Años 200-300

Años 200-300

Sencilla organización de las iglesias. — El culto cristiano. — Costumbres de los cristianos. — Los mártires de Cartago. — Orígenes. — Más per secuciones. — Cipriano. — Los novacianos. — Las catacumbas.

Sencilla organización de las iglesias.

El cristianismo entra ya en el tercer siglo de su existencia. En las dos centurias anteriores ha podido demostrar que el evangelio es el poder de Dios para dar salvación a iodo aquel que cree. El heroísmo de sus mártires; el fervor común a todos sus adeptos; los argumentos irrefutables de sus apologistas; y sobre todo, la vida santa de los cristianos, han producido en el mundo una impresión que todos los siglos y todas las persecuciones no podrán borrar. El paganismo se siente amenazado, y su fla queza se hace cada vez más manifiesta ante el empuje triunfal del evangelio. La lucha durará siglos, sin embargo, y los discípulos del crucificado continuarán dando testimonio de su fe y declarando al mundo “que Dios manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan”.

En el primer siglo, y también en el segundo, las iglesias eran pequeñas repúblicas. No existía en ellas un sacerdocio como en el templo, sino una verdadera democracia semejante a la que regía las sinagogas. Los obispos y diáconos eran elegidos por el voto de los que componían las iglesias. Para reemplazar a Judas, se convocó a todos los hermanos, y se pidió el consentimiento general. Cuando se eligieron los siete diáconos en Jerusalén, toda la asamblea tomó parte en ese acto. Para designar los ancianos se acudía al voto de los hermanos, y no hallamos ningún asunto que sea resuelto por autoridad de arriba, sino mediante la participación de los directamente interesados. Los cargos de pastor y diácono no revestían ningún carácter clerical. “Nacidos de las necesidades, a medida que éstas se manifiestan —dice Pressensé— estos cargos tienen un carácter representativo, son ministerios para servir y no un sacerdocio para dominar”. En las iglesias había profetas que predicaban y doctores que enseñaban, pero todos los miembros tenían libertad de hacer uso de la palabra cuando se sentían impulsados a dar algún mensaje espiritual.

La igualdad de pastores era absoluta. Los términos del obispo y presbítero o anciano se daban a la misma persona y designaban el mismo cargo. (Hechos 20: 17 y 28). Había varios obispos en una sola iglesia o congregación (Fil. 1: 1) y no un obispo para vigilar muchas iglesias. La idea de obispos con jurisdicción en una provincia o país les era del todo desconocida.

Pero ya en el segundo siglo hallamos los gérmenes del episcopado, que aparece como cosa casi general en el tercero. Al lado del episcopado vemos crecer las ideas sacerdotales que producirían una lamentable degeneración del cristianismo. La doctrina de la justificación por la fe, “madre de todas las libertades y fundamento de la igualdad religiosa”, empezó a ser descuidada. El legalismo avanza y ya se nota en los escritores del segundo siglo que no entendían tan radicalmente como Pablo, la diferencia entre el viejo y el nuevo pacto. La confu sión de la ley y la gracia no podía menos que ser funesta en sus últimos resultados. La religión del Antiguo Testamento es ceremonial, y si entraba a formar parte del sistema cristiano quedaba abierta la puerta del ceremonialismo; es una religión de familia, por lo tanto su confusión con el Nuevo Testamento ayudaba al pedobautismo, que abría las puertas de las iglesias a las multitudes inconversas; es sacerdotal, de modo que los que la miraban como abolida solamente en parte, no podían sentirse sino predispuestos a dar al cristianismo el mismo ca rácter, matando así paulatinamente la doctrina evangélica del sacerdocio universal de los creyentes. Oigamos de nuevo a Pressensé: “El sacerdocio universal no se mantiene en toda su amplitud, en práctica como en teoría, sino cuando el sacrificio redentor de Cristo es aceptado sin reservas como el principio de la salvación universal. Él no es el único sacerdote de la iglesia si realmente no ha cumplido todo sobre la cruz, no dejando a sus discípulos sino el deber de asimilarse su sacrificio por la fe, para ser hechos sacerdotes y reyes en el y por él. Si todo no fue consumado en el Calvario; si la salvación del hombre no está cumplida, estamos nuevamente separados de Dios; no tenemos ya más libre acceso a su santuario y buscamos mediadores y sacerdotes que presenten la ofrenda en nuestro lugar. Cuando el cristianismo es mirado más bien como una nueva ley que como una soberana manifestación de la gracia divina, nos deja librados a nuestra impotencia, a nuestra indignidad, a nuestros interminables esfuerzos, a la necesidad de expiaciones parciales. No somos ya más reyes y sacerdotes, volvemos a caer bajo el yugo del temor servil. La jerarquía se aprovecha de todo lo que pierde la confianza filial en la infinita misericordia que hace inútiles todos los intermediarios de oficio entre el penitente y Dios”.

Si los cristianos hubieran permanecido siempre con la mirada totalmente fija en la cruz del Calvario, reconociendo que fue completa y perfecta la obra que en ella consumó el Cristo, no tendríamos que lamentar los males incalculables producidos por el sacerdotalismo y por las jerarquías eclesiásticas.

A principios del siglo tercero las iglesias ya habían abandonado, en parte, su forma primitiva de organización. Sin embargo seguían siendo ellas las que elegían a sus ancianos, aunque a uno de éstos le daban el título de obispo y le consideraban director de los demás ancianos. Pero toda iglesia pe queña o grande tenía aún su obispo, y éste era elegido no por elementos extraños a la congregación, sino por la congregación misma. La Constitución de las iglesias coptas dice: “Que el obispo sea nombrado después de haber sido elegido por todo el pueblo y hallado irreprochable”.

La distinción entre los pastores y los miembros empezó a ser más pronunciada. A los primeros se les llamóclérigos y a los segundos legos. Esta distinción no existía al principio. Es extraño que Tertuliano, el gran campeón de las reivindicaciones del pueblo cristiano, y fogoso opositor del clericalismo, haya sido el primer escritor que usó la palabra clero para designar a los que tenían cargos especiales en las iglesias, aunque no la usó con todo el sentido que tiene en estos tiempos.

Después del obispo y los ancianos, los diáconos ocupan el tercer lugar entre los siervos de las congregaciones. El oficio de diácono varió muy poco de lo que fue en las iglesias que figuran en el Nuevo Testamento. Su misión principal consistía en velar por las necesidades materiales de la iglesia, no sólo en los gastos que ocasionaban sus instituciones y obreros sino también en atender a las necesidades temporales de los miembros. Los ancianos, las viudas, los enfermos, y todos los her manos imposibilitados para el trabajo eran atendidos por la iglesia. Sin renunciar a la propiedad privada, cada cristiano vivía no para sí, sino para todos. Pertenecía a los diáconos el velar sobre estos asuntos, a fin de que los ancianos pudiesen dedicarse completamente a la oración y a la palabra. Los diáconos visitaban a los enfermos y administraban los asuntos temporales. Eran hombres caracterizados por su piedad y aptitudes para este oficio. En los cultos eran los que pasaban de mano en mano el pan y el vino de la comunión, y asistían a los hombres en el acto del bautismo. Ayudaban en la obra espiritual con sus consejos y amonestaciones. Se les tenía en gran estima. Cuando eran consagrados a este oficio, la iglesia oraba para que el espíritu de Esteban cayese sobre ellos, como el manto de Elías sobre Eliseo.

Otro cargo que llegó a ser de mucha importancia fue el de los anagnostai, o lectores, quienes estaban encargados de leer las Sagradas Escrituras al pueblo cristiano. Debemos recordar que los libros eran muy escasos y que muy pocos sabían leer, en comparación con los tiempos modernos. La existencia de este oficio demuestra que la lectura de la Biblia ocupaba un lugar prominente en el culto cristiano y enseñanza de los miembros de las iglesias. Se exigía para ocupar este puesto una conducta ejemplar y digna de la misión que iban a des empeñar.

Las diaconisas ya mencionadas en el Nuevo Testamento (Rom. 16:1) eran numerosas en los siglos segundo y tercero. Su misión era para con las personas de su sexo la misma que la de los diáconos: visitar las enfermas, enseñar a las recién convertidas y velar sobre su conducta. Es así como el cristia nismo elevó a la mujer dándole una misión importante que cumplir en la vida. Se requería para ser diaconisa tener sabiduría y buena reputación entre los de afuera.

Al lado de las diaconisas estaban las ancianas, que en muy poco diferían, salvo en que la misión de estas últimas era más bien de carácter espiritual, mientras que la de las primeras era sobre cosas temporales especialmente.

En la mesa de la comunión los fieles depositaban sus donativos según el Señor los había prosperado. Estos fondos los administraba la iglesia por medio de sus diáconos. Tertu liano decía: “Cada uno como puede. Estas ofrendas libres de la piedad no se gastan en festines, sino que se consagran para alimentar a los pobres, los huérfanos, los esclavos viejos; para socorrer a los náufragos, a los desterrados en las minas y en las islas lejanas”. Indudablemente que muchos de los pas tores eran sostenidos por las contribuciones de los miembros, pero no era costumbre fija ni general. La mayor parte de ellos seguían ocupándose en sus oficios y ganando así el sus tento para sí y sus familias a la vez que servían gratuitamente a las iglesias. La idea de que el ministerio cristiano es incompatible con el desempeño de un oficio secular no existía entonces. Los que dejaban su trabajo y aceptaban ser sostenidos totalmente o en parte por las iglesias, lo hacían con el único fin de estar más libres para ocuparse en la obra para la cual eran llamados.

El culto cristiano.

En el primer siglo, la cena del Señor era el centro del culto cristiano. Los fieles se reunían con el objeto de conmemorar, por medio del rompimiento del pan, la muerte expiatoria del Hijo de Dios.

La reunión era del todo fraternal. Los pastores que actua ban no asumían ningún carácter clerical ni sacerdotal, sino que se tenían a sí mismos como encargados por el Espíritu Santo para exhortar y enseñar la doctrina de Jesucristo. Todos tomaban libremente parte en el culto, ya dirigiendo la palabra, ya orando, ya indicando algún salmo o himno para ser ento nado por todos. El que presidía el culto no lo monopolizaba, sino que estaba ahí para cuidar del buen orden del mismo.

En los siglos segundo y tercero el culto conserva aún este carácter, aunque ya se siente amenazado por el clericalismo de algunos obispos y por el espíritu ceremonial.

La cena no era un sacrificio. Los cristianos no habían olvidado el carácter conmemorativo de esta ordenanza. No se creía en lo que se llama la presencia real en los elementos componentes. El pan era un emblema del cuerpo de Cristo y el vino lo era de su sangre. Ambas especies eran tomadas por todos indistintamente, pues no había diferencia entre los hermanos.

La lectura de las Escrituras era una parte importante del culto. Como no existía la división de capítulos y versículos, a menudo se leían libros enteros en una sola reunión, mayor mente si se trataba de una Epístola. El Antiguo Testamento era recibido como divinamente inspirado. No existía lo que hoy llamamos” Canon del Nuevo Testamento. Cada libro era una obra completa en sí. Se aceptaban por su contenido y no por autoridad externa; así vemos que el Pastor de Hermas y la Epístola de Bernabé eran leídos en las asambleas.

Después de la lectura seguía la predicación, la cual era un desarrollo o explicación práctica de la porción leída, al estilo de la que se hacía en las sinagogas judías. En los tiempos de persecución la predicación se empleaba para dar ánimo a los hermanos a fin de que en la hora de la prueba se hallasen fuertes. En épocas señaladas el discurso tenía por objeto re cordar los sufrimientos y valor de los mártires y confesores. Entonces se exhortaba a imitar las virtudes de los que habían sido fieles hasta la muerte.

La controversia no les era desconocida. Se llamaban ser mones apologéticos aquellos que tenían por objeto enseñar a los catecúmenos las verdades de la fe que iban a profesar públicamente y que con tanta frecuencia tendrían que defender ante los ataques del paganismo. Esta clase de discursos nunca entraba en el culto propiamente dicho.

El canto era también una parte importante del culto. Se cantaban Salmos, es decir, los del Antiguo Testamento, e him nos compuestos por los cristianos y que hacían referencia más directa a las verdades de la gracia del Nuevo Pacto. Los instrumentos musicales eran desconocidos en las reuniones de las iglesias durante los primeros siglos. El canto era del todo sencillo, tanto en la música como en la letra. Reproducimos aquí, en toda su simplicidad y grandeza, dos cánticos que remontan a la época que nos ocupamos y que son citados por Busen. Se cree que son los más antiguos que se conservan:

HIMNO DE LA MAÑANA

Gloria a Dios en las alturas,

T en la tierra paz,

Buena voluntad para con los hombres.

Te alabamos,

Te alabamos,

Te damos gracias

Porque grande es tu gloria.

[Oh, Señor, nuestro rey celestial!

Dios, Padre todopoderoso,

Señor Dios.

Cordero de Dios,

Hijo del Padre,

Que quitas los pecados del mundo.

¡Ten piedad de nosotros!

I Escucha nuestra oración!

[Tú que estás sentado a la diestra del Padre!

Porque sólo tú eres santo,

Único Señor,

¡Oh Jesucristo!

(A la gloria de Dios el Padre!

Amén.

HIMNO DE LA NOCHE

Hijos, cantad al Señor,

Cantad al nombre del Señor.

Te alabamos, te celebramos, te bendecimos

Porque grande es tu gloria

¡Oh Señor, rey nuestro, Padre del Cristo!

Cordero sin defecto que quitas los pecados del mundo,

Eres digno de alabanza,

Eres digno de ser aclamado,

Eres digno de gloria, Dios y Padre.

Por tu Hijo en el Espíritu Santo.

Por los siglos de los siglos.

Amén.

La oración era una de las partes esenciales del culto. Los cristianos se reunían no tanto para oír hablar de Dios, como para hablar con Dios. El lenguaje de la oración era austero evitándose toda retórica innecesaria. Las oraciones estaban llenas del lenguaje de las Escrituras, especialmente de los Salmos y Profetas. Las oraciones no eran largas, evitándose toda vana repetición. La oración pertenecía a toda la asamblea y era dirigida en una lengua inteligible.

Estas eran las características del culto primitivo, según resulta de los escritos de los autores de aquella época. En todo prevalecía la simplicidad. Dios era adorado en espíritu y en verdad, sin los ritos, ceremonias, y pompas que caracterizaban al culto pagano.

En todo culto, antes de distribuirse el pan y el vino de la comunión, todos se daban el beso de paz; los hombres a los hombres y las mujeres a las mujeres. Basta recordar esta cos tumbre piadosa para formarse una idea del amor que unía a todos los que eran hermanos en Jesucristo.

Costumbres de los cristianos.

Nada impresionaba tanto al mundo como la vida santa y costumbres limpias que caracterizaban a los cristianos. Sabemos que la sociedad pagana había llenado la copa de sus abominaciones. Los edictos de algunos emperadores que quisieron detener el avance de la corrupción, no dieron resultado, ni tampoco tuvieron éxito los filósofos que querían hacerlo por medio de la ética. Lo que necesitaba el mundo no era una moral escrita sobre pergaminos, sino un poder capaz de matar las malas pasiones, y crear aspiraciones nobles y obras saludables. Los cristianos poseían ese poder en el evangelio. Cristo vivía en ellos, y el Espíritu que les guiaba les permitía andar en una pureza que los paganos nunca llegaron ni a imaginar. Una de las cosas que el cristianismo hizo en aquellos días fue la de elevar el carácter y dignidad de la mujer. Entre los paganos la mujer era sólo un mueble bello. Entre los cristianos se sienta al lado del hombre en las asambleas, participa del mismo pan en la comunión, toma parte activa en la obra de la iglesia, y cuando llega la hora del martirio, desciende a la arena con tanto heroísmo como el hombre, o aun mayor.

el matrimonio. Cuando una mujer se convertía, siendo ya casada, y su marido quedaba alejado de la fe, se enseñaba a la esposa cristiana a permanecer fiel a su esposo y a procurar ganarlo por medio de una conducta sana, que siempre tiene más influencia que los argumentos. Pero tratándose de mujeres no casadas, se les enseñaba que no debían contraer enlace con los inconversos. A veces llegaban hasta a excluir del seno de las iglesias a las que faltaban en este punto. Tertuliano era muy radical en contra de los matrimonios mixtos, y escribió combatiendo tales uniones, que eran muy raras en aquel entonces, cuando la sima que separaba al mundo de las iglesias era aun más profunda que en estos días. Muestra Tertuliano las dificultades a que se exponía la virgen que se casaba con un pagano. No podrá dejar el techo conyugal para reunirse con sus hermanos; tendrá que oír las canciones y palabras profanas de su marido inconverso; tendrá que preparar banquetes de un estilo repugnante a los que conocen al Señor; para agradar a su marido tendrá que aparecer vestida como no es lícito a santos, y muchas otras cosas más. Es vender el alma al consentir el casamiento.

Pero la unión de dos seres que aman al mismo Señor es tenida por honrosa. Aunque no había lo que hoy llamamos matrimonio religioso, toda la iglesia tomaba parte en la celebración de la boda. No que fuese un sacramento ni una ocasión para exhibir lujo, sino un momento solemne en el que se debía implorar la bendición de Dios sobre los desposados.

el padre. El padre y esposo cristiano era el jefe pero no el déspota y tirano de la casa. Usaba de toda consideración para con los suyos, y todos sus actos tenían que estar reglamentados por el amor. Leónidas, el padre de Orígenes, ha pasado a la historia como un buen ejemplo de padre cristiano. A él debe su ilustre hijo todo lo que fue. El mismo cuidaba de la educación de su hijo. Todos los días le leía las Sagradas Escrituras y le hacía aprender de memoria un trozo de ellas. Después de la lectura hablaban un rato sobre lo que habían leído, para buscar compenetrarse del sentido y robustecer la mente y el corazón con este conocimiento.

la madre. La madre cristiana era la verdadera gloria del cristianismo. Ella es la que hacía del hogar un verdadero san tuario. Su misión era todo lo que concernía al cuidado de la familia; tejía con sus manos la ropa con que se cubrían ella, su esposo y sus hijos; se adornaba con el manto precioso de la modestia; hacía de la casa el albergue del peregrino y de todo hermano que llegaba de otros puntos; recibía con tierna y santa sonrisa al esposo que llegaba al hogar después de largas horas de trabajo; y unidos en un doble amor, ofrecían juntos al Padre celestial el incienso de sus oraciones que hacían arder en el altar de sus corazones. La madre era la eficaz colabora dora en la tarea de criar los hijos. El Pastor de Hermas de muestra que se exigía a éstos una obediencia y disciplina ejemplares. A los cinco o seis años, los niños ya enseñados en los mandamientos del Señor estaban en condición de aspirar a ser reconocidos como catecúmenos y empezar a recibir en la iglesia una enseñanza que les prepararía para ingresar en. la milicia cristiana. De estos hogares, saturados con el perfume de la santidad evangélica, se levantarían los futuros testigos, mártires y apologistas.

el vestido. La modestia de los cristianos debía hacerse manifiesta aun el modo de vestir. Esto se aplicaba especial mente a la mujer, que siempre ha sido la más expuesta a la tentación del lujo. Las joyas estaban proscriptas de la vestidura femenina. Los trajes llamativos e indecorosos, comunes a las mujeres paganas, eran detestados. Las cristianas se vestían con suma sencillez. Esto no implicaba un desprecio a lo bello. Por lo contrario; Clemente favorece a los vestidos blancos, símbolos de la pureza y ataca el uso de los vestidos llamativos que cuadran más bien con las pompas de un espectáculo que con el testimo nio del cristiano.

la feugalidad. En aquellos días de orgías inmorales y excesos de intemperancia, los cristianos daban testimonio de la nueva vida renunciando a los banquetes y comidas exquisitas. No es porque fuese para ellos ilícito comer o dejar de comer tal o cual cosa, porque “el reino de Dios no es comida ni bebida”, sino porque tenían preocupaciones más serias que las referentes a estas cosas. Una comida modesta, con acción de gracias, valía más que los toros engordados que hacían el deleite de los glotones. No por esto la mesa cristiana carecía de sus horas de inocente alegría; alegría pura que nace del amor y no del exceso del vino. Los Ágapes, fiestas de amor, que acostum braban celebrar los cristianos, ya en familia ya en la congre gación, ofrecían momentos de solaz y expansión inocente a los hermanos, sin necesidad de entregarse a la glotonería y bebidas embriagantes. Eran comidas sencillas, como lo atestigua Plinio el Menor, en las que, entre cánticos y ósculos de paz, se manifestaba el amor puro que los vinculaba.

vida pública. San Pablo enseñó que el Estado era una institución divina. Esto no debe confundirse, como ha sido hecho por algunos, con el pretendido derecho divino de los monarcas. No quiere decir tampoco que el gobernante A., B. o C., o el rey Fulano I o Mengano II sea un ungido celestial. Lo que San Pablo quiso enseñar es que la sociedad debe vivir regida por autoridades que impidan a los malos ser perjudiciales a sus semejantes, que los que desempeñan estas funciones deben ser respetados, porque hacen una obra que Dios aprueba. Esta doctrina del apóstol demuestra que la vida civil es compatible con la profesión de cristiano. En los primeros siglos, y especialmente en tiempos de Diocleciano, había muchos cris tianos que ejercían funciones gubernativas.

La cuestión del servicio militar era ya otro problema que ofrecía más dificultades. Surgía entonces, como ha surgido muchas veces, y surge aún ahora, esta pregunta: ¿es lícito al cristiano seguir una carrera que le obliga a matar a su prójimo? Sabemos que los militares que se convertían, Cornelio, por ejemplo, no abandonaban su carrera para incorporarse a la iglesia, sino que eran recibidos en su seno a pesar de ser militares, pero es evidente que el militarismo era repugnante a los sentimientos pacíficos de los cristianos. La religión del prín cipe de la paz no podía ser favorable a la guerra. El que adoraba a Cristo no podía adorar a Marte. Justino Mártir decía: “Nosotros, que en otro tiempo estábamos llenos de pen samientos guerreros, de crímenes y maldades, hemos, en todo el mundo, transformado nuestras espadas en palas, y nuestras lanzas en instrumentos de agricultura”. Tertuliano se oponía enérgicamente al militarismo diciendo que las glorias y coronas del ejército eran ganadas produciendo el duelo de esposas y madres, y que el cristiano no podía servir de instrumento para hacer sufrir a los cautivos. En Egipto, las iglesias seguían esta regla: “Que el catecúmeno o el fiel, que quiera ser soldado, sea excluido”. Algunos cristianos, como Maximiliano, en Argelia, llegaron hasta el martirio antes que aceptar el servicio militar.

las diversiones. En la época de que nos ocupamos, las diversiones estaban divididas entre el teatro y el circo. El pri mero era una escuela de inmoralidad, y el segundo de crueldad. Los cristianos no podían pactar con estas cosas, y no sólo que se apartaban de ellas, sino que les declaraban una guerra a muerte. No eran enemigos del arte ni de lo bello, pero cuando estas cosas, buenas en sí, se empleaban como medios de corrupción, no vacilaban en rechazarlas.

El teatro, que en los buenos días de Grecia, había alcanzado a ser, hasta cierto punto, un elemento dé cultura estética y artística, no tenía nada de esto en Roma, donde las represen taciones eran obscenas, casi siempre sobre los amores de Júpiter o las voluptuosidades de Venus.

El circo, que existía en cada ciudad importante, era el gran atractivo de aquellos tiempos. El de Roma tenía asientos para decenas de miles de espectadores. Los gladiadores que se batían, eran a veces profesionales, pero la mayor parte eran infelices condenados a muerte, o cautivos traídos de las conquistas, o esclavos que eran llevados a morir luchando misera blemente en presencia de una multitud de espectadores sanguinarios. Marco Aurelio tuvo que prohibir la venta de esclavos destinados al circo, pero no consiguió prohibir que los propios dueños los llevasen a luchar con las fieras. Eran miles de infelices que morían en la arena para apagar la sed de sangre y de espectáculos que devoraba a los romanos. Del África traían leones que largaban hambrientos para despedazar a los que combatían en el circo.

Los cristianos rompían con este género de diversiones, y oponían a ellas el ejemplo de su perfecta mansedumbre

http://www.seminarioabierto.com/iglesia09.htm

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Los neandertales pudieron tener hijos con los sapiens

Los neandertales pudieron tener hijos con los sapiens
Los ancestros de los humanos actuales y sus primos los neandertales se cruzaron en dos ocasiones y tuvieron descendencia hace miles de años, según un estudio presentado en EE.UU.

FUENTE | Público 22/04/2010

Los autores del trabajo, de la Universidad de Nuevo México, señalan que, como testimonio, la mayoría de humanos actuales lleva rastros de neandertal en su ADN. “Esto significa que los neandertales no han desaparecido por completo”, explicó a Nature News Jeffrey Long, investigador principal del estudio.

El trabajo fue presentado el pasado sábado durante la reunión anual de la Asociación Americana de Antropología Física, que se celebró en Albuquerque. Vuelve a formular grandes preguntas sobre la naturaleza de humanos modernos y neandertales. Una de las más evidentes es que, si ambos pudieron aparearse y tener hijos, no eran en realidad especies diferentes.

El trabajo ha analizado el ADN de 1.983 personas en África, Asia, Europa, América y Oceanía en busca de huellas características de neandertales u otras especies extintas del género Homo, como el Homo heidelbergensis.

ENCUENTRO EN EL MEDITERRÁNEO

Los resultados mantienen que hubo dos grandes episodios de cruce entre especies después de que el sapiens abandonase África. El primero sucedió hace 60.000 años en las costas del Mediterráneo. El segundo encuentro sucedió hace 45.000 años en el este de Asia. Los expertos no encontraron rastros de hibridación en las poblaciones africanas. Los autores creen que los primeros mestizos que nacieron en el Mediterráneo migraron después al resto de Europa, Norteamérica y Asia. Las poblaciones del segundo cruce migraron después a Oceanía.

El trabajo se ha centrado en más de 600 microsatélites de ADN. Son marcadores en el genoma que se usan para diferenciar genéticamente a diferentes poblaciones actuales y emparentarlas con las poblaciones ancestrales que vivieron hace miles de años. Los expertos compararon esos microsatélites con la tasa de cambio genético que sería de esperar en ellos después de miles de años de evolución, y también con datos del registro fósil. Reconstruyeron después un árbol evolutivo que llevaba hasta las poblaciones actuales analizadas. La única manera de explicar los resultados era a través de esos dos momentos de hibridación.

Según Nature News, el trabajo fue recibido con interés y sorpresa por expertos que llevan años intentando explicar incoherencias en los genes de las poblaciones actuales y su conexión con sus ancestros.

“Es una conclusión llamativa”, explica Carles Lalueza, profesor de la Unidad de Biología Evolutiva de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. El experto recomienda cautela. Aunque el trabajo se ha presentado en un congreso que reúne a expertos de todo el mundo, no se ha publicado en una revista científica. “Hay que esperar a que aparezcan todos los datos”, advierte. También apunta que este tipo de estudio puede estar viciado, pues se hace en función de la tasa de variación de los sapiens, y no de los neandertales. Estos últimos podrían tener una tasa diferente, lo que volvería a poner patas arriba las interpretaciones. Lalueza será uno de los que puedan aportar nuevas respuestas, pues su equipo, liderado por el experto en genética neandertal Svante Pääbo, ya ha secuenciado el primer genoma completo de neandertal, a la espera de publicación.

Autor: Nuño Domínguez

http://www.madrimasd.org/informacionidi/noticias/noticia.asp?id=43602&origen=notiweb

Altivez y Orgullo

Altivez y Orgullo

Muchas veces, ante personas generosas y llenas de bondad, nos volvemos abusivos o aprovechadores de la actitud del otro y llegamos a generar que se cansen de ayudar o favorecer al prójimo.

En el caso de nuestro Dios, su bondad y generosidad son ilimitadas. El declara en Isaías 1:18-19:

“Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: Si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana. Si quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra”
Éste era su ofrecimiento al pueblo de Israel, y ése es su regalo hoy en día para nosotros:

“En el cual tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia” (Efesios 1:7)
Pero… cuando olvidamos lo recibido, cuando abusamos de su paciencia, cuando no entendemos lo que espera de nosotros, podemos generar esta otra declaración de parte de Dios:

“Métete en la peña, escóndete en el polvo, de la presencia temible de Jehová, y del resplandor de su majestad. La altivez de los ojos del hombre será abatida, y la soberbia de los hombres será humillada; y Jehová solo será exaltado en aquel día” (Isaías 2:10-11)
¿Somos altivos o soberbios?

El Diccionario dice que ambas palabras son en cierta manera, sinónimas. Pero la altivez es una actitud. En cambio la soberbia provoca una conducta.

La altivez produce rebeldía interna y personal…

“Derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2 Corintios 10:5)
La soberbia interactúa con otras personas…

“Pues me temo que cuando llegue, no os halle tales como quiero, y yo sea hallado de vosotros cual no queréis; que haya entre vosotros contiendas, envidias, iras, divisiones, maledicencias, murmuraciones, soberbias, desórdenes” (2 Corintios 12:20)
Dios no acepta ni permite estas actitudes ni esta conducta:

“… Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes” (Santiago 4:6)”
“… y todos sumisos unos a otros, revestíos de humildad…” (1 Pedro 5:5)
Su deseo en cuanto a este tema queda expresado perfectamente en Romanos 12:16:

“Unánimes entre vosotros, no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión”
Su bendición acompaña a la obediencia a este deseo:

“Riquezas, honra y vida son la remuneración de la humildad y del temor de Jehová” (Proverbios 22:4)
La humildad produce el efecto contrario a la soberbia ya que nos lleva a tener buenas relaciones los unos con los otros en lugar de dañarnos con malas conversaciones o conductas…

“Con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor” (Efesios 4:2)
Debemos aplicar humildad en el servicio…

“Sirviendo al Señor con toda humildad…” (Hechos 20:19)
Sabiendo esto, ¿qué desearemos? ¿Mantener nuestro “orgulloso prestigio” o ser aprobados por el Señor, aunque humanamente nos parezca que salimos perjudicados al mostrarnos humildes?

Recordemos: Sin la bendición de Dios, es en vano cualquier esfuerzo…

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Destronando al Juez

Destronando al Juez
Domingo, 04 de abril 2010

La evolución se presentó como una alternativa atea a la visión bíblica de la creación. Según la evolución, el hombre creó a Dios antes que a la inversa. La principal agenda de los evolucionistas es eliminar por completo la fe en Dios y por lo tanto prescindir de la responsabilidad moral.

La intuición sugiere una serie de preguntas a la mente humana cuando contemplamos nuestro origen: ¿Quién tiene el control del universo? ¿Hay alguien que es soberano-un Legislador? ¿Hay un juez universal? ¿Existe una norma moral trascendente para vivir? ¿Hay alguien a quien vamos a rendir cuentas? ¿Habrá una evaluación final de cómo vivimos nuestras vidas? ¿Habrá un juicio final?

Esas son las preguntas que la evolución inventó para evitar.

La evolución fue ideada para explicar al Dios de la Biblia, no porque realmente los evolucionistas creían que un Creador no era necesario para explicar cómo las cosas empezaron, sino porque no querían al Dios de las Escrituras como su Juez. Marvin L. Lubenow escribe:

El problema real en el debate de la creación/evolución no es la existencia de Dios. El problema real es la naturaleza de Dios. Pensar en la evolución como básicamente atea es no entender la singularidad de la evolución. La evolución no fue diseñada como un ataque general contra el teísmo. Fue diseñada como un ataque específico contra el Dios de la Biblia y el Dios de la Biblia se revela claramente a través de la doctrina de la creación. Obviamente, si una persona es un ateo, sería normal para él ser también un evolucionista. Pero la evolución esta tan cómoda con el teísmo como lo es con el ateísmo. Un evolucionista es perfectamente libre de elegir cualquier dios que desee, siempre y cuando no sea el Dios de la Biblia. Los dioses permitidos por la evolución son de carácter privado, subjetivo, y artificial. Ellos no molestan a nadie y no hacen exigencias éticas absolutas. Sin embargo, el Dios de la Biblia es el Creador, el Sustentador, el Salvador y el Juez. Todos son responsables ante él. Él tiene un programa que entra en conflicto con el de los seres humanos pecadores. Porque el hombre creado a la imagen de Dios es muy impresionante. Porque Dios para ser creado a imagen del hombre es muy cómodo. ( Bones of Contention: A Creationist Assessment of Human Fossils , 188-89).

En pocas palabras, la evolución fue inventada a fin de eliminar el Dios del Génesis y por lo tanto para derrocar al Legislador y destruir la inviolabilidad de Su ley. La evolución es simplemente el último medio que nuestra raza caída ha ideado con el fin de suprimir nuestro conocimiento innato y el testimonio bíblico de que hay un Dios y que somos responsables ante Él (cf. Romanos 1:28). Al abrazar la evolución, la sociedad moderna busca acabar con la moral, la responsabilidad y la culpa. La sociedad ha abrazado con tanto entusiasmo la evolución, porque la gente se imagina que elimina al Juez y los deja libres para hacer lo que quieran sin culpa y sin consecuencias.

Es importante recordar que las teorías evolucionistas (por ejemplo, la mutación favorable, millones de años) no surgen de la investigación científica honesta-la evolución es ciencia con una agenda. La evolución comenzó y continúa en la rebelión contra el Creador, haciendo caso omiso de las leyes y de destronar al Juez. Incluso su ciencia está a flote en un mar de irracionalidad, sostenida sólo por las oscuras profundidades de la contradicción y la especulación.

Muchos cristianos profesantes e influyentes están ignorando esa evidencia en estos días, es decir, los orígenes de la evolución, cuando nos animan a armonizar la teoría evolutiva con la Biblia. ¿Por qué entregar la tierra a los rebeldes ilegales? ¿Por qué el diálogo con el enemigo sobre esto? ¿Por qué darle voz al “intruso”?

Hay demasiados que afirman el nombre de Cristo, pero no están satisfechos con Su ley, no están contentos en meditar la Palabra de Dios día y noche. Más bien, se sienten intimidados por el consejo de los malvados (teoría de la evolución), se sienten atraídos por el camino de los pecadores (deseo de la pertinencia y la credibilidad académica), y tienen muchas ganas de sentarse en silla de escarnecedores (posiciones de respeto y de influencia).. Hagan lo que hagan, no destronaran al juez, sino que van a encontrar con El un día.

-John F. Macarthur

http://evangelio.wordpress.com/2010/04/21/destronano-al-juez/

Colocando a los Seres Humanos en Su Lugar

Colocando a los Seres Humanos en Su Lugar – John F. Macarthur
Martes, 20 de abril 2010

El naturalista, si es fiel a sus principios, finalmente debe concluir que la humanidad es un extraño accidente sin ningún tipo de propósito o importancia real. El naturalismo es por tanto una fórmula de inutilidad y falta de sentido, borrando la imagen de Dios de la imagen propia de nuestra raza colectiva, depreciando el valor de la vida humana, lo que socava la dignidad humana, y subvierte la moralidad.

El montón de la sociedad moderna lo demuestra. Estamos siendo testigos de un abandono de las normas morales y la pérdida del sentido del destino de la humanidad. La delincuencia rampante, el abuso de drogas, la perversión sexual, las crecientes tasas de suicidio, y la epidemia del aborto son todos síntomas de que la vida humana está siendo sistemáticamente devaluada y un sentido de inutilidad absoluta se extiende por encima de la sociedad. Estas tendencias pueden atribuirse directamente al ascenso de la teoría evolutiva.

¿Y por qué no? Si la evolución es verdad, los seres humanos son sólo una de las muchas especies que evolucionaron de antepasados comunes. No somos mejores que los animales, y no debemos pensar que lo somos. Si hemos evolucionado a partir de materia pura, ¿por qué estimar lo que es espiritual? De hecho, si todo se desarrolló de la materia, nada “espiritual” es real. Finalmente, nosotros mismos no somos mejor que o diferentes a cualquier otra especie viviente.. No somos nada más que el protoplasma de espera para convertirse en abono.

En realidad, esa es precisamente la razón detrás del movimiento moderno de derechos de los animales, un movimiento cuya razón de ser es la degradación absoluta de la raza humana. Naturalmente, todos los defensores radicales de derechos de los animales son evolucionistas. Su sistema de creencias es un subproducto inevitable de la teoría evolutiva.

Gente por el Trato Ético de los Animales (PETA) es bien conocido por su postura de que los derechos de los animales son iguales (o más importantes que) los derechos humanos. Sostienen que matar un animal para la alimentación es el equivalente moral del asesinato; comer carne es prácticamente el canibalismo, y el hombre es una especie de tirano, en detrimento de su entorno.

PETA se opone a la cría de animales domésticos y los “animales de compañía”-incluyendo a los perros guía para ciegos. Una declaración de 1988 distribuida por la organización incluye lo siguiente: “Como John Bryant ha escrito en su libro Reinos Encadenados, [los animales de compañía] son como esclavos, aunque esclavos bien guardados.”

Ingrid Newkirk, fundador controversial de PETA, dice: “No hay base racional para decir que los seres humanos tienen derechos especiales…. Una rata es un cerdo es un perro es un niño” (Citado en Katie McCabe, “Who Will Live and Who Will Die?” [¿Quién van a vivir y que va a morir?] The Washingtonian, Agosto, 1986, p. 114). Newkirk dijo a un reportero del Washington Post que las atrocidades de los nazis de Alemania palidecen en comparación con el matar animales para la alimentación: “Seis millones de Judíos murieron en campos de concentración, pero seis mil millones de pollos para asar morirán este año en los mataderos” (Citado en Chip Brown, “She’s a Portrait of Zealotry in Plastic Shoes” The Washington Post, 13 de noviembre de 1983, B-10).

Claramente, la Sra. Newkirk esta más indignada por la matanza de pollos para la alimentación de lo que esta por la masacre al por mayor de seres humanos. Uno tiene la impresión de que no necesariamente considera la extinción de la humanidad una cosa indeseable. De hecho, ella y otros defensores de los derechos de los animales a menudo suenan francamente misántropo. Ella le dijo a un reportero, “no tengo ningún respeto por la vida, sólo para las propias entidades. Prefiero ver un espacio en blanco donde estoy. Esto suena como materia de pastel de frutas de nuevo, pero al menos yo no dañaría nada” (Ibíd.).

Y la edición de verano de la revista Wild Earth [Tierra Salvaje], una revista para promover el ecologismo radical, incluido un manifiesto para la extinción de la raza humana, escrita bajo el seudónimo de “Les U. Knight.” El artículo decía: “Si usted no le ha dado antes la importancia a la extinción humana voluntaria, la idea de un mundo sin gente en el puede parecer extraña. Pero, si le das una oportunidad, creo que podría estar de acuerdo que la extinción del Homo sapiens significa la supervivencia de millones, si no miles de millones de especies que habitan la Tierra….La supresión gradual de la raza humana va a resolver todos los problemas en la tierra, sociales y ambientales”(“Voluntary Human Extinction” [Extinción Humana Voluntaria], Wild Earth, Vol. 1. , No. 2, 72).

Eso es peor que simplemente estúpido, irracional, inmoral, o humillante, es mortal.

Pero hay incluso una organización llamada La Iglesia de la Eutanasia. Su página web defiende el suicidio, el aborto, el canibalismo y la sodomía como las principales formas de reducir la población humana. Aunque la página Web contiene los elementos de la parodia deliberadamente diseñados para el valor de choque (por ejemplo, que “defienden” el canibalismo con el lema “Coma gente, no animales” para establecer el punto de que en su opinión, el acto de comer cualquier animal es la moral equivalente al canibalismo), la gente detrás de ella son muy serios en su oposición a la continuidad de la raza humana. They include detailed instructions for committing suicide. Se incluyen instrucciones detalladas para suicidarse.

Los miembros de la Iglesia de un mandamiento están obligados a obedecer “No procrearas”. Al manifestar de forma deliberada su opinión sonando tan escandaloso como sea posible, han recibido una amplia cobertura en programas de entrevistas y programas informativos tipo tabloide. Se aprovechan de esa publicidad para reclutar miembros para su causa. A pesar de su mensaje impactante, evidentemente han podido convencer a muchas personas que una de las especies en la tierra que debe ser extinguida es la humanidad. Su sitio Web se jacta de que miles de personas han pagado la cuota de membresía de $10 para convertirse en “miembros de la iglesia.”

Ese tipo de locura tiene sus raíces en la creencia de que la humanidad es simplemente el producto de la evolución-un mero animal sin ningún propósito, sin destino, y sin semejanza con el Creador. Después de todo, si llegamos a donde estamos por un proceso evolutivo natural, no puede haber toda validez a la idea de que nuestra raza lleva la imagen de Dios. En última instancia, no tienen dignidad más que la de una ameba. Y desde luego no tienen un mandato del Todopoderoso para someter al resto de la creación.

Y si un ser humano no es más que un animal en proceso de evolución, ¿Quién puede argumentar en contra del movimiento de los derechos de los animales? Incluso la posición más radical de derechos de los animales se justifica en una cosmovisión naturalista y evolutiva. Si realmente hemos evolucionado de los animales, de hecho sólo somos animales. Y si la evolución es correcta, es una pura casualidad que el hombre evolucionó de una inteligencia superior. Si las mutaciones al azar se han producido de manera diferente, los simios podrían estar funcionando el planeta y los humanoides estarían en el zoológico. ¿Qué derecho tenemos de ejercer dominio sobre otras especies que no han tenido todavía la oportunidad de evolucionar a un estado más avanzado?

De hecho, si el hombre no es más que un producto de procesos evolutivos naturales, entonces él es en última instancia, nada más que el subproducto accidental de miles de mutaciones genéticas al azar. Él es uno más de los animales que evolucionaron de la ameba, y es probable que ni siquiera la más alta forma de vida que con el tiempo irá evolucionando. ¿Que es lo que tiene  de especial él? ¿Dónde está su sentido? ¿Dónde está su dignidad? ¿Dónde está su valor? ¿Cuál es su propósito? Obviamente, él no tiene ninguno.

Es sólo cuestión de tiempo antes de que una sociedad inmersa en la creencia de naturalistas abrace plenamente ese pensamiento y lo despoje de todas las restricciones morales y espirituales. De hecho, ese proceso ha comenzado. Si usted duda de esto, considere algunos de los libertinajes televisados dirigido a la generación de MTV / Jerry Springer.

http://evangelio.wordpress.com/2010/04/21/colocando-a-los-seres-humanos-en-su-lugar/