Deudas Pagadas

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Devocional – Semana Santa – Deudas Pagadas

  • “anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz” (Colosenses 2:14).

Cierta noche, durante el cerco de Plevna, el Zar hacía un recorrido en el campamento y encontró un hombre que se había dormido mientras escribía una carta para su mujer. El oficial contaba sobre la dureza del trabajo atrás de las trincheras y decía que aquello no era nada comparado a sus muchas deudas. “¿Quién pagará mis deudas?” escribió él.

Fue en ese momento, llorando, que él se durmio. El Zar, espió sobre los hombros del soldado y leyó lo que estaba escrito en el papel. Entonces, él escribió debajo la pregunta: “Yo pagaré — Alexander”. Cuando el oficial despertó, no conseguía creer en lo que veía delante de sus ojos. Su corazón saltaba de alegría.

Y nuestro corazón, ¿ha saltado de alegría por saber que nuestras mayores deudas ya fueron pagadas? ¿Hemos mostrado una sonrisa constante por poder descansar en la certeza de que las deudas que nos podrían llevar a la perdición ya fueron finiquitadas?

La mayor de todas nuestras deudas era con Dios. La rebeldía del hombre, la desobediencia a la voluntad del Padre celestial, los intereses personales y el desaire con relación a todo cuanto hemos recibido, para nuestra alegría y dicha, nos hicieron grandes deudores delante del Señor. ¿Como podríamos pagar tan gran deuda? ¿Habría salvación para nosotros?

Sí, hubo una grande salvación. Alguien escribió, con sangre, en nuestra ficha celestial: “Yo pagaré la deuda”. Alguien que nos amó sin que lo mereciésemos. Alguien que, con mucho amor, resolvió abrazarnos y proteger. Alguien que rogó al Padre que nos perdonase. Alguien que pidió permiso para darnos un lugar para estar con Él por toda la eternidad. No fue el pago de una simple deuda de dinero, pero si el pago de nuestra deuda espiritual, por nuestros pecados, por nuestra miseria, por nuestro egoísmo, por nuestras mentiras, por nuestro odio, por nuestra constante ingratitud. Jesus pagó el precio. No tenemos más deudas.

Estamos libres. Libres para vivir, para cantar, para bailar, para correr y apreciar, sin preocupaciones, la belleza de la naturaleza.

Pagó el precio con Su vida. Murió por nosotros. Pero no está más muerto — ¡Él resucitó!! ¡Aleluya!!

Pagó el precio. ¡Qué maravilla! Que grande bendición.
¡Estamos salvos!

http://devocionalescristianos.org/2010/04/devocional-semana-santa-deudas-pagadas.html

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El juicio de Cristo

Dado el día en que estamos, nada más apropiado que esta lectura sobre el juicio de Nuestro (al menos mío y de muchos de los lectores del blog) Señor Jesucristo. Es un capítulo del libro Los deicidas. No me gusta ese nombre, ni la acusación que hace. Desde el punto de vista teológico, todos somos deicidas, porque Cristo murió por todos nosotros. Desde el punto de vista histórico, aunque las élites judías fueron los responsables últimos, no cabe habar de deicidio, porque mataron a Jesús por agitador. E todo caso, cabría darle la vuelta ala tortilla y decir que por eso mismo fueron causa material de nuestra salvación. En todo caso, os voy a traer algunos asuntos que me ha llamado la atención.

El derecho procesal hebreo tenía detalles garantistas interesantísimos:

El código procesal que regía las actividades de estos tribunales es sorprendentemente estricto y – por poco que se lo mire – sorprendentemente sabio también si uno tiene en cuenta, como tiene que tener, que se trata de disposiciones de hace más de dos milenios.

Por de pronto, no podían celebrarse juicios secretos. El procedimiento debía ser público, a la vista de todo el mundo, por lo cual estaba expresamente estipulado que debía celebrarse de día.

Los miembros del tribunal no podían acusar a nadie. La acusación estaba exclusivamente a cargo de testigos y un solo testigo no bastaba. Nadie podía ser condenado a menos que se probara su culpabilidad con la evidencia presentada por más de un testigo; como mínimo dos, o tres.[] Además, debía haber alguien en el tribunal que hablara a favor del acusado. A tal punto esta regla era estricta que, si se producía un fallo condenatorio por voto unánime, el acusado era declarado inocente. Por más extraño que parezca, la lógica detrás de esta disposición es muy sabia: si nadie habla a favor de un acusado, existe la fundada sospecha de que todo el juicio no es más que una conspiración para condenarlo.

Ante el Sanhedrín, un testigo no podía venir con vaguedades. Estaba obligado a ser muy preciso en cuanto a la identidad del acusado, y, además, en cuanto al mes, el día, la hora y las circunstancias del hecho. Por otra parte, los testigos también tenían que tener mucho cuidado con sus intenciones. Un testigo falso, en caso de ser descubierto, recibía la misma pena que hubiera recibido el acusado en el caso de haber sido hallado culpable. [ ]

Y más le valía al testigo ser cuidadoso en sus dichos porque las penas no eran precisamente leves. Los 36 crímenes más importantes –como por ejemplo el adulterio, la blasfemia, la idolatría, el homicidio, etc. – se castigaban con la lapidación, la hoguera, la decapitación por la espada o la asfixia por estrangulamiento. Para los 207 crímenes subsiguientes existía la flagelación, con un máximo de 39 azotes. Y no se crea que estos castigos son el producto de una jurisprudencia tardía. En lo esencial figuran en el propio Antiguo Testamento. Por ejemplo, la pena de lapidación, mediante la cual el reo luego de ser juzgado era entregado al pueblo que lo mataba a pedradas en las afueras de la ciudad, puede verse en Deuteronomio 22:24 dónde esta forma de ejecución se establece para casos de adulterio. También se aplicó para castigar a la blasfemia, como lo demuestra el caso de Nabot en Reyes 21:8-14.

Digámoslo otra vez: los testigos tenían que tener mucho cuidado en lo que afirmaban. Porque sucede que, por ejemplo en el caso de la lapidación, estaban obligados a tirar la primera piedra. De un modo general, estaba establecido que debían participar de una sentencia de muerte al menos de un modo inicial: “La mano de los testigos caerá primero sobre él para matarlo, y después la mano de todo el pueblo…” [ ] Y la lógica detrás de esto es demoledora: en el caso de que se descubriese después que el ejecutado había sido inocente, el testigo perjuro no solamente debía responder por falso testimonio sino, además, por homicidio. En todo caso, la Ley de Moisés no permitía encargarle cómodamente todo el macabro trabajo a un verdugo.

Más:

Si la sentencia era condenatoria, las penas graves no podían ser aplicadas inmediatamente después de la votación. Por ejemplo, en el caso de un delito penado con la muerte estaba estipulado que el reo sólo podía ser ejecutado al tercer día, contando como primero el día del juicio mismo. En otras palabras: si resultaba juzgado un día determinado, quedaba todo el día siguiente para considerar la sentencia y recién al otro día se volvía a reunir el tribunal que aún tenía que confirmar el veredicto y recién después se podía proceder a la ejecución. Durante el día intermedio, los jueces no podían dedicarse a nada que no estuviese relacionado con el caso. Debían abstenerse de consumir cualquier bebiba alcohólica y tenían que guardar ayuno a fin de no ingerir nada que obnubilase su mente o limitase su capacidad de raciocinio. Dicho sea de paso: este es uno de los motivos por los cuales un juicio no podía tener lugar en un día de fiesta ya que los jueces habrían estado ayunando en un día festivo, lo cual también era contrario a la Ley.

El tercer día, por la mañana, los jueces volvían a sesionar y votaban otra vez. Y aquí viene algo muy curioso: aquellos que en la primera sesión habían condenado podían ahora cambiar su voto por la absolución; pero quienes habían absuelto no podían cambiar su voto por la condena. Si de esta última votación surgía una mayoría por la condena de un delito penado con la muerte, el reo era inmediatamente llevado al lugar de la ejecución. Pero, aún a pesar de esta prontitud, se tomaban medidas realmente notables.

Por todo esto, el texto conluye que se trató de un juicio plagado de irregularidades procesales, un linchamiento en la práctica, para el que el Sanedrín, el tribuna judío, tuvo que involucrar a los romanos, que habían preparado ya la ejecución de tres rebeldes, no “ladrones”, como dice el Evangelio.

Otras cosas:

El Templo en Jerusalem no era solamente un templo. Cuando Jesús sacó de allí los mercaderes a latigazos y dio vuelta las mesas de dinero [ ] lo que hizo fue amenazar con arruinar un enorme negocio. No solamente se vendían allí los animales destinados a los sacrificios. Esas ventas movían sólo la caja chica. Los animales tenían que ser comprados con moneda local y como muchos judíos concurrían a Jerusalem provenientes de varios otros países, las mesas de dinero del templo oficiaban de casas de cambio con operaciones en divisas que arrojaban muy buenas gananacias. Pero aparte y encima de todo ello, muchas personas, especialmente las más ricas, guardaban su dinero en ese lugar porque era el que más seguridad podía brindar; con lo que, al final de cuentas, el templo terminaba siendo un banco administrado por una parte de la casta sacerdotal. De modo que el Templo de Jerusalem no era solamente un templo. Era un mercado, era una agencia de cambio de divisas y era el Banco Central de toda la comunidad judía.

Es un tema del que hemos tratado en otras ocasiones.

No os perdáis tampoco la parte dedicada a Pilato “El verdugo”:

Intercalándolo a Pilato, si algo salía torcido siempre se podría decir: “Nosotros lo juzgamos y lo hallamos culpable. Está bien. Nos equivocamos. Pero nosotros no lo matamos. Los que lo mataron fueron los romanos. Sí. Es cierto. Los presionamos un poco para que lo hicieran pero, de última ¿por qué se dejaron presionar? Y por otra parte, nuestro juicio habrá sido un poco desprolijo, pero nosotros lo hallamos culpable de blasfemia y al galileo no lo crucificaron por blasfemo sino por sedicioso. Los romanos podrían haberse ocupado de investigar un poco mejor su caso, ¡qué embromar!. Al fin y al cabo fue el caso de ellos y no el nuestro el que lo llevó a la muerte. Si Pilato nos lo hubiera devuelto … y bueno … hubiéramos tenido que esperar hasta el final de la Pascua, le hubiéramos tenido que hacer un juicio en regla con todas las garantías, y allí el hombre seguramente habría podido demostrar su inocencia. ¡No nos vengan ahora a decir que fue culpa nuestra que ese tarambana de Pilato se apuró tanto en mandarlo a la cruz!”

¿No me creen ustedes que esos hubieran sido los argumentos en el caso de que algo saliera mal? Pues, si no me lo creen se equivocan. Esos mismos argumentos, bien que no de un modo tan burdo como acabo de exponer aquí, fueron efectivamente usados cuando la dirigencia judía tuvo que empezar a defenderse de las acusaciones de los primeros cristianos.

Lo sguen haciendo actuamente. Nosotros no lo matamos, aunque nos alegramos del hecho, porque era un blasfemo…

Para acabar:

Fatalidad es lo que nos sucede; Destino es lo que hacemos suceder. La Fatalidad es algo que nos pasa porque, por algún motivo o por alguna razón, se han dado en el Universo las condiciones para que eso sucediera. Al Destino lo hacemos suceder, sea de modo conciente o – como sucede con la enorme mayoría de las personas – de modo inconciente, porque hay algo dentro de nosotros mismos que nos empuja para hacerlo ocurrir.

Una de las cosas más extraordinarias en la historia de Jesús es que es una historia sin fatalidades. Desde el principio hasta el final es la historia de un Destino. Vayan y busquen en esa historia una sola Fatalidad. No la encontrarán. No la hallarán ni en los evangelios canónicos ni en los apócrifos. Jesús recorre toda Galilea, pasa por Samaria, camina por Judea y jamás tiene un accidente…

Y quienes quieran ver esa Fatalidad en la cruz que fue su patíbulo, se equivocan. De haberlo querido la hubiera podido evitar. Le hubiera bastado con no ir a Jerusalem aquella Pascua. Incluso el sólo salir a tiempo del Monte de los Olivos y tomar el camino de Galilea hubiera alcanzado para que Judas llevase su traición a un campamento vacío. Pero, de haberlo hecho, el inocente – aún siendo inocente – hubiera parecido culpable; y la blasfemia – aún sin ser blasfemia – hubiera parecido blasfemia. El inocente que huye deja de ser inocente a los ojos de sus semejantes. Y la verdad que no da testimonio de si misma se convierte en mentira para quienes la escucharon.

De cualquier manera, hay algo que deberíamos subrayar. Con Jesús no murió solamente un inocente. Murió alguien que, al final, ni siquiera fue condenado. Algunos decidieron su muerte. Pero nadie logró condenarlo. Como dije antes: en realidad, no lo ejecutaron. Lo lincharon.

¿Tenía que suceder así? ¿No podía haber sucedido de otra manera?

Esa es justamente la pregunta que sólo se puede responder teniendo en claro la enorme diferencia que hay entre la Fatalidad y el Destino. Porquemucho más allá de la responsabilidad individual y personal de los demás participantes, cualquiera de las múltiples respuestas que podrían ser dadas a estas preguntas revelaría que el Destino de Jesús se cumplió en la cruz. Más allá, incluso, de la voluntad de los hombres intervinientes. Más allá de sus intenciones, más allá de las bajezas, las mezquindades, las buenas intenciones y las convicciones de algunos que intervinieron en su caso. Más allá de la traición de Judas, más allá de Anás y de Caifás; más allá de José de Arimatea y de Poncio Pilato; el Destino de Jesús el Cristo conducía a aquella cruz.

Razón de más para dejar de hablar de deicidas.

Señor, ten piedad.

http://layijadeneurabia.com/2010/04/01/el-juicio-de-cristo/comment-page-1/

DIOS, HOMBRE, Y SALVACIÓN UNA TEOLOGÍA BÍBLICA

DIOS, HOMBRE, Y SALVACIÓN UNA TEOLOGÍA BÍBLICA

Por

W. T. PURKISER, Ph.D.

RICHARD S. TAYLOR, Th.D.

WILLARD H. TAYLOR, Ph.D.

Versión Castellana de

HONORATO REZA

CNP

BEACON HILL PRESS OF KANSAS CITY

KANSAS CITY, MISSOURI, EE. UU. de AMÉRICA

Este libro apareció con el título en inglés: God, Man & Salvación y fue traducido al español por H. T. Reza. Las notas de pie fueron traducidas por José Pacheco.

Contenido

Proemio

Prefacio

Abreviaturas

Introducción

PRIMERA PARTE:

FUNDAMENTOS DEL ANTIGUO TESTAMENTO

1. La Teología del Antiguo Testamento y la Revelación Divina

Sección 1: Creación y Pacto

2. Dios como Creador y Redentor

3. La Naturaleza del Hombre

4. El Origen del Pecado

5. El Pacto y el Culto

Sección 2: Devoción y Deber-el Lado Humano de la Salvación

6. La Ética del Antiguo Testamento

7. Conceptos Profundizantes del Pecado y del Sufrimiento Humano

8. Los Ángeles, Satanás, y la Vida Después de la Muerte

Sección 3: La Visión Profética

9. El Dios de los Profetas

10. La Piedad Personal en el Antiguo Testamento

11. La Esperanza Mesiánica y la Escatología

SEGUNDA PARTE: EL NUEVO TESTAMENTO

Introducción

Sección 1: El Dios de Nuestra Salvación

12. El Conocimiento de Dios

13. El Creador y el Padre-Rey

14. El Espíritu Siervo

Sección 2: La Criatura de la Inquietud Salvadora de Dios

15. El Punto de Vista Novotestamentario del Hombre

16. El Hombre en Pecado

17. Una Corrupción Racial

Sección 3: Un Salvador, Cristo el Señor

18. El Testimonio de Jesús de Sí Mismo

19. Cuestiones Básicas en el Testimonio de la Iglesia Primitiva

20. La Encarnación

21. La Muerte, Resurrección y Ascensión de Cristo

Sección 4: Salvación a Través de Cristo

22. La Provisión de la Salvación

23. La Eficacia de la Muerte de Cristo

24. Gracia, Fe y Soberanía Divina

25. Un Nuevo Hombre en Cristo

26. Salvación y Santidad

27. La Santidad y el Espíritu Santo

Sección 5: La Vida de un Pueblo Salvo

28. Hacia la Madurez Cristiana

29. Hacia la Vida Ejemplar

Sección 6: La Sociedad de los Salvos

30. Descripciones de la Iglesia en el Nuevo Testamento

31. La Iglesia Como Comunidad Sacramental

32. La Iglesia Como una Comunidad Organizada

Sección 7: El Futuro en la Historia de Salvación

33. El Reino de Dios

34. La Segunda Venida de Cristo

35. El Régimen Eternal

Índices

Bibliografía

Proemio

Para los que reconocen la autoridad final de las Sagradas Escri turas, la teología bíblica es una disciplina esencial.

La teología bíblica aprovecha los resultados comprobados de la crítica textual e histórica y emplea los principios de la exégesis científica bíblica. Además, la teología bíblica evangélica refleja ciertas suposiciones supranaturalísticas: la realidad y propósito del Dios viviente, la deidad y naturaleza salvadora de Jesucristo, la dei dad y el ministerio personal del Espíritu Santo, así como la inspira ción total y unidad de las Santas Escrituras como la Palabra de Dios escrita.

Esta no es una obra de teología sistemática. Es sistemática en cuanto a su plan de organización, y por ello, toda teología sistemá tica futura necesariamente le será deudora; pero no intenta construir un sistema de pensamiento que trate sobre la cultura del siglo veinte como tal. Más bien se limita a la tarea preliminar de intentar respon der a la pregunta, “¿Qué dicen las Escrituras?”

Siendo que la teología bíblica es obra de escritores humanos, este volumen naturalmente refleja las preferencias teológicas de sus autores. Esto resulta inevitable en cualquiera obra de esta naturaleza; todo teólogo tiene su punto de vista. Los doctores Westlake T. Purkiser, Richard S. Taylor y Willard H. Taylor, escriben desde la perspectiva general de la fe wesleyana. Son catedráticos de expe riencia con una trayectoria combinada de más de 75 años en el salón de clase, en su mayor parte en el nivel post-graduado. Son eruditos reconocidos cuya autoridad deberá tomarse en cuenta por cualquier ministro o maestro de tradición wesleyana.

Esta es una presentación erudita de la revelación progresiva de Dios y de su propósito redentor según se encuentra en su forma preparatoria en el Antiguo Testamento y en su expresión perfecta en el Nuevo. A medida que usted transite por estas páginas, ha de examinarlo todo, retener lo bueno (1 Ti. 5:21).

Los autores de este tratado de pensamiento bíblico sostienen la doctrina de Juan Wesley de la perfección cristiana y encuentran en las Escrituras una develación progresiva de esta verdad. Para ellos, la obra redentora de Cristo, se expresa en la actividad santi ficadora del Espíritu que purifica el corazón de su inclinación pecadora, lo llena con el amor puro de Dios, y lo restaura a la imagen divina. Esta santidad es tanto gradual como instantánea, personal y social: se transmite al creyente por medio de una fe personal en Cristo y se experimenta en el compañerismo con su Cuerpo. Por lo demás, la perfección cristiana es teleológica: su expresión final espera el retorno de Jesucristo en gloria con la victoria concomitante del reino de Dios. Tal es la visión de los escritores de este estudio.

Me complace recomendar este volumen a ministros, maestros, y estudiantes serios de las Escrituras. Con toda verdad, es una mina de verdad bíblica a la que los pensadores wesleyanos le quedarán agradecidos. No sólo merece un lugar en los anaqueles de su biblio teca; también merece su estudio persistente y cuidadoso al buscar “dividir bien la palabra de verdad.”

-WILLIAM M. GREATHOUSE

Superintendente General

Iglesia del Nazareno

Prefacio

La mayor parte de nuestro siglo ha sido testigo de un notable interés continuo en captar y comprender el mensaje de la Biblia en su totalidad. Cierto que los estudios bíblicos del siglo diez y nueve fueron altamente críticos y en muchos sentidos improductivos en fe, pero los eruditos en el siglo veinte han provisto mayor confianza y totalidad en lo que respecta a sus resultados y esperanzas. Sin duda alguna, este cambio saludable fue producido por una reaserción profunda de la verdad de la revelación especial con su énfasis pri mordial sobre Cristo, la Palabra Viviente, durante las primeras décadas de este siglo. Un concepto elevado de Cristo siempre evoca un deseo fresco de explorar la Palabra escrita con la esperanza de ver más claramente su mensaje del poderoso acto de salvación de Dios en Cristo dentro del marco total del pensamiento y de la historia bíblica. No es de sorprender, entonces, que en años recientes se hayan publicado varias teologías bíblicas excelentes, siendo cada una de ellas un intento de captar el mensaje totalmente universal de la Biblia.

El presente volumen es producto de este movimiento. Si tiene derecho a ser publicado, la razón se encontrará en la entrega de sus autores al concepto arminiano-wesleyano de las Escrituras. Así que el lector descubrirá en sus páginas un esfuerzo honrado a expresar esta posición histórica. Este tratamiento, sin embargo, en ninguna manera pasa por alto los recursos abundantes de erudición existen tes por todo lo largo y ancho de los puntos de vista de esta relación.

Esta es una teología bíblica, no una teología sistemática. En tanto que la teología sistemática desarrolla sus propias bases para obtener un concepto estructurado de la fe, la teología bíblica busca encontrar sus bases directrices en las Escrituras mismas. Procura presentar las afirmaciones de la fe bíblica de acuerdo a cualquier sistema discernible en las Escrituras mismas. La teología bíblica consiste en unir las verdades de proclamación que dan unidad a la Biblia y que constituyen el evangelio.

El tema de salvación evidente a través de este estudio, es el tema central de la Biblia. Dios, obrando en la historia, y más particular y maravillosamente en Cristo, ha provisto un camino de salva ción para toda la humanidad.

Todo esto es obra preliminar para los teólogos sistemáticos. Hay preguntas numerosas que han de hacerse a este material bíblico y los estudiantes sistemáticos capaces lograrán confrontarse con ellas. Harán uso de todo recurso de pensamiento humano para ofrecer respuestas que ampliarán la comprensión del evangelio y de su propia existencia en el mundo por parte de la iglesia.

Además, esperamos que muchos estudiantes de la bendita Palabra de Dios-universitarios, seminaristas, predicadores, laicos y por qué no, también los teólogos-descubran nuevos derroteros que les conduzcan a una renovada exploración de la Biblia.

Al Dr. W. T. Purkiser, miembro del grupo de escritores, le debemos una palabra de agradecimiento por haber servido tan capazmente como nuestro coordinador editorial. El pasó inconta bles horas en correspondencia con nosotros, revisando el manuscrito y preparando la bibliografía así como el índice de asuntos. Expre samos también nuestras sentidas gracias al Dr. J. Fred Parker, editor de libros, por su manejo inteligente de todos los detalles de un volumen de esta magnitud y naturaleza y por las horas de trabajo tedioso en la preparación del manuscrito para su publicación; Además de estas dos personas, recordamos con agradecimiento a los estudiantes y secretarias que ayudaron a revisar las referencias y a escribir en máquina los borradores de varios capítulos.

Que el Dios de toda gracia, quien con todo amor nos proveyó salvación en su Hijo Jesucristo, se digne poner su bendición sobre nuestro esfuerzo en expresar el significado de esta salvación gloriosa.

-WILLIAM H. TAYLOR

Prefacio a la Edición Española

La traducción de Dios, hombre, y salvación es la obra del doctor H. T. Reza, persona ampliamente conocida en los países de habla castellana como predicador del evangelio, erudito, administrador y traductor. Por muchos años fue el director de Publicaciones Inter nacionales.

Publicamos esta obra de teología bíblica con el deseo sincero, y la oración, de que provea una estructura bíblica de teología que capacite al predicador y al maestro a proclamar el evangelio con autoridad, gracias a su conocimiento, al que estas páginas hayan contribuido, de la estructura de la teología de las Escrituras.

Esperamos que esta obra sea usada en muchas aulas para la pre paración de ministros del evangelio

-LOS EDITORES

Introducción

La Naturaleza y Alcance de la Teología Bíblica

Teología, en su más sencilla acepción, es nuestro intento humano a pensar clara y correctamente acerca de Dios. Es el estudio de formas de organizar y comunicar la idea acerca de Dios y del orden creado. No hay mayor desafío para la mente que el reflexionar sobre el significado de la religión y de las Escrituras.

El que la teología con frecuencia parezca abstracta y sin impor tancia, es más bien falta de los teólogos que de la materia misma. La mayoría de las interrogaciones de la vida son básicamente cues tiones teológicas. No hay persona, religiosa o no, que escape la necesidad de confrontar los problemas de la fuente y naturaleza de la realidad y el significado y destino de la vida.

No es posible exagerar la importancia de la teología cristiana. La teología no es opcional con la Iglesia. Es negocio de todo cris tiano. William Hordern escribe: “La iglesia que proclama no tener teología está, de hecho, escondiendo para ella misma las premisas teológicas por las cuales vive y como resultado, falla en ponerlas bajo la luz del escrutinio.”1 Esto resulta en una “teología popular” en que se sostienen ideas contradictorias sin reconocer su incompa tibilidad real. Necesitamos un nuevo descubrimiento de la “teolo gianidad de todos los creyentes.”2 La cura para una teología pobre no es no teología sino una mejor teología. Si la teología ha de cumplir su función adecuada, no más debe considerarse como el monopolio de los expertos.

“El esfuerzo de ser cristianos en la práctica sin saber lo que es el cristianismo siempre fracasa”, dice A. W. Tozer. “El cristiano verdadero debe ser, y de hecho lo es, un teólogo. Debe estar al tanto, al menos, de algo de la riqueza de verdad revelada en las Sagradas Escrituras. Y debe saberlo con suficiente claridad para declarar y defender lo que dice. Y lo que puede declararse y defenderse se llama credo.”3

La siempre presente tarea de la iglesia es interpretar su fe ante el mundo contemporáneo. Para hacerlo, requiere una comprensión de lo que es esencial a la fe así como lo que es incidental. El fracaso en este punto no sólo desnivela la piedad personal; confunde la proclamación del evangelio ante el mundo.

I. LA ESTRUCTURA LÓGICA DE LA TEOLOGÍA

Mas, ¿qué es exactamente teología? El vocablo mismo nos señala su significado. Se deriva de dos vocablos griegos -Theos, “Dios”, y logos, palabra, o “discurso razonado.” Logos es la raíz de donde tomamos la palabra lógica o lógico. La encontramos en el sufijo “-logía”, al nombrar las varias ramas del pensamiento humano. En cada caso, “-logía” significa la aplicación de principios de pensa miento lógico a algún asunto o materia particular.

Por ejemplo, la geología es la aplicación de principios de pensamiento lógico a hechos observados de geos, o tierra. La antro pología es la aplicación de principios de pensamiento lógico a hechos observados acerca del anthropos, hombre. La sicología es la aplica ción de principios de pensamiento lógico a las observaciones acerca de la psyche, literalmente el alma, o el yo “del alma.” Sociología es la aplicación de principios de pensamiento lógico a las observaciones acerca del socius, la sociedad. Y así continúa la lista de varias cien cias a medida que ellas se especializan más y más.

Una tradición clásica habla de la teología como “la Reina de las Ciencias.”4 Usando el término “ciencia” en relación a la teología puede ayudarnos si no la llevamos al extremo. Así como cada una de las ciencias es el resultado de aplicar principios de pensamiento correcto a una materia definida, la teología es la aplicación de principios de pensamiento lógico a la verdad acerca de Theos, Dios.

A. Hechos e Interpretación

Además de su nombre, hay otro punto de semejanza entre la teología y las varias ciencias. Toda ciencia es el resultado de dos procesos de la mente: observación e interpretación. El aprendizaje principia con la observación. De allí sigue la interpretación, captando relaciones y significados. Después vuelve a más observación para verificar o establecer las relaciones y significados que ha formulado.

La tarea de toda ciencia es buscar aquellos principios, leyes, teorías o hipótesis que unifiquen, integren e interpreten los hechos separados y los fenómenos de su materia particular. Toda área de investigación incluye una gran cantidad de fenómenos separados o discretos, hechos, eventos y objetos. Muchos “hechos” parecen contradictorios. Abunda la paradoja. La tarea del científico consiste en unificar, interpretar y describir este cúmulo de hechos con fre cuencia sorprendentes, en sus modelos coherentes de explanación. El profesor C. A. Coulson, un fisicista teorético, escribe que “la verdad científica significa coherencia en un modelo que se reconoce como significativo y sensible.”5

Hemos mencionado que el pensamiento incluye tanto observa ción como interpretación. Pero estos no son procesos rígidamente separados. A medida que el pensamiento cambia de observación a interpretación, los lógicos nos hablan de “inducción.” Y cuando el pensamiento de interpretación o generalización regresa a la mayor observación, los lógicos hablan de “deducción.” Pero cualquier proceso de búsqueda de la verdad incluye ambos cambios, inducción y deducción. Los hechos se observan, se hace una generalización por inducción; esa generalización se usa como teoría o hipótesis, y sus consecuencias se predicen por deducción. Sólo así puede probarse, ya sea verificándose o revisándose.

Cuando principia la observación, emergen los patrones de relación y significado. Estos patrones o modelos adelantan el estudio tanto en la selección como en la interpretación de datos. Cuando los datos son complejos, pueden sostenerse diferentes teorías por observadores diferentes. Con frecuencia estas teorías se suceden una a la otra, a medida que se prueban primero una y después la otra poniéndolas a un lado. La historia de la ciencia es en su mayor parte la historia de hipótesis revisadas y descartadas. En algunos casos como-por ejemplo, en las teorías de la naturaleza de la luz -ciertas hipótesis conflictivas pueden permanecer lado a lado pues cada una sirve para explicar una porción de los datos.

Como comparación, los hechos de la religión (en que las Escri turas proveen una gran fuente de datos) se unifican e interpretan en la teología. “Teología es la exhibición de los hechos de la Escritura en su orden propio y en su relación con los principios de verdades generales envueltas en los hechos mismos, y que saturan y armonizan el todo.”6 La teología cristiana es “la Iglesia reflexionando, bajo la dirección del Espíritu Santo, sobre la Palabra dada por Dios a ella.”7 “Teología es la ciencia del cristianismo; mucho de lo que erróneamente se llama teología es sólo adivinación sicológica que sólo se puede verificar por la experiencia. La teología cristiana es la exposi ción ordenada de las certidumbres de la revelación.”8

Así como sucede, en menor grado, con otras ciencias que tratan con datos complejos, los hechos de la religión han producido formas diferentes de interpretación. Son estos las “escuelas” o “sistemas” de teología como en el proceso teológico del catolicismo, el lutera nismo, el calvinismo, el arminianismo, y la neoortodoxia. Cada uno de estos modelos, en cierto grado, controla la selección y la interpretación de datos para los adeptos suyos.

B. Objetividad en Teología

Harold O. J. Brown, para mencionar sólo uno, argüía que no se puede considerar propiamente a la teología como una “ciencia.” Brown señala que la ciencia demanda objetividad o imparcialidad de parte de los que la practican. La teología, por el otro lado, debe practicarse por quienes se han entregado a Dios acerca de quien piensan y escriben o por quienes se rebelan contra El.9

Se concede un tanto de verdad a esta posición. Sin embargo, objetividad no necesariamente significa falta de entrega o falta de interés. Significa responsabilidad hacia los datos, la sujeción de la teoría al hecho. En este sentido el teólogo puede ser tan objetivo como el químico o el biólogo. Es aquí donde las palabras de precau ción de Mildred Bangs Wynkoop resultan apropiadas:

La naturaleza quedará oculta del científico que rehúsa ser enseñado por la naturaleza. La naturaleza es, antes que nada, y siempre, el amor que demanda servicio antes de que ella se someta a la voluntad del científico. Este principio tiene validez para la teología y para las Escrituras. Todos nosotros, calvinistas y wesle yanos, hemos de distinguir cuidadosa y honradamente entre la Palabra de Dios y las opiniones e interpretaciones con que la trata mos.10

Aunque se acepta que ninguna teoría es tan segura como los datos en que descansa, es tanto lógica como sicológicamente im posible operar aparte de ciertos principios ordenados de interpreta ción general. Es aquí donde descansa la necesidad de la teología y la importancia de encontrar el mejor cuadro de referencia o modelo de doctrina dentro del cual tratar los hechos de la vida religiosa y las declaraciones de las Escrituras.

II. LAS FUENTES DE TEOLOGÍA

Es posible describir tipos de teología en formas diferentes. H. Orton Wiley divide la “teología en general” en teología cristiana y teología étnica. Subdivide la teología cristiana en Exegética, Histórica, Sistemática y Práctica.11

Una clasificación útil distingue los tipos de teología de acuerdo a sus fuentes de información y al principio que rige el arreglo de sus materiales, como en las siguientes divisiones:

A. Teología Natural

La “teología natural” busca sus datos en la observación de la naturaleza, las tendencias religiosas en la humanidad, y la historia, sicología y sociología de la religión. Depende en la filosofía del teísmo y el uso del razonamiento metafísico para llegar al conoci miento de Dios. Este es generalmente el tipo de teología que se encuentra en la apologética como primer paso importante en las evidencias cristianas. Los preámbulos de la Suma Theologica de Tomás de Aquino, “La Analogía de la Religión, Natural y Revelada, a la Constitución y Curso de la Naturaleza” (The Analogy of Religion, Natural and Revealed, to the Constitution and Course of Nature) del obispo Joseph Butler, y la obra monumental de William Temple “Naturaleza, Hombre y Dios” (Nature, Man, and God) son ejemplos clásicos de teología natural.

No hay teología natural escrita que sea “pura” para quienes han sido nutridos en la tradición cristiana. La influencia de la tradición y de las Escrituras es inescapable. No obstante, al grado en que el razonamiento principia con los datos suplidos por la naturaleza- ya sea naturaleza física o sicológica-y de allí trabaja sin referencia consciente a la Biblia o a los credos históricos, el resultado puede con cierta corrección describirse como teología natural.

El rechazo neoortodoxo de la teología natural es bien conocido. La teología natural generalmente se convierte en humanismo. Su Dios, excepto por su poder, bien pudiera ser creado a la imagen del hombre. Su función es de preparación. En el mejor de los casos puede servir como “ayo” para dirigir la mente hacia Cristo. En el peor de los casos bien puede ser una piedra de tropiezo en aceptar una teología revelacional correcta.

B. Teología Sistemática

Un segundo tipo importante de teología es la teología sistemática o dogmática. Este es el tipo conocido más bien con el término gené rico de teología. Sus fuentes de información incluyen las Escrituras, los grandes credos de la iglesia, las observaciones de la vida religiosa y de las instituciones dentro del marco de la iglesia, y la sicología de la experiencia cristiana y de la adoración.

Los sistemas dominantes de la teología en el cristianismo han sido o sistemáticos o dogmáticos. El catolicismo, el luteranismo, el calvinismo y el arminianismo son sistemas históricos que pro vienen de una variedad de fuentes accesibles. Cada uno de estos sistemas apela a las Escrituras como su fuente primaria de informa ción. Pero cada sistema acepta también información en varias formas y énfasis de los credos, las tradiciones y la vida y experiencia de la iglesia.

C. Teología Bíblica

La teología bíblica es el tercer tipo mayor de formulación teológica. En un sentido amplio, toda teología que sinceramente intenta ser fiel al contenido de las Escrituras, puede llamarse “bíblica.”

Sin embargo, recientemente ha aparecido un vocablo más espe cializado para teología bíblica. Este es un esfuerzo serio por descu brir de primera mano lo que los escritores bíblicos querían decir con lo que expresaron-en contraste con lo que se ha dado por hecho que ellos quisieron decir. La teología bíblica en este sentido se enfoca más exclusivamente sobre la información que dan las Escri turas-los eventos, declaraciones y enseñanzas mencionados en la Biblia.

La Biblia en sí no es teología, aunque provee materiales sobre los cuales puede formarse la teología. La teología es la respuesta de la Iglesia a la revelación dada en las Escrituras. Esta revelación se da por medio del relato histórico, las expresiones proféticas y apos tólicas, por la devoción y oración descritas en la poesía y el salmo, por la meditación sobre la vida como en los escritos de la Sabiduría por el oráculo (palabras directas y atribuidas a Dios) y supremacía en la vida, enseñanzas y muerte expiatoria y resurrección de Jesu cristo.

Muchas declaraciones en la Biblia, de hecho, representan afir maciones teológicas de primera clase. La reflexión de los salmistas y profetas sobre la historia de Israel, las enseñanzas de Jesús y los escritos didácticos tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento son verdadera teología; son ejemplos de las primeras fases esenciales en la generalización. La teología bíblica toma éstos como su infor mación-los “hechos” con los que opera-así como la información desde el marco histórico en que se relacionan.

La tarea de la teología bíblica, como Geoffrey W. Bromiley la condensa, consiste en “interpretar las expresiones detalladas y libros de la Biblia basándose en su propio trasfondo y presuposi ciones antes que en los que provienen de otras fuentes.”12 La ejecu ción de esta tarea requiere estudios cuidadosos de términos que son fundamentales a la exégesis teológica de las Escrituras. También se requiere un sentido de contexto histórico y la significación de historia por teología. Una de las ventajas más reales y prácticas de la teología bíblica ha sido un nuevo reconocimiento de la unidad de las Escrituras dentro de su conocida diversidad. El contexto indis pensable de todo narrativo y aserción Escritural es toda la Biblia misma.

Así pues, la teología bíblica es el intento de presentar sistemá ticamente las afirmaciones de la fe en la Biblia. Su sistema no es el de teología “sistemática” sino el que resulta de una revelación en desarrollo en la Biblia. Procura seguir los modelos de significado inherentes en las Escrituras mismas.

Myron S. Augsburger nos recuerda que la “teología bíblica como disciplina se sitúa entre lo sistemático y lo exegético.”13 No sustituye a la teología sistemática, pero es una preparación para ella. “Procura reunir el contenido de la revelación en forma bíblica.”14 La exégesis está interesada en descubrir la verdad de la revelación bíblica en sus partes. La teología sistemática intenta reunir el con tenido de la revelación y presentarla en forma lógica. “La teología bíblica se ubica entre ambas procurando relatar las partes bíblicas en tal forma que vayan de acuerdo con el contenido total de la expresión bíblica.”15

Chester Lehman compara también la teología bíblica con la sistemática: “La teología bíblica examina el proceso de la develación de la Palabra de Dios al hombre. Está interesada en el modo, el proceso, el progreso y el contenido de la revelación divina. La teología sistemática, por el otro lado, ve el total de la revelación de Dios, busca sistematizar estas enseñanzas, y dar una presentación lógica de ellas en forma doctrinal.”16

D. La Teología Bíblica Es Básica

Se da por hecho que hay una interacción entre los tipos principales de teología. No obstante, la teología bíblica tiene una reclamación correcta a la primacía en los círculos evangélicos. Virtualmente, todas las organizaciones protestantes afirman que la Biblia es su única Regla de fe y práctica. La teología bíblica es un intento a tomar seriamente esta afirmación-sostener credos, instituciones y sistemas de interpretación hasta lo último como fuente de verdad en las Escrituras.

Robert C. Dentan ha identificado dos valores de la teología bíblica en relación a la teología sistemática:

1. La teología bíblica “provee los materiales básicos para la teología sistemática.” Aunque la teología sistemática agrega a su caudal, materiales de información tomados de la teología natural, de los credos cristianos y de la historia de la experiencia cristiana, debe hallar, aun así, su fuente primaria en la Biblia si es que ha de llamarse verdaderamente teología cristiana. La mejor manera de conseguir la información bíblica es por el estudio comprehensivo de las dos ideas religiosas del Antiguo y Nuevo Testamentos, antes que buscando el sostener ideas de otras fuentes por las citas de textos de prueba bíblica específicos.

2. La teología bíblica “provee una norma para la teología sis temática… por la cual pueden juzgarse los desarrollos teológicos posteriores.” La teología bíblica puede servir como punto de contacto por el cual pueden evaluarse las formulaciones de la teología sistemática. La teología, cortada de sus raíces bíblicas, siempre tiende a convertirse en subjetiva y en criatura antes que en el crítico de sus tiempos.17

Edmond Jacob escribió: “Si [la dogmática] desea permanecer cristiana siempre, tendrá que hacer nuevas evaluaciones de sus de claraciones comparándolas con la información bíblica esencial, la elucidación de la cual es precisamente tarea de la teología bíblica, ella misma basada en una exégesis bien fundada.”18 Supliendo su material primo y definiendo los límites de la teología sistemática, la teología bíblica ayuda a preservar la dogmática de “caer en un subjetivismo en que el poder esencial se sacrifique en favor de lo secundario.”19

Esta necesidad se ha reconocido por mucho tiempo. Antes del desarrollo del “movimiento de la teología bíblica” de nuestro día, Olin A. Curtis buscó una “legítima teología bíblica” como base para la teología sistemática. Dijo, “Quiero decir algo más allá de las obras fragmentarias que con frecuencia se publican con el nombre de teología bíblica. Toda la Biblia debe ser captada filosóficamente como una unidad cristiana que se manifieste en variedad. Cuando esto se haga, habrá un centro para la Biblia; y sin duda este centro es la muerte de nuestro Señor.”20

III. VARIEDADES Y TENDENCIAS EN LA TEOLOGÍA BÍBLICA

El término teología bíblica se ha usado en un sentido amplio para describir cualquiera formulación teológica que recalque las Escritu ras como su mayor Fuente de información. Tal uso ocurre primero en la mitad del siglo diez y siete en la “Teología Sistemática” de Calovio.21 En los siglos diez y siete y diez y ocho el término teología bíblica se usó principalmente en Alemania para describir obras que sostienen a la vez que critican la ortodoxia tradicional. El siglo diez y nueve, también, de manera particular en Alemania, fue testigo del desarrollo de la escuela Religionsgeschichte en que la teología bíblica, especialmente del Antiguo Testamento, se convirtió en un estudio de la historia de la religión de Israel.

A. En Énfasis Teológico

La tensión entre los intereses históricos y teológicos continuó hasta el siglo veinte y todavía no se ha resuelto completamente. A medida que se pone énfasis en teología de la teología bíblica, la disciplina tiende a conformarse a la definición de la teología del An tiguo Testamento que hace Dentan: “Aquella disciplina teológica cristiana que trata de las ideas religiosas del Antiguo Testamento sistemáticamente, i.e., no desde el punto de vista del desarrollo histórico, sino del que tiene que ver con la unidad estructural de la religión del Antiguo Testamento y que rinde pleitesía debida a la relación histórica e ideológica de esa religión a la religión del Nue vo Testamento.”22

El resultado es una estructuración del material de modelo después de las divisiones tradicionales de la teología sistemática: Dios, hombre, pecado y salvación. Además de Dentan, tal arreglo de materiales o una modificación de ellos recibe el apoyo de Otto J. Baab, Millar Burrows, A. B. Davidson, Albert Gelin, Gustav Oehler, J. Barton Payne, Hermann Schultz, C. Ryder Smith y Norman Snaith.

B. El Énfasis Bíblico

Por el otro lado, cuando se pone énfasis en lo bíblico de teología bíblica, el resultado es un conglomerado de materiales que buscan exponer la verdad acerca de Dios, el hombre y la redención en una serie de eventos históricos o “momentos” interpretados profética mente. Se pone un énfasis fuerte en el desarrollo histórico. Repre sentantes de esta tendencia en teología del Antiguo Testamento son Walter Eichrodt, Edmond Jacob, Ludwig Kohler, Edmund Clowney, H. H. Rowley, J. N. Schofield, George Ernest Wright, Gerhard von Rad; y en el Nuevo Testamento, Archibald Hunter.

Escritores en ambos grupos han intentado resolver la tensión entre el tratamiento bíblico y el teológico, mas sin ningún éxito conspicuo. O se sacrifica la unidad lógica, o se hace a un lado el conglomerado básico histórico de materiales en las Escrituras mismas. Todo intento por resolver la tensión resultará en un com promiso que para algunos no será permanentemente satisfactorio. La teología bíblica siempre debe luchar por ser bíblica y teológica.

C. Características de la Teología Bíblica

La teología bíblica, obviamente, no se puede definir fácilmente. Es la aplicación de principios de pensamiento lógico, tanto inductivo como deductivo, a las declaraciones, hechos, datos y eventos de las Escrituras considerados en su contexto histórico para fines de desa rrollar modelos comprehensivos de interpretación.

Brevard S. Childs, quien crítica acremente los progresos hasta hoy de la teología bíblica, da una lista de cinco características principales de la disciplina:

1. Está marcada por el redescubrimiento de la dimensión teológica en la Biblia. En esto, es una reacción contra una macera ción analítica excesiva de las Escrituras. Los estudios bíblicos han tenido la tendencia de ser más y más técnicos, interesados más y más en las abstracciones y en nimiedades espiritualmente estériles. La floresta se perdió entre los árboles, el mensaje se perdió entre la mecánica de su transmisión. La teología bíblica procura captar el mensaje de toda la Biblia a la vez que reconocer la iluminación que pueda derivarse de la exégesis gramatical o la mecánica de la erudi ción textual.

2. Hay un énfasis en la “unidad dentro de la diversidad” que se encuentra en la Biblia entera. Esto se aplica tanto a la unidad de cada uno de los Testamentos mayores y la verdad común que une los dos Testamentos en un solo Libro.

3. La revelación de Dios se sitúa en su contexto histórico. En sus fases iniciales, la revelación es verídica, pero incompleta. Sus fases posteriores presuponen las primeras.

4. Hay un reconocimiento creciente del punto de vista mundial bíblico o hebreo de las Escrituras, para diferenciarlo del punto de vista mundial helenista o griego.

5. Hay un reconocimiento de lo distintivo de la Biblia-su contraste con su medio ambiente.23

Childs dice al comentar sobre la escena presente en los estudios bíblicos: “El peligro es agudo de que las disciplinas bíblicas sean fragmentadas otra vez. Se necesita una disciplina que intente retener y desarrollar un cuadro del todo y que sea responsable de sintetizar así como de analizar.”24

IV. LA HISTORIA EN LA TEOLOGÍA BÍBLICA

Dos de las características de la teología bíblica mencionadas por Childs merecen consideración adicional. Una es el sentido fuerte del contexto histórico de la revelación en las Escrituras. G. Ernest Wright prueba su punto así:

La Biblia, a diferencia de otra literatura religiosa del mundo, no está centrada en una serie de enseñanzas moral, espiritual y litúrgica, sino en la historia de un pueblo que vivió en un determi nado tiempo y lugar. El hombre bíblico aprendió a confesar su fe diciendo la historia de lo que le había pasado a su pueblo y viendo dentro de todo ello la mano de Dios. La fe bíblica es el conoci miento del significado de la vida a la luz de lo que Dios hizo un marco histórico particular. Así que la Biblia no puede entenderse a menos de que la historia que relata se tome en serio. El conoci­miento de la historia bíblica es esencial a la comprensión de la fe bíblica.25

El teólogo bíblico toma muy en cuenta que en las Escrituras hebreas, los libros que se conocen como “Los Primeros Profetas” (Josué a Ester) son de hecho históricos en su contenido. Hay también importantes secciones históricas en la ley (nuestro Penta teuco) y en “los profetas posteriores” (a los que llamamos profetas menores y profetas mayores). Dios habla a su pueblo por medio de la historia. En la Biblia, historia es, en un sentido muy literal, “su relato.” Lo que fue real en la Encarnación-“El Verbo hecho carne” -se simbolizó en el “encarnamiento” de la Palabra de Dios en los eventos históricos concretos del Antiguo Testamento.

Edmund Clowney arguye que las divisiones de la teología bíblica deben ser los períodos históricos de redención-Creación, la Caída, el Diluvio, el llamamiento de Abraham, el Exodo y la venida de Cristo. Declara: “La comprensión más fructífera de la teología bíblica es la que reconoce tanto el carácter histórico y progresivo de la revelación como la unidad del consejo divino que declara. Su interés no es exclusivamente teológico porque entonces la historia del proceso revelatorio sería comparativamente incidental. Ni tam poco su interés es exclusivamente histórico.”26

La teología bíblica es la interpretación de los actos poderosos de Dios de castigo y salvación, preparando al Señor Jesucristo para su muerte, resurrección y exaltación y culminando en estas experien cias-tal como se entiende en el contexto histórico de la comunidad redentora o pacto de la comunidad.

Es importante notar que la historia sola no es revelación. Es historia como la interpretaron los profetas y apóstoles cuyas pala bras son “inspiradas por Dios” (2 Ti. 3:16) lo que hace que Dios sea conocido al hombre. Dios, como Kenneth Kantzer incisivamente escribió, no es un “sordomudo” actuando su papel, mas sin poder hablar.27 El actúa y habla, y parte de su palabra es a través de la interpretación de la historia sagrada por hombres inspirados. “Los sucesos históricos y su interpretación, la obra y la Palabra de Dios como su comentario, constituyen el evento bíblico.”28

V. LA UNIDAD DE LA BIBLIA

Una segunda característica que necesita tratamiento adicional es la convicción creciente de que la Biblia es un Libro-que exhibe unidad dentro de su diversidad. La Biblia es legítimamente, la Palabra, no muchas palabras.29 C. Ryder Smith escribe:

En la última porción del siglo pasado, y en la primera parte de éste, los estudiantes de la teología bíblica tendían a concentrarse en la doctrina de cada nuevo escritor o clase de escritores dentro de la Biblia misma. En ese tiempo esto era de valor a la vez que deseable. Sin embargo, pronto llevó hacia un énfasis sobre las diferencias en la Biblia misma antes que sobre la unidad de la ense ñanza bíblica. Más recientemente se ha reconocido que la teología bíblica es una unidad orgánica, principiando, aunque imperfecta mente, en el Antiguo Testamento, y alcanzando su totalidad com pleta en el Nuevo.30

Robert Dentan agrega: “Para La fe cristiana, la conexión del Antiguo Testamento con el Nuevo, es integral y orgánica, de manera que los dos juntos forman una unidad indisoluble, siendo el uno el complemento necesario y cumplimiento del otro.”31

Se sobreentiende que existe una continuidad y una discontinui dad entre el Antiguo y el Nuevo Testamentos. El estudio de este problema de la relación entre los Testamentos ha sido intenso, especialmente, como hemos hecho notar, desde la resurgencia de la teología bíblica.

Las rúbricas de promesa y cumplimiento de la salvación, pare cen ofrecer la mejor solución a la cuestión de continuidad: el Anti guo es promesa; el Nuevo es cumplimiento. Nunca podemos divor ciar el Nuevo del Antiguo. La tragedia de tal acto se ve claramente en el intento de Marciano en la segunda centuria (ca. A.D. 140) quien rechazó totalmente el Antiguo Testamento y aun aseguró que sólo 10 epístolas de Pablo (rechazando las pastorales) y un mutilado evangelio de Lucas eran aceptables para instruir en la senda cristiana.

Lo incompleto de la revelación primera en el Antiguo Testa mento no constituye un error. Preparación y cumplimiento son distintos, pero no opuestos. “Cumplir” no es contradecir. Cuando Jesús usó la fórmula, “Oísteis que fue dicho… mas yo os digo,” hablaba en sentido de ensanchar y profundizar, no de revocar o negar. “Para el niño el principio y fin de la aritmética es que dos y dos son cuatro. El matemático ve más allá de eso, pero dos y dos son cuatro también para él con la misma validez incondicional como lo es para el niño.”32

Hay dos errores posibles respecto a la relación del Antiguo y del Nuevo Testamentos. Uno es la herejía de Marciano que acabamos de mencionar: el separar tan completamente los dos como situarlos en oposición mutua. El otro es el de leer el Nuevo Testamento como si fuera tan completamente el Antiguo Testamento, hasta oscurecer la progresión de la revelación a través de toda la Biblia y aun la autoridad final de Cristo. Hermann Schultz pronto captó la relación esencial del Antiguo Testamento y del Nuevo cuando escribió:

Resulta perfectamente claro que nadie puede exponer la teología del Nuevo Testamento sin un conocimiento completo de la teología del Antiguo Testamento. Pero no es menos verdad que quien no comprende completamente la teología del Nuevo Testa mento, no puede menos que captar solo una vista unilateral de la teología del Antiguo Testamento. Quien no conoce el destino, fallará en comprender las curvas del camino. Para quien no ha visto el fruto, mucho de lo que es pétalo y botón será sólo un crucigrama.33

“El Antiguo Testamento,” escribió A. B. Davidson, “debe leerse por nosotros a la luz del fin, y… al enmarcar la teología del Antiguo Testamento hemos de tener en mente el Nuevo Testamento que lo completa.”34

Emil Brunner usa dos veces una analogía brillante para ilustrar la unidad de las Escrituras: “El Antiguo Testamento se relaciona al Nuevo Testamento como el principio de una frase a su fin. Sólo toda la frase, con principio y fin, hace sentido.”35 “Así como una frase tiene muchas palabras, pero sólo un significado, la revelación de Dios en la Escritura, en el Antiguo y el Nuevo Testamentos, en la ley y en el evangelio, tiene un significado: Jesucristo. tartamu deando o con claridad, todos los libros de la Biblia deletrean este nombre: por un lado nos instruyen prospectivamente; por el otro, retrospectivamente, en este hecho significativo de la encarnación.”36

Se ha notado más claramente en recientes estudios bíblicos que el Nuevo Testamento no ha de leerse como un libro helénico resul tado de una filosofía y cultura griega clásica. Su lenguaje es el griego, pero su punto de vista es hebreo. Norman Snaith escribió: “El Antiguo Testamento es el fundamento del Nuevo. El mensaje del Nuevo Testamento es de tradición hebrea en contraposición a la tradición griega. Nuestros tutores hacia Cristo son Moisés y los Profetas, no Platón ni las academias.”37

Un importante documento titulado, “Principios Guiadores para la Interpretación de la Biblia” (Guiding Principles for the Interpreia tion of the Bible) se formuló por una conferencia de estudio ecumé nica en Oxford en 1949. Dos estudios se relacionan con la unidad de la Biblia:

Se acuerda que el centro y meta de toda la Biblia es Jesucristo. Esto da a los dos Testamentos una perspectiva en que se ve a Jesucristo como el cumplimiento y el fin de la ley…

Se acuerda que la unidad del Antiguo y del Nuevo Testamen tos no ha de encontrarse en algún desarrollo naturalístico, o en alguna identidad estática, sino en la continua actividad redentora de Dios en la historia de un pueblo, alcanzando su cumplimiento en Cristo.

Por tanto, es de importancia decisiva para el método herme néutico, interpretar el Antiguo Testamento a la luz de la revelación total en la persona de Jesucristo, el Verbo encarnado de Dios, de donde origina la fe trinitaria total de la Iglesia.38

En forma similar, Ryder Smith hace notar que los escritores del

Nuevo Testamento dan por hecho que sus lectores interpretan sus palabras en el sentido contemporáneo, y sólo el estudio del Antiguo Testamento revela esto. Como quiera que sea, los capítulos del Antiguo Testamento sólo preparan el camino para la discusión del Nuevo Testamento y su enseñanza. Para los cristianos esto es final.39

La unidad de la Biblia puede verse en una variedad de formas. El concepto de Dios-Yahweh del Antiguo Testamento como el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo en el Nuevo-es una base de unidad. La relación entre preparación y cumplimiento es otra. “El pacto”-el nuevo y el viejo-es el concepto unificador. La Biblia toda es el contexto dentro del cual ha de entenderse cada parte. Hay una unidad de tema al través de la Biblia: Dios y el hom bre en la salvación. El Antiguo Testamento debe verse “sobre la base hacia la que llevó, así como aquélla de donde provino.”40 El signifi cado de la Carta Magna no queda exhausto en un estudio de Juan el rey, “como no ha de hallarse el significado total de la invención de la rueda en el primer vehículo primitivo en que se usó.”41 Así como las ideas e inventos tienen significado más allá de la intención inmediata de sus creadores, “las ideas espirituales dadas a los hombres por conducto de los líderes de Israel, y que fueron entronadas en el Antiguo Testamento, tenían una vida que se extendió hasta el Nuevo Testamento y hasta el judaísmo post bíblico.”42

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

1New Directions in Theology Today (Filadelfia: The Westminster Press, 1966), 1:138.

2lbid.

3That Incredible Christian (Harrisburg, Pa.: Christian Publications, Inc., 1964), pp. 22-23.

4Véase H. Orton Wiley, Christian Theology (Kansas City: Beacon Hill Press, 1940), 1:14-15.

5C. A. Coulson, Science and Christian Belief (Chapel Hill, N. C.: The University of North Carolina Press, 1955), p. 49. Cf.: William G. Pollard, Science and Faith: Twin Mysteries (Nueva York: Thomas Nelson, Inc., 1970) para una descripción científica de desarrollo de hipótesis.

6Charles Hodge; citado por H. Orton Wiley en Christian Theology, 1:15.

7John Huxtable, The Bible Says (Naperville, Ill.: SCM Book Club, 1962), p. 112.

8Oswald Chambers, He Shall Glorify Me: Talks on the Holy Spirit and Other Themes (Londres: Simpkin Marshall, Ltd., 1949 reimpresión), p. 146.

9Harold O. J. Brown, The Protest of a Troubled Protestant (New Rochelle, N. Y.: Arlington House, 1969), pp. 15-28. Cf. Stephen Neill, The Interpretation of the New Testament, 1861-1961 (Nueva York: Oxford University Press, 1964), p. 337.

10Mildred Bangs Wynkoop. Bases teológicas de Arminio y Wesley (Kansas City: Casa Nazarena de Publicaciones, 1972), p. 89.

11Christian Theology, 1:24.

12″Biblical Theology”, Baker’s Dictionary of Theology. Everett F. Harrison, ed. (Grand Rapids, Mich.: Baker Book House, 1960), p. 95.

13Chester K. Lehman, “Introduction”, Biblical Theology (Scottdale, Pa.: Herald Press, 1971), p. 11. (Introducción escrita por Augsburger).

14Ibid.

15Ibid.

16Ibid., p. 37.

17Robert C. Dentan, Preface to Old Testament Theology (Nueva York: The Seabury Press, 1963 edición revisada), pp. 102-103.

18Edmond Jacob, Theology of the Old Testament (Nueva York: Harper and Brothers, 1958), p. 31.

19Ibid.

20The Christian Faith (Nueva York: Methodist Book Concern, 1903), p. 185.

21Dentan, Preface ¡o OT Theology, p. 15.

22Ibid.. pp. 94-95.

23Biblical Theology in Crisis (Filadelfia: The Westminster Press, 1970), pp. 32-50.

24Ibid., p. 92. Cf. también con Gerhard F. Hasel, Old Testament Theology: Basic Issues in the Current Debate (Grand Rapids, Mich.: William B. Eerdmans Publishing Co., 1972).

25Biblical Archaeology, edición abreviada (Filadelfia: The Westminster Press, 1960), p. ix.

26Preaching and Biblical Theology (Grand Rapids, Mich.: William B. Eerdmans Publishing Co., 1961), pp. 16-17.

27Bibliotheca Sacra, vol. 115, núm. 459 (Julio de 1958), p. 225.

28G. Ernest Wright, The Old Testament and Theology (Nueva York: Harper and Row, Publishers, 1969), p. 44.

29Truman B. Douglass, Preaching and the New Reformation (Nueva York: Harper and Brothers, 1956), p. 32.

30C. Ryder Smith, The Bible Doctrine of Man (Londres: The Epworth Press, 1951), p. ix.

31Preface to OT Theology. p. 99.

32Ludwig Kohler, Old Testament Theology. Traducido por A. S. Todd (Fila delfia: The Westminster Press, 1957), p. 64.

33Hermann Schultz, Old Testament Theology. Traducido por J. A. Paterson (Edimburgo: T. and T. Clark, 1909), 1:59. Cf. Dentan, Preface to OT Theology. pp. 55-56.

34The Theology of the Old Testament (Edimburgo: T. and T. Clark, l904),p. 10.

35Die Unentbehrlichkeit des Alten Testamentes fuer die missionierende Kirche, citado por G. Ernest Wright en Gerald H. Anderson, ed., The Theology of the Christian Mission (Nueva York: McGraw-Hill Book Co., Inc., 1961), p. 26.

36Philosophy of Religion, p. 76; citado por Paul King Jewett, “Emil Brunner’s Doctrine of Scripture”, Inspiration and Interpretation, ed. John F. Walvoord (Grand Rapids, Mich.: William B. Eerdmans Publishing Co., 1957), p. 16.

37The Distinctive Ideas of the Old Testament (Filadelfia: The Westminster Press, 1946), p. 204.

38Biblical Authority for Today, ed. Alan Richardson y W. Schweitzer (Filadelfia: The Westminster Press, 1951), p. 241.

39The Bible Doctrine of Sin (Londres: The Epworth Press, 1953), p. 7.

40H. H. Rowley, The Unity of the Bible (Filadelfia: The Westminster Press, 1953), p. 7.

41Ibid.

42Ibid

PRIMERA PARTE

FUNDAMENTOS

DEL

ANTIGUO

TESTAMENTO

1

La Teología del Antiguo Testamento y la Revelación Divina

En parte al menos, el papel de la teología del Antiguo Testamento en el pensamiento cristiano ya ha principiado a aparecer. Es nece sario revisarlo y reiterarlo y examinar toda la idea de la revelación de Dios tal como aparece en el Antiguo Testamento. La teología del Antiguo Testamento es un fundamento esencial para la teología bí blica como un todo.

I. EL ALCANCE DE LA TEOLOGÍA DEL ANTIGUO TESTAMENTO

La teología del Antiguo Testamento es un esfuerzo en exponer sistemáticamente las principales verdades acerca de Dios y el hom bre en redención, tal como se develan en los 39 libros desde Génesis hasta Malaquías. “La teología del Antiguo Testamento, si hemos de ser guiados por la Biblia en nuestra definición, no es nada más ni nada menos que el estudio de Dios en la revelación que El hace de sí mismo en la historia de la redención.”1

La tarea de la teología del Antiguo Testamento es la de “definir las fases características del mensaje del Antiguo Testamento.”2 Por cuanto es teología, pueden hacerse a un lado muchas cosas que pertenecen al estudio de la religión de Israel. Th. C. Vriezen escribe:

La teología del Antiguo Testamento busca particularmente el elemento de revelación en el mensaje del Antiguo Testamento; debe operar, por tanto, con normas teológicas, y debe rendir su propia evaluación del mensaje del Antiguo Testamento sobre la base de su punto de partida teológico cristiano. Así que, como parte de la teología cristiana, la teología del Antiguo Testamento en el sentido completo de la palabra, nos da una idea del mensaje del Antiguo Testamento y un criterio de este mensaje desde el punto de vista de la fe cristiana.3

Robert Dentan detalla lo que él llama “El Alcance de la Teología del Antiguo Testamento.”4 Se establecen dos limitaciones de im portancia:

1. La teología del Antiguo Testamento debe versar solamente sobre los libros canónicos del Antiguo Testamento. La literatura intertestamental, tanto la apócrifa como la pseudepigráfica, es más bien parte de la teología del Nuevo Testamento si no es que se han de relegar a un estudio especial.

2. La teología del Antiguo Testamento debe tratar solamente con las ideas religiosas del Antiguo Testamento distintivas y carac terísticas. Esta limitación excluiría información arqueológica como tal, e interés primario por la historia o las instituciones. La preocu pación de la teología del Antiguo Testamento debe ser la religión normativa del Antiguo Testamento, no la “teología popular” o las ideas religiosas populares de los tiempos. Debería incluir todos los elementos principales de la religión hebrea normativa, incluyendo los elementos sacerdotales y sabiduría así como los elementos pro féticos. Debe dar consideración a principios éticos, en vista de que la ética y la religión están indisolublemente ligadas en el Antiguo Testamento. Debe incluir también la discusión de la piedad hebrea- la expresión práctica de la teología en la vida.

Dentan concluye:

Aunque las ideas religiosas del Antiguo Testamento en su mayor parte, no aparecen en forma teológica, hay una teología en el Antiguo Testamento en el sentido de un complejo estructural de ideas que dependen lógicamente de la idea central de Dios, y ha sido la tarea histórica de la teología del Antiguo Testamento, explorar esa estructura de pensamiento y exponerla.5

A. La Unidad de Pensamiento del Antiguo Testamento

A causa de que las tendencias prevalentes en la erudición del Antiguo Testamento, en la última parte del siglo diez y nueve y en los princi pios del veinte, recalcaban las diferencias que han de encontrarse en el nivel sucesivo de los documentos bíblicos, es de mayor importancia reconocer la unidad básica de esta porción de las Escrituras. Hay una unidad obvia en la continuidad histórica. El Antiguo Testamento, desde el Génesis hasta Malaquías, relata la historia de un pueblo. La ley, la sabiduría, la poesía y la profecía, todas en cuentran su lugar dentro de un marco histórico. Amos N. Wilder nota: “El tema característico de esta teología bíblica es que Dios se ha revelado a sí mismo en una serie de episodios históricamente relacionados, señalando todos ellos hacia su propósito final para la humanidad aunque al principio sólo opera con un pueblo par ticular.”6

Más importante que la continuidad histórica es la unidad uni versal y comprensión de Dios y del hombre que satura el Antiguo Testamento. Walter Eichrodt, por ejemplo, sostiene que la religión del Antiguo Testamento, a pesar de todos los cambios a través de 16 siglos de historia cubiertos en cierto detalle, era todavía una unidad auto-contenida de tendencia y tipo básico constante. Escribe:

El veredicto contra una presentación sistemática de la tota lidad de la fe de Israel perderá de la misma manera su carácter riguroso, si la variedad de los testimonios del Antiguo Testamento, que deben por supuesto considerarse cuidadosamente en su lugar, se interpreta no como una descontinuidad del proceso revelatorio, sino como resultado de observar una realidad compleja desde varios ángulos en formas que en principio concuerdan una con otra. De hecho no hay razón legítima por la que se nos prohíba buscar un acuerdo interno en estos testimonios de fe que hemos analizado tan cuidadosamente; y en este acuerdo, a pesar de sus grandes diferenciaciones y tensiones internas, emergen ciertas fases básicas comunes que, combinadas, constituyen un sistema de creencia que es unitario en su estructura esencial y orientación fundamental, a la vez que único en la historia de las religiones.7

Se ha reconocido que hay una “teología” de A y de B, de C y de D-refiriéndose a las llamadas “fuentes” literarias sobre que se basa el Antiguo Testamento y en especialidad el Pentateuco. Pero tal como Norman Snaith ha demostrado, lo que ahora es importante es la “teología del ABCD,” el resultado de los procesos involucra dos en la formación del canon del Antiguo Testamento.8 Las “fuen tes” se unieron porque pertenecen la una a la otra.

La teología del Antiguo Testamento presupone el Antiguo Testamento como es. Cómo es que ha llegado a ser así, es la interro gación legítima de la crítica histórica. El distinguir entre el Torah, la literatura poética, y de la sabiduría, y los Profetas no implica diferentes teologías. Cuando más, tenemos énfasis que difieren y fases de desarrollo de una teología que es la teología del todo. La teología del Antiguo Testamento principia con algo “dado”-las Escrituras del pueblo hebreo. Los escritos, tales como los tenemos, son escritos dentro de un contexto, no producciones sin relación alguna. Ese contexto siempre debe tomarse en cuenta.

B. El Tema Central

Se ha sugerido un número de principios unificadores diferentes como la llave para la fe del Antiguo Testamento. Eichrodt ha argüido en favor del concepto del pacto como el principio unificador. Hermann Schultz y más recientemente John Bright,9 han escogido el reino de Dios como el tema unificador. Ludwig Kohler encuentra la unidad del Antiguo Testamento en el concepto de Dios como “Señor” (Adon). Otros han sugerido la elección, el Éxodo, o la historia de salvación como temas unificadores. Ninguno de éstos han tenido un éxito notable cuando se ha hecho el intento de activarlos a través de toda la literatura.10

La idea central del Antiguo Testamento es de veras, la idea de Dios en toda su riqueza y profundidad. Pero el objeto del interés de Dios, el hombre, viene a flote inmediatamente-con la salvación, o redención como el propósito del pacto y del reino de Dios.

Dios y el hombre, en su relación redentiva, es el tema del Antiguo Testamento que se extiende hasta y a través del Nuevo.

II. LOS VALORES DE LA TEOLOGÍA DEL ANTIGUO TESTAMENTO

En vista de que el Antiguo Testamento, según se admite, es prepa ratorio y proyectado hacia el Nuevo Testamento, ¿por qué es la preocupación especial con la teología del Antiguo Testamento un interés necesario? ¿En qué sentido es el Antiguo Testamento funda mental para la teología bíblica?

Muchas de las consideraciones dadas en la discusión de la unidad de la Biblia en el capítulo 1 se aplican aquí:

1. La teología del Antiguo Testamento es un fundamento sobre el que se edifica la teología del Nuevo Testamento. Cada Testamento tiene su énfasis característico. El énfasis del Antiguo Testamento es sobre la santidad de Dios. El énfasis del Nuevo Testamento es sobre el amor de Dios. Pero el Dios de la Biblia es, usando la feliz frase que Peter Forsyth usó y más tarde William Temple y H. Orton Wiley, el Dios del amor santo. Esto no es aceptar la tesis de Mar ciano de que el Dios del Nuevo Testamento es un Dios de amor y gracia, y que el Dios del Antiguo Testamento es meramente un Dios de ira y de justicia. Pero tal como Dentan lo expresó: “Es cierto que el Nuevo Testamento pone énfasis especial en los más benignos atributos de Dios, pero ellos mismos, de por sí, no constituyen una doctrina de Dios, y entresacados de su marco del Antiguo Testa mento, pueden llevar a un sentimentalismo teológico.”11

2. El Antiguo Testamento agrega algunas ideas distintivas a todo el campo de la teología cristiana. Incluye descripciones de la obra de Dios en la creación, su soberanía en la providencia y en la historia, las fuentes de la inclinación del hombre hacia el mal y a la destrucción propia, el reino de Dios y los principales esquemas de la piedad. “En casos en que el Nuevo Testamento nada dice sobre ciertos asuntos, se da por hecho que la enseñanza del Antiguo Testamento es válida todavía. Jesús no vino a destruir, sino a cumplir la ley y los profetas, y parece obvio que uno no puede esperar el comprender a Jesús o a sus primeros intérpretes a menos de que pueda uno primero entender la ley y los profetas.”12

3. La teología del Antiguo Testamento presenta nítidamente el carácter experiencial de todo pensamiento genuino acerca de Dios. Ayuda a mantener la teología equilibrada y sobre base segura. Es una teología de experiencia que resulta de los tratos de Dios con su pueblo-una teología que puede entenderse completamente sólo si se capta en fe y obediencia. La verdad se expresa en ejemplos concretos mucho más que en abstracciones. Peter Forsyth escribió, “lo trivial de tanta teología existente, antigua y reciente, es que ha sido desnudada de la oración y preparada en un vacío.”13

4. Dentan ofrece un provechoso sumario y conclusión bajo el título: “Valor Presente de la Disciplina.” Recalca cuatro puntos:

a. La teología del Antiguo Testamento puede ayudar en “com batir los desafortunados efectos de una indebida fragmentación de estudios bíblicos y ayudará a restaurar el sentido de unidad del Antiguo Testamento y de todas las Escrituras que se ha perdido por causa de un énfasis exagerado sobre los pequeños detalles de exége sis y sobre la fuente y forma del criticismo.”14 El mensaje y signifi cado de la Biblia como un todo, se pierde cuando sólo se estudian unos pasajes favoritos.

b. La teología del Antiguo Testamento puede ayudar a “restau rar el equilibrio perdido por la secularización creciente de los estu dios bíblicos.” Esto ha tenido la “tendencia a poner el mayor énfasis en los aspectos lingüista, arqueológico e histórico-cultural de la ciencia del Antiguo Testamento.” Por el otro lado, una teología sana del Antiguo Testamento “buscará llamar la atención del mundo erudito a lo que es central en el Antiguo Testamento y que por sí solo justifica la cantidad de tiempo y energía gastados en estudiarlo, viz., su concepto universal religioso.”15

c. El estudio de la teología del Antiguo Testamento puede ayudar a “restaurar un sentido para los valores que se han perdido en la teología moderna liberal cristiana, particularmente en relación con su tendencia a desplazar su naturaleza y sentimentalizar el carácter de Dios y poner un valor exagerado sobre la bondad y perfectabilidad del hombre.”16

d. La teología del Antiguo Testamento puede “corregir los excesos de ciertas teologías ‘biblicistas’ contemporáneas.” Dichos sistemas “se aferran a aspectos particulares de la religión del Antiguo Testamento tales como la Ira de Dios, la Idea de Castigo, y la Naturaleza Caída del Hombre y aislándolos de su contexto mayor, de hecho dan una impresión falsa del carácter del Dios del Antiguo Testamento y de los sentimientos característicos de la piedad he brea.”17 La teología del Antiguo Testamento puede estar de acuerdo con todos los elementos válidos de la fe de Israel y “así ayudar a mantener un equilibrio adecuado en el pensamiento teológico mo derno a medida que éste, con todo derecho, busca renovar su vita lidad extrayendo más profundamente de los manantiales de la religión bíblica.”18

III. LA REVELACIÓN QUE DIOS HACE DE SÍ MISMO EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

Es un axioma en el Antiguo Testamento que Dios se da a conocer a sí mismo a ciertos hombres escogidos en el contexto de su historia. Esta es una verdad jamás disputada. Se acepta como un hecho fundamental.

La revelación de sí mismo de Dios en las Escrituras se describe con el vocablo general revelación. “Revelación implica, para el Antiguo Testamento, los medios que Dios usa para hacer posible el conocimiento de Dios por los humanos. Por él mismo, el hombre no tiene un conocimiento de Dios: todo conocimiento de esa clase debe concedérsele a él por Dios, debe dársele a conocer. Esta comunica ción o notificación en la que Dios es autor se llama revelación.”19

El descubrimiento que Dios hace de sí mismo en el Antiguo Testamento no es, antes que nada, en declaraciones abstractas acerca de El. Es, primero que nada, el encuentro directo de Persona a persona. James G. S. S. Thomson ha escrito: “La revelación es un encuentro personal con el Dios viviente. En realidad, la revelación en el Antiguo Testamento debe comprenderse en términos de comu nión; comunión entre Dios quien está dándose a conocer existencialmente, y el hombre, a quien se le concede el descubrimiento que Dios hace de El mismo.”20

Aun más, es siempre Dios el que toma la iniciativa en tal en cuentro. No espera que el hombre lo busque. El primer encuentro divino-humano después de que el pecado entró al Jardín del Edén fue el llamado de Dios a Adán, “¿Dónde estás tú?” (Gn. 3:9). El Señor apareció a Abraham en tiempos y en formas completamente inesperadas (Gn. 12:1, 7). El dio a conocer su nombre y naturaleza a Moisés (Ex. 6:3). “El hecho de que Dios tenga compañerismo con el hombre se debe a su voluntad libre y a que es su primera y funda mental obra.”21 En un párrafo elocuente, Edward J. Young escribe:

No tratamos aquí con grupos de hebreos ignorantes y supers ticiosos que buscan a Dios, por si acaso lo encuentran. Tratamos aquí con lo que Dios mismo habló a estos hebreos. Ellos eran ignorantes; vivían en tinieblas; estaban bajo esclavitud. Pero eran recipientes de la luz. Para ellos, la Palabra de Dios vino despejando la oscuridad y destruyendo la ignorancia. No más tenían que ser como las naciones que los rodeaban, pues eran un pueblo peculiar. Podían saber la verdad acerca de Dios y acerca de su relación con El, pues a ellos se les habían confiado los oráculos mismos de Dios.22

Esta verdad se condensa en el título del libro de Abraham Heschel: “Dios, en Búsqueda del Hombre” (God in Search of Man). “Toda historia humana descrita en la Biblia puede condensarse en una frase, Dios en Búsqueda del Hombre,” dice Heschel.23 Lo que Dios dijo de sí mismo es verdad respecto a Dios desde el principio: “El Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había per dido” (Lc. 19:10).

IV. MODOS DE LA REVELACION

Dios se reveló a sí mismo en varias formas. “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras a los padres por los profetas” (He. 1:1). El relato de esta revelación se encuentra en los escritos que juntos se conocen como las Escrituras. Los libros de la Biblia son ellos mismos inspirados y la fuente de verdad autoritativa acerca de Dios y de sus propósitos para el hombre.

A. En la Creación

Dios se revela a sí mismo en la creación (Sal. 19:1; 102:25; Am. 5:8).

Levantad en alto vuestros ojos,

y mirad quién creó estas cosas;

El saca y cuenta su ejército;

y a todas llama por sus nombres;

Ninguna faltará;

tal es la grandeza de su fuerza,

Y el poder de su dominio.

¿Por qué dices, oh Jacob.

y hablas tú, Israel:

Mi camino está escondido de Jehová,

y de mi Dios pasó mi juicio?

¿No has sabido, no has oído

que el Dios eterno es Jehová

El cual creó los confines de la tierra?

No desfallece ni se fatiga con cansancio,

y su entendimiento no hay quien lo alcance (Is. 40:26-28).

Que los cielos declaran la gloria de Dios no ha de entenderse como una forma del “argumento cosmológico”-el razonar desde la existencia del mundo hasta la existencia del Creador. Es más bien que en la naturaleza vemos la maravilla y el poder majestuoso de Dios que en otra forma se nos ha dado a conocer. No que Dios sea, sino cuán grande Dios es, lo que constituye el testimonio de la naturaleza. Como Thomson hace notar:

No que el Antiguo Testamento enseñe que por la naturaleza el hombre descubra a un Dios desconocido, sino más bien que el hombre ve más claramente al Dios que ya él conoce. En el Antiguo Testamento es el Dios de la revelación quien se ve en la naturaleza. El salmista ya conoce a Dios por sus actos redentores en la historia, pero en la naturaleza ve algo más de la gloria de Dios, al grado que está compelido a exclamar: “¡Oh, Dios, nuestro Dios, cuán excelente es tu nombre en toda la tierra!’24

B. Por sus Actos Poderosos en la Historia

Dios se revela a sí mismo en sus obras, particularmente en la his toria de su pueblo: “Y sabrán los egipcios que yo soy Jehová, cuando extienda mi mano sobre Egipto, y saque a los hijos de Israel de en medio de ellos” (Ex. 7:5; ver 16:6; 18:11; 1 R. 18:27-39; Is.45:3;Jer. 16:21; Mi. 6:5). No es un accidente que 14 de los 39 libros del Anti guo Testamento sean libros de historia-y a este número deben agregarse Jonás y Rut. En los libros proféticos, en Lamentaciones y en un buen número de Salmos, la historia es un tema de significado. Es el canon hebreo, los libros que describimos como históricos se conocen como “Los Primeros Profetas.” “El Antiguo Testamento sabe sólo acerca de un Dios que está activo en la historia.”25 Eric Sauer escribe:

La historia del mundo son los andamios para la historia de salva ción. No sólo tiene la revelación una historia, sino que la historia es una revelación. No es sólo una ‘obra’ sino una ‘palabra’ estimu lante de Dios. Es una velada develación que Dios hace de El mismo, quien a la vez que se revela, permanece al mismo tiempo un ‘Dios escondido,’ el ‘deus absconditus’ (el Dios escondido de Lutero). Es una esfera de poder, gracia y juicio del Dios de los mundos como gobernante de las naciones.26

C. Visiones

Dios se revela a sí mismo en visiones y apariciones visuales tanto a hombres como a mujeres. El Antiguo Testamento, como el Nuevo, sabe que “a Dios nadie lo ha visto” (Jn. 1:18; 5:37; Ex. 33:20). No obstante, hay ocasiones cuando, como a Moisés en el desierto de Sinaí, Dios permite una experiencia visual de su presencia: “Y se le apareció el Angel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía. Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema. Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Héme aquí” (Ex. 3:2-4; ver también Gn. 16:7-14; 18:1-22; Jos. 5:13-16; Jud. 2:1-5; Is. 6:1-8; Ez. 44:1-2). El ángel que aparece se identifica con el Dios que habla.

Tales apariciones divinas se conocen como “teofanías,” acomodando la naturaleza del Dios invisible a las limitaciones y necesidades de la experiencia humana. No hay un solo tipo de aparición. Carac terísticamente, se nos dice cómo principia la visión, pero no cómo termina. Pero cuando la visión ha cesado, el mensaje permanece- como cuando Isaías oyó la palabra del Señor diciendo “¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?” (6:8).

D. Por los Profetas y su Mensaje

Una forma principal de revelación divina en el Antiguo Testamento es por medio de los profetas y el mensaje que ellos dan en nombre de Dios. Esto se reconoce específicamente en Hebreos 1:1-2, “Hace mucho tiempo Dios habló a nuestros padres por medio de los profetas, pero la revelación que les dio fue fragmentaria y variada. Mas ahora, cuando el tiempo tal como lo conocemos está por terminar, ha hablado a uno cuya relación para con él mismo es de Hijo, el Hijo en cuya posesión entregó todas las cosas, y por cuya agencia él creó el presente mundo y el mundo venidero.”27

La introducción característica al mensaje del profeta es, “Así dice el Señor.” La mayoría de los “oráculos” en la literatura profé tica-esto es, aquellos pasajes en primera persona en que Dios habla verbatim a través de los labios del profeta-terminan con la fórmula “dice el Señor” (e.g. Am. 1:3-5, 6-8, 13-15; 2:1-3, etc.).

Lo que los profetas hablaron, siempre se le llama la palabra del Señor. Nunca es una palabra de Dios o palabras de Dios. La expresión “la palabra del Señor” (o “de Dios”) ocurre cerca de 400 veces en el Antiguo Testamento.28 Que Dios hable así al hombre, es testimonio adicional a la relación personal directa entre Dios y el hombre. Es por medio de palabras que los sentimientos más profun dos del corazón de uno pueden hallar eco en otro. Para el hombre bíblico más que el hombre típico moderno, las palabras estaban saturadas de poder.29 Dabar (“palabra”) significa el acto de Dios así como su palabra.

Por tanto, la revelación es “Proposicional” (por medio de pala bras) así como histórica (por medio de acciones). Consiste en afirmaciones así como en actos. Decir, “Revelación no es comunica ción sino comunión” es expresar una falsa desunidad. La comu nión entre personas siempre incluye comunicación, y el contenido de la comunicación se expresa en palabras.30

E. Por la Ley

Relacionada con la Palabra de Dios por medio de los Profetas es su revelación por medio de la ley. Las “leyes” del Antiguo Testamento se clasifican en varias formas, pero la mayor clasificación consiste en leyes con contenido moral (de las cuales el Decálogo es el mejor ejemplo), y las leyes para la reglamentación del culto y su adoración. “En la ley de Dios se revela a sí mismo decisivamente. El oír del hombre o no oír de esta revelación es cuestión de vida o muerte.”31

Fue acerca de la ley que Moisés dijo, “A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia; amando a Jehová tu Dios, atendiendo a su voz, y siguiéndole a él; porque él es vida para ti, y prolongación de tus días; a fin de que habites sobre la tierra que juró Jehová a tus padres, Abraham, Isaac y Jacob, que les había de dar” (Dt. 30:19-20).

F. Por Símbolos Designados

En adición a otras formas, Dios se da a conocer por medio de símbolos especialmente designados de su presencia y poder con su pueblo-el Tabernáculo y más tarde el Templo, con sus altares, el arca del pacto, y la estructura del santuario. Aunque en forma in directa, estas representaciones fueron fuentes importantes de cono cimiento acerca de lo divino.32

G. En las Escrituras como un Todo

Todas las religiones principales tienen sus escrituras, sus colecciones de escritos sagrados. Pero ninguna fe está más profundamente fun dada en el canon de escrituras inspiradas como lo es la fe de Israel. Aunque la doctrina bíblica total de la inspiración de las Escrituras se expresa en el Nuevo Testamento, tiene un fundamento en los escritos mismos del Antiguo Testamento.

El Antiguo Testamento habla de “este libro de la ley” (Dt. 29:21; 30:10; 31:26; Jos. 1:8); el “libro de esta ley” (Dt. 28:61); “el libro de la ley de Moisés” (Jos. 8:3 1; 23:6; 2 R. 14:6); “el libro de la ley” (Jos. 8:34); y “el libro de Moisés” (2 Cr. 25:4) en vocablos que reconocen su autoridad completa.

“El libro de la ley del Señor” (2 Cr. 17:9) se usó en el tiempo de Josafat para enseñar al pueblo. El rollo descubierto en el templo por Hilcías el sacerdote, se describe como “el libro de la ley” (2 R. 22:8, 11), “el libro del pacto” (2 R. 23:2, 21; 2 Cr. 34:30), “el libro de la ley de Jehová dada por Moisés” (2 Cr. 34:14), y “el libro de Moisés” (2 Cr. 35:12). Cuando su identidad se reconocía, su auto ridad era incuestionable.

Esdras habla del “libro de Moisés” (6:18). “El libro de la ley de Moisés” y “el libro de la ley de Dios” se usan en pasajes paralelos en Nehemías 8:1, 3, 8, 18; 9:3. Nehemías 13:1 identifica Deuterono mio 23:3-5 como procediendo del “libro de Moisés.” “La ley de Moisés” se menciona en 1 Reyes 2:3 y en Daniel 9:13. En cada caso se da por hecho la responsabilidad de la conducta humana a la voluntad expresa de Dios.

La palabra de Dios no sólo fue hablada por los profetas, sino que también fue escrita (Ex. 34:27; Dt. 31:19; Is. 8:1-2; Jer. 30:2; 36:2, 17, 28; Hab. 2:2) para preservarse como anal permanente “en un libro.” Fue un evento histórico-la victoria sobre los amalecitas -lo que ocasionó la primera mención de que se escribiera como “un memorial” para el futuro (Ex. 17:14; ver Dt. 17:18; 31:24; 1 S. 10:25; 1 Cr. 29:29; Neh. 8:5). Las frecuentes referencias por todo el Antiguo Testamento a los mandamientos, el pacto, la ley, los juicios o preceptos del Señor, demuestran con claridad que éstos eran conocidos en una forma relativamente permanente (Sal. 19:7-11; 119).

V. REVELACIÓN EN FORMA PROGRESIVA

La revelación de Dios en el Antiguo Testamento no fue dada toda a la vez. Fue progresiva en carácter. Esto no quiere decir que las fases iniciales de la revelación dejaran de ser verídicas. Significa que eran incompletas. Dios agregó a la suma de conocimiento acerca de él mismo, según la mente y la madurez del hombre podían comprenderla.

Un ejemplo de la naturaleza progresiva de la revelación se nota en Exodo 6:3-“Y aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como Dios Omnipotente, mas en mi nombre (o en el significado de mi nombre) JEHOVA no me di a conocer a ellos.” El mismo Dios que guió a los patriarcas más tarde, agregó importantes verdades acerca de sí mismo en su aparición ante Moisés. El punto culminante de la autorevelación divina descansa en más allá de lo que el Antiguo Testamento incluye. Se encuentra en Cristo (He. 1:1-4-pasaje que da validez y que se mueve más allá del Antiguo Testamento).

Pero aunque las fases iniciales de la revelación eran incomple tas, no dejaban de ser importantes. La tabla de multiplicación no es la totalidad de las matemáticas, pero las matemáticas nunca dejan de usar la tabla de multiplicación. El principio de una frase no es toda la frase; pero sí es esencial al significado del todo.

Aunque la autocomunicación divina tal como se pergeñó en las Escrituras, estaba acondicionada históricamente, sirve en el presente como medio por el cual Dios todavía confronta al hombre en juicio y redención. John Marsh tocó una auténtica nota cuando dijo:

Lo que necesita clarificarse es que la Biblia, como un archivo de eventos del pasado, funciona ahora bajo la iluminación del Espíritu, como los eventos funcionaron en ese entonces, como los medios designados por los que los hombres se encuentran con el siempre vivo Dios. El se imparte de sí mismo a nosotros hoy día, por medio de lo que ha hecho en el pasado, y esto eleva tanto el pasado como el presente fuera de los confines de una mera tempo ralidad y sucesión, poniéndolos en una relación vital respecto a Dios quien mora en la eternidad.33

VI. REVELACIÓN COMO ENCUENTRO

Los primeros capítulos del Génesis dan por sentado que el conoci miento de Dios viene a través de un encuentro con Dios.

A. El Significado del Conocimiento

El término hebreo yada, “conocer,” no significa conocimiento por medio del raciocinio. Es más bien un conocimiento por la experien cia directa. Yada es la palabra usada para describir la relación más íntima en la vida humana (Gn. 4:1, 17, 25, passim). En relación al conocimiento de Dios, es confrontando su amor o su ira en los eventos concretos de la vida. Conocer a Dios en un sentido verdadero es tener compañerismo con El. Es conocerlo por “medio de un contacto con” El, antes que “conocer acerca de El.”34

“El Dios de la Biblia,” como Pascal hizo notar, “no es el Dios de los filósofos, sino el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, el Dios que se revela a sí mismo en la historia como Salvador, cuya presen cia se experimenta por toda una línea de personas privilegiadas y místicos.”35

Por tanto, hay un contraste definido entre lo que el “conoci miento” significa para el que vive en el occidente en la tradición griega, y lo que se quiso decir para el hombre bíblico. Para la mente occidental, el conocimiento resulta del análisis, explicación de causas y condiciones y relación del objeto de cognición con todo el campo de las ideas aceptadas. Para el hombre bíblico, conocimiento es “vivir en relación estrecha con Algo o alguien: causando esta rela­ción lo que se llama comunión… Cuando Pedro niega a Cristo y dice, ‘No conozco al tal hombre’ niega que haya habido una relación entre él y Cristo.”36

El conocimiento de Dios en un marco bíblico, no se interesa en teorías acerca de la naturaleza de Dios. No es ontológico, sino existencial-“vida en una relación verdadera con Dios.”37 Es un conocimiento que resulta de hacer la voluntad de Dios. Un cierto pasaje de William Temple, que se cita con frecuencia, expresa esta verdad:

En la tradición hebreo-cristiana, Dios se revela como amor santo y justicia, demandando rectitud en la vida. La verdadera aceptación de esta revelación no es sólo un asentimiento intelectual: es sumisión de la voluntad. Y ésta debe ser sumisión a la revelación tal como se recibe personalmente, no sólo a lo que otro escribió. Toda revelación de Dios es una demanda, y la manera de tener un conocimiento de Dios es por medio de la obediencia. Es imposible tener un conocimiento de Dios en la misma forma que tenemos cono cimiento de las cosas, porque Dios no es una cosa. Sólo podemos conocer a una persona por la comunión directa del intercurso sincero; y Dios es personal. Pero además de esto, es Creador, de manera que la comunión del hombre con Dios es comunión de criatura con Crea dor; es adoración en obediencia, de otra manera no existe.38

No obstante, el conocimiento de Dios por el hombre del Antiguo Testamento puede adjudicarse sólo con una medida de humildad. Alan Richardson ha notado que “la mente hebrea no compartía el optimismo de los griegos del período clásico respecto a la posibilidad del conocimiento del hombre de una realidad última.”39 Los filósofos griegos, quienes aseguraban que el valor más alto del hombre era conocer, creían que era posible que el hombre comprendiera cogni­tivamente lo que constituye la realidad última o el ser último. Los hebreos, por el otro lado, rechazaban la contemplación intelectual como medio para “conocer” el ser último. Continuamente declara ban que la obediencia a los mandamientos revelados de Dios hace posible el conocimiento de Dios. Este énfasis, por tanto, pesa sobre la acción obediente antes que sobre una visión mística o especula ción filosófica, sobre reciprocidad antes que sobre reflexión, sobre “oír” antes que sobre “ver.”40

De entre todos los hombres de su tiempo, los profetas estaban más interesados en el conocimiento de Dios. Su interés no era académico, sino moral y religioso. En las situaciones dadas de sus vidas, discernieron que su pueblo no poseía un conocimiento real de Dios. Así es como Isaías declara en palabras descriptivas sin paralelo, “El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su señor; Israel no entiende, mi pueblo no tiene conocimiento” (Is. 1:3).

Usando las dificultades de su propio matrimonio para simboli zar la condición trágica espiritual de Israel, Oseas concluye que “no hay… conocimiento de Dios en la tierra” (4:1). Hablando en nombre de Yahweh, el mismo profeta escribe, “Porque misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos” (6:6).

Al contemplar el futuro hacia una nueva edad y al estableci miento de un nuevo pacto, Jeremías profetiza: “Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová” (Jer. 31:34; ver Is. 11:9; 33:6).

Obviamente, como notamos de los contextos de entre los cuales se han entresacado estos pasajes, existe una relación entre la obe diencia y conocimiento. Si el pueblo obedece los mandamientos de Yahweh, ellos lo “conocerán.” Estas conclusión aparece con clari dad excepcional en las palabras de Jeremías: “¿No comió y bebió tu padre, e hizo juicio y justicia, y entonces le fue bien? El juzgó la causa del afligido y del menesteroso, y entonces estuvo bien. ¿No es esto conocerme a mí? dice Jehová” (22:15b-16). Richardson con cluye: “El conocimiento de Dios es una hebra de cuatro partes que une la obediencia a la voluntad de Dios, adoración de su nombre, la justicia social y la prosperidad nacional; per contra, la ignorancia de Dios deletrea desobediencia, idolatría, injusticia social y desastre nacional.”41

Los estudios etimológicos deben usarse con cuidado cuando se trata de autenticar puntos de vista en temas bíblicos.42 Pero aun después de mucho análisis cuidadoso y evaluación, un estudio del término hebreo yada (“conocer”) sostiene el punto de vista de que el conocimiento de Dios para el escritor hebreo no es contem plativo ni especulativo. Yada significa el conocimiento de relación entre personas antes que conocimiento de análisis lógico o razona miento.

Tal como hemos visto, este verbo se emplea para denotar el acto sexual entre esposo y esposa, como en este caso de Génesis 4:1: “Conoció [yada] Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín.”43 La intimidad del acto sexual permite “el conocer más activo y satisfactorio que existe” en la relación marital.

Por tanto, cuando el escritor hebreo se refiere al “conocimiento de Dios”, habla del conocimiento en un sentido especial. No está hablando de un conocimiento de la esencia enternal de Dios. Más bien, es un “conocimiento de su reclamación, sea que esté presente en mandamientos directos o que esté contenida en su gobierno. En esa forma es un reconocimiento respetuoso y obediente del poder, gracia y demanda de Dios. Esto quiere decir que el conocimiento no se considera en términos de posesión de información. Se posee sola mente en su ejercicio o actualización.”44

El escritor hebreo habla del conocer que viene cuando Dios entra a una relación personal con Israel en tal forma que demuestra su amor y misericordia. En un encuentro tal, nace y se nutre la confian za en Dios como el Señor soberano, resultando la adoración hacia El como el verdadero y único Dios. Richardson comenta: “Desobede cer a Dios es rehusar entrar en la relación que El tan misericordiosa mente ha hecho posible, de aquí que signifique quedar ignorante respecto a El.”45 Esencialmente, el conocimiento de Dios para el hebreo constituye su redención personal, punto hacia el cual volveremos después.

B. Las Limitaciones del Conocimiento

No se da por hecho ni se presume que el conocimiento de Dios en el Antiguo Testamento sea completo o perfecto. Hay un equilibrio muy delicado entre seguridad y reticencia. Aun en la autorevelación íntima de Dios, hay un sentido de misterio acerca de lo Divino. La adoración combina el conocimiento de Dios con el temor santo en la presencia de la santidad indescriptible y de la luz (Ex. 33:13-23).

Las limitaciones en el conocimiento que el hombre tiene de Dios se deben tanto a los límites necesarios de todo conocimiento humano como a la grandeza de Dios. Dios es demasiado grande para conte nerse en las mentes de los seres humanos finitos. La pregunta retórica de Zophar condensa el punto de vista del Antiguo Testamento en este punto: “¿Descubrirás los secretos de Dios? ¿Llegarás tú a la perfec ción del Todopoderoso?” (Job 11:7). Y Job mismo dice que toda naturaleza revela que “estas cosas son sólo los bordes de sus caminos; ¡Y cuán leve es el susurro que hemos oído de él! Pero el trueno de su poder, ¿quién lo puede comprender?” (Job 26:8-14). Su entendimiento no se puede medir y Dios mismo dice, “Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamien tos” (Is. 55:9; ver 45:15, 28; Sal. 139:6; 145:3).

No obstante, el Antiguo Testamento nunca se rinde ante el tipo de agnosticismo que asegura que por cuanto no podemos saber o conocer no hay nada qué conocer acerca de Dios y que por cuanto lo finito no puede conceptuar lo infinito, no podemos estar seguros de que sabemos o conocemos algo. El Infinito tiene maneras de darse a conocer a sus criaturas en tal forma y medida como ellos necesitan conocerlo. De otra manera no sería infinito.

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

1Edward J. Young, The Study of Old Testament Theology Today (Nueva York: Fleming H. Revell Co., 1959), p. 3.

2Th C. Vriezen, An Outline of Old Testament Theology (Boston: Charles T. Branford Co., 1958), p. 132.

3Ibid., original en cursiva.

4Preface to OT Theology, p. 105.

5Ibid., p. 108.

6Otherworldliness and the New Testament (Nueva York: Harper and Brothers, 1954), p. 53.

7Theology of the Old Testament. traducido por J. A. Baker (Filadelfia: The Westminster Press, 1961), 1:5 17.

8Snaith, Distinctive Ideas, p. 112 nota de pie.

9The Kingdom of God: The Biblical Concept and Its Meaning for the Church (Nueva York: Abingdon Press, 1953).

10Cf. la investigación de Dentan, Preface to OT Theology. pp. 117-120; Gerhard F. Hasel, OT Theology: Basic issues, pp. 49-63.

11Preface to OT Theology, pp. 99-l00.

12Ibid., p. 99.

13The Cure of Souls: An Anthology of P. T Forsyth’s Practical Writings, ed. Harry Escott (Grand Rapids, Mich.: William B. Eerdmans Publishing Co., 1971), p. 25.

14Preface to OT Theology, p. 123; original en cursiva.

15Ibid., pp. 123-124; original en cursiva.

16Ibid p. 124; original en cursiva.

17Ibid.; original en cursiva.

18Ibid., p. 125.

19Kohler, OT Theology, p. 99; original en cursiva.

20James G. S. S. Thomson, The Old Testament View of Revelation (Grand Rapids, Mich.: William B. Eerdmans Publishing Co., 1960), p. 9.

21Kohler, OT Theology, p. 59.

22OT Theology Today, p. 85.

23Abraham Heschel, God in Search of Man (Nueva York: Farrar,Straus, 1955), p. 136.

24OT View of Revelation, pp. 25-26.

25Kohler, OT Theology, p. 92.

26The Dawn of World Redemption. traducido por G. H. Lang, prólogo por F. F. Bruce (Grand Rapids, Mich.: William B. Eerdmans Publishing Co., 1952), p. 94; original en cursiva.

27William Barclay, The New Testament: a New Translation. 2. vols., “The Letters and the Revelation” (Londres: Collins, 1969), 2:173.

28Ibid., p. 245, n.; Thomson, OT View of Revelation, p. 57.

29Vriezen, Outline of OT Theology, p. 253.

30Clowney, Preaching and Biblical Theology, pp. 26-27.

31Kohler, OT Theology. p. 110; original en cursiva.

32Ibid., p. 120 ss.

33The Fulness of Time, p. 9; citado por Theodore R. Clark, Saved by His Life: A Study of the New Testament Doctrine of Reconciliation and Salvation (Nueva York: The Macmillan Co., 1959), pp. 129-130.

34Schultz, OT Theology. 2:100-102; A. B. Davidson, Theology of the OT. pp. 30-36, 73-82; y Jacob, Theology of the OT, pp. 37-38.

35Citado por Albert Gelin, The Key Concepts of the Old Testament, traducido por George Lamb (Nueva York: Sheed and Ward, 1955), p. 16.

36Ibid p. l29.

37Nature, Man and God (Londres: Macmillan, Ltd., primera edición, 1934), p. 354.

38Ibid.; cursiva en el original.

39An Introduction to the Theology of the New Testament (Nueva York: Harper and Brothers, Publishers, l958), p. 39.

40Ibid.

41Ibid.

42Cf. James Barr, The Semantics of Biblical Language, (Oxford: University Press, 1961), pp. 158-59.

43Cf. Génesis 4:17, 25; Números 31:18, 35; Jueces 21:12; et al.

44Rudolf Bultmann, “ginosko, et al.”, Theological Dictionary of the New Testament, ed. Gerhard Kittel (Grand Rapids: Mich.: William B. Eerdmans Publish ing Co., 1964), 1:698; de aquí en adelante se cita como TDNT.

43Theology of the NT. pp. 40-41.

copiado de http://wesley.nnu.edu/espanol/DIOS_HOMBRE_Y_SALVACION/LIBRO_I.htm