María, LA MEDIADORA DE TODA GRACIA Parte 2


María, LA MEDIADORA DE TODA GRACIA Parte 2

Durante los tres primeros siglos de nuestra era, la Iglesia, tal y como nos aparece en las cartas de Pablo, estaba formada por pequeñas iglesias, familiares y locales. Éstas seguían y cumplían el Evangelio de Cristo y por supuesto, la Ley de Dios. De forma progresiva, las primitivas iglesias fueron haciéndose cada vez mas grandes y numerosas y por consiguiente surge el problema de su organización. Comienzan a adquirir los obispos un papel mucho más institucional, del cual la propia Palabra de Dios no nos dice nada, y así entramos en el proceso de desviación o “apostasía”. Se mantienen reuniones o “concilios” para discutir sobre las cuestiones que afectan a la Fe y es aquí donde comienzan las importantes desviaciones del Evangelio.

Una de las principales se refiere a la permisividad general, por parte de la organización de aquel entonces, del uso de imágenes y ritos paganos , eso si cristianizados, para así acercar a las masas religiosas gentiles, a las que les había llegado el mensaje de salvación de Cristo, pero que bajo ningún concepto querían abandonar su idolatría (cultos y ritos), es decir, su propia cultura.[0]

En el catecismo de la religión católica se le otorgan a María los títulos de “abogada, auxiliadora, socorro y mediadora”. Es por ello que a los fieles se les enseña a rezar fervientemente a la “Virgen” dándoles la seguridad de que ella llevará sus oraciones ante el Padre. Por supuesto, en la Palabra de Dios nunca se le atribuye a María ese papel que es ocupado, en exclusividad, por Jesucristo, quien con su muerte y resurrección se convierte en el único mediador entre los hombres y Dios;

  • “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres , Jesucristo hombre” (1ª Tim. 2.5). [1]

¿De dónde surge pues, la tradición de María como intercesora nuestra?.

Uno de los pasajes más conocidos del nuevo testamento es el llamado de “las bodas de Caná” que encontramos en el Evangelio de Juan, capítulo 2. María se da cuenta de que los novios no han previsto la cantidad suficiente de vino para sus invitados y pide a su Hijo que solucione el problema, pero Él le contesta que no ha llegado todavía su tiempo. María acepta la voluntad de su Hijo y ya no actúa más, es más, le dice a los criados que están sirviendo las mesas que hagan lo que Él, su Hijo, ordene, y no le pidan nada a ella, puesto que ella no tiene poder para mediar ante Dios Padre como hemos leído antes. La religión católica se basa en este pasaje para asegurar que María intercede ante el Hijo, sin reparar en que esto ocurre cuando Cristo estaba en la tierra, al igual que María y los apóstoles. Sin embargo, una vez que Cristo cumple su misión, muriendo y resucitando, para perdón de nuestros pecados, permanece junto al Padre y como único mediador entre los hombres y el Padre.

Entonces, debe existir otra base para darle esta función a María y de nuevo, nos tenemos que ir a la tradición pagana. Fue en Babilonia, cuna de las religiones paganas, donde se veneraba a la diosa Semíramis, la cual era invocada por los fieles en una actitud mediadora ante su esposo muerto, Nimrod, que era considerado el Dios supremo. El título que ostentaba esta diosa era el de “Mylitta”, es decir, mediadora.[2]

Explicación 2: La mediación de María extrae su poder de la mediación de Cristo

La segunda razón que ofrece el Concilio para explicar cómo la mediación de María no infringe sobre la misión de Cristo como único mediador tiene que ver con el mérito.Si leemos el testimonio de los Padres del Cristianismo, vemos como entendieron ellos que Cristo es el mediador entre Dios y los hombres.

Según los testimonios de la Escritura y Santos Padres, Cristo es mediador por ser Dios y hombre (San Agustín, Confesiones, lib. 10, cap. 43). El Hijo de Dios se hizo mediador al encarnarse; entonces se hizo centro de la historia humana y de toda la creación, en él confluyen Dios y el hombre; entonces se hizo padre de una nueva raza, como Adán lo era de la antigua, caída en pecado. Cristo es el segundo Adán y principio de un tiempo nuevo, caracterizado por el hecho de que su fundador no nace de la tierra, sino que desciende del cielo. Por eso, los que descienden de El no son ya de la tierra, sino del cielo. O más exactamente: cielo y tierra se compenetran en El. “Y como llevamos la imagen del terreno, llevaremos también la imagen del celestial” (I Cor. q E 15 49). [3]

La misión propia del mediador es unir a aquellos entre los que ejerce la mediación, porque los extremos se juntan en el medio. Pero unir a los hombres con Dios de manera perfecta compete en verdad a Cristo, por medio del cual los hombres son reconciliados con Dios, según estas palabras de 2 Cor 5,19: Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo. Y, por tanto, sólo Cristo es el perfecto mediador entre Dios y los hombres, en cuanto que por medio de su muerte reconcilió al género humano con Dios. Por eso, habiendo dicho el Apóstol que el hombre Cristo jesús es el mediador entre Dios y los hombres, añade en el v.6: que se entregó a sí mismo para redención de todos (1 Tim 2,5-6).[4]

Pero el Concilio V. II, dice acerca de la mediación de María que

“La misión maternal de María para con los hom­bres de ninguna manera disminuye o hace sombra a la única mediación de Cristo, sino que manifiesta su eficacia. En efecto, todo el influjo de la Santísima Virgen en la salvación de los hombres… brota de la sobreabundancia de los méritos de Cristo, se apoya en su mediación, depende totalmente de ella y de ella saca toda su eficacia”. “Ninguna creatura puede ser puesta nunca en el mismo orden con el Verbo encarnado y Re­dentor. Pero, así como en el sacerdocio de Cristo participan de diversa manera tanto los ministros como el pueblo creyente, y así como la única bondad de Dios se difunde realmente en las criaturas de distintas maneras, así también la única mediación del Redentor no excluye, sino que suscita en las criaturas una colaboración diversa que participa de la única fuente”. -Concilio Vaticano II [5]

El papa Pío X dijo algo similar, pero añadió una cualificación muy importante:

Estamos, como puede verse, muy lejos de atribuir a la Madre de Dios un poder de gracia productivo, un poder que sólo pertenece a Dios. Sin embargo, puesto que María lo lleva sobre todos en santidad y unión con Jesucristo y ha sido asociada por Jesús en la obra de redención, merece para nosotros de congruo, en el lenguaje de los teólogos, lo que Jesucristo merece para nosotros de condigno, y ella es la Ministra suprema de la distribución de las gracias.-Ad Diem [6]

En otras palabras, si al mérito se lo define estrictamente como el derecho a una recompensa justamente ganada, entonces solamente Cristo merecía la gracia. Pero si al mérito no se lo define tan estrictamente -si la recompensa involucra un elemento de la generosidad de Dios- entonccn según la declaración anterior, María también mereció para nosotros «lo que Jesucristo merece para nosotros». Además, sus méritos, junto con los de Cristo y los de los santos forman un gran tesoro:

El «tesoro de la Iglesia» es el valor infinito e inagotable que tienen ante Dios las expiaciones y los méritos de Cristo nuestro Señor, ofrecidos para que la humanidad quedara libre del pecado y llegase a la comunión con el Padre. Sólo en Cristo, Redentor nuestro, se encuentran en abundancia las satisfacciones y los méritos de su redención. Pertenecen igualmente a este tesoro el precio verdaderamente inmenso, inconmensurable y prístino que tienen ante Dios las oraciones y las buenas obras de la Bienaventurada Virgen María.-Concilio Vaticano II [7]

No sólo se dice que los méritos de María, llamados «insondables»,[8] forman parte del tesoro de la Iglesia, sino que ella también ha ganado el derecho de dispensar todos estos tesoros a los fíeles:

Y desde esta comunidad de voluntad y sufrimiento entre Cristo y María, ella mereció volverse la dignísima Reparadora del mundo perdido y la Dispensadora de todos los dones que nuestro Salvador adquirió para nosotros por su muerte y por su sangre.-A d Diem [9]

En el catolicismo romano, María más bien que Cristo es la

«Ministra Suprema de la distribución de las gracias».[10]

Cristo es el único mediador entre Dios y los hombres.

CRISTO EL MEDIADOR [11]

cruz-copia

1. Agradó a Dios en su propósito eterno, escoger y ordenar al Señor Jesucristo, su unigénito Hijo, de acuerdo al pacto en el cual habían entrado, para que fuese el mediador entre Dios y el hombre, (1) como tal, él es profeta, (2) sacerdote (3) y rey, (4) el salvador y cabeza de su Iglesia, (5) el heredero de todas las cosas, (6) y juez mundo; (7) desde la eternidad Dios le dio un pueblo para que fuese su simiente y para que a su debido tiempo lo redimiera, llamara, justificara, santificara y glorificara. (8)

(1) Is.4Z-1; 1 P. 1:19,20

(2) Hch. 3:22

(3) He. 5:5,6

(4) Sal 2:6

(5) Ef. 1:22,23

(6) Hc. 1:2

(7) Hch. 17:31

(8) Is. 53:10 Jn. 17:6; Ro. 8:30

2. El Hijo de Dios, la segunda persona de la Santa Trinidad, siendo verdadero y eterno Dios, la brillantez de la gloria de su Padre, igual y de una sustancia con Él, quien hizo el mundo y mantiene y gobierna todas las cosas que ha hecho, habiendo llegado la plenitud del tiempo, tomó sobre si la naturaleza del hombre con todas sus propiedades esenciales y con sus debilidades comunes, (9) mas sin pecado. (10) Fue concebido por el Espíritu Santo en el vientre de la Virgen Maria, una mujer perteneciente a la tribu de Judá. El Espíritu Santo vino sobre ella y el poder de Dios la cubrió. Y así, según las Escrituras, fue hecho él de una mujer, descendiente de Abraham y David. (11) Así que, dos naturalezas perfectas y distintas, se unieron inseparablemente en una persona, pero sin conversión, composición o confusión alguna. Esta persona es verdadero Dios y verdadero hombre, un Cristo, el único mediador entre Dios y el hombre. (12)

(9) Jn. 1:14; Gá. 4:4

(10) RO. 8:3; He. 2:14, 16, 17; He. 4:15

(11) Mt. 1:22,23; Lc. 1:27, 31, 35

(12) Ro. 9:5; 1 Ti.2:5

3. El Señor Jesús, en su naturaleza humana unida así a la divina, en la persona del Hijo, fue ungido y santificado con el Espíritu Santo sobre toda medida, (13) y posee todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento, (14) pues agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, (15) a fin de que siendo santo, inocente, inmaculado, (16) lleno de gracia y de verdad, (17) fuese del todo apto para desempeñar los oficios de mediador y fiador. (18) Cristo no tomó por sí mismo estos oficios, sino que fue llamado para ello por su Padre, (19) quien puso en él todo juicio y poder, y le autorizó para que desempeñara tales oficios. (20)

(13) Sal. 45:7; Hch. 10:38; Jn 3:34

(14) Col. 2:3

(15) Col 1:19

(16) He. 7:26

(17) Jn. 1:14

(18) He. 7:22

(19) He. 5:5

(20) Jn. 5:22,27; Mt. 28:18; Hch. 2:36

4. El Señor Jesús, con la mejor voluntad tomó para si estos oficios, (21) y para desempeñarlos, se puso bajo la ley, (22) la que cumplió perfectamente. También sufrió el castigo que nos tocaba a nosotros y que debíamos haber sufrido, (23) pues él llevó nuestros pecados y fue acusado en nuestro lugar. (24) Padeció dolores en su alma más allá de nuestro entendimiento y los más grandes sufrimientos en su cuerpo: (25) fue crucificado y murió, y permaneció bajo el poder de la muerte, aun cuando no vio corrupción. (26) Al tercer día se levantó de entre los muertos (27) con el mismo cuerpo que tenía cuando sufrió, (28) con el cual también ascendió al cielo (29) donde se sentó a la diestra del Padre. Allí intercede por su pueblo, (30) y cuando sea el fin del mundo, volverá para juzgar a los hombres y a los ángeles. (31)

(21) Sal. 40:7,8; He. 10:5-10; Jn. 5:18

(22) Gá. 4:4; Mt. 3:15

(23) Gá 3:13; Is. 53:6; 1 P. 3:18

(24) 2 Co. 5:21

(25) Mt. 26:37,38; Lc 22:44; Mt. 27:46

(26) Hch. 13:37

(27) 1 Co. 15:3,4

(28) Jn. 20:25,27

(29) Mr.16:19; Hch. 1:9-11

(30) Ro 8:34; He. 9:24

(31) Hch. 10:42;Ro. 14:9,10;Hch. 1:11;2 P. 2:4

5. El Señor Jesucristo, por su perfecta obediencia y por el sacrificio de sí mismo que ofreció una sola vez por el Espíritu eterno de Dios, ha satisfecho plenamente a la justicia de Dios. (32) El ha efectuado la reconciliación y ha comprado una herencia eterna en el reino de los cielos para todos aquellos dados a él por el Padre. (33)

(32) He. 9:14; Re. 10:14; Ro. 3:25,26

(33) Jn. 17:2; He.9:15

6. Aun cuando el precio de la redención no fue actualmente pagado, sino hasta la encarnación, sin embargo, la virtud, la eficacia y los beneficios de ella, se comunicaban a los escogidos en todas las épocas transcurridas desde el principio, en las promesas, tipos y sacrificios, y por medio de estas cosas, por las cuales Cristo fue revelado y designado como la simiente que quebrantaría la cabeza de la serpiente, (34) y como el cordero inmolado desde la fundación del mundo; (35) siendo él, el mismo ayer, hoy y por siempre. (36)

(34) 1 Co. 10:4; He. 4:2; 1 P. 1:10,11

(35) Ap. 13:8

(36) He. 13:8

7. Cristo en su oficio de mediador, obra; conforme a sus dos naturalezas, haciendo por cada una de éstas lo que es propio de cada una de ellas; mas por razón de la unidad de la persona, lo que es propio de una naturaleza, se le atribuye algunas veces en la Escritura a la persona denominada por la otra naturaleza. (37)

(37) Jn.3:13; Hch. 20:28

8. A todos aquellos para quienes Cristo ha obtenido eterna redención, cierta y eficazmente les aplica y comunica la misma, haciendo intercesión por ellos, (38) uniéndoles a él por su Espíritu, revelándoles en la palabra y por medio de ella el misterio de la salvación, persuadiéndoles eficazmente a creer y a obedecer, (39) gobernando el corazón de ellos por su palabra y Espíritu, (40) y venciendo a todos sus enemigos por su gran poder y sabiduría, (41) y de la manera y por los caminos que están más en conformidad con su maravillosa e inescrutable dispensación. Todas estas cosas son hechas en su libre y soberana gracia e incondicionalmente, ya que nada de mérito es previsto por él en sus elegidos. (42) Eterno de Dios, ha satisfecho plenamente a la justicia de Dios.

(38) Jn 6:37; Jn. 10:15,16; Jo. 17:9; Ro. 5:10

(39) Jn. 17:6; Ef. 1:9

(40) Ro. 8:9,14

(41) Sal. 110:1; 1 Co. 15:25,26

(42) Jn 3:8; Ef. 1:8

9. Cristo, y Solo Cristo puede ser mediador entre Dios y los hombres. El es el profeta, sacerdote y rey de la Iglesia de Dios. Su oficio de mediador no puede ser transferido a ningún Otro,

10. El triple oficio de Cristo es necesario para nosotros. Por nuestra ignorancia estamos en necesidad de su oficio profético; (44) por nuestra separación de Dios y la imperfección de nuestros servicios, aun cuando sean lo mejor, necesitamos su oficio sacerdotal para reconciliarnos con Dios y hacernos aceptables a él; (45) y debido a que nosotros hemos dado la espalda a Dios y estamos completamente incapacitados para volver a él y también porque necesitamos ser rescatados y asegurados de nuestros adversarios espirituales, necesitamos su oficio como rey para convencer, controlar, atraer, sostener, librar y preservarnos hasta que finalmente entremos en su reino celestial. (46)

(44) Jn.1:18 ~ 1:21;

(45) Gá. 5:17

(46) Jn. 16:8; Sal. 110:3; Lc. 1:74,75

La mediación de Cristo según Berkhof

Cristo se presenta en la Escritura como el Mediador del pacto. La palabra griega mesites no se encuentra en el griego clásico, sino que ocurre en Philo y en los autores griegos
posteriores. En la Septuaginta no se encuentra sino una sola vez, Job 9: 33.

La palabra inglesa “Mediator”, tanto como la holandesa “Middelaar” y la alemana “Mittler”, pueden conducirnos a pensar que mesites designa simplemente uno que arbitra entre dos partidos, y un intermediario en el sentido general de la palabra. Sin embargo, debe recordarse que la idea bíblica es mucho más profunda.

Cristo es Mediador en más de un sentido:

Interviene entre Dios y el hombre, no únicamente para abogar por la paz y para persuadir de ello, sino armado con poder plenipotenciario, para hacer todo lo que sea necesario en el establecimiento de la paz.

El uso de la palabra mesites en el Nuevo Testamento justifica que hablemos de un doble carácter medianero de Cristo, es decir, el de Fiador y el de Introductor (en griego prosagoge, Rom. 5: 2).

En la mayor parte de los pasajes en los que se encuentra la palabra en el Nuevo Testamento, equivale a egguos, y por lo mismo señala a Cristo como aquel que por haberse cargado con la culpa de los pecadores, dio fin a la relación penal que ellos tenían con la ley y los restauró a una correcta relación legal con Dios. Este es el significado de la palabra en Heb. 8: 6; 9: 15; y 12: 24. En Heb. 7: 22 el mismo término egguos se aplica a Cristo.

Sin embargo, no hay un solo pasaje en el que la palabra mesites tenga un significado que corresponda mejor con el sentido ordinario de la palabra “mediador”, uno a quien se llama para arbitrar entre dos bandos y reconciliarlos, que I Tim. 2: 5. Aquí Cristo se presenta como Mediador en el sentido de que, sobre la base de su sacrificio, trae a un acuerdo a Dios y al hombre.

La obra de Cristo, según se indica mediante la palabra mesites, es doble. Cristo obra en cosas que corresponden a Dios y en cosas que pertenecen al hombre, en la esfera legal objetiva, y en la esfera moral subjetiva.

1. En la primera hace:

  • la propiciación por el desagrado justo de Dios expiando la culpa del pecado;
  • hace intercesión por aquellos que el Padre le dio,
  • convierte en verdaderamente aceptables las personas y los servicios de ellos a Dios.

2. En el segundo,

  • el Mediador revela a los hombres la verdad respecto a Dios y a la relación de ellos con Dios, con las condiciones necesarias para un servicio aceptable,
  • los persuade y los capacita para que reciban la verdad,
  • los dirige y los sostiene en todas las circunstancias de la vida, en tal forma que perfecciona su libertad.
  • Al hacer este trabajo emplea el ministerio de hombres, II Cor. 5: 20.[12]

Mariologia y Efeso [13]

En el pasado, Éfeso fue el centro mundial del cristianismo. En los días de los apóstoles, Efeso era la tercera ciudad más grande del Imperio Romano, que hacía alarde de su población de 250.000 personas. Roma y Alejandría eran más grandes. Era una ciudad hermosa, con sorprendentes obras de arte y arquitectura, que han sido restauradas en gran parte por arqueólogos modernos. Era una ciudad portuaria, con un comercio pujante y lucrativo. En cada puerta de entrada a la ciudad había una casa con baños públicos, y a nadie se le permitía entrar sin haberse bañado completamente. Éfeso era centro de educación, con escuelas, bibliotecas y salones de conferencias. Los hogares de los ricos estaban acondicionados con tubería interior para que hubiera en ellos agua caliente y fría. Había un hospital en las cercanías del centro de la ciudad. En el impresionante anfiteatro, al aire libre, se podían acomodar 25.000 personas sentadas, quienes podían escuchar las voces del escenario sin necesidad de amplificación.

El apóstol Pablo fue el misionero que Dios escogió para llevar el Evangelio de Cristo a Éfeso, en aquel tiempo ciudad capital de la provincia romana del Asia Menor. En Éfeso, Pablo vio más fruto de su trabajo que en cualquier otro lugar que haya visitado durante sus viajes como misionero.

El Libro de los Hechos informa que

  • «[Pablo predicó el reino de Dios] por espacio de dos años, de manera que todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron la palabra del Señor Jesús» (Hechos 19.10);

y mientras Pablo estuvo allí,

  • «prevalecía poderosamente la palabra del Señor» (Hechos 19.20).

¿Qué estuvo haciendo Pablo durante esos dos años? Básicamente estuvo involucrado en una guerra espiritual, en la que puso en práctica lo que John Wimber luego llamaría «evangelismo de poder». Se desató tanto poder sobrenatural a través de Pablo y otros, que

  • «hacía Dios milagros extraordinarios por mano de Pablo» (Hechos 19.11).

¡Me encanta leer esas palabras! Parece que había tanto poder que fue necesario hacer una distinción entre los milagros «ordinarios » y los «extraordinarios». Hoy, estamos viendo cosas similares en lugares como China y Argentina. Existen tres niveles importantes de guerra espiritual, y los tres se dieron en Éfeso. El primero, es el nivel superficial de guerra espiritual, que se concentra en sacar demonios de algunos individuos. Esto es lo que Jesús mandó que hicieran sus discípulos cuando los envió diciendo:

  • «Y yendo, predicad, diciendo: El Éfeso, ayer y hoy Éfeso, ayer y hoy el reino de los cielos se ha acercado. Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios » (Mateo 10.7-8).

Normalmente, Dios sana a los enfermos y echa fuera demonios cuando los cristianos ministran directamente a las personas, imponiendo manos sobre ellos, ungiéndoles con aceite y orando por sus necesidades específicas. Estos son los milagros «comunes y corrientes». Sin embargo, en Éfeso había tanto poder que

  • «hasta los pañuelos y delantales que habían tocado su cuerpo eran llevados a los enfermos, y las enfermedades desaparecían, y los espíritus malos salían » (Hechos 19.12).

iCon razón se utiliza aquí el adjetivo «extraordinario»!

El segundo nivel es el nivel oculto de guerra espiritual contra el ocultismo. Esto significa que se lucha con poderes de las tinieblas mucho más coordinados y organizados que uno o unos cuantos demonios, que pueden estar afligiendo a una persona en determinado momento. Podemos pensar en términos de brujería o satanismo, adivinación o chamanismo, Nueva Era o Francmasonería, budismo tibetano u otras prácticas ocultistas.

Éfeso era un centro de magia en los días de Pablo. Según Clinton Arnold, en su excelente libro Los efesios: Poder y magia (Baker Books), Éfeso pudo haber sido considerado el centro de la magia en el Imperio Romano. Habría atraído a los magos más famosos, así como a aquellos que deseaban aprender de ellos el oficio. Pablo ministró a los magos en Éfeso con resultados excelentes. Con el fin de ganar para Cristo a estos accionistas del poder, Pablo sin duda tuvo varios enfrentamientos donde demostró claramente que el poder de Dios era mayor que cualquier poder sobrenatural de oscuridad con el que tenían contacto los magos.
Leemos que

  • «muchos de los que habían practicado la magia trajeron los libros y los quemaron delante de todos; y hecha la cuenta de su valor, hallaron que era de cincuenta mil piezas de plata» (Hechos 19.19).

Cuando investigué esa suma, para mi comentario sobre los Hechos, calculé que en la economía actual de los Estados Unidos, la montaña de parafernalia mágica que se quemó tuvo un costo de alrededor de i4 millones de dólares!

El tercero y más alto nivel es la guerra espiritual a nivel estratégico. Esto significa enfrentamiento a espíritus territoriales de alto rango que Satanás ha situado en un área determinada para coordinar las actividades del reino de las tinieblas, con el fin de mantener cegada la mente de las personas al «evangelio de la gloria de Cristo», como leemos en 2 Corintios 4.3-4. Pablo se refiere a esto cuando dice:

  • «No tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este mundo» (Efesios 6.12).

El espíritu territorial que gobernaba sobre Éfeso y Asia Menor era la renombrada Diana de los efesios (también conocida por su nombre griego, Artemisa).

Algunos historiadores creen que ella era quizás la deidad más venerada en todo el Imperio Romano durante esa época. Su templo en Éfeso estaba en la lista de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo; el ejemplo más sobresaliente y opulento de arquitectura en toda la ciudad. Durante todo el año se ofrecían ofrendas y sacrificios a aquel poder demoníaco. Sus seguidores la llamaban «magnífica» y «gran diosa», «salvadora» y «Reina del cielo». Antes que Pablo llegara, tenía bastante bajo control a Éfeso y sus alrededores. Sin embargo, reinó la confusión. Los demonios que supuestamente estaban bajo su autoridad, ¡con simples pañuelos estaban siendo expulsados de las personas que habían oprimido durante años! Los magos, presumiblemente sus tropas élite, estaban desertando del reino de las tinieblas en grandes cantidades, para entrar al reino de el «Jesús» a quien Pablo predicaba. iNunca antes Diana había visto algo así! Sus ejércitos se retiraban caóticamente. Estaba perdiendo rápidamente la autoridad que sobre Éfeso había mantenido por siglos.

El poder de Diana estaba siendo neutralizado por el evangelio, de tal manera que la gente común y corriente empezó a darse cuenta. Dejaron de adorarla y ofrecerle sacrificios y no volvieron a comprar sus ídolos. Cuando finalizaban los dos años de ministerio de Pablo, a los plateros que fabricaban estos ídolos se les estaba derrumbando el negocio, así que protagonizaron una manifestación pública. Llenaron el inmenso anfiteatro y gritaron durante dos horas:

  • «iGrande es Diana de los Efesios!» (Hechos 19.34)

La guerra espiritual a nivel estratégico que Pablo emprendió era similar a una guerra desde el aire en la estrategia militar moderna. Ningún comandante responsable
enviaría tropas por tierra, a no ser que la guerra ya se hubiera ganado en el aire. Eso sería cometer suicidio. Por esta razón, Pablo se aseguró de que Diana hubiera sido debilitada, antes de enviar a sus sembradores de iglesias por toda la ciudad de Éfeso y las provincias de Asia Menor. Pablo no sembró personalmente iglesias en Asia Menor (siete de las cuales son mencionadas en Apocalipsis 2 y 3). Más bien capacitó a su equipo de sembradores de iglesias en la «escuela de Tirano», una edificación escolar que alquiló, y luego los envió como tropas por tierra (Hechos 19.9-10).

Cuando Pablo salió de Éfeso, Diana había sido gravemente apaleada y debilitada. Sin embargo, no estaba totalmente fuera de combate. Pablo nunca la confrontó cara a cara, ni entró en su templo para hacer directamente guerra espiritual de nivel estratégico. Los plateros lo acusaron de haberlo hecho, pero no lograron que sus acusaciones fueran aceptadas en la corte. Diana perdió mucho de su poder debido a la agresiva guerra espiritual de Pablo, en el nivel superficial y en el nivel oculto. El reino de la oscuridad está conectado entre sí, y lo que ocurre en cualquiera de los tres niveles afecta a los demás niveles y a todo el dominio de Satanás.

Dios escogió al apóstol Juan para llevar a cabo el ataque final. La historia posterior, y no el Libro de los Hechos, nos relata que unos cuantos años, después de la salida de Pablo, Juan se trasladó a Efeso y terminó allí su carrera. Ramsay MacMullen, un reconocido historiador y profesor en la Universidad de Yale, nos ofrece algunos detalles interesantes acerca del ministerio de Juan en Efeso, en lo referente a la guerra espiritual a nivel estratégico.

MacMullen, quien es especialista en la historia del Imperio Romano, ha escrito un tratado erudito llamado La cristianización del Imperio Romano~ años 100-400 d.C. (Yale University Press). En este escrito argumenta que el factor principal en la conversión del Imperio Romano al cristianismo fue la expulsión de demonios. En su libro da muchos ejemplos de guerra espiritual.

Uno de ellos corresponde a la historia del apóstol Juan y su enfrentamiento cara a cara con Diana de los efesios. MacMullen, citando fuentes históricas, dice que Juan, a diferencia de Pablo, sí fue al templo de Diana para hacerle guerra espiritual. Según él, «en el propio templo de la mismísima Diana, Uuan] oró, “Oh Dios … ante cuyo nombre todo ídolo, todo demonio y poder inmundo huyen: haz ahora que el demonio que está aquí [en este templo] huya ante tu nombre»

  • … y mientras Juan estaba diciendo esto, de repente el altar [de Diana] se partió en muchos pedazos … y la mitad del templo se cayó» (página 26).

En su libro La Acción del Espíritu Santo en la Historia~ el Dr. Pablo Deiros dice que el choque de poderes y la guerra espiritual es también testificada por los escritos apócrifos. En los Hechos de Juan se narra un interesante episodio en el ministerio de este apóstol, cuando el poder de Dios destruyó el templo de Artemisa (Diana para los romanos) en Éfeso.

En su oración Juan declara:

Oh Dios, quien eres Dios por sobre todos los que se llaman dioses; y no obstante eres rechazado hasta este día en la ciudad de los efesios; quien me pusiste en la mente venir a este lugar, del cual nunca pensé; quien condena toda forma de adoración, convirtiendo a los hombres a ti; a cuyo nombre todo ídolo huye, y cada demonio y todo poder inmundo; ahora haz que a tu nombre huya hoy el demonio que está aquí, el engañador de esta multitud; y muestra tu misericordia en este lugar, porque ellos han sido extraviados (E. Hennecke y W. Schneemelcher, eds., New Testament Apocrypha, 2 Vals. Lutterworth Press, Londres, 1963,1965 ).

Mientras Juan estaba diciendo esto, el altar de Artemisa se rompió en pedazos, y todas las ofrendas se cayeron por el piso al igual que varias otras imágenes
que estaban sobre el altar. Casi medio templo se vino abajo y un sacerdote murió al desplomarse parte del techo. El resultado fue un gran temor y la conversión
de todos los presentes Mac Mullen sigue diciendo que este encuentro de poderes trajo a multitudes de Éfeso a la fe en Cristo. Luego hace comentarios, como historiador profesional, sobre por qué cree que éste y otros episodios en la evangelización del Imperio Romano deben ser aceptados como históricamente válidos.
Más o menos unos cincuenta años después de este suceso, casi nadie en el Imperio Romano adoraba ya a Diana. Su culto quedó reducido a una mera sombra de
lo que había sido antes que Pablo y Juan fueran a Éfeso. La ciudad de Éfeso se convirtió en el centro mundial del cristianismo durante los siguientes doscientos años.

Notas

Bibliografia:

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