El proceso que permite a la flor de loto mantenerse limpia y seca

El proceso que permite a la flor de loto mantenerse limpia y seca

(NC&T) Los científicos e ingenieros se han preguntado durante mucho tiempo cómo las gotas pegajosas de agua fangosa acaban siendo repelidas de la hoja donde hayan caído después de que son alcanzadas por las pequeñas proyecciones de ésta.

Después de traer hojas de loto al laboratorio y de observar cómo se llevaba a cabo la condensación, el equipo de Jonathan Boreyko, quien trabaja en el laboratorio del profesor Chuan-Hua Chen, fue capaz de ver cómo las gotas son repelidas.

Es la primera vez que se logra observar cómo el agua se condensa sobre la superficie de la hoja, y más importante aún, cómo el agua condensada abandona la hoja.

El truco está en la superficie de las grandes hojas de la planta, y las vibraciones sutiles de la naturaleza. Las hojas están cubiertas de protuberancias diminutas irregulares rematadas por pelos aún más pequeños que se proyectan hacia arriba. Cuando una gotita de agua cae sobre este tipo de superficie, la gota sólo toca los extremos de los diminutos pelos. Las bolsas de aire situadas debajo hacen flotar a la gotita que, en última instancia, es expulsada de la hoja.

Flor de loto
Jonathan Boreyko y Chuan-Hua Chen. (Foto: Duke University)

El proceso seguido para desentrañar este enigma biológico ha servido de inspiración para que unos ingenieros de la Universidad Duke hayan empleado superficies artificiales que se asemejan al loto con el fin de mejorar la eficiencia de sistemas modernos de ingeniería que deben ser enfriados extrayendo su calor mediante la evaporación y condensación del agua.
solociencia.com

Anuncios

Ligres y tigones

Ligres y tigones

 

Posted: 29 Nov 2009 01:43 PM PST

Ligre

Hace unos años, un circo recorrió la geografía española promocionando el terrorífico ligre como uno de sus grandes atractivos. Según la publicidad, el tamaño y aspecto de este felino híbrido de león y tigresa eran sobrecogedores. Pero, ¿qué es exactamente lo que pasa al cruzar leones y tigres?

En primer lugar, hay que señalar que la existencia de estos híbridos siempre ha sido motivada por laintervención humana. Los tigres y los leones viven en hábitats distintos y sus hábitos de vida son también diferentes, así pues sería harto improbable que se diese un apareamiento natural entre ambos. El segundo dato reseñable es que el sexo de los progenitores influye en el resultado obtenido, como veremos a continuación.

Ligres

Un ligre es un cruce de un león macho y una tigresa. Los ligres tienen un aspecto fiero, como un gran león con rayas de tigre difuminadas. Pero su característica más destacada es su imponente tamaño. Pueden llegar a medir casi cuatro metros y pesar 400 kilos, lo que les convierte en los felinos más grandes sobre la faz del planeta.

Un ligre supera en tamaño claramente tanto a un tigre como a un león. ¿A qué se debe este fenómeno? según los expertos, tanto tigres como leones tienen genes inhibidores de crecimiento, con la peculiaridad de que estos se transmiten por vía paterna en caso de los primeros y materna en caso de los últimos.

Ligre

Así pues, el animal resultante no hereda inhibidores de crecimiento de ninguno de sus progenitores. Esto tiene varias consecuencias relevantes: la primera es el tamaño, como ya hemos comentado. La segunda es el riesgo para la madre durante el embarazo (de hecho muchos embarazos de ligres en cautividad han finalizado con la tigresa sometida a una cesárea). La tercera es el sufrimiento de importantes problemas y malformaciones asociadas al crecimiento, que hacen que los ligres tengan una esperanza de vida limitada.

La ausencia de inhibidores de crecimiento hace que el cuerpo propiamente dicho del animal se desarrolle más que sus extremidades. Esto dota al ligre de un aspecto aún más contundente, pero también significa que los ligres de edad avanzada tienen muchos problemas por el esfuerzo que hacen sus patas al soportar tanto peso.

Al igual que otros animales híbridos, se creía que los ligres eran estériles. Esto es cierto para los machos, pero se han documentado casos de ligresas embarazadas. Si el padre es un tigre, al resultante se le llama tiligre, en caso de ser un león obtenemos un leligre. Los ligres heredan de los tigres su amor por el agua, y de los leones su comportamiento sociable y tranquilo.

Tigones

El tigón es hijo de un tigre macho y una leona. Estos animales heredan genes inhibidores de crecimiento de ambos progenitores, por tanto su tamaño es limitado. Esto no quiere decir que sufran ningún tipo de ‘enanismo’, pueden llegar a pesar hasta 180 kilos, una cifra bastante habitual para un tigre común.

Tigón

Los tigones tienen una figura estilizada, con las extremidades más desarrolladas que el resto de su cuerpo. Nada que ver, por tanto, con la imponente fisionomía de los ligres. En su pelaje se observan características tanto de tigres como de leones, pero sin exhibir nunca espectaculares melenas.

Aunque los tigones macho son estériles, se han documentado casos de tigonas con descendencia. Si el padre es tigre, se obtiene un titigón, y si es un león, se obtiene un letigón. Como los letigones no heredan inhibidores de crecimiento por vía paterna, pueden alcanzar un tamaño imponente (aunque lejos de la talla de un ligre).

Los tigones son bastante menos habituales que los ligres. A priori no hay pruebas contundentes de que los leones macho sean menos proclives a aparearse con leonas que al revés. La explicación más plausible es que interesa inducir la ‘producción’ de ligres para su exhibición en circos y zoológicos, pero no así en el caso de los menos ‘espectaculares’ tigones.

Otros híbridos felinos

Se han documentado otros casos de cruces entre grandes felinos, como por ejemplo los leopones(padre leopardo, madre leona) cuya espectacular imagen incluye una cabeza melenuda como la de los leones y un cuerpo ágil de leopardo. Hay otras mezclas que incluyen también pumas y jaguares. De algunos, como el tiguar (tigre y jaguaresa) o el tigardo (tigre y leoparda), sólo se ha documentado un ejemplar en toda la Historia.

Imágenes | jmwestsjtillery
Más información | Hibridación de grandes felinos
En Genciencia | Churras y merinas

fuente:

genciencia

¿Para qué existen las iglesias actuales?

LA MISIÓN DE LA IGLESIA EN EL MUNDO
¿Para qué existen las iglesias actuales?
Contribución

ObreroFiel.com usa este artículo con permiso del autor

Estimado(a) lector:

Hoy en día muchos reflexionan y comentan sobre la misión de la iglesia en el mundo. Por un lado se involucran en la política, en la obra social, forman empresas grandes, hasta fundan imperios. Por el otro extremo, hay ciertos hermanos que no activan fuera de las paredes del templo y participan unicamente en las actividades programadas por la oficialidad. Se congregan allí y no quieren salir, ni abrir obras o multiplicar las congregaciones que existen. La primera iglesia fue esparcida por Dios en forma de persecución para que salieran porque no querían hacer su trabajo de evangelizar (Hechos 5:28; cap. 8). ¿Qué es nuestro objetivo con el presente estudio? Es contestar la pregunta: ¿Para qué está la iglesia en este mundo? (Hechos 1:8)

Principiamos con una comparación de la práctica de las iglesias actuales. Un ejemplo de la mayoría de esas iglesias se encuentra aquí: Así funciona una gran parte de las iglesias. Pasan los años, celebran sus aniversarios, pero no observan un aumento en número, ni un mejoramiento en la iglesia o en la vida de los hermanos. Siempre nos preguntamos: ¿Es esto el plan de Dios para la iglesia?

La iglesia tiene propósitos y motivos (para qué y por qué) de su existencia. Así, Israel, también pueblo de Dios, tiene un por qué y para qué de su existencia:
1. Depositario de la palabra de Dios (Ro. 3:2),
2. Medio para la introducción del Redentor al mundo (Ro. 9:5),
3. Testimonio al mundo (Isa. 43:10; 44:8).

Así, como Dios dio propósitos específicos a los israelitas, también la iglesia tiene una tarea específica en este mundo. ¿Para qué estamos aquí, y no en el cielo?

ESTUDIO BÍBLICO
1. Para los judíos, el propósito era: (Dt. 4:5-6)
2. ¿Lo llevaron a cabo?
3. ¿Qué es el propósito de Dios para todo hombre? (Ti. 2:1-7; 2 P. 3:9)
4. ¿Qué son los pasos para cumplir este propósito? (Ro. 10:13-17)
5. ¿Qué fue la última orden que Jesús dejó? (Marcos 16:15; Hechos 13:47)
6. ¿Qué fue el poder que Jesús prometió para capacitar a sus testigos? (Hechos 1:8; Lc. 24:48-49)
7. ¿Qué es la lucha que enfrenta el que trata de cumplir la orden? (Mateo 16:18; 2 Co. 10:3-5)
8. ¿Qué piensa Dios de la persona que no cumple sus deseos? (Lucas 13:6-9)

Dios ha dejado la iglesia en este mundo con un sólo propósito: Testificar activamente al mundo perdido para presentarles la salvación que Dios ofrece. El famoso misionero David Livingston dijo: “Dios tiene un solo hijo, y ese hijo fue misionero” (Lucas 19:10). Si una persona no está activamente haciendo esto, está fuera de la voluntad de Dios e inútil en este mundo.

Seamos fieles obedeciendo al mandato de testificar,

Scott Yingling
Director General de ObreroFiel.com

http://www.scribd.com/doc/7307571/La-mision-de-la-iglesia-en-el-mundo

Físico austriaco Christian Doppler (1803-1853).

Físico austriaco Christian Doppler (1803-1853).


Christian Doppler se educó en el Politécnico de Viena; Llego a ser director del Instituto de Física y profesor de Física Experimental del la Universidad de Viena en 1850. Sus primeros escritos fueron sobre matemáticas, pero en 1842 publicó Concerning the Coloured Light of Double Stars. Este hombre tuvo la feliz ocurrencia de ser el primero en explicar que el aparente cambio de la longitud de onda de la luz o del sonido depende de la velocidad relativa de la fuente respecto al observador. El fenómeno se conoce ahora como “Efecto Doppler”

En el sonido, produce ese característico yi-yiummmm prolongado, característico que hacen los coches, por ejemplo, cuando pasan a gran velocidad en la autopista de carreras. Para el conductor del auto el sonido no cambia, pero para nosotros sí. Es decir, cuando un objeto se acerca al observador, las ondas se “aprietan”, haciéndose más cortas y de mayor frecuencia; Cuando un objeto se aleja, las ondas se “estiran”, haciéndose más largas y de menor frecuencia. El Fenómeno también se aplica a la luz y, en el caso de las galaxias en retroceso, se conoce como un cambio al rojo —porque la luz que se aleja de nosotros cambia hacia el extremo rojo del espectro; la luz que se aproxima cambia hacia el azul—

Doppler realizó su experimento en 1845 utilizando a un par de trompetistas, uno fijo en una estación de tren y otro en un vagón en movimiento. Los dos tocaron la misma nota, pero el sonido del trompetista en  movimiento se distorsionó: su frecuencia había cambiado. Posteriormente, el astrónomo Edwin Hubble aplicó el mismo principio a las ondas de luz y registró que muchas galaxias se alejaban; así determinó que el Universo está en expansión.

astronomos.org

Darwin y su importancia en la consolidación del pensamiento científico…Ciencia y religión

Darwin y su importancia en la consolidación del pensamiento científicoCiencia y religión

Revista Digital Universitaria(RDU)

Ana Barahona Echeverría:(ABE)

RDU: Actualmente existen grupos, sociedades religiosas e incluso sociedades científicas que mantienen posturas que contradicen la teoría de Darwin. Frente a este fenómeno cuál es la postura que adopta la biología y la ciencia en general, ya que es un fenómeno que limita entre aspectos científicos, sociales y religiosos.

ABE: Yo pienso que la discusión entre científicos y religiosos acerca de por qué los seres vivos existimos y de si nos transformamos o no es una discusión entre sordomudos, es decir, esta discusión que ha tenido por siglos la Iglesia con la ciencia es irreconciliable. La Iglesia basa sus principios en la fe y la ciencia se fundamenta en el conocimiento probado. La fe no tiene cabida en la ciencia, por ejemplo, yo no puedo validar la ley de la gravitación universal tan sólo porque tengo fe en ella, existen suficientes evidencias empíricas que afirman que existe la gravedad como fenómeno natural que es explicado por la ley antes mencionada; la manifestación de la gravedad la vemos en los cuerpos celestes —cómo es que la Tierra gira en torno al Sol, por qué la Luna gira alrededor de la Tierra- o por qué no salimos volando del planeta y tenemos cierto peso, o el efecto de la gravedad terrestre sobre los seres vivos, por mencionar algunos.

Las discusiones entre la Iglesia y la ciencia, tienen una historia larga, y como mencioné antes, son irreconciliables porque estamos hablando de dos cosas completamente distintas. Creo que la postura que ha mantenido la religión, sobre todo la Iglesia católica, que ha polemizado con la teoría de la evolución, en concreto sobre si hemos evolucionado o no, y si compartimos o no rasgos con los primates, es persistente. Pero esta es una cuestión meramente científica y existen evidencias desde muchas disciplinas, como la paleontología, la antropología, la biología molecular o la genómica en la actualidad, que nos dan muy buenas razones para creer que lo que sostiene la teoría de la evolución como selección natural ha sucedido, es decir, nos permite creer que la evolución es un hecho. Mientras que la Iglesia se basa en principios que no son comprobables; la ciencia al enfrentarse a las religiones lo hace con argumentos que son incompatibles con la fe. El conocimiento científico es probado, existen diferentes metodologías para poder explicar los fenómenos y poder inferir las leyes, que son los marcos explicativos de estos fenómenos naturales, y la religión no funciona así.

Por supuesto que uno de los grandes conflictos en general con la ciencia, en particular con la biología y la propuesta evolutiva, es que de esta forma la Iglesia pierde poder en la explicación del mundo, pues ya existe una explicación de por qué el humano es de cierta forma, o por qué comparte un ancestro con el chimpancé, o por qué las plantas son de uno u otro color. Dentro de la biología encontramos explicaciones científicas y ya no tenemos que apelar, como Newton propuso hace tres siglos, a entidades metafísicas, que no tienen una corroboración empírica; ésto debilita de cierta forma el poder que tiene la religión sobre la sociedad y sobre las explicaciones del mundo. No podemos explicar cómo fue la creación, el diluvio universal y si hay un Dios. No hay formas de explicar científicamente si esto existió, aunque como individuo sí puedo tener fe en ello, de hecho hay biólogos, evolucionistas o científicos físicos, químicos, etcétera, que muy personalmente tienen una creencia religiosa y hay una polémica alrededor de esto.

También existen posturas radicales como la de Richard Dawkins que piensa que si uno es un biólogo evolutivo es incongruente con que tenga sentimientos religiosos. Pero hay posturas mucho más moderadas que dicen que un científico no tiene por que abandonar sus creencias religiosas para estar convencido de una teoría científica, en este punto siempre habrá mucha diversidad; no está todo dicho, es un debate que sigue estando presente en la sociedad. Pero por otro lado la iglesia católica recientemente aceptó la evolución pero anteponiendo al origen de todo a Dios: Dios creó al mundo incluyendo la evolución de las especies.

Basados en la creencia de Dios, antes de las propuestas de Darwin, la visión hegemónica era el creacionismo, pero a partir del arraigo de la visión darwinista sobre la evolución, el creacionismo cayó en descrédito, porque cada día se encontraban más evidencias del cambio en los seres vivos. De hecho recientemente, en el año 2004, se descubrió un organismo llamado Tiktaalikque de la misma forma al Arqueopterix, el cual es un referente que liga la evolución de los reptiles con las aves, este Tiktaalik es un tertrápodo que relaciona de una manera muy sugerente a los peces con los anfibios. Es una especie de pez que vivió en el agua pero también salía a tierra, tiene branquias, pero también cuenta con pulmones, además de cuello movible y un tipo de patas, es decir, está repleto de rasgos intermedios entre los peces crosopterigios y los primeros vertebrados con patas, con los que comparte varias características únicas. Este fósil nos proporciona una evidencia más de la evolución, específicamente de los linajes que se originaron en el agua hasta los que salieron a la superficie terrestre.

A partir de todas las evidencias que han proporcionado las ciencias como la biología, la sistemática, la génica y la biología molecular, el creacionismo no sólo fue cayendo en descrédito sino que fue abandonado.

Es importante destacar que la enseñanza en las clases de ciencias, antes de la separación entre la iglesia y el estado, por ejemplo en México, era lo impuesto por la Iglesia de acuerdo a sus cánones. En México, a partir de las Leyes de Reforma con Benito Juárez, donde se da la separación entre la iglesia y el estado, éste toma la educación de los mexicanos y además decreta la formación del registro civil, pues antes de la Reforma la Iglesia llevaba los registros de matrimonios, nacimientos y defunciones. Desde ese momento el Estado lleva las riendas de la educación.

En el caso específico de Estados Unidos, cuando se empieza a promover la teoría de la evolución, inician los conflictos a principios del siglo XX. En México no nos cuestionamos la enseñanza de estas teorías científicas, al menos seriamente; y tampoco en los salones de clase nos cuestionamos que estos temas formen parte de los libros de texto, porque justamente el estado es laico y ha establecido la educación laica en la Constitución. Pero en lugares como en Estados Unidos, donde si se cuestiona la enseñanza de la evolución, es diferente porque no existe la hegemonía de una iglesia sino que hay muchas iglesias, donde a diferencia de México, sus influencias en la esfera pública son muy grandes. En nuestro país persiste la hegemonía de la Iglesia católica, pero el Estado la mantiene al margen de aspectos como el político y el educativo, y ha confinado la religión al ámbito privado donde no puede decidir lo que se enseña en las escuelas o los libros que se publican, con respecto a la enseñanza de la evolución. De la misma forma en que el estado no interfiere con el culto religioso.

El problema de Estados Unidos es muy paradójico, porque al haber muchas religiones tienen gran presencia pública, lo que significa poder ante el estado. Además, como ya no se puede hablar del creacionismo, pues fue sumamente refutado, ahora se quiere introducir de nuevo la discusión y la enseñanza del creacionismo en las escuelas a través del llamado diseño inteligente, que es disfrazar esa postura dogmática con apariencia científica, “el viejo vino en botella nueva”, por decirlo de alguna manera. El diseño inteligente defiende una complejidad irreducible en los seres vivos, que no se explica con las leyes de la física, la química o la biología, y apela a que hay un ‘diseñador’y un ‘diseño inteligente’. Esto no es más que enseñar el creacionismo disfrazado de esta nueva disciplina, haciendo pasar el creacionismo como científico. Por ejemplo hay estados de la unión americana donde se enseña evolución, pero no se enseña la Biblia; hay otros donde no se da evolución, pero sí este nuevo tipo de creacionismo. Hay muchas variantes en Estados Unidos, y afortunadamente en México no tenemos estas inquietudes de sacar la evolución de las escuelas y meter el estudio de la Biblia, para eso existen en algunas escuelas privadas clases de catecismo en horarios extra oficiales donde los padres deciden si llevan o no a sus hijos.

http://www.revista.unam.mx/vol.10/num6/art36/int36-1.htm

Semblanza de Manuel Peimbert Sierra

Semblanza de Manuel Peimbert Sierra

El Dr. Manuel Peimbert Sierra afirma que “los astrónomos trabajamos de sol a sol”, pues “en el momento que se mete el sol, ya se pone uno a trabajar, observando la mayoría de los objetos del universo hasta que vuelve a salir el sol”. No obstante, hay unos cuantos astrónomos que se dedican a observar el sol. Ellos también trabajan de sol a sol, pero durante el día, mientras que la mayoría trabajamos durante la noche”.

El Dr. Peimbert es físico egresado de la Facultad de Ciencias. En la Universidad de California, en Berkeley, realizó sus estudios de maestría y doctorado. Es investigador titular de tiempo completo en el Instituto de Astronomía de la UNAM.

Recibió el Premio Universidad Nacional en 1988 en la rama de la investigación en ciencias exactas. Entre otras distinciones, también recibió el Premio de Ciencias de la Academia de la Investigación Científica “Arturo Rosenblueth” en 1971; la medalla “Guillaume Budé” del Colegio de Francia en 1974, y el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el área de las ciencias físico-matemáticas y naturales en 1981.

Es colaborador en publicaciones especializadas internacionales, como The Astrophisical Journal, Astronomy and Astrophysics y la Revista Mexicana de Astronomía y Astrofísica. Destacan entre sus temas de investigación la materia interestelar y la de las nebulosas ionizadas, como Orión; la composición química y evolución de las galaxias, y la abundancia pregaláctica o primordial de helio.

Manuel Peimbert estableció que el 23% de la masa existente en el universo es de helio y el 77%, de hidrógeno, aportación que hizo a los 33 años.

Recuerda que cuando era niño, sus profesores, entre otras personas, opinaban que “únicamente los genios pueden hacer investigación. Es una actividad para unos pocos y si uno no es superdotado, mejor que se dedique a otra cosa”. Sin embargo, después de conocer a investigadores de otros países, opina que los hay desde muy brillantes, hasta por debajo de la inteligencia promedio. Para hacer ciencia, afirma, se requiere tener pasión por ella. Un científico puede ser bueno si tiene gusto por su trabajo.

De niño, continúa el doctor Peimbert, le interesaba el juego de las canicas. Recuerda su colonia, la Crédito Constructor, donde había dos ríos a los que frecuentaba para jugar. Sus amigos le ayudaban a poner piedras para lograr que subiera el nivel del caudal, lo que les permitía chapotear. Además del recuerdo del “pequeño riachuelo”, tenía el interés por leer, más que por observar las estrellas. Reconoce que cuando niño no tenía la pasión o la vocación por la astronomía, sino el gusto, además de leer, por ir al cine y convivir con sus amigos en las calles, lo que disfrutaban porque entonces los automóviles no invadían la ciudad de México.

En el primer año de su carrera el doctor Peimbert llevó astronomía como materia optativa, al igual que su amigo Gerardo Bátiz, con quien se dirigió al observatorio de Tonanzintla para buscar trabajo, aunque confiesa que no en el sentido remunerado, sino con el fin de ayudar a los astrónomos, para lo que creían tener la capacidad: “No teníamos la menor idea, todavía, de qué se trataba, ni qué conocimientos necesitábamos, pero con nuestra ingenuidad o inocencia de los 16 ó 17 años, llegamos a Tonanzintla a decir que queríamos ayudar”.

Al ser recibidos, se les propuso un proyecto de investigación, el cual los llevó a descubrir un conjunto de nebulosas planetarias. “Entonces publicamos la nota y un astrónomo checoeslovaco hizo un catálogo con todas las nebulosas planetarias. De acuerdo a la costumbre, a la tradición, puso el nombre de los descubridores a todos los objetos. Los objetos que encontramos Gerardo Bátiz y yo se llaman nebulosas Peimbert-Bátiz”.

Este hecho, asegura el doctor Peimbert, despertó su pasión por la astronomía. Se dio cuenta de que sin una gran preparación les fue posible encontrar cosas nuevas. Recuerda el doctor Peimbert que el escribir su primera nota sobre los descubrimientos que logró con Gerardo Bátiz, le produjo “una satisfacción enorme”. Considera que este hecho fue fundamental para encausarse en la astronomía.

Qué hace un astrónomo, así como a qué se dedica un físico, son preguntas que, en opinión del doctor Peimbert, se hacen personas con poco conocimiento sobre el tema, quienes, inclusive, opinan que si no son actividades “para que baje el precio del kilo de la tortilla”, no son importantes para el país. Señala que hay muchas respuestas a estas preguntas, desde las muy generales, hasta las particulares. Los astrónomos, explica, “queremos saber qué es lo que está pasando en el universo”, mientras que los físicos se dedican a resolver problemas de laboratorio. Los astrónomos se ocupan del “estudio de todo el universo, todo lo que hay en el universo y, en cierta medida, del pasado, el presente y el futuro del universo, que tiene mucho que ver con la identidad humana”.

El doctor Manuel Peimbert explica: “los átomos que forman nuestros cuerpos, los átomos de todos los objetos en este cuarto, han sido producidos por reacciones nucleares en el interior de las estrellas. Expulsan estos átomos al medio interestelar y luego éstos se combinan, se juntan con otros, para formar moléculas, partículas de polvo. Posteriormente, también pueden formar planetas. En los planetas, todos estos átomos son capaces de producir microorganismos y luego organismos complejos, personas y ciudades. Esto quiere decir que todo lo que somos, se lo debemos a las reacciones nucleares que se dan en el interior de las estrellas”.

En el siglo XIX, señala, casi toda la astronomía era observacional, pues no era abundante la teoría. Actualmente la mayoría de los astrónomos se ubican en un lugar intermedio, entre un teórico puro y un observador puro. En este sentido se refiere a que los astrónomos deben saber elementos de observación, con el fin de tomar en cuenta la mejor información e identificar posibles errores, mientras que un observador debe saber de teoría para hacer descubrimientos relevantes. Si un astrónomo, cita como ejemplo, obtiene los datos de seis noches de observación, éstos pueden significar trabajo para un año o dos, es decir, de interpretación de los espectros y las fotografías directas, cuyo análisis puede realizarse en muchos meses.

Un astrónomo típicamente observacional, aclara el doctor Peimbert, examina el cielo de diez a quince noches por año, máximo veinte. Por su parte, los astrónomos teóricos no observan nada. Agrega que un poco en plan de broma se dice “que un buen teórico puede explicar cualquier observación, pero esto quiere decir que también se puede equivocar. Si un astrónomo hace una observación mala y se la hace llegar al teórico, éste la puede justificar. Entonces tendríamos una teoría incorrecta. De aquí se deduce que los buenos teóricos son los que reciben buenos datos y buenas observaciones.

El doctor Manuel Peimbert asegura que San Pedro Mártir, Hawaii y Chile, son los mejores lugares en el mundo para la observación astronómica. México cuenta con el observatorio de San Pedro Mártir, dentro de un parque nacional en el hemisferio norte, de aproximadamente treinta kilómetros de este a oeste y cuarenta kilómetros de norte a sur, con las condiciones propicias para esta actividad. Debido a que es una zona sin agua, no hay ninguna población alrededor, además de que el cielo es muy oscuro. Señala que la UNAM apoya a astrónomos extranjeros con tiempo de observación en San Pedro Mártir. Esto da la seguridad a los cosmógrafos de la Universidad, para solicitar tiempo en observatorios de otros países. Agrega que “entonces los astrónomos mexicanos tenemos tiempo de telescopio en observatorios japoneses, norteamericanos y europeos, aunque esto resuelve el problema de unos cuantos astrónomos mexicanos, porque no es la solución para una escuela mexicana de astronomía”.

En relación con los astrónomos jóvenes, señala que en México son necesarios instrumentos de primera, con el fin de que los científicos en desarrollo no tengan que esperar muchos años para competir por tiempo de telescopio en observatorios extranjeros. Sobre el nivel de preparación de los astrónomos, el doctor Peimbert expresa que hay grandes diferencias entre investigadores. Para él los hay regulares, buenos, brillantes y muy brillantes. Los investigadores muy brillantes, indica, generalizan sus resultados y hacen descubrimientos antes que otras personas, pero son unos cuantos.

En su gran mayoría, prosigue, los investigadores son personas como en todo el mundo, que encuentran resultados importantes gracias a tres factores. Uno de ellos es trabajar todos los días, pues debe quedar de manifiesto la pasión por lo que se hace. Una persona con inteligencia promedio, que trabaja todos los días, puede encontrar resultados que le permitirán hacer contribuciones importantes a la ciencia. Otro elemento muy importante es la buena relación con colegas para estar en contacto con la frontera de la ciencia, es decir, estar al pendiente de lo que hacen los demás e identificar lo ya hecho y lo que falta por hacer. Un tercer factor, expone, es el acceso a la instrumentación nueva, pues con ello las primeras observaciones que haga el astrónomo serán muy superiores a las ya realizadas. Con la combinación de estos tres elementos, afirma, el científico puede hacer hallazgos que ya lo estaban esperando. Para esto, no se necesita ser un genio, aunque sí una persona con la visión para darse cuenta de la existencia de hechos importantes, así como la capacidad para estar en contacto abierto con la investigación y tener un buen instrumento.

En torno a la existencia del universo, el doctor Peimbert dice que uno de los problemas más importantes o más trascendentes sobre la evolución química, es la transformación misma del universo en su conjunto. Al respecto, dice que la teoría en boga en este momento es la de la gran explosión.

Con la teoría de que las galaxias se alejan unas de otras, expone, y haciendo una observación a través del tiempo, tenemos que en el pasado estaban más juntas entre sí. Si nos remontamos aún más en el tiempo, continúa, veríamos a todas las galaxias en un mismo lugar. Señala el doctor Peimbert que es en este momento, según se dice, cuando se originó la gran explosión. Un segundo después de ésta, la temperatura del universo fue de 10 mil millones de grados Kelvin, la necesaria para producir reacciones nucleares, en un universo formado fundamentalmente por protones, electrones, positrones y neutrinos, con la ausencia de elementos pesados y helio. Cuatro minutos después, indica, la temperatura disminuyó a 800 millones de grados Kelvin. Con este calor, fue posible, a partir del ciclo protón-protón, la formación de helio. El volumen de hidrógeno y helio, con el que finalmente quedó conformado el universo, dependió de su propia densidad y de la rapidez de la expansión.

El doctor Peimbert apunta entonces que hay distintos modelos de gran explosión con diferentes densidades. Si a la concentración de 25% de helio y 75% de hidrógeno, le damos otros porcentajes, estaríamos viviendo en un universo diferente. La formación abundante de helio, es un indicio de que el universo es muy masivo y de que hay la probabilidad de que la expansión se va a detener, para posteriormente continuar y dar lugar a una contracción. Con la formación de poco helio, en contraste, el universo siempre va a estar en expansión, debido a que es poco denso.

Expone que su actividad consistió en observar galaxias con distinta contaminación, debida a elementos pesados. Descubrió que el 23% por masa era helio y el 77%, hidrógeno. Entonces, si las partículas del universo son como las de un cuarto de oficina, los fragmentos pertenecen a la tabla periódica de los elementos, indica. Así, de la teoría de la creación continua de materia se desprende que todos los elementos los formaban las estrellas, con la ausencia de helio. La existencia de este 23% de helio, que no es producido por las estrellas, es una gran contribución en favor de la teoría de la gran explosión, en oposición a la creación continua de materia.

En opinión del doctor Peimbert “la teoría de la creación continua de materia es muy bonita porque establece que el universo observado es infinito y que siempre se va a ver igual como ahora. Entonces cumple con un principio filosófico, que se llama cosmológico perfecto, que advierte que no vivimos en un tiempo y lugar privilegiados. Es un punto de vista o teoría mucho más agradable que la de la gran explosión, que sugiere un momento privilegiado en el cual se inició la expansión.

El doctor Peimbert afirma que en estos momentos hay una pregunta importante para los cosmólogos: ¿es el universo observable todo lo que existe o hay un número infinito de universos? Reconoce que le gusta mucho la teoría del número infinito de universos, porque es acorde con el principio cosmológico perfecto. El universo en su conjunto empezó su expansión hace 15 mil millones de años. En este universo enorme, revela el doctor Peimbert, están surgiendo miniuniversos, por lo que el nuestro podría ser uno de ellos, mientras que otros se expanden, se contraen o nacen. De ser así, tendríamos una teoría armónica con el principio cosmológico perfecto. En apariencia, al encontrar que el helio primordial existe, se apoya la teoría, más restringida, de la gran explosión, en contraste con la más general de la creación continua de materia. Si es válida la teoría de un número infinito de universos, entonces no habría oposición entre un universo infinito y la gran explosión.

Por otra parte, en relación con la enseñanza, el doctor Peimbert señala que el profesor de clase debe ser, hasta cierto punto, un actor de teatro: tener buena dicción, conocer bien el material, crear suspenso en la clase y motivar a los estudiantes. Se requiere todo el conocimiento en torno a una cultura general, para transmitirlo a los jóvenes que empiezan o que todavía no encuentran una vocación. El maestro debe ser lo más espectacular posible, agrega. A manera de ejemplo cita al excelente matemático Guillermo Torres, de quien recuerda haber recibido “clases preciosas”. Al hacer memoria sobre este distinguido profesor, menciona que ante cualquier pregunta, por muy rara que fuera, o incorrecta, “siempre la transformaba en una pregunta muy elegante. Entonces el estudiante decía: soy un genio haciendo preguntas, las cuales le eran contestadas con una habilidad magistral. De esta manera el estudiante se da cuenta de que está participando. Si no existe esta relación de preguntas y respuestas entre el estudiante y el profesor, la clase no se da”. En este sentido afirma que “es un poco como la función de teatro sin público. Se necesitan los aplausos, los gritos y ‘los tomatazos’, para que la función sea completa. Me gustaría ser un gran actor a la hora de dar mis clases”.

El doctor Peimbert afirma que en su familia siempre ha existido un gran amor por la Universidad, desde Javier Barros Sierra, tío suyo. Es en su seno familiar donde siempre se ha creído que, en gran medida, el problema de México es una cuestión de educación, agrega.

Cree que México, como nación, es dependiente de los países desarrollados. Por este motivo considera como una actividad central el que nuestro país sea independiente, para lo cual “necesitamos tener una educación de primera”, no sólo para unas cuantas personas, sino para toda la sociedad, es decir, “que cualquier persona tenga el derecho y la posibilidad de realizar sus sueños a través de la educación. El que nosotros podamos crear nuevo conocimiento, ayuda en esta dirección”.

En relación con la ciencia, opina que todas las disciplinas están relacionadas entre sí, como la astronomía con las matemáticas y éstas con la biología y la física, pues el avance en una de las ciencias repercute en las demás. También opina que la ciencia guarda una relación con la tecnología, porque el avance de ésta obedece al mismo progreso del conocimiento. Debido a que a su vez la tecnología está relacionada con la economía, es decir, con el bienestar del país, prosigue el doctor Peimbert, un investigador que hace ciencia básica o abstracta, de alta calidad y con seriedad, está contribuyendo en el desarrollo de México.

El hecho de que en México tengamos, optimistamente, como lo califica él mismo, un científico por cada 10 mil habitantes o 10 mil científicos profesionales, no significa que en otros países con 20 ó 30 científicos por cada 10 mil habitantes haya más talento, que sean 10 ó 20 veces más inteligentes que nosotros. Se trata, dice, de una estructura diferente, porque en México hay mucho intelecto. Si a estas personas con mucha capacidad no se les da una educación, no llegarán muy lejos. En este sentido se refiere a “la vieja historia de que si Einstein hubiera nacido en el Amazonas, pues sería una cabecita en un escritorio de Nueva York, que nunca hubiera producido la teoría de la relatividad”. Sostiene entonces que el medio ambiente ejerce una gran influencia, dentro del cual “la educación tiene mucho que ver”.

En torno a la evolución del conocimiento, el doctor Peimbert concibe el mundo en un cambio vertiginoso de la información, que transforma rápidamente la enseñanza. De esta forma, “si no tenemos investigación en las universidades, no vamos a adaptarnos al cambio que exige la modernidad. Formar científicos es un proyecto de 10, 15 ó 20 años. Si se retira el apoyo a la ciencia durante uno o dos años, lo perdido no es posible reponerlo en uno o dos años de doble apoyo, porque en tal situación los jóvenes que pretenden estudiar una carrera científica suponen la falta de trabajo y la carencia de apoyo, por lo que deciden buscar otra opción, incluso en otro país. De esta manera perdemos a toda una generación de nuevos estudiantes”.

Señala que el gobierno debe ser consciente de que no puede haber fluctuaciones y de que los programas no pueden ser sexenales, sino transexenales, de largo plazo. Además opina que si hay problemas monetarios, se les debe preguntar a los científicos la manera de ahorrar sin sacrificar la formación de nuevos investigadores y el desarrollo de la ciencia.

En una postura a favor del trabajo científico, el doctor Manuel Peimbert manifiesta que a pesar de “que cuesta mucho dinero la investigación”, cuesta más no hacerla, pues “nos hace más dependientes del extranjero y nuestro salario se va para abajo, debido a que seguimos pagando mucho más por los productos y opciones que hay en otros países”.

Haciendo referencia a la falta de oportunidades para recibir una educación, el doctor Peimbert cuenta que “en el camino se quedaron personas más inteligentes que yo, quienes con una situación económica diferente, un apoyo o una sociedad distinta, hubieran llegado muy lejos. En México, muchos de los jóvenes que limpian parabrisas y venden chicles en las esquinas, podrían llegar más lejos si tuvieran una educación adecuada. Ese es un problema de toda la sociedad, de todos nosotros, que debemos tratar de resolver”.

http://www.revista.unam.mx/vol.2/num1/sembla1/

LA CONTROVERSIA DE LEIPZIG Y SUS CONSECUENCIAS

LA CONTROVERSIA DE LEIPZIG Y SUS CONSECUENCIAS

Pero sus adversarios no guardaron silencio.— El movimiento había ya avanzado tanto que era imposible detenerlo. El primer motivo para la continuación de la lucha le dolió al enemigo, más furioso de Lutero; El Dr. Eck de Ingolstadt. Ya para cuando principiaron las discusiones, un colega de Lutero, Bodestein, comúnmente llamado por el nombre, Carlostadio, había defendido la causa de Lutero y escribió a favor de él contra el Dr. Eck con mucho entusiasmo. El Dr. Eck, que no podía callarse, había lanzado réplicas violentas, tanto contra Lutero como contra Carlostadio; y este le replicó con la mayor energía. La lucha creció de tal manera, que por fin Eck, según la costumbre de aquellos tiempos, desafió a su adversario a una controversia pública, en la cual daba por segura la victoria, confiando en su probada destreza para esta clase de debates. Todavía antes de la polémica y a principio del año 1519, el Dr. Eck escribió Otro folleto más violento, en el Cual atacaba también a Lutero, que, como sabemos, había pactado con Miltitz el guardar silencio si sus adversarios hacían lo mismo. Este escrito, lleno de improperios y calumnias daba ya a Lutero el derecho de entrar otra vez en la lucha, tanto más, cuanto que el Dr. Eck hizo imprimir al mismo tiempo trece tesis o proposiciones, sobre las cuales quería disputar Con el mismo Lutero. Estas tesis se referían principalmente a las indul gencias y al poder papal. Lutero estaba ya en e1 deber de contestar, e hizo imprimir igual número de tesis, en las cuales, con más energía y firmeza que en sus primeras, rechazaban las indulgencias como innovación, y también la autoridad incondicional del Papa. El Dr. Eck invitó también a Lutero a tomar parte en la controversia pública; y logró al efecto, el permiso del duque Jorge de Sajonia, porque a este ducado pertenecía Leip zig, Ciudad designada para el debate. En el mes de Junio de 1519, los adversarios se encontraron en ella: Lutero y Carlostadio, acompañados por algunos estudiantes y profesores de la Universidad de Wittemberg; el Dr. Eck auxiliado con el favor del duque Jorge y por casi toda la Universidad de Leipzig, que tenía celos de la de Wittemberg.

Sorprendente es que Cayetano y Miltitz, que tenían grandísimo interés en evitar que se levantase de nuevo la tempestad, apenas calmada un poco, no hicieron lo más mínimo para impedir esta lucha: tal vez la ignorasen; tal vez confiaran demasiado en la habilidad del Dr. Eck. Nunca creyeron que de este ensayo pudiese salir una nueva derrota del papado.

Era esto sin duda una maravillosa providencia de Dios, que hace ciegos en su orgullo a los que ven y prende a los sabios en su misma sabidu ría. El obispo Adolfo de Merseburg, en cuya diócesis se hallaba Leipzig, calculó el peligro de esta polémica con más acierto. Hizo las más enérgicas advertencias al duque Jorge, pero éste le respondió con mucho juicio: Estoy sorprendido de ver que un obispo tenga tanto horror a la antigua y laudable costumbre de nuestros padres, de examinar las cuestiones dudosas en ma teria de fe. Si vuestros teólogos se niegan a defender su doctrina más valdría invertir el dinero que se les da en el sostén de mujeres ancianas y de niños que a lo menos saben cantar e hilar… Pero esta carta no convenció al obispo: el día de San Juan de 1519 y por un edicto fijado en la puerta de la iglesia prohibió el acto. Pero el magistrado de la ciudad de Lepzig estaba tan lleno de entusiasmo por el Dr. Eck que hizo caso omiso del mandamiento del obispo, y la controversia comenzó el 27 de Junio en una sala grande del castillo situado junto al río Pleisse.

El duque Jorge vino con su corte y otras per sonas notables, y asistió durante trece días a las discusiones prestando la más viva atención. Los primeros ocho días disputaron Eck y Carlostadio, sobre el libre albedrío. Eck tenía la ventaja de su palabra agresiva; daba grandes gritos, vociferaba y gesticulaba como un actor, con mucho descaro y altisonantes palabras mientras el doctor Carlostadio, ateniéndose únicamente al fondo y a sus libros, aparecía más tímido y lento en sus argumentaciones. Así que el público se inclinaba en favor del Dr. Eck. Pero el debate entre éste y Lutero fue mucho más provechoso al partido de la Universidad de Wittemberg. En Lutero tenía el Dr. Eck un adversario tan bien preparado en todo y por todo, que sus astucias, sofismas y vociferaciones fracasaron. En uno de los puntos principales, el primado del Papa, Lutero defendía su afirmación de que no el obispo de Roma sino Cristo, era la cabeza y jefe de la iglesia; y que el Papa poseía el primado, no por derecho divino, sino por tradición humana; fue el poder que el Papa había asumido era usurpado y contrario, tanto a las Sagradas Escrituras, como a la historia eclesiástica de los pri meros siglos. Esto lo afirmaba con todo el peso y fuerza de la lógica, y salió victorioso.

Eck apelaba a los Santos Padres; con ellos le respondía Lutero; y todos los espectadores admiraban la superioridad que tenía sobre su rival.

-Lo que yo expongo -dijo Lutero- es lo mis mo que expone San Jerónimo, y voy a probarlo por su misma epístola a Evagrius: Todo obispo -dice él-, sea de Roma, sea de Eugubium, bien de Alejandría bien de Túnez, tiene el mismo mérito y el mismo sacerdocio. El poder de las riquezas y la humillación de la pobreza es lo que coloca a los obispos en una esfera más alta o más baja.

De los escritos de los padres, Lutero pasó a las decisiones de los concilios, que no ven en el obispo de Roma sino al primero entre sus iguales.

Eck responde con una de aquellas sutiles distinciones que le son tan familiares:

-El obispo de Roma, si queréis, no es obispo universal, sino obispo de la iglesia universal.

-Quiero guardar silencio sobre esa respuesta -dijo Lutero-; que los oyentes la juzguen por sí mismos.

-Cierto-añade enseguida-; he aquí una teoría digna de un teólogo, y muy a propósito para saciar a un disputador hambriento de gloria. No ha sido inútil mi costosa estancia en Leipzig, pues he aprendido aquí que el Papa no es, en verdad, obispo universal, sino que es el obispo de la Iglesia universal.

-Pues bien -dijo Eck-; vuelvo a lo esencial. El venerable doctor me pide le pruebe que la primacía de la iglesia de Roma es de derecho divino; lo que pruebo con estas palabras de Cristo: Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mí iglesia. San Agustín, en una de sus epístolas ha expuesto así el sentido de este texto: Eres Pedro y sobre esta piedra es decir, sobre Pedro, edificaré mi iglesia. Es verdad que este mismo San Agustín ha manifestado en otra parte que por esta piedra debía entenderse Cristo mismo; pero él no ha retractado su primera exposición.

-Si el reverendo doctor quiere atacarme -dijo Lutero-, que concilie antes estas palabras contradictorias de San Agustín. Porque es cierto que San Agustín ha dicho muchas veces que la piedra era Cristo, y apenas una sola vez que era el mismo Pedro. Mas aun cuando San Agustín y todos los padres dijeran que el apóstol es la piedra de que habla Cristo yo me opondría a todos ellos, apoyado en la autoridad de la Escritura Santa, pues está escrito: Nadie puede poner otro cimiento que el que ha sido puesto que es Jesucristo. (1ª. Corintios 3,11.) El mismo Pedro llama a Cristo la piedra angular y viva sobre la cual estamos edificados para ser una casa espirilual. (1ª. de San Pedro 2, 4, 5.)

El Dr. Eck no tuvo otra contestación sino decir que Lutero era otro hereje más que seguía las huellas de Juan Huss. Y cuando Lutero le contestó: -Querido doctor, no todas las doctrinas de Juan Huss eran herejías- el doctor Eck se asustó de tal afirmación y quedó como fuera de si. Y hasta el duque Jorge exclamó con voz tan alta que se pudo oír en toda la sala:-¡Válgame la pestilencia! Disputaron después acerca del pur gatorio, sobre las indulgencias, el arrepentimiento y las doctrinas que con éstas tenían relación. Los debates terminaron el 15 de Julio. El Dr. Eck, siguiendo su costumbre, se atribuyó la victoria con grandes alardes de triunfo; mas todos vieron que en los puntos principales había tenido que ceder a la ciencia y a los argumentos de Lutero.

Pero esta controversia dio un gran impulso a la causa de la Reforma. Se había hablado sobre el papado, sus errores y abusos, con una claridad y franqueza inusitadas, y dichos errores se habían hecho más patentes que nunca. Y, por otro lado, las verdades allá proclamadas habían impresionado a muchos de los oyentes. Uno de los resultados más importantes fue que un joven colega de Lutero en la Universidad de Wittemberg, Felipe Melanchton, en el curso de estos debates se decidiera completamente en favor de la doctrina de Lutero.

Este catedrático, joven de veintidós años, contribuyó desde entonces a la Reforma con la riqueza de sus conocimientos, y pronto llegó a ser, después de Lutero, el instrumento más importante de ella. Como en el curso de esta historia hemos de nombrarle más de una vez, convie ne que adelantemos sobre él algunas noticias.

Felipe Melanchton, hijo de Jorge Schwarzerd, famoso fabricante de armas, nació el 16 de Febrero de 1497 en Bretten, palatinado del Rhin. El renombrado humanista Juan Reuchlin era hermano de su abuelo paterno. Después que Felipe hubo concluido sus primeros estudios en el Cole gio latino de Pforzheim, pasó a la Universidad de Heidelberg, con el fin de seguir su carrera, aunque no contaba más que doce años. Pero su ta lento y disposición eran tan grandes, que en dos años recibió el grado de bachiller en filosofía, y pronto aspiró también al de doctor; mas por ser de tan corta edad, le fue negado. Poco satisfecho con esto, y como tampoco le agradaba el clima de Heidelberg, pasó a Tubingen, donde se aplicó con toda diligencia, escribió una gramática griega, se hizo doctor el año 1514, y poco después empezó a dar conferencias públicas.

La Santa Escritura le ocupaba principalmente. Los que frecuentaban la iglesia de Tubingen, habían notado que tenia muchas veces entre sus manos un libro, en el que leía durante el culto divino. Aquel desconocido volumen parecía mayor que los manuales de oraciones y corrió el rumor de que Felipe leía en aquel acto obras profanas; mas se vio con sorpresa que el libro que había inspirado tal sospecha era un ejemplar de las Santas Escrituras, impreso hacía poco tiempo en Basilea por Juan Frobenius. Toda su vida continuó aquella lectura con la más asidua aplicación; siempre llevaba consigo aquel pre cioso volumen a todas las asambleas públicas a las que era llamado. Despreciando los vanos sistemas de los escolásticos, se atenía a la simple palabra del Evangelio. Erasmo escribía en tonces a Ecolampadio: Tengo el concepto más alto y las esperanzas más grandes acerca de Melanchton: que Cristo haga solamente que nos sobreviva largo tiempo, y eclipsará totalmente a Erasmo… Sin embargo, Melanchton participa de los errores de su siglo. Me estremezco –dice en una edad avanzada de su vida- al pensar en el Culto que yo daba a las estatuas, cuando pertenecía aún al paganismo.

En 1518 fue nombrado catedrático de la Uni versidad de Wittemberg por recomendación de Reuchlin. Aquí se le oía con tanto gusto e interés que la concurrencia de sus discípulos aumentaba de día en día, y pronto llegó a ejercer tanta influencia en los ánimos que se le puede llamar el Reformador científico. Al punto le designó la fama como el preceptor germánico, el maestro de Alemania.

Cuatro días después de su llegada, el 22 de Agosto, pronunció el discurso de inauguración; toda la Universidad se hallaba reunida; el muchacho, como le llamaba Lutero, habló en un latín tan elegante y descubrió un entendimiento tan cultivado y un juicio tan sano que todos sus oyentes quedaron sorprendidos.

Terminado el discurso todos se apresuraron a felicitarle; pero nadie se alegró tanto como Lute ro, el cual comunicó a sus amigos los sentimientos que llenaban su corazón. Melanchton -escribió a Spalatin el 31 de Agosto- ha pronun­ciado, cuatro días después de su llegada una arenga tan sabia y bella, que todos le han oído con aprobación y sorpresa: pronto nos hemos desengañado de la idea que habíamos formado de él por su exterior; elogiamos y admiramos sus palabras y damos gracias al príncipe y a vos por el servicio que nos habéis prestado. No pido otro maestro de lengua griega; pero temo que su delicado cuerpo no pueda soportar nuestros alimentos, y que no le conservaremos mucho tiempo, a causa de lo módico de su sueldo. Sé que los habitantes de Leipzig se jactan ya que van a llevárselo a su seno. ¡Oh mi querido Spalatin! Guardaos de despreciar la edad y la perso na de este joven, el cual es digno de todo honor.

Melanchton se dedicó luego con mucho ardor a explicar a Homero, y la epístola de San Pablo a Tito. Haré todos mis esfuerzos -escribía a Spalatin- para merecer en Wittemberg la estimación de todos los que aman las letras y la virtud. Cuatro días después de la toma de posesión de su cátedra, Lutero escribía otra vez a Spalatin: Os recomiendo muy particularmente al muy sabio y muy amable helenista Felipe. Su auditorio es siempre numeroso; todos los teólogos principales vienen a oírle: inspira tal afición a la lengua griega, que todos, grandes y pequeños se dedican a aprenderla.

Melanchton sabía apreciar y corresponder al afecto de Lutero. Pronto descubrió en él una bondad de carácter, una fuerza de espíritu un valor y una sabiduría que no había encontrado hasta entonces en ningún hombre. Le veneró y le amó. Si hay alguno -decía- a quien yo ame desde lo más íntimo de mi corazón es a Martín Lutero.

Muy pronto le unió con Lutero una amistad estrecha. Melanchton reunía en sí tanto la profundidad como la elegancia del estilo, gran pureza de pensamientos y de conducta, la sencillez de un niño en su trato, y una piedad sincera y sin hipocresía; de manera que era estimado de todos. Sin mostrarse débil poseía mansedumbre, dulzura de carácter y deseo de reconciliar a los adversarios, cualidades que hicieron de él el ángel de paz de la Reforma, mientras Lutero era en aquellas grandes luchas el campeón siempre pronto a entrar en batalla. Esta mutua relación entre Lutero y Melanchton, en la cual el uno suplía las faltas del otro, Lutero dando a Melanchton la fuerza de su energía, y Melanchton a Lute ro la profundidad y el genio de su sabiduría y ciencia, es una de las cosas más dignas de notarse en aquel gran tiempo de la Reforma. Era una amistad sincera y noble, fundada en el amor común hacia el Altísimo, y en la común defensa de las más preciosas verdades y beneficios espi rituales. Nunca la menoscabaron pequeñeces, envidias o suspicacias; aunque no faltaba quien quería sembrar la enemistad entre ellos; antes bien, aquella amistad creció con el tiempo por el reconocimiento mutuo de sus talentos y por el noble entusiasmo que ambos sentían en favor de la misma causa. Por lo demás, la llegada de Melancbton causó una revolución, no sólo en Wittemberg, sino en toda la Alemania y entre todos los sabios. Desapareció la esterilidad que había producido la doctrina escolástica en la enseñanza y empezó un nuevo método de enseñar y estudiar.

Por otra parte, era muy importante que un hombre que conocía a fondo el griego enseñase en aquella Universidad, en la que los nuevos horizontes de la teología llamaban a maestros y discípulos a estudiar en la lengua original los documentos primitivos de la fe cristiana. Desde entonces se dedicó Lutero con celo a este trabajo. El sentido de tal o cual palabra griega que había ignorado hasta entonces, aclaraba al instante sus ideas teológicas. ¡Qué alivio y qué gozo no sintió, por ejemplo, cuando supo que el término griego “arrepentimiento”, que según la Iglesia romana designaba penitencia, expiación humana, significa propiamente una transformación o conversión del corazón!

Los dos sentidos diferentes, dados a dicha palabra, son precisamente los que caracterizan a las dos iglesias. La iglesia del Papa vincula la salvación en las obras de penitencia y mortificación como si Jesucristo no lo hubiese expiado todo en sí mismo sobre el madero: la iglesia evangélica, siguiendo a Cristo y a los apóstoles la pone en la conversión o cambio del corazón.

Cómo los debates de Leipzig no habían tenido un fin decisivo, continuó la lucha por medio de la pluma. Levantóse contra Lutero un verdadero torbellino de escritos. Pero tampoco faltaron amigos que le ayudasen, publicando multitud de artículos o folletos en que atacaban severamente la ignorancia y los vicios del clero. Hasta los nobles de Alemania le ofrecieron el apoyo de su espada; Silvestre de Schaumburgo, caballero piadoso y Francisco de Sickringen, la flor y nata de la nobleza Alemana, le ofrecieron sus castillos como lugares de refugio, y pusieron a su disposición sus servicios, sus bienes, sus personas, y todo cuanto poseían. Ulrico de Hutten escribía: ¡Despierta, noble libertad! Y si acaso surgiese un impedimento cualquiera en estas cosas que ahora tratáis con tanta seriedad y ánimo tan piadoso, por lo que veo y oigo, por cierto que lo sentiría. En todas ellas os prestaré gustoso mi concurso, cualquiera que sea el éxito os ayudaré fielmente y con todo mi poder; ya podéis revelarme sin miedo alguno todos vuestros propósitos y confiarme toda vuestra alma. Con la ayuda de Dios queremos proteger y conservar nuestra libertad, y salvar confiadamente nuestra patria de todas las vejaciones que hasta ahora la han oprimido y molestado. Ya veréis cómo Dios nos ayuda.

Lutero se gozaba con tales pruebas de afecto; sin embargo, el áncora de su esperanza no descansaba en la espada, sino en la roca eterna del amor de Dios. Yo no quiero -decía-que recurran a las armas ni a la matanza para defender el Evangelio. Por la palabra fue vencido el mundo; por la palabra se ha salvado la iglesia, y por la palabra deberá ser reformada. Yo no desecho tales ofertas; síu embargo, no quiero otro protector sino a Cristo. En una carta que en aquel tiempo escribió a Spalatin dice: Si el Evangelio fuese de tal carácter que hubiera de ser preservado por los poderosos del mundo, entonces Dios no lo hubiera confiado a pescadores. No es cosa que atañe a los príncipes el proteger la Palabra de Dios. Ya habéis visto lo que Hutten desea. Pero yo no quisiera que el Evangelio fuese defendido a viva fuerza y con derramamiento de sangre, y en este sentido le he contestado. ¡Ojalá que así hubieran hablado también los papas, en lugar de derramar a torrentes la sangre de los Waldenses y Albigenses, y de quemar a Juan Huss en la hoguera!

En esta disposición de ánimo escribió Lutero aquella famosa carta, tan enérgica como atrevida, Manifiesto a Su Majestad Imperial y a la nobleza cristiana de Alemania sobre la reforma del cristianismo. En este librito no lucha ya solamente contra los abusos del poder papal, sino contra el mismo papado. Exhorta a la nación a librarse de las cadenas de Roma, a quitar al Papa la influencia que hasta entonces ejerciera sobre la iglesia alemana, privarle de las enormes sumas que sacaba de este país, conceder otra vez a los sacerdotes la libertad de casarse, reformar los conventos y suprimir los de las órdenes mendican tes. Con el dolor de un corazón cristiano, y con el justo enojo de un corazón alemán, emplaza al Papa y le acusa de que con sus indulgencias había enseñado a ser perjura e infiel a una nación fiel y noble.

No es por temeridad -dice- por lo que yo, hombre del pueblo, me determino a hablar a vuestras señorías. La miseria y la opresión que abaten actualmente todos los Estados de la Cristiandad, y en particular a la Alemania, me arrancan un grito de dolor. Es necesario que yo pida socorro. Dios nos ha dado por jefe a un príncipe joven generoso, el emperador Carlos V, y ha llenado así de grandes esperanzas nuestros corazones. Mas nosotros debemos hacer de nuestra parte todo lo que podamos.

Los romanos se han encerrado dentro de tres murallas para resguardarse de toda reforma. Si el poder temporal los ataca, dicen que ningún derecho tiene sobre ellos, y que el poder espiritual es superior al temporal. Si se les quiere convencer con la Santa Escritura, responden que nadie puede interpretarla sino el Papa. Si se les amenaza con un concilio, contestan que nadie puede convocarlo sino el Soberano Pontífice.

Mas ahora que Dios nos ayude y nos dé una de aquellas trompetas que derribaron los muros de Jericó: derribemos con nuestro soplo las murallas de paja y de papel que los romanos han construido en derredor suyo.

Se dice -continúa Lutero- que el Papa, los obispos, los presbíteros y cuantos habitan en los conventos forman el estado espiritual o eclesiástico, y que los príncipes, nobles, ciudadanos y plebeyos forman el estado seglar o laico. Esta es una bonita invención; sin embargo nadie se asuste por ella. Todos los cristianos forman el estado espiritual, y entre ellos no hay otra diferencia sino la de las funciones que desempeñan. Todos tenemos un mismo bautismo, una sola fe, y esto es lo que constituye al hombre espiritual. La tonsura, la ordenación y la consagración que dan los obispos o el Papa, pueden hacer un hipócrita, pero jamás un hombre espiritual. Todos a la vez somos consagrados sacerdotes por el bautismo, como lo dice San Pedro: Sois sacerdotes y reyes. No está conferido a todos, el poder de ejercer tales cargos pues ninguno puede apropiarse lo que es común a todos sin el beneplácito de la comunidad. Mas si la consagración de Dios no estuviese en nosotros, la unción del Papa no seria válida para ordenar un presbítero.

De ahí se sigue que entre los laicos y sacerdotes príncipes y obispos, o, como dicen, eclesiásticos y seglares, nada hay que los distinga, excepto sus funciones. Todos tienen una misma profesión, pero no todos tienen una misma obra que hacer.

Siendo esto así, ¿por qué el magistrado ha de dejar de corregir al clero? El poder secular ha sido establecido por Dios para castigar a los ma los y proteger a los buenos. Es preciso dejarle obrar en toda la cristiandad, sea el que fuere aquel sobre quien caiga: Papa, obispos, presbíteros, frailes, monjas, etc. San Pablo dice a todos los cristianos: Toda alma esté sumisa (por consiguiente, el Papa también) a las potestades superiores; porque no en vano llevan la espada., (Rom. 13,1-4.)

Lutero, después de haber derribado asimismo las otras dos murallas, pasa en revista todos los abusos de Roma.

Principia por el Papa. Es una cosa horrible -dice- contemplar al que se nombra vicario de Jesucristo, con una magnificencia superior a la de los emperadores. ¿Es esto parecerse al pobre Jesús o al humilde San Pedro? ¡El es -dicen- el Señor del mundo!. Mas Cristo, del que se jacta ser vicario, dijo: Mi reino no es de este mundo. El reino de un vicario, ¿se ha de extender más allá que el de su Señor? ¿No es ridículo que el Papa pretenda ser heredero legitimo del imperio? ¿Quién se lo dio? ¿Fue Jesucristo cuando dijo: Los reyes de las naciones se enriquecen, mas no vosotros? (Lucas 22, 25-26.).

Pasa luego a pintar los efectos de la domina ción papal. ¿Sabéis de qué sirven los cardenales? Voy a decíroslo: la Italia y la Alemania tienen muchos conventos y curatos ricamente dotados. ¿Cómo trasladar estas riquezas a Roma? ¡Se han creado cardenales, se les han dado estos claustros y estas prelacías; y actualmente la Italia está casi desierta; los conventos están des truidos; los obispados, devastados, las villas decaídas; los habitantes, corrompidos; el Culto está expirando y la predicación abolida! ¿Por qué? Porque es menester que todos los bienes de las iglesias vayan a Roma, ¡Jamás el turco mismo hubiera arruinado así a la Italia! Ahora que han chupado así la sangre de su pueblo, pasan al nuestro; principian poco a poco: pero, ¡cuidado con ellos!, pronto se encontrará Alemania en el mismo estado que Italia. ¿Cómo es posible que nosotros, alemanes, suframos tales latrocinios y exacciones del Papa? ¡Ah, si a lo menos no nos despojasen sino de nuestros bienes! Pero devastan las iglesias, trasquilan los corderos de Cristo; están aboliendo el culto y borrando la palabra de Dios.

¿No se podrá decir hoy día otro tanto de nuestra España? Lutero se ocupa a continuación del matrimo nio del clero. Es la primera vez que trata este asunto. ¡En qué estado ha caído el clero, y cuántos sacerdotes se ven cargados de mujeres, de hijos, de pesares sin que nadie se compadezca de ellos! Que el Papa y los obispos dejen correr lo que corre, y perderse lo que se pierde, en hora buena; mas yo quiero salvar mi conciencia, quiero abrir libremente la boca, aunque se escandalicen luego Papa, obispos y quienquiera. Yo digo, pues, que conforme a la institución de Jesucristo y de los apóstoles, cada pueblo debe tener un párroco u obispo, y que este ministro pueda tener legítimamente una mujer, como Pablo lo escribe a Timoteo: Que el obispo sea marido de una sola mujer (1ª. Timoteo 3, 2); como se practica aún en la iglesia griega. Mas el diablo ha inducido al Papa, como lo dice San Pablo en 1ª. Tim. 4, 1-3, a prohibir el matrimonio al clero. Y de ahí han dimanado tales y tantas miserias que es imposi ble enumerarlas.

Ningún orador habló jamás así a la nobleza del imperio, ni al mismo emperador y al Papa. En verdad, esta carta era una exhortación a los más nobles del pueblo, para romper las cadenas que los sujetaban a Roma. Sacó a luz todas las vejaciones e iniquidades que los buenos ale manes habían sufrido ya desde siglos anteriores por aquellas sanguijuelas romanas, y demostró cómo el clero en Roma hacia mofa 4e su paciencia. Con elocuencia poderosa apelaba al sentimiento nacional, y decidió el desenvolvimiento de la reforma.

Dirigida esta exhortación a la nobleza germánica pronto se esparció por todo el imperio. Los amigos de Lutero temblaban; Staupitz y los que querían seguir las vías de la dulzura encontraron el golpe demasiado fuerte. En nuestros días -respondió Lutero-, todo lo que se trata con lentitud cae en el olvido y nadie le hace caso. Al mismo tiempo mostraba una simplicidad y una humildad admirables en cuanto a su persona. Yo no sé qué decir de mi -escribía-; quizá soy el precursor de Felipe (Melanchton); le preparo, como Elías, el camino en fuerza y espíritu.

No era necesario esperar a otro; el que había de aparecer, ya estaba presente La exhortación a la nobleza germánica salió a luz el 26 de Junio de 1520; en poco tiempo se vendieron 4.000 ejemplares, número extraordinario para aquel siglo. La fuerza, la claridad, y el noble atrevímiento que campeaban en ella, la hicieron un escrito verdaderamente popular.

En los palacios y en los castillos, en las moradas de los ciudadanos y en las cabañas, están ya todos dispuestos y armados contra la sentencia de condenación que Roma va a descargar sobre este profeta del pueblo.

Inmediatamente después, Lutero, con prodigiosa actividad, lanzó un escrito tras otro, como nuevos mensajeros henchidos de entusiasmo. En el libro De la cautividad babilónica demuestra que la institución del papado es obra del diablo para quitar de la vista del pobre cristiano todas las verdades del puro Evangelio. En dicho libro dice primeramente que debía negar la existencia de los siete sacramentos, porque no había más que tres: el bautismo, el arrepentimiento y la santa cena. (Cuando después comprendió mejor la enseñanza de Cristo sobre este punto, reconoció el arrepentimiento como condición de la fe salvadora, pero no como sacramento.)

Estos sacramentos -añade- han sido encerrados por decirlo así, en una prisión miserable por la corte romana, que ha robado a la Iglesia todas sus libertades.

Hablando de la Cena del Seño, enumera tres modificaciones esenciales dc este sacramento, es decir: 1º. Que la iglesia romana había privado del cáliz a los legos. 2º. Que enseña la doctrina de la transubstanciación (Conversión del pan y vino en carne y sangre de Cristo). 3º. Que obliga a todos a creer que la misa es una buena obra v un sacrificio. Para llegar al sacramento puro y verdadero, debían ante todo quitarse las fórmulas que los hombres habían añadido a la primitiva y sencilla institución de este sacramento.

En el del bautismo está conforme con la forma en que lo administra la Iglesia romana; pero lamenta, con razón, que el poder y la gloria de este sacramento fuesen por ella tan poco respetados.

Del arrepentimiento dice que la avaricia de los pastores había abusado de él de una manera terrible contra las ovejas de Cristo. En lugar de la promesa y la fe, habían puesto tres cosas: el arrepentimiento, la confesión y la satisfacción. Se había hecho un mérito del arrepentimiento, en vez de considerarlo como una conversión del alma, y los más atrevidos hasta habían inventado un medio arrepentimiento o atrición. La confesión que era útil y necesaria, se había convertido en una tiranía y una fuente de provecho para los papas; y la satisfacción era explicada y enseñada de tal manera, que no podía el pueblo entender lo que constituía la verdadera satisfacción, que no es otra cosa que la renovación de la vida por la fe.

Sobre la confirmación expone que no puede probarse que Cristo la haya instituido, aunque puso las manos sobre muchos: es una invención de la Iglesia que nunca puede ser considerada como sacramento.

El matrimonio -continúa diciendo- se considera también como sacramento, pero sin apoyo alguno en la Sagrada Escritura; y no se recibe gracia de Dios por él. Tampoco Dios lo ha instituido con el objeto de que tuviese mérito ante sus ojos como obra buena. Ni puede llamarse sacramento del Nuevo Testamento, porque existía ya desde el principio del mundo, y también entre los infieles. Demuestra que el pasaje en Efesios 5, 32: Este misterio es grande; mas yodigo esto con respecto a Cristo y a la Iglesia,  se había aducido solamente por los que ignoraban el griego; porque en él se habla del matrimonio como una figura o parábola de Cristo y de la Iglesia, y no como un sacramento.

Sobre la consagración de los sacerdotes expone asimismo que no es sacramento, sino una institución eclesiástica; la Iglesia, empero, no tienen poder de ordenar nuevas promesas de la gracia divina. De aquí ha provenido la abominable tiranía de los individuos del clero, que se han considerado mejores que sus hermanos por causa de la unción papal. Los pastores se han convertido en lobos; los siervos, en esclavos, y los clérigos, en hombres mundanos.

Contra el sacramento de la extremaunción, que se pretende probar por la epístola de Santiago, capitulo 5, versículos 14 y 15, dice con razón que no es facultad de los apóstoles instituir un sacramento; este es privilegio de Cristo, y en los Evangelios no se lee nada de tal sacramento. Pero aun este texto que habían aducido no se refería en modo alguno a una última un ción de los moribundos, sino todo lo contrarío, a la curación de enfermos por medio de la oración.

Como suplemento de este libro de polémica sirve el discurso Sobre las buenas obras, donde el Reformador expone con vigor la doctrina de la justificación por la fe. La primera, la más noble, la más sublime de todas las obras -dice- es la fe en Jesucristo. De esta obra deben pro ceder todas las obras: todas ellas son súbditas de la fe, y de ella sola reciben su eficacia.

Si un hombre tiene en su corazón la certi dumbre de que lo que hace es grato a Dios, la obra es buena, aunque no consistiere sino en levantar una paja del suelo; mas si no tiene esa certidumbre, su obra no es buena, aunque resu­citase a los muertos. Un pagano, un judío, un turco, un pecador puede hacer todas las demás obras; pero confiarse firmemente en Dios y tener la certidumbre de que uno le es agradable, es lo que sólo el verdadero cristiano puede hacer.

En consecuencia, yo he ensalzado siempre la fe; pero en el mundo sucede de otra manera. Predicar la fe -dicen- es impedir las buenas obras. Mas si yo digo a un enfermo: Posee la salud y gozarás de tus miembros, ¿se dirá que le privo del uso de sus miembros? ¿No debe pre ceder la salud al trabajo? Esto es lo mismo que cuando predicamos la fe: ella debe preceder a las obras, a fin de que las mismas obras puedan subsistir.

¿Dónde hallaremos esta fe -diréis- y cómo podremos recibirla? En efecto; esto es lo que más importa conocer. La fe viene únicamente de Je sucristo, es prometida y dada gratuitamente.

¡Oh hombre! Represéntate a Cristo y considera cómo Dios te muestra en El su misericordia sin ningún mérito de tu parte. Saca de esta imagen de su gracia la fe y la certidumbre de que todos tus pecados te están perdonados: esto no lo pueden producir las obras. De la sangre, de las llagas, de la misma muerte de Cristo es de donde mana esa fe que brota en el corazón.

Melanchton, al enviar este discurso a uno de sus amigos, lo acompañaba con estas palabras: No hay ningún escritor griego ni latino que se haya aproximado más al espíritu de San Pablo que Lutero.

Una vez más fue Lutero impulsado y persua dido por Miltitz a tender la mano para una reconciliación. Como base para ella escribió su Sermón de la libertad del hombre cristiano, y lo envió al Papa León X. Este excelente librito daba en breves palabras una explicación de la doctrina cristiana, según la Sagrada Escritura. En su carta al Papa le exhortaba con mansedumbre, pero también con firmeza a que evitase las últimas consecuencias de aquellas controversias, reformando la atmósfera pestilente que en su corte le rodeaba. El Papa no se enojó por esto; se regocijó de los brillantes talentos de Martín, y creía que todo ello no era más que disputas de frailes.

Anteriores Entradas antiguas