Redención


“Como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.” Mateo 20:28

Redención

Redención (gr. lutrosis, apolutrosis -forma intensificada del primero-)

En el año 1884 el Gobierno francés dio orden de que las imágenes de Cristo Crucificado fueran quitadas de las escuelas. Eran días de persecución religiosa. Un joven fanático e impío iba él mismo de escuela en escuela arrancando violentamente las imágenes, las tiraba al suelo con verdadera furia, y las pisoteaba. Allí quedaban rotas y aplastadas las figuras de nuestro Redentor.

Este joven tenía una madre piadosa y buena, que no cesaba de rezar por la conversión de su hijo.

Un día llegó el joven impío a una escuela, donde encontró un crucifijo empotrado en la pared. Como no podía arrancarlo, cogió un pesado tronco y con violentos golpes empezó a destruir la sagrada imagen. En esta labor estaba cuando, de repente, el joven sufrió un ataque de corazón, cayendo al suelo sin sentido. Lo cogieron y lo llevaron a su casa. El dolor de la pobre madre fue inmenso al ver el estado lamentable de su hijo. La gente murmuraba que había sido un castigo de Dios.

Llegó el médico y diagnosticó que recobraría el sentido, pero que un segundo ataque le quitaría la vida.

La madre, ante la gravedad de su hijo, pedía a Dios la salvación eterna de su alma. Y mandó llamar a un sacerdote.

El joven despertó del ataque. Al ver al sacerdote dijo que quería hablar con él y también con su madre. Se acercaron en silencio y el joven les dijo:

«Madre, dé gracias a Dios por su misericordia para conmigo».

Y les contó cómo estando furioso dando golpes al rostro del Señor, le pareció que la cara de Cristo se movía. Esto le encendió más en ira y siguió con más saña destrozando la imagen. De pronto, los ojos de Cristo le miraron con tal expresión de ternura y amor que el joven quedó perplejo, con el tronco levantado. Sintió una pena tan grande por lo que había hecho que, arrepentido de su bárbara impiedad, se le cayó el tronco de las manos. Dio un grito pidiendo perdón a Cristo, y en aquel instante fue cuando le sobrevino el ataque al corazón.

No había sido castigo de Dios. Habla sido misericordia de Dios. Suplicó al sacerdote que le perdonara sus pecados. El sacerdote, en nombre de Dios, le absolvió de todos ellos. El joven cerró los ojos y con la paz y la gracia en su alma quedó muerto.

Aunque no creo que ningún ser humano tenga la facultad de perdonas pecados salvo Cristo, creo que el ejemplo es interesante. Cristo es nuestro Redentor.

La Redención no es un concepto simple sino complejo, por lo tanto se explica mediante varios términos griegos, cuyos significados se complementan, para mostrarnos la dimensión redentora de la obra de la cruz hacia los pecadores.

Todos necesitan de la redención. Nuestra condición natural fue caracterizada por la culpa:

  • “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,” (Ro. 3:23)

La redención de Cristo nos ha librado de la culpa:

  • “siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús.” (Hch. 13:39)

Los beneficios de la redención incluyen la vida eterna (Ap. 5:9-10), el perdón de los pecados (Ef. 1:7), la justificación (Ro. 5:17), libertad de la maldición de la ley (Gál. 3:13), adopción dentro de la familia de Dios (Gál. 4:5), liberación de la esclavitud del pecado (Tito 2:14; 1 Pe. 1:14-18), paz con Dios (Col. 1:18-20), y la morada permanente del Espíritu Santo (1 Cor. 6:19-20). Entonces, ser redimido es ser perdonado, santificado, justificado, bendecido, liberado, adoptado y reconciliado. (Ver también Sal. 130:7-8; Luc. 2:38; y Hch. 20:28).

La palabra redimir significa “comprar.” El término era usado específicamente con referencia a la compra de la libertad de un esclavo. La aplicación de este término a la muerte de Cristo en la cruz, significa exactamente eso. Si somos “redimidos,” entonces nuestra condición previa era la de esclavitud. Dios ha comprado nuestra libertad, y ya no estamos bajo la esclavitud del pecado o de la ley del Antiguo Testamento. Este uso metafórico de la redención es la enseñanza de Gál. 3:13; y 4:5.

La palabra rescate está relacionada con el concepto cristiano de la redención. Jesús pagó el precio de nuestra liberación del pecado (Ma. 20:28; 1 Tim. 2:6). Su muerte fue ofrecida a cambio de nuestra vida. De hecho, la Escritura dice claramente que la redención solo es posible “a través de Su sangre” (esto es, por Su muerte), Col. 1:14.

Se usa para designar las intervenciones salvíficas de Dios, que viene en ayuda y salvación de los individuos o del pueblo. La idea de la redención supone al hombre sujeto a la miseria y a la muerte.La redención es una acción liberadora y salvadora de Dios, quien se decide a realizar la redención movido por su misericordia, su justicia o su santidad.

1. El concepto de redención en el A.T.

  • El verbo “ga’al implica el rescate para devolver a su dueño objetos, cosas o personas (Ex. 6:6; Lv. 25:25; Rut 4:4,6; Sal. 72:14; 106:10; Is. 43:1).
  • De ese verbo deriva el sustantivo “go’el que se usa para designar al “pariente redentor”, quien, por tener proximidad de lazos familiares tenía los derechos para adquirir (p. ej. con Rut la moabita; Rut. 4).
  • La figura es que Cristo se hace “pariente cercano” de los pecadores, mediante su encarnación (He. 2:11-14).
  • Él es el Redentor perfecto, por cuanto puede cumplir las demandas establecidas para ello en la ley.

a.Ser pariente.

b.Ser capaz de pagar el precio (Hch. 20:8).

c. Estar libre de la situación de quien tenía que ser rescatado (He. 4:15;7:25; Jn. 8:46; 1 Pe. 2:22).

d. Estar en la disposición de hacerlo (He. 10:5-7).

  • El término “paraq”, que implica rescatar rompiendo las ataduras del esclavo (Sal. 136:24).
  • El sustantivo “ge’ullah” (procedente del verbo “ga’al”), tiene la idea de rescate o derecho al rescate (Lv. 24:24,26,29,31,48,51,52; Rut. 4:6,7; Jer. 32:7).
  • El término “ganah”, que equivale a redimir comprando algo por precio (Is. 11:11; Neh. 5:8).

2. El concepto de redención en el N.T.

El sentido general neotestamentario de la redención tiene que ver con la acción do liberar a aquellos que están en estado de esclavitud. Hay varios términos que comprenden la idea general de la redención:

a. agorazo

Tiene que ver con la acción de comprar (Mt. 13.44; 14.15; Lc. 14.18).

Específicamente, a comprar en el “agora” o mercado público -entre otras cosas, donde se vendían los esclavos-.

Aplicado a la salvación, es el acto por el cual Dios, mediante el precio de la obra de Cristo, compra para sí un pueblo antes esclavo, pagando el precio del rescate (1 Co. 6.19-20; 7.22,23; 2 Pe.2.1; Ap.5.9 “nos has adquirido”).

b. exagorazo

El énfasis de este término es en el precio pagado con vistas a la redención. Pero implica algo más que pagar el precio de compra; además, en forma intensificada, significa sacar al esclavo por el que se pagó el precio de rescate del lugar de esclavitud con vistas a otorgarle la libertad.

En relación con la salvación añade al anterior el concepto de libertad por Cristo (Gá. 3.13; 4.5; Ef. 5.16; Col.4.5).

c. lutroó

El significado del término es “desatar”.

Tiene que ver la liberación misma, el acto de poner en libertad

al esclavo, mediante el pago del rescate (1 Ti.2.6; Tit.2.14; 1 Pe. 1.18). El pago del rescate es la sangre de Cristo (Heb.9.12).

d. Apolutrosis ,

Expresa la idea de liberación.

Se usa para demostrar la redención del creyente (1 Co. 1.30).

También para referirse a la liberación del pecador que recibe a Cristo como Salvador personal (Ro. 3.24; Ef. 1.7,14; Col. 1.14; He. 9.14).

e. Peripoiesis

Equivale a adquirir como posesión propia (Hch. 20.28; 1 Pe. 2.9).El creyente viene a ser, como resultado de la obra de redención, propiedad particular de Dios.

Las calles del cielo estarán llenas de ex-cautivos, quienes a través de ningún mérito propio, se encuentran perdonados y libres. Los esclavos del pecado son convertidos en santos. No sorprende que cantan un nuevo cántico-un cántico de alabanza al Redentor que fue inmolado (Ap. 5:9). Nosotros éramos esclavos del pecado, condenados a una separación eterna de Dios. Jesús pagó el precio para redimirnos, resultando en nuestra liberación de la esclavitud el pecado, y nuestro rescate de las consecuencias eternas de ese pecado.

Conclusión:

Por el primer pecado de Adán perdió éste para si y todos sus descendientes la amistad con Dios y se nos cerraron las puertas del Cielo. Eramos una familia desheredada, al igual que un padre de familia comete una falta gravísima y en castigo le despojan de todos sus bienes y lo mandan al destierro. Las consecuencias de ese pecado la sufren también sus hijos, que se ven privados de gozar de los bienes que poseía su padre. Lo mismo nos ocurrió con nuestros primeros padres. Es el misterio del pecado original. Pero Dios, que es infinitamente misericordioso, tuvo compasión del hombre caído. Y quiso que volviéramos a su amistad, a ser sus hijos y a que se abrieran las puertas del Cielo para gozar con El eternamente.

El hombre había ofendido a la Majestad Infinita de Dios, pero el hombre, finito, no podía reparar una ofensa inferida a un Dios Infinito. La gravedad del pecado era en cierto modo infinita. Un hombre, el más ignorante, destruye la más bella estatua, pero no puede repararla y hacerla de nuevo. Lo mismo ocurrió con el pecado del hombre. Sólo Jesucristo podía reparar a la Justicia Infinita de Dios con reparación de valor infinito digna de Dios.

  • «Porque tanto amó Dios al mundo, que le dio su unigénito Hijo para que todo el que crea en El no perezca, sino que tenga la vida eterna.» (Jn. 3.)

Si un hombre comete un horrendo crimen y es condenado a muerte, ¿le perdonarán porque él pida perdón? ¡No! ¡Sólo cabe el perdón si lo pide una persona dignísima, de mucho prestigio ante el Jefe del Estado. Así pasó con el pecado de Adán y pasa con todos nuestros pecados; éramos polvo, nada, y Dios es Infinito. Pero la segunda Persona de la Santísima Trinidad, el Verbo que era Dios, se hizo Hombre. Y Cristo, desde la Cruz, sufriendo dolores cruentísimos, pide al Padre eterno perdón y misericordia para todos los pecadores. Y en aquel instante de la Redención, Dios nos vuelve a hacer hijos suyos y las puertas del Cielo se abren para que entraran por ellas todos los hombres una vez arrepentidos de sus pecados.

“Como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.” — Mateo 20:28

Es imposible que nosotros sepamos cuán grandes fueron los dolores que el Salvador soportó; sin embargo, una mirada a ellos no dará una pequeñísima idea de la grandeza del precio que Él tuvo que pagar por nosotros. Oh, Jesús, ¿quién podrá describir Tu agonía?

“¡Que se reúnan en mí todos los manantiales,
Y habiten en mi cabeza y mis ojos; vengan, nubes y lluvia!
Mi dolor necesita de todos esos líquidos,
Que la naturaleza ha producido. Que cada vena
Absorba todo un río para alimentar mis ojos,
Mis ojos cansados de llanto; demasiado secos están
A menos que se liguen a nuevos conductos y suministros,
Que los humedezcan, y reflejen mi conciencia.”
(Spurgeon)

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Fuente bibl:

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4 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Silveri Garrell
    May 01, 2010 @ 15:30:31

    Vaya por Dios, que el perdonar los pecados por los hombres siendo sacerdotes o simples cristianos lo lleva la misma Palabra del Evangelio: “a quienes perdonéis los pecados les serán perdonados”. La letra esta bien clara y no me explico como la ponéis en duda vosotros los creyentes evangélicos que tanto os basáis en la Escritura. Otra cosa es que solo pueda perdonar pecados el sacerdote ordenado pero la Escritura en algunos pasajes no lo deja suficiente claro que sea facultd del ordenado y puede entenderse tambien que un pecado (ofensa sufrida) si un bautizado la perdona a su agresor luego el Cielo la perdona. Si no creéis en el sacerdocio en cuanto a perdonar pecados al menos creed en la Escritura que lo refiere a los creyentes.

  2. Ricardo Paulo Javier
    May 01, 2010 @ 15:37:45

    La redención

    Pasamos ahora de la ‘propiciación’ a la ‘redención’. Al procurar comprender el éxito de la cruz, las imágenes se trasladan del atrio del templo al mercado, de la esfera ceremonial a la esfera comercial de los ritos religiosos a las transacciones empresariales. En el nivel más básico ‘redimir’ es comprar o recuperar por compra, ya sea como adquisición o como rescate. Inevitablemente, entonces, se pone el énfasis de la Imagen de la redención en nuestro lamentable estado de pecado -más bien nuestro cautiverio- que hizo necesario un acto de rescate divino. La ‘propiciación’ se centra en la ira de Dios que fuera aplacada por la cruz; la redención, en la angustiosa situación de los pecadores, de la cual fueron rescatados por la cruz.

    Por otra parte, ‘rescate’ es la palabra apropiada. Las palabras griegas Iytroo (traducida generalmente redimir) y apolytrosis (‘redención’) se derivan de lytron (‘rescate’ o ‘precio de liberación’), que era un termino casi técnico en el mundo antiguo para la adquisición o manumisión de un esclavo. Como escribió Lean Morris, en vista del Invariable uso de los autores profanos’: a saber que este grupo de vocablos se refiere a “un proceso que comprende la liberación mediante pago de un precio de rescate’:23 a menudo muy costosa, no tenemos libertad para diluir su significado convirtiéndola en una liberación difusa e incluso barata. Hemos sido ‘rescatados’ por Cristo, no solamente ‘redimidos’ o ‘liberados’ por él.

    B. B. Warfield tenía razón cuando señaló que “asistimos a los funerales de una palabra. Es triste verificar la muerte de cualquier cosa digna, incluso de un vocablo
    digno. Pero lo cierto es que hay palabras dignas que se mueren, como cualquier otra cosa digna, si no nos ocupamos de cuidarlas’: Más triste aun es “que mueran en el corazón de los hombres las cosas que las palabras representan”.24 Se refería a la pérdida, por parte de los de su generación, de un sentido de gratitud para con aquel que pagó nuestro rescate.

    En el Antiguo Testamento la propiedad, los animales, las personas y la nación eran todos ‘redimidos’ mediante el pago de un precio. Estaba legislado el derecho (incluso el deber) de representar el papel de ‘pariente redentor’ y recuperar por compra una propiedad que había sido enajenada, con el objeto de conservarla en la familia o tribu. Tenemos, por ejemplo, los casos en que actuaron Booz y
    Jeremías.25

    En cuanto a los animales, los machos primogénitos de todo el ganado pertenecía por derecho a Yahvéh; los asnos y los animales impuros, sin embargo, podían ser redimidos (es decir recuperados por compra) por el dueño.26

    En el caso de individuos israelitas, cada uno tenía que pagar ‘el rescate de su persona’ en la época del censo nacional; los varones primogénitos (quienes desde la primera pascua pertenecían a Dios), especialmente los que sobrepasaban el número de los levitas que los reemplazaban, tenían que ser redimidos; el dueño de un toro notoriamente peligroso, que acorneara a un hombre y lo matara, debía ser muerto, a menos que se redimiese la vida del hombre mediante una multa adecuada; y un israelita pobre obligado a venderse así mismo como esclavo podía posteriormente ya sea redimirse él mismo o ser redimido por un pariente. Y En todos estos casos de ‘redención’ había una intervención decisiva y costosa. Alguien pagaba el precio necesario para liberar la propiedad de su embargo, a los animales de ser sacrificados, a las personas de la esclavitud e incluso de la muerte.

    El concepto se aplicaba aun a la nación. El vocabulario de la redención se usaba para describir la liberación de Israel por parte de Yahvéh tanto de la esclavitud en Egipto 28 como del exilio en Babilonia.29

    Pero en este caso, dado que el redentor no era un ser humano sino Dios mismo, ¿podemos seguir sosteniendo que ‘redimir’ es ‘rescatar’? ¿Qué precio pagó Yahvéh para redimir a su pueblo?

    El obispo B. F. Westcott parece haber sido el primero en sugerir una respuesta: “La idea del ejercicio de una fuerza poderosa, la idea de que la ‘redención’ cuesta
    mucho, está presente en todas partes:’30

    Warfield amplió este concepto: “Cuando se alude a la redención de Egipto, ocupa un lugar central la idea de que fue efecto de una gran inversión de poder divino y que, en ese sentido, costó mucho. Esta parece constituir la idea central que se procuraba transmitir.”31 Porque Dios redimió a Israel “con brazo extendido” y “con mano poderosa”.32

    Llegamos a la conclusión de que la redención siempre comprende el pago de un precio, y de que la redención de Israel por parte de Yahvéh no fue una excepción. Incluso aquí, resume Warfield, “se preserva la concepción del pago de un precio que está intrínseca en [el verbo] lutrousthai … Una redención sin que se pague un precio es una transacción tan anómala como una venta sin la mediación de dinero”.33

    Tres énfasis de la redención en el Nuevo Testamento
    Cuando llegamos al Nuevo Testamento y consideramos su enseñanza acerca de la redención, nos damos cuenta de inmediato que hay cambios. Sigue entendiéndose que quienes necesitan redención se encuentran en una situación tan lamentable que pueden ser redimidos solamente mediante el pago de un precio. Pero ahora la situación es moral más que material, y el precio es la muerte expiatoria del Hijo
    de Dios. Esto resulta evidente en el famoso dicho de Jesús sobre el rescate, de carácter fundacional para la doctrina neotestamentaria de la redención: “El Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Marcos 10-45). Las imágenes suponen que nos encontramos en una esclavitud de la que sólo el pago de un rescate puede liberarnos, y que el rescate es nada menos que la vida del propio Mesías. Nuestra vida está enajenada; en
    cambio su vida será sacrificada.

    F. Büchsel seguramente tiene razón al decir que las palabras de Jesús “indudablemente implican la sustitución”.

    Esto queda claro por la combinación de los dos adjetivos en la expresión griega antilytron hyper pollan (literalmente, ‘un rescate en lugar de y por amor a muchos’).

    “La muerte de Jesús significa que le ocurre a él lo que debería haberles ocurrido a muchos. En consecuencia él ocupa el lugar de ellos.”34

    Una expresión paralela (quizá eco de ella) aparece en 1 Timoteo 2•5-6: “Jesucristo … se dio a sí mismo en rescate por todos.”

    Resulta instructivo que el historiador judío Josefa usara lenguaje similar cuando describió la visita del general romano Craso al templo de Jerusalén en el 54-53 a.c., resuelto a saquear el santuario. Un sacerdote llamado Eleazar, guardián de los tesoros sagrados, le dio una gran barra de oro (cuyo valor era de 10.000 siclos) a modo de lytron anti pantan, ‘rescate a cambio del todo’. Es decir, la barra de
    oro fue ofrecida para sustituir los tesoros del templo.35

    ¿Cuál es, en primer lugar, la lamentable situación humana, de la que no podemos evadirnos y que hace necesario que seamos redimidos? Hemos visto que en el Antiguo Testamento las personas eran redimidas de una variedad de situaciones sociales graves tales como deudas, cautividad, esclavitud, exilio y eventual ejecución. De lo que Cristo nos ha rescatado es de una esclavitud moral. Esta se
    describe unas veces como nuestras ‘transgresiones’ o ‘pecados’ (por cuanto en dos versículos claves ‘redención’ es sinónimo de ‘el perdón de los pecados’36), otras como ‘la maldición de la ley’ (a saber el juicio divino que pronuncia contra los que quebrantan la ley),37 y otras más como la ‘vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres’.38

    Con todo, ni siquiera la liberación de estos cautiverios completa nuestra redención.
    Hay algo más todavía, por cuanto Cristo “se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad’:39 para liberarnos de todos los estragos de la caída. Esto es algo que aún no hemos experimentado.

    En el Antiguo Testamento, si bien el pueblo de Dios había sido redimido de sus exilios egipcio y babilónico, no obstante seguían esperando la promesa de una redención más plena, anticipando ‘la redención de Jerusalén’.40 Así también el pueblo de Dios en el Nuevo Testamento, si bien ya ha sido redimido de la culpa y el juicio, sigue esperando ‘el día de la redención’ cuando hemos de ser hechos
    perfectos. Aquí estará incluida ‘la redención de nuestro cuerpo’.

    Entonces, toda la creación que gime, al unísono será liberada de su esclavitud a la corrupción y compartirá la libertad de la gloria de los hijos de Dios. Mientras tanto, el Espíritu Santo que mora en nosotros es él mismo el sello, la garantía y las primicias de nuestra final redención.41 Sólo entonces Cristo nos habrá redimido (como también al universo) de todo pecado, dolor, inutilidad y corrupción.

    Segundo, habiendo considerado la lamentable situación de la que hemos sido redimidos, es preciso que consideremos el precio con el cual hemos sido redimidos. El Nuevo Testamento nunca exagera las imágenes hasta el punto de indicar a quién se le pagó el rescate, pero no nos deja con dudas acerca del precio, que fue la persona de Cristo mismo. Para comenzar, estaba el costo de la encarnación, de ingresar a nuestra condición o estado con el fin de alcanzarnos. Se nos dice que Dios envió a su Hijo, “nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley” (Gálatas 4.4-5).

    Jeremías se pregunta si Pablo estaba aludiendo al “dramático acto de ingresar en la esclavitud con el fin de redimir a un esclavo”, así como la entrega del cuerpo para ser quemado (1 Corintios 13.3) podría referirse al hecho de ser “señalado con la marca del esclavo’:42 Más allá de la encarnación, sin embargo, se encontraba la expiación. Para cumplirla se dio ‘a sí mismo’ (1 Timoteo 2.6; Tito 2.14) o entregó su ‘vida’ (su psyche, Marcos 10.45), muriendo bajo la maldición de la ley para redimirnos de ella (Gálatas 3.13).

    Sin embargo, cuando se indica el gran precio pagado por Cristo para rescatarnos, la expresión más común empleada por los autores neotestamentarios no fue ‘sí mismo’, ni su ‘vida’ sino su ‘sangre’. “Fuisteis rescatados oo’ no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación” escribió Pedro en su primera carta (1.18-19). Por su parte, el escritor de la Carta a los Hebreos, empapado como lo
    estaba en las imágenes sacrificiales, enfatizó el hecho de que Cristo fue víctima a la vez que sacerdote, ya que “por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo”.43

    ¿Qué significa la ‘sangre’ de Cristo, empero? Todos los entendidos están de acuerdo en que alude a su muerte, pero, ¿en qué sentido?

    Escogiendo la triple aseveración en Levítico 17.11-14 de que “la vida de la carne en la sangre está” (VRV2) o “todo ser vive por la sangre que está en él” (vp), y la declaración aun más directa de Deuteronomio 12.23 de que “la sangre es la vida’: teólogos británicos elaboraron una teoría extrañamente popular a fines del siglo pasado. Según esta opinión, la sangre de Cristo no representa su muerte sino su vida, vida que se libera mediante la muerte y de este modo está disponible
    para nosotros.

    Vincent Taylor, C. H. Dodd, y aun P. T. Forsyth estaban entre los que elaboraron esta idea. Sin embargo, su origen se remonta generalmente al obispo B. F. Westcott en su Commentary on the Epistles of John (Comentario a las Epístolas de Juan), publicada en 1883, en el cual escribió:

    Mediante la efusión de la sangre la vida que estaba en ella no fue destruida, aunque fue separada del organismo al que anteriormente daba vida oo. De esta manera dos ideas inconfundibles estaban incluidas en el sacrificio de la
    víctima, la muerte de una víctima por el derramamiento de su sangre, y la liberación, por así decirlo, del principio de la vida que lo había vivificado, de modo que esta vida quedó disponible para otro fin. 44

    Justamente la sangre de Cristo fue primero su propia vida entregada por nosotros y luego entregada a nosotros.

    En su comentario posterior sobre la Epístola a los Hebreos, Westcott seguía enseñando el mismo concepto. La sangre es vida “considerada como todavía viviente’: y “la sangre vertida es la energía… puesta a disposición de otros’:45

    James Denney rechazó claramente esta tesis. En 1902, en su libro The death of Christ (La muerte de Cristo) instó a sus lectores a no adoptar “el extraño capricho que fascinó a Westcott’: quien distinguió en la sangre de Cristo entre su muerte y su vida, su sangre derramada y ofrecida, su vida entregada a muerte y liberada por los seres humanos. “Me aventuro a decir”, continuó, “que una fantasía más
    infundada jamás obsesionó y perturbó la interpretación de parte alguna de las Escrituras” (p. 149).

    En 1948 se publicó la excelente monografía de Alan Stibb titulada The meaning of the word ‘blood’ in Scripture (El significado del término ‘sangre’ en las Escrituras), que tendría que haber dado por tierra con esta teoría para siempre. Stibb hace un exhaustivo examen de las menciones del término ‘sangre’ tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, y no encuentra ninguna dificultad para demostrar que
    se trata de “una palabra simbólica para muerte’: Por cierto que ‘la sangre es la vida de la carne’.

    Pero “esto significa que si se separa la sangre de la carne, sea en el hombre o en los animales, la vida física presente en la carne llegará a su fin. La sangre derramada, representa, por consiguiente, no la liberación de vida de la carga de la carne, sino la terminación de la vida en la carne. Funciona como testigo de la muerte física, no como prueba de supervivencia espiritual”. Por lo tanto, la expresión ‘beber la sangre de Cristo’ no describe “la participación en su vida sino apropiación de los beneficios de su vida entregada a muerte”.46

    No podemos hacer otra cosa que llegar a la conclusión, como lo hace Stibh, con una cita tomada del artículo de Johannes Behm sobre la palabra ‘sangre’ en el diccionario de Kittel: ”’Sangre de Cristo’ es (igual que ‘cruz’) sólo otra expresión más clara para la muerte de Cristo en su significado salvífico” o en su “significación
    redentora’:47

    La imagen de la ‘redención’ ofrece un tercer énfasis. Además de la trágica situación de la cual somos redimidos, y del precio pagado para ello, llama la atención hacia la persona del redentor, quien adquiere derechos de propiedad sobre lo que ha comprado. Así, el señorío de Jesús tanto sobre la iglesia como sobre el cristiano se
    atribuye al hecho de que nos compró con su propia sangre. A los presbíteros, por ejemplo, se los insta a supervisar la iglesia sobre la base de que Dios en Cristo la ha comprado con su propia sangre (Hechos 20.28). Si valía la pena que él derramase su sangre por la iglesia, ¿acaso no vale la pena que nosotros trabajemos por ella? El privilegio de servirla lo determina el inmenso valor del precio pagado
    por su compra. Ese parece ser el argumento. Además, la comunidad redimida en el cielo canta una nueva canción que celebra el valor y la dignidad del Cordero:

    Digno eres de tomar el libro
    y de abrir sus sellos;
    porque tú fuiste inmolado,
    y con tu sangre nos has redimido para Dios,
    de todo linaje y lengua y pueblo y nación.48

    Recordar que el Señor Jesucristo nos ha comprado con su sangre, y que como consecuencia nosotros le pertenecemos, debería motivarnos a la santidad, como cristianos ‘individuales, así como motiva a los presbíteros a cumplir un ministerio fiel y a la hueste celestial a adorar. Detectamos una nota de escándalo en la voz de
    Pedro cuando habla de los maestros falsos que con su desvergonzado comportamiento “negarán al Señor que los rescató” (2 Pedro 2.1).

    Puesto que él los compró, le pertenecen. Por lo tanto, deberían reconocerlo como Señor en lugar de negarlo. El urgente llamado que nos hace Pablo cuando dice ‘huid de la fornicación’ (‘inmoralidad sexual’, vp) tiene como base la doctrina del cuerpo humano ya quién le pertenece. Por un lado, pregunta sorprendido: “¿Ignoráis que
    vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?”

    Y afirma: “Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo.”49

    Nuestro cuerpo no sólo ha sido creado por Dios y algún día será resucitado por él, sino que ha sido comprado con la sangre de Cristo y en él mora su Espíritu. Por lo tanto pertenece a Dios triplemente, por creación, por redención y porque mora en él. ¿Cómo, entonces, podemos usarlo mal, siendo que no nos pertenece? En cambio, hemos de glorificar y honrar a Dios con él, mediante la obediencia y ejerciendo control sobre él. Hemos sido comprados por Cristo, por lo cual no tenemos derecho alguno a hacernos esclavos de nadie ni de nada. Tiempo hubo en que fuimos esclavos del pecado; ahora somos esclavos de Cristo, y su servicio es la verdadera libertad.

    Notas
    23 Lean Monis: Apostolic preaching,p. 10. Ver también el capítulo 5,
    ‘Redemption’, en su Atonement,pp. 106-131.
    24 De un artículo sobre la redención (‘Redemption’) por B. B. Warfield,
    aparecido primeramente en The Princeton Theological Review (t. XIV,
    1916), Yreimpreso en su Person and work, pp. 345, 347•
    25 Lv. 25.25-28; Rt. 3-4; Jer. 32.6-8. Cf Lv. 27 para la redención de
    tierras que habían sido dedicadas al Señor mediante un voto especial.
    26 Éx. 13-13; 34.20; Nm. 18.14-17.
    27 Éx. 30.12-16; 13.13; 34.20;Nm. 3.40-51; Éx. 21.28-32; Lv. 25.47-55•
    28 Por ej. Éx. 6.6; Dt. 7.8; 15.15; 2 S. 7.23.
    29 Por ej. Is. 43.1-4; 48.20; 51.11; Jer.31.11.
    30 B. F. Westcott: Epistle to the Hebrews, p. 298.
    31 B. B. Warfield: Person and work,p. 448. Lean Monis plantea lo mismo en su Apostolic preaching, pp. 14-17, 19S.
    32 Por ej. Éx. 6.6; Dt. 9.26; Neh. 1.10;Sal. 77.15.
    33 B. B. Warfield: Person and work,pp. 453S.
    34 F. Büchsel: ‘hilaskomai’, p. 343.
    35 Josefa: Antigüedades, XIV.107.
    36 Ef. 1.7; Col. 1.14. Cf He. 9.15.
    37 Gá. 3.13; 4.5.
    38 1P. 1.18.
    39 Tit. 2.14. El sustantivo es anomia,’ilegalidad’.
    40 Le. 2.38. Cf 1.68; 24.21.
    41 Le. 21.28; Ef. 1.14; 4.30; Ro.8.18-23.
    42 Jeremías: Mensaje central (pp. 37s en la edición citada por el autor; ver Bibliografía). Cf I Clem. LV.
    43 He. 9.12. Ver también las referencias a la sangre de Cristo en relación con nuestra redención tanto en Ro. 3.24S como en Ef. 1.7.
    44 B. F. Westcott: Epistles of John. Nota adicional sobre 1 Jn.1.7, ‘The idea of Christ’s blood in the New Testament’, pp. 34ss.
    45 B. F. Westcott: Epistle to the Hebrews. Nota adicional sobre Hebreos 9.9, pp. 283ss.
    46 Alan M. Stibbs: Meaning of the word ‘blood’ in Scripture, pp. 10,12, 16; 30. Lean Morris tiene un capítulo titulado ‘The blood’ en su Apostolic preaching (pp. 108-124), Y en su Cross in the New Testament escribe: “Los hebreos entendían ‘sangre’ habitualmente en el sentido de ‘muerte violenta'” (p. 219). F. D. Kidner también critica la tesis de Westcott en su Sacrifice in the Old Testament, y señala que la prohibición de usar sangre en la comida “es consecuente con la idea de su carácter precioso, pero difícilmente con la de su potencia” (p. 24).
    47 Johannes Behm: ‘haima’, p. 173.
    48 Ap. 5.9; cf 1.5s; 14.3S.
    49 1 Ca. 6.18-20; cf 7.23.

    Fuente bibl:
    John Stott, La Cruz de Cristo, pag. 196-202, Ed. Certeza

  3. Ricardo Paulo Javier
    May 01, 2010 @ 16:21:54

    La Expiación de Cristo: Redención
    La muerte de Jesús nos redimió del pecado. Esto significa liberación y libertad para el creyente (vea Gá. 5:1). En el mundo antiguo la esclavitud era algo común. Una persona podía nacer esclavo, ser hecha una esclava como prisionera de guerra, o ser secuestrada por traficantes de esclavos. Una vez que una persona era esclava, sus hijos también eran esclavos, a no ser que una persona o grupo pagara el rescate y los redimía. En la esfera espiritual, Cristo pagó ese rescate con Su sangre, y fue completamente suficiente. Los eruditos en la historia cristiana han especulado sobre a quién Jesús pagó el rescate, algunas veces dando muchos detalles para describir la transacción. Tal especulación tiende a crear más problemas que los que resuelve. El punto primordial; del Nuevo Testamento es que Cristo nos ha hecho libres, y el énfasis está en el increíble poder de Dios para hacer en Cristo aquello que anteriormente nada había podido lograr. La libertad es plena y completa en Cristo Jesús.

    La persona de Jesús y Su obra expiatoria van juntas. Pablo dijo: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo” (Hch. 16:31). Jesús no vino al mundo en una misión de enseñar y predicar solamente. El vino para hacer algo que no podía ser realizado sin el Calvario. El dijo: “El Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lc. 19:10). Pedro declaró de Cristo en pentecostés: “A éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole;” (Hch. 2:23). Pablo dijo: “Al que no conoció pecado, por nosotros; lo hizo pecado, para que fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Co. 5:21).

    La redención es el resultado de la disposición del Hijo de Dios para llevar nuestros pecados en Su cuerpo para que nosotros muriésemos al pecado y viviésemos a la justicia (Vea 1 Pe. 2:24).

    ¿Por qué Dios permitió la cruz? La mejor exposición es dada por Jesús: “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda mas tenga vida eterna” (Jn. 3:14,15). En la cruz Dios ha hecho por los pecadores lo que ellos no podían hacer por sí mismos.

    Jesús nos redimió de toda iniquidad. Todos nuestros pecados están bajo Su sangre.

    Roy T.Edgemon, “Las doctrinas que creen los bautistas” , p. 70-71, Convention Press.Nashville,Tennessee

  4. HumbleServant
    May 01, 2010 @ 18:34:07

    Hno. Paulo:

    ¿Será que contestar al Don Silveri, nos ponga ante un nuevo “Emilio”? ¿Hacemos mal en aclarar conceptos?, ¿Debemos permitir que los lectores y participantes queden sin respuesta?

    Es de reflexionar… ¿Entonces para que existen los blogs?

    Saludos hermano.

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