La Capilla Wesley, cuna del Metodismo.

La Capilla Wesley, cuna del Metodismo.

¡Amén-Amén! Noticias – La historia de la fe siempre es muy interesante y aunque las religiones asiáticas pueden resultarnos exóticas comparadas con el cristianismo o el judaísmo en el que nos hemos criado la mayoría de nosotros lo cierto es que todas son sumamente ricas en matices.

Por ejemplo, el catolicismo ha tenido sus conflictos internos y de ellos han salido muchos grupos protestantes evangélicos. Cuando uno estudia como se dieron estos conflictos y como funcionaban y funcionan hoy estas iglesias no deja de ser tan interesante.

Gran parte de Europa occidental es Protestante y hay Baptistas, Anglicanos, Metodistas, Luteranos, Calvinistas, Pentecostales, Bautistas, entre otros. El Protestantismo nace en Alemania gracias a la acción de Lutero, Calvino, Tyndale y muchos otros y actualmente el país con mayor cantidad de protestantes en el mundo es Estados Unidos. Pero, si deambulas por las calles de Londres, Inglaterra, y te interesa el tema puedes visitar una pequeña capilla que marca el nacimiento de la Iglesia Metodista.

Se trata de la Capilla Wesley, un sitio sumamente importante para los metodistas de todo el mundo. John Wesley nació en 1701 y fue un ministro anglicano, evangelista, fundador de esta nueva Iglesia Protestante. Aquí, en esta ciudad, vivió, predicó y murió. Así que no solo está la capilla sino su casa, su tumba y un muy buen Museo del Metodismo. Wesley dedicó su vida a estudiar la Biblia, orar y hacer caridad y con el tiempo el Metodismo se separó de la Iglesia de Inglaterra teniendo al día de hoy más de 70 millones de seguidores en todo el planeta.

La Capilla de Wesley fue construida en 1778 y era usada por el predicar como su base londinense. Fue, de hecho, la primera Iglesia Metodista que se construyó especialmente para celebrar la comunión y predicar. Al cumplirse 100 años de la muerte de Wesley la capilla se renovó y la madera se suplantó por mármol. Hoy el interior es muy hermoso y elegante que debió cerrarse momentáneamente en los años ‘70 por problemas estructurales. Pero volvió a abrir y al cumplirse sus 200 años estuvo presente nada más y nada menos que la Reina Isabel II.Ah, y aquí se casó Margaret Tatcher, la Primer Ministro de los años ‘80.

La Capilla Wesley se construyó de acuerdo a los deseos del propio predicador, mira a Bunhill Fields donde está la tumba de su madre y detrás del edificio está la propia tumba de Wesley. En el museo, en la cripta, está toda la historia del Metodismo hasta el día de hoy y una pequeña tienda de regalos. Al lado está además la casa donde Wesley pasó 11 años y la el mismo dormitorio donde murió en 1791.

Información práctica sobre la Capilla Wesley: Ubicación: City Rod, 49, Londres, Inglaterra. Cómo llegar: en metro, descender en Old Street. Horarios: la capilla, la casa y el museo abren de lunes a sábado de 10am a 4pm. Los domingos desde el mediodía hasta la 1:45pm. Las entradas son gratuitas pero hay que donar 2 libras.

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Por que el Mundo Odia a los Cristianos

Por que el Mundo Odia a los Cristianos
(Why the World Hates Christians)
MIENTRAS MAS NOS ACERCAMOS A LA MISIÓN DE CRISTO—PREDICANDO EL EVANGELIO QUE EL HA ORDENADO—MAS SEREMOS ODIADOS Y DESPRECIADOS POR EL MUNDO.
Por David Wilkerson
28 de febrero de 2005

Jesús les dijo a sus discípulos, “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto.” El rápidamente añadió estas palabras solemnes: “y vuestro fruto permanezca.” (Juan 15:16). Las palabras de Cristo aquí son aplicables a todos sus discípulos, en cada época. Él nos esta diciendo, en esencia, “Asegúrate que tu fruto soportara el Día del Juicio.”
La palabra “fruto” significa haciendo el trabajo y ministerio de Cristo aquí en la tierra. Como creyente, soy escogido y ordenado a ir a todo el mundo y predicar el evangelio de Cristo. Más aun, como un ministro de ese evangelio, soy llamado a hacer y entrenar verdaderos discípulos.

Ahora bien, hay tal cosa como una falsa conversión. Jesús advirtió a los Fariseos, “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, Porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito y, cuando lo conseguís, lo hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros.” (Mateo 23:15).

Estas son palabras fuertes, pero vienen del Señor mismo. Y Jesús dirigió esas palabras a judíos celosos y prosélitos. Estos eran estudiosos de la Biblia, hombres quienes conocían las Escrituras.

Puedes pensar, “¿Cómo puede ser que lo que Jesús dijo sea posible? ¿Cómo puede ser que aquellos que buscan convertir hagan que los perdidos pasen a una condición peor?” Jesús contesta esto. Cuándo él gritó, “¡Hipócritas!”; él estaba declarándoles a los Fariseos, “Su fruto es malo.” Y él les advirtió, “por esto recibiréis mayor condenación.” (23:14).

Los Fariseos a los cuales Jesús se dirigió estaban más preocupados con los números en vez de ver una verdadera obra de conversión, tomar lugar en los corazones de la gente. Jesús les dijo, en efecto:

“Ustedes les están cerrando los cielos a sus tales llamados ‘convertidos.’ Y esta sucediendo porque ustedes no tienen palabra de Dios en su propia vida. Ustedes van a tal extremadas labores planeando hacer convertidos. Pero, en realidad, están cerrándoles los cielos a la gente que alcanzan.”

Cristo despreciaba la hipocresía de líderes
eclesiásticos quienes estaban más preocupados
en contar cabezas que en conversiones verdaderas.

Trágicamente, vemos el mismo espíritu dividiendo a muchos en la iglesia hoy. Me pregunto si Jesús diría algo similar a muchos pastores encargados sobre la casa de Dios: “Ustedes recorren mar y tierra por nuevos conceptos, ideas, y programas. Y todo es para que la gente entre a la iglesia. Han sido mordidos por la hipocresía de los números. Ustedes miden el éxito por él numero de cuerpos que llenan sus asientos.”

Puedo decirles que en nuestra iglesia no todo el que se llama cristiano es un verdadero convertido, un creyente salvo. Al mismo tiempo, puedo asegurarles que si tales personas vienen aquí y terminan siendo doblemente un hijo del infierno, no será por lo que escucharon del pulpito. No será a causa de un mensaje evangelio incompleto. No, será porque ellos rechazaron la verdad convencedora del Espíritu Santo.

¿Dónde está el Juan el Bautista de hoy?

Te pregunto: ¿dónde están los pastores quienes no suavizaran su mensaje por los altos y poderosos? ¿Dónde están los predicadores quienes están tan entregados a Cristo, que predican el mismo mensaje a reyes que les predican a los pobres y despreciados?

Tiemblo al pensar que es posible para mí, o cualquier otro predicar del evangelio, cerrar el cielo y hacer que los ‘convertidos’ sean dos veces hijos del infierno. Pero esta sucediendo hoy en día, todo por la necesidad de algunos ministros de ser amados y alabados por los demás. Ellos comprometen la verdad a cambio de ser aceptados por el mundo.

Jesús se dirigió a esto. Él llamó a sus discípulos, y “en la audiencia” de toda la gente, dio una ardiente reprensión a los escribas religiosos:

En resumen, él le estaba diciendo a la gente, “Cuídense de los pastores que les encanta la adulación de los hombres. Tenga cuidado de hombres Bíblicos que buscan el afecto y aplauso de la gente. Sea cuidadoso de lideres de iglesia que quieren la aprobación de la sociedad.”

Una iglesia que es aceptada y aprobada por el mundo es un oxímoro, una contradicción en términos. Es una imposibilidad. Según Jesús, cualquier iglesia que es amada por el mundo es del mundo, y no de Cristo:

“Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os odia.” (Juan 15:19).

Mi vida ha sido grandemente influenciada por los escritos de George Bowen, un misionero Presbiteriano quien trabajó en India desde 1838 hasta 1879. Bowen dejo todo su apoyo misionero para mudarse en un barrio pobre y vivir como los nativos. Él llevó una existencia muy frugal, cerca de la pobreza. Pero a causa de esa elección, el dejo atrás un testimonio del verdadero poder de vivir en Cristo. Este hombre piadoso avisó acerca de un espíritu anticristo que se aproximaba. Él identificó este espíritu anticristo como “el espíritu de la sociedad moderna.” Según Bowen, este espíritu anticristo infiltraría la iglesia Protestante con la mentalidad, métodos y morales de la sociedad.

El espíritu anticristo continuaría su influencia hasta que la sociedad y la iglesia no se pudieran diferenciar. A través del tiempo, el mundo perdería su odio por la iglesia de Cristo y los verdaderos creyentes. Detendría su persecución, y la iglesia seria amada y aceptada por el mundo. Una vez que eso suceda, Bowen escribió, este espíritu anticristo habrá tomado el trono.

Varios meses atrás, mientras se abrían las puertas de Irak a organizaciones cristianas, el New York Times escribió un artículo derogatorio. Eso se puede esperar de la prensa liberal y secular. Ellos pueden aplaudir la distribución de alimentos en Irak, pero ciertamente no la predicación de Cristo.

Mas sin embargo, él articulo citaba a un estudioso evangélico, quien fue responsable de todo el esfuerzo. El lo denuncio completamente, diciendo que la iglesia debe meterse en sus propios asuntos. Este hombre Bíblico estaba avergonzado porque la iglesia estaba evangelizando. ¡Eso es una mentalidad mundana!

Mientras mas nos acercamos a la misión de Cristo—predicando
el evangelio que el ha ordenado—mas seremos odiados
y despreciados por el mundo.

Vamos a encontrar enemigos en todas partes—gente que nos oponen en el trabajo, en nuestro vecindario, hasta en algunas iglesias—porque estamos cumpliendo la misión de Cristo.

Nuevamente, Jesús advierte, “¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros!, porque así hacían sus padres con los falsos profetas.” (Lucas 6:26). Déjame preguntarte: ¿el mundo esta alabándote? ¿Eres el brindis del pueblo? ¿Te dan grandes alabanzas en eventos seculares? ¿Eres políticamente correcto en tus interacciones? ¿Están el alcalde, dignatarios y los famosos cómodos en tu presencia? Entonces escucha las palabras de Jesús para ti: “Hay algo falso en tu testimonio.”

Jesús mismo aclara: Si cualquier iglesia esta moviéndose en el poder del Espíritu Santo y cumpliendo su misión como el mando, esa iglesia será odiada y perseguida por el mundo. Como Pablo, el pastor será considerado la inmundicia de la tierra. Y la iglesia será odiada por políticos y lideres impíos de la sociedad. También será despreciada por homosexuales, pornógrafos, y más aun por líderes religiosos deslizados quienes están espiritualmente muertos.

Sin embargo, Jesús le dice a esa iglesia:

“Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados seréis cuando por mi causa os insulten, os persigan y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestra recompensa es grande en los cielos, pues así persiguieron a los profetas que vivieron antes de vosotros.” (Mateo 5:10-12).

¿Por qué el mundo odia a la iglesia
verdadera, sus pastores y feligreses?

Un verdadero cristiano es amoroso, pacifico, perdonador y cuidadoso. Aquellos quienes obedecen las palabras de Jesús se sacrifican a sí mismos, son mansos y bondadosos. Ahora bien, la sabiduría común nos dice que no es natural odiar a aquellos que te aman, te bendicen y oran por ti. Más bien, la gente odia a aquellos que los abusan, roban y maldicen. Entonces, ¿por qué los cristianos son tan odiados?

Jesús dice simplemente, “Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros. …Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán;” (Juan 15:18, 20). ¿Por qué sucede esto? La iglesia, y cada ministro y creyente en ella, es odiado a causa de su misión. Ves, nuestra misión es mucho más que decirle a la gente perdida, “Jesús te ama.” Es más que tratar de acomodar y apaciguar a la gente.

Puede que te eches atrás sorprendido cuando yo te recuerde cual es nuestra misión. Sencillamente, nuestra misión como cristiano es quitarles a los impíos lo que es más precioso para ellos: justicia propia o fariseísmo. Es trasladarlos a una libertad que ellos piensan que es esclavitud. Es separarlos de pecados que maldicen, una bendición que ellos ven como terminando en aburrimiento y tristeza.

La cosa más preciosa para una persona mundana es su propia justificación. Piénsalo: él ha pasada toda su vida formando una buena opinión de sí mismo. Él ha hecho un ídolo a sus buenas obras. El mismo se alaba que es muy bueno de corazón y bondadoso con los demás. Sencillamente, él ha construido su propia Torre de Babel, un monumento a su bondad. Él esta seguro que es bastante bueno para el cielo, y demasiado bueno para el infierno.

Este hombre impío ha pasado años abatiendo y quemando su conciencia. Él ha aprendido a callar cada voz de convicción que viene a él. Y ahora él disfruta una paz falsa. Él esta tan engañado, ¡qué realmente piensa que Dios lo admira!

Y ahora, justo cuando él ha callado la voz de su conciencia, tú, un cristiano, se acerca. Y la verdad que tu traes habla mas fuerte que su conciencia muerta: “Si no naces de nuevo, no puedes entrar al reino del cielo.”

De repente, tú eres una amenaza en la mente de este hombre. Tú eres la persona que quiere privarlo de su seguridad que todo esta bien con su alma. Todo este tiempo, él pensó que estaba bien. Pero ahora tu le estas diciendo que todas sus buenas obras son como trapos de inmundicia.

Te digo, este hombre no te ve como alguien que trae buenas nuevas. No, a sus ojos tú eres un atormentador, alguien que viene a quitarle su sueño tranquilo en la noche.

Hay millones de esta clase de persona,
y muchos de ellos están llenando los
asientos de la iglesia cada domingo.

Tales personas piensan que están bien con Dios simplemente porque van a la iglesia. Sin embargo, ellos han creado su propio concepto de quien Cristo es. Su cristo es alguien como ellos. Y ese cristo no es formado por al Palabra de Dios, sino por su propia ceguera.

Entonces apareces tú y le dices que sin arrepentimiento y un verdadero cambio de vida, ellos son rebeldes. Tu le dices que su integridad hecha por ellos mismos es una abominación a Dios. Y que en vez de estar en el favor de Dios, estarán bajo la ira de Dios si ellos siguen en su pecado.

Tú has llegado predicando la sangre de Cristo, un nuevo nacimiento, separación del mundo, un caminar de sumisión y obediencia. Mas tú estas diciéndole todo esto a gente que están convencidas que no necesitan nada. Ellos no pueden concebir como tales cambios pueden traer paz y felicidad. Para ellos, suena como un desierto seco y vacío.

Algunos predicadores leyendo esto pueden objetar, “Esa no es mi misión en lo absoluto. Yo nunca los confrontaría así.” Otros pueden decir, “Yo soy llamado para llevar el evangelio de amor y gracia. Por lo tanto, yo predico un mensaje que no es controversial.” Yo no puedo hablar por otros pastores, solo puedo hablar lo que conozco. Y por cincuenta años, he predicado a algunos de los pecadores más endurecidos y malos sobre la tierra: drogadictos, alcohólicos y prostitutas. Sin embargo, te digo, estos pecados son mucho menos resistentes a la verdad del evangelio que muchos de los que sientan en la iglesia y están ciegos a su condición.

Miles de los llamados creyentes a través de América están más endurecidos que cualquiera en la calle. Y ningún evangelio a medias, suave va a derribar los muros de su maldad.

Saulo de Tarso fue un hombre religioso endurecido. Un Fariseo entre los Fariseos, una figura recta en una sociedad altamente religiosa, Saulo lo tenía todo. Entonces, ¿fue Jesús a este hombre tomando una encuesta, preguntándole que le gustaría ver en un servicio en la sinagoga?

¡No! Saulo fue derribado a tierra por una luz cegadora, una explosión de la presencia de Cristo. Fue un encuentro perforador y contencioso que expuso el corazón de Pablo, señalándole su pecado.

Como un ministro del evangelio de Cristo, yo debo hacer lo mismo. Es mi negocio convencer a hombres y mujeres de su pecado. Debo advertirles del peligro que les espera si continúan en su camino. Y ninguna cantidad de adulación, o sutileza, o tratar de caerles bien puede cambiar su condición.

En términos claros, yo soy llamado a dirigir a la gente a que dejen todo para seguir a un Cristo a quienes ellos encuentran inatractivo. Solo el Espíritu Santo en mi puede lograr eso. No confunda lo que estoy diciendo aquí. Yo predico la misericordia, gracia y amor de Cristo a toda la gente. Y lo hago entre lágrimas. Pero lo único que va a perforar los muros erigidos por personas endurecidas es una explosión de la presencia de Jesús. Y eso ha salido de las bocas de pastores y feligreses contritos y en oración.

Jesús dijo, “antes yo os elegí del mundo” (Juan 15:19).

Este versículo pega al mismo corazón del porque somos odiados. Cuando fuimos salvos, “salimos del mundo.” Y aceptamos nuestra misión al insistir que otros “salgan del mundo.”

“Pero porque no sois del mundo… por eso el mundo os odia” (Juan 15:19). Cristo esta diciendo, en esencia, “El mundo los odia porque yo los llame a salir de su condición. Y eso significa que yo los llame de su compañerismo. Mas sin embargo, no tan solo los llame fuera. Yo, entonces, los envié para que llamen fuera a todos los demás.”

El espíritu anticristo protestante obra para obstaculizar esta separación de los cristianos del mundo. Hace ver posible para los creyentes permanecer en el mundo y aun considerarse cristianos.

Puede preguntar, “¿Qué exactamente quiere decir Jesús cuando dice ‘el mundo’?” El no esta hablando de lujurias impías, enloquecimiento por el placer, pornografía o adulterio. No, “el mundo” al cual Cristo se refiere no es alguna lista de practicas malas. Eso es solo parte. Muchos musulmanes han “salido” de todas estas cosas por su propia fuerza de voluntad y temor a la destrucción.

“El mundo” del cual habla Jesús es poca disposición a rendirse a su Señorío. En resumen, mundanalidad es cualquier intento de mezclar a Cristo con la voluntad propia.

Ves, cuando nos rendimos al Señorío de Cristo, nos apegamos a Jesús. Y somos dirigidos por el Espíritu Santo, paso a paso, a un caminar de pureza y rectitud. Comenzamos a agradecer la reprobación santa.

Nadie puede entrar bajo el Señorío
de Cristo hasta que enfrente las
demandas de la Cruz.

Me doy cuenta de esta verdad cada vez que voy a predicar. Mientras miro a la congregación desde el pulpito, esparcidos entre fieles creyentes enfrento a inconversos cada semana quienes han entrado aquí por primera vez. Algunas son exitosas personas de negocios, arduos, que se han hecho a si mismos. Otros vienen de todo caminar de la vida. Sin embargo todos están cargados con pecados secretos. Esta gente esta viviendo como les place, no bajo ninguna autoridad espiritual. Pero están vacíos y desilusionados. Están enfermos de perseguir los placeres que nunca satisfacen.

Yo puedo predicarles todo tipo de sermones acerca de principios y reglas de comportamiento, o como tratar con el estrés, o como tratar con el temor y la culpa. Pero ninguno de este tipo de predica saca a nadie “del mundo.” No cambia el corazón de nadie.

Simplemente tengo que decirle al inconverso que su voluntad propia, su confianza en si mismo y terca lucha por hacerlo todo a su manera lo destruirá. Y al final, le traerá tormento eterno.

Si yo no le doy este mensaje, entonces por siempre le he cerrado los cielos. Y lo he convertido doblemente un miembro del infierno. Su condición será peor que antes de entrar por nuestras puertas.

Tengo que llevar a ese hombre cara a cara con el mensaje de ser crucificado a su independencia. Tengo que mostrarle que él tiene que salir de su mundo engañoso de bondad propia. Tengo que decirle que no hay camino a la paz en esta vida excepto a través del rendimiento total al Rey Jesús. De otra manera, he engañado a este hombre. Y he cometido el horrible pecado del peor tipo de orgullo: lo he contado como un “convertido” para hacerme ver bien. ¡Que nunca sea así! Como ministro del evangelio de Jesucristo, estoy obligado a hablar su verdad a todo aquel que verdaderamente se arrepiente: “Serás odiado y perseguido de ahora en adelante.”

Jesús una vez se volvió hacia algunos de sus familiares terrenales y les dijo,
“No puede el mundo odiaros a vosotros” (Juan 7:7).

Con estas espantosas palabras, Jesús nos ofrece la prueba de tornasol de una iglesia y discípulo verdadero. Me pregunto de cuantas iglesias y cristianos se pueden decir estas palabras hoy: “el mundo no puede odiarte.”

Cristo esta diciendo, en esencia, “Ustedes han traído tanto del mundo a la iglesia—ustedes han diluido tanto mi evangelio—que el mundo los abraza. Ustedes se han convertido en amigos del mundo.” Santiago nos da esta advertencia en su epístola: “¿no sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo se constituye en enemigo de Dios.” (Santiago 4:4).

Por supuesto, Jesús era amigo de los políticos y pecadores. Pero también esta escrito que él estaba “separado de los pecadores.” (Hebreos 7:26). Él ministraba a los pecadores, pero como uno bajo sumisión a su Padre. Como él, nosotros somos llamados a estar en el mundo, pero no parte de él.

“Acordaos de la palabra que yo os he dicho:… Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán;” (Juan 15:20). Tú no tienes que buscar la persecución. No vendrá a causa de tu rendimiento en el trabajo, o tu raza, o tu apariencia. No, vendrá simplemente porque tú haces a Cristo tu Señor.

Dios tenga misericordia de cualquier cristiano a quien el mundo no odia. Y Dios ayude al político quien se planta por Cristo, el mundo lo odiara y dirá que tiene demonio.

Ahora déjame darte una palabra de ánimo. Aunque el mundo odie y persiga a los verdaderos discípulos de Cristo, encontramos un amor creciente y afecto piadoso entre los miembros de su iglesia. Ciertamente, aquello que hace que el mundo nos odie hace que nuestros hermanos y hermanas justos nos abrasen aun más.

En los por venir, el amor en la casa de Dios será más precioso. Seremos odiados por todo el mundo, mofados por los medios, ridiculizados por Hollywood, burlados por nuestros compañeros de trabajo, el hazmerreír por la sociedad. Pero cuando lleguemos a la casa de Dios, estaremos entrando a un lugar de amor increíble, como nos amemos unos a otros como Cristo nos amo. “Bienvenido a casa, hermano; bienvenida a casa, hermana. Este es el lugar donde eres amado.” Seremos edificados de nuevo, para seguir saliendo afuera como el Señor nos manda, con su evangelio verdadero.


Usado con permiso por World Challenge, P. O. Box 260, Lindale, TX 75771, USA.

http://www.movimientomisioneromundialcolombia.com/m3/odio-a-los-cristianos.html

Cómo ha evolucionado la geografía de la religión durante siglos?

Cómo ha evolucionado la geografía de la religión durante siglos?

Nuestro mapa nos da una breve historia de las religiones del mundo conocido más bien el: Cristianismo, el Islam, el hinduísmo, el budismo y el judaísmo.

Ciencia y religión: el eterno debate

Ciencia y religión: el eterno debate
Dominique Lambert, profesor de la Universidad Notre-Dame de la Paix, Namur, Bélgica.

La ciencia y la religión, ¿son amigas inseparables o enemigas hostiles? ¿Puede un tercer elemento, la filosofía, servir de puente entre ambas?

“Había dos vías para llegar a la verdad, y decidí seguir ambas”, declaraba Georges Lemaître, uno de los padres de la cosmología física contemporánea, que era también sacerdote1. “Nada en mi trabajo, nada de lo que aprendí en mis estudios científicos o religiosos me hizo modificar este punto de vista. No tengo que superar ningún conflicto. La ciencia no quebrantó mi fe y la religión nunca me llevó a interrogarme sobre las conclusiones a las que llegaba por métodos científicos.”
¿Qué interacciones existen entre las ciencias contemporáneas y las teologías, entendidas como discursos que dan una explicación racional de una tradición religiosa? ¿Están totalmente disociadas o, por el contrario, imbricadas, o sólo son complementarias?
Georges Lemaître, partidario del “discordismo”, sostiene que los planteamientos científicos y el enfoque teológico son diametral y herméticamente opuestos. Y que se encuentran tan distantes que no pueden influir uno en otro.
Sobre este último punto, otros partidarios de este modelo adoptan una postura diferente. Según el “principio NOMA” (Non-Overlapping Magisteria —magisterios no superpuestos) invocado por el paleontólogo estadounidense Stephen Jay Gould2, las ciencias y las religiones son magisterios que imparten conocimientos, que no se invaden unos a otros, pero que no por ello están absolutamente separados. Permiten un diálogo continuo. Gould utiliza la metáfora del agua y el aceite. Esos dos elementos no se mezclan, pero su contacto es íntimo.

Una interacción fructífera
Error, replican los adeptos de un segundo modelo, llamado “concordista”: los datos científicos pueden servir directamente a las teologías. Conceptos de los dos ámbitos pueden corresponder –concordar– por pares. Así, entre el Big Bang y la Creación hay una interacción fructífera. Pero este modelo plantea numerosos interrogantes.
La variante del “concordismo” llamada del “Dios comodín” cae de lleno en este fallo. Ejemplo: como los científicos no tienen una teoría de la gravitación cuántica para describir la evolución del universo en los primeros instantes que siguieron al Big Bang, se le atribuye a la creación divina. Dios no aporta aquí ningún elemento de explicación; pasa a ser una mera causa física inmersa en otras causas físicas.
El “discordismo” evita este escollo a la vez que permite un diálogo sereno y respetuoso entre científicos y teólogos, negándose a recurrir a los saberes de uno de estos ámbitos para hacer avanzar al otro. Pero, ¿no existe el riesgo de que la separación sea demasiado tajante, hasta el punto de privar a unos y otros de elementos útiles para su propia reflexión?
De ahí que surja un tercer modelo que, contrariamente al “concordismo”, rechaza toda fusión entre ciencias y teologías. Sin embargo, establece un diálogo indirecto entre ellas, gracias a la mediación que ofrece una tercera disciplina, la filosofía en sentido amplio.
En el punto de partida de este modelo se da por sentado que la ciencia suscita inevitablemente dilemas filosóficos que la superan, como las cuestiones de sentido o de ética. Por su parte, los filósofos pueden recurrir a las diversas tradiciones religiosas para dar respuestas adecuadas. Éstas sirven al científico no para avanzar en sus investigaciones en sentido estricto, sino para ayudarlo a resolver las preguntas que todo ser humano se plantea. Y, sobre todo, las teologías pueden aprovechar a su vez el trabajo filosófico suscitado y fecundado por las ciencias. Esta trayectoria de las ciencias hacia las teologías es fruto de una labor que ha de reanudarse constantemente en función del progreso de los conocimientos científicos. En una primera etapa, este traslado suscita interrogantes y, en una segunda etapa, brinda respuestas filosóficas confrontadas con las teologías.

¿Causas naturales o intervención divina?
Volvamos al ejemplo del Big Bang. Un científico “concordista” podría afirmar que no es más que la creación del mundo, en sentido teológico. Ahora bien, esa afirmación no sería científicamente legítima: la física sólo se basa en causas naturales mientras que la creación, en sentido teológico, obedece a una intervención divina y, por ende, “meta-física”.
La posición “discordista”, que pretende impedir todo diálogo entre cosmología y teología acerca del mismo Big Bang, tampoco resulta satisfactoria. En efecto, una reflexión filosófica intermedia sobre el sentido del Big Bang como principio físico del cosmos puede ayudar al teólogo a explicitar y precisar los nexos y las diferencias existentes entre los conceptos de principio físico, origen metafísico y creación divina, y a precisar mejor el sentido estrictamente teológico de esta última. La creación en sentido teológico puede significar el surgimiento del mundo en su ser en virtud de una causalidad divina, pero puede significar también una relación mediante la cual Dios sostiene constantemente al universo en su existencia, confiriéndole el ser. Este “surgimiento” no puede concebirse como la iniciación de un proceso situado en el tiempo físico puesto que es justamente el que genera el espacio, el tiempo y la materia. Del mismo modo, no puede mirarse esta “relación creadora” como una causalidad física, puesto que es precisamente la causa de todas las causas físicas.
De este esclarecimiento filosófico podrán emanar nuevas maneras de expresar, en teología, las relaciones entre el tiempo y la eternidad, entre el Mundo y Dios. Como contrapartida, dará también lugar a un mejor conocimiento del alcance y los límites de las ciencias.
Así pues, para unos, ciencias y religiones son amigos inseparables pero profundamente diferentes; para otros, amigos cuyos lazos sólo existen gracias a la intervención de un tercero en discordia; para otros aún, amigos que son auténticos mellizos, y, por último, dos individuos a los que no une ninguna amistad, ya que nunca se encuentran. Relaciones, pues, que van de la fusión a la fisión.


1. Entrevista al New York Times Magazine, 19 de febrero de 1933.
2. Et Dieu dit: “Que Darwin soit”, Seuil 2000, París.

Opiniones
(Entrevistas realizadas por Ivan Briscoe)

Steven Weinberg*: Hacia una teoría definitiva

“Estoy razonablemente seguro de que habrá una teoría definitiva gracias a la cual podrán explicarse todas las irregularidades de la naturaleza, pero también estoy razonablemente seguro de que dejará un misterio sin resolver: ¿Por qué la teoría no es algo diferente, por ejemplo, que no hay absolutamente nada, o bien sólo dos partículas girando eternamente en órbita una en torno a otra? Lo más que podemos pretender descubrir es una teoría lógicamente frágil, en el sentido de que cualquier cambio que experimente acarree contradicciones lógicas.
En un nivel más prosaico, hay límites de la ciencia que no son tan radicales, pero que probablemente no seremos capaces en lo práctico de superar. Por ejemplo, es muy posible que la teoría definitiva sea algo así como la teoría de las cuerdas, pero no consigo imaginar cómo podríamos producir directamente estructuras que son diez elevado a 17 veces menores que las descubiertas en el laboratorio hasta ahora. Asimismo, hay una categoría importante de teorías cosmológicas según las cuales nuestro Big Bang es uno de los muchos que se producen a lo largo y a lo ancho del universo, aunque en principio nunca podremos observar los demás. En ambos casos la teoría será válida si sus previsiones sobre los fenómenos que podemos observar son correctas.
Al igual que en la religión, cualesquiera que sean las razones que invoque, siempre surgirá el porqué: ¿Por qué tiene que haber divinidades con determinadas características? En realidad, cuanto mayores son los conocimientos de física que uno adquiere, menos entiende cuál puede ser la finalidad.”

* Profesor de Física de la Universidad de Texas, en Austin, Estados Unidos; Premio Nobel de Física (1979).

John Leslie*: En la mente de Dios

“La cosmología puede darnos explicaciones hipotéticas que realmente vale la pena tomar en serio. Pero, de momento, la ciencia no puede confirmarnos que esas versiones sean correctas. Se intenta explicarnos cómo nació el universo, con las leyes de la física como trasfondo, pero cabe preguntarse por qué hay leyes de la física, y por qué deben aplicarse a algo.
Imaginemos una situación de vacío total. ¿Qué elemento en tal situación podría haber desencadenado la creación del universo? Reconozcamos para empezar que una situación de vacío total sería imposible, porque se darían numerosos hechos de todo tipo, por ejemplo que 2+2=4. No me parece que estos hechos puedan descartarse así, con sólo privar de existencia al universo, porque son hechos que suponen posibilidades y que persisten pase lo que pase. También habría fenómenos éticos: por ejemplo, sería un hecho que en cierto modo el vacío resultaría negativo puesto que en su lugar podría haber algo realmente bueno, un cosmos maravilloso.
Si Platón tenía razón al pensar que el valor en sí actúa creativamente, el cosmos tendría que ser entonces el mejor posible. Se compondría de un número infinito de mentes, conocedoras cada una de todo lo que vale la pena saber: mentes que podríamos calificar de divinas. La estructura del universo no sería más que una de las cosas dignas de conocerse, y todos nosotros existiríamos dentro de una de estas mentes divinas. Se trata de una visión panteísta, según la cual la estructura del cosmos es lisa y llanamente la estructura del pensamiento divino.”

* Catedrático emérito de Filosofía, Universidad de Guelph, Canadá; autor de Universes (Routledge, 1996).

Michael Heller*: Los límites del saber científico

“Los científicos se sienten muy tentados a confundir los límites de la racionalidad con los límites del método científico o, dicho de manera más pintoresca, de identificar los límites del método con los límites del universo. Esta tentación es tan fuerte porque el método científico es la forma más sencilla de racionalidad y puede distinguir con eficacia una información científicamente válida de otra que no lo es. La naturaleza del Big Bang es un problema exclusivamente científico. “Explicarlo” como un resultado de la acción de Dios equivale a atribuir el trueno al mal humor de Zeus. Pienso que la cuestión realmente importante es otra, a saber, ¿de dónde vienen las leyes de la física?
Actualmente hay dos maneras de responder a esta pregunta. Una es mostrar que en un nivel fundamental reina la anarquía más completa y que las leyes de la física son sólo la consecuencia de procesos circunstanciales puramente fortuitos. La otra es imaginar el conjunto de todos los universos posibles, cada uno de ellos regido por leyes físicas diferentes. Resulta entonces que vivimos en un universo sumamente ordenado, porque en todos los demás la vida de seres como nosotros no existe. Pero ¿pueden esas probabilidades ofrecer una explicación definitiva? ¿Por qué el universo –o el conjunto de todos los universos– tiene esta propiedad de la probabilidad? Creo que en este punto tocamos los verdaderos límites de nuestro entendimiento del universo.
La única manera de librarse de estas preguntas es no formularlas. Pero eso iría en contra de un criterio de racionalidad crítica: uno no ha de cejar en su búsqueda de nuevos argumentos siempre que quede algo que argumentar.”

* Profesor de la Facultad de Filosofía de la Academia Pontificia de Teología de Cracovia, Polonia.

Tsevi Mazeh*: La belleza del mundo

“La ciencia no puede decirnos por qué y para qué, y en cierto modo la ciencia se limita a los detalles técnicos de cómo funciona el mundo. Pienso que no hay problema en afirmar que Dios estaba al comienzo, que Dios echó a rodar el mundo y dictó la reglas que lo rigen. Ahora bien, por lo que respecta a la intervención de Dios en la historia del universo, es algo en lo que creo, pero que no puedo entender plenamente.
Mi religión (judaísmo ortodoxo) no influye en mi trabajo como astrónomo, pero me permite apreciar al Creador y la belleza del mundo. En un curso que he estado dando sobre las estrellas binarias hay una fórmula matemática que describe perfectamente el movimiento de las estrellas. Para mí es un milagro que la mente humana pueda encontrar instrumentos matemáticos tan hermosos para explicar el movimiento del mundo; me parece uno de los milagros del mundo creado por Dios.
Como en el capítulo primero del Génesis, hay que distinguir entre lo esencial y los detalles. Lo esencial es el mensaje teológico: hay un Dios único. Cuando se escribió la Biblia, esto era una revolución total. El autor del Génesis tenía que transmitir el mensaje en términos cosmológicos, y escogió la cosmología de la época. No podía mencionar el Big Bang, la velocidad de la luz o los átomos. En cambio, se expresó de manera comprensible para la gente de su tiempo.”

* Profesor de Astronomía de la Universidad de Tel Aviv, Israel.

Lee Smolin*: La evolución cosmológica

“Un punto esencial es entender la armonía del universo: ¿cómo fue posible que los parámetros reguladores de las partículas elementales y sus interacciones estuviesen sincronizados y equilibrados de tal modo que haya surgido un universo tan variado y complejo? La probabilidad de que un universo creado con parámetros elegidos al azar contenga estrellas es de una entre 10229.
El universo es improbable, y es improbable en el sentido de que tiene una estructura mucho más compleja de lo que habría sido si sus leyes y condiciones iniciales se hubieran elegido de forma más arbitraria. Buscamos entonces algún tipo de explicación que pueda comprobarse, que pueda refutarse, y que se base en alguna hipótesis sobre los fenómenos naturales. En términos generales, la biología y la selección natural son los ejemplos más satisfactorios de una teoría que aborda tales aspectos.
Tratándose del universo, esto nos lleva a la hipótesis de una selección cosmológica natural: dicho de otro modo, que nuestras partículas elementales son tal y como las observamos porque gracias a ellas la producción de agujeros negros y, por ende, la de nuevos “universos”, es mucho más probable.
De ser cierto que el Big Bang no fue el comienzo del principio sino un episodio procedente de otra parte del universo, como un agujero negro o alguna otra cosa con una estructura previa, es entonces muy posible que las observaciones efectuadas durante los próximos decenios nos resulten útiles –al igual que el estudio de las ondas en el agua permite determinar la forma de la piedra que las ha provocado.”

* Profesor de Física de la Universidad del Estado de Pennsylvania, autor de The Life of the Cosmos (Oxford University Press, 1997).

Seyyed Hossein Nasr*: Que sea, y fue…

“Por su naturaleza, la ciencia sólo puede ocuparse de un nivel de la existencia, la existencia física. La ciencia se basa también en el estudio de lo que pasa en el tiempo y en el espacio. Por consiguiente, el científico se acerca al principio, pero no puede llegar al comienzo propiamente dicho pues éste se encuentra más allá de la existencia material y de las dimensiones espacial y temporal. En cambio, la mayor parte de las religiones —con excepciones, como el confucianismo— se han ocupado del origen del universo.
Los que, como yo, aceptan el punto de vista religioso, tienen mucho que decir sobre los orígenes del universo. Creemos que la realidad que lo generó nos entregó también una revelación para explicar su origen. En el Islam, esta revelación procede en primer lugar del Corán, que describe la creación del universo como resultante de la palabra de Dios, citada en el conocido versículo del capítulo 36 en el que Dios afirma “Que sea, y fue.”
Hasta el siglo XVII, de Oriente a Occidente, la finalidad de la ciencia fue estudiar las huellas de la sabiduría de Dios en Su creación. Pero la filosofía cartesiana que sirve de fundamento a la revolución científica estableció una división entre el sujeto que conoce y el objeto conocido: la ciencia moderna estimó que su meta era el estudio de la mera cantidad, y descartó todos los aspectos cualitativos de la naturaleza –todos sus elementos espirituales.
Cada diez años surgen nuevas teorías y opiniones cosmológicas. Pero no me parece que ellas nos permitan progresar realmente en el conocimiento de la estructura última del universo, pues son muchas las incógnitas que quedan por resolver.

* Catedrático de Estudios Islámicos de la Universidad George Washington

http://www.unesco.org/courier/2001_05/sp/doss23.htm

Religión y cerebro

Religión y cerebro
Luis González de Alba ( Ver todos sus artículos )

lanck afirma que no es posible hacer ciencia sin tener fe, como la fe profunda que sostuvo a Kepler al buscar el plan de la creación; para Einstein el anhelo de verdad del científico viene de la esfera religiosa: de la “fe en la posibilidad de que las normas que rigen al mundo sean racionales, esto es, asequibles por medio de la razón. No puedo concebir a un auténtico científico que carezca de esa profunda fe” (Ciencia y religión).

ás entusiasta es lo que podríamos llamar el Credo de Sheldon Glashow, otro Nobel de física: “Creemos que el mundo es conocible, que hay reglas que gobiernan la conducta de la materia y la evolución del universo y que cualquier extraterrestre inteligente, dondequiera que esté, acabaría por alcanzar el mismo sistema lógico que tenemos nosotros para explicar la estructura de los protones y la naturaleza de las supernovas. Este enunciado no puedo probarlo, no puedo justificarlo. Es mi fe” (“We believe that the world is knowable”, NYT, 22 de octubre de 1989).

Dice, con razón, que se trata de fe porque no hay prueba alguna de que sea posible esa meta de la ciencia. Partimos de la intuición de que así debería ser y llegamos al convencimiento sin argumentos de la razón que pudiéramos exponer a un escéptico.

Los creyentes en alguna religión asumen que es esa institución la fuente de la moralidad, con lo que a los no creyentes nos lanzan a todos los desenfrenos. Pero los conceptos de bien y de mal, justicia e injusticia, no se basan en la religión. Por el contrario: no pocas veces las religiones, en particular las tres monoteístas, justifican el homicidio, la tortura, la guerra y los peores daños al prójimo como parte de una tarea salvadora.

El término moral, como todos sabemos, nos viene del latín para costumbre. Pero hace tiempo que no toda costumbre es moral, por lo menos para quienes rechazamos el relativismo cultural: no es moral negar voz y voto a las mujeres, llevarse una pierna del enemigo muerto para cocinarla en pozole ni quemar vivo al hereje para salvar su alma. Los humanos hemos construido, en Occidente, un conjunto de derechos que son obra de un lento y dificultoso proceso civilizatorio.

El estudio de Harvard
Así es como moral pasó a ser, en la definición de Savater en su Diccionario filosófico, administración de la vida propia, pautas de una comunidad y valoraciones de la vida en sociedad… asunto complicado, pues. Señala que el uso común rara vez acierta a diferenciar entre ética y moral, con lo que nos tranquiliza a quienes nos debatimos en esa duda. Todos sentimos que hay en nosotros una convicción de lo que es ético y lo que no lo es; aunque incurramos en actos no éticos y los justifiquemos, una vocecilla nos dice que nos estamos mintiendo.

La bibliografía sobre especies no humanas en donde se observan comportamientos similares a los que la moralidad humana pone por escrito es enorme, simplemente el comportamiento altruista, aun a costa de la propia vida, se observa en las hormigas que fabrican puentes con sus cuerpos, abejas que al atacar mueren, aves y mamíferos que al dar señales de alarma se exponen al predador.

En la Universidad de Harvard han sido puestas a prueba dos teorías al respecto. “Para algunos”, dice Marc Hauser, “no hay moralidad sin religión, mientras otros ven la religión como meramente una vía para expresar las intuiciones morales propias”. El coautor del estudio, Ilkka Pyysiainen, señala: “Algunos estudiosos sostienen que la religión evolucionó como adaptación para resolver problemas de cooperación entre individuos sin relación genética, mientras otros proponen que la religión emergió como un subproducto de capacidades cognitivas preexistentes”.

El mejor ejemplo de lo primero nos lo ofrece Iván Karamásov: su rechazo al universo injusto creado por Dios y cómo le devuelve el boleto de entrada mientras se pregunta si todo estaría permitido en caso de no haber Dios.

El estudio de Harvard, publicado por Cell Press en Trends in Cognitive Sciences, “apoya la teoría de que la religión no emergió originalmente como adaptación biológica para la cooperación, sino evolucionó como un subproducto distinto de funciones cognitivas preexistentes”, dice Pyysiainen. “Sin embargo, la religión puede jugar el papel de facilitar y estabilizar la cooperación entre grupos”.

Entra a escena la intolerancia cuando “en muchas culturas los conceptos y creencias religiosas se vuelven la manera común de entender las intuiciones morales”. Por ese motivo, mucha gente percibe “toda crítica a la religión como amenaza fundamental a nuestra existencia moral”, concluye Hauser.

El daño cerebral modula
la espiritualidad

Es también Cell Press quien publica en Neuron una exploración de las bases neurales de la espiritualidad en pacientes antes y después de una cirugía para remover un tumor cerebral.

Cósimo Urgesi y sus colegas de la Universidad de Údine, Italia, estaban interesados en una expresión de espiritualidad denominada auto-trascendencia, que consiste en una disminución en el sentimiento del yo y una percepción del individuo como parte integral de un todo con el universo. Encontraron que un daño selectivo de la región parietal posterior, izquierda y derecha, inducía un incremento de este sentimiento “oceánico”. “Por lo tanto, la actividad disfuncional en las regiones parietales podría apuntalar estados espirituales alterados, así como actitudes y conductas religiosas”.

Los resultados obtenidos en Údine podrían resultar en nuevas estrategias para tratar algunas formas de enfermedad mental. Contacto: Cathleen Genova, cgenova@cell.com

En la relación ciencia-religión (considerada ésta en su más amplia acepción, no eclesial) hay otro aspecto, de aún mayor interés, y es el que han tocado con entusiasmo místico los más grandes físicos del siglo XX, desde Planck y Einstein hasta Pauli y Jeans, a quien debemos una expresión llena de maravilla y misterio: “El universo se parece cada vez menos a una gran maquinaria y cada vez más a un gran pensamiento”.

Y más asombroso: “La mente ha dejado de ser considerada como un intruso en los dominios de la materia; estamos empezando a sospechar que más bien deberíamos saludarla como creadora y gobernadora del reino de la materia —no, por supuesto, la mente de cada uno de nosotros, sino la mente en la que existen como pensamientos los átomos a partir de los cuales se han desarrollado nuestras mentes individuales”.

Y más: “Aquellos átomos inertes que en el limo primigenio comenzaron por vez primera a prefigurar los atributos de la vida estaban tratando de ponerse más de acuerdo, y no menos (no separándose para volverse intrusos), con la naturaleza fundamental del universo”.

En La ciencia y lo bello sostiene Heisenberg, a quien debemos el principio de incertidumbre, eje de la cuántica: “Según Pitágoras y Platón, la variopinta multiplicidad de fenómenos puede comprenderse porque, y en tanto que, por debajo de ella subyacen principios formales unitarios, susceptibles de representación matemática. Este postulado constituye ya una anticipación de todo el programa de las ciencias exactas contemporáneas”.

En un giro de 25 siglos, la física cuántica ha redescubierto a Platón y concluye, con Berkeley, que “ser es ser percibido”.
Continuará…

Luis González de Alba. Escritor. Su libro más reciente es Otros días, otros años. Es colaborador del diario Milenio. http://www.luisgonzalezdealba.com

http://www.nexos.com.mx/?P=leerarticulo&Article=73137