII; De virg vel VI) o Juan Crisóstomo (Homilia 44 sobre Mateo 1) – este último además no parece haber tenido un concepto muy elevado de la madre de Jesús – que consideraban a Santiago como hermano de Jesús e hijo de María.

En general, los autores católicos – persiguiendo, sin duda, no colisionar con la doctrina de la virginidad perpetua de María – han señalado que la palabra “hermano” en hebreo y arameo tiene un sentido más amplio que en castellano y que precisamente con ese campo semántico habría que aplicarla a Santiago y a los demás hermanos de Jesús. Ciertamente tal tesis es posible, pero resulta difícil creer que Pablo, el autor de los Hechos, Marcos y Juan, escribiendo en griego y para un público en buena medida helénico, utilizaran la palabra “adelfós” para referirse a Santiago y los demás hermanos de Jesús proporcionándole un significado distinto del que tiene en esa lengua y más cuando contaban con términos específicos para “primos” (Anepsios en Colosenses 4, 10) o “parientes” que corresponde a “synguenes” o “synguenys” y que encontramos en Marcos 6, 4; Lucas 1, 58; 2, 44; 14, 12; 21, 16; Juan 18, 26; Hechos 10, 24; Romanos 9, 3; 16, 7, 11 y 21. Desde luego, no deja de ser chocante que si los evangelistas creían que los “hermanos” eran parientes y no “hermanos” en lugar de utilizar “synguenis” prefirieran llamarlos “hermanos”…

Tan poco consistente puede resultar este argumento lingüístico que Jerónimo – y en eso sería seguido posteriormente por algunas iglesias orientales – aceptó que, efectivamente, los hermanos de Jesús – incluido Santiago – eran realmente hermanos de él, pero los adscribió a un matrimonio anterior de José salvando así la creencia en la virginidad perpetua de María. Hemos estudiado con anterioridad este aspecto (1) mostrando cómo la tesis de Jerónimo es muy tardía aunque cuenta en su favor con el hecho de arrancar de algún apócrifo judeo-cristiano en el que, no obstante, pesó sin duda más el elemento apologético – librar a Jesús de la acusación de ilegitimidad – que el deseo de conservar una tradición histórica fidedigna.

Para el historiador que no se halle preocupado por defender un dogma asumido previamente, la solución más natural es la de aceptar que Santiago, José, Simón y Judas fueron hermanos de Jesús e hijo de María, aunque no cabe duda de que las otras posibilidades – “hermano” = “pariente” o “hermano” = hijo anterior de José – no son del todo improbables si bien deberíamos preguntarnos con P. Bonnard si “¿se habrían derrochado tales tesoros de erudición para probarlo si no lo hubiese exigido el dogma posterior?” (2). La pregunta se responde por si sola.

Así pues, en este aspecto –insisto que, a mi juicio, bastante secundario– los protestantes no despreciamos a María ni nos distanciamos desdeñosamente de ella. Por el contrario, nos quedamos con lo que enseña la Biblia porque creemos que es la Palabra de Dios y que lo que nos ha transmitido es infinitamente más fiable que cualquier tradición humana posterior por mucha aceptación que haya podido llegar a tener.

CONTINUARÁ: De algunos mitos difundidos sobre el protestantismo (XVIII) Los protestantes no creen en la Virgen (6): el culto a las imágenes y la corredención

Artículos anteriores de esta serie:
1 Juan Calvino y la Inquisición
2 Enrique VIII y los protestantes ingleses
3 Inglaterra y María la sanguinaria
4 Cisneros ¿precursor de la Reforma?
5 Juan de Valdés y la Reforma en España
6 Juan de Valdés huye de la Inquisición
7 Españoles del siglo XVI con la Reforma
8 Las ekklesias y «la» Iglesia católica
9 La verdadera Iglesia no tiene Papa
10 Salvación por gracia, no por obras
11 Carta de Santiago: fe, salvación y obras
12 Obispos casados
13 Los protestantes y la Virgen María
14 María durante el ministerio de Jesús
15 La Inmaculada Concepción
16 El culto a la Virgen María

(1) César Vidal Manzanares, “La figura de María en la literatura apócrifa judeo-cristiana de los dos primeros siglos”, en ”Ephemerides Mariolo¬gicae”, 41, Madrid, 1991, pgs. 191-205.
(2) P. Bonnard, ”El Evangelio según san Mateo”, Madrid, 1983, p. 287.

http://www.protestantedigital.com/new/nowleerarticulo.php?r=325&a=3605

2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. fiorella
    May 22, 2010 @ 23:05:08

    esto no me dice nada es una estupides

  2. Ricardo Paulo Javier
    May 22, 2010 @ 23:44:15

    que pena!!!

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