El filósofo Antony Flew muere deísta y el ateísmo gruñón le llama senil


El filósofo Antony Flew muere deísta y el ateísmo gruñón le llama senil
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En 2005, Flew elaboró una lista de temas que todo debate sobre Dios debería examinar y en 2007 proclamaba su deísmo.
El 8 de abril de 2010 murió con 87 años Antony Flew, filósofo británico que durante casi toda su vida defendió activamente posturas ateas. De estudiante acudía a los debates del Club Sócrates de C.S. Lewis en Oxford, cuya inteligencia admiraba, pero cuyos argumentos éticos a favor de Dios no le convencían. El problema del mal en el mundo, entre otros, le convencieron ya entonces de que no había Dios, o más aún, de que era un concepto vacío.
Flew empezó a presentarse como deísta en diversas entrevistas y publicaciones en 2004: con 81 años, ahora creía que la evidencia apoyaba la existencia de una inteligencia creadora, y que el azar y la necesidad o el mero materialismo no eran suficientes para explicar la complejidad del mundo.
En 2005, en su nueva edición de “God and philosophy”, estableció una serie de temas que todo pensador que aborde el tema de Dios debería tener en cuenta:

  • – la definición de Dios que da Richard Swinburne, teólogo británico convertido a la ortodoxia griega
  • – los argumentos de Swinburne sobre el Dios cristiano en su libro “Is there a God?”
  • – la nueva forma de ver el castigo eterno en el infierno en la doctrina anglicana
  • – plantearse si hubo sólo un big bang y si con ello empezó el tiempo
  • – examinar el tema de los universos múltiples
  • – examinar el argumento de que el universo está “bien ajustado” (“fine-tuning”)
  • – examinar si hay una explicación materialista que muestre que la materia viviente surge de la no viviente
  • – examinar si hay una explicación materialista que muestre que de la materia viviente no reproductora puedan surgir seres vivos con capacidad reproductiva
  • – el concepto “ordenador inteligente” (una inteligencia ordenadora) del libro “The Wonder of the World”, de Roy Abraham Varghese
  • – el concepto deísta o aristotélico de Dios, visto desde la teología natural, tal como lo desarrolla David Conway.

La “traca final” (y última obra de Flew) llegó en 2007, cuando él y el norteamericano Roy Abraham Varghese firmaron juntos un libro titulado, provocativamente, “There is a God” (Hay un Dios).
La respuesta desde la “inteligentsia” del nuevo ateísmo fue feroz. Básicamente, se acusó a Varghese de haber escrito el libro él sólo y de haber engañado a Flew para firmarlo. Un argumento que se usó es que en el libro aparece mucho vocabulario de inglés norteamericano, no británico. Empezó a usarle la palabra “senilidad” y “manipulación”.
El filósofo británicorespondió con una declaración a través de la editorial, asegurando que aunque Varghese dio la forma escrita al texto, el libro era de Flew y representaba su pensamiento. Al año siguiente, Flew insistió en que el libro era suyo en una carta a un académico de la Universities and Colleges Christian Fellowship.
Cuando murió Flew, la prensa mundial se hizo eco de cómo un famoso ateo de toda la vida había muerto como creyente en un Dios creador (aunque no llegase a ser el Dios providente o justo de los monoteísmos). A los militantes del nuevo ateísmo gruñón no les gustó nada, y los escritos recurriendo de nuevo a la “senilidad” volvieron a circular… aunque sin ningún dato médico para confirmarlo.
Desde California, Jillian Becker, conocida personal de Flew (“ambos éramos ateos conservadores”, dice ella) escribió a Inglaterra, al “Telegraph”, admitiendo que Flew le había explicado que sólo la existencia de “una inteligencia” puede explicar el universo. Pero lo lamenta y protesta: “¿es que el hombre que mejor ha defendido el ateísmo desde David Hume ha de recordarse como un deísta sólo porque se le ablandaron los sesos en sus últimos años?”
En respuesta a Becker escribió el filósofo católico escocés John Haldane, reputado tomista (y padre de familia). Haldane recuerda sus largas charlas con Flew en 2004 cuando filmaban un documental sobre filósofos, Dios y la ciencia, dirigido por Varghese.

“Le faltaba su antiguo vigor y agudeza y él mismo dijo que sufría algo de afasia disnómica, pero era claro acerca de los temas que le habían llevado pensar que las estructura fundamental física del universo y tipos particulares de complejidad microbiológicas apoyaban la hipótesis de una fuente creadora inteligente”, escribe Haldane.

Y añade:

“tengo cartas escritas a mano de todo un año debatiendo este razonamiento. En abril de 2005 escribió de su conversión a deísmo einsteniano. También mencionó su admiración por el liderazgo de Juan Pablo II.”

Para Haldane,

“es un error centrar la atención en su grado de vigor mental; él insistiría en que nos preguntemos cuán buenos son sus argumentos.”

Mientras tanto, las revistas del “nuevo ateísmo” se consuelan quitándole valor al pensamiento de las personas en sus últimos años o buscando conspiraciones manipuladoras. Un ejemplo que lo concentra todo es el artículo en ReligionDispatches.org del filósofo ateo Austin Dacey, antiguo miembro del think-tank secularista “Center for Inquiry”, implicado en revistas como “Skeptical inquirer” o “Free Inquiry”:

“Ya antes de publicar There is a God, el pensamiento teológico de Flew se estaba haciendo cada vez más incoherente, según me informaron antiguos colegas, que hablaron con él en privado en una convención de 2005 del Center for Inquiry. Los desvergonzados cuidadores evangélicos de Flew pueden haber explotado esta confusión. Tuvieron éxito al sacar todo un trabajo póstumo del filósofo mientras el hombre aún estaba vivo. […]
“Nunca he entendido que sea un apoyo a una creencia el que alguien la abrace cuando está muriendo, que los juicios reales o inventados de un Darwin o un Flew pesen más cuando su mente está afectada por la enfermedad, fatiga, el terror o la demencia. Si alguna opinión cuenta como auténtica sería la de aquellos que son autónomos. La autonomía disminuye con la coerción, que es una buena forma de describir la menaza inminente de la tortura eterna en el infierno”.

Por supuesto, son muchos los que no estarán de acuerdo con Dacey. Hay muchas banalidades que dificultan el pensamiento “autónomo” (fama, vanidad, distracciones, complejos, vergüenzas), y que ante la cercanía de la muerte desaparecen, dando precisamente más libertad a la persona para “pensar en serio”. La enfermedad y el dolor y la muerte forman parte de la realidad, y deben ser incluidas en cualquier reflexión seria. Sólo una cultura cobarde y narcisista las esconde para evitar que los hombres piensen.

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