El Museo Británico da un paso hacia adelante en arqueología bíblica

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    La ruidosa conversión de un filósofo ateo

    La ruidosa conversión de un filósofo ateo
    17 Enero 2008 por Jesús

    Durante los últimos cincuenta años, el ateo más famoso del mundo ha sido Anthony Flew. Mucho antes de que Richard Dawkins comenzara a atacar a la religión, Flew era el portavoz de los no creyentes, pero ahora Flew es el más famoso converso del mundo. En 1966 escribió su obra God and phylosophy (“Dios y la filosofía”) y en 1984 The presumption of atheism (“La presunción de ateísmo”). En ambas mantuvo una postura “evidencialista” según la cual debe presuponerse el ateísmo hasta que no se presenten evidencias de lo contrario. No obstante, éste ha parecido ser recientemente el caso, a juzgar por su último trabajo There is God (“Hay Dios”), que Flew considera su última palabra sobre el tema. “Debo decir –declara- que el viaje de mi descubrimiento de lo divino ha sido hasta ahora un peregrinaje de la razón. He seguido el argumento hasta donde me ha conducido”. Aquí ofrecemos en exclusiva para el público de lengua española la entrevista realizada por el Dr. Benjamín Wiker para http://www.tothesource.org.

    Anthony Flew, londinense nacido en 1923, es hijo de un ministro metodista. Mientras se graduaba asistió regularmente a las tertulias organizadas por C. S. Lewis en su denominado “Club Socrático” pero, sin embargo, no se dejó seducir por los argumentos de Lewis a favor de la existencia de Dios y expuestos en su obra Mere christianity. Durante la Segunda Guerra Mundial estudió japonés en la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de la Universidad de Londres y fue oficial de inteligencia en la RAF. Ha sido profesor de filosofía en la Universidad de Aberdeen y en la de Keele, en esta última durante veinte años. Entre 1973 y 1983 fue profesor de filosofía en la Universidad de Reading y, después de jubilarse, ha sido profesor a tiempo parcial en la Universidad de York, en Toronto, Canadá.
    Benjamín Wiker: Usted dice en Hay Dios que “es posible que nadie esté más sorprendido que yo de que mis investigaciones acerca de lo divino hayan pasado, después de todos estos años, desde la negación al descubrimiento”. Los demás pueden también estar muy sorprendidos, quizá tanto más cuanto que el final parece ser muy repentino. Pero en Hay Dios encontramos que en realidad ha sido un proceso muy gradual, una “migración de dos décadas”, como usted dice. Dios fue la conclusión de un argumento bastante largo. Pero ¿no hubo en esa argumentación un punto en el que usted se encontró bruscamente sorprendido al darse cuenta de que, después de todo, “hay Dios”? En algún sentido, ¿”escuchó usted una voz” dentro de la misma evidencia que decía “me oyes ahora”?
    Anthony Flew: Había dos factores en especial que fueron decisivos. Uno fue mi creciente empatía con la idea de Einstein y de otros científicos notables de que tenía que haber una Inteligencia detrás de la complejidad integrada del universo físico. El segundo era mi propia idea de que la complejidad integrada de la vida misma –que es mucho más compleja que el universo físico- solo puede ser explicada en términos de una fuente inteligente. Creo que el origen de la vida y de la reproducción sencillamente no pueden ser explicados desde una perspectiva biológica, a pesar de los numerosos esfuerzos para hacerlo. Con cada año que pasa, cuanto más descubrimos de la riqueza y de la inteligencia inherente a la vida, menos posible parece que una sopa química pueda generar por arte de magia el código genético. Se me hizo palpable que la diferencia entre la vida y la no-vida era ontológica y no química. La mejor confirmación de este abismo radical es el cómico esfuerzo de Richard Dawkins para aducir en El espejismo de Dios que el origen de la vida puede atribuirse a un “azar afortunado”. Si este es el mejor argumento que se tiene, entonces el asunto queda zanjado. No, no escuché ninguna voz. Fue la evidencia misma la que me condujo a esta conclusión.

    Wiker: Usted es famoso por argumentar a favor de una presunción de ateísmo, es decir, dados los argumentos a favor y en contra de la existencia de Dios, el peso de la prueba cae en el campo de los teístas. Dado que usted cree que sigue a la evidencia hasta donde ésta le conduce, y le lleva hasta el teísmo, parece que ahora las cosas van justo al contrario, de manera que la carga de la prueba cae en el campo de los ateos. Debe probarse que Dios no existe. ¿Qué piensa usted de esto?
    Flew: He destacado en mi libro que algunos filósofos ciertamente han aducido que en el pasado la carga de la prueba estaba en el campo de los ateos. Creo que los orígenes de las leyes de la naturaleza, de la vida y del universo señalan claramente a una fuente inteligente. La carga de la prueba recae sobre los que argumentan lo contrario.
    Wiker: Como prueba, usted cita la mayoría de la ciencia reciente, sin embargo usted subraya que su descubrimiento de lo divino no llegó a través de “experimentos y ecuaciones” sino más bien “a través de un descubrimiento de las estructuras que desvelan el mapa”. ¿Puede explicar esto? ¿Significa que la evidencia que le llevó hasta Dios no es verdaderamente, en esencia, científica?
    Flew: Fue la evidencia empírica, la evidencia descubierta a través de las ciencias. Pero fue una deducción filosófica extraída de la evidencia. Los científicos como tales no pueden hacer esta clase de inferencias filosóficas. Tienen que hablar como filósofos cuando estudian las implicaciones filosóficas de la evidencia empírica.
    Wiker: Obviamente, usted conoce la avalancha de libros recientes escritos por ateos como Richard Dawkins y Christopher Hitchens. Ellos creen que los que creen en Dios viven en el pasado. Pero usted parece afirmar educadamente que son ellos los que viven en el pasado, en tanto que la última evidencia científica tiende –o incluso quizás demuestra- fuertemente hacia una conclusión teísta. ¿Es una descripción justa de su posición?
    Flew: Ciertamente. Añadiría que Dawkins es selectivo hasta llegar a ser deshonesto cuando cita las opiniones de los científicos acerca de las implicaciones filosóficas de los datos científicos. Dos filósofos de renombre, un agnóstico (Anthony Kenny) y un teísta (Nagel), han señalado recientemente que Dawkins no aborda tres cuestiones principales para plantear racionalmente la cuestión de Dios. Tal y como sucede, estas son las mismas cuestiones que me han conducido a aceptar la existencia de Dios: las leyes de la naturaleza, la vida y su organización teleológica y la existencia del Universo.
    Wiker: Usted señala que la existencia de Dios y la existencia del Mal son realmente dos cuestiones diferentes, que necesitan por tanto dos investigaciones separadas. Pero en la literatura popular –incluso en gran parte de la literatura filosófica- las dos cuestiones aparecen con frecuencia mezcladas. Entre los teístas especialmente, se presume que la no existencia de Dios se sigue de la existencia del Mal. ¿Cuál es el peligro de tal inferencia? ¿Cómo respondería usted ahora en calidad de teísta?
    Flew: Debo dejar claro que soy un deísta. Aunque yo no acepto ningún tipo de revelación divina, me encantaría estudiarla (y seguir haciéndolo en el caso del cristianismo). Para el deísta, la existencia del mal no supone ningún problema porque el Dios deísta no interviene en los asuntos del mundo. Lógicamente, el teísta religioso puede volverse hacia la defensa de la voluntad libre (de hecho, soy el primero que acuñó la expresión defensa de la libre voluntad). Otro cambio relativamente reciente en mis opiniones filosóficas es mi afirmación de la libre voluntad.
    Wiker: Según Hay Dios usted no es lo que podría llamarse un “teísta débil”, es decir, las pruebas no le llevaron meramente a aceptar que hay una “causa” de la Naturaleza, sino a “aceptar la existencia de un ser auto-existente, inmutable, inmaterial, omnipotente y omnisciente”. ¿Esta usted lejos de aceptar que este ser es una persona y no un conjunto de características, por precisas que estas puedan ser? Estoy pensando en la afirmación de C. S. Lewis de que un acontecimiento crítico para él, a la hora de aceptar el cristianismo, fue percatarse de que Dios no era un “lugar” –un conjunto de características, como un paisaje- sino una persona.
    Flew: Yo acepto el Dios de Aristóteles, que comparte todos los atributos que usted cita. Como Lewis, creo que Dios es una persona, pero no el tipo de persona con el que se puede conversar. Es el ser último, el Creador del Universo.
    Wiker: Piensa usted escribir otro libro después de Hay Dios?
    Flew: Como digo al principio del libro, este es mi voluntad última y mi testamento.

    http://jesusvelez.wordpress.com/2008/01/17/la-ruidosa-conversion-de-un-filosofo-ateo/

    Filósofo cree que el estudio del Universo es un “lugar privilegiado de encuentro” entre Dios y la razón humana

    Filósofo cree que el estudio del Universo es un “lugar privilegiado de encuentro” entre Dios y la razón humana

    Soler, especialista en Filosofía de la Física, trabaja actualmente en un proyecto de investigación sobre la noción de tiempo en la cosmología de James Hartle y Stephen Hawking. Soler cree que la cosmología “sirve para establecer un puente entre la religión y la ciencia”.

    01/06/2005
    Agencia Veritas

    -¿Porqué un libro sobre Dios y el cosmos?

    Francisco Soler: Porque el estudio del cosmos pone de manifiesto una serie de hechos que se acomodan mucho mejor a la perspectiva del creyente que a una perspectiva materialista. El hecho, por ejemplo, de que el universo pueda ser considerado como un objeto físico, legitima la pregunta por su causa, y refuerza la tesis teológica de la contingencia del universo.

    Además, la racionalidad matemática del universo, y el ajuste fino de las constantes y las leyes físicas, de un modo tal que la aparición de la vida resulta favorecida, sugieren fuertemente la idea de que el cosmos obedece a un diseño inteligente. De ahí que el estudio del universo se muestre como un ámbito privilegiado de encuentro entre Dios y la razón humana.

    -¿Qué corrientes hay actualmente en la cosmología? ¿Tiene que ver la cosmología con la astrología, tan difundida a nivel popular?

    Francisco Soler: La cosmología no tiene nada que ver con la astrología. Los astrólogos afirman que los movimientos de los planetas ejercen una influencia en los sucesos de nuestra vida. Aparte de que resulta muy difícil reconocer el fundamento de esta idea, a la vista de lo que sabemos en la actualidad sobre el sistema solar, los astrólogos no nos explican el modo en el que han alcanzado el conocimiento de las influencias concretas. Además, basta leer el suplemento astrológico de los diferentes diarios para darse cuenta de las contradicciones de los astrólogos.

    La cosmología, por el contrario, constituye una especialidad bien establecida dentro del conjunto de las ciencias físicas. Los modelos cosmológicos describen el universo como un objeto físico, y ofrecen de este modo una explicación a una serie de datos empíricos tales como el corrimiento al rojo de las galaxias, o la radiación de fondo del universo. Para ello se basan en teorías físicas de éxito reconocido, especialmente en la teoría de la relatividad general. No hay nada misterioso en la cosmología.

    En cuanto a las corrientes cosmológicas: Hoy en día hay un acuerdo muy extendido entre los cosmólogos acerca de la validez del modelo de la Gran Explosión, salvo por lo que se refiere a la primera fracción de segundo del universo. Lo que ocurrió en ese primer instante, es objeto de disputa entre los especialistas: Algunos creen que la cosmología relativista es válida sin restricciones. Otros, por el contrario, trabajan en la construcción de la llamada “cosmología cuántica”.

    -¿Podría la cosmología establecer puentes entre la religión y la ciencia? ¿Qué papel tiene actualmente, precisamente en una época en que la filosofía ha “abandonado” la metafísica?

    Francisco Soler: En primer lugar, no creo que la filosofía haya abandonado la metafísica. El oscurecimiento (parcial) de la metafísica ha sido un fenómeno transitorio, provocado más que nada por el auge del positivismo, en la primera mitad del siglo pasado. Pero ya hace bastante tiempo que se ha comprobado la inviabilidad del proyecto positivista en filosofía. Y no hay que lamentarse de ello. El positivismo era una escuela de pensamiento muy dogmática, que tendía a descalificar a priori como “sinsentido” cualquier pregunta que no encajara en su esquema.

    La metafísica constituye una parte irrenunciable de la filosofía. De hecho, el diálogo entre ciencia y religión hay que situarlo en el contexto de la búsqueda metafísica del marco más apropiado para dar cuenta de los distintos aspectos de nuestra experiencia. La religión propone interpretar los datos de la ciencia desde la consideración del mundo como “creación”. Este marco resulta particularmente adecuado para dar cuenta de algunos datos cosmológicos básicos, y por ello puede decirse que la cosmología sirve para establecer un puente entre la religión y la ciencia.

    -¿Es posible hoy mantener la teoría creacionista a nivel científico, precisamente cuando parece que se impone la creencia en el azar como explicación al origen del mundo?

    Francisco Soler: En realidad, no resulta adecuado contraponer la noción de “azar” a la de “creación”. El azar del que hablan los físicos no es nunca el caos filosófico de la ausencia absoluta de racionalidad, sino que resulta constituido por un conjunto de estados bien regulados por leyes de distribución que mantienen su estabilidad a lo largo de todo el juego. El azar físico está preñado de racionalidad, y por eso, el recurso al azar refuerza uno de los indicios cosmológicos de la existencia de Dios más importantes: el que se deriva de la racionalidad del universo.

    -¿Qué argumentos se pueden dar desde la “teología natural” para demostrar la existencia de Dios?

    Francisco Soler: Eso depende del tipo de realidad natural de la que se parta. Hay argumentos antropológicos, éticos, etc. Por lo que se refiere a la cosmología, algunos de los argumentos más fuertes son los que se derivan de la contingencia, la racionalidad, y el ajuste fino del universo. Estos hechos encajan muy bien con la idea del universo como creación, y remiten, por tanto, a un Creador inteligente. No se trata, claro está, de demostraciones matemáticas. Pero es que la cosmología no es la matemática.

    -¿Los científicos modernos creen en Dios o por el contrario son más bien agnósticos?

    Francisco Soler: Hay de todo. En realidad, los científicos no son, por lo que se refiere a su actitud religiosa, diferentes al común de los mortales: Los científicos educados en ambientes creyentes, tienden a ser creyentes, mientras que los educados en ambientes agnósticos, tienden a ser agnósticos. Este hecho ha sido puesto de manifiesto en numerosos estudios.

    Ahora bien, en mi opinión esto no significa que la ciencia sea neutral por lo que se refiere a la religión. De hecho, el lema de la física moderna, al menos desde Galileo, es que la naturaleza es un libro escrito en el lenguaje de las matemáticas. Y resulta difícil, al considerar este libro, no pensar en su Autor. El proyecto científico es un proyecto religioso por naturaleza, pero los científicos son creyentes, o no, según el ambiente. ¿Qué demuestra esto? Tal vez, simplemente, la gran importancia de la dimensión social del ser humano.

    La BAC publicará próximamente en España un libro sobre Dios y las cosmologías modernas, coordinado por el español Francisco Soler, doctor en la universidad alemana de Bremen, y en el que participan filósofos de varios países.

    Autor: Solidaridad.net- Fecha: 2005-06-02

    http://www.solidaridad.net/articulo3123_enesp.htm

    Las personas sin recursos confían más en Dios que las personas con dinero

    Las personas sin recursos confían más en Dios que las personas con dinero

    tendencias21.net
    El estatus social influye en las creencias religiosas, según un estudio

    La mayoría de los norteamericanos cree que Dios se ocupa de su bienestar y que está directamente implicado en sus asuntos personales, señalan los resultados de una investigación realizada por la Universidad de Toronto. Por otro lado, el presente estudio, en el que participaron más de 1.720 personas, ha revelado que hay una relación entre la fe en la intervención divina en lo cotidiano y el estatus socioeconómico de la gente: los pobres suelen creer más que los ricos en que Dios les ayuda y protege. Según los investigadores, conocer el contenido de las creencias religiosas es importante desde un punto de vista sociológico. Por Yaiza Martínez.

    La mayoría de los norteamericanos cree que Dios se ocupa de su bienestar y que está directamente implicado en sus asuntos personales, señalan los resultados de una investigación realizada por la Universidad de Toronto, en Canadá.

    Según un comunicado emitido por dicha universidad, en el presente estudio se utilizaron datos de dos encuestas nacionales recientes para analizar las diferencias en las creencias sobre Dios y la influencia de éste en la vida cotidiana.

    Estas encuestas fueron The Baylor Religion Survey (BRS) de 2005, a la que respondieron un total de 1.721 personas, y la Bureau of the Census Current Population Survey de 2007, a partir de la que el autor del estudio, el psicólogo de la Universidad de Toronto, Scott Schieman, tomó información sobre el sexo, la raza, la región, la edad y la educación de los encuestados.

    La fe en porcentajes

    En un artículo, publicado por Schieman, en la revista especializada Sociology of Religion, se explica que las diferencias en la forma de entender la influencia de Dios en la vida diaria fueron consideradas en todos los niveles socioeconómicos y de compromiso religioso, dentro de la muestra de población analizada.

    El análisis de todos los datos permitió establecer los patrones de relación entre las creencias religiosas y ciertas características determinadas, como la educación o el nivel de ingresos de estos individuos.

    Algunas de las informaciones que arrojó el estudio fueron las siguientes: en general, la mayoría de la gente cree que Dios influye mucho en los hechos y los resultados de sus vidas.

    Más concretamente, el 82% de las personas encuestadas afirmó depender de Dios como medio de ayuda y guía para tomar decisiones.

    Por otro lado, el 71% de los encuestados dijo creer que las cosas malas o buenas que les habían ocurrido eran, simplemente, parte de los planes que Dios tenía para ellos; y el 61% afirmó creer que Dios había determinado la dirección y el curso de sus vidas.

    El 32% de los encuestados, por último, estuvo de acuerdo con la siguiente afirmación: “no tiene sentido hacer muchos planes porque, en última instancia, mi destino está en manos de Dios”.

    Más fe en las clases sociales más bajas

    Schieman señala que, en general, el nivel socioeconómico y el nivel cultural pudieron relacionarse negativamente con las creencias de control e implicación divina en la vida cotidiana, salvo en el caso de las personas que afirmaron tener un compromiso religioso, es decir, estar más implicadas en sus religiones respectivas.

    Según el investigador, se suele pensar que las personas que pertenecen a clases sociales más altas tienden más a rechazar la idea de intervención divina en sus vidas, pero el análisis de los datos demuestra que esto es cierto sólo en el caso de aquellas personas que no siguen una vida religiosa.

    La gente religiosa que sí participa de los rituales y de las costumbres de su propia religión presenta el mismo nivel de fe en la intervención cotidiana de Dios, independientemente de la clase social a la que pertenezcan.

    Por el contrario, los individuos que pertenecen a clases sociales bajas tienden a manifestar niveles más altos de creencia en la implicación y control divinos en sus vidas, incluso cuando estos individuos presentan bajos niveles de participación en los rituales religiosos.

    Investigación social necesaria

    Los patrones encontrados en este estudio coincidieron, en general, con la idea previa de que los grupos con bajos niveles económicos tienden a mantener creencias religiosas más ortodoxas que los individuos de alto nivel socioeconómico.

    Schieman afirma que con la presente investigación se ha extendido el análisis social al análisis de los modos con que las personas de diferentes estratos sociales contemplan la influencia de Dios en sus vidas cotidianas.

    Dada la presencia de Dios en la cultura americana actual, especialmente en algunas áreas del discurso político, el psicólogo cree que resulta cada vez más importante comprender cómo perciben los ciudadanos la influencia divina, así como documentar, describir e interpretar dicha percepción.

    La fe en Dios sigue estando extendida y siendo muy influyente en la sociedad americana contemporánea. Sin embargo, poco se sabe sobre los contenidos de las creencias religiosas de la población y las formas en que éstas de distribuyen en los diversos estamentos sociales, señala el psicólogo.

    También control personal

    Éste no es el primer estudio que Schieman realiza sobre la religión y ciertas condiciones humanas. En una investigación anterior, el psicólogo estableció una relación entre el nivel de compromiso con los rituales religiosos –como la oración o la asistencia a servicios religiosos- con el sentido de control personal sobre hechos que acontecen en la vida cotidiana.

    Entonces, una encuesta realizada a 1.800 personas, reveló que aquellas personas que creían en Dios pero que no eran muy devotas informaban de un sentimiento bajo de control personal sobre sus vidas.

    Por el contrario, aquellos individuos que creían que Dios influía en sus vidas cotidianas, y que estaban comprometidos con los rituales de sus religiones, se sentían más capaces de ejercer control sobre sus propias vidas.

    Para Schieman, estos resultados resultan especialmente importantes dada la situación económica actual, en que mucha gente está perdiendo su trabajo o sufriendo problemas económicos. Según él, algunas personas se sienten incapaces de cambiar ciertos hechos de su vida, mientras que otras personas encuentran apoyo en sus creencias.

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    Ícaro o el futuro de la ciencia

    Ícaro o el futuro de la ciencia
    Bertrand Russell

    Presentación y traducción de Juan Nuño
    In English: Icarus, or the Future of Science

    Índice

    I. Introducción
    II. Efectos derivados de las ciencias físicas
    III. Aumento de la organización
    IV. Ciencias antropológicas
    V. Conclusión
    Notas

    I. Introducción

    Bertrand Russell
    Pinta Haldane, en su obra Dédalo [1], un cuadro atractivo del futuro que pudiera sobrevenir si acaso los descubrimientos científicos son utilizados para promover la humana felicidad. Por mucho que me agradase coincidir con semejante predicción, mi larga experiencia [2] con estadistas y con gobiernos me ha tornado algo escéptico. He llegado a temer que la ciencia sea utilizada para promover el poder de los grupos dominantes, en vez de buscar la dicha y prosperidad de los hombres.

    ¿Se ha encontrado El Jardin de Eden?

    ¿Se ha encontrado El Jardin de Eden?

    La Biblia dice con respectoa la ubicacion de Eden:

    “Y del Eden salia un rio para regar el huerto, y de alli se dividia y se convertia en otros cuatro rios.” -Genesis 2:10

    Dos de estos se llaman rios Hiddekel y Perath. (Vea: Genesis 2:10-14)
    Por ello muchos Cristianos han asumido que el jardin original se localizo en alguna parte de la region de Mesopotamia (en los alrededores del Irak actual) donde fluyen los rios Tigris y el Eufrates.

    Sin embargo, la Biblia registra un devastador Diluvio mundial, muchos siglos despues que Adan y Eva fueron echados del Jardin. Los estratos sedimentarios, algunos de kilometros de espesor, llevan el testimonio mudo de esta convulsion acuosa masiva, que desgarro y enterro el mundo prediluviano para siempre.

    Despues del Diluvio, los sobrevivientes (la familia de Noe) se movilizaron a la llanura de Sinar (Sumeria/Babilonia) que es donde encontramos los rios hoy llamados Tigris y Eufrates. Estos por consiguiente no son los mismos rios. Ellos corren encima de las capas depositadas por el Diluvio; sedimentos de piedra que contienen billones de cosas muertas (muertas por el Diluvio). El nombre estos rios probablemente se tomaron de los rios pre-diluvianos originales, de la misma manera como los colonos de las Islas Britanicas aplicaron nombres familiares a muchos lugares en su “nuevo mundo” en America y sud Asia.
    Notese tambien que la Biblia habla de un rio que irrumpe en cuatro. Esto no es lo que se encuentra en el Medio Oriente hoy.

    El Jardin fue destruido por el Diluvio. Su ubicacion real en el globo terraqueo nunca podra establecerse. Nota del editor: Si la idea de un diluvio catastrofico mundial es nueva para usted, nosotros sugerimos que lea el siguiente material que presenta algunas evidencias biblicas y cientificas sobre el mismo.

    http://girona.mforos.com/1098670/5287339-arqueologia-geografia-geologia-codices/

    La Arqueobotánica y la Bíblia: El Huerto de Getsemaní

    La Arqueobotánica y la Bíblia: El Huerto de Getsemaní

    Gerardo Jofre
    En la Biblia se citan más de 100 plantas que tenían diferentes usos. Quienes vivieron en la época bíblica tuvieron un conocimiento de las plantas y sus propiedades mucho más amplio que la media de las personas de hoy en día. Los restos vegetales en un contexto arqueológico pueden aportarnos más datos sobre la agricultura, costumbres y actividad económica del lugar, pero en determinados casos, como en un contexto bíblico singular, incluso pueden aportar una descripción del terreno y acercarnos más a la historicidad de un pasaje mencionado en la Biblia.
    Desde mediados del siglo pasado, se ha hecho imprescindible para la arqueología la ayuda de otras ciencias, encargadas de aportar la información que contienen diversos materiales que no son propiamente artefactos, pero que están en los contextos de las excavaciones. La arqueobotánica (Arqueología de la Plantas) tiene como propósito la recuperación, la identificación taxonómica, así como la conservación de los restos vegetales encontrados en contexto arqueológico. No hay que confundir la arqueobotánica con la paleobotánica que se ocupa de la determinación y reconstitución de restos vegetales encontrados en contextos naturales, no humanos.
    En la arqueobotánica se diferencian los microrestos compuestos de fitolitos, diatomeas y polen o esporas (estos dos últimos cuyo estudio se realiza mediante la palinología). También hay macrorestos compuestos por semillas, frutos, hojas, ramas, espigas ( se estudian mediante la carpología), las partes leñosas no carbonizadas(se estudian mediante la xilología), cuando los restos estas carbonizados, es la antracología, y cuando se estudia la datación mediante el crecimiento de los anillos de los árboles, su ciencia es la dendrocronología.
    El olivo de Palestina fue una de las especies autóctonas más abundantes en tiempos bíblicos, hoy en día, tras siglos de deforestación el olivar palestino es una especie en extinción. El padre Bernardo Lamy, en su obra “Introducción a la sagrada escritura. Cap. III” da testimonio de la abundancia de Olivas que había en Judea y de su constante referencia en el Antiguo Testamento( Salmo 103, versículo 15:“Mas Yo, como oliva fructífera de Dios, esperé en su misericordia “ y Oseas dice: “ Y su gloria será como el olivo”, etc.
    En Siria-Palestina destaca la agricultura en Jericó, Beida (cerca de Petra), Mallaha, Ras Shamra, Abu Hureyra y Mureyba y el año pasado en una excavación de Gesher Benot ,sobre las orillas de un lago antiguo al norte del Mar Muerto se encontraron hasta seis clases de vegetación carbonizada, incluyendo tres especies comestibles – la cebada olivácea, salvaje y la uva salvaje. En Ekron, la ciudad filistea, los arqueólogos han encontrado el centro industrial mas grande del antiguo Oriente medio: Se han descubierto mas de 100 plantas productoras de aceite de oliva, calculándose que esta ciudad podía llegar a producir anualmente mas de 1000 toneladas de aceite que después era exportado a Egipto.
    En el Nuevo Testamento, el huerto de Getsemaní en Jerusalén, ocupa un lugar preeminente en la narración evangélica, pues es aquí, donde los evangelistas cuentan como Jesús pasó la noche antes de ser prendido: “Llegaron a una finca que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: ‘- Sentaos aquí mientras yo voy a orar’”. (Marcos 14, 32).
    La palabra Getsemaní, viene del hebreo “Gat-shemanin” (molino de aceite), era el nombre de una alquería al pie del Huerto de los Olivos. San Jerónimo lo llamó “Vallis pinguissima” (valle fertilísimo) y los cuatro evangelistas lo llamaron huerto, jardín, villa, granja, dominio o heredad. Mateo lo llama “granja” (Mateo 26,36), Marcos, “heredad”(Marcos 14,32), Lucas, lo denomina “monte de las olivas”(Lucas 22,39) y Juan lo llama simplemente “huerto”(Juan 18,1).
    El huerto de Getsemaní fue adquirido por los monjes franciscanos en 1666, quienes lo cercaron en 1850 con un muro de dos metros y medio de altura.
    ¿Es este huerto lo que queda del monte de los olivos de tiempos de Jesús?
    Tradicionalmente los peregrinos así lo han creído, pero ¿ Quedan olivos?
    Mirad el siguiente plano del huerto de Getsemaní:

    Durante el siglo XIX los peregrinos mencionaban ocho olivos milenarios. En su viaje a Tierra Santa, el botánico Schubert dijo: «Se encuentran en este huerto algunos olivos que suben a una antigüedad remota, árboles que hasta los mismos turcos miran con piadoso respeto y no toleran que sean profanados. Su aspecto, junto con la idea de la grande antigüedad que puede alcanzar este árbol, motiva el sentimiento que refiere su origen a muy lejanos siglos. En el interior están huecos; su vacío se llenó de piedra para que el viento no los derribe y alrededor de sus troncos se han levantado algunos montones de cantos, para protegerlos y consolidarlos».
    Chateaubriand en su obra “Itinerario de París a Jerusalén IV Parte” añade: «Los olivos del huerto de este nombre en Jerusalén, pertenecen cuando menos, a los tiempos del bajo Imperio. He aquí una prueba; en Turquía todos los olivos que encontraron los musulmanes en su invasión al Asia, solo pagan una corta cantidad al fisco, siendo así que los olivos que se plantaron después de la conquista pagan al gran señor la mitad de sus frutos. Pues bien, los ocho olivos de que hemos hecho mención sólo pagan la corta cantidad señalada a los que se encontraron en la época de la conquista».
    No obstante, hay un pasaje de Flavio Josefo en el libro IV Cap. IV de su obra “Historia de las Guerras de los judíos y de la destrucción del Templo y ciudad de Jerusalén” que dice: «Habiendo resuelto Tito abandonar el monte Escopo, para aproximar a la ciudad su campamento dispuso las tropas que creyó suficiente tanto de la infantería como de la caballería con el objeto de rechazar a los sitiados, si se aventuraban a alguna salida y dio orden al resto de su ejército para que nivelase el terreno hasta las murallas. Destruyeronse pues, todas las paredes y cercas que los habitantes del país habían construido alrededor de sus jardines y verjeles y todo el bosque intermedio de árboles frutales terraplenáronse los hoyos y profundidades, fueron derrumbadas todas las alturas por las pequeñas y se allanó todo el espacio comprendido desde Escopo hasta el sepulcro de Herodes, cerca de la piscina llamada de las serpientes».
    ¿Fueron talados los árboles del monte de los olivos en tiempos del emperador Tito?
    Al parecer no, porque el huerto de Getsemaní está en el valle de Josafat, muchos cientos de metros más al sur de la zona descrita por Josefo, es decir, de la línea comprendida entre el monte Escopo y el sepulcro de Herodes de Agripa.
    En la obra de 1881 “Diario de una peregrinación” de José Mª Fernández Sánchez y Francisco Freire Barreiro, ambos describen un olivo de seis metros de diámetro y añaden: “No siempre dan fruto los venerables olivos, a causa de su extremada decrepitud. El año que le producen se recoge cuidadosamente y de los huesos se hacen coronas, que con el nombre de santuarios se distribuyen entre los religiosos”.
    Con los huesos también se hacen rosarios porque al parecer estos son estériles. Actualmente sólo quedan seis olivos, uno de los cuales data de hace 2.500 años, según las pruebas efectuadas con el isótopo carbono 14.
    Otros dos lugares santos de Getsemaní son la Gruta del molino de aceite y la cercana roca de la Agonía. Adyacente al Huerto de los Olivos tenemos la basílica del Huerto de Getsemaní que tiene doce cúpulas pequeñas. Frente al altar mayor se encuentra la roca de la Agonía de Jesús, protegida por un recinto de hierro batido en forma de coronas de espinas. La iglesia es conocida también como Basílica de las Naciones porque su construcción fue posible gracias a los donativos de los fieles de muchos países.
    A parte de la tradición y las Escrituras, la pruebas de radiocarbono, la historiografía y en definitiva la arquebotánica sobre los restos del huerto de Getsemaní nos acercan más al lugar donde pudieron haberse desarrollado las últimas horas antes del arresto, juicio y crucifixión de Jesús.

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