De algunos mitos difundidos sobre el protestantismo (XV) Los protestantes no creen en la Virgen (3)

De algunos mitos difundidos sobre el protestantismo (XV) Los protestantes no creen en la Virgen (3)

En las últimas semanas he examinado sucintamente cómo el mito de que los evangélicos no creen en María no se corresponde con la realidad. Los protestantes creen sobre María todas y cada una de las palabras que contienen las Escrituras. Llegados a este punto, debe señalarse que no se sienten obligados a creer nada más, pero en ellos – y seguramente sorprenderá saberlo a muchos católicos – coinciden más con los católicos de los siglos pasados que con los actuales. Así, intentaré dejarlo de manifiesto en las próximas entregas.

Una de las creencias más populares – ciertamente, dogma – del catolicismo acerca de María es la de su inmaculada concepción. En breve, la creencia señala que María no nació con la marca del pecado original, una circunstancia única ya que no se da en ningún otro ser humano. Las Escrituras, desde luego, no contienen la menor mención a ese dogma y, a decir verdad, lo que enseñan de manera terminante es que TODOS – sin excepción alguna – pecaron y están destituidos de la gracia de Dios (Romanos 3:23-24), situación de la que sólo se puede salir mediante la fe en el sacrificio expiatorio de Cristo (Romanos 3:25 ss).

Ni que decir tiene que cualquier católico medianamente instruido – insisto: medianamente instruido – sabe que la salutación del ángel a María contenida en Lucas 1:28 no significa que María no cometiera nunca pecado sino, simplemente, que Dios la favorecía al elegirla para concebir al mesías. Al respecto, no deja de ser significativo que en un interesante tratado de mariología el sacerdote católico J. M. Carda afirme: “La Sagrada Escritura no habla de los orígenes históricos de María ni alude expresamente a privilegio alguno en su concepción” (El misterio de María, Madrid, 1986, p. 55) o que señale que la referencia angélica de Lucas 1:28 “no indica por si mismo una plenitud de gracia, como la indica, en cambio, la expresión pleres kharitos que se aplica a Cristo (cf. Juan 1:14)… La palabra dirigida a ella por el ángel significa sencillamente agraciada” (Idem, Ibidem, p. 56). No hace falta decir que los evangélicos compartimos ese punto de vista porque es el correcto que se desprende de la Biblia y del conocimiento de la lengua griega. Baste decir que en Efesios 1:6 se califica a los creyentes en general con el mismo término que a María en Lucas 1:28 y hasta donde yo sé no creo que nadie piense que hemos nacido sin la marca del pecado original.

De hecho, no deja de ser curioso que la primera referencia a que María no hubiera nacido sin la marca del pecado original no tuvo lugar hasta el s. V y la sostuvo… un hereje. Se trataba de Julián de Eclana, un miembro de la secta de los pelagianos, que negaba los efectos del pecado original en la especie humana. Para el hereje, María no podía haber cometido nunca pecado. Agustín de Hipona, respondiendo al herético Julián, señaló que si María se había visto libre de pecado no se debía a haber nacido sin él, sino a que había nacido de nuevo como señalaba Juan 3. No deja de ser curioso que cerca de un milenio después la iglesia católica proclamara dogmáticamente la posición del hereje y rechazara la de Agustín de Hipona. La Historia del catolicismo – sin duda, apasionante – abunda en episodios semejantes.

En el s. VIII, comenzó a celebrarse por primera vez – y en Oriente – el nacimiento de María, pero, de manera bien reveladora, no se hizo ninguna referencia a que el mismo hubiera tenido lugar sin pecado y lo mismo sucedió cuando esa fiesta llegó a Occidente nada más y nada menos que en el s. XII.

En otras palabras, durante más de un milenio las iglesia mantuvieron una posición sobre este tema mucho más cercana al protestantismo que al catolicismo actual. Sí, fue mucho más de un milenio porque todavía en el s. XIII, el famosísimo Tomás de Aquino, autor de la Summa Theologica, negaba la Inmaculada concepción por cierto sin que sobre él recayeran sanciones eclesiásticas. Así, en su Brevis Summa de fide dedicada a su compañero Fray Reinaldo, Tomás de Aquino escribió: “Ciertamente (María) fue concebida con el pecado original, como era natural… Si no hubiera sido concebida con pecado original, no habría necesitado ser redimida por Cristo y, de ser así, Cristo no sería el Redentor universal de los hombres, lo que derogaría la dignidad de Cristo” (CCXXXII bis. Hay traducción española: Compendio de teología, Barcelona, 1985).

Desde luego, no deja de ser revelador que en este tema, Tomás de Aquino sostuviera una posición similar a la del protestantismo… y totalmente contraria con el catolicismo actual. Al respecto, es significativo que cuando la mencionada obra se editó en castellano en 1862, el traductor, Carbonero y Sol, se permitiera omitir el párrafo que tan mal casaba con la enseñanza católica. Como prueba de falta de honradez intelectual y sectarismo, estuvo bien; como señal de amor a la verdad, resultó deleznable.

A finales del s. XIII, Duns Scoto hizo todo lo posible por imponer la creencia en la inmaculada concepción, pero su éxito fue limitado. El papa Sixto IV – franciscano como Scoto – se negó a apoyarla insistiendo en que nada había sido establecido todavía al respecto (DS 1426). Que a casi milenio y medio de distancia, la iglesia católica no se hubiera definido sobre tema tan importante da, desde luego, mucho que pensar. En 1439, un concilio reunido en Basilea definió el dogma, pero… el concilio no estaba en comunión con la sede papal lo que impidió que el dogma pudiera ser aceptado como tal.

Todavía en 1546, en el concilio de Trento, se tomó la decisión de no definir el dogma (DS 1516) porque a nadie se le ocultaba la posición de Tomás de Aquino y de tantos otros que habían negado la inmaculada concepción. Tan poco claro estaba el tema que en 1617, Paulo V prohibió las discusiones públicas sobre el mismo y en 1622, Gregorio XV extendía la prohibición a las conversaciones privadas. La única excepción eran los dominicos – seguidores de Tomás de Aquino a fin de cuentas – que podían abordar el tema, pero sólo en el seno de la orden y entre ellos, sin presencia de otros.

Finalmente, el dogma fue definido el 8 de diciembre de 1854 por la bula pontificia Ineffabilis Deus haciendo tabula rasa de las Escrituras, de las opiniones de teólogos como Agustín de Hipona y Tomás de Aquino y de lo que había creído el cristianismo occidental durante la mayor parte de la Historia.

Tras este breve examen, creo que mis amigos católicos comprenderán sobradamente por qué los evangélicos no creemos en la Inmaculada Concepción.
Sobre ella nada dice la Biblia y nada se creyó al menos hasta el s. XII salvo algún hereje como el refutado Julián de Eclana.
Contra ella se expresaron rotundamente Agustín de Hipona y Tomás de Aquino.
Sobre ella seguía existiendo controversia en el seno del catolicismo todavía en el s. XVII lo que acarreó prohibiciones papales de abordar el tema
El dogma no fue definido hasta la segunda mitad del s. XIX lo que, en términos históricos, equivale a ayer por la noche y
Si, finalmente, la iglesia católica se contradijo al definir el dogma ni nos sorprende ni nos turba. Nunca hemos creído que la iglesia católica fuera la única verdadera y episodios como éste nos confirman en esa apreciación.
Realmente, ¿puede alguien creer que sería sensato que arrojáramos por la borda lo que enseña la Biblia y lo que muestra la propia Historia del cristianismo occidental para abrazar un dogma de mediados del s. XIX? Cuesta creerlo.

Continuará

Artículos anteriores de esta serie:
1 Juan Calvino y la Inquisición
2 Enrique VIII y los protestantes ingleses
3 Inglaterra y María la sanguinaria
4 Cisneros ¿precursor de la Reforma?
5 Juan de Valdés y la Reforma en España
6 Juan de Valdés huye de la Inquisición
7 Españoles del siglo XVI con la Reforma
8 Las ekklesias y «la» Iglesia católica
9 La verdadera Iglesia no tiene Papa
10 Salvación por gracia, no por obras
11 Carta de Santiago: fe, salvación y obras
12 Obispos casados
13 Los protestantes y la Virgen María
14 María durante el ministerio de Jesús

http://www.protestantedigital.com/new/nowleerarticulo.php?r=328&a=3532

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El hombre actual quiere un acto de fe que sea inteligente

El hombre actual quiere un acto de fe que sea inteligente
Bernard Sesboüé: creer nos resulta difícil porque requiere desprendernos de nosotros mismos

Bernard Sesboüé. Foto: gentileza de NDC

Bernard Sesboüé es jesuita y teólogo. Ha sido profesor en el Centre Sèvre de Paris durante 32 años. Su campo de investigación ha tocado casi todos los dominios de la teología. Ha consagrado los últimos años a reflexionar sobre la cuestión de la fe. Y ha intentado responder a esta pregunta: ¿cómo hablar de la fe a los hombres y mujeres de nuestra época? Creer en Dios es todavía un compromiso de nuestra libertad. Cada uno de nosotros habla de la fe a partir de su experiencia personal. Sin embargo, el acto de creer requiere también una reflexión y la razón ocupa aquí un gran espacio. Hemos pedido a Bernard Sesboüé que responda a nuestras preguntas con la finalidad de darnos algunas indicaciones sobre la nueva forma de decir nuestra fe hoy (Bernard Sesboüé, Croire. Paris, Éditions Droguet &Ardent).
Entrevista realizada por Jérôme Martineau, Redactor Jefe de la Revista Notre Dame du Cap.

Usted ha escrito hace unos años un libro muy importante titulado “Creer”. ¿Por qué llamar la atención sobre la fe mientras otros problemas asaltan a la Iglesia?

En primer lugar que querido subrayar en este libro que la cuestión de Dios es inevitable para el hombre, incluso el de hoy. Es una cuestión que afecta a todos, a los cristianos, a los fieles de otras religiones e incluso a los ateos. Recuerdo las palabras de un filósofo del siglo XIX, famoso por su ateísmo, que decía que la cuestión de Dios le asaltaba todos los días. Este libro propone un recorrido que sigue el Credo. He querido ponerme a la altura de nuestros contemporáneos que se enfrentan a la fe. He reflexionado sobre el sentido de decir “Yo creo” antes de añadir “en Dios”. El “yo” es el punto de partida. Es el “yo” del hombre. A menudo se habla de Dios antes de preguntarse sobre este hombre que plantea la cuestión de Dios.

¿No tiene usted la impresión de que los hombres y mujeres de hoy se plantean cada vez menos la cuestión de Dios?

Usted ha planteado la verdadera cuestión. La cuestión de Dios parece en efecto desaparecer en su forma clásica. Pienso sin embargo que aparece de nuevo cuando se plantea la cuestión del sentido de la vida. ¡Cuántas personas se plantean cuestiones relacionadas con la felicidad y el éxito de su vida! El filósofo Paul Ricoeur decía que de lo que más necesitados estamos hoy es de amor, todavía más, de significación. Vivimos en una sociedad que se desarrolla gracias a medios considerables, pero que pierde el sentido de su finalidad, de tal manera que un buen día puede plantearse estas cuestiones: ¿por qué levantarme para trabajar? ¿por qué crear una familia? Todas estas cuestiones nos conducen a la cuestión del sentido. Nos planteamos todas estas cuestiones cuando las circunstancias inevitables se nos presentan. Pienso al respecto en una enfermedad grave o en la muerte.

La mayoría de la gente vive en el ritmo clásico de la vida y pueden perfectamente responder a lo que yo llamo las cuestiones penúltimas. Consiguen ganarse la vida. Quieren a sus hijos y todo lo que va bien de pronto puede transformarse por la aparición de un cáncer. La esperanza de vida se ve entonces amenazada y en esos momentos la persona se plantea las cuestiones fundamentales. Debe responder a la cuestión del sentido de su vida. ¿Cómo va a vivir esta prueba? ¿Por qué me ha ocurrido esto?

La cuestión del sentido puede surgir también en circunstancias menos dramáticas. Un escritor preguntaba a sus amigos cuál había sido la experiencia más fuerte de su vida. Muchos respondieron que la experiencia de dar vida a un niño se había convertido en la más importante. Se trata de una experiencia vinculada a la transmisión de la vida. Ante un acontecimiento de esta naturaleza, las personas se plantean también cuestiones ligadas al sentido de la vida.

Vemos así que la cuestión del absoluto está siempre presente. Aparece también en ciertos casos de degradación humana. Piense por ejemplo en la droga. El que se abandona a la droga intenta llenar la insatisfacción que encuentra en su vida. Una revista francesa titulaba recientemente “El Absoluto” hablando de la sexualidad. Esta búsqueda se expresa también en la sexualidad.

Concluyendo mi reflexión, creo que es preciso decir que en la religión cristiana tenemos un Dios que se interesa por el hombre. Es lo que es revolucionario en el cristianismo. ¿Podría el hombre interesarse por un Dios que no se interesa por él? Tenemos estas palabras de Moisés en el Deuteronomio: “¿cuál es el Dios de las naciones que se aproxima a ellas como nuestro Dios se aproxima a nosotros?”

¿Se trata entonces de una novedad en la historia de las religiones, el hecho de que Dios se aproxime a los humanos?

Recuerdo a un especialista de la historia de las religiones que decía que hace 4.000 años, en un pequeño pueblo del Oriente lejano, se produjo un acontecimiento considerable: el nacimiento de la fe. ¿Cuál es el significado de la palabra fe? La fe es un término ligado a la tradición judeo-cristiana. ¿Acaso los paganos de Roma o de Atenas tenían fe en sus dioses? No era lo mismo. El cielo estaba poblado de dioses y sus vidas eran una copia del mundo terrestre y la gente no esperaba gran cosa de ellos.

La tradición judeo-cristiana enseña que Dios se compromete con el hombre y que la fe es precisamente la confianza que otorgamos a este Dios que nos hace promesas. Este tema atraviesa todo el Antiguo Testamento. Los autores relatan la fidelidad de Dios a sus promesas. La fe se fundamenta en una experiencia del pasado orientada hacia el futuro. Dios ha escuchado el clamor de su pueblo y todo el Antiguo Testamento testifica el diálogo que se construye entre Dios y su pueblo. Dios se dirige al hombre como un amigo se dirige a otro amigo. En el misterio cristiano, toda la iniciativa procede primero de Dios. Por eso San Pablo habla de la justificación por la gracia a través de la fe. Eso quiere decir que la iniciativa de esta justicia viene de Dios, que se vuelve hacia nosotros y nos propone su benevolencia y su amor. Sólo nos pide a cambio un acto de fe.

Usted escribe desde el principio de su libro que es difícil creer. ¿Por qué es tan difícil aceptar este don de Dios?

Es difícil creer porque se nos hace difícil desprendernos de nosotros mismos. Tenemos un deseo de egoísmo fundamental que quisiera que todo venga de nosotros, que todo tiene relación con nosotros. Constatamos este deseo en toda persona que ocupa un poder. Las personalidades políticas aceptan con dificultad que este poder se detenga. Decimos que vivimos en sociedades democráticas y que hay contrapoderes. Realmente, existen 36 formas de esquivar las mejores constituciones para conseguir sus propios fines.

Sin embargo, la fe nos pide vivir una humildad fundamental, proceder a una serie de renuncias y esto es lo que en mi opinión dificulta la fe en la actualidad. Vuelvo sobre el pensamiento del filósofo Paul Ricœur que decía que hoy todo está organizado en función de la mejora de los medios. ¡Es verdad! En la práctica, los países desarrollados no cesan de perfilar sus descubrimientos. Tomo el ejemplo de la informática, donde las mejoras se suceden a un gran ritmo. Las personas acumulan información sobre información y se olvidan de pensar por qué viven. Cuantas más cosas hacemos, más queremos hacer. Huimos de nosotros mismos adoptando este modo de vida tan acelerado. Estamos distraídos por un montón de cosas. Es el drama del hombre o de la mujer que llega a la jubilación. En ese momento se encuentra frente a frente con su vida y no sabe qué hacer.

Por otro lado, el hombre y la mujer de hoy quieren que se les den razones para creer. Quieren hacer un acto de fe que sea inteligente. Creo que tenemos todavía muchas cosas que hacer como católicos para proponer una catequesis que se dirija a los adultos. Nuestros catecismos, en particular los que se dirigen a los adultos, lo hacen todavía en un estilo que se dirige a ellos como si fueran niños. Se nos dice que es necesario creer, pero no se proporciona acceso a una información suficiente.

Podemos enseñar que Jesús es el Hijo de Dios. El hombre de hoy responde: ¿cómo puedes decirme tal cosa? ¿Es que Dios puede tener un hijo? ¿Qué es lo que quiere decir? ¿Es que Dios puede humanizarse ? Debo recuperar la pedadogía que Jesús empleó con sus discípulos para responder a estas cuestiones. Jesús ha hablado humanamente a todas las personas que se encontraba. Provocó en ellas una primera forma de confianza porque muchas le siguieron. Finalmente pudo plantear esta cuestión: ¿quién decís que soy? No pudieron dar la respuesta sino después de pasar la prueba de la muerte y la resurrección.

¿Que forma de catequesis propone usted?

Quisiera que la catequesis propusiera para cada tema tratado una forma de dar cuenta de eso ante la historia y ante la razón. Hace falta ser capaz de hablar de la fe en función de las preguntas que se hace una persona que intenta comprender su fe. El fenómeno del libro “El Código Da Vinci” me ha abierto los ojos. Nuestros contemporáneos plantean muchas cosas sobre el origen y la historia del cristianismo. Una gran parte de nuestros católicos son incapaces de responder a estas cuestiones. De esta forma, un novelista puede contar que la Iglesia les ha ocultado alguna cosa y que los evangelios apócrifos relatan mejores cosas sobre Jesús que los evangelios que nosotros reconocemos. La novela “El Código Da Vinci” es una historia entre otras. Todo lo que tiene que ver con la persona de Jesús no deja indiferente a nadie. Debemos entonces tener mayor interés por conocer mejor nuestra historia.

Ciertamente, Jesús interesa a muchas personas. ¿Por qué ahora se quiere hablar únicamente de la humanidad de Jesús?

En efecto, es la moda. Las novelas que hablan de Jesús se sitúan fuera de la fe y niegan su divinidad. Los autores saben que Jesús es una figura respetada, sagrada. Su ambición es superarla y de reducir su existencia a la de cualquier persona. Pongo un ejemplo. Estos autores no pueden aceptar el celibato de Jesús y están dispuestos a intentar cualquier cosa para decir que estuvo casado. John P. Meier, un teólogo americano de la Universidad de Notre-Dame, ha escrito cuatro libros sobre la historia de Jesús y responde a la cuestión sobre el celibato de Jesús. Dice que todo lo que sabemos de la historia de Jesús confirma que estuvo célibe. El celibato no era popular entre los judíos, pero existía en algunos grupos como los esenios.

Está también la famosa frase concerniente a los eunucos. Esta frase es violenta y parece la respuesta que Jesús dirigió a quienes se burlaban de su celibato. Este texto es interesante porque parece ser el eco del asombro de las personas que observaban la manera de vivir de Jesús. Decía: “El que pueda comprender que comprenda”. Todavía hoy no se le comprende.

¿Qué es lo que hombres y mujeres de hoy esperan de Dios?

Esperan la felicidad. Hay una gran sed de felicidad que quiere desembocar en otro lugar que no podemos alcanzar por nosotros mismos. Todos nosotros vivimos momentos intensos en nuestra existencia en los que experimentamos una verdadera felicidad. Todo es armonioso a nuestro alrededor y vivimos en un clima de amor. Esta experiencia espiritual no dura sino un instante, pero nos transporta como fuera de nosotros mismos. Nos sitúa en un estado de felicidad total. Después, es necesario ponerse manos a la obra. Esperamos de Dios un espíritu de totalidad que no podemos proporcionarnos y que él puede darnos gratuitamente. No podemos recibir esos momentos de felicidad si no proceden del Otro absoluto que es Dios. No puede haber una felicidad completa si no se produce una comunión en la cual los otros tienen su sitio. La felicidad se encarna en la realización del gran mandamiento del amor: amar a Dios y al prójimo como a uno mismo.

Esta entrevista fue publicada originalmente en la revista Notre Dame du Cap. Se reproduce con autorización. Traducción del francés: Eduardo Martínez.

Popper, Karl Raimund

Popper, Karl Raimund
Publicado por Malena el 4 de Mayo de 2010

Popper (1902-1994), nació en el seno de una familia judía vienesa que adoptó la cultura germana y que escaló con rapidez su ascenso social.

Su padre obtuvo la licenciatura en derecho y fue socio del estudio jurídico del que fue último alcalde liberal de Viena, debiendo hacerse cargo de la firma al fallecer éste.

Durante sus primeros años, la familia vivió en una hermosa risidencia y disponían de una amplia biblioteca de más de mil libros.

Su madre escribía poesía y tocaba el piano y a su padre le gustaba dedicar su tiempo libre a escribir sátira política y a estudiar historia, además de otras tareas intelectuales.

En 1900, los padres de Popper renunciaron a seguir siendo judíos y se convirtieron al luteranismo. Sin embargo, no lograron del todo derribar las barreras que les dificultaron su integración en la comunidad que habían elegido, ya que los germanos austriacos no aceptaban judíos en su sociedad.

El pensamiento de Popper se desarrolló en Viena principalmente durante el paréntesis entre las dos guerras mundiales. Su obra “La lógica de la Investigación Científica”, motivada en gran parte por su postura crítica contra el Círculo de Viena, delineará el rumbo de su concepción epistemológica.

En este trabajo, Popper describe su conocida crítica de la inducción, su intención de fijar los límites entre la ciencia y lo que no es ciencia y su modo de pensar sobre el método científico.

El racionalismo crítico de Popper estuvo en contra de toda forma de relativismo, convencionalismo y escepticismo.

Sus otros trabajo, como por ejemplo “Conjeturas y refutaciones” y “Conocimiento objetivo”, representan una continuación más amplia sobre la crítica a su propio pensamiento, que él denominó racionalismo crítico; y aún siguen siendo una referencia válida sobre cómo abordar filosóficamente la labor científica y sobre la forma en que deben reformarse políticamente las sociedades.

Puede que su popularidad se deba más a su incursión breve en filosofía política y social, que fue la que dio lugar a la publicación de sus obras “La miseria del historicismo” y “La sociedad abierta y sus enemigos”, escritos durante su exilio en Nueva Zelanda, que muestran la evolución de su pensamiento; que desde el socialismo de su juventud, se convirtió en enemiga de la herencia platónica, hegeliana y marxista.

Su obra, que repercutió notablemente durante la guerra fría y después de la caída del muro de Berlín, fue utilizada por sectores liberales y conservadores, y es de lectura obligatoria para entender la filosofía de la ciencia y también la filosofía política del siglo XX.

Debido a su condición de judío exilado y a sus dificultades académicas y personales, su obra tuvo una difusión tardía.

Popper se definía en primer lugar como un indeterminista, luego como realista y finalmente como racionalista.

Intentó ofrecer una alternativa para enfrentar el fracaso del nacionalsocialismo que él atribuía a su fundamente moral historicista.

Popper vivió algunos años en Nueva Zelanda hasta que finalmente se radicó en el Reino Unido.

Su principal obra de filosofía política “La sociedad abierta y sus enemigos” lo convirtió en un conocido intelectual tanto en Europa como en América.

El objetivo de este trabajo fue defender la democracia contra el fascismo, convirtiéndose en una apología del liberalismo en la época de la guerra fría.

Su libro “Lógica de la Investigación científica” es una de las obras más destacadas de la filosofía de la ciencia del siglo XX.

Popper concibe a la ciencia como la búsqueda eterna de conocimiento que nunca estará prisionera de verdades incuestionables. El saber jamás será definitivo, sólo se podrán alcanzar conjeturas provisorias.

En 1945, Poper declaró que el liberalismo de la sociedad norteamericana es uno de los mejores ejemplos de sociedad abierta.

Fuente: “Popper”, Vida Pensamiento y Obra, Colección Grandes Pensadores, Ed.Planeta DeAgostini, 2007

http://filosofia.laguia2000.com/general/popper-karl-raimund

Heinrich Bullinger, un reformador olvidado.

Entre los olvidados de la historia protestante sin duda podemos contar a Heinrich Bullinger.
Su nombre aparece siempre asociado a los reformadores más conocidos como Lutero, Calvino, Zwinglio, etc.pues con todos ellos tuvo contacto directo, sin embargo es poco lo que se ha escrito sobre él, teniendo en cuenta su aportación a la historia y la teología protestantes.
Quizá la alargada sombra de Zwinglio lo oculte, pero lo cierto es que Heinrich Bullinger que fue su sucesor, aportó tanto a la Reforma Suiza como su predecesor y que tiene razones propias para reclamar su lugar en la historia.

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En los albores del protestantismo mexicano, siglo XIX (III)

En los albores del protestantismo mexicano, siglo XIX (III)

Las Escrituras son diáfanas, aseguraba Manuel Aguas contra quienes se empeñaban en obstaculizar su lectura bajo el argumento de que era necesaria la supervisión de los clérigos católicos. Además, con seguridad, escribe en la misiva donde expone su confesión evangélica, el creyente cuenta con la asistencia del Espíritu Santo para tener un entendimiento cabal de la Biblia.

En el documento de abril de 1871, Aguas argumenta que a la comprensión de la Palabra debe acompañarle el seguimiento cotidiano de Jesús. Como otros y otras que se han entregado al estudio intelectual, emocional y comprometido de la Palabra, Manuel Aguas logra hallar “la fe que justifica y que conduce a la gloria, esa fe que ha sido oscurecida por Roma con multitud de trabas que le ha puesto para avasallar las conciencias y arrebatarnos la dulce libertad que Jesús nos ha alcanzado con su preciosa muerte”.

Tiene muy claro que las obras eran innecesarias para alcanzar la salvación en Cristo, pero que el resultado de la redención necesariamente debería producir buenas obras.Tiene conciencia de que los libros neotestamentarios de Romanos y Santiago se articulan: “Se me exige que mi fe no sea falsa, ilusoria, que no sea muerta sino viva, esto es, animada por la caridad; que crea sin dudar un momento en esta redención; que espere con entera confianza este perdón; que ame con toda mi alma al Dios misericordioso que así me ha agraciado; que aborrezca con odio eterno mis crímenes pasados, y que no vuelva a cometerlos; que ame no sólo de palabra sino también de obra a todos los hombres, porque todos son mis hermanos; que los ame y perdone aunque sean mis mayores enemigos, y me hayan hecho los mayores agravio; que sea misericordioso, limosnero y caritativo con los desgraciados; y que, por último, guarde los verdaderos mandamientos de mi Dios que se encuentran en las Santas Escrituras. Porque el Señor que me manda que crea para ser salvo, me ha dejado un criterio, un medio seguro para que yo conozca si mi fe es verdadera y salvadora. Me ha dicho: el árbol bueno se conoce por sus frutos, lo mismo que el malo. De modo que si yo os digo tengo caridad, y no tengo fe y que estoy salvado, y que no tengo caridad, y no tengo buenas obras, no me creáis aunque haga milagros y pase un monte de un lugar a otro”.

Hacia el final de su intensa carta dirigida al sacerdote católico Nicolás Aguilar, y que pronto fue reproducida y puesta a circular en las calles de la ciudad de México, Manuel Aguas confirma lo que ya se sabía en los corrillos de la catedral metropolitana y en las altas esferas eclesiásticas católicas de la urbe. Lo hace sin ambages, “hermano mío, en vuestra carta me preguntáis si me he adherido a la secta protestante. Rechazo la palabra secta, a no ser que se entienda por ella seguidor de Cristo; creo que mejor se debe aplicar a vos esa expresión, mientras seáis romanista, porque seguís a Roma y no a Jesús”.

Aguas sabía que al romper de forma tan tajante con el catolicismo le esperaban jornadas difíciles. Por lo mismo, además de confirmar las sospechas de sus anteriores superiores eclesiásticos, anuncia que va a integrarse a la Iglesia de Jesús, en calidad de ministro de la Palabra: “¿He de negaros que soy protestante, es decir, cristiano, y discípulo de Jesús? Nunca, nunca quiero negar a mi Salvador. Muy al contrario, desde el domingo próximo voy a comenzar a predicar a este Señor Crucificado en el antiguo templo de San José de Gracia. Ojalá que mis conciudadanos acudan a esa Iglesia de verdaderos cristianos, Si así sucede, como lo espero en el Señor, se ira conociendo en mi querida patria la religión santa y sin mezcla de errores, idolatría, ignorancia, supersticiones ni fanatismos; y entonces reinando Jesús en nuestra República, tendremos paz y seremos dichosos”.

En efecto, Manuel Aguas inicia sus predicaciones en el lugar dado a conocer en la carta. Sus dotes de gran expositor atraen un importante número de interesados en escuchar de viva voz a quien los vendedores callejeros de impresos y volantes se refieren de distintas maneras, casi siempre usando expresiones descalificadoras sacadas de los dichos de prominentes eclesiásticos católicos. No tardaría en arreciar la reacción del obispo Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos, ante la cual Manuel Aguas se mantiene incólume e incluso intensifica su compromiso con la difusión del protestantismo mexicano.

En escritos posteriores a la carta que hemos citado en varias ocasiones, Manuel Aguas agrega a los argumentos bíblicos enseñanzas y argumentos de teólogos protestantes del siglo XVI. La opinión pública de 1871 conocería, entonces, una evaluación distinta de, por ejemplo, Martín Lutero tantas veces estigmatizado en México durante los siglos anteriores.

Artículos anteriores de esta serie:
1 Manuel Aguas, el sacerdote converso
2 Manuel Aguas, el sacerdote que descubrió la Biblia

extr. de

http://www.protestantedigital.com/new/nowleernoticiaDom.php?r=305&n=15462

Asteroide potencialmente peligroso pasara cerca de la tierra

El asteroide 2010 GU21, una roca considerada “potencialmente peligrosa” por el Minor Planet Center, una organización dedicada al estudio astronómico, y quienes se encargan de clasificar el riesgo de estos objetos celestes, advirtieron que el asteroide realizara su máximo acercamiento a la tierra el día de hoy 5 de mayo.

La organización declaro a los medios, que el día de hoy el objeto se acercara a unos 3.218.688 kms o 2.000.000 millas aproximadamente de la tierra, una minucia en términos astronómicos pero muchísimo mas que suficiente para mantenernos a salvo.

Lo impactante de la nota, es que este asteroide fue detectado hace escasos días, lo que nos pone nuevamente en tela de juicio, sobre el avance de nuestra tecnología, ya que el objeto fue detectado hace apenas un mes, por el telescopio NEOs, (reconocido por sus siglas en ingles) uno de tres telescopios, quienes se encargan de vigilar la aparición de objetos que amenacen a la Tierra. Los científicos han conocido el inesperado acontecimiento, hace apenas algunos días.

Esto demuestra nuevamente que nuestra tecnología no esta capacitada para defendernos de estas amenazas, y cuando ha llegado el momento, realmente se puede hacer poco. Varios especialistas norteamericanos, ya advirtieron; que con nuestra tecnología no hay esperanzas contra estas amenazas.

2010 GU21, es un asteroide muy tenue y muy difícil de localizar. Su paso es arriesgado en términos astronómicos, pero seguro si se trata de distancia física. Significa una gran oportunidad para dirigir nuestros radares de orientación y poder estudiar sus características.

Otro de los asteroides que podría pasar aun mas cerca que 2010 GU21, se llama 2005 YU55 –también incluido en la lista de las rocas espaciales potencialmente peligrosas- este si lograra rozar la Tierra, ya que pasara entre la Luna y nosotros y se espera el 8 de noviembre de 2011.

Fuente: ABC

Enviado por: Nancy Ramos



Y habrá grandes terremotos, y en diferentes lugares hambres y pestilencias; y habrá terror y grandes señales del cielo. Lucas 21:11

Señales (video)

Cualquiera que sea la causa, de que estas señales aparezcan en los cielos, acompañadas por potentes terremotos en los últimos días, solo implican que son parte de un cumplimiento bíblico, el cual anuncia la venida de nuestro señor Jesucristo por su iglesia en las nubes. Quizás ha muchos les han predicado que no abran señales antes de que Cristo vuelva, pero al ver estos acontecimientos no podríamos dejar pasar desapercibido, que son señales claras y contundentes, que nos hacen pensar; que nos estamos acercando cada día mas, al conteo regresivo del fin del mundo.

Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas. 28 Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca. Lucas: 21:25,28


Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaría, y no dejaría minar su casa. 44Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis. Mateo 24:43-44

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