¿PUEDE SER QUE EL PAPA ESTE SIENDO COACCIONADO POR LA MAFIA MUNDIAL DARWINISTA?

El mundo está bajo el dominio de una dictadura intelectual materialista-darwinista. Aunque se ha demostrado científicamente la invalidez de la teoría de la evolución teoría que goza de protección oficial en alrededor del 95% de los países del mundo y a pesar de que es una hipótesis falsa que viola la razón y la lógica, sigue siendo compelida como “ideología planetaria oficial” por los que se benefician con ella. Esa gente, para asegurarse su forzada vigencia, exige de manera compulsiva que los estudiantes secundarios y universitarios se expresen en sus cursos o exámenes tomando dicho engaño como algo valedero. No se permite seguir en sus puestos o progresar en su carrera a ningún académico o científico que aunque más no sea sugiera que no cree en el darwinismo.

Es la primera vez en la historia que a una ideología se la hace obligatoria y protege en casi todos los países del mundo. Impuesta como una dictadura sobre todo el globo terráqueo, ha establecido un régimen muy represivo, al punto que hace pocos días puso en boca del Papa una serie de declaraciones acerca de la teoría de la evolución, como se puede ver en la prensa. Si el Jefe de la Iglesia Católica se vio coaccionado a verter esos criterios, quedaría en claro la magnitud de la presión aplicada por lo que se podría denominar la mafia darwinista.

Es dicha mafia la que:

• Prohíbe a los académicos decir una sola palabra en contra del evolucionismo.

• Prohíbe a los científicos anunciar los resultados de sus investigaciones que invalidan el evolucionismo.

• Se ocupa de una propaganda constante del darwinismo en los medios de comunicación haciendo uso de información amañada convenientemente.

• Fuerza a los estudiantes a aceptar la teoría de la evolución.

• Prohíbe los libros que se oponen al evolucionismo.

• Busca desgastar o desmerecer a los comprometidos en la denuncia del darwinismo, a través de calumnias y mentiras. Y parece que ahora presiona seriamente al Vaticano, el hogar espiritual de más de un mil millones de cristianos.

La manera en que la mafia darwinista, aparentemente infiltrada en la sede del Sumo Pontífice Católico, impide a éste la defensa de la verdad de los hechos, hace que la estructura eclesial termine sirviendo a los fines de los materialistas. El Vaticano sabe perfectamente que la gran lucha ideológica librada contra el darwinismo en los últimos 30 años, ha dejado plenamente al descubierto sus fraudes ideológicos, infligiéndole su peor derrota a lo largo de la historia. Los materialistas y darwinistas europeos, conscientes de la terrible catástrofe en la que se ven envueltos, piensan que pueden resucitar al darwinismo por medio de obligar al Vaticano a manifestarse favorable a ellos. Pero el darwinismo está científicamente muerto y nada lo resucitará.


Debido a que ya se ha demostrado definitiva y claramente que ni siquiera una sola proteína puede pasar a existir por casualidad, que los llamados fósiles de especies en transición no son más que falsedades o restos de especies extintas, que 100 millones de fósiles desenterrados muestran que la evolución nunca ocurrió, la mafia darwinista mundial está al borde del precipicio.  Lo que deberían hacer ahora los materialistas de toda laya es preparar los funerales del evolucionismo y disculparse ante todo el mundo por la dictadura que han ejercido durante más de 150 años.

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EL DARWINISMO ES LA FILOSOFIA ESENCIAL DE LA MASONERIA -1-

EL DARWINISMO ES LA FILOSOFIA ESENCIAL DE LA MASONERIA -1-

El darwinismo constituye el fundamento de la crueldad en el planeta y es el caballito de batalla del anticristo en nuestra época. Pretende, centralmente, separar a las personas de Dios. De ahí que sea la masonería la que más se esfuerza por imponer en la sociedad la teoría de la evolución. La revista Mason Magazine (impresa en Turquía por dicha gente) lo explica así:

“La teoría de la evolución de Darwin demostró que muchos eventos naturales suceden sin la intervención de Dios”1 (Por supuesto, Dios está más allá de semejante cosa).

Los masones se empeñan en hacer creer que la teoría de la evolución es absolutamente científica, con el objeto de sustentar y propagar sus inmensas mentiras. De todas maneras, las especulaciones evolucionistas no cuentan con ninguna evidencia científica que le den respaldo y hoy día se han desintegrado completamente debido a los 250 millones de fósiles que las refutan y debido a otras cuestiones que hacen incuestionable la Creación. LA TEORIA DE LA EVOLUCION ES EL MAYOR FRAUDE Y ENGAÑO JAMAS PRESENTADO EN EL NOMBRE DE LA CIENCIA.

Otra publicación masónica, Mimar Sinan, hace la siguiente consideración sobre el darwinismo:

“Hoy día, en todos los países del mundo, la única teoría valida es la de Darwin y las que devienen de ella”2.

La masonería intenta imponer el darwinismo como una teoría científica, pues le sirve de herramienta para sus fines siniestros. Por ende, una de sus obligaciones principales es propagarlo. La revista Mason Magazine se refiere a este “deber masónico”:

“El mayor deber masónico y humano es respaldar la ciencia positiva, difundirla y educar en la misma (es decir, en el darwinismo), teniendo en cuenta que es la única manera de (expandir) el evolucionismo”3.

Un importante referente de la masonería, Selami Isindag, describe en su libro Masonluktan Esinlenmeler (“Estímulos de la Masonería”) cómo consideran a los humanos a la luz del evolucionismo:

“Desde el punto de vista del evolucionismo, los seres humanos no se diferencian de los animales. La única fuerza que opera en el desarrollo y evolución de los primeros, es la misma a la que están sometidos los segundos”4.

La masonería, como estructura del anticristo y para lograr sus objetivos espurios, se vale del darwinismo, debido a que éste sostiene que los humanos son animales que pasaron a existir por casualidad. Por eso lo respaldan, lo aceptan como científico y lo defienden. Y para difundirlo se valen de la opresión, la imposición, la crueldad y la mentira.

Para comprender mejor esto, examinaremos de qué manera la masonería apoyó y presentó la ideología del anticristo en la época de Darwin.

Darwin Recibió el Apoyo de la Masonería

Algo importante que prueba que el darwinismo es uno de los timos más grandes usado por la masonería, es la resolución adoptada por ésta en una de sus reuniones. A pesar de que los masones se burlaban de las suposiciones de Darwin, El Consejo Supremo de Mizraim Grado 33 de la Masonería de París las promueve como ciencia. Dice el acta:

“Es con este objetivo en vista (es decir, que el evolucionismo es una teoría científica) que promovemos a través de nuestra prensa una confianza ciega en él. Los intelectuales, engreídos por sus conocimientos carentes de toda verificación lógica, difundirán toda la información que nuestros especialistas les harán llegar, luego de arreglarla convenientemente, con el propósito de educar sus mentes en la dirección que queremos. No supongan en ningún momento que lo que decimos son palabras huecas: esmérense para percibir que, gracias a nuestros arreglos, impulsarán el éxito del darwinismo…”5.

La masonería de los EE. UU. adoptó la resolución de Mizraim casi de inmediato. Por su parte, la revista New Age, en su edición de Marzo de 1922, dijo que el reinado de la masonería se establecerá por medio del evolucionismo aplicado al ser humano en particular y a todo en general.

Como podemos ver, la falsa imagen de científica de la teoría de la evolución es algo urdido por las logias masónicas de grado 33. Esta gente admite abiertamente que usarán a los estudiosos y a los medios de información bajo su control para presentar su superchería como algo científico, aunque la encuentran risible. Y cuando dicen que gracias a sus manipulaciones el darwinismo alcanzará un éxito considerable, se refieren al buen resultado alcanzado en su infiltración en las universidades, en las escuelas, en los libros de texto y en la mayoría de los medios de comunicación, así como en silenciar y obstruir los criterios y actividades antidarwinistas, recurriendo incluso al “apriete”. Además, sus patrañas alcanzan un “éxito” mayor al forzar a la Iglesia Anglicana a pedir disculpas por sus críticas a Darwin y al apremiar al Papa para que realice conferencias prodarwinistas en el mismo Vaticano. Queda en claro que la estructura del anticristo, para imponer sus criterios perversos, opera de manera efectiva a través de las logias masónicas.

Otra evidencia importante de la relación entre la masonería y el darwinismo se encuentra en las actividades que desarrolló Thomas Huxley, el más entusiasta sostenedor de Darwin en vida de éste y a quien se lo denominó el “bulldog de Darwin”. Fue miembro de la Sociedad Real Para el Avance de la Ciencia Natural, fundada en 1660, una de las instituciones científicas más importantes de Inglaterra. Todos sus miembros, sin excepción, eran masones67.

Aunque no ameritaba nada en particular, fue aceptado oficialmente en esa institución siendo muy joven debido a que lo consideraban un importante y ferviente defensor de Darwin.

El y otros miembros de la Sociedad Real apoyaron al autor de “El Origen de las Especies” antes y después de su publicación. Y el respaldo era tal, que la institución empezó a otorgar la “Medalla de Darwin” –como si fuese un Premio Nobel– a los científicos que consideraban digno de ello.

En resumen, Darwin, quien también era masón, no estaba solo, sino que tenía el respaldo organizado en lo que se refiere a la presentación y divulgación de sus elucubraciones. Ese respaldo provenía de una clase social y de los grupos constituyentes de la masonería. El teórico marxista Antón Pannekoek se refiere en su libro “Marxismo y Darwinismo” a ese hecho significativo y explica cómo recibió el respaldo de la burguesía, es decir, de la clase capitalista rica de Europa:

“Todos saben que el marxismo debe su importancia y posición al papel que cumplió en la lucha de clase del proletariado… no es difícil constatar que por la misma experiencia pasó el darwinismo. Este no es sólo una teoría abstracta adoptada por el mundo científico después de discutírsela de modo rutinario. No. Apenas presentado, contó con defensores y oponentes apasionados… El darwinismo también jugó un papel en la lucha de clases, motivo por el cual se expandió tan rápidamente, sin faltarle sus grandes detractores y sus grandes vindicadores…”8.

Lo expresado exhibe porqué la masonería da tanta importancia a la teoría de la evolución: su objetivo es imponer que los seres humanos y todo lo existente se corporizó por casualidad. Por supuesto, se trata de algo erróneo presentado como cierto y basado en la filosofía materialista, filosofía que es esencialmente falsa. Según la masonería, la teoría de la evolución es el único método o camino para negar la existencia del Creador (Sin duda, Dios está más allá de esa patraña) y aceptar a lo que llaman “casualidades”, como “deidades”. A eso se debe que respalde, defienda, difunda y proteja los supuestos evolucionistas en toda circunstancia, aunque para ello deba recurrir a las falacias y a acciones inhumanas. Ese es el motivo por el que tal mentira es protegida con gran ahínco. Esa es la razón por la que el mundo está dominado por la dictadura darwinista.

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NOTAS

1 Mason Magazine, Issue: 25-26, p.14
2 Mimar Sinan Magazine, Issue 38, 1980, p. 18
3 Türk Mason Magazine, Issue: 25-26, March 1977, p. 59
4 Dr. Selami Isindag, Sezerman Kardes VI, Masonluktan Esinlenmeler [Inspirations from Freemasonry], İstanbul 1977, pp. 78, 110.
5 John Daniel, Two Faces of Freemasonry, Day Publishing, 2007, p. 121
6 Albert G. Mackey. “Charles Darwin and Freemasonry”. An Encyclopedia of Freemasonry New York: The Masonic History Company, 1921, Vol. III
7 John J. Robinson, Born in Blood, p. 285
8 Anton Pannekoek, Marxism and Darwinism, Translated by Nathan Weiser, Chicago, Caharles H. Kerr & Company Cooperative

Aug 22, 2009

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Sistemas Cerrados y Abiertos y El Sustento de Dios

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El despertar de la ciencia

16:43 07/02/2010, ALFREDO CORREA LESTON,

Todo aquello en lo que –los griegos- ponían las manos y la mente parecía salir transfigurado: la literatura, el arte, la historia, la filosofía… Pero en la sublime dignidad de sus obras, nada podía contaminarse de utilidad.

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Arquímedes
Y el Museo de Alejandría

Entre la ciencia y la filosofía parece haber habido, al menos en Grecia, una sucesión bastante ordenada de hegemonías. A la distancia de los siglos parece como si ambas hubieran respetado en discreto silencio el momento de gloria de la otra. Mientras Atenas bullía de filósofos, la ciencia parecía esperar agazapada su oportunidad. Frente a las grandes personalidades que podía exhibir la antropología y la metafísica, las de la medicina y la física eran marginales, más promesas que realidades. Pero el péndulo de la historia terminó por completar su vuelta, y si los siglos V y IV habían sido de la filosofía, los siglos III y II tuvieron una nueva reina. Las disputas filosóficas adoptaron un tono menor, reduciendo sus intereses a la ética, y la ciencia despertó de su letargo para comenzar a ocupar buena parte del escenario cultural de la época.

A qué se deba esto es cosa discutible. No faltan quienes consideran que a un periodo de exuberancia filosófica le sigue naturalmente otro de plenitud científica. Más aún, que cada vez que la cultura siente desazón frente al alcance casi infinito de las preguntas de la filosofía, halla descanso en las respuestas de menor vuelo, pero más concretas y controlables, de la ciencia. Puede ser. Lo cierto es que las mejores cabezas que Grecia produjo durante los siglos III y II fueron científicos.

Desde luego, el cambio no fue automático. El influjo de la obra platónica, según la cual la realidad material poseía sólo una importancia simbólica y el conocimiento era una especie de recuerdo, constituyó un dique a la ciencia de la naturaleza por mucho tiempo. Pero con Aristóteles las cosas habían comenzado a cambiar. Él mismo fue el mayor de los biólogos de la Antigüedad; su sucesor, Teofrasto, fue un extraordinario estudioso de plantas y minerales. Con una práctica incipiente, pero que podía ostentar un sólido fundamento teórico, la ciencia parecía tener por delante un futuro halagüeño. Y así fue, aunque por caminos algo insólitos.

Estratón, el tercer director del Liceo, continuó la tradición de investigación según el molde aristotélico, pero no ya en Atenas. A la muerte de Alejandro Magno, uno de sus generales, Ptolomeo, se estableció en Alejandría, donde fundó una nueva dinastía. Ptolomeo era hombre culto y refinado; sabía en qué consistía la superioridad de los griegos y mostró un aprecio especial por la cultura. Bajo su amparo, el pensamiento, la poesía y las ciencias tuvieron un financiamiento del que nunca antes habían gozado.

Lo mismo hicieron sus sucesores, que no sólo embellecieron Alejandría con su faro, la luminosa torre de mármol blanco que orientaba la navegación en sus costas, y que los antiguos incluyeron entre las siete maravillas del mundo. También se preocuparon de hacer de su ciudad una nueva Atenas. El mismo Ptolomeo I mandó llamar a Estratón a Alejandría. Con él se trasladó lo mejor de la vida cultural del Liceo, y Atenas perdió para siempre la supremacía cultural que durante siglos la había acompañado.

El Museo de Alejandría, como se llamó el nuevo centro, fue una institución asombrosa para su época. En él se pretendía gestionar el patrimonio cultural de la humanidad, y ello implicaba reunir todas las huellas escritas de la cultura. El Museo llegó a tener una biblioteca de más de medio millón de ejemplares; contaba con salas de lectura y de estudio, centros de investigación biológica, un observatorio astronómico, un zoológico, y un jardín botánico.

Con esta nueva vocación, la ciudad de Alejandría se convirtió pronto en un cruce de civilizaciones, lenguas y creencias. Comenzaron a surgir diccionarios, enciclopedias, mapas, clasificaciones de textos… En sus primeros 150 años de existencia, su desarrollo fue extraordinario. Tanto, que su ejemplo alentó la creación de otros Museos esparcidos por Grecia: Pérgamo, Éfeso, Antioquía, Pela y Siracusa.

Sea como fuere, Alejandría fue siempre preeminente. En torno a ella giraron los personajes más notables de la vida cultural de Grecia: poetas, matemáticos, médicos, astrónomos y geógrafos florecieron de la nada. Fue en este ámbito donde Euclides asombró al mundo durante los primeros años del s. III con sus Elementos, la más notable recopilación de las aportaciones griegas al campo de la geometría. El gran matemático se interesó también por la óptica y por la música, e inició la investigación de la idea de límites, que fue el germen del cálculo.

En medicina, la práctica de la disección logró elevar los conocimientos de anatomía y fisiología hasta un nivel que no fue recuperado sino hasta el s. XVI de nuestra era. Los dos nombres más notables que recuerda la historia son los de Herófilo y Erasístrato. El primero de ellos afirmó, contradiciendo la prestigiada opinión aristotélica, que el cerebro era el órgano central del sistema nervioso y la sede de la inteligencia.

También la astronomía realizó avances importantes. Uno de sus personajes más notables fue Aristarco de Samos, quien dieciocho siglos antes de Copérnico, asombró al mundo afirmando que era el Sol el centro del universo, y que la Tierra giraba a su alrededor en la humildad de una órbita circular. Si no logró hacer aceptar su hipótesis fue, al menos en parte, debido al prestigio de Aristóteles y al sistema astronómico que este había construido cuando aún se encontraba bajo el influjo de Platón. A pesar de lo poco que sabemos de Aristarco, podemos decir que fue un prodigio completo, capaz incluso de calcular los tamaños relativos y las distancias del Sol y la Luna.

Como él, otros muchos científicos lucharon por crear un espacio de autonomía para sus ciencias. Eratóstenes de Chipre, gran geógrafo y bibliotecario de Alejandría, fue otro de ellos. Tuvo que trabajar bastante para dar carta de ciudadanía a la geografía entre las ciencias; todavía en su época había quien consideraba posible conocer el mundo físico escudriñando en los rincones de la literatura de Homero, especialmente en la Odisea, por los escenarios del viaje de Ulises. A esa clase de entendidos gustaba responder con ironía: «No se podrá determinar cuáles han sido los países visitados por Ulises mientras no se conozca el nombre del guarnicionero que cosió el odre de los vientos».

Pero Eratóstenes no era un simple polemista; era también un geógrafo genial. Perfeccionó el mapa del mundo, utilizando un sistema de líneas de referencia muy parecido a lo que después fueron los paralelos y los meridianos; dividió el globo terráqueo en cinco zonas: dos frías, dos templadas y una tórrida; y sobre todo, su gran hazaña: calculó con un pequeñísimo margen de error la circunferencia de la Tierra.

Había oído que durante el solsticio de verano en la ciudad de Syene, al sur del Nilo, había un momento del día en que el sol se encontraba tan alto en el cielo que los objetos no daban sombra. Eso no sucedía en Alejandría, su propia ciudad. Si esto era efectivo, podía suponerse que mientras los rayos del sol caían perpendicularmente en Syene, en Alejandría caían oblicuos. Así pues, si se calculaba la distancia entre ambas ciudades sería posible percibir la curvatura de la Tierra y hacer un cálculo sobre la circunferencia completa.

La medición no fue cosa fácil: eran alrededor de 800 kilómetros y no había más forma de medirlo que caminando. Pero Eratóstenes no era hombre de titubeos: contrató a alguien, que seguramente lo consideró un loco, y lo hizo caminar varios meses contando sus pasos. El resultado final de todos sus cómputos fue sorprendente; determinó el tamaño del globo terráqueo con un margen de error de ochenta kilómetros. Una auténtica proeza de tenacidad y matemáticas.

Sin embargo, el más grande genio científico que conoció la Antigüedad fue Arquímedes. Nació hacia el 287 a.C. en la ciudad de Siracusa, en Sicilia, donde en muy poco tiempo se ganó un puesto de privilegio en la corte del rey Hierón. Su formación, sin embargo, la realizó en el mayor centro de estudios de aquella época: Alejandría. Allí encontró maestros y bibliotecas dignos de su genio, y aprendió a desarrollar el talento que llevaba dentro.

Arquímedes era un superdotado de la mecánica y tenía un talento práctico que le salía por todos los poros. Él fue quien descubrió la ley de la palanca, derivándola en forma de teorema a partir de postulados como «dos pesos iguales a distancias iguales se equilibran». Si esto era verdad, también lo era que pesos desiguales a distancias desiguales se equilibran. Esta ley fue la que le permitió afirmar: «Dadme un punto de apoyo y levantaré el mundo».

Efectivamente, los inventos de Arquímedes eran capaces de levantar el mundo. En una ocasión logró lanzar al mar una nueva galera por medio de un articulado sistema de poleas, suscitando la admiración de la concurrencia siracusana. Otra de sus creaciones más notables fue una bomba espiral para elevar agua del Nilo, que podía ser accionada por la fuerza de los pies o por medio de bueyes o caballos. Es tan fácil de construir y usar que todavía hoy es empleada entre los campesinos del Medio Oriente para sacar el agua de los canales de irrigación. Desde luego, había razones para que Hierón lo considerara el genio mimado de la corte: cuando se trataba de inventos prácticos, el ingenio de Arquímedes no parecía tener confines.

Una de sus más conocidas anécdotas dice relación con la ley hidrostática que descubrió. En ella ha quedado retratada buena parte de su estampa. El rey Hierón le había encomendado resolver un problema: había mandado a un artífice de la corte hacerle una corona, para lo cual le había entregado oro macizo. El artista había cumplido el encargo real, pero Hierón sospechaba que algo no funcionaba en el trato. Y como todos los reyes, hubiera muerto antes que dejarse engañar por un artesano.

El soberano supuso que el orfebre había sustraído parte del oro y lo había reemplazado por plata. Y no tenía modo de verificar su hipótesis, salvo pidiendo ayuda al genio de la corte: Arquímedes. Este perdió el sueño intentando realizar el examen que el rey le había pedido, pero el problema se presentaba difícil, casi insoluble. Hasta que un día, en los baños de aguas calientes de Siracusa, le vino a la mente, como un relámpago, la solución. Notó que al introducirse en la bañera el agua rebalsaba y caía al piso. Esa observación le bastó para formular una ley capaz de resolver muchos problemas, incluido el del rey. Y de resolverlos con tanta certeza, que en pocas horas el orfebre había sido juzgado, sentenciado y condenado.

Arquímedes sumergió la corona en un recipiente de agua lleno hasta los bordes y recogió toda el agua que había rebalsado. Después tomó un pedazo de oro del mismo peso que la corona y repitió la operación. El resultado fue inequívoco: el agua que la corona había desplazado del recipiente era muy superior a la del bloque de oro. Arquímedes comprendió que el efecto sólo se explicaba si el artífice había adulterado el oro mezclándolo con plata. Y eso fue prueba más que suficiente para Hierón.

Para Arquímedes constituyó un triunfo espectacular que saldó para siempre su condición de genio. Pero también debe haber haberle generado más de un mal rato. El gozo de haber resuelto el problema fue tan intenso que, según se dice, salió desnudo de los baños de Siracusa, gritando por las calles de la ciudad: «¡Eureka, Eureka!», «lo he encontrado».

Con todo, el mayor desafío que Arquímedes afrontó durante su vida tuvo por escenario la guerra. Una vez muerto Hierón, su protector y mecenas, Siracusa abandonó su hábil política de alianza con la potencia dominante de la península itálica, Roma. Los romanos no toleraban de buena gana las veleidades de sus aliados y tomaron a mal el asunto. Mandaron inmediatamente una flota con órdenes de someter sin contemplaciones a la isla. Y lo hubieran hecho sin tardar si no les hubiera salido al paso Arquímedes, que durante tres años resistió el asedio.

Las cosas que el historiador Polibio nos cuenta de él rayan en lo legendario. Parece haber inventado máquinas de catapulta que permitían lanzar piedras enormes contra las naves romanas. Tuvo la idea de construir grandes espejos y subirlos a las mayores alturas que le permitían las construcciones de la ciudad, con el fin de concentrar los rayos solares e incendiar los barcos. Diseñó también grúas capaces de dar vuelta a los bajeles enemigos.

Pero ni con todo este despliegue fue capaz de contener a los romanos. El hambre de una ciudad asediada pudo más que el ingenio de Arquímedes y finalmente Siracusa tuvo que rendirse. El cónsul Marcelo dio órdenes estrictas de salvar del saqueo al genio que por tanto tiempo los había resistido. Cuando entraron, los romanos se lo encontraron en algún rincón de la ciudad, ausente del drama que vivía Siracusa, dibujando figuras geométricas en la arena, ocupado en resolver quién sabe qué problema de mecánica o en idear alguna nueva estratagema defensiva. Un soldado romano lo increpó, y Arquímedes parece haberle respondido con indiferencia. El esbirro no estuvo dispuesto a tolerar dilaciones ni se preocupó tampoco por la identidad del anciano: lo mató sin titubeos en ese mismo lugar… Corría el año 212 a.C. Tendrían que pasar más de 1800 años para que la humanidad volviera a contar con un científico de su talla.

En toda su genialidad, Arquímedes era un fiel representante de la mentalidad griega y debió de llevar un cierto conflicto por dentro. Como buen griego, siempre despreció el aspecto aplicado de su obra. Nunca concedió dignidad científica a sus máquinas y, a pesar de sus proezas de ingeniería, se negó a escribir un tratado de mecánica aplicada. Es indudable que sentía pudor de sus inventos prácticos.