Los abusos conciernen a un reducido número de sacerdotes

Philip Jenkins, profesor de la Universidad de Pensilvania, especialista de historia de las religiones y autor de Pedophiles and Priests. Anatomy of a Contemporary Crisis (Oxford University Press, 2001), explica en unas declaraciones a Le Monde (8-04-2010) lo que se desprende de las cifras en EE.UU.

Recuerda que el estudio estadístico más completo es el publicado en 2004 por el John Jay College of Criminal Justice de Nueva Yok, que examina todas las denuncias por abusos sexuales contra el clero católico americano entre 1950 y 2002 (cfr. Aceprensa, 10-03-2004). Muestra que alrededor del 4,5% de todos los sacerdotes (en ese periodo hubo unos 100.000 sacerdotes en activo) fueron acusados de al menos un acto sexual reprensible con un menor de 18 años.

A juicio de Jenkins, “esta cifra sobrestima probablemente la realidad”. Aunque algunos casos nunca hayan sido denunciados a las autoridades judiciales, “ese total engloba un gran número de casos basados en acusaciones con poca base, y, en gran parte de estos casos, los cargos han sido abandonados. Además, de los 4.392 sacerdotes acusados, cerca del 56% lo eran por un solo caso”.

Lo que constata el estudio es que “lo esencial de las acusaciones se concentra en un pequeño número de sacerdotes. Estos ‘agresores compulsivos’ acumulan a veces varios centenares de denuncias cada uno. Un grupo reducido de 149 sacerdotes representan un cuarto de las acusaciones a lo largo de medio siglo”.

“En todo el periodo del estudio, hay unos 200 menores agredidos al año, dentro de una Iglesia que cuenta entre 45 y 55 millones de miembros, y alrededor de 50.000 sacerdotes en activo por año”.

No es fácil establecer comparaciones con otras instituciones porque no se han hecho en ellas estudios del mismo nivel detallado, pero Jenkins recuerda que “ciertos estudios muestran una tasa de abusos superior en las escuelas laicas, aunque las pruebas científicas no sean suficientemente consistentes”.

Jenkins sitúa la respuesta de la Iglesia a estos escándalos dentro del contexto cultural de las distintas épocas en que se producen. “Actualmente, la paidofilia se considera por las autoridades sanitarias y por los medios de comunicación como un comportamiento extremadamente destructor, lo que da lugar a un trato particularmente severo. Pero esta actitud es relativamente reciente. De los años 50 a los años 70, la percepción de la paidofilia era muy diferente”. Mientras que en los años 40 y 50 una serie de escándalos provocaron que estuvieran mal vistos un conjunto de comportamiento sexuales, después, como reacción contra esos excesos, se impusieron “interpretaciones mucho más laxas, que han predominado hasta la mitad de los años 70”.

“Esta actitud desinhibida culminó a finales de los años 60, cuando los criminólogos y psiquiatras reclamaron la despenalización de una serie de actos, la reducción de las penas y una flexibilización de los tratamientos para los abusadores. En el mismo momento florecía en EE.UU. la pornografía infantil, libremente accesible en las sex-shops entre 1972 y 1977”.

“La respuesta de la Iglesia a los abusos sexuales cometidos en su seno se inscribe en buena parte en el contexto legislativo, político y moral de la época, y evoluciona en función de él entre 1950 y la actualidad. En los años 60 y 70, la Iglesia creyó poder tratar el problema transfiriendo a los sacerdotes acusados y incitándoles a someterse a tratamiento. En cambio, desde comienzos de los años 90 se desarrollan los procedimientos a gran escala para prevenir la paidofilia y responder de manera eficaz a las denuncias. Desde 2002, la Iglesia católica americana ha adoptado una actitud de ‘tolerancia cero’ que prevé la suspensión inmediata de todo sacerdote sospechoso de abusos”.

El 0,4% en Inglaterra y Gales

Datos sobre la incidencia de este problema en Inglaterra y Gales se encuentran en un comunicado de prensa firmado por el arzobispo Vincent Nichols, presente de la Conferencia Episcopal (The Times, 26-03-2010).

Aunque, dice, “un solo caso es suficiente para justificar enojo y vergüenza”, la realidad es que “en los últimos 40 años, menos del 1% de los sacerdotes católicos en Inglaterra y Gales (exactamente el 0,4%) han sido acusados de abusos a menores. Y menos aún han sido encontrados culpables”.

Respecto a la colaboración con las autoridades civiles, Nichols señala que desde 2001 “la política acordada por los obispos ha sido informar a la policía o a las servicios sociales de todas las acusaciones de abusos contra menores, por muy lejanas que fueran en el pasado”. Nichols recuerda que desde 2002 la Iglesia católica “ha hecho público el número de acusaciones recibidas en la Iglesia, el número de las transmitidas a la policía, las decisiones tomadas y el resultado. Por lo que yo sé, ninguna otra organización en el país hace lo mismo. Lejos de encubrir nada, se trata de una total transparencia”.

http://www.aceprensa.com/articulos/print/2010/apr/08/los-abusos-conciernen-un-reducido-numero-de-sacerdotes/

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Guía sobre procedimientos en casos de abusos sexuales

La legislación aplicable es el Motu Proprio “Sacramentorum Sanctitatis tutela” de 30 de abril de 2001, junto con el Código de Derecho Canónico de 1983. Esta es una guía introductoria que puede ser útil para no especialistas.

A. Procedimiento Previo

La diócesis local investiga todas las denuncias de abuso sexual de un menor por parte de un clérigo.

Debe seguirse siempre el derecho civil en materia de información de los delitos a las autoridades competentes

Si la acusación es plausible, el caso se remite a la CDF. El obispo local transmite toda la información necesaria a la CDF y expresa su opinión sobre los procedimientos que hay que seguir y las medidas que se adoptarán a corto y a largo plazo.

Debe seguirse siempre el derecho civil en materia de información de los delitos a las autoridades competentes.

Durante la etapa preliminar y hasta que el caso se concluya, el obispo puede imponer medidas cautelares para salvaguardar a la comunidad, incluyendo a las víctimas. De hecho, el obispo local siempre tiene el poder de proteger a los niños restringiendo las actividades de cualquier sacerdote de su diócesis. Esto forma parte de su autoridad ordinaria, que le lleva a ejercer cualquier medida necesaria para asegurar que no se haga daño a los niños y este poder puede ser ejercido a discreción del obispo antes, durante y después de cualquier procedimiento canónico.

Durante la etapa preliminar y hasta que el caso se concluya, el obispo puede imponer medidas cautelares para salvaguardar a la comunidad

B. Procedimientos autorizados por la CDF

La CDF estudia el caso presentado por el obispo local y también pide información complementaria cuando sea necesario.

La CDF tiene una serie de opciones:

B1. Procesos Penales

La CDF podrá autorizar al obispo local para llevar a cabo un proceso penal judicial ante un tribunal local de la Iglesia. En estos casos todo recurso se sometería a un tribunal de la CDF.

La CDF podrá autorizar al obispo local para llevar a cabo un proceso penal administrativo ante un delegado del obispo local con la asistencia de dos asesores. El sacerdote acusado está llamado a responder a las acusaciones y a revisar las pruebas. El acusado tiene derecho a presentar recurso a la CDF contra el decreto que lo condene a una pena canónica. La decisión de los cardenales miembros de la CDF es definitiva.

En caso de que el clérigo sea juzgado culpable, tanto los procesos penales judiciales como administrativos pueden condenarlo a una serie de penas canónicas, la más grave de las cuales es la expulsión del estado clerical. La cuestión de los daños también se puede tratar directamente durante estos procedimientos.

B2. Casos referidos directamente al Santo Padre

En casos muy graves en que el juicio penal civil haya declarado culpable al clérigo de abuso sexual de menores de edad o cuando las pruebas son abrumadoras, la CDF puede optar por llevar el caso directamente al Santo Padre con la petición de que el Papa promulgue con un decreto “ex officio” la expulsión del estado clerical. No hay recurso canónico en contra de tal decisión pontificia.

La CDF también presenta al Santo Padre las peticiones de sacerdotes acusados que, habiendo reconocido sus delitos, piden la dispensa de las obligaciones del sacerdocio y desean volver al estado laical. El Santo Padre concede estas peticiones por el bien de la Iglesia (“pro bono Ecclesiae”).

B3. Medidas disciplinarias

En los casos en que el sacerdote acusado haya admitido sus delitos y aceptado vivir una vida de oración y penitencia, la CDF autoriza al obispo local a emitir un decreto que prohíba o restrinja el ministerio público de dicho sacerdote. Dichos decretos se imponen a través de un precepto penal que implica una pena canónica en caso de violación de las condiciones del decreto, sin excluir la expulsión del estado clerical. Contra tales decretos es posible el recurso administrativo ante la CDF. La decisión de la CDF es definitiva.

C. Revisión del Motu Propio de 2001

Desde hace algún tiempo la CDF ha emprendido una revisión de algunos de los artículos del Motu Proprio “Sacramentorum Sanctitatis tutela”, con el fin de actualizar dicho Motu Proprio de 2001 a la luz de las facultades especiales concedidas a la CDF por los Papas Juan Pablo II y Benedicto XVI. Las modificaciones propuestas bajo discusión no cambiarán los procedimientos antes mencionados (A, B1-B3).

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Original en inglés. Traducción del Vatican Information Service.

http://www.aceprensa.com/articulos/2010/apr/12/guia-sobre-procedimientos-en-casos-de-abusos-sexuales/

225 Peliculas Cristianas para Evangelizar en la Iglesia

Nuevamente para mis amigos dewww.DevocionalesCristianos.org , quiero aportar una relación de 225 Peliculas Cristianas, la lista anterior que publique era de 170 Peliculas Cristianas gratis las cuales puedes ver OnLine , pero ahora hemos agregado casi unas 50 Peliculas Cristianas mas .

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También quiero decirles que estas 225 Peliculas Cristianas gratis , están en servidores externos como : Youtube.comVideo.Google.com , Megavideo etc.Así que nosotros no podemos hacer nada por arreglar la calidad de la imagen , auido , o leyendas .Tampoco podemos hacer nada por la demora de las mismas .A veces hay demasiada gente conectada y es difícil acceder a ellas .

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Para los casos de youtube hicimos hace un tiempo un vídeo de como descargar Peliculas Cristianas en 2 Minutos , si deseas tener algo mas detallado puedes revisar tambien el post que realizamos :COMO DESCARGAR PELICULAS CRISTIANAS DE YOUTUBE Y GOOGLE VIDEO , también si quieres , aprovechamos la oportunidad para que puedas descargar algunas PELICULAS CRISTIANAS PARA TU CELULAR O MOVIL

Por favor no olvides , si te gustaron lasPELICULAS CRISTIANAS , apoya al cine cristianocomprando peliculas originales .Otra cosa ,si te gusto el post puedes dejar tu comentario , como siempre decimos : No deseamos 1 Millón de dólares por lo que hacemos , pero si un Millón de Comentarios y agradecimientos de Cristianos que entienden lo que hacemos .

Muchas gracias y Bendiciones Miles.

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Luchando con Dios

Luchando con Dios
El Lunes, 16 de junio de 2008 a las 5:30
Cuando la oración se siente a veces como un abrazo y como un ahorcamiento a la vez

La iglesia a la que asisto reserva un tiempo breve en el que las persona de las bancas pueden expresar oraciones en voz alta. Con el correr de los años he oído cientos de esas oraciones, y con muy pocas excepciones la palabra cortés en verdad se aplica a ellas. Una, sin embargo, se destaca en mi mente debido a su descarnada emoción.

En voz clara pero temblorosa una joven empezó con las palabras: “¡Dios, te odié después que me violaron! ¿Cómo pudiste permitir que esto me sucediera?” La congregación enmudeció abruptamente. Ya no más ruido de papeles ni de revolverse en los asientos. “Y odié a las personas de esta iglesia que trataban de consolarme. Yo no quería consuelo. Quería la venganza. Yo quería desquitarme. Gracias Dios, porque no te diste por vencido conmigo, no tampoco algunas de estas personas. Tú seguiste buscándome, y ahora vuelvo a ti y te pido que sanes las heridas de mi alma”.

De todas las oraciones que he oído en la iglesia, esa es la que más se aproxima al estilo de las oraciones ruidosas con las que hallo repleta la Biblia, en especial de los favoritos de Dios como Abraham y Moisés.

Abraham
Abraham, un hombre justamente celebrado por su fe, oyó a Dios en visiones, en conversaciones de persona a persona, e incluso en una visita personal a su carpa. Dios colocó ante él promesas resplandecientes, una de las cuales lo sacó de quicio: la seguridad de que sería padre de una gran nación. Abraham tenía setenta y cinco años cuando oyó por primera vez esa promesa, y en los siguientes pocos años Dios elevó las posibilidades dándole indicios de que tendría una descendencia tan abundante como el polvo de la tierra y las estrellas del cielo.

Mientras tanto la naturaleza siguió su curso, y en una edad en la que debería estar acariciando las cabezas de sus bisnietos, Abraham seguía sin hijos. Él sabía que le quedaban pocos años de fertilidad, si acaso. En una de las visitas de Dios, Abraham hizo una amenaza velada de conseguir un heredero mediante una unión con una de sus criadas. A los ochenta y seis años, siguiendo la sugerencia de su esposa estéril Sara, hizo precisamente eso.

La próxima vez que Dios lo visitó, ese descendiente, un hijo llamado Ismael, era un adolescente proscrito deambulando por el desierto, víctima de los celos de Sara. Abraham se rió con fuerza por la promesa reiterada de Dios, y para ese entonces el sarcasmo ya se había infiltrado en su respuesta. “¿Acaso puede un hombre tener un hijo a los cien años, y ser madre Sara a los noventa?” Sara participó de la broma amarga, rezongando: “¿Acaso voy a tener este placer, ahora que ya estoy consumida y mi esposo es tan viejo?”

Dios respondió con un mensaje que para los oídos de Abraham debe haber sonado como buenas y malas noticias. En verdad tendría su hijo, pero solo después de realizar cierta cirugía menor en la parte de su cuerpo necesaria para la acción. Abraham así llegó a ser padre de la circuncisión tanto como de Isaac.

Ese patrón de finta y confianza, de Abraham enfrentándose a Dios solo para ser derribado de nuevo, forma el trasfondo de un impresionante oración, en realidad de un diálogo extendido entre Dios y Abraham. “¿Le ocultaré a Abraham lo que estoy por hacer?”, empieza Dios, como si reconociera que una alianza válida requiere de la consulta antes de cualquier decisión principal. Luego, Dios le revela un plan para destruir a las ciudades de Sodoma y Gomorra, notorias por la perversidad y la contaminación moral de la familia extendida de Abraham.

Para entonces Abraham ha asumido su propio papel en la alianza y no hace ningún intento por esconder su desagrado. “¡Lejos de ti el hacer tal cosa! ¿Matar al justo junto con el malvado, y que ambos sean tratados de la misma manera? ¡Jamás hagas tal cosa! tú, que eres el Juez de toda la tierra, ¿no harás justicia?”

Luego sigue una sesión de regateo muy parecida a la que tiene en cualquier bazar del Medio Oriente. ¿Qué tal si hay cincuenta personas justas en la ciudad, la perdonarás? Está bien, si puedo hallar a cincuenta justos, perdonaré a todo el lugar. Con un sacudón Abraham recuerda con quién está regateando – Reconozco que he sido muy atrevido al dirigirme a mi Señor, yo, que apenas soy polvo y ceniza – pero procede a reducir su petición a cuarenta y cinco personas.

¿Cuarenta y cinco? No hay problema. No se enoje mi Señor, pero permítame seguir hablando. Abraham se postra, y luego continúa presionando. ¿Cuarenta? ¿Treinta? ¿Veinte? ¿Diez? Cada vez Dios acepta sin discutir, concluyendo: “Aun por esos diez justos no la destruiré”

Aunque no pudieron hallar diez justos para salvar a Sodoma y Gomorra, Abraham recibió lo que en realidad quería, liberación para su sobrino y las hijas de este. Nosotros, los lectores, quedamos con el hecho aturdidor de que Abraham dejó de pedir antes de que Dios dejara de conceder. ¿Qué tal si Abraham hubiera regateado incluso más y pedido que las ciudades fueran perdonadas por amor a un justo, su sobrino Lot? ¿Estaba Dios tan dispuesto a conceder cada punto, buscando en realidad un abogado, un ser humano con suficiente intrepidez para expresar el propio instinto profundo de Dios de misericordia?

Como Abraham aprendió, cuando apelamos a la gracia y la compasión de Dios, el Dios aterrador pronto desaparece. “Eres lento para la ira y grande en amor, y… perdonarás la maldad y la rebeldía”. Dios es más misericordioso de lo que podemos imaginarnos, y recibe de buen grado las apelaciones a esa misericordia.

Discutiendo con Dios
Salte hacia delante medio milenio al momento en que otro experto regateador aparece en la escena. Dios, que “se acordó del pacto que había hecho con Abraham”, selecciona expresamente a un hombre con el currículo vitae perfecto para una tarea crucial. Moisés se ha pasado la mitad de su vida aprendiendo habilidades de liderazgo en el imperio gobernante del día, y la otra mitad aprendiendo destrezas de superviviente en el desierto mientras huía luego de un arranque homicida, ¿quién mejor para dirigir a una tribu de esclavos liberados por el desierto hasta la tierra prometida?

Así, para no dejar lugar a la duda, Dios se presenta a sí mismo de día por medio de un fenómeno nada natural: una zarza que arde y que no se consume. De forma apropiada Moisés esconde la cara, con miedo de mirar, cuando Dios le anuncia la misión:”han llegado a mis oídos los gritos desesperados de los israelitas, y he visto también cómo los oprimen los egipcios. Así que disponte a partir. Voy a enviarte al faraón para que saques de Egipto a los israelitas, que son mi pueblo”

A diferencia de Abraham, Moisés se pone a discutir desde la primera reunión. Intenta con una humildad falsa: ¿Y quién soy yo para presentarme ante el faraón? Cuando eso falla, apela a otras objeciones: No sé su nombre… ¿Y qué tal si los israelitas no me creen?… Nunca he sido elocuente. Dios responde a cada una de ellas, orquestando unos pocos milagros para establecer la credibilidad. Todavía Moisés suplica que se le exima: Oh, Señor, por favor, envía a algún otro. La paciencia se acaba y la ira de Dios estalla, pero incluso así Dios sugiere un acuerdo, un papel compartido con el hermano de Moisés, Aarón. El famoso éxodo de Egipto comienza de este modo solo después de una prolongada sesión de regateo.

Moisés utiliza ese talento para la negociación, esa destreza, en una prueba suprema un tiempo más tarde cuando la paciencia de Dios con la tribu en verdad se acaba. Después de observar diez plagas descendiendo sobre Egipto, después de salir de la esclavitud cargados con el botín, después de ver el ejército del faraón que era la última palabra ahogándose bajo el agua, después de seguir una nube de día y una columna de fuego por la noche, después de recibir provisiones milagrosas de agua y comida (algo de lo cual todavía estaba digiriéndose en sus barrigas al momento)… después de todo eso, los israelitas tienen miedo, o se aburren, o son “tercos” según el diagnóstico de Dios y lo rechazan todo a favor de un ídolo de oro que les hizo el hermano de Moisés, el mismo Aarón que Dios había nombrado en una especie de acuerdo.

Dios había tenido más que suficiente. “déjame que lo destruya y borre hasta el recuerdo de su nombre. De ti, en cambio, haré una nación más fuerte y numerosa que la de ellos.” Moisés conoce bien el poder destructor que Dios puede desatar porque lo había visto de primera mano en Egipto. Déjame, le dice Dios. Moisés oye ese comentario menos como una orden que como el suspiro de un padre acosado que ha llegado al final de la cuerda y sin embargo de alguna manera quiere que se le contenga… en otras palabras, como una posición abierta a la negociación.

Moisés despliega los argumentos. Mira todo lo que tuviste que pasar para librarlos de Egipto. ¿Qué tal en cuanto a tu reputación? ¡Piensa en cómo los egipcios van a burlarse! no te olvides de tus promesas a Abraham. Moisés descarga el talego de las propias promesas de Dios. Por cuarenta días y cuarenta noches yace postrado ante el Señor, rehusándose a comer y beber. Al fin Dios se rinde: “ve a la tierra donde abundan leche y miel. Yo no los acompañaré, porque ustedes son un pueblo terco, y podría destruirlos en el camino” Moisés procede a ganar esa discusión también, puesto que Dios a regañadientes acepta acompañar a los israelitas el resto del camino.

Algún tiempo más tarde las mesas se voltearon. Esta vez Moisés es el que está listo para darse por vencido. “¿Acaso yo lo concebí, o lo di a luz, para que me exijas que lo lleve en mi regazo, como si fuera su nodriza, y lo lleve hasta la tierra que le prometiste a sus antepasados?” Y en esta ocasión es Dios el que responde con compasión, tranquilizando a Moisés, mostrando simpatía por sus quejas, y designando a setenta ancianos para que compartan la carga.

Moisés no ganó toda discusión con Dios. Notablemente no logró persuadir a Dios para que le permitiera entrar en la tierra prometida en persona (aunque esa petición también fue concedida muchos años después en el monte de la transfiguración). Pero su ejemplo, como el de Abraham, demuestra que Dios invita a la discusión y a la lucha, y que a menudo cede, en especial cuando el punto de contención es la misericordia de Dios. En el mismo proceso de discutir podemos en verdad tomar las cualidades propias de Dios.

“La oración no significa vencer la renuencia de Dios”, escribe el arzobispo Trench, “es aferrarse a su disposición más alta”.

Una intimidad extraña
Si Abraham y Moisés fueran los únicos ejemplos bíblicos de ponerse a discutir al mismo nivel con Dios, yo vacilaría en ver sus encuentros de lucha algún tipo de modelo para la oración. Ellos se hallan, sin embargo, como dos representantes típicos de un estilo que se encuentra por toda la Biblia. (¿Tal vez este mismo rasgo explica por qué Dios los escogió para tareas tan importantes?)

Las discusiones de esos dos gigantes de la fe parecen suaves comparadas con las peroratas de Job. Sus tres amigos hablan perogrulladas y fórmulas santurronas, usando el lenguaje recatado que a menudo oigo en las oraciones públicas en la iglesia. Defienden a Dios, tratan de calmar los estallidos de Job, y hallan razones para aceptar al mundo tal como es. Job no acepta nada de eso. Objeta con amargura el hecho de ser la víctima de un Dios cruel. Job le habla a Dios directo desde el corazón… un corazón profundamente herido. Casi abandona la oración porque, como les dice a sus mortificados amigos: “Que ganamos con dirigirle nuestras oraciones” Sin embargo, en un giro irónico al final del libro, Dios se pone de manera contundente al lado de Job y de su enfoque expresado sin tapujos, descartando la verborrea de los amigos con una andanada de desdén.

Los salmistas, de igual manera, se quejan de la ausencia de Dios y de lo que parece ser injusto. Un salmo atribuido a David capta el espíritu:

Cansado estoy de pedir ayuda;
Tengo reseca la garganta.
Mis ojos languidecen,
Esperando la ayuda de mi Dios.

Una letanía de protestas en los salmos y en los profetas le recuerdan a Dios que el mundo anda patas arriba, que muchas promesas quedan sin cumplirse, que la justicia y la misericordia no gobierna en la tierra.

Los dos profetas más prolíficos responden al llamado de Dios de manera muy similar a la de Moisés. Isaías muestra esta reacción inicial: “ay de mi, que estoy perdido” soy un hombre de labios impuros y vivo en medio de un pueblo de labios blasfemos”. Jeremías murmura una excusa inmediata –“¡soy muy joven, y no sé hablar!” – y retrocede ante las asignaciones de Dios en toda su larga carrera. No se cohíbe: “¡Ah, Señor mi Dios, cómo has engañado a este pueblo y a Jerusalén! Dijiste: “tendrán paz”, pero tienen la espada en el cuello”.

Una competencia de lucha también tuvo lugar en el Getsemaní, de Jesús luchando con la voluntad de Dios y aceptándola solo como último recurso puesto que no había ninguna otra salida. Más adelante, cuando Dios escogió a la persona más improbable (un notorio abusador de los derechos humanos llamado Saulo de Tarso) para llevar su mensaje a los gentiles, un dirigente de la iglesia expresó el disentimiento: “Señor, he oído hablar mucho de ese hombre y de todo el mal que ha causado a tus santos en Jerusalén”. Dios cortó esta discusión en particular: “¡Ve!… porque ese hombre es mi instrumento escogido”. Varios años más tarde el mismo hombre, ahora llamado Pablo, estaría por sí mismo regateando con Dios, orando repetidas veces por la remoción de una dolencia física.
¿Por qué Dios, el gobernante todopoderoso del universo, recurre a un estilo de relacionarse con los seres humanos que parece más bien una negociación o un regateo, para decirlo más crudamente? ¿Requiere Dios el ejercicio como parte de nuestro régimen de entrenamiento espiritual? ¿O es posible que Dios, si pudiera usar tal vocabulario, cuente con nuestros arranques como una ventana hacia el mundo, o como un despertador que pudiera llamar a la intervención? Fue el clamor de los israelitas, después de todo, lo que impulsó a que Dios a Moisés.

Como Abraham, me acerco a Dios al principio con temor y temblor, solo para aprender que él quiere que deje de arrastrarme y empiece a discutir. No me atrevo a aceptar con mansedumbre el estado del mundo, con todas sus injusticias e inequidades. Debo llamar al Señor a cuentas debido a las propias promesas de Dios, al propio carácter de Dios.

Los que luchan con Dios
Solía preocuparme por mi deficiencia de fe. En mis oraciones espero poco y me satisfago con menos. La fe se siente como un don que una persona bien tiene o no tiene, y no como algo que se pueda desarrollar con el ejercicio, como un músculo. Mi actitud está cambiando, sin embargo, conforme empiezo a entender la fe como una forma de interactuar con Dios. Tal vez no pueda acumular una gran creencia en los milagros, o tener grandes sueños, pero sí puedo en verdad ejercer mi fe al interactuar con Dios en la oración.

Recuerdo una escena a principios de mi matrimonio. Estábamos visitando a unos amigos en la región occidental del país que habían hecho arreglos para que nos quedáramos en una casa de huéspedes de cuatro dormitorios que no tenía otros ocupantes esos días. Durante la cena, algún comentario no les gustó a unos de nosotros, y al poco tiempo se había desatado una fenomenal pelea matrimonial. Nos quedamos hasta altas horas de la noche tratando de resolverlo, pero en lugar de unirnos la conversación solo nos alejaba cada vez más. Consciente de que tenía una reunión de negocios al día siguiente, salí hecho una tromba de nuestro dormitorio a otro en busca de paz y sueño.

Pocos minutos después la puerta se abrió y Janet se apareció con un nuevo conjunto de argumentos que respaldaban su punto de vista. Yo me fui a otro dormitorio. Lo mismo sucedió. ¡Ella no me iba a dejar en paz! La escena se volvió casi cómica: en esposo enfurruñado, introvertido, huyéndole a una esposa insistente y extrovertida. Al día siguiente (y no antes), ambos pudimos reírnos. Aprendí una lección importante, que no comunicarse es peor que pelear. En una competencia de lucha por lo menos ambas partes están interviniendo.

Esa imagen de pelea evoca una última escena de la Biblia, el prototipo de la lucha con Dios. El nieto de Abraham, Jacob, se ha abierto paso por la vida mediante trucos y engaños, y ahora debe enfrentar las consecuencias en la persona de su hermano malhumorado, al que le ha robado su primogenitura. Plagado por el temor y la culpa, Jacob envía elaboradas ofrendas de paz para apaciguar a Esaú. Por veinte años ha vivido en el exilio. ¿Lo recibirá Esaú con la espada o con un abrazo? Él tiembla solo en la oscuridad, esperando.

Alguien tropieza con él – ¿un hombre?- ¿un ángel?- y Jacob hace los que siempre ha hecho. Pelea como si su vida dependiera de ello. Toda la noche los dos pelean y ninguno obtiene la ventaja, hasta que al fin los primeros rayos del alba iluminen el horizonte. “¡Suéltame!” dice la figura, estirando la mano hacia abajo con un toque tan potente que disloca la cadera de Jacob.

Cojeando, vencido, asustado hasta los huesos, Jacob todavía se las arregla para aferrarse:” ¡No te soltaré hasta que me bendigas!”, le dice la figura. En lugar de dislocarle el pescuezo con otro toque, la figura con ternura le concede a Jacob un nuevo nombre, Israel, que significa “el que lucha con Dios”. Por último Jacob comprende la identidad de su oponente.

Un poco más tarde Jacob ve a su hermano Esaú aproximándose con cuatrocientos hombres y se acerca cojeando a su encuentro. Su propia competencia de lucha empieza antes del nacimiento, con un encuentro en el útero. Ahora el momento de la verdad he llegado. El que lucha con Dios extiende sus brazos.

Un autor judío contemporáneo, Arthur Waskow, escribió en su libro Godwrestling [Lucha con Dios] que la lucha se parece mucho a hacer el amor – y hacer la guerra. Jacob sintió un poco de ambas, hacer el amor y hacer la guerra, con una elusiva figura en la noche y con un velludo Esaú en el día. Desde la distancia, es difícil distinguir un ahorcamiento de un abrazo.

Dios no cede con facilidad. Sin embargo, y al mismo tiempo, Dios parece recibir de buen grado la persistencia que nos mantiene luchando mucho después de que el encuentro ha quedado decidido. Quizás Jacob aprendió por primera vez en esa noche larga a orilla del río cómo transformar la pelea en amor. “¡ver tu rostro es como ver a Dios mismo!”, le dijo a su hermano, palabras inimaginables si él no se hubiera encontrado con Dios cara a cara la noche anterior.

Aunque Jacob hizo muchas cosas equivocadas en la vida, llegó a ser el epónimo de una tribu y una nación así de como todos nosotros quienes luchamos con Dios. Todos somos hijos de Israel, dijo Pablo, todos los que luchamos con Dios, que nos aferramos a Dios en la oscuridad, que perseguimos a Dios de cuarto en cuarto, que declaramos: “no te soltaré”. A nosotros nos pertenece la bendición, la primogenitura, el reino.

“La oración en su forma más alta y su éxito más grandioso asume la actitud de uno que lucha con Dios”, concluyó E. M. Bounds, quien escribió ocho libros sobre la oración. Un estallido sin tapujos difícilmente amenaza a Dios, y algunas veces incluso parece que lo hace cambiar. Como lo demostró el toque en la coyuntura de la cadera de Jacob, Dios podía haber acabado el encuentro en cualquier punto durante esa larga noche en el desierto. Más bien la figura elusiva persistió, tan anhelantemente de ser sostenida como lo estaba Jacob de ser el que sostenía.

Este extracto ha sido adaptado del último libro de Philp yancey, Oración: ¿Hace alguna diferencia?
Fuente: Christianity Today
Phillip Yancey en Español.

Galileo y la Ciencia Moderna

Galileo y la Ciencia Moderna
Publicado por Malena el 13 de Abril de 2010

El nombre de Galileo (1564-1642), matemático, físico y astrónomo nacido en Pisa, Italia, está necesariamente vinculado al comienzo de la ciencia moderna.

Este notable hombre de ciencia, estudió medicina pero se interesó particularmente por las matemáticas y la astronomía.

En Astronomía admitió en un principio el sistema de Tolomeo, pero muy pronto puso su atención en la hipótesis de Copérnico.

Galileo comenzó siendo un matemático, llegando a ocupar la cátedra de matemáticas de la Universidad de Pisa, distinguiéndose por sus estudios matemáticos de mecánica, según los principios de Arquímedes (-287-212).

Sin embargo, influenciado por los estudios que realizaban sus colegas científicos, cambió su perfil dedicándose a realizar un escrito filosófico sobre el movimiento.

Galileo buscaba una respuesta que explicara el movimiento de la caída de los cuerpos, el funcionamiento de máquinas simples como la balanza y las fuerzas que actúan en el plano inclinado.

Su reflexión se centraba en la revisión de la física aristotélica, marcando un nuevo estilo científico, la experimentación, que sería la base de una nueva teoría del movimiento.

A principios del siglo XVII se enteró que un holandés había ideado un instrumento que mediante la refracción de la luz era capaz de agrandar y achicar los objetos.

Construyó él mismo un telescopio de refracción y comenzó sus observaciones de los cuerpos celestes.

Este telescopio originó una revolución en la filosofía y en la astronomía, porque al observar los movimientos de los planetas y sus satélites pudo confirmar las afirmaciones de Copérnico (1473-1543) que modificaban para siempre la concepción del mundo que tenía la Iglesia.

Sin embargo no sería su telescopio como medio para explorar el universo lo que le daría fama sino sus observaciones astronómicas, llegando a ser reconocido hasta en China, pero ganándose al mismo tiempo la oposición de la Iglesia que veía derrumbarse su concepción geocéntrica del universo.

El telescopio de Galileo, instrumento de gran calidad, confirmó la realidad del sistema heliocéntrico, propuesto por Nicolás Copérnico, sesenta años antes.

De allí en adelante todos sus esfuerzos se centrarían en probar el sistema de Copérnico mediante una mecánica que explicara los fenómenos terrestres y celestes, síntesis que logró realizar Newton en sus “Principia”.

El protagonismo de Galileo, junto a la serie de otros descubrimientos que se produjeron en esa época, permitió ingresar a la ciencia a la Edad Moderna.

Es cierto que a Galileo le tocó vivir en un momento histórico de cambios que transformaron a la ciencia, ya que desde la edad media ingenieros científicos y artistas se dedicaron a construir grandes obras, como catedrales, barcos y acueductos, dando lugar a la mecánica clásica para dominar las complejidades de todo el arsenal de herramientas que resultaban indispensables para realizar todas esas obras.

Este filósofo se convierte en ingeniero científico, preocupado principalmente en los problemas técnicos y prácticos, pero sin abandonar su intenso trabajo en la elaboración de una nueva teoría del movimiento.

Sin duda, Galileo se dio cuenta de la trascendencia de su trabajo, de modo que fue dejando en segundo lugar sus otras actividades para dedicarse de lleno a ella.

Desde el punto de vista filosófico, sus descubrimientos le daban el derecho de hacer una nueva interpretación de la creación desde su perspectiva, apoyada por sus observaciones, y de escribir en lenguaje matemático al margen de la Biblia, refutando la concepción del mundo según la filosofía aristotélica adoptada por la Iglesia.

Galileo fue condenado por la Inquisición por desafiar la autoridad de la Iglesia, a permanecer prisionero en su casa. Esta circunstancia lo llevó a dedicar todo su tiempo a su teoría del movimiento.

Galileo proponía una nueva forma de conocimiento por medio de la experiencia, tenía un interés científico y no la intención de hacer interpretaciones teológicas.

Fuentes: Enciclopedia Salvat, Tomo VI, Ed.Salvat, Barcelona, 1978.
Revista Scientific American, Edición española, julio 2009

http://filosofia.laguia2000.com/ciencia-y-filosofia/galileo-y-la-ciencia-moderna

“Conózcase Usted a Sí Mismo”

“Conózcase Usted a Sí Mismo”

I. Introducción

a. Esto probablemente se debe a que la gente no puede soportar las conclusiones alcanzadas por un análisis completamente honrada y objetiva de sí misma.
b. Prefieren creer que sus motivos son más nobles, que su carácter moral es superior y que, por lo general, son mejores personas de lo que son en realidad.

1) Ningún artista podría pintar un retrato exacto de sí mismo sin usar un espejo o, por lo menos, sin recordar como era su imagen en el espejo.
2) De igual manera, ningún ser humano puede obtener un retrato exacto de sí mismo sin usar la Biblia.

a. La Biblia es al yo moral y espiritual (el alma) lo que es el espejo a la cara de uno (1 Co. 13:12; Stg. 1:23).

b. Sin embargo, tal como la gente puede rehusar, o ignorar, la información obtenida del espejo para corregir sus manchas físicas, también puede rechazar la ayuda de la Biblia para corregir la fealdad de sus almas.

1. ¿Sería capaz de verse a sí mismo como los demás lo ven, sobre todo en cuanto a lo negativo en su vida?

2. En el sentido espiritual, ¿sería capaz de verse a sí mismo como Dios lo ve?

3. El hecho de que esto podría ser una tarea abrumadora, o aun imposible, indica lo difícil que es para la gente conocerse a sí misma.

4. Tal como la gente utiliza espejos para ver el aspecto físico que tienen, de igual manera tienen que usar el “espejo” de la Biblia para ver una imagen verdadera de su alma — de su verdadero yo.

1. Alguien lo escribió en ese sitio en reconocimiento de uno de los puntos fundamentales de la sabiduría del mundo.
2. Esta frase se suele asociar con Sócrates, como si fuera una especie de lema.

a. Puede que no conozca cualquier fenómeno externo, pero ¿cómo es posible no conocerse a sí misma?
b. La idea de no conocerse la mente a sí misma parece una contradicción, ya que el contenido de la mente se compone de conocimiento.

1. Después de todo, es prácticamente una perogrullada (una verdad muy evidente) que uno ya conoce su propia mente.

2. Ya que la mente de uno es un instrumento de conocimiento, ¿cómo sería posible para la mente no conocerse a sí misma o a la persona con la cual se identifica?

i. Utilizan esta información cuando sea necesario.
ii. Esto es comparable a la computadora, la cual muestra en la pantalla solamente una pequeña parte de la información que tiene.

a) Es más fácil entender esto si pensamos en la mente subconsciente como si fueran cajitas escondidas de almacenamiento.

b) La gente tiene más información que puede usar en un momento dado y tiene que almacenarla es los rinconcitos escondidos de su mente.

1) Esta es “la parte de la mente que está debajo del nivel de la percepción consciente” (The American Heritage Dictionary).

2) La mente subconsciente, pues, es aquella parte de la mente donde el conocimiento y los motivos están debajo del nivel del conocimiento de uno mismo.

a. En otras palabras, una parte de la mente es “el subconsciente”.

b. El hecho de que esta exhortación ha recibido la aprobación de la gente a través de los siglos testifica a su veracidad y al hecho de que el conocimiento de uno mismo puede ser difícil de obtener.

1. Esto significa que la gente muchas veces puede ser impulsada por sentimientos, ideas o motivos de los cuales no son conscientes.

2. El sicólogo Sigmund Freud supuestamente descubrió la mente subconsciente. Un vez dijo: “Esto significa que a veces hacemos cosas sin saber por qué las estamos haciendo” (Koster, The Athiest Syndrome, pp. 6,7).

3. Sin embargo, otros que precedieron a este sicólogo reconocieron el poder e importancia de la mente subconsciente (Cicero, Thales, Montaigne y Rochefoucauld).

A. Si el hombre medio tuviera que dar una descripción de sí mismo, incluidos los rasgos de su personalidad, su carácter y sus puntos fuertes y débiles, ¿sería este retrato bastante exacto y completo?

B. El proverbio conocido “conózcase usted a sí mismo,” fue escrito, según lo que se cree, sobre el templo de Delfos, Grecia (Diccionario de Citas Famosas, p. 615).

C. Sin embargo, en un sentido, la exhortación de conocernos a nosotros mismos es sumamente irónico.

D. No obstante, hay mucha evidencia de que no sólo es posible para una persona no conocer su propia mente sino que también una de las grandes aflicciones de los seres humanos es la ignorancia de sí mismos.

II. La Biblia y el Conocimiento de Uno Mismo

1) Un hombre se ve tal como es, pero finge no ser así.
2) Esto es comparable al hombre que oye la Palabra de Dios pero no hace nada para aplicársela a sí mismo o corregir sus defectos.

a. La Biblia se describe como un espejo en el cual el hombre se examina, pero es capaz de verse tal como es, alejarse del espejo y ¡olvidarse de su aspecto!

b. Esto es una descripción de engañarse uno a sí mismo.

a. Existe un conflicto en casi todos los seres humanos. Por una parte, nuestra consciencia nos dice que tenemos que hacer lo correcto y, por otra parte, la carne nos dice que tenemos que hacer lo malo (Ro. 7:14-23; Gá. 5:17). Para solucionar este conflicto muchos simplemente entran en un “estado de negación” en el cual se convencen a sí mismos para poder creer que lo malo que están haciendo es bueno y que son impulsados por motivos más puros y justos de lo que son en realidad.
b. El triste y muy trágico hecho del asunto es que muchos se sorprenderán al ver su propia condenación en el juicio final (Mt. 7:21-23; 25:41-46).

1. La misma palabra “consciencia” (griego, “suneidesis”) significa literalmente “con conocimiento” (Diccionario Expositivo de Vine). Esta palabra parece indicar que hay dos partes de la mente y que el conocimiento intelectual y conocimiento moral trabajan juntos para alcanzar un juicio (cf. Ro. 2:15).

2. La Biblia parece referirse a la existencia del subconsciente por amonestar a la gente a no engañarse a sí misma (Jer. 37:9; 1 Co. 3:18).

3. Algunos pecados son “ocultos” (Sal. 19:12; 90:8).

4. La persona que no valora la dificultad e importancia de conocerse a sí misma (o a su propia mente) simplemente no entiende la capacidad que tiene la gente de engañarse a sí misma (1 Co. 6:9; 15:33; Gá. 6:7; Stg. 1:16).

a. Cometió despiadadamente adulterio con la mujer de otro hombre e hizo arreglos para que muriera en la guerra cuando se enteró de que su esposa estaba encinta.
b. Sin embargo, parece que no era capaz de reconocer lo horrible de su pecado hasta que Natán le dijo: “Tú eres aquel hombre” (12:1-7).

* Tan profunda fue su hipocresía que ellos pudieron mentir e infringir la Ley de Dios, matando a Jesús pero, al mismo tiempo, teniendo mucho cuidado a no contaminarse por entrar en el palacio de Poncio Pilato (Jn. 18:28).
a. Es difícil entender como los judíos pudieron observar los milagros de Jesús, oír Sus enseñanzas, conocer el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento y aun así rechazarle.

b. Cerraron sus ojos espirituales para no verse a sí mismos tales como eran (Mt. 13:15).

c. Su preferencia por engañarse a sí mismos y su deseo de no conocerse a sí mismos tales como eran, fue tan fuerte que les condujo a un estado de horrible y muy evidente hipocresía.

1. David (2 S. 11,12).

2. Los gentiles (Ro. 1:28).

3. Los judíos.

4. Los creyentes apóstatas (2 Ts. 2:8-12).

A. La Biblia también reconoce la importancia de conocerse uno a sí mismo y lo difícil que es obtener este conocimiento.

B. Ejemplos bíblicos de personas que no llegaron a conocerse a sí mismas:

III. Conclusión

A. La gente necesita tomar tiempo para conocerse a sí misma, porque el deseo de engañarse uno a sí mismo es muy fuerte y común en el mundo.

1. Todos deben preguntarse: “¿Como soy yo en realidad?”
2. Tienen que examinarse a sí mismos, sus corazones y sus motivos a la luz de la Palabra de Dios (2 Co. 13:5).

B. La condenación en el Juicio Final sólo será más triste para los que han pasado toda su vida engañándose a sí mismos.

http://www.buscad.com/sermones-etc/ti-conozcase.html