México: Evangélicos ganan terreno al hegemónico catolicismo

México: Evangélicos ganan terreno al hegemónico catolicismo

By Protestante Digital
Monday, April 05, 2010

La sociedad mexicana, tradicionalmente católica, ha modificado su perfil religioso debido al protagonismo creciente de otras confesiones como la evangélica en los últimos años, junto al aumento del ateísmo, coincidieron expertos consultados por Efe.

Casi un diez por ciento de mexicanos reconocen no pertenecer a ninguna religión. A ellos se añaden católicos, evangélicos, testigos de Jehová, mormones y adventistas.

“Es impresionante comprobar cómo hay zonas del país donde, cada década, se produce una disminución notable del catolicismo”, observó Renée de la Torre, miembro del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social y autora de varios libros sobre el tema.

La explicación a estos cambios resulta compleja, como también lo es el mapa social y demográfico de México, y las fuentes consultadas difieren en ella.

Pero para De la Torre, el panorama religioso en México se está “pulverizando y atomizando”, ya que el catolicismo no está siendo sustituido por una confesión -o no confesión- en concreto, sino por “diversidad y apertura de cultos”.

AUMENTO EVANGÉLICO

Son 53 los municipios mexicanos donde la hasta ahora religión mayoritaria empieza a verse en minoría. De ellos, el 62 por ciento se encuentra en el estado de Chiapas, con alrededor de un cuarto de su población indígena, fronterizo con Guatemala y escenario, en los últimos tiempos, de conflictos religiosos.

En esta entidad federativa se han producido choques entre los evangélicos y los católicos tradicionalistas, quienes acusan a los primeros de faltar al respeto a las arraigadas costumbres.

Precisamente, el rasgo indígena y el alto grado de marginalidad son dos de las características señaladas por De la Torre como estrechamente relacionadas con el papel cada vez mayor de confesiones alternativas a la católica.

Tabasco, Quintana Roo, Yucatán, Campeche y la frontera con Estados Unidos, apuntó, son las otras regiones donde el catolicismo se halla en retroceso, mientras que “la zona más criolla”, -conformada por Jalisco, Zacatecas, Aguascalientes y Guanajuato- se mantiene como bastión de la religión que llegó con los españoles en el siglo XVI.

En muchos casos, explicó De la Torre, el cambio “simplemente se debe a que la población ha recibido mayor solidaridad de otras iglesias para resolver sus problemas”.

Son varios los indicadores que confirman esta tendencia, pero uno objetivo y cuantificable es que en el Registro Federal de asociaciones religiosas las evangélicas, 3.950, superan con creces a las católicas, que son 3.180.

DE CATEQUISTA INCENDIARIO A PROTESTANTE

Y como muestra un botón. Este 1 de abril, tras confesar que prendió fuego a la casa del evangélico Manuel Hernández de la Cruz, el ex catequista católico Alejandro Díaz Hernández, del municipio de Teopisca, abrazó oficialmente la fe protestante en una ceremonia en la cual fue perdonado formalmente, informó el pastor Noé Alejandro Suárez, presidente de la Iglesia Ministerio Fuente Fe.

El incendio había sido perpetrado la noche del primero de febrero en la comunidad de San Antonio Sibacá, y causó daños superiores a 50 mil pesos. La casa será reconstruida con materiales donados por el alcalde de Teopisca, Luis Valdez.

DESCENSO CATÓLICO

Según el Censo General de Población y Vivienda de 2000, un 87´9 por ciento de los mexicanos se reconoce católico. Si bien esta cifra continúa siendo mayoritaria, supone un significativo cambio respecto al casi 98 por ciento registrado en la década de los cincuenta.
“Si la Iglesia católica no cambia su oferta a las realidades que las personas viven hoy, esta reducción irá a más”, reconoció a Efe el secretario ejecutivo de Relaciones Públicas de la Conferencia del Episcopado mexicano, Manuel Corral.

AUGE DEL ATEISMO

Corral no da importancia al crecimiento evangélico, y afirmó que es la mayor libertad para expresar el ateísmo la que le ha restado fieles a su religión en los últimos censos, ya que, según sus datos, ninguna otra iglesia del país ha aumentado sus seguidores en una proporción equivalente al descenso católico.

La sociedad actual, añadió, “ya no tilda de bicho raro” a quienes declaran que no pertenecen a ninguna religión.

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Reino Unido: Multan a predicador por decir que la homosexualidad es pecado

12:06 05/04/2010

Luis Eduardo Cantero

El pasado 18 de Marzo el Shawn Holes, de origen norteamericano, predicaba en las calles escocesas de Glasgow, cuando fue arrestado y tuvo que pasar una noche en la policía. Más tarde fue acusado por disturbios y tubo que pagar una multa de aproximadamente 1500 dólares norteamericanos porque la policía consideraba que sus expresiones eran “homófobas” y estaban “agravadas por prejuicios religiosos”.
Holes estaba vistando el Reino Unido junto a un grupo de evangelistas de los EE.UU. Mientras predicaba fue interrumpida por una pareja de gays que le preguntaron acerca de su punto vista sobre la homosexualidad.
Basado en la Palabra de Dios Holes manifestó que los homosexuales “merecen la ira de Dios e irían al infierno si no se arrepienten”.
Según Holes, el hecho fue provocado por los defensores de derechos de los homosexuales y aceptó pagar la multa para poder regresar a los Estados Unidos.
Es la primera vez en el Reino Unido que se paga semejante multa por este hecho, a tal punto que Peter Tatchell, un activista de los defensores de los derechos gays, ha considerado la cifra como “desproporcionada”.
“Shwan Holes evidentemente es un homofobo y debe insultar a las personas con sus diatribas anti-gay”, dijo el activista. “Debería ser impugnado y la gente debe protestar por su intolerancia. Sin embargo, en una sociedad democrática, es un error perseguirlo. La penalización no es apropiada. A veces tenemos que soportar opiniones inaceptables y ofensivas como parte del precio a pagar por la libertad de expresión”.
Fuente entrecristianos.

MUERTE DE DIOS


MUERTE DE DIOS
DC


SUMARIO: I. Muerte de Dios y ateísmo moderno.—II. Muerte de Dios, muerte del teísmo.—III. Muerte de Dios y Dios trinitatio.
No es casualidad que la noticia de la muerte de Dios” que Nietzsche lanzara al viento al terminar el siglo XIX haya acontecido en la vieja Europa, bañada en el cristianismo. El Dios cristiano sabe, en efecto, lo que es la muerte, más aún, es un Dios que, justamente por ser Dios, permite que los hombres “lo arrojen de la vida”, como vio lúcidamente D. Bonhoeffer. Esta “diferencia del Dios cristiano da a aquella noticia su significado y alcance más profundos.


I. Muerte de Dios y ateísmo moderno

La expresión muerte de Dios tuvo, en efecto, su primer hogar en la teología cristiana, pero Hegel la elevó a categoría filosófica para significar la ausencia de Dios, el sentimiento básicamente ateo de la Modernidad. La subjetividad moderna se ha emancipado de la tutela religiosa y se ha afirmado, bajo el influjo de la religión de los nuevos tiempos, el protestantismo, autónoma y autosuficiente. En cuanto tal, ha perdido a Dios del horizonte, de la objetividad, lo ha tenido que perder para ser ella misma. Aunque sufre el dolor de su ausencia, no puede no querer esta ausencia y vive así en permanente desgarro, entre la afirmación de lo finito y la nostalgia del Infinito.

Para Hegel, esta experiencia histórica de la ausencia de Dios —del Dios cristiano— en la Modernidad es una experiencia en principio positiva, incluso necesaria como momento de verdad para un estadio ulterior del Espíritu. La ausencia de Dios, el ateísmo del “viernes santo especulativo es un paso obligado, aunque ciertamente doloroso, para la “resurrección de una nueva figura del Espíritu. La muerte de Dios adquiere entonces pleno sentido, como veremos más adelante.

Muy otra es la experiencia de la que Nietzsche se hizo portador al proclamar la buena-mala noticia de la “muerte de Dios. También fue para él “el más importante de los últimos acontecimientos”, pero su significación ya no era el obligado paso del viernes santo especulativo”, sino la definitiva pérdida de Dios en la historia moderna. Nietzsche piensa, como Hegel, en el Dios cristiano, pero en realidad es, como bien interpretó Heidegger, el Dios que, fusionado con la razón griega y transformado en poder, ha servido de pivote y fundamento de la metafísica y de la cultura occidental. Podría afirmarse por eso que la muerte de este Dios también era una experiencia positiva, un paso obligado para una etapa superior del Espíritu, y así la celebró Nietzsche asumiendo sus consecuencias. Sólo que ese paso no conducía a una nueva, más auténtica, experiencia e imagen de Dios, sino, como se ha dicho, a su completa ausencia. La denominada “teología radical de la muerte de Dios” tuvo la honradez y la valentía de tomarse en serio las “sombras” que la buena-mala noticia con la que Nietzsche se adelantó a su tiempo había ya extendido sobre Europa. Pero en este loable intento terminaron, también ellos, quedándose sin Dios. Así, en concreto, W. Hamilton, que considera al teólogo radical “un hombre sin Dios que no anticipa su vuelta”, aunque la espera pacientemente en su ausencia; Th. Altizer, que, apurando a Hegel, introduce a Dios de tal modo en la inmanencia que termina reduciéndolo a ella; y, sobre todo, Van Buren, quien no sólo proclama la muerte de Dios, sino el sinsentido de su mismo planteamiento’, cediendo a la fascinación de la razón positivista-instrumental, al “mito de lo que existe”, del caso (Horkheimer-Adorno). Seguir reivindicando el derecho a hacer teología sin Dios, como lo hicieron, era una empresa poco seria que sólo podía interesar a los estetas o, peor aún, a los comerciantes de modas.


II. Muerte de Dios, muerte del teísmo

La teología menos radical de la “muerte de Dios”, como la de G. Vahanian’ y la del obispo J. Robinson”, fue más consciente de las raíces cristianas de ese acontecimiento y su objetivo se cifró, en línea con la teología de sus mentores, F. Gogarten y D. Bonhoeffer, en superar el teísmo tradicional y el cristianismo convencional y en lograr una más genuina experiencia cristiana de Dios, un cristianismo iconoclasta” y “profético”, que diría Vahanian’°, capaz de servir al mundo sin pactar con él.

Fue, sin embargo, D. Bonhoeffer, como ya insinué, el que desarrolló la reflexión y las propuestas más serias en este sentido. Bonhoeffer se toma absolutamente en serio la muerte de Dios en la Modernidad como un verdadero “kairós” (Tillich) para reganar la genuina experiencia e imagen del Dios cristiano. La experiencia moderna de la ausencia de Dios en el mundo, del “etsi Deus non daretur”(H. Grotius), no es, según él, una experiencia de ateísmo, sino una experiencia del Dios cristiano que no sólo no compite con el hombre, sino que “nos deja vivir en el mundo sin la hipótesis de trabajo ‘Dios’, el Dios que, estando con nosotros, nos abandona (Mc 15,34).

Para Bonhoeffer, es la experiencia del genuino Dios cristiano que, a diferencia de los ídolos y también del Dios-poder del teísmo y de los filósofos, es un Dios débil que “se deja colgar por el mundo en una cruz”, se deja echar fuera del mundo y así sostiene al mundo, sufre con él y lo salva. “Dios se deja colgar por el mundo en una cruz; Dios está sin poder y débil en el mundo, y precisamente así y sólo así está entre nosotros. La ausencia de Dios en el mundo moderno, emancipado, puede ser por eso la gran oportunidad de descubrir el rostro del Dios de Jesús, que está ausente como poder pero presente como debilidad y amor, como lo que realmente es, y madurar así una fe purificada de falsa religión que rebaje a Dios a un “Deus ex machina”, una fe desnuda y gratuita que hace experiencia de Dios en la Cruz de Jesús. De aquí la necesidad, para Bonhoeffer, de una interpretación mundana,no-religiosa, del cristianismo. Pero ésta no significa en él ceder a la fascinación de la inmanencia, como sucedió en sus epígonos, los teólogos radicales de la “muerte de Dios”, sino más bien reconocer y hacerse cargo de la verdadera divinidad de Dios. Sólo una fe que se corresponda con esta divinidad será, según Bonhoeffer, capaz de afrontar con dignidad y de responder al desafio del ateísmo moderno”.


III. Muerte de Dios y Dios trinitario

Bonhoeffer supo captar con sorprendente lucidez el alcance de este desafío para la fe en el Dios cristiano. No fue mera casualidad que este descubrimiento lo hiciera en la cárcel, es decir, en la debilidad y el sufrimiento. Era justamente el lugar preferencial de acceso a la divinidad del Dios de Jesús. Y era también el lugar más ateo de este mundo moderno. Su ejecución y muerte cortaron su reflexión, la dejaron en fragmento. De otro modo, tal vez la hubiera llevado hasta el ser mismo de Dios y habría explicitado y desarrollado una teología trinitaria como respuesta a aquel desafío.

Antes que él, ya Hegel había abierto este camino pensando hasta el final las consecuencias de la muerte de Dios para el ser mismo de Dios, pensando la muerte de Dios como momento de verdad en Dios mismo, en la Idea suprema, en el Absoluto. La negación dolorosa, la muerte, pertenece a la historia misma de Dios, porque Dios es Espíritu que se despliega en lo otro de sí y retorna sobre sí plenamente pasando por lo otro. La muerte de Dios” no conduce al ateísmo, sino al Dios Trinitario. La teología de la Cruz y la doctrina de la Trinidad se fundamentan y complementan mutuamente. La reconciliación en Cristo, en la que creímos, —afirma— no tiene sentido si no se tiene conciencia de que Dios es trino’.

Esta filosofía del Crucificado en cuanto doctrina del Dios trino constituye un hito en la historia del pensamiento filosófico y teológico cristiano. Pero es una filosofía que pretende, a la vez, agotar todo el contenido de la teología; con lo cual abrió también el camino para la disolución del cristianismo, y en concreto de la idea de Dios, en pura proyección humana, como sucedió en la filosofía de Feuerbach, abocando en la “muerte de Dios del ateísmo, de cuya noticia Nietzsche se hizo eco y portador.

En la línea abierta por Bonhoeffer han sido sobre todo teólogos protestantes, como J. Moltmann o D. Sólle, quienes han desarrollado una teología trinitaria de la muerte de Dios en la Cruz de Jesús como respuesta al ateísmo del mundo moderno. La teología católica ha entrado tarde en el debate, porque tarde ha afrontado el desafío de la subjetividad moderna. Pero al entrar ha llevado el debate al terreno de la praxis, donde se decide el sentido o sinsentido del discurso de la muerte de Dios y donde el Dios cristiano se muestra como Dios de Vida y como comunidad trinitaria de amor. La teología latinoamericana de la Liberación, en efecto, ha abordado el desafio ateo de la Modernidad desde el reverso de ésta, desde el mundo de las víctimas, y allí la “muerte de Dios” se experimenta sobre todo en la muerte real de los pobres que producen los ídolos del mundo verdaderamente ateo, porque injusto e inhumano. Y esa experiencia ha conducido también a un replanteamiento del discurso sobre Dios, pero no tanto en un despliegue teórico, aunque también, sino sobre todo en cuanto discurso práctico, en cuanto praxis de liberación, de vida y de fraternidad, de las comunidadés que confiesan al Dios de Vida y Amor, al Dios trinitario. Esta es la respuesta más radical de la teología cristiana, más radical que la de la denominada teología radical, al desafio de la “muerte de Dios” en la Modernidad.

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Juan José Sánchez

Mysterium tremendum

Del objeto numinoso sólo se puede dar una idea por el peculiar reflejo sentimental que provoca en el ánimo. A este reflejo Otto le llama, mysterium tremendum, El tremendo misterio; misterio, como lo oculto y lo secreto.
Tremendo, Tremor (semejante con el temor) pavor a lo numinoso. De este sentimiento ha salido toda la evolución histórica de la religión. En él están las raíces de los demonios y los dioses.
Es una predisposición del ánimo, distinta de la natural, ya que el hombre natural no puede temer a Dios.
Este sentimiento es la nota distintiva de la “religión de los primitivos”, en donde se presenta en forma de terror demoniaco, de una primera conmoción, ingenua y sin desbastar.
Otto afirma, que este pavor produce también un efecto corporal de reacción, que nunca se presenta así en el miedo natural. Y que esta diferencia no es solamente de grado o potencia.
Y aunque el sentimiento numinoso se distancia mucho en sus grados superiores del simple pavor demoniaco. No niega su común progenie y parentesco.
Ejemplo de lo anterior es la orgé, la cólera de Iahveh. Esta cólera divina no tiene nada que ver con propiedades morales. Es “incalculable” y “arbitraria”. Esta cólera divina no es aminoración de santidad, sino expresión natural de la “santidad”, elemento esencial de ella. Esta ira no es sino lo tremendo mismo. Es importante recordar, señala Otto, que la palabra “cólera” es tan sólo un símil, un a modo de concepto, un ideograma.
En la cólera de Dios palpita y refulge el elemento irracional, que le presta un horror y espanto que nos siente el hombre natural.

Publicado por: Jorge Alberto Ornelas Lizardi

http://filuaem.blogspot.com/2009/10/mysterium-tremendum.html