Sermón del monte II. Marxismo vs Cristianismo


Sermon del monte II. Marxismo vs Cristianismo

“El único poder sale de la boca del fusil (Mao)” [0]

Más cuesta mantener el equilibrio de la libertad que soportar el peso de la tiranía.”(Simón Bolívar)

Que pensamientos tan opuestos,no es cierto, con apenas algo menos de dos siglos de diferencia.!!!

La pregunta que uno se hace es cual es la razón por la cual el marxismo se opone al cristianismo? ¿Qué fin perseguían en su lucha contra el idealismo en general y contra el cristianismo en particular?

Josif Ton comenta que tanto como “Marx, Lenin y Stalin estaban profundamente interesados en la religión en su juventud. La estudiaban seriamente y escribían al respecto positivamente.” [1]

¿Qué hizo que estos hombres se volvieran contra la religión y hallaran necesario luchar por destruirla y expulsarla de la mente y la vida de la gente?

Una de las posibles razones, cita Josif Ton, trata de explicar la aversión de los marxistas-leninistas por la religión en “términos de ciertas experiencias traumáticas que habían tenido con la iglesia y con el cristianismo en general:

a. Marx sufrió al lado de su padre, un judío que se convirtió al cristianismo con miras a lograr una promoción en la maquinaria administrativa de la Alemania antisemítica.

b.Lenin, sufrió el choque de la pequeñez de la iglesia en ocasión de la ejecución de su hermano.
“Lenin pasó por dos tragedias en su juventud: en 1886, su padre murió de una hemorragia cerebral. Al año siguiente, en mayo de 1887, su hermano mayor, Aleksandr Uliánov, fue detenido y fusilado. Aleksandr Kérenski escribió que «la ejecución de un hermano como Aleksandr Uliánov hubiera tenido necesariamente un efecto demoledor y destructivo sobre cualquier mente normal». Sin embargo, según el historiador Robert K. Massie, el efecto que tuvo la muerte de su hermano es un tema discutible. [2]

c. Stalin sufrió una desilusión un seminario teológico de Tbilisi, donde estaba estudiando. en 1894 ingresó en el seminario teológico de Tbilisi, pero su adhesión a la ideología marxista motivó su expulsión en 1899.

Estas experiencias traumáticas los convirtieron en enemigos de la religión en general.” [3]

Pero es inadecuado atribuir un vasto fenómeno social a las infortunadas experiencias de un puñado de personas, aunque éstas hayan sido los creadores del marxismo-leninismo.

Josif Ton comenta que “una idea no puede echar raíces y convertirse en un fenómeno de masas a menos que encuentre condicioné políticas y sociales favorables” [4]

Sin duda hubo condiciones políticas y sociales especiales que determinaron este curso de acción. Fueren cuales fueren las experiencias personales de Marx y Lenin, éstas deben haberse limitado a lo personal. Normalmente no se hubieran transformado en un movimiento de masas.

“Marx pasó la mayor parte de su vida en Inglaterra, donde en ese entonces casi el 65 % de la población asistía a la iglesia todos los domingos. La mayoría de la población estaba conformada por cristianos practicantes, un alto porcentaje de los cuales eran de la clase obrera. En Inglaterra, Marx descubrió el mecanismo de los explotadores capitalistas y percibió el modelo de revolución que pondría fin a la explotación. Para él la revolución proletaria tenía que realizarse en el país que en ese entonces había alcanzado el mayor desarrollo industrial y el proletariado más numeroso. En este punto la proyectada revolución se estrelló contra la concepción religiosa del mundo. Cuando la clase obrera cree en la vida mejor en el cielo y confía en un Dios que mitiga la violencia, no puede haber revolución. El que cree en una vida más allá de la tumba no se arriesgará a perder la eternidad aventurándose en esta guerra por la felicidad en esta vida efímera, especialmente si la victoria es incierta. El que cree que Dios castiga al homicida, jamás levantará la mano contra el explotador: dejará la venganza y la liberación de su miseria en manos de Dios, sea que éstas se hagan efectivas ahora o en la eternidad. Para los creadores del marxismo-leninismo la religión era un obstáculo en el camino de la revolución y esto llevó a los maestros marxistas a luchar contra el idealismo en general y el cristianismo en particular.
El problema principal era que para persuadir a un hombre a empuñar las armas en protesta contra «el sistema cruel e injusto», era necesario que aquél llegara a dos estados psicológicos.
1. En primer lugar tenía que convertirse en un hombre desesperado, un hombre sin esperanza en una vida de ultratumba, para quien la vida presente se constituyera en la única oportunidad.
2. En segundo lugar tenía que convertirse en un hombre inescrupuloso que no creyera en un Dios que pudiera castigarlo (o recompensarlo) y que, consecuentemente, no tuviera problemas de conciencia al encarar la posibilidad dé usar la violencia armada contra quienes detentaban el poder material.
Los marxistas-leninistas creían que sólo el ateísmo podría producir tal hombre.En general, estaban convencidos de que cierta ideología produciría en el hombre un carácter determinado, y esta convicción fundamental y de vital importancia sería significativa para el futuro del socialismo.
Entendían que la ideología atea inevitablemente produciría un hombre desesperado e inescrupuloso, capaz de llevar a cabo una revolución sangrienta. La realización de la revolución demandaba la formulación mecánica de ese carácter y esto fue lo quo condujo a los maestros marxistas a lanzar su ataque contra la religión, adoctrinando a la clase obrera con una ideología atea, acción que ellos denominaban «la preparación ideológica para la revolución». Claramente, la simple experiencia traumática con la religión por parte de algunos individuos no produjo un fenómeno de proporciones masivas. El nuevo descubrimiento por parte de Marx, Engels y Lenin de que la Biblia no era la verdad no los hubiera hecho luchar por su derrota, desperdiciando el precioso tiempo revolucionario en una discusión que para ellos era meramente académica. Su vivo y sincero deseo de librar a las masas obreras de la explotación fue lo que los movió a la acción. La necesidad de una formulación mecánica de una clase especial de hombre revolucionario hizo que atacaran a la fe cristiana, sin importarles la verdad o falsedad del cristianismo.
Los maestros marxista-leninistas no esperaban que el desesperado e inescrupuloso hombre que iba a llevar a cabo la revolución fuese un ingrediente esencial de la sociedad comunista establecida por medio de la revolución. Al contrario, en relación a esa sociedad introdujeron un nuevo concepto: el del «nuevo hombre».
El «nuevo hombre» tiene dos atributos principales. En primer término, ese hombre en el socialismo no debe estar alienado de los medios de producción. Todos los medios de producción serán de propiedad común. Por lo tanto, el hombre dedicará todas sus energías, espontáneamente, al proceso de producir bienes materiales para toda la sociedad, y así se realizará en el proceso creativo. En segundo término, ese hombre, liberado de la corrupción gracias a la fortaleza del sistema socialista, administrará los bienes honradamente y los distribuirá generosamente, tomando para sí únicamente lo que necesite, a fin de que quede suficiente para los demás. Será un hombre que pondrá todas sus capacidades a disposición de otros, un verdadero altruista. Este era un sueño que los maestros marxista-leninistas tenían en relación al «nuevo hombre» socialista, sin el cual, como lo demostraron claramente, el comunismo no podría realizarse. Estaban convencidos de que ese cambio radical y esencial del hombre sucedería automáticamente con el cambio del sistema económico, social y político.
Hoy en día, muchos años después de la revolución, es obvio que el carácter del hombre socialista no ha cambiado. Sigue siendo lo que era en la sociedad capitalista: egoista,lleno de vicios, vacio de justicia. [5]

Gustavo Gutiérrez, sacerdote peruano, escribió en 1971 un libro titulado Una teología de la Liberación, obra de mucha influencia.
“Aun cuando hace un profuso uso de los documentos del Concilio Vaticano 11, el mencionado sacerdote analiza toda la situación con una óptica marxista. Como afirma claramente en el citado libro, él se muestra de acuerdo con la afirmación de Sartre que dice: “El marxismo, en cuanto marco formal de todo el pensamiento contemporáneo, no puede ser superado.”. Se denuncia, por tanto, al capitalismo, y se contempla esta lucha como una lucha de clases en la que la revolución es inevitable. La iglesia ya ha pensado bastante. ¡Es la hora de la acción! Esa acción debe orientarse a conseguir la libertad, pues el concepto clave del cristianismo es la libertad. Y esa libertad significa especialmente verse libres de la opresión económica social y política.
Según deja claro el libro de Gutiérrez, la misión de la iglesia consistente en propagar el evangelio de Jesucristo no es necesaria, porque la salvación es universal. Todo el mundo es salvo y toda criatura es templo de Dios. La iglesia no debe, en consecuencia, apoyar la expansión del evangelio en ese sentido, sino que debe dar ejemplo liberando a los hombres de los males de esta época. La iglesia debe hacer ver a los hombres que están oprimidos, a fin de que ellos busquen y obtengan su liberación. Para llevar a cabo esta tarea la iglesia debe comprometerse de un modo concreto. “La iglesia debe politizar al evangelizador”, escribe Gutiérrez. Puesto que el evangelio es el mensaje de amor total, tiene una ineludible dimensión política. El Señor Jesucristo debe, por tanto, contemplarse como una figura política a quien Pilatos mató por tratarse de un cabecilla de los zelotes, puesto que en realidad Jesús también pretendía la liberación de los judios. El éxodo de Egipto fue un acontecimiento político, y el grito de iDeja marchar a mi pueblo! es el grito de liberación de todos los tiempos. Gutierrez y los demás escritores de este movimiento se expresan en esos términos.” [6]

Es que además, según el pensamiento de estos ideólogos,”la subversión, en consecuencia, es buena -afirman estos ideólogos. No importa si se llega a desafiar al gobierno al estimular la conciencia de los distintos grupos con el propósito de conducirlos a su conversión a las ideas de la liberación. Después de todo, ¿no fue Moisés un rebelde al incitar a Israel a salir de Egipto?
Dado que la erosión de la sociedad y del gobierno está justificada, la violencia es necesaria, porque el hombre debe librarse de los males de este mundo. Poco importa si ese gobierno es o no constitucionalmente legal.
No es difícil imaginar cuál es la influencia potencial de ese mensaje de liberación tal y como lo están proclamando un creciente número de sacerdotes a la masa latinoamericana. He ahí un evangelio práctico al cual deben convertirse los pobres y destituidos, y por el cual deben estar dispuestos a empuñar las armas.
Está claro que este “evangelio” es completamente humano y horizontal (de este mundo, sin dimensión vertical hacia el Dios de cielo y tierra) en su salvación (liberación) del pecado (capitalismo, pobreza, desigualdad) yasí deja a Dios fuera de la cuestión. Es más, la secularización se introduce bajo el disfraz de la teología. El resultado ha de ser un mundo sin Dios. La teología de la liberación se percata de esto, pero en un mundo sin Dios el hombre será verdaderamente libre y todo estará bajo su dominio. ” [7]

“La llegada de la revolución industrial trajo consigo la aparición de dos grupos sociales antagónicos: propietarios o capitalistas y productores o proletarios. Asimismo, la revolución industrial afianzó al sistema capitalista , en el cual la clase dominante, los propietarios, se enriquecen, mientras que la clase sometida, el proletario, se empobrece. Ante esta situación surgen distintas posturas criticas, como el socialismo utópico, pero ésta no sobrepasó los márgenes de la teoría. Frente a esta concepción surge la figura de Carlos Marx, que, aun aceptando muchos de los presupuestos del socialismo utópico, no considera que sea efectivo a la hora de la acción y, que además, excluye al proletariado de todo protagonismo revolucionario. Frente a este socialismo utópico Marx propone un socialismo científico tomando como base el anterior y llevando a cabo una crítica del idealismo hegeliano.
Marx observa que en el sistema capitalista se producen toda una serie de contradicciones sociales que están dirigidas a la explotación de la clase trabajadora . En su obra el capital Marx analiza el origen y desarrollo del régimen capitalista, en donde entre los complejos conceptos de esta ciencia el hombre queda reducido , alienado y mediatizado en el proceso productivo que se le superpone. El marxismo será por tanto la reacción a este modelo social injusto en el cual el valor del hombre se reduce a su valor en la dinámica social. ” [8]

Después que Mao fue testigo del fracaso de anteriores revoluciones — la democracia liberal’ de Sun Yatsen y la ‘revolución occidental’ de Chiang Kai-shek — llegó a la conclusión de que un cambio democrático en China estaba predestinado al fracaso, y que únicamente una revolución ideológica como el marxismo podía romper las cadenas de la sociedad y del pensamiento humano. Este último elemento, el pensamiento humano, no procede del marxismo, sino del Confucianismo, y precisamente por este elemento el pensamiento de Mao obtuvo su propio y típico estilo o carácter.
Marx enseñaba: Utopía producirá el Hombre Nuevo. Mao enseña: El Hombre Nuevo producirá la Utopía.
Uno de los puntos capitales del Marxismo es la dialéctica aplicada. Ésta proviene de los filósofos alemanes Hegel y Kant, y la doy como conocida de los lectores.
Ahora bien, de hecho el Marxismo ha aplicado bien la dialéctica, en una ocasión y no más, y precisamente esto es la razón de por qué la revolución rusa ha encallado:
— no ha podido estimular por más tiempo a las masas, por lo que muy pronto se hubo de recurrir al terror externo. Esto está totalmente en contra del concepto de Mao acerca de la evolución, como se verá después en el punto 3.
— ha traído consigo u originado revisionistas o incrédulos, y ha provisto de mártires por una causa opuesta’, por lo que se le ha hecho un gran daño al fuego revolucionario.
Para resolver ahora este problema, Mao descubrió que la revolución debe ser permanente y además tiene que ser alimentada desde dentro:
— cada cinco años debe darse un nuevo curso u orientación:
la dialéctica es preciso que nunca cierre la boca;
— nunca jamás debe permitirse que el pueblo crea que ya está’, pues entonces surgiría nuevamente una élite.
El mayor ejemplo de tal revolución dentro de una revolución es, naturalmente, la revolución Cultural, que duró de 1966 a 1968 y significó un vuelco cultural fantástico para todo el país. Uno de los mejores ejemplos de cómo Mao usó la dialéctica es su ensayo Sobre las antítesis (1957), en el que hace distinción entre antítesis dentro del pueblo o la clase, y antítesis entre pueblos y clases recíprocamente. En esto se explica cómo las antítesis no deben ser vistas como un obstáculo para el progreso, sino como el motor para el progreso, porque ellas están en disposición y son capaces de romper los intereses establecidos. Fortalezas de estabilización y tradición, que parecen demasiado fuertes para ser asaltadas, pueden ser vencidas y
eliminadas por el uso de antítesis. Una vez que captas esto, confiesas con Mao:
— todo fue hecho por la dialéctica, y sin la dialéctica ninguna cosa se hizo de las que fueron hechas’.
Dialéctica entre las clases sociales, y dialéctica dentro de las mismas, si es que puedes tratar con ellas, pues entonces verdaderamente nada es ya imposible, — como más adelante veremos.
Mucho habría ayudado a los americanos y sus aliados, si durante los últimos 20 años se hubiesen realizado cuán poderoso potencial ha alcanzado Mao en dialéctica aplicada, en guerrillas, en estrategia de guerra psicológica, en guerras de liberación, en polémica internacional en política mundial! [9]

Visionaremos el esquema marxista en cinco núcleos. [10]
NÚCLEO 1

En palabras del propio Marx, “la base de todo el orden social es la producción de bienes materiales “. El materialismo histórico de Marx , que aparece sintetizado en esta frase, gira en torno a dos ideas fundamentales:
1-Las relaciones de cada hombre con la naturaleza y con los otros hombres son de tipo material o económico.
2-Son éstas relaciones las que generan la ideología y la estructura jurídico-política del estado.
Este materialismo histórico se opone al idealismo de Hegel al reducir toda la historia de la humanidad a relaciones económicas.
NÚCLEO 2

La concepción de la historia en términos materiales constituye para Marx una teoría científica. La realidad es humana y social, formando un conjunto que impide cualquier separación de elementos. Sobre esta base Marx observa que la historia puede ser entendida por las claves que generan en determinados periodos, sin que esto implique causalidad o determinismo teleológico.
La sociedad vista desde los distintos modos de producción aparece:
-Como sociedad primitiva, con modos colectivos y propiedad común.
-Como sociedad esclavista, donde ya aparecen las relaciones de dominio y sometimiento.
-Como sociedad feudal, donde las relaciones de dominio continúan bajo una apariencia distinta.
-Como sociedad burguesa (contemporánea a Marx) o sociedad capitalista, donde igualmente han cambiado las relaciones pero se mantiene el esquema anterior, ya que pese al logro de los derechos del hombre se mantiene el sometimiento de un hombre a otro. Mientras el capitalista es propietario de las materias primas y los medios de producción el proletario solo posee su fuerza de trabajo.
Por tanto de aquí sacamos que es el sistema de producción de un determinado momento quien condiciona toda la historia humana, y que el esquema sometedor/sometido subyace a los distintos cambios.
Sobre esta base Marx diseñará lo que va a ser la nueva sociedad.

NÚCLEO 3
La contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción es el motor de la historia humana. Esta contradicción da lugar a dos cosas:
1-Al enclaustramiento de los hombres en virtud de la posición ocupada en el proceso productivo: capitalistas y proletarios.
2-Lucha de clases habida cuenta de su antagonismo.
La economía actúa de elemento estructural frente a una superestructura de valores alienantes añadidos. En términos dialécticos para Marx la afirmación o tesis estaría representada por los capitalistas, los poseedores de bienes y la negación o antítesis por los proletarios, desposeídos y débiles. Y como dialéctica significa supresión de uno de los contrarios, corresponde al proletario suprimir a la clase capitalista, dando lugar a una nueva sociedad regida por intereses comunes y no privados.
La lucha se ha convertido en mediación necesaria del progreso histórico.
NÚCLEO 4

La lucha dialéctica de clases que desemboca en la revolución del proletariado contra el capitalista. El fundamento de la revolución es intentar suprimir la causa que genera la ancestral opresión del hombre sobre el hombre y alcanzar así una sociedad sin clases. Esto se consigue aboliendo la propiedad privada, algo nunca pretendido por las revoluciones burguesas.
El proletariado se convierte por tanto en protagonista de la historia y devolver así al hombre aquella vieja armonía primitiva dislocada paulatinamente en la historia y definida por el capitalismo.
La revolución será un proceso que requerirá de distintas fases. Distinguimos tres:
Etapa democrática: La toma del poder político da lugar a una dictadura del proletariado que tendrá que obligar a la burguesía a ceder sus privilegios económicos y políticos.
Etapa socialista: El estado democrático a la vez que potencia el desarrollo de los medios de producción y fomenta la riqueza social va a abolir las clases sociales.
Etapa comunista: Meta final del proceso revolucionario. Abolida la propiedad privada y las clases sociales el estado pierde sentido y se extingue.
Proceso Revolucionario: político –económico –social. Forma una unicidad con tres momentos interconexionados.

NÚCLEO 5
La sociedad capitalista es esencialmente mala y en ella ninguna de las clases de hombres que la integran se realizan. La revolución pone fin a la sociedad capitalista y genera la sociedad socialista.
Según Marx el trabajo es esencial para el hombre, y de él depende su autodesarrollo y autoperfeccionamiento. En el trabajo confluyen hombre y naturaleza, el hombre se crea a sí mismo y transforma la naturaleza.
En el trabajo debe existir la separación productor – producto pero ambos deben reconciliarse después, el producto debe volver al trabajador y esto no ocurre en el capitalismo, en donde el trabajador queda reducido a mercancía de su propio producto.
En la sociedad comunista el hombre trabaja y a la vez percibe el fruto de su trabajo. Las relaciones personales y la cooperación serán quienes vertebren la nueva comunidad donde rige la libertad, la igualdad y la fraternidad.
Por tanto se cierra aquí el círculo donde el hombre vuelve a sus orígenes, a la humanidad en su estado puro.

Como puede verse, estamos frente a una doctrina diabólica.

“14 porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.15 Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.16 Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?” Mateo 7:14-16

Antes que los teologos de la liberacion, prefiero a Luter King. Martin Luther King supo juntar en su vida y su testimonio cristiano y humano dos cualidades: la de ser un soñador y, a la vez, un líder religioso que vivió con los pies afincados en la tierra. Tenía un sueño —y así lo expresó en su memorable discurso— el de ver un mundo diferente lleno de igualdad social, económica, política, religiosa, racial; un mundo sin exclusiones, sin guerras y sufrimientos.

Creía en la completa libertad de los seres humanos. Pero fue muy claro cuando desde la cárcel en Birmingham en el año 1963 en una de sus cartas escribió: “la libertad nunca es dada voluntariamente por quienes nos oprimen, la misma tiene que ser demandada por quienes están siendo oprimidos”.

Orar por la libertad no fue para el pastor bautista norteamericano un asunto de Dios, fue una seria responsabilidad cotidiana. Sobre este tema fue muchísimo más lejos cuando al reflexionar sobre el fenómeno social de la libertad rechazó y desmanteló las concepciones teológicas que acotan en la inercia y el fatalismo las acciones a las que está llamada la gente pobre, oprimida y excluida del mundo, y concretamente, de su país: los Estados Unidos. Por esa razón en su libro, /Where Do We Go From Here?/, dice enfáticamente: “la libertad no se gana a través de aceptar pasivamente el sufrimiento. La libertad se gana luchando contra el sufrimiento”. En otras palabras: muéstrame tus obras y yo te digo si tienes fe.

Son muchas las enseñanzas que dejó el reverendo King a los jóvenes de su país y de todo el mundo. Entre ellas hay que mencionar su incesante lucha por la paz. Desde las calles, concentraciones, marchas y desde el propio púlpito de las iglesias donde predicó, libró una descomunal batalla para que el gobierno norteamericano entendiera lo nefasta, violenta e injusta que era la guerra contra Viet Nam. Sobre este punto dijo: “la sabiduría nacida de la experiencia debería decirnos que las guerras son obsoletas”, y recalcó: “estoy convencido que debemos de ver a la guerra no sólo como una indignación moral, sino también como un enemigo de la gente pobre”. La historia le ha dado la razón muchas veces.

Sus palabras de entonces —dichas hace ya cuarenta años— no han perdido su hondo significado; sin embargo han caído en un hueco sin fondo. Hoy, aquellas palabras de King podrían transponerse de Viet Nam a Iraq: “Hablo como un hijo de Dios y como hermano a todos los que sufren en Viet Nam (Iraq).” Siguen siendo “los pobres en los Estados Unidos” quiénes están pagando el precio más grande, el último precio en el campo de batalla y la pérdida de la esperanza para ese país, mientras que corporaciones como Halliburton cosechan los beneficios.

La bala que cegó la vida del pastor negro norteamericano aquel 4 de abril mientras se dirigía al pueblo desde el balcón del hotel Lorraine, en Memphis, Tennessee, sigue clavada en la consciencia de la nación del Norte. Nunca, como ahora, la voz profética de Martin Luther King, Jr. continúa retumbando en las mentes y corazones de los que en Cuba, y en cualquier “oscuro rincón” de la tierra apostamos por la paz y la justicia social.
http://www.amlac.org.ar/noticias15-03-08.doc

Karl Marx creyó que había llegado el momento de dar una solución práctica a la pobreza en el mundo. Según él, el cristianismo había tenido milenio y medio para mostrar su eficacia, y no la había logrado. Era hora de recorrer otros caminos.

Así, el socialismo se presentó como solidaridad, como una forma del todo original y a-religiosa por la que la igualdad entre todos los hombres, la paz y el final de la pobreza, serían logradas. ¿Sucedió efectivamente así? Hoy conocemos la tristeza y la desolación que una teoría sin Dios y una praxis atea dejaron en los países que abrazaron o a los que se les impuso el socialismo.

¿Qué falló? ¿Efectivamente el cristianismo había sucumbido y se había mostrado ineficaz? No cabe duda que la intención socialista plasmada en el concepto de solidaridad era del todo justa. Sin embargo, carecía de una base y de una visión más amplia del hombre mismo. Marx “indicó cómo lograr el cambio total de la situación. Pero no nos dijo cómo se debería proceder después. Suponía […] que […] con la socialización de los medios de producción, se establecería la Nueva Jerusalén. En efecto, por fin el hombre y el mundo habrían visto claramente en sí mismos. Entonces todo podría proceder por sí mismo por el recto camino, porque todo pertenecería a todos y todos querrían lo mejor unos para otros” (Benedicto XVI, Spe Salvin. 21).

El error del marxismo estribó en el olvido de que “el hombre es siempre hombre. Ha olvidado al hombre y ha olvidado su libertad. Ha olvidado que la libertad es siempre libertad, incluso para el mal. Creyó que, una vez solucionada la economía, todo quedaría solucionado. Su verdadero error es el materialismo” (Benedicto XVI, Spe Salvi n. 21)

Esa base que le faltaba al concepto de solidaridad estaba ya en la idea cristiana de amor. Fue precisamente por este motivo que la solidaridad pudo ser acogida dentro del catolicismo y mostrarse como una consecuencia de esa caridad que es médula de toda la fe cristiana. Fue así que la solidaridad fue bautizada.

El amor o caridad cristiana, más que ineficacia, había puesto de manifiesto la necesidad y urgencia de ser comprendida correctamente y asumir con responsabilidad sus implicaciones. La caridad ya llevaba implícito el efecto de “dar” sobre el que giraba la solidaridad. Pero el “dar” cristiano de la caridad no se vinculaba exclusivamente al aspecto material, lo comprendía pero partía y tendía a otro más necesario y de acuerdo a la naturaleza del hombre, el espiritual.

Desde el momento en que la solidaridad entró a formar parte del patrimonio cristiano, su significación se enriqueció al ampliarse. Ahora, “solidaridad significa que uno se hace responsable de los otros, el sano del enfermo, el rico del pobre, los países del norte de los países del sur. Significa que se es consciente de la responsabilidad mutua y que somos conscientes de que recibimos en tanto que damos, y que siempre podemos dar sólo lo que nos ha sido dado y que por eso jamás nos pertenecemos solamente a nosotros” (en J. Ratzinger, Caminos de Jesucristo, Cristiandad, p. 117).

La solidaridad cristiana es mucho más que un dar materialista pero tampoco permanece en un acompañar pasivo sin hechos concretos que influyan positivamente en alguien, de acuerdo a su dignidad de ser humano. La solidaridad cristiana es acción porque parte de la contemplación; es palabra pero también es obra. Es compañía, es presencia, pero también es consecuencia hecha acción que repercute para bien.

La Eucaristía es el testimonio más grande de solidaridad. Como consecuencia del amor, en ella se encuentran al unísono el “dar” espiritual y material del único Dios que se hace presencia y se da como alimento. La Eucaristía es el acto más grande de solidaridad. No podía ser de otra manera: es Dios mismo quien acompaña y sacia.

El cristiano, como imagen y semejanza de Dios, está llamado a vivir esa solidaridad. Es obvio que no podrá imitarse la actitud divina mientras no hayamos interiorizado previamente el ejemplo de ese Dios que se hace solidaridad en la Eucaristía. La meditación de su entrega generosa será la fuente y el motor que nos lleven a asumir este compromiso y, precisamente así, podremos vivir auténticamente la caridad-solidaridad cristiana respecto a nuestros prójimos y a nuestros próximos

La crítica marxista de la religión
J. A. Monroy escritor y conferenciante internacional, comenta que “Para entender con objetividad la crítica marxista de la religión hay que derivar su doctrina del momento histórico que le tocó vivir y de las circunstancias sociales y religiosas que rodearon su vida desde la juventud.
Henrich Marx, padre de Carlos Marx, fue un abogado judío. Para poder ejercer se convirtió al protestantismo. Pero jamás renunció a sus creencias judías. Entre sus parientes había varios rabinos.
Carlos Marx conocía muy bien el judaísmo. Le dedica muchas páginas en su libro de 1843, LA CUESTIÓN JUDÍA. En la Alemania de mayoría protestante y de fuerte presencia católica estudió a fondo ambas religiones, que le desencantaron totalmente y contra las que arremetió en sus escritos, metiéndolas juntas en el saco sin fondo del Cristianismo.
Cuando Carlos Marx crítica la religión estaba criticando la avaricia del judío materialista. Estaba criticando el protestantismo burgués aliado con el capitalismo. Estaba criticando la explotación del obrero por parte de las altas jerarquías católicas.
La actitud de Carlos Marx ante la religión fue la misma que adoptó la revolución francesa de 1830 contra la monarquía dictatorial y el clero cómplice, y la revolución soviética de 1917 contra la explotación de los campesinos por los zares y la Iglesia ortodoxa.
Lo que critica Marx no es el Cristianismo del Nuevo Testamento, sino el cristianismo dentro de la fe capitalista, “en su versión burguesa del protestantismo”, como dice en LA IDEOLOGÍA ALEMANA, escrita en colaboración con Engels, y el poder absolutista del Papa sobre los soberanos, ideas en las que insiste hasta la publicación de los MANUSCRITOS en 1844.
Sobre este tema conocemos bien el pensamiento de Marx quien, juntamente con Engels, habla claramente de ello en el MANIFIESTO COMUNISTA, donde leemos: “Lo mismo que el clérigo siempre anduvo de parte del feudal, así también anda el socialismo clerical junto con el feudalista”.
Más duro se muestra en una carta dirigida a Engels en 1869, en la que escribe: “En este tour por Bélgica con parada en Aquisgrán y paseo por el Rin arriba, me he convencido de que hay que proceder contra los curas de manera enérgica, sobre todo en las regiones católicas”.
La conclusión de que este tipo de religión deja al ser humano impotente e indefenso ante el poder del mediador constituye una obsesión para Carlos Marx. “Es claro — dice — que ese intermediario se convierte en un verdadero Dios.. .en un ser fuera del hombre y por encima de él, pues el mediador es el poder real sobre aquello que le convierte en mediador” (Werner Post, LA CRÍTICA DE LA RELIGIÓN EN KARL MARX, pág. 241).
Cualquier persona que conozca el Nuevo Testamento y lea este párrafo creerá que está leyendo a San Pablo. Las ideas son totalmente coincidentes.” [11]

Tanto el Consejo Mundial de Iglesias como el Concilio Internacional de Iglesias Cristianas favorecen, a cual más, el asunto de la revolución En ambos Consejos forman parte personas que sinceramente quieren promover el Reino de Dios y se entregan al problema de la humanidad y del honor de Dios, pero lamentablemente son influenciados por la dialéctica del marxismo.

Los objetivos de la teología de la liberación son:
— buscar una base bíblica para el movimiento de la liberación, de modo que tanto los cristianos perseguidos como los perseguidores se afilien y apoyen a dicho movimiento:
— reconciliar evidentes contradicciones entre Maoísmo y Cristiandad, y acentuar una nueva hermenéutica una interpretación no-religiosa de partes de la Biblia generalmente conocidas.

¿Cómo debe reaccionar el cristiano frente a esto?
El teólogo G. Gutiérrez entiende, que la Iglesia debe dejar al mundo acercarse a ella, y que debe ser evangelizada por ese mundo’ (pues la iglesia no es anti-mundo, sino humanidad o benevolencia que mantiene viviente al mundo’).
Dom Helder Camara, obispo romano-católico, brasileño, hombre que está intensamente ocupado en combatir la miseria humana, no pudo menos que llegar a la conclusión de que los cristianos ‘deben luchar juntos, codo con codo, con los comunistas contra la miseria humana’. Y dice: ‘La teología de la revolución justifica la violencia como último medio de salvación, cuando los demás han fracasado. El uso de las armas contra los opresores no es, en ningún sentido, inmoral o anticristiano’.
Y ahora, ¿donde se halla la esperanza de este mundo actual?
— en una revolución marxista, en el pensamiento de Mao, en un materialismo dialéctico, en una revolución mundial?
— debemos, sin más, replegarnos y esperar tranquilamente el retorno de Jesucristo: Maranatta’?
— o cómo puede, de otra manera, manifestarse realmente la gran preocupación de Cristo para con aquellos que viven ‘en valle de sombra de muerte’? [12]

Ante estas perspectivas tan sutiles, ante este canto de las sirenas, creo que de la fabula de Ulises, quien tapó sus oídos con cera y se hizo encadenar al mástil de la nave para no ceder al encanto de las sirenas, podemos aprender que la sutileza del engaño diabólico no es para nada despreciable.Aunque todo el mundo sabía que este recurso era ineficaz, muchos navegantes podían haber hecho lo mismo, excepto aquellos que eran atraídos por las sirenas ya desde lejos. El canto de las sirenas lo traspasaba todo, la pasión de los seducidos habría hecho saltar prisiones más fuertes que mástiles y cadenas. Ulises no pensó en eso, si bien quizá alguna vez, algo había llegado a sus oídos. Se confió por completo en aquel puñado de cera y en el manojo de cadenas. Contento con sus pequeñas estratagemas, navegó en pos de las sirenas con alegría inocente.

Sin embargo, las sirenas poseen un arma mucho más terrible que el canto: su silencio. No sucedió en realidad, pero es probable que alguien se hubiera salvado alguna vez de sus cantos, aunque nunca de su silencio. Ningún sentimiento terreno puede equipararse a la vanidad de haberlas vencido mediante las propias fuerzas.

En efecto, las terribles seductoras no cantaron cuando pasó Ulises; tal vez porque creyeron que a aquel enemigo sólo podía herirlo el silencio, tal vez porque el espectáculo de felicidad en el rostro de Ulises, quien sólo pensaba en ceras y cadenas, les hizo olvidar toda canción.

Ulises (para expresarlo de alguna manera) no oyó el silencio. Estaba convencido de que ellas cantaban y que sólo él estaba a salvo. Fugazmente, vio primero las curvas de sus cuellos, la respiración profunda, los ojos llenos de lágrimas, los labios entreabiertos. Creía que todo era parte de la melodía que fluía sorda en torno de él. El espectáculo comenzó a desvanecerse pronto; las sirenas se esfumaron de su horizonte personal, y precisamente cuando se hallaba más próximo, ya no supo más acerca de ellas.

Y ellas, más hermosas que nunca, se estiraban, se contoneaban. Desplegaban sus húmedas cabelleras al viento, abrían sus garras acariciando la roca. Ya no pretendían seducir, tan sólo querían atrapar por un momento más el fulgor de los grandes ojos de Ulises.

Si las sirenas hubieran tenido conciencia, habrían desaparecido aquel día. Pero ellas permanecieron y Ulises escapó.

La tradición añade un comentario a la historia. Se dice que Ulises era tan astuto, tan ladino, que incluso los dioses del destino eran incapaces de penetrar en su fuero interno. Por más que esto sea inconcebible para la mente humana, tal vez Ulises supo del silencio de las sirenas y tan sólo representó tamaña farsa para ellas y para los dioses, en cierta manera a modo de escudo.

No ignoremos las maquinaciones de Satanás. De la misma manera que Eva fue engañáda por Stanbas, asi el marxzismo engaña a muchos crisatianos. Es por eso que creo que en nuestro contexto latinoamericano, el Sermón del Monte tiene mucho para enseñarnos y reflexionar,a fin de encontrar una aplicación practica para nuestros tiempos, cuando vemos nuestra latinoamerica sumergida prácticamente en la miseria, cuando el indice de pobreza cada año aumenta.

No necesitamos ceder a la tentación de redefinir los textos bíblicos para encontrarle un nuevo sentido al Sermón del Monte,como hiceron los teólogos de la liberación. Se trata de poner en práctica de la mejor manera posible las enseñanzas cristologicas, ya que de seguir esta politica social y económica su rumbo, nos veremos ante la urgente necesidad de partir nuestro pan con el hambriento.

“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrifico vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”. Romanos 12:1-2

Pablo dice “no os conforméis a este siglo”. La palabra conformar” tiene que ver con no adoptar la forma del mundo, no amoldarme a las formas o moldes del mundo. Lógicamente es mucho más fácil adoptar las formas del mundo, sus costumbres, y mundanalidades, que mantenernos en el centro de la tensión entre lo bueno y lo malo. Es más fácil moldearse a lo que la mayoría está haciendo, que ser diferentes.Pero lo que Dios desea de nosotros es luz, sal, no conformismo. ¿Cómo nos hemos ido moldeando al mundo? ¿En qué áreas de nuestra vida no se ve ninguna diferencia entre los patrones del mundo y las verdades poderosas de Dios?. Tú y yo debemos morir para que Cristo pueda vivir en nosotros y reinar en nuestras mentes y corazones. La forma de hacer esto es orar diariamente: “Entrego mi voluntad a Dios y permito que el Espíritu Santo me controle con su poder.” [13]

Una reflexión que me parece interesante a modo de ilustración y que nos puede servir para meditar, es la que hizo el Cardenal Bergoglio en Buenos Aires, en el mes de febrero de este año 2009:

“Cuánto nos acostumbramos a ver hombres y mujeres de toda edad pidiendo o revolviendo la basura, a muchos ancianos durmiendo en las esquinas o en los umbrales de los negocios, a muchos chicos durante el invierno acostados sobre las rejillas de los tragaluces de los subtes para que les suba algo de calor. Y cuántas veces –agregó– sus miradas reclamadoras nos hicieron bajar las nuestras para poder seguir de largo”.

“¿Es tal el ayuno que yo escogí, que de día aflija el hombre su alma, que incline su cabeza como junco, y haga cama de cilicio y de ceniza? ¿ Llamaréis esto ayuno, y día agradable a Jehová? ¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo? ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano? Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu salvación se dejará ver pronto; e irá tu justicia delante de ti, y la gloria de Jehová será tu retaguardia. Entonces invocarás, y te oirá Jehová; clamarás, y dirá él: Heme aquí. Si quitares de en medio de ti el yugo, el dedo amenazador, y el hablar vanidad; y si dieres tu pan al hambriento, y saciares al alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad será como el mediodía”. Is. 58:5-10

El gran riesgo del acostumbramiento es la indiferencia: ya nada nos causa asombro, nos estremece, nos alegra, nos golpea, nos cuestiona. Algo así puede pasarnos con el triste paisaje que asoma cada vez con más fuerza en nuestras calles.[…] Con el acostumbramiento viene la indiferencia: no nos interesan sus vidas, sus historias, sus necesidades ni su futuro. Cuántas veces sus miradas reclamadoras nos hicieron bajar las nuestras para poder seguir de largo. Sin embargo es el paisaje que nos rodea y nosotros, queramos verlo o no, formamos parte de él.” [14]

1 Juan 3:17 Pero el que tiene bienes de este mundo, y ve su hermano en necesidad y cierra su corazón contra él, ¿cómo puede morar el amo de Dios en él?

El hermano que tiene abundancia de bienes materiales esta en una posición de solvencia e influencia; lo que Dios espera es que abra su corazón y ayude a suplir al hermano que padece la necesidad demostrando que su amor esta en el.

Santiago 2:14-16 ¿De qué sirve, hermanos míos, si alguno dice que tiene fe, pero no tiene obras? ¿Acaso puede esa fe salvarle? Si un hermano o una hermana no tienen ropa y carecen del sustento diario, y uno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais lo necesario para su cuerpo, ¿de qué sirve? Así también la fe por sí misma, si no tiene obras, está muerta.

“Muchos “Cristianos” han sido provistos por Dios y ahora se esconden de los hermanos necesitados dentro de iglesias de gente acomodada, sin saber que Dios puso a los pobres entre nosotros como un canal de bendición, la gente mezquina siempre pregunta “y que con aquellos que nunca prosperan” eso no nos toca juzgarlo a nosotros, si no, ayudarlos, la falta de oportunidad y empleo o la explotación de empresarios o ministros a empobrecido a algunos de nuestros hermanos, Dios lo usa para ponerlos a ser de bendición dentro de la iglesia.Ayudemos a los hermanos necesitados y a los ministros como Pablo que a causa de su labor y el mal juicio de algunas iglesias como la de Corinto se ven con escasez; si no, un día estaremos delante del que juzga con justicia (Mateo 25:41-45) como le sucedió al rico que nunca ayudo a Lázaro siendo ambos del pueblo de Dios.” [15]

No permitamos que nuestro corazón se endurezca o la indiferencia nos convierta a ella.

En el próximo artículo veremos las distintas interpretaciones posibles que hay del sermón del Monte.

Dios te bendiga y espero tus comentarios.

Paulo

Notas

0. William Keeney La estrategia social de Jesús, p.155, ed.evangelicas europeas.
1. Andres Kirk,Klaus Bockmunl,Bernard Zylstra,Josif Ton, Hombre marxista y hombre cristiano,pag.91, Barcelona : Edic. Evangélicas Europeas, 1977.
2. http://es.wikipedia.org/wiki/Lenin
3. Hombre marxista y hombre cristiano, p.91- 92
4. Ibid
5. Ibid,p.93-96
6. C. Van Dam, La teologia de la liberación,p. 14,FELIRE.
7. Ibid,p. 16-17
8. http://www.mercaba.org/TEOLOGIA/T%20MORAL/3/moral%20burguesa%20y%20moral%20personalista.doc
9. Lic. Vera 1. Kerkhof,Robert H. Matzken, EL MAOISMO,p. 31, FELIRE
10. Ibid
11. http://www.protestantedigital.com/new/nowleerarticulo.php?a=2103

12. http://www.felire.com/descargas%20pdf/EL%20MAOISMO.pdf

13. http://www.revistaenfoque.com/articulo.asp?articulo_id=167
14. http://www.orione2007.com.ar/sitio/index.php?option=com_content&task=view&id=525&Itemid=556

15. http://www.unnuevocamino.org/la_ayuda_al_pobre.html

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