Diferentes tipos de erosión en un cráter de impacto

Diferentes tipos de erosión en un cráter de impacto

Posted: 26 Nov 2009 09:34 AM PST

En la parte superior de la imagen vemos el borde del cráter. En la parte inferior de la imagen puede verse el pico central, una cúpula de material que se levanta por encima del lecho del cráter. El pico central fue levantado durante el impacto.

Esta imagen de la cámara de alta resolución (HiRISE) a bordo del Orbitador Mars Reconnaissance Orbiter (MRO) de la NASA nos enseña una muestra de la variedad y complejidad de procesos que pueden ocurrir en las paredes de los cráteres marcianos, mucho después de que fueran formados por un impacto (click para ampliar). Crédito de la imagen: NASA/JPL-Caltech/University of Arizona.

Imagen de alta resolución

Junto a las paredes del cráter existen unos surcos también llamados “gullies”. Algunas de estas depresiones pueden haberse formado con la ayuda de agua líquida, hielo fundido o nieve acumulada en las paredes del cráter o bien por agua subterránea en el interior de las paredes.

También es notable la estructura en forma de lengua que se extiende hacia abajo hasta la mitad de la imagen, con surcos prominentes paralelos en su superficie. Estas características, junto con las pequeñas grietas en su superficie, sugieren que este lóbulo puede haberse formado por el movimiento de material de rico en hielo desde la parte alta de los muros del cráter hacia su lecho.

Puesto que las características superficiales de este lóbulo y la mayor parte de los surcos aparecen difusos y alterados, y que además dunas impulsadas por viento se han movido por delante del lóbulo, y debido a que hay varios pequeños cráteres en la superficie de este lóbulo, los movimientos de material rico en hielo y agua probablemente no han sucedido recientemente.

Es esta imagen cubre una porción de terreno y seis kilómetros de anchura, está centrada a 32,4° de latitud sur, 103,2° de longitud este. La La imagen está tomada en 1 de julio del 2009.

Fuente original
Publicado en Odisea cósmica

El origen de la vida en el pensamiento antiguo

El origen de la vida en el pensamiento antiguo


Publicado por Javier García Calleja el 26 de Noviembre de 2009

Desde el principio de los tiempos, los seres humanos nos hemos preguntado cuál es nuestro ori gen y cómo pudo ocurrir la transición de la materia inerte al ser vivo en los inicios del planeta.

Desde los inicios del pensamiento transcendente, probablemente con los neandertales,se han relacionado los elementos terrestres con la vida, con mayor o menor impli cación divina.

Este pensamiento de desarrollo profundamente, y ha llegado hasta nosotros, procedente especialmente  de las civilizaciones antiguas:

Un mito griego habla de la capacidad fertilizadora del viento; otros sugieren que todas las criatu ras nacieron en el océano o que la madre Tierra produjo hierbas, flores, árboles y animales ferti lizados por la lluvia de Urano. El Talmud hebreo nos habla de la creación del hombre a partir del polvo; la Biblia, del barro.

Es decir, el ser humano siempre ha relacionado el origen de la vida y el planeta que lo sustenta.

Cuando la ciencia se comenzó a organizar y sistematizar, esta idea se plasmó en lateoría de la generación espontánea, que afirmaba que los seres vivos nacían de for ma espontánea de la materia orgánica en descomposición, incluso de la materia inorgánica. Sus defensores creían que los gusanos nacían del suelo; las ratas, de la basura, y las moscas, de los ali mentos en descomposición.image

El primer intento para derrotar esta teoría lo protagonizó Francesco Redi (1626-1697), quien llevó a cabo un experimento consistente en dejar unos trozos de carne en unos frascos: cerró uno con pergamino; otro, con gasa y dejó un tercero destapado. Al cabo de unos días, comprobó que había gusanos en el frasco abierto, pero no en los cerrados. Una observación demostraba la teoría de la generación espontánea, pero la otra la contradecía.

Redi concluyó que los gusanos procedían de los huevos que las moscas habían depositado sobre la carne, y no aparecían en los frascos cerrados por la imposibilidad de que las mos cas entrasen en ellos.

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Aun después de este experimento, siguió la polémica sobre una teoría que había llegado a convencer a científicos como Aristóteles, Descar tes o Newton, y fueron muchos los que intenta ron demostrar con experiencias su validez.image

La controversia quedó definitivamente solucionada cuando Louis Pasteur (1822-1895)  llevó a cabo un experimento con el que ganó un premio de la Academia de las Ciencias de París, en 1862. Su expe­riencia consistió en introducir un caldo de carne en distintos matraces, los cuales tapó con un tubo hue co doblado en forma de S, de manera que el aire pudiera salir y cualquier microorganismo que entra se quedaría en la parte cóncava del tubo. Hirvió ambos compuestos y comprobó que ninguno de los caldos se contaminaba con el paso del tiempo. A continuación, cortó el tubo de uno de los matraces dejándolo descubierto y observó que era ese el que, en poco tiempo, resultaba colonizado por multi tud de organismos vivos. La teoría de la generación espontánea quedaba, así, totalmente invalidada.

copìado de http://biologia.laguia2000.com/biologia/el-origen-de-la-vida-en-el-pensamiento-antiguo

El silencio de Dios

El silencio de Dios

  • «Estoy seguro que cuando hablo de la ausencia de Dios entienden que no estoy hablando de una verdadera ausencia sino de un sentido de ausencia. Dios está siempre presente con nosotros … pero hay momentos cuando El nos despoja de su presencia en nuestra conciencia».
  • Richard Foster

Quien no ha sentido un escalofrío al leer o escuchar la oración desgarradora de Jesús en la cruz: “Padre, porque me has abandonado”. Posiblemente, también han existido momentos de nuestra vida en los cuales tuvimos una fuerte identificación con aquellas palabras. A veces, cargadas de reproche, otras de impotencia y, aun, de perplejidad. Foster nos sugiere centrarnos en el por qué (Oracion, p.23), es decir la razín, los motivos, por los cuales Dios permite esa sensación insoportable de lejanía y abandono. Muchos personajes bíblicos vivieron esta experiencia a la que convenientemente se la denomina el “desierto”, aprovechando una rica imagen bíblica.

San Juan de la Cruz avanzó aun más en la descripción y llamó “la oscura noche del alma” a ese tiempo fuerte de ausencias y distancias gravosas. ¿Existe una intencionalidad divina en la distancia, en esa sensación de desamparo? Por momentos, desde el dolor, pensamos en una incomprensible dosis de crueldad: Dios soltándonos en una especie de “arréglate como puedas”. O desde la vergüenza culposa buscamos respuestas en el proporcionado “castigo” que nuestra contumacia merece. En el contexto de un oráculo cargado de esperanza, Dios proclama en el libro de Isaías:
Eras como una esposa joven abandonada y afligida, pero tu Dios te ha vuelto a llamar y te dice: “Por un corto instante te abandoné, pero con bondad inmensa te volveré a unir conmigo. En un arranque de enojo, por un momento, me oculte de ti, pero con amor eterno te tuve compasión.” (Is.54:6-8).


Esto que Foster llama “el despojo de su presencia en nuestra conciencia” tiene que ver con una táctica de Dios, en el marco de su estrategia de amor incomparable para con nosotros. Pensemos por un momento qué siente el bebé que ensaya sus primeros pasos, muy seguro, de la mano de su madre o de su padre y de pronto observa como esas manos gigantes y seguras lo abandonan y a una distancia enorme, para sus proporciones, lo llaman para que continúe solo sus pasos. ¿Habrá desesperación? ¿Habrá reproche? ¿Angustia? Tal vez esta imagen nos permita aproximarnos a la comprensión de la táctica divina: suelta nuestras manos esperando el paso. ¿Que ocurriría si los padres no dejaran a sus hijos en la horrible circunstancia de la soledad para caminar? ¿Podemos imaginar una vida en la que una persona a los treinta años esté caminando aun de la mano de sus progenitores?

Dios nos despoja de la conciencia de su presencia para forjar en nosotros un espíritu anhelante, deseoso de su presencia y compañía. Un Dios que por su amor, nos quiere adultos. En la oscura noche del alma se sufre y se gime, pero se crece.

¿Cuál es nuestra actitud cuando al intentar una y mil veces la oración sentimos vacío y soledad? ¿Nos empacamos, como un bebe y apoyamos la sentadera en el piso esperando las manos que nos rescaten de tanto naufragio? o ¿Buscamos caminar, a tientas, sin apoyo hacia los brazos que al final del camino nos esperan?

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