En los albores del protestantismo mexicano, siglo XIX (II)

En los albores del protestantismo mexicano, siglo XIX (II)

Su respuesta es un rotundo sí, a la pregunta de si se ha convertido al protestantismo. Pero antes de ello el ex sacerdote católico Manuel Aguas hace una relación, a quien le pregunta, el cura Nicolás Arias, de dónde estaba en cuestiones de fe y su nueva creencia evangélica cuyas características describirá a lo largo de la misiva fechada el 16 de abril de 1871.

Quien fuera dominico inicia comentándole a su interlocutor que como sacerdote “había seguido la religión tal como Roma la enseña; de manera que todavía hace tres años era cura de Azcapotzalco [entonces en las cercanías de la ciudad de México, y hoy integrante de la misma], combatía al protestantismo con todas mis fuerzas, y aún hice que algunos protestantes se reconciliaran con la Iglesia Romana. Creía entonces que profesaba la verdadera religión”.

Hacemos un paréntesis para comentar lo señalado por Aguas, que logró regresar al seno del catolicismo romano a ciertos protestantes que habitaban en la jurisdicción de su parroquia. Eso tuvo lugar en 1868, cuando la presencia de los misioneros protestantes en el país era de carácter personal y espontáneo. Es decir, entonces todavía no predominaban los misioneros respaldados por denominaciones, planes y recursos bien estructurados. Acaso esos protestantes, algunos reconvertidos al catolicismo pero no todos, que menciona Manuel Aguas fuesen el fruto de la presencia discreta y el testimonio de creyentes evangélicos extranjeros y nacionales que a partir de la Independencia, en 1821, fueron consolidando en el país pequeños grupos de cristianos que ya no eran católico romanos.

En su epístola Aguas evoca que el arranque de su peregrinaje hacia la fe evangélica inicia cuando llegaron a sus manos “algunos trataditos de aquellos a quienes combatía; trataditos que por razón de mi oficio tuve que leer”. La lectura del material tiene resultados que Manuel Aguas consigna en los siguientes términos: “Por ellos [los trataditos] comprendí, a mi pesar, que aunque había hecho una carrera literaria en lo eclesiástico hasta concluirla, aunque había sido catedrático de Filosofía y Teología, y aunque creía conocer la religión, principalmente en lo relativo al protestantismo: no sabía yo todo lo que verdaderamente se alegaba en aquel campo cristiano que, adhiriéndose de buena fe a las Sagrada Escritura, hace que revivan los primitivos discípulos de Jesús, campo respetable y aun superior en número al romanismo. Porque como Roma prohíbe con excomunión mayor leer los libros de los protestantes, yo sólo había consultado autores romanistas que las más de la veces todo lo pintan al revés”.

Ante él, lo dice en su escrito, se presentaban tres opciones: 1) La religión de Dios; 2) La religión del sacerdote; y 3) La religión del hombre. La primera, caracteriza Aguas, es la religión de la Biblia a la que él ha decidido seguir. La segunda es la que encabeza un mero hombre que se dice infalible [el Papa]. La tercera, en la que confían los racionalistas, tiene en el centro la infalibilidad de la razón natural.

Antes que enseñarle a escuchar la Palabra de Dios, arguye Manuel Aguas, en la Iglesia católica le habían instruido a “creer en la palabra del hombre”, al transmitirle lo que decían grandes pensadores eclesiásticos sobre uno y otro tema. Él hizo a un lado esa tradición para ir directamente a las enseñanzas de la Biblia: “Hoy soy feliz; sigo a Jesús, oyendo todos los días su dulce y apacible voz en el libro Santo, que nos ha dejado para que, sin temor de caer en el error, lo leamos todos sus hijos. Leedlo vos también con frecuencia; obedeced el precepto del Señor que nos dice: ´Escudriñad las Escrituras, porque ellas son las que dan testimonio de mí´. No hagáis caso de la palabra del hombre, sino atended solo la palabra de nuestro Dios. Si así lo hiciereis, encontraréis la verdad y seréis dichosos”.

Vale la pena detenernos en mencionar que la versión de la Biblia citada por Manuel Aguas en su extensa carta es la de Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera. James Thomson, colportor enviado a México en 1827 por la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera, difunde la Biblia traducida por el sacerdote católico Felipe Scio de San Miguel, aunque sin libros deuterocanónicos, llamados por algunos apócrifos. Es en 1858 cuando la Sociedad reemplaza la versión de Scio con la publicación del Nuevo Testamento traducido por los protestantes españoles del siglo XVI Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera, y en 1861 imprime para su distribución toda la Biblia de esos mismos traductores.

A la posición de la Iglesia católica en el sentido de que los feligreses deben ser guiados doctrinalmente en su, por otra parte poco probable, lectura de la Biblia, Manuel Aguas aboga por un acceso amplio a las Escrituras por parte de todos: “Es verdad que Roma nos dice que hay peligro en leer la Biblia sin notas; no lo creáis, no existe tal peligro, mil veces no. No puede ser que el Dios de bondad y de amor nos dejara un libro peligroso, donde en lugar de la vida encontraremos el veneno de la muerte. A nuestro divino Jesús nunca se le podrá considerar como un envenenador, cuando es nuestro Salvador, nuestro Vivificador, nuestro bien”.

En un interesante ejercicio de diferenciación de lo que es la Biblia, Manuel Aguas reconoce que hay porciones “semejantes a altas montañas a donde sólo podrán llegar personas de cierta fuerza intelectual”. También advierte que “hay pasajes de tan dificultosa inteligencia, que se parecen a aquellas elevadísimas serranías a donde ninguno de los mortales, ni aún de los demás esclarecidos y animosos han podido encumbrarse”.

Pero, en general, las Escrituras son diáfanas y para comprenderlas es innecesario, rebate Aguas, todo el aparato que las recarga de notas doctrinales aprobadas por las autoridades: “Nos alega Roma que la Biblia es oscura y difícil de entenderse. Esta dificultad está contestada en muchas ocasiones. Se podría decir, entre otras cosas, que todas las verdades necesarias para nuestra Salvación se encuentran en ella, en un estilo tan claro, tan sencillo, tan natural, tan encantador, que estos lugares se parecen a aquellos campos amenos y floridos, que siendo planos y sin tropiezos, aún los más débiles pueden transitarlos con toda facilidad y sin temor de caer”.

Artículos anteriores de esta serie:
1 Manuel Aguas, el sacerdote converso

http://www.protestantedigital.com/new/nowleernoticiaDom.php?n=15341

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Continuando con La Guerra Contra el Error

Continuando con La Guerra Contra el Error
4 MAYO 2010

John MacArthur
¿Qué es la verdad? Comenzamos este libro con esa pregunta, y mi sincera esperanza es que la respuesta sería clara: La verdad no es ninguna opinión o imaginación personal. La Verdad es lo que Dios decreta. Y Él nos ha dado una fuente infalible de la verdad salvadora en Su Palabra revelada.

Para el verdadero cristiano, esto no debería ser un tema complejo. La Palabra de Dios es lo que todos los pastores y líderes de la iglesia se les ordena proclamar, a tiempo y fuera de tiempo – cuando sea bien recibida y aun cuando no lo sea (2 Timoteo 4:2). Es lo que todo cristiano se le manda a leer, estudiar, meditar, y trazar correctamente. Es a lo que estamos llamados y comisionados por Cristo a enseñar y proclamar a los confines de la tierra.

¿Hay misterio incluso en la verdad que Dios ha revelado? Por supuesto. “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos son mis caminos, dice Jehová” (Isaías 55:8). En 1 Corintios 2:16, Pablo parafraseó Isaías 40:13-14: “¿Quién ha conocido la mente del Señor? ¿Quien le instruyo?”

Pero entonces Pablo añade inmediatamente a esto: “Mas nosotros tenemos la mente de Cristo.” Cristo nos ha dado gentilmente suficiente verdad y comprensión suficiente para equiparnos por cada buena acción – incluyendo la obra de contender seriamente por la fe contra engañadores que tratan de torcer la verdad del evangelio. Aunque no podemos conocer la mente de Dios de manera exhaustiva, sin duda podemos conocer lo suficiente como para ser guerreros por la causa de la verdad contra las mentiras del reino de las tinieblas.

Y se nos manda a participar en esa batalla. Dios mismo dio la voz de llamada a la batalla cuando Su Espíritu movió a Judas a escribir su corta epístola y permanentemente incluirla en el canon de las Escrituras. Esto no es un deber que cualquier fiel cristiano puede eludir. La vida terrenal para el fiel cristiano no puede ser nunca un perpetuo estado de tranquilidad y paz. Es por eso que el Nuevo Testamento incluye tantas descripciones de la vida cristiana como una guerra sin freno: Efesios 6:11-18; 2 Timoteo 2:1-4, 2 Timoteo 4:7, 2 Corintios 6:7; 10:3-5; 1 Tesalonicenses 5:8. Aquellos que no deseen unirse a la lucha contra la mentira y la falsa religión no son verdaderos amigos de Cristo.

El puñado de viñetas de la historia de la iglesia que hemos examinado en conjunto en este libro son sólo una breve introducción a cómo la guerra de verdad se ha luchado en los últimos dos milenios. Puede buscar en cualquier período de la historia de la iglesia y descubrirá este hecho significativo: Cada vez que el pueblo de Dios ha buscado la paz con el mundo o se alió con las falsas religiones, ha significado un período de decadencia espiritual seria, hasta el punto donde a veces la verdad parecía estar en eclipse total. Pero cada vez que los cristianos han contendido ardientemente por la fe, la iglesia ha crecido y la causa de la verdad ha prosperado. Que así sea en nuestro tiempo.

En otras palabras, la Guerra de la Verdad es una buena batalla (1 Timoteo 6:12). Así que peleemos la buena batalla (1 Timoteo 1:18) – por el honor de Cristo y la gloria de Dios.

Disponible en línea en: http://www.gty.org/Resources/Articles/2671
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¿Cuáles son las características de un buen sermón? (primera parte)

Sugel Michelén
Estudió para el ministerio en 1979. Posteriormente fue enviado por la Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo (IBSJ), en Santo Domingo, República Dominicana, a la ciudad de Puerto Plata, a comenzar una obra allí. Pero a finales del 1983 fue llamado a formar parte del cuerpo de pastores de IBSJ, donde sirve al Señor desde entonces, exponiendo regularmente la Palabra los domingos. También es autor del blog Todo pensamiento cautivoTodo pensamiento cautivo

Sugel Michelén¿Cuáles son las características de un buen sermón? (primera parte)
Mayo 5, 2010 by Sugel Michelén
Sugel Michelén
Estudió para el ministerio en 1979. Posteriormente fue enviado por la Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo (IBSJ), en Santo Domingo, República Dominicana, a la ciudad de Puerto Plata, a comenzar una obra allí. Pero a finales del 1983 fue llamado a formar parte del cuerpo de pastores de IBSJ, donde sirve al Señor desde entonces, exponiendo regularmente la Palabra los domingos. También es autor del blog Todo pensamiento cautivo Todo pensamiento cautivo

Supongo que muchos estarán de acuerdo conmigo en que la buena predicación no es precisamente lo que distingue el evangelicalismo moderno. Domingo tras domingo miles de personas acuden a las iglesias a participar del culto de adoración, donde la predicación de las Escrituras debe ocupar el lugar central; pero lamentablemente muchos regresan a sus casas sin haber sido debidamente alimentados. En muchos casos, porque la predicación ha dejado de ocupar el lugar central del culto; en muchos otros, porque la predicación en sí ha sido deficiente.
Es ese último aspecto el que quiero tocar en esta entrada: ¿Cuáles son las características que hacen que un sermón sea un sermón, y más aun, un buen sermón?
En primer lugar, su contenido es el mensaje de la Palabra de Dios.
Un sermón, por encima de todas las cosas, es una exposición fiel del mensaje contenido en el texto o pasaje de las Escrituras que está siendo expuesto. Recuerden, amados hermanos, cuál es nuestra identidad. Nosotros somos embajadores y heraldos del Dios de los cielos, y la función del heraldo no es otra que la de transmitir con fidelidad la mente de su Rey.
Es por eso que en el mundo antiguo se requerían dos cosas para ser un buen heraldo: la primera, obviamente, era tener buena voz; la segunda, un carácter confiable. El rey debía estar seguro de que podía confiar en esa persona como un transmisor fiel del mensaje que se le había encomendado (comp. 1Cor. 4:1-2). Esa es la encomienda de Pablo a Timoteo: “Predica la Palabra” (1Tim. 4:2).
Ahora bien, cuando hablamos de predicar la Palabra lo que queremos decir no es simplemente que debemos abstenernos de predicar de otro libro que no sea la Biblia. No se trata únicamente de que el ministro verdadero no predica el contenido del Corán, o del Libro del Mormón, o de los escritos de Elena G. de White. Se supone que ningún ministro del evangelio hará tal cosa.
Pero lo que queremos enfatizar es que el ministro del evangelio debe estar seguro de que en verdad está entregando el mensaje de la Biblia; no porque cita un texto aquí y otro allá que parecen apoyar sus ideas, sino porque a través de un estudio diligente, y una exégesis cuidadosa, de las Escrituras este hombre se ha esforzado en desentrañar el verdadero significado del texto, pasaje o tema bíblico que está exponiendo (y todo eso, obviamente, en dependencia del Espíritu de Dios).
En segundo lugar, un sermón se distingue porque posee unidad.
La unidad es una característica esencial del sermón. El predicador no es un comentario bíblico ambulante. Es el portavoz de un mensaje. Y esta distinción es de suprema importancia.
Algunos entienden que predicar es lo mismo que comentar un pasaje de las Escrituras, explicando lo que significa el vers. 1, y luego el 2, y el 3, y así sucesivamente. Pero eso no es un sermón, eso es un comentario bíblico hablado.
Un sermón es un mensaje, un mensaje que extraemos de las Escrituras a través de un trabajo exegético concienzudo y que transmitimos a través de la predicación.
Ese mensaje tiene sus partes, sus divisiones, variedad en las ideas; pero todas sus partes, divisiones e ideas conforman un todo. Y es a ese “todo” que llamamos el sermón.
Por eso alguien ha dicho que el sermón debe ser como una bala y no como una munición. La munición se abre en muchos fragmentos, mientras que el sermón va dirigido hacia un objetivo en particular. Cuando un sermón carece de unidad es posible que algunas frases sueltas tengan cierto efecto en la mente de algunos, pero el sermón como tal probablemente no será muy eficaz.
En la siguiente entrada estaremos cubriendo tres puntos adicionales para formar un buen sermón.

http://www.biblia.com/¿cuales-son-las-caracteristicas-de-un-buen-sermon/

La Taxa Camarae

La Taxa Camarae

Teofilo Gay

Tarifas Católico-Romanas para la “absolución de pecados”

Durante aproximadamente 10 meses en este sitio web se expuso un artículo sobre la Taxa Camarae, tomando como fuente principal lo registrado en el libro Diccionario de Controversia de Teófilo Gay (de fines del siglo XIX, traducido por Blas Maradei y publicado por Editorial Clie), quien dentro del texto adjudica a León X (Papa entre 1513-1521), listas conteniendo “los distintos precios que deben pagarse para obtener del papa el perdón por cualquier clase de pecados” (pp.391)

Al poco tiempo de expuesto, desde un sitio web católico comenzaron a argumentar acerca de la falsedad e inexistencia de dicha Tarifa de Precios (Taxa). Una interesante tarea realizada por estas personas fue haber dado con algunas de las fuentes citadas por Teófilo Gay. Pues, habiendo tomado conocimiento de ellas, como webmaster y responsable del sitio de Apologética Cristiana “Conoceréis la Verdad” considero adecuado realizar la siguiente

DECLARACION

1. Que si bien Teófilo Gay, en su “Diccionario de Controversia”, afirma que el Papa León X (1513-1521) “estipuló” la tarifa simoníaca denominada “Taxa Camarae, las fuentes que cita no lo declararían de manera expresa.

2. No obstante esta aparente carencia de fuente que inculpe directamente al Pontífice Romano mencionado, ha quedado demostrado que las Tarifas de la Cancillería Apostólica (“Taxa Camarae”) si existieron, y que en manos de la Curia fueron, en muchos casos, instrumento de abusos (ver Claude D’Espence y Henry C. Lea).

3. Que ofrezco mis disculpas a quienes se hayan sentido afectados por la mención de León X como responsable directo de las tarifas simoníacas (Proverbios 12:15). No obstante, vale observar que la misma Enciclopedia Católica reconoce que su pontificado fue “infortunado para la Iglesia”.

4. Que nunca fue (ni será jamás) la intención del sitio de Apologética Cristiana “Conoceréis la Verdad” el utilizar el engaño o la mentira consciente como herramienta viable para sustentar CUALQUIERA de sus exposiciones.

También vale aclarar que el sentido original de la publicación del tema “Taxa Camarae” fue exponer una arista más de la corruptela imperante en ciertas prácticas de la Iglesia Católica Romana medieval, y nunca hacer una imputación directa y específica contra la persona del papa León X.

5. Que las variadas expresiones peyorativas y/o insultantes hacia el sitio “Conoceréis la Verdad” en general y a su responsable en particular, recibidas producto del tratamiento del tema , aunque injustificadas, han sido perdonadas, en lo que a mi persona respecta.

(A modo de ejemplo, cito hoy 9/11/02, algunas de las expuestas en el sitio web católico romano Apologética.org, de manera explícita o implícita: “necio, majadero, buhonero, fabulador, calumniador, difamador, ignorante, delirante, falsificador, engañador, charlatán, resentido, sectario, fundamentalista, injurioso, ruin, mentiroso, prejuicioso, autoengañado, ignorante interesado, perezoso mental, arrogante, perverso, hipócrita…”)
6. Que me siento agradecido hacia todos aquellos que, trabajando en este tema, colaboraron para seguir manteniendo el nivel de certeza con el que pretende desenvolverse el sitio de Apologética Cristiana “Conoceréis la Verdad”.

Daniel Sapia
Octubre 14, 2002

Actualizado al 27/10/2004: La Declaración ofrecida precedentemente tuvo como finalidad SOLO reconocer que no existen pruebas fehacientes que permitan inculpar directamente al Papa León X con las conocidas tarifas medievales para el perdón de pecados. PERO SOLO ESO (a saber, y lo reitero, la responsabilidad directa y personal en las Tarifas del Papa de turno). Esta aclaración y reconocimiento, entendida como necesaria conforme a lo que había sido aquí mencionado en lo previamente publicado según textos de Teófilo Gay, ha servido para que personas inescrupulosas, exagerando lo sucedido, propaguen la idea de que “Daniel Sapia se la pasa pidiendo disculpas…” (palabras más o menos), cosa que obviamente no es cierto. Es triste ver a estos “paladines de la verdad” siendo los principales verdugos de la misma. Lo mas risueño es que estos mismos individuos no dudarían en lanzar igualmente su crítica si, en lugar de haberse reconocido la imprecisión, se hiciera oídos sordos al asunto, o bien se eliminara directamente todo el artículo. En definitiva: es evidente (ha quedado demostrado) que NADA LES VIENE BIEN. O mejor dicho, cualquier circunstancia, cualquiera, puede ser hallada de utilidad para intentar denostar al ocasional enemigo. No descarto la posibilidad de que estas personas se den cuenta que ellos mismos padecen el mal que dicen combatir…

Reflexión general
por Daniel Sapia
Noviembre 10, 2002

Considero apropiado hacer una personal y breve reflexión general acerca de lo sucedido en el tratamiento del tema “Taxa Camarae”.
El motivo central de mi prédica en Internet es extender hasta los confines de la tierra el Evangelio de la gracia de Dios en el sacrificio expiatorio de Su Hijo Jesucristo. Consecuentemente a dicho propósito, expongo al mundo, y en especial al honesto fiel católico romano, el falso evangelio que enseña la Cúpula jerárquica de la Institución Iglesia Católica Apostólica Romana, tarea que no persigue como fin un mero cambio denominacional producto de un vulgar proselitismo religioso, sino la salvación del alma a causa de conocer y seguir el único Camino de regreso al Padre: Jesucristo. (Juan 14:6).
Las vicisitudes históricas vividas por los componentes de la Iglesia católica romana (incluidos León X, Pío XII, Juan Pablo I, Adriano IV, etc.) guardan un carácter meramente complementario y secundario , y no forman parte de lo realmente medular de mi exhortación evangélica.
Para que quede más claro: aún si en la historia de la Iglesia Católica Romana el comportamiento humano y social de todos sus ministros hubiera sido intachable (que no lo fue, ni cerca), el mensaje central y mis ansias de predicarlo serían exactamente los mismos que ahora, ya que no dependo de aferrarme a traspiés de sus humanos componentes, sino, como dije anteriormente, al falso evangelio que ella enseña (con o sin Eugenio Pacelli, Juan de Médicis, Nicolás Breakspeare, Hipólito Aldobrandini, etc.).
No obstante, respecto al Papa León X, es interesante leer lo que afirman en la propia Enciclopedia Católica acerca de él:

“El único posible veredicto acerca del pontificado de León X es que fue infortunado para la Iglesia…”

“The only possible verdict on the pontificate of Leo X is that it was unfortunate for the Church. Sigismondo Tizio, whose devotion to the Holy See is undoubted, writes truthfully: “In the general opinion it was injurious to the Church that her Head should delight in plays, music, the chase and nonsense, instead of paying serious attention to the needs of his flock and mourning over their misfortunes”. Von Reumont says pertinently-“Leo X is in great measure to blame for the fact that faith in the integrity and merit of the papacy, in its moral and regenerating powers, and even in its good intentions, should have sunk so low that men could declare extinct the old true spirit of the Church.”
http://www.newadvent.org/cathen/09162a.htm

Resumiendo
Con lo cual, y finalizando, aprendí que debo ser más prudente con los temas que expongo en el sitio “Conoceréis la Verdad”, ya que un mero detalle de alguna cuestión histórica puede ser utilizado por personas inescrupulosas para desplegar un manto de duda y cuestionamiento hacia todo el resto de las exposiciones del sitio, especialmente a manos de aquellos que predican y exigen honestidad, pero resulta difícil comprobar que la practican.

Texto original de Teófilo Gay (Diccionario de Controversia)
Texto de Claude D’Espence, citado por Teófilo Gay
Conceptos sobre el tema del autor Henry Charles Lea
Indulgencias y sus reales abusos

Teofilo Gay

http://www.conocereislaverdad.org/Taxa.htm

La explosiva misiva de Hans Küng

La explosiva misiva de Hans Küng

El documento es contundente y letal, sus repercusiones son de largo alcance y no pueden ser ignoradas por la cúpula de la Iglesia católica. La carta que el teólogo Hans Küng dirige a los obispos de la Iglesia católica instándoles a que dejen de obedecer ciegamente a Benedicto XVI, es un llamado que solamente se había hecho antes en el siglo XVI, con la reforma iniciada por Martín Lutero.

En los albores del protestantismo mexicano, siglo XIX (I)

En los albores del protestantismo mexicano, siglo XIX (I)

Para entender mejor el enraizamiento del protestantismo en México es necesario conocer tanto los esfuerzos exógenos como el contexto y personajes endógenos que facilitaron la implantación de la nueva creencia.

Es un desatino histórico que varias de las denominaciones cristianas evangélicas de México tracen sus orígenes al tiempo que llegaron los misioneros extranjeros al país. Cuando es demostrado, fehacientemente, que los misioneros de fuera son los iniciadores de una obra determinada hay que reconocerlo y difundirlo. Sin embargo, en no pocos casos y me parece que por desconocimiento, se han marginado a nacionales que actuaron como precursores y determinantes en el establecimiento de iglesias protestantes. Aclaro que no se trata de favorecer un nacionalismo excluyente, sino de ser justo con el espíritu del historiador Lucas, y escribir ordenadamente los acontecimientos, después de haber investigado todo con esmero (Lucas 1:3).

Manuel Aguas nace en el norteño estado mexicano de Chihuahua, en 1830. Es hijo de un español, Francisco Aguas, llegado a México para sofocar la Independencia y de Marcela N. La familia se traslada a la ciudad de México, donde Manuel hace sus estudios universitarios y musicales. A la edad de veinte años ingresa a la orden de los dominicos. En 1857, debido a una orden del gobierno liberal, tiene lugar la exclaustración de monjas y frailes, por lo que Manuel Aguas se dedica a estudiar homeopatía. En 1863 las autoridades de su orden lo nombran para hacerse cargo del curato de Cuautla, Morelos, donde el templo se atiborra de feligreses para escuchar sus intensos sermones.

Alrededor de 1859-1860 retorna a la ciudad de México, y abre el Colegio Guadalupano que en poco tiempo alcanza alta reputación. Aguas predicaba en el templo de San José de Gracia, donde la muchedumbre llena el lugar para seguir las enseñanzas del dominico. Parece que es en 1867 cuando muda su ministerio al curato de Azcapotzalco, en aquel entonces un poblado aledaño a la ciudad de México y en nuestros días un barrio más de la misma.

En Azcapotzalco se presenta ante él una persona que dice ser protestante, después de varias horas de discusión entre ambos el protestante acepta reconciliarse con la Iglesia católica. En una carta fechada en octubre de 1871, en la que Aguas da cuenta de su itinerario de lo que él llama el romanismo a la verdadera religión, escribe que entre sus tareas como párroco estaba enseñar sobre la “pestilencia [del protestantismo] que vendría a hacernos en México más desafortunados que nunca”. Manuel Aguas daba tiempo a combatir una presencia que no era imaginaria, sino que ya contaba en la ciudad de México y sus alrededores con algunos seguidores.

De Azcapotzalco es promovido para ser el confesor oficial de los canónigos de la Catedral Metropolitana, en la capital del país. Entre sus deberes estaba predicar con cierta regularidad ante el arzobispo y el capítulo catedralicio. Al tiempo de realizar lo anterior, Aguas entra crecientemente en una crisis de fe. En el documento antes citado menciona que “no tenía paz en el alma, dudaba de mi salvación, y nunca creía que estaba haciendo suficientes obras para obtenerla”.

Por el tiempo de sus dudas llega a manos de Manuel Aguas un panfleto protestante titulado Verdadera libertad. Su primera reacción es combatir el tratado con lo que él llama “su arsenal romanista”. Pero la voz de su conciencia le lleva a pensar que tal vez él estaba en el error. El todavía sacerdote decide ponerse a estudiar, dice, “todos los libros y panfletos protestantes que pudiese conseguir”. Subraya que con mucho cuidado se de a la tarea de leer la Historia de la Reforma del siglo XVI, de Merle D´Aubigné.

Es importante referir que el autor del libro mencionado por Manuel Aguas, Merle Jean Henri D´Aubigné (1794-1872) nace en un poblado cercano a Ginebra, es hijo de una distinguida familia hugonota (calvinista). D´Aubigné tiene una conversión en 1816 mediante las campañas evangelísticas de los hermanos Robert y James Haldane, escoceses revivalistas y vinculados a la Iglesia bautista. Un personaje que tiene un lugar central en la distribución de la Biblia en México, James Thomson que es colportor en nuestro país en dos periodos (1827-1830 y 1842-1844) se vincula con los Haldane en su adolescencia, trabaja con ellos y hasta antes de emprender su primer viaje a tierras latinoamericanas (Argentina en 1818), les ayuda en las tareas pastorales en la Iglesia bautista de Leite Walk, en Edimburgo. Merle D´Aubigné publica su Histoire de la Reformation du XVI siecle en 5 volúmenes, el primero aparece en 1835 y el ultimo en 1853. Muy probablemente Manuel Aguas lee la obra en francés y se hace de un panorama amplio del desarrollo y características de la Reforma protestante.

En la misiva de 1871, enviada a las oficinas de la Iglesia Episcopal en Estados Unidos con el fin de que apoye el trabajo evangélico que los mexicanos están realizando en el país, Manuel Aguas insiste en que además de los libros protestantes, sobre todo, se da a la tarea de estudiar la Biblia. Es entonces cuando “comienza a ver la luz del Señor” y queda totalmente convencido de la “la falsedad del sistema romano […] encontré la largamente deseada paz de mi alma”. Por lo que escribe después parece que decide dejar de practicar el sacerdocio católico pero no hacer pública, en ese momento (¿1870?) su conversión, sino que se sostiene por su trabajo de médico y “en las tardes leía la Santa Escritura a mi familia, y oraba con ella”.

Una vez que tiene claro que él ya es protestante, Manuel Aguas comienza a reunirse en la que llama en su misiva Iglesia protestante provisional. En ésta ministraba el misionero Henry C. Riley, nacido en Chile en 1835, educado en Estados Unidos e Inglaterra y ordenado como ministro de la Iglesia episcopal en 1866. Antes de llegar a México, en 1869, Riley pastoreaba una iglesia de habla castellana en Nueva York.

Como asistente a la Iglesia protestante que Riley junto con otros encabezaba, Manuel Aguas escuchaba atento las predicaciones. Cuenta que inicialmente conoce a Henry C. Riley por su voz, ya que al ser “corto de vista” no podía percibir bien el rostro del misionero cuando éste predicaba desde el frente del salón. Es precisamente el valor de Riley para hacer obra evangélica “en medio de la más odiosa idolatría, y rodeado de enemigos”, escribe Aguas, que se siente avergonzado y decide conversar con el misionero para hacerle saber que está decidido a “contender [públicamente] por la fe de Jesús”.

Dado que ya corre la versión de que Manuel Aguas es un protestante comprometido, el sacerdote católico Nicolás Arias le hace llegar una carta en la que le impele a responder sobre cuál es su identidad confesional. Aguas responde el 16 de abril de 1871 con una extensa misiva en la que no deja lugar a dudas sobre sus creencias evangélicas, su escrito está lleno de citas bíblicas.

extr. de

http://www.protestantedigital.com/new/nowleernoticiaDom.php?r=304&n=15265

Iglesia Católica, Apóstolica y Romana

Católica, Apóstolica y Romana, Iglesia

(También se le conoce como «Catolicismo», «Iglesia Católica», «Iglesia Católica Romana» o «Iglesia de Roma».)
La mayor de las iglesias del cristianismo histórico. De acuerdo con la tradición de esta iglesia, Jesucristo la fundó y el apóstol Pedro fue su primer papa (título que se le da a la cabeza visible de la iglesia).
Los cristianos del período posterior a la iglesia primitiva empezaron a identificarse en numerosas regiones como católicos o miembros de la Iglesia Católica o Universal, para distinguirse de varios grupos considerados heréticos. Algunos historiadores seculares y casi todos los historiadores protestantes entienden que esta iglesia surgió como resultado de la evolución de la Iglesia Católica Antigua hacia una organización centralizada con sede en Roma. Lo anterior tiene relación con el proceso de oficialización del cristianismo en los siglos IV y V, iniciado con Constantino (que lo favoreció) y llevado hasta sus últimas consecuencias por sus sucesores (que lo convirtieron en religión oficial del imperio). Algunos mencionan al papa León I como el que consolidó el poder de la sede romana en el siglo V, mientras otros prefieren el pontificado de Gregorio I (siglos VI y VII) como período que indica el inicio del catolicismo romano en la forma que actualmente se conoce, pero esto es discutible.
Los católicos romanos aceptan siete sacramentos, la intercesión de la virgen María y de los santos, el purgatorio (estado intermedio entre el cielo y el infierno), el celibato sacerdotal (por lo menos en su rito latino u occidental, predominante en la iglesia), la existencia de órdenes monásticas de hombres y mujeres, el carácter sacerdotal del ministerio de la iglesia y hacen énfasis en el sacrificio de la misa. Aceptan veintiún concilios ecuménicos o de toda la iglesia, el primero de ellos es el de Nicea (325 d.C.).
La iglesia está organizada en forma jerárquica con el papa a la cabeza y las diócesis gobernadas por obispos (algunos de ellos se les denominan arzobispos). El papa es elegido por un colegio de prelados llamados cardenales y se le considera infalible desde 1870. La Ciudad del Vaticano (situada en una de las colinas de Roma) es considerada como la Santa Sede por los católicos y mantiene relaciones con la mayoría de las naciones.
El catolicismo está extendido por casi todo el mundo y prevalece en la mayor parte de Europa y en Iberoamérica. Actualmente crece en forma significativa en varias naciones del Tercer Mundo, pero ha perdido fuerza en Europa e Iberoamérica. Ha mejorado sus relaciones con las iglesias orientales u ortodoxas y con algunas denominaciones protestantes históricas.
Además del rito latino hay varios ritos orientales. Las iglesias orientales o ritos que han ido aceptando la jurisdicción romana se les llama UNIATOS. Desde el Concilio Vaticano II, iniciado en 1963, se han introducido numerosos cambios en la iglesia, incluyendo la celebración de la misa en lengua vernácula (anteriormente se celebraba en latín).
fuente bibl:
Ramos, Marcos Antonio, Nuevo Diccionario de Religiones Denominaciones y Sectas, (Nashville, TN / Miami, FL: Editorial Caribe Inc., Thomas Nelson, Inc.) 2000, c1998.

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