María, LA MEDIADORA DE TODA GRACIA Parte 3


Explicación 3: La mediación de María promueve la unión inmediata con Cristo

Quién es esta deidad adorada bajo varios nombres y considerada patrona de muchos pueblos asirios, babilonios y fenicios y a la cual se refiere el profeta Jeremías (Jer. 7.10; 44.17-29)? La Reina del Cielo probablemente se refiere a Astarot o Istar, diosa del amor y la fertilidad identificada con la luna cuya adoración Moisés prohibió estrictamente (Deut. 4.19; 17.3).

Durante los tiempos del apóstol Pablo se le conocía como Diana de los Efesios. Este era el nombre latino de la divinidad más celebre de Asia Menor. Conocida también como Artemisa, era una deidad lunar y encarnaba varias diosas orientales que, bajo el sincretismo de la época, asumían diferentes nombres según la región donde se le adorase.
Las tortas de sacrificio mencionadas en estos pasajes eran similares a las que los griegos ofrecían a Artemisa. Tenían la forma de una luna creciente o de una luna llena y eran ofrecidas durante el mes de Munychion, mes dedicado a la adoración de la luna.

El culto o la idolatría de la diosa madre de Babilonia llamada Semiramis se propagó a todas las regiones de la tierra tras la confusión de los idiomas en BabeL Los chinos la llamaban Shingmoo. Para los germanos era Hertha, para los egipcios era Isis. En la India se le conocía como Indrani; en el Japón, como Amaterasu.
Los pueblos que emigraron al nuevo continente llevaron consigo la idolatría a la Reina del Cielo y como talla veneraban. Los aztecas la veneraban bajo el nombre de Xochiquétzal, los chibchas como Bachue y los muiscas como Hiutaca. Cada pueblo le conocía con un nombre diferente y con frecuencia la deidad tomaba las facciones y el color de la piel del pueblo que le adoraba.

Durante el proceso de «evangelización» de los indígenas del nuevo continente, se procuró el sincretismo que la Iglesia Cristiana hacía más de mil años había adoptado. Bajo el nombre de María la madre de Jesús se había continuado la idolatría a la Reina del Cielo. Los misioneros en su afán por la evangelización de las tribus, simplemente adaptaron las deidades de los nativos y con APARICIONES de dudoso origen «bautizaron» la deidad con un nombre cristiano; mezclaron la idolatría de estos con un nombre aceptable a todos y le continuaron adorando bajo un nuevo disfraz. De allí surge la veneración a las diferentes «vírgenes» en todo el continente iberoamericano con sus diferentes nombres, títulos, facciones, color de piel y vestimentas.

Hoy día aún se venera esta deidad en todas las naciones del globo terráqueo. En nuestro continente se la identifica como María la madre de Dios, aunque asume diferentes títulos y tiene diferentes semblantes. La vemos en el culto a la Virgen De Guadalupe, a la Virgen de Chiquinquirá, a la Virgen de la Caridad del Cobre, a la Virgen de Coromoto y muchos otros más. Bajo el nombre de Nuestra Señora asume diferentes títulos como Nuestra Señora la Reina del Cielo, Nuestra Señora del Cielo Reina De Los Ángeles o Nuestra Señora de la Asunción. Similarmente a las de los babilonios, asirios y fenicios, estas deidades han sido consagradas como patronas de diferentes ciudades, regiones y naciones de nuestro continente. (Héctor P. Torres) [0]

Union con Cristo

LA UNIÓN CON CRISTO POR MEDIO DEL ESPÍRITU SANTO NO ES UN tema periférico en la teología bíblica, si bien suele ser dejado de lado. Es un pensamiento clave en la enseñanza del Señor, como este capítulo lo demostrará, y es tan importante en la teología paulina que un comentarista la ha llamado

“el corazón de la religión de Pablo”.[1]

John Murray ha escrito que

“la unión con Cristo es la verdad central de toda la doctrina de salvación”.[2]

Calvino explica el punto diciendo:

“Solamente esta unión asegura que, en cuanto a nosotros respecta, él [Jesús] no vino en vano con el nombre de Salvador”.[3]

A. W Pink es quizás el más enfático de todos.

“El tema de la unión espiritual es el más importante, el más profundo, y además el más bendecido de todos los presentados en las Sagradas Escrituras; y sin embargo, si bien es triste afirmarlo, no hay otro tema que sea hoy tan descuidado. La expresión “unión espiritual” es desconocida en la mayoría de los ámbitos cristianos profesantes, y donde es empleada se le otorga un significado tan rebuscado que sólo lleva un fragmento de esa preciosa verdad”.[4]

Este tema bíblico es indispensable para comprender la obra del Espíritu Santo al aplicar los beneficios de la expiación de Cristo en el cristiano.Como con la mayoría de las enseñanzas del Nuevo Testamento, la simiente de esta doctrina la encontramos en las palabras registradas de Jesús, en este caso transmitida bajo diversas metáforas e ilustraciones.

Una metáfora clave es la de la vid y los pámpanos:

  • “Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer” (Jn. 15:4-5).

Otra metáfora la encontramos en aquellos pasajes que hablan de comer a Cristo como uno comería un trozo de pan (Jn. 6:35) y de beberlo como uno podría beber agua (Jn.
4:10-14; comp con Mat. 26:26-28).

La misma idea está también sugerida en la forma en que los seguidores de Cristo han de ser recibidos o rechazados por el mundo, ya que esto es equivalente a una recepción o rechazo de él mismo:

  • “El que a vosotros oye, a mí me oye; y el que a vosotros desecha, a mí me desecha; y el que me desecha a mí, desecha al que me envió” (Lc. 10:16).

En la oración sacerdotal del Señor, registrada en el capítulo 17 de Juan, esta unión está analizada explícitamente:

  • “Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste… Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado” (vs. 20-21,23).

Esta doctrina está luego enfatizada y desarrollada ampliamente en los escritos de Pablo. Pensemos en las fórmulas paulinas más importantes, “en él”, “en Cristo”, “en Cristo Jesús”, que ocurren 164 veces en sus escritos.

Por medio de estas expresiones, Pablo nos enseña que

  • hemos sido escogidos “en él antes de la fundación del mundo” (Ef. 1:4),
  • llamados (1 Co. 7:22),
  • hechos vivos (Ef. 2:5),
  • justificados (Gá. 2:17),
  • creados “para buenas obras” (Ef. 2:10),
  • santificados (1 Co. 1:2),
  • enriquecidos “en él, en toda palabra y en toda ciencia” (1 Co. 1:5),
  • asegurados de la resurrección (Ro. 6:5).

El apóstol nos dice que únicamente en Cristo tenemos

  • redención (Ro. 3:24),
  • vida eterna (Ro. 6:23),
  • justificación (1 Co. 1:30),
  • sabiduría (1 Co. 4:10),
  • estamos libres de la ley (Gá. 2:4),
  • y disfrutamos de toda bendición espiritual (Ef. 1:3).

Él da testimonio sobre su propia experiencia cuando dice:

  • “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gá. 2:20).

A partir de todas estas expresiones podemos decir que la unión del creyente con Cristo es un concepto extremadamente amplio, que tiene que ver no sólo con nuestra experiencia actual de Jesús sino que también se remonta a la eternidad pasada y se extiende hacia adelante, al futuro sin límites.

Primero, si miramos hacia atrás, la fuente de salvación la encontramos en la elección eterna del individuo por Dios el Padre en Cristo. Este es el significado de todo el pasaje del capítulo 1 de Efesios, del cual ya hemos citado algunas partes;

  • “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo” (Ef. 1:3-4).

Es posible que no podamos comprender todo el significado de esta elección eterna en Cristo, pero al menos podemos entender que no importa cuánto nos remontemos atrás en el tiempo, encontraremos que los propósitos de Dios involucraban nuestra salvación. La salvación no es un pensamiento a posteriori. Siempre estuvo allí desde el principio.[5]

Sin embargo,los teologos catolicos romanos relacionan esta union mistica con Maria,diciendo que es la mediación de María lo que promueve la unión inmediata con Cristo,confundiendo así a María con el rol del Espíritu Santo,que es quien nos une a Cristo.

La razón final que el Concilio Vaticano II dio para justificar el papel; María como comediadora fue que su mediación

… de ninguna manera oscurece ni disminuye esta única mediación de Cristo, antes bien muestra su eficacia. -Concilio Vaticano II [7]

No está claro cómo es que María promueve la unión inmediata con Cristo, puesto que la Iglesia Católica en realidad desalienta a los católicos a que traten de acudir directamente a Cristo. Comienza diciendo a los fieles que el custodio de todas las bendiciones no es Cristo, sino María. Ella es

«el asiento de todas las gracias divinas y está adornada con todos B* dones del Espíritu Santo… un tesoro casi infinito, un abismo inagotable…» [8]

Según la Iglesia Católica:

Dios le ha asignado a ella el tesoro de todas las cosas buenas a fin de que todos sepan que a través de ella se obtienen toda esperanza, toda gracia y toda salvación. Porque esta es su voluntad, que obtengamos todo a través de María.-Ubi Primum [9]

Si los católicos desean recibir cualquier cosa de Dios, la iglesia les dice que primero deben hablar con María. Ella se sienta

«a la diestra de su Hijo, un refugio tan seguro y una ayuda de tanta confianza contra todos los peligros que no tenemos nada que temer ni desesperar bajo su guía, su patrocinio, su protección».[10]

Allí actúa como la

«Mediadora para el Mediador».[11]

Toda solicitud al trono de Dios debe primero pasar su escrutinio:

«…así como ninguno puede acercarse al Padre altísimo excepto a través del Hijo, de la misma forma nadie puede acercarse al Hijo sin primero ir a través de su Madre.»[12]

El intento de llegar a Dios sin primero pasar por María es como

«tratar de volar sin alas».[13]

Además, todas las bendiciones que vienen desde el cielo deben primero pasar a través de María:

Toda gracia otorgada a los hombres tiene tres pasos sucesivos: Es comunicada por Dios a Cristo, de Cristo pasa a la Virgen, y de la Virgen desciende a nosotros.

-Jucunda Semper [14]

Cristo es la fuente de bendición, pero María es el canal:

«.. .toda bendición que viene a nosotros del Dios Todopoderoso nos llega a través de las manos de Nuestra Señora».[15]

Esto incluye la salvación. Se dice que María es la

«mediadora de Nuestra Salvación»[16]

y el

«instrumento y guardiana de nuestra salvación».[17]

El papa León XIII oró con estas palabras:

O Virgen Santísima, nadie abunda en el conocimiento de Dios excepto mediante ti; ninguno, O Madre de Dios, obtiene salvación excepto mediante ti, ninguno recibe un don del trono de misericordia excepto mediante ti.-Adiutricem Populi [18]

La oración del papa León XIII sería correcta si hubiera estado hablando del Señor Jesús en vez de María. Sólo mediante Cristo podemos conocer a Dios (Jn. 1:18), obtener salvación (Jn. 14:6), y recibir misericordia ante el trono de la gracia (He. 4:14-16).´

Es «por medio de Él que tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre» (Ef. 2:18). Esta es la fórmula bíblica para acercarse a Dios: a través del Hijo, en el Espíritu, al Padre, Cristo enseñó a sus discípulos a orar en el nombre del Hijo directamente al Padre (Jn. 16:26, 27). En consecuencia, los cristianos bíblicos oran en el nombre de Jesús, no de María (Jn. 14:13, 14).

El creyente que se acerca al trono de Dios mediante Jesús puede hacerlo asegurado de la aceptación: «…teniendo libertad [confianza] para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo» (He. 10:19). En Cristo Jesús «tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él» (Ef. 3:12).

Las Escrituras exhortan: «Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro» (He. 4:16).

La enseñanza de la Iglesia Católica Romana de que los fieles deben ir a Jesús a través de María contradice estas verdades. Destruye el contacto estrecho y directo entre Cristo y los redimidos, pues de los tales es dicho privilegio.

La Biblia describe esta relación en términos de un cuerpo. Cristo «es la cabeza del cuerpo que es la iglesia» (Col. 1:18). Todos «somos miembros de su cuerpo» (Ef. 5:30). Esta metáfora habla de la unión inmediata y sin estorbo de cada creyente con Cristo. No da lugar para la mediación de María como lo enseña erróneamente la Iglesia Católica Romana.

Aunque dicha iglesia concuerda en que los fieles son el cuerpo de Cristo y que Él es la cabeza de ese cuerpo, no obstante añade que María es

… la porción de conexión cuya función es unir el cuerpo con la cabeza y transmitir al cuerpo las influencias y voliciones de la cabeza, es decir el cuello. Sí, dice San Bernardín de Siena, «ella es el cuello de Nuestra Cabeza por el cual Él comunica a su cuerpo místico todos los dones espirituales».-AdDiem [19]

La función de María como cuello del cuerpo de Cristo también carece de apoyo bíblico. Entre Dios y los hombres hay un sólo mediador, no dos (I Ti. 2:5). La función de María como dispensadora de todos los dones espirituales es igualmente antibíblico. Las Escrituras, sin mencionar a María para nada, dicen que todas las bendiciones espirituales vienen del Padre celestial: “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre tic las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.(Stgo 1:17)

Un comentarista ha escrito:

“La primer tarea que el Espíritu Santo llevó a cabo en representación nuestra fue la de elegirnos como miembros del cuerpo de Cristo. En sus decretos eternos, Dios determinó que no estaría siempre solo, que de la multitud de hijos de Adán, un gran número se convertirían en hijos de Dios, partícipes de la naturaleza divina y conformes a la imagen del Señor Jesucristo. Esta compañía, la plenitud de aquel que todo lo llena, se convertirían en hijos por el nuevo nacimiento, pero en miembros del cuerpo por el bautismo del Espíritu Santo”.[20]

Segundo, en el presente estamos unidos con Cristo en nuestra regeneración o nuevo nacimiento. Jesús se refirió a esto en su conversación con Nicodemo:

  • “El que no naciere del agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Jn. 3:5).

Pablo amplió esta afirmación cuando dijo que

  • “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es” (2 Co. 5:17).

Tenemos una ilustración de nuestro nuevo nacimiento en el nacimiento físico de Jesucristo. En su nacimiento, la vida divina y sin pecado del Hijo de Dios fue colocada dentro del cuerpo humano pecaminoso de la virgen María. Por un tiempo pareció como si esta vida divina hubiese sido tragada. Pero eventualmente se reveló con el nacimiento del niño Jesús.
De manera análoga, nosotros experimentamos la vida divina dentro nuestro cuando el Espíritu de Cristo viene a morar dentro de nuestros corazones. Podemos preguntarnos como hizo María: “¿Cómo será esto? ya que yo no tengo la posibilidad de engendrar vida divina”.

Pero la respuesta la encontramos en las palabras del ángel:

  • “El Espíritu vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios” (Lc. 1:35).

No nos convertimos en seres divinos, como algunas religiones orientales creen,o como algunos Padres del cristianismo lo han interpretado erróneamnete. Pero en un cierto sentido la propia vida de Dios viene a morar dentro nuestro de manera tal que podemos ser llamados con justicia hijos e hijas de Dios. Como fuimos unidos a Cristo en el momento de su muerte sobre la cruz, la redención del pecado nos ha sido asegurada, y somos justificados de todo pecado.

Pablo escribe:

  • “¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?” (Ro. 6:3).

Y en otra ocasión dice:

  • “en quien tenemos redención por su sangre” (Ef. 1:7).

Cuando Jesús murió sobre la cruz, aquellos de nosotros que estábamos unidos a él por medio de la fe salvadora también morimos con él en lo que respecta al castigo que nos correspondía por el pecado. Dios el Padre hizo morir a Dios el Hijo. Como estamos unidos a él, en cierto sentido también a nosotros nos hizo morir. Al hacerlo, nuestro pecado fue castigado y nunca más hemos de temer que pueda volver a surgir para atemorizarnos.[21]

Como lo expresó Henry G. Spafford en ese himno tan conocido: [22]

De paz inundada mi senda ya esté,

O cúbrala un mar de aflicción,

Mi suerte cualquiera que sea, diré:

“Estoy bien, tengo paz, ¡Gloria a Dios!¨

Estoy bien, ¡Gloria a Dios!

T engo paz en mi ser, ¡Gloria a Dios!

Ya venga la prueba o me tiente Satán,

No amenguan mi fe ni mi amor;

Pues Cristo comprende mis luchas, mi afán

Y su sangre vetió en me favor.

Estoy bien, ¡Gloria a Dios!

Tengo paz en mi ser, ¡Gloria a Dios!

Feliz yo me siento al saber que Jesús,

Libróme de yugo opresor;

Quitó mi pecado, clavólo en la cruz:

Gloria demos al buen Salvador.

Estoy bien, ¡Gloria a Dios!

Tengo paz en mi ser, ¡Gloria a Dios!

La fe tornaráse en gran realidad

Al irse la niebla veloz;

Desciende Jesús con su gran majestad,

“Estoy bien, con mi Dios. ¡Aleluya!¨

Estoy bien, ¡Gloria a Dios!

Tengo paz en mi ser, ¡Gloria a Dios!

Como estamos unidos a Cristo en su muerte, también estamos unidos a él en su vida.

Pablo desarrolla este pensamiento en el capítulo 6 de la epístola a los Romanos:

Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado.

  • Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él; sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él. Porque en cuanto murió, al pecado, murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive. Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro. (Ro. 6:4-11).

Mediante nuestra identificación con Cristo en su muerte el poder del pecado sobre nosotros ha sido quebrado, y ahora estamos libres para obedecer a Dios y crecer en santidad.

Por último, al mirar hacia adelante, nuestra identificación con Cristo en esta unión espiritual nos asegura nuestra resurrección final (Ro. 6:5; 1 Co. 15:22) y nuestra glorificación (Ro. 8:17). Como estamos unidos a Cristo, eventualmente hemos de ser como él es. Como nunca podremos separarnos de él, siempre estaremos
con él (1 Jn. 3:2).

En un sentido, “la unión con Cristo” es la salvación. Murray escribe,

“Vemos que la unión con Cristo tiene su origen en la elección de Dios el Padre antes de la fundación del mundo y que tiene su culminación en la glorificación de los hijos de Dios. La perspectiva del pueblo de Dios no es estrecha; es amplia y es extensa. No está confinada en el tiempo y el espacio; tiene la expansión de la eternidad. Su órbita tiene dos puntos focales, uno de ellos es el amor electivo de Dios el Padre en los consejos de la eternidad, el otro es la glorificación con Cristo en la manifestación de su gloria. La primera no tiene principio, la segunda no tiene fin”.[23]

Fuera de Cristo no seria posible contemplar nuestro estado sin otro sentimiento que no fuera de horror. Unidos a él todo cambia, y el horror se convierte en una paz indescriptible y en un gozo inconmensurable. [24]

Uno de los pecados que más rechaza nuestro Dios, es la idolatría. La razón es que éste pecado en particular trae maldiciones sobre individuos, ciudades y naciones de una forma tan grande que aún su efecto cae sobre las generaciones venideras. La Biblia es clara en que la idolatría es el pecado que Dios más aborrece. No es casual que los primeros dos mandamientos dados a Moisés hablen acerca de esto y sus consecuencias sobre el pueblo.

  • “Entonces les dije: cada uno eche de sí las abominaciones de delante de sus ojos, y no os contaminéis con los ídolos de Egipto. Yo soy Jehová vuestro Dios. Mas ellos se rebelaron contra mí, y no quisieron obedecerme; no echó de sí cada uno las abominaciones de delante de sus ojos, ni dejaron los ídolos de Egipto; y dije que derramaría mi ira sobre ellos, para cumplir mi enojo en ellos en medio de la tierra de Egipto. Antes dije en el desierto a sus hijos: No andéis en los estatutos de vuestros padres, ni guardéis sus leyes, ni os contaminéis con sus ídolos.” Ez. 20.7-8; 18

Según Hector Torres:

“Debido a que Él es un Dios que no quiere que ninguno perezca (2 Pe. 3:9) , mi hipótesis es que su aborrecimiento de la Reina del Cielo se debe a que ella es el principado demoniaco bajo Satanás, más responsable de mantener a los incrédulos en la oscuridad espiritual. Bien podría ser que actualmente hay más personas en el infierno debido a la influencia de la Reina del Cielo, que por cualquier otra influencia espiritual.”[25]

  • 2 Pedro 3:9 “El señor no retarda su promesa, según algunos tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procederán al arrepentimiento.”
  • “No es que Dios sea lento para cumplir su promesa, como algunos piensan. Lo que pasa es que Dios tiene paciencia con ustedes, porque él no quiere que nadie muera, sino que todos vuelvan a obedecerle” (versión Biblia para todos)

De acuerdo a ciencias como la Arqueología y Antropología se ha podido verificar que desde tiempos muy primitivos los hombres desarrollaron modelos religiosos primitivos. Los usos funerarios demuestran su creencia en una vida después de la muerte. Desde tiempo antiguo aparecen las famosas figuras de Venus esculpidas en distintos materiales, marfil, hueso y piedra, especialmente en el período gravetiense, 25.000 a. C. Estas figuritas se encuentran en toda Europa, las más conocidas de ellas la Venus de Willendorf en Austria y la de Lemogne en Francia. Todas ellas tienen rasgos característicos parecidos y distorsionados: las partes corporales de las funciones sexuales y de gestación están excesivamente ampliados, por el contrario, se presta poca atención a la cara, a los brazos y a las piernas.
Esta diosa madre fue la precursora de la diosa mesopotámica Isthar y luego Astarté, pues ya en las culturas de Eurasia septentrional las mujeres tenían diosas similares del nacimiento y les daban protección tanto en su embarazo como en el parto.
Precisamente el interés mostrado por parte de sus autores en las partes sexuales denota que estas Venus querían representar las divinidades de la fertilidad del crecimiento y de la fecundidad. Nos encontramos por primera vez, ante representaciones reales de una persona espiritual, “la diosa madre”. El descubrimiento de la agricultura fue un gran cambio en la vida de la gente de aquella época. Éste modo de vida hizo posible que una población pudiese establecerse en un lugar determinado, dando lugar a la fundación de ciudades; debido a este asentamiento hubo un impacto importante sobre la religión. Las funciones que hasta ahora había tenido la diosa-madre de la fertilidad, fecundidad y del crecimiento, pasan a adaptarse a las necesidades de los agricultores y, a partir de ahora, se le empieza a llamar diosa de la tierra y de la vegetación.[26]

Sabemos que tenemos un Dios vivo y por lo tanto éste respira, puede ver, palpar, oler, hablar, caminar y la única manera para que haga esto es que tenga un corazón. En el corazón es donde guardamos nuestras emociones, sentimientos, etc.Como Jesús es el fundamento de nuestra fe, y Jesús no cambia, todo lo que se edifique sobre él también será permanente. Los que pertenecen a Cristo no perecerán sino que permanecerán hasta el fin.Confiemos en Dios que es profundamente misericordioso

“Por cuatro años”, dice el doctor W.R. Hotchkiss, “he vivido solo en el África. Treinta veces he sido atacado por la fiebre, tres veces atacado por leones y varias veces por rinocerontes; no pocas veces los nativos me han tendido emboscadas y por cuatro meses no he visto una pieza de pan, teniendo que limitarme a comer todas las cosas, desde hormigas hasta rinocerontes; pero permítanme que les diga que con todo gusto pasaría otra vez por todas estas experiencias, a cambio del gozo de llevar la palabra Salvador y hacerla brillar en la oscuridad que envuelve a alguna otra de las tribus del África Central”. [27]

Jesús: Nacido de una Virgen

Dos de los cuatro evangelios (Mateo y Lucas) relatan el na­cimiento virginal de Jesús, describiéndolo con cierto detalle. Juan lo asume (vea Jn. 1:14), así como lo hace Pablo (vea Gá. 4:4). Aquellas referencias son suficientes para garantizar fe en el nacimiento virginal de Jesús por los creyentes que aceptan la Biblia como la Palabra inspirada de Dios.

Algunos con una teología más liberal dudan el nacimiento virginal. Una vez que se niega esta verdad bíblica, el si­guiente paso para algunos es negar la divinidad de Cristo. Fe en el nacimiento virginal es absolutamente esencial para el cristianismo. Cuando una persona es salva, algunas veces no sabe nada del nacimiento virginal de Jesús. Algunos no han oído; otros son muy jóvenes para saber lo que significa. Sin embargo, cuando una persona llega a estar de acuerdo con Jesús como divino y la Biblia como la autoridad, negar el nacimiento virginal rechaza las enseñanzas bíblicas de Jesús. Tal negación puede resultar en una creciente incredulidad en otras verdades bíblicas. La Biblia claramente enseria que Dios es el Padre de Jesús, que El fue concebido por el Espíritu Santo (Mt. 1:18). Esta doctrina es, importante. [28]

William Dembsky,cita el caso de Karl Barth, quien a pesar de su acomodo con el criticismo bíblico, nunca estuvo dispuesto a renunciar al nacimiento virginal o a la resurrección. Para Barth el nacimiento virginal significaba la encarnación, mientras que la resurrección significaba que Cristo había conquistado la muerte. Observe que no hay ninguna necesidad lógica de conectar el nacimiento virginal a la encarnación o la resurrección al señorío de Cristo sobre la muerte. Adán no fué creado ni de una madre humana ni de un padre humano, y sin embargo, él nunca ha sido considerado como otra cosa más que un humano dentro de la tradición judeocristiana. Dentro de la teología cristiana, Jesús es considerado como el Dios encarnado: Deus incarnatus.

El nacimiento virginal no implica lógicamente que Jesús es el Dios encarnado. No obstante, el nacimiento virginal es la señal crucial de la encarnación, porque sin ella no tendríamos base para pensar que Dios se hizo carne en Jesús y solo en Jesús. De seguro, tan solo con un acto arbitrario de creencia podríamos sostener que Jesús era el Dios encarnado. Según dijera de Unamuno, podríamos desearlo así y actuar como si así fuera.

Pero las personas de otras creencias pueden hacer lo mismo con sus figuras mesiánicas. Lo que distingue a la creencia cristiana de la encarnación de otras creencias en otras encarnaciones es que la creencia cristiana está sellada con el nacimiento virginal.[29]

Considere lo que el ángel Gabriel le dijo a María cuando ella le preguntó cómo podría concebir un hijo sin contacto sexual:

  • «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios» (Lucas 1:35 RVR).

Dentro del pensamiento hebreo llamar a alguien el Hijo de Dios era hacer a esa persona igual a Dios. Los hijos, después de todo, tienen la misma naturaleza que sus padres y crecen para ser como sus padres. El dador en la concepción de Jesús fue Dios, quien se encarnó a sí mismo en Jesús a través de una virgen. El nacimiento virginal entonces llegó a ser la señal de la encarnación.

Prediquemos el verdadero evangelio de Jesucristo y no las malformaciones que los hombres realizan con Su Palabra gloriosa.

En cuanto a nuestra unión como creyentes con Cristo, vemos su obra en nosotros.

¿Cuáles fueron las consecuencias de la caída del primer hombre? (Gén 3). “El pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte” (Rom 5, 12). El pecado separa a los hombres de Dios y a los hombres entre sí; la muerte es la separación del alma y el cuerpo físico; para los que no son salvos, la segunda muerte es la separación eterna de Dios en el lago de fuego (Ap 20, 14). La relación que existía con él antes de la caída quedó interrumpida por el pecado. Pero, por la obra de su Hijo, Dios da en cambio mucho más: no nos restablece el estado anterior, sino que nos une a Cisto.

Merced a nuestra unión con Cristo, él permanece en nosotros y nosotros en él. Esto era un misterio antes de la venida de Cristo (Col 1, 26-27), algo oculto, pero ahora, en el tiempo de la gracia, es revelado por el Espíritu.

Nosotros estamos “en Cristo” ante Dios, tema importante de la epístola a los Efesios; Cristo está “en nosotros” en este mundo, como lo subraya la epístola a los Colosenses. Captar esto por la fe transforma la vida (Gál 2, 20).

Romanos 6 nos ofrece lo esencial de esta obra divina en nosotros: “Plantados”, hechos una misma planta con él (v. 5). Esto implica nuestra muerte con Cristo (v. 6-7) y nuestra resurrección con él (v. 8; ver también Efesios 2, 5-6).

El siguiente ejemplo permitirá comprender mejor nuestra unión con Cristo: un árbol frutal silvestre produce frutos de poco valor o no comestibles. Pero si se le cortan las ramas a corta distancia del tronco, y en su lugar se injerta o inserta un corto trozo de las ramas de un árbol cultivado, las ramas así injertadas van a crecer y transformar al árbol silvestre en un árbol productivo que tendrá la naturaleza del injerto.

Se trata de creer que hemos sido unidos a Cristo en su muerte y resurrección. “Consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús” (Rom 6, 11). Luego, es preciso demostrar lo que somos en Cristo o, como dice el apóstol, andar en vida nueva (v. 4). Ef 4, 22-24 precisa esta transformación: “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos”. “Despojaos”: el tiempo del verbo en griego indica un momento preciso en el pasado. Nos hemos despojado de lo que éramos por naturaleza, aunque la naturaleza pecadora aún esté en el creyente. La contrapartida es vestirnos del “nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad”. Vestirse del nuevo hombre también es un hecho cumplido en el momento de nuestra conversión. No se trata de vestirse una y otra vez, pues aquel que está en Cristo ya se ha vestido del nuevo hombre.

Por el contrario, ser “renovados en el espíritu de vuestra mente” es una acción continua. Cada día el entendimiento, la fuente de nuestros pensamientos, necesita ser renovado en la comunión con Dios por la acción de la Palabra, y por la del Espíritu Santo.

La epístola a los Colosenses extrae las consecuencias prácticas de nuestra muerte y resurrección con Cristo: “Si habéis muerto con Cristo… ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos… (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres)…?” (2, 20-22). Establecer reglas, leyes y ordenanzas para el hombre que no ha sido regenerado es legalismo.

Pero, “si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios” (3, 1-3). Hemos resucitado por la gracia de Dios. A nosotros nos corresponde buscar lo positivo, las cosas de arriba, pensar en ellas, cultivar la vida que tenemos en Cristo.

Ello implica que debemos hacer “morir lo terrenal en vosotros” (v. 5), es decir, no alimentar los desordenes carnales; también se trata de “dejar” todas las manifestaciones del carácter natural: “ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas” (v. 8). Para ello necesitamos el poder del Espíritu de Dios.

Y a esto le sigue el aspecto positivo: “Vestíos… de misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia…” (v. 12-15), en una palabra, de todo lo que la nueva vida produce. Para hacerlo posible tenemos un potente recurso: “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros” (v.16).

“Vuestra vida está escondida con Cristo en Dios” (Col 3, 3). [30]

¿La unión con Cristo significa que Jesús nació con una naturaleza pecaminosa como la nuestra, a fin de que unidos con Cristo también podamos vivir sin pecado? ¿O la unión con Cristo significa que Jesús entró en la vida como Adán, que era capaz de pecar, pero era perfecto en la mente y el espíritu? Una solución teológica puede ser afirmar que Jesús era espiritualmente igual a Adán, pero físicamente era como nosotros, con la terrible desventaja de tener el poder para vivir separado del Padre. Después de todo, él era Dios mismo. De esta manera, Jesús es más que un modelo, y ciertamente nunca las cosas fueron fáciles para él. Jesús fue condenado al ostracismo por el establishment religioso. Que yo sepa, nunca fue invitado a importantes conferencias o reuniones. Sin embargo, y aquí es donde el tema de la unidad se lleva a cabo, Jesús era Dios. [31]

¿POR QUÉ DEBEMOS PENSAR EN ESTE TEMA DE LA UNIÓN CON CRISTO?

Usted debe disciplinar su mente (1 Pedro 1:13) para pensar en este tema, y esto por tres razones:

1. Si usted no está en Cristo, entonces todavía en sus pecados. Y si usted está en sus pecados, está bajo la ira de Dios. Pero ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús (Romanos 8:1). Si no está en unión con Cristo, está bajo condenación. Por esto, le ruego para su propio bien que piense profundamente en esta enseñanza de la unión con Cristo.
2. Debe pensado para poder ser más firme como cristiano. Si usted está en Cristo, empiece a crecer en su entendimiento de esta unión con El, y será más estable como cristiano. Dos ejemplos:
a. En 1 Corintios 6, Pablo dice que los creyentes no deben tener relaciones sexuales ilícitas porque son “miembros de Cristo”. Uno que es miembro de Cristo no debe unirse con una prostituta. Muestra pues, que la doctrina de la unión con Cristo afecta nuestras vidas de una manera práctica.
b. En Colosenses capítulo 2, Pablo dice que los creyentes no pueden decir que Cristo no es suficiente para ellos. De igual manera hoy día, algunos cristianos dicen que necesitan experiencias adicionales del Espíritu Santo. Pablo contesta que los creyentes están completos por-que están en unión con Cristo. Demuestra que esta doctrina afecta nuestras creencias también.
Veremos más sobre estos puntos en la segunda parte de este libro al hablar de los resultados prácticos de la unión con Cristo.
3. Debemos pensar en la unión con Cristo por razón de la Gloria de Dios.
Las Escrituras dicen que la persona que ofrece alabanzas, glorifica a Dios. Si usted no entiende los dones y la gracia que Cristo le da, ¿cómo puede alabarle por ello?
Esto es exactamente lo que le pasó al apóstol Pablo. Al pensar en todas las bendiciones espirituales que él tenía en Cristo, escribió las palabras maravillosas de Efesios 1:3-14. Para que usted conozca esta parte de las Escrituras de tal manera que le lleve a alabar a Dios por su salvación en Cristo, el Espíritu de Dios primero tiene que enseñarle a través de su Palabra a comprender esta gloriosa doctrina de la unión con Cristo. Nuestro Señor dijo (en el día en que el Espíritu descendió):

  • “En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros”. (Juan 14:20)

El Espíritu ya vino; sigue viniendo. No esperamos otro Pentecostés, sino que creemos que El nos ayuda ahora. En Efesios 1:17, Pablo le escribía a personas que ya tenían al Espíritu, y pedía que Dios les diera “espíritu de sabiduría y revelación en el conocimiento de El”. En este libro, vamos examinando uno de los tres grandes misterios de la fe cristiana. Por esto, debemos confiar en el Espíritu Santo. El primer misterio es que Dios es un solo Dios en tres personas, el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo. El segundo es el misterio que Cristo vino a este mundo en un cuerpo. Pablo llama a esto ” el misterio de la piedad” (1 Timoteo 3:16). Cristo es una persona, una sola, pero es verdadero Dios y verdadero hombre en esta sola persona, una sola persona con dos naturalezas. El tercer misterio es este que vamos a explicar, el de la unión de Cristo con su pueblo y de su pueblo con El.[32]

Spurgeone escribio que:

Nosotros vivimos por la unión con Cristo. Si la cabeza vive, los miembros tienen vida. A menos que un miembro sea separado de la cabeza, y el cuerpo sea mutilado, vive en tanto que haya vida en la cabeza. Porque Jesús vive, cada alma que está vitalmente unida a Él, y que es un miembro de Su cuerpo, vive, según la propia palabra de nuestro Señor: “Porque yo vivo, vosotros también viviréis”. La pobre Marta estaba muy sorprendida porque Cristo resucitaría a su hermano de los muertos, pero Él dijo, como para sorprenderla más: “Todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?” Ésta es una de las cosas que debemos creer: que cuando recibimos la vida espiritual, es en unión con la vida de Cristo, y por consiguiente, no podemos morir nunca; porque Cristo vive, nuestra vida permanecerá eternamente en nosotros. [33]

Notas

  • 0. C. Peter Wagner, Héctor Torres, Cómo enfrentarnos a la reina del cielo, pags. 7-9, ed. Thomas Nelson Inc, 2001, ISBN 0881136239, 9780881136234
  • 1. James S. Stewart, AMan in Christ: The Vital Elementos of St. Paul’s Religion (New York: Harper and Brothers, n. d.), p.
    147. cit en http://www.iglesiareformada.com/Boice3.3.pdf
  • 2. John Murray, Redemption Accomplished and Applied, (Grand Rapids, Mich.: Eerdmans, 1955), p. 170. cit en http://www.iglesiareformada.com/Boice3.3.pdf
  • 3. Calvino, Institutes, p. 541. cit en http://www.iglesiareformada.com/Boice3.3.pdf
  • 4 Arthur W. Pink, Spiritual Union and Communion (Grand Rapids, Mich.: Baker, 1971), p. 7.cit en http://www.iglesiareformada.com/Boice3.3.pdf
  • 5 Donald Grey Barnhouse, God’s Freedom (Grand Rapids, Mich.: Eerdmans, 1958), The Epistle to the Romans, vol 6, p. 35. cit en http://www.iglesiareformada.com/Boice3.3.pdf
  • 6 Concilio Vaticano II, «Constitución dogmática sobre la Iglesia», n° 60.cit en James G.McArthy, El evangelio según Roma,pag. 176-183, ed. Portavoz
  • 7 Papa Pío IX, Ineffabilis Deus. cit en James G.McArthy, El evangelio según Roma,pag. 176-183, ed. Portavoz
  • 8 Papa Pío IX, Ubi Primum. cit en James G.McArthy, El evangelio según Roma,pag. 176-183, ed. Portavoz
  • 9 Papa Pío X, Ad Diem lllum Laetissimum, n° 14.cit en James G.McArthy, El evangelio según Roma,pag. 176-183, ed. Portavoz
  • 10 Papa León XIII, Fidentem Piunque. cit en James G.McArthy,El evangelio según Roma,pag. 176-183, ed. Portavoz
  • 11. Papa León XIII, Octobri Mense. cit en James G.McArthy, El evangelio según Roma,pag. 176-183, ed. Portavoz
  • 12. Papa León XIII, Augustissimae. cit en James G.McArthy, El evangelio según Roma,pag. 176-183, ed. Portavoz
  • 13. Papa León XIII, Jucunda Semper. cit en James G.McArthy, El evangelio según Roma,pag. 176-183, ed. Portavoz
  • 14. Papa Pío XI, Ingravescentibus Malis. cit en James G.McArthy, El evangelio según Roma,pag. 176-183, ed. Portavoz
  • 15. Papa León XIII, Jucunda Semper. cit en James G.McArthy,El evangelio según Roma,pag. 176-183, ed. Portavoz
  • 16. Papa León XIII, Parta Humano Generi. cit en James G.McArthy, El evangelio según Roma,pag. 176-183, ed. Portavoz
  • 17.Papa León XIII, Adiutricem Populi. cit en James G.McArthy, El evangelio según Roma,pag. 176-183, ed. Portavoz
  • 18. Papa Pío X, Ad Diem lllum Laetissimum, n° 13. cit en James G.McArthy, El evangelio según Roma,pag. 176-183, ed. Portavoz
  • 19. Traducción del hebreo «delante de mí» (Ex. 20:3), de C. F. Keil y F.Delitzsch, Commentary on the Oíd Testament (Grand Rapids: Eerdmans, reimpreso 1985), The Pentateuch, tomo 2, p. 114. cit en James G.McArthy, El evangelio según Roma,pag. 176-183, ed. Portavoz
  • 20. Murray, Redemption Accomplished and Applied, p. 164. cit en http://www.iglesiareformada.com/Boice3.3.pdf
  • 21 http://www.iglesiareformada.com/Boice3.3.pdf
  • 22 http://godspeoplesing.org/Sing/All%20Spanish%20Hymns/Estoy_Bien_RP.pdf
  • 23. Murray, Redemption Accomplished and Applied, p. 164. cit en http://www.iglesiareformada.com/Boice3.3.pdf
  • 24 http://www.iglesiareformada.com/Boice3.3.pdf
  • 25 http://rocaeterna.mforos.com/1385593/6976297-la-reina-del-cielo-dr-luis-f-orihuela-ministerios-kerigma/
  • 26. http://www.kerigma.com/Fuente/Libros/Reina/Reina.htm
  • 27. http://centraldesermones.com/sermones/nuevo/n4.htm
  • 28. Roy T.Edgemon, Las doctrinas que creen los bautistas, pag. 50, Convention Press Nashville Tennesee
  • 29. Los escépticos son aficionados a apuntar hoy hacia el filósofo neopitagórico Apolonio de Tiana como una figura mesiánica que supuestamente realizó muchas de las mismas señales de Jesús, incluyendo un nacimiento milagroso. Pero en el caso de Apolonio es claro que el paralelo con Jesús fue fraguado por escritores anticristianos para «desacre­ditar la unicidad del evangelio cristiano» (véase F. L. Cross, ed., The Oxford Dictionary of the Chrístian Church, 2da ed., s.v. «Apollonius of Tyana»). Para una explicación más extensa de Apolonio véase Everet Ferguson, Backgrounds ofEarly Christianity, 2da ed. (Grand Rapids, Mich.: Eerdmans, 1993), pp. 361-63. Un escéptico contemporáneo que en sus conferencias públicas acumula millaje anticristiano sobre Apolonio es Michael Shermer. Véase su Why People Relieve Weird Things: Pseudoscience, Superstition and Other Confusions of Our Time (Nueva York: W. H. Freeman, 1998). Las únicas explicaciones bien sostenidas de un nacimiento virginal y de una resurrección corporal son las de Jesús. cit en William Dembsky,”Diseño Inteligente”,pag. 41-42,ed. Vida
  • 30. http://artigoo.com/unidos-a-cristo, http://artigoo.com/union-a-cristo-2, http://artigoo.com/un,
  • 31. http://www.spectrummagazine.org/node/1285
  • 32. http://cebei.wordpress.com/2009/02/04/05-estudio-por-libro-02-union-con-cristo-capitulo-2-a-n-martin/
  • 33 C. H. Spurgeon – La Resurrección con Cristo cit en http://allanroman.blogspot.com/2010/03/la-union-con-cristo.html

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