Despropósitos. Pederastia e Iglesia católica

Despropósitos. Pederastia e Iglesia católica
lunes, 10 de mayo de 2010

Alfonso Ropero, España

No por habitual ha dejado de sorprenderme la actitud secular de la jerarquía católica que ante cualquier crítica responde con una queja lastimera por la dice sentirse el blanco de los ataques de los enemigos de la Iglesia.

Este complejo de victimismo, tan usado y abusado por grupos que no tienen nada de víctimas, es la manera menos digna de enfrentar un problema y la menos respetuosa con los interlocutores. La Iglesia católica tiene que dejar a un lado el síndrome de mártir, y acometer seriamente su papel en la sociedad moderna, crítica y criticada a la vez, como cualquier otra institución o sociedad presente en el mundo democrático. No puede ni debe refugiarse en un limbo de intocabilidad, sino asumir con valentía los ataques a los que responder a la altura de los tiempos en que vivimos y no con lamentaciones que huele odio y ve complots por todas partes. ¿Tan mala conciencia tienen que son incapaces de imaginar simpatías y adhesiones de buena voluntad? Las personas y las sociedades son tomadas en serio cuando afrontan con realismo y suficiente autocrítica las acusaciones de que son objeto, desmontándolas o asumiéndolas, según sea el caso, con honestidad y transparencia. También aquí habría que aplicar el tan menciona slogan de Juan Pablo II: “No tengáis miedo”.

En el caso de la pederastia y del abuso del poder de algunos miembros del clero no se trata de una crítica, ni de un bulo, sino de una larga lista de hechos comprobados, que hacen sentir vergüenza hasta al mismo papa. No es para menos.

En una cuestión tan delicada como este se podría esperar más sabiduría y sensibilidad en hombres, por otra parte, acostumbrados a la dialéctica de los estudios teológicos y canónicos. Pero, a la luz de algunas declaraciones hechas por algunos altos jerarcas, uno está tentado a pensar que no viven en el mundo del común de los mortales, ni tampoco, por desgracia, en el mundo del reino de cielos, que dicen representar, sino en un mundo irreal, siempre a la defensiva, lo que les lleva a proferir algunas declaraciones que rozan la provocación, si tuviesen poder de provocar.

En estos últimos días hemos escuchado y leído algunos de estos despropósitos, que dan verdadera vergüenza ajena. Cómo se puede decir con seriedad y sentido de la realidad que “los enemigos de la Iglesia han encontrado un filón de oro para desprestigiarla”, según afirmó hace poco Demetrio Fernández, nuevo obispo de Córdoba.

¿De verdad que el escándalo de la pederastia en la Iglesia católica, con el dolor que supone para miles de victimas, constituye “un placer de demonios”, según el mismo prelado? ¿En que mundo vive? ¿Cómo se puede ser tan despectivo con gente, que lejos de ser demonios, ni de sentir el mínimo placer por estos casos que no deberían haber ocurrido, les gustaría oír un mínimo de autocrítica sincera, de arrepentimiento verdadero, empezando por uno mismo, de modo que ese mismo mensaje de arrepentimiento dirigido a los demás puedas resultar creíble?

¿No es él un representante y seguro que predicador del mensaje de penitencia y arrepentimiento?

Escuchando este tipo de argumentos, que se suman a los desmanes cometidos, estos ya irreparables, no así las maneras de afrontarlos y enjuiciarlos ad intra y ad extra, no se preocupe el Sr. Obispo de Córdoba, que no necesita que nadie desprestigie a la Iglesia, se desprestigia, todavía más, por su propia boca. Lo cual, no deja de ser lamentable.

No es noticia que algunos eclesiásticos sean delincuentes, sino que personas dedicadas vocacionalmente a la infancia, a la vida y a la santidad, hayan podido incurrir en delitos tan graves en tantos lugares y durante tanto tiempo.

Nadie duda que haya miles de personas buenas que han gastado y gastan su vida en la noble tarea de la educación y cuidado de la infancia, y todos se duelen porque la institución que debería ser un baluarte de pureza ha demostrado no ser tal, porque cuando más se necesitaba una voz y ejemplo de virtud en un mundo de mentira e injusticia, se ha descubierto el desamparo y la orfandad en que se encuentran las personas de buena voluntad.

No se puede tomar en serio el dolor de los jerarcas católicos por los casos de abusos a menores, cuando en lugar de llorar de vergüenza y vestirse de saco cenizas, en una manifestación colectiva de arrepentimiento renovador, se atreven a justificar lo injustificable vinculando la pedofilia con la homosexualidad como hizo el pasado 13 de abril de 2010 el secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Tarcisio Bertone.

“Muchos psicólogos y muchos psiquiatras han demostrado que no hay relación entre celibato y pedofilia —dijo—, pero muchos otros han demostrado, me han dicho recientemente, que hay relación entre homosexualidad y pedofilia”. Un despropósito que hace dudar de su capacidad crítica, y de hombre “culto”.

Por si fuera poco, y ayer mismo, 6 de mayo de 2010, el arzobispo de Porto Alegre, Dadeus Grings, ni corto ni perezoso ha explicado el problema de unos cuantos delincuentes implicando a toda la sociedad. “La sociedad actual es pedófila, ese es el problema”. Y a continuación aprovecha para arremeter contra los homosexuales, como si hubiera sido suficiente con las declaraciones de Bertone. En un verdadero delirio surreal informó al diario O Globo, que así como los homosexuales ganaron espacios lo mismo podría pasar con los pedófilos, literalmente: “Cuando la sexualidad es banalizada, es claro que va a alcanzar todos los casos. El homosexualismo es un caso. Antiguamente no se hablaba del homosexual. Y era discriminado. Cuando se comienza a decir que ellos tienen derechos, derecho a manifestarse públicamente, de aquí a poco van a tener derechos los pedófilos”.

Con despropósitos como estos es difícil tomarse en serio la ética y la visión de la iglesia católica para un mundo mejor y más justo. Si encuentra difícil y extraño acusar a sus propios hijos, siendo que la labor del pastor y del profeta es precisamente cuidar de los suyos, y reprenderles cuando es necesario —que suele ser con mucha frecuencia—, también debería resultarle difícil y nada caritativo acusar y condenar a quienes está llamado a convencer y salvar llegado el caso. ¿Habrá que recordar el viejo texto bíblico que dice: “Es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios”, 1 Pedro 4,17?

Alfonso Ropero

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La Oración…

La Oración…

Hace poco tiempo atrás hicimos una reunión de oración por nuestra iglesia, con el objetivo de confesar y corregir aquellas cosas que hacíamos mal o que directamente no habíamos hecho: por ejemplo evangelizar, amarnos más unos a otros, orar con mayor dedicación, etc.

Y antes de ello nos habíamos examinado y confesado en forma personal y privada cada uno de nosotros.

En el libro de Daniel encontramos un buen ejemplo de esto…

Daniel explica el entorno de la situación:

  • “En el año primero de Darío hijo de Asuero, de la nación de los medos, que vino a ser rey sobre el reino de los caldeos, en el año primero de su reinado, yo Daniel miré atentamente en los libros el número de los años de que habló Jehová al profeta Jeremías, que habían de cumplirse las desolaciones de Jerusalén en setenta años” (Daniel 9:1-2)

Luego explica la acción:

  • “Y volví mi rostro a Dios el Señor, buscándole en oración y ruego, en ayuno, cilicio y ceniza. Y oré a Jehová mi Dios e hice confesión diciendo: Ahora, Señor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que te aman y guardan tus mandamientos; hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho impíamente, y hemos sido rebeldes, y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus ordenanzas. No hemos obedecido a tus siervos los profetas, que en tu nombre hablaron a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros padres y a todo el pueblo de la tierra” (Daniel 9:3-6)

Y reconoce al Señor…

  • “Tuya es, Señor, la justicia, y nuestra la confusión de rostro… Oh Jehová, nuestra es la confusión de rostro, de nuestros reyes, de nuestros príncipes y de nuestros padres; porque contra ti pecamos. De Jehová nuestro Dios es el tener misericordia y el perdonar, aunque contra él nos hemos rebelado” (Daniel 9:7-9)

Finalmente, confía plenamente en la respuesta…

  • “Ahora, pues, Dios nuestro, oye la oración de tu siervo, y sus ruegos; y haz que tu rostro resplandezca sobre tu santuario asolado, por amor del Señor. Inclina, oh Dios mío, tu oído, y oye; abre tus ojos y mira nuestras desolaciones, y la ciudad sobre la cual es invocado tu nombre; porque no elevamos nuestros ruegos ante ti confiados en nuestras justicias, sino en tus muchas misericordias. Oye Señor; oh Señor, perdona; presta oído, Señor, y hazlo; no tardes, por amor de ti mismo, Dios mío; porque tu nombre es invocado sobre tu ciudad y sobre tu pueblo” (Daniel 9:17-19)

El domingo posterior a esa reunión especial de oración vimos resultados y respuestas concretas del Señor.

¿Por qué no nos proponemos ese ejercicio de oración diario para nuestras vidas personales, y semanal o mensual para nuestras iglesias o ministerios? ¡No será en vano!

  • “Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia y lavados los cuerpos con agua pura” (Hebreos 10:19-22)

Recordemos: ¡No hay manera más eficaz para acercarnos al Señor que mediante la oración sincera!

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La Religión Mundial Venidera

La Religión Mundial Venidera
19 MAYO 2010
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by Armando Valdez

A medida que la iglesia espera la vuelta gloriosa de nuestro Señor Jesús Cristo somos testigos de la formación de un sistema religioso mundial que un día el adorara a la Bestia (Apocalipsis 13:12). Jesús advirtió que un engaño dinámico generalizado sería una de las señales de su venida a la tierra. Su palabra revela que habrá muchos falsos maestros que prepararán una novia desprevenida para el anti-Cristo. Este sistema religioso falso dará su lealtad y adoración a uno que blasfemara contra Dios.

Actualmente existe un diálogo entre los líderes religiosos del mundo que están buscando puntos en común de la verdad como una base para la unidad. Tan diversas como algunas religiones parecen, hay algunos lazos comunes de unidad. Una de ellas es la enseñanza de que la salvación se consigue por lo que los hombres deben hacer para Dios, en vez de lo que Dios ya ha hecho por el hombre a través de Su Hijo. Todas las religiones, con excepción del cristianismo bíblico, de manera arrogante niegan que la salvación es por gracia, el favor inmerecido de Dios.

Varias organizaciones han estado trabajando diligentemente para unir a los pueblos del mundo pero ninguna de manera tan agresiva como la Iglesia Católica Romana. El Concilio Vaticano II lo dejó claro al afirmar que: Los esfuerzos de la Iglesia Católica

“para reunir a todas las personas y todas las cosas en Cristo, a fin de ser para todos un sacramento inseparable de unidad… expresada en la celebración común de la Eucaristía.”

El Vaticano ha sido la construcción de puentes estratégicos para todas las confesiones cristianas y religiones no cristianas con el fin de llevar a todas las personas bajo el papado. En un discurso de 1998 a los líderes del Islam, el Papa Juan Pablo declaró:

“El diálogo entre nuestras dos religiones (el islam y el catolicismo) es más necesario que nunca. Persiste un lazo espiritual que nos une y que debemos esforzarnos por reconocer y desarrollar.”

Más tarde, en enero de 2002 muchos de los líderes religiosos más influyentes del mundo respondieron a la invitación del Papa a reunirse en Asís, Italia, para discutir la unidad y la paz. El Papa, a quien los católicos creen que es el jefe supremo de toda la Iglesia cristiana, hizo a todos los líderes de las religiones no cristianas sentirse cómodos mediante la eliminación de todas las imágenes, crucifijos y los iconos de Jesucristo.

Estrategia para la Unidad de los Cristianos
El Vaticano tiene una estrategia bien definida y agresiva para unir a todo el cristianismo bajo el papado. Algunos de los elementos de este plan maestro se detallan a continuación:

I. Promover la opinión de que los católicos, ortodoxos y protestantes son todos hermanos en Cristo y por lo tanto deben ser reunificados. Por eso el Vaticano está instando a todos los hermanos “separados” para volver a casa a la Santa Madre, la Iglesia, para disfrutar de la “plenitud de la salvación.” Roma cree que la salvación de los protestantes no puede ser completa a menos que y hasta que reciban el transubstanciado Cristo en la Eucaristía.

II. Otra parte importante de su estrategia consiste en redefinir los términos evangélicos en palabras vagas y ambiguas para que sean aceptables tanto para católicos y protestantes. Esta estrategia se ha utilizado con eficacia en sus acuerdos recientes a la unidad con evangélicos y luteranos. También han sido eficaces en la identificación y seducir a muy visibles e influyentes evangélicos para promover el catolicismo como una expresión válida de la cristiandad.

III. La estrategia del Vaticano también incluye la explotación del post-modernismo y el movimiento de la iglesia emergente, que ha ganado gran popularidad. Estos movimientos han causado confusión, ignorancia bíblica y una falta de discernimiento dentro de las iglesias protestantes. A su vez, estos se han producido un suelo fértil para las semillas de la decepción y el compromiso de crecer. Muchos de los que no están seguros del verdadero Evangelio son fácilmente engañados y dispuestos a abrazar el falso evangelio del catolicismo.

IV. Roma esta también fomentando la tolerancia de todas las religiones porque la tolerancia unifica y trae paz, mientras que la verdad doctrinal divide. Cada vez que se suprime la verdad doctrinal no puede haber distinción entre creyentes y no creyentes. Un ejemplo de la lucha del Vaticano para la tolerancia es visto en una declaración del acuerdo de 1997: El Regalo de la Salvación. Dice así:

“Todos los que verdaderamente creen en Jesucristo son hermanos y hermanas en el Señor y no deben permitir que sus diferencias, aunque importantes socaven esta gran verdad.”

Algunas de las diferencias señaladas, que nunca deben dividir a los evangélicos y los católicos eran: la regeneración bautismal, la Eucaristía, la gracia sacramental, la justificación, el purgatorio, las indulgencias, el culto mariano, la ayuda de los santos en la salvación, y la posibilidad de salvación para los que no han sido evangelizados. Es evidente que cada una de estas diferencias no pueden ser toleradas porque todos se oponen al Evangelio y llevan las consecuencias eternas para aquellos que están en el lado equivocado de la verdad.

La Misma Historia y Diferente Versículo
Roma trató de reunir a católicos y protestantes en Alemania en 1541, pero Martín Lutero dio esta severa advertencia:

“Los escritores papistas pretenden que siempre han enseñado, lo que ahora enseñamos, acerca de la fe y las buenas obras, y que son acusados injustamente de lo contrario, por lo tanto el lobo se pone la piel de las ovejas hasta que gane admisión en el redil.”

Trescientos años más tarde, otro gran predicador advirtió contra la unidad con la Iglesia Católica Romana. Charles Spurgeon dijo:

“Hay una frase profunda e indeleble de la condenación escrita sobre la iglesia apóstata … la maldición se registra en el cielo … su infamia está grabada en la roca para siempre … los seguidores de Jesús, por su propio bien así como para su Señor, deben oponerse con todas sus fuerzas.”

La iglesia del siglo 21 necesita más Luteros y Spurgeons para contender ardientemente por la fe contra los errores fatales del catolicismo.

La Apostasía esta Dando Combustible a la Unidad
A pesar de las numerosas advertencias de las Escrituras a la apostasía, muchos protestantes están regresando “al hogar de Roma.

” Casi todos los casos documentados de apóstatas protestantes que salieron para unirse a la religión católica, dieron una de tres razones. Estaban convencidos, ya sea por algunos “Padres de la Iglesia” de que el catolicismo es cierto, o se vieron obligados a convertirse al Catolicismo para poder casarse con un católico, o se unieron debido a una experiencia placentera. Nunca hemos oído hablar de alguien que se convirtió al catolicismo, porque la Biblia les convenció de hacerlo.

Por desgracia, rara vez escuchamos advertencias contra la apostasía desde nuestros púlpitos. En raras ocasiones son falsos maestros quienes llevan a la gente lejos de la verdadera fe nunca expuesta. Los apóstatas, que aparecen como ministros de justicia, enfrentan muy poca oposición. Lograron engañar al discernimiento porque los pastores y líderes de la iglesia no estaban contra ellos. Muy pocos líderes cristianos están advirtiendo a la iglesia de estos lobos rapaces vestidos con piel de cordero. La iglesia del siglo XXI necesita líderes fuertes como el apóstol Pablo. Él advirtió a la iglesia primitiva, “Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos. Por tanto, velad, acordándoos que por tres años, de noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno.” (Hechos 20:30-31). A lo largo de las Escrituras se nos exhorta a probar todo espíritu, todo maestro y toda doctrina, porque todos los hombres son tan fáciles de engañar.

Dos Clases de Unidad
La doctrina es lo que divide a la iglesia verdadera de la religión mundial que está surgiendo. La Biblia condena toda unidad que no está fundada en la Palabra de Dios. La falsa unidad se basa en las ambiciones del hombre y es siempre independiente de Dios (Génesis 11:1-9). Este tipo de unidad será un instrumento del Anticristo (Apocalipsis 17-18). Por otra parte, la unidad bíblica se basa en la verdad apostólica y es una obra del Espíritu Santo, y no del hombre (Ef. 4:3,13; 1 Cor. 12:13).

Uno de los mayores peligros para el cristianismo de hoy es la supresión deliberada de la verdad bíblica por el bien de la unidad. El peligro se intensifica a medida que vemos influyentes líderes cristianos saltando al carro ecuménico del Vaticano. En lugar de advertir a los creyentes de esta falsa unidad, aplauden a los que la están creando. En lugar de obedecer a las exhortaciones bíblicas para mantener la pureza del Evangelio, ellos están tolerando a los que predican otro evangelio (Gálatas 1:6-9). En lugar de odiar todo camino de mentira, están permitiendo que las mentiras del diablo sigan sin cesar (Salmo 119:104). En lugar de exponer a los falsos Cristos y a los espíritus mentirosos se unen con ellos (2 Cor. 11:4).

¿Qué Deben Hacer los Cristianos?
Los cristianos no deben tolerar a nadie que intencionalmente falsifica el carácter o los atributos del Dios todopoderoso, o Su Evangelio. Un fuerte y amoroso reproche, usando las Escrituras, es necesario para contender ardientemente por la fe (Judas 3). Permanecer en silencio muestra, ya sea una indiferencia hacia el Señor Jesús, o una mayor lealtad a otra persona o institución.

Se nos manda separarnos de aquellos que persisten en la falsa enseñanza (Rom.16: 17; Tito 3:10). Para algunos, esto puede significar buscar otra iglesia. Para otros, puede significar la retención de apoyo de los ministerios que siguen poniendo en peligro el Evangelio. Los apóstoles nos advirtieron que si no nos separamos de los falsos maestros bien podríamos ser descalificados para el servicio, identificarnos con ellos y su error, o el riesgo de ser partícipes de su destino (2 Tim. 2:20; 2 Juan 10-11; Judas 11-13) !Que Dios nos ayude a mantenernos firmes y a no dejarnos llevar por cualquier viento de doctrina!

Traducido por: Armando Valdez

Mike Gendron

Proclaiming The Gospel

http://www.pro-gospel.org

visto en

http://evangelio.wordpress.com/2010/05/19/la-religin-mundial-venidera/

La virginidad perpetua de María De algunos mitos difundidos sobre el protestantismo (XVII)

La virginidad perpetua de María

De algunos mitos difundidos sobre el protestantismo (XVII) Los protestantes no creen en la Virgen (5)

La experiencia me dice que los dogmas relacionados con María resultan especialmente sensible para los católicos. No estoy diciendo que carezcan de esa sensibilidad en relación con otros temas, pero, sinceramente, no me imagino a un católico enardecido por una discusión acerca del Espíritu Santo y si, por ejemplo, procede del Padre y del Hijo. Esa serenidad, mayor o menor, con que pueden abordar el acercamiento a determinados dogmas suele quebrarse, sin embargo, en relación con los relacionados con la figura de María. En esos casos se produce un elemento claramente emocional ausente en otros y ya de por si esa circunstancia explicaría la insistencia en que los protestantes no creen en María.

Creo haber dejado de manifiesto en anteriores entregas que esa afirmación no se corresponde con la realidad ya que los protestantes sí creemos en María, pero, única y exclusivamente, en los términos contenidos en las Escrituras.

Otro ejemplo de esa circunstancia lo tenemos en el dogma católico de la virginidad perpetua de María.

Debo aclarar, en primer lugar, que ese tema, a diferencia de lo relacionado con su culto o su mediación, carece, a mi juicio, de relevancia teológica. Que María mantuviera después del nacimiento de Jesús relaciones conyugales con José y tuviera más hijos o, por el contrario, siguiera siendo virgen no tiene, hasta donde yo acierto a ver, trascendencia teológica alguna. Sin embargo, lo cierto es que en las Escrituras existen notables indicios que señalan que María no siguió siendo virgen después del parto aunque lo fuera antes.

De entrada, encontramos la afirmación contenida en el Evangelio de Mateo en el sentido de que José “no la conoció” – es decir, no tuvo relaciones sexuales con ella – “hasta que dio a luz a su hijo primogénito” (Mateo 1, 25). Semejante traducción se ha mantenido en distintas ediciones de la traducción Nácar-Colunga, pero algunos traductores católicos han optado por alterar el texto original sustituyéndolo por “sin haberla conocido, dio a luz”. Una interpretación semejante violenta el texto original del Evangelio y, especialmente, el griego de Mateo. El pasaje en griego dice exactamente:

καὶ οὐκ ἐγίνωσκεν αὐτὴν
y no conoció la
ἕως οὗ ἔτεκε τόν υἱόν αὐτῆς τόν πρωτότοκον,
hasta que parió al hijo de ella el primogénito,
καὶ ἐκάλεσε τὸ ὄνομα αὐτοῦ ᾿Ιησοῦν.
y llamó el nombre de él Jesús.

La fórmula “hasta que” significa en Mateo justo hasta ese momento, pero no luego. Permítaseme, al respecto, citar otros ejemplos:

Mateo 2, 13
καὶ ἴσθι ἐκεῖ ἕως ἂν εἴπω σοι·
y huye a Egipto, y quédate allí hasta que diga te,
μέλλει γὰρ ῾Ηρῴδης ζητεῖν τὸ παιδίον τοῦ ἀπολέσαι αὐτό.
va Porque Herodes a buscar al niño para perder lo.

Mat 2:15
καὶ ἦν ἐκεῖ ἕως τῆς τελευτῆς ῾Ηρῴδου,
y estuvo allí hasta la muerte de Herodes

Mat 5:26
ἀμὴν λέγω σοι, οὐ μὴ ἐξέλθῃς ἐκεῖθεν ἕως ἂν
Verdaderamente digo te, no en absoluto saldrás de allí hasta que
ἀποδῷς τὸν ἔσχατον κοδράντην.
pagues el último cuadrante.

Mat 10:11
εἰς ἣν δ᾿ ἂν πόλιν ἢ κώμην εἰσέλθητε, ἐξετάσατε
En la que acaso ciudad o pueblo entréis, preguntad (si)
τίς ἐν αὐτῇ ἄξιός ἐστι, κἀκεῖ μείνατε ἕως ἂν ἐξέλθητε.
alguien en ella digno es, y allí permaneced hasta que salgáis,

Mat 11:13
πάντες γὰρ οἱ προφῆται καὶ ὁ νόμος ἕως ᾿Ιωάννου
todos Porque los profetas y la ley hasta Juan
προεφήτευσαν·
profetizaron.

Mat 17:9
Καὶ καταβαινόντων αὐτῶν ἀπὸ τοῦ ὄρους ἐνετείλατο
Y descendiendo ellos de el monte ordenó
αὐτοῖς ὁ ᾿Ιησοῦς λέγων· μηδενὶ εἴπητε τὸ ὅραμα
les Jesús diciendo: a nadie digais la visión
ἕως οὗ ὁ Υἱὸς τοῦ ἀνθρώπου ἐκ νεκρῶν ἀναστῇ.
hasta que el Hijo del hombre de muertos se levante.

Mat 18:21
Τότε προσελθὼν αὐτῷ ὁ Πέτρος εἶπε· Κύριε, ποσάκις ἁμαρτήσει
Entonces acercándose a él Pedro dijo: Señor, ¿cuántas veces pecará
εἰς ἐμὲ ὁ ἀδελφός μου καὶ ἀφήσω αὐτῷ; ἕως ἑπτάκις;
contra mi el hermano de mi y perdonaré a él? ¿Hasta siete veces?

Mat 18:30
ὁ δὲ οὐκ ἤθελεν, ἀλλά ἀπελθὼν ἔβαλεν αὐτὸν
El sin embargo no quería, sino que saliendo arrojó lo
εἰς φυλακὴν ἕως οὗ ἀποδῷ τὸ ὀφειλόμενον.
en prisión hasta que devuelva lo debido.

Mat 18:34
καὶ ὀργισθεὶς ὁ κύριος αὐτοῦ παρέδωκεν αὐτὸν
Y encolerizándose el señor de él entregó lo
τοῖς βασανισταῖς ἕως οὗ ἀποδῷ
a los torturadores hasta que devolviera
πᾶν τὸ ὀφειλόμενον αὐτῷ.
todo lo debido a él.

Podría citar más ejemplos, pero, a tenor del texto original griego de Mateo, resulta más que obvio que sólo torturaron al mal siervo hasta que pagó (y no después); que los discípulos se quedaban en una casa hasta que se iban de la ciudad (y no después) y que José se abstuvo de mantener relaciones sexuales con María hasta el parto de Jesús (y no después). Precisamente por ello, los pasajes relacionados con los “hermanos y hermanas” de Jesús han sido interpretados habitualmente como relacionados con hermanos y hermanas.

Tanto Mateo como Marcos (Mt 13, 55 ss; Mc 6, 3 ss) hacen referencia a esos hermanos llamados Santiago, José, Simón y Judas – y Juan, sin citarlos por nombre, indica de ellos que no creyeron en Jesús en vida del mismo (Jn 7,5). Igualmente Lucas señala que, al igual que la madre de Jesús, estaban tempranamente integrados en la comunidad jerosilimitana, incluso con anterioridad a Pentecostés (Hch 1, 14). La razón de esta conversión – que casi podríamos denominar súbita – es atribuida por las fuentes cristianas al hecho de que, siquiera Santiago, fue objeto de, al menos, una aparición del Jesús resucitado. Desde luego la tradición al respecto debe ser muy temprana y cuenta con muchas posibilidades de resultar fidedigna porque Pablo (1 Cor 15, 7), a mediados de los años cincuenta del s. I, ya la señala como antigua y procedente de cristianos anteriores a él.

Establecezcamos exactamente el significado de “hermanos” cuya base y punto de partida son -reconozcámoslo– más teológicos y dogmáticos que propiamente históricos. Josefo parece haber entendido que eran hermanos carnales y en el mismo sentido ha sido comprendido el término “adelfós” con el que se califica a Santiago por los autores judíos posteriores. De esa misma opinión fueron también algunos de los Padres de la Iglesia, como Hegesipo (que nos ha llegado a través de Eusebio de Cesarea), Tertuliano (De carne Christi VII; Adv Marc IV, 19; De monog VIII; De virg vel VI) o Juan Crisóstomo (Homilia 44 sobre Mateo 1) – este último además no parece haber tenido un concepto muy elevado de la madre de Jesús – que consideraban a Santiago como hermano de Jesús e hijo de María.

En general, los autores católicos – persiguiendo, sin duda, no colisionar con la doctrina de la virginidad perpetua de María – han señalado que la palabra “hermano” en hebreo y arameo tiene un sentido más amplio que en castellano y que precisamente con ese campo semántico habría que aplicarla a Santiago y a los demás hermanos de Jesús. Ciertamente tal tesis es posible, pero resulta difícil creer que Pablo, el autor de los Hechos, Marcos y Juan, escribiendo en griego y para un público en buena medida helénico, utilizaran la palabra “adelfós” para referirse a Santiago y los demás hermanos de Jesús proporcionándole un significado distinto del que tiene en esa lengua y más cuando contaban con términos específicos para “primos” (Anepsios en Colosenses 4, 10) o “parientes” que corresponde a “synguenes” o “synguenys” y que encontramos en Marcos 6, 4; Lucas 1, 58; 2, 44; 14, 12; 21, 16; Juan 18, 26; Hechos 10, 24; Romanos 9, 3; 16, 7, 11 y 21. Desde luego, no deja de ser chocante que si los evangelistas creían que los “hermanos” eran parientes y no “hermanos” en lugar de utilizar “synguenis” prefirieran llamarlos “hermanos”…

Tan poco consistente puede resultar este argumento lingüístico que Jerónimo – y en eso sería seguido posteriormente por algunas iglesias orientales – aceptó que, efectivamente, los hermanos de Jesús – incluido Santiago – eran realmente hermanos de él, pero los adscribió a un matrimonio anterior de José salvando así la creencia en la virginidad perpetua de María. Hemos estudiado con anterioridad este aspecto (1) mostrando cómo la tesis de Jerónimo es muy tardía aunque cuenta en su favor con el hecho de arrancar de algún apócrifo judeo-cristiano en el que, no obstante, pesó sin duda más el elemento apologético – librar a Jesús de la acusación de ilegitimidad – que el deseo de conservar una tradición histórica fidedigna.

Para el historiador que no se halle preocupado por defender un dogma asumido previamente, la solución más natural es la de aceptar que Santiago, José, Simón y Judas fueron hermanos de Jesús e hijo de María, aunque no cabe duda de que las otras posibilidades – “hermano” = “pariente” o “hermano” = hijo anterior de José – no son del todo improbables si bien deberíamos preguntarnos con P. Bonnard si “¿se habrían derrochado tales tesoros de erudición para probarlo si no lo hubiese exigido el dogma posterior?” (2). La pregunta se responde por si sola.

Así pues, en este aspecto –insisto que, a mi juicio, bastante secundario– los protestantes no despreciamos a María ni nos distanciamos desdeñosamente de ella. Por el contrario, nos quedamos con lo que enseña la Biblia porque creemos que es la Palabra de Dios y que lo que nos ha transmitido es infinitamente más fiable que cualquier tradición humana posterior por mucha aceptación que haya podido llegar a tener.

CONTINUARÁ: De algunos mitos difundidos sobre el protestantismo (XVIII) Los protestantes no creen en la Virgen (6): el culto a las imágenes y la corredención

Artículos anteriores de esta serie:
1 Juan Calvino y la Inquisición
2 Enrique VIII y los protestantes ingleses
3 Inglaterra y María la sanguinaria
4 Cisneros ¿precursor de la Reforma?
5 Juan de Valdés y la Reforma en España
6 Juan de Valdés huye de la Inquisición
7 Españoles del siglo XVI con la Reforma
8 Las ekklesias y «la» Iglesia católica
9 La verdadera Iglesia no tiene Papa
10 Salvación por gracia, no por obras
11 Carta de Santiago: fe, salvación y obras
12 Obispos casados
13 Los protestantes y la Virgen María
14 María durante el ministerio de Jesús
15 La Inmaculada Concepción
16 El culto a la Virgen María

(1) César Vidal Manzanares, “La figura de María en la literatura apócrifa judeo-cristiana de los dos primeros siglos”, en ”Ephemerides Mariolo¬gicae”, 41, Madrid, 1991, pgs. 191-205.
(2) P. Bonnard, ”El Evangelio según san Mateo”, Madrid, 1983, p. 287.

http://www.protestantedigital.com/new/nowleerarticulo.php?r=325&a=3605