Para El Señor…


Para El Señor…

“Cuando doy, me doy a mí mismo” (Walt Whitman)

El Nacimiento de Jesús está lleno de significado y lecciones para aplicar en nuestro andar y decisiones personales. Su vida entera fue un reflejo de aquellos primeros días y de la consagración sin reservas de José y María…

“Cumplidos los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre JESÚS, el cual le había sido puesto por el ángel antes que fuese concebido” (Lucas 2:21)


La circuncisión fue establecida en días de Abraham como una señal del pacto con Dios y un distintivo de la Nación de Israel a lo largo de los siglos. Aunque primeramente se trataba de un beneficio sanitario, su simbolismo tenía que ver con la necesidad de cortar el pecado y en consecuencia ser purificados de la corrupción humana…

Esta es otras de las manifestaciones de la humillación de Cristo por nosotros. El mismo le dijo a Juan en referencia a su bautismo: “así conviene que cumplamos toda justicia” (Mateo 3:15)

De esta manera, al cumplir el rito legal el Señor pudo alcanzar lo que era imposible para el ser humano…

“Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado, y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliera en nosotros…” (Romanos 8:3-4)
Un acto repetido y común en las familias israelitas se transformó en una manifestación más de la Gracia de Dios a nuestro favor porque…

“Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo… Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo” (Hebreos 2:14, 17)
Dice Lucas que “cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos”, es decir, María y el niño, “le trajeron a Jerusalén para presentarlo al Señor” (Lucas 2:22). Además de la circuncisión era necesario cumplir con otro rito que implicaba pagar un rescate por el primer hijo de la familia, por lo tanto, el mismo Jesús fue “redimido”. Los cinco siclos requeridos, según Levítico 27:6, no son mencionados por Lucas, por lo cual es posible que los sacerdotes consideraran su pobreza y solamente aceptaran la ofrenda de la purificación…

“…y para ofrecer conforme a lo que se dice en la ley del Señor: Un par de tórtolas, o dos palominos” (Lucas 2:24)
El precio de la purificación era alto porque podía implicar al equivalente a diez días de trabajo, pero existía una opción para los más pobres según Levítico 12:8… “Y si no tiene lo suficiente para un cordero, tomará entonces dos tórtolas o dos palominos…”

“Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros ser hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos” (2 Corintios 8:9)
El vivió Su Humillación desde el día en que nació para ser nuestro Suficiente Salvador…

Recordemos: Cristo se hizo pobre para enriquecer nuestras vidas…

DECH
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